Daniel Rebull alias David Rey...
un militante obrero de Tivissa
Pepe Gutiérrez-Álvarez
David Rey, primero
a la izquierda
Una de las mejores cosas que me han pasado a lo largo de la vida ha sido
tratar personalmente con algunos y algunas militantes del movimiento obrero
en sus diversas expresiones.
En su mayoría, gente anónima que habían atravesado
la República, la guerra y la revolución, los campos de concentración,
la resistencia antifranquista. Trabajadores, en su mayoría de formación
autodidacta, formados en la actividades, ávidos de conocimientos,
participantes en batalles, historias y debates, personajes para quitarse
el sombrero, o mejor, para tener buena pluma y hablar de ellos como hacía
el mejor John Dos Pasos en sus grandes novelas. Sobre ellos he tratado en
algunos libros de elogio a la militancia, el penúltimo dedicado a
Joan Rodríguez, comunista del PSUC, el último titulado Retratos
poumistas. Antes ya había tratado de retratar a Francecs Pedra alias
Seisdeos, parte de la pequeña historia de la CNT o sea de la más
auténtica...
Traté con militantes del POUM en la clandestinidad, conocí
a Mariá Corominas alias Trotsky y a Joan Rocabert en L´Hospitalet
por la mitad de los años sesenta, estaban ya apartados pero se podía
contar con ellos, Rocabert tenía una pequeña industria, había
dado trabajo a otros militantes, y ayudaba con dinero a los presos. El resto
los conocí en el París, en la rue d´Aubriot nª
5, situada en el Marais, no muy lejos de la plaza de la Bastilla, y en el
mismo primer piso donde Pepe Martínez tenía Ruedo Ibérico
al que contribuyeron, y no poco, poumistas como Juan Andrade y Robles, el
de la Librería Española situada en Monsieur LePrince, desde
donde se veían pasar en ocasiones a Sartre y Simone de Beauvoir. Allí
conocí a Teresa Rebull, un apellido que llamarían mi atención
con el tiempo porque leyendo, leyendo, leyendo, me encontré con nombres
como el de Jsep "Pep" Rebull, que ra su compañero, pero sobre todo
en el de "David Rey", alias de Daniel Rebull, su cuñado, un grupo
familiar sobre los que me fueron contando cosas Juan Andrade, no de los fundadores
del PCE joven....
Sobre Daniel Rebull i Cabré (Tivissa, Ribera del Ebro, 1889-Barcelona,
1958), no hay mucho escrito. Su nombre aparece "de pasada" en algunos libros
de historias o de memorias como las de Adolfo Bueso (1). Cuando David aparece
en los libros lo hace a la sombra de Maurín o de los acontecimientos,
sin un perfil propio. Su trayectoria militante se extiende a lo largo de
medio siglo, comenzó antes y acabó después que muchos
más conocidos. Sus datos son densos y apretados, de formación
autodidacta y residente desde muy joven en la capital catalana, comenzó
su actuación de militante obrero en 1904, a los quince años
de edad, ingresando en la Sociedad de Resistencia de Mecánicos de
Barcelona. Desde este momento su cronología es la de que en términos
clásicos se dice un "profesional de la revolución", alguien
que actúa cuando los demás descansan, o que mantiene la red
en medio de la represión, y lo hace sin que su nombre ocupe nunca
un "rol" estelar.
Más tarde, en su pueblo natal, donde residía por temporadas,
fundó el grupo de afinidad anarquista llamado "Los trece". Con motivo
de los acontecimientos revolucionarios de julio de 1909 conocidos como la
Semana Trágica, este grupo trató de interceptar las comunicaciones
telefónicas de la Estación de Guiamets, por lo que sus miembros
fueron objeto de persecución. Durante la prolongada represión
que siguió a aquella insurrección, vivió en continua
y estrecha relación con los grupos de militantes anarquistas de Barcelona,
participando en cuantas huelgas generales de ramo se plantearon. Al constituirse
la CNT en 1910, se afilia a este sindicato, y será secretario del
sindicato metalúrgico.
