FUNDACIÓN

ANDREU NIN

Víctor Alba, un bloquista del POUM

Pepe Gutierrez


                  Durante los numerosos avatares de mi vida política tuve ocasión de conectar directa o indirectamente  con Pere Pagés alias Victor Alba en muy diferentes ocasiones, las últimas in person en Sitges procurando que tuviera a punto su larga lista de recetas médicas, lo que daba pie a algún intercambio de opiniones, y finalmente en Ribes.

                 En la última ocasión hablamos por teléfono de la posibilidad de hacer unas jornadas sobre México (actualmente en marcha), por dos motivos, primero porque Victor había estado viviendo allá varios años como testimonia la película Asaltar los cielos, y segundo porque había dejado en el GER un singular colección de libros mexicanos que yo pensaba que valía la pena exponer, pero él ya no estaba para muchos trotes. Personalmente mantuvimos un coloquio aparte con ocasión de la apertura del local de la NOU en Ribes, conversamos sobre una posible reseña de su libro Los colectivizadores, un estudio de diversas experiencias de colectividades obreras y campesinas en Cataluña y Valencia durante la guerra civil por la que estaba muy interesado ya que el director de la editorial, Laertes, desconfiaba de mucho de este tipo de libros a los que Victor volvía siempre que podía.  Aquel día le hizo ilusión conocer a un joven trotskysta que me acompañaba, lo que sirvió de pretexto para hablarnos de Andreu Nin, el líder del POUM en ausencia de Joaquín Maurín, y cuya trágica muerte ha pasado de ser uno de los símbolos trágicos del siglo XX, el siglo de la revoluciones traicionadas en palabras de Albert Camus, otro personaje sobre al que a Victor no se le podía preguntar sin tener garantizada una buena suma de historias y anécdotas.

                  Sin duda el más curioso de estos encuentros fue el que tuvo lugar en un enorme piso de la calle Valencia de Barcelona donde Victor animaba sus tertulias, sus reuniones clandestinas y daba rienda suelta a sus muy imaginativas ensoñaciones eróticas, que no debían de ser pocas como me fue dado a conocer. Como pude comprobar, Victor era ajeno a esta transparencia, y ni siquiera imaginaba que su entonces, aquella joven amiga que tenía sus llaves, Dolors Palau (más tarde directora de la Agencia EFE,  y trágicamente malograda por un maldito cáncer),  era militante de la LCR, y nos citaba en aquel lugar al tiempo que, como buena periodista, nos ofrecía toda clase de informaciones sobre Victor y la pléyade de escritores e intelectuales como Joan Marsé o Joan de Segarra todos ellos muy críticos con el PSUC, que se reunían allí y no solamente para hablar de política. Sabiendo mis gustos bibliófilos,  Dolors me ofrecía ejemplares de las numerosas obras de Victor que se amontonaban por los rincones, gracias a lo cual aún guardo algún ejemplar de obras suyas que nunca se editaron por aquí como Le mouvement ouvrier en Amérique Latine, editado en la mítica colecciónMasses et militants de Les Editions Ouvrières, una trabajo que demuestra que, junto con otros mucho más de andar por casa como periodista, Victor había trabajado muy rigurosamente temas como la historia social latinoamericana.

                  Pero la mayor familiaridad con su trayectoria me llegó como parte de mi estrecha relación con la vieja guardia del POUM en el exilio parisino entre 1968 y 1971, durante la cual estuve varios meses durmiendo con un colchón de goma en el local de este partido en la rue d´Aubriot, justo enfrente donde también tenía su local social la legendaria editorial Ruedo Ibérico. Aún siendo un pequeño partido, el POUM forma, junto con la CNT, parte de la leyenda dorada de una revolución española que tuvo que defenderse no solamente de Franco, sino también los intereses geoestratégico de Stalin y la burocracia soviética. Aunque tildado de trotskysta, en el POUM coexistían básicamente dos sensibilidades, una mayoritaria proveniente del Bloc Obrer i Camperol, liderado en el sentido más pleno de la palabra por Joaquín Maurín, para mí el marxista más creativo de la historia española, y otra minoritaria formada por lo que fue la Izquierda Comunista liderada por Andreu Nin y Juan Andrade, que había roto con Trotsky, en buena medida por la falta de flexibilidad de éste en una historia tan intensa como compleja. En aquello años me convertí un poco en un muchacho adoptado por los representantes de la vieja guardia poumista que evocaba sus propias biografías militantes en familia. Allí se hablaba de Julián Gorkín, Enric Adroher Gironella o Victor Alba como gente que se había prestado a los montajes de la CIA. Esto se decía en un marco histórico en el que los Estados Unidos apoyaban groseramente el franquismo, y los comunistas eran los principales peones de la resistencia interior contra la tiranía.

