FUNDACIÓN

ANDREU NIN


A propósito de John Dos Passos y de 1919

Jean Paul Sartre

Agosto de 1938

     Una novela es un espejo: todo el mundo lo dice. ¿Pero qué es leer una novela? Yo creo que es lanzarse a través del espejo. De pronto uno se encuentra al otro lado del cristal, entre personas y objetos que parecen familiares. Pero sólo parece que lo son, pues en realidad no los habíamos visto nunca y las cosas de nuestro mundo a su vez, quedan fuera y se convierten en reflejos. Cerráis el libro, dais rápidamente la vuelta al reborde del espejo y volvéis a entrar en este honrado mundo y a encontrar inmuebles, jardines y personas que nada tienen que deciros: el espejo que se ha formado de nuevo detrás de vosotros los refleja tranquilamente. Después de lo cual juraríais que el arte es un reflejo: los más maliciosos llegarán a hablar de vidrios deformantes. Dos Passos utiliza muy conscientemente esta ilusión absurda v obstinada para incitaros a la revuelta, de hecho todo lo necesario para que su novela no parezca sino un reflejo, y hasta se ha puesto la piel de asno del populismo Es que su arte no es gratuito, quiere demostrar. Ved, no obstante, el curioso intento: se trata de mostraros este mundo, el nuestro. De mostrarlo solamente,  sin explicaciones ni comentarios. Nada de revelaciones sobre las maquinaciones de la policía, el imperialismo de los reyes del petróleo,  el Ku-Klux-Klan, ni de descripciones crueles dc la miseria. Todo lo que quiere hacernos ver lo Io habíamos visto ya, y por lo que parece de buenas a primeras, precisamente como él quiere que Io veamos. Reconocemos al instante la abundancia triste de esas vidas sin tragedia: sola las muestras esas mil aventuras esbozadas, frustradas. enseguida olvidadas, siempre reanudadas, que se deslizan  sin marcar, sin comprometer hasta el día en que una de ellas, muy parecida a las otras, de pronto, como por torpeza y trampeando, le asquea a un hombre para siempre, descompone negligentemente un mecanismo. Ahora bien, es al pintar,  como podríamos pintarlas nosotros, esas apariencias demasiado conocidas, con las que cada uno se aviene, cuando Dos Passos las hace insoportables, Indigna a quienes nunca se han indignado y asusta a quienes no se asustan de nada. ¿No habrá habido un engaño? Miro a mí alrededor: gente, ciudades, barcos, la guerra. Pero no son los verdaderos; son discretamente sospechosos y siniestros, como en las pesadillas, Mi indignación contra ese mundo me parece también sospechosa: se parece solamente --y de bastante lejos- a la otra, a la que una gacetilla de periódico basta para provocar. Yo estoy al otro lado del espejo.

     El odio, la desesperación, el desprecio altivo de Dos Passos son auténticos. Pero, precisamente por eso, su mundo no es auténtico es un objeto creado, Yo no conozco otro -ni siquiera los de Faulkner y Kafka- en el que el arte sea más grande ni esté mejor oculto, Yo no conozco otro que esté más cerca de nosotros, que sea más preciso, más conmovedor, lo que se debe a que toma del nuestro su material. Y sin embargo, no hay otro más lejano ni más extraño. Dos Passos sólo ha inventado una cosa: el arte de relatar. Pero eso basta para crear un universo.

