FUNDACIÓN

ANDREU NIN


Antonia Adroher.   La revolución en la enseñanza       

Pepe Gutiérrez-Álvarez


 Acaba de fallecer a los 94 años, Antonia Adroher, una de las mujeres más modestas y emblemáticas de la revolución social en Girona. Militante del POUM “de toda la vida”, era la compañera de Carmel Rosa, igualmente poumista...
La nota que sigue está extraído de mi libro Retratos poumistas, aparecido en Renacimiento, colección España en armas, Sevilla, 2007.

  
      En aquellos tiempos de la rue Aubriot, a pesar de todos los humos vanguardistas  del 68, las mujeres, incluidas las militantes, seguía siendo el segundo sexo y gracias. Y es que resulta sintomático que servidor, normalmente bastante observador, no se percatara de la presencia de Antonia Adroher i Pascual (Girona, 1913), siempre silenciosa al lado de Carmel Rosal, alias Lluis Roc, que era el “segundo” en el POUM del exilio, y autor de un libro memorable: Cuan Catalunya era revolucionaria...
       Una ausencia que derivaba sin duda de su propia discreción, pero también del hecho de qué los jóvenes, con todas nuestras lecturas, seguíamos contemplando a las mujeres como compañeras o hijas de...Tuvo que pasar un tiempo para descubrir que ellas tenían una luz propia, y allí estaba Antonia con una historial que hizo que ¡en 1970¡, mereciera un dictamen de la Delegación Territorial de Enseñanza de su ciudad natal en la que se le hacía “un reconocimiento por los años trabajados”, algo que no era propio con una “roja” exiliada. Más tarde (2000) la premiaron en la convocatoria del colectivo local Mestres del 68, y su ciudad le dedicó una pequeña calle restaurada al comienzo del barrio de Sant Narcís...
      Aunque haya sido tarde su trayectoria ha sido reconocida por autoras como Antonina Rodrigo quien en su imprescindible Mujer y exilio, 1939, mientras que Puri Molina, maestra y pedagoga del Col-lectiu per la Igualtat de gènere, le dedicó otro libro matizadamente titulado Antònia Adroher i Pascual. Ideals, revolució i coherencia  (col-lecció Mestres, Girona, 2003), que fue presentado en el salón de pleno de la ciudad con la intención de subrayar el hecho de que Antonia fue en tiempos de la República, la primera concejala gironina, responsable de Educación y Propaganda en nombre del POUM. La autora declaró que había redactado la biografía de Antonia porque le gustaban “las personas sencillas, valientes, sensibles, comprometidas y luchadoras, inconformistas y rebeldes delante las desigualdades y las injusticias que nos rodea” (además) “en una época de discriminación más dura y con más dificultades que en la actualidad”. Pero también por que “es un personaje actual que representa la necesidad de resistir contra tanto despropósito e ignominia de  nuestra sociedad neocapitalista actual”.
      Antonia creció en una familia de siete hermanos en el que los primeros fueron revolucionarios, empezando por Enric (a) Gironella, que está al principio de todo. Se trataba de lo que se podía llamar una familia obrera acomodada ya que su padre era un altamente apreciado artesano ebanista con taller propio, lo que le permitió a Antonia asistir a la escuela pública dirigida por una pedagoga modélica: doña Carmen Huguet, que empero consistió en la tradicional educación de las mujercitas de la pequeña burguesía catalana. Fue su madre, la señora Narcisa, la que mostró siempre un gran interés en ampliar el horizonte de Antonia, haciéndola estudiar mecanografía, pero sobre todo confiriéndole una personalidad inquieta que, si bien no se expresaba por un ideario político preciso si estaba afirmado en un sistema de valores contrarios a la incultura, el abuso y la injusticia. Esto le llevo tempranamente a participar en las tertulias organizadas por su hermano. A los 14 años ya se había comprometido con Didac Tarradell, un estudiante de magisterio que ya militaba con Enric en el BOC y en la enseñanza. Aquellas tertulias ampliaron sus inquietudes y la animaron a  seguir con sus estudios.
