Unas palabras sobre las luchas obreras
Hugo Cores
Hugo Cores (1937-2006) fue un
activo dirigente y referente de la izquierda uruguaya. En los años
cincuenta fue dirigente estudiantil y militante de la Federación Anarquista
del Uruguay, en los sensenta vicepresidente de la Covención Nacional
de los Trabajadores y uno de los fundadores, en los años setenta, del
Partido para la Victoria del Pueblo. En 1999, en la sede de la Fundación
Viván Trias, Hugo participó en un taller de intercambios sobre
“Luchas obreras en los 50 y unidad sindical”, junto con Irmo Bidegaray, Pedro
Toledo e Ignacio Huguet, todos militantes sindicales. Estas fueron sus palabras
en esa actividad.
Entiendo que actividades de este tipo, de reflexión abierta, de intercambio
de experiencias vividas y de jornadas contra el olvido, contra la desmemoria
son imprescindibles en el proceso de repensar la realidad del país,
de reconstruir y fortalecer nuestra izquierda.
El período que abordaremos se caracteriza por el auge de una propuesta
neobatllista liderada, fundamentalmente, por el Sr. Luis Batlle Berres que
retomó una parte considerable de lo que fueron las ideas medulares
aplicadas por José Batlle y Ordoñez en los primeros años
del siglo y que tanta singularidad le dieron a la historia del país.
Importa destacar esto, porque los años 50, por lo menos la primera
mitad, son normalmente evocados como el paraíso perdido, con la época
del esplendor, de los éxitos deportivos, un poco la “belle époque”
que nos tocó vivir.
Una parte de nuestra memoria y la memoria de los compañeros que han
trabajado en la historia del movimiento obrero pretende mostrar que aún
en esa “belle époque”, de supuesto paternalismo, las condiciones de
reproducción del capitalismo dependiente uruguayo llevaban a la explotación
de los trabajadores, que costaba sangre, sudor y lágrimas construir
organizaciones, que a ningún gremio le regalaban nada, sino que todo
era fruto de la organización, de las cotizaciones, de las huelgas,
en fin, del sacrificio de los militantes y de los trabajadores que con su
unidad, que iban construyendo y reconstruyendo, lograban conquistas que después
se incorporaban a la legislación vigente. Existía la lucha de
clases que ahora el neoliberalismo pretende poner en cuestión. Recordemos
no sólo que ésta existía sino también los términos
de dureza en que se daba en aquella época.
La década del 50 es también el comienzo de la declinación
de un proceso casi ininterrumpido del desarrollo que tuvo el país,
que abarcaría casi 50 años. Porque los períodos de estancamiento,
que sobretodo en el agro comenzaron en el 30, fueron en parte paliados, por
un proceso de desarrollo de la industria. Se podría decir que el país
prácticamente conoció 45 años de avance ininterrumpido.
Pero a partir del 55 eso se empieza a modificar por los límites impuestos
por la dependencia económica.
Hasta aquí llegó el proyecto liderado por la burguesía,
liderado por estos sectores. Lo que el Batllismo y el Neobatllismo conquistaron
en materia de independencia nacional, de planificación económica,
de fortalecimiento de las empresas públicas, de legislación
laboral, de mejoras de la seguridad social, se detiene y se empieza a constatar
que el país pierde en la balanza de pagos, el precio de la carne cae,
el país se endeuda y en esta década se produce el punto de inflexión
en la dependencia.
A fines de la década del 50, en 1959, el país firmará
la primera carta de intención y desde 1959 hasta hoy, hay una creciente
pérdida de soberanía porque los que empiezan a decidir el gasto
público, los salarios y la inflación, son los gobernantes en
acuerdo con los funcionarios internacionales que el Fondo Monetario enviaba,
y ya desde entonces monitoreaba, desde las Oficinas de Planeamiento y Presupuesto
y del Banco Central, la conducción económica del país.
Esta década también se caracteriza por el comienzo de una
conciencia latinoamericanista y antimperialista. Dicho así parece
sencillo, pero construir un pensamiento propio es sumamente difícil.