     Se vive en el tiempo, se cuenta en el tiempo. La novela se des arrolla en el presente, como la vida. Lo perfecto no es novelesco sino en apariencia; hay que considerarlo como un presente con retroceso estético, como un artificio de escenografía. En la novela   los ademanes no son hechos, pues el hombre novelesco es libre. Se crean ante nuestros ojos; nuestra impaciencia, nuestra ignorancia, nuestra espera son Ias mismas que las del protagonista. Fernández ha demostrado que, por el contrario, el relato se refiere al pasado. Pero el relato explica el orden cronológico -orden para la vida- y apenas disimula el orden de las causas -orden para el entendimiento-; el acontecimiento no nos atañe, está a medio camino entre el acto y la ley. El tiempo de Dos Passos es su creación propia: ni novela ni relato, o más bien, si se quiere, es eI tiempo de la Historia, Lo perfecto y lo imperfecto no se emplean por decoro: la realidad de las aventuras de Joe o de Evelyn consiste en que pertenecen al pasado, Todo es relatado como por alguien que recuerda: "Cuando Dick era pequeño nunca oía hablar de su papá.. (...) En aquel invierno Evelyn sólo pensaba en una cosa: en ir al Instituto de Arte..." Se quedaron quince días en Vigo mientras las autoridades discutían con respecto a su situación y ellos estaban ya hartos de eso..." El acontecimiento de la novela es una presencia que no se nombra: nada se puede decir de ella, pues sé esta haciendo; se puede mostrarnos a dos hombres que buscan a sus queridas a través de una ciudad, pero no se nos dice que “no las encuentran”, pues eso no es cierto; mientras quede una calle, un café, una casa por explorar eso no es cierto todavía. En Dos Passos el acontecimiento recibe desde el principio su nombre, se arrojan los dados, como en nuestra memoria: "Glen y Joe no bajaron a tierra sino durante unas horas y no pudieron encontrar a Marceline y Loulou." Los hechos están cercados por contornos claros, están exactamente a punto para ser pensados. Pero Dos Passos nunca los piensa; ni en un solo instante el orden de las causas se deja sorprender bajo el orden de las fechas. No es un relato: es la devanadura balbuciente de una memoria bruta y llena de agujeros que resume en algunas palabras un período de muchos años, para extenderse lánguidamente con respecto a un hecho minúsculo. Exactamente como nuestros verdaderos recuerdos, mezcolanza de frescos y de miniaturas. No falta el relieve, pero esta distribuido sabiamente al azar. Un paso más y volveríamos a encontrar el famoso monólogo del idiota en El sonido y la furia. Pero eso sería también intelectualizar, sugerir una explicación mediante lo irracional, hacer presentir, tras ese desorden, un orden freudiano. Dos Passos se detiene a tiempo, y gracias a ello los hechos pasados conservan un sabor dl: presente; siguen siendo en su destierro lo que fueron un día, un solo día: inexplicables tumultos de colores, de ruidos, de pasiones. Cada acontecimiento es una cosa rutilante y solitaria, que no emana de ninguna otra, surge de repente y se añade a otras cosas: un irreductible. Relatar, para Dos Passos" es sumar. De ahí ese aspecto poco cuidado de su estilo: "y... y... y..."  Las grandes apariencias inquietantes, la guerra, el amor, un movimiento político, una huelga, se desvanecen, se desmoronan en una infinidad de pequeñas chucherías que se pueden alinear las unas junto a las otras. He aquí el armisticio: " A comienzos de noviembre comenzaron a circular rumores de un armisticio, y luego" de pronto, una tarde, el mayor Wood entró como una ráfaga de viento en la oficina que compartían Evelyn y Eleanor, les hizo abandonar el trabajo y las abrazó gritando: "¡Aquí está por fin!" Antes que supiera dónde estaba ella, Evelyn se sorprendió besando en la boca al mayor Moorehouse. Las oficinas dc la Cruz Roja tomaron el aspecto de un dormitorio de universidad en la noche de una victoria futbolística: era el armisticio. Todo el mundo tuvo bruscamente botellas de Coñac y se puso a cantar: II y a une longue, longue route tournante o La Madelon pour nous n´ est pas sévère. . . ," Esos americanos ven la guerra como vio Fabricio la batalla de Waterloo, y la intención, como el procedimiento, es clara si se reflexiona: otra vez hay que cerrar el libro y reflexionar,

     Las pasiones y los gestos son también cosas.  Proust los analizaba, los relacionaba con estados anteriores y con ello los hacía necesarios.  Dos Passos quiere conservarles su carácter de hechos. Sólo se permite decir: "Ved: en esta época Richard era así y en tal otra era de otro modo”. Los amores, las decisiones son grandes bolas que ruedan sobre sí mismas. Todo lo más podemos percibir una especie de congruencia entre el estado psicológico y la situación exterior, algo como una relación de colores. Quizá sospecharemos también que son posibles las explicaciones. Pero parecen ligeras y fútiles, como una tela de araña colocada sobre pesadas flores rojas. En ninguna parte, no obstante, tenemos la sensación de la libertad novelesca. sino que más bien Dos Passos nos impone la impresión desagradable de un indeterminismo del detalle. Los actos, las emociones, las ideas, se instalan bruscamente en un personaje, hacen en él su nido y le abandonan sin que él mismo intervenga mucho en ello. No habría que decir que los sufre: los testifica, y nadie podría asignar una ley a sus apariciones.

