Silencio en la cuenca
Delia Blanco
Delia Blanco es diputada del PSOE.
Inttervención en el homenaje a Wilebaldo Solano
Buenas tardes, quiero agradecer en primer lugar a la Fundación Andreu
Nin, que me ha permitido estar aquí, hoy, en el homenaje a D. Wilebaldo
Solano, último Secretario General del POUM, luchador inquebrantable
por las libertades y la democracia en nuestro País.
Soy una apasionada amante del cine y tengo entendido que participó
en Tierra y Libertad, la película de Ken Loach, sobre la Guerra Civil,
probablemente el primer intento de visualizar la Guerra con los conflictos
internos de la izquierda española.
Yo no soy académica ni historiadora, creo que estoy aquí porque
en la tierra de la que procedo, que es la Cuenca minera del Norte de Palencia,
tuvo lugar una lucha muy olvidada, excepto por los que la llevaron a cabo
y por los que la sufrieron; También, porque Agustín Santos y
Enrique del Olmo, de la Fundación, con su habitual generosidad me han
invitado.
Fui una espectadora de la historia siempre contada en voz baja de los mineros
y sus mujeres, y también, por primera vez presencié la tremenda
represión contra los mineros y sus familias, que se oponían
al cierre de las minas en 1968. Después de ese año, la diáspora
de los mineros hacia Bilbao, fue masiva. El silencio en el que quedó
el Valle, dura hasta hoy.
Por tanto mis palabras, son un relato que tiene que ver con mi memoria,
con la de mi gente, y con el descubrimiento consciente de la vida, de la
realidad, no de las apariencias en las que hubieran querido que me integrara.
1. La Mina. La historia de la mina empieza en 1843 con
el nombre de Empresa Esperanza, pero en realidad es a principios del siglo
XX, cuando la compañía Crédito Mobiliario vende las minas
a Ferrocarriles del Norte, y es bajo el mando de esta Compañía
cuando se producen los sucesos de la Revolución de Octubre de 1934.
El sistema de organización de los mineros se nucleaba alrededor de
la UGT, con 800 afiliados en ese momento, del Partido Socialista, y de Izquierda
Comunista, que se convertiría en 1935 en el POUM.
Las elecciones de Noviembre de 1933, que dieron el triunfo a las Organizaciones
del Centro Republicano y de la derecha, con Lerroux y La Ceda de Gil-Robles,
iniciaron una política claramente antirreformista, cuyo objetivo era
claro: desmantelar la tarea, que se había realizado durante el primer
Gobierno Republicano de la Coalición Republicana Socialista … la respuesta
a estas Elecciones fue inmediata: desde Cataluña se constituía
la Alianza Obrera, que era la concreción de un Frente único,
formado por la mayoría de las Organizaciones Obreras y, que debía
frenar el ascenso del fascismo en España. El fenómeno se extendió
por toda España, hasta la entrada de La Ceda en el Gobierno de la República,
que acabó provocando una huelga general, la revuelta de la Generalitat
de Cataluña y una auténtica Revolución obrera en toda
la Cuenca minera, que comienza en Asturias, sigue por la Cuenca minera de
León y llega hasta el norte de Palencia.
2. 1934. Los mineros fundamentalmente de Barruelo, Guardo,
Valle y Revilla de Santullán, tomaron las armas en las últimas
horas del día 5 de Octubre, y se hicieron con el control de los pueblos.
Se extendió la revuelta a otros pueblos, como Brañosera y Salcedillo,
las iglesias de estos pueblos fueron incendiadas el día 6.
La dotación de Guardias Civiles era muy pequeña, en concreto
5 agentes, hasta el día 7, que llega media compañía del
batallón de Palencia y 60 guardias civiles. La resistencia de los
mineros fue tremenda y se desplazaron desde Logroño aviones bombarderos
que amenazaban con atacar toda la zona. Ese mismo día 7, los mineros
socialistas y del POUM huyeron al monte, y el día 7 las tropas del
Gobierno controlaban la situación. La mayoría de ellos se entregaron
y 130 mineros fueron llevados a la prisión de Burgos, el alcalde de
Barruelo, socialista, Francisco Dapena, moriría en las dependencias
de la Guardia Civil después de una brutal paliza.
Los pozos que se levantaron se llamaban y hasta el día de hoy se
llaman el Calero, Dos de Valle, Perajido, San Rafael, … con todos los barrios
que habían crecido a su alrededor: Elechar, Mercedes, Vallejo de Orbó,
Barruelo, Revilla de Santullán, …
Después del fracaso de la Revolución, el Sindicato minero
dejó prácticamente de existir, excepto en una mínima
estructura clandestina. En 1935 cuando se crea el POUM, los pocos mineros
que quedaban se afilian masivamente, en la clandestinidad, teniendo a sus
compañeros todavía en la cárcel de Burgos. Fueron casi
dos años, muy duros hasta la victoria del Frente Popular en 1936,
que devolvió el Gobierno a los partidos de izquierdas y que de inmediato
proclamaron la amnistía para todos los detenidos.
Así, entre Marzo y Julio de 1936 volvieron a ser 700 afiliados en
el Sindicato minero de la UGT, y repartidos entre el Partido Socialista y
el POUM.
3. 1936, 18 de Julio. Toda la zona minera del norte de
Palencia quedó en manos de las tropas nacionales, tras el alzamiento,
puesto que ya estaba tomada prácticamente desde la Revolución
del 34. La línea del Frente se estableció en los montes colindantes.
