“Dossier” Nikolai Bujarin
Pepe Gutiérrez Älvarez
1. Introducción
En los últimos tiempos,
Nikolai Bujarin ha sido noticia, se ha vuelto a hablar de él. El motivo
ha sido doble, de un lado, la edición de su novela autobiográfica,
Como empezó todo (Madrid, Ed. Pre-Textos, 2008), que revela
una faceta desconocida de su personalidad, y de otro, las memorias de su compañera
Anna Larina,
Lo que no puedo olvidar (Madrid, Círculo de Lectores,
2008), que -lamentablemente- cuenta con la singular particularidad de un
prólogo de Antonio Muñoz Molina, para el que el mismo hecho
de ser comunista es ya de por sí un delito. Pero este peaje
no puede hacernos olvidar que por mucho tiempo que pase se seguirá
hablando de Bujarin, y dudo mucho que Muñoz Molina consiga ser un autor
recordado.
Recordemos que Bujarin
forma parte de la tradición comunista, y entre nosotros, entre los
elementos componentes del POUM…
Aunque sea poco conocido en estos
tiempos, el debate entre la oposición de derecha y la de izquierda
en el movimiento comunista internacional, rotundamente encarnadas por Nikolai
Bujarin y León Trotsky, respectivamente, que tuvo su mayor vigencia
en la segunda mitad de los años veinte con un antes y un después,
que tuvo y aún tiene su traducción española. En su día
el POUM fue caracterizado como “trotsko-bujarinista” por el infortunado periodista
soviético Mijhail Koltzov (1), y lo ha vuelto a tener, bajo otras perspectivas
entre sectores de la intelectualidad marxista crítica proveniente
de la tradición comunista, y el sector más ligado con el trotskismo,
más específicamente con lo que fue la LCR, por no hablar de
otras posibles resonancias.
El POUM acogió todas las
disidencias del PCE, el “bujarinismo” está estrechamente ligado a Maurín
y la Agrupación Comunista madrileña liderada por Juan Portela
y Julián Gorkin (2), en tanto que el trotskista lo está con
Nin y Juan Andrade, todos ellos cofundadotes del PCE. Tanto Trotsky como
Nin acusaron una y otra vez a Maurín de “bujarinista”, aunque lo cierto
es que éste fue expulsado del Komintern por negarse a condenar a Trotsky,
y conoció una potente radicalización a raíz del
ascenso del nazismo al poder. La acusación se fundamentaba tanto en
la actitud de Maurín ante el Komintern como por el criterio
que guiaba la formación del “Bloque Obrero y Campesino” (BOC), como
una organización más amplia que un parido comunista.
Sin embargo, este criterio fue aplicado
por Maurín en un sentido más clásico, y el BOC no tuvo
nada que ver con el “Kuomintangnismo” ni nada por el estilo, sirvió
para integrar justamente a los “bujarinistas” madrileños, y también
a los comunistas independentistas como Jordi Arquer y Josep Rovira, que habían
organizado pequeñas formaciones de este signo en Cataluña. En
el POUM, Portela representó siempre al sector más afín
con el PCE y el Frente Popular (y opuesto al trotskismo, en el sentido
de que había que estar “por encima” del dilema Stalin-Trotsky, un criterio
en el que abundó especialmente Gorkin en sus diatribas contra
Trotsky en relación a la línea a seguir durante la guerra y
la revolución). La presunción (expresada entre otros por
el avieso Antonio Elorza en Queridos camaradas), según la cual, de
haber permanecido Maurín al frente del POUM durante la guerra habría
actuado en la misma línea que Portela tiene dos argumentos en contra,
primero, Maurín fue el principal teórico de la Alianza Obrera
y del POUM, segundo, que su discípulo “Pep” Rebull se mostró
muy crítico con actuaciones de Nin, como lo fue colaborar con la Generalitat
y defendió una opción que los componentes de la Cuarta Internacional
dentro del POUM, vieron como próxima a la suya (3).
Pienso que el reconocimiento que obtuvo
Bujarin en los años setenta tiene mucho que ver con las tentativas
de un “comunismo democrático” en partidos comunistas como el italiano.
No hay que olvidar que Togliatti, aunque se plegó a Stalin para
salvar la vida había mostrado sus simpatías con Bujarin, y que
otros líderes comunistas como Angelo Tasca y el propio Gramsci, se
encontraban en esa misma línea (4). Como es sabido, el líder
de la revolución húngara de 1956, Imre Nagy, había sido
afín a Bujarin, y la huellas de éste –en su fase del socialismo
a paso de tortuga, manteniendo la alianza obrero-campesina de la NEP-, se
pueden encontrar bajo diversas formas en cierto titoismo (que en Cataluña
representó Joan Comorera), en Alexander Duceck, y otros disidentes.
Durante la “perestroika”, sectores muy significativos de los partidos comunistas
europeos, y muy significativamente del PSUC, llevaron a cabo una extensa campaña
que comprendía no solamente la exigencia de su “rehabilitación”
(concepto equívoco donde los haya), sino también su revalorización.
Seguramente la expresión más acabada de esta campaña
fue la biografía de Bujarin escrita por el reconocido historiador y
sovietólogo norteamericano Stephan F. Cohen, sobre la cual se incluye
en este “dossier” un trabajo crítico escrito por Tamara Deutscher,
la compañera de Isaac Deutscher, y colaboradora de E. H. Carr.
