Presentación de los
escritos de juventud de Andreu Nin
Antonio Cruz González
El 10 de Enero de 2008 se presenta en Blanquerna, de Madrid, el libro de
los Escritos Políticos de Juventud de Andreu Nin, recopilados y presentados
por Ernest Benito y editados por Llibres de Matrícula, a cargo
de Miquel Monoliu, de Calafell.
Pero la presentación del libro fue algo más que el contenido
de los Escritos. Fue un acto de recuerdo de la figura de Nin. Se hizo hincapié
por Juan Manuel Vera, de la Fundación Andreu Nin, copresentadora del
libro, que la figura de Nin es algo más que su muerte. Efectivamente
su secuestro, tortura, muerte y desaparición cubren con un velo de
leyenda la figura del pensador marxista más importante que existió
en la Catalunya y España del siglo XX. Pero Nin fue algo más
que esa estela de héroe. Se dijo de él que fue un gran pedagogo,
que comenzó muy joven (13 años) a escribir, que fue un rebelde,
que fue un luchador por la justicia. En esto coincidieron varias opiniones
de la Mesa. Y todas son verdad. Pero no son toda la verdad.
Nin fue sobre todo y ante todo comunista. Un comunista perfectamente honesto.
Nin fue algo más que rebelde, que interpretamos más cómo
inadaptado, qué otra cosa. Ese algo más, en su pleno raciocionio
y con total voluntad, no preso de un sentimiento, sino de un acto volitivo
de la razón, es ser revolucionario. Revolucionario ante una sociedad
burguesa, que se preocupaba tan sólo de sus beneficios y de su poder,
frente a los débiles, que evidentemente, en aquella época de
la España miserable, más que en cualquier otro momento, eran
los obreros, devenidos en proletariado a causa de su prole, y los campesinos.
Pero sobre todo ello, Nin fue el hombre responsable que obedeció a
su conciencia de clase. De profesión maestro y periodista, utilizó
estas herramientas, la pedagogía y la comunicación, para llegar
a quienes más lo necesitaban y lo hizo a través de las organizaciones
y partidos que más se iban acercando a los miserables de la tierra.
De Nin se dijo en la Mesa, que él no cambió, que la sociedad
de su alrededor era la que iba cambiando. Que no necesitó cambiar,
que se mantuvo en su ideología y en su lucha a favor de los parias
de la tierra. También es verdad, pero también “NO es toda la
verdad”. Era su impulso y el de sus camaradas, así como la gente comprometida
con la Revolución, lo que iba cambiando esa sociedad. No estaba Nin
en una urna, impartiendo desde el púlpito su doctrina, mientras la
sociedad cambiaba. El fue un pequeño tornillo del federalismo, del
socialismo, de la Internacional Socialista o KOMINTERN, de la Internacional
Sindical Roja, de la Revolución soviética, el tiempo que anduvo
trabajando en Moscú, del movimiento obrero internacional, en suma,
y de la izquierda revolucionaria española. Comunista de la Oposición
de Izquierdas, afin a Trotsky y más tarde creador, con el BOC de Maurín,
del POUM, incluso enfrentándose con su maestro, el viejo Trotsky.
Nin fue un buscador y un batallador, no un personaje pasivo que vió
pasar la República y la Guerra Civil desde una tribuna. Por ello había
que explicar que es necesario leer sus escritos de juventud para ver su evolución.
Y que si su pensamiento en lo esencial no cambió, en lo diario y sucesivo
fue transformándose en la Revolución que comenzó un
19 de Julio de 1936 en Catalunya y terminó con el movimiento
contrarrevolucionario que finalizó con la persecución derivada
de los hechos de mayo del 1937 en Barcelona y el Frente de Catalunya y Aragón.
Muchas veces omitimos un detalle esencial. La importancia que puede tener
un héroe en la Historia se la dá la saña y la persecución
que ponen contra él sus enemigos. Si Stalin consideró a Nin
tan importante como Trotsky, es decir que merecía ser asesinado, es
sin duda por la fuerza de carácter y el fundamento de sus acciones,
y el peligro que representaba para sus fines. Nin, con el POUM y su órgano
de propaganda La Batalla, fueron los únicos de toda la República
que denunciaron sin ninguna vacilación la persecución de Stalin
contra los bolcheviques, la falsía de los procesos de Moscú
que a partir de 1936, acabaron con los que Stalin consideraba oposición,
que más tarde lo extendió a todo lo que se movía y no
le agradaba. La enfermedad mental de Stalin llegó con más intensidad
primero a los que consideró más “peligrosos”. El rencor y la
envidia, vicios o pecados pequeño-burgueses individualistas, pudieron
más en la mente de Stalin, que la ideología marxista leninista
de sus oponentes, que indudablemente debía de haber sido complementaria
de la del jefe y padre de la URSS y no oposición. Ceder no estaba
nunca en los planes de Stalin, si no era para machacar después a sus
oponentes. Así permitió salir de la URSS a Trotsky y posteriormente
a Nin, a pesar de que la persecución había comenzado ya, indudablemente
por las repercusiones que hubieran tenido en ese momento su desaparición.
Y cuando llegó la hora de la venganza, estiró todos sus poderes
para machacar a estos dos genios que podían haber cambiado el curso
de la Historia, en el mundo y en nuestro país.
Aquí están sus escritos. Se ha dicho que en la Revolución
no siempre es necesario tener razón, hay que tener la fuerza para
desarrollarla. Así fue en el caso de Nin y del POUM. Esto en ningún
caso empobrece la figura de Nin ni la de su partido, pues la dialéctica
nos exige reconocer los fallos y guardar los aciertos. De ambos tenemos mucho
que aprender.