Pepe Gutiérrez-Álvarez
"
¿De donde sacó
su ardiente pasión artística, sus delicados sentimientos por
la forma y el color, su habilidad extraordinaria con las palabras?. En verdad,
el hombre era un artista instintivo, de un orden elevado, y si la ignorancia
corrompió su arte, sólo logró que le hecho de su maestría
innata fuera más notable…Había en él una vasta delicadeza
de percepción, sentimiento elevado, sensibilidad a la belleza. Y habla
en él también, detrás de todas sus vociferaciones, un
sentimiento intenso del romance infinito y del misterio. de la vida humana".
H. L. Mencken. Prejudices:
First Series
Cuando hace casi un siglo que falleció Jack
London, su figura nos sigue pareciendo todavía mítica, legendaria,
que vive en su obra, que conoce directamente lo que describe. Vida y obra
forman por lo tanto una totalidad indisociable, aunque cada una de las partes
tenga una cierta autonomía propia.
Su corta existencia es una apretada; agenda de acontecimientos:
distribuidor de periódicos, proletario en una fábrica de conservas,
y después en una hilandería de yute y en una central eléctrica;
saqueador de las propiedades osteras y policial que patrulla persiguiendo
a otros saqueadores en la costa del Pacífico, cazador de focas en
las lejanas costas siberianas; vagabundo que recorrió a pie buena
parte de los Estados Unidos y el Canadá; escritor-obrero rechazado
por las editoriales primero, y celebridad internacional después; corresponsal
de guerra en Japón, Corea y México, exhausto planchador
de una tintorería mientras intentaba aprender a escribir, y al tiempo,
cortejar a una bella dama de Ia pequeña burguesía; arriesgado
buscador de oro de oro en el valle del Yucón; portero en una escuela
secundaria de Oakland, y universitario frustrado en Berkeley; agitador y
principal figura literaria -junto con Upton Sinclair- de la primera socialdemocracia
norteamericana; beodo empedernido que no encuentra la estabilidad ni en la
riqueza ni en la fama; amigo y en no poca medida maestro del propio Upton
(el autor de La jungla), de Sinclair Lewis (el autor de Babitt), y también
de Raoul Walhs que recreó su espíritu en películas como
El mundo en sus manos; y mito de la izquierda cultura norteamericana e internacional…
La vida de Jack London representó pues muchas cosas
al mismo tiempo.
En su transcurso, fue un hombre firme pero también
muy contradictorio en sus ideales políticos, polivalente como individuo,
poliédrico como escritor...Su intensidad existencial se desprende
fácilmente de los siguientes datos: en los últimos 16 años
de su vida fue el autor de 19 novelas, 18 colecciones de cuentos y artículos
(157 en total), 3 dramas y 8 libros autobiográficos y de sociología.
Después de haberse agotado como un cohete brillante y de profunda
concentración, London tuvo su postrero gesto romántico quitándose
la vida cuando no había vivido más que cuarenta años.
Aunque no han faltado críticos que consideran
su obra como irregular, desmañada, y lo han tachado de novelista de
vuelos, no es menos cierto que existen muchos más que afirman todo
lo contrario. Más allá de esta disputa, el veredicto de los
lectores no ha podido ser más elocuente. Después de mantener
su celebridad a lo largo del siglo XX, en los últimos tiempos su obra
siendo editada con el marchamo de un "clásico", e incluso conocido
una mayor revalorización. Admirado a lo largo de los tiempos por gente
tan diversa como Anatole France, Lenin, John Steinbeck, Trotsky. Hemingway,
Orwell o, Jack Keruac, etc; London inspiró al "Che" Guevara el que
el héroe guerrillero creyó que sería su último
pensamiento: "La única visión que recuerdo", escribirá
hablando de un momento en el que estando herida es cercado por las tropas
de Batista Y busca la mejor manera de morir, y se le presenta la imagen de
un personaje de London acosarlo por la agonía, se sostiene sobre un
árbol y "se dispone a terminar su vida con dignidad". Pensamos que
no es abusivo pensar de que a London le hubiera fascinado también
un personaje como el "Che", con el que compartió la admiración
de la juventud norteamericana de los años sesenta.
London ha sido para muchos y lo será
todavía para otros, una auténtica sorpresa el descubrimiento
de su dimensión revolucionaria. Como le ha ocurrido en mayor o en
menor grado a otros grandes de loa literatura como Lord Byron, Percy B. Shelley,
Coleridge, Víctor Hugo, George Sand, Vladimir Korolenko, Mark
Twain, Espronceda, Oscar Wilde, George Orwell, Nikos Kazantzakis… etcétera.
Esta faceta de London ha permanecido semioculta en el tiempo. Pero el hecho
es que, por más que sorprenda, el que fue llamado el Rudiard Kiplyng
del Norte", el autor de inolvidables narraciones sobre los mares del Sur,
fue un socialista considerado como "muy peligroso" por las autoridades de
su país y escribió numerosos libros "subversivos", en particular
una obra que figura por derecho propio entre las clásicas de la literatura
revolucionaria;
Gente del abismo (reeditada por El Viejo topo).
En sus numerosas intervenciones como agitador
y propagan dista del socialismo, London fue consecuente con una idea que
aprendió en el Manifiesto Comunista, y según la cual los socialistas
deben de hablar sin ocultar sus objetivos y sus puntos de vistas . Llevó
adelante esta premisa a las calles de las grandes urbes norteamericanas y
a los salones donde los grande s burgueses le invitaron en. honor a su prestigio
como literato.
