Trotsky en imágenes
Gabriel García Higueras
Publicado en Sudestada,
revista de cultura, política y actualidad editada en Buenos Aires.
Nº 65, diciembre 2007
El niño de la fotografía
Odesa, 1888. El pequeño de nueve años posa ante la cámara.
En el gabinete, una silla y un telón pintado exornan el discreto escenario.
El niño, de brillantes ojos azules y de pelo castaño muy corto,
se encuentra ataviado con una levita abotonada, de color oscuro, que se extiende
hasta las rodillas; con la mano izquierda sostiene una gorra de tipo militar.
Su mirada expresa inteligencia y seguridad. La postura erguida y la actitud
orgullosa parecen prefigurar la personalidad del futuro jefe de la revolución
más influyente del siglo XX. Se trata de la primera placa fotográfica
que recogió la imagen de Lev Davidovich Bronstein.
Aquélla fue la imagen primicial de una profusa iconografía
que exhibe las estaciones del palpitante recorrido vital de León Trotsky.
Fotografías que comprenden desde el año 1888, en que principió
sus estudios en el Instituto de San Pablo en Odesa, hasta las instantáneas
captadas en el Hospital de la Cruz Verde, en México, en 1940, horas
después del atentado criminal que le arrebató la vida.
Amplitud iconográfica
De las biografías de los hombres de la Revolución, la de Trotsky
es una de las mejor y más ampliamente documentadas por el registro
fotográfico. Y tan vasta es la iconografía que bien podría
exponerse su trayectoria sobre la base de materiales fotográficos.
Ilustrativo de ello es la notable selección de imágenes preparada
por el fotógrafo y editor de arte británico David King –el
mayor coleccionista de fotos del revolucionario bolchevique– en varios libros,
entre los que podemos destacar Trotsky: a photographic biography, volumen
en formato de cuarto mayor y de lujosa edición publicado en Nueva
York, en 1986.
Entre las fotos allí reproducidas, no podríamos escoger una
imagen exclusiva de Trotsky que ostentase el calificativo de icónica
o emblemática. Serían varias las fotos a seleccionar para ilustrar
determinadas fases o trechos de su vida. Bien es verdad que existen retratos
de Trotsky que han tenido –y tienen hasta hoy– mayor reproducción
en los libros y en los medios electrónicos, como aquella fotografía,
de plano busto, que data de 1920, época en que Trotsky ejercía
la jefatura del Comisariado de Guerra, y que ha devenido en su imagen más
difundida. Ésta fue ampliamente propagada en los tiempos del Poder
soviético y se convirtió en una suerte de “retrato oficial”
del revolucionario. Empero, existen otras fotografías menos conocidas
que consiguieron captar mejor la esencia de su personalidad.
Verbigracia, no es lo suficientemente sabido que el eminente fotógrafo
de origen húngaro, Robert Capa (1913-1954), consiguió una serie
de instantáneas de Trotsky en Dinamarca, en 1932. Capa, a quien se
estima en la actualidad como “el mejor fotógrafo de guerra del mundo”
en el siglo XX, era en esa época un joven empleado de Dephot, una
importante agencia fotográfica alemana, que le encomendó su
primera asignación relevante: cubrir gráficamente la conferencia
que Trotsky pronunciaría en Copenhague con motivo del decimoquinto
aniversario de la Revolución de Octubre. La conferencia fue organizada
por una asociación de estudiantes socialdemócratas daneses,
y se efectuó el 25 de noviembre de 1932. Capa, que admiraba grandemente
a Trotsky, logró registrar con su cámara Leica la fuerza gestual
y el portento oratorio de quien fuera tribuno y organizador de la insurrección
obrera triunfante en Rusia. Estas fueron las primeras fotos de Robert Capa
que vieron la luz pública, y aparecieron en la revista Weltspiegel,
suplemento ilustrado del diario Berliner Tageblatt.