Ecos de este debate se pueden encontrar en
la ya famosa conferencia de Manolo Sacristán –en compañía
del otro Manolo, Vázquez Montalbán- sobre el estalinismo que,
con las minuciosas notas de Salvador López Arnal (5), ha aparecido
publicada en diversas Webb como la de la fundación Andrés Nin
o Kaosenlared para desesperación de lo que queda del estalinismo más
anacrónico. Treinta años después de esta conferencia,
la discusión sigue abierta, y se replanteó muy constructivamente
por parte de Toni Doménech con ocasión de la presentación
de mi libro Retratos poumistas que, con la intervención añadida
de Pelai Pagès y bajo la presidencia de Bernard Castany, tuvo lugar
en la sala Ferrer i Guardia del Ateneo barcelonés el jueves 25 de enero,
un punto que emergió lleno de sugerencias para nuevos debates.
Referencia a la que me agradaría añadir
una nota que no pudo expresar por lo apretado del debate. Se refiere
al subrayado expresado por Bernard de que tiempo atrás habría
sido impensable un debate entre representantes de escuelas tan opuestas en
la guerra civil, cuando en realidad este tipo de debate ya se estaban dando
en los años setenta. Sin ir más lejos, en la presentación
de mi libro Conocer a Trotsky y su obra (Dopesa), a finales de 1979, el debate
en la librería Leviatan estuvo animado por servidor como autor, Pelai
Pagès que entonces militaba en el POUM, y Teresa Pámies que
efectuó andantes referencias a la militancia “bloquista” de su padre.
La ocasión por lo tanto es tan
buena como cualquier otra para recuperar algunos materiales como los que reunió
allá por finales de los años ochenta, la rama barcelonesa de
la Fundació Andreu Nin, en un amplio “dossier” de documentos de los
que hemos sustraído la parte francesa. Comprende una breve autobiografía
de Bujarin, dos trabajos míos (PG-A), uno sobre su “Testamento”, y
otro sobre la farsa de juicio del que salio directo a un pelotón de
fusilamiento, dos cartas que Anna Larina Boukharina dio a conocer al
mundo allá por 1992, así como el trabajo ya citado de Tamara
Deustcher, así como el epílogo de la famosa biografía
que le dedicó Cohen.
Manolo Sacristán viene a lamentar
que, mientras que tanto Stalin como Trotsky han contado con autores que han
defendido sus propuestas, en “cambio Bujarin sucumbió sin dejar seguidores
ni escuela, y consiguientemente es el más enterrado de todo aquellos
personajes de 1917, el más olvidado”. Y añade: “Pero era el
más culto y a él le correspondía la presidencia de la
delegación soviética de este congreso de historia de la ciencia
en Londres, en 1931. Allí, él y otros soviéticos, pero
principalmente él, pronunciaron un discurso que causó un enorme
impacto en Occidente”.
Personalmente creo que este era un
tema sobre el que tanto Manolo como sus discípulos más inmediatos,
no han profundizado lo suficiente. El ejemplo del congreso de Londres resulta
muy llamativo, pero no puede ocultar en hecho de que la biografía de
Bujarin, no es en absoluto comparable a la de Trotsky, y que por lo mismo
el trabajo de Cohen no puede ser comparado con el de Deutscher. El propio
Bujarin reconoció que había que tener el temple de Trotsky para
llegar hasta el final en una oposición con todas las consecuencias,
y el propio Stalin reconoció la diferencia al “permitir” vivir a la
familia de Bujarin, y a no pocos de sus partidarios, en tanto que no quedo
nadie con los apellidos de la doble familia de Trotsky (incluso su hijo Liova
murió de manera más que sospechosa en Suiza), ni tampoco nadie
reconocido de sus partidarios.
Bujarin era de un temperamento ágil
e impresionable, y esto la animó a cambiar numerosas veces de postulados,
recordemos que durante Octubre fue casi “luxemburgista” (con la que compartía
en buena medida las mismas concepciones sobre el hecho nacional), que durante
el debate de Brest-Litovks representó a los comunistas de izquierdas,
luego permaneció a la sombra de la “troika” formaba por Zinoviev-Kamenev-Stalin
(así se le citaba en la época), escribió sus contribuciones
a la cosificación de lo que se vendría a llamar “marxismo-leninismo”.
Durante la época en que Stalin ya había comenzado a probar las
depuraciones, Bujarin permaneció reproduciendo los criterios de una
línea oficial, tanto en su variante “etapista” (segundo período
de la Internacional), para pasar a justificar el siguiente. Todo esto
lo explica con detalle Tamara Deutscher, y explica que no fue por casualidad
que Bujarin no tuviera herederos. Ni Rykov ni Tomski pueden ser comparados
con la vasta lista de los componentes de la oposición de izquierdas:
Piatakov, Rakovsky, Smilga, Radeck, Preobrazhenski, etcétera
En el ámbito internacional, el bujarinismo estuvo representado por
líderes comunistas de la talla de Heinrich Brandler, Angelo Tasca,
el norteamericano Lovestne, Maurín, y otros...Sin embargo, ninguno
de ellos pudo ser considerado como un “seguido” en sentido estricto, entre
1933 y 1935, todos ellos tomaron parte de las diversas iniciativas alternativas
a la Segunda y Tercera internacionales con el desastre del movimiento obrero
alemán 8y austriaco) como trasfondo, hasta que se dio la separación,
y un sector opto por lo que se llamó el “Buró de Londres”, y
otro por la IV Internacional...
