Recuerdos personales: última
prisión (febrero a mayo de 1944)
Introducción al tercer cuaderno de “Recuerdos personales”
, por María Teresa García Banús
Proceso de Montauban
, por Wilebaldo Solano
Recuerdos personales: última prisión
(febrero a mayo 1944), por Juan Andrade
Apéndice
, por María Teresa García Banús
La liberación de Juan Andrade
, por Wilebaldo Solano
Palabras finales
, por Juan Andrade
Introducción al tercer cuaderno de “Recuerdos personales”
María Teresa García Banús
Para aquellos que no vivieron los años de la Guerra Civil es muy difícil
comprender el por qué y el alcance que tuvo la persecución
y el aniquilamiento del POUM. Ciertamente existen multitud de folletos, de
libros y de declaraciones de todas las tendencias que tratan de explicar
los hechos. En primer lugar porque no fue una lucha entre dos partido revolucionarios
que se enfrentan por cuestiones de rivalidad, de
propaganda o de proselitismo político. Por otra parte, porque tampoco
fue una lucha como a las que está acostumbrada la clase obrera frente
a sus enemigos capitalistas, lucha que han sufrido en su sangre todos
los movimientos revolucionarios desde su existencia. En este caso es la
primera vez en la historia de las luchas sociales en que un partido de extrema
izquierda se ve perseguido, insultado y aniquilado por otro
que pretende ser el representante de esa misma lucha. Igualmente son diferentes
los procedimientos de extinción. La clase obrera y los revolucionarios
están desde siempre acostumbrados a los golpes violentos en las comisarías
e incluso a la lucha a tiros. Pero ésta es también la primera
vez que se emplean procedimientos bien preparados de tortura física
y moral, procedimientos que, por desgracia, se popularizaron en muchos países
después. A todo esto hay pues que buscarle otras razones Es indudable
que el POUM ofrecía con sus cuadros bien preparados su prensa y su
actividad política otra alternativa posible e independiente a la clase
obrera frente a la que podía ofrecerles el Partido Comunista de España,
dependiente de la URSS. El POUM no sólo combatía la política
desarrollada por ésta, sino que criticaba la burocracia soviética
y sus métodos de combate e incluso al propio Stalin.
“... La burocracia estalinista internacional tuvo rápidamente
conciencia de este peligro, movilizó todas las fuerzas y todos los
medios. Jamás se había desencadenado hasta entonces, a parte
de en la Unión Soviética, una campaña mayor de infamias
y calumnias; nunca se habían puesto en servicio tantos medios materiales
para acabar con un partido obrero e independiente a sangre y fuego. Una gran
parte de la alta burocracia del mundo estalinista de entonces desde Tito
a Togliatti, de Marty a Akadar, de Geröe a Luigi Longo, además
de generales y coroneles rusos con nombres españoles, se establecieron
inmediatamente en España, para cumplir los designios de Stalin y reducir
el alcance de la Revolución Española estrictamente a las conveniencias
de la política exterior rusa de entonces” (nota de Andrade). Porque
es evidente que los planes soviéticos de aquel entonces no correspondían
con el establecimiento de una España “roja” en aquellos momentos.
(Hay una carta del 21 de diciembre de 1936 dirigida a Largo Caballero y firmada
por Stalin, Vorochilov y Molotov que figura en el documento 32: “Le Gouvernement
de Stalin et l’Espagne” del libro La révolution espagnole 1931-1939,
de Pierre Broué) que confirma lo dicho.
La campaña estaba ya preparada al iniciarse la Guerra Civil. Louis
Fischer, el gran periodista internacional que pasaba con frecuencia por Madrid,
nos advirtió que lleváramos cuidado, pues tenía la seguridad
de que había propósito en la URRSS de exterminar al POUM, advertencia
que nos parecía en aquellos momentos increíble y a la cual
se prestó poca atención. La campaña de calumnias comenzó
por Madrid, que fue el primer blanco de ataque. Un asalto al local de la
Juventud Comunista Ibérica (POUM) el 22 de octubre de 1936 por parte
de las Juventudes Socialistas Unificadas (PCE) que después de haber
coqueteado por algún tiempo con el trotskismo se convirtieron en mayoritarias
y fueron la gran cantera de agentes de policía paralela y de miembros
del Servicio Secreto (SIM). “El Carrillín“, como le llamábamos
en aquellos tiempos y sus compañeros Serrano Poncela y Cazorla podrían
testificar todo esto. Siguió la suspensión del semanario POUM
en noviembre del 36 igualmente y a principios de febrero del 37 fueron incautados
Radio POUM y El Combatiente Rojo, órgano de la sección madrileña.
La campaña de calumnias fue en aumento. En primer lugar la acusación
de trotskismo, según El Frente Rojo, periódico comunista publicado
en Valencia, “Trotsky era un agente de la GPU y del Intelligence Service,
o Andrés Nin se había pasado al enemigo y se encontraba en
las filas fascistas. Es imposible, en principio, un cretinismo tan brutal
y una mala fe tan criminal que permita mentir tan deliberadamente a sabiendas
“ (nota de Andrade).
Esta campaña se fue enrareciendo hasta hacer una atmósfera
irrespirable. Amigos y conocidos nos negaban la palabra y el saludo o no
se atrevían a hablarnos abiertamente en la calle. Este sometimiento
llegó hasta los intelectuales pequeños burgueses cuya captación
no ofrecía gran dificultad, puesto que se llegaba provisionalmente
a compensarlos. “Desde el poeta exquisito y católico José Bergamín
que, habiendo permanecido toda su vida en el Olimpo, descendió entonces
para firmar una petición de muerte contra “los fascistas del POUM”
(puede consultarse el folleto “El espionaje en España ‘ con un prólogo
de José Bergamín), hasta el más banal y minúsculo
periodista, todos los intelectuales se dejaron seducir por la “eficacia “de
la política comunista, la aceptaban y eran remunerados” (prefacio
de Andrade al libro Los problemas de la revolución española,
de Andrés Nin).
Cuando todo se consideraba ya preparado, policía paralela, checas
y el terrible Convento de Santa Úrsula, con sus torturas, llegó
el día “H” (Largo Caballero había salido ya del gobierno y
se había negado a declarar ilegal al POUM). El día 16 de junio
de 1937, se procedió a la detención monstruo de militantes
del POUM y a la incautación de sus locales. Nin detenido por la mañana
por la policía paralela fue conducido a primeras horas de la tarde
a Valencia y después conducido a una prisión paralela en Alcalá
de Henares, de donde desapareció para siempre. Los dirigentes principales
de esta campaña fueron los rusos Ovseenko y Orlov. El Comité
Ejecutivo del POUM detenido aquella noche fue trasladado igualmente a Valencia
y hubieran podido sufrir la misma suerte de Nin. Después de unos días
en Valencia, se recibió la orden en la cárcel de que fueran
puestos en libertad y al salir los esperaba la policía estaliniana
que los condujo rápidamente a Madrid, donde desaparecieron en una
checa. El entonces Ministro de Justicia, Irujo, que confesó que Nin
se había escapado de su jurisdicción, prometió bajo
su responsabilidad y guardias de asalto a su servicio que el Comité
Ejecutivo del POUM volvería a la cárcel del Estado en Valencia,
lo que así fue.
Muchos hechos comprueban el dominio del poder ruso y los comunistas. Ante
la campaña internacional provocada por la desaparición de Nin,
el Gobierno nombró un juez especial para que aclarase lo sucedido.
Moreno Leguía, nombrado para esta misión por el Gobierno, no
tardó en esclarecer la intervención de algunos policías
comunistas, a los que intentó destituir y procesar. Pero Moreno Leguía
fue atemorizado con el secuestro de su madre y de su hija que estaban en
Madrid y, naturalmente, no tuvo el valor cívico y dimitió de
su cargo. Igualmente fue para nosotros muy difícil el encontrar un
defensor para los procesados. Felizmente, Vicente Rodríguez Revilla,
viejo compañero del Ministerio de Hacienda de Andrade, que ya le había
ocultado en su casa durante los hechos de 1934, se prestó a la defensa
de todos. Pero estuvo a punto de ser secuestrado, lo que impidieron la FAI
y la CNT porque Revilla se prestaba igualmente a ser defensor de alguno de
los suyos.
El proceso se celebró en Barcelona en noviembre de 1938. Todos los
detalles son conocidos y están publicados. El falso documento por
el que se acusaba al POUM de espionaje, fue desechado por su misma incongruencia
y falsedad, así como todas las demás acusaciones. Pero lo que
no se conoce es el ambiente que los comunistas crearon en aquel momento.
Todas las tardes circulaban por Barcelona camiones con pancartas pidiendo
la pena de muerte para “los fascistas del POUM’ Los ujieres entraban en la
sala con bandejas de cartas de los militantes del frente pidiendo igual castigo.
Las declaraciones en favor de los procesados entre las cuales las de Irujo,
Largo Caballero, Montseny y otros, hicieron que se llegase a una condena
de principio de quince años (no había más remedio que
condenar) por el delito de haber querido implantar una sociedad de acuerdo
con sus ideales revolucionarios.
Todo esto no es lo realmente trágico, sino los muertos y desaparecidos
de esta ignominiosa persecución cuya larga lista podríamos
dar. Asesinados en los frentes, en la retaguardia y en los campos de concentración,
como el de Omelis de Nagaya, “donde jóvenes poumistas y libertarios
fueron fusilados conjuntamente por los verdugos estalinistas” (nota de Andrade).
Militantes revolucionarios de todos los países como Landau, Berneri
y tantos otros desaparecieron para siempre.
Esta ferocidad llegó al exilio. Si citamos todo esto es pensando en
las nuevas generaciones que no vivieron esta época y no podrían
de otra manera comprender el estado de espíritu de Andrade en la cárcel
de Bergerac al encontrarse solo en un medio hostil rodeado de noventa y tantos
presos comunistas. El desenlace que le salvó la vida pudo ser el mismo
que el de otro compañero poumista preso en Mauzac, que desapareció
al salir en libertad en el momento de la Liberación al ser apresado
en su camino de regreso al hogar por un maqui comunista, donde fue muerto
y ya no se volvió a saber nada de Juan Farré, militante destacado
de Lérida.
Wilebaldo Solano
Las detenciones del POUM en Montauban, Toulouse y otros lugares, se efectuaron
en el mes de febrero de 1941. La policía sólo pudo “descubrir”
que los poumistas mantenían relaciones entre ellos y con otros exiliados
políticos (españoles y alemanes). Las detenciones fueron motivadas
por haber encontrado la policía un cuaderno de apuntes de un joven
camarada en el que figuraban notas tomadas del periódico clandestino
La Verité, en el que se acusaba violentamente al régimen de
Petain.
Andrade fue detenido cuando se encontraba en el “Groupe de Travaileurs Espagnols”
n 53 de Seix (Ariége), especie de campo de trabajo obligatorio organizado
militarmente. Fue llevado a Montauban, donde tuvo lugar el proceso por un
tribunal militar como “rojos españoles “Los militantes del POUM fueron
condenados a fuertes penas. El proceso se celebró los días
17 y 18 de noviembre de 1941 por “Actividad Comunista “ Los condenados fueron
quince y las penas variaron desde cinco meses a veinte años de trabajos
forzados con degradación cívica. Andrade, que ignoraba todo
lo sucedido en Montauban y que únicamente estaba relacionado con los
otros acusados por pertenecer al mismo partido, fue condenado a cinco años
de prisión. Permaneció algunos meses en la cárcel de
Montauban y fue trasladado a la “Maison Centrale d ‘Eysses “(presidio mayor),
el 14 de marzo de 1942, y más tarde estuvo en la Prisión Militar
de Mauzac, de junio de 1943 a febrero de 1944, cuando fue trasladado a la
Prisión Militar de Bergerac, el 24 de febrero de 1944, en donde estuvo
hasta el 24 de agosto del mismo año.
Fue en esta prisión donde escribió el tercer cuaderno de “Recuerdos
Personales“.
A continuación reproducimos la relación de los condenados en
este proceso, tomada de “La Depêche de Toulouse”, de 27 de noviembre
de 1941:
CONDENAS DE COMUNISTAS EN MONTAUBAN
Toulouse, 26 noviembre.— Las condenas citadas más abajo
han sido impuestas por la sección especial del tribunal militar, con
sede en Montauban, en sus sesiones de los días 17 y 18 de noviembre
de 1941, por infracción al decreto del 26 de septiembre de 1938: Actividad
comunista.
--Roger-José Buiria, domiciliado en Montauban, 6 meses de prisión,
50 fr. de multa.
--Pedro Ferrer, llamado “San Roma”, agricultor de Montauban, 6 meses de prisión,
50 francos de multa.
--Juan Buil-García, mecánico de Montauban, 1 año de
prisión, 100 fr. de multa.
Miguel Olivé, pintor en Montauban, 3 años de prisión,
100 fr. de multa.
--Juan Marfany, estudiante en Montauban, 3 años de prisión,
1000 fr. de multa.
--José Coll-Torrelles, albañil en Montauban, 4 años
de prisión, 1000 fr. de multa.
--Artigas-José Vilard, domiciliado en Montauban, 4 años de
prisión, 1000 fr. de multa.
--José Capella-Corrobe, médico en Montauban, 5 años
de prisión, 1000 fr. de multa.
--Juan Andrade, periodista, 5 años de prisión, 1000 fr. de
multa.
--César Zayuelas, estudiante en Montauban, 5 años de trabajos
forzados, degradación cívica, 15 años de prohibición
de residencia.
--José Comabella-Rabassa, domiciliado en Montauban, 5 años
de trabajos forzados, degradación cívica, 15 años de
prohibición de residencia.
--Amadeo Pons-Companys, relojero en Montauban, 5 años de trabajos
forzados, degradación cívica, 15 años de prohibición
de residencia.
--Ignacio Iglesias, estudiante en Montauban, 12 años de trabajos forzados,
degradación cívica, 10 años de prohibición de
residencia.
--José Rodes-Bley, vendedor de zapatos en Montauban, 15 años
de trabajos forzados, degradación cívica, 10 años de
prohibición de residencia.
--Wilebaldo Solano, periodista en Montauban, 20 años de trabajos forzados,
degradación cívica, 10 años de prohibición de
residencia.
En rebeldía
--Pedro Aguilera, 5 años de trabajos forzados.
--Oscar Braun, 5 años de trabajos forzados.
--Giséle Wintergerst, 5 años de trabajos forzados.
--Juan Carreras Salieras, 5 años de trabajos forzados.
--Aga, llamada “X...”, 5 años de trabajos forzados.
--Luís García, 5 años de trabajos forzados.
--Roc (Carmel Rosa), 5 años de trabajos forzados.
--Pedro Bonet, 5 años de trabajos forzados.
--Antonio Travé, 5 años de trabajos forzados.
“La Depêche de Toulouse”, 27 de noviembre de 1941.
Recuerdos personales: última prisión
Juan Andrade (febrero a mayo de 1944)
29 de febrero de 1944. Hace cuatro días que me encuentro en esta prisión,
y quiero intentar recoger mis impresiones más importantes de cada
día. Es decir, quiero expresar lo más destacado de mi estado
de espíritu, en los momentos de amargura que estoy seguro he de conocer
en este lugar. Mis notas serán quizá frecuentemente tristes
y hasta a veces pesimistas Una lectura más reposada quizá me
haga arrepentirme y hasta avergonzarme de ciertas expresiones, pero, sin
embargo, siempre conservan su valor circunstancial En Montauban, en los primeros
días de mi encierro, hice un diario de mi vida y de mis pensamientos.