Huelga evocar, por otra parte, que, durante el control ejercido por Stalin
y su camarilla burocrática sobre el Partido Comunista y el Estado
soviético, la totalidad de las fotografías y los afiches en
los que figuraba Trotsky fueron censurados o adulterados, cumpliéndose
con la consigna de desterrar su recuerdo de la memoria colectiva. La glasnost,
a partir de 1987, dio inicio a la publicación de sus retratos en los
medios informativos soviéticos, que incluyeron fotos desconocidas
y documentos fílmicos inéditos.
De otro lado, multitud de impresiones fotográficas ampliadas pueden
verse hoy en el Museo Casa de León Trotsky, en Coyoacán, Ciudad
de México. En la sala principal que compone el Museo –en un local
anexo a la vieja casa donde residió el dirigente político–
se expone una galería de fotos que ilustran copiosamente su residencia
en México, desde que arribara al país, en enero de 1937, hasta
su asesinato consumado en agosto de 1940. En algunas de ellas, Trotsky y
su esposa Natalia Sedova han sido retratados junto a Diego Rivera y Frida
Kahlo, la celebérrima pareja de pintores, quienes les brindaron hospitalidad
en México. En otro espacio del Museo, las fotos ofrecen testimonio
de la biografía de Trotsky en Rusia, en tiempos anteriores a la Revolución,
y durante sus años cenitales, cuando le fue confiada la defensa militar
de la República de los soviets; asimismo, se muestran imágenes
de la etapa final de su actuación política en Rusia y de su
peregrinaje por varios países, tras su expulsión de la Unión
Soviética.
Entre las fotografías exhibidas de su estadía en México,
existe un conjunto dispuesto en la pared diestra de la sala que, de inmediato,
concentra la atención del visitante. Se trata de las imágenes
conseguidas por el norteamericano Alex Buchman. Éstas desvelan contornos
del quehacer del revolucionario, desconocidos para la mayoría. Además,
su valor reside en que descubren un aspecto del carácter de Trotsky
que no se suele exponer en las publicaciones históricas. El lente
de Buchman capta al personaje en la intimidad de su hogar, en su faceta más
cotidiana, entregado a sus labores diarias y a sus aficiones y pasatiempos.
El fotógrafo aficionado
En el otoño de 1939, Alexander H. Buchman, joven norteamericano de
28 años e ingeniero aeronáutico, arribó a la Ciudad
de México, y se presentó en la casona fortificada de
Trotsky, localizada en la Avenida Viena 19, en el rústico y sosegado
Coyoacán. Provisto de la recomendación del trotskista Harold
Isaacs, visitaba al “profeta desterrado” para darle a conocer las fotos que
había registrado de la guerra chino-japonesa.
Hacía pocos meses que Trotsky se había mudado de domicilio,
tras abandonar la casa de Frida Kahlo, situada a poca distancia de su nueva
vivienda. Además, desde agosto, se encontraban morando en Coyoacán
su nieto de trece años, Sieva Volkov, y los franceses Alfred y Marguerite
Rosmer, a quienes le unía una antigua amistad y un largo pasado de
militancia revolucionaria.
En aquel tiempo, Trotsky trabajaba en la biografía de Stalin, escribía
artículos políticos y mantenía una abultada correspondencia
con sus partidarios de Europa y América. Tanto en su trabajo intelectual
y político, como en el aspecto de la seguridad, contaba con el auxilio
de jóvenes secretarios y guardias de diferentes nacionalidades, entre
los cuales vivían en México: el francés Jean van Heijenoort,
el alemán Otto Schüssler, los norteamericanos Charles Cornell,
Harold Robbins, Chris Moustakis y Walter Ketley.
Poco más tarde, Alex Buchman pasó a integrar esta animada comunidad,
y se ocuparía de la instalación del sistema de alarma, además
de desempeñar la función de guardia.
Una de las aficiones predilectas de Buchman era la fotografía. Muestra
de su talento en este dominio fueron los filmes y las instantáneas
tomadas durante su residencia de seis años en China, donde participó
en la Oposición de Izquierda. Dichas películas fueron vistas
por Trotsky y otras personas de su entorno durante las proyecciones
que se realizaban en la casa de Coyoacán.
