FUNDACIÓN

ANDREU NIN


 “Dossier” Nikolai Bujarin

Pepe Gutiérrez Älvarez

1. Introducción

         En los últimos tiempos, Nikolai Bujarin ha sido noticia, se ha vuelto a hablar de él. El motivo ha sido doble, de un lado, la edición de su novela autobiográfica, Como empezó todo (Madrid, Ed. Pre-Textos, 2008), que revela una faceta desconocida de su personalidad, y de otro, las memorias de su compañera Anna Larina, Lo que no puedo olvidar (Madrid, Círculo de Lectores, 2008), que -lamentablemente- cuenta con la singular particularidad de un prólogo de Antonio Muñoz Molina, para el que el mismo hecho de ser comunista es ya de por sí un delito.  Pero este peaje no puede hacernos olvidar que por mucho tiempo que pase se seguirá hablando de Bujarin, y dudo mucho que Muñoz Molina consiga ser un autor recordado.
          Recordemos que Bujarin forma parte de la tradición comunista, y entre nosotros, entre los elementos componentes del POUM…
        Aunque sea poco conocido en estos tiempos,  el debate entre la oposición de derecha y la de izquierda en el movimiento comunista internacional, rotundamente encarnadas por Nikolai Bujarin y León Trotsky, respectivamente, que tuvo su mayor vigencia en la segunda mitad de los años veinte con un antes y un después, que tuvo y aún tiene su traducción española. En su día el POUM fue caracterizado como “trotsko-bujarinista” por el infortunado periodista soviético Mijhail Koltzov (1), y lo ha vuelto a tener, bajo otras perspectivas entre sectores de la intelectualidad marxista crítica proveniente de la tradición comunista, y el sector más ligado con el trotskismo, más específicamente con lo que fue la LCR, por no hablar de otras posibles resonancias.
        El POUM acogió todas las disidencias del PCE, el “bujarinismo” está estrechamente ligado a Maurín y la Agrupación Comunista madrileña liderada por Juan Portela y Julián Gorkin (2), en tanto que el trotskista lo está con Nin y Juan Andrade, todos ellos cofundadotes del PCE. Tanto Trotsky como Nin acusaron una y otra vez a Maurín de “bujarinista”, aunque lo cierto es que éste fue expulsado del Komintern por negarse a condenar a Trotsky, y  conoció una potente radicalización a raíz del ascenso del nazismo al poder. La acusación se fundamentaba tanto en la actitud de Maurín ante el Komintern como por  el criterio que guiaba la formación del “Bloque Obrero y Campesino” (BOC), como una organización más amplia que un parido comunista.
       Sin embargo, este criterio fue aplicado por Maurín en un sentido más clásico, y el BOC no tuvo nada que ver con  el “Kuomintangnismo” ni nada por el estilo, sirvió para integrar justamente a los “bujarinistas” madrileños, y también a los comunistas independentistas como Jordi Arquer y Josep Rovira, que habían organizado pequeñas formaciones de este signo en Cataluña. En el POUM, Portela representó siempre al sector más afín con el PCE y el Frente Popular (y opuesto al trotskismo,  en el sentido de que había que estar “por encima” del dilema Stalin-Trotsky, un criterio en el que abundó especialmente  Gorkin en sus diatribas contra Trotsky en relación a la línea a seguir durante la guerra y la revolución). La presunción  (expresada entre otros por el avieso Antonio Elorza en Queridos camaradas), según la cual, de haber permanecido Maurín al frente del POUM durante la guerra habría actuado en la misma línea que Portela tiene dos argumentos en contra, primero, Maurín fue el principal teórico de la Alianza Obrera y del POUM, segundo, que su discípulo  “Pep” Rebull se mostró muy crítico con actuaciones de Nin, como lo fue colaborar con la Generalitat y defendió una opción que los componentes de la Cuarta Internacional dentro del POUM, vieron como próxima a la suya (3).
       Pienso que el reconocimiento que obtuvo Bujarin en los años setenta tiene mucho que ver con las tentativas de un “comunismo democrático” en partidos comunistas como el italiano. No hay que olvidar que Togliatti, aunque se plegó a Stalin para  salvar la vida había mostrado sus simpatías con Bujarin, y que otros líderes comunistas como Angelo Tasca y el propio Gramsci, se encontraban en esa misma línea (4). Como es sabido, el líder de la revolución húngara de 1956, Imre Nagy, había sido afín a Bujarin, y la huellas de éste –en su fase del socialismo a paso de tortuga, manteniendo la alianza obrero-campesina de la NEP-, se pueden encontrar bajo diversas formas en cierto titoismo (que en Cataluña representó Joan Comorera), en Alexander Duceck, y otros disidentes. Durante la “perestroika”, sectores muy significativos de los partidos comunistas europeos, y muy significativamente del PSUC, llevaron a cabo una extensa campaña que comprendía no solamente la exigencia de su “rehabilitación” (concepto equívoco donde los haya), sino también su revalorización. Seguramente la expresión más acabada de esta campaña fue la biografía de Bujarin escrita por el reconocido historiador y sovietólogo norteamericano Stephan F. Cohen, sobre la cual se incluye en este “dossier” un trabajo crítico escrito por Tamara Deutscher, la compañera de Isaac Deutscher, y colaboradora de E. H. Carr.
      Ecos de este debate se pueden encontrar en la ya famosa conferencia de Manolo Sacristán –en compañía del otro Manolo, Vázquez Montalbán- sobre el estalinismo que, con las minuciosas notas de Salvador López Arnal (5),  ha aparecido publicada en diversas Webb como la de la fundación Andrés Nin o Kaosenlared para desesperación de lo que queda del estalinismo más anacrónico. Treinta años después de esta conferencia, la discusión sigue abierta, y se replanteó muy constructivamente por parte de Toni Doménech con ocasión de la presentación de mi libro Retratos poumistas que, con la intervención añadida de Pelai Pagès y bajo la presidencia de Bernard Castany, tuvo lugar en la sala Ferrer i Guardia del Ateneo barcelonés el jueves 25 de enero, un punto que emergió lleno de sugerencias para nuevos debates.
      Referencia a la que me agradaría añadir una nota que no pudo expresar por  lo apretado del debate. Se refiere al subrayado expresado por Bernard de que tiempo atrás habría sido impensable un debate entre representantes de escuelas tan opuestas en la guerra civil, cuando en realidad este tipo de debate ya se estaban dando en los años setenta. Sin ir más lejos, en la presentación de mi libro Conocer a Trotsky y su obra (Dopesa), a finales de 1979, el debate en la librería Leviatan estuvo animado por servidor como autor, Pelai Pagès que entonces militaba en el POUM, y Teresa Pámies que efectuó andantes referencias a la militancia “bloquista” de su padre.
     