En aquel entonces, cuestiones como el estalinismo
(con los “procesos de Moscú” al fondo) o la guerra española
eran o aparecían como factores más que suficientes para una
ruptura política...Sin embargo, lo cierto es que trotskistas y bujarinistas
actuaron codo con codo en el POUM, y que en vísperas del asesinato
de Kirov, sectores del aparato del partido (hasta entonces ligado a Stalin
como el propio Kirov y Lodminaze), se avinieron a discutir la plataforma
de las oposiciones en la que estaban al tanto Bujarin y Trotsky (como se
pudo comprobar tras la apertura de los Archivos de Harvard de Trotsky), tentativa
que, tras un breve periodo de crisis, cortó Stalin por lo sano, haciendo
dos cosas al mismo tiempo, exterminando de raíz todo foco de Oposición
comunista, y ofrecer a las chancillerías de Occidente la prueba de
sangre de que nadie, y Stalin menos que nadie, apostaba ya por ninguna revolución,
y menos sí era una revolución obrera y democrática que
por su propia naturaleza plural negara lo que se estaba creando en la URSS.
Criterios que aplicó a rajatabla tanto en la crisis social francesa
de junio de 1936 como en la guerra civil española.
2. El “testamento” de Nicolás Bujarin
Poca gente sabe que Jruschev tenía
en cartera la “rehabilitación” de Bujarin, Rikov y Tomski, pero el
secretario general del partido comunista francés, el histórico
Maurice Thorez, cogió un avión y se trasladó a Moscú
para obstaculizar el gesto argumentando que después del XX Congreso
del PUS y de los acontecimientos del Octubre húngaro, su partido había
perdido casi la mitad de sus miembros, y temía que por este camino,
la cosa se agravaría. Thorez no dudaba que los tres eran inocentes,
pero era plenamente consciente de todo lo que el aparato de propaganda de
su partido había perpetrado contra ellos, y temía quedar más
en evidencia. Era el mismo Thorez que cuando estalla la insurrección
argelina sigue defendiendo la “Unión Francesa”.
En el texto introductorio se indicaba
que Bujarin había nacido el 27 de septiembre de 1888 en Moscú;
fue ejecutado el 13 o 14 de marzo de 1938, también en Moscú.
Hijo de enseñantes, Bujarin se
unió a los bolcheviques en 1906. Luego de ser por tercera vez arrestado
en Moscú, huyó al extranjero en 1911 y se estableció
en Viena, donde realizó un estudio critico (1927) de la escuela económica
austriaca del beneficio marginal. Deportado a Suiza en 1914, asistió
a la conferencia antibélica bolchevique de Berna en febrero de 1915.
En este período disintió de Lenin a propósito
del apoyo de este último al derecho de autodeterminación nacional.
No obstante, en 1915 Lenin escribió una elogiosa introducción
a La economía mundial y el imperialismo, en la que Bujarin sostenía
que la competencia interna capitalista estaba siendo progresivamente reemplazada
por la lucha entre los “trusts capitalistas estatales”. En 1916, Bujarin
escribió artículos en los que, al tiempo que aceptaba la necesidad
de un Estado proletario de transición, urgía la «hostilidad
en principio hacia el Estado» y denunciaba al “Estado imperialista
ladrón” que tenia que ser “volado” (gesprengt). Tras las objeciones
iniciales de Lenin, estas ideas se reflejaron al año siguiente en
la obra de éste El estado y la revolución. Rosa Meyer-Levine,
que lo conoció en los círculos de emigrados de Viena en 1913
recordaba que en “Bujarin se destacaba una cualidad suya peculiar. Su cara
abierta con la enorme frente y sus ojos claros y brillantes carecía
a veces casi de edad en su callada sinceridad'. La gente joven, los obreros,
los intelectuales se encontraban cómodos con él y decían
que 'era bondadoso, amable, expansivo y entusiasta”.
Paradójicamente, la colaboración
de Bujarin con Stalin había comenzado dentro del partido, tempranamente.
En enero de 1913, a instancias de Lenin, Bujarin colaboró con
el georgiano en Viena, y le ayudó a traducir textos de Bauer, Strasser
y otros teóricos austromarxistas de cara a su tesis sobre El marxismo
y el problema de las nacionalidades, texto al que –como recordaba hace poco
Michael Löwy- Lenin apenas citaba ya que no distinguía entre
el nacionalismo de los opresores y el nacionalismo de los oprimidos (6).
Sin embargo, Bujarin fue bastante reacio a este aspecto de las ideas leninistas,
y tendió más bien hacia los criterios propios del “luxemburgismo”
que priorizaba el internacionalismo proletario por encima de lo el joven
Bujarin consideraba una concesión a la pequeña burguesía.
Después de sendos
periodos en Escandinavia y los EE.UU, Bujarin retornó a Moscú
en mayo de 1917, tras la Revolución de Febrero. Elegido para el Comité
Central del partido tres meses antes de la Revolución de Octubre,
permaneció como miembro pleno hasta 1934, pasando a ser candidato
de 1934 a 1937. Fue editor del diario del partido, Pravda, desde diciembre
de 1917 hasta abril de 1929. En 1918, Bujarin encabezó a los “comunistas
de izquierda” que se oponían a la firma del tratado de Brest-Litovsk
con los alemanes y apelaban a la guerra revolucionaria. En el debate del
partido sobre el papel de los sindicatos, en 1920-1921, estuvo a favor de
la incorporación de los sindicatos a la maquinaria estatal. Tras la
implantación en 1921 de la Nueva Política Económica,
que permitió el libre comercio dentro de la Rusia soviética,
Bujarin emprendió un reexamen completo de sus ideas. A partir de finales
de 1922 abogó por una estrategia gradualista de “desarrollo hacia
el socialismo” por parte de Rusia. Anticipó la teoría del “socialismo
en un solo país”, enunciada primeramente por Stalin en diciembre de
1924, y sé convirtió en su más destacado protagonista
ideológico. Abogó en favor de concesiones a los campesinos
y por un amplio y equilibrado intercambio entre la economía campesina
y la industria socialista. Su propuesta era la 'paz civil bajo el mando del
proletariado', donde consolidado el poder soviético sobre las clases
antiguas, la nueva lucha no se deducía de la violencia, sino de la
competencia pacífica de mercado entre la economía privada y
socialista, así como en los frentes culturales e ideológicos.
