FUNDACIÓN

ANDREU NIN

¡Alto a la guerra y al terror en Chechenia!

Declaración de la campaña "Solidaridad contra la guerra en Chechenia"


Declaración del movimiento que lucha en Rusia contra la guerra de Chechenia



La serie de atentados terroristas en Rusia, culminada por una sanguinaria tragedia en Beslán, ha recordado nuevamente al mundo entero que nuestro país está en guerra, a la que nuestras autoridades denominan “intervención del terrorismo internacional” comparándola a los acontecimientos del 11/9/2001.

Sin embargo, por mucho que se diga que entre los asaltantes de la escuela oseta había “árabes” y “negros”, no es posible ocultar que el fuego de la guerra arde en el norte del Cáucaso y que ha sido prendido por el propio gobierno ruso.
No son las ideas del integrismo militante en sí mismas las que empujan a mujeres chechenias suicidarse haciendo explotar una bomba en aviones o en el metro moscovita. Los terroristas de Beslán no plantearon reivindicaciones integristas abstractas, sino otras muy concretas: el cese de la ocupación de Chechenia. El terrorismo, el asesinato de civiles, más aún cuando se trata de niños, es una locura y una barbarie, pero son producto del ambiente de terror que inunda Chechenia por culpa de las autoridades rusas que intentan mantener allí su poder imperial a cualquier precio.

Contra el terrorismo no se lucha con las manos ensangrentadas hasta los codos, sino con las manos limpias. En Chechenia, desde 1994, la máquina militar rusa ha eliminado a 150.000 personas, entre ellas más de 35.000 niños, cerca de 7.000 niños han perdido a sus familiares, 40.000 personas han sido mutiladas y otras 4.000 han desaparecido.

Las operaciones de “limpieza”, las ejecuciones sumarias, los actos de violencia contra la población de la república ocupada, crean cada día nuevas kamikazes cargadas de explosivos, dispuestas a vengarse de la forma más monstruosa. En su conciencia traumatizada, identifican a todos los ciudadanos de Rusia con los violadores y asesinos del Servicio Federal de Seguridad, del Ministerio del Interior o del ejército. Por eso, en nuestro país nadie goza de seguridad, salvo, quizás, la élite suprema dentro de sus hoteles particulares y sus limusinas blindadas.

Esta situación se mantendrá mientras que no cambie la política del Kremlin en el norte del Cáucaso. No es posible saber dónde tendrá lugar un próximo atentando terrorista que cause centenares de víctimas...

Es estúpido esperar que el Estado defienda a sus ciudadanos contra los terroristas. Los acontecimientos de Beslán han vuelto a poner de relieve la indiferencia, la crueldad, corrupción e ineficacia de todo el aparato militar y policial. La acción de los destacamentos especiales, provistos de todo tipo de armamentos, incluyendo tanques y helicópteros, han provocado la muerte o desaparición de más de 500 rehenes. Una vez más, como ya ocurrió el año 2002 en el Teatro Dubrovka, un irreflexivo asalto al edificio ocupado a desembocado en una sangrienta pesadilla. Y, de nuevo, la preocupación del Gobierno ha sido impedir toda negociación con los separatistas chechenios y ocultar la verdad, sin intentar salvar a las personas, ni siquiera a los niños.

Ahora, tras todo lo ocurrido, se pide que el pueblo se “una” con el Poder que pretende que va a combatir al terrorismo con la supresión burocrática de las elecciones de gobernadores y la formación de una nueva nomenklatura.  Resulta difícil inventar algo más absurdo y cínico.

Las manifestaciones montadas desde arriba bajo consignas de apoyo al Gobierno no son capaces de detener la ola de terror. Sólo una respuesta popular masiva puede hacerlo.

Para poner fin al terrorismo, es preciso, en primer lugar, suspender el terror de estado en Chechenia, que se extiende a Inguchia y amenaza con afectar a todo el Norte del Cáucaso. Sólo así desaparecerían en esa región las bases del extremismo islamista, que se alimenta de los sufrimientos de las víctimas de la guerra.

Hay que llevar acabo una regulación política del conflicto chechenio, con participación de los representantes de la República Chechena de Ichkeria, de las ONG rusas y chechenias, de las organizaciones internacionales. Esa regulación contribuiría a la liquidación de una de las principales causas del terrorismo, esa maldita guerra desencadenada en provecho de las ambiciones imperiales de los dirigentes del Kremlin.

Los pueblos de Rusia y Chechenia no necesitan esta guerra. Pero las autoridades nunca la pondrán fin por su propia voluntad. Hay que obligarles a ello utilizando todas las formas de presión civil desde abajo: boicot activo a las iniciativas gubernamentales; acciones de solidaridad con las víctimas de la guerra y del terror; movilización de la opinión pública en Rusia y en el extranjero. Está tarea resulta difícil en una sociedad en la que la mayoría no privilegiada es aún débil. Pero no hay otro camino hacia la paz y la seguridad.
 
 

Moscú, 14 septrembre de 2004

Edición digital de la Fundación Andreu Nin,  octubre 2004


 
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