Andreu Nin en
el Ateneo Obrero de Gijón
Invitado por el Ateneo Obrero de Gijón como conocedor
de la ida y la obra de Andreu Nin, y por el Llar Solidariu d´Oviéu
para evocar el mayo o los mayos del 68, el autor de estas líneas tuvo
ocasión de hablar sobre el destino de Nin (y sobre mayo del 68), con
un tiempo de viaje para leer La noche desnuda, de Juan Carlos Arce
(nota de Pepe Gutiérrez-Álvarez).
Intervención de Boni Ortiz
Andreu Nin estuvo en el Ateneo Obrero de Gijón impartiendo un cursillo
cuyo eje central era la Revolución Rusa, pocos meses después
de la proclamación de la II República. Aquella década
de los años treinta fue el periodo álgido de esta sociedad,
pese a comenzarla con dos meses de cierre por el Estado de Sitio que se sufrió
en Gijón, justo el día después la conferencia sobre
El cante Jondo de Federico García Lorca, organizada por el Ateneo
Obrero y celebrada en el Teatro Dindurra, el domingo 14 de diciembre de 1930...
A la vez se celebraba el en Jaca el Juicio sumarísimo contra Fermín
Galán y sus compañeros por proclamar la República, fusilándolos
inmediatamente. Al día siguiente se convocó en Asturias la
Huelga General y en Gijón una manifestación obrera, se detuvo
a arrancar la placa que había en la Calle Instituto, nombrada Primo
de Rivera. Como no llegaban a ella, entraron a la Iglesiona y residencia
de la Compañía de Jesús, a por algún banco, o
algo para trepar. Adentro, los jesuitas les esperaban con armas, disparando
contra los que entraron. Varios obreros fueron heridos de bala y uno de ellos,
apellidado Tuero, cayó muerto. Sus compañeros prendieron fuego
al templo y durante varios días los disturbios se sucedieron...
Desde el año 2007 la “Iglesiona” está en obras de remodelación,
y seguro que va quedar estupenda con fondos municipales, autonómicos
y algo del 1% Cultural (creo), toda ella bien reluciente, sobre todo su listado
de mártires por Dios y la Patria de la entrada.
“La experiencia de la Revolución Rusa”, “La Revolución de Octubre,
sus realizaciones y sus dificultades” y “La Revolución Rusa y la cultura”,
fueron los títulos respectivos de aquellas charlas impartidas por
Andreu Nin para los socios de este Ateneo en aquella espléndida sede
de la Calle Ezcurdia.
No fueron las únicas que miembros destacados de la ICE y el BOC, dieron
en esta sociedad. Un par años después Joaquín Maurín,
dio una gira por numerosos Ateneos Obreros y Populares de Asturias y aquí
impartió otra conferencia con el significativo nombre de “Leninismo
y Trotskismo”. Y Enrique Fernández Sedón “Fersen”, miembro
destacado de la IC, desarrolló otro ciclo sobre el proceso de la Revolución
Española, en tres bloques: “Breve historia de las revoluciones democráticas
en España”, “La República y el proceso constituyente”, para
finalizar con un “Balance y perspectivas”. Sería injusto olvidar las
numerosas intervenciones a lo largo de este periodo -y antes también-
de José Loredo Aparicio, con conferencias tituladas: “Asturias en
la Revolución española”, “El porvenir de la República”,
“Defensa de la Revolución de Octubre” Lectura de una conferencia de
Trotsky en Copenhague), “Por qué ha subido Hitler al poder?”...
¿Por qué esa presencia tan destacada de líderes y pensadores
de la Izquierda Comunista en esta casa en aquellos tiempos? Una razón
por encima de todas es que la elaboración de teoría y pensamiento
marxista en aquel periodo estaba en el campo de la Oposición Comunista
o la Izq. Comunista. Me entenderéis si os digo que del oficialismo
estuvieron en las tribunas de esta Casa, Isidoro Acebedo y José Bullejos.