Según Cohen, no era el gradualismo
del reformismo menchevique, la dudosa limonada del socialismo en cómodas
cuotas. Decía Bujarin, desde el
Pravda, el 3 de diciembre de
1922: “No podremos cumplir nuestro cometido basándose en decretos
ni de medidas obligatorias. Se requerirá un proceso orgánico
prolongado. Un proceso de transformación real al socialismo. Los revisionistas,
que no desean ningún tipo de revolución, sostienen que ese
proceso ocurre ya en el seno del capitalismo. Nosotros afirmamos que solamente
empieza junto con la dictadura del proletariado, es decir la democracia socialista”.
En 1928-1929, al abandonar Stalin esta
política en apoyo de una acelerada industrialización financiada
por una ascendente “contribución” del campesinado, Bujarin se opuso
a él. Atacado públicamente como desviacionista en 1929, fue
relevado de la dirección de Pravda, de su tarea en la Internacional
Comunista que habia desempeñado desde 1926 y, posteriormente, del
Politburó. Conviene recordar que Bujarin realizó un aporte
al campo de la filosofía marxista: La teoría del materialismo
histórico, un libro desigual de divulgación que si bien recibió
críticas de Lukács y Gramsci, quienes adujeron un cierto mecanicismo
en el pensador ruso, hoy debe ser analizado a la luz del pensamiento completo
del autor, particularmente su ensayo La doctrina de Marx y su significación
histórica, escrito en 1933, y su comunicación al Congreso Internacional
de historia de la ciencia y la Tecnología, de junio de 1931, en Londres,
titulado: La reestructuración de la dirección y los problemas
del mantenimiento científico y técnico de la industria. Allí,
el pensador ruso realizó novedosos aportes a la metodología
y a la teoría de planificación de la ciencia, a la luz del
marxismo.
De 1934 a 1937 fue director de
Izvestia.
En 1935 desempeñó un papel importante en la comisión
que proyectó la nueva Constitución soviética (aprobada
en 1936). En 1937 le expulsaron del partido, y un año más tarde
fue juzgado.
Sin duda alguna, el más importante tratado
biográfico sobre Bujarin es el de Stephen S. Cohen de la que, en su
momento, se publicaron dos reseñas, ambas enfoque diferente. En el
número 27 de la desaparecida revista
Tiempo de Historia, apareció
un trabajo de Manuel Pérez Ledesma, muy en la línea del más
breve de Paramio que hemos reproducido. Ledesma cita la crítica de
Marcel Liebman que define el libro de Cohen -muy apreciado al parecer por
Gorbatchev- como el "anti-Deutscher". También es bastante conocido
el estudio sobre Bujarin de Löwy publicado en Grijalbo con un incisivo
prólogo del inolvidable Manuel Sacristán. Este prólogo
aparece también en la reciente recopilación de escritos de
Manuel publicada por Icaria. Aunque, desde nuestro punto de vista. la cuestión
de la historia soviética no era uno de los "puntos fuertes" del fallecido
teórico marxista, Sacristán toma buena nota de los errores
y de los abusos de Löwy, al tiempo que señala el interés
de conjunto de la obra, posiblemente el mejor estudio del pensamiento de
Bujarin.
La notable editorial argentina Cuadernos
de Pasado y Presente animada por José Aricó publicó
en la mitad de los años setenta algunas de las obras más conocidas
de Bujarin como Teoría del materialismo en cuyo prólogo se
toma buena nota de las críticas efectuadas en su día por Lukács,
Gramsci y otros, del "mecanicismo" de Bujarin en
La teoría económica
en el período de transición y
La economía mundial
y el imperialismo. Sobre estas dos últimas cuestiones tratan también
las dos recopilaciones en las que Bujarin tiene un papel importante,
Sobre
la acumulación primitiva socialista,
El debate soviético
sobre la ley del valor, ambas en Ed. Alberto Corazón, en la col.
Comunicación, y
L' imperialisme et la acumulation du capital
(EDI, París, 1977). Un amplio eco de las ideas de Bujarin sobre el
imperialismo lo encontramos en Teorías del imperialismo, de José
Mª Vidal Villa (Anagrama de bolsillo, 1976), villa era un militante
de OCBR muy ilustrado y muy abierto, y continuó siendo un marxista
crítico hasta su muerte. A anotar también Sobre el imperialismo,
de Jacques Valier y otros (Comunicación 26. Madrid, 1975).
En su colección de clásicos
del socialismo, Fontamara publicó su
Lenin marxista (que ya
había sido publicada en París por Tribuna Socialista, revista
del POUM), y una versión más completa y más cuidada
de
El ABC del comunismo, obra ya celebre, escrita junto con Eugene
Preobazhenski. La Editorial Roca de México, afín al partido
comunista del país, ofreció una versión en la que sólo
aparece el nombre de Bujarin. Esta misma editorial tenía en su catálogo
La teoría de la revolución permanente de Trotsky, la
contribución de Bujarin a la campaña de creación de
un cuerpo doctrinario "marxista-leninista" después del fallecimiento
de Lenin y en oposición al "trotskismo". Otra polémica famosa
con Trotsky está recogida en el volumen
La revolución china,
en una edición de Richard Thorton (Ed. Crisis, Buenos Aires, 1973),
que reúne textos de ambos bolcheviques. También hay textos
de Trotsky y Bujarin -así como de otros autores y protagonistas- en
la edición de Pierre Broué,
La question chinoise dans
l'Internationale Communiste (EDI, París, 1976). Otras obras suyas
publicadas son,
La economía política del rentista (Ed.