       En 1930 ingresó por libre en la Escuela Normal de Girona. Tenía apenas 18 años cuando apareció en la cabeza de la manifestación que celebraba la proclamación de la  República, enarbolando eufórica la bandera tricolor. Desde entonces fue Antonia Adroher la portaestandarte de las mujeres avanzadas de la ciudad, como la estudiante que anunciaba cambios sociales profundos. Termina magisterio en 1934 e ingresa en la Federación Española de Trabajadores de la Enseñanza (FETE) adherida a la sección de maestros de la UGT y como toda la militancia del BOC alterna los estudios y el trabajo con las tareas sindicales. En el otoño de este mismo año se forma en Gerona una sección de la FETE en la que Antonia será uno de las principales animadoras femeninas. Con ocasión de las represalias por la actuación del BOC en las jornadas del 6 de octubre, su novio Didac, que era de un pueblecito fronterizo llamado  Colera, se comprometió con la ayuda de Antonia en la actividad de enlace para ayudar a los perseguidos a pasar la frontera francesa, unas veces por tierra y otras por mar.
      Se encontraban recién casados y en plena actividad como maestros cuando irrumpió la sublevación militar-fascista. Ambos se pusieron al servicio de las Milicias Antifascistas que se impuso en la ciudad, sobre todo después de las noticias de Barcelona. Didac se marchó a toda prisa para escribir el editorial de la victoria para el periódico gerundense L'Autonomista, y los disparos de un fascista emboscado lo dejaron herido de muerte. Fue enterrado el 25 de julio en medio de una manifestación popular impresionante ya que se trataba de la primera víctima del fascismo en Girona. Ella entonces quería morir y desesperada, decidió marcharse al frente, pero sus camaradas la convencieron que era más necesaria en la retaguardia, y para que asumiera la responsabilidad de sacar adelante las jóvenes huérfanas del colegio de las Carmelitas que estaban  abandonadas desde que, como en tantos otros colegios similares, fueron abandonados por las monjas, sin duda adoctrinadas por la Iglesia en su odio contra la República. Cuando se constituye el nuevo Ayuntamiento formado por militantes del POUM (3),  CNT (4), UGT (2), ERC (3) y PSUC (1), Antonia fue elegida Consejera Municipal de Cultura y Propaganda. También tomó parte del CENU (Consejo de la Escuela Nueva Unificada), en el que representó a Girona. Tenía 23 años, y todo parecía posible. Girona vivía unos días de intenso socialismo.
       Durante el tiempo que sigue, las mujeres republicanas se implican en la retaguardia haciendo toda clase de prendas de primera necesidad o como en el caso de Girona, trabajando en la fábrica de municiones de Girona, pero otras se plantean otros horizontes mucho más audaces. Es un momento en el que se hablaba de una civilización de trabajadores libres e iguales, y es lo que hará Antonia como oradora y colaboradora del periódico poumista L' Espurna (La chispa) en una línea plenamente en sintonía con las posiciones marxistas clásicas. Cuando años más tarde, le preguntaron sobre el tema, respondió. “Yo no sé si el trabajo que he llevado a cabo ha sido feminista. Nunca he estado en ningún movimiento, pero me he sentido siempre dispuesta a luchar, no contra los hombres, sino en la lucha de los trabajadores, el auténtico pueblo obrero, para reivindicar los derechos y deberes de ambos sexos. Ante todo, anteponíamos la defensa y emancipación del trabajador a la liberación de la mujer exclusivamente, porque ¿no éramos todos trabajadores?”.
       Su labor municipal será calificada de “extraordinaria” por Antonina Rodrigo, están descritas así por la propia Antonia: ”En conventos desafectados creó escuelas, en sus muros sin ventanas al exterior, abrió amplios ventanales, comedores, se rehabilitaron  centros deportivos, zonas ajardinadas. Ni un solo niño quedó escolarizar (...) Una de las ventajas de convertir los conventos en escuelas que sus cocinas se pudieron utilizar para dar de comer gratuitamente a todos los niños, hasta el final de la guerra –reconoce Antonia-. La Consellería de Abastecimiento del Ayuntamiento hizo posible en Gerona que no faltase nunca comida en las escuelas. En cuanto al material escolar el Ayuntamiento tampoco les negó nunca nada. Hicimos desaparecer aquellas mesas negras que había antes y pusimos mesas redondas, de madera clara, para cuatro, seis u ocho criaturas. Únicamente