FUNDACIÓN

ANDREU NIN



BOLETÍN ELECTRÓNICO DE LA FUNDACIÓN ANDREU NIN

NÚMERO 53. MARZO 2006

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Todo lo que de falso, inicuo y cruel hay en el mundo nace del credo único
(Alberto Savinio)            

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ÍNDICE

1-Novedades en la web

2-Noticias breves

3-Avisos y recomendaciones

4-Notas y colaboraciones 

 

1-NOVEDADES EN LA WEB

-Prefacio a “Memorias de un terrorista” de Boris Savinkov, por Andreu Nin (1931).

-“Andrade en los antecedentes de la revolución española”, por Javier Maestro.


ESPACIOS LIBRES

-“Sobre las escuelas del exilio”, por Rafael  Miranda.

-“A propósito de la reedición de “Mi vida” de León Trotsky, por Pepe Gutiérrez-Álvarez.

-“A propósito de John Dos Passos y de 1919”, por Jean Paul Sartre. 


2-NOTICIAS BREVES

4 de abril: Wilebaldo Solano en el Ateneo de Barcelona... El POUM: memoria histórica de una izquierda doblemente perseguida... Recuperación de documentos sobre el exilio español en Nueva York (nota de Wilebaldo Solano)... Homenaje a Pierre Broué en Grenoble

4 DE ABRIL: WILEBALDO SOLANO EN EL ATENEO DE BARCELONA

El próximo día 4 de abril de 2006 Wilebaldo Solano estará presente en el acto que tendrá lugar en el Ateneu de Barcelona, dentro de las actividades del Aula Oberta d'Història Oral.Wilebaldo Solano será entrevistado públicamente por Bernat Castany, Toni Castells, Xavier García, Bernat Muniesa y Antonina Rodrigo.

El acto tendrá lugar el 4 de abril 2006 a las 19 hora, en el Aula Verdaguer del Ateneu (Carrer Canuda, 6, Barcelona).

EL POUM: MEMORIA HISTÓRICA DE UNA IZQUIERDA DOBLEMENTE PERSEGUIDA

Para conmemorar el 70 aniversario de la revolución española, la Fundación Andreu Nin ha elaborado un  proyecto que pretende contribuir a la recuperación del recuerdo del POUM, representación genuina en España de una izquierda que defendió un socialismo revolucionario abierto y democrático frente a todos los totalitarismos, el franquista ye el estalinista.

Este proyecto elaborado por la Fundación Andreu Nin con el apoyo inicial de la Fundación Viento Sur, está abierto a la colaboración y participación de fundaciones relacionadas con la historia del movimiento obrero y otras instituciones públicas.

RECUPERACIÓN DE DOCUMENTOS SOBRE EL EXILIO  ESPAÑOL EN NUEVA YORK (Nota de Wilebaldo Solano)

Hace unos días, “El País” publicó una nota en la que se decía que la Generalitat de Cataluña había recuperado en Nueva York  250.000 documentos sobre el exilio catalán en Francia. Como el exilio y las recuperaciones de documentos están  al  orden del día y suscitan siempre bastante curiosidad, vale la pena precisar el contenido real de esta nueva operación.

La nota de “El País” afirma  que los documentos han sido recopilados  en los últimos sesenta años por la organización Spanish Refugee Aid , “creada por los movimientos  izquierdistas norteamericanos tras la segunda guerra mundial.” Pero no precisa que esos movimientos eran la Liga Socialista Revolucionaria de Jay Lovestone  y varios  sindicatos  importantes que  estaban fuertemente ligados al POUM. De ahí que se movilizaran muy pronto para ayudar a los refugiados españoles en Francia. Lo cierto es que  crearan una oficina especial en París y confiaran la dirección a nuestro compañero Josep Rodes,  prestigioso dirigente del POUM en Lleida, cuando este salió del campo de concentración de Dachau,

Los compañeros Josep Rodes y Josep Caberol  montaron y animaron en Paris  un organismo de apoyo y defensa   a los refugiados españoles que durante varios años prestó una ayuda eficaz a los refugiados en contacto permanente con la Organización de Mutilados de la guerra y la Federación Española de deportados políticos. Gracias a esta actividad,  que duró largos años, centenares de militantes pudieron hacer frente a los múltiples  problemas de los exiliados después de la segunda guerra mundial.

La información de “El País” precisa que la documentación de la Spanish  Refugee Aid ha sido cedida a la Universidad de Nueva York, cosa que  nosotros ya sabíamos y que la Generalitat ha decidido catalogar y digitalizar lo más importante para llevarlo a Cataluña. Este acuerdo nos parece excelente y suponemos que nuestros amigos y camaradas estarán encantados de la decisión.

HOMENAJE A PIERRE BROUÉ EN GRENOBLE

A finales del pasado enero tuvo lugar en Grenoble un importante homenaje al historiador y militante Pierre Broué, fallecido el 26 de julio de 2005. Las circunstancias del invierno, muy rigurosas en dicha ciudad, impidieron a algunos de sus mejores amigos asistir al acto y participar en los debates que se desarrollaron durante dos días.

El primer día se presentó un documental realizado por Sebastian Juy en el que Pierre Broué hace un análisis de la crisis de los Balcanes. En veinte minutos apenas se ve a Broué analizando del desmoronamiento de Yugoslavia y  los conflictos que tuvieron lugar tras este terrible acontecimiento. El objetivo de los organizadores no era, evidentemente, el drama de los Balcanes, sino mostrar a Broué analizando un  acontecimiento político y social importante.

