Samir Amin
Informe introductorio - Foro Mundial de las Alternativas
- Caracas, Octubre de 2008. Traducido por Manuel Colinas para Investig'Action
- www.michelcollon.info (revisado
por el equipo editorial de Rebelión, www.rebelion.org)
La crisis financiera era inevitable
La brutal explosión de la actual crisis económica no nos pilló
desprevenidos. Además, yo la había evocado hace unos meses,
cuando los economistas convencionales se esmeraban en minimizar sus consecuencias,
particularmente en Europa. Para entender su génesis, conviene abandonar
la actual definición del capitalismo, que hoy día se suele definir
como "neoliberal globalizado". Esta calificación es engañosa
y oculta lo esencial. El sistema capitalista actual está dominado por
un puñado de oligopolios que controlan la toma de decisiones fundamentales
en la economía mundial. Unos oligopolios que no sólo son financieros,
constituidos por bancos o compañías de seguros, sino que son
grupos que actúan en la producción industrial, en los servicios,
en los transportes, etc. Su característica principal es su financiarización.
Con eso conviene comprender que el centro de gravedad de la decisión
económica ha sido transferido de la producción de plusvalía
en los sectores productivos hacia la redistribución de beneficios ocasionados
por los productos derivados de las inversiones financieras. Es una estrategia
perseguida deliberadamente no por los bancos, sino por los grupos "financiarizados".
Más aún, estos oligopolios no producen beneficios, sencillamente
se apoderan de una renta de monopolio mediante inversiones financieras.
Este sistema es sumamente provechoso para los segmentos dominantes del capital.
Luego no estamos en presencia de una economía de mercado, como se suele
decir, sino de un capitalismo de oligopolios financiarizados. Sin embargo,
la huida hacia delante en las inversiones financieras no podía durar
eternamente cuando la base productiva sólo crecía con una tasa
débil. Eso no resultaba sostenible. De ahí la llamada "burbuja
financiera", que traduce la lógica del sistema de inversiones financieras.
El volumen de las transacciones financieras es del orden de dos mil trillones
de dólares cuando la base productiva, el PIB mundial sólo es
de unos 44 trillones de dólares. Un gigantesco múltiplo. Hace
treinta años, el volumen relativo de las transacciones financieras
no tenía ese tamaño. Esas transacciones se destinaban entonces
principalmente a la cobertura de las operaciones directamente exigidas por
la producción y por el comercio nacional e internacional. La dimensión
financiera de ese sistema de los oligopolios finaciarizados era – ya lo dije
– el talón de Aquiles del conjunto capitalista. La crisis debía
pues estallar por una debacle financiera.
Detrás de la crisis financiera, la crisis sistémica del
avejentado capitalismo
Pero no basta con llamar la atención sobre la debacle financiera.
Detrás de ella se esboza una crisis de la economía real, ya
que la actual deriva financiera misma va a asfixiar el desarrollo de la base
productiva. Las soluciones aportadas a la crisis financiera sólo pueden
desembocar en una crisis de la economía real, esto es, una estagnación
relativa de la producción y lo que ésta va a acarrear: regresión
de los ingresos de los trabajadores, aumento del paro laboral, alza de la
precariedad y empeoramiento de la pobreza en los países del Sur. En
adelante debemos hablar de depresión y ya no de recesión.
Y detrás de esta crisis se perfila a su vez la verdadera crisis estructural
sistémica del capitalismo. La continuación del modelo de desarrollo
de la economía real, tal y como lo venimos conociendo, así como
el del consumo que le va emparejado, se ha vuelto, por primera vez en la
historia, una verdadera amenaza para el porvenir de la humanidad y del planeta.
La dimensión mayor de esta crisis sistémica concierne el acceso
a los recursos naturales del planeta, que se han vuelto muchísimo más
escasos que hace medio siglo. El conflicto Norte/Sur constituye, por lo tanto,
el eje central de las luchas y conflictos por venir.
El sistema de producción y de consumo/despilfarro existente hace
imposible el acceso a los recursos naturales del globo para la mayoría
de los habitantes del planeta, para los pueblos de los países del
Sur. Antaño, un país emergente podía retener su parte
de esos recursos sin amenazar los privilegios de los países ricos.