Yo no conocí a Mariátegui hasta el año 60, creo que
eso nos pasó a muchos de nosotros. No conocíamos lo que ocurría
en otros países de Latinoamérica. En la década del 50,
con la revolución boliviana de 1952, la guatemalteca de 1954 y sobre
todo la cubana de 1959 fuimos aprendiendo de América Latina, fuimos
conociendo otras realidades. Creo que este es un paso importantísimo
del desarrollo tanto de la izquierda como del movimiento obrero. Cuando digo
“conoce”, no estoy pensando sólo en el Partido Socialista o en el
Partido Comunista o en la Federación Anarquista, sino en el pronunciamiento
que las organizaciones sindicales hacían, como se discutía
sobre esta temática, cómo ésta llegaba a integrar las
asambleas y cómo eran objeto de debate.
El otro punto es que de la división histórica entre las corrientes
anarco sindicalistas, las corrientes más vinculadas al Partido Comunista
y las corrientes más vinculadas al Partido Socialista, hay un pasaje
a la unificación popular. Esto ocurre dentro del movimiento obrero,
y desde éste hacia el movimiento estudiantil. Ya en la lucha por la
autonomía universitaria, que es del año 1951, hay indicios de
cómo se entendía la importancia de la autonomía universitaria
desde el movimiento obrero y sobre todo lo que fue después la lucha
contra el tratado militar en 1953 y que culminó con las grandes manifestaciones
de 1958, que fue cuando surgió por primera vez no como slogan, sino
como realidad, aquello de “obreros y estudiantes unidos y adelante.
Recordemos que en Argentina, un país próximo, se había
gestado “aquella cosa” que dividió tan penosamente al movimiento popular
argentino, “alpargatas si, libros no” y la idea de que el movimiento estudiantil
representaba la libertad y la democracia, y el movimiento obrero representaba
el totalitarismo peronista, y que los sindicatos peronistas y la Federación
Universitaria Argentina eran opuestos, antagónicos, y estaban enfrentados.
Eran dos sectores populares que tenían su tradición importante
y que lamentablemente en ese período y durante muchísimo tiempo
anduvieron por carriles separados.
Otro aspecto sería la “estatización de los partidos tradicionales”.
Comienza un fenómeno cada vez más frecuente, estos tienen menos
contenido ideológico y programático y cada vez más son
oficinas de reparto de empleo. Son impensables fuera del Estado, han desarrollado,
por ejemplo, el clientelismo, la pérdida de la vitalidad ideológica
y el sostenimiento electoral en función de la Ley de Lemas.[ La Ley
de Lemas consiste en la acumulación de votos dentro de un mismo partido,
por lo cual el candidato más votado suma los de los otros candidatos
presidenciables del mismo partido]. Me tomé el trabajo de mirar con
qué porcentajes fueron electos los últimos presidentes del país.
Martínez Trueba ganó en 1950 con el 19,5 % de los votos, Luis
Batlle Berres ganó con el 28,9%, es el que tiene la mejor elección
de todo el período. La fórmula Etchegoyen – Nardone en 1958
ganó con el 24 %. La UBD en 1962 con el 27% y Gestido obtuvo 21,3%.
El que se acercó más a Tabaré Vázquez fue Luis
Batlle Berres con el 28,9%. Tabaré Vázquez es el candidato presidencial
más votado en todo lo que va del siglo con el 30% de los votos. Ninguno
de los que gobernaron en esta época, tuvo, salvo Luis Batlle Berres,
ni de cerca los votos que tuvo Tabaré Vazquez en esta elección.
En el orden económico, la inserción del Uruguay en el mercado
internacional se vio favorecida, durante un tiempo, por los altos precios
de los productos exportables: lana, carne, cueros, etc. Esto es muy conocido,
pero en la reconstrucción de Europa y en el desarrollo de la guerra
fría, los Estados Unidos retomaron la ofensiva sobre América
Latina y se inició la tendencia de la caída de los precios de
las materias primas, tendencia histórica para el subdesarrollo y que
ha sido muy analizada y explicada en la obra de Vivian Trías.
