|
FUNDACIÓNANDREU NIN |
||
Exceptuando los casos de Pierre Naville y Gérard Rosenthal, Péret sería el surrealista de primera hora más comprometido con las causas revolucionarias en general, y con el trotskysmo en particular. Nacido en Rézé (Francia) en una familia modesta. Enrolado, a instancias de su madre, en la guerra de 1914-1918, fue desmovilizado a finales de 1919. Llega a París y milita en el movimiento Dadá, con el que romperá en 1922 junto a Desnos, Breton, Aragon, Eluard. En 1924 dirigió con Pierre Naville La revolución Surrealiste, y publica los poemas D'immortale maladie. En 1927, igualmente (como Breton) seducido por la lectura del Lenin, de Trotsky, Péret se afiliará a pesar de su desconfianza en el PCF y toma parte activa de las luchas contra el colonialismo francés en Marruecos. En esta época publica Dormir, dormir dans les pierres y Au gran jour, y en 1928 aparece Le gran jeu. Casado con Elsie Houston, cantante brasileña, llega al Brasil en 1929, donde permanece hasta 1931 cuando es encarcelado y expulsado por su militancia trotskysta. Durante su estancia en Brasil aparece en 1930 Candomblé e Macumba en el Diario da Noite. Viaja a España donde asiste, con Breton, a la Exposición Internacional del Surrealismo, celebrada en Sta. Cruz de Tenerife, durante la cual el grupo firma algunas declaraciones solidarias con Trotsky, Planeta sin visado. También será uno de los firmantes del célebre Manifiesto, De cuando los surrealistas tenían razón, que significa la ruptura definitiva con el PCF. A continuación se adhiere al grupo que edita Contre-attaque, animado por Georges Bataille, en aquel momento muy próximo a las posiciones trotskystas, pero con el que no tardará en entrar en contradicción con las inclinaciones más nietzscheanianas de Bataille.
En agosto de 1936, después de la ruptura del surrealismo con el estalinismo, Benjamin Péret llega a España en plena insurrección proletaria. Un momento que recogió La Batalla (28-8-36) en los siguientes términos: "Esta madrugada nos ha visitado en nuestra redacción el escritor francés Benjamín Péret. Péret, poeta y revolucionario, ha llegado a España para luchar contra las huestes fascistas. Su nombre, bien conocido de todos los seguidores de la literatura revolucionaria de nuevas fórmulas, será un nombre francés que se incorporará en las filas del POUM. Porque Péret, marxista consecuente, ha querido inscribirse en nuestras filas por creer que era el partido que más fielmente representaba el sentir de la masa revolucionaria española. "Vengo -nos ha dicho- a luchar como un combatiente más entre vosotros. Pondré mis conocimientos de artillería, pues en la guerra europea serví en esta arma, al servicio de la revolución". Así es como se sirve al proletariado: con la pluma en la mano, en tiempo tranquilo, y con el arma, en los momentos necesarios. En marzo de 1937 lucha en el frente de Aragón en el batallón Nestor Makhno de la División Durruti. En 1936, publica Je ne mange pas de ce pain-la, y Le sublime. En abril de 1937 vuelve a París. En esta última fase, Péret colabora con la fracción bolchevique-leninista que lidera Manuel Fernández Grandizo, alias Gregorio Munis. En 1939, colabora con Breton en la tentativa de creación de la Federación Internacional de Artistas Revolucionarios Independientes (FIARI), y colabora en los dos número de su órgano, Clé.
En 1940 es detenido en Francia como agitador internacionalista y antimilitarista y es encarcelado en la prisión de Rennes, pero cuando el avance de las tropas alemanas es liberado. Vive un tiempo en la clandestinidad en París hasta que, franqueando las líneas de demarcación, se refugia en Marsella, donde se refugia en villa Air-Bel auspiciada por el Comité de Socorro norteamericano animado por los intelectuales y artistas próximos al SWP. Allí se encuentra nuevamente con Breton (con el que ha mantenido una constante correspondencia), Victor Serge, el canario Oscar Dominguez, Victor Brauner, y la pintora gerundense Remedios Varo, y que más tarde será reconocida como una de las más inquietantes pintoras surrealistas. Parte del grupo marcha hacia México en enero de 1942. Péret permanecerá en este país "surrealista por excelencia" (Breton) hasta 1947 militando en el trotskysmo junto a su amigo G. Munis, y con Natalia Sedova.
