Folleto publicado por Ediciones POUM
en 1938 con la firma de Andrés Suárez, seudónimo de
Ignacio Iglesias. Volvió a ser editado por Ruedo Ibérico. También
se ha incluido en el libro Experiencias de la revolución española,
que recopila los trabajos más importantes de Ignacio Iglesias sobre
la guerra civil y la revolución.
«
Las tormentas levantan siempre basura; las épocas revolucionarias
no huelen nunca a agua de rosas, y nadie puede librarse en ellas de verse
salpicado de lodo; es natural. No hay escape por lo demás, si se tienen
en cuenta los esfuerzos sobrehumanos desplegados contra nosotros por todo
el mundo oficial, y que, para aniquilarnos, vuelca sobre nosotros todo el
Código penal; sí paramos mientes en todas las injurias que sobre
nosotros vierte el hocico de esa democracia de la estupidez que no podrá
nunca perdonar a nuestro partido el tener más inteligencia y más
carácter que ella; si nos detenemos a estudiar la historia contemporánea
de todos los demás partidos y, por último, nos preguntamos
qué es lo que en realidad se puede aducir contra el nuestro llegaremos
a la conclusión de que no hay ningún otro que se caracterice
por su pureza» (Marx; Carta a Freiligrath)
1.A MODO DE INTRODUCCIÓN
«
...la vileza reptante de los sucios calumniadores»
(de un poema de Freiligrath)
La represión contra el movimiento revolucionario no es de ahora ni
siquiera de años, sino de hace décadas y aun centurias. En todos
los tiempos y en todas las épocas, contra las fuerzas progresivas se
han levantado siempre los intereses creados, es decir, la reacción.
Esto, lo mismo en el terreno político que en los dominios del arte
y de la ciencia. No hace falta sacar muchos ejemplos del gran archivo de la
historia. Por sus ansias renovadoras Tomás Moro fue decapitado, Giordano
Bruno quemado vivo, Campanella torturado; Jean Jaures, Matteotti y otros
pagaron con su vida su amor al socialismo. Si Galileo fue obligado por la
Inquisición a que abjurara de rodillas sus propias teorías,
Alberto Einstein deambula por el mundo arrojado de su cuarto de estudio por
el fascismo hitleriano. En la Unión Soviética, Zinoviev y Kamenev
han sido fusilados después de más de treinta años al
servicio de la revolución y del socialismo; Trotski rueda de uno a
otro país por no haber querido entonar su mea culpa a tiempo, por mostrarse
ejemplarmente fiel al marxismo revolucionario. Así ha sido siempre
y así será mientras la sociedad esté dividida en clases
y mientras la defensa de intereses particulares o de grupo se imponga a todas
las demás consideraciones.
«La Historia de la Humanidad -escribieron Marx y Engels- es la historia
de la lucha de clases». Y la lucha de clases se ha desarrollado y se
desarrolla a través de pugnas inmensas, de luchas encarnizadas con
vencedores y vencidos. El vencedor ha tratado siempre de disponer del vencido;
como Brennus, también ha querido entonar el vae victis. ¡Ay de
los vencidos! La frase sigue siendo de palpitante actualidad en nuestro tiempo,
aplicada con harta frecuencia. Como siempre, el arma más utilizada
por los vencedores del momento ha sido la calumnia, la mentira, la injuria,
la falsificación. En el mundo nunca han faltado gentes suficientemente
ignorantes para dar crédito a las más monstruosas calumnias,
ni tampoco individuos lo bastante envilecidos para ponerlas en práctica.
Sobre todo en la actual época histórica de grandes guerras y
de revoluciones cruentas, estos procedimientos han estado en todo momento
a la orden del día. Pero no siempre se han puesto en uso los mismos
métodos, aunque el objetivo propuesto fuera idéntico. Las luchas
de la burguesía contra la clase trabajadora forman una rica gama de
matices. El capitalismo lanza contra el proletariado y contra sus organizaciones
revolucionarias no solo las fuerzas tradicionales del Estado –el ejército,
la policía, el peso de su burocracia-, sino también otras nuevas
que le proporcionan sus inmensas posibilidades económicas y su situación
política privilegiada: el cine, la prensa, la radio, etc. Todos los
medios y procedimientos científicos son puestos al servicio del que
manda. Periodistas y escritores venales, individuos sin escrúpulos,
son los encargados de envenenar ideológicamente a las masas productoras
para que éstas no logren ver la verdad. Y no solo esto. Cuando todos
estos procedimientos, que pudiéramos denominar normales -los que se
amparan en la legalidad burguesa-, fallan en sus propósitos, entonces
se falsifican textos, se inventan documentos y se montan procesos monstruosos
contra los sectores más avanzados de la clase trabajadora.
Hoy como ayer. Contra la I Internacional se vertieron las especies más
grotescas y calumniosas: se llegó a culparla de incendios, tormentas
y altas mareas. Los revolucionarios más representativos de la época
no escaparon a lo que el poeta revolucionario Freiligrath denominaba «vileza
reptante de los sucios calumniadores». Se quiso presentar a Marx como
un vulgar agente de Bismarck; a Bakunin como un aliado del zarismo. Federico
Engels fue blanco de los plumíferos reaccionarios por su origen burgués;
lo propio aconteció a Bebel y a muchos otros, pero éstos por
su origen proletario. Contra Marx, principalmente, se publicaron artículos
y otros escritos tratando de presentarlo como un estafador de los obreros;
incluso un sabio como Vogt escribió un folleto en este sentido. Más
tarde se descubrió que el calumniador Vogt era un agente a sueldo de
Bonaparte. Pasaron los años y no por ello se aminoró esta modalidad
de lucha contra el movimiento revolucionario. Supieron bien lo que era la
calumnia los héroes espartaquistas, por haber luchado por la revolución
y por el socialismo. Entonces, la prensa de la nueva república alemana
llamaba locos y provocadores a los de la Liga Spartakus, a la par que pedía
la cabeza de Karl Liebknecht y de Rosa Luxemburgo. En uno de aquellos días
de enero de 1919, Vorwarts, órgano central de la socialdemocracia
alemana, publicó un poema de Zickler que rezaba así: «Millares,
millares de cadáveres en fila. Karl, Rosa, Radek. Ninguno está
entre ellos». Días después también Karl y Rosa
estaban en la fila, asesinados por la contrarrevolución que hablaba,
obraba y mataba en nombre de la democracia. Ni con su vida cesaron las calumnias.
¿Cómo no referirse a Lenin y a los bolcheviques? También
sobre Lenin y los bolcheviques la mentira, la falsificación y la calumnia
hizo carne. Lo hizo antes de la revolución de 1917, durante toda la
revolución y después de la revolución. Sobre todo durante
los meses de julio y agosto de dicho año. Los partidarios interesados
o ilusos de la democracia nada tenían que oponer políticamente
a los bolcheviques, a sus consignas y puntos de vista. Y como nada podían
hacer en este terreno se utilizó contra ellos el arma más pérfida
y la más envenenada: la calumnia. Se sacó a relucir el viaje
de Lenin a través de Alemania, se preparó el medio ambiente
y una feroz represión se desencadenó contra el partido bolchevique.
Lenin y Zinoviev hubieron de buscar refugio en Finlandia; Trotski y otros
fueron detenidos y encarcelados. La calumnia hizo su camino: ¡agentes
vendidos a Alemania! La prensa de todo el mundo denunció a los revolucionarios
rusos con pruebas, como agentes a sueldo del espionaje alemán. ¿Las
pruebas? Las oficinas oficiales las fabrican a gusto en provecho de la democracia
burguesa. Se publicaron facsímiles de cartas, de recibos de cantidades
recibidas, de mensajes confidenciales que propagaban todas las infamias, que
era preciso probar...«¡Cuánta vileza hace falta -escribía
Lenin por aquel entonces- para confundir la lucha razonada e inteligente con
la difusión de calumnias!». Y luego, en un artículo destinado
a responder a los calumniadores, decía: «La burguesía
mecha su cruzada política de provocación contra los bolcheviques,
contra el partido del proletariado revolucionario internacional, con las más
viles calumnias y abre en la prensa una campaña muy parecida a aquella
que desplegaron los clericales franceses y los periódicos monárquicos
de Francia cuando el asunto Dreyfus. ¡A todo trance hay que acusar
y conseguir que se condene a Dreyfus por espionaje!: tal era la consigna
entonces. ¡A todo trance hay que conseguir se acuse y se condene por
espionaje a cualquier bolchevique!: tal es hoy la consigna. Calumnias de
la más vil especie, escamoteos, mentiras grandes como el puño
y el más refinado engaño del lector: he ahí los métodos
que emplea, desviviéndose en ello, la prensa amarilla y toda la prensa
burguesa en general. De sus columnas se eleva un bramido salvaje, rayano en
la locura, en el que, a veces, no solo no hay modo de descubrir un principio
de prueba, sino ni siquiera un sonido articulado».
La revolución de octubre abrió el camino a la verdad, barriendo
toda aquella inmundicia, poniendo la realidad al descubierto. La insurrección
bolchevique impidió que unos jueces sin escrúpulos condenaran
e hicieran fusilar, con ayuda de las pruebas amañadas, a los hombres
más fieles al proletariado. Sin embargo, los ataques de este género
contra el partido bolchevique no cesaron. En espléndidos salones y
ante encopetadas damas y damiselas, el pobre diablo de Kerenski continuó
alimentando la torpe calumnia, quizá como único consuelo para
toda la reacción que había sido aventada del que fue imperio
de los zares. La burguesía de todos los países siguió
fabricando documentos y más documentos, supuestas pruebas comprometedoras
y otras zarandajas por el estilo. No hace mucho, una revista francesa -Mai
1936- reprodujo un texto publicado en 1919 por toda la gran prensa internacional
contra los bolcheviques y que muestra en qué términos calumniaba
la burguesía y sus agentes a Lenin y Trotski, principalmente. Subrayemos
algunos párrafos: «El Comité de Información Pública
-Committee of Public Information-, publica un determinado número de
cartas que han sido cambiadas entre el gobierno imperial alemán y el
gobierno ruso de los bolcheviques [...]. Estos documentos establecen que los
jefes actuales del gobierno bolchevique, Lenin, Trotski y demás consortes,
son agentes alemanes; que la revolución bolchevique ha sido preparada
por el Estado Mayor alemán y sostenida económicamente por la
Banca del Imperio -Reichsbank- y por las entidades financieras alemanas. [...]
En una palabra, estos documentos demuestran que el actual gobierno bolchevique
no es en manera alguna un gobierno ruso, sino un gobierno alemán que
trabaja exclusivamente en interés de Alemania y que engaña al
pueblo ruso de la misma manera que engaña a los aliados naturales de
Rusia, en interés único del gobierno imperial alemán.
Existen alrededor de 70 documentos. Se posee el original de muchos de ellos,
con notas marginales procedentes de funcionarios bolcheviques. Los demás
son reproducciones fotográficas de los originales y presentan, igualmente,
notas marginales».
A diecinueve años de distancia, en dos países tan diferentes
como son Rusia y España, las mismas causas producen los mismos efectos.
No nos extrañamos de ello. En tanto que marxistas revolucionarios hemos
estado y estamos siempre dispuestos a aceptar por adelantado todas las pruebas
que la historia nos quiera imponer, incluso ésta. Con harta razón
escribía Marx que las épocas revolucionarias no huelen nunca
a agua de rosas. En la revolución española, el POUM se halla
en situación parecida a la de los bolcheviques a fines del verano
de 1917. Todo se repite: hoy como ayer, la calumnia ha sido lanzada de boca
en boca, por la radio, en la prensa: «agentes de la Gestapo alemana»,
«espías al servicio de Franco», etc. ¿Y qué
es lo que se oculta detrás de todo esto? En realidad, tras nuestros
calumniadores están todas las fuerzas de la reacción y todos
los intereses creados. Los últimos defensores de la burguesía
española, la nueva casta burocrática de la URSS, las oligarquías
financieras del extranjero: tales son las fuerzas que han organizado y laboran
esta campaña de descrédito y de bajas calumnias. Estas fuerzas
tan distintas y heterogéneas se hallan de acuerdo en un punto fundamental:
no quieren que en España triunfe la democracia de los trabajadores
y para los trabajadores. Nuestro partido estorba por su espíritu revolucionario,
por su intransigencia revolucionaria, por su fidelidad revolucionaria. Les
estorba sobre todo a los renegados y traidores, a los ultraizquierdistas
de ayer agarrados hoy a la cola de la democracia burguesa. El POUM estorba
al estalinismo porque le hace sombra, porque le grita cotidianamente la verdad,
porque le impide siga engañando miserablemente a los trabajadores.
Por esto y por intereses que tienen su sede en Moscú, es por lo que
el estalinismo se ha convertido en la fuerza de choque contrarrevolucionaria
y en el principal calumniador nuestro. En un acto celebrado el pasado mes
de julio en Barcelona, la conocida militante anarquista Federica Montseny
recordaba con muy buen acierto que en nuestro país siempre se había
obrado entre las distintas fracciones obreras con un poco de decoro y de
honradez. «Siempre luchamos con armas limpias -dijo-; nos enfrentábamos
unas organizaciones con otras, pero costaba mucho recurrir al crimen, recurrir
a la infamia, recurrir a la calumnia. Eso lo hacía la monarquía,
no lo habían hecho ni los republicanos, ni los socialistas, ni los
anarquistas». En efecto, eso lo hizo la monarquía. ¿No
acusó a Ferrer Guardia de haber organizado el regicidio del 31 de
mayo de 1906? ¿No le acusó más tarde de haber sido el
organizador y jefe de la insurrección de julio de 1909 en Barcelona,
hasta que consiguió encontrar un tribunal lo suficientemente servil
para condenarle a muerte por delitos que no había cometido y un gobierno
lo bastante infame para hacer cumplir la monstruosa sentencia de muerte,
a pesar de la unánime protesta universal? ¿No hubo en 1912
un semanario de chantaje, al que un turbio diario madrileño hizo coro,
que acusó a Pablo Iglesias de haber organizado el atentado contra
Canalejas? ¿No se lanzó la leyenda del abrigo de pieles para
mejor desacreditar al mismo Iglesias? ¿No se acusó en 1917
a los hombres que dirigieron la huelga del 13 de agosto de estar a sueldo
de los aliados? Y así sucesivamente. Esto lo hizo la monarquía,
cierto. Pero esto lo hace hoy el estalinismo con la complicidad más
o menos manifiesta de otros partidos y organizaciones. Lo único nuevo
en la campaña que se desarrolla en nuestros días contra nosotros
son los cuantiosísimos recursos que se ponen a su servicio y el cinismo
insuperable que en ella ponen los que la realizan. Y también esto:
que en otros tiempos las campañas difamatorias sublevaron siempre
a las conciencias honradas. En defensa de Ferrer Guardia, de Pablo Iglesias,
de los hombres de 1917, se alzaron todas las voces honradas de nuestro país,
incluso las de muchos que estaban bien lejos de compartir las concepciones
políticas, sociales o filosóficas de los difamados. Lo que
hay de nuevo, sobre todo, en la campaña que se ha realizado y se viene
realizando aún contra el POUM, es un estado de cobardía colectiva
que hace que, en privado, desde los ministros hasta el último afiliado
a cualquier partido antifascista u organización sindical, se reconozca
y proclame que esta campaña es pura y simplemente una canallada, sin
que -salvo raras y honrosas excepciones- públicamente, oficialmente,
se atreva nadie a salir por los fueros de la verdad y a exigir que se demuestren
las acusaciones o se castigue merecidamente al difamador.
La calumnia política ha sido el arma de todos los tiempos y lo que
ahora viene sucediendo no es más que una lamentable y monótona
repetición del pasado. ¿Por qué aparece tan indigente
y uniforme la calumnia política? ¿No se observa fácilmente
que, pese al tiempo, siempre resulta un calco y una repetición? Trotski,
en su magna Historia de la revolución rusa, ofrece una contestación
justa y acertada: «Porque la sicología social es económica
y conservadora. No hace más esfuerzos que los que necesita para sus
fines; prefiere tomar prestado lo viejo cuando no se ha obligado a construir
algo nuevo y aun, en este último caso, combina los elementos de lo
viejo. Las nuevas religiones no han creado nunca mitología propia,
sino que se han limitado a transformar las supersticiones del pasado. De la
misma manera se han creado los sistemas filosóficos, las doctrinas
del Derecho y de la moral. Los hombres, incluso los más criminales,
se desarrollan de un modo tan armónico como la sociedad que los educa.
La fantasía audaz convive dentro de un mismo cráneo con la tendencia
servil a las fórmulas hechas. Las audacias más insolentes se
concilian con los prejuicios más groseros. Shakespeare alimentaba su
obra creadora con argumentos que habían llegado hasta él desde
la profundidad de los siglos. Pascal demostraba la existencia de Dios con
ayuda del cálculo de probabilidades. Newton describió las leyes
de la gravedad y creía en el Apocalipsis. Desde que Marconi instaló
la telefonía sin hilos en la residencia del papa, el representante
de Cristo difunde por medio de la radio la bendición mística.
En tiempos normales estas contradicciones no salen del estado latente. Pero
durante las catástrofes adquieren una fuerza explosiva. Cuando se
trata de una amenaza a los intereses materiales, las clases ilustradas ponen
en movimiento todos los prejuicios y extravíos que la Humanidad arrastra
en pos de sí».
En el Congreso celebrado por la I Internacional en La Haya, Carlos Marx
comentaba jocosamente la especie que culpaba a la organización obrera
del gran incendio de Chicago, extrañándose no atribuyeran a
su demoníaca intervención el ciclón que por aquel tiempo
devastó las Antillas. Apenas hace unos meses, el agente soviético
Mijail Koltzov, tan mal escritor como pésimo periodista, descubría
en un sensacional articulo publicado en la Pravda las pruebas inequívocas
de la culpabilidad de los hombres del POUM: éstos eran los responsables
de diversos descarrilamientos de trenes, de los desbordamientos de los ríos
y puede que hasta de los cambios de luna. Como se ve, el arte del gran embuste
y de la calumnia no ha progresado mucho.
2.CÓMO SE PREPARÓ LA REPRESIÓN CONTRA NUESTRO PARTIDO
«
El POUM debe ser eliminado de la vida política del país»
(José Díaz, en el Pleno del Comité central del Partido
Comunista celebrado en mayo de 1937)
Para explicarse no pocas cosas y conocer suficientemente ciertas actitudes,
no estará de más subrayar esto: desde la proclamación
de la República hasta después del movimiento insurreccional
de octubre de 1934, toda la política del llamado Partido Comunista
se reduce a una detonante y estrepitosa campaña extremista. La «línea»
imponía un común denominador, según el cual todas las
demás fracciones del movimiento obrero eran meros servidores de la
burguesía y, por tanto, agentes directos o indirectos del fascismo:
los socialistas, los anarquistas, los de la UGT, los de la CNT, los grupos
comunistas de oposición cual la Izquierda Comunista y el Bloque Obrero
y Campesino, fusionados actualmente formando el POUM. Los hechos están
demasiado cerca aún para que necesiten ser recordados; a la interpretación
política se substituía el esquema que todo lo reducía
a fascismo: social-fascismo, anarco-fascismo, trotsqui-fascismo... Después
del movimiento de octubre, mejor dicho, después de la celebración
del VII Congreso de la Internacional Comunista, Moscú ordena cambiar
de política y los epígonos de por acá obedecen cristianamente.
El estalinismo da un brusco viraje de 180 grados y donde ayer era negro hoy
es blanco, y viceversa. Desde entonces no hay mejor defensor de la democracia
burguesa que el Partido Comunista y el resto de las organizaciones obreras
sigue siendo combatido a sangre y fuego, ahora por no apoyar suficientemente
a la burguesía republicana.
Repasar en el presente toda la prensa del estalinismo correspondiente al
período señalado, es sumergirse en un verdadero lodazal de monstruosas
aberraciones políticas, de campañas escandalosas y sin sentido,
de mentiras, de calumnias y de injurias. Cuesta trabajo poner la vista sobre
esta literatura de apaches, carente de todo sentido de responsabilidad. De
la difamación, el estalinismo hizo un arma política; de la
mentira, una escuela; de la calumnia, uno de sus argumentos. No hay nadie
–¡nadie!- que se haya escapado: ni personas ni organizaciones. ¿A
quién no le saltó alguna salpicadura de la sucia política
estalinista? Burgueses y proletarios, demócratas y revolucionarios,
liberales y librepensadores, todos ellos fueron en un tiempo determinado blanco
de los envenenados dardos que a diestro y siniestro arrojaba el Partido Comunista.
Podríamos reproducir artículos, sueltos y caricaturas que harían
sonrojar a sus autores, en el supuesto de que esos autores tuvieran el divino
don de sonrojarse. Pero preferimos dejarlos en el olvido a tener que mancharnos
las manos. Recordemos solo un hecho: los tristes acontecimientos de Casas
Viejas fueron aprovechados por el estalinismo, no para reforzar su propaganda
revolucionaria, sino para unir torpemente su voz al coro de la reacción
monárquica. Durante algún tiempo coincidieron perfectamente
El Debate y
ABC con
Mundo Obrero. Y si no coincidieron
con los fascistas en huelgas y movimientos -en Alemania si coincidieron:
recuérdese el plebiscito para la disolución de la Dieta prusiana
y la huelga de transportes en Berlín, donde hitlerianos y estalinistas
se dieron el brazo para dar la puñalada a la socialdemocracia- fue
porque en nuestro país el fascismo no tenía base obrera.
El movimiento unitario iniciado en España después de las elecciones
generales de noviembre de 1933, tuvo un exponente: las Alianzas Obreras. Pues
bien, desde el primer momento el Partido Comunista se situó frente
a ellas. Si más tarde entró en las mismas fue para hacer todo
lo posible e imposible al objeto de liquidarlas. Y lo logró. Allí
donde el estalinismo no desempeña un papel de total hegemonía
y de absoluta dirección, es siempre contrario seguro. Por eso estaba
contra las Alianzas Obreras. De todas formas, el Frente Popular creado con
vistas a las elecciones de febrero de 1936, se formó sin que el Partido
Comunista pasara de ser un componente más. Del mismo formó parte
nuestro Partido con carácter provisional y sentido condicionado; no
se les ocurrió entonces a los estalinistas denunciar nuestro papel
«contrarrevolucionario». Se limitaron a escuchar con rabia y en
silencio los discursos parlamentarios de nuestro camarada Maurín, mientras
aplaudían jubilosos las oraciones de cualquier demócrata del
momento. Y sin embargo, es Maurín quien pone al descubierto los planes
de la reacción, el que acusa a los republicanos de su indecisión,
el que sienta la necesidad absoluta de aplastar al fascismo antes de que sea
demasiado tarde. En pleno idilio democrático no se escuchaba nada,
ni siquiera las voces del adversario cada vez más audaces. La Unión
Militar Española se organiza, conspira y prepara la sublevación.
Algunas de sus circulares son conocidas. En una de ellas se habla del exterminio
de las organizaciones siguientes: Unión Republicana, Izquierda Republicana,
Esquerra Catalana, Partido Socialista, Unión General de Trabajadores,
Partido Sindicalista, POUM, Confederación Nacional del Trabajo y Federación
Anarquista Ibérica. Se mencionan también estos nombres: Martínez
Barrio, Azaña, Companys, Largo Caballero, Andrés Nin, Maurín,
Pestaña y Galán. No está incluido en la lista negra el
Partido Comunista, ni ninguno de sus dirigentes aparte de Galán. Seria
olvido o lo que se quiera, pero así es. La terrible indecisión
de los republicanos, con la manifiesta complicidad del estalinismo, posibilita
la sublevación militar del 18 de julio. En aquel 19 de julio los hombres
del POUM están los primeros en la lucha, en primera fila. Hombro a
hombro con los combatientes de otras organizaciones participan en el asalto
del Cuartel de la Montaña en Madrid, en el de Atarazanas en Barcelona;
la primera víctima antifascista en la ciudad barcelonesa es Germinal
Vidal, secretario de nuestra Juventud Comunista Ibérica. Cae con el
arma en la mano en la plaza de la Universidad. Otros muchos lugares quedan
regados con la sangre de nuestros mejores militantes. En todos los pueblos
de Cataluña, en las capitales de comarca, los del POUM dan el ejemplo;
también en Madrid, en Levante, en el Norte... En Galicia y en Extremadura
nuestros camaradas mueren a centenares, oponiendo dura resistencia a la bestia
fascista. Pronto se organizan las milicias del Partido y sus columnas parten
hacia Huesca, hacia Teruel, hacia todos los lugares donde se precisa un combatiente.
Nos emociona la epopeya de nuestros camaradas de Madrid en Sigüenza:
allí, entre las ruinas de la catedral, perecen ochenta militantes del
POUM. Mueren muchos más en la Moncloa, en Somosierra, en la Casa del
Campo. En la heroica defensa de Madrid nuestro Partido tiene una participación
notable. Creemos recordar que fue el diario Informaciones el que un día
comentó elogiosamente el hecho de que en aquel triste 1 de noviembre
de 1936 fueron los dirigentes de nuestra sección de Madrid de los pocos
que no abandonaron la capital de la República. Pudiéramos ir
subrayando hechos y más hechos. Ínterin, muchos de los antifascistas
notorios en la hora actual esperaban agazapados poder pasar desapercibidos
en aquel remolino revolucionario que algunas cabezas absorbió. El PSUC
nada decía porque nada era ni nada representaba. El Partido Comunista
aguardaba angustiado tiempos mejores; no era entonces momento oportuno para
calumniar a ninguna fracción proletaria.
A partir del 19 de julio el estalinismo colabora a nuestro lado en multitud
de organismos oficiales u oficiosos. No pone el menor reparo, ni lo podía
poner, porque nadie le haría caso. Su prensa pone también sordina
a sus aviesas intenciones. Había que aguardar tiempos mejores; tal
era su lema. Y los tiempos mejores fueron llegando. Comenzaron con la preponderancia
que fueron adquiriendo merced a un hecho que merece ser anotado por su importancia:
la ayuda de la Unión Soviética a España. Durante tres
largos meses, que pudieron ser decisivos, la URSS se inhibió de nuestra
guerra civil. Causas de índole internacional, que ya han sido suficientemente
explicadas, empujaron a la Unión Soviética a prestarnos una
ayuda que habría de resultarnos más que cara. En efecto, especulando
groseramente con la ayuda rusa, el estalinismo fue apoderándose de
todos los resortes del Estado, de la policía, de la burocracia, de
los mandos del ejército. Coincide este hecho con otro acontecimiento
igualmente destacado: el monstruoso proceso de Moscú y el fusilamiento
de dieciséis viejos bolcheviques, entre ellos Zinoviev y Kamenev. Para
la prensa soviética la señal está dada: la ocasión
se aprovecha para comenzar la campaña contra el POUM.
Pero la campaña que contra nosotros inicia internacionalmente la
prensa estalinista, aún no comienza en España. No estaba el
fruto lo suficientemente maduro y bien se sabía que la clase trabajadora
española no comulgaba con ruedas de molino. Lo sabia bien el Partido
Comunista y su segundo el PSUC, los cuales todavía no se sentían
con suficientes fuerzas para comenzar. Durante uno, dos, tres y más
meses el estalinismo sigue colaborando a nuestro lado, mientras su prensa
del extranjero nos denigra e injuria. No dimos al hecho la importancia debida
y, si bien esto moralmente puede honrarnos, políticamente resultó
un error. En los medios revolucionarios, auténticamente revolucionarios,
existe una gran propensión a no hacer caso de las llamadas miserias
humanas, como si estas miserias no fueran un fruto humano y jugaran su papel
en el desarrollo de los acontecimientos. Mas insistamos en lo apuntado: durante
ese periodo el estalinismo hispano cierra la boca y contra nosotros no dice
ni pío. ¡Bien habría de gritar el condenado más
tarde!
Como siempre ocurre, la nota habría de darla el más despreciable
de todos: hemos nombrado al PSUC. El PSUC plantea la crisis de la Generalidad
en el mes de diciembre de 1936 con un solo objetivo: lograr nuestra eliminación
del gobierno. La maniobra se vio bien clara desde el primer momento y, por
si fuera poco, nosotros nos encargamos de denunciarla. Trabajo costó
a los beduinos del PSUC y al director de orquesta que era el consulado soviético
obtener sus fines. Pero lo lograron. Los medios de que se sirvieron y los
procedimientos puestos en práctica aún no son muy conocidos.
De todas formas es lo mismo. Señalemos el lamentable papel jugado por
los representantes de la CNT. Cuesta trabajo comprender cómo se les
pudo hacer pasar por el tubo; desde luego, su miopía política
y su candidez tradicional tuvieron su parte. Para la CNT todo aquello, que
representaba el porvenir mismo de la revolución, no porque la revolución
hubiera de triunfar y consolidarse a través del gobierno de la Generalidad,
sino por lo que la crisis significaba, no eran más que disputas de
grupos que no tenían sentido alguno. Y dándonos caballerosamente
el pésame colaboraron en aquella maniobra que es el punto de arranque
de la campaña que posteriormente se llevó a cabo contra el POUM.
También los anarquistas -¡ay!- querían estar por encima
de las miserias humanas, de esas mismas miserias que amenazan hundirnos definitivamente
a todos.
La maniobra de Cataluña fue combinada con otra asentada en Madrid.
El traslado del gobierno a Valencia dio como resultado la creación
en la capital de la República de una Junta de Defensa. Por causas que
no viene al caso explicar nació bajo el signo estalinista y también
con la exclusión de la misma de nuestro Partido. No se quiso tener
en cuenta la gran labor y el gran esfuerzo realizados por nuestra sección
madrileña. Pero no era esto lo peor. Aprovechando su influencia en
esa Junta de Defensa, el Partido Comunista extendió su omnímodo
poder a la policía, a los mandos del ejército, a la nueva burocracia
nacida al calor de las necesidades nuevas. Hace algunos meses, los diarios
confederales de la capital denunciaban las andanzas de la Nelken por cuarteles
y cuartelillos, ofreciendo prebendas y ascensos a la par que el carnet de
su partido. Todo esto lo sabe muy bien la Confederación regional del
Centro, que hubo de luchar con dificultades mil para poder mantenerse firme
en medio de tantos nuevos intereses creados. Y también los obreros
y campesinos que vieron surgir ante sí al nuevo cacique, mejor dicho,
al antiguo cacique; amparado ahora por el carnet político del que se
llamó «vanguardia de hierro de la revolución». Pues
bien, de la Junta de Defensa hicieron los estalinistas una ciudadela, de
la cual dispararon contra el movimiento revolucionario en general y contra
nuestra organización en particular. Para la Delegación de Orden
público buscaron y encontraron un hombre de paja o de mala hierba,
el Cazorla, que meses después fue obligado a dimitir por las monstruosidades
cometidas en el desempeño de su cargo. El Cazorla persiguió
sañudamente a nuestros militantes, les acorraló y les encarceló;
con manifiesta ilegalidad se incautó de nuestra emisora de radio, de
nuestra prensa, de nuestros locales. De hecho, el POUM fue puesto en Madrid
fuera de la ley, aunque no hubo sentencia judicial alguna. Todo esto pudo
conseguirse con cierta facilidad por ser nuestra sección madrileña
un tanto joven, aprovechándose además hábilmente del
ambiente creado por la guerra, que en Madrid se vivía tan de cerca.
En Cataluña no resultaba posible hacer lo mismo con idéntica
facilidad. Nuestro Partido tenía, tiene y seguirá teniendo hondas
raíces en la clase trabajadora catalana. Un golpe policiaco no era
bastante. Hacía falta preparar sicológicamente el ambiente y
se preparó. De ello se encargaron todos los aventureros del periodismo,
los que un día ponen una vela a Cristo y otra al diablo, los que nadan
a sus anchas en las aguas turbias del estalinismo. Existen muchos Peruchos
en este pícaro mundo. Treball, Las Noticias, La Rambla y algún
otro diario lanzaban día tras día, con perseverancia aldeana,
calumnias y falsedades contra el POUM. Apuntaron primero contra los Comités,
luego contra las Patrullas de Control; del ataque contra los órganos
de la revolución se pasó a la lucha contra las organizaciones
revolucionarias. La nuestra fue el blanco principal. Así cumplían
el mandato que se les habla dado. Llegó un momento en que la intensidad
de la campaña alcanzó un limite insospechado. Subrayemos la
serenidad de nuestros militantes ante las provocaciones de un Comorera, ese
rico tipo de gitano de la baja política. Después de haber agotado
todos los recursos, el estalinismo y su hermano siamés el psuquismo
pasaron de la simple calumnia a la incitación al atentado personal.
«¡Cuánta vileza hace falta para confundir la lucha razonada
e inteligente con la difusión de calumnias!» La frase es de Lenin
y bien vale la pena de repetirse, no porque sea de Lenin, sino porque es
justa. Ante esa campaña nuestro Comité ejecutivo lanzó
la propuesta siguiente: formación de una Comisión de encuesta
internacional que se pronuncie respecto a las acusaciones de que el POUM es
objeto. Así, cara al proletariado internacional, quería nuestro
partido que fuera juzgada toda su política y toda su actuación
revolucionaria. Pero no era esto lo que convenía a la pandilla de calumniadores.
La maniobra primera quedó desbaratada. No hay organismo, institución,
corporación municipal que no se pronuncie a favor de nuestros hombres.
Todos los Ayuntamientos de Cataluña se solidarizan con los representantes
del POUM, en algunos de ellos con los votos incluso de los miembros del PSUC.
En el mes de marzo, nuestra sección de Lérida plantea ante el
Tribunal popular el hecho de que nuestro Partido es acusado de fascista. Ante
ese Tribunal se presentan nuestros camaradas y el organismo judicial se inhibe
aduciendo que se trata de un pleito político que no es de su incumbencia,
es decir, que implícitamente reconoce que el POUM no es ni mucho menos
fascista. Pero no amilana esto a los calumniadores. La prensa estalinista
sigue lanzando bulos y publicando folletines sin par en la historia del periodismo
español. Un buen día nos hablan de una reunión celebrada
en Friburgo por hombres del POUM y de la Gestapo alemana. Sin embargo, Friburgo
es ciudad por completo desconocida para todos los camaradas del POUM; ninguno
de nuestros militantes estuvo jamás allí. Que así era
resultaba bien fácil de comprobar, pero no era esto lo que les interesaba.
Lo que les interesaba era que la campaña fuera prendiendo poco a poco
en las mentes de las gentes impresionables y en las cabezas o calabazas de
los burócratas que sabiéndolo falso llegaban a creer que fuese
verdad. Los diarios psuquistas Treball y Las Noticias fueron llevados a los
Tribunales por nosotros para que respondieran de sus acusaciones.
Vinieron los hechos de mayo. El curso de los acontecimientos mismos, la
lucha implacable que desde las esferas gubernamentales se llevaba a cabo
contra las conquistas revolucionarias, la natural reacción que en
un momento dado había de producirse en las masas trabajadoras, todo
esto hacía inevitable el estallido. Sobre todo, en las semanas anteriores
a mayo se agudizó la situación, viviéndose en un ambiente
sumamente enrarecido. Bien se vio que la campaña contra el POUM no
era más que una parte de la campaña contra el espíritu
vivo del 19 de julio, contra el movimiento revolucionario y contra la revolución.
No hubo institución, organismo cualquiera de los Comités surgidos
al calor y en los primeros días de la revolución que no sufriera
los ataques del estalinismo, la fuerza de choque de la contrarrevolución
burguesa-democrática. Contra las Patrullas de Control se desató
una campaña de insultos y calumnias, después que la UGT y el
PSUC se hubieran retirado de las mismas. (Esta guardia obrera, la máxima
garantía del proletariado, fue más tarde disuelta y sus componentes
perseguidos y encarcelados. Luego se comenzó a explotar por la
prensa estalinista una consigna que era toda una maniobra política:
las armas, todas las armas, al frente. Pero al mismo tiempo, el PSUC se armaba
y retiraba armas del frente, realizó una substracción de doce
tanques de guerra y empujaba al gobierno de Valencia a que llenara la retaguardia
catalana de guardias de asalto, de carabineros y de guardias civiles. Resumiendo:
lo que sobraban eran las armas de los trabajadores. Poco a poco las fuerzas
armadas de las antiguas instituciones gubernamentales se fueron apoderando
por la violencia de diversos pueblos de Cataluña. Un día es
Figueras, el otro Puigcerdá, luego Molins de Rey... El plan estaba
claro: se quería cercar a Barcelona, encerrarla en un cinturón
de fuerzas represivas dispuestas a dar el golpe sobre la capital en el momento
oportuno. Los asesinatos de obreros revolucionarios se suceden; las comarcas
comienzan a vivir una época de terror. Un dirigente de la UGT catalana,
Roldán Cortada, cae muerto sin que nadie sepa quién es el autor.
Su entierro es convertido por el PSUC en una verdadera manifestación
en la cual se alza el puño contra el movimiento revolucionario. El
éxito de la misma parece decidir a los autores del plan contrarrevolucionario.
La señal parece dada. El asalto a la Telefónica es la gran provocación
que había de producir la chispa.
Sirviéndose de una parte de la fuerza pública, los Ayguadé
y Rodríguez Salas, agentes directos de los provocadores estalinistas,
intentan dar un golpe de mano y apoderarse de la Central telefónica,
que estaba bajo el control de los trabajadores del ramo. Se trataba de algo
más que de una simple incautación. La Telefónica era
la piedra de toque y el elemento de prueba. El plan elaborado en París
o en Bruselas por los Comorera, Dencás y demás pescadores de
río revuelto era infinitamente más vasto. Pero desde el primer
momento tropezaron con la unánime oposición de todos los obreros.
La clase trabajadora se lanzó a la calle dispuesta a defender con las
armas en la mano sus conquistas revolucionarias. Pudo haber llevado el movimiento
hacia adelante y llegar hasta la misma Generalidad. Pero no lo hizo; no lo
hizo por causas diversas, una de ellas porque el movimiento nació con
signo defensivo. No se trataba, como luego se quiso propagar, de una lucha
fraticida entre hermanos, entre los obreros de la UGT y los de la CNT. Esto
es totalmente falso. Muchos obreros de la UGT estuvieron en las barricadas
de mayo aliado de los demás trabajadores. La única fuerza que
se opuso a éstos fue la compuesta por los diversos cuerpos de Orden
público y Seguridad: asalto, guardia civil, mozos de escuadra, y entre
ellos algún que otro mozuelo de Estat Catalá, que se movían
por móviles verdaderamente inconfesables. No se vio por parte alguna
a los 60.000 militantes del PSUC. La huelga fue unánimemente sostenida
y a ninguna organización se le ocurrió romperla. Y subrayemos
igualmente este otro hecho: en los primeros días del movimiento, cuando
todavía aún no se sabía cuál habría de
ser el final, los discursos por radio de los hombres del PSUC resultaban en
extremo prudentes. Fue después, cuando la situación se aclaró,
que valientemente reanudaron su lenguaje insultante y provocador.
El POUM interviene en los hechos de mayo como tenía que intervenir,
como correspondía a su condición de partido revolucionario.
Desde el primer momento intentó dar al movimiento unos objetivos determinados
y concretos. Pero no llegó a tener la dirección efectiva del
mismo. En realidad dirección no hubo, ya que las más de las
veces se obró con la misma espontaneidad que se había comenzado.
Es interesante establecer bien cuál ha sido la participación
efectiva del POUM en las jornadas de mayo, puesto que posteriormente se ha
intentado y se intenta encontrar en las mismas nuestro mayor delito. Todos
los documentos y resoluciones de la época determinan nuestra posición:
apoyo absoluto e incondicional a los trabajadores en armas. Este apoyo está
suficientemente justificado por nuestra propia trayectoria política.
Lo está al igual que lo estuvo el del partido bolchevique durante los
hechos de abril y las jornadas de julio de 1917 en Petrogrado. Explicando
este movimiento, escribía Lenin: «¿Tan difícil
es comprender que ningún bolchevique del mundo sería capaz de
provocar un movimiento popular si no concurrieran causas económicas
y políticas profundas, que se encargan de poner en acción al
proletariado?» En el mismo sentido podríamos nosotros responder
a los que intentan acusarnos de ser los que provocaron los hechos de mayo
en toda Cataluña. Por otra parte, no solo en nuestra literatura, sino
también -esto es lo más interesante- en multitud de artículos
y folletos editados por otras fracciones obreras queda suficientemente aclarado
todo. La CNT y su Comité nacional han dado a la luz varias resoluciones
y algunos estudios de carácter oficial, en todos los cuales la verdad
se pone una vez más al descubierto. La participación del POUM
queda aclarada en sus justos términos. Sin embargo, la prensa estalinista
aprovechó ese movimiento para intensificar su campaña de calumnias
contra nosotros. Se llegó a escribir -cuesta trabajo leer tales mentecateces-
que las jornadas de mayo fueron producidas por los agentes de la Gestapo alemana,
los elementos de la llamada quinta columna y los hombres del POUM. Lo decía
a voz en grito, uno y otro día, el estalinismo, que intentaba y logró
aprovechar dicho acontecimiento en beneficio de su política.
Las jornadas de mayo tienen, políticamente, una importancia fundamental.
El equilibrio del antifascismo gubernamental y del Frente Popular -dos cosas
y una sola verdadera- queda roto por completo. Igualmente desde mayo ya no
existe el menor equívoco sobre la verdadera naturaleza de la política
contrarrevolucionaria del bloque republicano-estalinista. Dichas jornadas
parten en dos mitades, quiérase o no se quiera, el llamado Frente antifascista:
a un lado los que tratan de liquidar por completo nuestra revolución,
de borrar las hondas huellas del 19 de julio; al otro, los trabajadores revolucionarios
y las organizaciones obreras que saben el peligro que nos amenaza y que estiman
que aún es tiempo de reconquistar lo perdido. Pero lo más fundamental
es eso: los grupos más avanzados, más conscientes, llegan a
la conclusión de que ya no hay salida posible mediante las simples
fórmulas o combinaciones gubernamentales, de que el problema es más
hondo y terrible, y de que la clase trabajadora solo podrá reconquistar
su hegemonía mediante un golpe de fuerza, mediante la violencia. De
las jornadas de mayo la clase trabajadora sale debilitada y no lo sale. Cierto
que todo movimiento que no se lleva hasta sus últimas consecuencias
resulta las más de las veces de consecuencias funestas. Pero en mayo
fue tal la exhibición de fuerzas que la clase obrera realizó,
resultó tan claro su espíritu de lucha y quedaron tan patentizadas
las grandes posibilidades que aún tenía por delante, que a pesar
de haber terminado el movimiento como terminó, pudo haber sido un
triunfo resonante para los trabajadores si las organizaciones mayoritarias
de la clase trabajadora -la CNT y la UGT- hubieran querido; pero éstas
prefirieron gastar el tiempo justificando su inhibición y dejar así
que se recobraran los partidos que formaban el frente del bloque republicano-
estalinista. Hay una muestra evidente del miedo sufrido por estos partidos:
sus tendencias conciliadoras durante el movimiento y la tregua que se impusieron
después del mismo. Es evidente que el estalinismo tenía preparado
todo el plan y que los hechos que comentamos habrían de servirle para
dar su golpe definitivo sobre las organizaciones revolucionarias, principalmente
contra nosotros. Sin embargo, no se atrevió a darlo inmediatamente
después de finalizados los acontecimientos de mayo. Lo lógico
es que se aprovechara de la entrada en Barcelona de los diez mil jaramas para
dar la puntilla al movimiento revolucionario e iniciar la represión
contra el POUM. ¿Por qué no se hizo así? Ya queda dicho:
porque la clase trabajadora había mostrado cuáles eran sus intenciones,
había enseñado bien claramente sus dientes y sus uñas
dispuesta a todo. Durante más de un mes -del 7 de mayo al 16 de junio-
tal parecía como si las aguas que se habían desbordado hubiesen
vuelto de nuevo a su cauce tranquilo. Solo las campañas alborotadoras
y chirriantes de la prensa estalinista eran un signo de que aún no
se había realizado la última jugada. En efecto, el 16 de junio
habría de ser la comprobación terrible de lo que apuntamos.
Existió en la represión llevada a cabo contra nosotros una
causa política de gran importancia, que no hemos visto señalada
en lugar alguno. Es ésta: se necesitaba nuestra eliminación
en tanto que organización para impedir la formación de un Frente
obrero revolucionario y para fortalecer de rechazo el Frente Popular. Porque
no solo el Frente Popular y el bloque antifascista salieron fuertemente quebrantados
de las jornadas de mayo, sino que éstas señalaron inequívocamente
cual era el nuevo camino. Es decir, que después de mayo era y resultaba
inevitable la formación del Frente Obrero Revolucionario, el reagrupamiento
sobre una base común de todas las fuerzas fieles a la revolución
socialista. Esto era lo que el estalinismo necesitaba evitar; por eso dio
el golpe de mano del 16 de junio. La represión efectuada contra el
POUM encogió a las demás organizaciones obreras, de tal manera
que el gobierno Negrín pudo sostenerse casi en el aire. Más
tarde la pérdida de Bilbao fue aprovechada muy hábilmente para
desviar la atención de los trabajadores de lo que se había hecho
con nosotros y para obligar a la CNT y a la UGT a prestar directa o indirectamente
un apoyo incondicional al gobierno.
La gran fuerza de los hechos de mayo no fue aprovechada por quien debía
y tenía la obligación de hacerlo. Ya hemos señalado el
interés que hubo en aparecer como chicos buenos ajenos a los actos
callejeros. Y lo que otros no hicieron lo hizo el estalinismo. Este maniobró
bien y con suerte indudable, logrando ganar terreno de forma sensible. La
crisis del gobierno de Valencia, provocada por el Partido Comunista para lograr
la eliminación de la CNT y de Largo Caballero, les vale un buen tanto.
Un fiscal a sus órdenes suspende a últimos de mayo nuestro
órgano central La Batalla, por causa bien singular: «La publicación
en el número correspondiente al 1 de mayo de un manifiesto del Comité
ejecutivo del POUM, manifiesto que se considera delictivo». Se van
preparando poco a poco las condiciones precisas para dar el golpe final.
Al fin llega el día tan soñado y preparado por el estalinismo:
el 16 de junio se desencadena la represión más violenta que
recuerda el movimiento obrero de nuestro país.
3.EL GOLPE ESTALINISTA DEL 16 DE JUNIO CONTRA EL POUM
«
Y no callaremos hasta ver eliminados de la vida política
a las bandas del POUM y exterminados sus dirigentes».
(Del diario estalinista
Ahora).