Las primeras páginas tenían un carácter profundamente
triste, producidas por el aislamiento infranqueable de la celda y por la
ausencia de María. El transcurso del tiempo me hizo ver claro en el
porvenir y recobrar la energía de vivir.
Como presiento que esta etapa será también profundamente triste
para mi existencia, quiero reflejar mis principales inquietudes para que
algún día, si a través de todo lo que todavía
me queda por vivir puedo conservar estas páginas, las lea, ya en un
clima diferente y con un estado de espíritu optimista Estas notas
son el complemento de unas cartas semanales En éstas no expongo mi
estado de espíritu (aunque quizá María acierte a adivinarlo),
sino los pequeños problemas diarios y cuestiones genéricas.
Estas notas tendrán sobre todo el valor de la espontaneidad y, como
quedarán sin retoques, las reacciones de momento contra los hombres,
los hechos y las cosas tendrán toda la frescura y sinceridad de un
hombre de temperamento tan violento como el mío.
En Montauban, la celda me produjo el efecto de quedar enterrado en vida.
Era el aislamiento más completo con el mundo exterior. Tendido en
el abrigo que para mí significaba los cuatro muros de la celda, sentía
el vacío de María. En aquellos instantes me angustiaba pensar
que ella podría seguir una suerte semejante a la mía. Sentía
hasta en el fondo del alma la impotencia de mi situación. Nada podía
osar, ni intentar hacer.
Mis consideraciones en las notas que a través de los días escribí
fueron a veces pesimistas; pero pesimistas con exceso por ser sentimentales.
Reflejaba sugestiones egoístas. Pero eran sólo reacciones íntimas
como consecuencia de una desesperación momentánea. Mi dolor
por la ausencia y por las dificultades en que suponía a María,
se reflejaban en explosiones de un cierto egoísmo individual. Naturalmente
esta depresión de espíritu desapareció cuando se estableció
el equilibrio en mi situación y en la suya. Estaban en juego sentimientos,
no consideraciones políticas.
Desgraciadamente, es sobre esta forma donde ahora se reflejarán mis
sentimientos y mis conclusiones.
La primera sensación es que me encuentro ante la intuición
de que mi vida corre riesgo. No un riesgo inmediato; pero sí un peligro
en perspectiva y de momento me siento infinitamente solo, sin un alma a quien
confiarme, ni un individuo con quien hablar. Sin embargo, me desenvuelvo
en un ambiente completamente político, lo que podríamos llamar
revolucionario.
Preveía lo que iba a ocurrir y por eso no acogí con regocijo,
ni mucho menos, nuestro traslado a esta prisión. En Mauzac, aparte
de unos cuantos días en que la llegada de tres o cuatro funcionarios
estalinistas llevó un viento de odio sectario, la atmósfera
era respirable. Los estalinistas en una población total de 270 se
perdían. Ni eran mayoría ni podían imponer su criterio.
Algunos anarquizantes e individualistas ofrecían una especie de oasis,
en donde se podía saciar la sed de conversar un poco. La perspectiva
de una libertad con hechos violentos como consecuencia de la guerra, no me
preocupaba gran cosa. Los comunistas no serían dueños de la
situación. Nuestra salida, al menos la de todos los políticos
sin excepción, la consideraba asegurada. Encontraríamos para
ello un apoyo en los presos militares.
Sabía bien, antes de partir, que en Bergerac, de 107 detenidos, 96
son comunistas. Conozco demasiado bien los procedimientos de éstos
para no adivinar por anticipado lo que sucedería aquí. Un agrupamiento
muy cerrado de partido, un sectarismo acrecentado por la fuerza del número
y la inmunidad. Un boicot, una hostilidad completa hacia mí.
Sabiendo esto, llegué aquí. Antes ya había pasado por
una prueba amarga una semana antes de partir; todo el campo conocía
los nombres de los que iban a marcharse. Fueron muchos los presos militares
que me expresaron sinceramente su sentimiento porque partía. Me pareció
palpar que contaba con simpatías.
Los camaradas comunistas se vieron inmediatamente rodeados por los otros.
Un recibimiento cordial les acogió a todos. Se formaron grupos para
cambiar impresiones. Estalló una charla animosa entre todos. Y en
medio del patio, quedé yo solo, completamente solo, como un apestado.
Me invadió una melancolía profunda. Las lágrimas se
rompían en mis ojos. Aislado, totalmente aislado, como un apestado.
Demasiado precipitadamente, rojo también de cólera, llegué
a preguntarme: “¿No habré perdido toda mi vida sacrificado
durante treinta años a una causa y a unos individuos que no lo merecen?”
Conclusión disparatada que enseguida alejé de mi mente. Enseguida
también, brotó en mí el recuerdo de Nin. Lo que me conforta
y alienta en la tenacidad y el ardor.
Un ambiente similar nos había acogido cuando llegamos a Mauzac. Pero
nuestra situación era diferente. Éramos siete camaradas, ya
de por sí constituíamos un pequeño grupo para sostenemos
y alentamos. Por lo menos tenía con quien comentar.
Pero se produjo el mismo hecho que aquí. Desde nuestra salida de Eysses
y en el tren, las relaciones entre todos los estalinistas con nosotros fueron
cordiales, reinó durante el viaje una buena camaradería. No
podía ser por menos. Aquellos comunistas habían estado en Eysses
atemorizados y desmoralizados. Sólo nosotros habíamos mantenido
la moral. No podían adoptar ante nosotros, que les conocíamos
bien, un gesto feroz de intransigencia.
Inmediatamente que pisaron Mauzac y que supieron que había un buen
número de comunistas que daban de comer y que el régimen de
la prisión era más liberal, cambiaron de conducta. Su primer
abrir de boca fue para comunicar a sus compinches que con ellos iban siete
“trotskistas” contrarrevolucionarios del POUM. Y se nos hizo el vacío.
1 de marzo de 1944. Continuaré con la impresión de mi llegada.
He Conocido otras veces ese vacío que en torno a mí forman
aquellos que nos consideran enemigos políticos. Pero casi siempre
es la mera hostilidad de adversarios; no el odio salvaje. Hay siempre una
cierta zona de consideración social que no suele olvidarse, y que
a pesar de todo hace habitable el mundo. Además, una hostilidad política
justificada ni desanima, ni desalienta; fortalece y digámoslo todo:
tras la hostilidad del adversario no había hasta ahora en las costumbres
políticas la sensación de que ese odio ocultaba el propósito
de una eliminación física.
No he temido nunca la muerte, y afrontándola he militado siempre en
el movimiento revolucionario. Pero siempre he tenido el sentimiento de que
mi vida podía ser útil y de que me rodeaba el estímulo
de los camaradas. Jamás me he sentido solo, tan infinitamente solo
como en estos momentos.
La propia depresión moral que me produjo la frialdad, qué digo
frialdad, la hostilidad con que fui acogido contribuyó más
a que me aislase, quedando en aquel patio como un náufrago en la inmensidad
del océano. Sentía todas las miradas dirigidas hacia mí,
me parecía oír las palabras con que unos a otros se comunicaban
quién era yo. No me atrevía a entablar diálogo con nadie,
ni acercarme a ningún grupo. Estaba bajo los efectos de una tal coacción
moral, que ni siquiera sabía ahora dónde dirigir la vista,
ni cómo mover los brazos ni por dónde pasar. Jamás en
mi vida he pasado por instantes tan preñados de angustia.
Los temores que ya abrigaba antes de salir de Mauzac, se confirmaron observando
esta actitud. Entraba en la etapa más difícil y complicada
de mi vida. ¿Cuál será el corolario de todo? ¿Cuál
será mi fin en esta prisión?.
Quizás mi estado de espíritu me inclina hacia el pesimismo.
En días sucesivos es posible que vayan viendo menos negras las cosas
y con mayor esperanza.
Sin embargo ahora mismo, mientras escribo en el comedor, tengo la impresión
de como si se me espiara. Cada vez que levanto la vista del papel me tropiezo
con la mirada de tres o cuatro, que me doy perfecta cuenta de que me observan.
¿No llegará a intrigarles demasiado lo que yo escribo? ¿No
intentarán un día usurparme mis cuadernos? Todo es posible.
Pero seguiré escribiendo.
Trato por todos los medios de darles la sensación de una conducta
absolutamente correcta. Si me parece que en un grupo próximo a mí
se habla de política, procuro alejarme lo más posible para
darles a comprender bien terminantemente que me desintereso de todo. Me parece
observar siempre recelo y desconfianza.
El caso es que cada vez tengo una sensación más clara de esta
tirantez, aumenta en mi espíritu la convicción de una mayor
intransigencia política ante ellos. Su conducta me confirma la monstruosidad
de sus métodos y corrupciones También la necesidad de combatirlos.
2 de marzo de 1944. Ayer recibí la primera carta de María dirigida
ya directamente a Bergerac. La aguardaba con verdadera impaciencia porque
preveía que ella se iba a alarmar con mi traslado.
Lo más grave para mí es que ahora me planteo de una manera
más constante la misma preocupación que sólo durante
algunos días llegué a plantearme en Mauzac. ¿Saldré
libre de esta tumba? y la incertidumbre del porvenir comienza a preocuparme
Tengo temor de no salir con vida de este encarcelamiento Llego incluso a
llegar a representarme cuál puede ser mi situación en el caso
cierto del desarrollo de acontecimientos guerreros y políticos importantes.
Este ambiente de reserva y hostilidad se mantiene. Todavía no he logrado
entablar diálogo con nadie. Parece que en la prisión precisa
uno siempre de un camarada de confianza a quien contar sus penas y hasta
leer párrafos de las cartas de la mujer. Cuando se tiene una alegría
o una tristeza, parece que siempre hay como una necesidad natural de comunicarlas
a otro. Hasta ahora, aparte de los primeros días de régimen
celular en Montauban, jamás me había faltado una persona comprensiva
a quien comunicar mis impresiones. Siento la magnitud de un peligro en perspectiva,
lejano o inmediato.
Este peligro brotó en mí por primera vez en Mauzac cuando,
como consecuencia de la llegada de algunos funcionarios estalinistas, un
joven que estaba encarcelado por un asunto trotskista me dijo un día:
“Desconfía todo lo posible, porque hay gentes que te odian.” Y desde
aquel día él rehusó todo encuentro conmigo, como si
temiera comprometerse.
Otro día un camarada anarquista, absolutamente leal, me explicó
algo más. Me dijo que a él personalmente le habían asegurado
que si de Barcelona había logrado escapar, no sucedería lo
mismo ahora.
Sé bien lo que significan estas baladronadas. Pero en las circunstancias
actuales pueden adquirir una aplicación trágica.
Observo la más enconada hostilidad en todos aquellos que desde el
primer momento he comprendido que son los primates del estalinismo en la
prisión. Me siento espiado constantemente por ellos. Estoy seguro
que no hay un preso que no conozca ya algo en relación conmigo. Los
españoles deben ser informadores en esta campaña.
Repito que nunca me he encontrado en una situación tan difícil,
tan deprimente. Recuerdo que cuando estuve preso en Madrid, en el Convento
de Atocha, durante cinco días me encerraron en una celda con dos fascistas
fanáticos; un capitán de infantería y un teniente de
guardias de asalto. Durante todo ese tiempo apenas cruzamos palabras y había
un verdadero odio recíproco entre ellos y yo. Pertenecíamos
a dos mundos diferentes en guerra sangrienta. Este sectarismo entre
verdaderos enemigos de clase, lo comprendo y fortalece el ánimo.
Anoche ocurrió un pequeño incidente. Mis camaradas de habitación
tenían el periódico, y uno de ellos comenzó a leerlo
en alta voz a todos los otros que formaban grupo en torno suyo. Yo no osé
acercarme para oír la lectura. Temía ser indiscreto. Es posible
que ellos tampoco me dijeran nada porque creían que era una cosa natural
el que yo me acercara sin ser invitado. Es que mi susceptibilidad aumenta
a medida que pasa el tiempo.
3 de marzo de 1944. Hoy escribo dos cartas a María. Pero ¡cuántas
cosas que desearía decirle tengo que ocultar! y otras que aunque pudiera
no las diría. ¿Cómo decirle mi estado de espíritu?
Llevo tres días sin fumar absolutamente nada. Jamás me había
ocurrido en Mauzac una cosa igual. Pero allá siempre encontraba alguien
que me diera un cigarrillo.
Calculo que hay en la prisión unos 12 ó 14 españoles.
Hasta ahora no he logrado entablar diálogo con ninguno. Tampoco me
esfuerzo en lograrlo. Tengo la impresión de que procuran no yerme
y no seré yo el que vaya a buscarlos. A pesar de su mayor o menor
fanatismo estalinista estoy seguro de que no querrán comprometerse
hablando conmigo. El “ojo de Moscú” les excomulgará y, lo que
es peor, les retirará su protección material.
Es curiosa la cosa. El viernes 25, cuando llegamos aquí, a la media
hora de entrar en contacto con los otros, ya sabía yo quién
es el “ojo de Moscú”. Y mis observaciones posteriores me han demostrado
que estoy en lo cierto. Estos tipos tienen toda una serie de rasgos comunes
que es fácil distinguir aunque están mezclados con muchos otros.
4 de marzo de 1944. Mi situación sigue siendo verdaderamente enojosa.
Mi estado de ánimo continúa siendo triste.
En mi chambre reina un buen humor juvenil. Sobre todo por las noches se desatan
bromas y diversiones. Juegan a los acertijos de palabras, cantan en coro,
combaten entre ellos. Yo me acuesto, me cubro la cabeza, les escucho durante
un buen rato. A veces no puedo por menos de reírme, y el sueño
me vence siempre antes de que ellos terminen. Afortunadamente, a través
de toda esta larga etapa de prisiones, nunca he perdido el sueño ni...
el apetito. Tengo una gran facilidad para dormir en cualquier circunstancia.
Si las contingencias de la guerra permiten salir a todos en tropel, estoy
seguro de que desearán eliminarme. No me importa la muerte en sí;
pero sí la manera de morir. Claro está que mi verdadero deseo
es vivir, para poder hacer algo positivo en la vida. Tengo ahora más
ilusión que nunca. Y espero más de mí mismo.
Pero el sentimiento que sigue prevaleciendo en mí durante estos días
es el de la tristeza. Tengo una infinita amargura. ¡Me siento tan enormemente
solo! ¡Y tan abandonado de los amigos!
Cuando veo la situación en que aquí me encuentro y este abandono
de los camaradas, la desesperación se apodera de mí. Por haber
permanecido fiel a mi deber, la hostilidad se ha concentrado contra mí.
Sin embargo, aquellos a cuyas concepciones yo creía permanecer leal
me han olvidado. No he recibido de ellos ni el más débil aliento.
Se manifiesta en todo el miedo o el egoísmo. Pero a nuestro regreso
a España no dejarán de gritar presentándose como héroes,
y serán ellos los que tendrán razón.
