Tres notas sobre Manolo Sacristan
Yunques y campanas
Artículo aparecido
en Combate del 1 septiembre de 1985.
En el pequeño cementerio
de Guils (cercanías de Puigcerdà), en un lugar goetheniano
(un montículo desde el que se divisan valles y montañas pirenaicas)
que contenía los restos de Giulia Adinolfi, enterramos a Manuel Sacristán,
el más notable de nuestros intelectuales marxistas -y no marxistas-
y un verdadero "maldito" para las diversas instituciones de la transición,
incluida la del partido eurocomunista que abandonó después
de vaticinar su ruina. No hubo ningún gesto tradicional de nuestra
cultura -cantos, banderas, puños en alto, etc.- pero sí algo
intensamente emotivo. Se decía que el padre de Manuel creía
que había soñado su muerte en una pesadilla, y algo por el
estilo debió de ocurrirnos un poco a la mayoría. Pero el hecho
ha ocurrido y hemos de seguir a Machado en esto, olvidando las campanas y
volviendo al yunque. Hemos perdido al más sabio de los nuestros -de
todos los que nos identificamos con su misma causa y con sus mismos métodos:
los de un marxista abierto y revolucionario-, y ahora tenemos su ejemplo
y su obra. Una obra al fin asequible editorialmente.
Sacristán era todo lo contrario de
un intelectual tradicional, de esos bonitos mimados por las mas-media Su
muerte cogió a la prensa sin un mal recorte en los archivos ya los
canales de TV con unos segundos rodados casualmente con ocasión de
la inauguración de un colegio en L 'Hospitalet. Hacía muchos
años que sus libros no se reeditaban -sólo Editorial icaria
había comenzado a hacerlo en un empeño que tenía algo
de aventura-, y Grijalbo había echado siete llaves a sus últimas
traducciones de Marx y Lukács. Solamente cuando ha muerto la inmensa
mayoría se ha enterado deque existía, y ahora asistimos a la
puesta en escena de un amplio movimiento de canonización que convertiría,
como ha dicho Paco Fernández. Buey, a Sacristán en un filósofo
de todos, en un mito cultural, en resumen, en todo lo que no era, es decir
un intelectual tradicional que trabaja por las instituciones dominantes.
Sacristán luchaba por las instituciones de futuro, por el socialismo.
Siempre lo había hecho.
Naturalmente, no han faltado -sobre
todo en
El País- evocaciones inteligentes, dignas y nobles
en torno suyo. Son las que han subrayado su carácter de sabio inconformista,
su naturaleza de militante de a pie, su voluntad ética y revolucionaria...
Pero no ha sido este el mensaje prevaleciente.
Ya en el primer acto de su entierro, en la
puerta de su domicilio, comenzó un extraño espectáculo
compuesto de ministros del Gobierno central -Maravall, Lluch- y autonómico
-Rigol, Guitar, Hortalá-, acompañados por el Sr. Alcalde, y
otras "patums " como Pere Portabella que hacía días había
reunido en sus dominios a to los "profesionales" de la política del
país. Como introductores trabajaron López Raimundo y Solé
Tura, antiguos camaradas de Manuel, pero actualmente casi en las antípodas.
El acto se dividió entonces en dos zonas, de un lado oscuros y dolientes
descamisados, de otra el desfile que era recogido con ardor por las cámaras,
los "flash" y las grabadoras. Nuestra indignación, así como
la de los familiares e íntimos de Manolo fue enorme. Pero lo que salió
en la prensa y en la TVE-TV3 fue otra cosa. Fue el desfile a una personalidad
que parecía más bien un "inmortal" de la Real Academia.
La "operación rescate"
no hacía más que empezar. En sus declaraciones, nuestros personajes
hablaban de Sacristán en pasado: había sido muy importante
en la España predemocrática (Rigol), había sido un gran
demócrata y un moralista riguroso (Maravall), siempre estuvo donde
había que estar... antes de 1975 (Maragall), era un gran pensador...
Estaba claro que se delimitaba una separación entre antes y después
de la transición. Ninguno parecía conocer lo que Sacristán
ya había dicho entonces en revolucionario ni lo que hizo después.