      Sin embargo, han existido. Ese pasado sin ley es irremediable. Dos Passos ha elegido ex profeso, para relatar, la perspectiva de la historia: quiere hacernos sentir que los papeles representados son hechos. Malraux dice aproximadamente en L' Espoir: "Lo que hay de trágico en la Muerte es que transforma la vida en destino." Dos Passos se ha instalado, desde las primeras líneas de su libro, en la muerte. Todas las existencias que narra se han vuelto a cerrar sobre sí mismas. Se parecen a esos recuerdos bergsonianos que flotan, después de la muerte del cuerpo, llenos de gritos, de olores y de luces y sin vida, en no se sabe qué limbos. A esas vidas humildes y vagas no dejamos de sentirlas como Destinos. Nuestro propio pasado no es tal: no hay uno solo de nuestros actos cuyo valor y cuyo sentido no podamos transformar al presente. Pero esos bellos objetos abigarra dos que Dos Passos nos presenta tienen, bajo sus colores violentos, algo de petrificado: su sentido está fijado. Cerrad los ojos, tratad de recordar vuestra propia vida, tratad de recordárosla así: os ahogaréis. Es ese ahogamiento sin socorro el que Dos Passos ha querido expresar. En la sociedad capitalista los hombres no tienen vidas, sólo tienen destinos; él no dice eso en parte alguna, pero lo hace sentir en todas partes; insiste discretamente, prudentemente, hasta que nos produce eI deseo de romper nuestros destinos. Henos aquí convertidos en rebeldes; ha conseguido su propósito,

