FUNDACIÓN

ANDREU NIN


El POUM en el cine

Pepe Gutiérrez-Álvarez


1. Documentales sobre la guerra.

    Aunque no sean muchas las referencias cinematográficas sobre el POUM,  éstas ciertamente no se agotan ni mucho menos en Tierra y Libertad. Conviene recordar que dichas referencias ya existían en la mayor parte de películas documentales sobre dicho acontecimiento comenzando por la casi mítica Mourir a Madrid, realizada en 1962 por Fréderic Rossif, que fue muy apreciada en los medios poumistas de la época dado que rompía el “hielo” que el PCF había creado en la cultura francesa, mentas que no lo fue nada en absoluto por Manuel Fraga Iribarne, a la sazón  ministro de Información y Turismo del régimen franquista y que auspició una patética respuesta titulada Morir en España y que fue dirigida por un sumiso Mariano Ozores como parte de la macrocampaña propagandista sobre los “Veinticinco años de paz”.
   
     Igualmente tiene un peso destacado en ignotos documentales  cenetistas como Entre el fraude y la esperanza, o en ¿Porqué perdimos la guerra? (1977), escrita y dirigida por Diego Santillán, hijo de Abad de Santillán, en la época situado en el sector más “socialdemócrata” del anarquismo (realizó encendidos elogios de países como Suecia y Suiza como modelos sociales), y que abunda  en los mismos argumento que el libro homónimo del padre, por lo que cayó fatal en los medios antifranquistas que no podían aceptar su tesis central según la cual Stalin trató de controlar la zona republicana para pactar en mejores condiciones con Hitler, tesis que en el libro viene avalada singularmente por el texto escogido de Julián Gorkin. En el más famoso de todo estos documentos, La vieja memoria (1977), obra ampliamente reconocida del especialista Jaume Camino, el POUM estará dignamente representado por los rostros y las voces de Julián Gorkin y Ramón Fernández Jurado que aquí explican con rigor y sobriedad una versión de los acontecimientos en la que la actuación del estalinismo viene explicada por la política llamada de No-intervención auspiciada por las “democracias” de Gran Bretaña y por Francia (en una condición impuesta  por el partido radical de Herriot al Frente Popular francés con la “comprensión”  de Stalin, y por lo mismo del PCF.

    En L'espoir pour memoire (1993), obra de Jorge Amat (hijo de un exiliado español en Francia), una serie dividida en tres capítulos para France 3, y en la que aparecen numerosos testimonios de los brigadistas, interviene Wilebaldo Solano junto con Hugh Thomas, Rafael Alberti, Santiago Carrillo, Enrique Líster.  En su opinión la mayoría de los internacionales se alistaron a las milicias catalanas fue como Orwell,  a través del POUM porque "era un partido marxista independiente, pero que pertenecía a una organización internacional que se llamaba el Buró de Londres, en la cual se reunían los partidos socialistas y comunistas independientes de la época, que eran muy importantes".
     
    Wilebaldo también será el rostro y la voz del POUM en otro documental francés titulado Staline en Espagne. Une guerre civile dans la guerre civile: 1936-1939 (1996) producido a raíz del 60 aniversario de la sublevación militar contra la República, y que está centrado en las luchas internas dentro del bando republicano: el antagonismo de la CNT-FAI y el POUM, por un lado, y los comunistas afines a la Unión soviética, por otro al tiempo que recuerda a los antiguos combatientes de las Brigadas Internacionales originarios de los países del Este, fueron víctimas. Como ya es habitual, Santiago Carillo manifiesta que desconocía las maniobras e injerencias de la URSS en la guerra española (1).
 
    La mayor parte de estos documentales producidos para el gran público, como es el caso de la británica de Granada Productions, emitida por la BBC, tienden a establecer una línea de equidistancia entre los “los dos bandos”, o al menos a atenuar las diferencias. En esta que conoció una gran difusión por video en la mitad de los años ochenta, y que fue asesorada por Ronald Fraser junto con dos reconocidos conservadores como Hugh Thomas y Javier Tusell, se trata de equiparar la barbarie militar con los “excesos revolucionarios”,  en la mayor parte de caso tratados genéricamente, y se utiliza la denuncia de la actuación del estalinismo para desprestigiar la revolución y el comunismo. Esto resulta todavía más acentuado en una serie producida por TVE en la que era demasiado obvia la voluntad de establecer una equidistancia entre los extremos en favor de una España moderada de un lado u otro.