       La ocasión por lo tanto es tan buena como cualquier otra para recuperar algunos materiales como los que reunió allá por finales de los años ochenta, la rama barcelonesa de la Fundació Andreu Nin, en un amplio “dossier” de documentos de los que hemos sustraído la parte francesa. Comprende una breve autobiografía de Bujarin, dos trabajos míos (PG-A), uno sobre su “Testamento”, y otro sobre la farsa de juicio del que salio directo a un pelotón de fusilamiento,  dos cartas que Anna Larina Boukharina dio a conocer al mundo allá por 1992, así como el trabajo ya citado de Tamara Deustcher, así como el epílogo de la famosa biografía que le dedicó Cohen.
       Manolo Sacristán viene a lamentar que, mientras que tanto Stalin como Trotsky han contado con autores que han defendido sus propuestas, en “cambio Bujarin sucumbió sin dejar seguidores ni escuela, y consiguientemente es el más enterrado de todo aquellos personajes de 1917, el más olvidado”. Y añade: “Pero era el más culto y a él le correspondía la presidencia de la delegación soviética de este congreso de historia de la ciencia en Londres, en 1931. Allí, él y otros soviéticos, pero principalmente él, pronunciaron un discurso que causó un enorme impacto en Occidente”.     
       Personalmente creo que este era un tema sobre el que tanto Manolo como sus discípulos más inmediatos, no han profundizado lo suficiente. El ejemplo del congreso de Londres resulta muy llamativo, pero no puede ocultar en hecho de que la biografía de Bujarin, no es en absoluto comparable a la de Trotsky, y que por lo mismo el trabajo de Cohen no puede ser comparado con el de Deutscher. El propio Bujarin reconoció que había que tener el temple de Trotsky para llegar hasta el final en una oposición con todas las consecuencias, y el propio Stalin reconoció la diferencia al “permitir” vivir a la familia de Bujarin, y a no pocos de sus partidarios, en tanto que no quedo nadie con los apellidos de la doble familia de Trotsky (incluso su hijo Liova murió de manera más que sospechosa en Suiza), ni tampoco nadie reconocido de sus partidarios.
       Bujarin era de un temperamento ágil e impresionable, y esto la animó a cambiar numerosas veces de postulados, recordemos que durante Octubre fue casi “luxemburgista” (con la que compartía en buena medida las mismas concepciones sobre el hecho nacional), que durante el debate de Brest-Litovks representó a los comunistas de izquierdas, luego permaneció a la sombra de la “troika” formaba por Zinoviev-Kamenev-Stalin (así se le citaba en la época), escribió sus contribuciones a la cosificación de lo que se vendría a llamar “marxismo-leninismo”. Durante la época en que Stalin ya había comenzado a probar las depuraciones, Bujarin permaneció reproduciendo los criterios de una línea oficial,  tanto en su variante “etapista” (segundo período de la Internacional), para pasar a justificar el siguiente.  Todo esto lo explica con detalle Tamara Deutscher, y explica que no fue por casualidad que Bujarin no tuviera herederos. Ni Rykov ni Tomski pueden ser comparados  con la vasta lista de los componentes de la oposición de izquierdas: Piatakov, Rakovsky, Smilga, Radeck, Preobrazhenski, etcétera  En el ámbito internacional, el bujarinismo estuvo representado por líderes comunistas de la talla de Heinrich Brandler, Angelo Tasca, el norteamericano Lovestne, Maurín, y otros...Sin embargo, ninguno de ellos pudo ser considerado como un “seguido” en sentido estricto, entre 1933 y 1935, todos ellos tomaron parte de las diversas iniciativas alternativas a la Segunda y Tercera internacionales con el desastre del movimiento obrero alemán 8y austriaco) como trasfondo, hasta que se dio la separación, y un sector opto por lo que se llamó el “Buró de Londres”, y otro por la IV Internacional...
      En aquel entonces, cuestiones como el estalinismo (con los “procesos de Moscú” al fondo) o la guerra española eran o aparecían como factores más que suficientes para una ruptura política...Sin embargo, lo cierto es que trotskistas y bujarinistas actuaron codo con codo en el POUM, y que en vísperas del asesinato de Kirov, sectores del aparato del partido (hasta entonces ligado a Stalin como el propio Kirov y Lodminaze), se avinieron a  discutir la plataforma de las oposiciones en la que estaban al tanto Bujarin y Trotsky (como se  pudo comprobar tras la apertura de los Archivos de Harvard de Trotsky), tentativa que, tras un breve periodo de crisis, cortó Stalin por lo sano, haciendo dos cosas al mismo tiempo, exterminando de raíz todo foco de Oposición comunista, y ofrecer a las chancillerías de Occidente la prueba de sangre de que nadie, y Stalin menos que nadie, apostaba ya por ninguna revolución, y menos sí era una revolución obrera y democrática que por su propia naturaleza plural negara lo que se estaba creando en la URSS.  Criterios que aplicó a rajatabla tanto en la crisis social francesa de junio de 1936 como en la guerra civil española.