Otra que hasta bien entrada la Guerra Civil, el POUM y el PCE eran partidos
con una implantación muy semejante en el Estado Español. No
sucedía lo mismo en Asturias en donde existían pequeños
núcleos del BOC y de la ICE, en Oviedo, La Felguera, Sama y Gijón,
cuyos miembros desarrollaban una actividad sindical muy importante con responsabilidades
de primer orden en la CNT, propiciando las Alianzas Obreras y aconsejando
“tácticamente” la militancia en el PCE. Nombres como Manuel Grossi
Mier, Aquilino Moral Menéndez, Benjamín Escobar, José
Prieto, Mauricio Magdalena, José Loredo Aparicio, Ramón Aller,
Aurelio Solares o Emilio García, desarrollaban importantes labores
sindicales, con un grado de influencia muy superior a la implantación
organizativa real de la Oposición Comunista. Baste decir que el Sindicato
Único de Mineros, estaba dirigido por simpatizantes de la Oposición
Comunista.
Precisamente las Alianzas Obreras contra el Paro Forzoso, su capacidad revolucionaria
en 1934, darían militantes del PCE muy singulares y poco alineados
con el oficialismo estalinista como el que fuera Secretario del Ateneo Obrero
de Gijón, Rufino García, periodista, crítico teatral
y colaborador del Avance, Secretario Local del SRI, Presidente de la Federación
Asturiana de Ateneos y Sociedades Culturales, fusilado con 29 años
por el fascismo tras la ocupación militar de Gijón, en cuyo
juicio sumarísimo se le acusaba de haber sido director de los
semanarios extremistas "Claridad" y "Acero"; haber estado detenido por su
participación en la Revolución del 34, y una vez puesto en
libertad, acusado de facilitar la huida de los comprometidos en dicha Revolución,
como secretario de la asociación "Defensa de los perseguidos".
También imagino que la vinculación a este Ateneo de militantes
de la ICE, como Emilio García (su hijo José Luis García
Rúa, venía a las clases de Francés que impartía
aquí Eleuterio Quintanilla) o la influencia que en la actividad cultural
gijonesa tenían otros militantes como Armando Alonso, también
pesaría. Producto del “unionismo obrero asturiano”, y también
de su “aislamiento” geográfico y militar, podría ser el hecho
de que aquí la “represión” contra el POUM se concretara solamente
en la desaparición de “avisos” y convocatorias en Avance, a partir
del 6 de marzo de 1937.
Para finalizar quiero recordar a Emilio García, que fuera Secretario
Local de Gijón del Sindicato de la Construcción, militante
de la ICE y del POUM, que el 18 de julio formó parte de la Columna
Minera que se proponía llegar a Madrid e impedir allí la sublevación
militar. Ocuparon León el 19 a la madrugada y en la noche del mismo
día, ya en Benavente, se enteraron de que en León y Oviedo
se había sublevado el Ejército, decidiendo regresar a Asturias
en autocares por carreteras secundarias y pasando el Puerto de Leitariegos,
hasta llegar el 21 de julio al frente de las afueras del Oviedo sublevado.
En el asedio de las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas al pie del
Monte Naranco, al lado de la llamada “Casa Negra”, cayó muerto Emilio
García el domingo 4 de Octubre de 1936, justo un día antes
del segundo aniversario de la Comuna Asturiana. El Comercio del Lunes 5,
daba cuenta de la muerte y en el diario La Prensa del martes 6, se recogía
su entierro. También en La Batalla (órgano central del POUM)
del miércoles 14 de octubre, se recogía la dolorosa noticia
en primera plana, y en la del domingo 18 de octubre, Eugenio Granell, firmaba
una sentida glosa bajo el título de: “Emilio García ha muerto
en Oviedo”.