      Somos rebeldes de detrás del espejo, Pues no es eso lo que quiere cambiar el rebelde de este mundo; quiere cambiar la situación presente de los hombres, Ia que se hace día a día, Relatar el presente como si fuera pasado es emplear un artificio, crear un mundo extraño y bello, coagulado como una de esas mascaras de martes de carnaval que se hacen espantosas cuando verdaderos hombres vivos las llevan en los rostros, ¿Pero cuales son esos recuerdos que se devanan así a lo largo de la novela?. Parece a primera vista que son los de los protagonistas, de Joe, de Dick, de Fillette, de Evelyn; y, en más de un lugar, eso es ciento: por regla general, cada vez que un personaje es sin cero, cada vez que hay en él, de cualquier manera que sea, una plenitud: "Cuando estaba Iibre voIvía, cansado hasta eI sufrimiento, en la madrugada parisiense, que olía a entresijo, recordando ojos cabellos empapados de sudor, dedos contraídos, cubiertos de mugre y de sangre coaguIada'”. Pero con frecuencia eI relator no coincide ya plenamente con el protagonista; lo que él dice no habría podido decirlo enteramente el protagonista, pero se advierte entre ellos una compIicidad discreta, pues el relator refiere Ias cosas desde suenan como Ie habría gustado al protagonista que se las refiriese, A favor de esta complicidad, Dos Passos nos parece dar, sin prevenirnos, el paso que él deseaba: de pronto nos encontramos instalados en una memoria horrible, cada uno de cuyos recuerdos nos pone incómodos, una memoria que nos saca de nuestra esfera y no es ya la de los personajes ni la del autor; se diría que es un coro que recuerda, un coro sentencioso y cómplice: "A pesar de ello lo fue muy bien en la escueIa y sus profesores le querían mucho. sobre todo la maestra de inglés, Miss Teagle, porque estaba bien educado y decía pequeñas cosas sin impertinencia y que, no obstante, los hacían reír. Esta última afirmaba que estaba verdaderamente dotado para la composición inglesa. Un día de Navidad él le envió un poemita que había escrito sobre el Niño Jesús y los tres Reyes Magos y ella de declaró que tenía talento". El relato se hace un poco afectado y todo lo que nos dice acerca del protagonista toma el aspecto de informaciones solemnes y publicitarias: "Declaró que tenía talento". No acompaña a la frase comentario alguno, pero adquiere una especie de resonancia colectiva. Es una declaración. y la mayoría de las veces, en efecto, cuando desearíamos conocer los pensamientos de sus personajes, Dos Passos, con una objetividad respetuosa, nos da sus declaraciones: "Fred. declaró que la víspera de la partida se saciaría de todo lo que le gustaba. Una vez en el frente, quizá lo mataran, ¿y entonces qué? Dick replicó que a él le gustaba charlar con las mujeres, pero que todo eso tenía demasiado de comercial y le desagradaba. Ed. Schuyler, a quien apodaban Frenchie y que adoptaba modales enteramente europeos, dijo que las busconas eran demasiado ingenuas". Abro París-Soír y leo: "De nuestro corresponsal especial: Charlie Chaplin declara que ha matado a Charlot". iYa caigo! Dos Passos nos informa de todas las palabras que pronuncian sus personajes en el estilo de las declaraciones a la prensa. De pronto aparecen desprovistas de pensamiento, convertidas en puras palabras, en simples reacciones que hay que registrar como tales, a la manera de los behavioristas, en quienes se inspira Dos Passos cuando le place. Pero al mismo tiempo la palabra reviste una importancia social: es sagrada, se convierte en máxima. Poco importa, piensa el coro satisfecho, lo que había en la cabeza de Dick cuando pronunció esa frase. Lo esencial es que haya sido pronunciada; por lo demás, venía de lejos, no se formó en él, era, antes mismo de que él hablase, un ruido pomposo y tabú; él sólo le ha prestado su poder de afirmación. Parecería que hay un ciclo de las palabras y los lugares comunes al que cada uno de nosotros va a buscar las palabras apropiadas para la situación. Y también un cielo de los gestos. Dos Passos finge que nos presenta los gestos como acontecimientos puros, como simples exterioridades, los movimientos libres de un animal. Pero eso no es más que una apariencia; adopta en realidad para exponerlos el punto de vista del coro, de la opinión pública. No hay un solo gesto de Dick o de Eleanor que no sea una manifestación, acompañada a la sordina por un murmullo halagador: "En Chantilly visitaron el castillo y dieron de comer a las carpas en los fosos. Almorzaron en el bosque, sentados en almohadones de goma. J. W. hizo reír a todos explicando que le horrorizaban las comidas a escote y preguntando a todos cual era el motivo de que las mujeres, hasta las más inteligentes, quisieran siempre organizar comidas a escote. Después de almorzar fueron hasta Senlis para ver las casas destruidas por los ulanos durante la guerra". ¿ No se diría que es la información acerca de un banquete de ex combatientes en un diario local? Al mismo tiempo que el gesto se adelgaza hasta no ser ya sino una delgada película, advertimos de pronto que cuenta, es decir, que compromete también y que es sagrado. ¿Para quién? Para la conciencia innoble de "todo el mundo”, para lo que Heidegger llama "das Man” ¿Pero quIen hace nacer esta conciencia?. ¿Quién a representa mientras leo? Pues bien, soy yo. Para comprender las palabras, para dar un sentido a los párrafos tengo que adoptar primeramente su punto de vista, tengo que convertirme en el coro complaciente. Esta conciencia sólo existe por mí; sin mí no habría sino manchas negras sobre hojas blancas. Pero en el momento mismo en que yo soy esta conciencia colectiva quiero librarme de ella, adoptar con respecto a ella el punto de vista del juez, es decir, librarme de mí. De ahí esa vergüenza y ese malestar que Dos Passos sabe tan bien comunicar a su lector; soy cómplice a mi pesar -aunque no estoy tan seguro de serIo a mi pesar-, creando y rechazando al mismo tiempo los tabús; de nuevo, en el centro de mí mismo, contra mí mismo, revolucionario.

