Pepe Gutiérrez-Álvarez
1. Documentales sobre la guerra.
Aunque no sean muchas las referencias cinematográficas
sobre el POUM, éstas ciertamente no se agotan ni mucho menos
en
Tierra y Libertad. Conviene recordar que dichas referencias ya
existían en la mayor parte de películas documentales sobre
dicho acontecimiento comenzando por la casi mítica
Mourir a Madrid,
realizada en 1962 por Fréderic Rossif, que fue muy apreciada en los
medios poumistas de la época dado que rompía el “hielo” que
el PCF había creado en la cultura francesa, mentas que no lo fue nada
en absoluto por Manuel Fraga Iribarne, a la sazón ministro de
Información y Turismo del régimen franquista y que auspició
una patética respuesta titulada Morir en España y que fue dirigida
por un sumiso Mariano Ozores como parte de la macrocampaña propagandista
sobre los “Veinticinco años de paz”.
Igualmente tiene un peso destacado en ignotos documentales
cenetistas como
Entre el fraude y la esperanza, o en
¿Porqué
perdimos la guerra? (1977), escrita y dirigida por Diego Santillán,
hijo de Abad de Santillán, en la época situado en el sector
más “socialdemócrata” del anarquismo (realizó encendidos
elogios de países como Suecia y Suiza como modelos sociales), y que
abunda en los mismos argumento que el libro homónimo del padre,
por lo que cayó fatal en los medios antifranquistas que no podían
aceptar su tesis central según la cual Stalin trató de controlar
la zona republicana para pactar en mejores condiciones con Hitler, tesis
que en el libro viene avalada singularmente por el texto escogido de Julián
Gorkin. En el más famoso de todo estos documentos,
La vieja memoria
(1977), obra ampliamente reconocida del especialista Jaume Camino, el POUM
estará dignamente representado por los rostros y las voces de Julián
Gorkin y Ramón Fernández Jurado que aquí explican con
rigor y sobriedad una versión de los acontecimientos en la que la
actuación del estalinismo viene explicada por la política llamada
de No-intervención auspiciada por las “democracias” de Gran Bretaña
y por Francia (en una condición impuesta por el partido radical
de Herriot al Frente Popular francés con la “comprensión”
de Stalin, y por lo mismo del PCF.
En
L'espoir pour memoire (1993), obra de Jorge
Amat (hijo de un exiliado español en Francia), una serie dividida
en tres capítulos para France 3, y en la que aparecen numerosos testimonios
de los brigadistas, interviene Wilebaldo Solano junto con Hugh Thomas, Rafael
Alberti, Santiago Carrillo, Enrique Líster. En su opinión
la mayoría de los internacionales se alistaron a las milicias catalanas
fue como Orwell, a través del POUM porque "era un partido marxista
independiente, pero que pertenecía a una organización internacional
que se llamaba el Buró de Londres, en la cual se reunían los
partidos socialistas y comunistas independientes de la época, que
eran muy importantes".
Wilebaldo también será el rostro y la voz
del POUM en otro documental francés titulado
Staline en Espagne.
Une guerre civile dans la guerre civile: 1936-1939 (1996) producido a
raíz del 60 aniversario de la sublevación militar contra la
República, y que está centrado en las luchas internas dentro
del bando republicano: el antagonismo de la CNT-FAI y el POUM, por un lado,
y los comunistas afines a la Unión soviética, por otro al tiempo
que recuerda a los antiguos combatientes de las Brigadas Internacionales
originarios de los países del Este, fueron víctimas. Como ya
es habitual, Santiago Carillo manifiesta que desconocía las maniobras
e injerencias de la URSS en la guerra española (1).
La mayor parte de estos documentales producidos para el
gran público, como es el caso de la británica de Granada Productions,
emitida por la BBC, tienden a establecer una línea de equidistancia
entre los “los dos bandos”, o al menos a atenuar las diferencias. En esta
que conoció una gran difusión por video en la mitad de los
años ochenta, y que fue asesorada por Ronald Fraser junto con dos
reconocidos conservadores como Hugh Thomas y Javier Tusell, se trata de equiparar
la barbarie militar con los “excesos revolucionarios”, en la mayor
parte de caso tratados genéricamente, y se utiliza la denuncia de
la actuación del estalinismo para desprestigiar la revolución
y el comunismo. Esto resulta todavía más acentuado en una serie
producida por TVE en la que era demasiado obvia la voluntad de establecer
una equidistancia entre los extremos en favor de una España moderada
de un lado u otro.