Ligado estrechamente con Munis, Péret firmará todo y cada
uno de los posicionamientos de éste [ver documentos firmados en común,
disponibles en esta página web] . En 1945 había aparecido Le
déshonneur des poetes. En 1948 regresa a Francia donde trabaja
como corrector de imprenta, y continúa su militancia en las fracciones
trotskystas en los difíciles años de la segunda postguerra mundial,
cuando el capitalismo consigue recuperar la iniciativa histórica gracias
a un pacto con la socialdemocracia, el estalinismo se impone en medio mundo,
y la izquierda militante permanecerá bloqueada entre la complicidad
con los partidos comunistas, en tanto que sus críticos sobrevivirán
pero inmersos en una crisis que llega a parecer perpetúa. En esta época,
Péret, aunque ligado con Munis colabora junto con Breton en la revista
Libertaire. En 1953 se publica Mort aux vaches et au champ d'honneur.
En agosto de 1954 viaja a España para hacer campaña a favor
de G. Munis y Jaime Fernández, condenados por Franco. En junio de
1955 viaja a Brasil, donde permanece hasta 1956, cuando es detenido, su nombre
aparece entre los que dan la cara a favor de la revolución húngara
de 1956, y entre los que denuncian la ocupación colonialista de Argelia
y defiende a los jóvenes insumisos. Será En la revista
Anhembi publica Que foi o Quilombo de Palmares. En agosto regresa
nuevamente a Francia. En 1955 aparece Le livre de Chilam Balam y en
1956 Anthologie de I' amour sublime. Su Anthologie des mythes,
légendes et contes populaires d'Amérique no aparecerá
hasta después de su muerte. Hospitalizado en la primavera de
1959, muere el día 18 de septiembre en el hospital. En su tumba,
en el cementerio de Batignolles, se puede leer un epitafio que no puede ser
más adecuado: Je ne mange pas de ce pain-la.
Hace unas semanas que Carlos, responsable de la editorial Alikornio, me
comunica su voluntad de realizar un paréntesis en un esfuerzo editorial
que culminaría en octubre con la reedición de Mi guerra
de España, de Mika Etcebéhère, que se había
reeditado en catalán hace mucho tiempo, y cuya primera edición
en castellano (Plaza&Janés, 1976), estaba agotada desde hacía
mucho tiempo. En la misma línea se había expresado Quim Cirera,
el animador de lo no menos magnífica Octaedro que ahora acaba de llevar
a cabo la primera traducción (de Paco Madrid) en castellano de El
ladrón, de George Darien, una obra "maldita", un penetrante testimonio
de cierto anarquismo en los tiempos de la mal llamada Belle Epoque, y que
viene avalada por sendas reseñas elogiosas de Andre Breton y Ernest
Armand, y que entre nosotros apenas sí es conocida por la subvalorada
adaptación cinematográfica efectuada por Louis Malle (Le
voleur, 1966). Entre los proyectos de Quim figura una traducción
de Los javaneses, de Jean Malaquais, en la que espero figure
la reseña que escribió Trotsky y que el lector encontrará
en el segundo volumen de Literatura y revolución. El agotamiento
de este tipo de empeños editoriales, normalmente ligados a un admirable
esfuerzo personal o de un pequeño grupo, tiene que ver con las
redobladas dificultades para encontrar un hueco en las librerías, aunque
sea en las más avanzadas, y por la ausencia de un "lectorado" popular
que en otros tiempos se nutria de las inquietudes obreras y universitarias.
