II Congreso de la FCC-B
La Batalla, n.° 82,
10 de marzo de 1932.
1. La caída de la monarquía y la implantación de la
República, como este cambio de régimen no ha ido acompañado
de la incorporación al nuevo estado político del programa de
la revolución democrática, no representa un avance muy sensible
no sólo en el orden de las relaciones de las clases sociales en pugna,
sino tampoco en las relaciones entre las colectividades nacionales que viven,
de buen o mal grado, dentro del marco del estado español.
2. Bajo la monarquía, el estado imperialista pan-español, formado
históricamente de nacionalidades diversas, sobre las cuales ejercía
su hegemonía el feudalismo de Castilla vinculado estrechamente con
la monarquía y dominando en las grandes arterias capitalistas superpuestas
sobre una economía semifeudal y pequefloburguesa, no había
logrado fundirse en un sólo espíritu nacional. El espíritu
asimilista del imperialismo castellano no consiguió vencer la personalidad
de las naciones de la periferia: Cataluña, Galicia, Vasconia. Las
demás comarcas peninsulares — Portugal aparte — si bien no se han
refundido totalmente al embate del imperialismo castellano, su personalidad
no se ha destacado con bastante empuje y viven faltas de vigor, sin reivindicar
aún como Cataluña y Vasconia el derecho a la propia personalidad,
si bien la presentación de los Estatutos Catalán y Vasco, ha
hecho que también lo formularan Baleares, Valencia, Galicia, Aragón
y Murcia.
3. El estado imperialista pan-español ha sido con relación
a las diversas nacionalidades ibéricas un aparato centralista al servicio
de la monarquía, la cual como expresión del régimen
feudal, privaba la expansión y florecimiento de las diferentes nacionalidades
que integraban el estado. El hecho de que estas nacionalidades no hayan aceptado
la estructura unitaria y que de una manera tímida hayan propugnado
siempre por una nueva estructura del estado y que frente a estas reivindicaciones
— federalista, autonomista, regionalista y nacionalista o separatista — la
monarquía española hubiese desencadenado la violencia para
mantener la unidad estatal por la fuerza, demuestra la existencia de un problema
vivo de libertades nacionales que nosotros, comunistas, hemos de plantear
y resolver desde el punto de vista marxista revolucionario y del leninismo,
recogiendo además estos factores de vibración revolucionaria
como elementos para nuestra revolución.
4. Por regla general, el estado ha sido el coronamiento de la lucha de los
núcleos nacionales contra la sociedad feudal; esto es, el triunfo
de la burguesía como clase nacionalmente directora contra el poder
de la realeza y de los nobles y sumando a sus intereses los de las masas
trabajadoras aún no formadas históricamente como clase antagónica
a la burguesía. sí, pues, el estado no es otra cosa que una
estructura sobre el cuerpo social al servicio de la clase dominadora: la
burguesía.
5. Más el estado español no ha seguido este curso histórico.
Se ha formado el estado antes que la nación. El estado castellano
ha logrado poco a poco ejercer su hegemonía sobre las demás
nacionalidades ibéricas, destruyendo los organismos estatales de estas
nacionalidades. Los antiguos reinos que convivían dentro de la península
ibérica fueron sucumbiendo uno detrás de otro bajo el dominio
del feudalismo de la meseta central. La formación histórica
del estado español no se apoya, pues, sobre bases burguesas sino que
toma todas las características feudales, hostil, por tanto, al capitalismo
industrial. Dentro del estado español han ejercido la supremacía
no las naciones más progresivas y de mayor impulso industrial — Cataluña,
Vasconia — sino las más atrasadas, los núcleos donde aún
impera el feudalismo agrario — Castilla, Andalucía, Extremadura, etc.—.
Este hecho, explica en parte la contradicción histórica de
que el capitalismo no se haya desenvuelto y que falto de impulso al tener
que vivir controlado y reglamentado por un estado de tipo feudal y adverso
al capitalismo industrial, éste haya tenido que vivir a la sombra
del arancel, concesión que le ha sido hecha por el latifundismo agrario
como paga a su sumisión política.
6. La pérdida del imperio colonial americano repercute dentro de las
tierras que forman el estado español en múltiples aspectos.
Por lo que hace referencia al problema nacionalitario, Cataluña, núcleo
industrial más adelantado del país, reaccionó en seguida
de una manera más viva. El movimiento de renacimiento que hasta entonces
no había sobrepasado el estadio sentimental del movimiento literario,
floralesco y folklórico, toma un cariz marcadamente político.