Por otro lado, justo es señalar
que la presencia del POUM resulta salvaguardada tempranamente por más
que todavía en los años sesenta la militancia afín al
PCE-PSUC (2) casi como una “provocación” (sobre todo considerado
el papel que Gorkin había jugado en el desprestigiado Congreso por
la Libertad de la Cultura que se había revelado como financiado por
la CIA). El punto final a la campaña de calumnias estalinista lo pondría
en este terreno
Operación Nikolai, de Mª Dolors
Genovés y Llibert Ferri. Depués, en todos los trabajos documentales
que le siguieron, y buena prueba de ello ha sido la serie “Zona Roja” ofrecida
desde los canales autonómicos de Catalunya y Valencia, y en el que
la presencia de rostros poumistas (Solano, Carmel Rosal, Víctor
Alba, etc), resulta constante de manera que las posiciones poumistas han
quedado más o menos detalladamente explicadas como lo están
igualmente en otros tantos documentales producidos en los últimos
tiempos, como lo está en el ya clásico Asaltar los cielos...
2. Homenajes literarios.
Si nos atenemos a los largometrajes de ficción,
la lista no es muy larga, aunque sin duda algunos especialistas podrían
citar incierto número de títulos en los que el POUM o alguién
de POM tengan una presencia como la tiene -por citar un ejemplo- en un capítulo
de la serie
Cuéntame y en la se ofrece una “bienaventurada”
pincelada “conciliatoria” haciendo coincidir en una misa del Gallo a un poumista
que acaba de salir de un largo presidio con un franquista “bonachón”,
detalle más demostrativo del “espíritu” de una serie que se
“atreve” a presentar a unos “rojos” de los sesenta-setenta como gente buena
y normalita.
Así pues, sin ánimos de apurar
el registro, servidor puede dar constancia de al menos un par de titulo
de cierta entidad, y en los tres casos el POUM adquiere un significado metafórico
en el mejor sentido del término. El primero se encuentra en la adaptación
que Vicente Aranda escribió y dirigió (en 1988) de la novela
de Juan Masé,
Si te dicen que caí, que obtuvo una celebridad
añadida cuando fue prohibida -y editada simbólicamente
en México- por la censura franquista en uno de los sus últimos
estertores. Para quien no lo sepa, bueno es informar que el Guinardó,
el barrio en el que Marsé contextualiza su universo literario, fue
una comunidad eminentemente ácrata-poumista, y que él mismo
fue un gran amigo de un personaje como Víctor Alba.
Se trata de una obras más sórdida y lograda
del autor de
Libertarias, y en su enrevesada trama destaca un personaje,
Marco (interpretado por Antonio Banderas), al que su hermano, el oportunista
que encarna Jorge Sanz, tiene oculto como un “topo”. Cuando Marco sale de
su agujero, pregunta insistentemente con un aire trágico y sonambulesco
por el Andreu Nin, por lo que cabe imaginar perfectamente que y permanecía
oculto desde mayo de 1937. Cuando logra salir del agujero y trata de incorporarse
a la vida, lo hace tomando parte en una partida anarquista dejando claro
que él piensa de otra manera, pero que en la lucha son sus iguales.
Su historia entronca con una pasión de antes de la guerra, y en la
escena final, ambos consiguen escapar de una manera plenamente liberadora,
como dejando atrás todo el horror que habían atravesado.
Mucho más explícita políticamente
será otra adaptación, esta vez basada en la obra de Manuel
Vázquez Montalbán,
El pianista que llevará
al cine en su “ópera prima” el director de teatro Mario Gas
que también firma el guión junto con André Grall y Gustavo
Hernández. A nadie le escapa que a pesar de sus controvertidas obediencias
psuqueras (“leninistas” en el famoso V Congreso), Manolo siempre mostró
una cierta debilidad por Trotsky y por el POUM (recordemos que tomó
parte en el homenaje al creador del Ejército Rojo que la Fundación
Andrés Nin organizó en 1989), debilidad que tomó un
carácter claramente vindicativo en esta novela que Gas trata de “sintetizar”
torpemente en un retraje de 94 minutos.
Hay demasiado “material” en una novela en
la que el autor alumbra diversas reflexiones acerca de la idea del arte (instrumento
de poder y seducción), baraja conceptos como la ética, la dignidad
y el compromiso, computa una parábola sobre vencedores y vencidos,
triunfos individuales y derrotas morales (y viceversa) -muy a tono con el
pensamiento montalbaniano de que ciertas derrotas merecen más la pena
que determinadas victorias, o de que a veces el éxito encierra la
peor de las derrotas, derrota doble en el caso del personaje central, el
pianista Albert Rossell (Pere Ponce/Serge Reggiani), ya que, como poumista
ha sufrido primero la de la revolución, y después la de la
guerra, todo lo contrario que su amigo de aventuras vanguardistas, Lluís
Doria (Jordi Mollà/Laurent Terzieff), que recuerda vivamente el personaje
de Dalí, quien como todo el mundo debe saber, simpatizó y colaboró
con el Bloc Obrer i Camperol en un tiempo que no tardó el olvidar.