El escritor y cineasta Alain Dugrand, viejo amigo de Broué, intervino para recordar el trabajó que costó realizar un documental  sobre Trotsky y su historia bajo la vigilancia de Broué. Dicho film fue presentado en Madrid en el homenaje a Trotsky celebrado a finales de los años ochenta, cuando Jorge Semprún era ministro de Cultura.

Muchos amigos de Broué no pudieron ir a Grenoble y tuvieron que enviar mensajes de simpatía, Este fue el caso de nuestro compañero Wilebaldo Solano, que tuvo que limitare a enviar un mensaje en nombre de la Fundación Andreu Nin. Y el de diversos escritores y militantes franceses y latinoamericanos. Pero estuvo presente Esteban Volkov, nieto de Trotsky, que fue acogido con mucho interés por todos los presentes y suscitó una fuerte emoción al revelar que Broué le comunicó desde Moscú que había descubierto una hermana suya que todos daban por muerta en la época del terror stalinista.

La discusión más importante se centró en la  creación de una Asociación Broué y su sentido. Se  manifestaron  criterios muy distintos, pero prevaleció la idea de crear una organización que se titulará “Amigos de Pierre Broué” y que estará abierta a los que se inscriban y se nombraron un “Bureau” y un “Comité scientifique” provisionales y abiertos a los compañeros y amigos de Broué y que mantendrá una relación cordial con la familia.
                 

3.AVISOS Y RECOMENDACIONES

Libros...  Actos... Nuevos enlaces


(LIBROS)

-“La ruptura (Hemingway, Dos Passos y el asesinato de José Robles)”, de Stephen Koch, Galaxia Gutemberg, 430 páginas. Aparece la traducción al castellano de este libro que junto a “Enterrar a los muertos” de Ignacio Martínez de Pisón, constituye una aportación a la recuperación de la figura de José Robles en el contexto de la revolución española y el ascenso del estalinismo, con el contrapunto de las figuras de Dos Passos y Hemingway.

-“Sin inventar nada (El polvo anónimo del Gulag)”, de Lev E. Razgón, Alba Editorial, 477 páginas. Una importante aportación a la literatura sobre el Gulag construida sobre una experiencia de 17 años (de 1938 a 1955) en los campos de trabajo estalinistas. Su estremecedor testimonio va acompañado con la calidad de una gran literatura.

-“Historia y análisis político del lesbianismo”, de Beatriz Gimeno, Gedisa. Una aportación importante a la literatura sobre el lesbianismo escrito con pasión y una espléndida documentación.

-“Entre dos siglos: 1989-2005”, Editorial SEPHA, 364 páginas, 22 euros. La Asociación Trasversales ha publicado esta recopilación de textos aparecidos en la revista “Iniciativa Socialista”. Incluye cuarenta textos, entre ellos interesantes artículos de Immanuel Wallerstein, Edgar Morin, Cornelius Castoriadis, Gonzalo Puente Ojea, Richard Greeman, Wilebaldo Solano, Jean René Chauvin, una entrevista a Ken Loach, etc. Distribuido por la Fundación Andreu Nin: ver Catálogo de Publicaciones, en http://www.fundanin.org/publicaciones.htm

(ACTOS)

-60º ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE F. LARGO CABALLERO (1869-1946)

23 de marzo de 2006,12 horas:  Ofrenda de flores en el Cementerio Civil de la Almudena
Participan:
Antón Saracibar, Presidente de la Fundación Francisco Largo Caballero
José Ricardo Martínez, Secretario General de UGT-Madrid

23 de marzo de 2006, 19 horas:  “Francisco Largo Caballero Ministro de Trabajo de la II República y Presidente del Gobierno en plena guerra civi”l (en la sala Maldonado, c/ Maldonado, 53-Madrid)
Presenta:Antón Saracibar, Presidente de la Fundación Francisco Largo Caballero.
Intervienen: Luis Gómez Llorente, II República. F. Largo Caballero, Ministro de Trabajo. Enrique Moral, Guerra Civil. F. Largo Caballero, Presidente del Gobierno.
Clausura: Cándido Méndez, Secretario General de UGT

-PRESENTACIÓN DE "LA CULTURA ANARQUISTA A CATALUNYA" DE FERRAN AISA

23 de marzo a las 19 h.
Biblioteca pública Arús (Passeig de Sant Joan, 26; Barcelona).
Presentación del libro (Edicions de 1984) a cargo de Gerard Horta (escritor) y Ferran Aisa, el autor.

-PRESENTACIÓN DE "EL LABERINT ROIG, VÍCTOR COLOMER I JOAQUIM MAURÍN, MESTRES I
REVOLUCIONARIS", DE FERRAN AISA

30 de marzo a las 19,30 h.
Museu d'Història de Catalunya (Palau del mar),
Presentación del libro (Pagès editor) a cargo de Gerard Jacas (escritor) y Ferran Aisa, el autor.

(NUEVOS ENLACES)

-EN LUCHA. En http://www.enlucha.org

-CASAL ARGENTINO. En  http://www.casalargentino.org

-ANTONIO CRUZ COLLADO, ESCULTOR. En http://www.cruzcollado-escultor.org/

-NUEVA WEB DEL PRT-IR En http://www.marxismo.info


4-NOTAS Y COLABORACIONES

Orwell en Aragón... Breve crónica de Francia (por Luis Alonso)... El discurso secreto que cambió la historia mundial (por John Rettie)... El informe secreto de Kruschov, 50 años después (por Boris Kagarlitsky)


(Los textos incluidos en la sección "Notas y colaboraciones" reflejan exclusivamente la opinión de sus autores y no necesariamente la de la Fundación Andreu Nin)

ORWELL EN ARAGÓN

(Fuente: Heraldo de Aragón)

La comarca de los Monegros contará con un centro de interpretación y documentación sobre la guerra civil y prepara un congreso internacional y una gran exposición para el año que viene.