había que ir a las reuniones municipales y decir: "Quisiera hacer esto", para que me lo concedieran todo. Había gran interés en que la enseñanza fuera la mejor de todas en Gerona, y que pasara antes de todas las demás cosas. Lástima que no estuve más tiempo para realizar un proyecto que ya estaba aprobado. Consistía en una escuela que no fuese un solo edificio monumental dividido en aulas, sino un conjunto de aulas cada una de las cuales con un edificio propio, dividido en dos salas, una para las clases y otra para los trabajos manuales. Estaban previstos prados con estanques de agua, terrenos para huertos escolares” (Jaume Fabre y Josep M. Huertas Clavería, Antonia Adroher, una gironina del POUM, L´Avenç, nov. 1980, Pág. 17)
      Todo esto concluyó con la represión estalinista –comandada desde Barcelona- que siguió los sucesos de mayo de 1937, ya que Antonia entonces retomó su plaza en la escuela de párvulos “Giner de los Ríos”. En un ambiente represivo tuvo que dedicarse a cubrir tareas de primer orden del POUM de Girona ya que sus dirigentes estaban en la clandestinidad. A la hora del exilio en 1939, Antonia y otros poumistas que la acompañaban tuvieron la suerte de encontrar en Perpiñán “els germans” del PSOP, uno de los cuales se llevó a su casa a cuantos compañeros españoles pudo. Lo que vino después se inscribe en el cuadro  de las vicisitudes propias de todos los exiliados, una odisea en la que, afortunadamente, no faltaron momentos de esperanza e incluso humor, pero claramente marcado por la tragedia ya que el dolor y la represión se cernió sobre sus padres y hermanos menores.
      En este sentido hay que ver la siguiente situación: permanecía en Toulouse sin un mendrugo de pan que llevarse a la boca, cuando casualmente conoció a unos chicos que trabajaban en un almacén de azúcar del que le traían sacos vacíos. Antonia entonces los teñía, cosía, pintaba, bordaba y decoraba, convirtiendo aquellas telas burdas en vistosas bolsas de mano bastante modernas, tanto es así que los pudo vender a los grandes almacenes Les Nouvelles Galeries como artículos de artesanía, y de esta manera superar no pocos apuros. Por esta  época, en el curso de un viaje de Perpiñán a París se encontró con Carmel Rosa que llevaba a un hijo de cuatro años de la mano, y desde aquel día comenzaron una hermosa historia amorosa de la que dejaran constancia  en algunos capítulos de L´aventura del militant, pero sobre todo La llavor dels somnis, que toma el título de un fragmento del poema 1939 de Narcís Camadita, que dice: I les ones blanes,/pesadas de sang./fidels bressolaven/ l´esforç imposible...Enmig de la runa/la llavor dels somnis (1).
        En el exilio, Antonia siguió con la enseñanza, su gran preocupación, al decir de Carmel, “Vivía con Piaget, Decroli, Frenai, Pestalozzi, Montessori y todo el conjunto de pedagogos que ya me conocía de memoria de tanto como hablaba de ellos”, y siguió militando en el POUM hasta que ingresó en el PSOE. Su imagen resulta reconocible en algunas de las fotos –como las recogidas en el oficialista documental de Victoria Prego sobre la Transición- del célebre congreso de Suresnes en el que Felipe González apareció como una alternativa renovadora y verbalmente radical de izquierdas. Al encontrarse con Antonia, ella le contó que provenía del POUM. Entonces el “encantador de serpientes” le dijo con su gracejo habitual que había leído todas las obras de Maurín (suponemos que al igual que había leído algunas de Marx). Antonia  le confesó a Puri Molina sobre este cambio: “...me habría quedado en el POUM. Era muy diferente al PSC. Nosotros éramos revolucionarios y estos del PSC no lo son en absoluto. La faena que se hacía en el POUM sí que era verdaderamente militante...”

----(1) Y las oleadas de cebada/ pesadas de sangre/ fieles  balanceaban/ el esfuerzo imposible/...En medio de las ruinas/la semilla de los sueños. Firmado por Antonia i Carmel Rosa-Roc, fue editado por Llibres del quatre cantons, Girona, 2001, y combina una descripción de los avatares vividos como pareja con breves retratos propios.


Edición digital de la Fundación Andreu Nin, septiembre 2007

 
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