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FUNDACIÓNANDREU NIN |
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El Bloque Obrero y Campesino representó la fuerza marxista más importante de Cataluña entre 1930 y 1936. El hecho de que un partido comunista disidente consiguiese una destacada implantación y se consolidase, constituye un hecho inédito en aquella época, en que tantos otros grupos de la izquierda internacional no consiguieron arraigar.
Entre las organizaciones separadas del PCE a lo largo de los años veinte, la Federación Comunista Catalano-Balear presentaba rasgos específicos derivados del origen sindicalista revolucionario de sus fundadores y de la calidad política y conocimiento de la realidad catalana de sus dirigentes. Esos factores son esenciales para poder entender la fuerza alcanzada por dicho proyecto frente a otros segmentos comunistas que se extinguieron sin llegar a intentar construir una alternativa al PCE oficial. La FCC-B iba dar lugar al nacimiento del BOC.
La constitución de un partido comunista independiente en
Cataluña, con vocación de extenderse al resto de España,
es un fenómeno que necesita explicación, por cuanto sus primeros
pasos se produjeron en años en que incluso los troskistas se orientaban
a permanecer en el seno de los partidos oficiales, aunque sus partidarios
españoles tuvieran que organizarse fuera del mismo. Inicialmente
fueron las diferencias con la dirección de Bullejos, sin un alineamiento
político definido, ya que se negaban a tomar partido en las rencillas
del movimiento comunista internacional. Posteriormente esas divergencias
alcanzaron al Komintern, que tutelaba al pequeño y sectario PCE
de los primeros años republicanos. La progresiva diferenciación
política del BOC respecto al estalinismo es un proceso en el cual
tuvo un importante papel el impacto causado por el triunfo del fascismo
alemán y la incapacidad de los comunistas estalinistas para evitarlo
con su política ultraizquierdista del Tercer Periodo.
Las acusaciones de Trotski sobre el carácter de oposición
de derecha del BOC son claramente equivocadas, el supuesto bujarinismo
de los comunistas disidentes dirigidos por Maurín radicaba únicamente
en tener una línea política independiente. Al mismo tiempo,
sus posiciones sobre el frente único y el permanentismo eran muy
similares a las de la Oposición de Izquierda.
La originalidad del BOC se expresa fundamentalmente en su principal éxito político: la orientación hacia la Alianza Obrera para enfrentarse al triunfo de la derecha de la CEDA. La formación de Alianzas Obreras en los años 1933-1934 en diversos lugares, y especialmente en Asturias y en Cataluña, aunque la poderosa CNT quedara fuera de la unión de las fuerzas obreras catalanas, fueron expresión material del éxito de sus propuestas de frente único.
La capacidad del BOC para mirar con ojos propios los acontecimientos catalanes y españoles, fue perfilando una identidad específica cada vez más alejada del estalinismo. En este sentido, la crítica del BOC y de Maurín al estalinismo se fue radicalizando y parte, como señala Maurín, de que la Internacional Comunista se había transformado de centro revolucionario mundial en instrumento al servicio de los intereses del Estado soviético. El nacionalismo ruso había derrotado a los socialistas internacionalistas. La total subordinación de los comunistas estalinizados a los intereses nacionales rusos les hacía alejarse de las necesidades del movimiento obrero. Como señalaba Maurín sólo les interesaba una revolución si estaba bajo el control y al servicio de Moscú: ¿había alguna fuerza política en los años treinta que tuviese mayor claridad sobre la esencia del estalinismo?
El BOC aportó una sensibilidad notable a los movimientos sociales de Cataluña, lo que le permitió conseguir un sólido arraigo obrero y campesino (especialmente en Lérida) y varios miles de militantes. La dificultad de su hacer político se comprende fácilmente, encajonados entre la hegemonía cenetista en el movimiento obrero industrial de Barcelona y el predominio de ERC entre amplios sectores populares nacionalistas y republicanos. El BOC no era un partido nacionalista, pero estaba imbuido de la necesidad de entroncar con su propio pueblo, sin trasladar mecánicamente la experiencia de la revolución rusa. Como decía Maurín, "un partido no puede ser una copia, un remedo, una adaptación. Ha de tener vida propia, y para tenerla, sus raíces han de ahondar la tierra del país en donde existe. Ha de estar unido al pasado, al presente y al porvenir del pueblo que quiera transformar" (Revolución y contrarrevolución en España).
La fusión con la Izquierda Comunista de España (ICE) para formar el POUM en noviembre de 1935, también tiene la necesaria presencia en el libro de Durgan, si bien no entra en el análisis de la trayectoria durante la guerra del POUM. Este partido, como antes el BOC, no conseguiría culminar su objetivo de construir un partido socialista revolucionario de masas, siendo víctima de la represión estalinista.
El estudio monográfico sobre el BOC constituye un trabajo imprescindible a partir de ahora para conocer una experiencia socialista original y fecunda, revolucionaria y antiestalinista.
El libro de Durgan representa una ocasión excelente para una
recapitulación sobre la importancia y el auténtico papel
del BOC, sobre su implantación y su militancia. Una aportación
básica a la bibliografía sobre el movimiento obrero y socialista
en la Cataluña de los años treinta. Perfectamente documentada,
clara y didáctica, una obra que aporta datos e interpretaciones
rigurosas a la historiografía del BOC-POUM. Un libro necesario.
Edición digital de la Fundación Andreu Nin, 2000