FUNDACIÓN

ANDREU NIN

Julius Jacobson (1922-2003)

Barry Finger


Publicado en New Politics, nº 35, verano 2003. Barry Finger es miembro del equipo editorial de New Politics. Traducción de Iniciativa Socialista

Julius Jacobson -Julie para sus muchos amigos y compañeros-, fundador y editor durante más de cuarenta años de New politics [NP], murió el 8 de marzo de 2003, a consecuencia de un cáncer, dejando a su esposa y coeditora de NP, Phyllis, a su hijo Michael, su nuera Lynn Chancer, su nieto Alexander... y a generaciones de socialistas y de radicales que le conocieron y a quienes educó a lo largo de toda su vida en los ideales y valores del socialismo revolucionario y democrático del "tercer campo", por medio de sus ensayos, cartas y polémicas. Se ha dicho que 25 años en la vida de una pequeña revista equivalen a una vida centenaria en una persona. Siguendo este criterio, NP, para la que Julie trabajó hasta su último aliento -escribiendo incansablemente, engatusando a quienes se mostraban recalcitrantes para conseguir su contribución, consiguiendo aportaciones para unos fondos siempre escasos, preparando nuevas voces e, incansablemente, llevando a cabo con todo rigor la tarea editorial-, se ha ganado realmente su lugar como uno de los venerables pilares del radicalismo americano.

Como un socialista dedicado a lograr que la política radical se mantuviese vibrante y relevante, Julie habría rechazado cualquier homenaje como una  imperdonable concesión al sentimentalismo. Julie destacaba por revelar muy poco sobre sí mismo en sus escritos. Obviamente, están impregnados de sus pasiones políticas y su firme moralidad, su ingenio alegre y su simpatía, el vigor y brillantez de su mente. Pero de Julie el hombre, la personalidad histórica, se encuentra muy poco. De esta forma, se comportaba como un vástago del movimiento que lo formó,  vigilante ante la difusión del virus que se deriva de  la asociación del análisis socialista con la proyección de cualquier personalidad individual. Sólo hay, por tanto, un modo de escribir sobre él que conforme a la forma en que condujo su vida: valorar su escritura como si estuviese aún vivo y pudiese leer esta evaluación con su sensibilidad excepcionalmente  crítica, escéptica y combativa, anticipando la aguda réplica con la que, casi con toda seguridad, nos contestaría. Eso se hará, más adelante. De todos modos,  a remolque de la dimensión y cercanía de la pérdida, espero ser perdonado por apartarme, al menos en parte, de sus deseos.

Miembro de esa estirpe en desaparación formada por intelectuales procedentes de la clase obrera, producto de las primeras y heroicas luchas socialistas, Julie era hijo de inmigrantes del Este de Europa. Su padre, muchas veces desempleado, era estibador. Su familia estaba inmersa en la cultura secular e inclinada hacia la izquierda propia de los inmigrantes judíos. Sus progenitores leían el periódico socialdemócrata Forward para las "noticias", pero donde buscaban la emes [NT: palabra del idioma idish], la verdad que está detrás de las noticias, era en el diario comunista, escrito en idish, Freiheit. Siendo un niño, quizás cuando apenas tenía nueve años, Julie fue reclutado por su hermano mayor para los Pioneros, el grupo de jóvenes preadolescentes del Partido Comunista (PC). Julie siempre insistía en la que la radicalization política a tan temprana edad no era entonces la aberración que ahora parece ser. Pero ya adolescente, y pese a León, Julie abandonó el barco de la Communist Youth League para pasar al de la Young People's Socialist League, IV Internacional (YPSL, o Yipsel). La nueva afiliación de Julie causó una grieta política en la familia que nunca fue totalmente reparada, aunque León contribuiría más tarde con algunos dibujos en varios de los primeros números de NP.

Eran los días del movimiento trotskysta unificado en los Estados Unidos, días de agitación en las esquinas de las calles; días de batallas entre los antisemitas seguidores de William Pelley y la sección de la YPSL en el Bronx, formada en gran parte por judíos. Eran los días en los que las reuniones trotskistas eran violentamente interrumpidas por estalinistas. Unos pocos años que dieron forma a una época en la que el capitalismo parecía tan podrido que la revolución mundial, "la revolución permanente", llevada a cabo por las masas oprimidas parecía ser la única esperanza realista para la humanidad. Era un tiempo en el que un PC profundamente estalinizado se alineaba con las big city machines [NT: una especie de oficinas o agrupaciones electoralistas, populistas, clientelistas  y frecuentemente corruptas, aunque se trata de un fenómeno complejo] y con los capitalistas "progresistas". Era un tiempo en el que, por última vez, todo un movimiento histórico, el marxismo revolucionario, podía ser visto como si estuviese concentrado en la personalidad notable de un individuo intelectualmente incorruptible. Este trotskismo produjo un movimiento juvenil mucho más preparado en materia de teoría, historia y táctica que cualquier otro grupo contemporáneo a él. Este movimiento juvenil representaba casi la mitad del movimiento trotskista a finales de los años treinta del pasado siglo, con una fuerte y vibrante vida interna y pública. Muchos de los miembros de este movimiento gravitaban en torno a Max Shachtman.