Se condujo su cuerpo al Local del Sindicato Único de la Construcción
de la CNT del que era Secretario Local: el Chalet incautado al constructor
Posada. Allí estuvo expuesto para recibir el último adiós
del pueblo de Gijón, hasta que el lunes fue conducido al cementerio
de Ceares, acompañado por una enorme comitiva, a pesar de las recomendaciones
del Comité de Guerra, relativas a no hacer concentraciones por seguridad
y por los insistentes bombardeos por aire y mar, de la que fue objeto Gijón
durante los 15 meses de Revolución Social y Poder Obrero, hasta su
caída el 21 de octubre de 1937 y con ello en Frente Norte.
Siempre que se habla de Revolución Obrera, se habla de muerte, de
martirio. Resulta descorazonador. Por eso quiero acabar recordando una buena
iniciativa: la edición en octubre de 2003, por parte de este Ateneo
Obrero de Gijón, de Las Memorias del militante de la Confederación
Nacional del Trabajo y del Partido Obrero de Unificación Marxista:
Aquilino Moral Menéndez, dentro de la colección que dirige
nuestro compañero Eduardo Borque: Folletos del Ateneo.
Deseándoos Salud, doy paso a Pepe Gutiérrez-Álvarez
Intervención de Pepe Gutiérrez-Álvarez
¿Dónde está Nin?
Esa fue una pintada recurrente que apareció en las calles de Barcelona
después de la detención de Nín el 16 de junio de 1937.
Su detención junto a otros dirigentes del POUM como Julián
Gorkín y José Escuder, fue realizada por los servicios
de espionaje soviéticos de la NKVD al servicio del gobierno de Juan
Negrín, como consecuencia de los llamados sucesos de Mayo de 1937:
los asesinatos de varios militantes de la CNT por la policía en Vía
Laietana, o de Domingo Ascaso (hermano de Francisco, compañero de
Durruti en Los Solidarios), de Camilo Berneri y Francesco Barbieri y la resistencia
a ceder el control del edificio de la Telefónica ejercido por la CNT
y el POUM desde el comienzo de la GC. Todo eso junto a otras medidas del
Gobierno Republicano, significaban el inicio de la contrarrevolución,
sin que se tuviera que esperar a la entrada de los sublevados fascistas.
A la pregunta escrita en las paredes ¿Dónde está Nin?,
hecha por los militantes del POUM, los estalinistas escribían debajo
ella: “¡En Berlín!”, confirmando la burda acusación de
colaborar con el fascismo de la que eran acusados.
Tras 71 años de su desaparición, el Ateneo Obrero de Gijón
en la carpa de los amigos de Radio Kras, organiza este acto de homenaje y
recuerdo, continuación del que ya organizamos en nuestro local de
Covadonga, donde el compañero Pepe Gutiérrez, vicepresidente
de la Fundación Andreu Nin de Cataluña, hizo un magnífico
repaso por la figura de Nin y su legado político.
Estábamos anunciados tres y falta uno: hoy por la mañana nos
informaron que Juan Carlos Arce autor de la novela “La noche desnuda”, en
la que cuenta la detención, tortura y ejecución del líder
y Secretario General del POUM: Andreu Nin, no podía quedarse a este
acto. Él se lo pierde.
Y Tino Brugos historiador y profesor de Instituto que, entre otras cosas,
nos une con Andreu Nin nuestra antigua militancia en organizaciones políticas
que se sintieron y reclamaron herederas del POUM y de Andreu Nin, como la
LCR y la OIC.