2. El “testamento” de Nicolás Bujarin
 
      Poca gente sabe que Jruschev tenía en cartera la “rehabilitación” de Bujarin, Rikov y Tomski, pero el secretario general del partido comunista francés, el histórico Maurice Thorez, cogió un avión y se trasladó a Moscú para obstaculizar el gesto argumentando que después del XX Congreso del PUS y de los acontecimientos del Octubre húngaro, su partido había perdido casi la mitad de sus miembros, y temía que por este camino, la cosa se agravaría. Thorez no dudaba que los tres eran inocentes, pero era plenamente consciente de todo lo que el aparato de propaganda de su partido había perpetrado contra ellos, y temía quedar más en evidencia. Era el mismo Thorez que cuando estalla la insurrección argelina sigue defendiendo la “Unión Francesa”. 
 
        En el texto introductorio se indicaba que Bujarin había nacido el 27 de septiembre de 1888 en Moscú; fue ejecutado el 13 o 14 de marzo de 1938, también en Moscú.
       Hijo de enseñantes, Bujarin se unió a los bolcheviques en 1906. Luego de ser por tercera vez arrestado en Moscú, huyó al extranjero en 1911 y se estableció en Viena, donde realizó un estudio critico (1927) de la escuela económica austriaca del beneficio marginal. Deportado a Suiza en 1914, asistió a la conferencia antibélica bolchevique de Berna en febrero de 1915. En este período disintió de  Lenin a propósito del apoyo de este último al derecho de autodeterminación nacional. No obstante, en 1915 Lenin escribió una elogiosa introducción a La economía mundial y el imperialismo, en la que Bujarin sostenía que la competencia interna capitalista estaba siendo progresivamente reemplazada por la lucha entre los “trusts capitalistas estatales”. En 1916, Bujarin escribió artículos en los que, al tiempo que aceptaba la necesidad de un Estado proletario de transición, urgía la «hostilidad en principio hacia el Estado» y denunciaba al “Estado imperialista ladrón” que tenia que ser “volado” (gesprengt). Tras las objeciones iniciales de Lenin, estas ideas se reflejaron al año siguiente en la obra de éste El estado y la revolución. Rosa Meyer-Levine, que lo conoció en los círculos de emigrados de Viena en 1913 recordaba que en “Bujarin se destacaba una cualidad suya peculiar. Su cara abierta con la enorme frente y sus ojos claros y brillantes carecía a veces casi de edad en su callada sinceridad'. La gente joven, los obreros, los intelectuales se encontraban cómodos con él y decían que 'era bondadoso, amable, expansivo y entusiasta”.
        Paradójicamente, la colaboración de Bujarin con Stalin había comenzado dentro del partido, tempranamente. En enero de 1913, a instancias de Lenin,  Bujarin colaboró con el georgiano en Viena, y le ayudó a traducir textos de Bauer, Strasser y otros teóricos austromarxistas de cara a su tesis sobre El marxismo y el problema de las nacionalidades, texto al que –como recordaba hace poco Michael Löwy- Lenin apenas citaba ya que no distinguía entre el nacionalismo de los opresores y el nacionalismo de los oprimidos (6). Sin embargo, Bujarin fue bastante reacio a este aspecto de las ideas leninistas, y tendió más bien hacia los criterios propios del “luxemburgismo” que priorizaba el internacionalismo proletario por encima de lo el joven Bujarin consideraba una concesión a la pequeña burguesía.
         Después de sendos periodos en Escandinavia y los EE.UU, Bujarin retornó a Moscú en mayo de 1917, tras la Revolución de Febrero. Elegido para el Comité Central del partido tres meses antes de la Revolución de Octubre, permaneció como miembro pleno hasta 1934, pasando a ser candidato de 1934 a 1937. Fue editor del diario del partido, Pravda, desde diciembre de 1917 hasta abril de 1929. En 1918, Bujarin encabezó a los “comunistas de izquierda” que se oponían a la firma del tratado de Brest-Litovsk con los alemanes y apelaban a la guerra revolucionaria. En el debate del partido sobre el papel de los sindicatos, en 1920-1921, estuvo a favor de la incorporación de los sindicatos a la maquinaria estatal. Tras la implantación en 1921 de la Nueva Política Económica, que permitió el libre comercio dentro de la Rusia soviética, Bujarin emprendió un reexamen completo de sus ideas. A partir de finales de 1922 abogó por una estrategia gradualista de “desarrollo hacia el socialismo” por parte de Rusia. Anticipó la teoría del “socialismo en un solo país”, enunciada primeramente por Stalin en diciembre de 1924, y sé convirtió en su más destacado protagonista ideológico. Abogó en favor de concesiones a los campesinos y por un amplio y equilibrado intercambio entre la economía campesina y la industria socialista. Su propuesta era la 'paz civil bajo el mando del proletariado', donde consolidado el poder soviético sobre las clases antiguas, la nueva lucha no se deducía de la violencia, sino de la competencia pacífica de mercado entre la economía privada y socialista, así como en los frentes culturales e ideológicos.
       Según Cohen, no era el gradualismo del reformismo menchevique, la dudosa limonada del socialismo en cómodas cuotas. Decía Bujarin, desde el Pravda, el 3 de diciembre de 1922: “No podremos cumplir nuestro cometido basándose en decretos ni de medidas obligatorias. Se requerirá un proceso orgánico prolongado. Un proceso de transformación real al socialismo. Los revisionistas, que no desean ningún tipo de revolución, sostienen que ese proceso ocurre ya en el seno del capitalismo. Nosotros afirmamos que solamente empieza junto con la dictadura del proletariado, es decir la democracia socialista”.
       En 1928-1929, al abandonar Stalin esta política en apoyo de una acelerada industrialización financiada por una ascendente “contribución” del campesinado, Bujarin se opuso a él. Atacado públicamente como desviacionista en 1929, fue relevado de la dirección de Pravda, de su tarea en la Internacional Comunista que habia desempeñado desde 1926 y, posteriormente, del Politburó. Conviene recordar que Bujarin realizó un aporte al campo de la filosofía marxista: La teoría del materialismo histórico, un libro desigual de divulgación que si bien recibió críticas de Lukács y Gramsci, quienes adujeron un cierto mecanicismo en el pensador ruso, hoy debe ser analizado a la luz del pensamiento completo del autor, particularmente su ensayo La doctrina de Marx y su significación histórica, escrito en 1933, y su comunicación al Congreso Internacional de historia de la ciencia y la Tecnología, de junio de 1931, en Londres, titulado: La reestructuración de la dirección y los problemas del mantenimiento científico y técnico de la industria. Allí, el pensador ruso realizó novedosos aportes a la metodología y a la teoría de planificación de la ciencia, a la luz del marxismo.