Blindaje intelectual y cambio histórico

Pero era también un periodo en el que la historia comenzaba a desviarse de la clásica trayectoria marxista sobre la que el trotskismo se basaba. Comenzaban a aparecer formas nuevas de propiedad y de dominación clasista, no previstas en las viejas fórmulas. Los intentos de Trotsky para reconciliar los datos históricos emergentes con su teoría revolucionaria eran cada vez menos sólidos y convincentes, cada vez más forzados. Comenzó a dar muestras de una inclinación doctrinaria y mecánica hacia una teoría básica que se encontraba en abierta contradicción con la imperturbable audacia con la que interpretaba el desarrollo de los acontecimientos. Trotsky, quien, mejor que cualquier otro líder, entendió los peligros del abandono por parte de Stalin de la revolución internacional en favor de la construcción del "socialismo en un solo país", fue incapaz de desarrollar sus intuiciones hacia conclusiones poco ortodoxas y desarmó a sus seguidores a causa del fracaso que suposo no haber repensado el estalinismo como una nueva forma de sociedad clasista.

En el seno del sector del movimiento que no temió afrontar las plenas implicaciones de lo que estaba ocurriendo en Rusia -los "shachtmanistas", organizados de forma separada en el Workers Party (WP)- encontró Julie su espacio político, en el que permanecería hasta su disolución durante los años cincuenta. Allí se formaron las habilidades políticas y literarias de Julie, así como su cortante e inflexible filo polémico. Allí se incubó y alimentó la preocupación que a lo largo de toda su vida mantuvo hacia la corrupción intelectual, política y cultural representada por el estalinismo o, como llegó a ser denominado, "colectivismo burocrático". Allí, la inseparabilidad de socialismo y democracia, que dio a la lucha contra el estalinismo y el capitalismo una base teóricamente inexpugnable y un programa político, se convirtió en la piedra de toque de la política de Julie.

Alli, también, Julie conoció a Phyllis, ambos adolescentes en la Yipsel. El ámbito territorial de Julie en aquel tiempo era el Bronx y la oficina central de partido en Manhattan, mientras que Phyllis procedía de Brownsville, en el interior de Brooklyn. Generalmente, tales romances estaban condenados a terminar "con los corazones rotos", pues rara era la relación que podía soportar un viaje diario en Metro de un extremo a otro de New York, en el que, ida y vuelta, se tardaba unas tres horas. Hay muchos relatos sobre amores perdidos, aplastados por las limitaciones de los medios de transporte. Su caso fue una excepción singular, una verdadera leyenda de su tiempo, cuyos detalles todavía cuentan con envidia los veteranos de más edad procedentes de los movimientos troskistas y socialistas. Con el tiempo, este romance adolescente  se transformaría en una plena asociación política e intelectual, una completa amistad de pasiones compartidas, no sólo por la política, sino también por el arte y la música, los viajes y las antigüedades, la buena literatura y los placeres epicúreos; pasiones modestamente realizadas con los escasos recursos del mecánico especializado que Julie llegó a ser. Hubo  muchos años difíciles. Pero una vida como la que Julie y Phyllis han compartido es un reproche permanente a quienes alaban las supuestas virtudes socialistas de una vida gris sin sentido del humor y consumida en una autoprivación penosa e insensata, a lo Jimmy Higgins [NT: personaje ficticio que la propaganda del PC  presentaba como modelo a imitar por los militantes de base], de forma similar al rechazo que una sensibilidad contemporánea siente ante la pretensión de que la austeridad del monje haga que los miembros de una orden religiosa estén más cercanos a dios. Julie nunca fue un adorador de ningún lugar sagrado ni, desde luego, de la miseria de la clase obrera. Él no tenía nada que demostrar.

Cuando el país entró en guerra, el WP industrializó y sindicalizó a sus cuadros en previsión de un ascenso del movimiento después de la guerra. Julie, aunque era un trabajador especializado en General Electric, fue incorporado al ejército y participó en la parte final de la batalla de las Ardenas, donde escapó por muy poco a la muerte, ya que un mortero perforó el furgón en el que se trasladaba hacia el frente, matando a la mitad de los soldados de infantería que iban en su interior. Pero hay otro incidente que le llamó aún más la atención y cuyo impacto le marcó profundamente durante toda su vida. Viajando al frente, Julie vio a un amplio número de soldados blancos disparando, como si de un deporte se tratase, sobre un campamento de otros soldados estadounidenses... pero negros. Los oficiales responsables no mostraban ningún interés, o, para ser más exactos, encontraban divertido que sus racistas tropas se dedicasen a hacer prácicas de tiro sobre sus propios compatriotas. Este episodio de militares implicados en linchamientos contradice totalmente la tonta pretensión frentepopulista de que la II Guerra mundial era una lucha consciente contra el fascismo. Julie nunca aceptó, teórica o prácticamente, que la II Guerra Mundial fuese una "guerra buena". Esta experiencia llevó los compromisos antiracistas de Julie del ámbito político al terreno de lo visceral.