Pero hoy día ya no es el caso. La población de los países
opulentos – el 15% de la población del planeta – acapara para su propio
consumo y despilfarro el 85 % de los recursos del globo y no puede consentir
que unos recién llegados accedan a estos recursos, ya que provocarían
graves penurias que pondrían en peligro los niveles de vida de los
ricos.
Si Estados unidos se han fijado como objetivo el control militar del planeta
es porque saben que sin ese control no pueden asegurarse el acceso exclusivo
de tales recursos. Como bien se sabe, China, la India y el Sur en su conjunto
también necesitan esos recursos para su desarrollo. Para Estados Unidos
se trata imperativamente de limitar ese acceso y, en última instancia,
sólo existe un medio: la guerra.
Por otra parte, para ahorrar las fuentes de energía de origen fósil,
Estados Unidos, Europa y otras naciones desarrollan proyectos de producción
de agrocombustibles a gran escala, en detrimento de la producción de
víveres, todavía afectados por el alza de los precios.
Las respuestas ilusorias de los poderes vigentes
Los poderes vigentes, al servicio de los oligopolios financieros, no tienen
otro proyecto sino el de volver a poner en pie este mismo sistema. ¿Qué
son esas intervenciones estatales sino las que les exige la misma oligarquía?
Sin embargo, no es imposible el éxito de esta puesta en pie si las
infusiones de dinero resultan suficientes y si las reacciones de las víctimas
– las clases populares y las naciones del Sur – no dejan de ser limitadas.
Pero en este caso el sistema sólo retrocede para mejor saltar y una
nueva debacle financiera, aún más importante, será ineludible,
ya que las "adaptaciones" previstas para la gestión de los mercados
financieros y monetarios resultan ampliamente insuficiente, pues no ponen
en tela de juicio el poder de los oligopolios.
Por otra parte, resultan divertidísimas estas respuestas a la crisis
financiera mediante la inyección de fondos públicos astronómicos
para restablecer la seguridad de los mercados financieros: privatizados ya
los beneficios, en cuanto resultan amenazadas las inversiones financieras
se socializan las pérdidas. ¡Cara: gano yo; cruz: pierdes tú!
Las condiciones de una respuesta positiva a los desafíos
No basta con decir que las intervenciones de los Estados pueden modificar
las reglas del juego, atenuar las derivas. También es necesario definir
sus lógicas y sus impactos sociales. Desde luego, en teoría,
se podría volver a fórmulas de asociación de los sectores
públicos y privados, fórmulas de economía mixta como
ocurrió durante los "treinta años gloriosos" (los años
1945/1975) en Europa y durante la era de Bandung, en Asia y en África,
cuando el capitalismo de Estado dominaba ampliamente, acompañado por
políticas sociales fuertes. Pero este tipo de intervención del
Estado no está a la orden del día. Y ¿ están las
fuerzas sociales progresistas en medida de imponer una transformación
de esta amplitud ? Todavía no, opino yo.
La verdadera alternativa pasa por el derrocamiento del poder exclusivo de
los oligopolios, el cual es inconcebible sin, finalmente, su progresiva nacionalización
democrática. ¿ Fin del capitalismo ? No lo creo. Creo en cambio
que son posibles unas nuevas configuraciones de las relaciones de fuerzas
sociales que obliguen al capital a ajustarse a las reivindicaciones de las
clases populares y los pueblos. A condición de que las luchas sociales
todavía fragmentadas y a la defensiva, en su conjunto, consigan cristalizar
en una alternativa política coherente. Con esta perspectiva, resulta
posible el comienzo de una larga transición del capitalismo al socialismo.
Los avances en esa dirección, claro está, siempre serán
desiguales de un país a otro y de una fase de su despliegue a otra.
Las dimensiones de la alternativa deseable y posible son múltiples
y conciernen todos los aspectos de la vida económica, social, política.
Evocaré a continuación las grandes líneas de esta respuesta
necesaria.
