Análisis de Orwell sobre la situación
en España después de mayo de 1937
Antonio Cruz
Es responsabilidad nuestra divulgar los testimonios de éste período
y por ello no podemos dejar de citar un artículo de Orwell, titulado
“Al pan pan y al vino vino”, publicado en el New English Weekly, los
días 29 de julio y 2 de septiembre de 1937.
Este artículo, poco conocido, es una síntesis bastante razonada
de lo que supuso la política de Negrín-Stalin en territorio
español. Nos cuenta Orwell la batalla de mentiras que existía
entre los corresponsales pro-fascistas y los llamados de izquierdas, como
el News Chronicle y el Daily Worker, siendo estos últimos, los que
con “métodos de distorsión más sutiles” hacían
incomprensible al público del exterior, al público británico,
“la verdadera naturaleza de la lucha”.
El análisis de que el Gobierno de Negrín e incluso el Gobierno
de la Generalitat de Companys, temía más la revolución
poumista-anarquista que a los fascistas, ya ha sido expuesto aquí,
con variados testimonios. Incluso, por esas fechas (1937), en que la guerra
no había terminado, Orwell estimaba que era más fácil
acabarla con algún tipo de acuerdo con los fascistas, que dejar sin
reprimir a los revolucionarios.
Ya la denuncia de Orwell en la prensa internacional, sobre “el reinado del
terror: supresión forzosa de partidos políticos (sic= POUM),
una censura asfixiante de la prensa (para que no se publicasen los procesos
de Moscú como crímenes de Stalin a los bolcheviques), espionaje
incesante y encarcelamientos en masa sin juicio (el juicio al POUM fue un
año más tarde, en el 1938)”, no sirvió para parar esta
política represiva liberal burguesa, por una parte, maridada con la
“stalinista”, por otra.
El asunto a señalar, tan sintéticamente por Orwell, “es que
las personas que están en la cárcel ahora no son fascistas,
sino revolucionarios; están ahí no porque sus opiniones sean
demasido de derechas, sino demasiado de izquierdas. Y los responsables de
meterlos ahí…son los comunistas”.
“La verdadera lucha, para desgracia de la República, fue entre la
revolución y la contrarrevolución; entre los trabajadores…que
tratan de retener lo que ganaron en 1936, y el bloque liberal-comunista,
que con tanto éxito se lo está arrebatando”.
“Es una desgracia…que el comunismo es ahora una fuerza contrarrevolucionaria
(por los acuerdos de Stalin con Francia e Inglaterra); de que los comunistas
están aliados por todas partes con el reformismo burgués (política
de acercamiento de Stalin a los enemigos de Hitler) y que emplean la totalidad
de su poderosa maquinaria para aplastar o desacreditar a cualquier partido
que muestre tendencias revolucionarias”
Luego Orwell hace una explicación de los orígenes de la guerra
civil en que lo más importante es destacar que en un momento determinado,
“frente a un reaccionario absoluto como Franco” las fuerzas republicanas,
bajo el nombre de Frente Popular, agrupando a los trabajadores y a los burgueses,
luchan “codo con codo”. Pero esta alianza “contra natura”, esta contradicción,
(cerdo con dos cabezas la denomina el escritor) se va distanciando porque
la lucha es por distintas cosas: “el burgués lucha por una democracia
burguesa, es decir el capitalismo; el trabajador…por el socialismo”.
Y esto se demostró “en las zonas donde el fascismo fue vencido”. No
sólo se derrotó a los militares rebeldes, también hubo
expropiación de tierras y fábricas. Pero el error histórico
trasmitido por los principales historiadores es que dejaron el poder, el
Gobierno, a los burgueses, diciendo Orwell: “posiblemente porque la mayoría
de los activistas revolucionarios eran anarquistas que desconfíaban
de todos los parlamentos.”
Y a pesar de que estos Gobiernos, central y regionales (Catalunya y País
Vasco, principalmente) tuvieron “cambios de personal” no dejaron de tener
la representación burgués reformista. El poder se fue escurriendo
de las manos y fue pasando de anarquistas y poumistas a los socialistas “de
derechas”, como se llamó a Negrín y comunistas (de política
fiel a Stalin, que como ya hemos dicho era de alianza con las democracias
y no revolucionaria). Y cuenta Orwell que “el Gobierno pudo hacerse valer,
la burguesía salió de su escondite y la vieja división
social entre ricos y pobres volvió a aparecer sin demasiadas modificaciones.”
En este punto, mayo de 1937, empieza la contrarrevolución (ya con
Negrín in mente, para sustituir a Largo Caballero). Y cita Orwell
que una de las medidas más fuertes (dejamos la provocación
de la Telefónica, dónde se inicia el proceso; y también
dejamos lo que para otros fue el verdadero inicio: la sustitución
de los milicianos por carabineros en la frontera, con el fusil en la mano)
era “la ruptura de las viejas milicias de trabajadores que estaban organizadas
en un sistema auténticamente democrático (misma paga, sin jerarquías
militares) por el Ejército Popular que seguía el modelo del
ejército burgués ordinario: casta privilegiada de oficiales,
diferencias inmensas de paga”. Esto unido al reinado del terror, persecución,
encarcelamiento, secuestro, muerte a todo lo que representara lo revolucionario,
especialmente POUM, pero también FAI y largocaballeristas y sección
Bloque izquierda-leninista (trotskystas). Comenta Orwell, lo que tantas veces
se ha dicho: “Aplasta la Revolución (a Negrín) o no tendrás
más armas”. Pero lo que la palabra “armas” llevaba consigo no era
sólo el material bélico, sino los asesores, la NKVD, la política
de la Komintern que arrastraba a los partidos comunistas (PSUC, PCE; en realidad
una sola estrategia) el personal diplomático, y los infiltrados a
niveles secundarios en los principales cargos de la República, sobre
todo Interior y Defensa (algunos, policías fascistas repescados de
la época de la dictadura de Primo de Rivera, según G. Munis),
así como comisariados políticos en el Ejército.
Destaca igualmente que a pesar de la negación de los comunistas de
recibir ningún tipo de presión ( y eso que Orwell no tuvo acceso
a los informes que nosotros sí hemos tenido), niega que esto fuera
relevante, “ya que los partidos comunistas de todo los países se les
puede considerar ejecutores de la política rusa” y asevera “es cierto
que el partido comunista español, junto con los socialistas de derechas
a los que controlan, y junto con la prensa comunista de todo el mundo, ha
utilizado su inmensa y creciente influencia para favorecer el lado de la
contrarrevolución”.
El mismo Orwell, en previsión de críticas que le lloviesen
después, hace constar en la segunda parte de su artículo que
“cualquier comunista diría que es un disparate…que el Gobierno español
aplastara la revolución, porque la revolución nunca tuvo lugar;
y que nuestra labor es hoy vencer al fascismo y defender la democracia.”
Y pasa a explicarnos cómo esas palabras encerraban la práctica
habitual de la propaganda de partido. Primero argumentar aplastar el fascismo,
segundo oponer fascismo a democracia burguesa, es decir capitalismo, tercero
al que se opone al capitalismo, “haciendo pescadilla que se muerde la cola”,
pues evidente, es fascista. Ergo, los anarquistas y poumistas que se oponen
a “nosotros”, a “nuestra política” de defender la democracia burguesa
capitalista, son como Trotsky que es el que los dirige, es decir son todos
trostkystas, y éstos son pues, aliados de los fascistas o simplemente
fascistas.
Así razonaba Stalin y no sabemos como en Malta, las potencias aliadas
no le dieron el Premio de la Paz y la Democracia.