     De 1934 a 1937 fue director de Izvestia. En 1935 desempeñó un papel importante en la comisión que proyectó la nueva Constitución soviética (aprobada en 1936). En 1937 le expulsaron del partido, y un año más tarde fue juzgado.
     Sin duda alguna, el más importante tratado biográfico sobre Bujarin es el de Stephen S. Cohen de la que, en su momento, se publicaron dos reseñas, ambas enfoque diferente. En el número 27 de la desaparecida revista Tiempo de Historia, apareció un trabajo de Manuel Pérez Ledesma, muy en la línea del más breve de Paramio que hemos reproducido. Ledesma cita la crítica de Marcel Liebman que define el libro de Cohen -muy apreciado al parecer por Gorbatchev- como el "anti-Deutscher". También es bastante conocido el estudio sobre Bujarin de Löwy publicado en Grijalbo con un incisivo prólogo del inolvidable Manuel Sacristán. Este prólogo aparece también en la reciente recopilación de escritos de Manuel publicada por Icaria. Aunque, desde nuestro punto de vista. la cuestión de la historia soviética no era uno de los "puntos fuertes" del fallecido teórico marxista, Sacristán toma buena nota de los errores y de los abusos de Löwy, al tiempo que señala el interés de conjunto de la obra, posiblemente el mejor estudio del pensamiento de Bujarin.
       La notable editorial argentina Cuadernos de Pasado y Presente animada por José Aricó publicó en la mitad de los años setenta algunas de las obras más conocidas de Bujarin como Teoría del materialismo en cuyo prólogo se toma buena nota de las críticas efectuadas en su día por Lukács, Gramsci y otros, del "mecanicismo" de Bujarin en La teoría económica en el período de transición y La economía mundial y el imperialismo. Sobre estas dos últimas cuestiones tratan también las dos recopilaciones en las que Bujarin tiene un papel importante, Sobre la acumulación primitiva socialista, El debate soviético sobre la ley del valor, ambas en Ed. Alberto Corazón, en la col. Comunicación, y L' imperialisme et la acumulation du capital (EDI, París, 1977). Un amplio eco de las ideas de Bujarin sobre el imperialismo lo encontramos en Teorías del imperialismo, de José Mª Vidal Villa (Anagrama de bolsillo, 1976), villa era un militante de OCBR muy ilustrado y muy abierto, y continuó siendo un marxista crítico hasta su muerte. A anotar también Sobre el imperialismo, de Jacques Valier y otros (Comunicación 26. Madrid, 1975).
        En su colección de clásicos del socialismo, Fontamara publicó su Lenin marxista (que ya había sido publicada en París por Tribuna Socialista, revista del POUM), y una versión más completa y más cuidada de El ABC del comunismo, obra ya celebre, escrita junto con Eugene Preobazhenski. La Editorial Roca de México, afín al partido comunista del país, ofreció una versión en la que sólo aparece el nombre de Bujarin. Esta misma editorial tenía en su catálogo La teoría de la revolución permanente de Trotsky, la contribución de Bujarin a la campaña de creación de un cuerpo doctrinario "marxista-leninista" después del fallecimiento de Lenin y en oposición al "trotskismo". Otra polémica famosa con Trotsky está recogida en el volumen La revolución china, en una edición de Richard Thorton (Ed. Crisis, Buenos Aires, 1973), que reúne textos de ambos bolcheviques. También hay textos de Trotsky y Bujarin -así como de otros autores y protagonistas- en la edición de Pierre Broué,  La question chinoise dans l'Internationale Communiste (EDI, París, 1976). Otras obras suyas publicadas son, La economía política del rentista (Ed. Laia, Barcelona, 1978). y la recopilación, Le socialismo dans un seul pays (Ed. 10/18, París, 1974).
      La revista eurocomunista francesa Dialectiques publicó en su nº 13 una recopilación bujariniana sobre La revolution culturelle, una cuestión en la que también manifestó sus dotes como teórico. Dicha revista participó en la campaña por la "rehabilitación" de Bujarin y publicó un "dossier" que fue traducido al catalán por Taula de Camvi en su nº 15. con el título de Per Bukharin y con artículos de Iuri Bukharin y Roy Medvedev entre otros.
      A título de curiosidad -no exenta de significación- señalemos la singular aparición de Bujarin -tratado como una especie de ambicioso príncipe intelectual florentino- en el films norteamericano de 1943, Mission to Moscow, de Michael Curtiz, basado en las memorias del embajador norteamericano Joseph E. Davies -magníficamente interpretado por Walter Huston-, y que nos presenta los "procesos" de Moscú como algo legítimo y necesario y la alianza con Stalin como un acierto y como el principio de un mundo mejor que se alumbra en los últimos fotogramas de la película en el mejor enfoque "socialrealista". Otro film que trata sobre Bujarin, y de forma muy diferente. es el Caro Bujarin, de Carlo Lizzani –veterano militante del PCI- que fue presentado en un Festival de Venecia sin mucho éxito. Lizzani estaba ya muy lejos de los tiempos de películas como Crónica de los amantes pobres.
      Algunos días antes de su arresto en 1937, Bujarin escribió una carta dirigida “a la futura generación del partido”, que pudo hacer llegar a su compañera Anna Mijailova Larina, y que fue dado a conocer por el historiador y disidente Roy Medvedev en Le Stalinisme (Editions du Seuil, Paris, París, 1972). La firmaba: Nicolás Bujarin, el mismo al que se le atribuía toda clase de crímenes y de “representar” una vía “de restauración capitalista” en tanto que Stalin se otorgaba el papel de garante del socialismo. Bujarin fue de los que no capitularon totalmente, incluso  llegando a calificar a Stalin de "genio maligno de la revolución rusa" aún no había cumplido los 50 años cuando fue fusilado por orden expresa de Stalin. el pleno del tribunal supremo de la URSS del pasado 13 de junio lo rehabilitó.
 
