FUNDACIÓN

ANDREU NIN


Andreu Nin en el Ateneo Obrero de Gijón

Invitado por el Ateneo Obrero de Gijón como conocedor de la ida y la obra de Andreu Nin, y por el Llar Solidariu d´Oviéu para evocar el mayo o los mayos del 68, el autor de estas líneas tuvo ocasión de hablar sobre el destino de Nin (y sobre mayo del 68), con  un tiempo de viaje para leer La noche desnuda, de Juan Carlos Arce (nota de Pepe Gutiérrez-Álvarez).

Intervención de Boni Ortiz

Andreu Nin estuvo en el Ateneo Obrero de Gijón impartiendo un cursillo cuyo eje central era la Revolución Rusa, pocos meses después de la proclamación de la II República. Aquella década de los años treinta fue el periodo álgido de esta sociedad, pese a comenzarla con dos meses de cierre por el Estado de Sitio que se sufrió en Gijón, justo el día después la conferencia sobre El cante Jondo de Federico García Lorca, organizada por el Ateneo Obrero y celebrada en el Teatro Dindurra, el domingo 14 de diciembre de 1930... A la vez se celebraba el en Jaca el Juicio sumarísimo contra Fermín Galán y sus compañeros por proclamar la República, fusilándolos inmediatamente. Al día siguiente se convocó en Asturias la Huelga General y en Gijón una manifestación obrera, se detuvo a arrancar la placa que había en la Calle Instituto, nombrada Primo de Rivera. Como no llegaban a ella, entraron a la Iglesiona y residencia de la Compañía de Jesús, a por algún banco, o algo para trepar. Adentro, los jesuitas les esperaban con armas, disparando contra los que entraron. Varios obreros fueron heridos de bala y uno de ellos, apellidado Tuero, cayó muerto. Sus compañeros prendieron fuego al templo y durante varios días los disturbios se sucedieron...
Desde el año 2007 la “Iglesiona” está en obras de remodelación, y seguro que va quedar estupenda con fondos municipales, autonómicos y algo del 1% Cultural (creo), toda ella bien reluciente, sobre todo su listado de mártires por Dios y la Patria de la entrada.

“La experiencia de la Revolución Rusa”, “La Revolución de Octubre, sus realizaciones y sus dificultades” y “La Revolución Rusa y la cultura”, fueron los títulos respectivos de aquellas charlas impartidas por Andreu Nin para los socios de este Ateneo en aquella espléndida sede de la Calle Ezcurdia.
No fueron las únicas que miembros destacados de la ICE y el BOC, dieron en esta sociedad. Un par años después Joaquín Maurín, dio una gira por numerosos Ateneos Obreros y Populares de Asturias y aquí impartió otra conferencia con el significativo nombre de “Leninismo y Trotskismo”. Y Enrique Fernández Sedón “Fersen”, miembro destacado de la IC, desarrolló otro ciclo sobre el proceso de la Revolución Española, en tres bloques: “Breve historia de las revoluciones democráticas en España”, “La República y el proceso constituyente”, para finalizar con un “Balance y perspectivas”. Sería injusto olvidar las numerosas intervenciones a lo largo de este periodo -y antes también- de José Loredo Aparicio, con conferencias tituladas: “Asturias en la Revolución española”, “El porvenir de la República”, “Defensa de la Revolución de Octubre” Lectura de una conferencia de Trotsky en Copenhague), “Por qué ha subido Hitler al poder?”...

¿Por qué esa presencia tan destacada de líderes y pensadores de la Izquierda Comunista en esta casa en aquellos tiempos? Una razón por encima de todas es que la elaboración de teoría y pensamiento marxista en aquel periodo estaba en el campo de la Oposición Comunista o la Izq. Comunista. Me entenderéis si os digo que del oficialismo estuvieron en las tribunas de esta Casa, Isidoro Acebedo y José Bullejos. Otra que hasta bien entrada la Guerra Civil, el POUM y el PCE eran partidos con una implantación muy semejante en el Estado Español. No sucedía lo mismo en Asturias en donde existían pequeños núcleos del BOC y de la ICE, en Oviedo, La Felguera, Sama y Gijón, cuyos miembros desarrollaban una actividad sindical muy importante con responsabilidades de primer orden en la CNT, propiciando las Alianzas Obreras y aconsejando “tácticamente” la militancia en el PCE. Nombres como Manuel Grossi Mier, Aquilino Moral Menéndez,  Benjamín Escobar, José Prieto, Mauricio Magdalena, José Loredo Aparicio, Ramón Aller, Aurelio Solares o Emilio García, desarrollaban importantes labores sindicales, con un grado de influencia muy superior a la implantación organizativa real de la Oposición Comunista. Baste decir que el Sindicato Único de Mineros, estaba dirigido por simpatizantes de la Oposición Comunista.