Laia, Barcelona, 1978). y la recopilación,
Le socialismo dans un
seul pays (Ed. 10/18, París, 1974).
La revista eurocomunista francesa
Dialectiques
publicó en su nº 13 una recopilación bujariniana sobre
La revolution culturelle, una cuestión en la que también
manifestó sus dotes como teórico. Dicha revista participó
en la campaña por la "rehabilitación" de Bujarin y publicó
un "dossier" que fue traducido al catalán por
Taula de Camvi
en su nº 15. con el título de Per Bukharin y con artículos
de Iuri Bukharin y Roy Medvedev entre otros.
A título de curiosidad -no exenta de
significación- señalemos la singular aparición de Bujarin
-tratado como una especie de ambicioso príncipe intelectual florentino-
en el films norteamericano de 1943, Mission to Moscow, de Michael Curtiz,
basado en las memorias del embajador norteamericano Joseph E. Davies -magníficamente
interpretado por Walter Huston-, y que nos presenta los "procesos" de Moscú
como algo legítimo y necesario y la alianza con Stalin como un acierto
y como el principio de un mundo mejor que se alumbra en los últimos
fotogramas de la película en el mejor enfoque "socialrealista". Otro
film que trata sobre Bujarin, y de forma muy diferente. es el Caro Bujarin,
de Carlo Lizzani –veterano militante del PCI- que fue presentado en un Festival
de Venecia sin mucho éxito. Lizzani estaba ya muy lejos de los tiempos
de películas como Crónica de los amantes pobres.
Algunos días antes de su arresto en
1937, Bujarin escribió una
carta dirigida “a
la futura generación del partido”, que pudo hacer llegar a su
compañera Anna Mijailova Larina, y que fue dado a conocer por el historiador
y disidente Roy Medvedev en
Le Stalinisme (Editions du Seuil, Paris,
París, 1972). La firmaba: Nicolás Bujarin, el mismo al que
se le atribuía toda clase de crímenes y de “representar” una
vía “de restauración capitalista” en tanto que Stalin se otorgaba
el papel de garante del socialismo. Bujarin fue de los que no capitularon
totalmente, incluso llegando a calificar a Stalin de "genio maligno
de la revolución rusa" aún no había cumplido los 50
años cuando fue fusilado por orden expresa de Stalin. el pleno del
tribunal supremo de la URSS del pasado 13 de junio lo rehabilitó.
3. Bujarin ante la inquisición estalinista
Estas cosas debían de estar
más que aprendidas, y si no es así, no se puede consentir que
sean impunemente falseadas. Mientras que sus amigos y partidarios eran diezmados,
torturados en los campos de muerte, a Bujarin le tocó vivir el tercer
proceso de Moscú, que, pro cierto, comenzó prometiendo
ser uno de los más resonantes de todos los celebrados hasta la fecha
en tierras rusas contra los enemigos declarados del Gobierno que presidía
José Stalin.
Éste y sus colaboradores
de la NKVD habían intentado que un personaje, de entre los múltiples
a quienes se procesó, catalizase toda la atención popular debido
a su triste celebridad, y tanto fue así que hasta una película
made in Hollywood, Mission to Moscow (Michael Curtiz, USA, 1943), llegó
a hacerse eco de un proceso que la diplomacia norteamericana llegó
a aplaudir con las dos manos. El principal responsable de su escenificación
fue Yagoda, antiguo jefe de la policía política que, tras años
de perseguir, encarcelar y torturar a los disidentes del régimen,
sin embargo, por un capricho de Stalin, paradójicamente se encontraba
también sentado en el banquillo de los acusados. Detenido un poco
antes por su sucesor Yehzov, el menudo y cruel jefe de la checa, con
la caída de Yagoda se intentó desviar la atención del
pueblo e inclusive de altas esferas políticas, de que los tres auténticos
acusados eran nada menos que Rykov, que había sido jefe del Gobierno
soviético en 1930; el célebre teórico y legendario comunista
de origen rumano Christian Rakovsky, y el propio Nicolai Bujarin, amigo
íntimo de Lenin y una de las cabezas más reconocidas
en la historia del bolchevismo. Bujarin fue el personaje central del tercer
proceso y se constituye en la fiel muestra de la descomposición integral
de un revolucionario ante unas intrigas de Estado, como pocas veces la historia
recuerda.
Bujarin sería acusado,
como decenas de antiguos impulsores de la Revolución de Octubre, de
apoyar a Trotsky, el “Gran Satán” Esto se contradecía con una
historia anterior, en lo que podíamos llamar la primera fase del estalinismo,
y en la que un desconcertado Bujarin ayudó a la “troika”, compuesta
Kamenev, Zinoviev y Stalin, a empequeñecer el papel ejercido por Trotsky
en la Revolución de 1917 y a alejarlo del poder pretextando su procedencia
“no bolchevique”. Pero cuando Lenin aún vivía y en la dirección
del PCUS todavía se mantenían las formas, Bujarin escribía
sobre Trotsky en los mismos tonos de encendida admiración que empleaban
todos aquellos que luego habían de volverse contra él. Con
esta formativa, hasta el propio Stalin podía ser fusilado.