"Los montes de aquella parte de España -escribe George Orwell de la sierra de Alcubierre en "Homenaje a Cataluña"- tienen una forma curiosa, como de herradura, con la cima achatada y laderas empinadas que se precipitan en tremendos barrancos. En las cuestas más altas tan sólo hay matas raquíticas, brezos y los blancos huesos de la piedra caliza que asoman por todas partes. El frente no era allí una línea continua de trincheras, cosa imposible en un terreno tan montañoso; era simplemente una cadena de puestos fortificados, llamados en todos los casos "posiciones", instalados en cada una de las cumbres".
La vívida descripción de George Orwell vuelve a ser hoy una realidad tangible. El Consejo Comarcal de los Monegros ha restaurado y reconstruido la posición defensiva republicana en el Monte Irazo: la trinchera, y los abrigos, pozos de tirador y vivac que la completaban. Y no es un hecho aislado o anecdótico. El año que viene se cumplirá el aniversario número 70 del inicio de la Guerra Civil, y numerosas instituciones de todo el país se van a lanzar a conmemorar la efeméride con todo tipo de iniciativas culturales. El Consejo Comarcal de los Monegros ha querido elaborar un serio y completo programa de actividades que recuperará, en todas sus múltiples facetas, la memoria de la guerra civil. Todo él se incluye en el programa "Amarga memoria", impulsado por el Gobierno de Aragón.
Orwell es el principal nombre propio del proyecto monegrino. El escritor británico salió de Barcelona con su columna de milicianos del POUM en dirección a la sierra de Alcubierre en los primeros días de enero de 1937. Y durante casi dos meses de aquel frío invierno estuvo con su unidad en las posiciones de Monte Pucero y Monte Irazo, las dos muy cercanas a las fortificaciones franquistas que dominaban el puerto de Alcubierre. No fue, sin embargo, una estancia cruenta: "Luchábamos contra la pulmonía, no contra los hombres", escribió en "Homenaje a Cataluña", libro que sigue siendo hoy una referencia ineludible a la hora de hablar de la guerra civil en España.

Manuel Conte, presidente de la Comarca de los Monegros, no ocultaba (...) su satisfacción por inaugurar la denominada Ruta Orwell (la reconstrucción de la trinchera de Monte Irazo). "Pero éste es sólo el principio de un programa cultural mucho más ambicioso y completo -subrayaba-. La guerra civil es un episodio clave de nuestra Historia y vamos a profundizar en su conocimiento y en la recuperación de elementos significativos". La Ruta Orwell va a dar pie a la apertura de un centro de interpretación en la comarca que, según relató Manuel Conte, se va a unir a otros proyectos similares, ya inaugurados, en marcha o en estudio, que van a configurar una amplia y polifacética red: centros de interpretación en torno a la laguna de Sariñena, Miguel Servet, los pueblos de colonización, la cultura del agua, las cigüeñas, la cultura islámica, el bandolerismo, la miel, la cultura eremita... "No sólo se trata de conservar y difundir elementos de nuestro patrimonio histórico, cultural o natural -aseguró-. Se trata, también, de que todo tenga un sentido, que posea utilidad, que contribuya al desarrollo económico, humano o turístico de la comarca".
La Ruta Orwell echa a andar, pues, antes de que se inicien en todo el país las conmemoraciones por el aniversario número 70 del inicio de la guerra civil. La recuperación de la trinchera es, de momento, el primer hito de "Amarga memoria", proyecto cultural que dirige Víctor Pardo, pero que cuenta con la participación de numerosos especialistas, desde el realizador de vídeo Eugenio Monesma, a la historiadora Ángela Cenarro, pasando por el arqueólogo José Ignacio Lorenzo o el también historiador Fernando Martínez de Baños.

"La excavación y rehabilitación de la trinchera y sus construcciones defensivas ha sido muy fiel y respetuosa con el original -relataba ayer José Ignacio Lorenzo-. Primero se ha delimitado el trazado que tuvo originalmente y luego se ha hecho una excavación arqueológica. El último paso ha sido la reconstrucción". Durante los trabajos, los arqueólogos han sacado a la luz numerosos objetos de los combatientes republicanos: carteras, fundas de cuchillos, zapatos, correajes, botas, tazas para tomar café... "La excavación se ha desarrollado entre los meses de junio y septiembre, y nos hemos encontrado muchos elementos significativos -apuntaba Lorenzo-. Hemos hallado, por ejemplo, varios candiles que construían los combatientes con latas de sardina, o restos de botellas de champán, que imaginamos deberían provenir de alguna incautación que hicieron en la carretera, y peines de munición, cuyo número de serie nos ha servido para establecer la procedencia de las balas, algunas de ellas mexicanas o checas".