       Por otro lado, justo es señalar que la presencia del POUM resulta salvaguardada tempranamente por más que todavía en los años sesenta la militancia afín al PCE-PSUC (2) casi como una “provocación”  (sobre todo considerado el papel que Gorkin había jugado en el desprestigiado Congreso por la Libertad de la Cultura que se había revelado como financiado por la CIA). El punto final a la campaña de calumnias estalinista lo pondría en este terreno  Operación Nikolai, de Mª Dolors Genovés y Llibert Ferri. Depués, en todos los trabajos documentales que le siguieron, y buena prueba de ello ha sido la serie “Zona Roja” ofrecida desde los canales autonómicos de Catalunya y Valencia, y en el que la presencia de rostros poumistas (Solano, Carmel Rosal,  Víctor Alba, etc), resulta constante de manera que las posiciones poumistas han quedado más o menos detalladamente explicadas como lo están igualmente en otros tantos documentales producidos en los últimos tiempos, como lo está en el ya clásico Asaltar los cielos...
 
2. Homenajes literarios.

      Si nos atenemos a los largometrajes de ficción, la lista no es muy larga, aunque sin duda algunos especialistas podrían citar incierto número de títulos en los que el POUM o alguién de POM tengan una presencia como la tiene -por citar un ejemplo- en un capítulo de la serie Cuéntame y en la se ofrece una “bienaventurada” pincelada “conciliatoria” haciendo coincidir en una misa del Gallo a un poumista que acaba de salir de un largo presidio con un franquista “bonachón”, detalle más demostrativo del “espíritu” de una serie que se “atreve” a presentar a unos “rojos” de los sesenta-setenta como gente buena y normalita.

      Así pues, sin ánimos de apurar el registro,  servidor puede dar constancia de al menos un par de titulo de cierta entidad, y en los tres casos el POUM adquiere un significado metafórico en el mejor sentido del término. El primero se encuentra en la adaptación que Vicente Aranda escribió y dirigió (en 1988) de la novela de Juan Masé, Si te dicen que caí, que obtuvo una celebridad añadida cuando  fue prohibida -y editada simbólicamente en México- por la censura franquista en uno de los sus últimos estertores.  Para quien no lo sepa, bueno es informar que el Guinardó, el barrio en el que Marsé contextualiza su universo literario, fue una comunidad eminentemente ácrata-poumista, y que él mismo fue un gran amigo de un personaje como Víctor Alba. 
    
    Se trata de una obras más sórdida y lograda del autor de Libertarias, y en su enrevesada trama destaca un personaje, Marco (interpretado por Antonio Banderas), al que su hermano, el oportunista que encarna Jorge Sanz, tiene oculto como un “topo”. Cuando Marco sale de su agujero, pregunta insistentemente  con un aire trágico y sonambulesco por el Andreu Nin, por lo que cabe imaginar perfectamente que y permanecía oculto desde mayo de 1937. Cuando logra salir del agujero y trata de incorporarse a la vida, lo hace tomando parte en una partida anarquista dejando claro que él piensa de otra manera, pero que en la lucha son sus iguales. Su historia entronca con una pasión de antes de la guerra, y en la escena final, ambos consiguen escapar de una manera plenamente liberadora, como dejando atrás todo el horror que habían atravesado.

       Mucho más explícita políticamente será otra adaptación, esta vez basada en la obra de Manuel Vázquez  Montalbán, El pianista que llevará al cine en su “ópera prima” el director de teatro Mario Gas  que también firma el guión junto con André Grall y Gustavo Hernández. A nadie le escapa que a pesar de sus controvertidas obediencias psuqueras (“leninistas” en el famoso V Congreso), Manolo siempre mostró una cierta debilidad por Trotsky y por el POUM (recordemos que tomó parte en el homenaje al creador del Ejército Rojo que la Fundación Andrés Nin organizó en 1989), debilidad que tomó un carácter claramente vindicativo en esta novela que Gas trata de “sintetizar” torpemente en un retraje de 94 minutos.

      Hay demasiado “material” en una novela en la que el autor alumbra diversas reflexiones acerca de la idea del arte (instrumento de poder y seducción), baraja conceptos como la ética, la dignidad y el compromiso, computa una parábola sobre vencedores y vencidos, triunfos individuales y derrotas morales (y viceversa) -muy a tono con el pensamiento montalbaniano de que ciertas derrotas merecen más la pena que determinadas victorias, o de que a veces el éxito encierra la peor de las derrotas, derrota doble en el caso del personaje central, el pianista Albert Rossell (Pere Ponce/Serge Reggiani), ya que, como poumista ha sufrido primero la de la revolución, y después la de la guerra, todo lo contrario que su amigo de aventuras vanguardistas, Lluís Doria (Jordi Mollà/Laurent Terzieff), que recuerda vivamente el personaje de Dalí, quien como todo el mundo debe saber, simpatizó y colaboró con el Bloc Obrer i Camperol en un tiempo que no tardó el olvidar.