Describiendo el momento
histórico del triunfo de la Revolución, Bujarin llegó
a escribir: “Trotsky, el espléndido y valeroso apóstol
de la Revolución, declaró en nombre del Comité Revolucionario
Militar ante el Soviet de Petrogrado, en palabras aplaudidas ensordecedoramente
por todos los presentes, que el Gobierno Provisional no existía ya...”
Años después, cuando
el Departamento de Propaganda del Comité Central estaliniano difundió
la descomunal mentira de que Trotsky había luchado contra la Revolución
de Octubre, Stalin, Molotov, Vorochilov y el resto del Politburó fiel
al dictador, comenzaron a considerar como un pecado imperdonable para el
Partido todo lo que habían escrito en tiempos pasados los viejos bolcheviques
en alabanza de Trotsky, olvidando que el mismo Stalin, cuando Lenin todavía
vivía, había escrito en Pravda que “el rapidísimo paso
de la guarnición al lado soviético y la audaz realización
de la tarea señalada por el Comité Revolucionario militar se
le debe al Partido, sobre todo, al camarada Trotsky...”
Paradójicamente, Bujarin
siguió colaborando con Stalin y considerándose "amigo"' suyo
bastante más tiempo que Kamenev y Zinoviev. Cuando estos dos antiguos
líderes fueron expulsados del Partido, Bujarin creyó que él
iba a ser la figura principal del Politburó ya que, reconocido como
el más grande ideólogo marxista después de Lenin, tenía
todos los puntos a su favor, Sólo que se iba a encontrar con una tupida
tela de araña que tardaría en descubrir. Cuando se dio cuenta
ya era tarde, y eso que fue uno de los primeros en percibir que el “georgiano”
iba a acabar con todos ellos.
El antagonismo personal
entre Bujarin y Stalin, a quien aquél llamaba amistosamente «Bujashka»,
se inició mucho antes de que este último dirigiese la oposición
“derechista”, por llamarla de alguna forma, contra Stalin. El conflicto entre
los dos empezó cuando Lenin escribió su Testamento, en el que
recomendaba a sus viejos camaradas que destituyesen a Stalin del cargo de
secretario general del Partido. En ese mismo Testamento, en el cual se expresaba
Lenin con tanto resquemor, sobre Stalin, escribía con entusiasmo refiriéndose
a Bujarin: “Bujarin no es solamente el teórico más valioso
del Partido, sino que también puede ser legítimamente considerado
como el favorito de todo el Partido...” Por aquella época, Bujarin
había escrito uno de sus mejores ensayos con el título: Lenin
marxista, que en 1968 editó en castellano Tribuna Socialista, una
revista ligada al POUM.
El sinuoso proceso
seguido por este Testamento daría que hablar durante muchos años.
Stalin había impedido la difusión de dicho documento y, de
no haber sido por Nadeshda Krupskaya, habría destruido el documento
tan odiado por él, en el cual se especificaba a la perfección
la peligrosidad política de su figura. Stalin jamás logró
destruir el Testamento (que no llegó a editarse hasta la época
de Jruschev), aunque si emprendió algo mucho más contundente:
la eliminación física de todos aquellos nombres citados
por Lenin.
En una época
anterior, la vida particular e íntima de Bujarin había entrado
en una fase de total equilibrio y creatividad. En 1933, cuando tenía
cuarenta y cinco años conoció a la hija del célebre
bolchevique Larin, con la cual, a pesar de las grandes diferencias de edades,
se acabaría casando. Más tarde les nacería un hijo y
fue justo entonces cuando los amigos recordaban haberle visto plenamente
satisfecho por primera vez. Después, ese amor exacerbado por su familia
iba a ser uno de sus peores enemigos. Sería utilizado como arma para
arrancarle una serie de confesiones totalmente fantasiosas, que llenaron
de estupor a quienes seguían y comprendían la marcha real y
los objetivos de aquellos procesos.
Pero los últimos
tiempos antes de su detención fueron de constantes sobresaltos y angustias,
esperando que también a él le llegase su "hora". Casi todos
sus amigos y colaboradores íntimos habían sido fusilados o
deportados a los campos de Siberia como consecuencia directa de los dos primeros
procesos.
Efectivamente, el
coautor de El ABC del comunismo, fue detenido a principios de 1937, en plena
guerra civil española. A pesar de que previamente -8 habían
ido minando los ánimos, y de que su carácter era pacífico
y suave por naturaleza, supo resistir enérgicamente durante dos meses
las presiones de sus interrogadores, negándose a firmar absolutamente
nada. Llegados a este extremo, y ante la evidencia de que no tenían
pruebas en su contra para condenarle, Yezhov tuvo la brillante idea de utilizar
a Karl Radeck, antiguo intelectual bolchevique, que milagrosamente había
salvado su vida en el segundo proceso de Moscú, aunque estaba condenado
a cadena perpetua. Radeck era uno de los cuatro afortunados sobre los que
había recaído la pena de prisión. Lógicamente
Radeck era también, para los nuevos aspirantes a un puesto ante el
piquete de ejecución, el vivo ejemplo de que "no todos morían".
Y la esperanza de que si se seguían unas consignas y se firmaban determinados
papeles, aún se podía salir del trance.
En este sentido, Radeck
iba a ser, patética y constantemente utilizado durante el tercer proceso.
El antiguo revolucionario era ya un hombre roto.
