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FUNDACIÓNANDREU NIN |
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Recuerdo una discusión con unos amigos europeos hace unos
años en Niza, justamente, meses antes de la reunión gubernamental.
Uno de ellos me señaló que gracias a McDonald´s hoy
todo el mundo, incluso en África, podía comer. Yo le repuse,
con perdón por el tono de las palabras: “Sí, pueden comer,
en el caso en que puedan: McDonald´s garantiza en todo el mundo la
misma mierda”. Un poco sobre esta idea trata este panfleto cargado de intención
política escrito por Pierre Bourdieu (Contrafuegos. Reflexiones
para servir a la resistencia contra la invasión neoliberal,
Anagrama). La que el sociólogo francés llama mundialización
de lo peor no es el dardo menos venenoso que el autor lanza contra
la actual hegemonía del economismo. A través de conferencias,
intervenciones, artículos y entrevistas realizadas en ciudades como
Grenoble, Atenas o Friburgo (es decir, en parte de toda Europa), Bourdieu
pretende plantear críticas y alternativas a la teoría y a
la praxis en boga desde la caída del muro de Berlín, si no
desde antes con Reagan y Thatcher. 1989 fue para los de mi generación
una especie de 68 a la inversa, pues en lugar de ensanchar horizontes y
estimular la inteligencia, aquellos días pusieron fecha al documento
que decretaba el fin de la historia y el advenimiento irreversible de un
capitalismo triunfal: régimen que, a parte de hacerlo todo just
in time sin dar tiempo a la réplica y por tanto encerrándose
irreversiblemente, ahora sí, en una especie de monólogo enloquecido,
ya no quiere saber nada que no tenga que ver con la maximización
de beneficios y la alta rentabilidad. Nada de política, ni de cuidado
por lo social, nada de valorar cuestiones elementales como la educación
o la sanidad, nada de controversia racional, de arte, sobre todo nada de
“ideales”: los realistas, tanto da si son comunistas o capitalistas, egoístas
o comunitaristas, volvieron para imponer su deprimente visión de
la realidad.
Contra ésta y a favor de otras realidades más verdaderamente libres y más justas –yo diría incluso: más ajustadas a lo que de verdaderamente humano y hasta humanista podemos ver en la realidad-, el sociólogo francés Pierre Bourdieu va desgranando no sin acritud sus pensamientos sobre la televisión, la globalización, la precariedad laboral, los intelectuales, el periodismo, la inmigración, la ciencia económica y los banqueros. ¿Hay vida más allá del dinero?, parece preguntarse Bourdieu. Desde Spinoza sabemos que el dinero es el compendio de todas las cosas y que, por tanto, el dinero no es poca cosa; pero de ahí al imperio actual de las finanzas que incluso han perdido el sabor y el olor del dinero contante y sonante hay un largo trecho que este libro se propone poner a la vista de todos. ¿Con qué objetivos? Con el objetivo primordial de recuperar el gusto y el interés por la cosa pública, que más allá del dinero afecta a cuestiones como el lenguaje, la buena vida, la cultura o la simple convivencia civilizada. A pesar del tono simplificador que recorre todas las páginas del librito, y que el propio Bourdieu reconoce y justifica por las urgencias del momento, Contrafuegos realiza una operación inversa a aquella que los bomberos de Londres llevaban a cabo en la novela Fahrenheit 451: en lugar de quemar libros y bibliotecas, subyace en la propuesta de Bourdieu la voluntad de recuperar todo nuestro arsenal intelectual y simbólico para hacer frente de verdad a la mezquina y mediocre cotidianidad que nos ofrecen las historias que han llegado a su fin y los dineros que cotizan en bolsas intangibles.
En este sentido, el librito del sociólogo francés no apunta demasiadas nuevas pistas y se limita a recordar la vieja tradición internacionalista que la izquierda puede reclamar como propia. Pero este tipo de llamadas de atención dan ya un primer paso hacia lo que, por ejemplo, resulta la propuesta más llamativa del libro: la creación de un movimiento social europeo que propugne instituciones supranacionales capaces de garantizar en todo el mundo algo más que la misma mierda, con perdón del Big Mac y la Cheeseburger.
Edición digital de la Fundación Andreu Nin, noviembre 2003