      Aquí habría que reseñar también la última del conservador Eric Rohmer, El agente secreto (L´agent secret, Francia, 2004), aunque se trata de una referencia mínima, y de una película sobre la cual habría mucho que hablar.

3. ...Y llegó el día de la venganza

      Una idea sobre lo que el régimen franquista estaba dispuesto a hacer contra la “subversión” nos la puede ofrecer perfectamente el soberbio documental sobre Delgado y Granados, aunque mucho más conocido es el caso de una singular película norteamericana Behold a Pale Horse (1964), del cineasta antifascista Fred Zinnemann, cuyos problemas fueron mucho más allá que los propios de la censura ya que el régimen amenazó con vetar a su productora. Anotemos que éste resulta un título extraño por muchos motivos, comenzando por el detalle de evocar reminiscencias bíblicas extraídas de las Revelaciones 6-8 e incluidas en el libro de Apocalipsis, y cabe suponer que siguiendo la “moda” de entonces con El séptimo sello, de Ingmar Bergman (por cierto mutilada y masacrada por la censura).
 
      En España se estrenó muchos años más tarde ya con las libertades como... Y llegó el día de la venganza, por cierto, un título más bien propio de un “spaghetti western”...Se trata de una producción bastante singular (una excepción dentro del panorama de Hollywood), que estaba basada muy, pero muy libremente en las hazañas de “Quico” Sabater, el célebre “maquis” anarquista de L´Hospitalet que -como tantos otros jóvenes combatientes- se negó a reconocer la victoria del franquismo y trató de acelerar las condiciones de su derrota con una serie de acciones que al parecer causaron la admiración de Emeric Pressburguer, que de hecho pudo inspirarse en muchos otros, “maquis” como Artiguez, que conocía la frontera pirenaica como la palma de su mano la hubo en todas las izquierdas, por eso los del POUM quieren ver en el personaje la imagen de “Toni” Franqueza, y así lo creyeron ver algunos poumistas que lo conocían (3).          

      Pressburguer fue un cineasta conocido ante todo por su estrecha y muy valorada colaboración con Michael Powell, pero en la que no se encuentra el menor vestigio que permita comprender su atracción por la historia de Sabater para tomarla como referencia  en la que sería su única novela, Killing of Mouse on Sunday.. Mientras que la novela pasó desapercibida, la noticia de semejante producción se convirtió en un problema para el régimen que amenazó a la la multinacional Columbia, con un boicot generalizado a sus producciones. Cabe suponer que el problema radicaba tanto en el propio contenido como en la presencia al frente del reparto de algunos de los actores más carismáticos del momento: Gregory Peck, Anthony Quinn que acababan de intervenir en un éxito extraordinario en Los cañones de Navarone en la que, por cierto, la censura recortó las referencias a los republicanos españoles.

      El reparto estaba complementado por secundarios de lujo como Paolo Stoppa (el más verosímil), Raymond Pellegrin (como el traidor), y un infumable  Omar Sharif recién salido de Laurence de Arabia y a punto de comenzar Doctor Zhivago. De alguna manera, las presiones del régimen se notan en la trama, baste recordar como Hollywood había afrontado la guerra civil española, sobre todo en los últimos tiempos, no hay más que ver Las nieves del Kilimanjaro, donde el trasunto de Hemingway (el mismo Gregory Peck), descubre poco menos que el enemigo de verdad se encuentra en las propias filas republicanas, o sea en los comunistas (curiosamente con un “malo” al que se describe con las características tópicas de Valentín González, “El Campesino”, alguien que dispara por la espalda a los milicianos que huían. No en vano su director, Henry King, uno de los mejores “artesanos” de Hollywood era tan católico como Nunnally Johnson, el autor de The Angel Were Red (El ángel vestido de rojo, 1960) una de las aproximaciones fílmicas más estúpidas y reaccionarias del cine norteamericano sobre la guerra española con la complicidad de Ava Gadner, Dirk Bogarde y Joseph Cotten. 

       El argumento de la película es simple. Manuel Artiguez (Gregory Peck), que se había negado a abandonar las armas y que permanece refugiado en Francia, ha estado realizando durante años audaces incursiones en el interior de España, entre otros motivos a fin de conseguir fondos para ayudar a sus amigos encarcelados por sus actividades. Su enemigo mortal, el capitán de la Guardia Civil Viñolas (Anthony Quinn), decide prepararle una encerrona y, aprovechando que la madre de Artiguez que agoniza en un hospital (y que no quiere ver un cura ni en pintura), manda a  un traidor para incitarle a que haga una última visita a su madre... En este trayecto hasta el enfrentamiento final asisten un muchacho, hijo de un combatiente muerto que observa a Artiguez como el padre que le hubiera gustado tener, y un cura (Omar Sharif) postconciliar al que repugnan los procedimientos de la guardia civil.
 