Se apoya ya entonces sobre las fuerzas industriales agrupadas en torno de
los que más tarde habrían de integrar la Lliga Regionalista
— partido político de la gran burguesía catalana — que es,
por tanto, la expresión política de sus grandes órganos
económicos: ”Fomento del Trabajo Nacional”, ”Instituto Catalán
de San Isidro”, ”Federación de Banqueros”, ”Unión Mercantil”,
etc.
7. La evolución del ”problema catalán” — Cataluña es,
dentro del estado español, la colectividad de personalidad más
acusada, de mayor desarrollo industrial y con un proletariado más
formado — ha pasado a medida que iba avanzando el estado de descomposición
política de los órganos semifeudales del estado y del incremento
de la violencia coercitiva por parte de las fuerzas sobre las cuales se basaba,
para evitar la transformación en un estado de tipo democrático
burgués, por las diferentes corrientes ideológicas del federalismo
interregional, del autonomismo, del regionalismo y del nacionalismo separatista.
De todos modos, es natural que estas tendencias no las haya aceptado unánimemente
ni en bloque el pueblo catalán. Los factores económicos, las
clases sociales en pugna, han jugado por ley natural un papel de primer orden
en el desarrollo y evolución del movimiento llamado genéricamente
”catalanista”.
8. El movimiento obrero en Cataluña, sobre el cual ha ejercido durante
décadas su hegemonía el anarquismo, descendiente en línea
directa del radicalismo pequeñoburgués, del federalismo pimargalliano,
al pretender los anarquistas del país trocarlo de filosofía
”humana” en doctrina de clase que se desinteresaba de los problemas políticos,
y confundiendo lamentablemente la parte anecdótica del catalanismo
— el hecho de que estuviese controlado por la burguesía — con el hecho
esencial de una colectividad que comenzaba a reivindicar el derecho a su
personalidad independiente, produjo la gran paradoja de que un movimiento
esencialmente liberador no interesara a las masas obreras y que su solución,
por tanto, no fuese puesta en sus programas de clase. Más tarde, fracasado
el anarquismo como movimiento ”específico” y aliándolo con
el sindicalismo, para evitar su total desaparición, ha dado lugar
al nacimiento de esta monstruosidad teórica que se llama ”anarcosindicalismo”,
que ha intentado ligar — ¡y ha sido en pura pérdida para el
movimiento obrero! — la acción de grupos — anarquismo — con la acción
de masas — sindicalismo. El anarcosindicalismo, teoría reformista
en su contenido, pero cubierta por un lenguaje extremista, ha seguido en
el terreno nacionalitario una táctica completamente equivocada. Por
una absurda interpretación del internacionalismo ha logrado apartar
al proletariado de los pueblos hispanos de la lucha por la liberación
de las nacionalidades oprimidas por el estado español, dejando así
el camino libre a la burguesía para que se sirviera de estos movimientos
para sus fines de clase.
Esta actitud de incomprensión de los anarcosindicalistas no ha cambiado
en lo más mínimo hasta hoy. En nombre de la ”unidad revolucionaria
(?) del proletariado español” los elementos directivos de la Confederación
Nacional del Trabajo han llegado a hacer la afirmación suicida, centralista
y reaccionaria de que se ”levantarían en armas contra todo intento
de separación”, prestando así apoyo al centralismo feudal y
colocándose en una situación eminentemente contraria a sus
postulados libertarios.
Por otra parte parece que existe una tendencia dentro de la CNT que a pesar
de mostrar su conformidad con los elementos de la CNT que elaboraron y firmaron
la aludida resolución, piensan ampararse en el Estatuto redactado
por la burguesía catalana, y afirman ilusoriamente que cuando el Estatuto
esté aprobado, a su sombra protectora, ¡será la hora
de anarquizar al proletariado catalán! Ahí se ve de una manera
clara al reformismo anarcosindicalista convergiendo con el reformismo burgués
que en materia nacional es el Estatuto de Cataluña.
9. No podemos hablar de la posición de los socialistas catalanes ante
el problema nacional de los pueblos hispanos porque éstos no tienen
ninguna importancia dentro del movimiento obrero catalán. Son un pequeño
grupo de intelectuales que, sin relación con la masa, han predicado
estérilmente un socialismo académico. El socialismo no ha arraigado
en Cataluña, debido a su reformismo y la masa, reaccionando contra
él de una manera desproporcionada, ha caído en manos del extremismo.
Ahí puede aplicarse con razón el pensamiento de Lenin cuando
decía que muchas veces el extremismo en el movimiento obrero es un
castigo por sus pecados oportunistas.
