En el 70 aniversario de la fundación del POUM
El compromiso de una organización
revolucionaria
Andy Durgan
El Partido Obrero de Unificación Marxista se formó a base del
Bloque Obrero y Campesino (BOC) y la Izquierda Comunista de España
(ICE). Estas dos organizaciones habían roto a principios de los treinta
con el comunismo “oficial” en oposición a la degeneración de
la revolución soviética y la transformación de los partidos
comunistas en meras correas de transmisión de las necesidades de la
política exterior de la dictadura estalinista. Reclamaron así
la herencia revolucionaria, internacionalista y democrática de la
revolución de 1917.
El BOC llegó a ser el partido obrero más importante en Catalunya
durante la República, pero no pudo romper la hegemonía sobre
las masas de las dos grandes corrientes sociopolíticas catalanas de
la época: el anarcosindicalismo y el nacionalismo de izquierdas.
En contraste con las demás organizaciones obreras de la época,
el BOC defendió la importancia de una alianza entre los campesinos,
los movimientos de liberación nacional y la clase obrera, liderada
por esta última, para abrir el camino hacia la revolución social.
También tuvo un papel destacado en la creación de las Alianzas
Obreras que se organizaron en casi todo el Estado durante 1934 como respuesta
a la amenaza de la extrema derecha y tuvieron un papel clave en la huelga
general revolucionaria de octubre de 1934.
La otra organización, la ICE, fue parte de la oposición internacional
trotskista –que se oponía al ascenso del estalinismo y de la burocratización
en la URSS– y, aunque era más minoritaria que el BOC y tuvo núcleos
activos en varios lugares del Estado, su contribución mayor fue en
el plano teórico. Tanto el dirigente de la ICE, Andreu Nin, como el
del BOC, Joaquín Maurín, fueron los dos líderes y escritores
marxistas más destacados de su época. Nin se había adherido
al comunismo en los años veinte cuando pasó nueve años
en la URSS trabajando para la Internacional Sindical Roja y donde ingresó
en la oposición trotskista. Maurín había sido una figura
importante en el sindicalismo revolucionario, pasando a formar parte del
movimiento comunista en la misma época.
En septiembre de 1935, las dos organizaciones se unificaron como un primer
paso para crear un partido marxista revolucionario más amplio. El
nuevo partido llegó a tener unos 6.000 militantes en vísperas
de la guerra civil, la mayoría en Catalunya donde su federación
sindical, la FOUS, tuvo unos 50.000 afiliados. Con las elecciones de febrero
de 1936 el POUM, después de no conseguir la formación de un
Frente Obrero, decidió apoyar al Frente Popular contra la derecha,
siendo Maurín su único diputado elegido. Esta decisión
significó la ruptura final entre Trotsky y sus ex seguidores españoles,
a quienes se acusó de haber traicionado a la clase obrera por haber
apoyado una coalición subordinada al republicanismo pequeño
burgués. Aunque, en realidad, el POUM criticó duramente el
Frente Popular como un freno al movimiento obrero.
La revolución que surgió como respuesta a la sublevación
militar-fascista en julio de 1936, significó que la influencia del
POUM, como la de todas las organizaciones obreras, creció espectacularmente.
Durante el primer año de guerra controló seis periódicos
diarios, numerosas publicaciones semanales y dos emisoras de radio. Organizó
su propia milicia con más de 8.000 efectivos y su afiliación
pronto llegó a los 30.000.
Guerra y revolución
En seguida se planteó cuál debía ser la relación
entre la guerra y la revolución. Los comunistas ortodoxos defendieron,
siguiendo la línea dictada desde Moscú, que la lucha era entre
la democracia y el fascismo y que la revolución tenía que ser
liquidada para no asustar a las democracias occidentales.
En contraste, el POUM y la CNT insistieron en que revolución y guerra
iban unidas. Las masas estaban luchando para ir mucho más lejos que
una simple democracia burguesa, como habían demostrado con la colectivización
de la tierra y la industria, la formación de las milicias y el control
popular sobre muchos aspectos de la vida cotidiana. Reconstruir el Estado
republicano significaría minar el entusiasmo popular, el arma principal
de la izquierda contra un ejército bien suministrado por sus aliados
fascistas. Además la idea de que las democracias iban a apoyar a una
república más moderada no tuvo en cuenta el nulo interés
(sobre todo del poderoso gobierno británico) en apoyar a la izquierda
española, fuera cual fuese su programa, contra las clases dominantes
encabezadas por Franco.
Para que la revolución no fuera derrotada, el POUM entendió
que hacía falta un nuevo poder revolucionario. Un poder constituido
por una asamblea de comités de obreros, campesinos y milicianos, basado
en la democracia directa y con la clara intención de consolidar la
revolución. Tal poder fue necesario para estructurar y garantizar
la economía colectivizada y establecer un ejército centralizado
pero basado en las milicias.