El miércoles día 16 de junio, al mediodía, es detenido
el camarada Andrés Nin, cuando se encontraba en la secretaría
general del POUM, en Barcelona. La detención la efectuaron miembros
de una policía especial del estalinismo, como más tarde se pudo
poner en claro; llevaban una orden firmada por el Jefe superior de Policía,
teniente coronel Burillo. En la noche del mismo día el camarada Nin
fue sacado de la Jefatura con dirección desconocida. Pocas horas más
tarde de la detención de Andrés Nin se hace lo propio con otros
muchos militantes del partido, entre ellos los miembros del Comité
ejecutivo Juan Andrade, Julián G. Gorkin, Jordi Arquer y Pedro Bonet.
La policía realiza un registro en el diario La Batalla y se lleva consigo
al redactor-jefe José Escuder. Días después se detiene
a José Rovira, jefe de la 29 División, aprovechándose
de una orden de presentación ante el general jefe del Ejército
del Este. En estos días los presos del POUM suman centenares. Nuestros
camaradas se ven perseguidos, acorralados, incluso los milicianos que estaban
en el frente y habían venido a Barcelona con permiso. Jamás
la historia del movimiento obrero español conoció hecho semejante.
Los agentes estalinistas asaltan brutalmente las diversas dependencias del
Socorro Rojo, los locales del partido, sus sanatorios, sus bibliotecas, el
Instituto Maurín. Los domicilios particulares sufren igual procedimiento;
se destroza, se roba, se llevan hasta los objetos más insignificantes
de uso particular. No se trata de registros en regla, con el correspondiente
mandamiento judicial. No; es una banda de ladronzuelos que no busca el hecho
delictivo, sino el objeto de provecho. Nunca se vio tal cosa. Los insultos
y las amenazas acompañan su labor. No se detienen ante nada ni ante
nadie. Se violan cajones, se rompen y destrozan muebles, desaparecen entre
sus manos objetos y valores. Así en todos los locales del partido,
en el edificio del diario La Batalla, en varios domicilios particulares. No
se detenía a tal o cual persona mediante mandato previo, sino que se
procedía a la caza despiadada de todo militante o simpatizante del
Partido Obrero de Unificación Marxista por el simple hecho de serlo.
También por el simple hecho de serlo se detuvo e incomunicó
a las compañeras de Andrade y Julián Gorkin. El Hotel Falcón,
habilitado por nuestro partido para los milicianos con permiso, es igualmente
asaltado y detenidos sus ocupantes. De todos los locales asaltados por la
policía, ninguno fue sellado como habitualmente se hacía. Por
el contrario, la mayor parte de ellos fueron habilitados inmediatamente, de
manera extraoficial, como oficinas policiacas donde se interrogaba y coaccionaba
a los militantes que se iban presentando ignorando lo que sucedía.
Muchos de estos interrogatorios fueron hechos por personas completamente ajenas
a los organismos oficiales correspondientes, siendo algunas de ellas extranjeras.
Eran los «chekistas» soviéticos en acción.
Los camaradas Juan Andrade, Pedro Bonet, José Escuder, Julián
G. Gorkin y David Rey -seudónimo por el cual es conocido en el movimiento
obrero Daniel Rebull-, sobre los cuales pesa todo el proceso que se ha intentado
montar contra los dirigentes del POUM, fueron detenidos el día 16 y
encerrados en los locales de la Jefatura superior de Policía. Allí
permanecieron hasta el 18, a las seis de la mañana. A esa hora fueron
sacados de los calabozos los cuatro primeros. En el patio, en presencia de
gran número de guardias y de agentes, nuestros camaradas fueron esposados.
A la puerta del edificio aguardaban cinco coches. Se hizo subir a cada uno
de nuestros camaradas en uno de ellos. Con cada detenido montaron en los coches
cuatro agentes. En el quinto vehículo subieron cuatro personajes probablemente
policías y, desde luego, extranjeros. Nuestros compañeros no
tienen la menor duda sobre este extremo. En total, a los cuatro detenidos
acompañan veinte agentes. La comitiva se puso inmediatamente en marcha.
Sin detenerse ni para desayunar ni comer, y siempre esposados, llegaron los
detenidos a las cuatro de la tarde a la Dirección General de Seguridad,
en Valencia. Cada uno de nuestros compañeros fue encerrado, rigurosamente
incomunicado, en un calabozo: Gorkin y Andrade en dos del piso alto, Bonet
y Escuder en dos de la planta baja. En el calabozo de Bonet, en un momento
en que eran numerosos los detenidos en calidad de incomunicados, metieron
a un teniente coronel de la Guardia civil, fascista. Bonet protestó
de que se le adjudicase tan desagradable compañía e inmediatamente
fue atendida su reclamación. Nuestros amigos permanecieron cuatro días
en la Dirección de Seguridad, sin ser interrogados ni fichados. El
día 22, a primeras horas de la tarde fueron trasladados, en unión
de nuestros camaradas de la sección de Valencia detenidos dos días
antes, a la Cárcel modelo. En la cárcel ingresaron todos sin
orden de incomunicación. Fue acaso un olvido...
El día 23, a las tres de la tarde, se recibió en la cárcel
la orden de poner en libertad a Escuder, Bonet, Andrade y Gorkin. Esta libertad
inesperada llenó de asombro tanto a los que iban a ser liberados como
a los restantes militantes del POUM también detenidos. Nuestros compañeros
quisieron cerciorarse de que, efectivamente, se trataba de una orden de libertad.
El personal de la prisión lo confirmó. Cuando nuestros cuatro
compañeros salieron a la calle se encontraron con unos agentes de policía,
que los hicieron montar en dos coches. Los vehículos partieron rápidamente
camino de Madrid.
Entre tanto, nuestros camaradas de Valencia hacían gestiones para
averiguar el paradero de los cuatro liberados. Por fin, un empleado de la
prisión informó a nuestros amigos que los detenidos habían
sido conducidos a Madrid. (Subrayemos la gravedad del hecho. ¿Qué
es lo que se trataba de hacer con nuestros camaradas? La interrogante se impone
cuando se observa el interés que ha puesto la policía en que
no quedase en sitio alguno huellas del paso de nuestros compañeros.
El único centro oficial donde consta que han estado detenidos era la
prisión celular de Valencia. Para borrar esta huella, la policía
sacó de la cárcel a los detenidos simulando que habían
sido puestos en libertad. ¿Por qué no comunicar a la dirección
de la cárcel que entregase los detenidos, a disposición de la
Dirección general de Seguridad, a la policía, portadora de
la orden de su traslado a Madrid? ¿Qué interés había
en ello? ¿No es más que sospechoso? ¿Qué se fraguaba
contra nuestros camaradas? ¿Se pensaba fugarlos, cómo se ha
hecho con Nin? ¿Se pensaba hacerlos desaparecer, sin que quedase rastro
de ellos?) En efecto, llegaron los detenidos a Madrid el día 24, a
las dos de la madrugada. Directamente fueron conducidos a las oficinas de
la Brigada especial, sitas en el Paseo de la Castellana. Allí fueron
encerrados en los sótanos, rigurosamente incomunicados. No se les hizo
ficha, ni se les tomó filiación alguna. La policía seguía
sin dejar huella del paso de los detenidos por los centros oficiales. Oficialmente,
nuestros camaradas detenidos seguían sin existir. En los sótanos
de la Brigada especial permanecieron nuestros camaradas cuatro días.
El día 28, a las ocho de la noche, fueron conducidos a una dependencia
policiaca conocida en Madrid por la Checa de Atocha. A cada uno de los detenidos
se le encerró, rigurosamente incomunicado con el exterior, en un calabozo
en unión de un fascista, excepto Bonet, a quien se le puso en compañía
de un confidente de la policía. Nuestros camaradas protestaron insistentemente
contra esta vejación y, al fin, al cabo de cuatro días, consiguieron
se les diese satisfacción. Se encerró a Bonet y a Gorkin en
una celda y a Escuder y a Andrade en otra, siempre incomunicados con el exterior.
Así permanecieron hasta el día 20 de julio, día en que,
por la tarde, fueron trasladados a la Prisión de San Antón.
También nuestro camarada David Rey fue trasladado de Barcelona a
Madrid, en unión de los compañeros Francisco Gómez,
Dositeo Iglesias y José Rodríguez Arroyo, estos tres militantes
de la sección madrileña, pero detenidos en Barcelona, donde
se hallaban para asistir al Congreso del partido anunciado para el 18 de
junio. Fueron conducidos en automóvil directamente a Madrid, donde
ingresaron en los calabozos de la llamada «Checa de Atocha».
David Rey fue incomunicado y siguió la misma suerte que los camaradas
Bonet, Andrade, Gorkin y Escuder. En cambio, los tres camaradas de la sección
madrileña no fueron incomunicados.
El día 13 de julio, casi al mes de efectuada la detención
de los compañeros Andrade, Bonet, Gorkin y Escuder, fueron interrogados
por vez primera por un agente de policía, miembro del Partido Comunista,
joven de unos 23 o 25 años, comunista de la última hornada,
tan sectario como puede serlo un estalinista de
nuestros días e ignorando todo lo referente a la doctrina e historia
del movimiento comunista. El interrogatorio fue originalísimo. He aquí
las principales preguntas que formuló a nuestros camaradas: «¿Consideran
ustedes mejor camarada a Trotski que a Stalin?», «¿Solo
consideran obreros revolucionarios a los del POUM y a los de la FAI?»,
«¿Por qué consideran pequeño-burgueses a los del
PSUC y a los del Partido Comunista?», «¿Están ustedes
conformes con la política actual del Gobierno?», «¿Por
qué no están de acuerdo con Stalin?», «¿Qué
críticas tienen que hacer sobre la URSS, que es el país más
democrático del mundo y el que tiene una ley electoral que concede
las más amplias garantías?». A estas preguntas fuera de
lugar se redujo todo el interrogatorio. Naturalmente, nuestros camaradas,
después de hacerle observar que esas preguntas nada tenían que
ver con la Ley de Enjuiciamiento criminal, respondieron cumplidamente al
joven policía y neófito comunista.
La represión desencadenada contra el POUM en Cataluña y Levante
se extendió igualmente a Madrid. El día 21 de junio fueron detenidos
en la capital de la República y en los locales del partido los camaradas
Víctor Berdejo, Francisco Clavel, José Lorenzo, Manuel Borrero,
José Docal, Absalom Infante y Enrique Sanz. Algunos de ellos permanecieron
incomunicados varios días. El 14 de julio fueron interrogados por
el mismo agente que había tomado declaración a los camaradas
citados anteriormente. Pero esta vez limitó sus preguntas a inquirir
desde qué fecha pertenecían al POUM y si estaban sindicados.
(Destaquemos por su importancia este otro hecho: a ninguno de nuestros camaradas
detenidos se le habló para nada de la acusación de espionaje,
ni en los interrogatorios se abordó esta cuestión.) A los pocos
días, justamente el 19 del mismo mes, fueron puestos en libertad José
Lorenzo, Manuel Borrero, José Docal, Absalom Infante y Enrique Sanz.
Los policías les habían comunicado que serían liberados
todos los detenidos en Madrid. No obstante, Francisco Clavel, José
Rodríguez Arroyo, Dositeo Iglesias, Víctor Berdejo y Francisco
Gómez continuaron y continúan detenidos, puestos a disposición
del Tribunal especial encargado de juzgar los delitos de espionaje, en unión
de los camaradas Juan Andrade, Pedro Bonet, Julián Gorkin, David Rey
y José Escuder.
El día 31 de julio, a las doce de la noche, salieron para Valencia
diez camaradas del POUM, puestos a disposición del Tribunal especial
de Espionaje. Las autoridades habían adoptado grandes precauciones
con este motivo. La emoción que en el movimiento obrero internacional
ha provocado la desaparición de Andrés Nin y la repulsa que
ha producido en todos los trabajadores y antifascistas de nuestro país
este hecho, indujeron sin duda al gobierno a adoptar las medidas de precaución
necesarias para que no se pudiera repetir con nuestros diez camaradas lo ocurrido
con el camarada Andrés Nin, secretario del POUM y ex consejero de
la Generalidad. (Había más de un motivo para temer por la vida
de nuestros camaradas. No se olvide que el traslado de Valencia a Madrid fue
un verdadero secuestro; el deseo expreso de la policía estalinista
de que no figurara en lugar alguno rastro del paso de los detenidos, es un
signo y motivo alarmantes. Cuando después de varias e inmediatas gestiones
se supo el sitio donde estaban encerrados en Madrid y se denunció públicamente,
el estalinismo tuvo que parar el golpe que preparaba contra ellos. El traslado
a Valencia podía ser aprovechado para atentar contra la vida de los
diez camaradas, mediante la aplicación de la ley de fugas.) En el
momento de salir los presos de la cárcel de San Antón se hallaba
presente el Inspector general de Prisiones. Un capitán del Cuerpo
de Asalto, persona de confianza del gobierno, dirigía la conducción.
Abría marcha un coche ocupado por cinco agentes de la Brigada especial,
precisamente los cinco que más se han distinguido en la represión
contra el POUM y que la dirigieron en Barcelona los días 16 y siguientes
de junio. seguía el coche celular con los diez detenidos y a continuación
iba un coche de turismo ocupado por el capitán, un sargento y un cabo
del Cuerpo de Asalto. Cerraba la marcha una camioneta con fuerzas también
de Asalto. Cada vez que el convoy hacia alto, el capitán y las fuerzas
de Asalto a sus órdenes descendían de sus vehículos
y rodeaban el coche celular. Era bien visible que las fuerzas de Asalto habían
recibido instrucciones severísimas para proteger la vida de nuestros
camaradas. A su llegada a Valencia fueron conducidos a la Dirección
General de Seguridad, permaneciendo allí breves horas, pasadas las
cuales fueron trasladados a la Cárcel Modelo, donde se encuentran
en la galería llamada de antifascistas, por serlo la casi totalidad
de sus ocupantes. Allí permanecen alojados cuatro en cada celda unipersonal.
La represión iniciada en Barcelona y extendida a Levante y Madrid
tuvo también sus repercusiones en las distintas comarcas de Cataluña,
al menos en algunas de ellas. Camaradas curtidos en la lucha revolucionaria,
que habían dirigido el 19 de julio la lucha contra las fuerzas armadas
del fascismo, que figuraban en puestos representativos y en Ayuntamientos,
fueron encarcelados sin motivo alguno por ser militantes del POUM. No había
delito alguno, ni se les acusaba de nada. Solo ser miembro de nuestro partido
era motivo suficiente. Se les detenía en grupos, a docenas. Expediciones
de jaramas mandados por policías estalinistas recorrían los
distintos pueblos de las comarcas; los reaccionarios emboscados en el PSUC
se encargaban de ir señalando con el dedo. Las cárceles de
todos los sitios se llenaron con militantes del POUM; y sin embargo, la bestia
no estaba ahíta. El diario
Treball copiaba a la Lliga y lanzaba
también públicamente su
¡Delateu! La delación
fue una ocupación para estalinistas y psuquistas.
En la madrugada del 9 de julio fue asesinado por esta gente el militante
del POUM José Navarro López. El camarada José Navarro
había luchado el 19 de julio contra el fascismo en las calles de Barcelona.
A los pocos días marchó hacia Aragón, formando parte
de las primeras columnas. Fue herido en la conquista de Monte Aragón.
Apenas curado de sus heridas marchó nuevamente al frente, siendo herido
por segunda vez en la toma de Las Lomas de Arascués. Regresó
luego a Barcelona, a cumplir con sus deberes de militante revolucionario.
Los cobardes del PSUC emboscados en la retaguardia, lo asesinaron. Presentaba
en el cuello un terrible tajo que le seccionó la yugular y ocho balazos
en el vientre. Sus últimos alientos de vida fueron para balbucear el
nombre de su querido partido. Sobre una cama del Hospital general dio ejemplo
de cómo muere un revolucionario.
No pararon aquí los crímenes del estalinismo. El día
6 de agosto fue fusilado el compañero Mena, cuyo caso relataremos más
adelante; igual suerte corrió José Cullarés, heroico
combatiente que había sido herido tres veces en el frente. Se montaron
procesos y más procesos, todos bajo órdenes expresas del que
fue jefe de Policía, teniente coronel Burillo, verdadero sabueso del
estalinismo. Los sindicatos, las organizaciones antifascistas, las corporaciones
municipales, todos responden de nuestros compañeros; los juzgados y
tribunales populares comienzan a decretar libertades por falta de pruebas
para condenar. Sin embargo, casi todos ellos continúan detenidos gubernativamente
o bien son entregados a tribunales especiales que no existen. Jamás
se conoció tanta ruindad y tan mala fe. En una carta abierta de varios
de nuestros presos en la Cárcel Modelo de Barcelona, dirigida al citado
Burillo, se le decía: «Cuando todos los jueces “leales” le hayan
fallado, no dude ni un momento: pónganos a disposición del de
Salamanca y, buen amigo suyo indudablemente, tendrá mucho cuidado en
no ponerle a Ud. en ridículo». En efecto, en Salamanca encontrarían
bien fácilmente las pruebas acusatorias del estalinismo contra el POUM,
pruebas que ningún juez digno de la España republicana ve por
parte alguna.
4.LA REPRESIÓN EN EL FRENTE Y LA DISOLUCIÓN DE NUESTRA
DIVISIÓN
El jefe de la circunscripción Norte del frente de Aragón,
al camarada Rovira, jefe de nuestra División: «
Llegado a
mi conocimiento brillante comportamiento sus fuerzas, me complazco en felicitarle,
rogándole transmita felicitación»
(De la prensa, 5-3-1937)
La represión desencadenada a instigación del Partido Comunista
y por policías y otras autoridades a sus órdenes contra el POUM,
ha tenido también su repercusión en el frente. No se ha detenido
el odio africano que a los estalinistas inspira nuestro partido ante los
combatientes que desde la primera hora empuñaron el fusil contra el
fascismo. Ni siquiera se ha detenido, como vamos a ver, ante aquellos militantes
del POUM que habían derramado repetidas veces su sangre en el curso
de la guerra. No se ha detenido tampoco ante aquellos hombres que sin ser
miembros de nuestro partido, perteneciendo incluso a otros partidos, convivieron
en el frente con los hombres del POUM. No se ha detenido ante nada ni ante
nadie.
Se desencadenó la represión contra el POUM a mediados de junio.
Simultáneamente, los estalinistas -en Cataluña los llamados
Socialistas Unificados- emprendieron la ofensiva contra la División
número 29, constituida a base de las milicias antifascistas reclutadas
por el POUM. El jefe de esta División, nuestro camarada Rovira, fue
detenido. Temiendo que se produjese una violenta reacción entre los
hombres que, bajo su mando, habían combatido durante un año
en el frente de Aragón, que conocían y estimaban su valor y
su valía, la policía no se atrevió a efectuar su detención
en el frente. Rovira fue llamado telegráficamente a Barcelona, al Cuartel
general del Ejército del Este. Acaso se esperaba verle llegar allí
rodeado de una numerosa escolta. Rovira llegó solo, presentándose
inmediatamente al general Pozas. En el despacho de éste hallábanse
unos agentes de policía. El general Pozas advirtió a estos funcionarios
que él no podía permitir la detención del jefe de una
de sus Divisiones sin conocer los motivos. Los agentes, con aire misterioso,
respondieron al general que se trataba de un asunto grave de espionaje. Rovira
se echó a reír. Los agentes mostraron entonces a nuestro camarada
un documento burdamente escrito en clave, que según ellos era la prueba
abrumadora del delito de que se le acusaba. Rovira se echó a reír
de nuevo. La versión policiaca era demasiado infantil. El general
Pozas recomendó a los agentes tratasen a Rovira con las consideraciones
debidas a su cargo y nuestro camarada fue trasladado a la Comisaría
General de Orden Público. De allí, a las pocas horas, fue llevado
en automóvil a Valencia, en unión de Jordi Arquer y de María
Teresa Andrade. En la cárcel de Valencia permaneció Rovira
cerca de veinte días, rigurosamente incomunicado. Al cabo de este
tiempo, sin sufrir otro interrogatorio que el realizado por dos agentes de
policía y que consistió en preguntarle si sabia por qué
estaba detenido y si era persona afecta al régimen, Rovira fue puesto
en libertad. ¿Qué quedaba de las supuestas abrumadoras pruebas
de espionaje -los documentos escritos en clave-, cuando la policía
ni siquiera se atrevió a mostrárselos a un juez?
Inmediatamente después de la detención del camarada José
Rovira, las Divisiones 25, 28 y 29 que operaban en el frente de Aragón
enviaron al Ministerio de Defensa Nacional un extenso documento, en el cual
respondían de la personalidad de nuestro compañero, así
como del magnífico comportamiento de siempre de nuestra División.
Interesa reproducir parte de este documento:
«Si de verdad el motivo de su detención es por ser jefe de
una División que, desde el primer momento, fue organizada por el POUM,
entonces se llega a la conclusión de que la detención obedece
a un carácter político. Parece que a los miembros de este partido
se les tacha de dudosos en cuanto a su antifascismo. No vamos a salir en defensa
de los miembros que podíamos llamar políticos de este partido,
porque esto ya no entra en nuestra esfera. Pero sí que queremos salir
a la defensa de la actuación antifascista del jefe de la División
29 y garantizar solemnemente su conducta revolucionaria, no de ahora, sino
de siempre, porque esto ya entra dentro de la esfera y la dignidad militares».
«José Rovira no es un militante del 19 de julio para acá.
Su actuación es conocida en Cataluña de mucho antes. Durante
la Dictadura de Primo de Rivera, tuvo que traspasar la frontera española
y buscar refugio en el extranjero para evitar la represión del dictador.
Vino el movimiento de Prats de Molló y Rovira fue el jefe técnico
que utilizó el primer presidente de la Generalidad, Francisco Maciá,
para llevar a efecto su empresa. Ya sabemos que en aquellos tiempos un gran
sector de la juventud revolucionaria catalana estaba enrolado en las filas
que acaudillaba Maciá. Vino la República y con ella pudieron
regresar a su país todos los exilados. Rovira, tan pronto como se encontró
en Cataluña, ingresó totalmente en el movimiento proletario,
como evolución moral de su carácter revolucionario y progresivo.
Pidió el ingreso en el Bloque Obrero y Campesino (ahora el POUM es
una continuación de este partido) y desde el primer momento fue un
militante destacado. Vino Octubre de 1934, y Rovira formó parte del
Comité Central de la Alianza Obrera, en donde tuvo una participación
preeminente, siendo perseguido nuevamente por el bienio negro. Cuando las
elecciones del 16 de febrero, él fue el propagandista incansable de
la candidatura única de izquierdas y movimiento obrero que se presentó
en Cataluña. Y llegamos al criminal movimiento faccioso de los militares
traidores. Rovira estuvo en su puesto de honor como lo ha estado siempre;
con sus camaradas, el 19 de julio luchó en Barcelona, en la Plaza de
la Universidad, donde vio caer a su lado a Germinal Vidal, destacado miembro
de la Juventud Comunista Ibérica, y muchos otros. Se constituye en
Cataluña, como consecuencia del movimiento, el Comité central
de Milicias, en el cual han participado los mejores militantes revolucionarios
de Cataluña. Pues bien, Rovira no podía faltar a este Comité.
Fue él mismo un miembro activo, audaz e inteligente. Los componentes
de este inolvidable Comité central de Milicias pueden dar fe de ello.
Pero su temperamento inquieto no podía avenirse mucho con la retaguardia,
y muy pronto, al mes justo de la Revolución, Rovira se marchó
al frente de su Columna, después convertida en División. De
allí ya no se ha marchado, hasta que una pretendida orden de detención
le ha arrancado de su puesto de responsabilidad. Estos son los antecedentes
políticos del jefe de la División 29, que se supone ha sido
detenido por dudoso en cuanto a su condición de antifascista».
«Por su larga permanencia en el frente de Aragón, le conocen
todos los jefes y oficiales del Estado Mayor del frente de Aragón que
han pasado por los Cuarteles generales de Barbastro y Sariñena. Todos
ellos pueden responder, también, de su actuación. Sin haberlos
consultado, como se comprenderá, estamos convencidos de que todos
ellos tienen un gran concepto de la capacidad y la convicción antifascista
de Rovira».
«Últimamente, en ocasión de las operaciones en el frente
de Huesca, ha sido como siempre, él personalmente, el que ha dirigido
las operaciones que correspondían ejecutar a la División 29.
Fue a esta División 29 a la que le correspondió tomar la Loma
de los Milagros, haciéndolo con puntualidad y cumpliendo los objetivos
que se le señalaron. Esta actuación mereció felicitaciones
entusiastas del general Pozas, dirigidas personalmente al camarada Rovira».
«Por lo que dejamos expuesto, se comprende claramente que nosotros
estamos convencidos de la inocencia del jefe de la División 29. Pero
si se demostrase lo contrario, desde luego, entonces procedería juzgarlo.
Pero es que aparte de esto, se ha seguido un falso procedimiento. José
Rovira es militar, por el hecho de ser el jefe de la División 29. Por
consiguiente, la detención de este jefe no podía hacerse por
otro conducto que el militar, sin la intervención más mínima
de la policía gubernativa. Es una cuestión de procedimiento
tan importante, que estamos convencidos de que S. E. el Subsecretario de Tierra,
coincidirá con nosotros que esto procede remediarlo para dejar en
su sitio a nuestro ejército».
«A los dos días de haberse producido la detención y
cuando pudo convencerse el Comisario de la División 29 que no se trataba
de una detención circunstancial, envió al Ministro de Defensa
nacional el siguiente telegrama»:
«José Rovira, jefe División, ha sido detenido en Plana
Mayor Ejército Barcelona Stop Ignoramos los motivos concretos; suponemos
trátase complicarlo plan base urdido contra Partido que milita Stop
Es paradójico quiérase acusar de sospechoso quien como Rovira
lucha en el frente desde el primer momento mereciendo su actuación
felicitaciones unánimes componentes Estado Mayor Ejército del
Este y anteriormente Consejería de Defensa Stop Recientemente últimas
operaciones Loma Milagros su conducta mereció felicitaciones entusiastas
general jefe Stop Confiando recto proceder usted agradeceré se interese
suerte Rovira y gestione su libertad por tratarse una lamentable equivocación».
«Este telegrama fue contestado por el Sr. Ministro con el siguiente»:
«Pido telegráficamente informes detención José
Rovira ignorada por mí».
«Este telegrama nos hace suponer todavía más que la
detención se ha producido sin el conocimiento del Ministro de Defensa
Nacional o sus organismos militares representativos en el Ejército,
es decir, de los organismos de guerra adecuados para el caso y facultados
para ello. Y es por esto que hacemos este informe, razonado, amplio, con
abundantes explicaciones en la confianza que no será estéril,
sino que merecerá la atención de usted, a fin de poder dar
una solución satisfactoria al mismo y, de esta forma, enaltecer todavía
más los organismos militares que hoy día son el arma fundamental
de nuestra victoria sobre el fascismo».
«SOLICITAMOS, pues, de S.E. el Subsecretario de Tierra se sirva intervenir
sin dilación en este asunto y si de su información resulta,
como se espera, la inculpabilidad del jefe de la División 29, se sirva
ordenar su inmediata libertad».
Este documento de las Divisiones 25, 28 y 29 es de gran importancia, no
solo porque en él se ve el concepto que de nuestros camaradas se tenía
en el frente de guerra, sino también porque subraya lo anómalo
del procedimiento seguido en la detención de José Rovira. Este
solo podía ser detenido por las autoridades
correspondientes a su cargo y graduación, es decir, por las altas
autoridades militares. Sin embargo, éstas no intervinieron para nada,
siendo la policía estalinista la que usurpó atribuciones que
no eran suyas. El telegrama de Prieto, ministro de Defensa Nacional es suficientemente
explícito: «Pido telegráficamente informes detención
José Rovira, ignorada por mí». Y como consecuencia de
esta intervención, nuestro compañero fue puesto inmediatamente
en libertad.
Pero no por eso estaba parada la ofensiva contra la División 29.
No sabemos si con orden del Ministro de Defensa Nacional o sin ella, esta
División fue disuelta. ¿Por qué? ¿Se habían
producido en la División actos de indisciplina?, ¿había
dejado de cumplir las misiones que se le habían confiado? ¿Se
había manifestado como pieza inútil en el engranaje del Ejército?
Nada de eso. Todos cuantos conocen la marcha de los frentes de Aragón
desde el comienzo de la guerra civil saben que las milicias del POUM, más
tarde División Lenin y finalmente División 29, han cumplido
en todo momento con su deber; que han superado a fuerza de valor y de sacrificios
la carencia o escasez de elementos de combate; que en ningún momento
han perdido terreno, que fueron los que conquistaron posiciones tan importantes
como Monte Aragón y Estrecho Quinto. Precisamente en el momento en
que se detenía a Rovira, la División 29 actuaba. Setecientos
hombres regaban con su sangre los campos de Aragón y, entre ellos,
sucumbía el camarada Cahué, jefe de una brigada, militante conocidísimo
en Tarrasa. Se disolvió la División 29 porque estaba constituida
por fuerzas reclutadas por el POUM; porque gran parte de sus mandos estaba
en manos de militantes de nuestro partido. No existía otro motivo.
Se trataba, por tanto, de una represalia y de una maniobra de marcado carácter
político.
¿Qué se perseguía al disolver la División 29?
¿Se trataba, acaso, de empujar a un acto de indisciplina a estos hombres
que durante un año habían sufrido penalidades sin cuento; habían
visto caer a muchos de los suyos y habían puesto toda su fe y toda
su pasión de revolucionarios al servicio de la causa común?
Hay que pensar que si, que era eso lo que se buscaba. Hubiera sido tan bonito
para el Partido Comunista y para el PSUC el que la División 29 se hubiera
sublevado; que hubiera habido que reducirla por la fuerza, quizá empleando
la artillería y la aviación; que hubieran podido celebrarse
algunos Consejos de guerra sumarísimos y fusilado a unas docenas,
a unos centenares de militantes del POUM. Los hombres de la División
29 no se prestaron a este juego criminal.
Devorando en silencio su amargura, conteniendo penosamente su indignación,
los jefes, los oficiales y los soldados de la División 29 acataron
la injusta y vejatoria orden de disolución.
Pero fracasada la primera tentativa de impulsar a un acto de rebeldía
a estos combatientes, los estalinistas, las gentes del PSUC, sirviéndose
de la División 27 -la antigua Carlos Marx, que está en sus manos-,
acentuaron hasta el limite extremo sus provocaciones. Se hizo el relevo de
las fuerzas de la División 29
que estaban en las trincheras. Al día siguiente, cuando esas fuerzas
no habían tenido tiempo para descansar, se recibió orden del
Cuartel general para que enviasen dos batallones a Boltaña, donde el
enemigo presionaba. A pesar de que estaban agotadas por seis meses de permanencia
en las trincheras, motivo por el
cual se les relevaba, los dos batallones designados al efecto cumplieron
la orden y se trasladaron al lugar que se les había señalado.
Entonces llegó la orden de disolución. Estos dos batallones
son desarmados por compañías. Las fuerzas que realizan este
triste cometido hacen sufrir a los soldados toda clase de vejaciones tanto
de tipo político como personal. Se insulta, por parte de los hombres
del PSUC, al POUM y a sus militantes. A los soldados se les despoja de sus
ropas, incluso de sus prendas interiores, de su dinero, de sus relojes, de
sus plumas estilográficas. Los milicianos del POUM aguantan estoicamente
todas estas canallescas provocaciones, porque saben lo que pretenden los que
las realizan. Estos hechos fueron denunciados al Cuartel General de Barbastro,
y posteriormente lo han sido al ministro de Defensa Nacional. Al mismo tiempo
que se realizaban estos actos de provocación y de robo, el jefe accidental
de la División 29, un comandante y varios oficiales y soldados fueron
detenidos, amenazándoles con ser fusilados sin previa formación
de causa. Posteriormente se les puso en libertad, lo cual indica que no existía
contra ellos acusación alguna.
Casi simultáneamente, las fuerzas estalinistas de la División
27 asaltaron el Parque Móvil de Velillas. La orden que llevaban las
fuerzas de la antigua División Carlos Marx era incautarse de los 1.500
fusiles que se había denunciado existían almacenados en el polvorín
de Velillas. No se encontró allí fusil alguno, por una razón
muy sencilla: porque no existían ni habían existido nunca.
Y aunque hubieran existido, nada habría tenido de sorprendente, tratándose
de un polvorín dependiente de una División del ejército
regular. El propio general Pozas reconoció más tarde, ante
camaradas nuestros, que le habían hecho una falsa denuncia. Lo cierto
es que, sin tratar de comprobar la veracidad de la denuncia, se enviaron
allí fuerzas para incautarse de los fusiles por sorpresa, actitud
que pudo haber provocado un conflicto violento, que solo fue evitado gracias
a la prudencia de que en todo momento han dado pruebas los milicianos, oficiales
y soldados del POUM. No encontrando los fusiles que decían buscar,
los asaltantes de la plaza de Velillas se llevaron todos los vehículos
que encontraron en el Parque Móvil. El mando de la División
29 protestó ante el general Pozas contra esta arbitrariedad. La protesta
no surtió efecto alguno.
No quedaron ahí las cosas. Los asaltantes detuvieron a varios jefes,
oficiales y soldados, entre ellos al camarada Rafael Bescós, comandante
de la plaza de Velillas; al camarada Francisco Ursul, capitán jefe
del Parque móvil; a Francisco Pelegri Garrigues y Juan Rocavert Guillén.
Estos camaradas se hallan detenidos en la cárcel de Lérida.
Contra ellos se sigue proceso. ¿De qué se les acusa? Al comandante
Bescós se le detuvo por negarse a hacer entrega del mando de la plaza.
Al proceder así no hizo más que cumplir con su deber; habría
merecido el encarcelamiento y proceso si hubiera procedido de otro modo. El
comandante Bescós no podía hacer entrega del mando de la plaza
a nadie sin una orden expresa del jefe de la División 29 o del general
jefe del Ejército del Este. La orden que tenían las fuerzas
que se presentaron en Velillas era exclusivamente de incautarse de las armas
que se decía ocultadas, o al menos almacenadas, en el polvorín
de Velillas. La orden en cuestión no decía que el comandante
de la plaza tuviera que resignar su mando. Al capitán Ursul se le detuvo
porque se opuso a que las fuerzas de la División 27 se llevaran los
vehículos que se hallaban en el Parque móvil bajo su custodia
y de los cuales era responsable. La orden, ya lo hemos dicho, solo autorizaba
la incautación de los fusiles, no la de los coches. Al proceder como
lo hizo, el capitán Ursul se limitó a cumplir con su deber.
Ahora se le pretende acusar de preparar un cargamento de armas en un camión.
El chofer del camión que se señaló como el que debía
hacer el transporte de esas armas, detenido en un primer momento, al cabo
dé pocos días fue puesto en libertad. Esto indica la falsedad
de las acusaciones. Indicamos, de paso, que el capitán Ursul no es
miembro del POUM; desde hace mucho tiempo milita en el partido Acció
Catalana Republicana. Y este detalle indica también que la División
29 no era coto cerrado de los miembros del POUM, sino que en ella se daban
los puestos de mando y de responsabilidad a los combatientes por sus merecimientos
y su capacidad, y no por su filiación política. Pelegri y Rocavert
fueron enviados a Velillas por el jefe accidental de la División para
informarse de lo que sucedía, a causa de los rumores alarmantes que
llegaban al Cuartel general de la División señalando que, a
unos cuantos kilómetros de la carretera de Barbastro a Huesca, se
detenía a todos los vehículos de la División 29. Ahora
se acusa a estos dos camaradas de haber ido a Velillas para organizar la
resistencia de la División a la orden de disolución de la misma.
El llamado Partido Comunista y el PSUC no se han contentado con obtener
la disolución de una División que repetidas veces había
merecido las felicitaciones del Alto Mando por su actuación en el frente.
Disuelta ya la 29 División, los oficiales y soldados licenciados, que
debían incorporarse a otras Divisiones o a sus Cajas de recluta correspondientes,
durante los breves días de permiso que con este motivo disfrutaban
en la retaguardia han sido objeto de continuas molestias y vejaciones. En
muchos casos ha bastado la simple presentación, a requerimiento de
cualquier guardia o agente de la autoridad, de la licencia de los no comprendidos
en las quintas actualmente en filas o del permiso de la División 29,
para que los soldados procedentes de esta unidad fueran detenidos y encerrados
en el castillo de Montjuich, en Barcelona, donde permanecen encerrados en
espera, según parece, de ser enviados a un batallón disciplinario.
Es de advertir que tanto las licencias como los permisos estaban avalados
con el sello del XII Cuerpo de Ejército, al que había pertenecido
la División 29.
Y ahora viene la parte más terrible y sangrienta de esta represión.
El día 7 de agosto publicaba la prensa la noticia de haber sido fusilado
en Lérida Marciano Mena Pérez. ¿Quién era Marciano
Mena? Un antiguo militante de nuestro partido. En octubre de 1934 tuvo ya
una participación en la insurrección. Terminada la lucha hubo
de refugiarse en el extranjero, para evitar la represión de las derechas
vaticanistas. El 19 de julio fue uno de los principales asaltantes del Castillo
de Lérida, cuya guarnición militar se había sublevado.
Desde aquel momento fue el comisario indiscutible del Castillo, que él
había ayudado a conquistar a los fascistas. Más tarde fue designado
comisario de un batallón. Al tomar posesión de su cargo de comisario
del Ejército del Este, Virgilio Llanos, miembro del PSUC, lo primero
que hizo fue destituir a este auténtico revolucionario de su cargo,
reemplazándolo por un militante del PSUC. Ha sido este mismo comisario
del PSUC quien jugó el repugnante papel de acusador de Marciano Mena
ante el Consejo de guerra sumarísimo que lo condenó a muerte.
¿De qué se ha acusado a Marciano Mena? Nada menos que de exaltación
a la rebelión. Según rezaba en el apuntamiento, en el mencionado
castillo de Lérida se produjeron algunos actos de indisciplina. Los
soldados -siempre según el apuntamiento del fiscal-, después
de asistir a una reunión, que no se celebró ni en el cuartel
ni en ningún local militar, hicieron un pequeño plante. En su
primera declaración, algunos soldados afirmaron que a esa supuesta
reunión habían acudido Marciano Mena, ex comisario del batallón,
miembro del POUM, y Jaime de Paula, comisario de compañía en
activo y militante de la CNT. En el acto del juicio los soldados rectificaron
su primera declaración y manifestaron unánimemente que les había
sido arrancada, pistola en mano, por el comisario del PSUC que actuó
de delator y acusador. En el juicio todas las pruebas fueron favorables a
los dos acusados. El abogado defensor hizo resaltar la falta absoluta de
pruebas y la poca consistencia jurídica de la acusación; demostró
que la reunión a que aludía la acusación se celebró
legalmente, convocada por la CNT, y nada tenía que ver el objeto de
la misma con la apreciación que daba el fiscal; hizo destacar el hecho
anómalo de que el parte-denuncia no fue firmado por los oficiales
de guardia, sino cursado horas después de los hechos supuestos por
el comisario del batallón, es decir, por el hombre del PSUC, cuyo
nombre destacamos aquí: Narciso García Caballero.
La impresión general, visto el curso del Consejo de guerra, era que
las penas graves que pedía el fiscal no serian aplicadas. Al final,
el Tribunal pidió a nuestro camarada si tenía algo que alegar.
Marciano Mena, que en todo momento dio pruebas de gran entereza y serenidad,
se levantó a hablar ante el silencio
general. Para todos los que escucharon el breve parlamento será un
recuerdo inolvidable. Habló un revolucionario de verdad, un comunista.
Habló con serenidad sin temor al peligro, sin miedo al desenlace que
él mismo preveía. Quince minutos duró su oración,
durante los cuales el Tribunal escuchó la vida de un revolucionario
y su ruego final: «Es una cobardía moral vuestra pretender darme
muerte junto a la tapia de un cementerio, lugar donde en cumplimiento de sentencias
del Tribunal popular tuve que presenciar el fusilamiento de muchos fascistas.
No podéis hacerlo; no debéis hacerlo. Los revolucionarios hemos
de morir como tales. Dando el pecho. Cara a cara con la muerte. No me espanta
el morir. Sé que he cumplido con mi deber de obrero revolucionario
y si la revolución precisa que yo muera, cúmplase el destino.
Pero no en una tapia del cementerio. Mandadme al frente, en primera línea,
cara a cara con mi enemigo de siempre, contra el fascismo. Que sea la bayoneta
de un alemán, la gumia de un moro o las balas de un italiano quienes
me quiten la vida. Y nada más». Al final, el público,
tanto los militares como los paisanos, presa de una fuerte emoción
por las palabras de Mena, prorrumpió con una fuerte ovación
que duró varios minutos, sin que el Tribunal se atreviera a hacer objeción
alguna. Rígidos, pálidos, los miembros del mismo asistieron
y presenciaron la identificación espontánea del público
con el acusado. Militares de significación como García Miranda
y otros varios de la plaza abrazaron emocionados a Marciano Mena. Nadie pensaba
en que su vida habría de terminar muy pronto por imposición
de la canalla estalinista.
A las dos de la mañana terminó el Consejo, que había
comenzado a las cinco de la tarde. El Tribunal se retiró a deliberar
y el camarada Mena fue conducido de nuevo a la cárcel. Momentos de
angustia para todos sus compañeros. El Tribunal deliberó horas
y horas, con muchas consultas y llamadas telefónicas. No hay duda:
pugnaba el convencimiento de la inocencia de Mena con la fría orden
de ejecución, impuesta de antemano. Después de terminadas las
deliberaciones, hay una reserva impenetrable sobre el resultado final de las
mismas. Hasta la una y media de la tarde no conoció el abogado defensor
del acusado la confirmación de
la sentencia de muerte contra Mena, sentencia que habría de ejecutarse
a las cinco de la tarde del mismo día. No había tiempo que perder.
Nuestro partido se movilizó inmediatamente para obtener el indulto
o al menos, de momento, el aplazamiento de la sentencia. Apenas quedaban tres
horas. La CNT, la FAI, Esquerra Republicana de Cataluña, Acció
Catalana, Izquierda Republicana, la alcaldía de Lérida, numerosos
sindicatos de la UGT, todos conjuntamente enviaron telegramas urgentes al
presidente del Consejo de ministros, en Valencia, solicitando el indulto.
Solo el PSUC y el Comité local de la UGT callan. Todas las organizaciones
citadas intentan comunicar con el ministro de Defensa Nacional. Más
tarde, una llamada telefónica de la Casa del Pueblo comunica al alcalde
que la UGT y el PSUC se adherían a la petición de indulto. Pero
no enviaron ninguna delegación para hacerla: se veía bien clara
la venganza partidista que representaba el proceso. Se intentan gestiones
en Auditoría y en otros centros militares. Media hora antes de la ejecución,
los representantes de todas las organizaciones antifascistas de Lérida
hicieron una visita al general Pozas para conseguir el aplazamiento. El citado
general solo quiso recibir a un representante. Fue el de la CNT y el general
le dijo que no podía aplazarse el cumplimiento de la sentencia, que
no había nada a apelar, que no sería el último fusilamiento
y que le extrañaba fuesen las organizaciones antifascistas quienes
pidieran el indulto.
Nada podía hacerse. El camarada Mena fue sacado de su celda sin que
se le comunicara la sentencia de muerte, ni se le hiciera firmar documento
alguno. Tampoco se permitió el que pudiera despedirse de sus familiares
y camaradas más queridos. Mena, de pie en el camión que le conducía
al cementerio, fue con las
manos atadas, pero con los brazos en alto y los puños cerrados, despidiéndose
de los trabajadores de toda Lérida, que profundamente emocionados presenciaron
su paso. A las cinco en punto de la tarde, el camión llegó
al lugar de la ejecución, donde se habían tomado extraordinarias
precauciones para impedir el
acceso al público. Diversos pelotones de soldados y guardias vigilaban
intranquilos. No se aguardó la llegada del defensor ni la de los familiares.
había gran prisa en terminar. Nuestro camarada se dirigió a
la tapia del cementerio, mientras se formaba el pelotón que había
de fusilarlo. En aquel momento terriblemente difícil y dramático,
les dijo: «Vais a ver cómo muere un revolucionario. Desatadme
y no me tapéis el rostro. Tirad sobre seguro». Y sus últimas
palabras fueron estas: «¡Abajo el fascismo!, ¡Viva el POUM!,
¡Viva la revolución!». El cuerpo del camarada Marciano
Mena se desplomó al suelo, asesinado por los instrumentos del estalinismo.
Y aún otro crimen más: el cometido con José Cullarés,
también del POUM. José Cullarés Cabestany se incorporó
desde las primeras semanas a las milicias del POUM. Ha permanecido diez meses
en el frente. Tres veces fue herido en campaña. Encontrándose
en la retaguardia convaleciente de su última herida, al ordenar el
gobierno la incorporación de su quinta a filas, se presentó
en la Caja de reclutas. Destinado al frente, al partir con un grupo de soldados
se produjeron en la estación algunos incidentes. A José Cullarés
se le acusa concretamente de haber proferido estas palabras: «También
los enchufados deberían ir al frente». Se le detuvo y pasó
ante un Consejo de guerra sumarísimo. Según nuestras noticias,
el fiscal consideraba el delito tan leve que "solicitó para el acusado
un mes de arresto. El Tribunal lo condenó a muerte. Fue conducido al
cementerio, lugar señalado para el cumplimiento de la sentencia. El
propio Tribunal solicitó la conmutación de la pena. Ya se hallaba
Cullarés ante el pelotón de ejecución cuando se recibió
la orden de aplazar el cumplimiento de la sentencia. Cullarés fue
devuelto a la cárcel y la sentencia enviada al gobierno. Se discutió
ampliamente en Consejo de ministros. Algún ministro hizo destacar la
refinada crueldad que representarla colocar por segunda vez ante el pelotón
de ejecución a ese hombre. Llegó la hora de votar. Los votos
se repartieron así: por la conmutación de la pena cuatro votos,
los de los ministros republicanos; por la ejecución, cinco votos, los
de tres ministros socialistas y, naturalmente, los de los dos estalinistas.
Es triste, pero es así.
Otros procesos contra camaradas del frente se encuentran en puerta. Es una
ofensiva implacable que no se detiene ante nada. El partido estalinista y
su filial catalana, el PSUC, llevan al frente, sin escrúpulo alguno
y sin temor a las graves repercusiones que pueden tener, sus mezquindades
de retaguardia, su afán de anular política y físicamente
al resto de las organizaciones obreras. Nada hay sagrado para ellos. ¿Qué
puede detener en su vesania a gentes capaces de condenar a muerte a un revolucionario
de siempre, a un voluntario de primera hora, a un hombre que como Cullarés
ha derramado tres veces su sangre? El estalinismo convierte el Código
Militar en un arma política más. Y con él el resto de
los partidos que se han doblegado, por intereses bastardos, a sus imposiciones
y a su política. Les tendremos en cuenta a todos, cuando hayan de responder
de tanto crimen.