Políticamente se empezó a gestar una izquierda de base auténticamente
Latinoamericana, las denuncias contra Stalin en el XX Congreso de la URSS
fueron un paso que, aunque lentamente, empezó a favorecer una mayor
autonomía de los partidos comunistas frente a la Unión Soviética
y lo mismo sucedió con las denuncias contra los partidos social-democrátas
que gobernaban o participaban en gobiernos que practicaban políticas
colonialistas en Asia y Africa. Es el caso del Partido Socialista que denunció
al Partido Socialista Francés en la guerra de Argelia. También
está mostrando que desde estos partidos se miraba la realidad latinoamericana
no por el ojo de los socialistas y comunistas europeos sino cada vez más
y a lo largo de la época, con ojos latinoamericanos.
Jorge Luis Lanzaro tiene un trabajo donde desarrolla la idea de una alianza
de la clase obrera con la burguesía industrial, un poco apuntando a
que en el país había paternalismo, concordia de clases, el Estado
como representación de clases. A mi me parece que tiene un concepto
equivocado. No hubo alianza de la clase obrera con la burguesía industrial.
La clase obrera y la burguesía estuvieron enfrentadas; que en algunos
puntos la clase obrera estuviera interesada en el desarrollo de la industria
es un aspecto, pero eso no significa una alianza de clases, ésto tiene
otro significado. La alianza de clases sería de la burguesía
industrial con los ganaderos, que entre otras cosas necesitaban de la burguesía
industrial como la burguesía industrial necesitaba de los ganaderos.
Eran dos fracciones de la misma clase. Aquella alianza planteada por Lanzaro
parece un concepto riesgoso e incorrecto.
En el puerto, por ejemplo, existía una organización de rompehuelgas
que se llamaba “la gorra blanca”, una organización de matones y de
gansters; de tanto en tanto aparecía un dirigente sindical golpeado
por este grupo. Allí actuaba Blas Facal, que sacaba un periódico
que se llamaba “Proa”, y también Wellington Galarza, Esteban Kikich.
En general predominan en esa zona, anarco-sindicalistas, la Federación
Naval agrupa a 28 gremios, edita este periódico y su lema es “La vida
es lucha”.
En esos meses, estoy hablando del año 1950, coincidente con Maracaná,
fueron ocupadas 150 fábricas de la industria metalúrgica y dice
el Ministro de la época, en el Parlamento, que es la primera vez en
el país que los sindicatos asumen esta modalidad de lucha. En ese
momento la fábrica “Ferrosmalt”, presidida por el Ing. José
Serrato, ex-presidente de la República, montó un ejército
de 150 individuos dirigidos por un ex-militar. Hubo varios obreros heridos
de bala.
Pedro Saenz, en FUNSA, reclutó gente con avisos que salieron en el
diario “El Día” diciendo que había un sobre-salario y el arma
la proporcionaba la empresa. O sea matones dentro de la empresa para quebrar
una y otra vez la organización obrera.
En una huelga, ese mismo año, estoy hablando de hechos del año
1950, hubo un incidente y mataron al obrero D. Gómez de la Federación
de Obreros de la Lana.
En julio, junto con los éxitos deportivos de Obdulio Varela, el ejército
intervino en el puerto y en los frigoríficos y rompió la huelga.
Esta terminó porque en las tareas los rompehuelgas hicieron cualquier
estropicio, y aunque después los sindicatos denunciaron que se dañaron
máquinas, faltaron cuchillos, etc., la huelga la rompieron.
En la reforma constitucional de 1951 se intentó poner límites
a la autonomía universitaria. La FEUU decretó la huelga general
y en setiembre logró el retiro de una propuesta que transformaba la
Universidad en otro Ente Autónomo más, con un Directorio político
de tres cargos para el partido mayoritario y dos para el minoritario, al paladar
de los partidos Colorado y Blanco de la época.
En octubre de 1951 hubo una huelga general solidaria con el conflicto de
ANCAP, es la huelga solidaria más larga de la historia del país.
Duró casi tres semanas.
En marzo de 1952 se implantaron medidas de seguridad contra los trabajadores
de Salud Pública. Legisladores blancos y colorados las apoyaron, dijeron
que se había instalado un soviet en los hospitales y que por esto no
se podía entrar. Fue una huelga muy dramática porque aplicaron
medidas represivas, entró el ejercito a los hospitales, creando situaciones
de extrema gravedad.
