Pepe Gutiérrez-Álvarez
Después de una primera lectura,
el que escribe tuvo la oportunidad de estar en la mesa que presentó
el libro en Madrid al pesado día 24 de octubre junto con el editor,
Gonzalo Sichar, los amigos André López, Juan Manuel Municio,
el propio autor, y Carlos Taibo que como quién dice aterrrizó
al final después de tomar parte en otro acto en Pontevedra, y que
nos obsequió con interesantes reflexiones sobre los límites
de determinados trabajos académicos, en el caso la H
istoria de
Rusia, de Robert Service, también autor de biografías de
Lenin y Stalin.
Bien mirado, el mismo hecho de
que una edición y un acto semejante, eran de por sí reveladores
que nos encontramos en una fase social socialmente ascendente, aunque sea
todavía en una fase inicial. En las fases reaccionarias, personajes
como Trotsky devienen un mero referente historiográfico (medido además
por los paradigmas dominantes), o parte del culto de minorías iniciadas,
y muchas veces, también ancladas ya que olvidan que sí bien
Trotsky puede ser un buen punto de partida, jamás lo será de
llegada entre otras cosas porque lo mataron hace 67 años, antes de
hecatombes tan determinantes como la IIª Guerra Mundial.
De ahí fue básicamente
la línea de exposiciones, estimar hasta qué punto Trotsky seguía
todavía vigente. El autor nos recordó que la edición
era coincidente tanto con el 90 aniversario de la Revolución
de Octubre y del asesinato de Ernesto "Che" Guevara, no es casual, y se refirió
a la campaña mediática contra el Che…También se habló
del significado de los esfuerzos por recuperar una Memoria histórica
que no es otra que la del pueblo militante olvidado por los pactos de la
Transacción. Vivimos tiempos de efervescencias en los que se
trata de recuperar igualmente la Memoria de los clásicos, y en concreto
el ejemplo y las ideas de Trotski, alguien que nunca se consideró
a a sí mismo "trostkista" por la misma razón que el estalinismo
nunca fue comunista, ni tampoco “leninista”, otro concepto maltratado por
la burocracia.
Tampoco esta
biografía aparecía en solitario…Trotsky está editado
casi al completo por Internet, sus libros no han dejado de circulas por América
Latina, y por aquí ya se pueden encontrar en librerías
Mi
Vida (Ed. Debate), y la
Historia de la revolución rusa
(Veintisiete Letras), e igualmente tenemos a la mano la edición de
Trotskismos, de Daniel Bensaïd, un ensayo de idéntica
vocación introductoria escrito con el poderoso aliento de la formación
marxista y filosófica del autor, esto sin olvidar las apasionantes
memorias de Tariq Ali (
Años de lucha en la calle), por no hablar
del muy mediocre y oportunista refrito de José Ramón Garmabella,
El grito de Trotsky (Debate), obra que pone en evidencia la aplicación
de la infame teorías de “los dos osos” (Stalin y Trotsky), así
como hasta puede llegar la banalidad periodística ya que su autor
“pasa olímpicamente” de todas las investigaciones serias que se han
efectuado sobre el asesinato de Coyoacán, comenzando por la magnífica
de Pierre Broué al que, por cierto, Antonio Liz dedica el libro. Curiosamente,
lo mismo que yo había hecho en mis
Retratos poumistas. Esto
de las afinidades debe ser algo muy especial porque cuando murió Deborah
Kerr, Antonio pensó que yo no tardaría en escribir mi particular
evocación en Kaos como así fue.
Dicha afinidad viene
de lejos ya que hace años (1979), también escribí una
biografía introductoria,
Conocer Trotsky y su obra que apareció
en la famosa colección de Biografías de la Editorial Dopesa
en la que se congregó buena parte de las plumas del 68 hispano…Pero
aquello eran otros tiempos.
Cierto que para los que entonces éramos
jóvenes, eran tiempos que no dejan de tener su coincidencias con el
que se está gestando. Quedaban lejos los años más oscuros
del franquismo, el capitalismo estaba en una crisis que parecía irreversible
(lástima que no encontró sepulturero adecuado), y el concepto
de estalinismo comenzaba ser cada vez más un insulto.
Por entonces ya se había
publicado en México la monumental biografía de Trotsky que
le dedicó su (heterodoxo) discípulo Isaac Deutscher, fue durante
mucho tiempo especialmente admirada y leída. Se compone de tres tomos
que tomaban el título de una cita de Maquíavelo:
El profeta
armado,
El profeta desarmado y
El profeta desterrado, y
las publicó ERA, México (catalán en Edició de
Materials, BCN, 1967), obras que Antonio Liz ha “devorado” como hicimos tantos
otros por aquel tiempo. El título de Deutscher venía justificado
con una larga cita
El Príncipe, de Maquiavelo. De forma más
abreviada, Deutscher dedicó otros trabajos suyos a Trotsky, a veces
de una manera bastante polémica como es el caso de "Trotsky en el
nadir", que aparece en su recopilación
Ironías de la historia
(Península, BCN, 1972), o más admirativamente en Trotsky en
nuestro tiempo, que sirvió de prólogo a la edición norteamericana
de la antología,
La era de la revolución permanente,
que efectuó George Novack, y aunque no fue recogida por su edición
española (de Akal que a cambió insertó un prólogo
a todas luces circunstancial de Enrique Tierno Galván), aparece en
la recopilación de Deutscher titulada
El marxismo de nuestro tiempo
(ERA, México, 1975).