Aquí habría que reseñar
también la última del conservador Eric Rohmer,
El agente
secreto (
L´agent secret, Francia, 2004), aunque se trata
de una referencia mínima, y de una película sobre la cual habría
mucho que hablar.
3. ...Y llegó el día de la venganza
Una idea sobre lo que el régimen
franquista estaba dispuesto a hacer contra la “subversión” nos la
puede ofrecer perfectamente el soberbio documental sobre Delgado y Granados,
aunque mucho más conocido es el caso de una singular película
norteamericana
Behold a Pale Horse (1964), del cineasta antifascista
Fred Zinnemann, cuyos problemas fueron mucho más allá que los
propios de la censura ya que el régimen amenazó con vetar a
su productora. Anotemos que éste resulta un título extraño
por muchos motivos, comenzando por el detalle de evocar reminiscencias bíblicas
extraídas de las Revelaciones 6-8 e incluidas en el libro de Apocalipsis,
y cabe suponer que siguiendo la “moda” de entonces con
El séptimo
sello, de Ingmar Bergman (por cierto mutilada y masacrada por la censura).
En España se estrenó muchos
años más tarde ya con las libertades como...
Y llegó
el día de la venganza, por cierto, un título más
bien propio de un “spaghetti western”...Se trata de una producción
bastante singular (una excepción dentro del panorama de Hollywood),
que estaba basada muy, pero muy libremente en las hazañas de “Quico”
Sabater, el célebre “maquis” anarquista de L´Hospitalet que
-como tantos otros jóvenes combatientes- se negó a reconocer
la victoria del franquismo y trató de acelerar las condiciones de
su derrota con una serie de acciones que al parecer causaron la admiración
de Emeric Pressburguer, que de hecho pudo inspirarse en muchos otros, “maquis”
como Artiguez, que conocía la frontera pirenaica como la palma de
su mano la hubo en todas las izquierdas, por eso los del POUM quieren ver
en el personaje la imagen de “Toni” Franqueza, y así lo creyeron ver
algunos poumistas que lo conocían (3).
Pressburguer fue un cineasta conocido ante
todo por su estrecha y muy valorada colaboración con Michael Powell,
pero en la que no se encuentra el menor vestigio que permita comprender su
atracción por la historia de Sabater para tomarla como referencia
en la que sería su única novela,
Killing of Mouse on Sunday..
Mientras que la novela pasó desapercibida, la noticia de semejante
producción se convirtió en un problema para el régimen
que amenazó a la la multinacional Columbia, con un boicot generalizado
a sus producciones. Cabe suponer que el problema radicaba tanto en el propio
contenido como en la presencia al frente del reparto de algunos de los actores
más carismáticos del momento: Gregory Peck, Anthony Quinn que
acababan de intervenir en un éxito extraordinario en Los cañones
de Navarone en la que, por cierto, la censura recortó las referencias
a los republicanos españoles.
El reparto estaba complementado por secundarios
de lujo como Paolo Stoppa (el más verosímil), Raymond Pellegrin
(como el traidor), y un infumable Omar Sharif recién salido
de
Laurence de Arabia y a punto de comenzar
Doctor Zhivago.
De alguna manera, las presiones del régimen se notan en la trama,
baste recordar como Hollywood había afrontado la guerra civil española,
sobre todo en los últimos tiempos, no hay más que ver
Las
nieves del Kilimanjaro, donde el trasunto de Hemingway (el mismo Gregory
Peck), descubre poco menos que el enemigo de verdad se encuentra en las propias
filas republicanas, o sea en los comunistas (curiosamente con un “malo” al
que se describe con las características tópicas de Valentín
González, “El Campesino”, alguien que dispara por la espalda a los
milicianos que huían. No en vano su director, Henry King, uno de los
mejores “artesanos” de Hollywood era tan católico como Nunnally Johnson,
el autor de
The Angel Were Red (
El ángel vestido de rojo,
1960) una de las aproximaciones fílmicas más estúpidas
y reaccionarias del cine norteamericano sobre la guerra española con
la complicidad de Ava Gadner, Dirk Bogarde y Joseph Cotten.
El argumento de la película es
simple. Manuel Artiguez (Gregory Peck), que se había negado a abandonar
las armas y que permanece refugiado en Francia, ha estado realizando durante
años audaces incursiones en el interior de España, entre otros
motivos a fin de conseguir fondos para ayudar a sus amigos encarcelados por
sus actividades. Su enemigo mortal, el capitán de la Guardia Civil
Viñolas (Anthony Quinn), decide prepararle una encerrona y, aprovechando
que la madre de Artiguez que agoniza en un hospital (y que no quiere ver
un cura ni en pintura), manda a un traidor para incitarle a que haga
una última visita a su madre... En este trayecto hasta el enfrentamiento
final asisten un muchacho, hijo de un combatiente muerto que observa a Artiguez
como el padre que le hubiera gustado tener, y un cura (Omar Sharif) postconciliar
al que repugnan los procedimientos de la guardia civil.