El plan consistía,
de entrada, en que, si Bujarin seguía órdenes cumpliendo cuanto
el Politburó esperaba de él, ni su familia ni su propia persona
sufrirían daños. Stalin, de otro lado, como afirma Alexander
Orlov en su Historia secreta de los procesos de Moscú, no pasaba por
alto cuánto quería y admiraba Bujarin a Lenin y en cuánta
estima tenía las elogiosas palabras que Lenin había dejado
escritas sobre él. “... Precisamente decidió atacarle en estos
sentimientos con un golpe de efectos terribles. Se propuso demostrar en el
proceso que Bujarin no había sido nunca un leal amigo de Lenin, sino,
por el contrario, su peor enemigo. Aferrándose a este tortuoso plan,
ordenó a la NKVD que le sacase a Bujarin la confesión de que
en 1918, cuando se firmó el Tratado de Brest-Litovsk con Alemania,
estaba Bujarin preparando el asesinato de Lenin. Pero el “imaginario”
criminal de Stalin podía consentirlo.
De forma que el preso no
dudara en firmar semejante disparate, los jefes de la NKVD detuvieron a varios
comunistas que habían formado parte de la oposición trotskista
y a otros de los llamados eseristas de izquierdas (en algunos casos, anarquistas
al parecer) y les obligaron a firmar un falso testimonio en el que afirmaban
que Bujarin y ellos habían llegado a la conclusión de que era
imprescindible eliminar a Lenin y formar un nuevo Gobierno provisional. Algunos
de estos "testigos" recibieron instrucciones de declarar que Dora Kaplan,
que en el año 1918 había realizado un atentado contra la vida
de Lenin, lo había hecho con la aprobación de Bujarin.
Durante varios meses
el viejo bolchevique se resistió duramente a firmar confesión
alguna, pues tenía bien presente la idea de que en el momento en que
su persona ya no pudiera ser utilizada durante el proceso para determinados
fines, la policía chequista se desharía de él con toda
seguridad. Al final, y bajo las constantes amenazas de Yezhov de inmiscuir
a su esposa en el juicio, y recordando que la propia esposa de Stalin, Nadiedja
Alliluyeva, había muerto el 8 de noviembre de 1930 en trágicas
y extrañas circunstancias, Bujarin accedió a firmar que él,
en 1918 había intentado asesinar a Vladimir I. Lenin. Era –diría
luego Bujarin- como si nos quisiera convencer que la revolución de
Octubre la lideró Nicolas IIª
No obstante, cuando dos días
más tarde le presentaron a Bujarin la redacción definitiva
de su declaración -corregida y aumentada por el propio Stalin- quedó
tan aterrado de lo que leía que se negó categóricamente
a firmarlo. En aquel documento, cita también Orlov, se decía,
en nombre de Bujarin, que desde el momento en que el mando militar alemán
permitió en 1917 que pasara por suelo germano el tren en que Lenin
y otros revolucionarios se dirigían a Rusia, empezó a sospechar
que Lenin tenía un convenio secreto con el Gobierno de Alemania. Además
se decía allí que cuando, después de tomar el poder
los bolcheviques, Lenin insistía en que se firmara una paz separada
con Alemania en términos humillantes para Rusia, sus sospechas sobre
la traición de Lenin fueron tan fuertes que resolvió asesinarlo
y formar un Gobierno en el que participaran diversas tendencias derechistas...
Aquello enfureció de tal modo a Bujarin que estuvo a punto de llevarle
al borde de la locura. la tragedia humana del viejo luchador estaba ya en
marcha. Pero todavía, en un alarde de valor y claridad mental, Bujarin
retiró su consentimiento para actuar en el inminente juicio público.
Obviamente, el ambiente
de tensión crecía por momentos y pese a las constantes visitas
a la celda del acusado por parte de Vorochilov, Vichinsky -el siniestro fiscal
que cargó sobre sus espaldas los resultados prácticos de todos
los procesos- y el inevitable Yehzov, con vistas a “negociar” con el preso,
la NKVD no consiguió que Bujarin resucitase en público la antigua
calumnia contra su camarada Lenin. Tampoco declaró que intentara matarlo
personalmente. A cambio de ello consintió decir, que, para evitar
que se firmara el tratado de Brest-Litovsk con Alemania quiso detener a Lenin
durante cuarenta y ocho horas. También se negó Bujarin a reconocer
que él había sido espía al servicio de Alemania y que
hubiese participado –como millares de comunistas más- en el asesinato
de Kirov Anotemos que Sergei Miranovich Kirov, jefe de la región de
Leningrado, fue asesinado el 1 de diciembre de 1934 en el edificio Smolny
por un joven comunista llamado Leonid Nikolayev. Este misterioso atentado,
al igual que poco antes ocurriera en Alemania con el incendio del Reichstag,
servirla de pretexto para desencadenar una brutal represión que comenzó
cinco días después del asesinato. Este fue adjudicado por Stalin
a terroristas de la Guardia Blanca. Pravda anunciaba que la NKVD había
detenido y ejecutado a 104 de los citados terroristas en un alarde de «protección
social. a Rusia. Justo después comenzarían los procesos de
Moscú. También trataron de inculparle en la extraña
muerte de Máximo Gorki, el célebre autor de La madre.
Con el proceso en
plena efervescencia y cada vez con menos posibilidades de salvación,
Bujarin se iba convirtiendo en una piltrafa, en un triste monigote en medio
de una gigantesca sala rebosante de uniformes y gestos enfurecidos. Increíblemente
reconocía que, además de Lenin, había intentado detener
al mismísimo Stalin, al que ya entonces consideraba como un peligro
para sus "ávidas aspiraciones de poder".
Hubieron algunos
momentos en los que la parodia de juicio resultó tragicómica.