Los mineros volvieron a pasar la línea del Frente para defender a la
República masivamente y esta lucha duró hasta Agosto de 1937,
fecha en que fueron definitivamente derrotados por el avance de las Fuerzas
Nacionales.
Muchos murieron en los combates o víctimas de las represalias del
bando vencedor, otros fueron encarcelados, otros llevados a campos de trabajo
y, por último, muchos de ellos fueron obligados a exiliarse fuera de
España.
4. La vida cotidiana. Entre tanto, las mujeres y los niños
se quedaron en el Valle … sin hombres; los pequeños fueron incorporándose
lentamente a las categorías profesionales de la mina, como lo habían
hecho sus padres: picadores, rampleros, entibadores y una categoría
muy peculiar, llamada “el penitente”, su misión era bajar a la explotación
antes que la plantilla de obreros, con una lámpara de seguridad y un
levitón realizado en lana, que recordaba a las chilabas, portaban un
bastón con un cotón en el extremo; recorrían la explotación
en busca del grisú, “el gas asesino” y donde lo encontraban arrojaban
el bastón con el cotón inflamado, tirándose al suelo
para que la llamarada no hiciese de él, un hachero … solucionado el
problema, la Brigada comenzaba su trabajo … Los niños arrastraban las
carretillas dentro de las minas, se les llamaba guajes … Este es el universo
que yo conocí en la tardía postguerra.
En los veranos de mi infancia veía llegar el primer turno, habían
entrado a las 6 de la mañana, y volvían a las 2 de la tarde
(los sábados doblaban el turno), explotaban de risa y de blasfemias,
tenían el lenguaje más creativo y preciso, anticlerical que
nadie pueda imaginar … En la mina, decían: “no se habla” “abajo no
se pueden hacer las cosas a lo loco” “no te puedes agotar, tienes que distribuir
las energías para toda la jornada de trabajo, porque con el agotamiento
llega la obcecación, y con ella el riesgo, y con el riesgo la muerte”
… Así cuando, salían de la mina hablaban mucho y se reían,
la vida valía muy poco, si no morían en la mina, lo hacían
de silicosis o de tuberculosis en plena juventud, sus salarios en comparación
con otros gremios, no eran pequeños, pero los mineros no viven como
los demás, porque saben que la muerte les acecha, así que sólo
viven el momento … traían la cara negra y sólo se veían
los ojos y los pocos dientes que les quedaban, todos tenían una esponja
naranja que colgaban de su cuello con dos gomas negras, era la esponja con
la que se protegían dentro del pozo, y antes de llegar a casa pasaban
por la taberna, El Almacén. Éste era bar, restaurante, ultramarinos,
un colmado en general, ahí entraba yo a comprar una gaseosa, pero en
realidad sólo iba para verlos y escucharlos, me gustaba lo propensos
que eran a lo bronco de la vida, honestos y con una capacidad de aguante inigualable
… Todos tenían motes, Gaspar el de Revilla, Severiano Santamaría,
allí se pasaba revista a la memoria, donde estaba tal o cual,
si había llegado a Francia o no, las hazañas de la Revolución
y la nostalgia de saber que eran los vencidos … seguían las palizas,
llamadas “recordatorios” en el cuartelillo …
5. Las mujeres. Las mujeres siempre esperaron, el salario,
sacar los hijos adelante sabiendo que su futuro serían mandarles a
la mina, quedarse viudas … fueron verdaderas resistentes a la adversidad …
lavaban las ropas negras de sus compañeros y maridos en el río
y en el lavadero comunitario. Allí, al igual que los hombres pasaban
revista a lo que había ocurrido en el pasado y a lo incierto del porvenir
… Siempre las recuerdo lavando, haciendo alianzas entre ellas, porque las
pegaban mucho y ellas aguantaban y aguantaban; sabían que la mina y
el vino no era una buena Universidad para el respeto … De ellas lo aprendí
todo, escapaba a sus casas, a hurtadillas, a aquellas cocinas calientes donde
todo era bastante conciliador hasta que sus hombres entraban, entonces ellos
pasaban a mandar. Ellas no tuvieron tiempo de registrar su experiencia, no
escribían, no sabían en su mayoría, eran escritas por
otros
Quiero terminar haciendo un homenaje personal a algunas mujeres pertenecientes
al POUM, algunas olvidadas por la historia, y muchas de ellas contempladas
únicamente como las mujeres de compañeros del POUM, aún
cuando ellas tenían autonomía y pensamiento propio.
1. CARLOTA DURANY
2. EMMA ROCA
3. TERESA REBULL
4. OTILIA CASTELLVI
5. MIKA ETCHÉBEHÈRE
6. NATALIA SEDOVA
7. MARY LOW
8. MARÍA TERESA GARCÍA BANÚS
9. Finalmente, a mi abuela, Paula, que no fue del POUM,
ni socialista, -en realidad, era de derechas-, pero que en plena Revolución
del 34, se le solicitó por parte de los compañeros mineros del
POUM y socialistas, las armas que tenía en su casa, y las entregó.
No denunció a ninguno de ellos.
En el poemario de Ángela Figuera, “El Grito inútil”, hay un
verso que me recuerda a todas ellas:
Dice:
¿
Que puede una mujer en la riada
donde naufragan tantos superhombres
y van desmoronándose las frentes
alzadas como diques orgullosos
cuando las aguas discurrían lentas?.
Madrid, a 28
de Marzo de 2007