En setiembre de este mismo año, hubo nuevas medidas prontas de seguridad,
esta vez contra los trabajadores del transporte, fue la huelga general de
los gremios solidarios, sobre la cual justamente nosotros hicimos un trabajo.
Fue una huelga muy intensa e importante, participaron 34.000 trabajadores,
fue una huelga que duró 16 ó 17 días y que coincidió
con un momento de mucha tensión entre Uruguay y Argentina. Se trató
de crear una fobia antiperonista, dar la idea de que había una infiltración,
una intención del peronismo de desestabilizar al país. Al Uruguay
se lo quiso presentar como una especie de fortaleza democrática frente
al avance totalitario y se prohibió la circulación de los diarios
argentinos. A la huelga se la combatió como un intento de subversión
peronista y comunista. No era ni una cosa ni la otra porque al final el partido
comunista no acompañó la huelga y obviamente el peronismo no
tenía en el país más que un pequeño núcleo
que tenía muy poca importancia. Editaban un periódico, Omar
Díaz era su director pero no consiguieron tener el menor apoyo del
movimiento obrero uruguayo.
En 1953, en plena guerra fría y aplicación del punto cuarto
del Plan Truman, se produjo una movilización sumamente importante de
la FEUU y una cantidad de gremios obreros, sindicatos autónomos y
UGT, contra el tratado militar con los EEUU. Fueron momentos en los cuales
hubo anticomunismo, actos de intimidación y persecución a docentes,
en un clima entibiado de macartismo, es decir, hubo un intento de implantar
la persecución por ideas en el país.
Así quedan planteados los primeros síntomas y las primeras
consecuencias de un estancamiento productivo que todos los historiadores colocan
por los años 30 y cuyos efectos sociales comienzan a notarse. Hay
un libro de aquellos años de Chiarino y Saralegui: “Detrás de
la ciudad”, que muestra un panorama muy fuerte donde se nota el empobrecimiento
de las clases medias y de los sectores populares del campo. Estas clases medias
y los sectores productivos fundaron después la Liga Federal de Acción
Ruralista, este fue un fenómeno nuevo, interesante, con una participación
de masas importante, dirigida por una personalidad política negativa,
muy polémica, como lo fue Benito Nardone, que llegó a ser Consejero
de Gobierno. Este movimiento derivó muy rápidamente en una
prédica anticomunista, persecutoria de los sindicatos. La Liga Federal,
como tal, era un movimiento nuevo que representaba un hecho real: había
capas de granjeros, de pequeños ganaderos, de habitantes de la zona
próxima a Montevideo que ya estaban sintiendo el impacto del estancamiento
y de la crisis económica de la que el país aún no ha
salido.
El proceso de descomposición de la estructura económica del
agro uruguayo se ha mantenido casi ininterrumpidamente salvo algunos pequeños
bolsones que han tenido y tienen mínimos ciclos de prosperidad, como
lo hubo en torno a Bella Unión con la fruta y el azúcar, como
el desarrollo del citrus, el arroz y la lechería. Es decir salvo 3
ó 4 excepciones la tendencia es la que se marcó en los años
50 y es la que generó los rancherios, los pueblos de ratas. Recuerdo
la presencia de Raúl Sendic organizando a los trabajadores rurales
y a Orosmín Leguizamón, con grave lesión ulterior en
un accidente, que organizó el gremio de los arroceros y que denunciaba
esa situación que se generaba en pleno período de prosperidad
del país.
Hay una presión muy fuerte de los EEUU, que están recomponiendo
su dominio sobre América Latina, reclamando libertad de comercio, y
hay algunas protestas de industriales uruguayos frente a eso, diciendo que
la libertad de comercio que se manifestó en el abatimiento de las
barreras arancelarias tiene sobre la industria nacional un efecto profundamente
nocivo; produciéndose allí un cierto forcejeo. Luis Batlle Berres
tenía expresiones de nacionalismo, de cierta defensa del espacio industrial
nacional, pero no las llevó hasta las últimas consecuencias;
no denunció, no enfrentó. Es el destino de esta fracción
que forcejea pero termina cediendo, porque no es capaz, no tiene la fuerza,
ni se ha organizado como para oponerse verdaderamente a la potencia hegemónica
que es en ese momento los EEUU.
