FUNDACIÓN

ANDREU NIN


En nombre del padre y del hijo. El cine y la Biblia

Pepe Gutiérrez-Álvarez


    A quien pueda interesar.


    La editorial Libros de la Frontera acaba de publicar este estudio sobre el cine y la historia bíblica desde el Antiguo Testamento hasta Los hechos de los Apóstoles. Cuenta de varios capítulos, uno muy extenso sobre el Antiguo Testamento, en tanto que sobre el Nuevo se estudia la cristología cinematográfica haciendo especial hincapié en las versiones propias de lo que podía ser una Teología de la Liberación –Dassin, Pasolini, Rossellini, Arcand, Scorsese-, en oposición al modelo “made in Hollywood”…Esta apartado se amplia con estudios sobre la conexión Jerusalén-Roma, con apartados sobre las “vidas paralelas” (Barrabas, Poncio Pilatos, Ben Hur, etc), sobre los Hechos de los Apóstoles, las adaptaciones literarias tipo Quo Vadis? o Los últimos días de Pompeya, con un final dedicado a las mujeres olvidadas que están con Jesús: la madre, Salomé, María Magdalena…La obra que tiene alrededor de 300 páginas, está prologada por alguien que conoce la historia religiosa desde el punto de vista crítico y liberador, Jaume Botey, ligado a la corriente Cristianos por el Socialismo, y al que no necesito presentar…

    Ese libro combina una visión general y personal sobres la relación entre las historias bíblicas y el cine en sus diversas fases, sobre todo del “peplum”…

    Mi primer recuerdo como espectador solitario –o sea sin mis papas-, me lleva a la una adaptación de la Pasión especialmente realista en el apartado del sacrificio de Jesús, los latigazos, la corona de espina, los clavos, todo resulta tan real que me gimotear en la oscuridad aunque, a la salida, cuando algunos niños me señalan como llorón, lo negaré. No debía ser mucho mayor y todavía recuerdo vivamente buena parte de las escenas de Sansón y Dalila, tanto es así, que cuando la he revisado siempre me ha asistido la impresión de una visión reciente. Algo similar me sucede, especialmente cuando se dan espectáculo y una emotividad religiosa que siento como propia. Durante la primera mitad de los años sesenta, no me perdí ninguno título bíblico por menos aparente que pareciera, siempre había el plus de saber algo más sobre un libro, el libro de libro sobre el que recuerdo una conversación de mi abuelo paterno, que hablaba de la versión de Cipriano Montserrat, y la relacionó con los “protestantes” que en mi pueblo eran un familia a cuyo patriarca se le negó un lugar en el cementerio. Mi impresión era que la Biblia era un libro casi prohibido, muy diferente a aquella historia sagrada que nos daban en la escuela. Desde el cine, todo parecía mucho más diferente.

   Fue el cine el que me llevó –como a muchas otras personas- a la lectura de la Biblia. Fue a continuación de haber visto la versión en color de DeMille sobre el Éxodo, y el paso siguiente fue entrar en otras lecturas, algunas de las cuales me permitieron tener una idea más cabal de la cronología histórica, y del alcance que habían tenido los antiguos imperios sobre los que igualmente acabé redactando otro estudio introductoria al que vicisitudes prolijas de contar, han impedido que se cuente de verdad en el catálogo de este editorial en el hace unos cuantos años, que figuró como una próxima edición. Se trata de un texto complementario que de no haber sido por su extensión, podría haber resultado un único volumen. El caso es que fue gracias al cine que pude mantener un hilo de reflexión sobre la religión, y mi relación con ella, todo en el contexto cambiante de principios de los años sesenta…Creo que sin el cine, gente como el que escribe jamás habría superado los cuatro datos infantiles que permitían el “estudio” de una “historia sagrada” que seguramente hoy provocaría más hilaridad que otra cosas, no se habría sentido tan conectado con unas historias que le conectaban con una de las grandes fuentes de la cultura occidental.

   Y aunque se puede hablar de un conjunto muy desigual en el abundan vulgatas que evocan visiones de ridículas luchas a espada y tridente, con gladiadores musculosos que defienden a mártires cristianos devorados por leones o torturados de manera abusiva y escasamente convincentes, todo animado por jóvenes muchachas vestidas en escuetas túnicas que desafiaban los límites de la censura –recuérdese la aparición de Debra Paget bailando delante del Becerro de Oro-, pero también es cierto que existen unos cuantos títulos que enriquecen los temas originales, dándole una trascendencia de época, de reconocimiento y ruptura, títulos que  pasarían a ser de culto, vitales para el imaginario crítico de mucha gente que no sabrían hablar igual del canon bíblico sin citarlos.

   Cuando  a este tipo de cine le pasó el tiempo, mi camino ya era otro. Sin embargo, mi interés sobre este género de película siempre persistió como una inclinación que aparecía singularmente en la mayor parte de conversaciones sobre historia y religión que salían al paso. Ulteriormente,  en encuentros con amistades del ámbito profesoral emergía la constatación del valor didáctico de estas películas, aunque solamente fuese para demostrar su vulgaridad y el alcance de sus licencias. Obviamente, estoy hablando de un terreno llano, de gente de la calle, alejada kilométricamente de los estudiosos. Aunque, los pocos que he conocido entre estos, coincidían en la apreciación del valor pedagógico, similar al que pudieron tener en otros tiempos las esculturas o las pinturas, como punto de partida de examen crítico, o sea para señalar lo que era y lo que no era veraz, discusión que por lo demás, nos podía llevar a otro punto. A sus referentes iconográficos y literarios, tan o más licenciosos que el cine que, al menos en muchos casos, venía revestido por virtudes añadidas, como puede ser el ejemplo de El cáliz de plata, una película aburrida y deficiente que empero cuenta con una ambientación arquitectónica formidable.

     Este interés didáctico se enriquecía con las innovaciones tecnológicas que permitían, primero con el formato video, luego con el DVD, reunir filmografías que antaño un espectador podía disfrutar por poco tiempo y a lo largo de muchos años. Cierto que aquella de ir al cine solo o en grupo, era todo un ceremonial impresionante, muy distante del que pueda permitir un proyector por más grande que sea. Incluso esto resulta diferente para el espectador que no puede tener una memoria de cuando vio Ben-Hur en la pantalla grande ya que éste en gran medida regresa al cine. Pero, el cambio no ha dejado tampoco de representar ventajas que siempre se pueden mejorar, por ejemplo llevando a cabo una buena discusión después de un pase en tal o cual entidad.  De existir una voluntad de conocimiento, el panorama actual permite realidades que ante podían parecer fantásticas. Las mismas que han hecho que este humilde escritor y divulgador, haya podido revisar tantas películas, y en muchos caso verlas una y otra vez, y no solamente con películas clásicas, también lo ha podido hacer con algunas de las series de televisión grabadas o editadas en DVD, o con la ayuda de la mula. También ha podido contar con algo que antes no contaba, con revistas y obras especializadas hoy al alcance de cualquier persona interesada.

    Es un trabajo pensado para el estudio y el debate, espero que idóneo para escuelas y entidades que busquen una guía razonada de un tema sobe cuya trascendencia resulta casi imposible exagerar.

     Espero que sea un libro que interese a los amantes del cine, y al personal que entiende la importancia de la religión, de lo que es y de cómo se nos ha transmitido. Y espero que resulte ameno e ilustrativo.


  Edición digital de la Fundación Andreu Nin, 2009

 
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