Daniel se trasladó a Alemania a principios de 1914. Allí
trabajó como mecánico en Mannheim hasta 1917, año en
que regresó a España para asistir a las luchas en las que
un joven escritor anarquista todavía desconocido ve "el nacimiento
de nuestra fuerza". A su llegada, se incorporó inmediatamente al
Sindicato de Mecánicos, que tenía su local en la calle de Ataulfo,
y por su constancia y actividad fue nombrado vicesecretario del mismo. Participó
en la huelga general revolucionaria que se produjo con motivo de la Asamblea
de Parlamentarios, actuando en ella al lado de Manuel Buenacasa, Josep Viadiu,
y Salvador Seguí, al que considerara su modelo de sindicalista, un
criterio compartido tanto por Nin como por Maurín. Interviene activamente
en la organización de los Sindicatos Único de la Metalurgia
y de la Piel. En ese mismo año fue nombrado para tareas de tesorería
y organización por los metalúrgicos delegado a la Federación
Local de Barcelona, donde actuó junto con Emilio Mira, que representaba
al Sindicato de la Madera; Ricardo Fornells, representante del Sindicato
de Vidrieros, etc..
Su nombre figura entre los delegado del Congreso regional cenetista de
1918 (Congreso de Sans), que entre sus acuerdos más importantes destaca
la constitución de los sindicatos únicos de industria. Durante
la célebre huelga de La Canadiense (la primera que exigió
en España las ocho horas emblemáticas del Primero de Mayo),
David fue nombrado director y administrador de la Solidaridad Obrera clandestina
que se imprimía en Villafranca del Penadés, hasta fue detenido
el 21 de abril. Todo se realizó en la pobre imprenta de un modesto
impresor, pero el caso es que la Soli salió a la calle, y en ello
colaboraron entre otros Angel Pestaña, Nin, Canela, Peronas.... Se
trabajaba día y noche. Salía dos veces por semana y de cada
número se hacía la tirada máxima que permitía
la imprenta. El 6 de febrero, en plena actividad, fue detenido y trasladado
al Cuartel de Caballería de Numancia, en calidad de incomunicado y
a disposición de la autoridad militar. Se estaba en estado de guerra
y la Soli ofrecía un vibrante alegato antimilitarista. Rey actúa
como un sindicalizar revolucionario cuya filiación ha pasado sin trauma
desde el anarquismo hacia el "bolcheviquismo". Con este criterio fue elegido
como delegado de la Federación barcelonesa, al histórico Congreso
nacional celebrado en Madrid, en el Teatro de la Comedia, en 1919, y las
actas recogen su defensa apasionada de la adhesión a la Internacional
Comnista.
Por entonces, Rebull es ya una pequeña leyenda en los medios confederales.
Será en esta fase álgida que transcurre entre 1917 y 1919,
cuando ofrecerá mayor muestra de sus dotes de organizador y de su
audacia. De ahí que el Comité local barcelonés le encargara
junto con otros compañeros, una tarea tan ardua como la organización
del Sindicato Único Tranviario. Conviene ajustar que por entonces
este rama se encontraban militarizados. A pesar de los riesgos -la policía
tenía carta blanca contra los sindicalistas, y más sí
se metían en semejante terreno-, el éxito fue tan evidente
que a los pocos meses después, se declaraba una huelga general que
conectaba con el conflicto de La Canadiense que harán que Barcelona
sea también conocida como "La Rosa de Fuego". Los tranviarios dieron
ese día un ejemplo de disciplina y de unidad de acción que
tiempo atrás parecía impensable. Se le instruyó proceso
por insultos e incitación a la rebelión, condenándolo
a seis años de prisión correccional. Paralelamente a este proceso
y también por la jurisdicción de guerra se le instruyó
otro por asociación ilegal -la organización del Sindicato de
Tranviarios-, condenándolo asimismo a seis años, más
seis meses por empleo de nombre supuesto. Su nombre volverá a aparecer
como parte de la corriente encabezada por Joaquín Maurín y
Pere Bonet, que desde finales de 1919 publica Lucha Social, y más
tarde, La Batalla.