Precisamente las Alianzas Obreras contra el Paro Forzoso, su capacidad revolucionaria en 1934, darían militantes del PCE muy singulares y poco alineados con el oficialismo estalinista como el que fuera Secretario del Ateneo Obrero de Gijón, Rufino García, periodista, crítico teatral y colaborador del Avance, Secretario Local del SRI, Presidente de la Federación Asturiana de Ateneos y Sociedades Culturales, fusilado con 29 años por el fascismo tras la ocupación militar de Gijón, en cuyo juicio sumarísimo se le acusaba de  haber sido director de los semanarios extremistas "Claridad" y "Acero"; haber estado detenido por su participación en la Revolución del 34, y una vez puesto en libertad, acusado de facilitar la huida de los comprometidos en dicha Revolución, como secretario de la asociación "Defensa de los perseguidos".

También imagino que la vinculación a este Ateneo de militantes de la ICE, como Emilio García (su hijo José Luis García Rúa, venía a las clases de Francés que impartía aquí Eleuterio Quintanilla) o la influencia que en la actividad cultural gijonesa tenían otros militantes como Armando Alonso, también pesaría. Producto del “unionismo obrero asturiano”, y también de su “aislamiento” geográfico y militar, podría ser el hecho de que aquí la “represión” contra el POUM se concretara solamente en la desaparición de “avisos” y convocatorias en Avance, a partir del 6 de marzo de 1937.

Para finalizar quiero recordar a Emilio García, que fuera Secretario Local de Gijón del Sindicato de la Construcción, militante de la ICE y del POUM, que el 18 de julio formó parte de la Columna Minera que se proponía llegar a Madrid e impedir allí la sublevación militar. Ocuparon León el 19 a la madrugada y en la noche del mismo día, ya en Benavente, se enteraron de que en León y Oviedo se había sublevado el Ejército, decidiendo regresar a Asturias en autocares por carreteras secundarias y pasando el Puerto de Leitariegos, hasta llegar el 21 de julio al frente de las afueras del Oviedo sublevado. En el asedio de las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas al pie del Monte Naranco, al lado de la llamada “Casa Negra”, cayó muerto Emilio García el domingo 4 de Octubre de 1936, justo un día antes del segundo aniversario de la Comuna Asturiana. El Comercio del Lunes 5, daba cuenta de la muerte y en el diario La Prensa del martes 6, se recogía su entierro. También en La Batalla (órgano central del POUM) del miércoles 14 de octubre, se recogía la dolorosa noticia en primera plana, y en la del domingo 18 de octubre, Eugenio Granell, firmaba una sentida glosa bajo el título de: “Emilio García ha muerto en Oviedo”.

Se condujo su cuerpo al Local del Sindicato Único de la Construcción de la CNT del que era Secretario Local: el Chalet incautado al constructor Posada. Allí estuvo expuesto para recibir el último adiós del pueblo de Gijón, hasta que el lunes fue conducido al cementerio de Ceares, acompañado por una enorme comitiva, a pesar de las recomendaciones del Comité de Guerra, relativas a no hacer concentraciones por seguridad y por los insistentes bombardeos por aire y mar, de la que fue objeto Gijón durante los 15 meses de Revolución Social y Poder Obrero, hasta su caída el 21 de octubre de 1937 y con ello en Frente Norte.

Siempre que se habla de Revolución Obrera, se habla de muerte, de martirio. Resulta descorazonador. Por eso quiero acabar recordando una buena iniciativa: la edición en octubre de 2003, por parte de este Ateneo Obrero de Gijón, de Las Memorias del militante de la Confederación Nacional del Trabajo y del Partido Obrero de Unificación Marxista: Aquilino Moral Menéndez, dentro de la colección que dirige nuestro compañero Eduardo Borque: Folletos del Ateneo.

Deseándoos Salud, doy paso a Pepe Gutiérrez-Álvarez


Intervención de Pepe Gutiérrez-Álvarez



¿Dónde está Nin?