La posición ante el problema de las nacionalidades ibéricas
de los hombres del Partido Socialista Obrero Español, no se aparta
ni poco ni mucho de la posición adoptada por sus colegas, los partidos
socialistas que giran en torno de la Segunda Internacional. Con la sola diferencia
que mientras los partidos socialistas del resto de Europa han hecho declaraciones
teóricas, exclusivamente sobre el papel, proclamando el derecho a
la libertad de las naciones ”cultas” — y así sostenían de una
manera directa el derecho de las potencias imperialistas sobre los pueblos
coloniales — sin que por otra parte hicieran nada para ayudar prácticamente
para que los pueblos ”cultos” obtuviesen su independencia, el Partido Socialista
Obrero Español ni tan siquiera ha hecho estas declaraciones teóricas.
Peor aún: como buenos sostenedores del imperialismo pan-español
se han pronunciado de una forma brutalmente imperialista contra las reivindicaciones
de los pueblos hispanos sometidos en la ”cárcel de pueblos” que ha
sido el estado semifeudal español y que continúa siendo la
República.
10. Tampoco el Partido Comunista de España ha tenido una posición
justa ante la cuestión nacional. En éste como en tantos otros
aspectos, su miopía mental ante la realidad ha sido la causa primera
de que no influyese en lo más mínimo el movimiento de emancipación
de las nacionalidades ibéricas. Oficialmente obligados por la Internacional
Comunista, han puesto de una manera fría y mecánica en sus
programas y entre sus consignas, el derecho de Cataluña, Vasconia
y Galicia a su libertad y a su independencia. Pero esto ha sido tan sólo
la aceptación del principio del derecho de los pueblos a su autodeterminación
como un simple formulismo verbal para no ponerse en desacuerdo con las declaraciones
y resoluciones de la I C respecto al papel que tienen que desempeñar
los partidos comunistas en los movimientos de liberación nacional
y en particular con los acuerdos de la I C respecto a las ”resoluciones españolas”
que declaran de una manera terminante que los comunistas y su partido tienen
la obligación de fomentar y sostener a los separatistas catalanes,
vascos y gallegos en su movimiento de liberación nacional.
Bajo la influencia de una dirección incapaz, los militantes del Partido
Comunista de España, procedentes unos del socialreformismo y los otros
del anarcosindicalismo, han subrayado el problema de la lucha del derecho
a la libertad de las nacionalidades oprimidas por el estado español
— uno de los aspectos fundamentales de la revolución democrática
— y ha sido la causa de que en la práctica, las consignas lanzadas
por el P C E sobre esta cuestión quedasen sobre el papel y no realizase
nada para tomar este movimiento de manos de la burguesía ni para evitar
que bajo su dirección y siguiendo sus orientaciones se integraran
fuertes núcleos obreros.
11. En todas las desviaciones que hemos señalado a la posición
de las tendencias proletarias frente al problema de las nacionalidades ibéricas,
radica la causa de que estos movimientos no tomasen el cariz revolucionario
que era necesario y cuando uno de ellos se ha mostrado en este sentido (el
separatismo catalán de Maciá y Estat Catala, de antes de la
República) nos hemos encontrado que los obreros que tomaban parte
en él lo hacían bajo la guía de los jefes de la pequeña
burguesía, que todo su radicalismo de expresión -como lógica
consecuencia de su posición social- ha terminado por conducir el movimiento
a una decapitación vergonzante, traicionando los intereses de Cataluña
y sometiéndose de una manera servil a los dictados de la gran burguesía
catalana en estrecha alianza con la burguesía imperialista española.
12. La aprobación del Estatuto de Cataluña no puede ser en
manera alguna la solución del pleito catalán. El Estatuto confeccionado
por socialistas ”déclassés” -Campalans, Xirau- por pequeña
burguesía reaccionaria -Martín Esteve-, por representantes
del gran capitalismo -Jaime Carner y Pedro Corominas- fue elaborado de espaldas
al pueblo y hecho aprobar por chantaje. La masa obrera y campesina no se
siente representada en él. El Estatuto es una claudicación
vergonzante ante el estado imperialista. Ningún pueblo que tuviese
dignidad de su personalidad hubiera cometido la vileza de implorar que el
parlamento del estado dominador le hiciese la caridad de aprobarle las leyes
que en uso de su soberanía se había dado por una mayoría
aplastante. Los parlamentarios catalanes han situado Cataluña ante
el estado español como una colonia infra-europea que pide que le aflojen
un poco las cadenas de la esclavitud.
La grande y pequeña burguesía — Lliga, Partit Catalanista Republicá,
Esquerra Republicana de Catalunya y todos los demás partidos, núcleos
y fracciones que fueron a la lucha electoral enarbolando la bandera del Estatuto
— están por este solo hecho incapacitados para llevar la lucha por
la libertad de Cataluña hasta sus últimas consecuencias.