La Ruta Orwell llega acompañada de numerosos proyectos y actividades culturales (véase la información adjunta), y se incluye dentro de "Amarga memoria", el programa diseñado por el Gobierno de Aragón para conmemorar los 70 años del estallido de la guerra civil. Según anunció ayer la consejera de Educación y Cultura, Eva Almunia, "Amarga memoria" contempla también la intervención en otros espacios "de especial trascendencia" en la contienda, y citó el frente de Sarrión, la Bolsa de Bielsa, los Pozos de Caudé, la batalla de Teruel y Belchite, donde, dijo, "el Gobierno de Aragón ya está interviniendo".
Almunia quiso tener un recuerdo para las denominadas (por un libro de Carlos Fonseca) "Trece rosas rojas". Eran un grupo de jóvenes que, tras la entrada de las tropas franquistas en Madrid, y pese a la fulminante represión, se esforzaron por reorganizar en la clandestinidad las asociaciones socialistas. Detenidas, y tras ser interrogadas, fueron ejecutadas en la madrugada del 5 de agosto de 1939. Una de ellas, Julia Conesa, llegó a escribir: "Madre, hermanos, con todo el cariño y entusiasmo os pido que no me lloréis. Me matan inocente, pero muero como debe de morir una inocente. Que mi nombre no se borre en la Historia". "Y es precisamente eso lo que buscamos con "Amarga memoria" -señaló Almunia-, que la guerra no se borre de la Historia".

Un fragmento de “Homenaje a Cataluña”: “Ni cascos, ni bayonetas...”

Orwell estuvo cerca de dos meses atrincherado en las posiciones republicanas junto al puerto de Alcubierre. Y recogió sus impresiones en una obra ya clásica, “Homenaje a Cataluña”. Su escritura tersa y vívida es un testimonio impagable sobre la guerra civil en Aragón: “Tampoco en aquel frente ocurría nada y sólo se oía el silbido ocasional de algún proyectil y, muy de tarde en tarde, el zambombazo de un mortero fascista que nos empujaba hacia la trinchera superior para ver en qué colina caían las granadas. El enemigo estaba allí un poco más cerca, a 300 o 400 metros. La posición más cercana se hallaba en frente mismo de la nuestra, con un nido de ametralladoras cuyas aspilleras eran una invitación a malgastar cartuchos. Los fascistas apenas se molestaban en disparar con fusil, pero enviaban implacables ráfagas de ametralladora contra todo el que se asomaba. No teníamos cascos metálicos ni bayonetas, y menos aún revólveres o pistolas, y disponíamos sólo de una bomba de mano por cada 5 o 10 hombres. Las bombas entonces en uso eran unos objetos temibles que se llamaban ‘bombas FAI’, ya que las habían inventado los anarquistas al comienzo de la guerra. Se basaban en el principio de la bomba de Mills, pero con la palanca sujeta por una cinta y no por un pasador. Una vez que se retiraba la cinta había que arrojarla con toda la celeridad posible. Se decía que eran bombas imparciales, porque mataban tanto a quienes las recibían como a quienes las lanzaban. En lo alto de cada promontorio, fascista o republicano, un puñado de hombres sucios y harapientos tiritaba en torno a su bandera y trataba de entrar en calor. Y de día y de noche balas perdidas que vagaban por los collados vacíos y que solo por rarísima y remota casualidad hacían blanco en un cuerpo humano. Es curioso, pero después de las experiencias que he vivido no tengo menos, sino más fe que antes en la honradez de los seres humanos”.

El programa incluye:

- Recuperaciones.
La restauración de la trinchera y los elementos defensivos del Monte Irazo ha sido el primer paso de un amplio programa de recuperación de este legado histórico. Previamente se ha empezado a realizar un inventario de elementos de la guerra civil en la comarca de los Monegros y en él se consignarán las trincheras, casamatas, refugios, cuevas, aeródromos, hitos funerarios, polvorines, búnkeres y parapetos que hubo en la zona. Algunos de estos elementos, entre los que destaca un aeródromo con una pista de aterrizaje de hormigón de más de un kilómetro de longitud, se encuentra en buen estado de conservación.

- Exposición.
En los meses de octubre-noviembre se inaugurará en Robres una gran exposición sobre la guerra civil, en la que están trabajando Víctor Pardo y Ángela Cenarro. La muestra servirá para presentar el nuevo Centro de Interpretación de la Guerra Civil, cuyas obras están muy avanzadas. El centro, de 400 metros cuadrados de superficie, expondrá diverso material relacionado con la contienda.

- Instituto de Estudios.
Vinculado al Centro de Interpretación de Robres, se creará un Instituto de Estudios, al que se quiere dotar de reproducciones de documentos relacionados con la guerra civil en Aragón, y que se guardan actualmente en archivos de fuera.

- Banco de datos.
Y, vinculado a ese Instituto de Estudios, un banco de datos de la memoria oral, que incluye la recogida en soportes audiovisuales de los testimonios de los protagonistas directos de la guerra.

- Un congreso.
Leciñena será sede, en la segunda quincena de octubre, de un congreso internacional sobre la guerra civil, que contará con la participación de prestigiosos especialistas. Víctor Pardo y Ángela Cenarro quieren que el congreso sirva para poner al día los conocimientos científicos sobre la guerra civil en Aragón.

- Un libro ejemplar.
La exposición ya comentada llegará acompañada de un catálogo-libro, con multitud de imágenes prácticamente desconocidas, que buscará no sólo poner en común las últimas investigaciones sobre la guerra civil en Aragón, sino que abordará también las distintas facetas de la contienda en España.

- El audiovisual.
La productora Pyrene (Eugenio Monesma) ha elaborado un documental de 12 minutos sobre la estancia de Orwell en Aragón.


BREVE CRÓNICA DE FRANCIA
(Por Luis Alonso)

1.Las huelgas y la rebelión estudiantil en Francia

Las huelgas, las manifestaciones y la rebelión estudiantil  que se están produciendo en Francia son la expresión más clara y contundente de las dificultades en que se atascan los dirigentes capitalistas ante los problemas de nuestro tiempo. Ha bastado un decreto absurdo sobre las condiciones del “primer empleo juvenil” para que se organice  una protesta general.