El Ateneo Obrero y Andreu Nin
Andreu Nin estuvo en el Ateneo Obrero de Gijón impartiendo un cursillo
cuyo eje central era la Revolución Rusa, pocos meses después
de la proclamación de la II República. Aquella década
de los años treinta fue uno de los periodo más intenso del
Ateneo Obrero, pese a comenzarla con dos meses de cierre por el Estado de
Sitio que se sufrió en Gijón, justo el día después
la conferencia sobre El cante Jondo de Federico García Lorca, organizada
por el Ateneo Obrero y celebrada en el Teatro Dindurra, el domingo 14 de
diciembre de 1930... A la vez se celebraba el en Jaca el Juicio sumarísimo
contra Fermín Galán y sus compañeros por proclamar la
República, fusilándolos inmediatamente. Al día siguiente
se convocó en Asturias la Huelga General y en Gijón una manifestación
obrera, se detuvo a arrancar la placa que había en la Calle Instituto,
nombrada por entonces “Primo de Rivera”. Como no llegaban a ella, entraron
a la Iglesiona y residencia de la Compañía de Jesús,
a por algún banco, o algo para trepar. Adentro, los jesuitas les esperaban
con armas, disparando contra los que entraron. Varios obreros fueron heridos
de bala y uno de ellos, apellidado Tuero, cayó muerto. Sus compañeros
prendieron fuego al templo y durante varios días los disturbios se
sucedieron...
“La experiencia de la Revolución Rusa”, “La Revolución de Octubre,
sus realizaciones y sus dificultades” y “La Revolución Rusa y la cultura”,
fueron los títulos respectivos de aquellas charlas impartidas por
Andreu Nin para los socios del Ateneo en aquella espléndida sede de
la Calle Ezcurdia, cuya expropiación todavía está por
solucionar.
No fueron las únicas que miembros destacados de la ICE y el BOC, dieron
en el Ateneo Obrero. Un par años después Joaquín Maurín,
dio una gira por muchos de los existentes en Asturias. En el de Gijón
impartió una conferencia con el significativo nombre de “Leninismo
y Trotskismo”. Otro miembro destacado de la ICE: Enrique Fernández
Sedón “Fersen”, desarrolló un ciclo sobre el proceso de la
Revolución Española, en tres bloques: “Breve historia de las
revoluciones democráticas en España”, “La República
y el proceso constituyente”, para finalizar con un “Balance y perspectivas”.
Sería injusto olvidar las numerosas visitas a nuestro Ateneo Obrero
a lo largo de este periodo -y antes también- de José Loredo
Aparicio, con conferencias tituladas: “Asturias en la Revolución española”,
“El porvenir de la República”, “Defensa de la Revolución de
Octubre” (Lectura de una afamada conferencia de Trotsky en Copenhague en
1932), “Por qué ha subido Hitler al poder?”. O Ramón Aller
Alberdi, que impartió una bajo el título de “La derrota del
proletariado alemán: causas y enseñanzas”, muy en la línea
de las teorizaciones del marxismo revolucionario de la época.
¿Por qué esa presencia tan destacada de líderes y pensadores
de la Izquierda Comunista en el Ateneo Obrero de Gijón en aquellos
tiempos? Una razón por encima de todas es que la elaboración
de teoría y pensamiento marxista en aquel periodo estaba en el campo
de la Oposición Comunista o la Izq. Comunista. Me entenderéis
si os digo que del estalinismo estuvieron en las tribunas del Ateneo, Isidoro
Acevedo y José Bullejos.
Aunque a escala del Estado Español la implantación del POUM
y el PCE era muy semejante hasta bien entrada la Guerra Civil, en Asturias
la presencia del POUM se reducía a la suma de pequeños núcleos
iniciales del BOC y de la ICE, en Oviedo, La Felguera, Sama y Gijón,
si bien sus miembros desarrollaban una actividad sindical muy importante
con responsabilidades de primer orden en la CNT, propiciando las Alianzas
Obreras, pero que curiosamente aconsejaban “tácticamente” la militancia
en el PCE. Nombres como Manuel Grossi Mier, Aquilino Moral Menéndez,
Benjamín Escobar, José Prieto, Marcelino Magdalena, José
Loredo Aparicio, Ignacio Iglesias, Ramón Aller Alberdi, Aurelio Solares,
Armando Alonso o Emilio García García, desarrollaban importantes
labores sindicales, con un grado de influencia muy superior a la implantación
organizativa real de la Oposición Comunista. Baste decir que el Sindicato
Único de Mineros de la CNT, estaba dirigido por simpatizantes de la
Oposición Comunista.