3. Bujarin ante la inquisición estalinista 
          
        Estas cosas debían de estar más que aprendidas, y si no es así, no se puede consentir que sean impunemente falseadas. Mientras que sus amigos y partidarios eran diezmados, torturados en los campos de muerte, a Bujarin le tocó vivir el tercer proceso de Moscú, que, pro cierto,  comenzó prometiendo ser uno de los más resonantes de todos los celebrados hasta la fecha en tierras rusas contra los enemigos declarados del Gobierno que presidía José Stalin.
        Éste y sus colaboradores de la NKVD habían intentado que un personaje, de entre los múltiples a quienes se procesó, catalizase toda la atención popular debido a su triste celebridad, y tanto fue así que hasta una película made in Hollywood, Mission to Moscow (Michael Curtiz, USA, 1943), llegó a hacerse eco de un proceso que la diplomacia norteamericana llegó a aplaudir con las dos manos. El principal responsable de su escenificación fue Yagoda, antiguo jefe de la policía política que, tras años de perseguir, encarcelar y torturar a los disidentes del régimen, sin embargo, por un capricho de Stalin, paradójicamente se encontraba también sentado en el banquillo de los acusados. Detenido un poco antes por su sucesor Yehzov, el menudo y cruel jefe de la checa,  con la caída de Yagoda se intentó desviar la atención del pueblo e inclusive de altas esferas políticas, de que los tres auténticos acusados eran nada menos que Rykov, que había sido jefe del Gobierno soviético en 1930; el célebre teórico y legendario comunista de origen rumano Christian Rakovsky, y  el propio Nicolai Bujarin, amigo íntimo de Lenin y  una  de las cabezas más reconocidas en la historia del bolchevismo. Bujarin fue el personaje central del tercer proceso y se constituye en la fiel muestra de la descomposición integral de un revolucionario ante unas intrigas de Estado, como pocas veces la historia recuerda.
        Bujarin sería acusado, como decenas de antiguos impulsores de la Revolución de Octubre, de apoyar a Trotsky, el “Gran Satán” Esto se contradecía con una historia anterior, en lo que podíamos llamar la primera fase del estalinismo, y en la que un desconcertado Bujarin ayudó a la “troika”, compuesta Kamenev, Zinoviev y Stalin, a empequeñecer el papel ejercido por Trotsky en la Revolución de 1917 y a alejarlo del poder pretextando su procedencia “no bolchevique”. Pero cuando Lenin aún vivía y en la dirección del PCUS todavía se mantenían las formas, Bujarin escribía sobre Trotsky en los mismos tonos de encendida admiración que empleaban todos aquellos que luego habían de volverse contra él. Con esta formativa, hasta el propio Stalin podía ser fusilado.
          Describiendo el momento histórico del triunfo de la Revolución,  Bujarin llegó a escribir: “Trotsky, el espléndido y  valeroso apóstol de la Revolución, declaró en nombre del Comité Revolucionario Militar ante el Soviet de Petrogrado, en palabras aplaudidas ensordecedoramente por todos los presentes, que el Gobierno Provisional no existía ya...”
        Años después, cuando el Departamento de Propaganda del Comité Central estaliniano difundió la descomunal mentira de que Trotsky había luchado contra la Revolución de Octubre, Stalin, Molotov, Vorochilov y el resto del Politburó fiel al dictador, comenzaron a considerar como un pecado imperdonable para el Partido todo lo que habían escrito en tiempos pasados los viejos bolcheviques en alabanza de Trotsky, olvidando que el mismo Stalin, cuando Lenin todavía vivía, había escrito en Pravda que “el rapidísimo paso de la guarnición al lado soviético y la audaz realización de la tarea señalada por el Comité Revolucionario militar se le debe al Partido, sobre todo, al camarada Trotsky...”
        Paradójicamente, Bujarin siguió colaborando con Stalin y considerándose "amigo"' suyo bastante más tiempo que Kamenev y Zinoviev. Cuando estos dos antiguos líderes fueron expulsados del Partido, Bujarin creyó que él iba a ser la figura principal del Politburó ya que, reconocido como el más grande ideólogo marxista después de Lenin, tenía todos los puntos a su favor, Sólo que se iba a encontrar con una tupida tela de araña que tardaría en descubrir. Cuando se dio cuenta ya era tarde, y eso que fue uno de los primeros en percibir que el “georgiano” iba a acabar con todos ellos.
         El antagonismo personal entre Bujarin y Stalin, a quien aquél llamaba amistosamente «Bujashka», se inició mucho antes de que este último dirigiese la oposición “derechista”, por llamarla de alguna forma, contra Stalin. El conflicto entre los dos empezó cuando Lenin escribió su Testamento, en el que recomendaba a sus viejos camaradas que destituyesen a Stalin del cargo de secretario general del Partido. En ese mismo Testamento, en el cual se expresaba Lenin con tanto resquemor, sobre Stalin, escribía con entusiasmo refiriéndose a Bujarin: “Bujarin no es solamente el teórico más valioso del Partido, sino que también puede ser legítimamente considerado como el favorito de todo el Partido...” Por aquella época, Bujarin había escrito uno de sus mejores ensayos con el título: Lenin marxista, que en 1968 editó en castellano Tribuna Socialista, una revista ligada al POUM.