Los de El País inquirían a los entrevistados: ¿no era
muy dogmático? Lo habían leído en Coto vedado, de Juan
Goytisolo. Esto debía de aclarar un poco la pregunta: para Goytisolo,
dogmatismo significa decencia, y su modelo de antidogmático quizás
se encuentre en su Majestad el Rey.
El inevitable Fernando Savater
quitaba importancia a su obra y destacaba su labor docente y divulgadora,
¡cómo el genio iba a reconocer que desconocía de quien
hablaba!, de un antimodelo para gente como él. El más claro
sería Rubert de Ventós en La Vanguardia, donde concluía
diciendo algunas generalidades que, ¡al fin!, se habían liberado
de la gran conciencia que les vigilaba. Finalmente, dentro del mismo proceso,
un ex-revolucionario convertido ahora en hombre de mármol del Ayuntamiento
de Barcelona tomaba la delantera para un gran homenaje, institucional por
supuesto al gran hombre y que estuviera por encima de otros "homenajitos"
Todas estas cuestiones están
ahora presentes entre sus próximos compañeros, y entre los
que nos consideramos sus amigos. De hecho este fue el tema dominante en la
triste tarde del retorno de la Cerdaña, al volver del entierro. Habrá
una ofensiva institucional, pero es más que dudoso que Sacristán
pueda ser petrificado. Estaba demasiado vivo y era demasiado claro. Los eurocomunistas,
¿cómo podrán ocultar su ruptura y su implacable crítica?
y los socialdemócratas, ¿cómo podrán suavizar
sus arremetidas contra lo que en una ocasión definió como "prostitución"?
No digamos los nacionalistas burgueses. Sacristán no ha muerto en
las circunstancias de Gramsci y no hay ningún PCI capaz de asimilarlo.
Además, tampoco Gramsci fue realmente devorado. La verdad, él
lo dijo, siempre es revolucionaria.
Hay mucho que decir sobre la verdad
de Manuel Sacristán. Su trayectoria es tan densamente rica, tan amplia
y enriquecedora que nos sobrepasa. Ahora se están publicando sus "materiales",
pero gran parte de sus conferencias y quizás muchos de sus trabajos
tardarán en ser recopilados. Apenas si hay algunos artículos
serios (Ios de Quim Sempere, por ejemplo) sobre su obra.
Tenemos muchas lagunas para conocer su evolución
política, en particular de su disidencia dentro del PCE-PSUC. Tampoco
sabemos mucho sobre cómo se fue guiando desde un marxismo tradicional
-nunca estalinista, nunca vulgar- hacia el marxismo abierto, revisionista,
en el mejor sentido, de sus últimos años. Empero, algunas cosas
están claras. Sacristán fue un enemigo abierto del capitalismo,
de sus instituciones y de sus políticos. Fue un crítico de
las concepciones tradicionales de la política y abogaba por la "reconstrucción"
del ideal comunista. Su obra queda como la aportación teórica
más individual más importante que se ha hecho en este país.
Por eso desde ahora lo tenemos que asumir como un clásico vivo, necesario
siempre, imprescindible muchas veces, para vivificar las propuestas emancipatorias
en las que con él, estamos empeñados.
Consideraciones
sobre Sacristán
Artículo aparecido en el
Noticiero Universal de Barcelona, 29-08-1985
Cuando se ha hablado de pensadores
marxistas con cierta capacidad creativa (de lo que se dicen clásicos)
en España, se han barajado (si se ha hecho con un poco de rigor) muy
pocos nombres: Jaime Vera, Antonio García Quejido, Andreu Nin... Hace
ya mucho tiempo -al menos desde principios de los setenta-- que era de ley
añadir el de Manuel Sacristán, ya que, aunque no alcanzó
en vida la popularidad ni la implantación social de éstos,
ninguno de ellos se le puede comparar en el nivel intelectual. Quizá
para algunos esto no quiera decir mucho. Ser el más aventajado en
medio de la miseria cultural de nuestra izquierda perseguida o burocratizada
puede ser corno es un montículo en un país llano, una montaña
para sus habitantes. Pero lo cierto es que Manuel Sacristán, con su
obra, puede competir abiertamente con nombres que han sido encumbrados en
París o en otros centros culturales europeos, y cuya aportación
y significado no han tardado en periclitar gracias al poder corrosivo del
tiempo.
