Los puntos (sobre las íes) de Negrín
Antonio Cruz Gonzáliez
A Wilebaldo Solano
En las últimas semanas, con una profusión desacostumbrada de
medios, se recupera la figura de Juan Negrín, presidente del Consejo
de Ministros de la Segunda República Española. Así,
aparece a bombo y platillo: una exposición fotográfica en la
sala municipal de Conde Duque, en Madrid; un documental en La 2 de TVE, en
horario de máxima audiencia, una biografía de Moradiellos,
y un artículo, también de este autor, en el diario de mayor
tirada.
No debía de extrañarnos esta profusión de eventos, y
más cuando todos los colectivos que participamos en la Recuperación
de la Memoria Histórica, nos quejamos habitualmente de la carencia
de difusión, de expresión, de propaganda, en suma, de que disponemos.
Pero hete aquí, que algo huele a podrido en Dinamarca. Algo que se
calla, que no se atreve a sacar a la luz. Y es que esta respuesta hagiográfica
del político republicano, proviene de unas fuentes, que durante toda
la transición han callado sobre esta figura. Más aún,
el partido al que ha pertenecido Juan Negrín, el Partido Socialista
Obrero Español, mostrando una consecuencia de la que luego hablaremos,
no sólo no se refirió a la controvertida figura, sino que además,
debemos decirlo, lo ignoró por completo. Y no se podía ni buscar
una foto de dicho personaje en la sede del partido, en Ferraz, al menos desde
el punto de vista oficial.
Este hecho chocante, es paralelo a la trayectoria del político. Es
evidente que si en verdad, se puede decir algo de Negrín es oportunista.
No en el sentido insultante, sino en el sentido crítico. Así
algunos de los que presentan, hoy día en los medios citados, su figura
se refugian en ese oportunismo. Primero, porque demagógicamente conocen
que sus públicos no están puestos al día en Memoria
Histórica; acontecer que ya se han encargado ellos mismos, cuando
iniciaron la Transición, de ocultar, para que las generaciones no
lo supiesen, evidentemente, tras el miedo, nuevamente, del oportunismo histórico.
Y segundo, porque así se suman al carro de la Recuperación
de la Memoria, comenzando la casa por el tejado. Es decir, recuperamos algo,
para que no se recupere lo que interesa. Recuperamos a los muertos, pero
no a los vivos. Recuperamos parcialmente, pero no totalmente. Y no tienen
ningún pudor en recuperar a alguien que no pasó por el mundo
como socialista, precisamente. Y pueden ustedes utilizar cualquier acepción
del socialismo, socialdemocracia incluída.
Porque el flaco favor que le hizo a la Historia, Juan Negrín, fue
ser compañero de viaje en una primera etapa del camarada Stalin, y
bien digo Stalin, que no digo comunismo. Porque José Stalin, cuando
comerció, pasteleó y persiguió a sus enemigos, con la
colaboración activa de Negrín, había dejado de ser comunista.
A lo mejor nunca lo fué. Pero desde el momento en que comenzó
a procesar bolcheviques, a asesinar a sus compañeros del 1917, a no
ayudar a los verdaderos revolucionarios mundiales, sería político,
pero comunista no.
Sus hagiógrafos (los de Negrín me refiero), hoy día,
no sabiendo que hacer en su defensa dicen, entre otras lindezas, que a Juan
Negrín lo eligió Azaña. Que no fue el PCE, ni el KGB.
Estos inocentes historiadores piensan que los que estudiamos sus textos,
o leemos sus libros, nos estamos chupando el dedo. Pues claro que cuando
se hace una jugada política, se hace “institucionalmente”. ¿O
piensan estos señores que iban a llegar Rosemberg, Orlof, Vidali y
compañía, a las Cortes con metralletas, en nombre del papá
Stalin, a obligar a firmar el nombramiento de Negrín?. ¡Señores!,
las cosas en política son más sutiles. Primero se dá
el golpe de Estado contra la Revolución. Primera presión: Se
provoca el conflicto armado contra POUM y FAI, intentando entrar en la Telefónica
de Barcelona con las armas en la mano. Era fácil una provocación.
