Daniel Bensaid, revolucionario intempestivo
Josep Maria Antentas
Josep Maria Antentas es miembro
de Izquierda Anticapitalista y de la revista Viento Sur
Este martes 12 de enero murió nuestro amigo Daniel Bensaid, “Bensa”.
Conocedores que la vida de Daniel se apagaba sin remedio, esperábamos
con mucho pesar desde hacía semanas una noticia que, aún sabiendo
inevitable, luchamos siempre por creer que no iba a producirse. Con Daniel
se va una de las figuras más destacadas de la izquierda anticapitalista
europea. Daniel Bensaïd fue uno de los fundadores de la JCR francesa
en 1966 y de la Liga Comunista en 1969 (posteriormente rebautizada LCR en
1973 después de su ilegalización). Animador de Mayo del 68
desde el Movimiento 22 de marzo permaneció fiel a su compromiso revolucionario
hasta el final de su vida, contrariamente a tantos nombres ilustres de su
generación convertidos en “rebeldes arrepentidos”.
Dirigente de la LCR hasta comienzos de los años noventa, jugó
un papel clave en la vida y desarrollo de la que se convertiría en
una de las formaciones más emblemáticas de la izquierda revolucionaria
europea. Militante internacionalista, fue dirigente de la IV Internacional
durante un largo periodo y consagró gran parte de su actividad política
al trabajo internacionalista, desempeñando un papel clave en su construcción
en varios países. En sus memorias publicadas en 2003, Une lente impatience,
señalaba, humildemente: “Dirigir me inspira una santa repulsión:
prefiero hacer que hacer hacer. Esto podría pasar por una virtud igualitaria.
También puede ser, igualmente, el signo de una incapacidad desorganizadora
para delegar y hacer confianza”
Daniel Bensaïd marcó a varias generaciones de militantes revolucionarios,
en Francia y en todo el mundo. Para mi generación, para aquellas y
aquellos que nos sumamos a la misma corriente y proyecto que Daniel en los
años 2000, él fue una referencia insustituible. Para nosotros,
las y los militantes de Izquierda Anticapitalista forjados al calor del movimiento
antiglobalización, del movimiento estudiantil, de los campamentos
de jóvenes revolucionarios, de la referencia de la LCR francesa, de
los debates de la izquierda anticapitalista europea..., Daniel fue nuestra
figura internacional más querida y respetada.
Sentimos enseguida una atracción irrefrenable por un tipo capaz de
escribir sobre Walter Benjamín o discernir sobre la política
de alianzas de la LCR, de publicar una obra sobre Juana de Arco o de hablar
de los dilemas de la izquierda brasileña ante Lula, de simpatizar
con el pensamiento de Derrida o de August Blanqui. En Daniel Bensaïd
convergían un hombre de acción, un dirigente político
internacional y un intelectual de primer nivel. Una combinación de
cualidades que hacen de él algo muy excepcional en el panorama de
la izquierda internacional y una de esas figuras de impronta duradera.
El Daniel Bensaïd que algunos conocimos era un hombre ya de salud precaria
y de apariencia frágil, “espectral” como él diría, pero
de una fuerza y una voluntad incombustibles. Daniel era un buen tipo,
una persona amable y afectuosa, modesto, de trato cercano, siempre dispuesto
a escuchar y a charlar un rato. Siempre que pudimos le invitamos en las ocasiones
más especiales. La última vez que estuvo con nosotros fue para
participar en Madrid y Barcelona en los actos de conmemoración del
cuarenta aniversario de mayo del 68 que organizamos bajo el título
“Mayo 1968-Mayo 2008, continuamos el combate”.
Desde los años noventa, enfermo y con una salud precaria, dedicó
sus esfuerzos al trabajo teórico e intelectual, retirándose
de las tareas de dirección política, sin por ello renunciar
al trabajo militante, y a sus múltiples compromisos, charlas y viajes.
En un momento de renuncias, capitulaciones y desconcierto, su voz ayudó
a mantener una referencia imprescindible para seguir adelante. Acometió
una inmensa tarea de renovación y revitalización del pensamiento
marxista, dejando una vasta obra escrita e innumerables libros, publicados
con una frecuencia que no dejaba de sorprendernos. Aprovechar las reuniones
militantes en Paris para pasar por la librería La Brèche y
llevarme lo “último” del Bensa se convirtió en estos años
en una de mis rutinas militantes más placenteras. Daniel animó
también proyectos editoriales, colecciones, y un ingente trabajo de
discusión intelectual y búsqueda de convergencias entre diferentes
tradiciones críticas al frente de la revista Contre-Temps.