1) - La reinvención por parte de los trabajadores de organizaciones
apropiadas que hagan posible la construcción de su unidad con el fin
de trascender su dispersión asociada a las formas de explotación
vigente (paro laboral, precariedad, informalidad).
2) - La perspectiva es la de un despertar de la teoría y de la práctica
de la democracia asociada al progreso social y al respeto de la soberanía
de los pueblos y no disociada de éstos.
3) - Liberarse del virus liberal fundado en el mito del individuo, que ya
pasó a ser tema histórico. Los rechazos frecuentes de los modos
de vida asociados al capitalismo (múltiples enajenaciones, consumismo
y destrucción del planeta) señalan la posibilidad de esta emancipación.
4) - Liberarse del atlantismo y del militarismo que le está asociado,
ambos destinados a hacer aceptar la perspectiva de un planeta organizado sobre
la base del apartheid a escala mundial.
En los países del Norte el desafío implica que la opinión
general no se deje encerrar en un consenso de defensa de sus privilegios con
respeto a los pueblos del Sur. El internacionalismo necesario pasa por el
antimperialismo, no por el humanitarismo.
En los países del Sur, la estrategia de los oligopolios mundiales
lleva consigo el hacer recaer el peso de la crisis sobre sus pueblos (desvalorización
de sus reservas de cambio, baja de los precios de las materias primas exportadas
y alza de los precios de los productos importados). La crisis ofrece la ocasión
del renacimiento de un desarrollo nacional, popular y democrático autocentrado,
que someta las relaciones con el Norte a sus exigencias, esto es, la desconexión.
Lo cual implica:
a) El control nacional de los mercados monetarios y financieros
b) El control de las tecnologías modernas en adelante posible,
c) La recuperación del uso de los recursos naturales,
d) La derrota de la gestión globalizada, dominada por los oligopolios
(la OMC) y la del control militar del planeta por Estados Unidos y sus
aliados,
e) Liberarse de las ilusiones de un capitalismo nacional autónomo
en el sistema y de los mitos del pasado.
f) La cuestión agraria, en efecto, está en el centro de las
opciones por venir en los países del Tercer Mundo. Un desarrollo digno
de llamarse así exige una estrategia política agrícola
basada sobre la garantía del acceso a la tierra para todos los campesinos
(la mitad de la humanidad). En contrapartida, las fórmulas preconizadas
por los poderes dominantes - acelerar la privatización de la tierra
agrícola y transformar la tierra agrícola en mercancía
– llevan consigo el éxodo rural masivo que bien venimos conociendo.
Como el desarrollo industrial de los países afectados no puede absorber
dicha superabundante mano de obra, ésta se concentra en las barriadas
miserables de los extrarradios ciudadanos o se deja tentar por las trágicas
aventuras de una huida en balsa por el Atlántico. Existe una relación
directa entre la supresión de la garantía del acceso a la tierra
y el aumento de las presiones migratorias.
g) La integración regional, al favorecer el surgimiento de nuevos
polos de desarrollo, ¿puede constituir una forma de resistencia y de
alternativa? La regionalización es necesaria, tal vez no para gigantes
como China y la India o incluso para Brasil, pero seguramente sí para
otras muchas regiones, en el sudeste asiático, en África o en
América Latina. Este continente está un poco por delante en
ese terreno. Venezuela, oportunamente, ha tomado la iniciativa de crear el
Alba (Alternativa bolivariana para América Latina y el Caribe) y el
Banco del Sur (Bancosur), incluso antes de la crisis. Pero el Alba – un proyecto
de integración económica y política – todavía
no ha recibido la adhesión de Brasil ni la de Argentina. En cambio,
el Bancosur, que supuestamente debe promover otra forma de desarrollo, asocia
igualmente a estos dos países pese a que, hasta hoy, sigan teniendo
una concepción convencional del papel que ha de desempeñar un
banco.
Los avances en esas direcciones tanto en el Norte como en el Sur, que son
la base del internacionalismo de los trabajadores y de los pueblos, constituyen
las únicas garantías de reconstrucción de un mundo mejor,
multipolar y democrático, única alternativa a la barbarie del
envejecido capitalismo.
Más que nunca, la lucha por el socialismo del siglo XXI está
a la orden del día.