La pregunta está en el
aire, ¿cómo es que una obra de la envergadura de la de
Manuel Sacristán ha tenido una Influencia tan limitada?, ¿cómo
es que un hombre tan cualificado académicamente ha sido tan descuidado
-podía decir maltratado- por las autoridades universitarias de este
país?... La respuesta no radica en la propia actitud de Sacristán,
tan modesta, tan recta y tan hostil a la vacuidad de tanto Intelectual famoso.
Aunque quIzás esto contribuyó un poco. Tampoco radica en la
desidia del país en general y de la izquierda en particular, hacia
los hombres que están en "la historia y por delante de la historie.
aunque haya algo de ello. l-a razón hay que encontrarla en otro sitio.
Cuando Manuel Sacristán era uno de los responsables del PSUC. su popularidad
tuvo que forjarse duramente contra un régimen que hacía de
la persecución del marxismo una de sus leyes fundamentales. Cuando
entró en ruptura con el eurocomunismo --al que definió como
la degeneración de otra degeneración, la estalinista-, las
concepciones de Manuel Sacristán entraban en abierta contradicción
con la política de reforma pactada y se convertían en la de
un disidente ilustre al que el sistema nunca le iba a facilitar el que fuera
un autor leído y reconocido. Esto lo tendría que conseguir
Manuel Sacristán a pulso, trabajando oscuramente en unas revistas
de poca audiencia, y militando desde abajo con la voluntad de crear movimiento,
un movimiento que al tiempo que negaba el orden socioeconómico realmente
existente, ponla en la picota el crecimiento irracional de las fuerzas productivas,
el orden patriarcal, la militarización, etcétera.
Para él, todos estos avatares adversos
eran naturales, como gafes del oficio de un revolucionario consecuente. Tampoco
amaba la notoriedad y, por ejemplo, abandonó el PSUC sin hacer nada
parecido -ni desde lejos a esos Intelectuales que luego cuentan lo que han
sufrido por sus discrepancias en grandes titulares. .
El pertenecía a otra estirpe,
a otra Izquierda. Nunca dudó de una premisa que le gustaba repetir:
política sin ética es politiquería y ética sin
política es narcisismo.
Fue fiel a este planteamiento en una
larga trayectoria militante que comienza en los años más negros
de nuestra postguerra y que ha concluido cuando la reconstrucción
de los movimientos emancipatorios --obreros, pacifistas, feministas, etc.
- comenzaba a dar sus primeros frutos. En medio de ese comienzo y fin hay
una amplia obra compuesta por traducciones insuperables , prólogos
que introdujeron o que enriquecieron la difusión de clásicos
y modernos, artículos, conferencias, y algunos libros que han sido
verdaderos hitos dentro de la historia social e intelectual de este país,
y que una nueva reedición de Editorial Icaria ha puesto alcance de
las nuevas generaciones formadas por un nuevo movimiento social ascendente.
Estas nuevas generaciones que están
surgiendo ya han perdido en Manuel Sacristán a un marxista creador,
capaz de volver la mirada hacia las fuentes Marx, Lenin, Rosa Luxemburgo,
Gramsci, Lukács, Trotsky, etc. con la voluntad de refrescar el pensamiento
socialista contemporáneo enfrentado con problemas nuevos y urgentes,
y que él atendió con la serenidad de alguien que conoce la
tradición y que es capaz de aventurarse por los vericuetos de las
nuevas realidades. Su mensaje era la revolución, su medio la unión
entre la ciencia y el movimiento, su fin el socialismo contra la barbarie.
Cuando todo estas cosas sea tan populares como son necesarias que lo sean,
Manuel Sacristán será un hombre altamente reconocido.