Si el gobierno de Chirac no retrocede, el movimiento puede tener importantes consecuencias políticas a un año de las elecciones municipales y en la perspectiva de las elecciones presidenciales. Pero, sea como fuere, lo evidente es que el movimiento obrero está saliendo del marasmo en que vivía y que una nueva generación, fuerte y activa, ha entrado en la vida política y social del país.

Todo depende ahora del resultado del enfrentamiento actual entre la derecha  que sostiene la política patronal y de las fuerzas sociales que han organizado y animado la protesta. El movimiento obrero no tiene el vigor de otros tiempos, pero puede sentirse apoyado por los trabajadores  y alentado por la protesta de la juventud escolar y universitaria.

En todo caso, lo que sucede en Francia tendrá repercusiones importantes en los  otros países de la Europa en que vivimos, que tiene que salir del marasmo  en que  la han sumido las fuerzas reaccionarias.

2.Socialismo y fuerzas sociales en Francia 

Las fuerzas obreras sociales y políticas de Francia  han cambiado bastante en los últimos años. Muchos  creen  saberlo, pero no lo saben. Incluso los que se guían por los resultados electorales o por los datos que ofrece la gran  prensa de vez en cuando.  Por eso nos parece interesante ofrecer una cierta información a nuestros lectores.

El Partido Comunista francés,  que fue una fuerza importante durante muchos años, no representa gran cosa actualmente. El hundimiento del stalinismo le ha reducido brutalmente a una pequeña organización. Sus dirigentes actuales hacen esfuerzos constantes para olvidar el pasado stalinista y mantienen relaciones hasta con los trotskistas de la Liga Comunista revolucionaria. El Partido Socialista está en crisis y dividido en varias tendencias desde el fracaso del proyecto de Constitución europea. Los Verdes cada vez cuentan menos en la vida política,
 
El movimiento trotskista, que siempre tuvo una cierta importancia  en Francia, está dividido en varias organizaciones. La Liga Comunista Revolucionaria de Alain Krivine, Lucha Obrera  de Arlette Laguiller y el Partido de los trabajadores, de la tendencia Lambert. Los dos primeros tuvieron más votos en varias  elecciones que el Partido Comunista. Krivine y Arlette Laguiller llegaron a ser diputados al Parlamento europeo. Todos ellos cuentan en la vida del país y ya no son objeto de las campañas atroces de los stalinistas. Estamos en otra época.

Estas tres organizaciones tienen su peso y su influencia y es lamentable que no se hayan unificado. Pero la realidad es que no están solas porque existen toda una serie de grupos de izquierda revolucionaria que tienen sus posiciones, se manifiestan  en  coloquios, boletines y revistas  y buscan el contacto con los grupos y  las organizaciones similares de Europa y de América.

Las organizaciones más importantes son el “Club Liaison:  Socialisme, Révolution, Démocratie”( http://site.voila.fr/bulletin_Liaisons/ ), el “Club  République  Sociale”, “La Commune”, “Le Militant”  (que trabajan juntos), “Les Arternatifs” y “Attac”. Liaison  tiene una importante página en Internet y reproduce documentos de la Fundación Andreu Nin (por ejemplo, artículo de W. Solano sobre Broué). En fin, todos estos grupos  publican boletines y revistas, entre las que se destaca “Carré Rouge”, dirigida por un economista de prestigio: François Chesnais. En estas publicaciones se plantean con frecuencia los grandes problemas de nuestra época y las consecuencias del naufragio del stalinismo  y las perspectiva de cambios sociales ahora que hasta el teórico del fin de la historia ha tenido que modificar sus absurdas pretensiones.      


EL DISCURSO SECRETO QUE CAMBIO LA HISTORIA MUNDIAL
Por John Rettie (“The observer”,26/02/06. (Traducción: Joan Antón Carbonell)


[Hace cincuenta años, Nikita Khrushev conmocionó a la Unión Soviética denunciando a Stalin en un discurso especial para los camaradas del Partido Comunista. El texto, que detallaba los crímenes del dictador, fue sacado clandestinamente de Moscú y posteriormente publicado completo en “The Observer”, John Rettie recuerda su participación en la misión y reflexiona sobre un episodio central del siglo XX].

La sublime tensión de Sibelius resonaba en las paredes de mi piso moscovita cuando Kostya Orlov reveló la adusta declaración de Nikita Khrushev sobre los obscenos crímenes cometidos por su antecesor Josef Stalin. Fue una noche hace cincuenta años, aproximadamente una semana después de que Khrushev había denunciado los horrores de la gestión de Stalin en una reunión secreta del vigésimo Congreso del partido Comunista Soviético.

Eso fue solo tres años después de la muerte de Stalin, llorada por la gran mayoría de los ciudadanos soviéticos, que le veían como un padre divino. Poco después, ahí estaba el nuevo líder diciéndoles que habían cometido un error fatal: más que divino, Stalin era satánico. Los líderes que heredaron el partido del antiguo dictador acordaron que Khrushev podría hacer el discurso solo después de meses de discusiones y sujeto al compromiso de que nunca fuera publicado.

Sus consecuencias, de ninguna forma previstas por Khrushev, convulsionaron la Unión Soviética hasta el meollo, pero aún más a los aliados comunistas, especialmente en la Europa central. Se liberaron fuerzas que permitieron el cambio de la historia. Pero en aquel tiempo el impacto en los delegados fue más inmediato. Fuentes soviéticas dicen ahora que algunos fueron tan impresionados por lo que oyeron que sufrieron ataques de corazón. Otros se suicidaron más tarde.