Saltan las barricadas en las calles. Es mayo de 1937. La persecución
staliniana está perfectamente documentada. La infiltración
en la Generalitat para echar a anarquistas y poumistas, apoderándose
del espacio político, perseguir el trostkysmo y por si fuera poco,
¡sirviéndose de los cenetistas en el poder: Montseny, Peiró
y compañía!. Todo con el objeto doble de acabar con la oposición
de izquierdas y con el protector Largo Caballero. De esta forma de un solo
plumazo, en dos meses, mayo y junio de 1937, se elimina al POUM, verdadera
paranoia de Stalin, se aparta de la lucha a los amigos de Durruti, a la Fai
y a los cenetistas más revolucionarios, se eliminan las milicias populares,
se quita del poder a Largo Caballero y se maquina la subida al poder de quién
les baile el caldo. ¡El que paga manda!. Y el que pagaba, perdóneseme
la expresión, era el que mandaba armas y asesores, o sea directamente
Stalin, que éste no se andaba con delegaciones, sino para aparentar
una institución soviética, que como se demuestra en el XX Congreso
no era tal.
Negrín fue el clásico político, que por desgracia tanto
ha abundado en nuestro país, pero también en el mundo, que
la ambición y la oportunidad no es virtud española únicamente.
Es decir de la cátedra al escaño. Y desde arriba, siempre desde
arriba, sin contar con las bases, con los militantes de cualquier nivel,
aprovechándose enormemente de la situación de guerra y caos
alrededor, moviendo los hilos a su entender eliminando siempre al débil,
y aliándose con el que estaba a su lado más fuerte.
La entrada en escena de este personaje comienza con un asesinato. No que
lo hiciera él, pero que no le importó que se cometiera. Segunda
presión: la persecución contra Nin. Le resbaló su secuestro
y asesinato, con torturas incluídas; para él, en frase histórica,
fue un muerto más del acontecer bélico. Ni siquiera se moletó
en investigar si estaba muerto o sólo desaparecido. Es triste para
nuestra República que sólo los ministros vascos, y católicos,
nada sospechosos de trostkysmo, ni de comunismo heterodoxo, Zugazagoitia
e Irujo, fueron los que intentaron mantener la legalidad republicana, persiguiendo
la ignomina del KGB contra Nin y el POUM. Pero no fue suficiente. Arriba
estaba el poder real staliniano y el poder de paja del doctor Negrín.
Nos dice Beevor que “la pugna entre los comunistas y los socialistas moderados
(Prieto, sobre todo) por un lado, y los caballeristas, los anarcosindicalistas
y los poumistas, por otro, (se refiere de noviembre 36 a marzo 37) estaban
alcanzando cotas peligrosas no sólo en las cuestiones organizativas
de la estructura militar de la República, sino también en el
Gobierno, la retaguardia y la misma línea de fuego. Aún quedaban
anarquistas convencidos de que a Durruti lo habían matado los comunistas….”.
Esto era un hecho.
Otro hecho era que ya el POUM, con su periódico “La Batalla” había
sido el primero en denunciar los crímenes de Stalin sobre los bolcheviques
en los Procesos de Moscú. Ya en septiembre de 1936 se había
realizado la ejecución de Zinoviev y Kamenev y siguieron todos los
demás. Sólo escapó la bolchevique Alexandra Kollontai,
y no sabemos si esto se debió a algún problema freudiano de
José Stalin, porque fue la única bolchevique que no sufrió
purgas. Creo recordar que se le asignó una embajada en Suecia.
Creo que es necesario fijarnos, otra vez, en las palabras de Beevor: “En
la reunión del Consejo de Ministros del 13 de mayo, el ministro comunista
Uribe, siguiendo las órdenes de Moscú, pidió la supresión
del POUM y la detención de sus dirigentes. Largo Caballero se negó
diciendo que no ilegalizaría un partido de la clase obrera contra
el que no había ninguna prueba. Los ministros anarquistas lo apoyaron
y acusaron a los comunistas de provocar los hechos de Barcelona”.