          El sinuoso proceso seguido por este Testamento daría que hablar durante muchos años. Stalin había impedido la difusión de dicho documento y, de no haber sido por Nadeshda Krupskaya, habría destruido el documento tan odiado por él, en el cual se especificaba a la perfección la peligrosidad política de su figura. Stalin jamás logró destruir el Testamento (que no llegó a editarse hasta la época de Jruschev), aunque si emprendió algo mucho más contundente: la eliminación física de todos aquellos nombres  citados por Lenin.
 
           En una época anterior, la vida particular e íntima de Bujarin había entrado en una fase de total equilibrio y creatividad. En 1933, cuando tenía cuarenta y cinco años conoció a la hija del célebre bolchevique Larin, con la cual, a pesar de las grandes diferencias de edades, se acabaría casando. Más tarde les nacería un hijo y fue justo entonces cuando los amigos recordaban haberle visto plenamente satisfecho por primera vez. Después, ese amor exacerbado por su familia iba a ser uno de sus peores enemigos. Sería utilizado como arma para arrancarle una serie de confesiones totalmente fantasiosas, que llenaron de estupor a quienes seguían y comprendían la marcha real y los objetivos de aquellos procesos.
          Pero los últimos tiempos antes de su detención fueron de constantes sobresaltos y angustias, esperando que también a él le llegase su "hora". Casi todos sus amigos y colaboradores íntimos habían sido fusilados o deportados a los campos de Siberia como consecuencia directa de los dos primeros procesos.
          Efectivamente, el coautor de El ABC del comunismo, fue detenido a principios de 1937, en plena guerra civil española. A pesar de que previamente -8 habían ido minando los ánimos, y de que su carácter era pacífico y suave por naturaleza, supo resistir enérgicamente durante dos meses las presiones de sus interrogadores, negándose a firmar absolutamente nada.  Llegados a este extremo, y ante la evidencia de que no tenían pruebas en su contra para condenarle, Yezhov tuvo la brillante idea de utilizar a Karl Radeck, antiguo intelectual bolchevique, que milagrosamente había salvado su vida en el segundo proceso de Moscú, aunque estaba condenado a cadena perpetua. Radeck era uno de los cuatro afortunados sobre los que había recaído la pena de prisión. Lógicamente Radeck era también, para los nuevos aspirantes a un puesto ante el piquete de ejecución, el vivo ejemplo de que "no todos morían". Y la esperanza de que si se seguían unas consignas y se firmaban determinados papeles, aún se podía salir del trance.
          En este sentido, Radeck iba a ser, patética y constantemente utilizado durante el tercer proceso. El antiguo revolucionario era ya un hombre roto.
          El plan consistía, de entrada, en que, si Bujarin seguía órdenes cumpliendo cuanto el Politburó esperaba de él, ni su familia ni su propia persona sufrirían daños. Stalin, de otro lado, como afirma Alexander Orlov en su Historia secreta de los procesos de Moscú, no pasaba por alto cuánto quería y admiraba Bujarin a Lenin y en cuánta estima tenía las elogiosas palabras que Lenin había dejado escritas sobre él. “... Precisamente decidió atacarle en estos sentimientos con un golpe de efectos terribles. Se propuso demostrar en el proceso que Bujarin no había sido nunca un leal amigo de Lenin, sino, por el contrario, su peor enemigo. Aferrándose a este tortuoso plan, ordenó a la NKVD que le sacase a Bujarin la confesión de que en 1918, cuando se firmó el Tratado de Brest-Litovsk con Alemania, estaba Bujarin preparando el asesinato de Lenin. Pero el  “imaginario” criminal de Stalin podía consentirlo.
         De forma que el preso no dudara en firmar semejante disparate, los jefes de la NKVD detuvieron a varios comunistas que habían formado parte de la oposición trotskista y a otros de los llamados eseristas de izquierdas (en algunos casos, anarquistas al parecer) y les obligaron a firmar un falso testimonio en el que afirmaban que Bujarin y ellos habían llegado a la conclusión de que era imprescindible eliminar a Lenin y formar un nuevo Gobierno provisional. Algunos de estos "testigos" recibieron instrucciones de declarar que Dora Kaplan, que en el año 1918 había realizado un atentado contra la vida de Lenin, lo había hecho con la aprobación de Bujarin.
 