5.LOS AUTORES MATERIALES DE LA REPRESIÓN Y EL TRATO DADO A LOS
DETENIDOS
«
Pero no basta disolver al POUM y a la llamada JCI»
(
Mundo Obrero, junio de 1937)
Toda la represión contra nuestro Partido, tanto en Barcelona como
en Valencia y Madrid, ha sido dirigida -y en parte realizada personalmente-
por agentes de la llamada Brigada especial, con residencia en la capital de
la República. Todos ellos eran miembros del Partido Comunista; no
lo ocultaron en momento alguno. El jefe, los inspectores y los agentes de
más confianza del estalinismo se trasladaron a Barcelona dos o tres
días antes del 16 de junio, sin duda para mejor preparar las «operaciones».
En Barcelona ultimaron su plan y el día 16 comenzó la represión.
La policía de la capital catalana no hizo, en realidad, más
que secundar órdenes; no creemos haya intervenido para nada; la que
dependía de la Generalidad; agentes de Madrid, es decir, agentes estalinistas,
iban a la cabeza de todos los grupos que practicaron las detenciones, registros
y robos, tanto en los locales del diario
La Batalla como en el Instituto
Maurín, en el Hotel Falcón, en las dependencias del Comité
local y Comité ejecutivo, en los edificios de nuestro Socorro Rojo,
en nuestros sanatorios, en los domicilios de los camaradas... También
fueron agentes de Madrid los que dirigieron la represión en Lérida
y otras capitales de las comarcas catalanas. El estalinismo lanzó
contra nosotros a sus hombres de más confianza. Esto demuestra dos
cosas: primera, que el Partido Comunista concedía a esta operación
policiaca para desembarazarse de nosotros la máxima importancia, y,
segunda, que el golpe lo realizaba el estalinismo al margen de las autoridades
gubernamentales y contando solo con su silencio o aprobación posteriores.
Todos nuestros camaradas detenidos fueron rigurosamente incomunicados y
encerrados en locales inmundos o en malas condiciones. Igualmente se les
despojó de su documentación y dinero, sin que los que más
tarde fueron puestos en libertad lograran recuperar los objetos y valores
de su pertenencia. A los más se les insultó de palabra y al
mismo Gorkin se le amenazó con darle un puñetazo en el rostro
y pegarle un tiro. Asimismo fueron objeto de la vejación que supone
encerrar a nuestros camaradas con elementos fascistas. Mantenidos en la más
absoluta incomunicación, les fue prohibida la entrega de ropa interior,
de mantas y colchones, teniendo que dormir en el suelo días y días.
Algunos de los detenidos se encontraban enfermos y en mal estado físico;
sin embargo, no se les atendió lo más mínimo en sus
justas peticiones. Incluso se siguió este trato inhumano y criminal
con compañeros que estaban heridos del frente y aún no restablecidos
por completo. Todo esto duró hasta que los detenidos pasaron a las
cárceles ordinarias, bajo jurisdicción de las autoridades del
Estado.
Los domicilios de los detenidos fueron asaltados, literalmente asaltados.
No se realizó registro alguno en debida forma, con las normas y formalidades
señaladas por las leyes correspondientes. Así sucedió
a los compañeros Gorkin y Escuder, entre otros muchos, cuyas habitaciones
fueron saqueadas por completo, llevándose los agentes de policía
hasta los más insignificantes objetos de uso personal. No se levantó
las más de las veces acta alguna; los policías que realizaban
el servicio se llevaban lo que les parecía y lo demás lo destrozaban.
Jamás se había visto hecho tan insólito, incluso en nuestro
país, donde la arbitrariedad policiaca es algo tradicional. El odio
del estalinismo contra nuestro partido, la pasión concentrada y torpemente
puesta al uso por los estalinistas contra nuestros camaradas revistió
carácter insuperables. No se paraban ante nada, cumplían al
pie de la letra el encargo recibido: aplastar al POUM. Y trataban de aplastarlo,
creían aplastarlo mediante aquellos procedimientos típicamente
fascistas. Los muebles, los libros, los objetos de arte, todos pagaban el
pecado de sus dueños. Lo grotesco se confundía con lo trágico.
Se llegó a algo aún mucho peor: cuando el camarada buscado
no era encontrado, la policía se llevaba como rehén a su compañera
o algún familiar. De esta manera ingresaron en prisión Maria
Teresa Andrade y Luisa Gorkin, siguiendo ésta todavía detenida
a pesar de que su compañero también se encuentra en la cárcel
y procesado. Quizás haya sido la primera vez que el procedimiento se
ha puesto en práctica en nuestro país. Fue preciso que la injerencia
de los elementos de la GPU rusa alcanzara el grado que alcanzó para
que sus métodos se dejaran sentir entre nosotros. En ningún
país civilizado del mundo se ha seguido jamás procedimiento
tal; los familiares de los perseguidos, por el solo hecho de serlo, han merecido
siempre el debido respeto. Solamente los países fascistas y semifascistas
han roto con esta tradición liberal, descargando la represión
contra todos los familiares. En los campos de concentración y cárceles
de Italia y Alemania existen aún como rehenes gran número de
familiares de los antifascistas que ya hace algún tiempo lograron escapar
y pasar la frontera. También la Unión Soviética de Stalin
y el estalinismo han escogido como norma policiaca este abominable y monstruoso
procedimiento. La influencia del estalinismo en los destinos de España
se ha dejado sentir en este mismo sentido. Por vez primera en nuestro país,
las compañeras y familiares de los revolucionarios perseguidos se
han visto arbitrariamente encarcelados. Esto ha sucedido a varios militantes
del POUM.
Consignemos un caso entre otros muchos: después de estar detenido
desde hacia varios días el camarada Arquer, la policía fue a
casa de su madre para efectuar un registro. No llevaban orden alguna y tuvieron
que ir a buscarla ante la exigencia de los familiares de Arquer. El registro,
naturalmente, no dio resultado alguno, puesto que nada delictivo había
en la casa. Sin embargo, los policías se llevaron -más propio
seria usar el verbo robar- numerosos objetos de uso particular, libros y
colecciones de prensa editada años atrás legalmente, objetos
y estampas religiosas propiedad de la anciana madre del camarada Arquer y
hasta un pijama de éste. El comportamiento de la mayoría de
los policías, que solo trataban con mujeres, fue en todo momento grosero
y reprobable. No tuvieron la menor atención ni delicadeza, entrando
y saliendo del domicilio como si estuviesen en su propia casa. Mientras unos
registraban y revolvían todo, los demás se dirigieron a la parte
de la casa que mejor les pareció para descansar de su faena; otro
de ellos se sentó a sus anchas y sin autorización alguna puso
en marcha el aparato de radio, quizá para amenizar la «operación»
policiaca. Cuando los familiares de Arquer -repetimos que todos eran mujeres-
hablaban alguna palabra en catalán, se les replicaba airadamente, tratando
de obligarles a que usaran la lengua castellana. Por fin, después de
bastante tiempo, terminaron el registro llevándose los objetos que
hemos mencionado. Cuando el compañero Arquer fue puesto en libertad
no pudo lograr, a pesar de sus gestiones y denuncias presentadas ante quien
correspondía, se le devolviese lo que habían llevado del domicilio
de su madre.
Todo esto y aún más se ha repetido exactamente en los distintos
pueblos y capitales de comarcas de Cataluña. No sabemos si los policías
y guardias que hacían los registros y detenciones tenían carta
blanca para proceder como mejor les viniera. Desde luego, lo que sí
se veía claramente es que se sabían bien respaldados y que su
manera de obrar, a todas luces arbitraria e ilegal, no les acarrearía
responsabilidad alguna. Y así sucedió. Cuantas denuncias se
hicieron sobre el particular cayeron en el vacío. Algunas autoridades,
bastantes, se escandalizaron luego de ese procedimiento ignominioso de la
policía, pero dejaron hacer; sabían bien que ésta contaba
con la mayor de las impunidades. No hace mucho, el ministro de la Gobernación,
el señor Zugazagoitia, trazó en presencia de camaradas nuestros
un perfecto diseño de la personalidad moral del policía español.
Según el ministro, la policía estaba compuesta en su mayor
parte de «gente sin la menor cultura ni moralidad, formada a base de
sectarios estalinistas llenos de odio contra todo y contra todos».
No seremos nosotros quienes pongamos en tela de juicio tales palabras. Sin
embargo, el ministro de la Gobernación, señor Zugazagoitia,
sigue reclutando a su policía entre esa gente «sin cultura ni
moralidad».
El trato dado más tarde a los detenidos y procesados de nuestro partido
varió bastante. Quizás obedezca a haber pasado a un régimen
carcelario y a depender de funcionarios ajenos a la policía. También
influyó no poco la gran protesta internacional contra la represión
estalinista y la presión de las organizaciones y personalidades internacionales,
que desde el primer momento se interesaron cerca del gobierno Negrín
por el estado de nuestros camaradas. Todo esto detuvo la mano criminal de
los agentes de la GPU y de los policías estalinistas españoles
que hubieran querido completar, de muy buena gana, las instrucciones que diariamente
les daba en público su prensa.
6.LA DESAPARICIÓN Y SECUESTRO DEL CAMARADA ANDRÉS NIN
«
...Hay que exterminar a Nin y a su grupito de amigos...»
(Miguel Valdés:
UHP, Lérida, 11-5-1937)
Como queda apuntado, el camarada Andrés Nin fue detenido el 16 de
junio en la secretaría general del POUM por varios agentes de policía
o supuestos agentes de policía -al menos presentaron la documentación
que los acreditaba como agentes de la autoridad-, los cuales llevaban una
orden de detención firmada por el que fue jefe superior de Policía
en Barcelona, señor Burillo. El camarada Nin fue conducido a los calabozos
de Jefatura, según se hizo saber a la prensa aquel mismo día.
A las pocas horas, y ya cerrada la noche, fue trasladado a Valencia con gran
lujo de fuerzas y convenientemente esposado. Cuantas gestiones se hicieron
luego para conocer el paradero exacto del camarada Nin resultaron infructuosas;
los centros oficiales se habían encerrado en el mutismo más
absoluto. Hubo que ir atando hilos, siguiendo su pista, investigando al margen
de las autoridades y realizando cuantas pesquisas resultaban posibles en medio
de las inmensas dificultades de aquellos días. Todos llegamos a creer
que se encontraría en Madrid, encerrado en alguna de las numerosas
«checas» allí existentes. Sin embargo, cuando se supo con
justeza la situación del resto de los camaradas detenidos y llevados
a Madrid -Andrade, Bonet, David Rey, Gorkin, etc.- y que entre ellos no se
encontraba Andrés Nin, cundió la alarma. Nuestro abogado, don
Benito Pabón, dirigió con fecha 2 de julio un escrito al señor
ministro de Justicia, en el cual se le decía: «El día
16 del pasado junio, fue detenido Andrés Nin, secretario general del
POUM, por orden de la Dirección General de Seguridad y seguramente
obedeciendo acuerdos del Gobierno -otra cosa sería inadmisible cuando
ninguna variación se nota en dicha Dirección General- se procedió
a la anulación práctica del POUM». Más adelante,
entre varios ruegos que hacia a dicho ministro, señalaba el abogado
Pabón: «4° Que se me comunique la situación actual
y lo ocurrido con Andrés Nin y con los demás detenidos, para
tranquilidad de sus familiares y satisfacción de la opinión
pública».
A este escrito de Benito Pabón, contestó el ministro de Justicia
con una carta de la cual son estos párrafos: «Reitero a usted,
para que pueda darlo a conocer con el testimonio de esta carta, la disposición
del Gobierno de la República a que el proceso contra los señores
Nin, Gorkin y demás asociados en el POUM se desarrolle dentro de las
normas del Derecho, con toda la garantía que las leyes imponen para
juzgar a los ciudadanos y con la defensa que éstos quieran utilizar
dentro de la ley». Y más adelante: «Puedo asegurarle que
nadie de los detenidos ha sufrido un rasguño, ni un mal trato, ni otra
presión que la de su propia conciencia». Esta carta está
fechada en Valencia, el 7 de julio de 1937.
A partir de entonces se realizaron diversas gestiones para poder ver a Andrés
Nin. Una delegación internacional, compuesta por representantes de
diversas organizaciones obreras de varios países, vino a España
para realizar una encuesta respecto a la represión llevada a cabo contra
nuestro partido, investigar el verdadero carácter de las acusaciones
que se lanzaban contra el POUM y poder visitar a los detenidos. Estos se encontraban
en Madrid, con vistas a ser trasladados a Valencia, causa por la que no se
complació por quien correspondía a los componentes de la delegación.
De todas formas, todos los ministros que fueron visitados, particularmente
el de Justicia, señor Irujo, aseguraron una y otra vez que todos los
dirigentes del POUM se encontraban bien. Se hicieron mil promesas y la delegación
regresó al extranjero en la seguridad de que así sería.
El secretario del Partido Laborista Independiente de Inglaterra, Fenner Brockway,
que había venido al frente de la misma, a su marcha dirigió
un escrito de despedida al Presidente del Consejo, al ministro de la Gobernación
y al ministro de Justicia. De este escrito son los párrafos siguientes:
«Por mi parte me marcho con la impresión de que la instrucción
del sumario se realizará por parte del gobierno dentro del respeto
más absoluto a las normas jurídicas y constitucionales en vigor,
permitiendo a todos los acusados el beneficio de un procedimiento normal,
lo que les agradezco profundamente en nombre de la opinión liberal
y obrera de Inglaterra. Les agradecería también que, en cuanto
sea posible, los delegados franceses puedan visitar a los acusados cuando
éstoS sean trasladados de Madrid a Valencia...». Bien pronto
habría de comprobar el camarada inglés la realidad de la seriedad
española, mejor dicho, la seriedad de nuestros demócratas republicanos
y de un ministro cristiano, apostólico y romano, que vulneraba tan
abiertamente uno de los diez mandamientos de su Iglesia.
El día 28 de julio, el ministro de Justicia facilitó una nota
por demás sorprendente: «La Dirección General de Seguridad
venía ocupándose de temas interesantes derivados y en relación
con actividades subversivas y de espionaje. Han sido entregados a los tribunales
de Espionaje y Alta traición los atestados correspondientes a los encabezados
que siguen: Juan Andrade, José Escuder Poves, Pedro Bonet Cuito, Julián
Gómez Gorkin, Daniel Rebull, Francisco Gómez Palomo, José
Rodríguez Arroyo, Dositeo Iglesias, Francisco Clavé Ruiz, Víctor
Berdejo Giménez y Javier Fernández Calver. Los diez primeros
pertenecen al POUM y el último a Falange Española...».
Dejando de lado la mala fe y aviesos designios que significa mezclar a un
fascista con nuestros camaradas, interesa esto: el nombre de Andrés
Nin no figura en la relación de procesados. La inquietud y el desasosiego
prenden en todos, en toda la clase trabajadora española, en los medios
obreros internacionales. Algunos diarios de nuestro país, movidos
más por solidaridad proletaria y afán de justicia que por afinidad
ideológica, elevaron su voz de protesta a pesar de todos los impedimentos
de la censura puesta al servicio del estalinismo y del atropello. La pregunta
que todo el mundo se hacia era esta: ¿dónde está Andrés
Nin? Sobre los muros y paredes de toda Cataluña, sobre las fachadas
de los edificios barceloneses se clavó en gruesos caracteres imborrables
esta interrogante: «¿Qué habéis hecho de Nin?».
La pregunta iba dirigida a un gobierno que no había logrado más
que cosechar derrotas en el frente militar, a un gobierno que se había
convertido en vulgar instrumento del estalinismo. Diversas personalidades
y organismos oficiales también se preocuparon por la suerte del que
había sido Consejero de la Generalidad de Cataluña y que, por
este mismo hecho, tenía derecho a un trato especial y a comparecer
exclusivamente ante el Tribunal de Garantías constitucionales. La
conocida propagandista anarquista Federica Montseny, ministro de Sanidad en
el anterior gobierno presidido por Largo Caballero, en un mitin celebrado
en el teatro Olympia de Barcelona el día 21 de julio, dijo: «Acaban
de decirnos que han sido hallados en Madrid los cadáveres de Nin y
dos compañeros más. Esta noticia no ha sido aún confirmada,
pero hasta tanto el gobierno lo desmienta diciéndonos dónde
está Nin, hemos de creer que es cierto». Palabras acogidas con
rabia e indignación por miles y miles de proletarios, que allí
mismo expresaron con gritos significativos todo su odio hacia un gobierno
que asesinaba o dejaba asesinar a los mejores militantes del movimiento revolucionario.
Una ola de protestas se levantó contra el gobierno Negrín.
De todo el país, de todo el mundo llegaban enérgicas resoluciones.
El gobierno, alcahuete del estalinismo, encubridor del crimen, se vio en duro
trance. El ministro de Justicia, que había sido el que más se
había distinguido en asegurar la buena situación de todos los
detenidos del POUM, se vio obligado a hablar; había estado, naturalmente,
al corriente de todo pero se calló por puras razones de gobierno. Pero
se calló hasta donde juzgó oportuno y hasta donde consideró
no deber comprometerse más. El 4 de agosto facilitó a la prensa
una nota que decía así:
«Al hacerse cargo esta jurisdicción de los varios atestados
formados por la policía a las órdenes de la Dirección
General de Seguridad con respecto a los sucesos subversivos ocurridos en Cataluña
en mayo pasado, en relación con denuncias, información y documentos
de espionaje recogidos en Madrid, de los que se ha dado nota pública
anteriormente, se observó que entre los detenidos puestos a disposición
de los Tribunales de Justicia no aparecía don Andrés Nin,
ex consejero de Justicia de la Generalidad, dirigente de POUM.
Practicadas las necesarias informaciones, resulta que el señor Nin,
en unión de otros directivos del POUM, fue detenido por la policía
de la Dirección General de Seguridad, trasladado a Madrid y recluido
en un preventorio habilitado al efecto por el comisario de policía
de Madrid, del cual desapareció, habiendo resultado hasta la fecha
infructuosas cuantas gestiones se han llevado a cabo por la policía
para rescatar al detenido y a su guardia.
El hecho ha sido puesto en conocimiento del Fiscal General de la República,
con orden de instar con la máxima urgencia del Tribunal de Espionaje
que entiende en el asunto, cuantas medidas se reputen adecuadas para averiguar
el paradero del señor Nin y la conducta de todos los elementos que
han entendido en los hechos, a partir de los documentos en que aparece insinuada
la figura del señor Nin, sobre los cuales, su contenido y autenticidad,
el Tribunal está conociendo ya. Todo ello sin perjuicio de la acción
de la policía, que continúa realizando pesquisas conducentes
al rescate de aquel detenido para ser puesto a disposición de los tribunales
de Justicia de la República en las cárceles del Estado».
Desde la fecha de su detención, nada se ha vuelto a saber en concreto
de la suerte corrida por el camarada Nin. A los cuarenta y nueve días
-¡a los cuarenta y nueve días!-, la comunicación del ministro
de Justicia descubre la trágica verdad y su desaparición toma
ya estado oficial. Hasta entonces no se había hablado por parte de
los estalinistas de la desaparición de Andrés Nin. Su prensa
se había callado prudentemente; cumplía una consigna más.
Cierto que venía día tras día pidiendo nuestro exterminio
físico, pero sin sacar a relucir para nada el nombre de Nin; se hablaba
solo de Andrade, de Gorkin, de Bonet, del resto de los detenidos, pero de
Nin, no. Mas después de hecha pública la nota del Ministerio
de Justicia, también los estalinistas rompieron el silencio. Con rara
y sospechosa unanimidad, los periódicos que reciben las inspiraciones
de Moscú o de los agentes directos de Moscú, tanto los que oficialmente
pertenecen al Partido Comunista y al PSUC como los que han sido sus cómplices
vergonzosos durante estos últimos tiempos, dieron una versión
extraordinaria: Andrés Nin, según ellos, se había evadido.
Iban en su audacia más allá que el propio Gobierno; se sentían
más papistas que el Papa. En esta innoble tarea colaboró un
diario -Adelante, de Valencia- que el prietismo había tenido que arrebatar
a Largo Caballero con la ayuda decidida de los carabineros y que dirigía
un periodista -Cruz Salido- que en el Norte había sufrido los más
rudos ataques de los estalinistas desde Euzkadi Roja. Este borrón
no lo quitará de encima el citado periodista y el mencionado periódico.
La nota del señor Irujo merece un amplio comentario. En primer lugar,
aunque redactada en forma bastante equivoca, sienta un principio: no habla
ni se refiere para nada a una posible o probable evasión. Habla de
desaparición, habla después de rescate; dice, finalmente, que
ha instado al Tribunal para que adopte «cuantas medidas se reputen adecuadas
para averiguar el paradero del señor Nin y la conducta de todos los
elementos que han intervenido en los hechos». No es éste el
tono que las autoridades suelen emplear, sobre todo en circunstancias tan
especiales, cuando dan a conocer a la opinión pública la fuga
de un detenido. Cuando un detenido se evade no se dice que ha desaparecido,
sino lisa y llanamente que se ha evadido; y no se habla de su rescate, sino
de su captura. Y si se trata de averiguar «la conducta de todos los
elementos que han intervenido en los hechos», eso quiere decir que en
el Ministerio de Justicia saben a qué atenerse respecto a la verdad
de todo. Como lo sabemos nosotros, como lo sabe toda la clase trabajadora
española, como lo saben las personalidades extranjeras que han visitado
a los ministros del gobierno Negrín en demanda de explicaciones sobre
la desaparición de Nin. Por otra parte, es claro como el agua pura
que si los estalinistas hubieran sabido que Nin se había fugado, no
habrían aguardado a que el gobierno hiciera pública la noticia
de la desaparición. ¿Aguardaron quizá a que dictaminara
la justicia o se pronunciara el gobierno para cantar a los cuatro vientos
la «existencia de documentos comprometedores contra el POUM y sus dirigentes»?
¡Poco ruido habrían armado los estalinistas si fuera cierto que
Nin se había evadido para hurtarse a la acción de los Tribunales!
Después de haber leído los crepitantes editoriales de la prensa
estalinista, a nadie le cabe la menor duda sobre la suerte corrida por Nin.
Podrá dudarse si está muerto o si aún vive, pero nadie
vacila en afirmar que Andrés Nin ha sido secuestrado. Tanto el ministro
de la Gobernación como el de Justicia, no se han recatado en afirmarlo
públicamente. ¿Por quién ha sido secuestrado? ¿A
quién podía interesar la desaparición de Nin? Solo y
exclusivamente a los estalinistas. Ellos fueron los que prepararon el golpe
contra el POUM, los que lo llevaron a cabo, los que se proponían la
eliminación, la exterminación, para decirlo con palabras de
un vulgar analfabeto cuya cabeza no contiene más que odio y serrín
-Miguel Valdés-, de los mejores hombres de nuestro partido. Andrés
Nin, el mejor de todos, era también el primero en la lista. Hicieron
con él lo que hubiesen querido hacer con todos; pero con los demás
el cálculo les salió mal.
Aún merece otras consideraciones la mentada nota del ministro de
Justicia. En ella reconoce que nuestro camarada Nin «fue detenido por
la policía de la Dirección General de Seguridad» -esto
es de importancia capital, puesto que el gobierno ha tratado luego de mostrarse
ajeno a tal hecho y el ministro de la Gobernación declaró repetidamente
que la policía no había intervenido para nada en la detención
de Nin- y que su desaparición tuvo lugar en «un preventorio habilitado
al efecto por el Comisario de policía de Madrid». Es decir,
queda bien claro que tanto en la detención como en la desaparición
de nuestro camarada han intervenido necesariamente -a menos que se demuestre
que el rapto fue acompañado de un acto de fuerza, lo cual no se ha
insinuado hasta el presente- elementos que pertenecen a la policía
oficial. Otro detalle que interesa destacar es que con Nin ha desaparecido
su guardia y que el ministro confiesa «que han resultado hasta la fecha
infructuosas cuantas gestiones se han llevado a cabo por la misma para rescatar
al detenido y a su guardia». Y subrayemos la palabra gestiones, que
emplea el ministro de Justicia en lugar de «pesquisas», que es
la expresión adecuada cuanto se trata de un caso de evasión;
esto lo sabe bien el señor Irujo, que es leguleyo de profesión.
En realidad, lo que se señala claramente es que los raptores son harto
conocidos y que con ellos se habían entablado negociaciones más
o menos oficiales para conseguir la entrega de todos los secuestrados, es
decir, de Andrés Nin y de sus guardianes.
Merced a nuestras averiguaciones hemos podido ir conociendo por dónde
pasó el camarada Nin, después de su detención en Barcelona.
Como ya hemos dicho, fue sacado en la noche del mismo día 16 de la
Jefatura de policía y, fuertemente esposado, trasladado a Valencia.
Parece seguro que permaneció rigurosamente incomunicado en los calabozos
de la Dirección General de Seguridad durante tres días. Desde
Valencia fue conducido a Madrid. ¿Adónde? Eso no lo hemos podido
averiguar. Lo que sabemos es que estuvo detenido en los calabozos de la Brigada
Especial, sita en el Paseo de la Castellana. Un guardia de Asalto, de servicio
en esta dependencia, preguntó a nuestro camarada Bonet, que había
salido del calabozo a evacuar una necesidad fisiológica: «¿Tú
eres el del POUM que ha venido hace unos días y sobre el cual nos dieron
órdenes muy severas?». Bonet respondió afirmativamente,
dándose cuenta de que el guardia aludía a Nin, pues él
había ingresado con otros tres camaradas y no se le había aplicado
régimen distinto al de sus otros compañeros de detención.
Bonet consiguió, al mentir al guardia, lo que se proponía: hacerle
hablar. El guardia habló. No es prudente decir aquí lo que
dijo. Nos basta su pregunta para poder afirmar que Nin pasó por los
calabozos de la Brigada especial del Paseo de la Castellana.
También tenemos la seguridad absoluta de que Nin pasó por
los locales de la llamada Checa de Atocha. Un camarada nuestro de Madrid
lo vio allí. Pero hay otro dato. Un día, nuestro camarada Andrade
llamó a un agente de los que allí prestaban servicio para hacerle
una reclamación sobre la comida. El agente le preguntó: ¿A
qué partido pertenece? » Andrade le respondió que era
miembro del Comité ejecutivo del POUM. Entonces, espontáneamente,
el agente le dijo: «¡Ah!, ¿entonces tú perteneces
al mismo partido que el ex consejero de la Generalidad que está abajo?».
Se refería a los calabozos de incomunicados que se encuentran en la
parte baja del edificio. Esta manifestación espontánea del agente
de policía es una prueba evidente de que Nin también estuvo
en la llamada Checa de Atocha.
Hay detalles que abonan la creencia de que desde este último lugar,
Nin fue trasladado de nuevo a la Brigada especial de la Castellana. Aquí
ya perdemos su pista. Pero tenemos indicios, facilitados por una persona que
ha trabajado con gran interés en averiguar el paradero de nuestro compañero
o la suerte que ha
corrido, de que Nin, desde el Paseo de la Castellana -o desde otro sitio-
fue trasladado a Alcalá de Henares, donde la policía al servicio
del Partido Comunista tiene a su disposición, o al menos tenía
en aquellos momentos, determinados locales. El traslado de Nin a Alcalá
de Henares obedecía a un plan: el de hacerlo desaparecer, dando a entender
que había sido raptado por la Gestapo alemana. El plan fracasó
porque ni la propia policía creyó esta fantástica versión.
Agreguemos que la primera versión de la desaparición de Nin
que dieron al ministro de la Gobernación fue que el ex consejero de
la Generalidad había sido raptado por miembros del POUM. El ministro
tardó muy poco tiempo en desecharla y en orientar sus trabajos para
rescatar a Nin en dirección completamente opuesta a la de nuestro partido.
Un alto funcionario del Estado, que en funciones de su cargo tuvo ocasión
de hablar con nuestros camaradas del Comité ejecutivo, detenidos a
la sazón en Madrid, hablando del caso Nin les afirmó categóricamente:
«Si el gobierno me diera plenos poderes, estoy casi seguro de que ahora
mismo montaría en el auto y pararía a la puerta misma del sitio
en que se encuentra Nin». Esto significa que no solo se sabia que nuestro
camarada había sido raptado y por quiénes, sino también
el lugar donde se le tenía recluido. No otra cosa se dejaba traslucir
a través de las palabras de los ministros, al responder a las preguntas
de la primera delegación obrera internacional que estuvo en nuestro
país, en el pasado mes de julio. Particularmente el ministro de Justicia
insistió repetidamente en que Nin vivía y que se hacia todo
lo posible por lograr rescatarlo. Asimismo, tanto el ministro de la Gobernación
como el de Justicia, rogaron a representantes nuestros que el POUM no diera
publicidad al hecho, ni se entrometiera en las gestiones que se realizaban,
ya que entonces se corría el peligro «de que nos devolvieran
un cadáver», según afirmaron. En fin, no se ha ocultado,
ni en las palabras ni en los hechos, que Nin había sido víctima
de un secuestro llevado a cabo por los estalinistas. Sin embargo, estos ministros
son responsables de haber permitido el estalinismo que nos atacara y atacara
impunemente a nuestro camarada Andrés Nin, amparándose en una
censura facciosa puesta a su exclusivo servicio.
Tenemos en nuestro poder un documento autógrafo de la compañera
de Nin. Olga Tareeva Pavlova. En él se hace un resumen de las declaraciones
hechas a la citada compañera por el señor Irujo, ministro de
Justicia. Este documento dice así:
«Primera entrevista, el 22 de junio de 1937.
Que los ministros no sabían nada de lo sucedido. Que ignoraban por
completo la orden de detención contra Nin y demás camaradas,
así como la clausura de los locales del POUM.
Que hace gestiones para «encontrar» a los detenidos y que en
tal sentido trabaja la policía.
Él no cree que se hayan encontrado documentos comprometedores, ni
que la gente del POUM sea fascista y agentes de Hitler y de Mussolini. Que
está muy disgustado por lo que ocurría y promete hacer todo
lo que pueda para hallar a los desaparecidos y ponerlos en manos de la policía
española».
«Segunda y tercera entrevistas.
Irujo declara que está completamente seguro de que Nin vive. El y
el ministro de la Gobernación tratan de «rescatarlo». No
puede decir de manos de quién ni con quién trata para tal rescate.
El ministro de la Gobernación ha ido a Madrid para rescatar a Nin
pero ha vuelto sin él. Todo esto es muy desagradable, pero él
no puede hacer nada para remediarlo. Con todo manifiesta su confianza en que
pronto podrán tener a Nin en manos de la policía española».
«Otras entrevistas.
El señor Irujo continúa afirmando que Nin vive. A la pregunta:
“¿Quién puede saber lo que ha sucedido a Nin?”, responde: “Los
confidentes”, y alude a los ministros estalinistas.
El ministro de Justicia sabe por confidencias de su gente, correligionarios
del Partido Nacionalista Vasco, que Nin está en Madrid y vivo, pero
que es muy difícil encontrarlo. Él piensa que ahora los comunistas
están arrepentidos y quisieran entregar a Nin, pero no saben cómo
hacerlo. La policía busca por todo Madrid, pero aún no tiene
una pista segura. A la pregunta de si su gente ha visto a Nin, responde que
no, pero que le han dicho que vive personas que lo han visto.
El proceso contra los dirigentes del POUM lo será por los hechos
de mayo y no por espionaje. Todo esto del espionaje es falso; ese fascista
llamado Golfin, que querían complicarlo con ellos, ha declarado que
no conoce a Nin ni a nadie del POUM, y los documentos que el ministro ha
visto son de Falange. Lo que en uno de ellos se ha puesto sobre el POUM y
una N... se ha comprobado que es todo falso; dice que alguien sacó
esos documentos de los archivos de la policía y añadió
todo eso que se refiere al POUM. El proceso no será a puerta cerrada
y él dará todas las facilidades para que puedan defenderse.
En entrevistas posteriores se ha limitado a afirmar que Nin vive, que todos
los días le dan nuevas pistas, pero que aún no sabe nada en
concreto.
Firmado: Oiga Tareeva
Valencia, 9 de agosto de 1937».
Como se ve, el ministro de Justicia no hace más que repetir a la
compañera Olga Tareeva lo mismo que dijo a la primera delegación
internacional y a los representantes de nuestro partido que le visitaron
en aquellos días, es decir, que Andrés Nin vivía, que
había sido secuestrado y que se efectuaban gestiones para rescatarlo.
Estas eran las palabras no solo del ministro de Justicia, sino de todos los
ministros, excepto -naturalmente- los estalinistas. Y esas palabras tienen
una importancia fundamental ya que expresan oficialmente la realidad de lo
sucedido y rectifica por completo los argumentos que la prensa del Partido
Comunista intentó sacar a colación a tenor de la supuesta «fuga»
de Nin. Sin embargo, las gestiones del gobierno para «rescatar»
a nuestro camarada no debieron dar mucho resultado. Al menos no se avanzó
un ápice en el conocimiento exacto de la situación de Nin.
La impresión que iba prendiendo en todos, en la clase trabajadora
en general y en los propios ministros, era la de que Nin había sido
asesinado. ¿Asesinado por quién? Asesinado por sus raptores,
que el mismo ministro de Justicia había señalado con el dedo:
los estalinistas. A esta conclusión se debió llegar en las
altas esferas oficiales, lo que cambió por completo su actitud. Desde
entonces, ya no se habla ni se alude para nada a «gestiones»
ni a «rescate», sino que la única preocupación
ministerial es poner de manifiesto que el Gobierno nada había tenido
que ver ni con la detención ni con la desaparición de Andrés
Nin. Se quiere -de nuevo la complicidad más absoluta- cubrir este
asunto con el manto del silencio y no hablar más de él.
La camarada de Nin presentó, en el pasado mes de agosto, una denuncia
ante el Juzgado de Guardia, denuncia en la cual se pone claramente de manifiesto
toda la trama de la desaparición de nuestro compañero:
«Al Juzgado.
Olga Tareeva Pavlova, mayor de edad, con domicilio en esta capital, calle
de Rosellón, número 168, piso cuarto, ante el Juzgado comparezco
y expongo:
Que en calidad de compañera de Andrés Nin he de denunciar
al Juzgado algunos hechos de los que ha sido víctima su esposo y que
presentan la figura de delitos, de los más gravemente sancionados por
el Código penal.
“Nin detenido por orden de la Dirección General de Seguridad”.
Andrés Nin fue detenido el 16 del pasado mes de junio, cuando se
hallaba en su despacho del Comité Ejecutivo del Partido Obrero de
Unificación Marxista, instalado en la Rambla de los Estudios. Fue
trasladado seguidamente a la Comisaría general de Orden público,
de donde, al cabo de unas horas, fue sacado en automóvil, con destino
y dirección desconocidos.
Quienes efectuaron la detención, acreditaron su condición
de agentes el Cuerpo de Investigación y Vigilancia, y exhibieron,
además, una orden e detención firmada por el jefe de policía
de Barcelona, señor Burillo.
La noticia de la detención de Andrés Nin la publicó
toda la prensa, la cual publicó también la información
de que dicha detención había sido efectuada por agentes de la
Dirección General de Seguridad, que se trasladaron a Barcelona desde
Madrid con el objeto de detener a Nin y a los demás dirigentes del
POUM, a los que se acusaba de espionaje.
“Nin detenido al margen del gobierno de Valencia”
Desde el momento mismo de la detención de Andrés Nin, se realizaron
gestiones para saber su paradero y aclarar el sentido y alcance de su detención.
A pesar de ello no ha sido posible localizar el paradero de Andrés
Nin. Cuantas gestiones han sido efectuadas cerca de los ministros del gobierno
de la República, han sido totalmente infructuosas. Los ministros del
Gobierno de la República no pudieron dar ningún dato sobre el
paradero de Andrés Nin, “porque ellos mismos lo ignoran”.
Nin, detenido en Barcelona en méritos de una orden firmada por el
jefe de policía señor Burillo, detenido por unos agentes de
la Dirección General de Seguridad, “había desaparecido, en calidad
de detenido, del control del Gobierno”.
“Andrés Nin fue secuestrado”.
Posteriormente, una nota hecha pública por el Ministerio de Justicia
el día cuatro de los corrientes, daba cuenta de que Andrés Nin
había estado detenido en Madrid, en un preventorio habilitado al efecto
por el Comisario de policía de aquella capital, del cual –sigue diciendo
la referida nota- desapareció, habiendo resultado “hasta la fecha
infructuosas cuantas gestiones” se han llevado a cabo para “rescatar al detenido
y a su guardia”.
O sea que Andrés Nin y los que tenían confiada su vigilancia
han sido secuestrados, y se hacen gestiones para rescatarlos. Rescatarlos,
¿de quién?
“Liebknecht, Luxemburgo, Matteoti...”
Resumiendo: Andrés Nin es detenido por la Dirección General
de Seguridad, a través del jefe de policía de Barcelona, señor
Burillo. Nin es trasladado a Madrid, sin que el Gobierno conozca su paradero.
Y al cabo de unas semanas, el Ministerio de Justicia nos informa que se hacen
gestiones para rescatar a Andrés Nin.
En esta denuncia queremos hacer abstracción del aspecto político
de la cuestión, que en su día juzgará y sancionará
el proletariado. Este aspecto político nos llevaría sin duda
a poner de relieve la monstruosidad de que un partido, amparándose
en los instrumentos de poder que están en sus manos, detenga y haga
desaparecer a un dirigente obrero, tal como se hizo con Karl Liebknecht, Rosa
Luxemburgo y Giaccomo Matteotti.
No es para exponer este aspecto del caso que comparecemos hoy ante el Juzgado,
sino porque entendemos que los hechos anteriormente reseñados presentan
claramente la figura de delitos, perseguibles de oficio, y previstos y penados
en el Código penal.
La orden de detención de Andrés Nin estaba firmada por el
señor Burillo, jefe de policía de Barcelona. ¿Dicha
detención fue conocida y ordenada por sus superiores jerárquicos,
el Director General de Seguridad y el ministro de la Gobernación?
Andrés Nin fue trasladado a Madrid. ¿Dicho traslado fue ordenado
por el Director General de Seguridad, señor Ortega, y fue conocido
por el ministro de la Gobernación?
Andrés Nin fue secuestrado del preventorio donde se hallaba detenido
en Madrid. ¿En qué circunstancias se realizó este secuestro?
Podrán informar sin duda sobre el caso los agentes de la autoridad
encargados de su custodia, y especialmente los agentes de la Brigada especial
de Madrid Fernando Valentín, Rosell, Ramallo e Iglesias, los cuales
estuvieron en relación estrecha con Andrés Nin.
Puede asimismo contribuir al esclarecimiento de los hechos a que puedan
ser aplicadas las oportunas sanciones penales, la declaración del
director del diario de Valencia “Frente Rojo”, afecto al Partido Comunista
de España, por cuanto en el articulo editorial del día 10 de
los corrientes ha afirmado que «conoce y sabe el paradero de Andrés
Nin.
Por último, creemos que también puede facilitar datos sobre
lo acaecido a Andrés Nin, el comisario de Orden público de Madrid,
David Vázquez, al cual se le negó, a pesar de la naturaleza
de su cargo, que Andrés Nin, detenido gubernativo, quedase bajo su
control y responsabilidad.
Por todo lo anteriormente expuesto, y estimando que de los hechos que quedan
reseñados aparecen indicios más que suficientes para suponer
la comisión de distintos delitos de los perseguibles de oficio, es
por lo que los pongo en conocimiento del Juzgado, a fin de que se disponga
la instrucción del correspondiente sumario.
Barcelona, veinte de agosto de mil novecientos treinta y siete.
Firmado: Oiga Tareeva Pavlova»
Como consecuencia de esta denuncia y de las protestas recibidas de todos
los países del mundo, el Ministerio de Justicia resolvió abrir
una información, nombrando juez especial encargado de la instrucción
del sumario por el secuestro y probable asesinato de Andrés Nin al
señor Moreno Leguia y en representación del Ministerio fiscal
al señor De Juan. Ambos funcionarios comenzaron su actuación
y estuvieron en Madrid practicando diversas diligencias. En el sumario instruido
sabemos prestaron declaración cuatro ministros, el de la Gobernación
y el de Justicia entre ellos, siendo de suponer que los otros dos habrán
sido los representantes estalinistas. También prestó declaración
el ex Director General de Seguridad, señor Ortega, sobre quien recae,
en primer término, la responsabilidad mayor por la desaparición
de Nin; y el actual Director General interino, señor Morón.
Igualmente fueron llamados a declarar nuestros camaradas Andrade, David Rey,
Gorkin, Bonet y José Escuder. Se ignora hasta el presente el resultado
de todas estas diligencias, así como el estado del sumario. De todas
formas, tanto la destitución del teniente coronel Ortega de la Jefatura
de la Dirección General de Seguridad como la del señor Vázquez,
comisario general de Orden Público en Madrid, pueden relacionarse con
la marcha de estas diligencias sumariales.
La denuncia de la compañera de Andrés Nin apunta claramente
el procedimiento a seguir para ir esclareciendo los hechos. El procedimiento
es el siguiente: 1) Averiguar quiénes lo detuvieron y por orden de
quién; 2) A dónde lo han llevado y por los lugares que ha pasado
hasta recluirlo en el preventorio que el comisario de policía de Madrid
habilitó al efecto; 3) Quiénes custodiaban a Nin el día
que desapareció, cosa bastante fácil de averiguar si se tiene
en cuenta que en las Comisarlas se hace el recuento de los detenidos varias
veces al día; 4) Filiación política de sus guardianes
del día que desapareció; 5) Expresar las cárceles independientes
del Estado y por las cuales ha pasado Nin; así se verá quién
tenía el control de las mismas y quién tenía interés
en que el detenido no estuviera bajo la protección de las autoridades
gubernamentales; 6) Los detalles más interesantes pueden y deben darlos
los policías de la Brigada especial de Madrid Valentín, Ramallo,
Rosell e Iglesias, los cuatro en relación directa con Nin durante su
detención, así como el que fue comisario general de Orden Público
en Madrid señor Vázquez, al cual se le impidió, no obstante
su cargo, hacerse responsable del detenido.
Es en este sentido que debe orientarse el sumario abierto por orden del
ministro de Justicia. No sabemos si lo habrán hecho así o no.
Pero lo que sí fue de dominio público ha sido el suceso acaecido
con motivo de las diligencias practicadas. Parece ser que el juez especial
que instruye o instruyó el sumario, después de las primeras
diligencias verificadas, ordenó la detención de dos policías
por su intervención directa en el asunto. Automáticamente,
el director general de Seguridad, señor Morón, ordenó
la detención del juez mencionado. Como se ve, existe la preocupación
máxima de que no se esclarezca nada de este affaire.
La prensa estalinista lanzó el bulo: según ellos, el camarada
Nin había sido liberado por gente del POUM, para ponerlo así
a salvo. Como la patraña no prendió, su rica imaginación
detectivesca parió otra, no menos ridícula y falsa: fueron agentes
de la Gestapo alemana los que lo raptaron, para librarlo de la justicia republicana
y llevárselo a Salamanca o a Berlín. Fíjese el lector
en este hecho: tanto en una como en otra versión se habla de rapto
por un simple grupo armado, como si en el momento actual, de extrema vigilancia
en todas las prisiones y de las cuales no puede evadirse un vulgar raterillo,
fuera posible a cualquier grupo llegar hasta una prisión, no encontrar
en ésta a nadie de vigilancia, sacar al detenido y llevárselo
tranquilamente sin que nadie viera nada ni supiera nada, a pesar de los controles
de carretera existentes y de que no es posible dar un paso sin tropezar con
fuerzas de vigilancia. La leyenda o historieta es tan burda que moverla a
risa si no se tratara de la vida de Andrés Nin, incalculablemente valiosa.
En realidad, nadie se ha hecho eco de la leyenda estalinista, ni la clase
trabajadora de nuestro país, ni la del mundo entero, ni siquiera los
corresponsales de la prensa extranjera. Las versiones dadas en los diarios
extranjeros coinciden en afirmar categóricamente el asesinato de Nin
a manos de los estalinistas. El diario londinense Times, en un número
del pasado mes de agosto, escribió: «Según informes privados
es falsa la huida de Nin, dirigente del POUM. Este fue asesinado por sus enemigos
políticos. Nin fue cogido una noche por un grupo armado, hace ya algunas
semanas, en la cárcel de Madrid, y desde entonces su paradero ha quedado
envuelto en el misterio. Se dice con persistencia que su cadáver fue
encontrado en los alrededores de Madrid». Otro diario, L'OEuvre de
París, comentaba el 7 de agosto el hecho de la manera siguiente: «Según
informes dignos de crédito, el fundador del POUM fue víctima,
al igual que sus acompañantes, de un accidente mortal durante su traslado.
Todo el grupo fue segado por la misma ametralladora que se cargó en
el auto durante su salida de la cárcel de Madrid donde Nin estaba
detenido». Los relatos de la demás prensa política y
de información del extranjero no difieren mucho de éstos. Las
averiguaciones realizadas por camaradas de nuestro partido -y por destacados
militantes de la CNT, han permitido precisar aún más lo ocurrido.
En efecto, el camarada Nin fue trasladado a un preventorio -en realidad se
trataba de una «villa», habilitado para tal efecto en Alcalá
de Henares. Parece ser que allí se presentaron varios oficiales del
Ejército republicano, algunos de ellos de las Brigadas internacionales,
llevando una orden firmada por el comisario de policía señor
Vázquez, en la cual se ordenaba la entrega de Nin a los portadores
de dicha orden. El jefe del preventorio que casualmente conocía la
escritura de Vázquez, observó que la firma era falsa, por lo
que se negó a la entrega del detenido. Los oficiales, con la complicidad
de la guardia y quizá de algún alto jefe militar se llevaron
a la fuerza no solo a Nin, sino también al jefe de la prisión
y a un par de funcionarios. Como bien se ve, no querían dejar tras
de sí más que a gente comprometida y dispuesta al silencio.
¿Adónde fueron trasladados los detenidos? Esto se ignora. Lo
que sí se sabe es la complicidad directa del general ruso Orlov, el
cual en declaración prestada incurrió en bastantes contradicciones.
