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FUNDACIÓNANDREU NIN |
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"Hay que acabar con Trotsky durante este año". Esa es la orden dada por Stalin a Sudoplatov en marzo de 1939. Gran jefe de las misiones especiales, asesino dcl jefe nacionalista ucraniano Konovalets, organizador dcl asesinato de Trotsky y del espionaje atómico en Estados Unidos, Pavel Sudoplatov acaba dc publicar sus memorias. Las memorias de un criminal dc Estado. El joven Sudoplatov, que sólo tiene entonces 32 años, se siente muy emocionado al recibir esa consigna. Es su tercer encuentro con Stalin, habiendo sido el precedente para la liquidación dc Konovalets. Está muy emocionado, pero no porque se le pida liquidar a un ser humano, cosa banal en ese tipo de servicio, ni porque ese hombre, junto a Lenin, fuese el principal organizador dc la revolución dc Octubre; estamos en la época de la gran purga, Kamenev, Zinoviev y Bujarin ya han sido aniquilados, y en todo cl país se han votado, a mano alzada, resoluciones aprobatorias, No, no es por ninguna dc esas razones, sino porque recibe la orden del mismísimo Stalin.
¿Cómo es posible que un adulto pueda ser dominado psicológicamente hasta ese punto? Es cierto que había incentivos que facilitaban su aceptación de una misión dc ese género: "Si la operación triunfaba, el Partido no olvidaría nunca a quienes hubiesen tomado parte en ella, y les protegería, a ellos y a cada uno dc los miembros de su familia". Palabras del padrecito dc los pueblos, de las que nos pone al corriente este muy especial agente.
Existe otro factor influyente: se encontraba bajo la amenaza de exclusión del partido, y varios de sus amigos más cercanos habían sido detenidos. Le era necesario dar pruebas de fidelidad. Inmediatamente después de su aceptación, es promovido a director adjunto del Departamento extranjero, lo que, por otra parte, inquieta a su mujer, también miembro de la GPU y más al corriente de los riesgos propios de ese tipo de promoción. Ella prefería que hubiese seguido, siendo un simple oficial. El porvenir confirmará sus aprensiones.
Los años de formación de un asesino de Estado
¿Por qué camino intelectual y político llego este hombre hasta ahí? Hijo de un molinero ukraniano de Melitopol y de una mujer rusa, habla ucraniano, lengua cuya enseñanza estaba prohibida bajo los zares, y en la escuela aprende a leer y a escribir en ruso. El año de la revolución, con 10 años de edad, pierde a su padre. Su hermano, Nikolai, se alista en el ejército rojo durante el siguiente año, y Pavel sigue su ejemplo en 1919, con sólo 12 años. No era el único de esa edad. He conocido otros viejos bolcheviques rusos a los que las convulsiones de la época había arrastrado a la guerra civil y a la acción política con esa misma edad. Como sabe leer y escribir. raras cualidades en ese país salido de la esclavitud hacía sólo 50 años y con una población en gran parte analfabeta, se le destina a transmisiones. Hace de telefonista, secretario, y pronto mecanografía documentos confidenciales, viviendo en medios de los combates y de los golpes de mano. De alguna forma, este engranaje le lleva a los servicios de información, convirtiéndose después en miembro de la Checa, como su hermano mayor, al que admira y que morirá en el frente polaco. Tras diversas peripecias, con 20 años se encuentra en el departamento político secreto de la oficina ucraniana en Jarkov, donde se enamora de una colega dos años mayor que él, Emma Kaganova, rubia de ojos azules, nacida en una comunidad judía de Bielorrusia. Ella ha cursado estudios secundarios y, como se adivina a través del testimonio de Pavel Sudoplatov, le aporta la cultura que a él le falta. Le anima a realizar estudios de Derecho. Aprende alemán para su trabajo. Su carrera está trazada. Son una pareja feliz que trabaja en los servicios de información, para la revolución. Ciertamente, él corre peligros, sobre lodo en el extranjero, cuando se infiltra en las filas nacionalistas ukranianas, pero todo es por la buena causa. Como muchos funcionarios de cualquier país, sirven al Estado y no tienen problemas de conciencia.
Una carrera ejemplar
Mientras desgrana sus recuerdos, él nos hace revivir, a los trotskistas de mi generación, los asesinatos [de partidarios] del Viejo. Confirma y aclara los asesinatos de I. Reiss (Poretski), de Rudolf Klement, y el papel del NKVD, bajo la dirección de Loiwa L. Filbin, Orlov, en los asesinatos de trotskistas y de poumistas en la España republicana, así como el asesinato dc Trotsky, preparado durante mucho tiempo. También confirma la infiltración tras la guerra en medios científicos americanos y británicos para obtener los secretos de la bomba atómica. Afirma que los más grandes sabios, Robert Oppenheimer, Enrico Fermi, Leo Szilard y Niels Bhor, pensaban que era necesario compartir sus conocimientos con sus colegas rusos. Todas las personalidades del espionaje desfilan por el libro: Donald MacLean, Kim Philby, Guy Burgess, con sus nombres en clave. Confirma que los esposos Rosenberg sólo jugaron un papel insignificante.