Imagino que la vinculación a este Ateneo de militantes del POUM, como
Emilio García García o la influencia que en la actividad cultural
gijonesa tenían otros militantes como Armando Alonso, también
pesarían.
... Para finalizar quiero recordar a Emilio García García que
fuera Secretario Local de Gijón del Sindicato de la Construcción
y militante del POUM. Emilio había nacido en Avilés en 1894.
Allí pasó su infancia y juventud, iniciándose en el
oficio de carpintero que ejerció durante toda su vida. Muy pronto
se vinculó a la UGT y al PSOE, que abandonó a consecuencia
de la colaboración de ambas con la dictadura de Primo de Rivera, decisión
en la que el rebufo revolucionario de la Revolución de Octubre, también
tendría que ver.
Al comienzo de los años veinte Emilio es movilizado en el servicio
militar obligatorio y destinado a Marruecos, donde participa en las campañas
contra las tropas guerrilleras de Mohamed Abd-el-Krim. En un lance del combate,
por su valentía, se le concedió un “Hecho de Armas”, especie
de condecoración que Emilio portaba siempre en su cartera junto al
carné de la CNT, como únicos documentos.
De vuelta a Gijón, en la ciudadela de Anselmo Solar en 1923, su compañera
Pilar Rúa trae al mundo a su hijo mayor: José Luis García
Rúa, que muchos años después y para muchos de nosotros
habría de ser un singular maestro.
A partir de ese momento y viviendo ya en Gijón, se vincula a la CNT
en la que, a pesar de saberse su militancia política en la ICE y la
imposibilidad de responsabilidades sindicales que ello le suponía,
era elegido por sus compañeros para representarlos, no solo en acciones
y negociaciones sindicales o de empresa, también como delegado por
el Sindicato Único de la Construcción al III Congreso de la
CNT de 1931, celebrado en el Teatro Conservatorio (Mª Guerrero), y al
IV Congreso celebrado en mayo de 1936 en Zaragoza.
A Emilio García en Gijón se le conocía por “Emilión
el Bomberu”, porque además de ser un buen mozo, alto y fuerte, pertenecía
al Cuerpo de Bomberos, por aquel entonces conformado por voluntarios. Hasta
ahí llegaba su magnífica solidaridad y su disposición
para todo el que lo necesitara, incluso en tareas tan arriesgadas. Una pequeña
ventaja que tenían los Bomberos y que les proporcionaba una singular
popularidad, era su presencia obligada en los espectáculos públicos.
No había función de teatro, o sesión de cine que no
contara con la presencia de un bombero en los extremos de la primera fila
de butaca.
José Luis recuerda algunas cosas de su padre. Como cuando en vísperas
de la Comuna Asturiana picaron a la puerta de su casa en la calle Caridad.
Su padre que estaba escribiendo algún artículo o proclama seguramente
relacionada con lo que se estaba organizando: “Tomar el cielo por asalto”,
le dice: ¡“Pepiño”, abre tú!”. Pepiño obediente
como un buen chaval de 11 años, así lo hizo, encontrándose
diez fusiles Máuser apuntándole: uno por cada guardia de asalto
que venían a por su padre. “¡Padre están aquí
los guardias preguntando por ti!”... Le oyó hacer ruido en el váter,
rompiendo y tirando lo escrito y después los acompañó.
Dos días más tarde volvió a su casa vigilado de cerca.
Imagino las caras de los guardias en esas tareas de vigilancia cuando desde
la costa gijonesa, el buque Libertad en tareas de represión de la
Comuna, tiró unos pepinazos alcanzando al Ateneo Obrero, justo al
lado de la casa de Emilio... Me pregunto si dirían aquello de “disparad
sobre nosotros, el enemigo está dentro”, como el cuento chino de los
Héroes del Simancas.