                    Este es un tema espinoso que no puede ser clasificado llanamente como lo pudo ser en su tiempo, pero de entrada introduce un factor distinto al que, por citar un ejemplo, se ofrece en la información de El País sobre el fallecimiento de Victor. En el diario madrileño se atribuye al PSUC una acusación que era compartida por amigos y antiguos camaradas de Victor, aunque, claro está, esto lo daban una explicación más matizada. No hay que olvidar que el estalinismo no solamente había asesinado a Nin y muchos otros, había reprimido la revolución española, y antes liquidado a la vieja guardia bolchevique (de líderes que como Bujarin o Zinóviev, habían sido admirados por los comunistas que no habían claudicado ante el "colonialismo" que imponía Moscú), de la cual el asesinato de Trotsky fue el colofón más conocido. Muchos militantes del POUM salvaron la vida in extremis cuando fueron abandonados en la cárcel de la Modelo mientras las tropas franquistas entraban en Barcelona. Algunos padecieron la hostilidad estalinista incluso en los campos de concentración…En los años cincuenta, no faltaron personalidades de primer orden como Bertrand Russell, Orwell o Ignazio Silone que creyeron que la democracia norteamericana era un mal menor en relación a la dictadura burocrática, aunque los más lúcidos, acabaron por no prestarse al juego. Victor sí se prestó, de manera que no dudó en mostrarse pronorteamericano en litigios tan elementales como el que enfrentaba a la revolución nicaragüense con la "contra" movida por Reagan y la CIA.

                  Sobre este punto  toda la izquierda catalana y española nunca tuvo dudas, por lo menos hasta que Felipe González acabó enturbiando las cosas. Aún entonces, Victor Alba siguió viendo al PCE o Izquierda Unida como una mera prolongación del estalinismo. Ese fue a mi parecer, su punto más impresentable, un enfoque anticomunista visceral (por alguien que se reclamaba de un comunismo disidente como el de Maurín) que se manifestó siempre que escribió sobre la cuestión, como en un libro que tituló Historia del Partido Comunista en España, y en el que trató de hacer su propio ajuste de cuentas, reduciendo la verdad a la suma de aberraciones cometidas por el estalinismo, olvidando algo tan básico como que las los comunistas opuestos a la línea oficial del estalinismo fueron sus principales víctimas, algo que subraya muy bien Miguel Nuñez en su libro de memorias, La revolución y el deseo (Península, Barcelona, 2002), el testimonio de un comunista que siguió haciendo la "guerra" al franquismo en condiciones infrahumanas y que acabó chocando con el partido, y haciendo su propia reflexión de la aberración estalinista.

                 Este desenfoque no podía por menos que resultar "contrarrevolucionario" en la época de Franco, cuando la mayoría de los líderes del PCE-PSUC estaban en el exilio (o en la cárcel)  mientras que Victor publicaba libros y en algunos diarios o revistas, y así fue sentido incluso por gente que le apreciaba por otras cosas pero que no soportaba sus tomas de posición alineadas con algo tan intolerable como la política exterior norteamericana a la cual Victor contribuyó en no pocas ocasiones con algunos de sus estudios, y por supuesto, en sus tomas de posiciones públicas…Esta dimensión suya no deja de ser una ilustración trágica de los desastres del siglo XX, y no cuestionan el hecho de que Victor siguió, en lo fundamental, fiel al Bloc y al POUM, contribuyendo de una manera excepcional a la difusión de su legado a través de los numerosos libros que publicó en editoriales como Júcar (en la colección Crónica General de España). Por otro lado, Victor nunca dejó de ser un antifranquista radical, que ayudó a todas las resistencias, y de eso dejó un buen ejemplo en su relación con la UM 9 en Ribes, lo cual no deja de tener su punto de paradoja ya que el sector más insertado de este grupo había pasado por el PTE (Partido del Trabajo de España), que nació, se desarrolló y murió como maoísta, o sea prochino, una tentativa de neoestalinismo, aunque también aquí podemos encontrar otra pista que nos muestra que, como en tantas cosas de la vida, una cosa son las etiquetas y otra la vida y la acción. Finalmente. Victor alba fue un escritor extraordinariamente prolífico, y en su bibliografía se pueden encontrar la más singulares variaciones, por ejemplo una Historia social de la vejez que forma parte de su amplia obra publicada en Laertes donde aparecieron sus brillantes memorias.

                Existe todavía otro hilo que me conectaba con Victor Alba, y es el de la relación con la Fundación Andreu Nin que su página web inserta una extensa información de su obra, y reproduce varios capítulos de su libro sobre El marxismo en Cataluña. En los ámbitos próximos a dicha Fundación se mueva en estos momentos un proyecto, escribir un libro colectivo sobre todas los retratos de personalidades que pueden reunirse bajo el denominador común de Poumistas, en el que esperó aportar algunos retratos de poumistas que conocí, entre ellos quizás el de Pere Pagés alias Victor Alba sobre el que habrá que trazar una biografía en la que habrá que evitar los juicios sumarios, equilibrar muchas cosas y diferenciar las luces de las partes más de sombras.

Edición digital de la Fundación Andreu Nin, junio 2003



 
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