Sacristán,
et tenim present
Publicado en Demà,
órgano de la LCR en Cataluña el 9-sept-85
Manuel Sacristan ha estat tot el contrari
d'un intelectual tradicional, un d'aquest mimats pels mitjans de comunicació.
La seva mort va agaJar a la premsa sense un malretall als seus arxius i als
canals de TVamb uns segons rodats casualment. Feia molts anys que els seus
llibres no es reeditaven. Solament quan ha mort la immensa majoria se n 'ha
enterat de que existia i ara assistim a l'escena d'un ampli moviment de canonització
que, com ha dit Fernández Buey: convertiria Sacristan en un filósof
de tots, en un mite cultural, en resum en tot el que no era, és a
dir en intelectual tradicional que treballa per a les institucions dominants.
Sacristan lluitava pera les institucions del futur, pel socialisme. Sempre
ho havia fet.
A unes declaracions integrades a una acció
institucional amplia per posar aviat a Manuel Sacristan al panteó
deIs homes illústres i degudament iconificats, el nostre excel.lentíssim
Sr. Alcalde de Barcelona, (quan encara estaven fresques les se ves "valents"
paraules a favor de la llei de la selva capitalista) deia que Manuel era
una d'aquestes poques persones que sempre esta va alli: a la Capuxinada,
quan I'assassinat de Puig Antich, a aquells 11 de setembre (de 1977) tan
minoritaris...I és veritat, sempre vam saber que a I'hora de Iluitar
Manuel no anteposava cap bula d'intelectual sinó tot el contrari.
Pero és també completament cert que va continuar estant allil,
despres d'una transició escenificada per la classe dominant -són
paraules seves- per exemple va estar a la manifestació contra Reagan,
a totes les que es van convocar contra I'OTAN, va estar al costat dels que
van fer la vaga general el 20-1. Va continua restant amb I'esquerra que Iluita,
quan la nostra esquerra oficial va tirar per'1erra els seus ideals socialistes,
i tenia a Sacristan com un "maleit" il.lustre amb el que no podia contar.
Manuel Sacristan va estar, com
sempre, amb I'esquerra sindical, votant pels intents d'unitat de I'esquerra,
treballant com un més -és a dir com un comunista- dins del
moviment ecologista i pacifista, i va seguir fent alguns dels treballs cientifics
més rigorosos del marxisme actual. Va seguir estant a la major part
deis debats que preocupaven als diferents revolucionaris. No hi ha més
que Ilegir el seu darrer article per comprobar que aprofiava alta i críticament
la nostra actuació. Hi havia entre nosaltres un debat obert. No sempre
estavem d'acord, teniem una procedencia diferent i una experiencia potser
diversificada. A començaments dels vuitanta el vam sentir aprop de
les nostres idees d'unitat deIs revolucionaris. Despres la controversia va
cobrar nous matisos. De totes maneres hi havia molt de comú.
La comprensió d'una tradició
marxista oberta i creativa. La concepció que el marxisme viu en la
mida en que serveix als moviments emancipatoris i facilita les respostes
revolucionaries. El rebuig de la socialdemocracia, de la burocracia, i del
estalinisme...Tot aixo té multiples traduccions, per exemple la idea
d'autodeterminació de les nacionalitats oprimides. Ho té en
l'actitud de camaraderia, de discussió franca i sense hipocresia,
en l'estudi reciproc de les aportacions de cadascú. Sabem que Sacristan
llegia i estudia va els documents i els treballs dels teorics de la corrent
"trotskista" -deIs que assumim elllegat de la Cuarta Internacional com un
moment fonamental a la historia social: el moment de l'oposició comunista
a l'estalinisme-, el mate ix que per la nostra part havia una constant vigilancia
dels seus estudis i treballs. No exagerem si diem que també nosaltres,
sobre tot en qüestions com ecologisme i crisi civilitzatoria, som deutors
d'idees i aportacions de Sacristan. Per aixo ens atrevim a considerar-lo
com un deIs "nostres", sabem que comunistes com ell podrien haver estat un
alt blal;ó al partit deIs revolucionaris pel que lluitem.