FUNDACIÓN

ANDREU NIN

Enma Roca

Luchando y sufriendo en España: por amor y por la izquierda

Michael Eaude


Emma Roca Rodrigo, revolucionaria, nació el 2 de abril de 1919; murió el 8 de noviembre de 2004. Artículo publicado el 23 de noviembre de 2004  por el diario inglés The Guardian

En 1935, Emma Roca, que ha muerto a los 85 años, tomó dos decisiones fundamentals de las que nunca dudó: encontró al amor de su vida, Enrique "Quique" Rodríguez y se unió a la izquierda revolucionaria de Andreu Nin, que pronto se unió al Bloc Obrer i Camperol para formar el anti-estalinista y revolucionario Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM). Tuvo poco tiempo para crecer antes de la revuelta de los nacionalistas de derechas del general Franco en julio de 1936.

Cuando la revolución estalló en respuesta al intento golpista de Franco, el POUM, con el resto de los partidos de izquierda, organizó milicias para defender Madrid. Conocidos como “la columna motorizada”,  los tres camiones y dos coches del POUM, con menos de 150 militantes y simpatizantes, se lanzaron desde Madrid hacia el noreste,  hacia la Sierra de Guadarrama. Después de asegurar Guadalajara, la milicia del POUM y otras organizaciones quedaron aisladas en Sigüenza, una ciudad cercana al lugar de origen de Emma.

Mika Etchebehere, jefe de la columna, escribió en su autobiografía de 1976: “Emma parecía muy pequeña con su ropa militar, pero tenía tal porte marcial que la llamábamos ‘nuestro soldado de chocolate’”. Durante diez días, la columna estuvo sitiada   en la catedral de Sigüenza, sufriendo importantes bajas. Dándose cuenta de que no resistirían, Mika y  otros milicianos se deslizaron entre líneas para escapar. Emma, que tenía 17 años, se quedó y fue dada por muerta durante meses después de que los fascistas tomaran las ruinas de la catedral el 15 de octubre de 1936. Sobrevivió, pero fue encarcelada durante diez años por el régimen de Franco.

Wilebaldo Solano, ex-secretario general del POUM, describió su visita clandestina a España en 1946 con Enrique Rodríguez para ver al líder del POUM Joaquín Maurín, que acababa de ser liberado de la cárcel. En el tren hacia Madrid, “Quique” medio en broma le dijo a Solano: “Tu crees que voy a Madrid a ver a Maurín. Pues, no señor. He venido para ver a Emma.”

La familia de Emma había emigrado a Madrid, desde el pueblo de Guadalajara en el que había nacido, cuando  tenía diez años. Allí vivió los efervescentes años de la República española, proclamada en 1931.

Desde los años cuarenta,  Emma, que como Maurín acababa de salir de la cárcel, y Quique vivieron juntos el resto de sus vidas. Primero clandestinamente en Madrid, donde el POUM publicaba su prensa ilegal; después en Francia, hacia donde se dirigieron en 1948 y, finalmente, de vuelta en Madrid desde 1978 hasta la muerte de Quique en 1990.

En el exilio de París, Emma trabajó para mantener vivo el POUM junto a Quique y sus amigos íntimos, María Teresa y Juan Andrade. Ella sobrevivió trabajando en una fábrica textil.

Ella se veía como una militante de base. “No sé nada” decía a los que la entrevistaban. Sin embargo, tenía mucho que decir en privado, o cuando, en los años recientes, hablaba de política con su característica franqueza con los jóvenes. Y podía mantenerla con Juan Andrade, un distinguido marxista y autor de varios libros. Su modestia era el resultado de la falta de educación formal y de su profundo compromiso con la acción colectiva contra el capitalismo y el estalinismo.

Era de una generación e ideología que raramente decía “yo”, sino “nosotros”. Se creía afortunada por haber luchado con el POUM, un partido en el que las mujeres tenían mucha más libertad que en los partidos de la izquierda no revolucionaria. En la columna del POUM, hombres y mujeres compartían tareas como cocinar o lavar los platos. Esto era una excepción; en la mayoría de las columnas de primera línea en las que las mujeres lucharon durante los primeros meses de la guerra, ellas también eran responsables de estos trabajos tradicionales.

Aunque le afectaron mucho las muertes de camaradas que presenció en Sigüenza, Emma Roca fue feliz en su actividad política, que la hizo sentirse como una mujer libre pese a los años de prisión y de exilio. En la España postfranquista el POUM tuvo sus crisis, pero ella siguió siendo partidaria del movimiento revolucionario. Fue miembro-fundador de la Fundación Andreu Nin, que luchó con fuerza y éxito para restaurar la reputación de Nin y del POUM, calumniados por los stalinistas y los fascistas.

La modesta Emma, que raramente hablaba de sí misma, fue una mujer de grandes principios y mucho coraje; dedicó su vida a la lucha por el socialismo. Quique y ella no tuvieron hijos.
 


Edición digital de la Fundación Andreu Nin,  diciembre 2004


 
Fundación Andreu Nin
Andreu Nin
Joaquín Maurín
POUM
Víctor Serge
George Orwell
 Reseñas
Perfiles revolucionarios
Juan Andrade
Wilebaldo Solano
Eugenio Granell
Ignacio Iglesias
Víctor Alba
Julián Gorkin
Archivos de la revolución
Bibliografía
Boletín electrónico
Catálogo de publicaciones
Links
Mensajes (E-Mail)

Inicio