Sin embargo, la organización revolucionaria con más peso, la
CNT, que como anarquista estuvo en contra de todos los estados, se negó
a luchar por un nuevo tipo de poder. La revolución para los anarcosindicalistas
ya fue un hecho en la calle, en las fábricas y en el campo. Así
dejaron en manos del Estado republicano el control del comercio, las finanzas,
las comunicaciones y, sobre todo, de las fuerzas armadas pronto reorganizadas
en un ejército más ortodoxo, el Ejército Popular. Pronto
la CNT abandonó sus principios para colaborar en el nuevo gobierno;
una colaboración que permitió el mantenimiento del Estado y,
por lo tanto, de las posibilidades de que éste lanzara una ofensiva
contra el movimiento obrero. Se abrieron así las puertas a la contrarrevolución
que sucedió en los siguientes meses.
En Catalunya esta política de colaboración se reflejó
en el nuevo gobierno catalán, establecido en septiembre de 1936 con
la participación de toda la izquierda, incluyendo la CNT y el POUM.
El POUM justificó su participación con el argumento de
que el gobierno catalán tuvo una “mayoría obrera” y un programa
revolucionario. Formalmente fue así, pero dado que esta mayoría
incluyó el partido estalinista, el PSUC, la actuación del gobierno
catalán también debilitó la revolución.
Perseguidos e ilegalizados
Cada vez más, el POUM fue el blanco de una campaña de calumnias
por parte del estalinismo que les acusaba, como a todos los comunistas disidentes
(reales o no) de la época, de ser “agentes del fascismo”. Esta campaña
fue parte de una mucho más amplia para acabar con la revolución
y culminó en los llamados “Hechos de Mayo”, cuando fuerzas policiales,
lideradas por los comunistas, intentaron acabar con el control obrero de
las calles de Barcelona.
Después de varios días de lucha y cientos de muertos, la CNT
dio la orden de abandonar las barricadas para no hacer peligrar más
la unidad antifascista. El POUM, que una vez más se sentía
demasiado débil para actuar sin la CNT, aceptó la retirada
a pesar de la situación favorable de los revolucionarios en la capital
catalana.
Trotsky criticó duramente la actitud “claudicante” del POUM, como
también lo hizo en relación con su participación en
el gobierno de la Generalitat. Sin embargo, es difícil ver cómo
el POUM pudo haber cambiado el curso de los acontecimientos sin una mayor
influencia entre las filas de la CNT, problema que vino antes de la guerra.
La formación en febrero de 1937 del Frente de la Juventud Revolucionaria,
entre los jóvenes poumistas y libertarios, pudo haber sido un paso
muy importante hacia una mayor colaboración, pero fue saboteado por
la dirección cenetista.
En junio de 1937, un nuevo gobierno central más moderado, sin la participación
de la CNT, ilegalizó el POUM. Su milicia fue disuelta, su prensa suprimida
y muchos de sus dirigentes detenidos. Andreu Nin, líder del partido
en la ausencia de Maurín, atrapado en la zona fascista, fue secuestrado
por agentes estalinistas y asesinado.
El POUM siguió actuando en la clandestinidad hasta el final de la
guerra, con cientos de sus militantes en las cárceles de la República,
mientras que otros daban sus vidas en el frente. Una campaña internacional
en solidaridad con el partido consiguió que el juicio de los demás
dirigentes poumistas en octubre de 1938 no terminara con su ejecución,
como hubieran querido los estalinistas, sino con su condena por haber intentado
“subvertir” la República. Con el fin de la guerra, el POUM pasó
de ser perseguido por el estalinismo a ser víctima de la represión
fascista, tanto en el Estado español como en el exilio.
Su experiencia histórica merece ser rescatada por los que hoy seguimos
con la misma lucha que el malogrado POUM.
Para profundizar en el POUM y la revolución española
Entre los muchos estudios sobre el POUM y la revolución española
recomendamos:
- “El POUM en la historia” (Los libros de la Catarata, 1998) escrito
por el ex Secretario General de sus juventudes, Wilebaldo Solano.
-“La revolución española” (1931-1939) (Ediciones Península,
1977) de Pierre Broué, es una buena exposición del papel de
los marxistas revolucionarios.
-Sobre los orígenes del partido y su actuación dentro del contexto
del movimiento obrero catalán ver: Andy C. Durgan “BOC 1930-1936”
(Laertes, 1996).
-De interés también es la colección de documentos seleccionados
por Víctor Alba, “La revolución española en la práctica.
Documentos del POUM” (Ediciones Júcar, 1977).
-Finalmente para una lectura rápida sobre los acontecimientos de la
Guerra Civíl, la revolución española y el POUM, se puede
leer el folleto de Andy C. Durgan, “Guerra y revolución” (En lucha,
1998) o visitar la página web de la Fundación Andreu Nin www.fundanin.org