      Aunque bastante desprestigiada para la crítica, sobre todo entre los adversarios de su afamado director al que creen sobrevalorado, lo cierto es que, con todo, ...Y llegó el día de la venganza no deja de contar con ciertos atractivos más allá del puramente histórico (quiera que no provocó una cierta crisis política y puso al régimen en un aprieto) y mitómano. De ahí que durante bastante tiempo figuró en las carteleras francesas y su visión fue de “obligado cumplimiento” para los viajeros que buscaban –entre otras cosas- las películas  prohibidísimas en España. El personaje (Artiguez) que encarna Gregory Peck no es desde luego ningún revolucionario social poumista o anarquista, a lo más es un anticlerical que odia a la guardia civil, en especial a Viñolas (un Anthony Quinn de opereta), aunque al menos sí es un antifranquista sin fisuras. Su vehemencia queda bastante bien reflejada cuando al principio de la película, se niega a renunciar a las armas y a la lucha. De hecho, este fue el impulso básico de toda una generación de combatientes, un gesto propio de lo que no se quisieron rendir y siguieron combatiendo.   

     El desteñido liberal del producto no impide empero, que desprenda rasgos míticos que tienen una base auténtica. Artigas es alguien fiel a sus ideas, que no ha cesado de luchar, que es reconocido por sus compañeros, y lo que es más fuerte, que está dispuesto a luchar hasta el final. En principio por una venganza, para matar al traidor y castigar al guardia civil que había torturado al padre de un chico, pero está claro que para continuar la lucha que se había negado abandonar por el exilio (muchos enterraron las armas en los Pirineos).  La parte religiosa resulta  más bien ridícula, no obstante tampoco le hizo la menor gracia al régimen, el cura se niega a colaborar con Viñolas por más que éste lo ve como lo más natural del mundo. De alguna manera bosquejaba la existencia de un clero joven y disidente que ya no comulgaba con la barbarie del régimen, aunque la película presume que su actitud franciscana representa la mejor vía, más allá de la “venganza”. No obstante, lo que llega al público es ese “maquis” que después de años de lucha sigue tan firme y ajeno a las riquezas como el primer día, un tipo fuerte y entrañable que existió con más inteligencia y capacidad pero que al que Gregory Peck la confiere una dura aspereza y toda su probada prestancia.

      Ni que decir tiene que la mejor manera que tienen las personas interesadas para saber de la resistencia confederal contra el franquismo son los libros, por ejemplo los del malogrado Antonio Téllez (el historiador que más detalladamente ha contado hasta ahora la historia del “maquis” libertario), o la obra Clandestinos de Dolors Marín (Plaza&Janés, Barcelona, 2003) pero esto no quita que en base a esta película (actualmente asequible en DVD, y emitida por el canal barcelonés CityTV) se puedan entablar cine-forums sobre el maquis en los lugares más apropiados.
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 Notas

(1)    Los datos sobre estos dos últimos documentales están extraídos del libro de Magi Crusells, Las Brigadas Internacionales en la pantalla (Universidad de Castilla-La Mancha).
(2)    Todavía en 1986, al celebrar el 50 aniversario del PSUC con una exposición, sus responsables reproducían los números de Treball en los que se vertían la campaña contra el POUM sin ofrecer ninguna nota justificativa,
(3)    En un texto publicado en La Batalla en el momento del estreno en Paris del filme, Wilebaldo Solano, escribe sobre “Toni”: “En momentos en que atravesar la frontera pirenaica ilegalmente representaba una acción heroica, en el decenio 1940-1950, Antonio Franquesa, recién salido de la cárcel de Barcelona, donde estuvo preso a pesar de su extrema juventud por ser militante del POUM, se transformó rápidamente en un guía excelente. ¡Cuántos y cuántos antifranquistas perseguidos, sin distinción de tendencia, logró salvar de la cárcel o del pelotón de ejecución con sus travesías! Con una audacia que rayaba casi la temeridad, burlaba constantemente las encerronas preparadas por la Guardia Civil, a la que, muy a menudo, hacia frente. En una de estas operaciones, Antonio Franquesa cayó gravemente herido. Llevado a cuestas por sus compañeros, durante horas, a través de la montaña, fue salvado milagrosamente. Casi invalido a consecuencia de las heridas recibidas, con el rostro marcado por las trazas de las balas, su primera obsesión, una vez recuperadas las fuerzas, fue la de reanudar su anterior actividad, aún a sabiendas de que, físicamente disminuido, acabaría fatalmente por caer”.


  Edición digital de la Fundación Andreu Nin, noviembre 2005

 
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