          Durante varios meses el viejo bolchevique se resistió duramente a firmar confesión alguna, pues tenía bien presente la idea de que en el momento en que su persona ya no pudiera ser utilizada durante el proceso para determinados fines, la policía chequista se desharía de él con toda seguridad. Al final, y bajo las constantes amenazas de Yezhov de inmiscuir a su esposa en el juicio, y recordando que la propia esposa de Stalin, Nadiedja Alliluyeva, había muerto el 8 de noviembre de 1930 en trágicas y extrañas circunstancias, Bujarin accedió a firmar que él, en 1918 había intentado asesinar a Vladimir I. Lenin. Era –diría luego Bujarin- como si nos quisiera convencer que la revolución de Octubre la lideró Nicolas IIª
        No obstante, cuando dos días más tarde le presentaron a Bujarin la redacción definitiva de su declaración -corregida y aumentada por el propio Stalin- quedó tan aterrado de lo que leía que se negó categóricamente a firmarlo. En aquel documento, cita también Orlov, se decía, en nombre de Bujarin, que desde el momento en que el mando militar alemán permitió en 1917 que pasara por suelo germano el tren en que Lenin y otros revolucionarios se dirigían a Rusia, empezó a sospechar que Lenin tenía un convenio secreto con el Gobierno de Alemania. Además se decía allí que cuando, después de tomar el poder los bolcheviques, Lenin insistía en que se firmara una paz separada con Alemania en términos humillantes para Rusia, sus sospechas sobre la traición de Lenin fueron tan fuertes que resolvió asesinarlo y formar un Gobierno en el que participaran diversas tendencias derechistas... Aquello enfureció de tal modo a Bujarin que estuvo a punto de llevarle al borde de la locura. la tragedia humana del viejo luchador estaba ya en marcha. Pero todavía, en un alarde de valor y claridad mental, Bujarin retiró su consentimiento para actuar en el inminente juicio público.
         Obviamente, el ambiente de tensión crecía por momentos y pese a las constantes visitas a la celda del acusado por parte de Vorochilov, Vichinsky -el siniestro fiscal que cargó sobre sus espaldas los resultados prácticos de todos los procesos- y el inevitable Yehzov, con vistas a “negociar” con el preso, la NKVD no consiguió que Bujarin resucitase en público la antigua calumnia contra su camarada Lenin. Tampoco declaró que intentara matarlo personalmente. A cambio de ello consintió decir, que, para evitar que se firmara el tratado de Brest-Litovsk con Alemania quiso detener a Lenin durante cuarenta y ocho horas. También se negó Bujarin a reconocer que él había sido espía al servicio de Alemania y que hubiese participado –como millares de comunistas más- en el asesinato de Kirov Anotemos que Sergei Miranovich Kirov, jefe de la región de Leningrado, fue asesinado el 1 de diciembre de 1934 en el edificio Smolny por un joven comunista llamado Leonid Nikolayev. Este misterioso atentado, al igual que poco antes ocurriera en Alemania con el incendio del Reichstag, servirla de pretexto para desencadenar una brutal represión que comenzó cinco días después del asesinato. Este fue adjudicado por Stalin a terroristas de la Guardia Blanca. Pravda anunciaba que la NKVD había detenido y ejecutado a 104 de los citados terroristas en un alarde de «protección social. a Rusia. Justo después comenzarían los procesos de Moscú. También trataron  de inculparle en la extraña muerte de Máximo Gorki, el célebre autor de La madre.
          Con el proceso en plena efervescencia y cada vez con menos posibilidades de salvación, Bujarin se iba convirtiendo en una piltrafa, en un triste monigote en medio de una gigantesca sala rebosante de uniformes y gestos enfurecidos. Increíblemente reconocía que, además de Lenin, había intentado detener al mismísimo Stalin, al que ya entonces consideraba como un peligro para sus "ávidas aspiraciones de poder".
           Hubieron algunos momentos en los que la parodia de juicio  resultó tragicómica. Como cuando se produjo cuando negó ante el Tribunal que hubiese querido matar a Lenin, y que sólo se había propuesto detenerle por cuarenta y ocho horas, a lo que el fiscal Vichinsky le preguntó: “Pero ¿y si Vladimir Illich (Lenin) se hubiera resistido?”. A lo que Bujarin, completamente serio, respondió: «Como usted sabe Vladimir Illich nunca presentó batalla. No era pendenciero. Yo lo conocí muy bien”, provocando una gran carcajada en la audiencia.
           Era una broma macabra. Bujarin, como los demás acusados había sido seriamente advertido contra cualquier forma de hacer “alusiones perjudiciales” en el juicio. Se le previno de que su vida dependía no sólo de lo que dijera sino de cómo lo decía. Aterrorizado, de esta forma, interrumpió docenas de veces para asegurarles a los jueces que no sólo estaba confesando los crímenes que él había cometido, sino incluso los cometidos por otros miembros de la conspiración fantasma, sin que en ello tuviera nada que ver que él los conociera o no.  En toda aquella parodia, aquel hombre totalmente acorralado y obligado a sentarse en semejante banquillo, estaba a punto de sacar los colores a los propios miembros del Tribunal. Obviamente, resultaba imposible la autodefensa. Sin embargo, en uno de los momentos en que Bujarin comenzó a hilvanar un breve discurso sobre la Revolución de Octubre, el presidente del tribunal, Ulrich, le dio a entender veladamente que estaba empezando a dar la impresión de que se defendía, a lo que Bujarin, sobresaltado, replicó: “!No me estoy defendiendo¡ ¡Esto es mi autoacusación! ¡No he dicho ni una sola palabra en defensa mía¡".
          En abierto contraste con Radeck, Zinoviev o el mismo Piatakov, Bujarin no quiso o no supo aprovechar sus excepcionales facultades oratorias para denunciar, mediante hábiles alusiones, la falsedad de aquellos montajes pseudoprocesales. El caso de Bujarin es, con toda probabilidad, de entre los muchos existentes en la fatídica época de los procesos, el más vergonzoso que se recuerda. Ya al final, no sólo sé autoproclamaba "despreciable fascista" y "traidor a la patria socialista", sino que en un último intento de salvar la vida y la de su familia, le dedicó a su verdugo los siguientes elogios en los que se puede adivinar ciertas dosis de ironía: “... En realidad el país entero sigue a Stalin. Él es la esperanza del mundo. Es un creador nato... Para todos está bien claro que mientras nos gobierne Stalin, la Unión Soviética marchará perfectamente...”
          Pero de nada le sirvieron estas palabras y otras similares al viejo bolchevique, pues, sin apenas haber dado tiempo a que finalizara el proceso, era fusilado un amanecer en los sótanos de la NKVD.
 