Julie también participó en la liberación de París en 1944, entrando en contacto con troskistas franceses y expatriados griegos, ente los que cabe destacar a uno cuyo "nombre de guerra" era Pablo, y se encargó de hacer llegar ropa, mantas, literatura socialista y alimentos  a estos compañeros. Shachtman advirtió a Julie que fuese prudente en su trato con Pablo, al que creía muy inestable, como evidenciaba la imaginaria o fantástica perspectiva de éste, que creía que  las tropas estadounidenses se encontraban al borde la rebelión. Años más tarde, pese a la cálida amistad contraída en tiempos de guerra, Pablo no fue capaz de comportarse con una mínima cortesía con Julie. Durante esos ños se habían producido varias escisiones en la Cuarta Internacional, que, desde el punto de vista del WP, se había convertido, bajo la influencia perniciosa de Pablo, en poco más que un ala izquierda del estalinismo.

Tras la guerra, el WP mantuvo su orientación hacia la industria. Pero Julie no estuvo de acuerdo, pues consideraba que los pobres y escasos recursos del WP no permitían ofrecer a los jóvenes trabajadores una alternativa significativa en ese ámbito. En su opinión, no se abrían perspectivas organizativas en los institutos o en el "proletariado joven", sino en los campus universitarios, donde los soldados que retornaban a EE.UU. gozaban de oportunidades educativas sin precedentes. Julie abandonó su trabajo como mecánico en General Electric y se implicó totalmente en la tarea de organización en los centros en que se cursaban los primeros años de estudios universitarios, a favor de la Socialist Youth League (SYL), que más tarde lograría separar del Partido Socialista (PS) al grupo juvenil dependiente de éste, formando la Young Socialist League (YSL) y haciendo unas aportación fundamental al florecimiento del "tercer campo" socialista en los campus universitarios. La SYL tenía grupos nutridos en New York, Chicago y Berkeley, y también estaba implantada en docenas de otras ciudades y universidades, como Oberlin, Detroit, Los Ángeles y Denver. En aquellos años, Julie escribió la columna denominada "Youth Corner" en Labor Action y fundó y editó la revista universitaria Anvil,  que más tarde, en 1950, se fusionó con Student Partisan. Formalmente editada por la Federación de estudiantes de New York contra la guerra, su orientación política era generalmente la misma que la de la Independent Socialist League (ISL), nuevo nombre del anterior Workers Party, aunque ahora se había diversificado en cierta medida gracias a la asociación con clubs pacifistas y estudiantes no afiliados simpatizantes con el punto de vista antiguerra y militante del la ISL. Este notable periódico, con una circulación de más de 4.000 ejemplares y que lamentablemente no ha gozado de una reimpresión posterior, publicó ensayos de Richard Wright, Lewis Coser, Irving Howe, Hal Draper, Michael Harrington, Paul Goodman, Harold Rosenberg, George Rawick, C. Wright Mills, Isaac Rosenfeld, Harvey Swados and Dan Wakefield, y ayudó a presentar ante una audiencia estadounidense los escritos de Simone de Beauvoir.

Julie aportó dos artículos que resultan particularmente sintomáticos de temas que después fueron duraderos. "¿Tienen los comunistas derecho a enseñar?" fue un texto editorial en el primer número de la revista y atacaba a Sidney Hook, convertido en un apologista sofisticado del macartismo. La refutación escrita por Julie sigue siendo una enérgica y animosa defensa de la libertad de expresión, significativa no sólo por su interés archivístico -donde podría contrastarse la consistente postura de los socialistas independientes con la posición vacilante de la izquierda liberal anticomunista-  sino también por su fantástica importancia contemporánea. La implacable defensa que Julie hace de las libertades civiles fue ampliada y desarrollada en artículos posteriores, escritos bajo su seudónimo Julius Falk (Falk era el apellido de soltera de su madre), en el diario de la ISL, New International. Estas preocupaciones, expresadas al escribir que "en el mecanismo social de democracia burguesa, los principios democráticos de la Declaración de Derechos son un terreno en el que frecuentemente hay que barrer el polvo", han sido revisitadas continuamente a lo largo de su carrera política y literaria. En el penúltimo artículo que Julie escribiera, para el número de verano de 2002 de NP, advirtió que a diferencia de la caza de brujas de los años cincuenta, hecha con la completa disconformidad del Ejército y de Eisenhower, la actual "Guerra por la democracia es identificable como una guerra llevada a cabo por la clase dominante y su Estado".