5 de marzo de 1944. Los domingos son siempre para mí días un
tanto melancólicos. Hoy domingo, aún más. Es un día
frío, triste, desagradable. A las 9 he subido al comedor. Me he colocado
al lado de la estufa, que estaba encendida, y he tomado notas de libros que
últimamente he leído. Después de comer me he echado
un poco a dormir; me he quedado frío, y sigo estándolo y lo
estaré hasta que me meta en cama. Cuando estaba dormido me ha despertado
la sirena de alerta. Han pasado bastantes aviones y se han oído explosiones
y hasta ráfagas de ametralladoras antiaéreas.
Al dar las dos he salido al patio para ver de tomar el sol un poco. Pero
éste era muy flojo y desaparecía. Me tocaba mondar las verduras
con todos los de mi dormitorio, pero como no tenía navaja, nada he
podido. Esto ha contribuido a entristecerme. Me he dirigido a tres pidiéndoles
que me prestasen la navaja y me la han negado con pretextos. Esto me ha dado
la impresión de confirmar mis sospechas de que se trata de hacerme
el vacío a toda costa.
Con frío y con melancolía, he subido al comedor. Hay muy poca
gente. La mayoría están en los dormitorios hablando con los
camaradas o en el patio. Los presos que hay en el comedor juegan a las cartas
o al ajedrez. Yo he traído mis cuadernos para trabajar un poco. Sin
embargo, mi estado de ánimo no se presta a nada. ¡Cuánta
diferencia con Mauzac! Allí, a estas horas, siempre estaba con los
preparativos de la cena o bromeando con los camaradas. Aquí no tengo
con quien cruzar la palabra. Es el vacío más completo. Llevo
ya cinco días sin fumar absolutamente nada. Pedir, no puedo, y ofrecerme,
nadie me ofrece.
Tengo, además, un poco de dolor de cabeza. Es un reflejo del estómago.
He comido carne, y cada vez que la como la falta de masticación me
produce perturbación de estómago. Es una consecuencia de lo
descuidada que he tenido siempre la salud por entregarme enteramente a la
lucha.
En esta situación equívoca me doy perfecta cuenta de que mi
susceptibilidad es frecuentemente exagerada y me empuja a dar proporciones
colosales a gestos o hechos mínimos. A cualquier pequeño incidente
trato de darle explicaciones exageradas o sin ninguna relación con
el hecho en sí. El dolor de mi situación me impulsa a una sensibilidad
casi enfermiza.
No pudiendo hablar, observo. La mayoría de los militantes de aquí
tienen un aspecto completamente franco, sincero, entusiasta. La impresión
general no puede ser mejor. En principio, están animados de los mejores
propósitos y viven completamente ajenos al error en que navegan. Son
víctimas de un esquematismo sectario. Odian sinceramente. Se les han
enseñado unas reglas, a las cuales se atienen estrictamente para orientarse
en su conducta política. El que niega su verdad, que para ellos es
una verdad absoluta, es un enemigo sin atenuantes. No tratan de discutir
con el adversario para convencerlo, sino de aniquilarlo físicamente
porque estiman que la herejía no tiene perdón.
Me impresiona ver el ardor, el fervor de casi todos. Se adivina la honradez
de sentimientos Estudian con interés y pasión. Creen orientarse
en la ruta justa. Estiman prepararse para ser libres. He conocido muchos
así y en nuestros medios abundan. Pero la situación es también
propicia en su optimismo. Su entusiasmo no supone ciertamente un gran sacrificio.
Les alienta, en primer lugar, la perspectiva de una salida favorable. Se
encuentran con un ambiente general propicio. Tienen la simpatía y
el aliento de la mayoría de la población. Para muchos sus estudios
actuales, su preparación para el futuro no es tanto un bagaje para
ofrecerlo al servicio del proletariado y de la libertad económica
y política, como una iniciación para hacer una carrera política.
El militante comunista destacado no es ya un revolucionario que se sacrifica,
sino un político que prepara su ascenso y su progresión en
la escala de autoridades Vienen a aprovecharse de la ruta que otros han abierto
sacrificando toda su vida a la revolución. ¡Cuántas aves
de paso he conocido a lo largo de mi actuación! Gentes que han sido
incapaces de continuar a nuestro lado durante los periodos duros, que han
abandonado el movimiento y que en 1936, en el periodo de auge y de potencia
del PC han reaparecido para dar lecciones de conducta a diestro y siniestro.
Todavía no sé exactamente cuántos españoles hay.
Cálculo que de 12 a 14. Todas pobres gentes que jamás han debido
militar antes de 1936. Pero hay un joven que debe ser el exponente político
del grupo español No he cruzado todavía Con él la palabra,
ni creo que la cruzaré, y no creo equivocarme diciendo que es el tipo
perfecto de arribista. Tiene rasgos fisonómicos bastante parecidos
a los de Mariano Ballesteros. Creo que en lo moral debe ser bastante semejante
a él. Esquiva mi mirada, elude todo contacto y estoy seguro de que
es el encargado de alimentar la hostilidad contra mí. Es un pedante
integral. Debe haberse erigido en jefazo y teme mis críticas.
Continúa el frío, y tengo las manos heladas. Siento frío
en el alma. Be bajado a dar una vuelta por el patio. Solo todo el tiempo.
Llegaré a no saber hablar, a fuerza de no utilizar esta facultad.
Me sucede, además un fenómeno extraño. Cuando me dirijo
a uno, por ejemplo para pedir lumbre, lo hago con tal azoramiento y timidez
que no acierto a expresar en francés a fuerza de querer ser correcto
en el hablar. Y siempre tengo que repetir la frase.
Como casi todos, no tengo encendedor. Unos a otros se piden lumbre; y hasta
en esto estoy cohibido Antes de pedir lumbre, miro a todos los que están
fumando y me dirijo siempre a pedirla a aquel que yo supongo que debe ser
menos intransigente con respecto a mí. Manías que crea el aislamiento
en que me encuentro.
¡Cómo recuerdo otros domingos! No Porque entonces gozase de
una situación material mejor, sino por el recuerdo de tardes de agradable
camaradería. Respecto a la situación en que me encuentro hoy
es algo así como estar enterrado en vida. Es el premio de toda una
vida de fidelidad a los ideales, en nombre de los cuales se me quiere sepultar.
En esta situación todo lo veo negro, exagerado. A veces llego a pregunta
si no estaré demasiado envejecido. De ánimos me siento extraordinariamente
joven, emprendedor. Pero cada día oigo menos, he perdido mucho la
memoria, no tengo ni un diente. ¿Seré ya un hombre a jubilar?
No; estoy seguro de que cuando salga recobraré todo el vigor que me
falta. Creo que lo que me aniquila es precisamente la falta de actividad.
Es también esta pasividad la que cultiva mi pesimismo y la que da
tiempo a pensar en tonterías. Hago punto por hoy, ante el temor de
llegar a consideraciones aún más disparatadas.
8 de marzo de 1944. He dejado pasar tres días sin escribir mis sentimientos.
Llevo algunas noches que duermo mal; muy inquieto. Es consecuencia de un
estado exacerbado de nerviosismo. La situación en que me encuentro
me afecta mucho moralmente y quebranta mis nervios. Tengo pesadillas fuertes
y horrorosas. Ronco muy fuerte, de tal manera que mis compañeros de
dormitorio se han creído obligados a despertarme varias veces. Es
una cosa que no creo que antes me sucediera. Es un estado de nervios y moral
semejante al que antes me invadía cuando las cuestiones políticas
interiores me afectaban mucho. Pero entonces tenía siempre como consuelo
y escape el poder comunicar mis impresiones a María y encontraba en
su opinión y en sus consejos un consuelo y un aliento. Siempre, además,
había amigos identificados conmigo que me fortalecían en mi
posición. Ahora es completamente diferente el panorama. No tengo absolutamente
nadie con quien poder sincerarme. Soy completamente afectivo y me encuentro
aislado.
12 de marzo de 1944. He dejado pasar cuatro días sin volver a escribir
y hoy, domingo, vuelvo a hacerlo. El comedor está casi vacío.
Somos solamente cinco que escribimos. Los demás se encuentran en el
patio paseando o jugando al rugby. Cuando he subido, en un rincón
se encuentran reunidos una parte de los españoles. Es una reunión
política de célula. He procurado sentarme en el lugar más
alejado de ellos que he podido. A pesar de ello, hasta mí llegan algunas
de las frases que pronuncia el líder. Debe ser una exposición
teórica sobre el marxismo. ¡Qué vaciedad y qué
de tonterías! Los demás han intervenido después.
A primera vista, por lo que he podido deducir, es una composición
extraña la de estos celtíberos estalinianos. Hay dos que hacen
de líderes. Uno que debe ser el teórico y otro que parece el
político. El discurso ante el grupo ha corrido a cuenta de este último.
Un tipo perfecto de atorrante que habla con un desenfado de golfo y que se
nota inmediatamente que no tiene nada en común con la clase obrera.
Un prototipo de lumpen tan frecuente en los medios estalinistas.
Desde hace tres días me encuentro muy constipado. Anoche me acosté
a las seis y tomé dos aspirinas. Hoy me encuentro algo mejor. Ayer
tenía miedo de agravarme. Sin embargo, cuando me encuentro un poco
febril es cuando más siento la nostalgia del pasado, de una vida civilizada.
Es cuando más echo de menos a María. Anoche, antes de dormirme
por completo, daba vueltas a recuerdos pasados cuando en circunstancias semejantes
de salud me encontraba en mi casa de Madrid. Se presentaban a mi memoria
hasta los menores detalles de los cuidados que me dispensaba María.
Recordaba cuando yo me quedaba en cama mientras ella trabajaba. Antes me
había dejado todos los periódicos para que pudiera leer durante
su ausencia. Yo aguardaba impaciente a que fueran las doce y cuarto para
verla llegar. A esa hora llamaba ella al timbre de la portería; si
no tenía yo mucha fiebre y no estaba muy mal me levantaba a abrirla.
En el rellano de la escalera la aguardábamos el “Morito” primero,
después la “Puska” y yo. Ella procuraba también traerme siempre
alguna de las cosas que sabía que me agradaban. Si era domingo el
día que yo me encontraba en cama, entonces acudía siempre algún
amigo y pasábamos una buena tarde. En la lejanía del tiempo
estos recuerdos siguen todavía latentes en mí.
Han terminado la reunión los españoles y han pasado por delante
de mí. Me ha parecido que dos me miraban de una manera odiosa. Es
posible que como consecuencia de la propia reunión se hayan exacerbado
en su sectarismo, o que hayan hablado contra mí y estos dos hayan
ya querido contraer méritos dirigiéndome una mirada enconada;
también es posible que yo haya interpretado mal un gesto.
No puedo decir que haya nada nuevo importante que anotar en mi situación,
es decir, puedo decir que hasta encuentro que la situación es ahora
menos tirante. Es natural y se explica. Durante unos días he sido
una “novedad”. Los jefazos al comienzo han descargado sus baterías
y las han concentrado contra mí y contra “los traidores trotskistas”,
“la quinta columna”, etc., etc. Pero es imposible mantener esta tensión
indefinidamente. Llega al cansancio y la preocupación por otras cosas.
Como mi actitud es de indiferencia, esto también les desarma.
No obstante sigo encontrándome solo sin tener con quien comentar mis
pensamientos y mucho menos mis impresiones. Esto desarma mucho moralmente.
Es también embrutecedor. Encontraba más comprensión
en Mauzac, por parte de individuos que ni participaban de mis mismas ideas
políticas, ni tenían la misma sensibilidad. Tenían un
cierto espíritu humano, y esto basta. De Martineto guardo siempre
un buen recuerdo.
Además, si bien ha cedido un poco la animosidad, sigue estando latente
y puede surgir cualquier día, incluso con más virulencia que
antes. Sé bien lo fácilmente sugestionables que son estas gentes
y cómo con nada se les inflama a placer. Bastará el más
mínimo incidente para que estalle todo el sectarismo oculto. María
lo prevé. Nada le he dicho de mis inquietudes actuales —ni siquiera
se lo he dado a sospechar— y ella lo vislumbra.
Lo que sigue afectándome profundamente, y esto es lo trágico
del estalinismo, es que cada vez que voy conociendo más a los presos
con quienes convivo, me doy cuenta de que la mayoría tienen una inmensa
buena fe y son enteramente sanos de espíritu. Caminan por la ruta
del error, pero con absoluta buena voluntad, incluso los tres que en mi concepto
hacen aquí las veces de líderes. Hay un intelectual y dos obreros.
El intelectual es un judío, tipo ajeno al proletariado, sectario cien
por cien, arribista acabado. Los dos obreros me hacen una impresión
magnífica. Tipos de militantes de todo corazón, sencillos y
devotos del partido.
Ayer y hoy me encuentro bajo la impresión de dos lecturas: una carta
que he recibido ayer de María y una novela, L ‘Ordre de Marcel Arland.
El día 9 fue el tercer aniversario de la primera carta que escribí
a María desde Montauban, la primera de mi encarcelamiento, y que María
no llegó a recibir hasta un mes después. El 9 de marzo de 1941,
conocida mi desaparición, fue el día también en que
María se trasladó a Toulouse para hacer investigaciones y presentó
una denuncia a la policía por mi desaparición.
María me recuerda en su carta los días de angustia que pasó
entonces; me consideraba casi perdido para siempre. Se encontraba ella completamente
sola en Barbazan recién llegada y sin amigos. Mientras tanto, en una
celda yo me consumía de desesperación pensando en ella y en
la tragedia en que la suponía sumida. En nuestra existencia dejarán
siempre aquellos días un amargo recuerdo. Con qué congoja me
debatía yo en la celda. La suponía perseguida también
y quizás encarcelada. Me consumía la tristeza pensando en ella.
En el curso de esta etapa tan accidentada que hemos pasado, María
ha demostrado verdaderamente un enorme valor. Sin reparo ni timidez, fue
capaz de trasladarse a Toulouse, de preguntar por mí en todos los
lugares oficiales y de terminar presentando una denuncia por secuestro.
Recuerdo todavía los primeros versos que escribí en Montauban.
Es decir, los primeros y los últimos, porque después no he
vuelto a escribir más poesías. No rebrota en mí la vena
poética. Aquellos los escribí bajo una verdadera fiebre de
tristeza y concentrando todo mi pensamiento en nuestro amor. María
comprendió en seguida su especial melancolía y acertó
a adivinar que sólo la nostalgia me los inspiraba. Bienaventurado
el día en que floreando la paz a nuestro lado podamos leerlos para
repasar los recuerdos amargos de un periodo en que nuestro amor se fortaleció
y se hizo más consciente.
14 de marzo. Dejé el domingo para extenderme sobre otra cuestión
en
tomo a la cual también tengo que escribir más, referirme a
la novela L´ Ordre de Marcel Arland. Es bien cierto que nada hay menor
que
una buena lectura. Durante cuatro días esta excelente novela ha sido
mi mejor compañera.
Hay dos aspectos de ella que son los que principalmente me han impresionado:
el amor de los protagonistas y las reacciones temperamentales de él,
de Gilbert. Toda la novela transcurre sobre el fondo sereno de una gran pasión
amorosa: ese amor silencioso y fiel de Renée, de sacrificio en sacrificio,
y siempre incomprendidos tiene una extraordinaria fuerza trágica y
humana. Es un amor que a veces no acierta a tomar una expresión definida
para mí, pero que está preñado de sentimiento humano.