Por lo tanto, la subida al poder de Negrín no fue inocente. Subió
porque iba a defender los intereses de los más poderosos. Evidente
que Negrín no era revolucionario, creemos con toda fe que tampoco
era socialista, y mucho menos comunista. ¿Qué queda entonces?
¡Oportunista!.
Y sigue Beevor reflejando el clima que se respiraba: “Los comunistas se habían
aproximado a Negrín a finales del año anterior (recordamos:
después del asesinato de Durruti) y conocían su disposición
a aceptar el cargo de jefe de Gobierno. Prieto y los republicanos liberales
apoyaron también la candidatura de Negrín y el presidente Azaña
le encargó (no podía ser de otro modo en la legalidad republicana),
con un suspiro de alivio (Prieto no quería serlo, este dato será
históricamente digno de ser investigado), que formara gobierno el
17 de mayo”.
Pero la denuncia de todo lo expuesto no fue callada. En cuanto se supo el
nombramiento de Negrín, la CNT recuperó su discurso: “Se ha
constituído un gobierno contrarevolucionario”. Y Beevor cita que se
apostó por una forma de gobierno que Negrín y los comunistas
llamaron de “democracia controlada”. Ya saben los lectores lo que implica
que la democracia lleve apellidos. Franco a lo suyo lo denominó “democracia
orgánica”.
No en todo vamos a estar de acuerdo con Beevor. Practica con Negrín
una apología de la necesidad de la defensa de la ley y el orden, de
la mano dura, que Negrín era bien visto por Churchill…¡Otra
gracia!. Ahora se cita que Negrín era el “Churchill español”.
Veamos bien quién fue Churchill. Ni más ni menos pactó
con Franco, a pesar de alemanes e italianos. Le tuvo cogido por sus atributos.
Siempre me pregunté por qué Franco, aprovechándose de
la ayuda de Hitler y Mussolini, no había invadido Gibraltar. En el
libro “Churchill y Franco”, de Richard Wigg, se nos explica que el premier
británico había dispuesto una flota con 40.000 hombres, y le
había hecho saber al pequeño dictador español que si
tocaba Gibraltar que se olvidara de las Canarias. Éstas estaban lejos
de la línea de actuación hitleriana, y muy indefensas, y por
supuesto el Caudillo no estaba nada dispuesto a enfrentarse a la flota británica.
Esta postura de fuerza, unida a la labor de los servicios secretos británicos
y a los comerciales también, que desviaron la venta de wolframio a
través de terceros interpuestos, para la industria de guerra británica
y americana, hizo que al final, como si de una bella pareja cinematográfica
se tratase, Churchill y Franco fueran “compañeros de viaje”. Pues
si ese es el ejemplo para llamar a Negrín el “Churchill español”
flaco favor le hace.
Pero ya sabemos que la Historia o mejor dicho la explicación burguesa
de la Historia se basa en el encumbramiento personal del personaje. Y aquí
no me queda más que hacer un agradecimiento a Wilebaldo Solano, militante
octogenario del POUM, que me dió la clave del pensamiento. En efecto,
en la presentación hace algunos años, de su libro “El POUM
en la Historia. Andreu Nin y la revolución española”, en el
Círculo de Bellas Artes de Madrid, citaba que para observar con una
cierta honestidad la toma de decisiones en ciertos momentos de la Historia
o de la política, cabría preguntarse si la solución
tomada sirve para “la explotación del hombre por el hombre”.
Esta frase me ha ayudado mucho en la vida. La ordinaria, la política,
la laboral, la sindical, etc. Porque es cierto que cuando, como el caso de
Negrín, se llega al poder en el momento en que se pretende descabezar
al movimiento obrero, alejando sindicalistas, y poumistas, reprimiéndoles,
creando instituciones para perseguirlos, descabezando las milicias, no para
hacer un ejército popular, como continuamente se ha justificado, sino
para apartarlas de la lucha y de las armas, entonces es evidente que las
acciones que se han promovido no eran con la voluntad de acabar con el fascismo,
sino de la persecución de sus rivales republicanos. Y en vez de promover
una democracia, con las fuerzas del Frente Popular, obrera y solidaria, se
persiguió a una parte, siendo juguete de intereses ajenos, porque
con esta decisión, tampoco logró lo que pregonó como
consigna: “resistir es vencer”.
