Sesé no estuvo ni en Salamanca ni en Berlín
Pepe Gutiérrez-Álvarez
Es bastante probable que, exceptuando lo estudiosos, muy poca gente tiene
noticias de Antoni Sesé i Artaso, militante del PSUC muerto el 5 de
mayo de 1937, y cuyo caso ha sido comparado con el de Andreu Nin
Sesé era un obrero calefactor, sindicalista que comenzó
sus actividades como tantos otros obreros en la CNT. Muy poco conocido en
los medios cenetistas, su nombre aparece en un carta de cariz anarquista
escrita desde la Modelo, y que venía presidida por el más
conocidos Salvador Cornill. Según consta en el
Diccionari biogràfic
del moviment obrer als països catalanas (Universitat de Barcelona/Abadia
de Montserrat, 2000). Apareció publicada a
La Protesta
de Buenos Aires el 29 de marzo 1925, y también en la
Solidaridad
Proletaria”, periódico anarquista de Barcelon”. Sin embargo,
por aquella época Sesé inició su aproximación
hacia la Federación Catalana-balear del Partido Comunista
de España, que animaba la “tercera tendencia” de la CNT desde
criterios sindicalistas revolucionarios, y que estaba animado muy principalmente
por Joaquín Maurín. Sesé fue también uno de los
cofundadores del Bloque Obrero y Campesino. Como “bloquista” fue detenido
el 23 de octubre de 1930 junto con Lluís Companys
y otros opositores a la dictadura de Primo de Rivera.
Su nombre figura entre una carta dirigida al General de División de
Cataluña, Eduardo López Ochoa, en la que se “exigía
la disolución de la Guardia Civil, y a su lado se encuentran nombres
como los del comunista y nacionalista catalán,
Jordi Arquer, el mismo que sustituiría a Nin en la secretaría
del POUM, el periodista trotskista Narcís Molins i Fábrega,
y los también bloquistas Ángel Estivill y
Jaume Miravitlles
Su afiliación al BOC se prolonga hasta finales de 1931, cuando
el BOC rompió de hecho sus relaciones con el Komintern y la URSS,
por haberse mostrado favorable a l PCE y a la
Tercera Internacional en plena época de la política de “socialfascismo”
y de frente único por abajo en contra de las direcciones traidoras.
Anteriormente, Sesé había sido, junto con Hilari Arlandis,
un reconocido defensor de la expulsión de Andreu Nin y del pequeño
grupo ligado a Trotsky. Curiosamente, antes de dejar el BOC, en abril de
1931 se había presentado como candidato de este partido en las elecciones
municipales de Barcelona. En los años siguientes, Antonio Sesé
fue conocido como uno de los animadores de nueva federación catalana
del PCE junto con José del Barrio, Ramón Casanellas que había
regresado de la URSS e Hilario Arlandis, que había acompañado
a Nin y a Maurín en la famosa delegación de la CNT de cara
a la creación de la Internacional Sindical Roja. En 1934 será
representante del PCC en el comité catalán de la Alianza Obrera,
tomando parte en los acontecimientos sin diferencias aparentes con los otros
componentes, sobre todo el BOC que fue el principal artífice de esta
propuesta de unidad obrera contra el fascismo bajo el criterio de “¡Mejor
Viena que en Berlín!”, o sea mejor una iniciativa proletaria que esperar
el degüello. En abril de 1935 renuncia a la secretaria del PCC
después de que una fracción liderada por Pere Ardiaca maniobrara
en su contra.
En 1936, Sesé se íntegra al PSUC, aunque se sabe que había
mantenido sus reticencias a la unificación con los socialdemócratas
de la Unión Socialista de Cataluña (que acabó
rechazando la Alianza Obrera para mantener su alianza con ERC) y con
los nacionalistas del Partit Catalá Proletari, que sí estuvo
en las barricadas. Por entonces fue nombrado secretario general de la
UGT de Catalunya, aunque luego fue sustituido por su camarada
José del Barrio, con el que tendrá sus diferencias de tipo
personal. Se cuenta que Sesé propuso a García Oliver la formación
de un contrapoder al del gobierno presidido por Companys con el argumento
de que había que garantizar las conquistas revolucionarias
logradas en las jornadas de julio. El acuerdo se concretó en la formación
del Comité Central de Milicias Antifascistas.