Arland, con un ritmo lento, al estilo de las grandes novelas francesas del
siglo XIX, ha desarrollado una epopeya amorosa contemporánea.
La figura de Renée es ingenua, pero completa. Es todo un proceso de
resignación de ella al que asistimos. Es su figura de una delicadeza
plástica completa. En el transcurso de la acción, hay momentos
en que dos palabras suyas cambiarían el curso de los acontecimientos;
pero ella no osa pronunciarlas ante el temor de equivocarse. Por otra parte,
ella no ha llegado a comprender a Gilbert. Ella le ama y tiene una infinita
confianza en él. Acepta todas sus reacciones; pero no se puede decir
que las comprenda. Su confianza es tan absoluta que, aunque sintiendo que
Gilbert camina hacia el abismo, no tiene suficiente voluntad para desviarle.
Gilbert es una personalidad psicológica no frecuente, pero tampoco
excepcional Si me ha interesado su carácter, es porque a través
de él he descubierto rasgos semejantes a los míos: la timidez,
y su corolario natural la violencia desarticulada, a destiempo. Esa condenación
de sí cuando estima que un acto suyo ha hipotecado su independencia.
Una gran arbitrariedad de conducta guía su vida. Tiene confianza en
sí, pero sin realizar el menor esfuerzo para dar a sus acciones un
sentido creador. Ama a Renée con pasión, pero él mismo
se crea los motivos para atormentarse constantemente.
16 de marzo. Sin novedad importante. La hostilidad sigue latente Y también,
quizás, el propósito de ataque. Naturalmente no pueden por
menos a medida que pasa el tiempo de charlar un poco sobre cuestiones políticas.
Deliberadamente yo permanezco alejado de toda discusión y hasta del
más mínimo comentario. Pero ¡qué bajo nivel el
de todos, qué esquematismo sectario, qué limitación
de horizontes! Prosperando esta mentalidad, la civilización socialista
no ganará nada.
Anoche el literato estaliniano de mi dormitorio comenzó la lectura
de una novela que ha escrito sobre la represión. El pobre tipo no
tiene la menor sensibilidad literaria, ni el más mínimo rasgo
artístico. La novela parece una larga crónica escrita por un
reportero de sucesos. Es de una estupidez supina sin ninguna fuerza literaria,
ni ninguna emoción. Naturalmente la lectura despertó un gran
entusiasmo en todos, que enseguida se desataron en grandes elogios. El autor
pidió la opinión a todos, menos a mí. Me hubiera colocado
en una situación difícil sin saber qué decirle.
Es curioso: deben tener un poco el concepto de que yo soy un ignorante o
por lo menos un poco imbécil. El hecho de que no hable a la perfección
el francés les da un tanto la impresión de inferioridad.
Hablan ahora algunas noches un poco de política. Se expresan con una
admiración beata sobre las cosas del partido y sobre sus jefes e intelectuales
simpatizantes. Es un sectarismo tan cerrado y tan estéril que mete
miedo. Llega uno a la conclusión de que nuestras mentalidades son
completa ente diferentes Y que un abismo “las separa”.
¡Y las cosas que dicen sobre la URSS! Uno dijo anoche —el mismo que
sin haber leído a Malraux le cree el mejor escritor francés—
“En Rusia es imposible el espionaje, cuando los trotskistas han querido levantar
la cabeza se les ha barrido.” Yo estuve por haberle preguntado. ¿Tú
sabes lo qué es el trotskismo? Pero esto hubiera supuesto establecer
una batalla y yo estoy decidido a realizar todos los esfuerzos posibles por
mantenerme neutral. En el concepto de -ese desgraciado, los trotskistas son
meramente espías. Sería imposible convencerle de su error.
Es lo que le han inculcado.
Sigo sin tener posibilidad de entablar diálogo con nadie. La cuestión
me afecta sólo moralmente y porque a veces se siente la necesidad
de charlar un poco, de cambiar impresiones. Prácticamente, no me preocupa
porque entretengo bien el tiempo. Tengo muchas cosas que leer y escribir,
y las horas pasan rápidamente. Es decir, casi desearía que
el día tuviera más horas para poder trabajar mejor. Es este
ambiente de tirantez lo que más me afecta.
18 de marzo. Ayer he recibido una carta de María, que me ha afectado,
no por lo que ella diga concretamente, sino por lo que yo creo adivinar.
Olivé le ha escrito diciéndole que yo me encuentro muy bien
de salud e incluso más joven. Es cierto que estoy mejor que nunca
y que incluso no he envejecido mucho. Debe ser una consecuencia de la vida
de reposo que para mí supone la cárcel y de los cuidados alimentarios
que siempre me ha prodigado María.
Pero aprovechando esta impresión que la da un amigo con respecto a
mí, ella agrega que le ocurre todo lo contrario, que ha envejecido
mucho, pero mucho, agrega. Dice que todo el mundo le dice lo mismo. Una cosa
semejante me lo ha escrito ya dos o tres veces más.
Tengo la seguridad de que a las pocas semanas de terminada esta pesadilla
volverá a ser otra. Recuerdo cuando volví a encontrarla en
la estación de Tours el día 11 de julio de 1940. Me quedé
sorprendido de verla tan cambiada, tan delgada, ¡qué impresión
me produjo verla salir por la puerta de la estación! Tan pobrecita
vestida y con aquel pequeño cestito por todo equipaje. Yo estaba acostumbrado
a verla siempre bien vestida, y sobre todo muy bien calzada. Daba la impresión
de haber caído en una gran pobreza. Yo estaba profundamente impresionado.
Cuando subimos y nos sentamos en el auto, ella se echó a llorar con
el más grande sentimiento con que jamás la he visto. Solamente
los dos días que pasamos allí en Tours, ya la cambiaron mucho,
y los días de París la transformaron radicalmente. ¡Qué
contenta estaba hasta que estalló la guerra! Me acuerdo perfectamente
de qué manera conocimos la declaración de guerra. Eran las
7 de la mañana y yo llegaba de Chartres muy contento porque había
logrado mi legalización. Ella estaba fregando el suelo de la habitación.
Se puso muy contenta. De repente, la radio nos dio la noticia de que el ejército
alemán había invadido Polonia; toda nuestra alegría
anterior se convirtió en tristeza. Comprendimos que comenzaba otra
odisea. Así ha sido. Desde entonces no hemos tenido ni un momento
de tranquilidad. Todo ha conspirado contra nosotros. Como diría la
canción, “la felicidad florecerá en la paz”. Conoceremos todavía
años de felicidad, de una felicidad mucho más consciente que
en el pasado.
Anoche fue bombardeado el polvorín de Bergerac, a eso de las once;
yo estaba profundamente dormido. Me desperté porque mis compañeros
de dormitorio se levantaron todos para ver lo que pasaba. Se divisaban los
aviones, y los ruidos y los comentarios en alta voz terminaron por despertarme.
Yo permanecí todo el tiempo acostado. No puede calcularse cuántos
aparatos había; pero por el ruido se comprende que eran bastantes.
Durante más de un cuarto de hora estuvieron volando por encima de
Bergerac. Se oían perfectamente sus motores y estuvieron más
de un cuarto de hora sólo volando y sin tirar una bomba.
Después comenzaron a lanzar bengalas, y tras cada bengala se oía
el estallido de una bomba. Hubo tres cuya detonación se oyó
muy fuerte. Inmediatamente después de una, se oyó incluso la
caída de cristales rotos. El estallido hizo vibrar un poco el edificio
de la prisión. (Después nos hemos enterado de que en los dormitorios
de arriba se han roto los cristales y que en otro un pedazo de techo se ha
venido a tierra.) Al surgir este estallido teníamos la impresión
de que la bomba había caído cerca.
En vista de que los compañeros de encima del nuestro se habían
vestido como previsión, unos camaradas de dormitorio también
decidieron todos vestirse para estar preparados. Yo continué en la
cama. La mayoría estaban bajo los efectos de un gran nerviosismo,
porque son varios los que jamás habían presenciado un bombardeo.
Han confesado después casi todos que han pasado miedo. Yo, no. No
quiero con esto decir que yo sea más valiente que el resto. No, sencillamente
creo que la explicación estriba en que yo soy un tanto fatalista.
Creo que lo que debe suceder sucede. Me he insensibilizado ante la idea de
la muerte. Pero casi todos los otros están un tanto atemorizados.
Se han sorprendido de que inmediatamente de terminado el bombardeo yo estuviera
ya roncando. La mayoría han dicho que apenas han podido dormir.
Sin embargo, el bombardeo de anoche parece que sólo ha originado dos
muertes, de dos guardianes de allí. Todas las bombas han caído
completamente dentro del polvorín y han arrasado todo. Ninguna bomba
ha caído fuera de la fábrica. Se comprende ahora por qué
estuvieron volando durante más de un cuarto de hora sin arrojar bombas.
Querían asegurarse de que las arrojaban sobre objetivos precisos.
Lo han hecho de una manera que pudiéramos llamar humana. Todo es relativo.
Pensando en estas cosas, se siente la brutalidad de la guerra. Esta barbarie,
este salvajismo no tiene nombre. Hacen vivir a pobres gentes bajo el terror
constante; es una de las manifestaciones de la civilización.
Es hoy un espléndido domingo de sol. Voy ahora a bajar un rato al
patio a tomar el sol y a ver cómo, al igual que todos los domingos,
juegan al rugby.
Desde mañana voy a cambiar mis costumbres durante el día, porque
comienza a hacer buen tiempo. Hasta hoy, estando en el dormitorio leía
y durante las horas que estamos abiertos salía al comedor para escribir.
Ahora escribiré de 12 a 2 y después de 6 a 8 y leeré
el resto del tiempo en el patio, tomando el sol. Así aprovecharé
el sol, que fortalece bastante físicamente. Quiero conservar la forma
para cuando salga.
21 de marzo. He pasado una noche muy inquieto, y todavía estoy bajo
los efectos de esta inquietud. Desde el jueves no he recibido ninguna carta
de María.
Es en estas circunstancias también cuando echo de menos un camarada
de confianza con el cual poder cambiar impresiones y encontrar un poco de
confortamiento. No tengo a quien confiar mis inquietudes. Anoche, cuando
entré en el dormitorio me acosté enseguida. Cuando estoy nervioso
o inquieto, parece que acostándome me siento más tranquilo
porque es una manera más eficaz de aislarme y concentrarme en mis
pensamientos. Pero con esta preocupación he tenido un sueño
intranquilo.
Nada más levantarme he salido a dar un paseo por el patio para distraerme.
Son las nueve y media y me he puesto a escribir estas notas.
¡Ay! respiro un poco. He sido llamado para recoger un colis. Este colis
salió el sábado. Por lo tanto hasta dicho día nada de
anormal le había sucedido a María. Puede que todo se reduzca
a un retraso más del correo. De todas maneras no me queda más
que aguardar a las cinco y cuarto, la hora del correo.
Ha llegado la hora del correo y me han entregado dos cartas, del jueves y
del sábado.
Me incluye María en la suya del sábado una tarjeta de Miss
Wicke. Ella habla de Dino (Ignazio Silone) y de su posible evolución.
Otro día comentaré este caso que es revelador de un estado
de espíritu que puede convertirse en muy peligroso.
23 de marzo. Nada de nuevo en mi situación. La frialdad de todos respecto
a mí sigue siendo la misma. Pero cuando se habitúa uno, se
llega a olvidar incluso la hostilidad que nos rodea. Con los compañeros
de dormitorio puedo hablar sobre cuestiones generales. Sin embargo, yo procuro
hablar lo menos posible. Es la mejor manera de evitar todo roce.
En su tarjeta Miss Wicke deja entender que es muy posible que Dino evolucione
hacia el cristianismo Ella lo dice a título confidencial agregando
que después de su última novela (debe ser Pan y Vino), sobre
todo en la edición italiana que es posterior a la alemana, ya veía
una cierta tendencia en este sentido. Es cierto que me produjo una extraña
impresión la lectura de Pan y Vino. Hay como protagonista un cura
revestido de todas las virtudes y de un misticismo muy acentuado. Yo no comprendí
entonces qué finalidad perseguía con la idealización
de este cura. Puede que ahora, si se confirma su conversión, tengamos
la explicación.
Con él serían tres los casos, que yo recuerdo ahora, que partiendo
de nuestro campo pasan a la religión, a la fe: Henriette Roland Holst,
Charles Plisnier (que al final de Faux passeports parece hacer una declaración
de vuelta a Dios) y Dino. Son espíritus ultra sensibles, casi enfermizos,
en los que una desilusión quebranta toda su alma. La crisis del movimiento
revolucionario y los métodos que en él prosperan les han desencantado
No acertando a superar la crisis, no teniendo suficiente fuerza de ánimo
para reemprender la marcha, se deciden por la religión resolviendo
así todos los problemas que se ofrecen a su duda.
No comprendo esta manera de evolucionar. Creer en lo que no puede creerse,
revela debilidad de alma y cobardía de espíritu. Comprendería
más la evolución en un sentido individualista, de desinterés
por la colectividad. Pero por la religión, jamás
En fin, a pesar de todo, Dino será siempre para mí un gran
amigo. Además sé bien que su evolución, si se confirma,
es una evolución sincera, honrada. Dino siempre me ha dado la impresión
de un místico, Y siempre ha sido un poeta. Pero yo quisiera poder
conversar largamente con él para conocer de qué manera se ha
operado la evolución en él.
Es muy posible que se hayan producido muchos cambios en sentidos completamente
diferentes y contradictorios entre los amigos y conocidos; el fin de la guerra
nos reservará sorpresas, Cuando se haga el recuento, no sé
si volveremos a encontramos muchos en la misma posición. Y continúo
al pie del cañón, a pesar de que habrá muy pocos que
puedan presentar una hoja de servicios preñada de sacrificios como
la mía. Para mí, la lucha es el mejor aliciente.
24 de marzo. María me ha incluido también una carta de Quiqui
(Quique Rodríguez). Es interesante por lo que en ella deja entender.
Pienso hacer lo posible por contestarle.
Quizás al final de la guerra y a nuestro retomo a España se
pueda
hacer allí algo positivo. Sin embargo, tengo mis dudas. La experiencia
ha sido demasiado amarga y desconsoladora para que yo abrigue esperanzas
No obstante, hay que intentarlo. Puede ocurrir que encontremos el medio de
entendernos. Nuestro partido está pleno de gentes
de buena fe y de un sincero idealismo. Les inutiliza meramente el tener una
concepción demasiado limitada de todo. Es posible que esto se corrija
Todo dependerá en gran parte de la posición que adopte Kim
(Maurín). Éste es el que verdaderamente puede decidir en uno
u otro sentido.
Veremos en qué sentido ha evolucionado.
He intentado nuevamente escribir alguna poesía; pero no lo logro.
No acierto. Y es verdaderamente curioso con la facilidad que me salieron
las que escribí en Montauban, que fueron también las primeras
de mi vida. A partir de entonces, imposible de terminar una. María
ha acertado a explicar por qué. Entonces atravesaba el periodo más
triste de mi vida. Para sentirme poeta, necesito estar triste; casi inconsolable.