En este período vivimos también lo que fue la gran presión
para que el Uruguay enviara tropas a Corea. El Consejo de Seguridad de las
Naciones Unidas pidió que se enviaran tropas; Colombia se aprestó
a enviar un destacamento, e inmediatamente una alta fuente de la Cancillería
de los EEUU manifestó que lo conveniente sería que lo hiciera
un país notoriamente democrático como el Uruguay, y empezó
una gran presión para que se mandaran tropas, pero como había
un movimiento popular, un estado de espíritu democrático, un
Partido Nacional no proclive a eso, hay que reconocerlo, el país no
mandó, felizmente, tropas a Corea, no se vio envuelto en ese acontecimiento.
En esos años Vivian Trías puso en evidencia cómo en
el Uruguay Batllista se estaba produciendo el proceso de acumulación:
denunció las 500 familias que poseían el 40% de la tierra, así
como 60 empresas acaparaban el 33% del capital industrial y como 30 apellidos
ocupaban puestos claves en esas empresas. En las listas figuraban prominentes
hombres de los partidos tradicionales y muchos nombres aparecían en
los directorios de las empresas imperialistas: Saenz, Serrato, Frick Davis,
Posadas Belgrano, Gómez Folle... un grupo que estaba no sólo
detentando un creciente monopolio del capital industrial, ya entrelazado con
el bancario, sino a su vez con las empresas imperialistas que estaban trabajando
en el país.
En ese período se produce la ya mentada reforma constitucional colegialista
de 1951 que, entre otras cosas, habilitaba la colaboración de los dos
grandes partidos para asegurarse un gobierno de unidad nacional, llamémosle
así, conservadora; era una anticipación de la situación
actual. Quijano en un editorial señalaba que la perspectiva del país
con estas estructuras atrasadas era de desestabilización socioeconómica.
A su vez fomentaba la estatización de los partidos, se regulaba el
reparto de los directorios de la administración pública entre
los dos grandes partidos.
También había una intención de los sectores conservadores
de ponerle trabas al liderazgo de Luis Batlle Berres, que para muchos era
visto como un liderazgo populista. Luis Batlle Berres, en esa época,
iba a actos de los ferroviarios, hablaba él y después lo hacia
el presidente de la Federación Ferroviaria; es decir él tenía
un diálogo con el movimiento obrero: iba a las asambleas, recibía
delegaciones, si era citado para la inauguración de un local, iba...
o sea era una personalidad que tenía aristas del viejo estilo batllista.
Sus primos Lorenzo y César Batlle, atrincherados en “El Día”
y el resto de los sectores conservadores colorados riveristas y el Partido
Nacional veían en Luis Batlle a alguien que se podría parecer
a Perón, que podía hacer un gobierno popular y el colegiado
les era útil para debilitarlo, para desdibujar una gestión más
popular encarnada por Luis Batlle Berres.
Existían en el movimiento sindical varias tendencias: los anarco
sindicalistas de la FORU muy atrincherados en la teoría del pacto
federal, que iban perdiendo fuerza pero todavía tenían los
sindicatos del Taxi y del Gas, un grupo minoritario pero con cierta influencia
ideológica. Los anarco sindicalistas actuaban en los sindicatos autónomos,
como FUNSA y en casi todos los sindicatos había uno, dos, diez...
Los socialistas actuaban en la Confederación Sindical del Uruguay
que luego fue muy autocriticada por el Partido Socialista, y en casi todos
los sindicatos autónomos, como Humberto Gómez en la Federación
Autónoma de la Carne. Los Comunistas en la UGT que en este momento
tenía 32 sindicatos en Montevideo y 14 en el interior; no obstante
la mayoría de los sindicatos y los más numerosos eran autónomos:
los textiles, FUNSA, una parte del transporte, la carne, etc..
Podríamos decir que eran sumamente heterogéneos en su composición
político ideológica, en sus modalidades de acción. Eran
combativos, clasistas y una de las cosas más interesantes era la voluntad
de ir cediendo su autonomía para buscar puntos de confluencia con la
UGT y los demás sindicatos elaborando ese proceso de sentir la identidad
de clase y aprestarse a construir una forma de intervención unitaria
como trabajadores.
