Regreso (en DVD) a Tierra y Libertad,
de Ken Loach
Pepe Gutiérrez-Álvarez
Son vario los motivos que nos animan a hablar
nuevamente de Tierra y libertad, la película de Ken Loach
sobre la revolución española que tanta conmoción causó
en la España “aburrida” de los años noventa. El primero es
que, dado que vivimos en la cultura de la conmemoraciones, conviene recordar
que este año se cumple el 70 aniversario del POUM, y se están
organizando numerosos actos de debates que se orientan hacia todas las controversias
que suscitará el 70 aniversario de la guerra civil coincidiendo con
la emergencia “desde abajo” del fenómeno social que podemos llamar
de la “memoria historia”, y que convierte dicha conmemoración en
algo distinto a la línea del avestruz que había sido hasta
ahora. El segundo es que ya existe una edición en DVD disponible
de la película con numerosos añadidos, y tal como he podido
descubrir personalmente, vivimos bajo una discontinuidad tal que resulta
que a pesar de todo el eco que suscitó en su día, la película
es ya una desconocida para las nuevas levas de jóvenes inconformistas,
y por lo tanto, tenemos una razón de más para recomendar el
pase en DVD en toda clase de entidades culturales y escolares.
Podría añadir que otro
mérito de la película es que nos incita a leer otra vez Homenaje
a Cataluña, el libro de George Orwell. Gran parte de la película
es, de hecho, una recreación de escenas de esa obra: el ejercicio
en la plaza de armas del cuartel Lenin, las trincheras en el frente de Aragón,
el rifle que se dispara por la culata, las luchas de mayo en Barcelona.
Por sus contactos con el ILP (International Labor Party), Orwell se unió
a la lucha española en 1936 en las milicias del POUM (Partido Obrero
de Unificación Marxista, marxistas heterodoxos que en la práctica
se aliaron con la CNT y la FAI), y desarrollaron una actividad conjunta
en todo el proceso autogestionario de colectivizaciones industriales y agrarias
que permitió al escéptico Eric Blair a descubrir el “socialismo”
concreto, el de una clase trabajadora que estaba haciendo su revolución.
En Tierra y Libertad David, un comunista
desempleado de Liverpool, se une al POUM porque es el primer grupo que encuentra.
Stafford Cottman, amigo inglés de Orwell en el POUM, en quien se
basa el personaje de David, era miembro de la Liga de Jóvenes Comunistas.
Cuando David por fin se da cuenta, después de los sucesos de mayo
de 1937 en Barcelona, de que los estalinistas están traicionando a
la revolución, hace añicos su carnet del partido. Finalmente,
cuando el POUM es declarado fuera de la ley - hay un vistazo al infame titular
que aparece en el diario comunista británico Daily Worker (19
de Junio de 1937) que proclama: "Troskistas españoles con Franco"
-, la milicia de David es desbandada a la fuerza y su comandante es arrestado,
seguramente para enfrentarse, como Andreu Nin (principal dirigente del POUM)
a la tortura y a la muerte. Orwell (Capitulo 5) da un recordatorio oportuno
de quiénes eran los del POUM: "Los milicianos del POUM eran principalmente
miembros de la CNT". Añade: "Durante los primeros dos meses de la
guerra eran los anarquistas, más que nadie, los que salvaron la situación,
y mucho después sus milicias eran notablemente los mejores combatientes
entre las fuerzas puramente españolas. A partir de Febrero de 1937
los anarquistas y el POUM podrían hasta cierto punto ser agrupados
juntos".
Sin duda una de las mejores escenas del film es la toma
de un pueblo controlado por los insurgentes. La cámara controlada
a mano nos comunica toda la emoción de la lucha callejera y el pánico
causado por un cura disparando desde el campanario de la iglesia. Una vez
capturado, el cura lo niega, pero en el hombro acusa las contusiones del
retroceso del fusil. Es empujado hacia una ejecución sumaria por esto
y por haber delatado (rompiendo el secreto del confesionario) el escondite
de cuatro jóvenes anarquistas, entre cuyos cadáveres es fusilado.
La terrible belleza revolucionaria de la escena es tan conmovedora como cualquiera
de El acorazado Potemkin o de L'Espoir de Andre Malraux, aunque
sobre sus cualidades fílmicas exista otro debate que no tiene porque
afectar a su significado extrafílmico, no sería la primera
vez que una gran tema social no se encuentra correspondido por el talento
del director, y viceversa.
