Teresa Mañé, la abuela
de las “Mujeres Libres”
Pepe Gutiérrez-Álvarez
Julio de 2006. Web Despage
Cuando hace unos cuantos años publiqué en el Diari de Vilanova
(i la Geltrú,) una página entera sobre Teresa Mañé
Miravet (conocida como Soledad Gustavo), recordando que según su hija
(Federica Montseny) había nacido en dicha ciudad (luego su partida
de nacimiento se encontró en Cubelles, el pueblo de Charly Rivel),
y que sus apellidos eran uno de los más habituales de la capital del
Garraf, resulta que nadie, ni tan siquiera los amigos de la CNT y de la CGT
de la localidad, lo sabía. No fue hasta entonces que el Ayuntamiento
encargó un estudio a un reconocido historiador local, mientras que
la Escuela de Adultos que se acababa de construir, tomó orgullosamente
un nombre que figuraba en todas las grandes historias del movimiento obrero.
Esto no dejaría de ser una anécdota historiográfica
más, si no fuera por qué y ante todo, considerando que la CNT
tuvo una importancia de primera magnitud en esta ciudad, y lo que es más,
que su gestión municipal y colectivizadora había sido considerada
como modélica para los componentes del Comité Central de Milicias
(que, por ejemplo, enviaron a Simone Weil a Vilanova para que supiera lo que
era una ciudad bajo el poder obrero) revela el trágico hueco que la
barbarie franquista había dejado en la memoria popular, y ofrecía
un buen ejemplo sobre hasta qué punto “todo aquello” había sido
borrado por los supervivientes, amén de la carencia de entidades sociales
empeñadas en recuperar una memoria que para la propia izquierda oficial
le resultaba tan lejana y tan ajena.
Mujer con ideales emancipadores, anarquista, periodista legendaria, la vida
de Teresa Mañé, (a) Soledad Gustavo, es de las que merecen
ser conocidas y divulgadas hasta en los libros escolares. Compañera
inseparable del insigne Federico Urales (Juan Montseny), y madre de Federica
Montseny (Cubelles, Barcelona, 1865-Perpiñán, 1938). Su padre
era republicano federalista y propietario de una fonda muy conocida en Vilanova
i la Geltrú. Cuando sus padres reconocieron su capacidad, no regatearon
esfuerzos para conseguir que estudiara para maestra en una escuela de librepensamiento.
Teresa «fue la primera mujer que hizo giras de conferencias por España
con Tarrída de Mármol, con Anselmo Lorenzo; pero el escándalo,
de que una chica joven, maestra, todavía soltera, que hacía
giras de conferencias con hombres, era mayúsculo…» (Federica
Montseny). Contrajo matrimonio con Urales en 1891; la pareja llegó
a ser el equipo propagandista más prolífico que haya conocido
el movimiento obrero español. Sus actividades le llevaron, en 1897,
a tener que huir de España después de que su compañero
fuera detenido, arbitrariamente acusado de complicidad en el atentado del
Corpus.
En Londres, Teresa trabajó de bordadora, y después de pasar
muchas calamidades, ambos regresaron clandestinamente a España. Durante
cierto tiempo, pudieron aprovechar la plataforma de la prensa liberal para
denunciar la represión antiobrera, pero en 1898 crearon su propio órgano
de expresión, la famosa
La Revista Blanca (nombre utilizado
en honor a su homóloga francesa que había demostrado una gran
sensibilidad ante los anarquistas perseguidos en España), que se subtituló
«Publicación quincenal de sociología, ciencia y arte»,
y que Díaz del Moral calificó como «la publicación
más importante del movimiento obrero en lengua española».
Teresa fue su directora y administradora tanto en su primera etapa (1898-1905),
como en la segunda que se inicia en 1923 y se mantiene hasta la guerra civil.
En noviembre de 1898, consiguió el primer premio del Certamen Socialista
en el Palacio de Bellas Artes de Barcelona por su trabajo llamado
El amor
libre, en el que afirmaba: «En una sociedad anarquista está
igualada la relación de cualidades y de sexos: la fuerza no se impone
a la libertad, ya que ni el hombre es más fuerte con relación
a la mujer, ni la mujer más débil con relación al hombre.