El 16 de junio de 1937 se realiza la detención, secuestro y posterior
desaparición de Andreu Nin, el pensador, con mayúsculas, más
importante del marxismo español. El hombre que vivió con los
revolucionarios del 17, que introdujo en España la literatura de los
mejores escritores rusos, la traducción al catalán de los mejores
títulos, literarios y políticos, el hombre que luchó
aisladamente en la Generalitat, con resultado exitoso por la imposición
de los Tribunales Populares con garantías jurídicas. El hombre
que conoció a Trostky, que trabajó con él, que llegó
a debatir con él. Pero esta historia que han desarrollado biográficamente
historiadores tan importantes como Pelai Pagés, (“Andreu Nin: su evolución
política. 1911-1937”, entre otros libros) no la vamos a tratar aquí.
Sólo dejar constancia que no se movió un dedo, para averiguar
la verdad y para salvaguardar la garantía jurídica que no sólo
Nin, sino cualquier ciudadano merece. Y esa persona que cometió tamaña
tropelía y omisión se llamó Juan Negrín.
El 22 de junio el gobierno Negrín crea los Tribunales de Espionaje
y Alta Traición. Su objetivo juzgar a los militantes del POUM por
traición a la República y apoyo al fascismo.
Dice Beevor: “Con la distancia que da el tiempo sobre el ambiente sobre los
procesos de Moscú o de España en 1937, se nos hace difícil
entender cómo alguien pudo creer las acusaciones de fascismo que se
lanzaron contra el POUM y cómo el gobierno de la República
no puso fin a la guerra sucia que llevaron a cabo los stalinistas contra
los seguidores de Nin, a quienes secustraron, torturaron y ejecutaron en
una muerte anónima. Hasta Prieto, que había ayudado a Negrín
y los comunistas contra Largo Caballero, empezó a volverse en su contra.”
¿Por qué el gobierno no puso fin a la guera sucia….? se pregunta
Beevor en el párrafo anterior, pues es bien claro, por que el presidente
de ese gobierno ¡se llamó Negrín!.
¡Por sus hechos los conoceréis! Para sus hagiógrafos
esto fue una pequeña mancha que se justifica con la ley y el orden.
Ley y orden que implica la explotación del hombre, que hablaba Wilebaldo.
Por cierto, en los procesos abiertos contra el POUM nunca se pudo probar
que fueran traidores a la República, ni que espiasen a favor del el
fascismo.
Esos dos puntos negros, muy negros, de Negrín, es decir la desaparición
de Nin, y la persecución del POUM, con el descabezamiento de las milicias
populares, y la desaparición de todo lo que oliera a obrero del gobierno,
no fueron despistes de un político burgués. Es una línea
cuya trayectoria se va haciendo cada vez más confusa.
En esta confusión, se argumenta que la despedida de las Brigadas Internacionales
en Barcelona el 28 de octubre, fue otra maniobra de Negrín para obligar
a Franco que también despidiera a las tropas alemanas e italianas.
Maniobra que realmente fue un desastre. Se fue la flor y nata de los voluntarios
internacionales, pero no se fueron los del otro lado. Es decir, se fueron
10.000 italianos, para reemplazarlos por aviación y artillería
que a Franco le venían mejor. Un paripé auspiciado por Negrín,
que en la Sociedad de Naciones el 21 de septiembre de 1938, anuncia la retirada
de voluntarios internacionales y sugiere la creación de una comisión
internacional que supervise el proceso en los dos bandos. Magnífica
jugada de un político profesional, en la que no se consigue ningún
logro, pero resulta muy apreciado por quienes le escuchan, admirando su talante
como político. ¡Valiente burla para una República en
guerra!
El día siguiente 22, comienzan los procesos contra el POUM en Barcelona.