Prefiero no estar triste, aunque “sufra” mi calidad de poeta.
No obstante, ahora a las preocupaciones que tenía se agrega otra.
Tengo la impresión, por las últimas cartas de María,
de que su situación económica debe ser bastante apurada. Es
mucho el gasto que mis colis la originan Menos mal que tengo la impresión
de que la guerra no puede durar mucho. La situación de Alemania es
muy difícil, a deducir por las noticias que aquí recibimos.
El desembarco, el tan anunciado y esperado desembarco, no creo que se haga
esperar mucho.
Ahora todos los días se lee el periódico en común. Siempre
antes
de comenzar la lectura, si no me acerco al grupo, ellos mismos me llaman
Están bastante correctos conmigo; pero es una corrección fría
y llena de reservas.
26 de marzo. Hoy es domingo. Un domingo espléndido de sol. Escribo
a la una, antes de salir al patio. Esta tarde no pienso ir al comedor a
leer. Quiero pasarla en el patio tomando baños de sol. Ayer me he
pesado: 70.5 Kg. (a María le digo que 73 Kg.); en un mes he ganado
dos kilos y medio.
Me doy cuenta de que poco a poco me alejo del objetivo que tenía al
comienzo de escribir estas notas. Ahora escribo todas mis impresiones, constituyendo
así este cuaderno una especie de diario. Forzosamente tenía
que ocurrir. Pero, sin embargo, cuando lo pienso me doy perfecta cuenta de
que la situación no ha cambiado. Únicamente no es tan fuerte
la tirantez aparente porque todo cansa.
Nada que anotar, sino que ha hecho un día espléndido de sol
para haber paseado con María. Pero tengo que resignarme a tomar el
sol en el patio de la prisión. Hoy, por primera vez, lo he tomado
con el cuerpo desnudo, es decir, un verdadero baño de sol. Procuraré
seguir haciendo lo mismo todos los días. Es posible que sea muy bueno
para la salud y mi aspiración es salir lo más fuerte posible
de esta prisión.
29 de marzo. He pasado por la biblioteca para cambiar los libros. Ninguna
facilidad. Observo una resistencia pasiva a darme satisfacción. Los
mejores libros de la biblioteca los vengo pidiendo sistemáticamente
desde hace un mes. No logro tener ninguno. Siempre están en lectura.
Siempre hay obstáculos para poder complacerme. Hoy me he retirado
asqueado, pensando no acudir más en busca de libros; pero después
he pensado que proceder así sería cometer una tontería.
Dado que no dispongo de otros libros, no tengo más remedio que acudir
a la biblioteca, si no quiero morirme de aburrimiento. La conducta a seguir
por mi parte es la de no darme por enterado y despreciarles olímpicamente.
En la biblioteca trabajan un joven estalinista, profundamente antipático
y con todas las maneras de un pequeño burgués, y también
el “ojo de Moscú”.
¡Qué osada es la ignorancia! Constantemente observo en mi dormitorio
cómo individuos de una supina ignorancia se permiten opinar sobre
todo lo divino y humano. Lo más estupendo es que hacen semblante de
despreciarme juzgándome un ignorante que no está a la altura
de ellos. Estoy convencido de que me tienen casi por un majadero. Así
es de grande su estupidez.
En cambio vengo observando que cada vez que en el comedor está el
“ojo de Moscú”, cuando yo levanto los ojos siempre me encuentro con
su mirada. Esto indica que siempre está en plan de observador.
Naturalmente no es mucho lo que puede encontrar de nuevo. Pero es profundamente
desagradable sentirse siempre espiado.
2 de abril. Hoy domingo, como de costumbre, quiero extenderme un poco más
en estas notas. Los domingos, por acordarme más del pasado y porque
ahora no sé por qué me siento más triste que los otros
días, tengo necesidad de encerrarme en la intimidad de estas notas.
Hace dos días que me ha ocurrido un incidente que ha venido a confirmar
una vez más todas las sospechas y temores que tengo. Un joven guardián
de la prisión (que, por cierto, sabe español y hacía
la censura de las cartas españolas) pasó al patio a despedirse
porque ha presentado la dimisión del cargo - Estaba bastante borracho.
Dio la mano y abrazó muy cordialmente a todos. No sé si con
cordialidad afectiva o derivada del exceso de vino. Yo estaba sentado cuando
llegó delante de donde me encontraba; dio la mano a los que estaban
a mi lado. Me la tendió a mí también y yo hice el mismo
movimiento que él, pero cuando ya íbamos a estrecharnos las
manos él retiró la suya y me dijo: “A ti como hay que hacerte,
¿así (y puso el brazo con el puño cerrado a la manera
comunista) o así?” (y puso el brazo a la manera fascista). Yo le dije:
“Yo soy un revolucionario”. El agregó: “Espero que volverás
a ser un hombre”. No sabía, evidentemente, muy bien lo que decía
porque estaba completamente borracho. Pero esto ocurrió delante de
las filas comunistas y varios de ellos se quedaron un poco perplejos. Uno
que estaba a mi lado, y que es del mismo dormitorio que yo, me dijo: “Está
borracho”.
El hecho es típicamente revelador del ambiente que se me ha hecho
aquí. Se trata de un guardián ante el cual yo creía
haber pasado completamente desapercibido y hasta hubiera creído que
no sabía ni mi nombre. Un tipo perfecto de sujeto sin oficio ni beneficio
como lo indica el hecho de haber aterrizado en el mundo como guardia de prisión.
Tipo capaz de todo, pero que en estos tiempos navega con la corriente. Le
han debido explicar que yo soy de la “quinta columna”, un fascista, un trotskista,
etc. Puede que incluso lo haya creído todo. Estoy seguro de que los
que le han calentado los cascos contra mí son los dos españoles
que hacen de cabecillas políticos y teóricos del grupo español.
Estos se creen obligados a recargar las tintas contra mí para de esta
manera valorizarse ellos más. La cosa es clara y evidente.
Una campaña similar se ha debido hacer contra mí cerca de todos
los detenidos, que también de buena fe es posible que crean una parte,
por lo menos, de lo que se han encargado de inventar. Distingo muy bien la
táctica de aislamiento que conmigo se persigue. Como ya he dicho otros
días, aparentemente, si no tuviera yo experiencia, creería
que esta hostilidad se dulcifica; pero sé bien que no es así.
En el fondo subsiste siempre una atmósfera cargada de electricidad.
Revelador es también el hecho de que son precisamente los españoles
los que más rehuyen el cruzar la palabra conmigo. Observo en el patio
que cuando por cualquier circunstancia fortuita se encuentran un momento
al lado mío y se aperciben de ello, inmediatamente se separan. Hay
que compadecerles En el fondo, son unos desgraciados. Ni mentalidad, ni espíritu
de revolucionarios tienen. La revolución les ha arrastrado a la emigración
(seguramente casi todos podían haberse quedado en España, sin
riesgo alguno) y ahora aquí se mantienen en los medios comunistas
como única forma de vida. Aquí tienen que mostrarse como muy
disciplinados y ortodoxos, para que sigan echándoles de comer.
En cambio, los de mi dormitorio cada día están menos fríos
conmigo. Me hablan más frecuentemente y siempre tienen la amabilidad
de invitarme a escuchar la lectura del periódico Afortunadamente conozco
las noticias al día, que es una de las cosas que más me interesa.
Pero a pesar de todo, yo no me engaño sobre el verdadero estado de
espíritu de todos ellos.
Sigo sin sentirme seguro. Para mí siempre es una incógnita
el mañana, es decir, cómo terminaré esta larga etapa
de sufrimientos morales y materiales. Nunca he sido excesivamente pesimista
y casi siempre he tenido bastante confianza en mi buena estrella. Nunca me
creí en peligro, ni en Barcelona, ni en Madrid, ni en Valencia. Pero
ahora las circunstancias son completamente diferentes En esta ratonera estoy
a merced de lo que quieran hacer de mí.
Con todo y apreciar mucho la vida, no es la sensación de peligro,
lo que me deprime. Es la injusticia, la monstruosidad que supone la situación
en que se me quiere colocar. Treinta y dos años al servicio del proletariado,
pasando todo género de calamidades y sacrificios, para que ahora,
con una facilidad asombrosa, se me quiera presentar como un enemigo de la
clase obrera. Es lo infernal de estos métodos, de este sistema de
combate lo que me descorona y me aterra al pensar en la degeneración
en que se ha caído.
Algunas veces me pongo mentalmente a hacer un estudio psicológico
de ciertos militantes de aquí. Se observa en seguida que no están
vinculados a las tradiciones del movimiento revolucionario. Son militantes
de 1938 y todo lo más de 1936. Nada conocen del pasado, es decir,
nada conocen de una manera auténtica. Todo se les ha explicado falsamente
y todo lo han creído. No tienen mala fe, sino una extraordinaria credulidad
y poco afán de conocer la verdad. Los Verdaderos responsables son
los estafadores políticos que les han engañado.
Cuando me ocurre una cosa como el incidente del guardián, me desespero
de indignación. Hubiera saltado a su cuello para estrangularle. ¿Pero
qué hubiera adelantado? Esta mentalidad es necesario combatirla políticamente
Lo que quisiera impedir es el caer en un estado de Postración cuando
sucede un hecho así. Me duele el comprobar a qué estado de
cosas hemos llegado.
Hoy me he puesto a leer una novela. Hay en ella dibujos, sin ningún
valor especial, pero que representan pequeñas casas en medio del campo.
Es la vida de un pueblo y los dibujos representan motivos con relación
a las costumbres campestres Hay una casa modesta, con una gran habitación
a la entrada, a manera de recibimiento. Durante Unos momentos, distraídamente,
me he quedado contemplándola y como si estuviera en sueños
me he puesto a pensar lo bien que estaría yo allí, retirado
del mundanal ruido y de las intrigas, en compañía de María.
Pienso a veces muy intensamente en que un día nos retiremos a vivir
modestamente en el campo. Siento nostalgia de la tranquilidad.
Sin embargo, dudo que en el futuro quede inactivo. El odio contra toda injusticia
es tan fuerte en mí, que no puedo por menos de combatir.
Lo más interesante es que yo no creo que haya guerra para mucho tiempo.
Los alemanes no podrán resistir mucho dado el ritmo a que avanzan
los rusos, que se encuentran ya en Estonia, Letonia, Polonia, Rumania y puede
que también en Hungría. Si los angloamericanos desembarcan
pronto, yo creo que la guerra es sólo cuestión de semanas.
Esta noche a las dos de la mañana una fuerte explosión nos
ha despertado a todos. Después hemos visto que se elevaban grandes
llamas, que iluminaban el cielo. Ha sonado la sirena, pero no la de Bergerac,
sino una más lejana. Por lo visto ha Volado lo que quedaba del polvorín.
Pero no sé si ha sido una bomba o un acto de sabotaje.
Sigo también preocupado por la situación económica de
María. A pesar de que ella trata de tranquilarme, yo sé bien
leer entre líneas sus cartas. El único consuelo que tengo es
creer que la guerra no puede durar mucho.
Todos están en el patio, porque hoy han organizado una “prueba” atlética,
consistente en diversos ejercicios. Yo me he refugiado en el comedor donde
estoy solo. Terminada esta nota bajaré al patio a pasear un poco hasta
la hora de cenar. Tomaré también una aspirina porque tengo
un dolor de cabeza que va en aumento. Es como siempre, un reflejo del estómago,
que ahora, como mastico muy mal, va peor.
5 de abril. Nada de interés a anotar. Se rompe cada vez más
el hielo que me separaba de mis compañeros de dormitorio. Hay dos
o tres, precisamente los que son mejores militantes y más fanatizados,
que son excelentes personas, de un gran espíritu de generosidad y
compañerismo. Anoche estuvimos un poco hablando sobre la economía
francesa. Yo les expliqué un poco la vida de miserias en que se desenvuelve
el obrero en España y cómo el obrero francés vive muy
bien en relación con el español.
He decidido escribir todas las semanas a María una carta en español
y otra en francés. Con la primera, en español, quiero irle
expresando la parte de mis pensamientos y sentimientos que pueda. Me gustaría
poder escribirle ampliamente, sin limitación, como se hace en España.
Así podría hacerle una especie de diario. Ahora tengo siempre
muchos proyectos de cosas a escribir; pero no escribo todo lo que verdaderamente
podría. El no tener la seguridad de que no se perderá; el temor
a que todo se pierda o tenga que destruirlo como ya me ha sucedido bastantes
veces desde 1936, hace que tenga cierta pereza de escribir. Hace más
de un mes que he comenzado a tomar notas para una obra que quisiera hacer
sobre la crisis moral del socialismo. Apenas he escrito ocho páginas.
Ahora pienso también intentar algunas poesías; pero no creo
lograrlo porque no estoy inspirado.
Anoche ha sonado la alerta a las 11 y ha durado hasta las 2 1/2. Hemos sentido
pasar olas y olas de aviones durante dos horas y media. Se oía perfectamente
el ruido de los motores. Pero no lanzaron ninguna bomba. Bergerac no era
su objetivo esta vez.
Es terrible observar el pánico que les invade a algunos, que no pueden
ocultarlo y que se manifiesta por un gran nerviosismo. Casi la mitad del
dormitorio no había asistido nunca a un bombardeo. Y los más
desgraciados son los que tienen más miedo a la muerte.
Yo me desperté un momento cuando sonó la alerta. No sé
por qué asociación de ideas me puse a pensar en las pobres
mujeres que tengan tres o cuatro hijos pequeños; los momentos de angustia
que deben pasar al sonar las sirenas, sobre todo porque parece que no hay
en Bergerac refugios que merezcan el nombre de tales. Es verdaderamente cruel
y bárbara la guerra.
7 de abril. Sigue transcurriendo sin ninguna novedad mi vida aquí.
Únicamente que ahora tengo más ocasión de entablar diálogo
con mis compañeros de dormitorio. Anoche estuve hablando bastante
tiempo sobre temas literarios. Pero quiero reducir al mínimo estos
diálogos, no vayan a creer que quiero entrometerme. Ya de por sí
mi carácter es reservado y mucho más lo soy cuando estoy seguro
de que no se me aprecia.
Lo que sigue preocupándome es la situación económica
de María, pues tengo la impresión de que es muy mala, aunque
me dice siempre que no. Pero se expresa de una manera optimista para que
yo no me preocupe. Temo que no tenga nada de dinero como reserva y que un
día pueda caer enferma. Claro está que en último extremo
todavía tiene bastante ropa mía buena que podía vender.
Después de casi tres semanas de muy buen sol, el día de hoy
es sombrío y hasta un poco frío. Hoy siento intensamente la
nostalgia de la libertad. Se me hace la prisión casi insoportable.
Siento la necesidad del aire libre, de ver el campo más que la ciudad.
Si estuviera en libertad, junto a María, es posible que a estas horas
estuviéramos juntos paseando por Barbazan y sus alrededores. Tengo
ganas de ver el campo, de coger una rama y de ir caminando jugando con ella.
En el futuro apreciaré el campo mucho más que en el pasado.
Con frecuencia, desde que estoy encarcelado, he pensado que quizás
he pasado por la vida un tanto inconscientemente sin apreciar lo que ella
tiene de agradable, las alegrías que nos proporciona. Mi infancia
y mi juventud han sido infinitamente tristes, de privaciones y miserias.