Buchman sentía una profunda admiración por Trotsky, a cuyas
ideas políticas se había adherido, y, aprovechando la oportunidad
que le había sido otorgada, no hesitó en fotografiarle. De
esta manera, durante los cinco meses que vivió en México, Buchman
captó una miríada de retratos de Trotsky, de su círculo
familiar y amical y de la atmósfera que lo rodeó, produciendo
con ello la más extensa documentación fotográfica que
existe de su tercer y último exilio.
Las imágenes
La jornada diaria de Trotsky en México se desenvolvía rutinariamente
conforme a pautas metódicamente establecidas. Ésta se inauguraba
casi al alba y finalizaba alrededor de las nueve de la noche.
Con su cámara Leica, Buchman testimonió exhaustivamente, entre
fines de 1939 y marzo de 1940, las actividades de Trotsky: suman un total
de 750 fotografías, algunas de ellas a colores. A la vez, filmó
55 minutos de material en blanco y negro y en colores con su pequeña
cámara de mano Bell & Howell.
¿Cuál es la estampa física de Trotsky recogida en estas
fotos? Las instantáneas lo muestran a la edad de 60 años: físicamente
bien parecido, de tez sonrosada, de estatura superior a la media (Trotsky
medía alrededor de un metro setenta y seis), de contextura regular
y con la cabeza y la barbilla encanecidas (su pelo luce ligeramente desordenado).
Entre las primeras fotos, una serie muestra a Trotsky en su estudio, captado
en diversas actitudes. En las películas se le observa escribiendo;
en otro instante, discute animadamente con un grupo de circunstantes, entre
quienes se halla Alfred Rosmer, Farrel Dobbs y el jefe de los guardias Harold
Robbins. El Viejo escucha a sus interlocutores atenta y concentradamente.
Cuando toma la palabra, sus gestos son muy expresivos; frecuentemente mueve
las manos con naturalidad, y se ríe con entusiasmo, a propósito
de ciertos comentarios de sus camaradas.
Una de las actividades a las que Trotsky dedicaba varios minutos cada día
(por las mañanas y en el atardecer) era la atención de la pequeña
granja instalada en su casa. Buchman lo captó visualmente, vestido
de azul y con guantes, alimentando a sus conejos y aves de corral y revisando
sus jaulas. En otro instante, se observa a Sieva, colaborando con su abuelo
en la tarea de moler maíz para los pollos.
Ocasionalmente, Trotsky viajaba por México. En uno de sus recorridos,
abordó en Veracruz un bote para salir de pesca (esta afición
la practicó diariamente mientras vivió en Turquía, en
la isla de Prinkipo, entre 1929 y 1933). Bajo el brillo cegador y con una
gorra blanca para protegerse del sol tropical, Trotsky, valiéndose
de un moderno aparejo, pesca en alta mar. Su rostro exuda alegría
y placidez. Eran momentos en los que parecía rejuvenecer.
En otra de sus andanzas, Trotsky es filmado en los instantes en que dialoga
con un campesino indígena, al que escucha con atención.
Durante los fines de semana, Trotsky, junto con sus familiares, colaboradores
y visitantes, partían hacia el campo, donde organizaban picnics. Allí
es enfocado junto a Natalia, en quien se advierte un envejecimiento prematuro
y una expresión de tristeza (en la época de estas imágenes,
ella había perdido a sus dos hijos: Lev y Serguei). En estos paseos,
Trotsky se ejercitaba físicamente, caminando y recolectando cactus
que después transplantaría en el jardín de su casa.
La mayoría de los cactus que recogía eran altos y de considerable
peso. Las fotos presentan a Trotsky, con un pico y una azada, dispuesto para
la faena; y en otras cargando sobre sus hombros la preciada obtención.
En una película a colores se le observa, trajeado con una chaqueta
rojiza, esforzándose por desarraigar una de esas plantas, labor en
la que es asistido por sus secretarios y por el policía mexicano Jesús
Casas, encargado de su seguridad. Al finalizar tales jornadas, los participantes
se sentían agotados. A juicio de ellos, era admirable la energía
que Trotsky desplegaba en esas excursiones.