La Naturaleza libre y razonadora como el sistema que la rige, con naturalidad
y razón, da igualdad de armas a los sexos y a los dos enseña
el camino de sus derechos y deberes». En otros escritos pone especial
énfasis en la “emancipación de la mujer”, convencida de que
«el problema de la mujer está unido al problema del hombre.
Ella quería liberar a la especie de tabúes sexuales y religiosos,
y de la presión económica: consideraba que la mujer tenía
que procurar bastarse a sí misma para poder ser libre» (Federica
Montseny). La responsabilidad de la situación opresiva de la mujer
correspondía al orden capitalista, que hacía de las mujeres
«esclavas cuando solteras, cuando casadas y cuando viudas, del padre,
del marido y del burgués». La libertad empezaría cuando
las mujeres pudieran decirle al hombre: «No te necesito para nada.
Si tengo que acostarme contigo, es porque nos ponemos de acuerdo para satisfacer
un gusto, un deseo, o porque nos queremos; pero no necesito casarme contigo
para vivir» (idem).
En 1899, Teresa publicó con Urales
Tierra y Libertad, como
suplemento periódico de
La Revista Blanca. Dicho periódico
consiguió en muy poco tiempo un eco formidable en las masas campesinas.
Desde él, Teresa inició una valiente campaña de solidaridad
con los condenados por los hechos de Jerez de La Frontera conocidos como los
de «La Mano Negra». Su intervención como periodista comprometida
fue decisiva, tanto en este último hecho como en el de los encarcelados
por el atentado de Cambios Nuevos, en Barcelona. En el primer caso, con ocasión
de un viaje a Sevilla en 1901, inició una campaña nacional
e internacional, intentando demostrar que —como se pondría en evidencia
con el tiempo— todo se reducía un montaje policial. El escándalo
fue tal que Eduardo Dato pidió el cese de la campaña a cambio
de una amnistía. En el segundo, que comenzó en 1900 desde el
diario liberal
El Progreso, Teresa contrarrestó con su pluma
la intoxicación de la prensa reaccionaria y demostró que no
existían pruebas de la culpabilidad de los detenidos. Sus denuncias
comenzaron a sensibilizar al movimiento obrero y a la opinión pública,
Y las autoridades se vieron obligadas a dar la libertar a los inculpados.
Después de vivir durante 16 años en Madrid, la familia Montseny
se trasladó a Barcelona, al barrio de Horta, donde intentaron crear
una academia de enseñanza que fue frustrada por la presión
reaccionaria. Entonces se fueron a vivir a Cerdañola a una granja.
Durante estos años, Teresa no dejó de escribir artículos,
novelas ejemplares obreristas y de traducir a numerosos autores anarquistas.
Después de esta etapa agrícola y naturalista, regresó
al escenario de las luchas sociales en 1920. De una forma incesante y silenciosa,
siguió trabajando para la propagación de su ideario anarquista
preindustrial, manteniendo un enorme prestigio moral e intelectual entre los
trabajadores. Murió al poco tiempo de comenzar su trágico exilio.
Aparte de los diversos testimonios de su hija, del retrato de Lola Iturbe,
tenemos el que escribió Renée Lamberet (
Convivium, nº
44-45, BCN, 1975), y el más reciente,
Retrat, de Joaquín
Mico i Millán (Vilanova i la Geltrú, 2001). Sobre sus actividades
y escritos, ver
Els anarquistes, educadors del poble: La Revista Blanca
(1898-1905), edición del equipo E.R.A. 80 (Curial. BCN, 1977),
y
Literatura popular libertaria, de Mariza Siguán Boehmer (Península,
BCN, 1981). Entre sus escritos publicados antes de la guerra cabe citar:
El
sindicalismo y la Anarquía Política y sociología;
Las Diosas de la vida, y
La sociedad futura, aparecidos como
suplementos de
La Revista Blanca.