       ¡Cómo aborrezco a esos hombres de Dos Passos! Se me muestra durante un segundo su conciencia, sólo para hacerme ver que son animales vivientes, y luego he aquí que desarrollan interminablemente el tejido de sus declaraciones rituales y de sus gestos sagrados. En ellos no se hace el corte entre el exterior y el interior, entre la conciencia y el cuerpo, sino entre los balbuceos de un pensamiento individual, tímido, intermitente, incapaz de expresarse por medio de las palabras, y el mundo viscoso de las representaciones colectivas. ¡Qué sencillo, qué eficaz es ese procedimiento! Basta con relatar una vida con la técnica del periodismo norteamericano, y la vida cristaliza haciéndose social, como la rama de Salzburgo. Al mismo tiempo se resuelve el problema del paso a lo típico, escollo de la novela social. Ya no es necesario presentarnos un obrero típico, componer, como Nizan en Antoine Bloyé, una existencia que sea el término medio exacto de millares de existencias. Dos Passos, al contrario, puede dedicar toda su atención a exponer la singularidad de una vida. Cada uno de sus personajes es único; lo que le sucede sólo podría sucederle a él. Qué importa, puesto que lo social lo ha mar cado mas profundamente que como podría hacerlo cualquier circunstancia particular, ya que lo social es él. Así, mas allá del azar de los destinos y la contingencia del detalle, entrevemos un orden más flexible que la necesidad fisiológica de Zola, que el mecanismo psicológico de Proust, una coerción insinuante y suave que parece soltar a sus víctimas y dejarlas escapar, para volver a apresarlas sin que ellas se den cuenta: un determinismo estadístico. Estos hombres ahogados en su propia vida viven como pueden, se resisten y lo que les sucede no estaba fijado de antemano. y no obstante sus peores violencias, sus defectos, sus esfuerzos no podrían comprometer la regularidad de los nacimientos, los casamientos y los suicidios. La presión que ejerce un gas en las paredes del recipiente que lo con tiene no depende de la historia individual de las moléculas que Io compone.

     Seguimos estando al otro lado del espejo. Ayer visteis a vuestro mejor amigo, le manifestasteis vuestro odio apasionado a la guerra, Tratad ahora de relatar esa conversación a la manera de Dos Passos. "Pidieron dos medios litros de cerveza y dijeron que la guerra era detestable. Paul declaró que prefería hacer cualquier cosa antes que combatir y Jean dijo que le aprobaba y ambos se conmovieron y dijeron que se alegraban de estar de acuerdo. Al volver a su casa,  Paul decidió  ver a Jean con mas frecuencia”. Os execráis inmediatamente. Pero no tardaréis mucho tiempo en comprender que no podéis hablar de vosotros en ese tono. Por poco sinceros que seáis, por lo menos vivís vuestra insinceridad, la representáis vosotros solos, prolongáis su existencia de instante en instante mediante una creación continua. E inclusive si os habéis dejado enligar por las representaciones colectivas, ha sido necesario que primeramente las viváis como una dimisión individual. No somos ni mecánicos ni poseídos; somos algo peor: libres. Estamos por completo fuera o por completo dentro. El hombre de Dos Passos es un ser híbrido, interno-externo. Nosotros estamos con él, en él, vivimos con sui vacilante conciencia individual y, de pronto, se raja, se debilita, se diluye en la conciencia colectiva. Lo seguimos y de pronto nos encontramos afuera sin estar prevenidos. Es un hombre de detrás del espejo, una criatura extraña, despreciable y fascinante. Dos Passos sabe obtener buenos efectos de ese deslizamiento perpetuo. No conozco nada más conmovedor que la muerte de Joe: "Joe se zafó de dos "grenouillards" y llegó a la puerta a reculones, cuando vio en el espejo que un hombrachóm con blusa le iba arrojar a la cabeza una botella que asía con las dos manos. Trató de volverse, pero no tuvo tiempo. La botella le rompió el cráneo y aquello terminó". Dentro, con él, hasta el choque de la botella con el cráneo. Inmediatamente después, fuera, en la memoria colectiva, con el coro: "y aquello terminó". Nada hace sentir mejor el aniquilamiento. y cada pagina que se vuelve luego y que habla de otras conciencias y de un mundo que continúa sin Joe es como una palada de tierra sobre su cuerpo. Pero es una muerte de detrás del espejo: no discernimos en realidad sino cl aspecto bello de la nada. La verdadera nada no se puede sentir ni pensar. Sobre nuestra muerte no tendremos jamás -ni nadie después de nosotros-nada que decir.

      El mundo dc Dos Passos es imposible -como el de Faulkner, el de Kafka y el de Stendhal- porque es contradictorio. Pero por eso es bello: la belleza es una contradicción velada. Considero a Dos Passos como cl escritor mas grande de nuestro tiempo.


  Edición digital de la Fundación Andreu Nin, marzo 2006

 
Fundación Andreu Nin
Andreu Nin
Joaquín Maurín
POUM
Víctor Serge
George Orwell
 Reseñas
Perfiles revolucionarios
Juan Andrade
Wilebaldo Solano
Eugenio Granell
Ignacio Iglesias
Víctor Alba
Julián Gorkin
Archivos de la revolución
Bibliografía
Boletín electrónico
Catálogo de publicaciones
Links
Mensajes (E-Mail)

Inicio