Esa fue una pintada recurrente que apareció en las calles de Barcelona después de la detención de Nín el 16 de junio de 1937. Su detención junto a otros dirigentes del POUM como Julián Gorkín y José Escuder,  fue realizada por los servicios de espionaje soviéticos de la NKVD al servicio del gobierno de Juan Negrín, como consecuencia de los llamados sucesos de Mayo de 1937: los asesinatos de varios militantes de la CNT por la policía en Vía Laietana, o de Domingo Ascaso (hermano de Francisco, compañero de Durruti en Los Solidarios), de Camilo Berneri y Francesco Barbieri y la resistencia a ceder el control del edificio de la Telefónica ejercido por la CNT y el POUM desde el comienzo de la GC. Todo eso junto a otras medidas del Gobierno Republicano, significaban el inicio de la contrarrevolución, sin que se tuviera que esperar a la entrada de los sublevados fascistas.

A la pregunta escrita en las paredes ¿Dónde está Nin?, hecha por los militantes del POUM, los estalinistas escribían debajo ella: “¡En Berlín!”, confirmando la burda acusación de colaborar con el fascismo de la que eran acusados.

Tras 71 años de su desaparición, el Ateneo Obrero de Gijón en la carpa de los amigos de Radio Kras, organiza este acto de homenaje y recuerdo, continuación del que ya organizamos en nuestro local de Covadonga, donde el compañero Pepe Gutiérrez, vicepresidente de la Fundación Andreu Nin de Cataluña, hizo un magnífico repaso por la figura de Nin y su legado político.

Estábamos anunciados tres y falta uno: hoy por la mañana nos informaron que Juan Carlos Arce autor de la novela “La noche desnuda”, en la que cuenta la detención, tortura y ejecución del líder y Secretario General del POUM: Andreu Nin, no podía quedarse a este acto. Él se lo pierde.
Y Tino Brugos historiador y profesor de Instituto que, entre otras cosas, nos une con Andreu Nin nuestra antigua militancia en organizaciones políticas que se sintieron y reclamaron herederas del POUM y de Andreu Nin, como la LCR y la OIC. 

El Ateneo Obrero y Andreu Nin

Andreu Nin estuvo en el Ateneo Obrero de Gijón impartiendo un cursillo cuyo eje central era la Revolución Rusa, pocos meses después de la proclamación de la II República. Aquella década de los años treinta fue uno de los periodo más intenso del Ateneo Obrero, pese a comenzarla con dos meses de cierre por el Estado de Sitio que se sufrió en Gijón, justo el día después la conferencia sobre El cante Jondo de Federico García Lorca, organizada por el Ateneo Obrero y celebrada en el Teatro Dindurra, el domingo 14 de diciembre de 1930... A la vez se celebraba el en Jaca el Juicio sumarísimo contra Fermín Galán y sus compañeros por proclamar la República, fusilándolos inmediatamente. Al día siguiente se convocó en Asturias la Huelga General y en Gijón una manifestación obrera, se detuvo a arrancar la placa que había en la Calle Instituto, nombrada por entonces “Primo de Rivera”. Como no llegaban a ella, entraron a la Iglesiona y residencia de la Compañía de Jesús, a por algún banco, o algo para trepar. Adentro, los jesuitas les esperaban con armas, disparando contra los que entraron. Varios obreros fueron heridos de bala y uno de ellos, apellidado Tuero, cayó muerto. Sus compañeros prendieron fuego al templo y durante varios días los disturbios se sucedieron...
“La experiencia de la Revolución Rusa”, “La Revolución de Octubre, sus realizaciones y sus dificultades” y “La Revolución Rusa y la cultura”, fueron los títulos respectivos de aquellas charlas impartidas por Andreu Nin para los socios del Ateneo en aquella espléndida sede de la Calle Ezcurdia, cuya expropiación todavía está por solucionar.

No fueron las únicas que miembros destacados de la ICE y el BOC, dieron en el Ateneo Obrero. Un par años después Joaquín Maurín, dio una gira por muchos de los existentes en Asturias. En el de Gijón impartió una conferencia con el significativo nombre de “Leninismo y Trotskismo”. Otro miembro destacado de la ICE: Enrique Fernández Sedón “Fersen”, desarrolló un ciclo sobre el proceso de la Revolución Española, en tres bloques: “Breve historia de las revoluciones democráticas en España”, “La República y el proceso constituyente”, para finalizar con un “Balance y perspectivas”. Sería injusto olvidar las numerosas visitas a nuestro Ateneo Obrero a lo largo de este periodo -y antes también- de José Loredo Aparicio, con conferencias tituladas: “Asturias en la Revolución española”, “El porvenir de la República”, “Defensa de la Revolución de Octubre” (Lectura de una afamada conferencia de Trotsky en Copenhague en 1932), “Por qué ha subido Hitler al poder?”. O Ramón Aller Alberdi, que impartió una bajo el título de “La derrota del proletariado alemán: causas y enseñanzas”, muy en la línea de las teorizaciones del marxismo revolucionario de la época.