Pero cuando Kostya Orlov, un contacto ruso que ahora sospecho trabajaba para el KGB, me telefoneó aquella noche de principios de marzo de 1956 yo sabía poco de eso. Durante los diez días del congreso, el puñado de corresponsales occidentales en Moscú habíamos leído discursos que condenaban categóricamente el “culto a la personalidad”, un código bien conocido para aludir a Stalin. El edificio del Comité Central del Partido rebosaba actividad en la noche del 24 de febrero, con sus ventanas iluminadas hasta tempranas horas de la mañana. Pero, ¿por qué, nos preguntábamos, esto seguía después de que el congreso se hubiera clausurado? Fue solo años más tarde que quedó claro que el liderazgo del partido estaba todavía discutiendo sobre el texto del discurso que iba a realizar Khrushev a la mañana siguiente ante una sesión secreta de delegados del partido.

En los días siguientes, diplomáticos de los Estados comunistas de la Europa central empezaron a cuchichear que Khrushev había denunciado a Stalin en una sesión secreta. No se conocieron más detalles. Yo trabajaba como segundo corresponsal de Reuters en Moscú para Sydney Weiland que, más por mantener las formas que otra cosa, intentaba enviar un breve informe de este hecho aislado a Londres por cable. Como se esperaba, los censores lo suprimieron.

Entonces, la noche de la víspera de mis vacaciones en Estocolmo, Orlov me telefoneó para decirme: “Tengo que verte antes de que te vayas”. En vista de la urgencia de su voz, le dije que viniera en seguida. Tan pronto como me dijo porqué había venido, consideré prudente interferir los micrófonos que todos creíamos que teníamos en nuestros muros poniendo el disco más ruidoso que tenía. Así, a través de crecientes trombones, Orlov me hizo un relato detallado de la acusación de Khrushev: Stalin era un tirano, un asesino y un torturador de miembros del partido.

Orlov no tenía notas. Y mucho menos el texto del discurso. Me dijo que el partido, en toda la Unión Soviética, había oído de él en reuniones especiales de militantes en fábricas, granjas, oficinas y universidades, cuando les fue leído, una sola vez. En este tipo de reuniones en Georgia, donde Stalin había nacido, los militantes estaban escandalizados de que su héroe nacional hubiera sido denigrado por un ruso. Algunas personas murieron en revueltas posteriores y, según Orlov, los trenes de Tiflis llegaron a Moscú con las ventanas rotas.

Pero, ¿podía creerle? Su historia coincidía con lo poco que sabíamos, pero los detalles que me había dado eran tan pasmosos que difícilmente se podían creer. Ahora es fácil pensar que todo el mundo sabía que Stalin era un tirano, pero en aquellos tiempos solo una infortunada minoría en la Unión Soviética lo creía. Y aceptar que Khrushev había hablado de ello abiertamente, aunque no públicamente, parecía necesitar alguna comprobación. Y eso no estaba a mi alcance.

También había otro problema. “Si no sacas esto, eres “govno” (un cobarde)” me dijo. Eso me sonó como un reto a romper la censura, algo que ningún periodista había hecho desde los años treinta, cuando los corresponsales occidentales tenían que volar a menudo hasta Riga, capital de la todavía independiente Letonia, para enviar sus historias y regresar ilesos a Moscú. Pero Stalin había gobernado con creciente severidad durante dos décadas desde entonces y nadie se había arriesgado en los años cincuenta.

Sintiéndome incapaz de resolver este problema por mi cuenta, llamé a Weiland y quedamos en vernos en el centro. Hacía mucho frío, pero le esperé en el exterior para evitar los micrófonos. Había una espesa capa de nieve en el suelo, pero andamos por ella parándonos de vez en cuando para consultar mis notas bajo las farolas. Nos dimos cuenta de que Orlov a menudo me había ofrecido pequeñas informaciones que habían resultado correctas, aunque no de gran importancia. Su historia coincidía con los escasos informes que circulaban por la comunidad occidental. Y también nos dimos cuenta que un corresponsal temporal del New York Times se marchaba al día siguiente y, sin duda, escribiría sobre esos informes. Podíamos ser derrotados con nuestra historia, que era mucho mejor. Decidimos  que teníamos que creer a Orlov.

A la mañana siguiente, volé a Estocolmo desde donde llamé a editor de noticias de Reuter en Londres. Mi nombre, insistí, no tiene que aparecer en ninguna crónica y no debe citarse Moscú como origen de la noticia. No quería ser acusado de violar la censura a mi retorno a Moscú. Entonces, después de varias horas escribiendo mis notas, dicté dos historias para Reuters por teléfono. Todavía decidido a esconder mi identidad, utilicé un ridículo acento americano. La trama falló estrepitosamente. “Gracias, John”, me despidió jovial.

De vuelta en Moscú, todo continuaba como antes. Durante el verano de 1956, el deshielo de Khrushev había terminado y los moscovitas se relajaron un poco más. Pero en la Europa central el impacto del discurso fue creciendo. En otoño Polonia estaba preparada para estallar y en Hungría una revolución anticomunista derrocó al partido y gobierno estalinistas, substituyéndolos brevemente por el reformista Imre Nagy.

En Moscú, los líderes soviéticos sintieron el efecto. Durante seis semanas ninguno apareció en ningún acto diplomático. Cuando reaparecieron, se les veía ojerosos y más viejos. En quien más se constataba era en Anastas Mikoyan, mano derecha de Khrushev, que constantemente le había animado a realizar mayores reformas. Según su hijo, Sergo, ello era debido a que había pasado largos días en Budapest tratando desesperadamente de salvar el régimen de Nagy sin éxito. Al final, los conservadores intransigentes ganaron la batalla insistiendo en que, por razones de seguridad, la Unión Soviética no podía permitir a ningún país vecino dejar el Pacto de Varsovia. De mala gana, Khrushev y Mikoyan aceptaron que tenían que ser aplastados.