Daniel actúa como delegado del Comité local, para impulsar
el del comité de huelga de camareros y cocineros, la primera huelga
de conjunto que plantearon codo con codo las dos secciones de Alimentación.
En el curso de la lucha, y aconsejado por David, haría sus primeras
armas como sindicalista, el luego famoso faista y también ministro
García Oliver. Con motivo del atentado contra el conde de Salvatierra,
en Valencia, David fue nuevamente procesado, entonces se le acusa de haber
inspirado aquel acto. Durante todo el periodo en que las bandas terroristas
de la patronal y de Martínez Anido asesinaban casi diariamente a
militantes obreros, pero Rebull permanece en su puesto, desplegando una
infatigable actividad hasta que en noviembre de 1920 es detenido nuevamente.
Primero fue encerrado en el buque La Guiralda, anclado en el puerto de Barcelona,
pero después fue deportado al Castillo de la Mola en Mahón,
en unión de Companys, Seguí, Viadíu, y otros sindicalistas
más, hasta treinta y seis. Con motivo de un indulto general, fue puesto
en libertad en enero de 1924, incorporándose inmediatamente, de manera
activa, al incipiente movimiento comunista, siendo nombrado secretario general
de la Federación Comunista Catalana-Balear.
Como tal, David asistió a la reunión del CC ampliado que
tuvo lugar en Bilbao, donde se le eligió para formar parte del Ejecutivo
del PCE. En esta reunión se acordó la publicación de
un semanario ilegal, La Vanguardia, orientado contra la guerra de Marruecos,
del que se publicaron varios números bajo su responsabilidad. Volvió
a la cárcel con la instauración de la dictadura de Primo de
Rivera, y el 14 de octubre de 1923 firmó una carta desde la prisión
Modelo d Barcelona en representación de unos cuarenta sindicalistas
presos y orientada a favor de los sindicatos de la Metalurgia y el Transporte
para denunciar la actitud sectaria tomada por grupo anarquistas de imponer
por la violencia sus propios citerior "libertarios". En 1925 solo gozó
de cinco meses de libertad. Le cayó encima otro proceso por incitación
a la rebelión e insultos al dictador Primo de Rivera, siendo condenado
a seis años de prisión por publicación clandestina
e insultos, a otros seis años por incitación a la rebelión
y a tres años más por reincidencia. Paralelamente a este proceso
se le siguió otro en Bilbao, por reunión clandestina, en el
que figuraron Maurín y otros camaradas, condenándosele a tres
años y medio de cárcel. Sus mayores actividades en la prensa
obrera se desarrollaron por lo tanto, desde la cárcel, no en vano
a David se le ha comparado con el legendario revolucionario francés
August Blanqui.
En 1929 salió del penal de Burgos, gracias también a un indulto
general, para ocupar inmediatamente su puesto de combate. Estableció
su residencia en Sabadell, pero vuelve a sufrir prisión gubernativa
en octubre de 1930. Se incorporó al sindicato y al advenimiento de
la República, el 14 de abril de 1931, en plena reunión del
pueblo con las nuevas autoridades municipales, exigió el desarme inmediato
del somatén y el armamento del pueblo, lo cual fue llevado a cabo
en menos de veinticuatro horas. Formaron el Comité revolucionario
nombrado por dicha asamblea Beltrán, Rosos y otro, por la CNT, y David,
junto con Molins, por el Bloque en cuya constitución ha tomado parte.
Es elegido tanto para su Ejecutivo como para la organización de estructuras
de defensa paralela a la oficial del partido. En 1931 representa a sindicato
de Trabajadores de Tárraga, en el Congreso extraordinario que celebra
la CNT en Madrid. El mismo año será candidato del Bloque en
las elecciones municipales de abril de 1931 por Barcelona y Sabadell, y
más tarde entre los candidatos a diputados para las Cortes Constituyentes
de junio de 1931 en Madrid, así como a las del Parlamento catalán,
etc, etc.
Está claro que el terreno de David no es el Parlamento sino la lucha.
