Andreu Nin, una vida al servei de la classe obrera (Laertes) , obra
de Pelai Pagès
Laertes publica la biografía de Andreu Nin…
Pepe Gutiérrez-Álvarez
Este libro fue originariamente la Tesis de licenciatura (especialidad de
Historia General) en la Facultad de Filosófica y Letras de la universidad
de Barcelona para la convocatoria de septiembre de 1972. Su autor, con veintitrés
años entonces, mereció la calificación de sobresaliente
por unanimidad. Tres años más tarde, la tesis debidamente
reelaborada era editada por ZERO en su colección “Biblioteca Promoción
del Pueblo” con el título Andreu Nin: su evolución política
(1911-1937), y desde entonces ha figurado como la biografía más
exhaustiva y ponderada sobre Andreu Nin, de un cariz diferente a las que
se habían publicado con anterioridad desde una perspectiva más
militantes…Tres décadas largas más tarde, la tesis ha vuelto
a ser reelaborada con too lo que se ha sabido ulteriormente sobre Nin
(que no ha sido precisamente poco), una actualización en la que Pelai
ha hecho sus propias aportaciones y ha recogido otras. Para quien no lo sepa,
Pelai es uno de los historiadores actuales más ligado a la historia
del movimiento obrero, baste anotar su papel en el Diccionari del moviment
obrer als Països Catalans, con toda seguridad el trabajo biográfico
más completo que se haya hecho en el Estado Español sobre la
cuestión, el único que ha seguido la estela abierta en Francia
por Jean Maitr
No es necesario que esta edición está pensada muy especialmente
para las nuevas generaciones que se acercan a la tradición marxista
revolucionaria, de la cual Andreu Nin sería junto con Joaquín
Maurín, el principal exponente. Especialmente en el tiempo que va
desde 1917 (Nin se reincorporó a la actividad militante durante la
huelga general de agosto de 1917, y fue uno de los partidarios más
firmes de la revolución rusa, de ahí que hiciera su viaje a
la URSS al frente de una delegación de la CNT, y que permaneciera
allí durante casi una década como un “profesional” que trabajó
para la Internacional comunista, para la Internacional Sindical Roja como
adjunto de Lozovsky, y también en el PCUS…Cuando optó por dar
su apoyo a la Oposición de Izquierda, ésta tuvo en Nin uno
de sus puntales, sobre todo de cara a España y a América Latina.
En ese tiempo, su formación teórica fue creciendo hasta convertirse
en un intelectual marxista de primera, destacando tanto como traductor como
en obras tan importantes como Las dictaduras de nuestro tiempo y Los movimientos
de emancipación nacional, cuya versión catalana está
a punto de aparecer en editorial Base
Como es sabido, la principal característica del movimiento
obrero español clásico radicaba en el hecho de que mientras
por abajo agrupaba un potencial militante de primera magnitud, por arriba
careció de pensamiento, y bajo diferentes variantes dicha característica
sería fundamental tanto en la tradición socialista-marxista
como en la anarcosindicalista, y no digamos ya en el movimiento comunista
en España. Eso explica que la historia del PCE careciera de una tradición
político-cultural, y lo que fue más grave, el estalinismo
llegaría antes de que comenzara a tenerla, lo que también explica
que los líderes más formados acabaran -casi sin excepción-
en el BOC y la ICE, y después de la experiencia de frente único
de la alianza Obrera, en el POUM
Así pues, hasta poco antes de la guerra, ningún colectivo comunista
tenía lo que merece denominarse una formación política
con todo lo que significa un programa de acción deducido del análisis
de la realidad y destinado a actuar sobre ella, sino que vivían en
un mundo de voluntarismo, equipados con un recetario de fórmulas extraídas
de la historia de la revolución soviética. En general, la formación
ideológica de cuadros y militantes era muy baja, y a menudo considerablemente
confusa, aunque también es cierto que la labor de difusión
llevada a cabo por editoriales como Cenit, era muy importante. Dentro del
"páramo" teórico del marxismo español, la obra de Andreu
Nin, junto a la de Joaquín Maurín, destacan como las únicas
aportaciones del pensamiento político español al marxismo hasta
el auge de lo que se llamaría la "nueva izquierda", a mediados de
la década de los sesenta con la aparición del FLP, cuya labor
divulgativa merecería ser estudiada.
Si el pensamiento político de Maurín destaca sobre todo por
su capacidad organizativa y unificadora (no olvidemos que el BOC asimiló
tanto a los de la Agrupación Comunista madrileña con Portela
y Gorkin, así como a los nacionalistas catalanes que como Jordi Arquer
y Joan Rovira, evolucionaron hacia el comunismo), así como por su
capacidad de analizar el cambio histórico que significó en
1933 el ascenso del nazismo como la crisis de la coalición republicano-socialista
en España. En cambio, aunque Nin despliega una labor didáctica
impresionante, ante las tareas organizativas y los cambios históricos,
muestra una mayor rigidez doctrinaria derivada de su total asimilación
de los esquemas leninistas…De ahí las críticas “teóricas”
que aplica al “maurinismo”, tan abstractas como las que realizó Trotsky
desde otra parte del mundo.