¿Por qué esa presencia tan destacada de líderes y pensadores de la Izquierda Comunista en el Ateneo Obrero de Gijón en aquellos tiempos? Una razón por encima de todas es que la elaboración de teoría y pensamiento marxista en aquel periodo estaba en el campo de la Oposición Comunista o la Izq. Comunista. Me entenderéis si os digo que del estalinismo estuvieron en las tribunas del Ateneo, Isidoro Acevedo y José Bullejos.

Aunque a escala del Estado Español la implantación del POUM y el PCE era muy semejante hasta bien entrada la Guerra Civil, en Asturias la presencia del POUM se reducía a la suma de pequeños núcleos iniciales del BOC y de la ICE, en Oviedo, La Felguera, Sama y Gijón, si bien sus miembros desarrollaban una actividad sindical muy importante con responsabilidades de primer orden en la CNT, propiciando las Alianzas Obreras, pero que curiosamente aconsejaban “tácticamente” la militancia en el PCE. Nombres como Manuel Grossi Mier, Aquilino Moral Menéndez, Benjamín Escobar, José Prieto, Marcelino Magdalena, José Loredo Aparicio, Ignacio Iglesias, Ramón Aller Alberdi, Aurelio Solares, Armando Alonso o Emilio García García, desarrollaban importantes labores sindicales, con un grado de influencia muy superior a la implantación organizativa real de la Oposición Comunista. Baste decir que el Sindicato Único de Mineros de la CNT, estaba dirigido por simpatizantes de la Oposición Comunista.

Imagino que la vinculación a este Ateneo de militantes del POUM, como Emilio García García o la influencia que en la actividad cultural gijonesa tenían otros militantes como Armando Alonso, también pesarían.

... Para finalizar quiero recordar a Emilio García García que fuera Secretario Local de Gijón del Sindicato de la Construcción y militante del POUM. Emilio había nacido en Avilés en 1894. Allí pasó su infancia y juventud, iniciándose en el oficio de carpintero que ejerció durante toda su vida. Muy pronto se vinculó a la UGT y al PSOE, que abandonó a consecuencia de la colaboración de ambas con la dictadura de Primo de Rivera, decisión en la que el rebufo revolucionario de la Revolución de Octubre, también tendría que ver.

Al comienzo de los años veinte Emilio es movilizado en el servicio militar obligatorio y destinado a Marruecos, donde participa en las campañas contra las tropas guerrilleras de Mohamed Abd-el-Krim. En un lance del combate, por su valentía, se le concedió un “Hecho de Armas”, especie de condecoración que Emilio portaba siempre en su cartera junto al carné de la CNT, como únicos documentos.

De vuelta a Gijón, en la ciudadela de Anselmo Solar en 1923, su compañera Pilar Rúa trae al mundo a su hijo mayor: José Luis García Rúa, que muchos años después y para muchos de nosotros habría de ser un singular maestro.

A partir de ese momento y viviendo ya en Gijón, se vincula a la CNT en la que, a pesar de saberse su militancia política en la ICE y la imposibilidad de responsabilidades sindicales que ello le suponía, era elegido por sus compañeros para representarlos, no solo en acciones y negociaciones sindicales o de empresa, también como delegado por el Sindicato Único de la Construcción al III Congreso de la CNT de 1931, celebrado en el Teatro Conservatorio (Mª Guerrero), y al IV Congreso celebrado en mayo de 1936 en Zaragoza.

A Emilio García en Gijón se le conocía por “Emilión el Bomberu”, porque además de ser un buen mozo, alto y fuerte, pertenecía al Cuerpo de Bomberos, por aquel entonces conformado por voluntarios. Hasta ahí llegaba su magnífica solidaridad y su disposición para todo el que lo necesitara, incluso en tareas tan arriesgadas. Una pequeña ventaja que tenían los Bomberos y que les proporcionaba una singular popularidad, era su presencia obligada en los espectáculos públicos. No había función de teatro, o sesión de cine que no contara con la presencia de un bombero en los extremos de la primera fila de butaca.