La cortina de humo de la Sociedad de Naciones muy oportuna para velar basuras
internas. Hoy mismo, 15 de noviembre de 2006, Bush que acaba de perder el
poder en el Congreso y el Senado, que pasa a manos de los demócratas,
emprende un viaje internacional a Viet Nam, que nadie le ha pedido, para
tapar la derrota en las urnas y no afrontar el escándalo de la guerra
de Irak, y su terminación, como le exigen los demócratas estadounidenses.
¿Les suena?. Utilizar la política internacional para tapar
los problemas nacionales no es de ahora. Mientras el pueblo, el de la República
ayer, el de Irak hoy, sigue muriendo, sigue sufriendo injusticias….¡y
los hagiógrafos cantan las virtudes ante los dioses, de sus protegidos!
Podríamos seguir haciendo una investigación, pero es que el
personaje no lo aguanta.
Ya Victor Alba, en el año de su fallecimiento, se atrevía a
decir: ¡fijaros que no se ha escrito nada sobre Negrín!. Lo
decía con el amargo gusto de quién sabe que no se deben escribir
mentiras. El mismo escribió, de forma paradójica, en debate
con Jackson, sobre Negrín. Y es que es díficil trasmitir bondades,
de quién no tuvo ningún reparo en no hacerlas.
Las dos gotas que colmaron el vaso de la ignominia, sin mencionar la JARE,
la enemistad con Prieto, la labor de zapa con la República en el exilio,
etc., etc. son, para mi forma de ver las cosas, de una estulticia que no
resiste comentarios: la primera, argumentar el apoyo a Franco, en 1948, para
entrar en el Plan Marshall, debido a que España así saldría
de la miseria. Que sería como pedir a los demonios que hagan el bien
ya que a fin de cuentas, son ángeles. O que la paella que a mí
me gusta, no tenga granos.
El otro caso, el de querer funcionar de buen administrador español
envíandole al dictador las cuentas, junto con la documentación,
del llamado “oro de Moscú”, y en qué se había gastado.
Es decir la Contabilidad del niño bien aplicado que pretende buena
nota de su maestro.
Querer pactar con Franco, cuando éste no sólo no estaba dispuesto
a hacerlo, sino que seguía matando republicanos hasta el fin de su
vida, y que además despreciaba su existencia, es una burla tal para
la Historia que recordar el nombre de Negrín con orgullo es portar
una gruesa venda sobre los ojos.
No hay palabras para juzgar estos hechos. Una cosa es recuperar la Memoria
Histórica y otra muy distinta defender lo indefendible. La República
no fue perfecta. Fue legítima, y no mereció el trato que se
la dió, ni por los golpistas ni por los oportunistas.
Antes de concluir, sé positivamente que este artículo levantará
ampollas. No es un artículo ni contra el comunismo, ni contra el socialismo.
A lo largo de la Historia ha habido personas y entidades que han intentado
apoderarse del carro de Clio, en su provecho, en su propio beneficio, en
el individual y en el de su camarilla. Han pasado por encima de los intereses
democráticos incluso de sus propios militantes, de sus simpatizantes,
han ayudado en suma al enemigo. Han luchado contra su clase, por su ambición,
por su orgullo.
Creemos sinceramente que conviene exponer sus casos, pero nunca recordarlos
como mérito. El recuerdo es algo cariñoso, emotivo, que trae
enseñanza, que ayuda. El caso de Negrín es un caso para olvidar…
¡voluntariamente!
Noviembre 2006.
Bibliografía esencial para este artículo:
Victor Alba y Gabriel Jackson. Juan Negrín. Cara y Cruz. Ediciones
B 2004.
Anthony Beevor. La Guerra Civil española. Crítica. 2005.
Ted Grant. Rusia. De la revolución a la contrarrevolución.
Fundación Federico Engels. Madrid. 1997.
Ignacio Iglesias. Experiencias de la revolución. Fundación
Andreu Nin y Laertes. 2003.
Pelai Pagés. Andreu Nin: su evolución política (1911-1937).
Ediciones Z. 1975.
Wilebaldo Solano. El POUM en la historia. Andreu Nin y la Revolución
Española. Ediciones La Catarata. 1999.
Richard Wigg. Churchill y Franco. Debate. 2005
José María Zavala. En busca de Andreu Nin. Plaza y Janés.
2005.