Existe un informe hecho público por la segunda delegación
internacional que estuvo en España, compuesta por James Maxton, miembro
de la Cámara de los Comunes y presidente del Independent Labour Party;
André Weil-Curiel, abogado del Colegio de París; Pierre Foucaud,
periodista y miembro del Consejo nacional del Partido Frontista, delegado
en el Buró del Frente Popular francés, e Yves Levy, también
periodista y militante del Partido Socialista de Francia. En ese informe,
amplio y detallado, se mencionan las diversas entrevistas que la delegación
tuvo con los ministros. Refiriéndose a la desaparición de Nin,
el informe dice: «Los señores Irujo, Zugazagoitia y Prieto han
insistido mucho sobre el hecho de que no se creyera que el gobierno estaba
interesado en hacer desaparecer a Nin; que, por el contrario, este asunto
les incomodaba enormemente y que habían hecho todo lo posible por
encontrarlo. El señor Irujo afirmó textualmente que Nin no
ha estado nunca en una cárcel del gobierno... que jamás puso
los pies en una prisión del Estado. «Nin habrá sido secuestrado
-dijo Irujo- por elementos fascistas, hipótesis que no le parecía
muy verosímil, o por elementos de las Brigadas internacionales, hipótesis
más cierta». Más adelante, refiriéndose a la entrevista
celebrada con Zugazagoitia, el informe dice: «La delegación se
despide del ministro, después que éste ha reafirmado su parecer
de que Nin vive, de que se le encontrará y que él desea vivamente
poder presentarlo a sus amigos como una prueba evidente de la tesis que sostiene.
Añade que es preciso llevar las gestiones con una extrema lentitud,
puesto que, si se precipitan las cosas, se corre el riesgo de no encontrar
más que un cadáver». El subsecretario de la Presidencia,
señor Prat García, dijo a la delegación: «No puede
decirse si Nin vive o si está muerto. Si vive se le puede hallar,
sea en una embajada, sea en un lugar que no goce de protección diplomática.
En el primer caso sería extremadamente difícil poder descubrirlo...».
¿De qué embajada podría tratarse? Señalemos que
ni Alemania ni Italia tienen embajada o consulado alguno. Solo podía
tratarse de una: la de la Unión Soviética. Así lo creen
también destacadas personalidades y militantes de relieve en el movimiento
obrero de nuestro país.
Que el secuestro del camarada Nin ha sido fraguado y efectuado por elementos
estalinistas está ya fuera de toda duda. Como ha quedado comprobado
por las declaraciones mismas de los ministros, la detención de Nin
fue un golpe de los estalinistas: estalinistas lo detuvieron y estalinistas
eran los que formaban su escolta hasta su traslado a Madrid. Allí estuvo
recluido en diversas «checas» y preventorios que, según
los ministros de la Gobernación y de Justicia, no son del gobierno;
es decir, que habían sido habilitados por los estalinistas. Por último,
el señor Irujo no oculta su parecer de que fue secuestrado por elementos
de la Columna internacional y el señor Prat García insinúa
la posibilidad de que se encuentre en una embajada, que no podía ser
otra que la soviética. Zugazagoitia hablaba a los camaradas extranjeros
de «llevar las gestiones con extrema lentitud, puesto que, si se precipitan
las cosas, se corre el riesgo de no encontrar más que un cadáver».
La trama está, pues, perfectamente al descubierto: las gestiones a
que se refiere el ministro de la Gobernación demuestran que el Gobierno
conoce a los secuestradores y, posiblemente, hasta el lugar donde estaba Nin.
En una palabra: las gestiones se llevaban a cabo con los estalinistas. Por
lo que parece, no han dado el menor resultado. ¿Qué ha sido
del camarada Andrés Nin? Una de dos: o bien ha sido conducido a la
URSS o bien ha sido asesinado.
«Puedo asegurarle -escribía el ministro de Justicia a nuestro
abogado señor Pabón- que nadie de los detenidos ha sufrido un
rasguño, ni un mal trato, ni otra presión que la de su propia
conciencia...».
7.¿QUIÉNES SON LOS HOMBRES DEL POUM?
"¿Cuáles son los méritos revolucionarios de los dirigentes
del POUM?"
(
Frente Rojo, julio de 1937)
Un diario estalinista -
Frente Rojo, de Valencia-, con la procacidad
del ignorante o la falsa ingenuidad del tonto, se ha permitido preguntar
públicamente por los méritos revolucionarios de los camaradas
dirigentes de nuestro Partido, desaparecido uno, procesados otros y encarcelados
los más, víctimas todos ellos de la infame conjura tramada
por el estalinismo moscovita, secundada por el PSUC y por el llamado Partido
Comunista de España y ejecutada harto diligentemente por «chekistas»
importados y por policías españoles a su servicio.
¿Quiénes son los hombres del POUM? La interrogante hasta resulta
baladí si se tiene en cuenta que nuestros camaradas son todos ellos
sobradamente conocidos en los medios obreros, principalmente. Baste saber
esto: han sido, en su mayoría, los primeros defensores de la Unión
Soviética, los que primero se adhirieron a la revolución rusa,
los fundadores del Partido Comunista en España. Han estado, ya hace
muchos años, en primera línea en la lucha contra la monarquía,
contra la dictadura militar de Primo de Rivera, contra el régimen burgués
que la República intentó e intenta estabilizar. Han sufrido
persecuciones, encarcelamientos, deportaciones, procesos... Cuentan con un
gran historial, con un pasado y un presente revolucionario que para sí
quisieran algunos de esos advenedizos del comunismo que garabatean en Frente
Rojo y en Mundo Obrero. Pero dejemos que hablen los hechos. He aquí
un brevísimo resumen de la vida de militantes revolucionarios de algunos
de los dirigentes y procesados del POUM:
Andrés Nin
Andrés Nin comenzó sus actividades políticas muy joven,
siendo casi un niño. Militó primero en el movimiento nacionalista
catalán, pero pronto abandonó voluntariamente sus filas para
entregarse a la causa del proletariado. Ingresó en la sección
catalana del Partido Obrero Español. Muy pronto se distinguió
por sus magníficas dotes de propagandista y organizador; en la prensa
y en la tribuna ocupó un lugar preferente.
Fue uno de los organizadores del Sindicato de Profesiones liberales de Barcelona
y como delegado del mismo asistió al histórico Congreso de la
CNT celebrado en el Teatro de la Comedia de Madrid, en 1919. En este Congreso
tuvo una participación destacada y lucida, figurando en varias ponencias.
Aprovechó una de sus intervenciones para expresar su entera identificación
con la revolución rusa y sus hombres, a la vez que anunció su
abandono de las filas del Partido Socialista y su incorporación al
movimiento sindicalista revolucionario. De la Memoria de dicho Congreso, publicada
por la CNT años más tarde, recogemos algunos párrafos
de su discurso: «Yo soy un fanático de la acción, de la
revolución; creo en los actos más que en las ideologías
lejanas y las cuestiones abstractas. Soy partidario de la Tercera Internacional
porque ella es otra realidad, porque por encima de las ideologías representa
un principio de acción, un principio de coexistencia de todas las
fuerzas netamente revolucionarias que aspiran a implantar el comunismo de
manera inmediata. Por esta razón, yo, que he pertenecido al Partido
Socialista hasta el día en que éste acordó en su Congreso
permanecer en la II Internacional, os anuncio a todos vosotros, compañeros
de España, que sigo siendo revolucionario; que, desde el día
en que el Partido Socialista acordó persistir en sus normas anticuadas,
me he dado de baja en él para luchar incondicionalmente con vosotros
en el puro terreno de la lucha de clases» Así hablaba Andrés
Nin en 1919, no después del 19 de julio de 1936, sino hace más
de dieciocho años.
En el año 1920, en plena represión de Martínez Anido
y de Arlegui, fue nombrado secretario del Comité nacional de la CNT,
para sustituir a Avelio Boal que acababa de ser asesinado. En aquel periodo,
los mejores militantes de la organización confederal caían asesinados
en las calles de Barcelona por las bandas armadas de la reacción. Una
represión terrible se había desencadenado contra la CNT; en
estas condiciones Nin pasó a ser el secretario general de dicha central
sindical. Los pistoleros del Sindicato Libre lo buscan con tenacidad. Una
noche, estando Nin junto con Canela en el bar El Ciclista, llegan los del
Libre, que al fin creían poder satisfacer sus deseos. Una lluvia de
tiros se descarga sobre los dos y Canela cae al suelo, muerto; Nin puede librarse
del atentado y huir por la parte trasera del edificio. Las bandas de pistoleros
no logran dar con él. Durante los años 1920 y 1921 se ve obligado
a hacer una vida completamente ilegal y clandestina. Y a pesar de todas las
dificultades y enormes peligros, Andrés Nin continúa firme
en su puesto de máxima responsabilidad.
En 1921 la CNT designó una comisión para que se trasladara
a Rusia con objeto de informar a la organización confederal sobre el
desarrollo de la revolución en aquel país. Forman parte de
la delegación Andrés Nin, Joaquín Maurín, Arlandís,
Jesús Ibáñez y Gastón Leval. A su regreso de
Rusia todos los delegados, con excepción de Leval, dieron su adhesión
a la Internacional Comunista. Andrés Nin asistió al I Congreso
de la Internacional Sindical Roja, siendo designado secretario de la misma,
en unión de Losovski, cargo que desempeñó durante unos
años.
Intervino Nin muy activamente en poner a salvo a los autores de la muerte
de Dato, presidente del Consejo de ministros de la monarquía. En Berlín
fue detenido por la policía alemana, al mismo tiempo que Nicolau y
su compañera. El gobierno monárquico español puso gran
empeño en conseguir la extradición de los tres detenidos, pero
solo obtuvo la de los dos últimos. Nuestro camarada fue insistentemente
reclamado por la Unión Soviética, que al fin logró salvarle.
Andrés Nin fue expulsado de Alemania.
Además de sus cargos en la Internacional Sindical Roja, fue nombrado
igualmente miembro del soviet de Moscú. Ha sido varias veces delegado
de la Internacional Comunista y de la Internacional Sindical Roja en los países
orientales, en América latina y en varios países de Europa.
Representando a la Tercera Internacional asistió a diversos congresos
en Holanda, Francia, etc. En 1923-1924 permaneció varios meses en
Italia, de cuyo país fue expulsado. En 1926, en plena dictadura fascista,
volvió a entrar clandestinamente en Italia, al objeto de orientar
al Partido Comunista italiano y concurrir a la reunión de su Comité
central. Allí permaneció durante algunas semanas, hasta terminar
su misión.
Se ha visto expulsado de diversos países, siempre por motivos puramente
políticos. Lo fue de Italia, de Alemania, de Inglaterra y de Francia.
Organizó la Conferencia Sindical Panamericana y todo el movimiento
sindical revolucionario de América latina y de los Balcanes. A estos
problemas dedicó la máxima atención y sobre ellos escribió
numerosos artículos y folletos. Durante todos esos años colaboró
en lugar preferente en las principales publicaciones de la Internacional
Comunista y de la Internacional Sindical Roja, en revistas soviéticas
y en las de diversos países. Más tarde, cuando se produjeron
las luchas de tendencias en el seno del Partido Comunista ruso, Nin se puso
resueltamente al lado de la Oposición de izquierda. Es de los que
reclaman en el partido de Lenin el derecho a pensar, el derecho a hablar,
a pronunciarse libremente, y también una reforma capital del régimen,
con vistas a un retorno a la democracia obrera. Por esta causa fue expulsado
del partido, de sus puestos en la Internacional y del soviet de Moscú.
Tuvo que sufrir las mismas persecuciones que el resto de los componentes de
la oposición. Se le deportó oficialmente a Kazakstán;
sin embargo, la medida no se cumplió a causa del renombre de Nin en
el extranjero. Pero la GPU no le dejó tranquilo; atravesó momentos
verdaderamente difíciles, pues se le cierran todas las posibilidades
de ganarse la vida cOn su trabajo.
Nin intenta salir de la URSS y no le dejan. Escribe entonces una violenta
carta al Comité central y otra, verdadera requisitoria, a Stalin: exige
le dejen partir para España y poder ocupar un puesto de lucha en nuestro
país. Después de varios forcejeos, consigue sus propósitos;
le dan un plazo de unos breves minutos para que abandone la Unión
Soviética y acompañado de varios chequistas sale hacia la frontera
letona. Allí surgen nuevas dificultades, ya que como no tiene documentación
no le dejan entrar en Letonia. Así pasan unos días de tiras
y aflojas; mientras tanto llega su mujer y las dos niñas. Por fin
logran llegar todos a Riga.
En España pasó a organizar la Oposición Comunista de
Izquierda, de la cual fue uno de sus principales dirigentes; esta organización
se transformó luego en la Izquierda Comunista, de la cual fue su secretario
general hasta su fusión con el Bloque Obrero y Campesino, dando nacimiento
al actual POUM. En 1932 dirigió en Barcelona el semanario El Soviet,
siendo varias veces detenido y procesado; en diciembre del mismo año
fue nuevamente encarcelado y trasladado a Algeciras, donde hubo de permanecer
más de tres meses, procesado por rebelión militar.
Formó parte, desde su constitución, del Comité regional
de la Alianza Obrera de Cataluña, interviniendo desde este organismo
en la insurrección de octubre de 1934 en la región autónoma
catalana. Finalizado el movimiento, se vio obligado a vivir durante algún
tiempo en la clandestinidad, para escapar a la persecución policiaca.
Después, desde la tribuna y la prensa ataca duramente al régimen
vaticanista que se había apoderado de la República. En Valencia
tomó parte en un grandioso acto en memoria del periodista Luis de Sirval,
asesinado por los legionarios en Asturias; su discurso fue una magistral pieza
de acusación.
Al crearse el POUM como consecuencia de la fusión de la Izquierda
Comunista y del Bloque Obrero y Campesino, fue nombrado miembro del Comité
ejecutivo y director de la revista Nueva Era, órgano teórico
del partido; más tarde, por ausencia del camarada Maurín, ocupó
la secretaría general, cargo que desempeñaba hasta el momento
de su última detención.
Poco después de la sublevación militar-fascista fue designado
miembro del Consejo de Economía de Cataluña y en el mes de septiembre
pasó a ocupar la Consejería de Justicia del gobierno de la
Generalidad. Desde allí legalizó la revolución en el
Derecho, simplificó de modo revolucionario los procesos, creó
los Tribunales populares, dictó una ley de divorcio y concedió
los derechos políticos a la juventud a partir de los 18 años.
El ejemplo de su labor revolucionaria realizada en la Consejería de
Justicia perdura y perdurará durante mucho tiempo.
Andrés Nin es autor de dos obras fundamentales en la bibliografía
marxista de nuestro país:
Las dictaduras de nuestro tiempo
y
Los movimientos de emancipación nacional. En la primera analiza
y pone al desnudo la realidad del fascismo, siendo al mismo tiempo una viva
réplica al libro de Cambó
Las dictaduras; sobre el valor
de la segunda puede leerse una cálida y entusiasta alabanza que de
la misma hizo el señor Vidiella -actual Consejero en nombre del PSUC,
presidente de la UGT catalana y coparticipe en la desaparición de
Nin hasta que no se nos demuestre lo contrario- desde la revista madrileña
Leviatán. Ha publicado asimismo Nin
Las organizaciones obreras
internacionales y numerosos folletos en español, catalán,
francés, inglés y ruso, entre otros varios los siguientes:
El proletariado ante la revolución española, Qué
son los soviets, Manchuria y el imperialismo, Revolución y contrarrevolución
en España, La huelga general de enero y sus enseñanzas, Los
soviets: Su origen, desarrollo y funciones, etc. Desde hacia algún
tiempo estaba trabajando en una obra sobre Salvador Seguí y el movimiento
obrero catalán, obra que no llegó a terminar por impedírselo
sus actividades revolucionarias.
Ha traducido al catalán y al castellano numerosas obras rusas y francesas
de teoría marxista, de critica y de literatura, obras publicadas por
las más importantes editoriales de España: Proa, Juventud, Atenea,
Apolo, Aguilar, España, Espasa Calpe, Cenit, Ediciones Hoy, etc. Igualmente
ha colaborado asiduamente en diversos diarios y revistas de carácter
político y literario. En nuestro país publicaron estudios suyos
Leviatán, Orto, Comunismo, Nueva Era, Revista de Catalunya,
etc.
Explicó importantes cursos de marxismo y de economía política
en el Ateneo Enciclopédico Popular y en el Ateneo Politécnico
de Barcelona; ocupó la tribuna del Ateneo de Madrid y otros centros
culturales de importancia; dio conferencias en numerosas regiones de toda
España. Además, pasaba Andrés Nin por ser uno de los
mejores estilistas del idioma catalán.
Tal es el hombre detenido el 16 de junio y desaparecido más tarde.
Esta es la vida revolucionaria de uno de los teóricos más eminentes
del marxismo, de quien sabia hermanar la teoría y la práctica,
el estudio y la acción. Serviría este ejemplo maravilloso de
fidelidad constante a la causa suprema del proletariado
y del socialismo para dar por contestada la aviesa interrogante del diario
estalinista
Frente Rojo.
Daniel Rebull (David Rey)
Daniel Rebull, más conocido en el movimiento obrero por el seudónimo
de David Rey, comenzó su actuación de militante obrero en 1904,
a los quince años de edad, ingresando en la Sociedad de Resistencia
de Mecánicos de Barcelona.
En 1905, en su pueblo natal, donde residía por temporadas, fundó
el grupo anarquista «Los trece». Con motivo de los acontecimientos
revolucionarios de julio de 1909, este grupo trató de interceptar las
comunicaciones telefónicas de la Estación de Guiamets, por
lo que sus miembros fueron objeto de persecución. Durante la prolongada
represión que siguió a aquella insurrección, vivió
en continua y estrecha relación con los grupos de militantes anarquistas
de Barcelona, participando en cuantas huelgas generales se plantearon.
A principios de 1914 se trasladó a Alemania y trabajó como
mecánico en Mannheim hasta 1917, año en que regresó a
España. A su llegada, se incorporó inmediatamente al Sindicato
de Mecánicos, que tenía su local en la calle de Ataulfo. Por
su constancia y actividad fue nombrado vicesecretario del mismo. Participó
en la huelga general revolucionaria que se produjo con motivo de la Asamblea
de Parlamentarios, actuando en ella con Seguí, Miranda, Barrera, España,
Buenacasa, Viadiu y otros militantes. En ese mismo año fue nombrado
por los metalúrgicos delegado a la Federación Local de Barcelona,
donde actuó con Emilio Mira, que representaba al Sindicato de la Madera;
Ricardo Fornells, representante del Sindicato de Vidrieros, etc. En ese Comité
se encargó de la tesorería y organización.
Asistió como delegado al Congreso regional de 1918 (Congreso de Sans),
uno de cuyos más importantes acuerdos fue ir a la constitución
de los sindicatos únicos de industria. Asistió también,
como delegado de la Federación local de Barcelona, al Congreso nacional
celebrado en Madrid, en el Teatro de la Comedia, en 1919. No hay militante
de esa época, ni de las anteriores, que no conozca las actividades
de David Rey. Galo Diez, Mauro Bajatierra, Paulino Díaz y otros muchos
las recordarán aún.
Durante el periodo que va de 1917 a 1919 fue cuando su actividad y sus dotes
de organizador se emplearon a fondo. El Comité local de Barcelona le
encargó la organización del Sindicato Único Tranviario;
los tranviarios, desde época lejana, se hallaban bajo la férula
militar de Foronda. Le acompañaron en esta labor el compañero
Melé, del Sindicato de la Madera, y dos ex tranviarios. El éxito,
a pesar de las dificultades, fue tan completo que sus resultados pudieron
comprobarse pocos meses después, en la declaración de la huelga
general originada por el conflicto de La Canadiense; los tranviarios dieron
ese día el ejemplo de disciplina mayor que registra nuestro movimiento
obrero.
Delegado por el Comité local, formó parte del comité
de huelga de camareros y cocineros, junto con Boix, Moliné, Torcal
y otros. Fue esta la primera huelga de conjunto que plantearon unidas las
dos secciones de Alimentación. En esta huelga, dirigido y aconsejado
por David Rey, hizo sus primeras armas, como muchacho de valor y valía,
el compañero García Oliver, y con él otros que más
tarde dieron su vida o su juventud por el enaltecimiento de la CNT. Durante
la huelga de La Canadiense, suspendida Solidaridad Obrera y clausurados los
sindicatos, perseguidos sus militantes, por acuerdo unánime del Comité
nacional, del regional de Cataluña y del local de Barcelona, se delegó
a David Rey para que organizase la publicación y reparto de la Soli
clandestina.
En Villafranca del Penedés, en una pobre imprenta de un modesto impresor,
David Rey imprimió la Soli. Colaboraron en ella Pestaña, Nin,
Canela, Peronas, Mira, Paulino Díaz y otros. Se trabajaba día
y noche. Salía dos veces por semana y de cada número se hacía
la tirada máxima que permitía la imprenta.
El 6 de febrero, en plena actividad, fue detenido y trasladado al Cuartel
de Caballería de Numancia, en calidad de incomunicado y a disposición
de la autoridad militar. Se estaba en estado de guerra y la Soli era un panfleto
antimilitarista. Se le instruyó proceso por insultos e incitación
a la rebelión, condenándolo luego a seis años de prisión
correccional. Paralelamente a este proceso y también por la jurisdicción
de guerra se le instruyó otro por asociación ilegal -el Sindicato
de Tranviarios-, condenándolo asimismo a seis años, más
seis meses por empleo de nombre supuesto.
Con motivo del atentado contra el conde de Salvatierra, en Valencia, David
Rey fue de nuevo procesado. Se le acusaba de haber inspirado aquel acto. Durante
todo el periodo en que las bandas terroristas de la patronal y de Martínez
Anido asesinaban diariamente a militantes obreros, David Rey permaneció
en su puesto, desplegando una infatigable actividad.
En 1920 fue deportado al Castillo de la Mola, en unión de Companys,
Seguí, Viadíu, Botella, Barrera, Amador, Salvadoret, Piñón,
Arín, los hermanos Vidal y otros más, hasta treinta y seis.
En 1921, estando en la cárcel, deriva sus actividades hacia el comunismo
y se incorpora al grupo que, dirigido por Maurín, se reunía
en torno al semanario Lucha Social de Lérida.
Con motivo de un indulto general, fue puesto en libertad a últimos
de 1924, incorporándose inmediatamente, de manera activa, al movimiento
comunista, siendo nombrado secretario general de la Federación Comunista
Catalano-Balear.
Asistió a la reunión del Comité central ampliado que
se celebró en Bilbao, donde se le eligió para formar parte del
Comité ejecutivo del Partido Comunista. Este Comité acordó
la publicación de un semanario ilegal, La Vanguardia, contra la guerra
de Marruecos, del que se publicaron varios números. Detenido al principio
de 1925 solo gozó de cinco meses de libertad. Se le siguió proceso
por incitación a la rebelión e insultos a Primo de Rivera,
siendo condenado a seis años de prisión por publicación
clandestina e insultos, a otros seis años por incitación a la
rebelión y a tres años más por reincidencia. Paralelamente
a este proceso se le siguió otro en Bilbao, por reunión clandestina,
en el que figuraron Maurín y otros camaradas, condenándosele
a tres años y medio de cárcel. Sus mayores actividades en la
prensa obrera se han desarrollado desde la prisión.
En 1929 salió del penal de Burgos, gracias también a un indulto
general, para ocupar inmediatamente su puesto de combate. Estableció
su residencia en Sabadell. Se incorporó al sindicato y al advenimiento
de la República, el 14 de abril de 1931, en plena reunión del
pueblo con las nuevas autoridades municipales, exigió el desarme inmediato
del somatén y el armamento del pueblo, lo cual fue llevado a cabo en
menos de veinticuatro horas. Formaron el Comité revolucionario nombrado
por dicha asamblea Beltrán, Rosos y otro, por la CNT, y David Rey,
junto con Molins, por el Bloque Obrero y Campesino.
Desde 1918 a 1929, aparte de los encarcelamientos derivados de procesos
ha sufrido numerosas detenciones de carácter gubernativo. Durante
este largo período ha disfrutado de pocos y breves meses de libertad.
Ha formado parte del Comité central del Bloque Obrero y Campesino
hasta su fusión con la Izquierda Comunista para crear el POUM, habiendo
figurado repetidas veces en las candidaturas de aquella organización.
Colaboró activamente, en 1934, en las actividades de la Alianza Obrera.
Durante las jornadas del 6 y 7 de octubre actuó valientemente en la
calle.
El 19 de julio ocupó su puesto en las barricadas, oponiéndose
al alzamiento militar. Inmediatamente después fue puesto al frente
de las oficinas de alistamiento para la formación de las milicias del
POUM. En octubre de 1936 marchó, al frente de una comisión,
a México, de donde regresó en el mes de febrero siguiente, habiendo
realizado durante su estancia en la República mejicana 130 mítines
de propaganda en favor de la causa del proletariado español.
Juan Andrade
Después de haber militado desde los catorce años de edad en
las Juventudes Radicales y haber sido redactor-jefe de su órgano en
Madrid, Los Bárbaros, ingresó en 1916, a los 18 años,
en el grupo de estudiantes socialistas. Al triunfar la revolución rusa
intervino activamente en su defensa y en dar a conocer sus principios políticos
a los trabajadores y a los medios estudiantiles y ateneísticos. Colaboró
en 1918-1919 en el semanario madrileño Nuestra Palabra, primer semanario
que defendió en España a la III Internacional. Al llegar a
España, en 1919, Borodín y Roy como delegados de la Internacional
Comunista, con el objeto de fundar la sección española, Andrade
se puso en relación con ellos en nombre del Grupo de Estudiantes Socialistas.
De hecho, dirigió Andrade el semanario Renovación, órgano
de la Federación Nacional de Juventudes Socialistas, durante los últimos
meses de 1919 y primeros de 1920.
El 15 de abril de 1920, al transformarse las Juventudes Socialistas en Partido
Comunista Español, pasó a ser miembro del Comité ejecutivo
de la sección española de la III Internacional y director de
su órgano central El Comunista, cargos que desempeñó
asta septiembre de 1921, en que al fusionarse los dos partidos comunistas
existentes fue nombrado también miembro del Ejecutivo y director del
órgano central
La Antorcha, puestos que ocupó hasta
1927. Ha sido, pues, miembro del Comité ejecutivo del Partido Comunista
y director de su portavoz principal, ininterrumpidamente, desde 1920 hasta
1927.
En esta fecha fue excluido del Partido Comunista por haber manifestado francamente
su simpatía por la oposición rusa y su hostilidad hacia la política
de la dirección estalinista española. En 1930 constituyó
con otros camaradas la Oposición Comunista española, que luego
se transformó, en 1932, en Izquierda Comunista. Dirigió la
revista mensual Comunismo, de la que fue director desde su fundación
en 1931 hasta octubre de 1934, en que fue suspendida por las autoridades militares
del bienio negro. Al constituirse en 1935 el POUM, como consecuencia de la
fusión del Bloque Obrero y Campesino y de la Izquierda Comunista, fue
designado miembro del Comité central. En la actualidad es miembro del
Comité ejecutivo y director de la Editorial Marxista.
Persecuciones. En total, ha estado encarcelado 11 veces. En 1920 fue detenido
en Puertollano, cuando iba a intervenir en un mitin y conducido a pie hasta
la cárcel de Córdoba. Cuando el asesinato de Dato fue deportado
a Soria. Al producirse el desastre de Annual, se le procesó por la
jurisdicción militar a causa de la campaña llevada a cabo contra
la guerra de Marruecos. En 1926, cuando el llamado complot de la noche de
San Juan, fue encarcelado en unión de Fermín Galán y
del comandante Perea, por formar parte con ellos del Comité de enlace
revolucionario. Su último encarcelamiento fue motivado por la revolución
de octubre de 1934. Ha estado procesado numerosas veces por artículos
publicados en la prensa comunista.
Andrade fue funcionario del Ministerio de Hacienda, de cuyo cargo fue declarado
cesante en 1924 por Martínez Anido y en el que no reingresó
hasta 1931, al advenimiento de la República. Ha sido redactor de El
Sol de 1927 a 1930, año en que abandonó el periódico
en compañía del equipo de redactores que se negaron a someterse
a la nueva dirección monárquica. En 1929 formó parte
de la dirección de la revista comunista
Postguerra.
Actividades literarias. Fue Andrade fundador y director de la Editorial
Cenit, hasta que se vio obligado a abandonar su participación en la
empresa por discrepancias políticas y personales con los otros propietarios.
Entonces fundó y dirigió Ediciones Hoy, con el mismo carácter
radical de Cenit. Ha sido también inspirador de Ediciones Oriente.
Es autor de dos obras:
China contra el imperialismo (1927) y
La
burocracia reformista en el movimiento obrero (1935).
Fue corresponsal en España, hasta su expulsión del Partido
Comunista, de La Internacional Comunista y de La Internacional Sindical Roja.
Igualmente colaboró en las revistas
Leviatán,
Nueva
Era, etc., así como en diversas publicaciones de España
y del extranjero.
Pedro Bonet
Nació en Lérida, en mayo de 1901. A los nueve años
empezó a trabajar en una imprenta. En 1911 ingresó en la sociedad
El Arte de Imprimir, de Lérida. Intervino en la huelga general de
agosto de 1917. Fue encarcelado entonces por primera vez, por ser vocal de
la junta directiva de dicha sociedad.
En 1913, a partir del Congreso regional de la CNT, trabajó activamente
en la transformación de las sociedades profesionales en sindicatos
del ramo, logrando canalizar el movimiento sindical hacia la CNT.
A últimos de 1918 y comienzos de 1919, fue uno de los principales
dirigentes de la huelga del ramo de Artes Gráficas en Lérida
por la conquista de la jornada de ocho horas, que se lograron tras una larga
y esforzada lucha.
A mediados de 1919 consagró sus actividades, junto con un puñado
de camaradas, a la organización de sindicatos en las comarcas leridanas,
cristalizando esa campaña en un Congreso Provincial de Sindicatos,
al que acudió en nombre de la CNT el compañero Juan Pey, asesinado
por las bandas asesinas del Libre en 1923. Fue elegido secretario del Comité
de la Federación provincial de sindicatos de la CNT. Fundó y
dirigió el semanario Lucha Social, órgano de los sindicatos
confederales en las comarcas leridanas, hasta que en 1920 el camarada Maurín
se encargó de la secretaria de la Federación provincial y de
la dirección del semanario.
A fines de 1919 formó parte, en representación de los sindicatos
de Lérida, del Comité permanente de la organización confederal
catalana, junto con Pestaña, Seguí, David Rey, Arin, Piñar,
Nin y otros, creado en momentos graves dado que la patronal preparaba el
lock-out y un ataque a fondo contra la clase obrera.
En 1920 organizó en Lérida la Juventud Sindicalista, de la
que fue elegido presidente. En 1921, cuando el camarada Maurín junto
con Nin y otros fueron delegados por la CNT para visitar a Rusia, se hizo
de nuevo cargo de la secretaria del Comité provincial y de la dirección
de Lucha Social, desde cuyas columnas se sostuvo una violentísima campaña
contra la represión de Arlegui-Martínez Anido.
En julio de 1922 asistió a la Conferencia que la CNT celebró
en Zaragoza, delegado por los sindicatos de Lérida y Sus comarcas.
En septiembre del mismo año intervino en el Pleno regional confederal
celebrado en Blanes.
A principios de 1923 se trasladó a Barcelona. Ayudó a Maurín
en la redacción y confección de La Batalla. En el verano de
ese año intervino en el importante Congreso Regional de la CNT que
tuvo lugar en Lérida. En agosto fue detenido en Barcelona por haber
tomado parte en un mitin confederal celebrado en Juneda, después del
Congreso. Fue conducido a Lérida, donde permaneció encarcelado
hasta fines de año.
Como elemento dirigente de la Federación Comunista Catalano-Balear
desarrolló una gran actividad tanto legal como ilegal. En octubre de
1924 fue detenido; sufrió prisión gubernativa hasta mayo de
1926, en que fue liberado para ser desterrado a Lérida. Al cabo de
unas semanas fue de nuevo detenido en esta ciudad y conducido a Barcelona,
en cuya cárcel permaneció 19 meses como preso gubernativo. En
1928 fue puesto en libertad, para ser luego detenido diferentes veces en
las diversas razzias policiacas ordenadas por Martínez Anido y Fenoll.
Durante la dictadura primorriverista ha estado, pues, más de cuatro
años en la cárcel como preso gubernativo.
Estuvo dos años en París, colaborando con el camarada Maurín
en los trabajos de las Ediciones Europa-América.
Fusionados en 1931 la Federación Comunista Catalano-Balear y el Partit
Comunista Catalá, surge el Bloque Obrero y Campesino, del que fue miembro
del Comité ejecutivo hasta su fusión con la Izquierda Comunista,
en septiembre de 1935, de la que surgió el POUM. Es miembro del Comité
ejecutivo del POUM desde su creación.
Desde que se creó la Alianza Obrera en Cataluña, en diciembre
de 1933, hasta que se disolvió en 1935, fue miembro del Comité
regional de la misma.
Al reorganizarse los ayuntamientos en Cataluña, en octubre de 1936,
el POUM le designó concejal del ayuntamiento de Barcelona, ejerciendo
el cargo de teniente de alcalde del distrito IV.
Julián Gómez (Gorkin)
Nació en Los Valles (Valencia), en 1901. Es hijo de un carpintero
republicano de los tiempos heroicos.
Empezó su vida de militante a los dieciséis años. Ingresó
en el Sindicato de la Distribución de Valencia (CNT) y poco después
en la Juventud Socialista, de la que fue secretario hasta la escisión
y la fundación del Partido Comunista de España, en 1921. Despedido
varias veces de las casas donde trabajaba por intervenir en huelgas. En 1920
fundó, en unión de otros jóvenes, el periódico
La Revuelta, favorable a la revolución rusa, el cual fue suspendido
al tercer número. Fundador, en 1921, de la Agrupación Comunista
de Valencia y de la Federación Comunista de Levante, de las que pasó
a ser el secretario. Fundador, el mismo año, del periódico Acción
Sindicalista de Valencia. En ese mismo año desempeñó
cargos en el Sindicato de la Distribución. Propagandista activo desde
la edad de 18 años.
A comienzos de 1922, a consecuencia de la campaña realizada en torno
al proceso sobre el desastre de Annual, tuvo que huir con documentación
falsa al extranjero. Fundador de los grupos comunistas españoles en
Francia, de los que fue secretario hasta 1929; fundador y director, hasta
la misma fecha, de los periódicos El Proletario, Vida Social, Luz,
La Verdad y Adelante, dedicados principalmente a combatir a la monarquía
y a la dictadura españolas y muy perseguidos por la embajada española
en París. El último de estos periódicos tuvo que hacerlo
en Bruselas.
Colaborador, durante ese tiempo, de las principales publicaciones comunistas:
L'Humanité y
La Vie Ouvriere, de París;
La
Correspondance Internationale y otros periódicos y revistas de
Rusia y varios países.
En 1925 asistió como delegado al Congreso de la Internacional Comunista,
celebrado en Moscú. Ese mismo año también concurrió
como delegado al Congreso de la Internacional de los Trabajadores de la Enseñanza,
que tuvo lugar en Viena. Durante ese periodo -1925 a 1929- recorrió
trece países de Europa y participó en diversos mítines
y conferencias internacionales. Fue uno de los fundadores del Buró
latino del Socorro Rojo Internacional.
En 1926 entró ya en conflicto con la Internacional Comunista, a causa
del nuevo curso estalinista que ésta había adoptado. Este conflicto
duró hasta 1929, año en que dimitió de todos sus cargos
en el Partido Comunista francés, «porque no podía combatir
a la burocracia estalinista siendo un burócrata más».
Ese mismo año asistió en Berlín al Congreso mundial contra
el fascismo, en el que hizo un informe en nombre de la delegación española
y leyó dos mensajes: uno de Unamuno y otro de Eduardo Ortega y Gasset,
actual fiscal de la República. En ese año, al no capitular
ante la política estalinista, fue expulsado de la Internacional
Comunista.
A partir de este momento comenzó a escribir y publicó varios
libros: una novela, un volumen de teatro, una compilación sociológica
titulada
Capitalismo y comunismo, una obra sobre literatura norteamericana
y una Antología española, publicada en Londres y en París.
Tradujo también y prefació una treintena de libros sociales.
Desde su fundación, fue redactor y crítico literario de
Monde,
revista dirigida en París por Henri Barbusse.
Regresó a España a la proclamación de la República
e ingresó en el Bloque Obrero y Campesino, fundado por Maurín,
con el cual ha coincidido políticamente desde 1921. A fines de 1932
fue uno de los fundadores del Comité español contra la guerra,
que le nombró su secretario internacional y en representación
del mismo asistió al Congreso de Amsterdam, convocado por Henri Barbusse
y Romain Rolland.
En 1934 fue uno de los fundadores de la Alianza Obrera de Valencia, formando
parte de su secretariado. Asimismo fue redactor-jefe del diario Adelante,
dirigido por Maurín. En octubre de 1934 formó parte del Comité
revolucionario de la Alianza Obrera de Valencia, teniendo que huir luego a
Francia, junto con Domingo Torres (CNT) y Molina Conejero (UGT). Fundador
en Francia del Comité de Refugiados españoles y secretario del
mismo; colaboró entonces en diversos periódicos franceses y
de otros países. A su regreso a España, fue uno de los fundadores
del Comité Luis de Sirval y publicó el folleto ¡Acusamos!,
denunciando el asesinato de dicho periodista, en el que colaboraron, entre
otros, Azaña, Prieto, Alomar, Araquistáin, González Peña...
Después de las jornadas de julio de 1936, formó parte del
Comité central de Milicias de Cataluña, en representación
del POUM. En el Comité ejecutivo desempeñó el cargo
de secretario internacional. A la desaparición de Maurín, pasó
a ser el director de
La Batalla, órgano central del POUM.
Veinte años de militancia obrera. Diez años de emigración
política. Varios encarcelamientos por delitos políticos. Expulsiones.
Luchador antifascista y revolucionario de siempre. Detenido el 16 de junio
de 1937, bajo la infame acusación de fascista, espía y alta
traición, por la policía estalinista.
Dositeo Iglesias Docampo
Electricista de profesión, 37 años de edad y natural de Triacastela
(Lugo). Inició sus actividades políticas en 1912, en el grupo
infantil socialista, pasando en 1915 a la Juventud Socialista, en La Arboleda
(Vizcaya).
En 1916 hubo de expatriarse, con motivo de unos sucesos acaecidos en esta
última localidad, incorporándose en Francia a las juventudes
socialistas y al movimiento sindical. En el socialismo francés trabajó
en el ala izquierda, que más tarde se transformó en el movimiento
en favor de la Tercera Internacional,
hasta que en el Congreso de Tours, en 1921, se convirtió en el Partido
Comunista.
Fue miembro del Comité de radio 3, en París. Expulsado de
París en 1926 por ser «extranjero indeseable», se trasladó
a la URSS, donde permaneció seis meses, solicitando luego incorporarse
al Partido Comunista de España.
Fue detenido a su llegada a España. Ingresó en la cárcel
de San Sebastián, trasladándosele luego a Madrid, donde quedó
a disposición de Martínez Anido. De Madrid fue llevado a la
cárcel de Lugo, procesado por la autoridad militar por el delito de
prófugo. Tuvo que hacer el servicio militar, incorporándose
luego a la Federación Vasco-Navarra del Partido Comunista hasta 1929.
Marcha de nuevo a Francia, siendo expulsado de nuevo por haber fundado el
Sindicato Metalúrgico de Narbona y ser uno de los organizadores de
la huelga metalúrgica declarada en dicha ciudad.
Se traslada a Bélgica, militando en el Partido Comunista belga. Poco
tiempo después regresa a nuestro país, como consecuencia del
llamamiento hecho en tal sentido por el Partido Comunista de España.
En 1930 se incorpora a la Federación Vasco-Navarra, ocupando la secretaria
sindical, pasando luego a la secretaria de organización del Comité
provincial de Vizcaya. Más tarde es nombrado secretario político
de éste y miembro del Buró político de la Federación.
En 1934, a consecuencia de sus divergencias con los métodos políticos
de la dirección, fue expulsado del Partido Comunista. Con motivo de
los sucesos de octubre estuvo encarcelado en el Altunamendi, barco-prisión.
Encontrándose en Madrid accidentalmente como obrero transportista
de la Compañía Transportes Norte en los días de la sublevación
militar, se incorporó al POUM (Sección de Madrid), prestando
servicios de vigilancia y pasando después a ser comisario político
del Cuartel Lenin de milicias del POUM en Madrid.
En el momento de ser detenido en Barcelona el 16 de junio era miembro del
Comité local de Madrid y delegado al Congreso del POUM que había
de celebrarse el día 19.
Era colaborador de
El Combatiente Rojo y de
La Antorcha, órganos
en Madrid del POUM y de sus juventudes, respectivamente. Sindicalmente está
organizado en la CNT (Transportes).
Ha sufrido 15 encarcelamientos y fue procesado cuatro veces. Actualmente
se halla recluido en la cárcel de Valencia por el supuesto delito de
«alta traición y espionaje».
Francisco Gómez Palomo
Nació en Madrid, el 7 de septiembre de 1917. Tiene en la actualidad
20 años. Sus actividades políticas comenzaron a los 15 años,
en 1932, militando en las juventudes de la Izquierda Radical Socialista, siendo
miembro responsable del Comité local de Madrid.
A mediados de 1933 ingresó en la Juventud Comunista, donde militó
activamente hasta principios de 1935 en que, disconforme con la nueva línea
del Partido Comunista, se separó junto con un grupo de compañeros
del sector sur de Madrid, ingresando entonces en la Izquierda Comunista y
más tarde en el POUM, al fusionarse aquélla con el Bloque Obrero
y Campesino.
En el POUM y en la Juventud Comunista Ibérica (juventudes poumistas)
ha ocupado diversos cargos políticos y de organización, principalmente
en su barriada. Desde comienzos de 1936 hasta el momento de ser detenido el
16 de junio de 1937, formó parte del Comité de la sección
madrileña del POUM, desempeñando la secretaria administrativa.
Ha sido delegado de la sección madrileña a la Conferencia
militar del POUM, celebrada los días 18 y 19 de enero de 1937 y formaba
parte de la delegación madrileña al Congreso del POUM, que
tenía que reunirse en Barcelona el 19 de junio.
Sindicalmente pertenece a la UGT, al sindicato de Seguros, desde 1933. Estuvo
anteriormente, durante el llamado bienio negro, detenido con motivo de una
manifestación obrera de despedida a los nuevos reclutas, en 1935.
José Escuder Poves
Hasta 1925 estuvo empleado en el Banco de Vizcaya, en Barcelona, como jefe
del departamento de Crédito e Información. Se trasladó
luego a los Estados Unidos y durante un año formó parte de la
redacción del periódico en lengua española La Prensa,
de Nueva York, puesto que abandonó para ingresar en el sindicato periodístico
norteamericano, North American Newspaper Alliance, dirigiendo el departamento
extranjero hasta septiembre de 1934, fecha en que regresó a Barcelona
para ver a su padre que se hallaba gravemente enfermo. Permaneció en
España hasta junio de 1936. Durante este periodo de tiempo preparó
y dirigió el nuevo diario Última Hora, órgano nocturno
de la Esquerra Republicana de Cataluña. De regreso a Norteamérica,
en junio de 1936, ingresó en la casa de películas Fox, como
experto en publicidad. Abandonó este puesto voluntariamente para regresar
a España en diciembre de 1936, atraído por la lucha de los trabajadores
españoles contra el fascismo. Una vez en nuestro país rechazó
diversas ofertas de varios periódicos e ingresó en el diario
La Batalla como jefe técnico del mismo. Continuó siendo corresponsal
de la North American Newspaper Alliance en Barcelona.
Aparte de sus actividades profesionales y técnicas en el campo del
periodismo, ha sido corresponsal del diario Luz en los Estados Unidos. Dio
numerosas conferencias en varios centros docentes y universidades norteamericanas.
También colaboró en la revista Leviatán de Madrid y en
numerosas publicaciones españolas y extranjeras.
José Rodríguez Arroyo
Nació en Madrid, en marzo de 1917. Ingresó en la Juventud
Ibérica (POUM) a últimos de 1935, trabajando activamente en
la misma durante el periodo electoral de febrero.
Al producirse el levantamiento fascista de julio de 1936, y vencido éste
en Madrid, marchó con la columna motorizada de la sección madrileña
del POUM al frente de Sigüenza. Por enfermedad fue retirado del frente,
ocupando entonces el cargo de responsable político de los transportes
del POUM, hasta que la policía estalinista se incautó de todo
nuestro material, en febrero de 1937.
Más tarde ingresó en la Editorial Marxista de nuestro partido,
en la cual trabajaba en el momento de ser detenido en Barcelona, el 16 de
junio. Sindicalmente pertenecía al Sindicato Metalúrgico, de
la CNT, en Madrid.
Francisco Clavel Ruiz
Nació el 7 de septiembre de 1917. De oficio peluquero, ingresó
en las Juventudes Comunistas en 1933, en Madrid. Tomó parte activa
en el movimiento revolucionario de octubre de 1934. En diciembre del mismo
año fue expulsado de las Juventudes Comunistas por discrepancias políticas
con la nueva posición política. A primeros de 1935 ingresó
en la Izquierda Comunista, pasando luego a formar parte del POUM.
Fue uno de los organizadores de los Gapos en Madrid, es decir, de los grupos
de choque del Partido, que tuvieron una actuación muy destacada contra
los falangistas antes y después de las elecciones de febrero de 1936.
Ha sido miembro del Comité de la sección de Madrid del POUM
desde abril de 1936 a enero de 1937, pasando luego a ocuparse especialmente
del trabajo juvenil. Miembro del Comité madrileño de la Juventud
Comunista Ibérica (POUM) y redactor de su órgano La Antorcha.
Fundador del Sindicato de Repartidores de Revistas y Correspondencia de
la UGT en Madrid.
Víctor Verdejo
Nació en 1898. En 1915 ingresó en el partido que acaudillaba
Melquíades Álvarez, en la localidad de Tarazona (Zaragoza),
lugar donde residió hasta 1917.
Habiéndose trasladado a Zaragoza por motivos de trabajo, dio su adhesión
al movimiento sindicalista, contribuyendo activamente a su propaganda y desarrollo.
Esta actividad sindical le valió la pérdida del empleo que tenía
en el despacho de Rualceliano Irábal -diputado republicano por Tarazona-
y varios arrestos y detenciones gubernativas por reuniones clandestinas.
De 1919 a 1923 sufrió dos deportaciones, impuestas por el entonces
comisario de policía Aparicio, de triste recuerdo para los trabajadores
zaragozanos. La primera vez lo enviaron a Toledo, a consecuencia de su supuesta
participación en el atentado que costó la vida a tres empleados
municipales que hacían de esquiroles durante la huelga de los empleados
del Gas; la segunda, a Logroño, por «tenencia ilícita
de armas».
En febrero de 1923 fue detenido de nuevo y conducido a prisiones militares
de Madrid, llevado luego a África para cumplir en el ejército
cinco años de castigo; por fortuna, no llegó a cumplirlos, merced
a una amnistía concedida por el general Primo de Rivera.