Guerra, mal menor y la cuestión rusa

Otra línea de pensamiento de importancia duradera fue presentada en "Guerra, realismo y mal menor", que sigue siendo una de las más concisas y concentradas exposiciones del análisis sobre política exterior propio del "tercer campo", y su importancia sobrevive más allá del contexto particular en que surgió. Sin embargo, iba también dirigido contra un grosero telón de fondo político en el que el liberalismo era visto como sospechoso y el radicalismo como subversivo. Julie abordaba abierta e imaginativamente la enmarañada y laberíntica lógica del "mal menor" que sedujo a un batallón de izquierdistas en retirada que creían poder conciliar un apoyo crítico al Establishment estadounidense con seguir estando, en última instancia, al servicio del socialismo, tema que, como era inevitable, siguió resonando en sus posteriores polémicas antiguerra. Pero es en la elegante parte final del ensayo donde mejor puede verse el impulso animoso de una vida de activismo socialista. Se trata de una declaración simple y penetrante, mucho más profunda que lo pueda encontrarse en el más pretencioso de los tratados sobre metodología dialéctica, sobredeterminación y esquemas universales a menudo asociados con el marxismo; también es un eficaz reproche a las teorías del ·fin de la ideología (socialista)". "Pese a todo", dice Julie a modo de conclusión, "no se puede dar garantías a los que preguntan '¿Cómo sé que el Tercer campo tendrá éxito?'. Sabemos que ni el capitalismo ni el estalinismo pueden tener éxito en cuanto a la resolución de cualquiera de los problemas sociales básicos. Sabemos que el potencial para el socialismo existe. No nos hace falta saber más para tomar una opción política, realista y moral."

Durante los años cincuenta, Julie dejó en otras manos la  administración de Anvil y Student Partisan para convertirse en editor de New International. A mediados de esa década, Shachtman se estaba desplazando significativamente hacia la derecha, tratando de encontrar nuevas oportunidades para la construcción del movimiento. El PC estaba en plena confusión, traumatizado por las revelaciones de Khrushchev en el XX congreso de PCUS y por la revolución húngara, y desgarrado por una lucha fracional que no podía ser resuelta dentro del marco de una organización unificada. Como indicaba la ISL, estaba atrapado entre la clase dirigente rusa y la clase obrera estadounidense. Esto planteaba de nuevo la problemática de un más amplio movimiento socialista sobre la base de un terreno común para el reagrupamiento y la unificación con el ala del PC que comenzaba a encontrar su propio camino hacia el reconocimiento del lugar central de la democracia para el socialismo. La búsqueda de parte de Shachtman y de la mayoría de una plataforma mínima, para lo que resulta comprensible en abstracto que sería incoherente tratar de mantener la totalidad de las posiciones de la ISL, significó en la práctica un desplazamiento hacia la derecha. Es decir, los shachtmanistas no volvieron a estar dispuestos a defender de forma ininterrumpida una política revolucionaria y el socialismo tercercampista, desmontando el tenderete" dentro de un casi moribundo PS.

Julie, que siempre había mantenido estrechas relaciones personales con Shachtman, identificó y expuso las regresivas tendencias mostradas en los últimos escritos de Shachtman como una ruptura con la historia de la ISL y una invitación a que los restos del movimiento quedasen envueltos en la  desorientación intelectual. "Leninismo, la Comintern y y el putchismo" fue la respuesta de Julie al artículo final de Shachtman en New International, otoño 1957, titulado "Comunismo estadounidense o el reexamen del pasado". Lamentablemente, tuvo que imprimirse y difundirse de manera privada, ya que había sido propuesto para un nuevo número que, pese a haber sido previsto, nunca llegó a aparecer. Aunque resultaba doloroso para Julie, se hizo cada vez más evidente que Shachtman comenzaba a manipular la comparación entre el "mal menor" del capitalismo democrático y el estalinismo como una racionalización para el abandono de la política socialista. Julie admitiría que el capitalismo democrático era "un mal menor", pero insistía, en la propia tradición WP-ISL, en que apoyar al capitalismo occidental contra el estalinismo sólo podría perpetuar, en el escenario de la "guerra fría", una simbiosis dañina para la democracia a escala mundial. Durante un breve momento tras la absorción del ISL en el PS, pareció que éste podría vivir un renacimiento, pues podía preverse la obtención den uevos apoyos procedentes de la descomposición del PC y de la fusión sindical entre AFL Y CIO. Pero la dirección del viejo movimiento, una vez dentro del PS, comenzó a desplazarse hacia la derecha e incluso, con pocas excepciones, hacia el ala más a la derecha. Poco después, sumergerían la organización en una serie de desastrosas y desfallecedoras peleas, conducidos por su nuevo celo, recién descubierto, en  abandonar la acción política independiente y favorecer un realineamiento político del Partido Demócrata.

Desarrollo de un espacio del Tercer Campo

Pese a todo, este interregno fue intelectualmente fecundo para Julie, que escribió "Los orígenes del movimiento comunista en EE.UU.", una rompedora trilogía de artículos, material para un pequeño libro, aparecidos en las ediciones sucesivas de New International durante 1955 y 1956. Y amplió sus investigaciones contribuyendo como autor asociado al volumen de Howe y Coser sobre el PC de EE.UU en 1957, uno de los pocos tratamientos de este tema verdaderamente fructíferos y el único en el que se observaba el tema a través de la lente crítica de socialismo del "tercer campo".