Aquella estupenda vecindad con el Ateneo Obrero de Gijón, permitía
a José Luis sacar libros de la Sección Infantil de su Biblioteca
Circulante, de la que él tenía su carné, o participar
en las clases de francés que Eleuterio Quintanilla daba en el Ateneo.
Justo enfrente estaba (y está) el Colegio de San Vicente y en plena
campaña de las elecciones de febrero de 1936, desde el balcón
de casa, Pepiño y Emilio vieron a una monjita pintando “el yugo y
las flechas” falangistas. Emilio, que nunca hablaba de política en
casa, le preguntó a su hijo: “¿Qué te parece Pepiño?”.
-“Mal”. “A mi también”. Caída la tarde, el chaval y unos amigos,
embadurnaron como pudieron aquella imagen del fascismo que pronto habría
de llenar las tierras de España de dolor y muerte. De todos modos
a Pepiño y a su hermano, otros emblemas si que les gustaban, como
la “foceta y el martillu” del Sello del POUM que tenía su padre en
un cajón de la casa, con el que se marcaban los brazos para salir
a la calle e impresionar a los güajes del barrio.
Precisamente en aquella campaña electoral, Emilio García participó
junto a Joaquín Maurín en un acto político del POUM
celebrado en el Cine Los Campos Elíseos. No era la primera vez que
Maurín estaba en Gijón y en todas las ocasiones, comía
en casa de Emilio.
Ni Emilio ni José Luis sabían que aquel Colegio de las monjas
que tenían en frente de casa, poco después de empezada la GC,
habría de convertirse en el Orfanato de Hijos de Milicianos “Alfredo
Coto” dirigido por la Asociación de Trabajadores de la Enseñanza
de Asturias (ATEA), ni tampoco que allí José Luis pasaría
varios meses de internado antes de su evacuación a Cataluña
en septiembre de 1937, ni que allí habrían de enseñarle
el gusto por los libros, la lectura, la poesía y por el teatro, participando
en un Homenaje infantil a Federico García Lorca y en la Balada de
Atta Troll.
El 18 de julio de 1936, y después de que el General Aranda prometiese
lealtad a la República, Emilio García formó parte de
la Columna Minera que se proponía llegar a Madrid e impedir allí
la sublevación militar. Era tan grande su ascendente dentro del campo
anarquista, que partió como responsable de uno de los autocares de
las JJ. LL. Partió, como la mayoría, armado solamente con la
voluntad de vencer al fascismo. Ocuparon León el 19 de madrugada y
por la noche ya en Benavente, el Diputado Socialista José Andrés
Manso (que sería fusilado poco después en Salamanca por los
fascistas) les comunicó una mala noticia: en León y Oviedo
se había sublevado el Ejército. Decidieron regresar y precisamente
de León, Emilio trajo el primer fusil que empuñó en
la Guerra Civil y que en esta ocasión servía para avanzar y
defender las conquistas proletarias. Tuvieron que hacerlo en autocares por
carreteras secundarias, pasando el Puerto de Leitariegos, hasta llegar el
21 de julio a las afueras del frente del Oviedo sublevado.
En algunos de sus descansos del Frente, como miliciano de las Milicias Antifascistas
Obreras y Campesinas (MAOC) sus compañeros del Secretariado de la
Construcción le pedían encarecidamente que se quedara en Gijón
en tareas organizativas. Emilio, una y otra vez, les decía que el
lugar de los revolucionarios en aquellas horas estaba en el Frente... En
todo caso, a lo que sí se había comprometido era, que una vez
tomado Oviedo, se quedaría en Gijón en las numerosas tareas
sindicales. A primeros de octubre, se intensifica el Frente de Oviedo. En
el asedio de las MAOC al pie del Monte Naranco, al lado de la llamada “Casa
Negra”, cayó muerto Emilio García el domingo 4 de Octubre de
1936, justo un día antes del segundo aniversario de la Comuna Asturiana.