Sin embargo, esta entente inicial no duraría mucho tiempo. Así,
al mes siguiente, Sesé fue elegido representante de la UGT, participa
como tal en la constitución del comité de enlace
de les organizaciones obrera que, finalmente, acabó siendo uno de
los elementos determinantes de la situado de crisis abierta entre la CNT
y la UGT en marzo de 1937. Su posición quedó fijada en un comunicado
publicado en el diario del PSUC, a
Treball el 15 de abril. Sesé
defendía la creación de un nuevo gobierno con un programa
que comprometiera a todos en un reparto de consejerías, así
como la formación de una consejería de Industrias de guerra
bajo la responsabilidad de la UGT. En los días que anteceden a su
muerte, los conflictos entre ambas centrales obreras se agudiza, sobre todo
cuando Sesé realizó duras acusaciones contra la CNT en discurso
dado desde el Price el 8 de abril; estas tensiones estuvieron detrás
del hecho insólito de que no se celebrara la tradicional fiesta del
Primero de Mayo. Durante los acontecimientos de mayo de 1937,
Sesé fue designado “conseller” sin cartera del gobierno
de la Generalitat. Justamente, murió cuando se dirigía a tomar
posición…
Según Ángel Viñas: “Todavía hoy no se sabe por
quien. Los comunistas los atribuyeron a ^provocadores trotskistas´
pero por el lado anarquista se ha argüido que la bala procedía
de una barricada del PSUC. Eran tiempos turbios y en ellos hacían
su agosto gente de toda laya” (
El escudo de la República, p.
513). Otros autores no descartan que fuese una “bala perdida”, pero Ferran
Gallego afirma de manera tajante, y en una entrevista aparecida en
El
Viejo Topo asegura que “fue asesinado a manos de francotiradores de la
FAI”, situando el hecho como de una situación de conflicto en la que
cayeron por igual víctimas de un lado y otro…
Dando un paso más allá, Manuel N. Navarrete, en un artículo,
titulado modestamente Mayo del 37 no existe (www.insurgente.org/index), escribe
“Efectivamente, el asesinato de Nin por parte de los comunistas fue un acto
despreciable, pero no más que el asesinato de Antonio Sesé,
dirigente del PSUC y secretario general de la UGT, por parte de los anarquistas,
como narra Fernando Hernández Sánchez…”
No sé como Navarrete ha leído a Hernández Sánchez
que dice más prudentemente: “El de Nin no fue el único caso
de muerte violenta en aquellos trágicos días. Aunque es más
escandaloso, por las circunstancias que lo rodearon y lo emblemático
de la víctima, la reseca de los hechos de mayo dejó un reguero
de sangre entre organizaciones durante semanas –y hasta meses- posteriores”
(Guerra o revolución.
El Partido Comunista de España en
la guerra civil, Ed. Crítica, Barcelona, pg. 225).
Es decir, Hernández Sánchez establece una matización
aunque un tanto abstracta, la de “las circunstancias que lo rodearon
y lo emblemático de la víctima. Sesé no fue acusado
de liderar la Quinta Columna, ni de celebrar reuniones con Franco, no fue
raptado, vejado y torturado para que confesara como habían hecho Zinoviev
y tantos otros. No fue una víctima emblemática, su historial
es la de un militante obrero que consigue una cierta distinción,
pero nada más. No sirve para echar dos litros de agua a un cuarto
de vino.
En un caso y en otro llama la atención esta voluntad e equidistancia,
mezclando a personajes claves en la historia social, con un currículo
de militancia y de obra considerable como lo fueron Camillo Berneri, Kurt
Landau, con Sesé o con Leon Narwicz, probado agente estalinista infiltrado
en el POUM en un momento en el que desde la prensa estalinista y afín
se clama por su exterminio…Y si alguien tiene alguna duda que consulte
Frente Rojo de Valencia que dirigía César Falcón
desde Valencia.
Sobre toda esta cuestión me remito inmodestamente a mi libro,
Un
ramo de rosas rojas y una foto (Laertes, Barcelona, 2009), y por supuesto,
al de Pelai Pagès,
Andreu Nin. Una vida al servicio de la clase
obrera (Laertes, Barcelona, 2003).