En Occidente, el impacto del discurso recibió un impulso colosal con la publicación del texto entero, aunque depurado, en The Observer y New York Times. Fue la primera vez que el texto completo podía ser examinado públicamente en todo el mundo. Incluso los secretarios locales del Partido que lo leyeron a sus militantes tuvieron que devolverlo al cabo de 36 horas. Estos textos fueron también depurados, omitiendo dos detalles del discurso que Orlov me contó.

Según William Taubman, en su magistral biografía de Khrushev, el texto íntegro se filtró a través de Polonia donde, como en otros aliados comunistas de la Europa central, Moscú había enviado una copia editada para el Partido Comunista. Dijo que en Varsovia los impresores decidieron hacer miles más de copias de las autorizadas y una cayó en manos de la inteligencia israelí, que la pasó a la CIA en abril. Algunas semanas más tarde, la CIA la pasó al New York Times y, aparentemente, a Edward Crankshaw, el distinguido experto en el Kremlin de The Observer.

No se sabe exactamente cómo la consiguió, pero el jueves 7 de junio, en una pequeña comida de editores que se celebraba cada semana en el Hotel Waldorf, Crankshaw “modestamente mencionó que había conseguido la copia completa del discurso de Khrushev”, según Kenneth Obank, el director de edición. La reunión se revolucionó. La oportunidad no se podía desperdiciar y, con el decidido apoyo de David Astor, el editor,  así como de Obank, se acordó que el texto completo de 26.000 palabras tenía que publicarse en la edición del siguiente domingo.

Fue una heroica decisión rayana, según parece, en la locura. En esos días, todo tenía que componerse en metal para plasmarlo en páginas. Ese jueves, según Obank, “la mitad del periódico estaba ya decidida, corregida y elaborada. Peor aún, descubrimos que teníamos que suprimir secciones habituales (críticas de libros, arte, moda, bridge, ajedrez, artículos de opinión, todo). La copia de Khrushev, página por página, se fue haciendo. Cuando empezamos a compaginar páginas quedó claro que necesitábamos más espacio, así que tragamos saliva y nos dirigimos a las vacas sagradas: los anuncios. Siete preciadas columnas de anuncios fueron suprimidas. Innumerables titulares, subtítulos, referencias  y pies tenían que incluirse a medida que el texto se iba materializando.

Pero la apuesta dio resultado. La respuesta de los lectores fue entusiástica. Uno dijo: “Señor: Sólo soy un capataz en una fábrica, un lugar donde difícilmente puede imaginarse una amplia distribución de The Observer. Pero mi copia de la edición de Khrushev ha ido de mano en mano y de negociado en negociado en las oficinas, transportes, etc. Me maravilló el serio interés mostrado después de un minucioso examen del discurso”.

La tirada se agotó y se tuvo que reimprimir. Seguramente justificó la extraordinaria decisión de publicar el texto íntegro en solo tres días. El “minucioso examen” contribuyó enormemente al pensamiento que más tarde dio lugar al Eurocomunismo.

Khrushev fue claramente afectado por los acontecimientos. Sus oponentes ganaron fuerza y, en mayo de 1957, utilizaron sus armas para deponerlo. Cuando una mayoría del Presidium del Comité Central (el Politburó) votó su destitución, solo su rápida reacción convocando un pleno del Comité Central le dio la mayoría. Fueron sus oponentes, especialmente los veteranos Vyacheslav Molotov y Lazar Kaganovich, los que fueron depuestos.

Pero siete años más tarde los conservadores consiguieron deponerle. Veinte años de Leonid Brezhnev vinieron a continuación, durante los cuales el reloj giró para atrás, no hasta el nivel total del estalinismo, pero casi. Sin embargo, había comunistas que nunca olvidaron a Khrushev, y en especial su “discurso secreto”. Uno de ellos fue Mikhail Gorbachov, que estaba estudiando en la Universidad de Moscú en 1956. Cuando llegó al poder en 1985 estaba decidido a seguir el trabajo de Khrushev para reformar la Unión Soviética y abrirla al resto del mundo. Más de una vez elogió públicamente a su antecesor por su valor al pronunciar el discurso y seguir el proceso de desestalinización.

Algunos pueden dudar de que la Unión Soviética de Stalin pudiera reformarse, pero Khrushev no estaba entre ellos y tampoco, por supuesto, lo estaba Gorbachev. Pero después de dos décadas de desmoronamiento con Brezhnev, ni tan siquiera él pudo mantener al país unido. Perfectamente puede decirse que el “discurso secreto” fue el más trascendental del siglo, plantando la semilla que con el tiempo causó el fin de la Unión Soviética.


EL INFORME SECRETO DE KRUSCHOV, 50 AÑOS DESPUÉS
(Por Boris Kagarlitsky)


El Congreso del PCUS empezó el 14 de febrero de 1956, es decir: el día de San Valentín, conocido entonces como tal en la Unión Soviética sólo por los especialistas en literatura occidental. 50 años después, a los rusos les preocupa mas la cuestión de cómo hacerse con una divertida "tarjeta de Valentín" y qué se puede regalar en el día de los enamorados, que la de graduar la importancia histórica del vigésimo congreso del partido y de la alocución secreta de Nikita Kruschov. 