Con todo, sus admiradores no olvidaremos fácilmente
el momento en que los campesinos, al ver que los fascistas se van, queman
las imágenes y pinturas religiosas. Después, los aldeanos
y los milicianos del POUM tienen una asamblea para discutir la colectivización,
el corazón de la revolución española. Según
dice el mismo Loach: "uno de los pocos momentos en la historia de la humanidad
en la que se ve al pueblo tomando el control sobre sus propias vidas", algo
que hasta entonces nos habían contado los supervivientes de una historia
épica, cuando parecía posible cambiar el mundo de base, y
crear una alternativa a la barbarie unificada por el ideario fascista de
militares, curas, capitalistas y terratenientes, y contribuir a la liberación
de otros pueblos, creando un modelo de socialismo basado en la democracia
obrera, o sea puesto al que se decía que existía en la URSS
y que se basada en una dominación policíaca que -al decir
de Trotsky- convertía el antiguo Estado absolutista casi en un modelo
liberal.
Hecha en España pero pensada
desde Gran Bretaña, no es por casualidad que la trama empieza y termina
en la Inglaterra contemporánea a través de una joven que recoge
la humilde herencia de su abuelo, unas cartas, una historia, un puñado
de tierra roja. Al igual que otras de sus grandes películas
Agenda oculta o Riff-Raff (la mejor), Tierra y Libertad
es también un ataque a los valores de la Inglaterra conservadora,
no en vano Loach pasa por ser el “profeta” de la mejor respuesta al neoliberalismo
desde la pantalla grande, nadie ha tenido en este sentido tanta influencia
como él. El anciano David sufre un ataque cardíaco en su hogar
de Liverpool y muere en la ambulancia. Su nieta, mientras limpia, halla sus
cartas desde España a su novia, luego esposa, hay un vaso comunicante,
el de la pasión militante. Su lectura introduce las escenas retrospectivas
del filme que liga pasado y presente. Todo concluye con el entierro de David
el combatiente cuya vida adquiere de esta manera un cariz subversivo, legendario.
Esto queda patente cuando la nieta lee unas líneas conmovedoras de
William Morris. Se enfatiza el hecho de que era un trabajador inglés
que nunca dejó la lucha para construir lo que Auden llamo "la Ciudad
Ideal", y con ello sentimos el eco de todos aquellos poetas británicos
que tuvieron en la República española su tierra de promisión
.
Como el mismo David dice después
de la desbandada forzosa de su milicia, sólo unas semanas antes de
que la división del emblemático estalinista que se llamó
Enrique Lister fuese enviado con la misión de destruir las colectividades
en Aragón: "Si hubiésemos triunfado aquí, y se pudo
haber hecho, hubiésemos cambiado el mundo". El informe de Orwell sobre
las milicias del POUM es un registro conmovedor (Capitulo 8) de lo que fue
haber estado en Aragón, en "la única comunidad de cualquier
tamaño en la Europa Occidental donde la conciencia política
y la falta de fé en el capitalismo eran más normales que sus
opuestos... Muchos de los motivos normales de la vida civilizada - snobismo,
acopio de dinero, miedo al patrón etc. - simplemente habían
dejado de existir. La división de clases ordinaria en la sociedad
había desaparecido... una comunidad donde la esperanza era más
normal que la apatía o el cinismo, donde la palabra "camarada" expresaba
camaradería y no, como en otros países, farsante... para la
gran mayoría del pueblo socialismo significaba una sociedad sin clases,
o no significaba nada ." Después de ver la película, los lugares
y los rostros de la novela cobran un relieve diferente, el cine y la literatura
se dan la mano.
La mayor grandeza de Tierra y Libertad radica quizás en su
capacidad para articular todo esto, manteniendo la esperanza viva, llegando
a la gente más diversa, emocionando especialmente a los que lo vivieron,
pero también los que lo oyeron en parientes y camaradas, e incluso
encender el imaginario juvenil, tan presente entre el público que
siguió esta película hecha contra la corriente y que acabó
siendo asimilada por los espectadores. El filme se hace eco del entusiasmo
narrada por aquel Orwell convaleciente en Barcelona, en su carta a su amigo,
el también escritor Ciryl Connolly (8 de junio de 1937): "He visto
cosas maravillosas y puedo, por fin, realmente creer en el socialismo, lo
cual nunca creí antes". El día que se alistó en la milicia
del POUM conoció a un italiano –sin duda un militante trotskista-
en el cuartel Lenin. Nunca lo volvió a ver pero se convirtió
para Orwell en un símbolo de "la flor de la clase trabajadora europea,
asediada por la policía de todos los países, el pueblo que
llena los sepulcros de los campos de batalla españoles", y no fue
otra cosa lo que le ocurriría a continuación a una generación
de insumisos –entre ellos muchos poumistas- perseguidos por las tropas
del eje como judíos y comunistas, y rechazados desde los “maquis”
de obediencia estaliniana como “agentes trotskistas”.