José Luis recuerda algunas cosas de su padre. Como cuando en vísperas de la Comuna Asturiana picaron a la puerta de su casa en la calle Caridad. Su padre que estaba escribiendo algún artículo o proclama seguramente relacionada con lo que se estaba organizando: “Tomar el cielo por asalto”, le dice: ¡“Pepiño”, abre tú!”. Pepiño obediente como un buen chaval de 11 años, así lo hizo, encontrándose diez fusiles Máuser apuntándole: uno por cada guardia de asalto que venían a por su padre. “¡Padre están aquí los guardias preguntando por ti!”... Le oyó hacer ruido en el váter, rompiendo y tirando lo escrito y después los acompañó. Dos días más tarde volvió a su casa vigilado de cerca. Imagino las caras de los guardias en esas tareas de vigilancia cuando desde la costa gijonesa, el buque Libertad en tareas de represión de la Comuna, tiró unos pepinazos alcanzando al Ateneo Obrero, justo al lado de la casa de Emilio... Me pregunto si dirían aquello de “disparad sobre nosotros, el enemigo está dentro”, como el cuento chino de los Héroes del Simancas.

Aquella estupenda vecindad con el Ateneo Obrero de Gijón, permitía a José Luis sacar libros de la Sección Infantil de su Biblioteca Circulante, de la que él tenía su carné, o participar en las clases de francés que Eleuterio Quintanilla daba en el Ateneo. Justo enfrente estaba (y está) el Colegio de San Vicente y en plena campaña de las elecciones de febrero de 1936, desde el balcón de casa, Pepiño y Emilio vieron a una monjita pintando “el yugo y las flechas” falangistas. Emilio, que nunca hablaba de política en casa, le preguntó a su hijo: “¿Qué te parece Pepiño?”. -“Mal”. “A mi también”. Caída la tarde, el chaval y unos amigos, embadurnaron como pudieron aquella imagen del fascismo que pronto habría de llenar las tierras de España de dolor y muerte. De todos modos a Pepiño y a su hermano, otros emblemas si que les gustaban, como la “foceta y el martillu” del Sello del POUM que tenía su padre en un cajón de la casa, con el que se marcaban los brazos para salir a la calle e impresionar a los güajes del barrio.

Precisamente en aquella campaña electoral, Emilio García participó junto a Joaquín Maurín en un acto político del POUM celebrado en el Cine Los Campos Elíseos. No era la primera vez que Maurín estaba en Gijón y en todas las ocasiones, comía en casa de Emilio.

Ni Emilio ni José Luis sabían que aquel Colegio de las monjas que tenían en frente de casa, poco después de empezada la GC, habría de convertirse en el Orfanato de Hijos de Milicianos “Alfredo Coto” dirigido por la Asociación de Trabajadores de la Enseñanza de Asturias (ATEA), ni tampoco que allí José Luis pasaría varios meses de internado antes de su evacuación a Cataluña en septiembre de 1937, ni que allí habrían de enseñarle el gusto por los libros, la lectura, la poesía y por el teatro, participando en un Homenaje infantil a Federico García Lorca y en la Balada de Atta Troll.

El 18 de julio de 1936, y después de que el General Aranda prometiese lealtad a la República, Emilio García formó parte de la Columna Minera que se proponía llegar a Madrid e impedir allí la sublevación militar. Era tan grande su ascendente dentro del campo anarquista, que partió como responsable de uno de los autocares de las JJ. LL. Partió, como la mayoría, armado solamente con la voluntad de vencer al fascismo. Ocuparon León el 19 de madrugada y por la noche ya en Benavente, el Diputado Socialista José Andrés Manso (que sería fusilado poco después en Salamanca por los fascistas) les comunicó una mala noticia: en León y Oviedo se había sublevado el Ejército. Decidieron regresar y precisamente de León, Emilio trajo el primer fusil que empuñó en la Guerra Civil y que en esta ocasión servía para avanzar y defender las conquistas proletarias. Tuvieron que hacerlo en autocares por carreteras secundarias, pasando el Puerto de Leitariegos, hasta llegar el 21 de julio a las afueras del frente del Oviedo sublevado.