Dedicó gran parte de su obra al estudio del pensamiento de Marx en
obras como Marx l’intempestif (1995), o su volumen complementario La Discordance
des temps (1995), ambas resultado de un trabajo docente y de estudio durante
los años ochenta, desde su posición de profesor de filosofía
en la Université Paris VIII, en un momento de retroceso y declive
del pensamiento de izquierdas. Publicadas, sin embargo, en vísperas
de las huelgas de noviembre-diciembre de 1995 contra el Pla Juppé
que marcarían el retorno de la movilización y de la cuestión
social, ambas obras presentaban una estimulante lectura de Marx, liberada
de dogmas y fetiches. Son, posiblemente, sus obras más significativas.
Continuaría su estudio de Marx en múltiples libros. En el 2001
publicaría Pasión Karl Marx una cuidada biografía, con
reproducciones de la correspondencia entre Marx y Engels e imágenes
e ilustraciones de la época, donde buscaba “poner en escena el espíritu
crítico de una época, insistiendo en las resonancias entre
la globalización de entonces y ahora” y nos proponía leer El
Capital como “la elucidación dialéctica de los misterios del
capital a la manera del caballero Dupin de Edgar Poe o de Sherlock Holmes:
se ha cometido un crimen; han robado la plusvalua; y el botín pasa
de mano en mano, se reparte entre encubridores, truhanes, blanqueadores de
dinero sucio, hasta olvidar su origen...”.
Publicó también estudios sobre aspectos concretos del pensamiento
de Marx, como su completa edición crítica de Sobre la cuestión
judía (cuya aparición en castellano en Gedisa está prevista
para este 2010), un estudio de los escritos de Marx sobre el robo de leña,
Los desposedés (2007), tomado como punto de partida para analizar
la dinámica de la globalización contemporánea, o una
desarrollada análisis del pensamiento político de Marx, Penser
l’Inconnu (2008), una edición crítica de los textos de Marx
y Engels sobre la Comuna. En ella mostraba a un Marx “analista brillante
de las coyunturas y un virtuoso de la política, no como un simple
efecto o reflejo de determinaciones económicas y sociales, sino como
el arte de las mediaciones”.
Recientemente, publicó la presentación de uno textos de Marx
sobre las crisis económicas, (publicado por la editorial Sequitur
en castellano: Karl Marx. Las crisis del capitalismo), donde repasa la intepretación
de Marx sobre la naturaleza de las crisis, y aborda una discusión
estratégica sobre el pensamiento de Keynes y el de Marx al respecto,
buscando sus puntos de confluencia y divergencia: “Como proyecto político
de conjunto, y no como suma de medidas parciales, el programa de Keynes,
como abiertamente proclama, pretende salvar el capital de sus propios demonios.
El de Marx pretendre derrocarlo.”
Uno de sus últimos libros fue una amena introducción a Marx,
Marx mode d’emploi (2009) publicada con ilustraciones del dibujante Charb,
muy bien recibido por los militantes del NPA y por los jóvenes ávidos
de adentrarse en la “aventura crítica” del pensamiento de Marx. Concebido
como “una invitación al descubrimiento y a la controversia”, no pretende
“restablecer el verdadero pensamiento de un Marx auténtico” sino “proponer
uno de sus modos de empleo posibles”, repasando las ideas de Marx sobre la
lógica del capitalismo, el comunismo, la organización política,
el internacionalismo, la relación entre el ser humano y la naturaleza...
Gran parte de su obra está atravesada por su preocupación por
cuestiones de estrategia, por repensar una estrategia revolucionaria para
el siglo XXI. Dedicó muchas de sus reflexiones al análisis
de las “transformaciones espaciales y temporales de la actividad política”
en el marco de la globalización capitalista. En Le Pari Melancolique
(1997) abordaba las “metamorfosis y los desajustes del mundo” al filo de
la globalización, defendiendo la necesidad, ante un “siglo que termina
sobre las ruinas de sus esperanzas inaugurales”, de una política del
compromiso y de una “apuesta por la revolución” basada “en el actuar,
no en la evidencia de la solución asegurada, sino en la contingencia
irreductible de la hipótesis”. Una revolución que “sin
imagen ni mayúscula permanece pues necesaria en tanto que idea indeterminada
de este cambio y brújula de una voluntad. No como modelo, esquema
prefabricado, sino como hipótesis estratégica y horizonte regulador”
.
En Le Sourire du Spectre (2000), se interrogaba al filo del entonces recién
150 aniversario del Manifiesto Comunista sobre las posibilidades de
reaparición del “fantasma del comunismo”, en un momento donde despuntaban
ya las resistencias a la globalización que enterraron los discursos
del “fin de la historia” de Fukuyama y el triunfalismo neoliberal. Sus Irreductibles.