Así se le encuentra en plena acción en el desarrollo de la
Alianza Obrera así, y especialmente durante las jornadas las jornadas
del 6 y 7 de octubre en Barcelona actuó valientemente en la calle,
motivo por lo que nuevamente fue encarcelado. Se le encuentra de nuevo en
las jornadas del 19 de julio, esta vez en las barricadas que detendrán
el alzamiento militar en Barcelona. Inmediatamente después fue puesto
al frente de las oficinas de alistamiento para la formación de las
milicias del POUM. Su casa en la Ronda de Sant Antoni de Barcelona es un
lugar de encuentros y discusiones constantes. Su cuñada Teresa Rebull
rememora unas en las que se hacía hincapié que en España
no debía de pasar lo mismo que en Alemania.
Por octubre de 1936 marchó junto con su amigos Costa-Amic, al frente
de una comisión a México, de donde regresó en el mes
de febrero siguiente, habiendo realizado durante su estancia en la República
mejicana 130 mítines de propaganda en favor de la causa del proletariado
español. En éste tiempo realizó una vista a Trotsky
en la Casa Azul, donde realizó diversas recomendaciones para su fortificación.
La delegación llegada bajo la apariencia de equipo de fútbol,
para comprar armas, había visitado al presidente Cárdenas,
y le había entregado una carta de Andrés Nin pidiéndole
asilo para Trotsky. La entrevista entre David Rey y Trotsky fue cordial,
lo, que quedo reflejado en su declaración ante los jueces: "El POUM
no es "trotskista", yo he expresado muchas veces mi crítica a su política,
a pesar de la ferviente simpatía que siento por sus militantes, sobre
todo por los que están luchando en el frente". Esta visita, y la
petición de asilo para Trotsky, se convertirán en una de las
"pruebas" del proceso contra el POUM. En su declaración precisó
su opinión sobre Trotsky, declarando: "Siento una gran admiración
por el pasado revolucionario de Trotsky, admiración que se agranda
ante la feroz persecución de que es objeto..."
De regreso a Barcelona se encontró inmerso en las jornadas de mayo
de 1937, y fue detenido nuevamente, esta vez por la policía estalinista,
y permaneció en la prisión de Déu i Mata de Barcelona
durante el resto de la guerra, y fue uno de los procesados por "alta traición",
manteniendo en todo momento una absoluto integridad. Iglesias le dedica
en su libro sobre el proceso hasta tres páginas en las que se recoge
lo básico de su trayectoria, base para otros retratos ulteriores como
éste. Juzgado en octubre de 1938 fue absuelto, sin embargo no fue
liberado, y tuvo que escapar poco antes de la entrada victoriosa del ejército
franquista. No quiso exiliarse por no abandonar a su compañera de
siempre, Antonia Closas, igualmente militante y que le había acompañado
a lo largo de décadas de luchas y cárceles, que agonizaba
por estas fechas. Fue detenido y condenado a muerte. Indultado, salió
de prisión en 1946, entonces retomará desde primera línea
la actividad militante, tomando parte en el ejecutivo clandestino del POUM,
por lo que volvió a ser encarcelado en otras ocasiones, la última
en 1952, a los 63 años. Falleció unos años después
olvidado en un clínica de Sarriá...
Cuando nos se ponemos en pensar en todo lo que han costado conquistas obreras
y sociales que en las últimas décadas se han considerado de
"derecho elemental", no se puede por menos que pensar en militante de la
envergadura de David Rey. Un nombre que da brillo a las diversas organizaciones
en las que militó como uno más. No ha habido muchos como él,
y resultará difícil que los haya.
NOTA
1) Adolfo Bueso García (Valladolid, 1889-Barcelona, 1979), tipógrafo,
militante socialista, uno de los fundadores de la CNT, bloquista y luego
poumista como su hermano Joaquín, y autor de unos valiosísimos
Recuerdos de un cenetista (Ariel, Barcelona, 1976) en dos volúmenes,
1. De la Semana Trágica (1909) a la Segunda República, 2. De
la Segunda República a la Guerra civil, y también de Cómo
fundamos la CNT