En 1905, y delante del "tout" San Francisco,
proclamó cosas como las siguientes: "¡Nada de una parte!. Necesitamos
todo lo que poséis. No nos conformaremos con menos. Queremos llevar
las riendas del poder y el destino de género humano. ¡Mirad
nuestras manos!. Os quitaremos vuestro gobierno, vuestros palacios y toda
vuestra dorada riqueza, y llegará el día en que tendréis
que trabajar con vuestras propias manos para ganaros el pan como hace el
campesino en; el campo o el botones consumido en vuestra metrópolis.
Mirad nuestras manos, miradlas bien: ¡Son manos fuertes!".
El lector quizás puede
imaginarse la impresión que palabras como estas pueden causar en un
auditorio marcadamente conservador. Aunque anteriormente se sabía
que London era socialista y que había dado fulgurantes mítines
en los barrios obreros de Oakland, la clase dirigente ignoraba. el alcance
y las fuerzas de sus convicciones. Este discurso, junto con otros cortados
por el mismo patrón, causaron el consiguiente estupor y escalofríos.
La prensa, incluida la más liberal y moderada, comenzó a tocar
la alarma sobre London y el socialismo, sobre un escritor y un partido que
no dudaban en afirmar que modificarían radicalmente la Constitución
sí ello era necesario para imponer 1a: nueva sociedad que propugnaban.
London sentía que la revolución
"aquí y ahora", era la única alternativa frente a una oligarquía
despiadada que aniquilaba por igual a las masas trabajadoras hundiéndolas
en el abismo, que a los artistas que se veían obligados a convertirse
a pesar suyo en mercancías dentro de las leyes de la oferta y la demanda.
durante cierto tiempo compartió con su partido la idea generalizada
entre los socialistas de su época que esta revolución vendría
progresiva y pacíficamente, pero tras la derrota de la revolución
rusa de 1905, London tuvo una pesadilla que llamó El talón
de hierro (reeditada recientemente por Ayuso, Madrid), sobre la que Trotsky
escribió dos décadas más tarde: "Jack London ha sabido
traducir, como verdadero creador, el impulso dado por la primera revolución
rusa, y también ha sabido repensar en su totalidad el destino de la
sociedad capitalista a la luz de esta revolución.. Se ha asomado más
particularmente a los problemas que el socialismo oficial de hoy considera
como definitivamente enterrados: el crecimiento de la riqueza" y de la potencia
de uno de los polos de la sociedad, de la miseria y de los sufrimientos,
en el otro polo. La acumulación del odio social, el ascenso irreversible
de cataclismos sangrientos, todas estas cuestiones las ha sentido Jack London
con una intrepidez que incesantemente obliga a preguntarnos con nos asombro:
pero ¿cuándo fue escritas estas líneas? ¿fueron
acaso antes de la guerra?".
Durante los cuarenta años
que duraron su fulgurante vida, London vivió bajo el. signo de lo
“novelesco" y de la aventura. En este sentido, su biografía es la
contraigan de otro gran novelista, Julio Verne, el capitán Nemo de
la literatura que conoció una vida, burguesa por excelencia.. London,
por el contrario, apenas sí escribió nada que no hubiera, vivido
directamente o muy de cerca, y su fantasía es una prolongación
de una realidad inmediata o estrechamente: relacionada con el mundo en que
le tocado vivir. En su devenir de aventurero encontramos grandes capítulos
que pueden ser catalogados como "inolvidables" por sus lectores cuando fue
el "Príncipe" de los ladrones de bancos de ostras, cuando viajó
al Klondike en busca de oro y encontró el primer filón de su
inspiración, cuando re corrió Estados Unidos, y Canadá
como un vagabundo, etc. Además, estas vicisitudes llenas de riesgos,
no le impidieron ser el militante socialista más conocido de la Norteamérica
de su tiempo después de Eugene Víctor Debs, un auténtico
gigante que debía sus dos nombres a dos novelistas populares franceses:
Eugene Sué y a Víctor Hugo.
Pero más allá de la literatura
y del socialismo, hay en London un concepto existencial muy singular y que
le hace ser en. buena medida. lo que fue. Se trata del concepto de que la
vida tiene que ser vivida intensamente y que hay que despreciarlas adversidades.
Su secreto es la pasión y la energía acumuladas en un cuerpo
rebosante de vitalidad creadora. Pasión energía que empleará
constantemente contra la adversidad desde su más pronta infancia en
la que se inicia en .la lucha.
Su historial, la historia de Martín
Eden, se han establecidos como paradigmas del hombre que desde la nada se
hace a sí mismo, siendo este otro factor añadido a las singularidades
londonnianas. Careció de medios y de escuelas --aunque obviamente,
recibió ayudas importantes, entre ellas algunas olvidadas como las
dos mujeres, "Mammy Jenny" que le cuidó como una madre e Inés
Coolbrith, que le inició en los "misterios" de la literatura--, y
tuvo que luchar contra la corriente y superar enormes dificultades para lograr
ser un novelista de éxito y un articulista requerido por los periódicos
más renombrados. Este London es un rasgo que comparte con Gorki, con
Miguel Hernández, Panait Istrati y un grupo muy reducido de autodidactas
que han conseguido un lugar de privilegio en, la literatura universal. Durante
toda su vida tuvo que luchar contra los prejuicios académicos y sociales"
y todavía sigue siendo uno de los novelistas más leídos
y traducidos del mundo- un astro secundario en: el :reparto que sobre las
estrellas de la literatura norteamericana se establecen en los manuales de
historia mientras que sus ideas políticas suelen ser ignoradas o bien
descritas con un ligero plumazo, cuando no condenadas incluso desde la izquierda.
Pero con todas sus contradicciones
y limitaciones, Jack London es uno de los escritores de los grandes, autor
de novelas que se leen de un tirón, y todo un símbolo de lo
que la clase obrera es capaz de lograr con la inteligencia, el esfuerzo y
la conciencia de clase.