Théorèmes de la resístanse a l’air du temps (2001) presentaban
en forma de cinco teoremas elegantemente escritos un ataque contra la “retórica
cínica de la resignación”, y una defensa de la “fuerza irreductible
de la indignación, que es exactamente lo contrario de la costumbre
y la resignación. Incluso cuando se ignora lo que podría ser
la justicia del justo, queda la dignidad de la indignación y el rechazo
incondicional de la injusticia. La indignación es un comienzo. Una
manera de levantarse y ponerse en marcha. Uno se indigna, se subleva, y después
ya veremos. Uno se indigna apasionadamente, antes incluso de encontrar las
razones de esta pasión”.
Ilustrada por divertidos topos de Pierre Wiaz, Resistances. Essai de Taupologie
genérale (2001, publicado en castellano por El Viejo Topo, Resistencias
ensayo de topología general) prosigue esta búsqueda de una
política de resistencia, a través de la figura del topo, “metáfora
de quien camina obstinadamente, de las resistencias subterráneas y
de las irrupciones repentinas”. Empezando en la globalización victoriana
y atravesando críticamente el pensamiento de Althusser, Badiou, Derrida,
Negri, el libro se interroga por las condiciones de una política revolucionaria
y desarrolla la “noción estratégica de crisis” entendida
como “un momento de decisión y de verdad, cuando la historia duda
entre un punto de bifurcación”.
La reflexión estratégica ocupa también un lugar central
en Éloge de la Politique Profane (2009, publicada en castellano por
Península, Elogio de la Política Profana) una importante obra
donde analiza las transformaciones de las categorías políticas
básicas de la Modernidad, el “eclipse de la política” y de
la “razón estratégica” al filo de la ofensiva neoliberal, y
discute las diversas “utopías contemporáneas”, propias de los
periodos posteriores a las grandes derrotas, “donde lo posible y lo necesario
ya no tienen puntos en contacto”.
En el marco de esta preocupación por la estrategia, entró también
con pasión a escribir sobre el movimiento “antiglobalización”
y las controversias en su seno, polemizando con autores como Negri o Holloway,
en obras como Changer le monde (2003, publicado en castellano por La Catarata,
Cambiar el mundo), o analizando el significado histórico del movimiento
en Le nouvel internationalisme (2003). Participó en debates significativos
en varios Foros Sociales Mundiales y Europeos y en innumerables encuentros
y seminarios internacionales e iniciativas ligadas al movimiento “antiglobalización”.
A pesar de este gran esfuerzo intelectual siguió acompañando
la vida de la LCR y la IV Internacional y los avatares de la izquierda internacional.
Dedicó también gran parte de su obra a discutir sobre cuestiones
de orientación política en Francia, criticando a la izquierda
plural de Jospin en Lionel, qu’as tu fait de notre victoire (1997), a adentrarse
en los debates identitarios en el contexto de la crisis de la V República
francesa, en Fragments Mécreants (2005, de próxima aparición
en castellano en la editorial Icaria), y polemizó con personajes como
Bernard-Henri Lévy y los “nuevos filósofos” contra quién
escribió Un nouveau theologicien B-H. Levy (2007).
En el año 2003 publicó sus memorias, Une lente impatience,
trazando su itinerario personal, político e intelectual. Modestamente,
definía su libro como un “simple testimonio para ayudar a comprender
lo que hemos hecho y lo que queremos”. Mirando retrospectivamente afirmaba:
“Nos hemos equivocado a veces, incluso a menudo, y sobre bastantes
cosas. Al menos, no nos hemos equivocado ni de combate ni de enemigos”.
Un combate que él escribió con su habitual prosa de gran calidad
literaria y que nos sumergió, mientras devorábamos ávidamente
las páginas del libro, en los acontecimientos de Mayo del 68 y sus
postrimerías, la guerra de Argelia, los tiempos “en que la historia
nos mordía la nuca”, la lucha contra la dictadura franquista, los
avatares de la izquierda en Latinoamérica, la restauración
neoliberal, el auge del altermundialismo o el estado del pensamiento marxista
contemporáneo...
La memoria, la transmisión y la herencia ocuparon gran parte de los
escritos y preocupaciones militantes de Daniel Bensaïd. Polemizó
con François Furet y los autores del Libro Negro sobre el Comunismo
y sus falsificaciones históricas, y consagró su obra Qui est
le juge? (1999) a cuestionar el “tribunal de la Historia” y las “tentaciones
de apelar a los viejos fetiches, la Historia o la Humanidad” más que
a la aceptación “de la frágil incertidumbre del juicio humano”
y “descrifrar la subtilidad del juego a tres, entre juicio judicial, juicio
histórico y juicio político” .