Julie nunca entró en el PS tras la disolución de la ISL. Phyllis fue durante un período organizadora del PS en Manhattan, pero para ambos estaba muy claro que el PS recientemente reagrupado no sería el antídoto a la debilidad de socialismo organizado en Estados Unidos. La perspectiva de una renovación radical debía encontrarse en otro lugar, en las luchas emancipatorias de los negros en el Sur, en la aparición de una conciencia libertaria y militante en favor de los derechos civiles, y en las pequeñas y espontáneas explosiones de sentimientos antiguerra y pacifistas en los campus universitarios, presagiando todo ello el nacimiento de una nueva izquierda. Entendieron que el problema inmediato no era "cómo solucionar todos los problemas de la política, la teoría y la organización socialista, sino, más bien... cómo establecer una esfera en la que estos problemas puedan ser discutidos seriamente". Propusieron una nueva revista que abordaría frontalmente los temas para los que la organización independiente del "tercer campo" había puesto los cimientos (el impacto de totalitarismo sobre el concepto de socialismo, los cambios en la Rusia postestalinista, el significado de la democracia socialista y los peligros de burocratización, la importancia del antimilitarismo socialista en un mundo que vive bajo la sombra de la bomba, el papel de la clase obrera moderna, el impacto ubicuo de racismo sobre la sociedad estadounidense), pero que también sería un periódico en el que "el criterio exclusivo de selección editorial no sería ni la conformidad ni la heterogeneidad, sino más bien la capacidad de los artículos para estimular el pensamiento y el debate, o de contribuir de algún modo a aclarar punzantes problemas relacionados con la teoría y la política. Puede tomarse como un principio que un artículo que incita a refutarlo es un artículo que merece ser publicado, tanto si algún miembro del equipo editorial está de acuerdo con él como si eso no ocurre, por encima de cualquier artículo de sentimientos impecables que no incita en absoluto a ningún pensamiento". NP sería una revista comprometida con la izquierda, sin intentar tiranizarla o sermonearla desde arriba. Una revista que ayudaría a la izquierda a resucitarse a sí misma.

Esta idea encontró el entusiasta recibimiento de importantes socialistas estadounidenses, escritores, profesores de universidad y sindicalistas. Entre sus editores iniciales estaban Hal Draper y Herbert Hill, que fueron quienes, junto a Julie y Phyllis, más contribuyeron a dar forma a la revista, pero también personas tan notables como Harvey Swados, James Baldwin, Dan Wakefield, Sid Lens, A. J. Muste, Norman Thomas, Herbert Gold, Bert Cochran, Patrick Gorman, Bayard Rustin and Michael Harrington. Sin duda, una lista con personajes muy destacados, pero también, como era típico en aquellos tiempos, euna lista en la que había una marcada y chirriante ausencia de mujeres entre sus patrocinadores y editores. La misma Phyllis no fue reconocida como editora hasta verano de 1968.

Aunque entre sus patrocinadores y colaboradores hubiese tanto reformistas como revolucionarios, la revista tenía claramente la intención de lograr una presencia marxista, independiente y democrática, en la vida intelectual de la izquierda, distinguiéndose así de otras publicaciones contemporáneas significativas de la izquierda, como Studies on the Left, que, como Julie señaló, tenía un "marcado sesgo pro-Este", la socialdemócrata Dissent y el mensual anarco-pacifista Liberation.

El imprimátur del "tercer campo" fue colocado inmediatamente sobre la revista por el propio Julie, a través de ensayos tan destacados como "El socialismo estadounidense y la guerra termonuclear", "Los límites de la reforma rusa", " Isaac Deutscher: anatomía de un apologista"..., algunos de los cuales, junto a textos de otros colaboradores con similar orientación, fueron publicados en un volumen editado por Julie, El comunismo soviético y la perspectiva socialista (1972). Siguen siendo señaladas contribuciones que hoy pueden ser releídas provechosamente como iluminadores mapas de carreteras de una política socialista independiente que eluda las acomodaciones al autoritarismo o al "capitalismo democrático", que tan frecuentemente confunden y neutralizan la política socialista. Julie insistió en que la importancia del socialismo es crucialmente inseparable de una política de paz y libertad: "Pueden ofrecer soluciones pacíficas sin libertad, pero no pueden ser soluciones socialistas, ni creo que puedan asegurar la paz, porque el socialismo es libertad y una política que niega la libertad, niega el socialismo". Dicho de otra forma, estas soluciones "no socialistas" realmente no pueden traer la paz porque dejan en pie sistemas clasistas que tienen una inercia inherente hacia la guerra.