He pasado toda la juventud desenvolviéndome en un medio económico
de más miseria que el de muchos obreros. Hasta que me he casado, casi
puedo decir que no he sabido lo que era comer ciertos platos. Mi juventud
la he pasado metido en bibliotecas, en reuniones políticas, en actividades
revolucionarias. Ni siquiera he llegado a gustar de la belleza de la naturaleza.
Hoy hay gran trasiego de limpieza en toda la prisión. Está
anunciada la visita del general. Pero ya tengo experiencia, por lo que en
Mauzac ocurría, de lo que son estas visitas anunciadas. Nadie le ve,
no entra en los dormitorios y se limita a visitar la cocina y probar la sopa.
9 de abril. Sigo sintiendo los domingos la necesidad de refugiarme en el
comedor para escribir algunas líneas en este cuaderno. Este domingo
con más razón porque hace frío y hasta llueve. Pero,
en realidad, tengo poco que agregar y me pongo a escribir ya bastante tarde.
He estado escribiendo un poco para el libro que algún día quiero
escribir sobre la crisis moral del socialismo. Hay días que uno se
siente confiado en el trabajo. Hoy es uno de esos días para mí.
He escrito aproximadamente cuatro páginas y me siento satisfecho.
Creo que puedo hacer un libro interesante. Ahora no hago más que sintetizar
las ideas generales en pocas palabras, para después desarrollarlas
detenidamente. Tendré que consultar bastantes libros, porque me gustaría
hacer el libro lo más escrupulosamente posible. Creo que el tema es
nuevo y que dará lugar a muchas críticas. Puede que haya muchos,
de los que prácticamente están más próximos a
mí, que se alcen contra las ideas que exponga. Pero no me importará,
porque creo que ciertas cosas ha llegado el momento de decirlas descaradamente.
Hoy es un día de euforia literaria para mí. He pensado en otros
trabajos que quisiera hacer al salir en libertad y los veo tan fáciles
y claros de desarrollar que tengo esperanza en la labor literaria que en
el futuro puedo llevar a cabo. Cada día me arrepiento más de
haber perdido en el pasado el tiempo de la manera que lo he perdido. Podía
hoy día tener en mi haber unos cuantos libros escritos. Me ha absorbido
demasiado el “trabajo práctico” de partido.
Con respecto a mi situación general aquí en la prisión,
nada nuevo. Ahora, naturalmente, es poco lo que tengo a señalar cada
día. Mis compañeros de dormitorio charlan cada vez más
conmigo. Ayer me han consultado mi opinión sobre diversos autores
extranjeros modernos, incluso con uno de ellos he cambiado impresiones sobre
los delegados franceses que se adhirieron a la conferencia de Kienthal. Yo
creo que hasta ahora no se habían dado cuenta de que yo soy una persona
que ha leído un poco.
María ha pasado unos días de trabajo intensísimo (es
posible que haya pasado la noche sin dormir) para poder dar curso a todos
los encargos que tenía para hoy. En Barbazan lucirán hoy algunas
personas los vestidos que ella les ha hecho. Mientras María estará
rendida de fatiga.
¿Qué hará ella a estas horas? Es posible que se haya
echado a dormir un poco. Es posible que haya aprovechado el día para
hacer una limpieza general y poner en orden su habitación. Puede también
que haya sido invitada a comer en alguna casa amiga. Desde luego, estoy seguro
que pensará en mí con la misma intensidad que yo pienso en
ella. ¡Qué alegría poder pasear juntos! Pero la verdad
es que seguimos separados y temo que todavía estemos así bastante
tiempo a pesar de que las noticias que hay de la guerra no pueden ser mejores.
Hay días que la prisión pesa terriblemente Hoy es uno de ellos,
a pesar de que, por otra parte, estoy contento conmigo mismo por los proyectos
literarios que tengo en perspectiva. Pero tengo unas ganas infinitas de estar
con María. Estas condiciones de aislamiento en que me encuentro me
abruman terriblemente. Eso de no tener nadie con quien confiarse, a quien
hablar con confianza y con un poco de intimidad desconsuela terriblemente.
Pero no hay más remedio que soportarlo.
Desde anteayer no he fumado. Y estaré aún una semana entera
sin fumar. Noto un poco la falta; pero no me desespero mucho. Ya estoy habituado
a todo. Hasta es posible que decida dejar de fumar.
Me han avisado para recoger un colis. Me he quedado asombrado porque hoy
es día de fiesta y no hay ni colis, ni correo. Era un pequeño
colis-Express, con una lata de bonito, un pedazo de longaniza, otro de jamón
y aproximadamente 1/4 de higos. María está pendiente de todo.
Seguramente me ha enviado este colis-Express para que pueda hacer un extraordinario
el domingo de Pascua.
13 de abril. Poco, poquísimo a señalar. Es decir, sí,
algo importante. Llevo ocho días casi sin fumar. Hasta pasado mañana
no nos darán otra vez el tabaco. No hay más remedio que aguardar.
Menos mal que ayer y anteayer he fumado tres pitillos cada día y hoy
dos. Me los ha dado un vagabundo que hay en mi dormitorio, que fue conmigo
de Eysses a Mauzac y que ha venido de allí a aquí también
en mi compañía. Le doy casi todos los días alguna pequeña
cosa de comer y, agradecido, estos días me ha procurado algún
pitillo. No sé de dónde los habrá sacado.
No creo haber consignado ya que una de las cosas que más me violenta
es cuando por la mañana temprano entra en nuestro dormitorio alguno
que no pertenece a él. A la manera francesa da la mano a todos; pero
se detiene en cuanto llega a mí. La cosa ha sido aún más
desagradable ayer. A última hora antes de encerrarnos, vinieron a
despedirse dos que esta mañana temprano han partido para un campo.
También a la manera francesa besaron y abrazaron a todos; claro está,
cuando llegaron a mí pasaron de largo, sin ni siquiera decirme adiós.
En el fondo me importan poco gentes así y la opinión política
que puedan tener sobre mí la desprecio. Pero en este ambiente de convivencia
íntima en que estamos obligados a vivir, esta conducta resulta enojosa.
Sin embargo no hay otra táctica que armarse de paciencia y aguardar
a que los acontecimientos se desarrollen. Todavía estoy llamado a
ver muchas cosas.
Por otra parte, mis compañeros de dormitorio están cada día
más amables conmigo e incluso siguen consultándome sobre cuestiones
literarias. Están casi hasta afectuosos. Veremos cómo evoluciona
esto.
Hoy estoy contento porque en la carta de María que recibí ayer,
me da a entender que los amigos del Viejo [Trotsky] se ocupan un poco de
mí, que incluso la han dado trescientos francos. Este dinero tiene
para mí un gran aliciente moral.
Espero espaciar más estas notas porque tengo poco que decir y el papel
escasea. Puede que me limite a escribir los domingos un resumen de toda la
semana.
16 de abril. Otro domingo a pasar en prisión. ¿Todavía
cuántos? Hoy estoy contento por lo siguiente: ayer me dijo el teniente
que, dado que escribo todos los viernes dos cartas a mi mujer, que si quiero
puedo escribir una el martes y otra el viernes. Esto es excelente para mí
porque así María podrá tener noticias mías más
frecuentes. Le escribiré los martes en francés y los viernes
en español.
Pero hoy también me he enterado de otra cosa que demuestra cómo
no me olvidan y con la saña que desean proceder en todo lo que a mí
se refiera. Con el único que yo suelo hablar un poco aquí es
con un francés que ha sido comunista, pero que desde hace años
es sólo pacifista y que no tiene nada que ver con la política
ni le preocupa gran cosa. Si yo hablo con él, y él conmigo,
seguramente es porque de todos los presos que hay aquí es el que posee
una mayor cultura general y siempre hablamos sobre los libros.
Pues bien: Me he enterado que el que hace de lidercillo estalinista español
había comenzado a hacer propaganda para que nadie hablase con él
porque es amigo de Andrade “un trotskista enemigo de la clase obrera”. Esto
indica hasta dónde le lleva el fanatismo a esta gente. Pero revela
de una manera terminante lo que sabía y he ido consignando en estas
páginas: que se ocupan bastante de mí y que han acordado declararme
el más absoluto boicot. Han debido dar órdenes terminantes
de que ningún afiliado me dirija la palabra. Había notado esto
ya en general con respecto a todos y en especial a los españoles.
Ahora me explico más esto último, porque se ve que el encargado
de mantener el fuego sagrado contra mí es el tal Vicente Gómez.
No hablando con ellos, desde el punto de vista práctico no pierdo
gran cosa porque nada tengo que aprender de ellos, que ni siquiera tienen
una mentalidad proletaria y ni están ligados al pasado de la organización
obrera española.
Por lo único que me preocupo es por lo que este odio pueda tener de
repercusión el día en que los acontecimientos políticos
nos den la oportunidad de salir de la prisión.
Quiero vivir porque tengo gran ilusión en escribir ciertos trabajos.
Y, finalmente, porque esta tendencia monstruosa es necesario combatirla,
y yo estoy resueltamente dispuesto a hacerlo.
De momento, todo esto me produce sólo un cierto dolor moral y pena.
Dolor, porque no es nada grato cuando he consagrado toda mi vida a la clase
obrera, cuando no tengo más ilusión que sacrificarme por ella,
yerme acusado de ser su enemigo. Pena, por darme cuenta &j la monstruosidad
moral en que ha caído el estalinismo.
Por lo que a mis compañeros de dormitorio se refiere, cada día
están más afectuosos conmigo, sobre todo aquellos en los que
yo creo ver mejores cualidades políticas y morales, y que son también
los más sectarios. En sus relaciones conmigo, sin embargo, son completamente
correctos. No obstante, sé que si les dan una orden contra mí
la cumplirán sin titubear. Es así de grande su sectarismo.
Es una de las mayores crisis de tabaco que los presos han conocido aquí.
Nos dieron 40 gramos el 31 de marzo. Estamos a 16 de abril y se ha retrasado
la nueva entrega. Naturalmente, desde hace varios días ya nadie tiene
tabaco. Sin embargo yo fumo todos los días algún pitillo. El
vagabundo a quien protejo un poco, me los proporciona.
Hoy es un día de lluvia. Día triste. No tengo ganas de hacer
nada. Ni siquiera de extenderme más en estas notas.
23 de abril. Desde el último domingo hasta hoy, también domingo,
no he vuelto a recoger aquí mis impresiones diarias. En primer lugar,
no siempre hay muchas cosas que anotar. Por otra parte, hay que economizar
el papel. Pero sobre todo, cada día tengo más dudas de que
estas notas llegue algún día a poderlas sacar de la prisión.
Es más, esta pasada semana durante dos veces he estado a punto de
romperlas. He pasado por momentos de inquietud, desesperanza y pesimismo.
Quién iba a decirme hace tres años que iba a ver con inquietud
el fin de la guerra. Sólo recuerdo haber pasado por un decaimiento
de ánimo otra vez: al principio de la guerra entre Rusia y Alemania,
en que los alemanes avanzaban rápidamente por Rusia. Entonces, en
mi celda de Montauban, sin tener noticias concretas, lo veía todo
completamente negro; creía que la barbarie fascista podía vencer.
Pero después, día a día, he ido inflamándome
de entusiasmo a cada victoria. La alegría que me producía en
Eysses cada victoria era infinita. Y lo mismo en Mauzac y mucho más
aquí en que cada derrota fascista avanza el final de la guerra. Pero
es ahora también, ante una posible próxima salida y ante la
composición política de la prisión, cuando surgen en
mí temores sobre mi propia suerte.
Sinceramente, puedo decir que no tengo gran apego a la vida, no me importaría
morir si fuera yo solo. ¡He visto tanto ya! He llegado a tener un concepto
no muy elevado sobre el hombre en general. Hay muy pocos a los que verdaderamente
se pueda considerar hombres con una personalidad propia. Hay mucha cobardía
y mucho espíritu de adaptación cobarde.
Es posible, quiero repetirlo, que mi aislamiento me incline hacia un fuerte
pesimismo que no esté justificado. Me alegraría que fuera así.
Es también posible que en el último momento cada uno se ocupe
sólo de sí. Tengo la experiencia de España.
Mientras escribía, una fuertísima explosión ha sacudido
terriblemente toda la prisión. Parece que es una bomba que ha estallado
en algún sitio a algunos centenares de metros de la prisión.
El ruido ha sido tremendo. Todos nos hemos levantado precipitadamente sin
acertar a comprender lo que había pasado. Inmediatamente hemos observado
una densísima nube de humo que se elevaba alta hacia el cielo. Es
la hora de la sopa de la tarde y hasta mañana seguramente no tendremos
una versión exacta de lo sucedido.
Ha sido la semana en que moralmente me he sentido más inquieto. No
sé si por exagerada interpretación mía o porque el estado
de mi ánimo responde efectivamente a una realidad. No he podido por
menos de pensar y repensar sobre el verdadero estado de mi situación.
Mi aislamiento es completo. He podido observar que el español que
parece haberse impuesto la tarea de calumniarme y desacreditarme está
pendiente de mi más pequeño gesto. Cuando por casualidad, aunque
procuro evitarle, paso por su lado, me parece observar en él una mirada
de odio profundo. Algo que para mí es completamente incomprensible.
Esta situación me desmoraliza sobre todo por lo que tiene de terriblemente
monstruosa. Que el fanatismo, que el militantismo lleve a semejantes monstruosidades
es algo que demuestra una profunda degeneración en los sentimientos.
En muchos, esta mentalidad es producto de una creencia, de un error sincero.
Llegan a creer que aquel que discrepa no puede tener jamás buenas
intenciones. Le adjudican toda clase de infamias e identifican la discrepancia
con la traición. Es decir, no tratan de convencer sino de aniquilar
físicamente al discrepante. Claro está que hay otros que conocen
bien la verdad pero que en los discrepantes ven un peligro para el desarrollo
de su carrera política y odian con el odio más feroz, como
el que defiende una presa que se les quiere arrebatar.
Siempre surge para mí en estos momentos la misma pregunta: ¿Cómo
terminará la guerra para mí? ¿Llegaré a salir
con vida de la prisión? ¿Lograré volver a España?
¿Volveré a ver a María?
Pienso también intensamente estos días en lo durísimas
que van a ser las luchas políticas de la postguerra. No tendrán
punto de comparación con las que siguieron a la guerra de 1914- 1918.
Ahora son completamente diferentes los factores políticos en presencia.
Yo estoy convencido de que las luchas de la postguerra revestirán
un carácter de violencia extremada.
Ha hecho un día magnífico de sol; desnudo, he estado una hora
y media tomando el sol en el patio. Me he llevado un libro en español,
de Lope de Vega, para leer; pero no he leído nada. Me he puesto a
darle vueltas a la cabeza con mil pensamientos e ideas. Ahora, no sé
si será un comienzo de enajenación, tengo una gran facilidad
para soñar despierto, completamente despierto comienzo a forzar sueños
en los que veo cómo se van realizando ideas y proyectos. A veces paso
hasta media hora sin darme cuenta de nada en absoluto de lo que me rodea,
viendo en sueños cómo se realiza algún acontecimiento
o alguna idea. Esto sí que es soñar despierto.