Ni que decir tiene que la prensa ha reaccionado al aniversario con varios artículos de obligada rutina. Mientras los periódicos liberales alaban a Kruschov como el primer aunque no suficientemente radical paso hacia el desmantelamiento del totalitarismo, vuelven los nacionalistas a arracimarse defensivamente en torno de Stalin, en la convicción de que éste representó la continuación de las grandes tradiciones de Iván el Terrible y la dinastía de los Romanov. Guenadi Ziuganov se pronuncia en nombre del Partido Comunista y declara que el informe de Kruschov apuntaba a la destrucción de los fundamentos del Estado soviético. "En el fondo, se trataba de un ajuste de cuentas personal con Stalin. Quiero subrayar que ese informe no fue previamente discutido ni en el plenario ni en el Presidium del Comité Central del PCUS."

Kruschov había hablado inmediatamente antes de la clausura del Congreso, el 25 de febrero de 1956, y su discurso no fue realmente "secreto"; muy poco después, fue distribuido por todo el país y leído en las reuniones y asambleas del partido. Millones de personas conocían ya unas pocas semanas después su contenido, sin sospechar que en las décadas venideras el sistema soviético iría aproximándose cada vez más al borde del abismo. Y eso a pesar de que, tanto desde el punto de vista  geopolítico como económico, la URSS alcanzó el cénit de su poderío, no bajo Stalin, sino precisamente bajo Kruschov y Breznev. En tiempos de Kruschov llegó la ventaja en la exploración del espacio; bajo Breznev se alcanzó la paridad nuclear con los EEUU, y muchos países del Oriente Próximo y de África se pusieron del lado del bloque soviético. También desde el punto de vista material se vivía mucho mejor. Es lo cierto que se acabó el "hermetismo" ideológico propio del período de Stalin. Y los intentos, particularmente característicos de la era Breznev, de simular las viejas estructuras monolíticas, sólo lograron dividir a la sociedad y prepararon el terreno para la catástrofe moral que habría de acontecer  a finales de siglo.

Precisamente, aquel "monolitismo" de la sociedad soviética estalinista es lo que hoy despierta nostalgia, y no sólo entre los partidarios convencidos del antiguo orden; también entre millones de personas expuestas cotidianamente a la irresponsable y antisocial política de las actuales elites rusas.

Plenamente "monolítica" no lo fue nunca la sociedad soviética, evidentemente. No sólo son las novelas de Solchenitsin testigos de eso, sino que se pueden traer también a colación los archivos. Sin embargo, había un sentimiento de comunidad de destino que no sólo unía a los estratos bajos de los trabajadores con las capas altas de la burocracia, sino que llegaba incluso a unir, parcialmente, a las víctimas del Gulag estalinista con sus guardianes. No es por azar que muchos de los antiguos confinados en campos, tras su liberación, no sólo no se convirtieran en anticomunistas, sino que se distanciaran de una generación más joven de intelectuales, cuyas opiniones les parecían antisoviéticas. El régimen de Stalin, como una especie de Bonapartismo comunista que fue, estaba prendido a la historia de la Revolución como el totalitarismo del sistema a un especial democratismo; como el miedo y las represiones, al entusiasmo y a la lealtad franca. Paradójicamente, eso es lo que hizo al vigésimo Congreso posible y lo que lo convirtió en un asunto ordinario.

Se necesitaban cambios; eso, cualquiera lo entendía: tras la muerte de Stalin, todos los dirigentes del país discutían sobre reformas. Documentos recientemente publicados prueban que incluso Stalin albergaba parejos pensamientos. La cuestión era sólo ¿por qué escenario había que decidirse?  Luego culparon unos a Kruschov de no haber procedido de un modo lo bastante radical; se quejaron, otros, de que todo lo hubiera ventilado en público, extraviando así la reforma política en un mero ajuste de cuentas con Stalin. Kruschov, obvio es decirlo, tenía que cargar todas la culpas sobre Stalin, si quería evitar que se sacaran conclusiones sistémicas más serias: desde las contradicciones internas del sistema soviético, hasta la cuestión de su parentesco real con las ideas marxistas sobre el socialismo. Esas cuestiones las había planteado Trotsky, respecto del cual las elites políticas bajo Kruschov no estaban menos vehementemente distanciadas que de Stalin. De ahí que Kruschov, aquel 25 de febrero de 1956 –y tanto si lo había convenido con los colectivos dirigentes, como si no—, no hiciera otra cosa que dar voz articulada al estado de ánimo de la mayoría del aparato. Su Informe secreto no fue producto del arbitrio de un individuo, sino que se redujo más bien a dar expresión general a lo que había ido imponiéndose en el curso de tres años de luchas internas tras la muerte de Stalin.

Transcurridos 30 años más, la perestroika anunciada por Gorbatchov llevó a la Unión Soviética a la ruina total. El resultado de sus reformas fue el sufrimiento de millones de personas humilladas, expoliadas, arrojadas de nuevo a comienzos de los 90 a las fronteras de la supervivencia física. ¿Puede eso considerarse la consecuencia histórica del vigésimo Congreso, de cuyas resoluciones se reclamaron tanto Gorbatchov como su sucesor Yeltsin? Ambos pertenecían, evidentemente a otra generación, educada y templada bajo Breznev. Sin embargo, el XX Congreso fue una especie de parteaguas. En el pugilato entre las fuerzas democráticas propias de la sociedad soviética y las fuerzas de la burocracia, triunfaron externamente las primeras, y realmente, las segundas. Hubo, después de 1956, una democratización, pero sólo en beneficio de la burocracia: el colapso estaba programado.

 [Traducción para www.sinpermiso.info: Amaranta Süss]



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