Entre sus variadas y múltiples influencias intelectuales destaca Walter
Benjamin, a quien consagró el libro Walter Benjamin Sentinelle Mesianique
(1990), parte de una trilogía iniciada con Moi, la revolution (1989)
publicado en ocasión del bicentenario de la Revolución francesa,
y finalizada con Jeanne de Guerre lasse (1991), dedicada a Juana de Arco.
Si la trilogía podía parecer alejada de Marx, Daniel indicaba
en su biografía que en realidad “se trataba –las fechas lo muestran-
de un camino paralelo, para volver mejor a la cuestión del comunismo,
por el camino montaraz de las herejías, por el rodeo de la racionalidad
mesiánica, por el sendero escarpado de una lógica del acontecimiento”.
Él mismo, convertido en una autoridad moral e intelectual incuestionable,
actuó de transmisor, de puente entre dos épocas distintas proporcionando
una referencia político-intelectual impagable para quines nos incorporamos
a la militancia finalizado ya “el corto siglo XX”. Nunca faltó a su
cita en las Universidades de Verano de la LCR o en los campamentos de jóvenes
revolucionarios, cuyas charlas de formación fueron siempre el momento
estelar que todos esperábamos. En Les Trotskismes (2002, publicado
en castellano por el Viejo Topo, Trotskismos) trazó la trayectoria
de una corriente minoritaria en la historia del movimiento obrero, al filo
de la entrada en el nuevo siglo, “que no se hará sin un esfuerzo de
puesta al día teórica y práctica”, reivindicando “un
cierto trotskismo” cuya “herencia sin modo de uso es, sin duda, insuficiente,
pero no menos necesaria para deshacer la amalgama entre estalinismo y comunismo,
liberar a los vivos del peso de los muertos y pasar la página de las
desilusiones”.
Participó en el alumbramiento del NPA, acompañando el paso
de la LCR al nuevo proyecto. Poco antes de su creación escribía
en su obra Penser Agir (2008): “a medida que se acerca el momento del paso
del testigo entre la Liga y el nuevo partido, algunos preguntan con más
y más insistencia a las decenas de “veteranos”, fundadores de la Liga
en 1969 o de la organización de juventud expulsada de los estudiantes
comunistas, la JCR, si no sentimos nostalgia en el momento de verla desaparecer
para transcrecer en una fuerza nueva. Para responderles yo diría que
tenemos más bien el sentimiento (y un poco de orgullo, reconozcámoslo)
del trabajo realizado y del camino recorrido. Fue mucho más largo
de lo que imaginamos en el entusiasmo juvenil de los años sesenta
y no es fácil permanecer tanto tiempo siendo ‘revolucionarios sin
revolución’”.
Daniel ha muerto apenas un año después de la creación
del NPA, donde habría tenido un gran papel que jugar en la formación
de sus militantes, en la consolidación del armazón estratégico
y programático del partido y en la transmisión de una herencia
“sin modo de empleo” a las nuevas generaciones militantes. Resumió
mejor que nadie los objetivos del nuevo proyecto, el de crear: “un nuevo
partido, tan fiel a los dominados y los desposeídos como lo es la
derecha a los poseedores y a los dominadores, que no se excusa por ser anticapitalista
y querer cambiar el mundo”. En vísperas de su fundación publicó
con Olivier Besancenot Prenons Parti! Pour le socialisme du XXIème
siècle (2009) un buen libro para armar de ideas, propuestas y perspectiva
estratégica a los militantes anticapitalistas.
La última vez que vi a Daniel fue en la primera universidad de verano
del NPA, en Port Leucate en agosto pasado, donde impartió varias charlas
y presentó la Societé Louise Michel, cuya fundación
animó con el objetivo de crear un espacio plural de reflexión
teórica y de debate. Hablamos del NPA, de nuestra recién campaña
a las elecciones europeas, y de la posibilidad de publicar en castellano
su libro Marx, mode d’emploi, y de su edición crítica de los
textos de Marx sobre las crisis económicas. A pesar de la enfermedad
persistente, y de que se le veía débil y cansado, nada hacía
presagiar un trágico desenlace como éste tan sólo unos
pocos meses después.
Cuesta asumir que Daniel no está ya entre nosotros. Su muerte es un
duro golpe para todos aquellos y aquellas que hicimos de su presencia, de
sus libros y sus charlas, uno de los elementos más estimulantes de
nuestra aventura militante.