30 de abril. Domingo y último día de mes. Mañana comienza
mayo, mes de las flores. Mañana, también la jornada de los
trabajadores. Esta fecha me recuerda otras pasadas, transcurridas también
en la cárcel, pero en condiciones y con un estado de espíritu
profundamente diferente. Entonces, por lo menos, estaba rodeado de camaradas,
estimado por ellos, y en manera alguna abrigaba mi espíritu las inquietudes
que ahora atravieso, ni era yo tratado como un perro por aquellos precisamente
que dicen luchar en principio por la misma causa que yo.
Y esto viene a propósito de un pequeño incidente sin gran trascendencia,
pero, como siempre aquí, preñado de significación. He
estado tomando el sol y para echarme por tierra he puesto el capote. Cuando
me he levantado, como el capote se había manchado de polvo y tierra,
me he alejado un poco de donde estaban los demás y lo he sacudido.
Ha sido poquísimo el polvo que ha desprendido y he hecho la operación
bastante distante de donde había gente. Pero a pesar de esto, ha sido
un pretexto para que dos o tres protestasen diciendo que les echaba el polvo
a ellos. Me he limitado a mirarlos lleno de cólera y desprecio y después
me he venido al dormitorio para escribir estas notas. Es mi consuelo.
El otro día aprovecharon una ocasión para atacar groseramente
al pacifista francés, que es el único que habla conmigo. Dos
veces le han ofendido. No deben perdonar el que ose dirigirme la palabra.
El odio lo llevan a estos extremos. Sería pueril sino fuera monstruoso.
Si no tengo incidentes es a consecuencia de que no puedo hacer una vida más
recatada que la que hago. Procuro mantenerme a distancia de todos. No hablo
con nadie.
Afortunadamente, con los de mi celda puedo todavía hablar algo. Si
les pido algún pequeño favor no me lo niegan, claro está
que yo procuro pedirles los menos posibles. Pero puedo decir que son absolutamente
correctos conmigo. Hay uno, escritor proletario, que incluso tiene la amabilidad
de pedir libros para que yo pueda leerlos. Otro, el más interesante
políticamente, habla conmigo bastante cordialmente sobre todas las
cuestiones. Sé el valor que esto tiene.
Hasta en el menor detalle observo este desprecio contra mí. En la
barbería a casi todos, cuando se afeitan, les dan dos pasadas. A mí
sólo una, y de cualquier manera. Y el que me afeita es un español.
Un desgraciado que en su vida ha debido militar en el movimiento obrero y
que ahora contrae méritos. Parecido al español que hay en mi
dormitorio.
Hoy veía hojear y hojear el diccionario a mi compañero español
de dormitorio. Después se ha decidido a venir a mí para preguntarme
qué quería decir unas seguida de cinco o, porque no la encontraba
en el diccionario. Yo no entendía lo que quería decir. Le he
dicho que me lo mostrara. Era un cuento de Alarcón, un párrafo
que decía: “Sooooo.”, dijo el carretero a la mula. Este “¡Sooooo!”
era la palabra que él no encontraba en el diccionario. Claro está
que esto no le impide el evitar en todo lo posible el hablar conmigo.
Lo más triste es que “entre ellos” reina un buen humor constante que
me agrada y del que quisiera también ser partícipe. Si aquí
hubiera un grupo de camaradas míos, no echaría mucho de menos
mis periodos de prisión en España.
Mis compañeros de dormitorio están constantemente de broma
entre ellos. Se dedican a “vidarse”, y algunas veces hay durante dos o tres
días una gran algarabía en el dormitorio. El jueves organizaron
en el patio un combate de boxeo. Todo lo prepararon muy bien. Uno hacía
de médico con un botiquín; otro de Prefecto y otro de Subprefecto,
con sombreros de copa de cartón; otros de comandante y capitán
muy bien disfrazados; otro de cameraman; otro de periodista. Hicieron un
micrófono de cartón con el cual uno hacía de locutor
e iba dando las noticias. Antes de empezar, un marsellés, que, por
cierto, canta muy bien, cantó una canción frívola. Estaba
toda la prisión en el patio y los vigilantes también. A mediados
del combate llegó también el teniente quien dijo que los que
se habían disfrazado de comandante y capitán debían
quitarse el “uniforme” como así lo hicieron. Los boxeadores fueron
dos muchachos franceses, que, aunque no muy duchos en este deporte, no quedaron
mal del todo. Yo me coloqué en el sitio más disimulado y desde
allí presencié todo. Pasé, a pesar de todo, un buen
rato.
Llevo cuatro días con fuerte dolor de cabeza. Anteayer tomé
dos aspirinas, ayer tres y hoy ya llevo tomadas dos. Este dolor de cabeza
es a consecuencia del estómago. No digiero bien y esto me perturba
el estómago. Y el dolor de cabeza me inutiliza para trabajar.
Anoche a eso de la una dieron la alarma de aviones. Pero no fue la sirena,
sino las campanas de la iglesia. El vigilante de la guardia vino a la puerta
a decirnos que nos preparásemos, pues habían tocado alarma.
Yo me desperté un momento cuando el vigilante golpeó la puerta
y me dormí enseguida. Ni siquiera of sonar las campanas, ni al principio
ni al final. Según parece la radio inglesa ha dicho que la aviación
bombardearía mucho durante estos tres días la región
en que se encuentra Bergerac.
Ahora, en este momento, son aproximadamente las siete de la tarde. El sol
entra todavía a raudales en nuestro dormitorio. Un día espléndido
para pasear con María. Cuatro compañeros juegan al bridge y
los otros están en charla animada. Yo estoy sólo con mi nostalgia.
Y lo peor es que tengo que tomar otra aspirina, porque el dolor de cabeza
persiste.
Hoy me he puesto a corregir mis recuerdos de infancia y juventud que comencé
a escribir en Montauban y que no terminé. Ante la perspectiva de que
no pudiera sacarlos de la prisión, decidí no continuar escribiéndolos.
Y ahora lo siento. Pero voy a ver si tengo ánimos para corregirlos
y terminarlos de escribir. Es posible que algún día pueda ofrecérselos
a María.
Es posible que mañana escriba mis impresiones del primero de Mayo.
¡Ah! se me olvidaba: ayer me he pesado: 71 Kg. 500. De Mauzac aquí
he ganado tres kilos, pero en Eysses llegué a pesar 75.
1 de mayo. No puedo por menos de recordar la significación que esta
fecha ha tenido en otras épocas de mi vida. Echando un cálculo,
aunque no muy preciso porque la memoria no me responde exactamente, calculó
que, aproximadamente, con éste son diecisiete los primeros de mayo
que he pasado en prisión. Es casi un récord. Desde luego ninguno
de mis compañeros de prisión, que me estiman un contrarrevolucionario
y un enemigo de la clase obrera, podrán alegar en su haber ni la mitad
de primeros de mayo encarcelados.
A pesar de todo, no he podido por menos de sentir cierta nostalgia en el
día de hoy. Nostalgia mayor al sentirme solo y no tener ni siquiera
con quien poder hacer comentarios sobre el pasado, el presente y el futuro;
además, como si esto fuera poco, sigo con un fuerte dolor de cabeza,
incluso después de haber tomado ya dos aspirinas.
Naturalmente, nada especial se ha podido observar que haya denotado que hoy
ha sido el 19 de Mayo. A excepción de que los vigilantes han hecho
fiesta, de que hemos comido media hora antes como los domingos y que no ha
habido correspondencia, ni colis (colillas). Es decir, hasta me he visto
privado del único aliciente que tengo aquí: las cartas diarias
de María. Mañana es posible que reciba dos o tres.
Una grata noticia nos han dado a última hora, que habrá que
aguardar a mañana a ver si se confirma: que Franco y el resto del
gobierno español han presentado la dimisión. El hecho es trascendental.
Si la nueva se confirma, veremos quiénes son los nuevos gobernantes.
Puede que sea una sorpresa. Es casi seguro que si el hecho es cierto, quede
inmediatamente suspendida la correspondencia entre España y Francia
y viceversa. Veremos.
Claro está, los comunistas han celebrado a su modo esta fecha. A las
siete se han reunido en un rincón todos ellos. Uno ha dado una pequeña
charla sobre el origen del 19 de Mayo y sobre su desarrollo en Francia en
distintas épocas. No he podido oír nada porque hablaba muy
bajo y porque yo estaba entretenido corrigiendo el cuaderno en que he escrito
mis recuerdos de infancia y juventud.
Después de la charla, han cerrado las ventanas y, todos juntos, en
voz baja, han cantado el himno del 19 de Mayo. Pero faltaba la emoción.
Todo lo hacen de una manera rutinaria. Es para ellos una obligación
a realizar y es todo. La espontaneidad y el sentimiento no se manifiestan
nunca libremente en sus actos. Lo ordenan los dirigentes, y es todo.
Les he oído hablar sobre sus recuerdos de otros 1º de Mayo. Todos
sus recuerdos están asociados a la gran comida que hacían todos
ese día y a lo que se divertían. En cambio, mis recuerdos están
asociados a cosas más serias: la prisión y la lucha. Recuerdo
el 1º de Mayo de 1920, cuando ante la estatua de Castelar trataba de
subir a la tradicional tribuna erigida por los socialistas para hablar a
la manifestación y me dieron una puñalada que, afortunadamente,
no tuvo más consecuencia que hacerme una cortadura en la chaqueta.
Fue el primer año en el que el Partido Comunista se manifestó
cómo tal, y se me dio a mí el encargo de hablar en su nombre.
¡Tiempos ya muy lejanos!
Como final a la nota de este día, se me ocurre preguntar: ¿Qué
será de mí el 19 de Mayo de 1945? A esto sí que es difícil
contestar. Ni siquiera puedo hacer un pronóstico.
7 de mayo. Nada especial tengo que registrar; pero no quiero dejar pasar
este domingo sin escribir unas líneas. Es como una manera de aislarme
y de entregarme a mis propios pensamientos. Después de unos días
de espléndido sol, completamente primaverales, hoy casi ha hecho frío.
Día triste. Claro está que, por lo menos lo he pasado tranquilo,
gracias a que ayer tuve dos cartas de María.
Los últimos bombardeos han debido destruir algún puente de
la ruta de Barbazan hasta aquí, y el correo llega con bastante retraso
- Es una cosa que sucederá con frecuencia en lo sucesivo. Me temo
que como final de todo este calvario de más de tres años, estemos
sin noticias mutuas durante algunas semanas y hasta puede que meses, debido
a las contingencias de la guerra. Hay que estar preparado para todo.
Desde hace algunos días he comenzado a corregir los cuadernos con
mis memorias que había escrito en Montauban y que estaba convencido
de que nunca lograría sacarlas. Quiero terminarlas. Veremos si tengo
paciencia para ello. Creo que sí, porque quiero ofrecérselas
a María como un recuerdo de estos tiempos de separación. Pensando
en ella los ha escrito y pensando en ella procuraré terminarlos. Debo
hacer constar lo fundamentalmente diferentes que son las circunstancias en
que dejé de escribir dichos recuerdos con las actuales. Suspendí
su redacción los primeros días de la guerra Germano -Soviética.
Todo era entonces negro. Los alemanes avanzaban rápidamente y parecía
que el fascismo iba a comerse el mundo. Ahora este peligro ha desaparecido
y se presentan nuevas perspectivas.
Sin embargo, quiero destacar un hecho. En aquellos días trágicos
de julio de 1941, me encontraba yo en Montauban en la celda 50, con dos dirigentes
del PC Austríaco. Estaban completamente aplanados y no veían
salida alguna a la situación. Hasta comenzaban a renegar de Stalin
y de toda su política, sobre todo del pacto germano -soviético.
Era yo el que les animaba y razonaba diciéndoles que era absolutamente
imposible que la barbarie fascista ganase el mundo.
La noticia que nos dieron el día 1 de que Franco y todo el gobierno
español habían dimitido, no se ha confirmado. Yo creo que ha
debido haber algún cambio de Gobierno; pero los periódicos
no han dicho nada. Es posible que hayan entrado algunos ministros monárquicos
Lo que sí es cierto es que Franco ha firmado un acuerdo con los angloamericanos,
que Berlín ha calificado de traición. Ahora Franco tratará
de hacer un poco de política angloamericana para ver si salva un poco.
Pero no le salvará ni la madre que le parió.
30 de mayo. He dejado pasar casi un mes sin escribir nada en este cuaderno.
Es que, realmente, nada nuevo ha ocurrido o que, por lo menos, valga la pena
de registrarse.
La situación con respecto a mí parece que ha mejorado. No siento
una hostilidad tan pronunciada. Quizás es que ya me he acostumbrado
a ella y por eso me parece ahora menor, o que al comienzo de mi estancia
aquí he exagerado un poco las cosas a consecuencia de mi estado de
nerviosismo De todas maneras lo cierto es que me encuentro más tranquilo.
He organizado un poco mi vida diaria en la prisión, ahora que los
días son más largos; leo y escribo mucho. Incluso he comenzado
a repasar el inglés. Hacía mucho tiempo que no leía
nada en este idioma. Además, acostumbrado a leer casi exclusivamente
revistas y periódicos políticos, mi vocabulario es demasiado
limitado. Quiero ampliarlo y eso es lo que vengo haciendo desde hace años
y continuaré así como en clase. A ver si llego a dominar el
inglés bien literariamente.
Por otra parte me he puesto a continuar las memorias de mi vida que había
comenzado en la Maison d’Arrét de Montauban. He escrito ya bastantes
nuevas páginas a un ritmo aproximado de tres diarias. Ya llevaré
escritas unas 160 páginas como ésta.
No creo que nunca se publiquen estas memorias pues están escritas
sin orden ni concierto y ni siquiera las he releído.
Por cierto, que ayer he terminado de leer el tomo de las memorias de Poincaré
que se titula La invasión y que se refiere a la guerra de 1914-1918.
Ahora, mientras vivimos en medio de esta inmensa e infernal guerra, es curioso
recordar ciertos aspectos de la otra. El libro está verdaderamente
bien escrito y resulta atractivo por su precisión y falta de grandes
divagaciones. Hay gran diferencia con las memorias de Cailaux, que son flojísimas.
Caillaux no ha tenido talento para sacar partido de los acontecimientos tan
importantes de la política francesa en que había tomado parte.
Un diario en que se registren todos los días los hechos y acontecimientos
que uno vive en la perspectiva histórica adquieren una importancia
relevante. Si yo hubiera escrito a través de mi vida un diario, hoy
tendría un gran valor para que se pudiera reconstruir la historia
del movimiento de estos últimos treinta años. Claro está,
que aunque lo hubiera hecho no lo habría salvado. Ni siquiera estoy
seguro de poder salvar esto. Además, un diario como el que yo podría
haber hecho siempre resulta comprometedor guardarlo por los hechos que explica
si se quiere que sea un fiel eco de toda la vida y actividad del que lo escribe.
Sin embargo, en el futuro procuraré hacer todo lo posible por escribir
un diario.
Parece que estamos como dicen los periodistas “en vísperas de trascendentales
acontecimientos” Todo el mundo espera para en breves días el desembarco.
Claro está que ya hace mucho tiempo que se viene diciendo lo mismo.