No es una novela policíaca, es una antología de los crímenes
estalinistas, desde Henryk Ehrlich y Victor Alter (dirigentes del Bund)
hasta el diplomático sueco R. Wallenberg, envenenados por el médico
Maïranovski, director del laboratorio de investigaciones toxológicas
del ministerio de seguridad, actuando bajo órdenes directas del
ministro. Sudoplatov está orgulloso de sus acciones personales.
Es un alegato “pro domo”, ya que a pesar de sus inigualables servicios
prestados, fue detenido en 1953, con el pretexto de su colaboración
con Beria. Tras la muerte de Stalin, Beria, que estuvo a punto de ser liquidado
por Stalin por medio del pretendido complot de las "batas blancas", había
comenzado, mucho antas que Kruchtchev, a derribar al ídolo, a rehabilitar
a los médicos acusados, a liberar a los presos comunes y a intentar
liberalizar el régimen con la esperanza de hacerse popular. Sudoplatov
pasará 15 años detenido, en la cárcel de Vladimir,
una confortable prisión para miembros de la
nomenklatura situada 200 kilómetros al Este de Moscú,
en la que se entera por sus colegas detenidos dc muchos otros detalles
sobre los asuntos secretos del régimen. Pero estos testimonios,
de segunda mano, son menos precisos que los de la época en la que
él era el gran ejecutor.
Una casta cerrada
De paso, nos informa de cosas sobre la nomenklalura, especialmente
sobre los órganos compartimentados por el secreto, pero atravesados
por luchas dc clanes. Si un jefe cae, sus comparsas le acompañan
en la caída. Desde los años 20 hasta
la caída de Beria ha conocido no pocas purgas. Nos da luz sobre
el comportamiento despreciativo y demagógico de los altos dirigentes
del Kremlin, insultantes y groseros con sus subordinados inmediatos, aunque
tengan rango de ministro, pero de una exquisita cortesía con el
pueblo. A cuento de cierto lance, puede aprenderse, sino se sabe ya, cuáles
son los privilegios de la nomenklatura. Por ejemplo, sus hijos pueden
entrar en las buenas escuelas sin hacer el examen de entrada. Estos celosos
servidoras tienen privilegios ignorados por los demás ciudadanos
soviéticos. Cuando él habla de un amigo, nunca deja de declinar
sus grados y condecoraciones. Como si el respeto a la jerarquía
y al tchin (el grado, leamos Gogol) de la época
zarista se hubiese perpetuado bajo Stalin y sus sucesores.
Es interesante observar que estos grandes agentes del crimen de Estado,
absolutamente disciplinados en su juventud, terminan, con el tiempo, pero
sobre todo a partir del momento en que se convienen en víctimas
de la arbitrariedad, tomando conciencia de la gigantesca impostura estalinista.
El propio Sudoplatov se hace consciente de la imbecilidad de algunas órdenes.
Convocado por Stalin en 1952 para dar su opinión como experto sobre
un plan para asesinar a Tito, aconseja no hacerlo sino aprovecharse de
las rivalidades de su entorno, infiltrado por los servicios soviéticos.
Es escuchado. Igualmente, desaconseja a Kruchtchev la liquidación
física de algunos nacionalistas ucranianos, no por bondad, sino
por eficacia política. Las desapariciones dc Stalin y Beria no detienen
las ejecuciones secretas ordenadas por sus sucesores, Malenkov, Kruchtchev
y Molotov. Cuando es detenido él mismo, está lo suficientemente
al corriente de los mecanismos del sistema para no
comprender que se le quiere utilizar en una áspera lucha por
el poder.
Sin embargo, hay que reconocerle una cualidad política. No es antisemita, siendo su mujer y sus amigos más próximos de origen judío. Liberado en 1968 por Brejnev, no cesa dc realizar gestiones para su rehabilitación. Con semejantes servicios, ¡cómo podría el Estado, incluso el soviético, no reconocer sus méritos! Pues bien, ¡no! Tendrá que esperar la implosión del imperio, en agosto de 1991, para que, como escribe, "devuelto a mi nombre el honor que le es debido". Y termina diciendo "Nadie debe ignorar que yo también he sido una víctima de la represión política".
Sudoplatov no me hará llorar por sus 13 años de confortable
internamiento en la cárcel de Vladimir, ni tampoco lo hará
su subordinado Ramón Mercader, que cumplió 20 años
por el asesinato de Trotsky en la penitenciaría de México,
en buenas condiciones. Como el nazi Eichmann, estos dos estalinistas participaban
en lo que Hannah Arendt llamaba “la banalidad del mal”.
Edición digital de la Fundación Andreu Nin, mayo 2002