Obviamente, estas dificultades hacen que solamente una minoría muy exigua (la que lee las reseñas en las revistas de izquierdas o le da por husmear en las cuestas moyanos de las capitales), sepan que desde hace tiempo, Quim anima la incombustible revista libertaria Etcétera (apartado de Correos 1363. 08080 Barcelona), y en la que se publica en pequeño formato textos altamente subversivos que sirven de introducción al pensamiento de sus autores, y entre las que se pueden encontrar las cartas escritas por Benjamin Péret, La guerra civil española, aparte de otros textos tan luminosos como Nada es tan desalentador como un esclavo satisfecho, de Ricardo Flores Magón; Una moneda valaca, de Christian Ferrer; ¡Las barricadas deben ser retiradas! ( El fascismo de Moscú en España, 1937), de Paul Mattick; Por qué he robado, de Alexandre Marius Jacob; Alcachofas de Bruselas, de Ives Le Manach, etcétera. Se trata de pequeños textos de autores de interés incuestionables que en otra época encontrarán sus vías de expresión en editoriales como ZYX o Fontamara, y que ahora cuentan con una distribución mucho más limitada.
Ha sido Octaedro quien precisamente ha editado El Quilombo de Palmares (col. Límites, Barcelona, 200), en una cuidada traducción de Joaquím Cirera, un proyecto arriesgado ("descapitalizador" según el argot editorial) para la que no encontró más ayuda que del… Ministerio francés de cultura. Péret estuvo casado con la cantante brasileña Elsie Houston, y permaneció en el Brasil entre 1929 y 1931, un tiempo en el que militó en la Liga Comunista de Oposición animada por Mario Pedroza (al que el PT le distinguió con el carnet número 1), hasta que fue encarcelado, y más tarde expulsado. Esta es una obra de un carácter muy particular en la obra del poeta surrealista, y con mano firme nos ofrece una crónica de la mítica aventura de los esclavos fugitivos de las plantaciones, cimarrones congregados en los palmares, una historia que, por cierto, dio lugar a una magnífica película del cinema novo brasileño con el mismo título.
Durante el siglo XVI una corriente continua de negros capturados en Africa,
embarcados en la isla de Gorée, llega a los puertos brasileños,
donde serán vendidos para trabajar en las plantaciones. Floreciente
comercio de esclavos que proliferó a lo largo de dos siglos. Los
esclavos que lograban huir de las plantaciones construían sus cabañas
cuando encontraban un lugar favorable. Este fue el caso de los Palmares,
en los límites de Pernambuco y Alagoas. El territorio tenía
una extensión de 27.000 km2 y reunió a unos mil fugitivos que
trabajaban la tierra en común: esta experiencia fue un verdadero ensayo
de nuevas formas de vida y de cultura en una situación de persecución.
Los habitantes del quilombo resistieron a los holandeses y después
a los portugueses, restaurada su autoridad en 1954: Finalmente fue destruido
en 1694 después de un sitio de veintidós días. El quilombo
representó la reacción instintiva de los negros en distintas
partes del Brasil. Fue una etapa necesaria, según Benjamin Péret,
para la emancipación de los negros hacia la abolición de la
esclavitud. Este singular episodio de la lucha contra la esclavitud se desarrolló
como un testimonio de la resistencia extraordinaria. La edición va
acompañada de Las religiones negras del Brasil, otro trabajo
de Péret en el que éste describe los distintos ritos del macumba
y del candomblé de los esclavos africanos transportados por portugueses
y holandeses a Brasil. Éstos transportaron también sus creencias
africanas y, vigilados por los curas católicos, dieron a sus divinidades
nombres de santos católicos, para así poder continuar con sus
antiguos ritos y creencias. Se trata de uno de esos libros necesarios para
comprender la "obra misionera" de la colonización que aborda una de
esas cuestiones ocultadas por el famoso V Centenario de 1992.
Edición digital de la Fundación Andreu Nin, julio 2003