En su extensa discusión con Deutscher, Julie luchó cuerpo a cuerpo contra un estilo de radicalismo que se introdujo profundamente en los intersticios más sofisticados de la New Left (Nueva izquierda, NI) y aún más allá de ella. "Considerando sus opiniones [las de Deutscher] sobre el socialismo, que eliminan la democracia como una de sus partes integrales, y dada su convicción de  que sólo el inevitable ('predeterminado') desarrollo del sistema estalinista  podría conducir a su modificación, no hay ninguna razón para rechazar los métodos de Stalin más allá de una irrelevante falta de delicadeza. Quizás no era necesario difamar a los viejos bolcheviques acusándoles de ser agentes del imperialismo extranjero y estar en la nómina de Hitler, pero, dígase lo que se diga, desde el punto de vista y el análisis de Deutscher los viejos bolcheviques tendrían que haber sido eliminados de una u otra manera, ya que fácilmente puede ser establecido que su existencia era una seria amenaza a la consolidación política del estalinismo y, por lo tanto, un impedimiento a su misión histórica 'socialista' de llevar a Rusia desde el arado de madera al tractor".  Deutscher creó "la justificación teórica para el terror, cuyo significado práctico" se amplía, con ecos que aún resuenan hoy,  a la justificación del "uso del terror y la liquidación de la democracia" y de los demócratas" tanto en Cuba como en China y Vietnam.

Impregnado por el impulso animoso del socialismo desde abajo, Julie se hizo un observador extraordinariamente penetrante y una aliado coherente del ala militante del movimiento por los derechos civiles y de la creciente marea de radicalismo en los campus universitarios durante los años sesenta. Sus "Defensa de los jóvenes",  "Coalicionismo: de la protesta a la politiquería ", y la introducción a Los negros y el movimiento obrero estadounidense (1968), que Julie editó, pone de relieve el tenso contraste de la política del "tercer campo" con la de sus viejos compañeros, a los que condena por haber degradado los ideales del socialismo echándose en brazos de los demócratas y convirtiéndose "agentes políticos del liderazgo reaccionario de Meany en la AFL-CIO", o, a los situados en su más radical componente de "izquierda democrática", "por haber cultivado el cansancio, la desilusión y la frustración en relación al fracaso de una política socialista independiente... moviéndose cada vez más hacia la derecha, descubriendo por el camino todo tipos de cosas maravillosas sobre las instituciones y valores liberales (y no tan liberales)". Los condenó por haber asumido ellos mismos la tarea "de impedir y revertir la radicalización de la juventud" y por haber "reducido a un fetiche la alianza entre el movimiento negro y el movimiento obrero".

En lo que se refiere a este último aspecto, Julie era particularmente intransigente e impaciente. En los años sesenta, preguntaba "¿Qué hay de extremista o injusto en la demanda de que los trabajadores negros, oprimidos durante largo tiempo,  sean compensados por los crímenes cometidos contra ellos -incluyendo los crímenes de los sindicatos racistas que les privaron de un sustento- dándoles hoy consideración preferencial en la contratación?", lo que puede extenderse fácilmente y aplicarse a la actual exigencia de medidas compensatorias. Lo fundamental es que la plaga del racismo y de la desigualdad no se reduce simplemente a pasados ultrajes históricos, sino que tiene que ver con ofensas aún vigentes que exigen la adopción de ubicuas medidas reparadoras y compensatorias de carácter institucional y social. Para Julie, la acción afirmativa era un "pequeño paso democrático en la dirección de la justicia social". Aquellos que en la "izquierda democrática" insistieron tanto en la alianza ente el movimiento negro y el movimiento sindical nunca dijeron cómo debería ser el componente sindical de esta alianza. ¿Podría esperarse que un militante de los derechos civiles se acomodase a una burocracia sindical reaccionaria? Y si lo hacía, ¿a qué precio? Julie advirtió de que los que permanentemente aconsejaban la necesidad de tal alianza, pero no ponían condiciones previas dirigidas al reconocimiento y erradicación de su propio racismo por parte del movimiento sindical, no podrían seguir diciendo que su preocupación principal era el avance de la causa de reforma social. En sus palabras y en sus hechos, se habían hecho agentes del establishment dentro del movimiento por los derechos civiles, intentando crear un entramado no subversivo, un pacto de quietud institucional, como precondición para el avance de Partido Demócrata. En cuanto al precio de esto, Julie era claro: "el abandono de la independencia política y de la oposición socialista".

Seguramente, uno de los más dolorosos ensayos escritos por Julie fue "Las dos muertes de Max Shachtman", en invierno de 1973. Shachtman se había ganado la admiración de una generación de radicales de las décadas anteriores por su coraje político peleándose y opiniéndose a Trotsky, a quien "amó, respetó y temió", e incluso, en opinión de Julie, superándole, así como por sus contribuciones intelectuales y políticas a la comprensión del estalinismo. En los años cuarenta y durante los primeros cincuenta, Max había tenido relaciones muy calurosas, insólitas tratándose del difícil y poco generoso Shachtman, con Julie y Phyllis, en cuya casa era frecuente comensal y quienes contaban  entre sus más sorprendentes y dramáticas fotografías del comienzo de su vida adulta con varias hechas por Shachtman.