El disparo que acabó con la honrada vida de Emilio, salió de
un puesto frente a la "Casa Negra", defendido por la Guardia Civil.
El Comercio del lunes 5, daba cuenta de la muerte y en el diario La
Prensa del martes 6, recogía su entierro de este modo:
El entierro del compañero Emilio García
Á las diez da La mañana de ayer se verificó el entierro
de este inolvidable compañero que el día anterior encontrara
la muerte en uno de los frentes de Oviedo, después de una brillantísima
jornada durante la que había peleado con el encendido entusiasmo que
puso siempre en la lucha por la causa del proletariado.
Fue este acto de conducir los restos del compañero Emilio García
desde la Secretaría de la Construcción hasta el Cementerio
de Ceares una imponentísima manifestación de pesar en la que
quedó patentizado el gran dolor que su desaparición hubo de
producir en los medios sociales gijoneses, donde tanto y tanto se estimaba
a tan inolvidable compañero.
Con motivo de este acto se recordaba la actuación de Emilio García
en la organización obrera por la que sentía verdadera pasión,
luchando sin descanso en pro del proletariado primero en Avilés y
más tarde en Gijón, donde intervino con entusiasmo en diferentes
momentos de gravedad en que peligraban las reivindicaciones obreras, y también
en la lucha constante que el ramo de la construcción a que pertenecía,
tuvo que sostener con la clase patronal para arrancar mejoras de índole
moral y material para sus afiliados, que confiaban tales misiones al compañero
Emilio, por no desconocer cuánto fuego y pasión ponía
siempre en la defensa de los intereses de los que como él, venían
siendo explotados por la burguesía. Y sobre todo esto, se hacía
resaltar también la bondad de sus sentimientos y el trato afabilísimo,
así como su afán de ser útil en todo momento haciendo
que estas cualidades le granjearon el aprecio y estimación de todos.
Nosotros que vimos siempre en Emilio García al compañero entrañable,
hemos sentido hondamente su muerte, que le privó de saborear el triunfo
de los trabajadores próximo a conquistar y por el cual vino luchando
siempre y luchaba ahora con todo su ardor, y, al rendirle desde aquí
el postrer tributo de admiración a tan querido compañero, reiteramos
a su apenada compañera e hijos la expresión más sincera
de nuestro dolor. (”La Prensa”. Gijón, martes 6 de octubre de 1936)
También en La Batalla (órgano central del POUM) del
miércoles 14 de octubre, se recogía la dolorosa noticia en
primera plana, y en la del domingo 18 de octubre, Eugenio Granell firmaba
una sentida glosa bajo el título de: “Emilio García ha muerto
en Oviedo”.
Se condujo su cuerpo al Local del Sindicato Único de la Construcción
de la CNT del que era Secretario Local: el Chalet incautado al constructor
Posada. Allí estuvo expuesto para recibir el último adiós
del pueblo de Gijón, hasta que el lunes fue conducido al cementerio
de Ceares, acompañado por una enorme comitiva, a pesar de las recomendaciones
del Comité de Guerra, relativas a no hacer concentraciones por seguridad
y por los insistentes bombardeos por aire y mar, de la que fue objeto Gijón
durante los 15 meses de Revolución Social y Poder Obrero, hasta la
entrada de las tropas fascistas el 21 de octubre de 1937 y con ello la caída
del Frente Norte.
Siempre que se habla de Revolución Obrera, se habla de muerte, de
martirio. Resulta descorazonador. Por eso quiero acabar recordando una buena
iniciativa: la edición en octubre de 2003, por parte del Ateneo Obrero
de Gijón, de Las Memorias del militante de la Confederación
Nacional del Trabajo y del Partido Obrero de Unificación Marxista:
Aquilino Moral Menéndez, dentro de la colección que dirige
nuestro compañero Eduardo Borque: Folletos del Ateneo.