En otras vistas campestres, Trotsky y Natalia caminan por el prado soleado
y se detienen a otear, desde lo alto, el paisaje montañoso. Los ademanes
de Trotsky son vívidos y su andar es rápido. Observamos a un
hombre pleno de vitalidad y entusiasmo. Estas imágenes contrastan
absolutamente con la versión ofrecida por ciertos autores que, malintencionadamente,
han sostenido que, al final de sus días, Trotsky se sentía
abatido y que aun había perdido el deseo de vivir. El material visual
que describimos constituye un rotundo mentís a este tipo de aseveraciones
y es el mejor testimonio del optimismo que Trotsky siempre irradió.
Buchman permaneció en Coyoacán hasta mediados de abril de 1940,
mes en el que retornó a su país, donde continuó militando
en el socialismo, aunque sin afiliarse oficialmente a ningún grupo
trotskista. Nunca imaginó que cuatro meses después de su partida,
Trotsky sería vulnerado por un golpe mortal.
Legado histórico
Le cupo a Alex Buchman la originalidad de captar las más espontáneas
y expresivas imágenes que existen de Trotsky.
En el decenio del ochenta, Buchman donó una selección de copias
de sus fotografías y películas a instituciones académicas;
entre ellas, a la Universidad de Harvard, cuyos archivos, como bien se sabe,
contienen los voluminosos legajos de Trotsky. El material cedido por su autor
contiene 102 fotografías en blanco y negro, seleccionadas de aproximadamente
700 negativos.
Decenas de aquellas fotos han sido reproducidas en libros y también
en afiches; otras tantas mantienen la condición de inéditas.
Asimismo, extractos de sus filmes han sido insertados en varios documentales;
entre los que podemos nombrar:
Trotsky (1988), de Patrick Le Gall
y Alain Dugrand;
Asaltar los cielos (1996), de Javier Rioyo y José
Luis López-Linares;
Trotsky y México. Dos revoluciones del
siglo XX (2005), de Adolfo García Videla; y el más reciente
documental:
El asesinato de Trotsky (2007), producido por The History
Channel en América Latina.
En 1990, la televisión británica dedicó un especial
a las filmaciones de Buchman con el título de
Trotsky’s home movies.
En este programa, producido y conducido por el escritor de origen pakistaní
Tariq Ali, participaron Alex Buchman, Sieva Volkov, nieto de Trotsky, y su
hija Verónica, el productor de televisión Stuart Hood y Tamara
Deutscher, investigadora y viuda del eminente biógrafo de Trotsky,
Isaac Deutscher.
Alex Buchman quien fuera el último sobreviviente de los guardaespaldas
norteamericanos de Trotsky en Coyoacán, falleció de insuficiencia
cardiaca en Los Angeles el 7 de enero de 2003, a los 91 años. Cuando
la muerte le sorprendió, organizaba exhibiciones fotográficas
de sus numerosos retratos de Trotsky.
Este revolucionario, dotado de fina sensibilidad artística, dejó
como principal herencia a la posteridad aquel acervo de imágenes,
de valor histórico único, en que logró captar bajo una
luz distinta y colorida el tramo final de la vida de uno de los más
grandes revolucionarios de todos los tiempos.
Bibliografía:
DUGRAND, Alain, T
rotsky: México 1937-1940. México, Siglo
Veintiuno Editores, 1992.
GARCÍA HIGUERAS, Gabriel, “El Museo Casa de León Trotsky: pasado
y presente”, en
http://www.trotskyana.net
KING, David,
Trotsky: a photographic biography. Oxford-New York, Basil
Blackwell, 1986.
LUBITZ, Wolfgang, “Alex Buchman”, en
http://www.trotskyana.net
WEISSMAN, Susan, “Alex Buchman (1911-2003)”, en
Herramienta: revista de
debate y crítica marxista, 22, 2003.
WEISSMAN, Susan, “Alex Buchman, the last survivor of Trotsky”, en
Critique:
journal of socialist theory, 35, 2004, pp. 151-162.
Videografía:
Trotsky’s home movies. Dir. Oliver Curtis. London, Channel Four, BBC,
1990.