Aunque bastante desprestigiada para la crítica,
sobre todo entre los adversarios de su afamado director al que creen sobrevalorado,
lo cierto es que, con todo,
...Y llegó el día de la venganza
no deja de contar con ciertos atractivos más allá del puramente
histórico (quiera que no provocó una cierta crisis política
y puso al régimen en un aprieto) y mitómano. De ahí
que durante bastante tiempo figuró en las carteleras francesas y su
visión fue de “obligado cumplimiento” para los viajeros que buscaban
–entre otras cosas- las películas prohibidísimas en España.
El personaje (Artiguez) que encarna Gregory Peck no es desde luego ningún
revolucionario social poumista o anarquista, a lo más es un anticlerical
que odia a la guardia civil, en especial a Viñolas (un Anthony Quinn
de opereta), aunque al menos sí es un antifranquista sin fisuras.
Su vehemencia queda bastante bien reflejada cuando al principio de la película,
se niega a renunciar a las armas y a la lucha. De hecho, este fue el impulso
básico de toda una generación de combatientes, un gesto propio
de lo que no se quisieron rendir y siguieron combatiendo.
El desteñido liberal del producto no impide
empero, que desprenda rasgos míticos que tienen una base auténtica.
Artigas es alguien fiel a sus ideas, que no ha cesado de luchar, que es reconocido
por sus compañeros, y lo que es más fuerte, que está
dispuesto a luchar hasta el final. En principio por una venganza, para matar
al traidor y castigar al guardia civil que había torturado al padre
de un chico, pero está claro que para continuar la lucha que se había
negado abandonar por el exilio (muchos enterraron las armas en los Pirineos).
La parte religiosa resulta más bien ridícula, no obstante
tampoco le hizo la menor gracia al régimen, el cura se niega a colaborar
con Viñolas por más que éste lo ve como lo más
natural del mundo. De alguna manera bosquejaba la existencia de un clero
joven y disidente que ya no comulgaba con la barbarie del régimen,
aunque la película presume que su actitud franciscana representa la
mejor vía, más allá de la “venganza”. No obstante, lo
que llega al público es ese “maquis” que después de años
de lucha sigue tan firme y ajeno a las riquezas como el primer día,
un tipo fuerte y entrañable que existió con más inteligencia
y capacidad pero que al que Gregory Peck la confiere una dura aspereza y
toda su probada prestancia.
Ni que decir tiene que la mejor manera que
tienen las personas interesadas para saber de la resistencia confederal contra
el franquismo son los libros, por ejemplo los del malogrado Antonio Téllez
(el historiador que más detalladamente ha contado hasta ahora la historia
del “maquis” libertario), o la obra
Clandestinos de Dolors Marín
(Plaza&Janés, Barcelona, 2003) pero esto no quita que en base
a esta película (actualmente asequible en DVD, y emitida por el canal
barcelonés CityTV) se puedan entablar cine-forums sobre el maquis
en los lugares más apropiados.
.
Notas
(1) Los datos sobre estos dos últimos documentales
están extraídos del libro de Magi Crusells,
Las Brigadas
Internacionales en la pantalla (Universidad de Castilla-La Mancha).
(2) Todavía en 1986, al celebrar el 50 aniversario
del PSUC con una exposición, sus responsables reproducían los
números de
Treball en los que se vertían la campaña
contra el POUM sin ofrecer ninguna nota justificativa,
(3) En un texto publicado en
La Batalla en el momento
del estreno en Paris del filme, Wilebaldo Solano, escribe sobre “Toni”: “En
momentos en que atravesar la frontera pirenaica ilegalmente representaba
una acción heroica, en el decenio 1940-1950, Antonio Franquesa, recién
salido de la cárcel de Barcelona, donde estuvo preso a pesar de su
extrema juventud por ser militante del POUM, se transformó rápidamente
en un guía excelente. ¡Cuántos y cuántos antifranquistas
perseguidos, sin distinción de tendencia, logró salvar de la
cárcel o del pelotón de ejecución con sus travesías!
Con una audacia que rayaba casi la temeridad, burlaba constantemente las
encerronas preparadas por la Guardia Civil, a la que, muy a menudo, hacia
frente. En una de estas operaciones, Antonio Franquesa cayó gravemente
herido. Llevado a cuestas por sus compañeros, durante horas, a través
de la montaña, fue salvado milagrosamente. Casi invalido a consecuencia
de las heridas recibidas, con el rostro marcado por las trazas de las balas,
su primera obsesión, una vez recuperadas las fuerzas, fue la de reanudar
su anterior actividad, aún a sabiendas de que, físicamente
disminuido, acabaría fatalmente por caer”.