  Notas
 
---1)  En su Diario de España (1938, Ed. Ruedo Ibérico). La suerte de Koltzov (1898-1942?), fue idéntica a la de la práctica totalidad de los soviéticos “españoles” que acabaron siendo víctimas de las sucesivas “purgas”. La definición del POUM fue –paradójicamente- aceptada por Pierre Broué cuando asumía las críticas de Trotsky a dicha unificación.
---2) Tradicionalmente Gorkin ha sido tachado como “trotskista”, al principio de los años treinta por labor de traductor de dos obras importantes de Trotsky, La revolución desfigurada –hecho que le valió la expulsión del PCE-, La internacional comunista después de Lenin a la que tituló El gran organizador de derrotas (con referencia obvia a Stalin), y ya en el exilio por El asesinato de Trotsky, su libro más famoso, pero en realidad Gorkin se situaba en la derecha del POUM, y en sus escritos  trataba de establecer que el POUM era maltratado por los estalinistas  por no rendirse ante Stalin, y por los trotskistas por lo mismo...
---3) Abundo en todas esta cuestiones en mi libro Retratos poumistas (Renacimiento, Sevilla, 2006).
---4) Lo cierto es que, tal como establecería G. Fiori en su ampliamente reconocida Vida de Gramsci, las posiciones de éste sobre el fascismo y el “socialfascismo” (que teorizaba Bujarin en contra de sus propias convicciones), fueron plenamente coincidente coincidentes con las expresadas por  Leonetti, Ravazzoli y Silone, o sea por la fracción que optó por la Oposición de izquierdas. Aunque Stalin no llegó a abordar de frente la cuestión del estalinismo, resulta más que obvio que sus criterios eran opuestos a los de éste...La ascripción estalinista de Togliatti ha sido el flanco preferido que la derecha italiana utilizaría contra el PCI (CF, Giulio Seniga, Togliatti e Stalin, Sugarco Edizioni, Milano, 1978).
---5) Curiosamente, este acto fue simultáneo a otro que se celebró en el Aula Magna de la Universidad de Barcelona en el que la presencia de Pierre Broué era lo más destacado, y en la que se habló de Trotsky, el POUM y la guerra española. Wilebaldo Solano abandonó a destiempo la de Sacristán-Vázquez Montalbán para asistir a la fase final de la del Aula. Una reflexión sobre una y otra permitiría establecer criterios abiertos en relación a los ismos, y también en cuanto a los métodos, pero quizás no sea esta la ocasión.
--6) Löwy es el autor de una obra clásica sobre El marxismo y la cuestión nacional de la que Revolta Global tiene pendiente la reedición.

  Edición digital de la Fundación Andreu Nin, febrero 2008

 
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