Fracasado el intento de asalto al Cuartel del Carmen de Zaragoza, en el
que tomó parte activa, tuvo que abandonar esta capital. Encontrándose
en Salamanca a la proclamación de la República, trabajó
activamente la candidatura para las Constituyentes de republicanos y socialistas,
en unión de Unamuno y C. Santamaría.
Al producirse el movimiento militar de julio de 1936, ingresó en
la sección madrileña del POUM, de cuyas milicias fue nombrado
pagador-habilitado, hasta que éstas pasaron a integrar el Ejército
regular, el 1 de enero de 1937.
Fue redactor de
El Combatiente Rojo, órgano del POUM en Madrid
y colaborador de
La Antorcha, semanario de las juventudes del Partido.
Actualmente era delegado del Comité de Madrid.
8.LAS SUPUESTAS PRUEBAS CONTRA EL POUM Y SUS DIRIGENTES
«
...a pesar de nuestras denuncias concretas, a pesar de las abrumadoras
pruebas que contra ellos han sido acumuladas...»
(
Treball, 19 de agosto de 1937)
El estalinismo ha acusado a nuestro Partido de traición a la causa
revolucionaria, de su alianza con Franco, de su vasallaje a la Gestapo alemana,
de espionaje el servicio del fascismo nacional e internacional, de fraguar
atentados contra los miembros del actual gobierno Negrín y contra diversos
jefes del Ejército popular, en una palabra, de los crímenes
más absurdos y monstruosos. En la prensa extranjera -en esa prensa
al servicio de Moscú o pagada y subvencionada por Moscú- se
ha informado de esos imaginarios crímenes con todo lujo de detalles
y se ha precisado el nombre de sus ejecutantes, es decir, los miembros del
POUM. Un señor Koltsov , corresponsal acreditado en nuestro país,
ha informado a los infortunados lectores de un diario ruso, Pravda, que los
militantes del POUM consagran sus noches a asaltar los coches que circulan
por las carreteras, robando y asesinando a sus ocupantes; a volar los trenes
de mercancías y de viajeros; a destrozar fábricas y talleres,
y no sabemos cuántas cosas más. Lo más curioso es que,
según Koltsov, esta terrible
organización, a la que no consiguen reducir los centenares de miles
de soldados del Ejército republicano, ni los millares de guardias de
Asalto, de Seguridad, de Carabineros y de agentes de policía a las
órdenes del gobierno, cuenta exactamente con ochenta afiliados. Pocas
veces lo ridículo se habrá combinado tan fácilmente con
lo cómico. Sin embargo, al servicio de tales mentecateces y de esta
campaña difamatoria se han puesto, en España y en el extranjero,
poderosos recursos: numerosos diarios, millares y millares de carteles, gran
número de mítines, la radio, etc. En fin, todas las enormes
posibilidades del Estado soviético.
La prensa estalinista de nuestro país, que desde hace varios meses
viene hablando, uno y otro día, de las pruebas de la traición
del POUM, no ha hecho sino recurrir a los materiales y argumentos novelescos
que le ofrecían y le ofrecen los diversos Koltsov del orbe, traduciendo
así al castellano sus abigarradas elucubraciones, tan faltas de verdad
como de buena lógica y de sentido común. La campaña difamatoria
emprendida contra nuestro Partido asombra por su monotonía, por lo
absurdo de la misma, por la ausencia de inteligencia y hasta de imaginación.
Todos los materiales de las supuestas pruebas de convicción han salido
del mismo laboratorio moscovita y los Koltsov, Antón y demás
epígonos no han hecho más que repetirlas de palabra y por escrito,
con una unción digna de mejor causa. Refiriéndose al mentado
artículo de Koltsov, el periódico anarquista Frente Libertario
de Madrid, escribió: «Pero quien lea el trabajo de marras tiene
risa para una semana. Porque en él se hacen las afirmaciones más
descabelladas y se deja en mantillas la imaginación de Salgari, de
Julio Verne y de Conan Doyle». Pues bien, «el trabajo de marras»
ha sido la bandera que ha agitado el estalinismo indígena para solicitar
nuestras cabezas y ha servido de guión a un juez sin dignidad y sin
escrúpulos para redactar un sumario tan truculento y tan falto de lógica
como los artículos publicados en Pravda y reproducidos por Mundo Obrero,
Frente Rojo y Treball.
El mismo día de la detención de nuestros camaradas y de iniciarse
la terrible y monstruosa represión que ha sufrido y sufre aún
nuestro partido, la prensa estalinista mentaba las «pruebas» de
la traición del POUM. Y lo hacía con tan perfecta unanimidad
y con criterio tan exacto que se veía la mano que manejaba todo. Hasta
el 28 de julio -fíjese bien el lector: el 28 de julio-, el ministro
de Justicia no publicó su primera nota sobre la detención y
probable responsabilidad de nuestros camaradas. Sin embargo, durante este
mes de intervalo el estalinismo se secó la garganta de tanto gritar
atribuyéndonos hechos que ni las mismas autoridades se atrevían
a hacer públicos. La nota en cuestión del ministro de Justicia
es por demás discreta y confusa. Dice así:
«La Dirección general de Seguridad venía ocupándose
de temas interesantes derivados y en relación con actividades subversivas
y de espionaje. Han sido entregados a los tribunales de Espionaje y Alta Traición
los atestados correspondientes a los encabezados que siguen:
Juan Andrade, José Escuder Poves, Pedro Bonet Cuito, Julián
Gómez Gorkin, Daniel Rebull Cabré, Francisco Gómez Palomo;
José Rodríguez Arroyo, Dositeo Iglesias Docampo, Francisco Clavé
Ruiz, Víctor Berdejo Jiménez y Javier Fernández Calver.
Los diez primeros pertenecen al POUM y el último a Falange Española.
Confirman los atestados policiacos abundantes fotografías encontradas
en locales del POUM, claves, códigos telegráficos, documentos
referentes a tráficos de armas, contrabando de dinero y objetos de
valía a Francia, diversos periódicos de varías capitales,
singularmente de Barcelona; comunicaciones de elementos extranjeros alusivas
a entrevistas habidas dentro y fuera del territorio leal y participación
de elementos extranjeros en los antecedentes de espionaje y movimiento subversivo
de mayo último.
El señor fiscal de la República ha recibido órdenes
de comparecer y actuar en el expediente a nombre del gobierno. Asimismo, y
por mediación del Ministerio de Justicia, ha sido remitido al tribunal
el documento por el cual es designado don Benito Pabón abogado defensor
de los encartados pertenecientes al POUM.
En breve comenzará a actuar el juez especial con designación
del Tribunal de Espionaje, con las facultades necesarias para traer a su conocimiento
aquellos sumarios del expediente que sean precisos para la total definición
de los hechos recogidos por la Dirección general de Seguridad y de
cuanto tenga causa con los mismos.
El ministro de Justicia contesta por medio de esta nota a las demandas de
información que ha recibido en relación a los atestados referidos
y a los hechos de su razón.
Los detenidos, cuya cita se hace al comienzo de esta nota, han sido puestos
a disposición directa e inmediata del tribunal en la prisión
del Estado donde actualmente se encuentran.
No necesita reiterar el ministro la seguridad de que en el asunto a que
esta nota afecta, como en todos los sujetos al conocimiento de los tribunales
de justicia, han de llevarse todas las garantías del Derecho para aplicar
la ley en defensa de la República, sin aceptar presiones ni dar lugar
a hechos incompatibles con el recto sentido del Derecho que informa la actuación
de jueces y tribunales. Son, pues, inútiles cuantas gestiones se intenten
que no se reduzcan a la estricta y leal aplicación de las leyes».
Más adelante, cuando hagamos el debido comentario al auto de procesamiento
de nuestros camaradas, dejaremos bien sentado en qué consiste la verdad
de todas esas supuestas pruebas. Pero interesa consignar esto: ninguna de
las informaciones hechas tiene carácter judicial, sino policiaco, y
no de la policía regular del Estado republicano, sino de los individuos
que el estalinismo incrustó en el Cuerpo de investigación. Tal
hecho es más que suficiente para no dar valor jurídico alguno
a los atestados. Sin embargo, no importa. Es tan burda la maniobra y tan
ridículas las acusaciones lanzadas contra el POUM, que la trama de
todo aparece bien al descubierto, sin que pueda resistir la menor critica.
En la nota transcrita, el señor ministro de Justicia da de lado las
«pruebas» que diariamente le servía en bandeja la prensa
estalinista. Prefiere remitirse a vaguedades y apuntar un supuesto delito
por haberse encontrado en nuestros locales fotografías, claves, códigos
telegráficos, diversos periódicos de varias capitales, singularmente
de Barcelona -¿y desde cuándo es delito poseer prensa legalmente
editada?-, comunicaciones de elementos extranjeros... Las fotografías,
claves y códigos telegráficos no fueron encontrados en ninguno
de los locales del POUM, ni figuran en ninguna de las actas de registro levantadas
por la policía; no son más que piezas añadidas piadosamente
por los policías estalinistas, como más tarde intentaron hacer
con documentos de la Gestapo a nombre de Andrés Nin, documentos que
por cierto habían desaparecido de los archivos del Comisario general
de Policía de Madrid, según este mismo declaró indignado.
La responsabilidad de nuestros camaradas tampoco aparece por parte alguna,
puesto que la nota en cuestión solo habla, y repetidamente, de elementos
extranjeros.
El 4 de agosto, el ministro de Justicia dio a la prensa una nueva nota,
esta vez sobre la desaparición de Andrés Nin. Lo más
importante de la misma, que por nuestra parte queremos subrayar, es el párrafo
en el que deja traslucir sus dudas sobre la autenticidad del documento «en
que aparece insinuada la figura del señor Nin», es decir, del
plano milimetrado hallado en el domicilio del falangista Golfin, y en el cual,
con propósito infame, se ha escrito con tinta simpática y en
clave una frase que pretende comprometer al POUM en las actividades contrarrevolucionarias
de Falange Española. En efecto, si ese documento o supuesta pieza
de convicción no ofreciese duda alguna, no habría por qué
encargar al Tribunal el que comience por estudiar la autenticidad del mismo.
¿Qué quiere decir esto? Sencillamente, que ni el mismo ministro
creía en la culpabilidad del camarada Andrés Nin, ni en la
autenticidad de los documentos que figuraban en los atestados policiacos.
Pasaremos por alto las trepidantes y estruendosas informaciones de los diarios
estalinistas, que día tras día hablaban y escribían sobre
las «pruebas» existentes contra el POUM, sin aportar luz alguna.
Igualmente daremos de lado al contenido del auto de procesamiento, que no
es más que una repetición y calco de las truculencias estalinistas
y al cual dedicaremos capitulo especial. Limitémonos -no será
poco- a las pruebas que aporta Francisco Antón en un discurso dedicado
única y exclusivamente a ello, pronunciado en el Pleno del Comité
Central del Partido Comunista celebrado en noviembre último en Valencia.
Es el dernier cri del estalinismo, lo último y más reciente.
Y adelantaremos que si nuestros lectores sufren a causa de la prosa del pobre
Antón la culpa no es nuestra; también a nosotros nos resulta
indigesta esa especie de algodón en rama que este fervoroso estalinista
nos sirve en forma de discurso.
Examinemos uno por uno los documentos hechos públicos por el abanderado
Antón , comisario del Ejército del Centro, el cual se salta
a la torera las últimas disposiciones del ministro de Defensa nacional
contra la participación en actos públicos de elementos militares.
Vale la pena, para dejar bien al descubierto toda la falacia, toda la maldad
y al mismo tiempo las verdaderas intenciones de nuestros macacos estalinistas,
que han de saltar y gesticular según las órdenes de Moscú.
Las pruebas que aporta Antón son seis:
1º.Los hechos de mayo. Según él, los hechos de mayo en
Cataluña son más que suficientes para demostrar nuestra condición
de agentes de Franco. El sinvergüenza de Antón falsifica y tergiversa
algunos escritos de La Batalla, para así poder dar cierto colorido
a su acusación. Sobre la insurrección de mayo existe sobrada
documentación que esclarece la verdad de lo ocurrido, sin necesidad
de transcribir ahora textos. Solo nos interesa subrayar este párrafo
de Antón: «...el Comité de Control, de acuerdo con las
potencias fascistas, quería justificar un desembarco de tropas en Cataluña».
Por lo visto esto lo hacia el Comité de Control de acuerdo con el
POUM, que según Koltsov cuenta justamente con «ochenta afiliados».
Pero, se nos ocurre una pregunta: ¿Qué hacía la URSS,
miembro del Comité de No Intervención y al corriente por lo
mismo de los planes del Comité de Control?
Como complemento, el acusador estalinista lee un documento que, según
dice a sus cándidos oyentes, es una información de carácter
secreto -¡qué gastado está este truco, harto conocido!-,
en el cual, además, no se menta para nada a nuestro Partido. Sin embargo,
para Antón, el Yermolenko II, «estas son las pruebas claras de
que el plan estaba perfectamente combinado entre el POUM y los fascistas».
El estalinismo sigue dando por demostrado lo que es preciso demostrar. Por
algo es una nueva religión, con su Iglesia y su aparato papal, en la
cual sus beatos están obligados a una absoluta creencia con exclusión
del libre raciocinio. Y si el creyente no cree, peor para él, pues
será excomulgado. Pero el creyente estalinista está harto acostumbrado
a comulgar con ruedas de molino.
«No debían ser precisas más pruebas...». «Aún
existen más pruebas...». Pues bien, examinemos esas nuevas pruebas.
2°.El plano milimetrado. En este plano, cogido por la policía
a una organización falangista de Madrid, se detallan nuestras posiciones
militares y la situación de las baterías de artillería
de la región Centro. Las investigaciones y detenciones de este affaire
se efectuaron durante los meses de abril y mayo, según confiesa el
propio Antón. En aquel entonces, el plano en cuestión apareció
limpio y sin escritura marginal alguna. Fue bastante tiempo más tarde,
después de la represión contra nuestro partido y la detención
de nuestros camaradas, cuando al dorso del plano de marras surgieron súbitamente
unos caracteres gráficos. Primeramente se dijo que estaban escritos
en clave y con tinta simpática, y que se referían a un tal N,
al que se trató de confundir con Nin; luego resultó que no
se trataba de unas líneas, sino de un informe dirigido al generalísimo
Franco y en el que se aludía no solo a N, sino también al POUM
y a los anarquistas. Debe extrañar que los falangistas, hábiles
en el espionaje en nuestra retaguardia, dirigieran un informe al Cuartel general
de su caudillo, información amplia y extensa, en el dorso de un plano
milimetrado. Pero en fin, no es esto lo que nos interesa. Lo que sí
interesa a todos es la opinión que sobre la autenticidad de esta «prueba»
tienen destacadas personalidades que ocupan cargos de la máxima importancia.
Ya conocemos el criterio del ministro de Justicia, que ha creído oportuno,
pese a todo lo dicho, el que primeramente el Tribunal juzgara la autenticidad
de esa pieza, que figura en cabeza del atestado policiaco. Y esto seria suficiente.
Pero aún hay más: en el informe publicado por la primera delegación
internacional que vino a España para investigar sobre la verdad de
las acusaciones lanzadas contra el POUM, se transcribe una conversación
sostenida por dicha delegación con Jaime Miravitlles, comisario general
de propaganda de la Generalidad de Cataluña. Se dice lo siguiente:
«Miravitlles nos declaró espontáneamente que enseguida
de la detención de Nin por espionaje, acusación que nadie puede
creer, fue llamado por Companys y los dos decidieron que este último
escribiría inmediatamente una carta al gobierno de Valencia indicando
la deplorable impresión producida por esta detención, pues “la
opinión pública catalana no podía creer que Nin fuese
un espía fascista y Companys mismo no tenía necesidad de hacer
un gran esfuerzo para pensar también así”». Esta carta
fue llevada enseguida a Valencia por el propio Miravitlles y entregada por
él a Ortega, Director General de Seguridad. Ortega declaró entonces
que se tenían pruebas abrumadoras contra Nin y enseñó
a Miravitlles una de las piezas (un plano milimétrico de Madrid con
un texto en tinta simpática en el dorso, en el que se trataba de un
cierto N), que era tan evidentemente falsa, dice Miravitlles, «que rompí
a reír y creo que nadie tendrá ya la osadía de hacer
más uso de esa prueba».
Posteriormente, el falangista Golfín, en cuyo poder se encontró
el plano, procesado actualmente por espionaje, declaró que el plano
le pertenecía, que las señales que situaban las baterías
que defienden Madrid las había hecho él; que, en efecto, su
propósito era hacerlo pasar a manos del «generalísimo»,
pero que lo escrito detrás del plano con tinta simpática debía
ser obra de la policía; así lo ha mantenido siempre, a pesar
de las amenazas y malos tratos de que le han hecho objeto los policías
estalinistas para que declarara comprometiendo al POUM y a Nin.
Y por si todo esto fuera todavía poco, tenemos el auto de procesamiento
dictado contra nuestros camaradas por el Juez especial del Juzgado número
1 del Tribunal de Espionaje. En él no se alude para nada al ya famoso
plano milimétrico.
Una nueva prueba que ha fallado y que ni el juez ni el fiscal tienen en
cuenta.
3°.La organización de espionaje recientemente descubierta por
el señor Burillo. Esta es la tercera de las pruebas mentadas contra
nosotros, tan ridícula y falsa como las anteriores, sino más.
El señor Burillo, Jefe Superior de Policía de Barcelona e instrumento
fiel del estalinismo, se encontraba en situación de dimitido. No merecía
otra cosa, después de las monstruosidades cometidas por él en
toda Cataluña, monstruosidades que superaban a las tan conocidas de
Martínez Anido. Pues bien, el dimitido señor Burillo, antes
de hacer entrega de su cargo, quiso dejar realizado algún importante
servicio que lo rehabilitara ante el Gobierno y que a la vez sirviera para
recrudecer la represión contra los hombres del POUM. El 23 de octubre
último, el Jefe Superior de Policía, personalmente, hizo entrega
a los periodistas de una nota de elevado sabor detectivesco y en la que se
decía haber descubierto una importante organización de espionaje
que, claro está, no era otra que el POUM. Entre otras cosas decía
la nota en cuestión:
«El registro del domicilio de R., uno de los principales miembros
de la organización, ha permitido descubrir entre los colchones importantísimos
documentos que, juntamente con las declaraciones de dicho miembro de la organización,
demuestran que uno de los núcleos más importantes de esta organización
de espionaje se encontraba en un numeroso y bien organizado grupo de espías,
militantes del POUM.
Este grupo tenía como distintivo la letra C y cada uno de los agentes
de esta red de espionaje del POUM llevaba la letra C y el número que
le correspondía personalmente.
En una carta encontrada en la librería propiedad del padre de R.,
en un registro practicado el 18 de septiembre, se pone en conocimiento del
Estado
Mayor de Franco lo siguiente:
Primero. El grupo dirigido por el agente C 16 había conseguido el
26 de agosto inutilizar tres piezas de artillería en la División
N y cuatro en la División M, todo esto en un momento decisivo de las
operaciones.
Segundo. Se preparaba volar los puentes del Ebro.
Tercero. Haber llegado un tren militar con armamento, que se especificaba.
Cuarto. Datos sobre la artillería del frente de Aragón.
Quinto. Se había utilizado la nueva forma de abastecimiento para
incitar a la población a manifestaciones de protesta.
Sexto. Se seguían preparando los atentados contra Walter y Modesto,
destacadas figuras del Ejército popular.
Séptimo. Igualmente proseguía la organización del atentado
proyectado contra un ministro de la República, y a tal efecto se pensaba
aprovechar la ocasión de su paso en auto hacia determinado lugar de
las afueras.
Con este objeto, dos coches con hombres armados de bombas de mano, estaban
destinados a la persecución del auto del ministro. La dirección
del asesinato del ministro se había encargado a dos terroristas, miembros
del POUM, que se designaban con las indicaciones de C 18 y C 23.
En la carta iba unido un croquis de un taller del POUM, en el cual se fabricaban
bombas de mano.
Las investigaciones practicadas en el frente han permitido confirmar la
exactitud de los datos transmitidos.
La dirección de la organización de espionaje del POUM se quejaba
en la carta citada de no poder utilizar toda la red de sus agentes por el
hecho de que la relación completa de confidentes militantes del POUM
solamente era conocida de dos miembros destacados de la misma, los cuales
actualmente se encuentran en la prisión de Valencia, donde esperan
comparecer ante los Tribunales».
Inmediatamente después de ser publicada en cierta prensa esta nota
-no todos los periódicos la acogieron en sus columnas, a pesar de haber
sido entregada personalmente por el señor Burillo-, de cuya rocambolesca
fantasía no vale la pena hablar, el Comité ejecutivo del POUM
envió a varios diarios un escrito en el cual se respondía adecuadamente
al Jefe de Policía. La censura, en manos del mismo señor Burillo,
se cuidó de que la nota del POUM no viera la luz en Barcelona -tenemos
en nuestro poder las galeradas censuradas correspondientes a Catalunya y
a Solidaridad Obrera-, pero apareció en algunos diarios de Valencia.
Esta respuesta del Comité ejecutivo de nuestro Partido, dice así:
«El POUM y las calumnias del Jefe superior de Policía.
El pueblo antifascista se ha visto sorprendido otra vez con la publicación
en los periódicos de la noche del día 23 y los de la mañana
del 24, de una nota sensacionalista del Jefe Superior de Policía, entregada
personalmente por él a los periodistas. Esta actuación personal
del señor Burillo demuestra ya el interés que ha puesto en
el asunto.
Los que no conocen la actuación partidista, mejor dicho, fanática
del señor Burillo en favor del PSUC y del Partido Comunista de España,
podrán creer de buena fe en la veracidad de la nota en cuestión.
Pero los que saben que el señor Burillo ha utilizado los resortes que
su cargo le facilita para ponerlos a disposición de la política
desenfrenada de su partido, éstos se hallan frente a la verdad. Les
habrá movido a risa las manifestaciones del Jefe superior de Policía.
Como en todas, en esta ocasión la nota de referencia puede ser calificada
de novela policiaca.
La seriedad de los agentes policiacos queda muy mal parada. Ni el redactado
ni el mismo contenido de la nota dan la más mínima sensación
de veracidad. Esos agentes señalados con letras y cifras; esos Estados
Mayores en el extranjero; ese derrotismo en el frente de Aragón, todo
eso invita a reír. Y, sobre todo, el hecho de no mencionar nombres
reales, ni indicar qué clase de detenciones son las efectuadas. El
señor Burillo, que a causa de su política sectaria ha sido invitado
a dimitir, bien claro se ve que con esta nota ha redactado su testamento político
en favor del PSUC.
El PSUC y el Partido Comunista, después de sus acusaciones de espionaje
contra los miembros de nuestro Comité ejecutivo; después que
el ministro de la Gobernación ha prohibido a Frente Rojo de Valencia
la publicación de unos artículos contra los dirigentes del POUM,
por no considerar a éstos culpables; después de la dimisión
obligada de los dos Directores generales de Seguridad, Ortega y Morón,
por su manera de proceder contra el POUM; después de haberle fracasado
a Treball la maniobra tendente a envolver al POUM en las negociaciones para
una paz separada de Cataluña, noticia que según dijeron publicó
el New Chronique y que el Comisario de Propaganda de la Generalidad Jaime
Miravitlles se negó a publicar en el Boletín oficial por considerarla
falsa, después de todo esto, los «amos» del señor
Burillo tenían necesidad de otra noticia sensacionalista para distraer
a su público. Este es el motivo de la nota del señor Burillo
y aquí queda demostrado el bajo contenido de la maniobra.
Esta mañana, una delegación del actual Comité ejecutivo
del POUM se ha entrevistado con el Delegado de Orden público en Cataluña,
para protestar del proceder ignominioso del Jefe Superior de Policía
y ponerse a su disposición para llevar a cabo una encuesta a fondo
de la cuestión que nos ocupa y desenmascarar a quien sea.
Estamos convencidos de que, en definitiva, no será el POUM quien
saldrá perjudicado de estas calumnias, sino los que las utilizan para
servir bajos intereses de partido».
Ni el Delegado de Orden Público estimó necesario efectuar
la encuesta solicitada, ni el Gobierno tomó en consideración
el nuevo descubrimiento de Burillo, ni las autoridades tomaron medidas de
ninguna clase. Ni se volvió a mentar para nada la nota en cuestión,
ni camarada alguno fue detenido bajo inculpación por este nuevo affaire
de espionaje. Su falsedad saltaba tan a la vista, que el señor Burillo
fracasó en sus propósitos.
Otra prueba más que corrió la misma suerte que las anteriores.
4º.El pretendido atentado contra Comorera. Como complemento o segunda
parte de su «descubrimiento» final, el señor Burillo estimó
oportuno describir asimismo un atentado contra el dirigente y muy amado jefe
del PSUC, Juan Comorera. En una nota tan sensacionalista como todas las suyas,
lo dio a conocer el que fue Jefe Superior de Policía en Barcelona,
ante la sorpresa no exenta de regocijo de toda la población barcelonesa,
que ya sabia a qué atenerse. Este episodio fugaz lo teníamos
ya olvidado; ahora nos lo recuerda Francisco Antón, Yermolenko II,
como la cuarta de las actividades fascistas del POUM. Tampoco vale la pena
refutar tal acusación. Nos basta con reproducir un suelto publicado
por Solidaridad Obrera en su número del 26 de octubre pasado, suelto
que le acarreó una semana de suspensión. Dice así:
«Hacer el ridículo
Créannoslo, amigos; aquí no somos partidarios de hacer el
ridículo. Ni de ayudar a nadie a que lo haga. Pues nos acreditaríamos
de tontos, lo primero, y de malintencionados, lo segundo. Y, francamente,
no sentimos debilidad por ninguna de las dos cosas.
El ridículo lo hace quien, muy prosopopéyicamente, confunde
la gimnasia con la magnesia, y también quien confunde una explosión
de gas con el fin del mundo. Quien pretende hacer mártires propalando
versiones inexactas, de hechos ajenos a toda intervención casual, con
o sin tener explicación ni justificación posibles.
Se predica lealtad a todo pasto; escríbense resmas y toneladas de
papel recomendando tal medicina; no hay quien la omita en sus peroratas...
Pero todo inútil. El empeño de algunos es dar al traste definitivamente
con ella, de muy distintos modos, entre otros urdiendo falsedades que hacen
reír hasta a los niños de teta. Y algunos se las echan de Sherlock
Holmes.
Créannoslo, amigos; aquí no somos partidarios de hacer el
ridículo. Ni de ayudar a nadie a que lo haga. Las columnas de Solidaridad
Obrera tienen otra más noble y elevada misión. Porque en ellas,
aunque les duela, mandamos nosotros. Y nosotros somos gente que sabe lo que
se pesca».
Así contestaba el órgano nacional de la CNT a la nota del
señor Burillo, nota a la que no dio acogida en sus columnas. Y esta
es la prueba número cuatro que el estalinismo esgrime contra nuestra
organización.
5°.Una carta del señor Angulo. El abanderado Antón enumera
como pieza de convicción de nuestra responsabilidad una carta «recientemente
descubierta» del abogado Enrique de Angulo a Gil Robles, cuando éste
era ministro de la Guerra. Aun dando de lado la autenticidad o no de tal carta
-el señor Angulo falta de Barcelona desde el 19 de julio de 1936,
ocurriendo lo mismo con Gil Robles, ausente de Madrid desde días antes
de la sublevación militar, si bien los papeles y documentos de ambos
fueron escrupulosamente examinados a su debido tiempo; ¿por qué
es ahora y precisamente ahora cuando se descubre esta carta?,-el contenido
de la misma es tan inocuo que apenas tiene importancia. En la misma, el señor
Angulo no menta para nada al POUM, ni es fácil que pudiera ser así,
puesto que cuando Gil Robles era ministro de la Guerra nuestro partido aún
estaba en vías de formación mediante la fusión de dos
organizaciones: el Bloque Obrero y Campesino y la Izquierda Comunista. Por
otra parte, esa carta tampoco figura en atestado policiaco alguno, ni en
el auto de procesamiento de nuestros camaradas. Tal es el valor que los jueces
y fiscales le han dado.
6°.Una carta más. Todavía hay una carta más, que
es la prueba última; es de un camarada de nuestra organización
en el Norte, enviada por correo ordinario desde Bayona a la secretaría
de nuestro Partido. Rabiamos visto en la prensa estalinista tantas versiones
de la misma, que ya no sabíamos a qué atenernos. Daremos como
buena la reproducción que Antón leyó a sus compadres
en el último Comité central. La recortamos y reproducimos de
Frente Rojo, correspondiente a l8 de noviembre de 1937:
«Bayona, 12 de julio de 1937. Al Comité Ejecutivo del POUM.
Confirmo mis informes anteriores. Al fin, en el grupo de los Bajos Pirineos,
de que hemos venido hablando, se han producido unas diferencias que nos convienen,
porque son el principio, si nosotros las cuidamos, de la creación de
un grupo de nuestro partido. Lo mejor del grupo, entre ellos Walter, Bobinot,
etc., los de decisiva influencia, han chocado violentamente con los de San
Juan de Luz, porque éstos se niegan hasta tanto reciban instrucciones
concretas de la CNT, a procurar personal para viaje eventual. Hay que procurar
en esa la correspondiente autorización cenetista, aunque los de Bayona
van a hacer gestiones por otro lado, en las que confían. Hay, sobre
todo, una manifestación verdaderamente interesante, y es ésta
“que se nos envíe material desde Barcelona y medios en abundancia para
hacer conocer las posiciones del partido, y entonces trabajaremos de firme
y conseguiremos fortalecer un grupo dispuesto a todo”. Estas son, entre otras,
las manifestaciones de los “disidentes”. Pero hay más. La compañera
del generalísimo Franco, su mujer, está en Francia. ¿Os
acordáis de lo que os hablaba, en un informe anterior, acerca de las
probabilidades de hacerla conocer por una temporada Barcelona? Y qué
posibilidades nos proporcionarla esto, para lo que Bonet decía acerca
del «Quim». Por todo ello insisto en la necesidad de mantener,
material e ideológicamente, a este grupo que puede reportar muchísimos
beneficios; pero para esto debéis de hacer que vaya a Barcelona Walter.
El camarada C. en Perpiñán se halla ya en contacto. Al sitio
en que definitivamente voy hoy es difícil que lleguen noticias concretas.
Necesito que me aviséis telegráficamente acusando recibo de
todo esto y diciendo si lo ponéis en práctica. Salud y POUM.
Jma».
Causa estupor que los estalinistas traten de aprovechar para sus siniestros
propósitos una carta tan clara, tan sencilla y a la par tan noble como
ésta. El lector pronto interpretará en sus justos términos
el sentido de la misma. Sin embargo, el falsario de Antón dice como
comentario: «El POUM tiene, pues, relaciones directas con la oficina
de San Juan de Luz. ¿Qué es la oficina de San Juan de Luz? Como
todo el mundo sabe, una agencia de la Gestapo, el centro de espionaje de
Franco en Francia». Pero lo que no dice Antón es que en dicha
oficina se esperan órdenes, no nuestras, ni de la Gestapo, ni de Franco,
sino de la CNT. Según afirma la carta. ¿Es que también
la CNT está envuelta en este affaire de espionaje?
Pongamos de manifiesto la verdad de todo esto: el camarada que firma la
carta pertenecía a nuestra organización en el Norte, donde
desempeño altos cargos después del 19 de julio de 1936: secretario
de la Junta de Defensa de Vizcaya, delegado de la misma para la compra de
armas en el extranjero. Director general de Comercio en todo el Norte, etc.
Más tarde vino a Cataluña, expresamente llamado por nuestro
Comité ejecutivo, junto con otros camaradas, para que informaran sobre
la situación en Euzkadi, Santander y Asturias. Ultimando su regreso
a Bilbao, el partido le confió una importante misión: organizar
en Bayona un grupo de camaradas dispuestos a dirigirse a Asturias cuando
llegara la hora de la evacuación, al objeto de salvar a todos los
compañeros nuestros. Y también averiguar si eran ciertos los
rumores que habían llegado hasta nosotros de que Maurín no
había sido fusilado y se hallaba en una cárcel franquista,
con nombre supuesto. Nuestro camarada hizo en Bayona las gestiones necesarias
y consecuencia de las mismas fue la carta que ahora airea el estalinismo,
carta enviada a nuestro secretario general por correo ordinario y que estaba
en la secretaría como una carta más, es decir, sin haber tomado
con ella las precauciones naturales que se hubieran adoptado caso de ser
un informe secreto. El contenido de la carta en cuestión es por demás
evidente: «Los de San Juan de Luz -dice uno de los párrafos-
se niegan hasta tanto reciban instrucciones concretas de la CNT a procurar
personal para viaje eventual. Hay que procurar en esa la correspondiente
autorización cenetista». Por tanto, no se trata de ninguna oficina
de la GESTAPO, sino simplemente de unos camaradas anarquistas de Bayona que
exigían, para acceder a nuestras pretensiones de ir a Asturias cuando
llegara la hora de la evacuación. La correspondiente autorización
de la dirección nacional de la CNT. Después, nuestro camarada
escribe: «La compañera del “generalísimo” Franco, su
mujer, está en Francia. ¿Os acordáis de lo que os hablaba
en un informe anterior, acerca de las probabilidades de hacerla conocer por
una temporada Barcelona? Y qué posibilidades nos proporcionaría
esto para lo que Bonet decía acerca del “Quim”». Que Quim es
Maurín lo saben en Cataluña hasta las piedras, puesto que es
el nombre familiar que se le daba en los medios del Partido. Lo que se proponía
era, ni más ni menos, el secuestro de la señora de Franco,
para poder luego canjearla por nuestro querido camarada Joaquín Maurín.
Creemos que todo esto está suficientemente claro, sin necesidad de
dar más detalles que solo beneficiarían al enemigo y que pondrían
en difícil situación al camarada que escribió la carta,
puesto que a estas horas no sabemos si está prisionero de los franquistas
. Pero el contenido de la carta refleja tanta claridad y se presta tan poco
a cualquier equivoco que nadie la ha tomado en cuenta para nada, salvo los
estalinistas, que en su afán de acusarnos igual se agarran a un clavo
ardiente. Inútil señalar que tampoco figura en el auto del proceso,
ni el juez ni el fiscal han considerado necesario interrogar sobre la misma
a los camaradas procesados.
Y aquí terminan las acusaciones y pruebas del abanderado Francisco
Antón, Yermolenko II, tan ignorante y falsario como su colega ruso,
aquel Yermolenko que en 1917 acusaba también públicamente a
Lenin y a los bolcheviques de estar al servicio de Alemania y de la reacción.
9.LAS DECLARACIONES PRESTADAS POR LOS PROCESADOS
«
Jamás hemos ocultado, ni ocultaremos, nuestra condición
de marxistas revolucionarios, de bolcheviques».
(Lenin)
Nuestros camaradas Andrade, Gorkin, David Rey, Bonet y Escuder, detenidos
el 16 de junio, no fueron interrogados hasta el 13 de julio, es decir, casi
un mes después. Solo este hecho sería más que suficiente
para poner en evidencia el poco escrúpulo de una justicia puesta al
servicio y órdenes del estalinismo, así como los escasos deseos
que todos sentían de llevar el affaire hasta el fin. Hubo de ser nuestra
organización -tal es la paradoja- la que solicitara una y otra vez
que el proceso se viera pronto, para que así se demostrara sin pérdida
de tiempo la falsedad de las acusaciones lanzadas contra el POUM y sus dirigentes.
Tal era y es la confianza que tenemos.
El 13 de julio, pues, fueron interrogados nuestros camaradas por vez primera.
Ya hemos expuesto en otro lugar la naturaleza del interrogatorio y su verdadero
carácter. Caso curioso: acusados de espionaje, no son interrogados
sobre nada relacionado con tales actividades; ni se les menta tampoco esos
famosos documentos que ha venido jaleando la prensa estalinista y que nadie
conoce, ni siquiera las autoridades y el Ministerio Fiscal. A continuación
damos a conocer la declaración prestada por cada uno de los compañeros
mencionados, declaraciones que reproducimos in extenso :
Juan Andrade
Declaración prestada por Juan Andrade ante agentes de policía
de la Brigada Especial de Madrid, el 13 de julio de 1937:
«Juan Andrade Rodríguez, natural de Madrid, de 39 años
de edad, de profesión periodista, hijo de Adolfo y Vicenta, casado
y con domicilio en Barcelona, plaza de Trilla 1, a las preguntas de los agentes
contestó aproximadamente:
Que el interrogado es miembro del C.E. del POUM. Que el C.E. no adoptó
anteriormente a las “jornadas de mayo” decisión o acuerdo alguno sobre
éstas, porque fueron un movimiento espontáneo de las masas obreras.
Que el C.E. no condenó el movimiento precisamente por ser un movimiento
espontáneo. Que considera a Trotski un excelente camarada, mejor que
Stalin y que los componentes del actual gobierno español. Que solo
considera obreros revolucionarios a los de la FAI y el POUM. Que los militantes
del Partido Comunista están influenciados por la ideología democrática
pequeño-burguesa. Que no está conforme con la política
que sigue el gobierno del Frente Popular. Que niega que entre los extranjeros
que trabajan con el POUM hubiera agentes de la Gestapo. Que desconoce y duda
que en casa de algunos de ellos se descubrieran insignias hitlerianas. Que
desconoce una carta de la sección del POUM de Palamós (Gerona)
en que se piden armas al C.E. Que desconoce y duda que David Rey se trajera
de México, para el POUM, el importe de una suscripción hecha
a favor del gobierno de la República. Que desconoce una carta de David
Rey en la que desde México pide a Nin papel oficial de la Generalidad».
Daniel Rebull («David Rey»)
«-P. ¿Qué cargo desempeñaba usted en el POUM?
-R. Era miembro del Comité Central.
-P. ¿Asistió usted al pleno celebrado por el POUM después
del mes de mayo?
-R. Sí, señor.
-P. ¿Qué posición fue la suya? ¿Está
usted conforme con la resolución de dicho pleno y publicada en La
Batalla?
-R. La opinión sobre la conformidad o disconformidad de los hechos
de mayo y las resoluciones del Ejecutivo es un deber de todo marxista manifestarla
ante un Congreso del partido y no ante la policía.
-P. ¿Qué hizo usted durante los días en que se desarrollaron
los sucesos?
-R. La vida normal de todos los días.
-P. ¿Así pues, usted no hizo nada en favor ni en contra?
-R. Exacto.
-P. ¿El POUM es trotskista?
-R. No señor, en absoluto.
-P. ¿Qué concepto tiene usted de Trotski?
-R. Siento una gran admiración por el pasado revolucionario de Trotski,
admiración que se agranda ante la feroz persecución de que es
objeto. Políticamente, considero que en la actualidad, tanto Trotski
como Stalin, son los dos mayores obstáculos para la unidad revolucionaria
mundial.
-P. ¿Está usted de acuerdo con la política del actual
Gobierno?
-R. En todo, no.
-P. ¿Fue usted a México enviado por su partido?
-R. Sí, señor, en concepto de jefe de una expedición
deportivo-política.
-P. ¿Es verdad que usted recogió en México el producto
de una suscripción que los obreros mejicanos hacían en favor
del Frente Popular Español?
-R. Nosotros fuimos a México en representación del Frente
Popular
Obrero. Realizamos una campaña de propaganda y tomamos parte en más
de ciento treinta mítines y reuniones. La suscripción para el
Gobierno del Frente Popular Español la controlaba el licenciado Vicente
Lombardo Toledano, secretario general de la Confederación de Trabajadores
de México y era enviada a España por mediación del Buró
de la II Internacional.
-P. ¿Al llegar a México, se pusieron ustedes inmediatamente
en relación con el grupo trotskista?
-R. La expedición la formábamos miembros de la CNT, UGT, PSUC
y POUM. Por lo tanto, al llegar a México nos pusimos en relación
inmediata con todas las organizaciones, sindicales y grupos revolucionarios
mejicanos.
Esta declaración fue prestada el 13 de julio de 1937 en Madrid».
Pedro Bonet
«El declarante, hijo de Pablo y Teresa, de 36 años de edad,
de profesión tipógrafo, de estado casado, que habita en Barcelona,
calle Gerona, 111, dice:
Que es miembro del Comité ejecutivo del POUM y teniente alcalde del
Distrito IV del Ayuntamiento de Barcelona en representación del mismo
partido.
En relación con los sucesos de Barcelona, ocurridos a comienzos de
mayo, declara que fue un movimiento espontáneo de la clase obrera,
como respuesta a la provocación hecha al ocupar la Telefónica.
Que no sabe de dónde salieron las armas ni dónde se encuentran.
Que el Comité central no sancionó aquellos sucesos, puesto que
respondían a una provocación. Declara que el POUM no tiene nada
que ver ni con Trotski ni con Stalin. Que la delegación enviada a
México era puramente deportiva y que si visitó a las diversas
organizaciones obreras era con el fin de interesarlas en la ayuda a la revolución
española. Que desconoce la carta en que una sección del POUM
pide al C.E. armas para luchar contra los obreros. Que su posición
ante el gobierno actual era de apoyo en todo cuanto contribuya a ganar la
guerra y vencer el fascismo, pero de crítica ante las vacilaciones
observadas en la preparación de la ofensiva».
Julián G. Gorkin
«El declarante, hijo de Pascual y Consuelo, de 36 años de edad,
de profesión periodista, de estado casado, que habita en Barcelona,
calle de Muntaner,161, dice :Que es miembro del Comité ejecutivo del
POUM y director de La Batalla, órgano central de este partido. Respecto
de los sucesos de Barcelona, ocurridos a comienzos de mayo, declara que fue
un movimiento espontáneo de la clase obrera, como consecuencia de la
provocación llevada a cabo al ocupar la Telefónica. Que él
se ocupó de aquellos acontecimientos, que constituían la preocupación
central en aquellos momentos. Que cuando se consideró desbaratada
la provocación, el C.E. del POUM lanzó la orden de abandonar
la lucha, orden que fue seguida. Que no sabe de dónde salieron las
armas, ni dónde se encuentran. Declara que el POUM no es un partido
trotskista y que él ha hecho críticas de la posición
actual de Trotski, de la misma manera que éste las ha hecho con respecto
a la política del POUM. Que la comisión enviada a México
era simplemente deportiva, y que cumplió con su deber haciendo actos
de propaganda antifascista y visitando a las organizaciones obreras. Que no
fue esta comisión la que recibió el dinero recaudado en México
para el gobierno de la República, y que quizá fuera otra comisión
que se encontraba allí del Partido Comunista. Que no tiene conocimiento
de la carta en que una sección del POUM pide armas para luchar contra
otros obreros. Que su posición ante el gobierno actual es la siguiente:
apoyo decidido en todo lo que contribuya a ganar la guerra contra el enemigo
común y actitud de crítica por sus medidas de carácter
social y que van en contra del desarrollo de la revolución en España.
Que no cree que ninguno de sus colaboradores internacionales fuera agente
de la Gestapo, pero que de haber descubierto alguno lo hubiera entregado
a la justicia o hecho justicia. Y para que conste, firmo la presente en cuatro
ejemplares, en Madrid, catorce de julio de 1937».
(Nota aclaratoria de Julián Gorkin). Se impone una aclaración
respecto a cómo se desarrolló la declaración anterior.
Me fue tomada por tres agentes de policía: uno de ellos, con unas notas
en la mano, interrogaba; otro escribía a máquina y el tercero
presenciaba la declaración. Esta se desarrolló al comienzo en
tonos violentos, casi a gritos. Se me hacían preguntas y más
preguntas y el interrogante, que empezó diciendo que tenía escasa
cultura social, por lo cual debía perdonarle si me hacía alguna
pregunta absurda, trataba de coaccionarme para que contestara conforme a
sus deseos. Yo le pregunté: «¿En calidad de qué
me interroga usted a mí?» Él: «En calidad de agente
de policía». Yo: «No, señor; en calidad de agente
del Partido Comunista. Yo declaro lo que me interesa a mí, no lo que
le interesa a usted. ¿Estamos?» Él, con visible despecho:
«Son ustedes muy inteligentes». Yo: «Naturalmente, muy inteligentes;
por eso somos del POUM». Él: «¿Eso quiere decir
que en los demás partidos no hay personas inteligentes?». Yo:
«En algunos, sí; pero en su partido, no. Prueba de ello: este
burdo proceso». Después me hizo varías preguntas respecto
de Stalin y de Trotski. Yo pregunto: «Dígame usted, ¿en
qué articulo de la Ley de Enjuiciamiento Criminal puede considerarse
delictivo el que yo opine de una manera o de otra sobre Stalin, sobre Trotski
o sobre el moro Muza?». Él, cortado y corrido, me respondió:
«Eso es solo para mi información. Ya le he dicho a usted que
no tenía una gran cultura social». Yo: «¿Y para
informarle a usted de todo esto, que más bien parece una vulgar interviú
periodística, me han traído de Barcelona a Madrid y me han
tenido un mes incomunicado?». A partir de este momento, sus humos fueron
bajando y me rogaron los tres agentes que dejáramos de lado la declaración
y que conversáramos como camaradas en torno a las posiciones políticas
del Partido Comunista y del nuestro. Así lo hicimos durante cosa de
media hora, convenciéndome de que, en efecto, eran novatos en el comunismo
y carecían de cultura político-social. Cuando yo les dije que
Maurín, Nin, Andrade, yo mismo, habíamos sido los fundadores
del P.C. en 1921, se quedaron muy sorprendidos. Luego me preguntaron: «Pero,
¿por qué fundasteis luego el POUM?». Yo: «En primer
lugar, porque nos dio la gana. Si queréis os daré una explicación
política. De la misma manera que en 1921 fundamos el P.C. para poder
seguir siendo marxistas revolucionarios, fundamos luego el POUM, cuando el
P.C. ha dejado de ser un partido marxista revolucionario». En el curso
de la conversación me hablaron muy mal de la CNT diciendo que había
recogido a todos los apaches en su seno. También me dijeron que entre
nuestros colaboradores extranjeros había dos que tenían el
carnet de la Gestapo. Y me enseñaron todos los documentos que habían
encontrado en los registros: cartas de David Rey desde México, de
Juana Maurín desde París, de Luis Portela desde Valencia, una
de Palmaos reprochándole al C.E. de no haberles enviado las armas
pedidas multitud de veces, etc. Así fue mi declaración en la
famosa checa de Atocha, sobre la cual puede hacerse un libro siniestro.