Discusiones aparte,
no hay duda que medio siglo después, se requería una puesta
al día facilitada por la ampliación de toda clase de investigaciones
y de reconocimientos llevadas a cabo desde los años sesenta. En los
años ochenta tuvo lugar la creación del Instituto León
Trotsky en Grenoble, bajo la dirección del historiador francés
Pierre Broué. La culminación de esta empresa, a la que Broué
ha dado toda una vida como profesional, dio lugar a un trabajo no menos ambicioso
y sin duda mucho más minucioso en los datos:
Trotsky (Fayard,
Paris (1988), con 1105 apretadas páginas, y en las que cada paso,
cada argumento, resultan escrupulosamente verificados. Aunque hay mucho que
discutir, se trata del trabajo de toda una vida que merece una traducción
al castellano como lo merece el conjunto de la obra de Broué del que
Sepha prepara
Comunistas contra Stalin, un impresionante estudio sobre
la lucha que los comunistas de la Oposición de Izquierdas llevaron
contra la burocracia.
La mayor aproximación hasta
el momento sobre las ediciones de obras de Trotsky es el monumental trabajo
de Louis Sinclair,
Leon Trotsky, A Bibliography, Universidad de Stanford,
1972). Una extensa recopilación de "retratos" se encuentra en
El
verdadero Trotsky (Extemporáneos, México, 1975), que reúne,
entre otros, textos de André Malraux, Víctor Raúl Haya
de la Torre, Julio Álvarez del Vayo, Carlos Rosselli, José
Carlos Mariátegui, Curzio Malaparte, Fernando de los Ríos,
Ernesto Montenegro, Ciro Alegría, Dwigth MacDonald, Manuel Rojas,
Wiston Churchill, Max Eastman y François Mauriac. Algunos de estos
trabajos están recogidos en mi edición de
El asesinato de
Trotsky: antes y después (Fundació Andreu Nin, Barcelona,
1990) También resulta muy útil el trabajo de Heinz Abosh,
Crónica de Trotski. Datos sobre su vida y su obra (Anagrama, BCN,
1974, tr. Luis Carroggio)… y por supuesto,
El pensamiento de Trotsky,
de Ernest Mandel (Fontamara, 1981), que por cierto, está “colgado”
en la Web de Revolta Global. Por cierto, l¨Espai Marx también
ha “colgado” mi estudio "Trotsky y los trotskismos", que no se editó
para dar paso al libro de Bernsaïd.
El lector interesado encontrará
un estudio pormenorizado sobre en la obra de Alain Brossat,
En los orígenes
de la revolución permanente. El pensamiento político del joven
Trotski (Siglo XXI, Madrid, 1976, tr. Dolores Sacristán y José
Manuel Muñoz), que incluye tres textos, "La Duma y la revolución",
"La tercera Duma", y "Los consejos de diputados obreros y la revolución").
Brossat domina una documentación muy superior a la de Deutscher, y
cuenta con una mayor perspectiva para seguir las complejas y frecuentemente
contradictorias sinuosidades del joven Trotsky en todos sus tramos: desde
el antimarxismo populista al marxismo de la Iskra, del antibolchevismo virulento
de 1904 al bolchevismo crítico de 1917. Según Brossat, en esta
primera fase, el "trotskismo" camina con una extremidad coja: "es la época
del primer desarrollo de la teoría de la revolución permanente,
apoyada sobre la genial intuición del perfil de la revolución
rusa, y también la época de la política "desgraciada"
de Trotsky, metido en los atolladeros del conciliacionismo y del equilibrio,
en medio de las dos fracciones de la socialdemocracia rusa".
Para Brossat: "La
revolución de Octubre no significa solamente el ascenso de Trotsky
a la dimensión histórica. En el plano teórico representa
(…) la segunda mutación fundamental, la que le conduce a fundir la
teoría de la revolución permanente en el crisol político
y organizativo del bolchevismo". Que yo sepa, sus dos obras más "antileninistas"
no han sido traducidas al castellano, aunque sí en francés,
se trata de: 1)
Nos tâches politiques (Belfond, París,
1970), con un "avant-propos" de Marguerite Bonnet, en el que ésta
detalla el distanciamiento crítico de Trotsky de esta obra escrita
en 1904; también comprende textos de Rosa Luxemburgo y del propio
Lenin así como dos artículos de Trotsky de los años
treinta sobre la primera; y 2) de
Rapport de la délégation
sibérienne (Spartacus, París, 1969, de la que existe una
reciente traducción al castellano en la editorial castellana que ha
tomado el mismo nombre), con prefacio, traducción y notas de Denis
Authier.
Se podía decir
de Trotsky lo que Orwell dijo de Dickens, que más que una obra es
un planeta. Y este planeta no se puede atravesar sin una guía adecuada,
una tarea que cumple el libro de Antonio Liz con minuciosidad y rigor, y
al margen de los debates que son inherentes no ya al personaje sino a cualquier
sistema de ideas porque no se puede interpretar ni cambiar el mundo sin discutir.
Lo explicaba John Reed en su obra, una revolución es algo que hace
que hasta los sectores sociales más atrasados se ven obligados a discutir
sobre su situación y como cambiarla.