Como cuando se produjo cuando negó ante el Tribunal que hubiese querido
matar a Lenin, y que sólo se había propuesto detenerle por
cuarenta y ocho horas, a lo que el fiscal Vichinsky le preguntó: “Pero
¿y si Vladimir Illich (Lenin) se hubiera resistido?”. A lo que Bujarin,
completamente serio, respondió: «Como usted sabe Vladimir Illich
nunca presentó batalla. No era pendenciero. Yo lo conocí muy
bien”, provocando una gran carcajada en la audiencia.
Era una broma
macabra. Bujarin, como los demás acusados había sido seriamente
advertido contra cualquier forma de hacer “alusiones perjudiciales” en el
juicio. Se le previno de que su vida dependía no sólo de lo
que dijera sino de cómo lo decía. Aterrorizado, de esta forma,
interrumpió docenas de veces para asegurarles a los jueces que no
sólo estaba confesando los crímenes que él había
cometido, sino incluso los cometidos por otros miembros de la conspiración
fantasma, sin que en ello tuviera nada que ver que él los conociera
o no. En toda aquella parodia, aquel hombre totalmente acorralado y
obligado a sentarse en semejante banquillo, estaba a punto de sacar los colores
a los propios miembros del Tribunal. Obviamente, resultaba imposible la autodefensa.
Sin embargo, en uno de los momentos en que Bujarin comenzó a hilvanar
un breve discurso sobre la Revolución de Octubre, el presidente del
tribunal, Ulrich, le dio a entender veladamente que estaba empezando a dar
la impresión de que se defendía, a lo que Bujarin, sobresaltado,
replicó: “!No me estoy defendiendo¡ ¡Esto es mi autoacusación!
¡No he dicho ni una sola palabra en defensa mía¡".
En abierto contraste
con Radeck, Zinoviev o el mismo Piatakov, Bujarin no quiso o no supo aprovechar
sus excepcionales facultades oratorias para denunciar, mediante hábiles
alusiones, la falsedad de aquellos montajes pseudoprocesales. El caso de
Bujarin es, con toda probabilidad, de entre los muchos existentes en la fatídica
época de los procesos, el más vergonzoso que se recuerda. Ya
al final, no sólo sé autoproclamaba "despreciable fascista"
y "traidor a la patria socialista", sino que en un último intento
de salvar la vida y la de su familia, le dedicó a su verdugo los siguientes
elogios en los que se puede adivinar ciertas dosis de ironía: “...
En realidad el país entero sigue a Stalin. Él es la esperanza
del mundo. Es un creador nato... Para todos está bien claro que mientras
nos gobierne Stalin, la Unión Soviética marchará perfectamente...”
Pero de nada le sirvieron
estas palabras y otras similares al viejo bolchevique, pues, sin apenas haber
dado tiempo a que finalizara el proceso, era fusilado un amanecer en los
sótanos de la NKVD.
Notas
---1) En su
Diario de España (1938, Ed. Ruedo Ibérico).
La suerte de Koltzov (1898-1942?), fue idéntica a la de la práctica
totalidad de los soviéticos “españoles” que acabaron siendo
víctimas de las sucesivas “purgas”. La definición del POUM fue
–paradójicamente- aceptada por Pierre Broué cuando asumía
las críticas de Trotsky a dicha unificación.
---2) Tradicionalmente Gorkin ha sido tachado como “trotskista”, al principio
de los años treinta por labor de traductor de dos obras importantes
de Trotsky,
La revolución desfigurada –hecho que le valió
la expulsión del PCE-,
La internacional comunista después
de Lenin a la que tituló
El gran organizador de derrotas
(con referencia obvia a Stalin), y ya en el exilio por
El asesinato de
Trotsky, su libro más famoso, pero en realidad Gorkin se situaba
en la derecha del POUM, y en sus escritos trataba de establecer que
el POUM era maltratado por los estalinistas por no rendirse ante Stalin,
y por los trotskistas por lo mismo...
---3) Abundo en todas esta cuestiones en mi libro
Retratos poumistas
(Renacimiento, Sevilla, 2006).
---4) Lo cierto es que, tal como establecería G. Fiori en su ampliamente
reconocida Vida de Gramsci, las posiciones de éste sobre el fascismo
y el “socialfascismo” (que teorizaba Bujarin en contra de sus propias convicciones),
fueron plenamente coincidente coincidentes con las expresadas por Leonetti,
Ravazzoli y Silone, o sea por la fracción que optó por la Oposición
de izquierdas. Aunque Stalin no llegó a abordar de frente la cuestión
del estalinismo, resulta más que obvio que sus criterios eran opuestos
a los de éste...La ascripción estalinista de Togliatti ha sido
el flanco preferido que la derecha italiana utilizaría contra el PCI
(CF, Giulio Seniga, Togliatti e Stalin, Sugarco Edizioni, Milano, 1978).
---5) Curiosamente, este acto fue simultáneo a otro que se celebró
en el Aula Magna de la Universidad de Barcelona en el que la presencia de
Pierre Broué era lo más destacado, y en la que se habló
de Trotsky, el POUM y la guerra española. Wilebaldo Solano abandonó
a destiempo la de Sacristán-Vázquez Montalbán para asistir
a la fase final de la del Aula. Una reflexión sobre una y otra permitiría
establecer criterios abiertos en relación a los ismos, y también
en cuanto a los métodos, pero quizás no sea esta la ocasión.
--6) Löwy es el autor de una obra clásica sobre
El marxismo
y la cuestión nacional de la que
Revolta Global tiene pendiente
la reedición.