José Escuder
«José Escuder Poves, hijo de Pilar y José, de 34 años
de edad, nacido en Barcelona, casado. Se le pregunta primeramente cuáles
son sus ideas políticas. Responde el declarante que es marxista. “¿Qué
clase de marxista?”, pregunta el agente de policía que interroga. Contesta
que solo hay una clase de marxismo. A continuación se le pide si desempeña
algún cargo político en el POUM. “Ninguno -contesta-; era el
redactor jefe de “La Batalla”, encargado del aspecto técnico del periódico”.
Seguidamente el declarante explica que vino a España de los Estados
Unidos a fines de octubre de 1934, para ver a su padre que se encontraba
gravemente enfermo y que falleció en enero de 1935. Permaneció
en Barcelona hasta el 13 de junio de 1936. Durante este tiempo confeccionó
y dirigió el diario “Ultima Hora”, órgano nocturno de la Ezquerra
Republicana de Cataluña. Regresó a los Estados Unidos, como
dijo antes, el 13 de junio de 1936, porque se acababa el permiso legal dado
por las autoridades americanas para permanecer en España. El día
23 de diciembre de 1936 regresó a España por “considerar que
sus ideas sociales le obligaban a ello como un deber”. Luego se le preguntó
cómo consideraba las jornadas de mayo en Barcelona, contestando que
las estimaba inoportunas para la revolución».
(Aclaración de José Escuder). Mi declaración fue breve
y sin carácter político
alguno, salvo la pregunta sobre las jornadas de mayo en Barcelona. Me limité
a exponer la realidad, o sea que yo soy un elemento de carácter técnico.
El policía que me interrogó dijo espontáneamente que
el juez me pondría en libertad tan pronto como viera la declaración.
Yo le dije que para esto no valía la pena tenerme encerrado e incomunicado
27 días. Contestó que se debió a la precipitación
de los primeros momentos. Durante toda la declaración el agente se
extendió en manifestaciones de elogio para Rusia y sus dirigentes.
Me recomendó que leyera la ley electoral, etc. Yo le expresaba mis
puntos de vista, pero en la declaración no quiso poner nada de esto.
No preguntó nada sobre espionaje ni demás tonterías que
se han publicado contra nosotros.
Francisco Clavel Ruiz
«Declaración prestada ante los agentes de la Brigada Especial
por Francisco Clavel Ruiz, de 19 años de edad, natural de Madrid, habitante
en la calle Almendro, 10, y de profesión peluquero.
-P. ¿Pertenece a alguna central sindical?
-R. Al Sindicato de Repartidores de Revistas y Correspondencia de Madrid
(UGT) del cual he sido fundador.
-P. ¿Sabe dónde se encuentran las emisoras clandestinas del
POUM?
-R. Yo no he conocido más que una emisora legal, que fue incautada
por los agentes de la Brigada Especial.
-P. ¿Dónde tienes el fichero de los militantes de la sección
de Madrid?
-R. Yo no tengo ninguna clase de ficheros ni sé quién los
pueda tener.
-P. ¿Conoces a Nin?
-R. No conozco a Nin más que de vista, pues en una ocasión,
estando comiendo, me dijeron que él estaba comiendo en otra mesa.
-P. ¿Conoces el paradero del Comité local de Madrid?
-R. Ignoro dónde puede encontrarse el Comité local de Madrid,
pues las únicas referencias que tengo son que han salido para asistir
al Congreso del Partido, que estaba anunciado en Barcelona.
-P. ¿Tienes actualmente algún cargo responsable en el Partido?
-R. No. He pertenecido al Comité local de Madrid hasta el mes de
enero, en que en un Pleno de delegados de células se nombró
nuevo Comité.
-P. ¿Estás movilizado?
-R. He pertenecido a las milicias del Batallón 20 de Julio y al Batallón
Lenin del POUM de Madrid.
-P. ¿Habéis recibido la visita de un emisario del Comité
ejecutivo, que venía de Barcelona?
-R. Yo, en el tiempo en que he estado en Madrid no he recibido a ningún
camarada que viniera de Barcelona.
-P. ¿Cuándo fuiste a Barcelona?
-R. Salí de Madrid el 11 o 12 de mayo, para Barcelona. Mi viaje no
tenía otro objeto que el de ver si el Ejecutivo de la JCI nos podía
proporcionar papel para la tirada de “La Antorcha” (órgano de la Juventud
Comunista Ibérica de Madrid), dado que en Madrid no lo había».
A todo esto se ha reducido el interrogatorio a que la policía tuvo
a bien someter a nuestros camaradas. Después las cosas siguieron como
antes, es decir, sin el menor asomo de proceso ni nada que lo pareciera. En
un documento enviado por Andrade. Gorkin, Bonet, David Rey y demás
camaradas presos en Madrid al presidente del Consejo de ministros ya los ministros
de Justicia y de la Gobernación, después de varias consideraciones
sobre la represión contra el POUM, se decía:
«Nosotros pedimos al gobierno que defina nuestra situación,
pues la desconocemos en absoluto a los cuarenta y tantos días de nuestra
detención. ¿Estamos procesados o no lo estamos? Si no lo estamos,
debe de ponérsenos en libertad. En caso afirmativo, debe de decírsenos
-y decirse a la opinión- por qué. ¿Acaso por los sucesos
de mayo en Barcelona? Pues debe de trasladársenos nuevamente a Barcelona.
¿Cae nuestro caso -el que sea- dentro del reciente decreto del ministro
de Justicia? Pues debemos ser trasladados a Valencia. Y debe de permitírsenos
esa cosa tan elemental y tan legítima que no se les niega a los propios
fascistas: defendernos. Defendernos de la persecución y de la calumnia.
Nuestra vida y nuestro honor de viejos militantes del movimiento obrero -el
que menos lleva veinte años ya-, de activos luchadores antifascistas,
de simples ciudadanos españoles, no puede estar a merced de la difamación
y de las maniobras de un partido que, en momentos tan graves ara la clase
obrera española e internacional, antepone su odio sectario a todo otro
razonamiento de conveniencia general antifascista. Y tampoco puede estar a
merced de un gobierno que se arroga la representación de todos los
antifascistas, pero que cubre la rencorosa acción de un partido en
el lamentable menester de destruir otro».
La protesta de nuestros compañeros, junto con la presión que
sobre el Gobierno ejercieron diversas organizaciones obreras del extranjero,
surtió su efecto. El 31 de julio, a medianoche, los diez detenidos
del POUM en Madrid fueron trasladados a Valencia, puestos a disposición
del Tribunal especial de Espionaje y Alta traición. El 12 de agosto,
ya en la Cárcel Modelo de Valencia, fueron sometidos a interrogatorio
por el juez que entendía en el caso, junto con el teniente fiscal en
que había delegado el Fiscal general de la República. Los primeros
interrogados fueron los camaradas Francisco Clavel, Víctor Berdejo,
Dositeo Iglesias, José Rodríguez Arroyo y Francisco Gómez,
todos ellos de nuestra sección de Madrid. Como el interrogatorio y
la declaración fue la misma e idéntica para todos, nos limitaremos
a la prestada por Francisco Clavel.
Francisco Clavel Ruiz
«El juez da lectura a la declaración anterior prestada ante
la Brigada Especial de Madrid, mostrándose el procesado de acuerdo
con el contenido de la misma.
-P. ¿Se encontraba usted en Barcelona durante los sucesos de mayo?
-R. No; salí de Madrid el día 11 ó 12 de mayo, para
adquirir en Barcelona papel para el semanario “La Antorcha”.
-P. ¿Continuaban los sucesos cuando llegó a Barcelona?
-R. Cuando llegué a Barcelona todo estaba normalizado.
-P.¿Qué criterio tiene usted del gobierno Largo Caballero
y del gobierno actual?
-R. Son dos gobiernos de Frente Popular y por tanto no representan los intereses
de la clase trabajadora.
-P. ¿Cree que los trabajadores deben de apoyar al Gobierno en la
guerra actual?
-R. La clase trabajadora debe ayudar a ganar la guerra al Gobierno, pero
lo que no puede hacer éste es arrebatar las conquistas logradas por
la clase trabajadora.
El juez da por terminado el interrogatorio y el representante del Fiscal
de la Republica hace algunas preguntas:
-P. ¿Ha observado usted algo anormal en el terreno de organización
en la sección de Madrid durante los meses de marzo y abril?
-R. Durante esos meses Y, durante otros, el movimiento de altas y bajas
en la organización fue normal y no observé nada extraño,
salvo durante los primeros meses del movimiento en que el POUM, como las demás
organizaciones políticas y sindicales, se fortalecieron numéricamente
al organizar las milicias.
-P. ¿Cuántos combatientes tenía la sección de
Madrid, en el mes de abril en los frentes del Centro?
-R. Ignoro la cifra exacta que podía tener en el frente de Madrid,
pero creo serian unos 200.
Con esto se dio por terminado el interrogatorio».
Al día siguiente, el 14, tomaron declaración a los demás
procesados, o sea a Juan Andrade, Pedro Bonet, Julián G. Gorkin, José
Escuder y David Rey. También coincidieron las preguntas y las respuestas,
salvo en la declaración de José Escuder, que fue más
corta. Resumimos limitándonos a reproducir, pues, las declaraciones
de Andrade y de Escuder.
Juan Andrade Rodríguez
«Que me ratifico en la declaración mía que figura en
el atestado policiaco. Que no reconozco como existentes en el local del Partido
dieciséis fotografías panorámicas de los frentes, que
el fiscal me muestra. Que niego también que en el local del Partido
hubiera el código telegráfico que me muestra y las claves
supletorias. Que recuerdo a A. Moya como militante del Partido y que creo
estuvo alguna vez en París. Que conozco a Jordi Arquer y en cuanto
a Puig hay varios en el partido y no sé a cuál puede referirse.
Que no conozco la letra de Moya, por haberle tratado muy poco. Que el partido
no ha mantenido correspondencia Con Moya acerca de venta de joyas o de billetes
estampillados. Que quizá se le encargase a Moya alguna gestión
para compra de armas, cuando los partidos tenían que atender al equipamiento
de sus milicias, pero que no se llegó a concretar nada porque la mayoría
de las ofertas eran timos. Que Juana Maurín era la representante del
partido, pero que jamás nos escribíamos con ella en clave. Que
las cartas a Juana se las enviaban unas veces por correo ordinario y otras
a mano. Que nunca hemos enviado a nuestras secciones instrucciones en clave,
porque lo hacíamos por correo o personalmente. Que en el subsecretariado
internacional trabajaban unos 15 extranjeros y que con ese motivo entraban
y salían otros extranjeros a visitarles. Que nuestro abogado Benito
Pabón nos ha visitado a Bonet, Gorkin, Rebull y a mi dos veces en
la prisión, la última el miércoles, para tratar de los
problemas de abogados en nuestro caso».
José Escuder Poves
«Que me ratifico en lo dicho en la primera declaración ante
la policía. El juez pregunta dónde estuve durante los sucesos
de mayo. Contesto que estuve en casa y no salí para nada a la calle,
como puede comprobarse. El fiscal pregunta si había visto en el periódico
fotografías de aeroplanos y campos de aviación. Contesto que
no recordaba haberlas visto y que todas las fotos publicadas en el diario
eran proporcionadas por agencias que las sometían antes a la censura.
El juez pregunta si tengo confianza en los dirigentes del partido. Contesto
que absoluta. La declaración se dio por terminada sin que se hiciera
referencia para nada a cuestiones políticas o de espionaje. Se debe
hacer constar que el representante del fiscal actuó correctísimamente
en el diálogo».
Tampoco en este nuevo interrogatorio del juez y del representante del fiscal
-como en el anterior ante la policía de Madrid-, se habló para
nada del Supuesto delito de espionaje y de las pruebas que existían
en el sumario. Solo se presentó a alguno de nuestros camaradas unas
fotografías inocentes y sin importancia alguna, fotografías
que, por otra parte, no fueron encontradas en ningún local del partido,
por lo que no figuran en ninguna de las actas de registro levantadas por la
policía. De las preguntas del juez y del representante fiscal se llega
a deducir que, de haber proceso, se limitará a la responsabilidad del
POUM por las jornadas de mayo y quizá a una supuesta evasión
de capitales, delito éste que está de moda para buscar las cosquillas
a los revolucionarios. La respuesta más adecuada a las calumnias estalinistas
es esta: las tan cacareadas pruebas de traición no aparecen por parte
alguna y los representantes mismos de la justicia dan de lado, por inocentes,
los folletines acusatorios de Mundo Obrero, Frente Rojo, Treball y demás
hojas en las que el estalinismo vierte su odio hacia nuestro partido.
10.EL AUTO DE PROCESAMIENTO Y EL COMENTARIO QUE MERECE
«
...deben ser juzgados como enemigos del pueblo. Como decíamos
ayer, el piquete debe entrar en funciones».
(
La Hora, Madrid, agosto de 1937)
Después de más de dos meses de detención y de mil protestas
motivadas por la indignación ante el proceder arbitrario contra nuestros
camaradas, éstos fueron procesados. Con fecha 23 de agosto de 1937
les fue comunicado el auto de procesamiento. Aquí es preciso un pequeño
comentario a la actuación del juez, actuación que pone al descubierto
quién maneja los hilos de la acusación y del proceso. Debido
a la ineptitud del juez, que lo era el del Juzgado especial número
1 del Tribunal de Espionaje, señor Taroncher Moya, a los manejos que
se traía o a sus procedimientos sumamente comprometedores, el ministro
de Justicia
y la Sala de gobierno del Tribunal Supremo, de acuerdo con el Fiscal General
de la República, acordaron la sustitución del mismo, dándose
orden, con fecha 23 de agosto, de que no realizara más diligencias
en el sumario abierto contra los dirigentes del POUM. Subrayemos bien la fecha:
23 de agosto. Sin embargo, a pesar de esas órdenes terminantes, el
señor Taroncher Moya prosigue las diligencias, monta el proceso y
comunica el auto del mismo a nuestros camaradas. Solamente después
de haber hecho todo esto, da posesión de su cargo al juez nombrado
para sustituirle. ¿Qué motivos existían para que obrara
así?
No hay la menor duda, por ser del dominio público, que el señor
Taroncher Moya era un simple juguete en manos del estalinismo. Lo era por
pura conveniencia, para mejor ocultar su pasado reaccionario. Conocemos perfectamente
su vida y su historia. Don José Taroncher Moya es hombre que poseía
buenas y extensas propiedades en Valencia. Durante la monarquía fue
candidato romanonista por el distrito de Sagunto. En el periodo del llamado
bienio negro fue juez de vagos y maleantes en Valencia. Últimamente
estuvo separado de su cargo, al parecer por un supuesto cohecho... Tal era
el hombre, ni pintado para el estalinismo y para
llevar adelante el monstruoso proceso contra nuestros camaradas dirigentes.
Y manejado por el estalinismo montaba pacientemente las piezas de la farsa.
Pero ocurrieron dos hechos: uno, la seguridad absoluta para todos de que nuestros
compañeros serían procesados única y exclusivamente por
los sucesos de mayo en Barcelona, puesto que no solo existía la convicción
moral de que las acusaciones de espionaje eran falsas, sino que en el mismo
atestado policiaco no existía ninguna prueba ni indicio alguno en
tal sentido; el otro hecho que precipitó y puso en peligro la maniobra
estalinista fue la destitución del juez. No interesaba ni lo uno ni
lo otro al estalinismo: por ello el señor Taroncher Moya ultimó
un proceso que no le correspondía y usurpó para ello un puesto
que tampoco le correspondía ya; por si fuera poco- nuestro abogado
lo denunció en su recurso pidiendo la revocación del auto de
procesamiento-, este juez sin escrúpulos adelantó la fecha
del documento procesal, para que no apareciera como posterior a su cese.
El auto de procesamiento, copiado textualmente, dice así:
«Juzgado Especial número uno del Tribunal de Espionaje: Sumario
nº 1 sobre espionaje
AUTO: Valencia, veinte y tres de agosto de mil novecientos treinta y siete.
RESULTADO: Que de lo actuado en este sumario, en síntesis aparece:
Que los hasta ahora detenidos Juan Andrade Rodríguez; José
Escuder Poves; Pedro Bonet Cuito; Julián Gómez García;
Daniel Rebull Cabré; Francisco Palomo; José Rodríguez
Arroyo; Dositeo Iglesias Docampo; Francisco Clavel Ruiz y Víctor Berdejo
Jiménez, todos pertenecientes al Partido Obrero de Unificación
Marxista; el 1º, 3°, 4°, 5° y 8° como miembros del Comité
ejecutivo; el 2° como jefe de Redacción-Confección del periódico
“La Batalla”, órgano del partido; el 6° como secretario administrativo;
el 7°, que perteneció a las Milicias del referido partido; el
9° como miembro del Comité de Víveres y el último
que fue pagador de las referidas milicias, “puestos de acuerdo con los individuos
extranjeros afectos a la Gestapo alemana”, que hasta ahora no han sido presentados,
por el mes de mayo último realizaron en Barcelona, con el fin de perturbar
la acción del gobierno, actos hostiles a ella con carácter
secreto o reservado, así como un levantamiento de tipo militar, haciendo
llegar a dicha capital las Milicias formadas por el POUM bajo la advocación
del Batallón Lenin, abandonando el frente de Huesca con sus armas,
incluso artillería, para restar fuerzas a la defensa de la República
y ayuda a la actitud rebelde, así como para conseguir la descomposición
de la retaguardia; actos éstos que, a más de haber sido aprobados
por el Comité del partido, han sido alentados por el periódico
“La Batalla”, órgano de aquel partido y han causado victimas y daños
materiales de suma importancia; ocupándose además en los locales
del POUM una serie de fotografías de aeródromos, sin poseer
autorización para ello, ni guardar relación alguna con elementos
militares, y documentos que demuestran que el referido partido realizaba
un tráfico ilícito de armas en beneficio propio, al objeto
del levantamiento referido; así como el que procedieron a exportar
dinero y efectos de valor a Francia, ocupándose también claves
circulares de sustitución y un código telegráfico, que
demuestran se empleaban por aquel partido con fines de ocultación,
para la transmisión de noticias y consignas; y que mantenían
relaciones secretas con elementos extranjeros y entrevistas fuera de España,
para fines sospechosos.
CONSIDERANDO: Que los hechos relacionados, a juicio del proveyente, y sin
prejuicio de ulteriores calificaciones, revisten los caracteres de los delitos
de espionaje y alta traición, definidos en los números 3°,
4°, 5°, 8° y 12° del
artículo 5° del Decreto de 22 de junio último y en los
números 1° y 4° del artículo 6° del mismo, apareciendo
de lo actuado indicios racionales de criminalidad bastantes para estimar responsables
de los mismos a Juan Andrade Rodríguez; José Escuder Poves;
Pedro Bonet Cuito; Julián Gómez García; Daniel Rebull
Cabré; Francisco Gómez Palomo; José Rodríguez
Arroyo; Dositeo Iglesias Docampo; Francisco Clavel Ruiz y Víctor Berdejo
Giménez, contra los que procede hacer la declaración de procesamiento
que determina la Ley; decretar la prisión incondicional de los mismos
y exigirles fianza para las responsabilidades civiles.
Su Señoría, por ante mí el secretario DIJO: Se declara
procesados por los hechos por que se procede en este sumario y sujetos a sus
resultas a Juan Andrade Rodríguez; José Escuder Poves; Pedro
Bonet Cuito; Julián Gómez García; Daniel Rebull Cabré;
Francisco Gómez Palomo; José Rodríguez Arroyo; Dositeo
Iglesias Docampo; Francisco Clavel Ruiz y Víctor Berdejo Giménez,
a quienes se les notifique este auto, recibiéndoles indagatoria.
Se decreta la prisión incondicional de los referidos procesados expidiéndose
mandamiento al director de la Cárcel celular, sin necesidad de que
sea ratificada aquélla, según proviene la Ley de Orden Público;
y con testimonio de este particular de auto, fórmese ramo separado.
Requiérase a dichos procesados para que dentro de una Audiencia presten
fianza a responder de las penas pecuniarias que en definitiva puedan declararse
procedentes, en cantidad de quinientas mil pesetas cada uno de ellos y si
no lo
verifican al día siguiente de ser requeridos, procédase al
embargo de sus bienes y con testimonio de este particular de auto, fórmese
ramo separado.
Para el acto de recibir indagatoria a los procesados se señala el
día de mañana, veinticuatro del actual, a las diez y seis horas.
En cuanto a la última parte de la súplica del escrito anterior,
dése cuenta por separado para acordar lo procedente.
Y póngase este auto en conocimiento del Ministerio fiscal.
Lo manda y firma el señor don José Taroncher Moya, juez especial
del Juzgado número UNO del Tribunal de Espionaje. Doy fe. (Firmado)».
Antes de comentar como se merece el auto de procesamiento transcrito, queremos
dejar señalado que el Tribunal especial de Espionaje es incompetente
para juzgar a nuestros camaradas. Baste saber que el decreto de creación
del citado Tribunal es posterior a la detención de aquellos; resulta,
pues, una verdadera monstruosidad jurídica darle un efecto retroactivo.
Uno de los abogados más acreditados de nuestro país, nos expresó
su opinión desde el punto de vista jurídico-legal, opinión
que es de suma importancia por la autoridad de su autor. Nos ha escrito: «Es
un principio incurso de derecho, o sea de aquellos que no admiten argumentación
en contra, y, además, admitido por el derecho constituyente nacido
de todas las revoluciones, aquel de que los preceptos legales de carácter
penal no tendrán nunca efectos retroactivos cuando perjudiquen a los
presuntos reos y, por el contrario, se aplicarán siempre con efecto
retroactivo cuando beneficien a los inculpados. Así es que, evidentemente,
en buenos principios jurídicos y de acuerdo con los postulados revolucionarios,
la legalidad penal represiva, dictada después de haber sido privados
de libertad vuestros compañeros actualmente presos, no puede serles
aplicada. No creo que la osadía de los que actualmente dirigen la
vida pública
de la España leal llegue hasta el extremo de conculcar los más
elementales principios del Derecho penal, cometiendo la monstruosidad de aplicar
a vuestros presos unas disposiciones legales de carácter represivo,
que jurídicamente no se les puede aplicar». Y ahora, he aquí
nuestra respuesta al auto de procesamiento urdido por el señor Taroncher
Moya, gran propietario, antiguo candidato monárquico, ex juez de vagos
y maleantes, acusado no ha mucho de cohecho e instrumento fiel del estalinismo:
1°. El auto de procesamiento considera como miembros del Comité
ejecutivo a Juan Andrade, Pedro Bonet, Julián Gómez (Gorkin),
Daniel Rebull y Dositeo Iglesias. Son miembros, efectivamente, del C.E. y
así lo han declarado Andrade, Bonet y Gorkin. Daniel Rebull no pertenece
al C.E., ni figura como tal en el atestado policiaco, ni en su declaración
ante el juez. Dositeo Iglesias fue detenido el 16 de junio en Barcelona, donde
estaba desde el día anterior para asistir al Congreso del partido,
anunciado para el día 19; ha residido siempre en Madrid y, por tanto,
no podía ser miembro del C.E., no figurando como tal en el atestado
policiaco, ni en la declaración que prestó ante el juez.
2°. El auto de procesamiento considera como jefe de redacción-confección
de La Batalla a José Escuder. El propio atestado de la policía
manifiesta que Escuder era confeccionador-técnico y que, por consiguiente,
no desempeñaba un cargo político.
3°. El auto de procesamiento señala como secretario administrativo
a Francisco Gómez Palomo. El juez, en su infinita torpeza, confunde
todas las cosas. Efectivamente, Gómez Palomo era secretario administrativo,
pero de la sección de Madrid, que nada tiene que ver con el Comité
ejecutivo.
4°. El auto de procesamiento culpa a José Rodríguez Arroyo
de que «perteneció a las milicias del referido partido».
Esto se comenta por sí solo; por el mismo motivo se podía haber
procesado a los millares y millares de milicianos que hay en todos los frentes
pertenecientes al POUM. Pero, además, Rodríguez Arroyo
perteneció a las milicias de Madrid.
5°. El auto de procesamiento establece la responsabilidad de Francisco
Clavel por ser «miembro del Comité de Víveres».
Clavel fue detenido en el local del POUM en Madrid, cuando la policía
se presentó a efectuar un registro. En el atestado policiaco solo consta
que había tenido en otros tiempos el cargo de intendente en el Cuartel
del POUM en Madrid.
6°. El auto de procesamiento establece la responsabilidad de Víctor
Berdejo por haber sido «pagador de las referidas milicias». Berdejo
fue detenido en Madrid, al igual que el compañero anterior, cuando
la policía registró el domicilio social del POUM. Fue, en efecto,
pagador de las milicias del POUM de Madrid hasta el 31 de diciembre de 1936,
fecha en que se suprimieron los pagadores de milicias al formarse el Ejército
Popular. Así consta en el atestado de la policía y en las declaraciones
que prestó ante el juez.
7°. De lo anterior se deduce que el juez ni siquiera se ha enterado
o ha comprendido los atestados y demás papeles que la policía
ha puesto a su disposición. Ignora que hay camaradas que residían
en Barcelona y eran miembros del Comité ejecutivo o no, y otros que
pertenecen a la sección de Madrid. El juez, con manifiesta mala fe,
trata, ante todo, de no librar del proceso a ninguno de los detenidos puestos
a su disposición por la policía y para ello recurre al fácil
recurso de repartir todos los cargos dirigentes del Partido entre los detenidos.
El POUM tiene trescientas secciones locales en España; con arreglo
al criterio seguido por el juez, podía haber procesado a todos los
militantes con el mismo fundamento que el seguido por él.
Aún hay más: la responsabilidad de los procesados se concreta
principalmente en los sucesos de mayo en Barcelona. Pues bien, los camaradas
Dositeo Iglesias, Víctor Berdejo, Francisco Clavel y Francisco Gómez
se encontraban en aquellas fechas en Madrid, a cuya sección del POUM
pertenecen. Es una prueba más de que el juez no ha tenido en cuenta
ni siquiera el atestado policiaco, a pesar de deberse éste a una policía
sectárea al servicio de un partido adversario del POUM.
8°. El auto de procesamiento, en general, no está basado, ni
mucho menos, en el resultado de las diligencias sumariales. Está inspirado
exclusivamente en las suposiciones gratuitas, falsas e infames que ha venido
divulgando en su prensa el Partido Comunista. En realidad, el auto de procesamiento
no se diferencia en nada de un editorial de Frente Rojo contra el POUM. Evidentemente,
el juez ha obrado presionado o coaccionado por el Partido Comunista y el auto
en cuestión parece destinado únicamente a dar satisfacción
a dicho partido.
La primera afirmación que sienta el auto de procesamiento es la de
que los procesados estaban «puestos de acuerdo con individuos extranjeros
afectos a la Gestapo alemana, que hasta ahora no han sido presentados».
¿Se concibe mayor monstruosidad, mayor insulto a un partido que ha
perdido centenares de militantes en la revolución y en la guerra, y
a unos camaradas que han consagrado la vida entera a la causa del proletariado?
El propio juez, para cubrirse por anticipado del deber de ofrecer pruebas,
dice que los agentes de la Gestapo «hasta ahora no han sido presentados».
Pero hay más: el juez, en sus interrogatorios, ni siquiera ha hecho
alusión a esta historia, seguramente porque hasta a él mismo
le parecía grotesca.
Por su misma monstruosidad y por el hecho de que el juez establece tal acusación
sin convicción alguna, solo bajo la presión del Partido Comunista
o por congraciarse con él, no vale la pena de esforzarse en argumentar
más. Pero si hemos de decir: ¿Es posible que alguien pueda insinuar
que un partido de 30.000 afiliados revolucionarios sea capaz de ponerse de
acuerdo con la Gestapo?
9°. Sobre los hechos de mayo en Barcelona ha habido ya suficientes documentos
y declaraciones, tanto de gobernantes como de dirigentes de partidos y centrales
sindicales, para que nadie pueda ignorar cómo surgieron y mucho menos
para que se quiera adjudicar al POUM el papel de organizador y director de
los mismos. En esto, tanto el juez como los comunistas -en cuya prensa se
inspira el señor Taroncher Moya-, incurren en terminante contradicción.
Se dice constantemente que el POUM es un reducido grupo sin influencia alguna.
¿Cómo es posible, pues,
que un grupo sin ascendente sea capaz de desencadenar un movimiento de la
extraordinaria envergadura del de mayo en Barcelona?
Ni siquiera los estalinistas se han atrevido a decir que las milicias del
POUM se trasladaron a Barcelona -¡con cañones!- durante las jornadas
de mayo. Sin embargo, el juez lo afirma terminantemente. ¿Podrá
probarlo? Claro que ni lo intentará, porque su único propósito
es justificar un auto de procesamiento que es una verdadera represalia política.
En fin, las jornadas de mayo ni fueron aprobadas por el Comité -¿qué
Comité?- ni alentadas por La Batalla. Nos limitamos a opinar sobre
las mismas.
10º. Las fotografías de aeródromos -en el ligero vistazo
que el juez permitió dar a nuestros camaradas, no les pareció
a éstos que las fotos mostradas tengan alguna importancia- no se sabe
dónde fueron halladas, pues el juez, a pesar de ser requerido varias
veces, ni indicó nada, ni siquiera si figuran en el acta de registro
del local donde la policía asegura haberlas encontrado. Pero por encima
de estas consideraciones, que tienen su valor puesto que pueden llevarnos
a la conclusión de que la policía las juntó al sumario
para acrecentar la responsabilidad de nuestros camaradas, existen otras no
menos evidentes. Aceptemos que dichas fotos fuesen halladas en un local nuestro.
Pues bien, si el juez quisiera conducir a los procesados a un local del partido
Comunista estos encontrarían a montones fotos de este género.
Y es natural, porque a los locales de las organizaciones llevaron sus afiliados
objetos, fotos, papeles, etc., que encontraron en los lugares requisados o
simplemente en los registros efectuados en los domicilios de elementos fascistas.
Todo esto, claro está, independiente del hecho de que estimamos que
tales fotos no fueron halladas en un local nuestro y que creemos asimismo
que no tienen valor probatorio alguno, ¿Por qué el juez no presenta
el acta levantada por la policía después del registro donde
dice fueron encontradas las fotografías en cuestión? Digamos,
además, que algunas de ellas están tomadas desde un zeppelín
o globo cautivo. Aparte de que el POUM no cuenta ni ha contado jamás
con globos cautivos o zeppelines, tal hecho demuestra que se tratan de fotos
muy antiguas y sin importancia.
11°. Cabe destacar que es incorrecta la expresión «milicias
formadas por el POUM bajo la advocación del Batallón Lenin».
El juez, una vez más, no sabe lo que dice. Unas milicias no pueden
estar bajo la advocación de un batallón. Lo que sucede es que
las milicias del POUM constituían la División Lenin. Pero, por
otra parte, las milicias del POUM que formaban la División Lenin habían
desaparecido ya como tales milicias, para transformarse en la División
29 del Ejército popular. Y es harto sabido que, desde hace meses,
las organizaciones no tienen jurisdicción sobre las milicias, porque
éstas se han transformado en Ejército popular bajo las órdenes
inmediatas y la autoridad del ministro de la
Guerra.
12°. Respecto a la acusación de que existen «documentos
que demuestran que el referido Partido realizaba un tráfico ilícito
de armas en beneficio propio» y de que «procedieron a exportar
dinero y efectos de valor a Francia», no creemos valga la pena oponer
abundantes razonamientos. En cuanto a eso de «documentos que demuestran»
dudamos mucho los tenga, porque de tenerlos el juez los hubiera mostrado y
no habría dejado de interrogar sobre ello a nuestros camaradas; en
realidad el juez solo enseñó una carta de carácter particular.
Pero aunque existieran esos documentos, el hecho de que nos hayamos procurado
armas, mejor dicho, que hayamos intentado procurárnoslas puesto que
las gestiones no dieron resultado, no indica más que hemos procedido
como verdaderos revolucionarios y hecho todos los esfuerzos posibles para
suministrar a los combatientes armas contra el fascismo, cuando el gobierno
no las suministraba. En la misma situación se encuentran todos los
partidos y organizaciones sindicales. Aún hay más: mientras
nosotros no hemos tenido éxito en la adquisición de armas -con
gran sentimiento nuestro, claro está-, todo el mundo sabe que el Partido
Comunista ha recibido barcos enteros con armamento, fletados por los partidos
comunistas europeos (no nos referimos al ruso, porque esta es otra cuestión
diferente.) Es conocido también que los obreros comunistas franceses
de las fábricas de armas, con un sentido profundo de la solidaridad
revolucionaria internacional, han sustraído de sus fábricas
material de guerra que entregaban al Partido Comunista francés y éste
ponía luego a disposición del Partido Comunista de España.
En determinados momentos se han reunido en París, no ya docenas, sino
centenares de representantes de las organizaciones antifascistas españolas,
todos los cuales querían adquirir armas.
13°. En cuanto a que se procedió a exportar dinero y efectos
de valor a Francia, diremos que no es más que una calumnia. Y esperamos
que algún día se dignará presentar las pruebas de esta
afirmación gratuita; tal vez entonces podamos conocer cualquier documento
falsificado, de buena factura estalinista.
14°. Referente a que se nos ha encontrado «claves circulares de
sustitución y un código telegráfico», dudamos mucho
que hayan sido hallados en locales de nuestro Partido. Según nuestras
informaciones se encontró a David Rey, en su domicilio particular,
un código telegráfico que había adquirido en París
hace bastante tiempo, y así lo declaró al juez. ¿Hay
alguna ley que prohíba tener códigos telegráficos? Pero
aunque se hubiera hallado en un local nuestro, pudiera ser, como en el caso
de las fotos, que procediera de algún lugar requisado o de registros
domiciliarios. Incluso, condescendientes con el juez, vamos a suponer que
ni las claves ni el código telegráfico tuvieran esa procedencia.
¿Es que el juez ignora -por el auto de procesamiento se ve que ignora
todo, porque en su vida plácida de juez de vagos y maleantes no ha
tenido que enfrentarse con los gobernantes del «bienio negro»,
sino por el contrario, se dedicó a servirles procesando como vagos
y maleantes a auténticos obreros revolucionarios-, ignora, repetimos,
que durante la represión del Gobierno Leeros-Gil Robles y, principalmente,
durante octubre de 1934, todos los partidos y organizaciones recurrieron a
la acción ilegal, por lo que tenían que servirse de mil trucos
y procedimientos? Pues es incluso posible que dichas piezas datasen de dicha
época, aunque esto es solo una hipótesis, puesto que ignoramos
dónde y en qué circunstancias se han encontrado. Por otra parte,
todas las organizaciones antifascistas han dispuesto en estos últimos
tiempos de suficientes medios de transporte para no tener que dar instrucciones
a su militantes mediante claves o códigos telegráficos.
15°. Otro cargo que hace el auto de procesamiento es de que «mantenían
relaciones secretas con elementos extranjeros y entrevistas fuera de España
para fines sospechosos». El juez, acostumbrado a los términos
de los autos de procesamiento dictados durante la monarquía contra
los revolucionarios, emplea la misma terminología: «elementos
extranjeros», «fines sospechosos», etc. Términos
semejantes han figurado en los numerosos autos de procesamiento dictados contra
militantes nuestros en la épica monárquica y en el «bienio
negro». Hemos mantenido y mantenemos, efectivamente, relaciones con
elementos extranjeros, pero con unos elementos que en todo el mundo, sobre
todo en Francia e Inglaterra, frente a la política de No Intervención
de sus gobiernos predican y propagan con toda efectividad la necesidad de
una ayuda activa a la revolución española; con esos «elementos
extranjeros» que han venido a España a combatir a nuestro lado.
Nuestro partido es una organización con relaciones internacionales,
como el Partido Comunista, que obedece las órdenes de Moscú,
o como el Partido Socialista, que pertenece a la II Internacional de Bruselas,
o como la CNT, que está adherida a la Asociación Internacional
de Trabajadores, domiciliada en Estocolmo. El POUM está adherido al
Comité por la Unidad del Socialismo revolucionario, que reside en Londres.
Pero estas relaciones no tienen nada de sospechosas; son claras y públicas,
y se manifiestan en resoluciones y acuerdos de congresos o conferencias.
Después de lo expuesto, creemos suficientemente demostrado el valor
de las pruebas que figuran en el sumario procesal. Por si todavía esto
fuera poco, daremos a conocer el recurso presentado por nuestro abogado pidiendo
la revocación del auto de procesamiento por sus anomalías, por
sus errores jurídicos y por la monstruosidad política que supone.
Así se verá qué queda de toda la argumentación
estalinista, de todas sus acusaciones y de todas sus calumnias.
11.RECURSO PIDIENDO REVOCACIÓN DEL AUTO DE PROCESAMIENTO
«
La justicia igual para todos de que nos hablaba el pedante don
Fernando de los Ríos cuando era ministro de Justicia, es la hipocresía
mayor de la «República de Trabajadores».
(
Frente Rojo, 17 de junio de 1932.)
«AL JUEZ ESPECIAL DEL TRIBUNAL DE ESPIONAJE
Benito Pabón y Suárez de Urbina, abogado defensor de Juan
Andrade Rodríguez, José Escudé Poves, Pedro Bonet Cuito,
Julián Gómez García, Daniel Rebull Cabré, Francisco
Gómez Palomo, José Rodríguez Arroyo, Dositeo Iglesias
Docampo, Francisco Clavel Ruiz y Víctor Berdejo Jiménez, procesados
por auto fecha 23 de los corrientes por supuestos delitos de los comprendidos
en los números 3°, 4°, 5°, 8° y 12° del articulo
5° del Decreto de 22 de junio último, y en los números
1° y 4° del articulo 6°, ante el Juzgado comparezco y como mejor
proceda alego:
Que con fecha de 24 de los corrientes le fue notificado dicho auto de procesamiento
y prisión provisional, dándose el caso verdaderamente extraño
de que aparezcan las copias entregadas del repetido auto modificadas las fechas,
enmendadas y corregidas, con el número veintitrés. Extrañeza
que se produce al saber que en esa misma fecha 23, le es notificado al juez
que venía actuando el acuerdo de la Sala e gobierno del Tribunal Supremo
de Justicia para que cesara en la instrucción de este sumario e hiciera
entrega al nuevo juez especial designado para seguir su diligenciado. Es
curioso y anómalo que habiendo transcurrido, en un procedimiento que
tiene carácter sumarísimo, varias semanas desde que el señor
juez especial número uno del Tribunal de Espionaje entiende en este
sumario, sin tomar resolución alguna, ésta se produzca y aparezca
cuando ha dejado de tener jurisdicción y por ende competencia para
dictarla.
No obstante, hubiéramos silenciado el caso, en honor al respeto que
nos merecen las actuaciones judiciales y en aras de la brevedad que la deseamos
como más interesados en que resplandezca pronto toda la verdad que
haya en el fondo de este asunto, oscurecido en el ambiente envenenado por
la pasión política, si en la redacción del auto a que
nos referimos, tanto en el Resultando como en el Considerando que sirven de
premisas a la resolución adoptada, no hubiera una tal deformación
de la verdad por una parte, y desconocimiento tan supino -dichos sean con
los debidos respectos y en términos de defensa- de los más elementales
preceptos del Derecho, que nos obliga, como primera e imprescindible reacción
de defensa, a recurrir al Juzgado, poniendo de relieve aquellas inexactitudes
y errores jurídicos.
Repetimos que hubiéramos aguardado gustosamente, sin hacer uso de
recursos que la ley concede, a que llegara el momento procesal del articulo
548 del Código de Justicia Militar, de aplicación a este procedimiento,
para iniciar todas las cuestiones que el auto de procesamiento plantea. Pero,
ya no es el interés particular de defensa; es que el presente proceso,
por circunstancias y causas de todos conocidas, tiene una envergadura extraordinaria
(pendiente de él se encuentra la opinión internacional) y creemos
que por decoro y prestigio de la Justicia española debe modificarse
un auto de procesamiento en el que el Derecho, la verdad a incluso la lengua
castellana resultan tan mal parados porque al saltarse las reglas jurídicas.
lógicas y gramaticales, pone en pobre criterio la capacidad en los
tres aspectos de una Magistratura que, salvo en esta lamentable excepción,
tan alto está dejando el prestigio de la Justicia de la España
leal.
Por ello, utilizamos el recurso que nos concede el párrafo 3°
del artículo 421
del Código de Justicia militar.
La procedencia de este recurso se justifica poniendo en relación
el artículo 4° del Decreto de 22 de junio del presente año
(Gaceta del 23) con los 653 y 421 del Código de Justicia militar. En
aquel artículo se determina que estos sumarios se tramitarán
por el procedimiento sumarísimo establecido en el Código de
Justicia militar. En el primer párrafo del artículo 653 del
Código de Justicia militar se indica que la tramitación de los
juicios sumarísimos se arreglará a la del juicio ordinario en
todo aquello que no esté modificado por las reglas que en el título
XIX del Tratado III del citado código se establecen. Y como entre éstas
no existe ninguna que prohíba la utilización del recurso que
plantearnos (normado para el procedimiento ordinario en el artículo
421) es evidente su procedencia.
Por analogía e interpretando razonablemente lo dispuesto en esta
última disposición legal, este recurso lo formalizamos y presentamos
ante el juez instructor, para que la petición de revocación,
reforma o modificación del auto de procesamiento sea elevada por éste
al Tribunal Especial de Espionaje.
Y para razonar la procedencia de la revocación y reforma del auto
de procesamiento, hacemos los siguientes razonamientos, separando lo que son
consideraciones sobre el Resultando como materia de hechos, de los que son
argumentos de índole jurídica respecto al absurdo Considerando
que pone en relación aquellos hechos con la resolución judicial
recurrida.
CONSIDERACIONES SOBRE LOS HECHOS
PRIMERA. Es absurdo que en un proceso de la amplitud del presente, en el
que la más elemental prudencia indica la necesidad de discriminar y
separar hechos y actitudes, para poder señalar posibles responsabilidades,
se recoja, como en pesca en barrido total, todo aquello que al Juzgado instructor
ha traído una policía judicial de cuya competencia y capacidad
tan pobre muestra da lo que se deja entrever de estos atestados, y se establezca
un solo voluminoso y fantástico hecho, en el que por igual se señalan
a los más altos dirigentes de un partido político, que un simple
miliciano que tuvo la desgracia de caer en esa redada total de la policía.
Esto si no fuera triste y lamentable por la pobreza de competencia y de inteligencia
que representa, seria sencillamente donoso hasta el punto de producir hondos
regocijos a cualquier espíritu humorístico. Porque graciosa,
repetimos, si no fuera trágica, seria la actitud de un Juez que prácticamente
exclama: “Esto que trae la policía, esto entrego yo, sin añadir
ni quitar, a las manos de la Justicia”. Actitud comodísima y absurdo
solo comparable a la del juez rabelesiano que encomendaba a la alta discreción
y al azar de los dados la resolución de los pleitos que le sometan
a su conocimiento.
SEGUNDA. No conocemos, ni podemos conocer, por vedárnoslo el secreto
del sumario, el contenido de su diligenciado, pero en nombre de la honradez
política y revolucionaria de nuestros defendidos, hemos de protestar
de la primera afirmación que establece el Resultando comentado, al
establecer una relación entre la Gestapo alemana y las actividades
de los dirigentes y afiliados del POUM.
Tenemos la seguridad absoluta de que en el sumario no existe prueba ni indicio
racional que permita hacer tan grave y gratuita aseveración. Y esta
seguridad está avalada por la misma peregrina redacción de esa
afirmación, digna no ya de los jueces de una democracia, sino de los
métodos policiacos de países en que la verdad, el honor individual,
la libertad personal y todos los valores y derechos personales no merecen
estimación alguna, porque están sometidos por métodos
maquiavélicos al interés totalitario de las dictaduras allí
imperantes; nos referimos a los países donde el fascismo reina.
Puestos de acuerdo -se dice en el Resultando comentado- con individuos extranjeros
afectos a la Gestapo alemana, que hasta ahora no han sido presentados. Es
decir, que los tiene que extraer el juzgado del país de la Quimera
y de la fantasía, no acordándose que esos terrenos pertenecen
exclusivamente a los acreedores de la literatura imaginativa y de ensueño,
pero que son vedados por los distribuidores y administradores de la práctica
y realista Justicia.
TERCERA. Igualmente es absurdo lanzar así, sobre todos los componentes
de un partido, dirigentes y simples afiliados, las supuestas consecuencias
de la aparición (no sabemos dónde, pues el Resultando no lo
indica) de unas supuestas fotografías y códigos telegráficos,
por otra parte al alcance de cualquiera.
CUARTA. Del mismo modo estamos seguros que no puede haber pruebas en el
sumario que indiquen como origen del movimiento del mes de mayo en Barcelona,
una preparación meditada del mismo en la finalidad que se le señala
en el Resultando comentado, ni la participación en el mismo de todos
y cada uno de los procesados. Abrigamos la certeza de que a poco que los encargados
de esclarecer la verdad, policiacamente en el atestado y judicialmente en
el sumario, hayan tenido un cierto celo en su cometido, se habrá podido
comprobar que en los orígenes de ese movimiento, más o menos
razonable de las masas, que todos condenamos y lamentamos, no hubo labor
de inducción, sino solamente una reacción colectiva, emocional,
neurótica si se quiere de causas complejas, con participación
por acción o por omisión de muchos cuya responsabilidad será
muy difícil precisar.
Pero sobre esto no hemos de insistir, porque el momento procesal más
oportuno llegará cuando se dé conocimiento de los cargos, a
los procesados y a esta defensa.
QUINTA. En el sumario ba de aparecer que Julián Gómez García
era director del periódico La Batalla y responsable por tanto (cuando
los autores de los escritos que se suponen delictivos- no aparezcan, y no
creemos que sobre esto baya realizado investigación alguna; siendo
tan primordial) de aquellos escritos.
Esto se silencia indebidamente, para poder extender la responsabilidad a
un simple redactor-jefe, que legalmente no puede tenerla. Es además
incierto que José Escuder sea redactor-jefe de La Batalla. Es simplemente
confeccionador-técnico. Y no creemos que un cajista pueda ser nunca
responsable del contenido de un periódico.
SEXTA. Se cometen inexactitudes al señalar quiénes son los
miembros del Comité ejecutivo del POUM, pues no lo son Daniel Rebull
ni Dositeo Iglesias, que por otra parte no sabemos por qué están
presos.
Y, por otra parte, es sencillamente ridículo suponer a un pobre secretario
administrativo, a un sencillo miembro del Comité de Víveres,
a un simple miliciano de una columna o a un pagador de milicias, complicados
en todo ese cúmulo de manejos de alta traición o profunda política
subversiva, con cuyas referencias el Resultando nos asombra.
Pudiendo afirmar, con plena confianza de estar en lo exacto, que no aparece
en todo el atestado, ni en el sumario, el menor indicio que autorice esta
ligera y alegre complicación de posibles responsabilidades.