En algunos de sus descansos del Frente, como miliciano de las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas (MAOC) sus compañeros del Secretariado de la Construcción le pedían encarecidamente que se quedara en Gijón en tareas organizativas. Emilio, una y otra vez, les decía que el lugar de los revolucionarios en aquellas horas estaba en el Frente... En todo caso, a lo que sí se había comprometido era, que una vez tomado Oviedo, se quedaría en Gijón en las numerosas tareas sindicales. A primeros de octubre, se intensifica el Frente de Oviedo. En el asedio de las MAOC al pie del Monte Naranco, al lado de la llamada “Casa Negra”, cayó muerto Emilio García el domingo 4 de Octubre de 1936, justo un día antes del segundo aniversario de la Comuna Asturiana. El disparo que acabó con la honrada vida de Emilio, salió de un puesto frente a la "Casa Negra", defendido por la Guardia Civil.

El Comercio del lunes 5, daba cuenta de la muerte y en el diario La Prensa del martes 6, recogía su entierro de este modo:

El entierro del compañero Emilio García

Á las diez da La mañana de ayer se verificó el entierro de este inolvidable compañero que el día anterior encontrara la muerte en uno de los frentes de Oviedo, después de una brillantísima jornada durante la que había peleado con el encendido entusiasmo que puso siempre en la lucha por la causa del proletariado.
Fue este acto de conducir los restos del compañero Emilio García desde la Secretaría de la Construcción hasta el Cementerio de Ceares una imponentísima manifestación de pesar en la que quedó patentizado el gran dolor que su desaparición hubo de producir en los medios sociales gijoneses, donde tanto y tanto se estimaba a tan inolvidable compañero.

Con motivo de este acto se recordaba la actuación de Emilio García en la organización obrera por la que sentía verdadera pasión, luchando sin descanso en pro del proletariado primero en Avilés y más tarde en Gijón, donde intervino con entusiasmo en diferentes momentos de gravedad en que peligraban las reivindicaciones obreras, y también en la lucha constante que el ramo de la construcción a que pertenecía, tuvo que sostener con la clase patronal para arrancar mejoras de índole moral y material para sus afiliados, que confiaban tales misiones al compañero Emilio, por no desconocer cuánto fuego y pasión ponía siempre en la defensa de los intereses de los que como él, venían siendo explotados por la burguesía. Y sobre todo esto, se hacía resaltar también la bondad de sus sentimientos y el trato afabilísimo, así como su afán de ser útil en todo momento haciendo que estas cualidades le granjearon el aprecio y estimación de todos.
Nosotros que vimos siempre en Emilio García al compañero entrañable, hemos sentido hondamente su muerte, que le privó de saborear el triunfo de los trabajadores próximo a conquistar y por el cual vino luchando siempre y luchaba ahora con todo su ardor, y, al rendirle desde aquí el postrer tributo de admiración a tan querido compañero, reiteramos a su apenada compañera e hijos la expresión más sincera de nuestro dolor. (”La Prensa”. Gijón, martes 6 de octubre de 1936)

También en La Batalla (órgano central del POUM) del miércoles 14 de octubre, se recogía la dolorosa noticia en primera plana, y en la del domingo 18 de octubre, Eugenio Granell firmaba una sentida glosa bajo el título de: “Emilio García ha muerto en Oviedo”.

Se condujo su cuerpo al Local del Sindicato Único de la Construcción de la CNT del que era Secretario Local: el Chalet incautado al constructor Posada. Allí estuvo expuesto para recibir el último adiós del pueblo de Gijón, hasta que el lunes fue conducido al cementerio de Ceares, acompañado por una enorme comitiva, a pesar de las recomendaciones del Comité de Guerra, relativas a no hacer concentraciones por seguridad y por los insistentes bombardeos por aire y mar, de la que fue objeto Gijón durante los 15 meses de Revolución Social y Poder Obrero, hasta la entrada de las tropas fascistas el 21 de octubre de 1937 y con ello la caída del Frente Norte.

Siempre que se habla de Revolución Obrera, se habla de muerte, de martirio. Resulta descorazonador. Por eso quiero acabar recordando una buena iniciativa: la edición en octubre de 2003, por parte del Ateneo Obrero de Gijón, de Las Memorias del militante de la Confederación Nacional del Trabajo y del Partido Obrero de Unificación Marxista: Aquilino Moral Menéndez, dentro de la colección que dirige nuestro compañero Eduardo Borque: Folletos del Ateneo.


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