En nombre del padre y del hijo.
El cine y la Biblia
Pepe Gutiérrez-Álvarez
A quien pueda
interesar.
La editorial Libros de la Frontera acaba de publicar este
estudio sobre el cine y la historia bíblica desde el Antiguo Testamento
hasta Los hechos de los Apóstoles. Cuenta de varios capítulos,
uno muy extenso sobre el Antiguo Testamento, en tanto que sobre el Nuevo
se estudia la cristología cinematográfica haciendo especial
hincapié en las versiones propias de lo que podía ser una Teología
de la Liberación –Dassin, Pasolini, Rossellini, Arcand, Scorsese-,
en oposición al modelo “made in Hollywood”…Esta apartado se amplia
con estudios sobre la conexión Jerusalén-Roma, con apartados
sobre las “vidas paralelas” (Barrabas, Poncio Pilatos, Ben Hur, etc), sobre
los Hechos de los Apóstoles, las adaptaciones literarias tipo Quo
Vadis? o Los últimos días de Pompeya, con un final dedicado
a las mujeres olvidadas que están con Jesús: la madre, Salomé,
María Magdalena…La obra que tiene alrededor de 300 páginas,
está prologada por alguien que conoce la historia religiosa desde
el punto de vista crítico y liberador, Jaume Botey, ligado a la corriente
Cristianos por el Socialismo, y al que no necesito presentar…
Ese libro combina una visión general y personal
sobres la relación entre las historias bíblicas y el cine en
sus diversas fases, sobre todo del “peplum”…
Mi primer recuerdo como espectador solitario –o sea sin
mis papas-, me lleva a la una adaptación de la Pasión especialmente
realista en el apartado del sacrificio de Jesús, los latigazos, la
corona de espina, los clavos, todo resulta tan real que me gimotear en la
oscuridad aunque, a la salida, cuando algunos niños me señalan
como llorón, lo negaré. No debía ser mucho mayor y todavía
recuerdo vivamente buena parte de las escenas de Sansón y Dalila,
tanto es así, que cuando la he revisado siempre me ha asistido la
impresión de una visión reciente. Algo similar me sucede, especialmente
cuando se dan espectáculo y una emotividad religiosa que siento como
propia. Durante la primera mitad de los años sesenta, no me perdí
ninguno título bíblico por menos aparente que pareciera, siempre
había el plus de saber algo más sobre un libro, el libro de
libro sobre el que recuerdo una conversación de mi abuelo paterno,
que hablaba de la versión de Cipriano Montserrat, y la relacionó
con los “protestantes” que en mi pueblo eran un familia a cuyo patriarca
se le negó un lugar en el cementerio. Mi impresión era que
la Biblia era un libro casi prohibido, muy diferente a aquella historia sagrada
que nos daban en la escuela. Desde el cine, todo parecía mucho más
diferente.
Fue el cine el que me llevó –como a muchas otras personas-
a la lectura de la Biblia. Fue a continuación de haber visto la versión
en color de DeMille sobre el Éxodo, y el paso siguiente fue entrar
en otras lecturas, algunas de las cuales me permitieron tener una idea más
cabal de la cronología histórica, y del alcance que habían
tenido los antiguos imperios sobre los que igualmente acabé redactando
otro estudio introductoria al que vicisitudes prolijas de contar, han impedido
que se cuente de verdad en el catálogo de este editorial en el hace
unos cuantos años, que figuró como una próxima edición.
Se trata de un texto complementario que de no haber sido por su extensión,
podría haber resultado un único volumen. El caso es que fue
gracias al cine que pude mantener un hilo de reflexión sobre la religión,
y mi relación con ella, todo en el contexto cambiante de principios
de los años sesenta…Creo que sin el cine, gente como el que escribe
jamás habría superado los cuatro datos infantiles que permitían
el “estudio” de una “historia sagrada” que seguramente hoy provocaría
más hilaridad que otra cosas, no se habría sentido tan conectado
con unas historias que le conectaban con una de las grandes fuentes de la
cultura occidental.
Y aunque se puede hablar de un conjunto muy desigual en el abundan
vulgatas que evocan visiones de ridículas luchas a espada y tridente,
con gladiadores musculosos que defienden a mártires cristianos devorados
por leones o torturados de manera abusiva y escasamente convincentes, todo
animado por jóvenes muchachas vestidas en escuetas túnicas
que desafiaban los límites de la censura –recuérdese la aparición
de Debra Paget bailando delante del Becerro de Oro-, pero también
es cierto que existen unos cuantos títulos que enriquecen los temas
originales, dándole una trascendencia de época, de reconocimiento
y ruptura, títulos que pasarían a ser de culto, vitales
para el imaginario crítico de mucha gente que no sabrían hablar
igual del canon bíblico sin citarlos.
Cuando a este tipo de cine le pasó el tiempo, mi
camino ya era otro. Sin embargo, mi interés sobre este género
de película siempre persistió como una inclinación que
aparecía singularmente en la mayor parte de conversaciones sobre historia
y religión que salían al paso. Ulteriormente, en encuentros
con amistades del ámbito profesoral emergía la constatación
del valor didáctico de estas películas, aunque solamente fuese
para demostrar su vulgaridad y el alcance de sus licencias. Obviamente, estoy
hablando de un terreno llano, de gente de la calle, alejada kilométricamente
de los estudiosos. Aunque, los pocos que he conocido entre estos, coincidían
en la apreciación del valor pedagógico, similar al que pudieron
tener en otros tiempos las esculturas o las pinturas, como punto de partida
de examen crítico, o sea para señalar lo que era y lo que no
era veraz, discusión que por lo demás, nos podía llevar
a otro punto. A sus referentes iconográficos y literarios, tan o más
licenciosos que el cine que, al menos en muchos casos, venía revestido
por virtudes añadidas, como puede ser el ejemplo de El cáliz
de plata, una película aburrida y deficiente que empero cuenta con
una ambientación arquitectónica formidable.
Este interés didáctico se enriquecía
con las innovaciones tecnológicas que permitían, primero con
el formato video, luego con el DVD, reunir filmografías que antaño
un espectador podía disfrutar por poco tiempo y a lo largo de muchos
años. Cierto que aquella de ir al cine solo o en grupo, era todo un
ceremonial impresionante, muy distante del que pueda permitir un proyector
por más grande que sea. Incluso esto resulta diferente para el espectador
que no puede tener una memoria de cuando vio Ben-Hur en la pantalla grande
ya que éste en gran medida regresa al cine. Pero, el cambio no ha
dejado tampoco de representar ventajas que siempre se pueden mejorar, por
ejemplo llevando a cabo una buena discusión después de un pase
en tal o cual entidad. De existir una voluntad de conocimiento, el
panorama actual permite realidades que ante podían parecer fantásticas.
Las mismas que han hecho que este humilde escritor y divulgador, haya podido
revisar tantas películas, y en muchos caso verlas una y otra vez,
y no solamente con películas clásicas, también lo ha
podido hacer con algunas de las series de televisión grabadas o editadas
en DVD, o con la ayuda de la mula. También ha podido contar con algo
que antes no contaba, con revistas y obras especializadas hoy al alcance
de cualquier persona interesada.
Es un trabajo pensado para el estudio y el debate, espero
que idóneo para escuelas y entidades que busquen una guía razonada
de un tema sobe cuya trascendencia resulta casi imposible exagerar.
Espero que sea un libro que interese a los amantes
del cine, y al personal que entiende la importancia de la religión,
de lo que es y de cómo se nos ha transmitido. Y espero que resulte
ameno e ilustrativo.