El 14 de abril, Maciá, respondiendo a los deseos del pueblo proclamó
la República Catalana. Tan pronto como obedeciendo a Madrid la mató
— y con él todos los que convivieron en ello — liquidaba definitivamente
todo su pasado revolucionario por la libertad de Cataluña, sellando
con una traición infamante el pacto con el enemigo.
13. La Federación Comunista Catalano-Balear como núcleo dirigente
de la organización de masas Bloque Obrero y Campesino, declara que
siendo la cuestión nacional uno de los puntos básicos del programa
de la revolución democrática, revolución democrática
que no ha sido llevada a cabo como pretende la burguesía con el simple
hecho de haberse sustituido el régimen monárquico por el republicano,
luchará por el derecho de los pueblos a disponer de sí mismos,
llegando si precisa a la separación, si tal es su voluntad.
Al hacer esta declaración terminante, no perdemos de vista en lo más
mínimo nuestra posición ”únicamente” comunista. El proceso
histórico que habremos de seguir para llegar a la revolución
social, nos determina el cumplimiento de la etapa previa ”indispensable”
de la revolución democrática, uno de cuyos puntos capitales
es la solución del problema de las nacionalidades oprimidas.
14. Como comunistas y fieles a nuestra tesis de la autodeterminación
de las nacionalidades, precisa que luchemos también por la nacionalidad
que, sometida al dominio imperialista del estado español, ha luchado
efectivamente contra su domonio despótico demostrando así su
voluntad de libertad. Nos referimos a las posiciones coloniales que España
tiene en el Norte de África. La libertad nacional del pueblo marroquí,
que con sus luchas heroicas contra el imperialismo español ha sido
uno de los factores esenciales de la caída de la monarquía,
debería de haber sido uno de los primeros actos de la República.
Pero no sólo no ha sido así, sino que la República ha
continuado en Marruecos la misma política de bandidaje que practicaba
la monarquía. Es necesario, pues, reivindicar y luchar por la libertad
de los heroicos luchadores rifeños, los únicos que se han batido
con las armas en las manos contra la dominación del imperialismo español,
sostenido por la monarquía. La libertad de los países coloniales
no ha de dejarse en segundo término, como lo hacen los seguidores
de la II Internacional, dado que el problema de su libertad — Marruecos en
nuestro caso — además de ser un problema de justicia, va estrechamente
ligado al problema de la revolución social internacional puesto que
sin la liberación de los pueblos oprimidos de las colonias no será
posible derrumbar el poder del capitalismo.
15. La revolución democrática que fue el objetivo histórico
de la burguesía en su época de poderío, actualmente,
dado el grado de desarrollo de la sociedad española en la cual conviven
formas económicas semifeudales — agrarismo andaluz, castellano, extremeño
— con núcleos capitalistas — banca, región minera asturiana,
metalurgia bilbaína, industria catalana — y una capa considerable
de pequeña burguesía agraria — Galicia, parte de Cataluña
— e industrial — pequeñas fábricas por todo el país
— y hasta sociedades industriales de tipo ”trustista” y de monopolio — empresas
tabaqueras, de petróleos, de alcoholes, de azúcares, etc.—,
hacen imposible que la burguesía realice la revolución democrática,
porque se encuentra que se ha formado ya frente a ella una nueva base, el
proletariado, que en un movimiento revolucionario de gran envergadura no
se contentaría con hacer un papel de comparsa sino que por ser la
clase históricamente más avanzada se pondría al frente
de la revolución y la completaría con la revolución
socialista.
16. La incapacidad revolucionaria de la burguesía peninsular hace
que ésta no pueda resolver el problema de las nacionalidades. El ejemplo
de Maciá, del Estat Catalá y de la Esquerra Republicana de
Catalunya — sectores más avanzados de la burguesía — claudicando
ante la gran burguesía y el estado imperialista dominador, plantea
a los comunistas y, por tanto, a la Federación Comunista Catalano-Balear,
el problema de la toma del poder por el proletariado para llevar a cabo la
revolución democrática y, por tanto, la solución de
la cuestión de la liberación de las nacionalidades ibéricas.
17. El problema de desarticular los restos del feudalismo español
vinculado hoy por culpa de la burguesía a la actual estructuración
de la economía española tiene que ser la obra de la clase trabajadora.