Con una admitida turbación, Julie afirmó que Max, autor no proclamado y eminencia gris de esa "política de coalición" y de la estrategia de realineamiento [NT: la realignment strategy hace referencia al giro hacia el Partido demócrata], murió, en el sentido más literal del término, siendo un renegado, "un hombre que renegó de su temprano y fundamental compromiso con la justicia social". "Si hubiese sido capaz de entrar en contacto con la juventud, fresca y receptivo a ideas nuevas, ¿no habría podido orientar a algunos hacia el campo del socialismo revolucionario?", y el propio Julie responde: "¿Pero por qué iban a prestar atención estos jóvenes a las revelaciones de Shachtman sobre el estalinismo cuando iban acompañadas de apologías al bombardeo estadounidense sobre Vietnam y por aplausos a algunos de los elementos más reaccionarios en los sindicatos y en el Partido Demócrata?".

Con este ensayo, Julie solventa para toda una década cualquier necesidad de nueva revisión de la autodenominada "Izquierda democrática", en la que están incluidos gran parte de los compañeros de su juventud, que se habían desplazado políticamente y moralmente a muchas kilómetros de distancia respecto a cualquier cosa que pudiese ser razonablemente considerada como socialista.

Unos años más tarde, Julie tuvo ocasión de analizar la niebla neoestalinista que estaba envolviendo rápidamente al movimiento antiguerra, viendo en ella las consecuencias finales de la tragedia de la herencia shachtmanista, reducida por su epígonos a mero anticomunismo, para ser claros. "Si la fuerza ideológica de estalinismo debe ser denunciada y eliminada en la izquierda mundial, esto sólo puede ser hecho por los que se mantienten en una tradición realmente radical y socialista, no por los que se comprometen con el imperialismo". Una inquietud que presagiaba el proyecto final de Julie, iniciado veinte años más tarde: "La Unión Soviética ha muerto: la 'cuestión rusa' permanece".

Hacia finales de los años setenta, Julie y Phyllis estaban literalmente extenuados. Sacar una revista trimestral con muy pocos recursos y editarla sobre la base de la actividad de dos personas, había ocupado casi todos los minutos que les quedaban tras terminar su jornada laboral. El negocio de Julie era un pequeño taller mecánico, denominado General Machines, en el que uno de sus trabajadores respondía al teléfono anunciando invariablemente "General Machines, private parts here", y se lo vendió a la compañía Bell and Howell. El taller apenas había dado para ir pagando sus gastos, en parte por haber sido fuente de empleo subsidiado para personalidades del movimiento durante varios años, y estaba totalmente sindicalizado, gracias a la insistencia de Julie, que impuso como condición previa al nuevo patrón que mantuviese en la empresa a los trabajadores del taller, con plenos derechos de antigüedad y unas apropiadas  condiciones salariales y sociales, algo inusual en tales cambios de propiedad. Con esta transición, también se cerró la primera época de NP, a causa de la fatiga editorial y del aislamiento social y subsecuente desaparición de la Nueva izquierda tras la guerra del Vietnam.

La reafirmación de principios políticos

Entre tanto, Julie y Phyllis editaron un libro titulado Socialist Perspectives (1983), que esperaba contribuir a una renovación del interés en la teoría y la ideología socialistas aprovechando el nuevo aliento  aportado por el crecimiento de los movimientos antinuclear, feminista y ecologista durante el período Reagan. Este libro prefiguró durante tres años las fuerzan que conducirían a la resurreción de NP en 1986. Cuando esto ocurrió, Julie explicitó desde el principio que la revista se situaría en el espacio del socialismo "tercercampista". El análisis magistral y detallado hecho por Julie del significado múltiple y de las implicaciones de esa política fue desarrollado con más precisión que nunca por Julie en "Socialismo y tercer campo", que sigue siendo, junto al ensayo de Hal Draper "Las dos almas del socialismo", una exposición clásica del tema. Tomó en consideración los fantasmas que rondaron a esa política, en particular las apariciones de antiguos miembros del "tercer campo" que perdieron su alma para conseguir un "realismo" político superior. ¿Dónde se encuentra el "tercer campo"? ¿A qué fuerzas sociales se adhiere? ¿Tiene una historia concreta? ¿Qué ralaciones hay entre el "tercer campo" y la democracia burguesa? ¿Y cuáles con la lógica del "mal menor"? Capa a capa, intentó ir disolviendo la mugre política que se había ido acumulando contra estos ideales políticos articulados a lo largo de toda una vida de experiencia revolucionaria. Sus conclusiones siguen siendo de gran actualidad.
Para los socialistas "tercercampistas", en el corazón del socialismo se encuentran la democracia política y social, y la creencia en la capacidad y la necesidad de que los trabajadores gobiernen sus propias vidas. No podemos reconocer como socialismo nada que tenga otro aspecto. Eso no quiere decir que el socialismo del "tercer campo" sea un dogma sectario y rígido que proporcione "una línea correcta" para cualquier problema político. El concepto es lo bastante amplio para abarcar una rica variedad de opiniones, estrategias y programas, siempre y cuando que se acepte que la democracia es un común denominador del socialismo, si se quiere superar la "crisis del socialismo" que nos aflige desde hace décadas. Pues la crisis afecta también al socialismo, una crisis de  autodefinición sobre quién somos y qué queremos. Y ya que estamos convencidos de que es responsabilidad de los socialistas agitar la bandera de la paz, la libertad y la democracia en una mano, la otra debe alzarse con el puño cerrado como afirmación del socialismo, a despecho de todos esos pequeños individuos situados en elevadas posiciones desde las que controlan nuestras vidas. Un puño alzado contra esas sociedades que oprimen a la humanidad y amenazan su existencia.