ERRORES DE DERECHO
PRIMERO. Y el de más bulto. El Decreto de 22 de junio del presente
año (Gaceta del 23), al crear el Tribunal Especial de Espionaje y Alta
Traición, establece en sus artículos 5º y 6º nuevas
figuras delictivas y nuevas penalidades. No es necesario insistir, dada la
alta competencia del Tribunal a quien este escrito en definitiva se dirige,
sobre lo que supone el desconocimiento que en el único Considerando
del auto recurrido se muestra de la realidad jurídica anteriormente
expresada.
Se podrá discutir, teniendo en cuenta la disposición transitoria
del Decreto citado, sobre la competencia del Tribunal de Espionaje para entender
o no en ciertos sumarios, pero lo que no cabe duda es que, por un precepto
legal de Derecho, intangible y sagrado (garantía, contra la que no
se puede ir, de la libertad individual) las nuevas figuras de delito que en
el Decreto aparecen y las nuevas penas no pueden aplicarse, de ninguna forma,
a hechos ocurridos con anterioridad a la aparición en la Gaceta del
referido Decreto.
Y se falta a esa normal esencial del Derecho penal cuando por un juez se
decreta a voleo procesamientos fundados en casi todos los apartados del Decreto,
sin tener en cuenta que la mayoría de ellos (todos, mejor dicho, porque
para fijar responsabilidades en su día, al aplicar penas tendrá
que recurrirse, si hubiere tales responsabilidades, a las Leyes en vigor en
mayo, cuando ocurrieron los sucesos que se examinan) no pueden tener aplicación
en el presente sumario.
SEGUNDO. En vigor, por no haber sido derogadas, las normas que señala
la legislación vigente sobre delitos de imprenta, respecto a quienes
deber ser reputados autores de hechos que por tal medio se cometieren, es
antijurídico el fundar un auto de procesamiento en el hecho de ser
una persona redactor de un periódico.
TERCERO. Es indudable que se falta a lo preceptuado en el artículo
421, párrafo 1°, del Código de Justicia militar, en relación
con el 364 de la Ley adjetiva penal, cuando (y por más notorio señalamos
los nombres de Daniel Rebull, Dositeo Iglesias, José Escuder, Francisco
Gómez Palomo, José Rodríguez Arroyo, Francisco Clavel
Ruiz y Víctor Berdejo Jiménez) sin indicios de ninguna clase,
por la sola desgracia doble de haber nacido y ser presentado al juzgado por
la policía, se le somete a las torturas de un tan grave procedimiento
judicial. La mayor parte de ellos no ha estado siquiera en Barcelona, ni tienen
los gratuitos cargos que el señor Juez quiere atribuirles.
Así, José Escuder, a quien el juez llama redactor-jefe de
“La Batalla”, es sencillamente un confeccionador técnico, y así
consta en el atestado policiaco. Dositeo Iglesias no es del Comité
ejecutivo y residía en Madrid, estando accidentalmente en Barcelona.
Daniel Rebull tampoco es del Comité ejecutivo. Francisco Gómez
Palomo es secretario administrativo, pero no del Comité Ejecutivo,
sino de la sección local de Madrid. A Francisco Clavel, el señor
juez, en esta distribución arbitraria de cargos y honores, lo nombra
miembro del Comité de Víveres, y del atestado solo puede deducirse
que pertenecía a la intendencia del Cuartel del POUM en Madrid. A Víctor
Berdejo lo designa pagador de las Milicias del POUM, y efectivamente lo fue,
pero en Madrid hasta el 31 de diciembre pasado nada más. Y a José
Rodríguez Arroyo lo procesa por simple miliciano del POUM. El caso
es como para no comentarlo.
En virtud de los razonamientos expuestos, que no alargamos ni ampliamos
en honor a la brevedad, SUPLICAMOS al juzgado instructor que teniendo por
presentado este escrito y por entablado en tiempo y forma el recurso que
autoriza el artículo 421 del Código de Justicia militar, se
sirva elevarlo al Tribunal Especial de Espionaje y Alta traición,
con la posición que ante él hacemos de que sea revocado el
auto de procesamiento recurrido como es de Justicia, que pedimos en Valencia,
a 25 de agosto de 1937».
12.LO QUE HAN DICHO Y CONFESADO ALGUNOS MINISTROS Y OTRAS PERSONALIDADES
«
No existe ninguna prueba de espionaje contra ninguno de los dirigentes
del POUM».
(Irujo, ministro de Justicia)
«
No creo el que los dirigentes del POUM sean espías».
(Prieto, ministro de Defensa Nacional)
«
La opinión pública catalana no puede creer el que
Nin sea un espía fascista». (Companys, presidente de la
Generalidad)
Nada prueba mejor la vesania del estalinismo, lo absurdo de sus calumnias
y los propósitos que le guían al sostener su gran campaña
de escándalo contra el POUM, que las declaraciones de los ministros
y otras varias personalidades con cargos de importancia y responsabilidad.
Ante las delegaciones internacionales que vinieron a nuestro país para
verificar, mediante una información a fondo, la verdad de las acusaciones
lanzadas contra nuestro partido, ante familiares de los camaradas detenidos
y procesados, ante los representantes de nuestro actual Comité Ejecutivo,
ninguno de los interrogados, ningún ministro, ninguna otra personalidad
sostuvieron, ni remotamente, el criterio de que le POUM estuviera al servicio
de Franco, ni de que nuestros camaradas fueran agentes de la Gestapo. Mejor
dicho, creemos que hay una excepción. Se trata de aquel simpar Manuel
Cordero, el hombre de los mil y un cargos retribuidos durante el primer bienio
republicano-socialista, el militante más desacreditado en el seno
del Partido Socialista, y que ahora, por lo que parece -¡cosas veredes
mío Cid!- es un incansable propagador del llamado y sobado Partido
Único, es decir, de la fusión de su partido con el Partido
Comunista. Don Manuel Cordero, no sabemos con cuántos cargos hoy día,
para mejor sostener su amistad con los estalinistas pone en duda la integridad
revolucionaria de nuestra organización y de nuestros hombres. Pero
no vale la pena -¡es de tan poca importancia don Manuel!- hablar más
de él.
Nos vamos a remitir a los documentos hechos públicos por las delegaciones
que estuvieron en nuestro país. Los informes que presentaron al proletariado
mundial podrán ofrecer más objetividad que nuestras propias
palabras. Del rapport publicado en Francia por R. Louzon, el conocido y viejo
militante sindicalista francés, que formó parte de la primera
de dichas delegaciones, transcribimos:
«Las visitas de la primera categoría nos han enseñado
dos cosas: la primera, es que ningún partido creía, o al menos
no aparentaba creer, en la acusación de espionaje lanzada contra Nin,
Gorkin, etc. ;la segunda, es la amplitud de la represión, la cual ha
castigado no solamente al POUM, sino a todas las otras organizaciones antifascistas
que no están actualmente en el poder.
Vázquez y Montseny encuentran escandalosa la arrestación de
Nin y los otros, y su posición, tal como Vázquez acabara de
definiría en un discurso del cual hemos visto las pruebas de imprenta,
es ésta: si hay espías en el POUM, como probablemente los hay
en todos los partidos antifascistas, que se les castigue, pero esto no da
derecho a exterminar el POUM en cuanto organización.
(...)
Miravitlles nos ha declarado espontáneamente que en seguida de la
detención de Nin por espionaje, acusación que nadie puede creer,
fue llamado por Companys y los dos decidieron que éste escribiría
inmediatamente una carta al gobierno de Valencia señalando la deplorable
impresión producida por esta detención, que “la opinión
pública catalana no podía creer que Nin fuese un espía
fascista, y que Companys casi no tenía necesidad de hacer un gran esfuerzo
para poderlo admitir”. Esta carta fue enviada en seguida a Valencia por el
propio Míravítlles y entregada por él a Ortega, Director
General de Seguridad (el verdadero ministro). Ortega declaró entonces
que se tiene pruebas abrumadoras contra Nin, y enseñó a Miratvilles
una pieza (plano milimétrico de Madrid, con texto en el dorso escrito
con tinta simpática, en el que se trata de un cierto N), tan evidentemente
falsa según Míravitlles, “que rompí a reír y
que nadie tendrá la osadía de hacer ya más uso de esa
pieza”.
(...)
Largo Caballero nos declara que conocía personalmente desde hacia
mucho tiempo a Nin, Gorkin y otros más, y que, a pesar de ser su adversario
político, sabia perfectamente que éstos no eran ni podían
ser espías fascistas. Si Nin y los otros miembros del POUM son actualmente
perseguidos por espionaje, es solo por razones políticas, porque el
Partido Comunista quiere destruir el POUM.
Si en esta necesidad el Partido Comunista se ve apoyado por los otros partidos
gubernamentales (socialistas de derecha y partidos burgueses) –añade
Largo Caballero-, es únicamente porque la derecha socialista tiene
necesidad del sostén comunista para la salvaguardia de la democracia
burguesa. Las persecuciones contra el POUM son el rescate que éstos
pagan al Partido Comunista.
(...)
Companys nos confirma la gestión que había hecho cerca del
gobierno de Valencia, y que nos había relatado Miravitlles. Luego habla
de consideraciones generales, explicándonos que Cataluña había
tenido que interrumpir su revolución, porque se había encontrado
insuficientemente sostenida por el proletariado de los demás países
que, actualmente por todas partes está a la defensiva (frentes populares).
(...)
Pabón nos informó que el ministro de la Gobernación
había telefoneado a Madrid, a su colega de Justicia, el cual había
visto a todos los presos, Nin inclusive; que éstos estaban ya todos
en las prisiones del Estado y que dentro de ocho días el asunto sería
retirado a la policía para pasar al juzgado. Además, que los
presos actualmente en Madrid serían trasladados todos a Valencia. Pedimos
tener confirmación directa de todo esto, sea por el ministro de la
Gobernación o sea por el de Justicia.
(...)
Al día siguiente fuimos recibidos, en compañía de Pabón,
por el ministro de Justicia.
Este, después de habernos afirmado que en España no se podían
producir cosas como en Rusia, nos confirma lo que nos había dicho la
tarde del día anterior por mediación de Pabón y se compromete
a escribirlo, lo que hizo la misma tarde en una carta a este último,
de la que hemos visto el original y sacado reproducciones.
Por el contrario, si bien el ministro nos declaró explícitamente
que «yo no puedo creer que Nin fuese un espía, como no podría
creer que Franco sea un agente de Inglaterra», no hizo ninguna alusión
a la posibilidad de abandonar la acusación de espionaje».
Del informe publicado por la segunda delegación internacional, compuesta
por un miembro de la Cámara de los Comunes británica, por un
periodista francés, por un abogado del Colegio de París y por
un componente del Consejo nacional del Partido Frontista y delegado al Buró
del Frente Popular en París, extractamos
lo siguiente:
«Los señores Irujo, Zugazagoitia y Prieto han insistido mucho
sobre el hecho de que no se pensara que el Gobierno estaba interesado en hacer
desaparecer a Nin; que, por el contrario, este asunto les incomodaba enormemente
y que habían hecho todo lo posible por encontrarlo. La delegación
afirma no haber pensado jamás en una participación directa
del Gobierno en esta desaparición.
(...)
El señor Irujo afirma textualmente: «Nin no ha estado nunca
en una cárcel del Gobierno. Nin jamás ha puesto los pies en
una prisión del Estado». Ha desaparecido en una «casa particular
que no era una cárcel»; se trataba, según Irujo, “de
una villa, de un hotel particular rodeado de un jardín y situado en
Alcalá de Henares, de un hotel deshabitado y que la policía
ocupó especialmente para encerrar a Nin”. Este habrá sido secuestrado
por «elementos fascistas, hipótesis que no le parecía
muy verosímil, o por elementos de las Brigadas internacionales, hipótesis
que creía más cierta.
Dice que se abrirá un sumario por el secuestro de Nin y que los autores
serán juzgados por crimen de alta traición, “aun cuando el mismo
Nin fuese condenado a muerte por rebelión”. Varios ministros -dice
Irujo- declararán sobre este asunto. Se irá a buscar a los
autores, por altos que éstos estén.
El señor Irujo se duele que la policía se haya convertido
casi en independiente y que los elementos extranjeros puedan tener el control
real de la misma. Se queja de la influencia del Partido Comunista sobre la
policía.
(...)
El señor Zugazagoitia, ministro de la Gobernación, afirma
que es inexacto que Nin haya estado en prisiones del Estado. Una casa en
la cual se instalan policías oficiales se convierte -dice- en un local
oficial. El ministro se queja muy vivamente de la policía, compuesta
-según él- de elementos reclutados apresuradamente después
del 19 de julio, elementos procedentes de partidos en los cuales se les enseñaba
el desprecio a la policía, cargados de pasiones políticas y
que comprendían hasta un buen número de analfabetos.
(...)
El abogado Pabón comunica a la delegación que en el mismo
día había sido nombrado un juez especial para instruir el proceso,
que su informe estaría terminado en algunos días (en efecto,
estuvo terminado el 23 de agosto) y que él, Pabón, tendría
entonces conocimiento del dossier y solicitarla un plazo de 15 o 20 días
para realizar las encuestas y contraencuestas que le parecieran indispensables.
Pabón afirma que, según sus noticias, el dossier no contenía
ninguna prueba sería de espionaje y que el documento N (el plano milimetrado)
aparecía definitivamente descartado. Pabón, por su situación.
tiene la posibilidad de conocer casi todo el dossier y éste no reserva
más que la posibilidad de improbables piezas secretas.
(...)
Irujo, ministro de Justicia, declara que los dirigentes del POUM, interrogados
por la policía respecto a si eran espías, lo han negado, e interrogados
a si eran responsables de las jornadas de mayo, han dicho que si. Habla de
la gravedad de los hechos de mayo, diciendo que es preciso una sanción
a tales hechos. pero añade que tiene la intención de presentar
al Consejo de Ministros un proyecto de amnistía para los delitos políticos
y sociales, precisando que solo serían excluidos los de traición
y espionaje. «La extrema derecha -dice- se opondrá probablemente
a este proyecto». Irujo precisa igualmente que la extrema derecha son
los comunistas, el presidente del Consejo forma el centro y él, en
tanto que liberal, la izquierda. Si el Tribunal pronuncia penas de muerte,
intervendrá una medida de gracia, conmutando esas penas por la reclusión
perpetua, viniendo en seguida la amnistía.
Respondiendo a varías preguntas, el ministro precisa que si ciertos
miembros del POUM fueran convictos de espionaje, serían juzgados en
dos procesos (espionaje y jornadas de mayo), pero que la distinción
entre los dos procesos subsistiría; y añade que, por otra parte,
no existe ninguna prueba de espionaje contra los dirigentes del POUM y que
en particular el documento N no tiene valor alguno.
Un miembro de la delegación pregunta si será posible que observadores
extranjeros asistan al proceso. El ministro afirma con vehemencia que el proceso
será público, puesto que no se trata de espionaje. El miembro
de la delegación señala, sin embargo, el caso de que el documento
N, por ejemplo, fuera a pesar de todo mantenido. El ministro responde enérgicamente
que el problema no puede ser planteado, que el proceso será por las
jornadas de mayo y público, que aunque él no ha hecho sino
dejar a la justicia seguir su curso sin intervenir, puede pensarse que todas
las piezas han pasado por sus manos y que no ha dejado de tomar conocimiento
de las mismas. Señala que ya ha tenido ocasión de afirmar más
de diez veces en el curso de esta entrevista que no habrá acusación
de espionaje contra los dirigentes del POUM. “El POUM -dice- responderá
de su gesto revolucionario contra la República”. Un miembro de la
delegación plantea el problema de las responsabilidades fuera del
POUM por los sucesos de la primera semana de mayo. El ministro responde que
estima que los hechos de mayo deben de ser sancionados, pero que le parece
que en unos hechos en que ha participado tanta gente, un sentimiento de humanidad
aconseja no llevar ante la justicia más que a los principales responsables
y que, por otra parte, las leyes españolas autorizan a juzgar individualmente
o por pequeños grupos a las personas inculpadas en los affaires de
este género, ya que así se habla hecho en numerosas ocasiones,
principalmente en 1933 y 1934.
(...)
Eduardo Ortega y Gasset, Fiscal de la República, ha recibido a los
camaradas Maxton y Weil-Curiel; les ha expresado toda la estimación
que tenía por los dirigentes del POUM, es decir, que él estaba
bien lejos de creer que fueran fascistas.
(...)
Prieto, ministro de Defensa nacional, dice que él no cree que los
dirigentes del POUM sean espías. Se eleva contra los sucesos de mayo,
que han sido -según él- organizados por el POUM; dice que son
un resultado de los artículos de “La Batalla”. El Gobierno, añade
el ministro, debe defenderse contra los que quieren “la revolución
a toda costa”, cuando no es ese el momento de España. Dice que el programa
mínimo que se ha asignado el Gobierno es el de ganar la guerra y que
es preciso terminar con los partidos de ideología demasiado estrecha,
como el POUM, la CNT y «los mismos comunistas”, agrega.
El señor Prieto se refiere a la situación militar de España
y a la situación internacional. Dice que la delegación no representa
más que a los países que han hecho poco por ayudar a España,
a los partidos cuya acción ha resultado ineficaz o demasiado poco eficaz,
mientras que los rusos envían las armas que permiten a la República
española resistir el asalto del fascismo.
Dejando estas ideas generales, el ministro dice que “lo que es más
grave es que la detención de los dirigentes del POUM no ha sido decidida
por el Gobierno, que la policía ha procedido a estas detenciones por
su propia autoridad”. El ministro no cree, sin embargo, que haya que inculpar
a Ortega, que era entonces Director General de Seguridad. Recuerda a este
respecto que cuando la detención ilegal de Rovira, Ortega le respondió
que ignoraba por completo el encarcelamiento del jefe militar del POUM. Los
responsables, según él, se encuentran en torno al jefe de policía,
los cuales habían sido reclutados entre los elementos comunistas “según
sus procedimientos ordinarios”. Sin embargo, añade que fue a causa
de negarse a restituir a Nin por lo que Ortega fue destituido.
(...)
Prat García no cree que los dirigentes del POUM sean espías;
estima que los artículos de “La Batalla” son pruebas evidentes de la
responsabilidad del POUM en los hechos de mayo.
Un miembro de la delegación plantea varias cuestiones sobre el valor
jurídico de las detenciones de los dirigentes del POUM, pero no pudo
obtenerse sobre estos extremos respuestas bastante precisas. La delegación
solo puede señalar que las explicaciones del subsecretario de la Presidencia
del Consejo son más confusas en este aspecto.
La visita al señor Prat García fue la última entrevista
oficial en Valencia de la delegación».
Igualmente, entre otros muchos documentos, fue hecho público un escrito
del compañero Jordi Arquer, del Comité ejecutivo del POUM, en
el cual refiere la entrevista que tuvo con el ministro de Trabajo, Jaime Aiguader
Mir, el 21 del pasado mes de julio. Dice así:
«Entrevista celebrada el miércoles día 21 de julio de
1937, a las once y cuarto de la mañana, en el local del Ministerio
de Sanidad, Departamento de Asistencia social afecto al Ministerio de Trabajo,
entre el ministro de Trabajo Jaime Aiguader Miró (Esquerra Republicana
de Cataluña), Jordi Arquer Saltó del C.E. del POUM y José
Rabassa, del Comité regional de Levante del POUM.
Una vez que el camarada Arquer le hubo expuesto los pormenores de su detención
y encarcelamiento, y proporcionado datos sobre las detenciones y traslados,
con indicación de días y horas, de los camaradas Pedro Bonet,
Julián Gómez Gorkin, Juan Andrade, José Escuder, David
Rey y otros compañeros cuyos nombres no conoce, de todo lo cual tomó
nota por escrito para plantearlo en la próxima sesión del Consejo
de ministros, que tendría lugar, según dijo el ministro, mañana
jueves por la mañana, o sea el día 22. Dijo, en resumen:
1°. Que todos los miembros del gobierno, excepto los del Partido Comunista,
estaban indignados de la forma anormal e improcedente como se había
actuado contra los militantes del POUM, al margen de las personas de responsabilidad
titulares de la dirección de los organismos del poder, y que lo que
se nos había hecho merecía su condena y la de sus camaradas
del Ministerio.
2°. Que durante tres reuniones consecutivas del Consejo de ministros
se había hablado de la cuestión del POUM y de la situación
de sus dirigentes detenidos.
3°. Que él, personalmente, estaba muy indignado de la actuación
del POUM, pero que como hombre liberal y por sensibilidad humana estaba en
contra de las actuaciones policiacas al margen de los órganos regulares
del poder constituido, y que lo sucedido con las detenciones de los dirigentes
del POUM, de innegable gravedad, comprometía y responsabilizaba al
propio gobierno.
4°. Que no tenía que ocultarnos que estaba en el ánimo
de todo el gobierno la necesidad de decretar la disolución del POUM.
El camarada Arquer le advirtió que una medida de tal naturaleza solo
podía tomarse mediante sentencia condenatoria de los Tribunales de
Justicia y que tal medida no se atrevió a ponerla en práctica
la dictadura de Primo de Rivera contra el Partido Comunista, a lo cual contestó
el ministro que podía ser una necesidad impuesta por la guerra.
5°. Que si bien no creía que se hubiera matado a Andrés
Nin, y por tanto no podía afirmar que éste estaba muerto, tampoco
podía asegurar que vivía, por cuanto el propio ministro de Justicia
tampoco podía asegurarlo.
6°. Que él estaba a nuestra disposición para todo lo que
creyéramos pudiera sernos útil, a fin de evitar cualquier clase
de atropello en las personas de los detenidos y proporcionarles toda clase
de garantías policiacas y judiciales.
7°. Telefoneó en nuestra presencia al ministro de la Gobernación,
notificándole que la policía nos había quitado toda nuestra
documentación personal, política y sindical, así como
libros, ropas y otros efectos personales, pidiéndole nos fuera devuelto,
contestándole el ministro de la Gobernación que él telefonearía
al Director General de Seguridad, señor Gabriel Morón, para
que nos fueran devueltos la documentación y demás objetos».
En fin, en aras a la brevedad nos rehusamos a seguir transcribiendo documentos
y escritos de toda índole; en los cuales se pone de manifiesto que
el estalinismo es el responsable directo de la represión desencadenada
contra nuestro partido, que el Gobierno era ajeno a la razzia del 16 de junio
y que ninguno de los ministros -excepción hecha, claro, del señor
Uribe, primer agricultor del reino y ministro de Agricultura, y ese otro gran
analfabeto que está en Instrucción Pública- cree en
las acusaciones lanzadas contra el POUM. Pero asimismo es preciso subrayar
esto: todos esos ministros, ministrillos y demás personajes tienen
una responsabilidad más o menos directa. Cierto es que no se han preocupado
ni se preocupan sino de salvar su responsabilidad en la represión y
en la campaña de calumnias; cuantas veces se les planteó cara
a cara el affaire, se apresuraron en pocas palabras a manifestar que ellos
eran ajenos a todo. Pero nunca han movido un dedo para impedir esa campaña,
para destruir la gran calumnia, para apartar el puñal envenenado que
se ha levantado contra los hombres de nuestro Partido. No han hecho más
que seguir al pie de la letra la misma actitud que hace siglos manifestó
el procurador romano Poncio Pilatos. Y la mancha de esta responsabilidad
jamás se la quitarán de encima.
13.EL CARÁCTER EMINENTEMENTE POLÍTICO DEL PROCESO CONTRA EL
POUM
«
Sería la mayor de las puerilidades considerar como
un proceso judicial este proceso incoado contra los bolcheviques por el gobierno
de Kerenski y Tseretelli».
(Lenin,
Rabotchi y Soldat, 9 de julio de 1917)
Si todas las pruebas o supuestas pruebas acumuladas contra nuestro partido
no tienen valor alguno, si nuestros camaradas presos no pueden ser considerados
como fascistas o agentes de Franco, si solo existe la responsabilidad por
los hechos de mayo en Cataluña según manifestación del
ministro de Justicia, se impone la pregunta siguiente: ¿Por qué
se mantiene el proceso incoado contra el POUM y sus dirigentes? Sencillamente
porque este proceso es eminentemente político, porque responde a una
presión exterior y a necesidades de política interior. Esto
y no otra cosa es lo que explica la aparente contradicción que existe
entre las palabras y declaraciones repetidas de los ministros y los hechos
y su manera de obrar. Reconozcamos que también a los componentes del
actual gobierno Negrín les debe molestar no poco la trepidante campaña
del estalinismo y el papel que se ven obligados a desempeñar, papel
que los compromete más de la cuenta ante las masas trabajadoras del
mundo entero y ante toda conciencia liberal y honrada. Pero hay algo superior
a la supuesta buena voluntad de un señor Irujo o de un Indalecio Prieto.
Ya lo hemos dicho: las necesidades impuestas por una política interior
y exterior ajenas al internacionalismo revolucionario. La ayuda de la URSS
a la España republicana hubo de ser pagada no solo en buen oro contante
y sonante, sino también mediante determinadas concesiones de particular
tipo político. Una de ellas ha sido la eliminación del POUM
de la vida política del país y la terrible represión
que sufre nuestra organización. Comentando las detenciones del 16
de junio, el ex ministro y conocido militante de la CNT Juan López,
publicó un artículo que llevaba este título significativo:
«¿Se ha pasado la primera factura al cobro?». Sí,
se había pasado una factura al cobro.
¿Qué interés podían tener la Unión Soviética
y la Internacional Comunista en nuestra eliminación? La respuesta exige
una preliminar explicación política. Stalin, dictador absoluto
del Estado soviético y de la III Internacional, no puede tolerar la
existencia de ningún partido comunista independiente, de ningún
grupo revolucionario que levante la bandera de la revolución socialista,
que el estalinismo ha abandonado. Cada vez que ha surgido una de estas organizaciones
revolucionarias independientes, la ha combatido a sangre y fuego, no vacilando
en los medios para destruirla. En la URSS, mediante los monstruosos procesos
seguidos de ejecuciones que se van sucediendo ante el escándalo y
la protesta del proletariado internacional, va destruyendo toda oposición
a su política dictatorial y burocrática. En el resto de los
países el estalinismo se limitaba a calumniar a los grupos y fracciones
comunistas; es todo cuanto podía hacer. El proceso contra el POUM
es el primero que se intenta fuera de la Unión Soviética bajo
la presión directa y tenaz del estalinismo. Aunque el POUM no haya
mantenido ni mantiene la menor relación orgánica con las oposiciones
rusas -ni, desde luego, con Trotski y el trotskismo, los espantajos de moda-,
entre los diversos procesos de Moscú y el tramado ahora contra nuestro
partido existe una indiscutible línea de afinidad, un cierto parentesco
ideológico. Lo que Stalin y el estalinismo intentan destruir en la
URSS es el recuerdo y la tradición revolucionaria de octubre, para
lo cual no vacilan en denigrar y destruir físicamente a los mejores
compañeros de Lenin, testigos enojosos de la degeneración política
en que han caído, bajo su férula dictatorial, el Partido Comunista
y el Estado soviético. Stalin y el estalinismo intentan ahora extender
sus métodos la destrucción fuera de la URSS. El proceso contra
el POUM en nuestro país es -lo repetimos- el primer ensayo en este
sentido. Tanto en la Unión Soviética como en España,
lo que se pretende aniquilar, destruir, es la línea consecuente de
la revolución proletaria.
¿Por qué ha elegido Stalin y el estalinismo al POUM como víctima
propiciatoria? Ello no se debe al azar: existen también profundas razones
de índole política. Éstas: Contrariamente a las esperanzas
de Lenin, a la victoria de la revolución rusa siguió en el
trágico periodo de la posguerra, una serie de derrotas de la
clase obrera en diferentes países, derrotas que tenían que
debilitar forzosamente las posiciones interiores y exteriores del Estado soviético,
vinculado a la suerte del proletariado internacional. Cambió la correlación
de fuerzas en favor del capitalismo y en detrimento, pues, de la clase obrera.
El fracaso de la revolución alemana, por culpa principalmente de la
socialdemocracia, hizo posible la consolidación provisional del capitalismo
occidental sobre el andamiaje imperialista de Versalles y condujo, finalmente,
al triunfo de Hitler. El fracaso de la revolución china de 1925-1927,
cuya principal e incluso entera responsabilidad incumbe al estalinismo, cortó
provisionalmente el proceso revolucionario en las colonias del Extremo Oriente,
permitiendo la expansión del imperialismo japonés. La Rusia
de Stalin, replegándose sobre si misma -al internacionalismo proletario
y revolucionario de la época de Lenin siguió una especie de
nacionalismo, bajo la fórmula seudoteórica del «socialismo
en un solo país», a la medida del nuevo Estado burocrático-,
se vio dominada por una doble obsesión: la Alemania hitleriana y el
Japón imperialista, que la amenazaban como una tenaza de hierro. Desde
ese momento, Stalin y el estalinismo no tienen más que una preocupación
central: prepararse para la guerra, que saben inevitable. En el interior
se preparaban mediante una política de superarmamentos y de militarización
absoluta del país; en el exterior merced a una política de
alianzas con unos países capitalistas contra otros. Pero esta política
tiene un precio: el sacrificio de la revolución rusa y de la revolución
internacional.
Frente al bloque que perfilan Alemania, Italia y el Japón, se trata
de oponer el bloque compuesto por Rusia, Francia e Inglaterra. La democracia
contra el fascismo, según la fórmula antimarxista de Dimitrov-Stalin.
Este último aspira a ser el árbitro y jefe del segundo bloque,
al cual debe servir de eje el pacto militar franco-soviético. Mediante
la conquista de la dirección de la central sindical CGT francesa merced
a la unidad sindical realizada, así como el intento de absorción
del Partido Socialista francés con el pretexto de una «unificación
sin condiciones», aspira asimismo al monopolio de la dirección
política del Frente Popular en Francia. Una operación semejante
le resulta de todo punto imposible en Gran Bretaña. Allí gobiernan
los conservadores y el Partido Comunista, con sus diez mil o doce mil militantes
no cuenta con influencia política ni tampoco sindical. Tanto el Partido
Laborista como las Trade-Union se oponen obstinadamente a la penetración
del estalinismo. Pero Stalin espera ejercer desde afuera la presión
que no puede llevar a cabo desde dentro. Para ello necesita llegar a dominar,
además de la política francesa, la española.
A Inglaterra y a Francia no les interesa, indudablemente, una victoria total
y rotunda del franquismo, ya que fortalecería fuertemente las posiciones
de Italia y Alemania; pero hay algo que les interesa aún mucho menos:
es la victoria de la revolución española y su inevitable irradiación
internacional. Toda su política respecto a España aparece dominada
por esa preocupación: impedir la victoria de uno de los dos bandos
en lucha, agotarlos política y materialmente para imponerles después
sus condiciones. Stalin y el estalinismo apoyan esa política de bloque,
al mismo tiempo que intentan realizar una política propia que les asegure
su hegemonía. Le interesa al estalinismo más que a nadie impedir
la victoria de Franco-Hitler-Mussolini; mas quiere asimismo impedir el triunfo
de la revolución española. Una España revolucionaria
suscitaría un fuerte movimiento revolucionario internacional, con
su posible repercusión en el interior de la propia URSS. El movimiento
obrero del mundo entero escaparía así a su control y toda la
política estalinista podría venirse abajo. El ideal de Stalin
se cifra –y a ello responde toda su política y la del Partido Comunista
español- en una España democrática, frentepopulista,
bajo su control efectivo y que integrara el bloque de las fuerzas del cual
aspira a ser el jefe . ¿Cómo conseguir todo esto?
Para hacer imposible la revolución española e impedir su triunfo,
es preciso ante todo acabar con las organizaciones revolucionarias. Para atacar
en primer lugar al POUM el estalinismo ha visto una doble razón: nuestro
partido es numéricamente el menos fuerte y el que, sin embargo, mantiene
las posiciones revolucionarias más claras y consecuentes. Por algo
hemos pasado por la escuela de Lenin y de la revolución rusa, a la
que permanecemos fieles contra la escuela estalinista. Pero el plan de Stalin
y del estalinismo es mucho más vasto, y ya lo anunciamos y denunciamos
cuando comenzó la campaña contra el POUM. Hoy todo el mundo
puede darse cuenta de ello y, por otra parte, la prensa estalinista no lo
oculta. La destrucción del POUM no seria más que el preludio;
después vendría la destrucción de la CNT y la FAI, así
como de la tendencia de Largo Caballero. La campaña de calumnias contra
éste es el signo más evidente de lo que decimos.
Al mismo tiempo, mediante la absorción del Partido Socialista -como
ya se ha hecho con las Juventudes Socialistas- y la conquista de la dirección
de la UGT, Stalin llegaría a ser el dueño de los destinos del
proletariado español. Por eso, a las organizaciones que no se dejan
absorber intenta destruirlas.
¿Cómo se ha montado el proceso contra nuestro Partido? Lo
hemos demostrado en los capítulos anteriores: mediante una violenta
campaña en toda la prensa estalinista, nacional e internacional. Se
ha lanzado contra el POUM y sus dirigentes, contra todos sus militantes,
las más graves acusaciones, las calumnias más infames. Al mismo
tiempo, se nos fue eliminando por presión del estalinismo -la ayuda
rusa les permitió hacer y deshacer- de todos los organismos constituidos
al calor de la revolución. En diciembre del año pasado provocó
el PSUC una crisis del gobierno de la Generalidad con el único propósito
de eliminar al POUM, de la misma manera que el Partido Comunista produjo
en mayo una crisis en el gobierno de Valencia con el objeto de eliminar a
Largo Caballero y a la CNT. Esta criminal política de división
y de descomposición de la retaguardia -con sus consiguientes repercusiones
en el frente- se realiza aprovechando las circunstancias en que se desarrolla
la guerra civil y, sobre todo, la mentada ayuda prestada por la URSS. A cambio
de esa ayuda, Stalin va presentando facturas al cobro. ¿Nuestra eliminación
de los distintos organismos? Una factura al cobro. ¿La eliminación
de Largo Caballero y de la CNT? Otra factura al cobro. ¿El proceso
contra el POUM? Una factura más. Y así, factura tras factura,
se va realizando el plan de Stalin y del estalinismo. Lo repetimos: cada victoria
de estos últimos significa una trágica derrota para el proletariado
y mengua las posibilidades de una victoria sobre Franco.
Pero el proceso contra nuestros dirigentes, como todos los procesos montados
por el estalinismo, es burdo, vulgar y está plagado de contradicciones,
que no resisten la menor critica objetiva, ni política ni jurídica.
¿Pruebas? Stalin en Rusia no las necesita; allí ejerce un poder
dictatorial y absoluto sobre todo y sobre todos: sobre la economía,
sobre la política, sobre el aparato de justicia, sobre la policía,
sobre la prensa, sobre la radio... En estas condiciones no es difícil
montar un proceso y cien procesos. Pero los métodos estalinistas erigidos
en norma de gobierno en la URSS, son de difícil exportación.
El proletariado español no los acepta ni los aceptará. Tiene
razón el camarada Juan López, cuando escribía en su articulo
anteriormente citado: «En España, hasta las piedras se levantarán
contra esos métodos». Nuestro proletariado lo ha comprendido:
lo que se juega en este proceso contra el POUM y sus dirigentes es algo más
que la suerte de un partido y de unos militantes obreros; es la suerte misma
de la revolución española y de la revolución internacional.
Y quizá aún más que el proletariado español, ha
comprendido esta terrible verdad la clase obrera internacional. La mirada
y el pensamiento de ésta no se ven empañados por la angustia
directa de la guerra civil y sus crueles necesidades. La conciencia del proletariado
internacional, despierta por las ejecuciones de Moscú, se ha conmovido
ante el proceso montado contra el POUM. ¡Cómo! ¿No contento
con ahogar la revolución rusa, Stalin quiere ahora estrangular la revolución
española? Sí, camaradas; Stalin y el estalinismo quieren ahogar
la revolución española y ahogarnos a todos nosotros. Para ello
no vacilan en imponer desde el Kremlin sus métodos sectarios y desmoralizadores,
sus procedimientos crueles y criminales. No le importa al estalinismo que
nuestra lucha común contra el fascismo pueda tener un fatal desenlace.
La guerra contra Franco y los suyos solo ha servido al Partido Comunista
como material de agitación, para aumentar sus filas y extender su
influencia. Y aprovechando esta influencia, ir liquidando al resto de las
organizaciones obreras e incluso sus colaboradores de ayer. Esta evidencia
la ha comprendido el proletariado de todos los países del mundo, que
hoy nos claman su solidaridad. Saben que mañana les corresponderá
a ellos sufrir en carne viva las consecuencias de los métodos estalinistas,
de esos métodos contrarios a todo principio de moral proletaria, de
moral socialista.
Quedan explicadas las razones que han movido y motivado la terrible represión
sufrida por nuestro Partido, así como el proceso montado contra el
POUM. Si a pesar de los meses transcurridos -esta clase de procesos son siempre
sumarísimos y han de terminarse en un plazo breve de días- todavía
no se ha celebrado la vista de la causa, es por tres razones principales:
la protesta de la clase obrera nacional e internacional; la falta absoluta
de pruebas, ya que las que el estalinismo ha fabricado no son más
que burdas falsificaciones y calumnias sin fundamento y también la
influencia decreciente del estalinismo en nuestro país. Esta última
no es de poca importancia. Su explicación sale de los limites que ahora
nos hemos impuesto; pero baste saber que las aspiraciones de Stalin de erigirse
en el árbitro del bloque llamado democrático no se ven cumplidas.
Inglaterra separa cada vez más a Francia de la URSS y a la vez elimina
la influencia de ésta en España. Tal es la realidad, buena
o mala. Tal vez no está lejano el día en que los ministros
estalinistas salgan de sus despachos con la cabeza gacha para no volver.
Pero el proceso que éstos han montado queda como una herencia para
los republicanos. No se atreven a poner en libertad a nuestros camaradas,
y por ello optan por mantenerlos en prisión, sin que el proceso tenga
posibilidades de celebrarse. Lo que comenzó siendo un proceso eminentemente
político va quedando en nada, en una astracanada bufa a lo Muñoz
Seca. Y es que la política de nuestros demócratas tiene mucho
de astracanada y de bufonería.
14.A MANERA DE EPÍLOGO
«
La justicia española es independiente de toda presión
política»
(Irujo, ministro de Justicia)
El proceso solo se mantiene por puro chantaje, por cobardía de un
gobierno que se pliega a designios extraños y por dejación de
una justicia mil veces envilecida. No lanzamos estos adjetivos a humo de
paja, ni tampoco por desesperación, que en este caso estaría
justificada. No hace falta sino examinar brevemente los hechos para comprender
la razón que nos asiste. Cada día, durante más de un
año, han podido leer el señor ministro de Justicia, el señor
fiscal de la República, todos los funcionarios altos y bajos del Ministerio
fiscal, las acusaciones que el estalinismo ha lanzado contra el POUM, acusaciones
que de ser ciertas en una centésima parte harían, por su gravedad,
ineludible el pelotón de ejecución. ¿Por qué no
han actuado inmediatamente? ¿Cómo se explica que no hayan tenido
la curiosidad de comprobar si lo que se denunciaba públicamente desde
la prensa estalinista era cierto? ¿Cómo podían permanecer
indiferentes ante acusaciones de tal magnitud, lanzadas por personas y diarios
de un partido que tenía representación directa en el gobierno?
Pues ni actuaron ni obraron, encerrándose en la mayor de las indiferencias.
Y así meses y meses, durante todo un año. ¿Qué
pensarán de esta pasividad de los funcionarios, a quienes compete
la persecución de los delitos, las gentes de nuestro país y
del extranjero no iniciadas en los secretos de la política gubernamental?
¿Qué opinión tendrán fuera de nuestras fronteras
de la justicia española –de esa justicia «independiente de toda
presión política», según ha expresado el señor
Irujo-, al ver que en un país en guerra una organización puede
ser acusada públicamente de los peores crímenes contra el Estado
por un partido representado en el Gobierno, sin que inmediatamente se produzca
una intervención judicial?
La intervención judicial solo se produjo después del golpe
de mano dado por el estalinismo contra nosotros, después de la terrible
represión iniciada el 16 de junio, es decir, después de encontrarse
ante un hecho consumado. Las autoridades de toda clase, el gobierno y los
ministros, la tan cacareada justicia, no hicieron sino dar el visto bueno
a la acción estalinista y encubrirla y protegerla. Se realizó
un maridaje celestinesco, a todas luces antijurídico. Una justicia
miedosa y envilecida se prestó al juego criminal del estalinismo; y
un juez cuyo pasado lo descalificaba -gran propietario reaccionario, antiguo
candidato monárquico, castigado por delito de cohecho- redactó
el auto de procesamiento que otros le dictaron. Admitió como pruebas
las falsificaciones del estalinismo y como pieza de convicción la charlatanería
cotidiana de su prensa. No ha habido -creemos haberlo demostrado suficientemente-
más diligencias judiciales que los atestados manera policiacos, las
novelonas urdidas por una policía descocadamente parcial y partidista,
integrada por militantes comunistas. Sin mandamiento judicial alguno se han
realizado detenciones, asaltos de locales, encarcelamientos y otras arbitrariedades
mil; sin sentencia de ninguna clase se ha eliminado físicamente a
varios camaradas. ¿Cabe mayor monstruosidad? Pues sí, aún
ha habido mayores monstruosidades: un juez en arranque de dignidad -el que
fue encargado de instruir el sumario por la desaparición del camarada
Andrés Nin- ordenó el encarcelamiento de dos agentes de policía,
contra los cuales existían pruebas evidentes de responsabilidad; este
juez (el señor Moreno Laguía) fue detenido por orden del que
era Director General de Seguridad, señor Morón. Otro caso:
el nuevo juez que preside el Juzgado número 1 del Tribunal de Espionaje
ha acusado a la compañera de Maurín de servir de agente de
enlace con los franquistas, tergiversando previa y conscientemente unos documentos.
El verdadero sentido de esos documentos lo conocen León Blum, ex jefe
del gobierno francés, y André Blumel, subsecretario de la Presidencia,
ya que fue a través de ellos que se realizaron las gestiones en las
cuales este nuevo juez -que en el pasado perteneció al Partido Comunista
y que luego abandonó por miedo a perder su empleo de funcionario en
el Ayuntamiento de Madrid- quiere encontrar motivo para acusar a Juana Maurín
de estar al servicio de Franco; pues bien, el señor Mora -tal es el
juez de marras- se ha negado terminantemente a admitir la propuesta de nuestro
abogado de que se tome declaración a Juana Maurín, a León
Blum y a André Blumel. Este hecho demuestra hasta la saciedad el carácter
de persecución política que tiene el proceso seguido contra
nuestros camaradas.
Y todavía más: los tribunales, los jueces, todo el aparato
de la justicia republicana con su ministro al frente, han consentido que la
prensa estalinista lanzara las mayores acusaciones contra el POUM; el que
se refiriera a pruebas que nadie conocía y publicara textos y documentos
-de cuya autenticidad ya no vale la pena hablar- que ni siquiera conocía
el juez encargado del sumario ni el representante del Fiscal general de la
República. Una de dos: o las pruebas de nuestra culpabilidad que uno
y otro día daba a conocer a sus lectores la prensa estalinista eran
falsas, y en este caso se imponía el castigo del falsario; o de ser
verdaderas había de aclarar cómo tenían en sus manos
las averiguaciones preliminares de la policía y las piezas de convicción
que figuran en un sumario que es y tiene que ser secreto. De esas pruebas
sumariales nada se había hecho público oficialmente y buena
prueba de ello es que ningún otro diario -a parte de los estalinistas-
pudo conocerlas. Sin embargo, la prensa controlada por el Partido Comunista
sirvió a sus incautos lectores las supuestas pruebas de la traición
del POUM y de la responsabilidad de sus dirigentes. ¿Qué nos
dice todo esto? Ante todo, algo muy importante y fundamental: que todos esos
documentos, burdos y miserables, fueron falsificados y elaborados en el laboratorio
estalinista, sirviéndolos luego en bandeja a una justicia dispuesta
a los más bajos menesteres.
Mientras se nos había reducido casi al silencio; mientras se había
suspendido nuestra prensa y asaltado nuestros locales, arrojándonos
de hecho a una ilegalidad absoluta sin sentencia alguna; mientras se intentaba
ponernos mordaza de hierro, la prensa del Partido Comunista seguía
lanzando a placer, en la mayor de las impunidades, injuria tras injuria, calumnia
tras calumnia. Se permitió esto: que se condenase públicamente
a unos hombres antes que de los tribunales llamados a ello juzgasen; que se
batieran los tambores antes de que los acusados fueran interrogados. ¿En
dónde ha sucedido cosa igual? Esta es la justicia de la España
republicana, una justicia reservada única y exclusivamente a los revolucionarios,
a los que lucharon contra la monarquía, contra la dictadura de Primo
de Rivera, contra la reacción vaticanista del llamado bienio negro;
justicia que apunta directamente al corazón de los que el 19 de julio
impidieron con su esfuerzo, con su decisión, con la vida de los suyos,
a que se entronizara el fascismo en toda la península. Para los falangistas
cogidos in fraganti con las armas en la mano, los magistrados y autoridades
antifascistas reservan toda su consideración y mesura; las condesitas
prisioneras en Brunete se pasean hoy por tierra de Franco; los que continúan
encarcelados en territorio republicano son tratados con miramientos mientras
esperan que los tribunales decreten su libertad y se les otorgue luego, oficialmente,
un pasaporte para ir junto a los suyos; el hijo de Goded, militar sublevado
el 19 de julio en Barcelona, no ha sido fusilado ni lo será, pero lo
fue nuestro camarada Marciano Mena por un simple delito de cuartel que ni
siquiera había cometido. Nuestros camaradas y nuestras compañeras
están encerrados en calabozos inmundos, húmedos, fríos,
llenos de miseria; pero uno de los Primo de Rivera, el diputado de la CEDA
señor Lucia, el líder falangista Fernández Cuesta , los
familiares de Queipo del Llano, de Aranda y de otros militares sublevados,
pasan el tiempo en magnificas celdas, donde no falta ni la más mínima
necesidad. Esta es la desigualdad irritante que nuestros presos, todos los
presos políticos de la clase trabajadora, palpan día tras día.
Y, mientras tanto, la prensa estalinista sigue pidiendo a gritos la cabeza
de nuestros hombres. Si alguien intenta replicar, un gabinete de censura al
servicio de esta política monstruosa impide la publicación del
menor escrito.
