FUNDACIÓN

ANDREU NIN


   El regreso de Jules Vallès 

Pepe Gutiérrez-Álvarez

        Acaba de editarse una obra muy poco conocida de Jules Vallès, El testamento de un bromista (Traducción de Luis Eduardo Rivera López, Periférica. Cáceres, 2006,112 páginas. 9,60 euros), que viene precedido de una nota previa en la que se nos cuenta que el  bromista que da títulos a la obra se ha suicidado. Esta nota actúa como pórtico al conjunto de anotaciones que vienen a continuación, ya que se trata de un diario del que se nos advierte que contiene "los momentos extraños que el bromista anotó, y es en el género del diario caricaturesco y panfletario donde habría que encuadrar el testamento de este amable suicida".

        Es muy posible que su autor, Jules Vallès esté ya un tanto olvidado. Sin embargo se trata de uno de los escritores más emblemáticos de la tradición socialista revolucionaria, ampliamente apreciado como lo demuestra el texto de Andreu Nin que he traducido del catalán, Jules Vallès, el insurgente.

        Jules Vallès (Puy-en-Velay, 1832-1885 fue un periodista, escritor y miembro de la Comuna de París que congregó a un amplio colectivos de hombres y mujeres excepcionales. Hijo de un modesto celador de colegio, padece en su infancia la opresión de una madre espartana, «colmada de grasas y enfermedades, quien, según Frantz Jourdain, tiene tanto instinto maternal como mostachos una tortuga y le niega las caricias por la misma razón que le niega los puerros ¡porque le gustan!» (Sebastiane Choury, Los poetas de la Comuna). Esta experiencia familiar «dejó un profundo surco en su alma y contribuyó poderosamente a formar el futuro rebelde e insurrecto» (Andreu Nin).

          El 2 de diciembre de 1851, hace de animador de un Comité de jóvenes que intenta levantar al pueblo contra el golpe de Estado de Bonaparte, construye barricadas en varias calles. La derrota le inspira el poema "Ras les coeurs" en el que dice: «Por los campos en donde germinaba nuestra fe plebeya. Los soldados sembraron las entrañas de los fuertes. El valor y el derecho largan vela rumbo a Cayena…Nacieron los esclavos y el hombre ha muerto». Temeroso por sus actividades «descarriadas» su padre lo interna en un centro psiquiátrico donde es golpeado por un enfermo que le abre la cabeza. Pasa toda clase de dificultades hasta que empieza a trabajar en la prensa. Escribe en varios periódicos pero las dificultades le asedian y tendrá que trabajar como su padre de celador de un colegio. Comienza de nuevo su lucha contra el régimen bonapartista, tiene,"Sed de oposición".

         Escribe contra la invasión de México donde, dice, «habrá más cadáveres en las llanuras que amapolas en los trigales". Denuncia a los cortesanos como "cerdos vendidos" y exalta la actitud de Proudhom. Funda Le cri de peuple, y escribe en La marselleise desde donde preconiza una negativa a pagar impuestos, al servicio militar y al alquiler: «No le debo nada al poder que se ha puesto fuera de la ley... Es preciso que la burguesía que ha sido reina, negocie con el pueblo que se está convirtiendo en rey». Luchador infatigable carece de un programa, de una doctrina, aunque durante la Comuna se alineará con los federalistas. Está a favor de «lo que quiera el pueblo» y la Comuna se convertirá en su referencia política hasta su muerte. Participa en la agitación que precede a esta. En una ocasión, por gritar ¡Viva la paz! fue maltratado por las blusas blancas del Emperador, siendo condenado a muerte tras la tentativa blanquista de agosto de 1870.

        Vallès es uno de los redactores del famoso cartel rolo que exclama: «¡Paso al pueblo! ¡Paso a la Comuna!». Durante el gobierno comunero resucita su periódico Le cri de peuple, que se hará legendario por su valor crítico. Presidirá la última sesión de la Comuna y, cuando ya está todo perdido, huye disfrazado de enfermero. En Londres se entera de que está condenado a muerte. Será en el exilio donde reanudará su carrera como novelista al tiempo que sigue su actividad como periodista revolucionario. De él se ha dicho que era «un insurrecto mucho más que un revolucionario. No esperaba de su rebeldía ni cargos, ni dinero, ni siquiera la posibilidad de moldear según sus planes, una nueva sociedad: no tenía planes. Su orgullo tenía pendiente una venganza, y sus esperanzas, como las de la multitud, eran todas sentimentales» (Jean Prevot).

       Su obra como escritor ha sido muy controvertida, ha tenido amigos y adversarios dentro de la izquierda. Sobre esta cuestión, escribió Andrés Nin: «Este gran escritor revolucionario, fue, por encima de todo, un gran artista. Su obra es la más clara demostración de que "hacer arte popular" no significa rebajarse al plebeyismo, sino partir de todo aquello que hay de profundamente humano y bello en la vida de los de abajo, para elevarse a las alturas de la creación artística...». sus obras son inexcusable para comprender la militancia revolucionaria de su tiempo. Comenzó escribiendo una dura sátira de la burguesía, El dinero (1857),  y siguió con Los refractarios, La calle (1868),  luego vendrá su obra maestra El niño, (Alianza, Madrid, 1971, prólogo de Jorge Semprún), en la  que sobresale su sorprendente mezcla de crueldad y ternura que genera una historia que es, ante todo, violenta y que llama a la indignación moral.  Se trata de una de sus veraces aproximaciones autobiográficas, muy en línea del Jules Renard de Pelo de zanahoria. Refleja unos tiempos extremadamente duros para una infancia que hoy podíamos trasladar sin mucha dificultad a los países empobrecidos por el colonialismo. Sus secreto radica en que se trata de un relatos en el que sobresalen la capacidad de una criatura para la que la opresión y la violencia familiar y del entorno, no será un obstáculo para su voluntad de llegar a  ser un artista; sin dejar por ello de servir al pueblo. Els un relato en el que se combinan de sensibilidad y dureza de tal forma que el autor consigue una lírica muy especial que emana de la misma crudeza de la situación... Le siguen Los hijos del pueblo (1879), El bachiller (1881), La calle de Londres, El insurrecto. Después de su muerte se editaron: Las blusas, Las palabras, Recuerdo de un estudiante pobre, El espectro de París y Un gentilhombre.

        La trilogía sobre JacquesVingtras (El niño, El bachiller y El insurrecto) apareció, completa, en español a mediados de los años ochenta. Los dos primeros títulos fueron editados por Bruguera, el tercero lo publicó Mateu (col. Maldoror). Las traducciones son de Manuel Serrat Crespo y serán reeditadas proximamente por La vieja factoría de Madrid.

        Sobre su vida, se pueden consultar textos como lo prólogos de Semprún (El niño) y Serra Crespo (El insurrecto), o el ensayo de Teresa Párnies incluido en Romanticismo militante (Galbas, Barcelona, 1976).


  Edición digital de la Fundación Andreu Nin, julio 2006

 
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