En esta lucha juega un rol importantísimo la lucha por la libertad
de Cataluña, Vasconia, Galicia y Marruecos. La Federación Comunista
Catalano-Balear consciente de sus deberes históricos como núcleo
dirigente de las masas trabajadoras, al aceptar la responsabilidad de la
dirección de esta lucha a muerte contra los restos feudales y contra
la burguesía impotente que los sostiene con sus claudicaciones, se
pronuncia, pues, de una manera clara que no dejar lugar a dudas ni equívocos:
aceptamos e impulsamos el separatismo como factor de descomposición
del estado español, si bien como comunistas no somos separatistas
en el sentido burgués nacionalista.
Mas a pesar de la lucha que mantengamos contra el estado imperialista español
para lograr la libertad de las naciones oprimidas, no solamente no será
esto motivo para provocar una ruptura entre el proletariado de los pueblos
hispanos, sino que en interés de esta misma lucha contra el enemigo
común, el proletariado de Cataluña, Marruecos, Vasconia y Galicia
se mantendrá unido con el proletariado de las demás tierras
del estado español. Si aceptamos ”como comunistas” el separatismo
es sólo para desarticular el estado español. Mas, una vez lo
hayamos logrado y el proletariado dueño del poder político
del estado, garantizada efectivamente la libertad absoluta de todos los pueblos
ibéricos, no habrá ningún interés que los impulse
a una separación suicida. Hay en este aspecto el ejemplo de la Unión
de Repúblicas Socialistas Soviéticas. No nos interesa la balcanización
de la península ibérica. Contrariamente, hacemos nuestra la
fórmula de Lenin: ”Separación en interés de la unión”.
Esto es: separar primero, para unir después. Sólo el proletariado
en el poder podrá lograr lo que la burguesía ha sido incapaz
de conseguir: que las nacionalidades ibéricas se federen voluntariamente
y formen una unidad política que de hecho aún no ha existido
nunca dentro del estado español. La clase trabajadora está
llamada, pues, a cumplir la unidad ibérica, reincorporando Portugal
al ritmo general revolucionario del estado federal proletario y redimiendo
Gibraltar del vasallaje del imperialismo británico al cual está
sometido.
18. Contra el asimilismo centralista de tipo feudal, recubierto hoy con una
fraseología democráticoburguesa; contra las claudicaciones
y las traiciones de la gran burguesía de Cataluña, Vasconia
y Galicia; contra el extremismo verbal, demagógico e impotente de
la pequeña burguesía, nosotros, comunistas, levantamos simplemente
— y lucharemos para que sea una realidad — el derecho de los pueblos a disponer
libremente de sus destinos. Con esta política justa evitaremos en
este aspecto las desviaciones de socialistas y anarcosindicalistas.
Contra todas estas tendencias burguesas o influidas por la burguesía,
la FEDERACIÓN COMUNISTA CATALANO-BALEAR declara a los obreros de toda
la península que no hay nada que, fundamentalmente, los separe y sí
que ”como clase y como hombres” infinidad de intereses que los unen. Oponemos,
por tanto, a todas las tendencias señaladas el federalismo voluntario
de estado obrero a estado obrero para formar libremente la UNIÓN DE
REPÚBLICAS SOCIALISTAS DE IBERIA.
19. Para conseguir esta finalidad la Federación Comunista Catalano-Balear
pone en su programa de lucha de clases el principio de la libertad de las
naciones oprimidas por el estado español y por que sea una realidad
luchará incansablemente para evitar que la clase obrera se integre
en las organizaciones específicamente ”nacionalistas” que pretenden
solucionar la cuestión social después de haber logrado la libertad
de Cataluña — ”Estat Catalá”, ”¡Nosaltres Sols!”—, olvidando
lamentablemente el hecho de que el problema de la libertad de Cataluña
sólo puede hallar solución cuando las masas trabajadoras al
realizar la revolución social se hagan dueñas del poder. Combatiremos,
por tanto, este tipo de extremismo revolucionario nacionalista, que es aún
una tendencia burguesa, oportunismo de izquierda, dentro del movimiento de
liberación de las nacionalidades ibéricas en lucha contra el
estado español.
20. Al hacer la precedente declaración, precisa que no se interprete
en el sentido de que la Federación Comunista Catalano-Balear en el
terreno práctico de la lucha revolucionaria por la libertad de las
nacionalidades se cree, ni que no pueda establecer circunstancialmente y
sobre un programa concreto, contacto con núcleos sinceramente revolucionarios
para la acción conjunta de la lucha armada. Mas estos pactos o alianzas
no excederán jamás el carácter revolucionario señalado
ni tampoco su conclusión podrá llegar al extremo de integrar
orgánicamente los combatientes comunistas dentro de organismos ajenos.
Los comunistas lucharemos sin deshacer nuestros cuadros de combate y sin
obedecer a otras órdenes ni seguir otras consignas que las propias.