No obstante, gracias a dicha formación, Nin y sus camaradas apuestan
incondicionalmente por el trabajo con la izquierda socialista, y por la Alianza
Obrera, experiencia en la que en realidad bloquistas y trotskistas ya actuaron
como si formaran parte del mismo partido. Esto significará igualmente
una nueva convergencia en lo personal entre Nin y Maurín aunque cada
uno partía de una experiencia diferente, ambos tenían en común
la inclinación de un marcado carácter heterodoxo fruto de su
común evolución hacia el comunismo por la vía del anarcosindicalismo,
así como su conocimiento de primera mano de las grandes aportaciones
del tercer y cuarto congreso de la Internacional Comunista, y por supuesto,
el rechazo al uniformismo de raigambre estalinista que se impone con la mal
llamada “bolchevización”. Sí existe una diferencia es en lo
internacional, mientras que Trotsky cree que hay que dar el paso hacia la
Cuarta apoyándose en la franja más joven de la corriente que
encabeza, Maurín (y luego Nin), creen al igual que Víctor Serge,
Deutscher o Henri Sneevliet que todavía es posible trabajar en lo
que se podía haber llamado una internacional tres y media.
Las contribuciones de Andreu Nin a la historia del pensamiento político
tienen una dimensión práctica incuestionable, sobre todo en
algunos temas tan importantes como lo fueron la cuestión nacional,
el ascenso del fascismo o el sindicalismo revolucionario. En el apartado
cultural, su papel carece de parangón en la historia del movimiento
obrero español. Pero como militante en la crisis española de
los años treinta, el papel de Nin debe entenderse desde la perspectiva
de lo producido y lo actuado conjuntamente, primero con la corriente que
encabeza, y lego con el POUM. La desaparición de Maurín en
julio de 1936 fue un desastre para el POUM, y a nadie le afectó tanto
como él ya que se vio obligado a asumir un papel por encima de sus
actitudes. No todo los grandes revolucionarios son capaces de crear organización,
ni de liderar en solitario situaciones en extremo complicadas.
En los años treinta, su actividad teórica fue especialmente
densa, pero se ha estudiado menos su dimensión como líder político.
La apuesta de Trotsky por el “entrismo” (un concepto que por estos lares
se ha frivolizado como un mero tacticismo trotskista) en el PSOE que el propio
Nin vio con buenos ojos, no estaba forjado por un conocimiento similar al
que tenía sobre Francia donde surgió una izquierda revolucionaria
(pivertista), y se ganó a una franja de jóvenes de primera
línea. Lo de aquí aparece muy atrayente sí se contempla
desde las perspectiva de Leviatán y de Luís Arasquistáin,
pero por abajo el asunto era bastante diferente. El caballerismo expresamente
ante todo la inquietud de Largo Caballero por evitar otra escisión
como la de 1921-1922, y en cuanto a las juventudes, la dirección “trostkizante”
no tuvo ninguna dificultad en reajustar su izquierdismo a la propuesta del
Frente Popular. En vez de “tomar el poder” en el PSOE lo
hicieron en el PCE.
Los escritos que recoge minuciosamente Pelai Pagès dejan constancia
de la altura teórica de Nin, de su influencia que se proyecta más
allá de las fronteras de Cataluña y España a través
de Serge, Guérin, Naville, Sneevliet. Su pensamiento político
se había ido estructurando de un modo vivo a partir de su actividad
en las primeras líneas de las diversas escuelas: republica-federalista,
socialista-internacionalista, del sindicalismo revolucionario y del comunismo
de los tiempos de Lenin. En este trayecto se fue radicalizando también
en la medida que se radicalizaba el movimiento obrero español y catalán,
pero él no tuvo la continuidad en directo que caracteriza la trayectoria
de Maurín. La revolución rusa y la Internacional Comunista
no tuvo mejor representante que él, aunque creo que tuvo serias dificultades
para comprender todo lo que el estalinismo comenzó a significar desde
el asesinato de Kirov. Hechos como la ingenuidad que acompaña su detención,
muestra a mi parecer que no supo apreciar las señales que le estaban
llegando.
De la suma de estos escritos queda constancia que Nin fue el mejor conocedor
y divulgador de las ideas bolcheviques (prorrogadas por Trotsky) entre la
intelectualidad española, una intelectualidad que –al contrario que
sectores muy importante de la francesa- no se enteró de lo que
significaba el estalinismo hasta décadas más tarde, y cuando
lo hizo, abandonó por la puerta de atrás en la mayoría
de los casos. Esto explica que no sería hasta Manuel Sacristán
y Vázquez Montalbán que esta intelectualidad comenzó
a un a serie reconsideración de un legado que veía únicamente
desde la óptica antifranquista, y todavía quedan antiguos militantes
como Antonio Elorza o Ferran Gallego que tratan maniobrar de manera que,
al final de cuentas, Stalin tuvo razón, y Andreu Nin fue un irresponsable
que trató de liderar una revolución inoportuna.
Esta edición de El Viejo Topo nos brinda la oportunidad de estudiar
de nuevo la obra de Nin desde una situación que en el terreno teórico
entendió mejor que nadie. Por ejemplo, mucho antes de la “sanjurjada”,
Nin veía que la reacción española ya estaba cavilando
sobre quien podría ser su Cavainag. Mucho antes de que la Falange
empezara a utilizar su dialéctica del puño y la pistola,
ya que políticos liberales como Cambó ya estaban dando pasos
para hacer crecer las entrañas del monstruo. Pero su lectura nos induce
a diferenciar entre el análisis general, el que resplandece en los
artículos de Comunismo o de Leviatán, y el Nin que, por ejemplo,
apuesta por insertar la FOUS en la UGT, el que caracteriza el Gobierno de
Generalitat como revolucionario y no digamos el que interpreta el final del
mayo del 37 como una victoria.
Este libro supone un considerable esfuerzo de reconstrucción de la
vida de un personaje al tiempo que se analiza la historia social catalana
y española, que desde 1917 hasta 1937 va paralela a la soviética…Esta
edición catalana tendrá en su momento una traducción
castellana…