También estaban los cristianos, la Juventud Obrera, los intentos
peronistas de la CGT y la Acción Gremial batllista, apoyado desde
las páginas del diario “El Día” que tuvieron poca influencia.
Esas tendencias estaban marcadas por una suerte de atavismo que era reflejo
de discrepancias, de divergencias que venían muchas veces del pasado,
venían de Europa; antagonismos que venían de las grandes disputas
entre socialistas y comunistas después de las veintiuna condiciones,
después de aquel hecho terrible que fue, en la España republica
, la guerra civil, y lo que fue la confrontación dentro del campo republicano
entre comunistas y anarquistas, que dejó heridas tremendas y que proyectaron
un anticomunismo que se manifestaba con dureza.
La nueva realidad del país, el estancamiento productivo, el endurecimiento
de las patronales y otras acciones comenzaron a crear otro clima, que es el
que después se va a sintetizar en grandes acciones solidarias, por
ejemplo una muy importante, que jalona el período, con relación
a la huelga de la carne. En esa década hubo instancias importantes
en materia huelguística, por ejemplo la de la fábrica Ferrosmalt,
con Serrato al frente, donde murió la compañera María
del Carmen Díaz en 1955. Pero todos los historiadores (Héctor
Rodríguez, German D’Elía, y el ex-Senador Enrique Rodríguez)
han jerarquizado la importancia de esta huelga en la que participaron todos
los frigoríficos, en su mayoría concentrados en las proximaciones
del Cerro, y el Anglo de Fray Bentos, que realizó una marcha hacia
Montevideo. Hubo grandes movilizaciones con mártires, allí murieron
dos compañeros, uno en un incidente con un rompehuelgas, otro como
consecuencia de una huelga de hambre: Ruben Paleo, que era el Secretario de
Propaganda de la Federación Autónoma de la Carne.
En ese momento la Federación Autónoma de la Carne convocó
a una Central única con tres características: que sus dirigentes
no fueran activistas políticos, que los dirigentes estuvieran en actividad,
rechazando la idea del dirigente rentado y que la actividad fuera exclusivamente
sindical, existía mucho resentimiento de lo que podía ser la
utilización política de la organización sindical.
Posteriormente, ante el sentimiento de estar enfrentados a una nueva realidad,
por parte del gobierno y las patronales, se convocó la Asamblea Consultiva
de Sindicatos Pro Central Unica de Trabajadores, el 17 de mayo de 1959, en
la que participaron 78 organizaciones sindicales representativas a su vez
de más de un centenar y que marca un paso más en este proceso
de unidad.
Podríamos decir que desde 1956 a 1964, en estos 8 años fueron
múltiples las instancias y circunstancias que impulsaron el proceso
de acercamiento que culminó entre 1964 y 1966 con la conformación
de la CNT, sobre la base de un proceso muy discutido, muy pensado, muy reflexionado,
con unos estatutos muy democráticos y con un programa que ya anticipaba
un movimiento obrero que empezaba a superar una visión corporativa.
Una visión puramente circunscripta en la rama de la industria en la
que estaba, o sea un sindicalismo que empezaba a mirar al país y que
se proponía hablar de reforma agraria, de no someterse a las imposiciones
del FMI, empezaba a plantear el tema de la banca al servicio del país,
una reestructura de la banca, nacionalización de la banca.
Ese sindicalismo con cierta perspectiva nacional recogió todo lo
que se sembró en los años 50 y se condensó con ese instrumento
importantisimo y formidable que fue la CNT, sin la cual sería impensable
el Frente Amplio y sin la cual sería impensable el Encuentro Progresista,
o sea la situación de la izquierda actual. Esto es una central obrera
democrática que tiene relaciones fluidas con otros sectores, particularmente
los estudiantes pero también con vínculos hacia el movimiento
de jubilados, de los cooperativistas y otros sectores plasmados después
en el congreso del pueblo, esta voluntad de irse uniendo contra lo que Trías
llamaba las 500 familias, grupos de entrelazamiento del poder político
y económico que en el país se venía configurando desde
la década del 50.