Algunos de los escritos más agudos de Julie durante los años siguientes estuvieron relacionados, necesariamente y de forma extensa, con el imperialismo estadounidense. En NP, invierno 1991, Julie analizó la crisis ocasionada por la primera de guerra del Golfo, volcando realmente en ello toda la experiencia de su carrera periodística. Lo que observó hace una década sobre la política exterior estaunidense aún se mantiene vigente y, si cabe, es aún más verdadero y más cargado de patetismo tras la reciente matanza: "...Para ser eficaces y merecer el apoyo popular, los activistas antiguerra deben dejar claro, sin ninguna ambigüedad, que la resistencia a una guerra injusta no implica ningún apoyo a la dictadura iraquí..."; "Quienes participamos activamente en el movimiento contra la guerra del Golfo deberíamos vincular la lucha por la paz y y la lucha por la democracia en Oriente Medio. Deberíamos impulsar la adopción de una política exterior que anime el desarrollo de movimientos democráticos y sociedades democráticas en una región ahora dominada por monarcas feudales, fundamentalistas religiosos y dictadores en el mundo árabe, y por racistas y halcones extremistas en Israel".

El proyecto final al que Julie consideró la culminación de una vida de reflexión teórica arraigada en el compromiso político, completando así la obra de la tradición WP-ISL, era arrojar luz sobre la sombra estalinista que había infectado y desacreditado el socialismo. Las tres cuartas partes de este proyecto fueron llevadas a imprenta: el ensayo introductorio sobre la duradera importancia de la cuestión rusa, una reflexión sobre la URSS y la naturaleza de la Segunda Guerra mundial, y otro sobre el estalinismo y la muerte del socialismo estadounidense. Debería terminar con una más extensa sección teórica sobre los bolcheviques, el totalitarismo comunista y el marxismo, que, lamentablemente, no fue terminada. Sin embargo, dejó un seductor boceto de ella: "Lo que está en juego es la cuestión de la autodefinición, de los conceptos fundamentales sobre lo justo y lo injusto, de qué tipo de movimiento emancipatorio hemos de construir y, por último, pero no menos importante, qué visión tenemos de una sociedad emancipada".

Ideales y compromisos

En los últimos tres años, Phyllis sufrió una serie de ataques que la debilitaron mucho y dejaron su estado de salud gravemente comprometido, requiriendo atención durante las 24 horas del día. Julie, que ya no podía atenderla él mismo, trasladó su oficina a la clínica-residencia en la que se instaló Phyllis. Desde allí, atendió los asuntos cotidianos de NP, tomó notas, escribió, editó la revista, contactó con los colaboradores para hablar sobre sus artículos. Allí almorzaba y, muchos días, también cenaba. De forma infatigable, abogó por Phyllis en la residencia, supervisando su tratamiento y consultando a especialistas cuando le pareció que había alguna negligencia. Compartió sus artículos con ella y disfrutaba mostrándole los sucesivos números de la revista. Exceptuando el tiempo en que estuvo reclutado por el ejército, Julie no se separó ni un día de Phyllis, y estos últimos años no han sido una excepción, pues durante este periodo renunció a visitar museos o a ir al cine, por miedo a que su ausencia asustase, alarmase o desoriéntase a Phyllis. Renunció  también a su casita de campo para los fines de semana y a sus queridas excursiones de pesca. En sus aniversarios y  cumpleaños, se juntaban con sus amigos en la habitación de Phyllis.
En los últimos meses, tras sufrir sesiones de quimioterapia, Julie terminaba el día visitando, pálido y enfermo, a Phyllis, sin más temor que el que su aspecto devastado la sobresaltase.

Julie pasó sus últimos meses igual que vivió toda su vida adulta, con enormes reservas de dignidad, sin dar ningún indicio de autocompasión y con su sentido del humor y su ironía totalmente intactos. Terminó el esbozo final de su artículo pocos días antes de morir. Para los que conocíamos a Julie, fue asombroso darnos cuenta de que solamente durante los últimos meses habíamos percibido su envejecimiento. Era asombroso porque esto nos recordaba que Julie parecía indestructible y, pese a la edad, alguien de nuestra misma generación. Si nosotros, el consejo editorial de NP, nunca vimos envejecer realmente a Julie, quizá haya una explicación. Aunque en ocasiones la verdad parezca escondida bajo un cliché, quizás sea imposible envejecer realmente, como Ignazio Silone sugirió, cuando se mantiene íntegra y completamente la fidelidad a los ideales y los compromisos de nuestra juventud, como hizo nuestro compañero.
 


Edición digital de la Fundación Andreu Nin, septiembre 2003


 
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