Pero ahora hay hechos que parecen indicar que la fecha se acerca: el bombardeo
continúo de casi toda Francia estos últimos días. Entre
ayer y anteayer ha habido más de 2000 muertos en las poblaciones bombardeadas:
Lyon, Saint-Etienne, Marsella, Niza, Nimes, Dijon, etc. Esto no puede interpretarse
más que como preparativos del desembarco. Si no sería criminal
ensañarse de esa manera contra la pobre gente. Además, en Italia
los angloamericanos han avanzado bastante en los últimos días
y yo creo que en la próxima semana es muy posible que entren en Roma.
Sobre el frente ruso hay una gran quietud, pero yo creo que esto quiere meramente
decir que los soviéticos están preparando una fuerte ofensiva,
quizás conjugada con el desembarco en Francia.
Voy a entrar en el periodo más lleno de incógnitas desde que
me encuentro en prisión. En primer lugar preveo que, aunque las cosas
se desarrollen de una manera muy favorable para mí, estaré
cortado de toda relación con María. Por lo menos algunos días.
El desembarco originará una desorganización total de todas
las comunicaciones Que- daré cortado de ella, que es lo más
grave que me puede llegar.
¿Después? ¿Qué suerte correré? ¿Cómo
y cuándo saldré de la prisión? ¿Cómo podré
llegar a reunirme con María? Todas éstas son incógnitas
a las que es dificilísimo dar una respuesta. Es posible que todo vaya
sobre ruedas, porque la experiencia ha venido demostrándome que en
los momentos más graves y peligrosos es cuando yo tengo más
suerte. Me aprietan, pero no me ahogan.
Lo que es cierto es que vamos a llegar al momento cumbre de la guerra. Ahora
afrontaré la situación con bastante más calma y serenidad
que pensaba en un principio al llegar aquí. Esto es ya bastante. No
creo que tenga que temer mucho de mis compañeros. Naturalmente también
puede ocurrir que a última hora se enardezcan. Yo sé bien que
hay tres o cuatro que guardan un odio africano contra mí. Pero no
creo que ni siquiera ni sepan aprovecharse de las circunstancias. No están
muy seguros de su posición, ni quieren tampoco comprometerse.
Y cierro este cuaderno, que tiene un acento triste y melancólico.
María Teresa García Banús
Posiblemente a últimos de junio o primeros de julio, Andrade se dio
cuenta de que sus compañeros de dormitorio comunistas estaban preparando
algo muy importante. Cuchicheaban continuamente y en el dormitorio había
una gran actividad. Recogían y limpiaban sus efectos personales, recosían
las alpargatas. Todo ello muy en secreto, lo que hacía suponer que
preparaban un golpe. En efecto, unas noches después se oyeron voces
por los pasillos y pasos precipitados por toda la prisión. Había
entrado en la cárcel un “maquis” comunista de los montes de la cercanía
que venía a liberar a sus compañeros. Los recién llegados,
que abrazaban con alegría a los presos, se precipitaron después
violentamente sobre Andrade y lo condujeron a una celda donde quedó
encerrado con otros tres presos comunes y el camarada pacifista que había
sido su compañero y único amigo en Bergerac. Fue una evasión
bien preparada conjunta de presos y vigilantes. Después del alboroto
de la partida, todo quedó en un profundo silencio. Los encerrados
se dieron cuenta de que todo el mundo había huido y de que la cárcel
estaba vacía. Había que salir del encierro. Los presos comunes,
que eran jóvenes, abrieron un agujero en el techo de la celda y salieron
prometiendo volver a liberarles inmediatamente. Tardaron algún tiempo
porque antes habían pasado por la despensa y la bodega. Cuando les
abrieron pudieron comprobar que la cárcel estaba vacía y las
puertas abiertas de par en par. Fue una fuga magníficamente organizada
porque toda aquella columna de hombres del “maquis” presos y vigilantes tuvo
que atravesar Bergerac antes de salir al campo con la ciudad completamente
ocupada por los alemanes. Andrade y su amigo sabían que no podían
salir sin saber dónde ir y sin que los cogieran los alemanes, por
lo que se quedaron en espera de los acontecimientos. Efectivamente, por la
mañana muy temprano llegaron los soldados alemanes que, inmediatamente,
investigaron lo ocurrido y reorganizaron el servicio de la cárcel.
No tardó mucho en tener lugar el desembarco de las fuerzas aliadas
en las costas francesas. Ante la violencia de los combates, los alemanes
se fueron retirando de los departamentos del sur de Francia y Bergerac fue
liberada. Ante el desconcierto general, la falta de comunicaciones y de reorganización
de los organismos oficiales centrales, los comunistas se apoderaron en Bergerac
de todos los servicios de orden, ayuntamiento y demás organismos,
todo quedó bajo su control. Andrade continuó en la cárcel,
pues no podía ponerse en manos de los nuevos dueños de la ciudad.
Se quedó en la prisión y poco después tuvo lugar su
rocambolesca liberación.
La liberación de Juan Andrade
Wilebaldo Solano
[... )
El 19 de julio de 1944, el grupo “Norte del Lot NP 1 “unidad de guerrillas
de las F.F.I., ocupó el presidio de Eysses y liberó a todos
los presos políticos que quedaban. Solano era el único poumista
del grupo liberado.
Cuando Solano se encontró en el “maquis” con numerosos españoles
y comprobó que éstos, bajo la presión del Partido Comunista,
tendían a agruparse en la organización denominada “Guerrilleros
españoles’ que trataba de imponerse por todos los medios al conjunto
de la emigración, comprendió que era necesario defenderse.
Aprovechando las amistades que había contraído en el presidio
de Eysses con dirigentes de la Resistencia francesa y de acuerdo con algunos
valiosos militantes de la CNT, se fijaron como objetivo constituir una unidad
española autónoma.
Una vez lograda la autorización de los dirigentes militares de la
resistencia, Solano y el grupo de españoles de "Norte del Lot NP 1”
comenzaron a organizarlo que poco después se llamó el ‘Batallón
Libertad” en Villeneuve-sur-Lot, ciudad del departamento del Lot y Garonne
donde se encontraba justamente el presidio de Eysses. Era agosto de 1944,
después de la liberación de Agen y cuando las tropas alemanas
se iban replegando hacia Royan y la Punta de Graves.
A Vllleneuve-sur-Lot comenzaron a afluir numerosos combatientes españoles
que habían abandonado pequeñas unidades de “Guerrilleros Españoles”
o que habían solicitado la transferencia de los grupos franceses a
la unidad española en formación. Algunos de los primeros facilitaron
importantes informaciones sobre el régimen interno de los grupos de
guerrillas controlados por el PC francés o de las formaciones de “Guerrilleros
españoles” Así llegó hasta nosotros la noticia de que
ciertos españoles antifranquistas estaban detenidos o habían
sido objeto de represalias por parte de los dirigentes estalinistas. El grupo
organizador del “Batallón Libertad”, que había procurado ya
armas a los dirigentes de la CNT y de la UGT de Toulouse para que se protegieran
frente a las tentativas de intimidación o de agresión del Partido
Comunista español, decidió acudir en socorro de todos los militantes
que pudieran encontrarse en situaciones difíciles.
Supimos muy pronto que Juan Farré Gassó, dirigente del POUM,
había sido detenido por un grupo de “Guerrilleros Españoles”
tras su liberación del campo de Mauzac. Pero, desgraciadamente, no
nos dieron las informaciones necesarias para poder intervenir eficazmente
en su favor. Semanas después supimos que habla sido asesinado.
En el caso de Juan Andrade, uno de los principales dirigentes del POUM, las
cosas se desarrollaron de otra forma. En cuanto supimos que se encontraba
en la prisión de Bergerac, ciudad del departamento de la Dordoña,
donde le habían dejado tras la liberación de los demás
presos políticos, temimos por su vida (Bergerac estaba controlada
por un Comité de liberación en el que predominaban los estalinistas).
Tras reunir los informes que el caso requería, decidimos enviar un
comando para liberarle. Este comando quedó formado por dos militantes
de la CNT con fuerte experiencia militar, dos oficiales de prisiones que
pertenecían a la resistencia francesa y a los que conocíamos
desde los tiempos de nuestro encarcelamiento en Eysses, y Solano. [...j El
comando, decidido a operar deprisa y a evitar las sorpresas, se presentó
directamente en la cárcel de Bergerac. El encuentro de Andrade con
Solano fue particularmente emocionante. Andrade se hizo cargo en seguida
de la situación cuando Solano le explicó el plan. Pero advirtió
que la cosa resultaría difícil porque los estalinistas franceses
controlaban la ciudad, en la que por otra parte había bastantes comunistas
españoles.
El director de la cárcel, bien dispuesto en principio, vaciló
en el último momento y dijo que no podía decidir sin consultar
al Comité de liberación de Bergerac. Nosotros nos ofrecimos
para hacer la consulta inmediatamente y salimos con Andrade... sin que nadie
se opusiera. Subimos al coche y nos dirigimos a la subprefectura, sede del
Comité de liberación. Andrade se quedó dentro del coche,
con el chofer y Solano, ambos armados con metralletas. Un militante de la
CNT y un oficial de prisiones iniciaron la negociación. Por suerte,
los miembros del Comité de liberación eran franceses y no tenían
una idea muy clara de lo que representaba realmente Andrade. Tras una fuerte
discusión, la audacia del cenetista y el aplomo del oficial de prisiones
(había tomado la precaución de ponerse el uniforme y llevaba
un brazalete FF1), que dijo que, en última instancia, él trasladaba
un preso a Villeneuve-sur-Lot y que allí decidiría el Comité
de liberación sobre su caso, nos dieron la autorización para
salir de Bergerac. Dos miembros de un grupo FTP (organización militar
comunista) se acercaron mientras tanto al coche para preguntar de dónde
veníamos. Andrade permaneció silencioso y Solano les explicó
que éramos miembros de las guerrillas del Lot y Garonne, que dependíamos
del mando regional de Toulouse y que nos estaban preparando para ir a la
región de Royan, donde las tropas nazis resistían todavía,
Los “negociadores” bajaron de la subprefectura y nos dijeron “hay que marcharse
sin más espera“.
Por lo que pudiera pasar, sacamos las metralletas por las ven tanillas. Hasta
el último momento nos temíamos que apareciera un coche con
miembros del FTP y nos dijeran que no podíamos llevarnos al “preso”.
Entre Bergerac y Villeneuve-sur-Lot hay unos 70 kilómetros. La primera
parte del viaje se nos hizo interminable. Nos paramos a unos 24 kilómetros
de Villeneuve al objeto de descansar y tomar algo. ¡Estábamos
ya en nuestro sector militar! Comenzamos a respirar y a bromear. Uno de los
oficiales de prisiones, (el que había llevado la “negociación”
en subprefectura) le dijo, muy serio, a Andrade: “Usted no puede hablar porque
está preso”. Nos echamos todos a reír y agradecimos al oficial
su lealtad y la camaradería que nos había demostrado. La llegada
a Villeneuve-sur-Lot fue para todos un acontecimiento. Todos los miembros
del batallón en formación se sentían tan orgullosos
de lo sucedido como de los golpes de mano contra las tropas nazis semanas
atrás. Para Andrade, era, al fin, la liberación tras tres años
y medio de prisión. Dos días después, se reunía
en Toulouse con su compañera, María Teresa García Banús,
que había pasado tan largo periodo en “residencia vigilada” en Barbazan,
muy cerca de la frontera española.
NOTA. El comando que liberó a Juan Andrade de la cárcel de
Bergerac realizó la evasión con gran acierto. Unos cuatro días
después de que Andrade se hubiera reunido conmigo en Barbazan, recibí
una carta inquietante del amigo pacifista que se había quedado libre
en Bergerac en espera de que se reanudasen las comunicaciones para volver
a París. En ella me decía que hiciera todas las gestiones posibles
para averiguar el paradero de Andrade porque en Bergerac corría el
rumor de que el comando español que le había sacado de la cárcel
lo había hecho con intención de fusilarle. Gracias a este equívoco,
que debieron creer a pies juntillas los comunistas de Bergerac, le dejaron
salir. Afortunadamente también esta carta la recibimos cuando estábamos
ya reunidos. [María Teresa García Banús]
Extracto
de una carta dirigida por Andrade al congreso del POUM celebrado en Barcelona
el cuatro de abril de mil novecientos setenta y siete.
…El POUM no fue nunca considerado por nosotros mismos como el partido socialista
revolucionario definitivo de la clase obrera española No hicimos más
que iniciar las bases sobre las cuales debía fundamentarse éste,
teniendo en cuenta las nefastas prácticas de los partidos de la Segunda
Internacional y la degeneración de los partidos comunistas El POUM
surgió como conclusión política de una necesidad ideológica.
La misma guerra civil que estalló después de nuestro nacimiento
vino a confirmar, con la dictadura estalinista y la incapacidad socialdemócrata,
nuestra aspiración de ofrecer a los trabajadores, a las clases populares
una mayor garantía de porvenir en un verdadero socialismo, sin tiranías
y en las que el hombre se sienta libre y no aterrorizado Nuestro recuerdo
de los años de la Guerra Civil debe aseguramos en nuestras prevenciones.
….En el terreno teórico debemos proseguir la elaboración de
nuestra filosofía política que habíamos enunciado en
nuestra constitución pero que circunstancias insuperables para
nosotros nos impidieron desarrollar y ultimar. Las crisis que atraviesan
en el mundo ahora los movimientos socialistas son suficientemente graves
y profundas para quererlas superar con repeticiones de lugares comunes. Las
variaciones que se han operado en las condiciones sociales y hasta en el
pensamiento de la clase obrera tienen suficiente entidad para seguirlas planteando
como en la época inicial del socialismo y no a base de frases hechas
y de tópicos. El rearme ideológico de los socialistas que desean
verdaderamente construir una sociedad sobre nuevas bases obliga a una consideración
analítica que puede llevarnos a nuevas conclusiones. Constantemente
se nos ofrecen motivos de reflexión que no debemos rehuír ni
resolver de manera ligera o pedantesca.
En cuanto a la estrategia a desarrollar, está indicada por la idea
central que impulsó a las organizaciones que lo formaron a construir
el POUM, nuestro partido: acabar con la parcelación de las organizaciones
marxistas revolucionarias, cuya necesidad se impone ahora más que
nunca, porque dicha parcelación ha llegado ahora a extremos que nos
ridiculizan a todos globalmente y, lo que es peor, esterilizan toda acción
eficaz. Hay que aceptar el llegar a superar todo el amor propio partidista
que exhibe la amplia gama de grupos y grupúsculos, porque aunque parece
que cada día se desarrolla más el sentimiento de que es preciso
“llegar a entenderse”, la realidad nos demuestra prácticamente que
se avanza poco en este terreno. A lo que se llega con una política
de dispersión, nos lo demuestra elocuentemente el último ejemplo:
la revolución portuguesa. No se trata de una unión en la confusión,
de estilo socialdemócrata o estalinista, sino de una unión
en lo fundamental, sin propósito absorcionista, pero sí para
dar más volumen a la acción y garantizar el futuro contra el
dominio del totalitarismo estalinista teniendo en cuenta la experiencia española...
Con la esperanza de poder asistir todavía a vuestra próxima
reunión, os envía un cordial saludo.