Este trato de la censura merecerla también capitulo aparte. Ejercida
por periodistas sin dignidad y sin valor, ha alcanzado el mismo grado de venalidad
y envilecimiento que logró durante el periodo dictatorial del general
Primo de Rivera, en manos entonces de unos militares que escribían
con el sable en lugar
de emplear la pluma. Mejor dicho, ha alcanzado mayor degeneración
aún. Ha permitido la publicación de cualquier escrito contra
el POUM; ha consentido al estalinismo el calumniarnos a su libre antojo; a
dejado pasar sueltos ignominiosos, en los cuales se prejuzgaban supuestos
delitos sobre los que no existía ni existe sentencia alguna; ha sido
un vulgar instrumento del estalinismo y se ha hecho eco de las truculencias
de un Burillo cualquiera. Basta que lo escrito se refiriera al POUM para dejarlo
publicar si se nos llenaba de lodo. Incluso se erigieron en jueces, a veces,
para sentenciarnos, como cierta nota que recordamos del jefe de los servicios
de censura de Barcelona, señor Solsona, periodista que ha rodado por
toda España en busca de un buen puchero, sirviera quien lo sirviese,
en plan además de sablista profesional; como no sabia escribir fue
nombrado gobernador de no recordamos qué provincia, de la cual tuvo
que irse; más tarde lo fue de Valencia, de donde también lo
echaron, para ser últimamente jefe del gabinete de censura de Barcelona.
Y cuantas veces un diario con dignidad trató de defendernos, el lápiz
rojo de la censura lo impidió, como impidió la publicación
de la noticia del encarcelamiento en Jaca, primero, y luego en Zaragoza, de
nuestro querido camarada Joaquín Maurín, que era diputado a
Cortes. De esas galeradas censuradas a Solidaridad Obrera, a Catalunya, a
La Correspondencia de Valencia, a Adelante, a Nosotros, etc., tenemos a montones
en nuestro poder. El derecho a la defensa, reconocido en todas partes y que
figura en los códigos de todos los países civilizados, es pisoteado,
escarnecido y denigrado por unos censores sin dignidad ni conciencia.
Esto es lo que hacen el gobierno y sus ministros, la censura y sus servidores,
los jueces y magistrados, todo el curial reaccionario que se cobija en el
antifascismo de ahora. Venalidad y gangsterismo por todas partes, arriba y
abajo, dentro y fuera. La corrupción alcanza limites insospechados
y la inmoralidad estalinista encuentra ayudantes, coadjutores y servidores
en todos sitios; donde no los encuentra dispone al menos de un silencio cómplice
y de una impunidad absoluta. Al que se rebela se le envía a la cárcel,
cuando no a la fosa; al que protesta se le amordaza, se le impide hablar más
alto de la cuenta. Y mientras tanto la prensa estalinista se sigue despachando
a su gusto, atacando a quien no puede defenderse. Los periódicos extranjeros
que protestan uno y otro día de esta situación anómala
y contrarrevolucionaria se les proscribe, impidiendo su entrada en nuestro
país. Por la frontera franco-española no pasa más que
L'Humanité, el órgano del estalinismo francés, y de
vez en cuando La Dépéche de Toulouse, el diario donde escriben
los Chaves Nogales preconizando un armisticio. Tal es la libertad republicana,
la democracia del gobierno Negrín. Cuando una delegación extranjera
viene a España, los estalinistas se encargan de ladrarle y cubrirla
de injurias; ahí está el caso muy reciente de James Maxton,
miembro de la Cámara de los Comunes y presidente del Partido Laborista
Independiente, y de sus compañeros. El gobierno y sus componentes,
la censura y los censores y la justicia y sus servidores, lo permiten.
El estalinismo, pese a toda la ayuda con que ha contado y a la complicidad
de todos los demás, no ha podido llevar adelante el proceso contra
el POUM y sus dirigentes. Le ha ido fallando todo; ya no tiene la posibilidad
de que una condena aparentemente legal arrebate la vida a nuestros camaradas.
Los jueces, los policías y los gobernantes son poca cosa ante la clase
obrera internacional, que monta la guardia. Por eso lo que han hecho con Nin
el estalinismo quisiera realizarlo ahora con el resto de los dirigentes del
POUM. En el último Pleno del Comité central, los comunistas
se han quitado la careta y han hablado claro. José Díaz ha dicho:
«El pueblo pide que el pelotón de ejecución funcione para
terminar con los traidores...». Los traidores, en este caso, somos nosotros,
y el pueblo, son ellos. Francisco Antón discurseó así:
«...si los obreros y los antifascistas siguen viendo que los criminales
trotskistas y demás canalla de la Quinta columna entran en la cárcel
por una puerta y salen por la otra, nada ni nadie podrá evitar que,
celosos de asegurar su victoria, tengan con estos enemigos encarnizados del
pueblo una actitud que les impida continuar su trabajo de provocación,
de sabotaje y de espionaje con entera libertad». Estas líneas
de gravedad indudable se han publicado el día 20 de noviembre en el
diario estalinista de Valencia La Verdad, sin que el gobierno se haya dado
por enterado, ni las autoridades tomaran medida alguna; tampoco la censura
intervino para impedir esta preparación consciente de nuevos crímenes.
Porque de nuevos crímenes se trata. Lo que el estalinismo prepara es
el asesinato de nuestros camaradas por sus bandas de apaches y de asesinos,
en nombre del «pueblo». Denunciamos esta nueva trama. No es invención
nuestra, sino palabras -más que palabras, amenazas- lanzadas desde
la prensa estalinista. Por si esto fuera poco, existe otro hecho revelador
y un documento que acaba de descubrir la verdad. Nos referimos a la marcha
definitiva de España de nuestro abogado Benito Pabón y a la
carta que nos ha dirigido comunicándonos los móviles de su determinación.
No estará de más copiar algunos párrafos de la misma,
con la debida autorización del autor:
«Después de escrita la carta que ustedes conocen al señor
Negrín, tenía aún la esperanza -no por la influencia
que aquella pudiera suponer en las decisiones del gobierno, sino porque se
impusiera en la política española el sentido común- que
la situación se modificase en términos que me permitiesen cumplir
mi más vehemente deseo: el volver a Valencia.
Les confieso que, conociendo como conozco el ambiente y los autores de la
gran tragedia española y la situación de ésta al día,
aquella esperanza no tenía otro fundamento que ese deseo mío
que la alimentaba. No obstante, mi vacilación era bien explicable.
Es muy difícil para quien parte tan activa tomó, como me sucede,
en los acontecimientos de España desde el 19 de julio, romper sin esfuerzo
supremo todas las ligaduras afectivas, nacidas a través de esta actuación.
Había puesto en ella tal dosis de cordialidad que hasta el momento
-¡caso raro!- tenía la seguridad de no haberme creado un solo
enemigo.
Sobre estos puntos y otros igualmente interesantes, salvadas diferencias
puramente nominales y de fórmula, el acuerdo era real aunque no se
llegara a traducir en un expreso convenio. Y, sin embargo -he aquí
lo extremadamente doloroso-, el afán de hegemonía de ciertos
sectores y destacadísimamente del comunista, ha hecho que donde se
debió llegar a una armonía y compenetración perfectas,
solo existían odios, desavenencias y luchas sordas e intestinas que
acabarán por dar al traste, ayudados por notorios errores de gobierno,
con la capacidad de resistencia de nuestra retaguardia.
El Partido Comunista -a fuer de leal he de reconocerlo- tiene sobre todos
los demás partidos y organizaciones la ventaja -a pesar de la mediocridad
de sus dirigentes- de las minorías bien organizadas. [...] Y en virtud
de estos factores, reorganizadas las fuerzas coercitivas del Estado, es el
absoluto dueño de la situación.
Y esta hegemonía del Partido Comunista supone, y los hechos lo demuestran,
la implantación de los métodos políticos característicos
de Rusia. La desaparición y asesinato de Andrés Nin fue un síntoma
alarmante y trágico. La organización comunista, con la complicidad
de los sectores de la Dirección General de Seguridad, burlando la
buena fe del señor Zugazagoitia –tan buen periodista como detestable
ministro de la Gobernación-, lo secuestró y asesinó.
Y no bastándole con esto, inventó el burdo cuento, muy apropiado
para niños o idiotas, de haber sido arrebatado a la policía
por una organización fascista, con la que el ex secretario de la Internacional
Sindical Roja -según ellos- estaba de perfecto acuerdo. Lanzados por
este camino, los secuestros se repiten y poniendo empeño en acabar
con todos los que no se someten a sus propósitos, los comunistas usan
no ya solo de la violencia, sino lo que aún es más repugnante:
de todos los resortes que Maquiavelo pudiera soñar como empleables
contra los enemigos de los dueños del poder. La vida, la libertad y
la honra, el prestigio de cualquiera por muy alto que esté, no merece
el menor respeto. A diestro y siniestro, falsificando si es preciso documentos
e inventando historias, lanzan las excomuniones calificando de traidores o
de espías a los hombres de más clara historia revolucionaria.
El caso de Trotski se repite cien veces. Largo Caballero, el hombre íntegro
y honrado por excelencia entre los políticos españoles; el ídolo
de las masas marxistas, por ellos mismos elevado a tal categoría, es
hoy un traidor a quien no se le permite el derecho de hablar en su defensa.
Y así todo.
A veces el gobierno quiere dar sensación de su parecer adverso a
estos procederes estalinianos. Nombra un juez especial, un fiscal y unos
funcionarios
auxiliares y se empieza un proceso con vistas a dar sensación de
la legalidad y orden en el exterior. Como consecuencia de ello se impone
alguna dimisión; el dimisionario pasa a otro cargo tan pingüe
y honorífico como el dimitido; se procesa algún desgraciado
de tercera categoría, con la seguridad para el mismo de que nada en
definitiva habrá de ocurrirle. Ya veces, como en el caso de los procesados
con motivo de la desaparición de Nin, al ser encarcelados por orden
del juez, de la Dirección general de Seguridad sale un piquete que
los excarcela por la violencia y los pone en seguridad y buen recaudo, con
la amenaza al juez de repetir en él la historia del alguacil alguacilado.
Y, a todo esto, los señores ministros no comunistas, todos ellos
venerables y honradísimos como padres de familia, pero todos ellos
también -excepción hecha del inteligentísimo y vivísimo
Prieto- verdaderas nulidades, se ven y se desean para poner pudorosos velos
a las atrocidades y arbitrariedades de los estalinianos, con la congoja al
mismo tiempo de no molestar a los camaradas de Moscú...
Ante tal presente y tal porvenir un hombre como yo, leal en sus métodos,
que no admite sino la belleza y la moral en sí de los procedimientos,
en España no tiene que hacer por hoy. Tendría que callar, mostrar
una sumisión hipócrita. Hablar, protestar no es posible. Solo
el hecho simple de haber aceptado la defensa de los compañeros del
POUM, bastó para que se me llamase en los medios comunistas y a través
de su prensa traidor y vendido a Franco.
Pero antes de alejarme de España he creído un deber darles
estas explicaciones. No fue el menor motivo, en mis dudas sobre el retorno
a Valencia, el afán de defender a los compañeros de ustedes,
militantes del POUM, sometidos al más injusto y absurdo de los procesos.
Excuso decirles que pese a toda mi repugnancia, si tuviera no ya la seguridad,
sino una mínima garantía de que mi gestión era eficaz,
hubiera vuelto a España.
Este proceso me atraía como ninguno, porque la monstruosidad del
mismo me hacia reaccionar en forma que encontraba un placer en intervenir
en él como abogado. Y en ello, dado la envergadura de verdadero suceso
internacional del mismo, mi nombre, conocido solamente en los medios españoles,
iría ganando en probabilidades para el futuro.
Desgraciadamente he de confesarles que conociendo a fondo la situación,
todo mi esfuerzo, es decir, todo lo que se me había de permitir, lo
considero inútil y lleno de riesgos. Últimamente en la España
antifascista, la policía, y al eco de ella la justicia, ha descubierto
una donosa teoría, que jamás se imaginó ni en las épocas
más despóticas de la monarquía. En el hecho de que un
abogado se encargase de un asunto -¡oh valor de la elasticidad que se
concede por policías y jueces al término legal de indicios racionales!-,
se puede encontrar la presunción de su participación en el
hecho sometido a procedimiento. Así ha sido explicada la detención
y prisión de un abogado notable. La prensa comunista, en varios artículos,
expresó claramente su criterio de que yo, por ser abogado de los del
POUM, era tan traidor, tan espía y tan amigo de Franco como ellos.
¿Quieren decirme, en un ambiente tal, en un medio donde inventar calumnias,
falsificar documentos acusatorios están a la orden del día,
qué garantías tengo yo de no convertirme de abogado en acusado,
sin posibilidades de defenderme contra la inmunidad que quieren lanzar sobre
mi nombre?
Por otro lado, el Tribunal que ha de juzgar a los del POUM es similar, por
su idiosincrasia, a todos los Tribunales de uno y otro lado, gubernamental
o rebelde. Perdida toda realidad de independencia y toda noción de
dignidad, ellos son hoy, como hace ya muchos años en España
-salvados en el ayer y no en el presente contadísimas excepciones-,
más que garantía del ciudadano contra el poder ejecutivo, una
arma más de violencia disimulada, que éste tiene contra aquellos.
Juez y Fiscal -ello dio lugar a escritos lógicamente fuertes y agresivos
míos, influidos por el ambiente- admitieron como piezas de cargo para
procesar como espías a los compañeros de ustedes, las patrañas
absurdas lanzadas por los estalinistas, cuentos para infantes e imbéciles,
y citaron como base de tales cargos documentos a simple vista falsificados.
Ustedes saben bien, y ello quedó patente en los escritos que presenté
recurriendo de las resoluciones del juez, cuán claro expuse las añagazas
comunistas y cómo hice realzar el ridículo en que incurrían
jueces, fiscal y magistrados, aparentando tan grandes tragaderas mentales
como eran precisas para engullir las patrañas acusatorias lanzadas
por las pobres fantasías de los estalinistas españoles. Todo
inútil. El Partido Comunista transigirá tal vez con todo menos
con la posibilidad de que de ésta salgan libres y absueltos de los
cargos de espías y traidores los camaradas del POUM. Esto no podrán
hacerlo. Esto no podrán hacerlo los estalinianos españoles,
fieles repetidores al dictado de Moscú.
No es todo doblez en el Tribunal de Espionaje de Valencia, nobleza obliga
a confesar la verdad íntegra. Sus componentes están convencidos
-algunos de ellos particularmente y en el seno de la confianza me lo dijeron-
de que no hay en este asunto tales delitos de traición y espionaje.
Sus conciencias sienten aún cierto pudor en cometer una definitiva
injusticia con una sentencia condenatoria, injusticia mayor que la que supone
el mantener a aquellos hombres bajo el peso de una falsa acusación.
y jueces, fiscales y magistrados encuentran la solución a este problema
de conciencia en el socorrido procedimiento de dar largas al asunto, con la
íntima esperanza de que se solucione la situación, aunque sea
por la llegada de Franco, antes de que hayan tenido que tomar una determinación
definitiva.
Esta es la parte grotesca del drama que este proceso criminal supone. Así,
un procedimiento que según la ley vigente debe durar cinco días,
lleva ya varios meses de tramitación. Y he aquí el dilema para
un abogado: o tomar parte en la comedia del alargamiento sin término
del asunto o exponerse con sus apremios a una segura e injusta y gravísima
sentencia para sus defendidos. Y ni esto ni aquello».
Ante estas acusaciones de un abogado que se ve imposibilitado materialmente
de cumplir con su misión, sobran las palabras. Esta determinación
de Benito Pabón entraña una extraordinaria gravedad, puesto
que no se trata de un indocumentado cualquiera, sino de unos de los mejores
abogados de España, hombre sobradamente conocido en los medios obreros,
sobre todo en la CNT. El ejercicio de la defensa legal y jurídica ya
no es posible en nuestro país. Lo dice a los cuatro vientos Benito
Pabón y a estas horas lo sabrán todos los juristas del mundo.
Jamás en la historia se ha dado caso igual. En la Alemania hitleriana,
el abogado norteamericano David Lewison pudo defender con toda clase de garantías
al comunista Dimitrov, durante el conocido proceso de Leipzig; idénticas
facilidades encontró en la defensa de los lideres estalinistas Rakosi
y Prestes, en Hungría y Brasil, respectivamente. En ningún país
del mundo se puso jamás cortapisa alguna a las defensas; éstas
contaron siempre con las máximas facilidades en sus gestiones preliminares
y en su función ante el tribunal correspondiente. En España,
durante los peores tiempos de la reacción monárquica, incluso
durante el periodo de dictadura militar, fue respetado el libre ejercicio
de la defensa jurídica Sin embargo, en la España actual, en
la España republicana y democrática, un abogado español,
antifascista conocido y con un alto puesto en el Tribunal Supremo, no puede
ejercer sus funciones de defensor de unos procesados; se le escarnece, se
le violenta y se le amenaza hasta obligarle a irse definitivamente al extranjero.
Esta es la realidad que nadie podrá borrar.
Bien claro está lo que el estalinismo quiere hacer con nuestros camaradas.
Hasta el presente se lo ha impedido la protesta airada y consciente del proletariado
mundial, francamente solidario con nuestra organización. Pero el peligro
subsiste. Ante esta situación, el POUM lanza un llamamiento solemne:
Proletarios de todos los países, ¡Unios en torno a la revolución
española! ¡Defenderla contra todos los que quieran estrangularla
y estrangularnos!
ANEXO 1. ESCRITO DE CALIFICACIÓN DEL FISCAL DE LA REPÚBLICA
EN EL PROCESO CONTRA EL POUM
«Al Tribunal Central Especial de Espionaje y Alta Traición:
EL FISCAL, evacuando el traslado que se le ha conferido, ha quedado instruido
de la presente pieza del sumario número 1, letra O de 1937 del Juzgado
Especial, rollo de sala número 23 del mismo año, y se muestra
conforme con el auto de conclusión del sumario. Y antes de formular
en este mismo escrito sus conclusiones provisionales, solicita:
1°. Que se dicte auto de sobreseimiento provisional del párrafo
1° del artículo 641 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal a favor
de los procesados FRANCISCO GÓMEZ PALOMO, JOSÉ RODRÍGUEZ
ARROYO, VÍCTOR BERDEJO JIMÉNEZ, FRANCISCO CLAVEL RUIZ, DOSITEO
IGLESIAS DOCAMPO y PEDRO AGUILERA SARDÁ, que, por ser recluta no presentado
y poseer sin licencia un arma corta de fuego, deberá ser puesto simultáneamente
a disposición de la autoridad militar competente y del Tribunal Popular
de Barcelona, remitiendo a tales hechos testimonios y literal de los folios
743 vuelto, 748 y 792 del sumario.
2°. Comoquiera que los folios 1.021 al 1.073 contienen la causa 78 del
Juzgado de Instrucción de Gerona, rollo 392 de 1937 de su Audiencia,
cuyos hechos no tienen relación alguna formal con la presente, deberán
ser desglosados dichos folios y remitidos a su origen conjuntamente con los
procesados SALVADOR VIZCARRI, JUAN RIBO, ALBERTO FARRA, FRANCISCO MILL y AGUSTÍ
BAQUÉ.
3°. Solicita la apertura del juicio oral para los demás procesados,
a cuyo
efecto formula las siguientes CONCLUSIONES PROVISIONALES:
Primera
A)Desde poco después del día 18 de julio de 1936, el partido
titulado «Partido Obrero de Unificación Marxista» (POUM),
inició, bajo la dirección de su Comité ejecutivo, una
intensísima propaganda demagógica, en la que, a pretexto de
disparidades doctrinales con todas las organizaciones políticas y obreras
que desde el día referido se opusieron con las armas al Ejército
sublevado, se atacaba duramente a dichas organizaciones, a la República
y a su gobierno central, así como a los gobiernos autónomos
de Cataluña y Euzkadi. Como norma directriz de su propaganda o enunciado
programático propugnaba el POUM por la supresión de la República
y de su gobierno democrático mediante la violencia y la constitución
de una dictadura del proletariado, ejercitada por un gobierno de obreros y
campesinos, el cual, como es lógico, tendría que recaer en manos
de los afiliados del POUM.
A los fines de tal propaganda, a más del mitin y de las diversas
emisoras de radiodifusión instaladas en Barcelona y en otros lugares,
utilizaba el referido
partido una copiosa prensa diaria y semanal que aparecía en Cataluña,
Levante, Castilla, Aragón y otras regiones españolas, e incluso
en los frentes como el de Aragón, donde el POUM tenía algunas
de sus Milicias. Dicha prensa se inspiraba toda ella en el periódico
La Batalla, órgano central del partido, editado en Barcelona, y cuyos
editoriales y artículos doctrinales eran reproducidos por Juventud
Comunista, órgano de la Juventud Comunista Ibérica y entre otros
por los siguientes periódicos pertenecientes al partido: “El Combatiente
Rojo”, “Guía”, “El Plà de Bagues”, “Avanti”, “Impuls”, “Alerta”,
Front, POUM, Lluita, Camarada, Artillería Roja, Adelante, La Hispana
“Revolución”, “Horizons Nous”, “Emancipación”, “Combat”, “L'Hora”,
“Acció”, “El Comunista”, “Avanzada”, “Obreros y Soldados”, “La Torxia”,
“L'Espurna”, “Socorro Rojo del POUM”, “Escola Socialista”, “Baix Panadés”,
etc. Como se ve por sus títulos, dicha prensa iba redactada en castellano
y en catalán; pero además poseía el POUM otros órganos
en idioma extranjero, como “Bulletin Mededtlinger Van de POUM”, “The Spanish
Revolution”, “Bolletino d'Informazione del POUM”, “Die Spaniche Revolution”,
“Juillet” y otros. A toda esta copiosa redacción, impropia de la exigua
masa de afiliados que tuvo siempre el POUM, se ha de agregar una enorme cantidad
de pasquines, hojas volanderas y boletines de orden interior, parte de los
cuales fueron ocupados en los locales del partido, y otros se deducen de
la prensa poumista obrante en los autos o de la prensa no perteneciente al
partido que se acompaña. Por todo ello se observa, pues, el enorme
esfuerzo desarrollado por el POUM de disponer en cantidades desproporcionadas
a su fuerza política de armas tan poderosas de difusión y de
sugestión de masas, como son la radio emisora, la prensa y la organización
de mítines, armas costosísimas de mantener y que el POUM derrochó
en forma ascendente desde julio de 1936 a julio de 1937, con un presupuesto
de gastos que forzosamente tenía que ser superior a los ingresos que
podían proporcionarle sus afiliados.
Leyendo detenidamente en forma cronológica toda esa prensa, y muy
en particular “La Batalla”, fuente oficial del POUM, se observa que la difusión
“meramente doctrinal” de la tendencia político-social que el partido
dice encarnar, se transforma en una agresión sistemática constante
y decidida a todas las instituciones de la República, de los partidos
republicanos al nacionalista y católico vasco, a los de contenido obrerista,
a las sindicales CNT y UGT y a todos los obreros representativos y dirigentes
de los mismos, desde su excelencia el presidente de la República a
los componentes del último Comité local del Frente Popular.
No se limitan los ataques del POUM al ámbito civil, sino que alcanzan,
con violenta estridencia, al Ejército popular. Y si compulsamos las
distintas etapas de nuestra guerra civil y de independencia, desde que se
inició hasta julio de 1937, con los ataques del POUM a las instituciones
de la República y organizaciones políticas y sociales que la
sostienen, vemos que dichos ataques coinciden con los momentos en que más
grave es la situación interior e internacional de España: en
los momentos en que las vicisitudes de la guerra exigen del pueblo el máximo
esfuerzo para oponerse al paso de los ejércitos italo-alemanes que
invaden la patria, apoyados por el ejército espolique de los generales
sublevados. No se detiene aquí el POUM en su agresión, sino
que alcanza de modo soez e inaudito a los pueblos que en el ámbito
internacional con más tesón defienden la causa de la República,
y en el ámbito nacional tal auxilio material y moral nos han prestado
que gracias a él el pueblo español puede defender su independencia.
A seguida de la pérdida de Málaga, en febrero de 1937, aumenta
la violencia de la campaña emprendida por el POUM y ésta llega
a su grado álgido a fines de abril y principio de mayo del citado año,
precisamente cuando los ejércitos invasores ocupan Euzkadi y el pueblo
español se bate heroicamente en Asturias, Andalucía y Castilla,
frente a un enemigo considerablemente más poderoso en armamento, en
técnica y en hombres. Y cuando más angustiosa es la situación
militar para la República, cuando mayor es la indiferencia internacional
para ella, la provocación del POUM llega al punto final que se había
propuesto: a producir las luctuosas jornadas del 3 al 7 de mayo de 1937 en
Cataluña, que tuvieron también repercusiones en Valencia y
Aragón. Las fechas inmediatamente anteriores a dichas jornadas, y
especialmente la del 1 de mayo, La Batalla es en cada una de sus líneas
una excitación al alzamiento contra los gobiernos de Valencia y de
Cataluña, una provocación a las fuerzas de Orden público
y al Ejército popular y una llamada al desorden y a la desmoralización
de la población leal. Individuos afiliados al POUM y dirigidos por
el Comité ejecutivo nacional de dicho partido inician el alzamiento
disparando desde la Telefónica de Barcelona contra las fuerzas de
la Guardia de Seguridad; levantan por las calles barricadas; asaltan los
edificios públicos; se preparan a formar un gobierno que denominan
de «obreros y campesinos»; arrastran con su demagogia a algunos
sectores obreros que creyeron de buena fe que el alzamiento era para defender
las conquistas sociales de la República; asesinan a numerosas personas
pertenecientes a partidos y organizaciones del Frente Popular; ponen en peligro
la vida y los bienes de los súbditos extranjeros: utilizan contra
las fuerzas del Ejército popular, que acuden a contener el alzamiento,
los fusiles, las ametralladoras, los cañones y los tanques y autos
blindados que las Milicias del POUM fueron detrayendo del armamento que el
gobierno central enviara para el frente de Aragón. Y mientras esto
sucedía en Barcelona y en otras poblaciones de Cataluña -con
repercusiones en Valencia, Gandía, Barbastro, etc.-, la «DIVISIÓN
29», formada en su inmensa mayoría por afiliados o simpatizantes
del POUM, mandada por uno de los dirigentes del partido, el procesado Rovira,
y cuyo cuadro de oficiales estaba integrado también por individuos
del mismo partido, abandonó las posiciones que ocupaba ante el enemigo
en el frente de Aragón y marchó sobre Barbastro, Binéfar,
Lérida y otras localidades, donde los milicianos poumistas, en unión
de otros incontrolados que también abandonaron el frente, cometieron
toda clase de desmanes y llevaron el terror hasta los campesinos de dicha
comarca durante los días 5, 6 y 7 siguientes del referido mes de mayo;
y esto hasta que el gobierno de la República hubo de mandar fuerzas
de otros frentes para ocupar la brecha abierta por el abandono de la División
29 y para reducir a los batallones de la misma. En coordinación con
estos hechos, en Barcelona y en el cuartel Lenin, residencia de la 135 Brigada
Mixta, formada por el POUM, las fuerzas de la misma se unieron el día
4 de mayo a los grupos sublevados en la calle. Todo ello repercutió
notablemente en la situación militar de la República y en favor
de las armas enemigas, y puso a Cataluña y al resto de España
leal al borde de una intervención directa de las potencias europeas,
especialmente Italia, cuya intervención hubiera dado fin al mandato
del gobierno republicano para sustituirle por el de los generales rebeldes,
pues, como decía la prensa internacional- «el generalísimo
Franco es el único que puede en España formar un gobierno de
orden que sea garantía de paz en Europa». Todo ello enaltecía
el prestigio de los rebeldes en el extranjero, deprimía acusadamente
el del gobierno de la República y ayudaba eficacísimamente a
la propaganda internacional contra el pueblo español, que era representado
como incapaz de gobernarse por sí mismo.
Al poco tiempo de lo relatado se descubrió en Madrid una organización
fascista de espionaje, capitaneada al parecer por el arquitecto Javier Fernández
Golfín, a quien se le intervino un plano de Madrid, milimetrado, que
había de ser remitido al campo faccioso, y al dorso del cual, en tinta
simpática se halló escrito, con clave descifrada por el Estado
Mayor, y entre otras cosas, lo siguiente: «Su orden sobre la infiltración
de nuestros hombres en las filas extremistas anarquistas y del POUM se lleva
a cabo con éxito... En cumplimiento de su orden fui yo mismo a Barcelona
para entrevistarme con el miembro activo del POUM N. Le comuniqué todas
sus indicaciones. La falta de comunicación entre usted y él
se complica por la avería que sufrió la emisora, la cual comenzó
a funcionar de nuevo estando yo todavía allí. Seguramente habrá
recibido usted la contestación referente al problema fundamental. “N”
ruega encarecidamente de usted y de los amigos extranjeros que sea yo única
y exclusivamente la persona señalada para comunicarme con él.
Él me ha prometido enviar a Madrid nueva gente para activar los trabajos
del POUM. Con estos esfuerzos el POUM llegará a ser, a la altura que
en Barcelona, un firme y eficaz apoyo de nuestro movimiento».
Este documento hubo de ser escrito entre el 24 al 28 de abril de 1937. Si
unimos este importante documento a los que obran en autos y los que emanan
de otros procesos seguidos por espionaje y alta traición, especialmente
el sumario 14 de 1938 del Juzgado especial número 2, afecto al Tribunal
central, se llega a la conclusión de que el POUM, como entidad social
dirigida por su Comité ejecutivo, estaba en íntimo contacto
con las organizaciones fascistas de la España rebelde, a las cuales
servía, y asimismo en relación directa con las organizaciones
internacionales conocidas con el nominativo genérico de «trotsquistas»,
y cuya actuación en determinada potencia amiga de la República
española puso de relieve que se hallan al servicio del fascismo europeo
y asiático. Y es al llegar hasta aquí con las pruebas documentales
anteriores a la incoación del sumario, con las aportadas durante la
tramitación misma y con las que han ido apareciendo hasta el momento
de redactar estas conclusiones, cuando se dibuja claramente toda la línea
de conducta seguida por el POUM desde que se produjo el alzamiento militar
hasta la fecha: un partido que al amparo de un izquierdismo estridente y de
una pretendida doctrina revolucionaria, estaba, por medio de su Comité
ejecutivo, al servicio de los generales traidores y de las naciones totalitarias
que invaden nuestra patria. Necesario es decir que la masa obrera aliada al
POUM no ha sido más que un instrumento ciego de sus dirigentes, hasta
el momento en que, producido el fallido putsch de mayo de 1937, la inmensa
mayoría se dio cuenta del precipicio a que el POUM conducía
a la República. Con todos estos antecedentes y con hojear simplemente
la colección de La Batalla y de los otros órganos periodísticos
citados, podemos ya fijar de un modo claro y terminante las actividades del
POUM contra el pueblo español, y que se caracterizan:
1°. Por los ataques constantes y sistemáticos contra el Parlamento
de la República y el de Cataluña, la supresión de los
cuales se preconiza incluso mediante la violencia.
2°. Por la campaña más desenfrenada que conocen el periodismo
y la política española contra el Frente Popular, sustentador
éste de nuestra democracia, y al que el POUM achaca todos los males
imaginables.
3°. Por la constante difamación de los hombres que van integrando
los distintos gobiernos de España y Cataluña, cuya sustitución
pide violentamente el POUM, a fin de formar él otros de «obreros
y campesinos», asaltando «el Poder».
4°. Por la enconada diatriba contra los partidos que forman el Frente
Popular: Izquierda Republicana, Unión Republicana, Esquerra de Cataluña,
Nacionalistas y Católicos Vascos, Partido Socialista Obrero Español,
Partido Comunista, Partido Socialista Unificado de Cataluña y Juventud
Socialista Unificada.
5°. Por el afán constante de enemistar a las dos grandes Centrales
sindicales
obreras, CNT y UGT, fomentando entre los sindicatos cualquier mínimo
motivo de discordia.
6°. Por la identidad de criterio con el fascismo nacional e internacional
respecto a la interpretación dada a la ayuda que la Unión de
Repúblicas Socialistas Soviéticas ha venido prestando en bienes
morales y materiales a la República, a la difamación sistemática
contra los dirigentes políticos rusos, y a la injuria y a las calumnias
propaladas contra la justicia, el Ejército y la Administración
soviética.
7°. Por la intensa propaganda contra nuestro Ejército Popular,
su mando único, su oficialidad y su Comisariado, a los que se atribuyen
todos los naturales descalabros que en guerra tan violenta como la que sostenemos
forzosamente se tienen que producir; por la insistente petición de
que se suprima tal Ejército popular y se le sustituya por otro «revolucionario»,
con interpretación sui géneris del POUM, y por la excitación
a favor de que los movilizados no se incorporen ni obedezcan al gobierno.
8°. Por facilitar en la zona leal la propaganda facciosa publicando
los pasquines y proclamas arrojados por los rebeldes sobre el campo republicano
(v. gr.: el número del 5 de diciembre de 1936 de La Batalla).
9°. Por el derrotismo sistemático que con noticias falsas respecto
a medidas
de gobierno, de orden económico, de abastecimiento, etc., se ha realizado,
así como en el enjuiciamiento de las operaciones militares.
10º. Por la íntima relación que se advierte en la intensa
campaña que contra la República ha venido haciendo el POUM con
aquella que los fascistas han hecho y hacen, y asimismo con la que amparan
los periódicos extranjeros hostiles a nuestra causa.
11°. Por la concomitancia que se observa entre las actividades de algunas
organizaciones fascistas de espionaje y el POUM, genéricamente considerado;
y
12°. Finalmente, con el monstruoso alzamiento de mayo de 1937 en Cataluña
y Aragón, y cuya referencia más arriba se dice.
B) Idénticas actividades de orden colectivo deben atribuírsele
a la Juventud Comunista Ibérica, por cuanto el Comité central
ampliado del POUM resolvió el 23 de diciembre de 1936:
1° La Juventud Comunista Ibérica es la organización juvenil
del POUM. [...] 4° La Juventud Comunista Ibérica depende política
y orgánicamente del partido. Los Comités del partido nombrarán
delegados en los Comités de la Juventud. [...] 9° Entre el partido
y la Juventud existirá una relación constante a través
de los Comités y las Comisiones de Trabajo». De donde se advierte
que lo mismo el partido como su Juventud actuaban de consuno, con unidad de
acción y de propósito, en los hechos hasta ahora relatados.
C) En el ámbito de la actuación individual de los procesados
hemos de colocar en primer término a ANDRÉS NIN PÉREZ,
que ejercía cargo de secretario político del Comité ejecutivo
del POUM. Este procesado fue detenido en Barcelona el 16 de junio de 1937,
con motivo de haber sido descubierto por la policía de Madrid el plano
milimetrado al que más arriba se hace referencia, y que dio origen
a que se incoara el presente proceso. Sin que pueda afirmarse, desde el punto
de vista de la individualización de la imputabilidad, que Andrés
Nin sea precisamente el dirigente citado en el texto dorsal cifrado en el
plano, si se puede sentar la afirmación de que hay una relación
estrecha entre la frase «con estos refuerzos el POUM llegará
a ser, a la altura que en Barcelona, un firme y eficaz apoyo de nuestro movimiento»,
y la campaña de agresión seguida por el Comité ejecutivo
contra el gobierno de la República, y que culmina en el levantamiento
de mayo de 1937. Relación estrecha que aumenta al hojear la documentación
del sumario número 14 de 1938 del Juzgado especial número 2,
entre la cual, a más de los esquemas de un lanzabombas especial de
nuestro Ejército, facilitados a una organización de espionaje
fascista por el POUM, se hallan comunicados y cartas en los que se pone en
evidencia que dicho partido «iba a producir una sublevación»
y además tenia que «eliminar» a un ministro del gobierno
central y a prestigiosos jefes del Ejército popular, todo ello corroborado
por declaraciones de los encartados, no ya ante el departamento especial
de información de Estado, sino ante la presencia judicial. Abona además
esta relación la actividad de Andrés Nin en la prensa y en
el mitin, así como la parte activísima que como miembro del
Comité ejecutivo y secretario político del mismo hubo de tomar
en el alzamiento de mayo de 1937, cuya provocación y dirección
procede se le impute, así como a sus demás compañeros
de proceso que más abajo se irán citando. Asimismo se le debe
imputar la actuación directa y personal algunas veces, otras la sugerencia
y otras el mandato, de todos los hechos que se han relatado en el apartado
A) que antecede, y cuyo relato aquí ocuparía un espacio innecesario,
ya que se habrían de copiar los escritos, las conferencias y los discursos
que en La Batalla se insertan (por ejemplo: los números correspondientes
al 27 de octubre de 1936, 11, 13, 17 y 29 de diciembre del mismo año;
4 de marzo de 1937, 1 de mayo de 1937, etc.), así como en otras publicaciones.
Detenido Andrés Nin, como queda dicho, el 16 de junio de 1937, fue
trasladado a una prisión de Madrid y de ella a un hotel habilitado
para prisión situado en Alcalá de Henares, de donde el día
22 de junio de 1937, a las veintiuna horas y treinta minutos, logró
evadirse mediante el apoyo exterior de un grupo de individuos uniformados,
que redujeron la guardia del hotel y con los que se marchó Andrés
Nin, quien por no haber sido habido, a pesar de las pesquisas policiacas,
fue procesado en rebeldía.
También pertenecientes al Comité ejecutivo con unidad de acción
y de propósito y misma finalidad delictiva, los procesados ENRIQUE
ADROHER PASCUAL (“Gironella”), secretario de Propaganda; JUAN ANDRADE RODRÍGUEZ,
PEDRO BONET CUITO, JULIÁN GÓMEZ GARCÍA (“Gorkin”), director
de “La Batalla”, y JORGE ARQUER SALTÓ, éste en rebeldía,
cooperaron directamente con Andrés Nin en todos los hechos a éste
atribuidos anteriormente, por cuanto toda la labor de dirección solamente
podría realizarse de un modo colectivo por los componentes del Comité
ejecutivo, que es el que firma las proclamas subversivas, las consignas contrarias
a los gobiernos de Cataluña y de España, al Frente Popular,
al Parlamento y al Ejército popular; es el que prepara y ejecuta el
alzamiento de mayo de 1937; el que tiene las concomitancias ya referidas con
organizaciones fascistas; el que utiliza las claves secretas, las emisiones
de radio; el que ordena y dispone la salida de España de gran cantidad
de oro y de obras de arte mal adquiridas y peormente enajenadas; el que tiene
relación con la pléyade de aventureros extranjeros que bajo
el disfraz de «soldados internacionales» se acogen a las filas
del POUM y que la policía ha tenido que ir expulsando del territorio
nacional por la vehemente sospecha a veces y otras seguridad de que eran agentes
de la Gestapo y de la Ovra, especialmente de aquélla, que tan admirablemente
había montado el nacionalsocialismo en Cataluña bajo la dirección
del cónsul general de Alemania, Otto Koecher, y el jefe de la Sección
española del NSDAP, Juan Hellemnan, y el del frente de trabajo alemán
en España, Antón Leister, que el 8 de junio de 1936 colocaron
la primera piedra de «La Casa de Alemania», de Barcelona. Es
el Comité ejecutivo, por la actuación personal de sus miembros,
el que ordena a la 29 División abandonar sus posiciones de Huesca
para sumarse al levantamiento de mayo; el que después de dicho levantamiento,
que resultó fallido, convoca el Comité ampliado, en cuya reunión
del 11 de dicho mes de mayo logra que dicho Comité ampliado apruebe
la actuación del Comité ejecutivo de toda la labor preparatoria
y rectora del alzamiento, pretendiendo así diluir en una multitud
de individuos la responsabilidad de todos, únicamente imputable a
los procesados que se han mencionado y al también procesado en rebeldía
José Rovira Canales, el ya citado jefe de la 29 División, miembro
del Comité central del Partido, cuyos actos ya se han relatado y quien
en dicha reunión expuso detenidamente cómo ejecutó el
abandono de las posiciones de Huesca y ocupó con sus fuerzas Barbastro
y marchó sobre Binéfar y Lérida.
Y como actuación pública de todos los procesados hasta ahora
mentados basta ver sus escritos y sus palabras en la tantas veces citada colección
de La Batalla y otras publicaciones que obran en autos, incluso el procesado
Rovira, cuyas manifestaciones en el mitin del Olympia, de Barcelona, el 28
de diciembre de 1936, e interviú de 7 de marzo de 1937, suscribe y
afirma en un todo la línea directriz de la conducta delictiva del
Comité ejecutivo.
D) En segundo plano se hallan los procesados DANIEL REBULL CABRÉ
(«David Rey»), del Comité central del Partido, y JOSÉ
ESCUDER POYES, jefe de redacción y confección de La Batalla.
El primero, cooperando simultáneamente a los actos realizados por
los miembros del Comité ejecutivo, hubo de marchar en noviembre de
1936 a Méjico para hacer propaganda a favor del POUM y obtener medios
económicos para el partido, y al regresar a España en febrero
de 1937 auxilió a los procesados citados en los anteriores apartados
en la ejecución de los actos a ellos atribuidos. El segundo, como
jefe de redacción, compuso editoriales, dirigió la confección
de toda la propaganda disolvente aparecida en La Batalla y coadyuvó,
por tanto, eficazmente a los hechos criminosos que con carácter de
excitación y de derrotismo se hicieron por medio de la Prensa.
Segunda
Los hechos relatados anteriormente constituyen un delito de traición
definido en el último inciso del número 6° del articulo
223 del Código de Justicia Militar y penado en el párrafo 1°
del mismo artículo, relacionado con los números 2°, 3°
y 4° del artículo 1° del decreto de 13 de febrero de 1937,
y, con eso, con los delitos contra la seguridad de la patria que tipifican
y sancionan el número 5° del artículo 228 y el párrafo
1° del artículo 230 del citado Código, modificados por la
ley del 26 de junio de 1935.
Asimismo dichos hechos referidos constituyen un estado de asociación
ilícita del artículo 185 del Código penal ordinario,
en relación con el articulo 15 de la ley de 30 de junio de 1887, en
cuyo estado se hallan inclusos el Partido Obrero de Unificación Marxista
y la Juventud Comunista Ibérica.
Tercera
Son responsables de los referidos delitos en calidad de autores, a virtud
de lo dispuesto en los números 1° y 2° del artículo
14 del Código penal ordinario, los procesados ANDRÉS NIN PÉREZ,
ENRIQUE ADROHER PASCUAL, JUAN ANDRADE RODRÍGUEZ, PEDRO BONET CUITO,
JULIÁN GÓMEZ GARCÍA, JORGE ARQUER SALTÓ y JOSÉ
ROVlRA CANALES; y responsables en calidad de cómplices, según
el articulo 16 del mismo Código, los procesados DANIEL REBULL CABRÉ
y JOSÉ ESCUDER POVES.
Cuarta
Concurren cada uno de los procesados en la circunstancia especifica del
articulo 173 del Código castrense, en relación con el párrafo
1° del articulo 2° del decreto del 13 de febrero de 1937.
Quinta
Esta representación, siguiendo la norma consuetudinaria establecida
por el Tribunal, se reserva el derecho de solicitar la pena que estime justa
después del resultado de la prueba que se efectúe en el acto
del juicio. Pero si solicita, desde luego, se decrete la disolución
del Partido Obrero de Unificación Marxista, así como la de su
filial la Juventud Comunista Ibérica, dando a los bienes de ambas Asociaciones
el destino legal.
Sexta
Habida cuenta de que se dividiría notablemente la continencia de
la causa y la objetividad del proceso si se prescindiera de enjuiciar conjuntamente
con los presentes a los procesados rebeldes JORGE ARQUER, ANDRÉS NIN
y JOSÉ ROVIRA, deberá el Tribunal dar cumplimiento a lo dispuesto
en el artículo 115 del decreto de 7 de mayo de 1937. y en su consecuencia,
una vez instruidas las defensas del sumario, dándoles así las
máximas facilidades que ofrece el procedimiento ordinario, y una vez
evacuado el trámite de calificación con ellas y antes del señalamiento
del juicio oral, se solicite la previa autorización que la ley fija.
PRIMER OTROSÍ DICE:
Para el acto de juicio oral, esta representación se valdrá
de la siguiente prueba, cuya aceptación solicita del Tribunal:
a) Examen de los procesados.
b) Testifical, a cuyo efecto serán citados de oficio los siguientes
testigos
sumariales:
Manuel Aguirre Cepeda, folio 786.
Ramón Arteu Vidal, folio 980.
Pedro de Buen y López de Heredia, 806.
José Maria Rabasa Reimán, 714.
Juan Ferrer Juliá, 716.
Emil Benvuart, 491.
Fernando Valentín Fernández, 443-290.
Julián Zugazagoitia Mendieta, 61.
César Falcón y Garfias, 106.
Jacinto Rosell Colón, 448.
Juan Bautista Carmona Delgado, 140 vuelto.
Santiago González Fernández, 141 vuelto.
J. Uceda, 141 vuelto.
Manuel Simón, 141 vuelto.
Más todos aquellos testigos que sucesivamente se irán
indicando por esta representación y los que aportará en el momento
del juicio oral.
c) Documental. Por lectura de los siguientes folios del sumario: 1, 2, 3,
14, 15, 53, 65, 76 a 91, 92, 93, 94, 95 al 104, 138 al 142, 148, 153, 166,
180, 181, 182, 196, 197, 198, 240, 244, 245, 246 al 249, 312, 320, 321, 366,
367,369, 376 al 381,419 Al 422, 477, 501, 514, 530, 534, 539, 575, 576, 577
al 651, 659 vuelto al 704, 706, 707, 710, 712, 713, 762, 786, 800, 805, 807,
812, 819 al 837, 838, 839 al 843, 844 al 851, 852 al 857, 858 al 864 al 868,
889, 910, 915, 921, 922 y 923, 924 y 926, 944, 946 al 948, 981 al 986 y el
1013.
Más todos los documentos que obran en la carpeta adjunta, recogidos
en los registros realizados, así como aquellos que se hallen en la
maleta y en el saco de autos.
Más las colecciones del periódico “La Batalla” en el mes de
julio de 1936 a junio de 1937 y demás periódicos citados en
la primera conclusión, que deberán ser pedidos por el Tribunal
a la Consejería de Gobernación de la Generalidad de Cataluña
y a la Dirección general de Seguridad, para que por ambas entidades
se ordene la incautación oportuna; sin perjuicio de que por el propio
representante del Ministerio público se aporten al juicio los ejemplares
que estime pertinentes.
Más los siguientes, que deberán solicitar del Tribunal: primer
informe del Estado Mayor del Ejército del Este respecto a la coacción
de la 29 División en los primeros días de mayo de 1937, así
como los motivos y fecha de su disolución; idéntico informe
de la Subsecretaria del Ejército de tierra. Segundo informe del 21
de mayo de 1937 que emitió la Asesoría jurídica del frente
de Aragón respecto a los sucesos del mismo mes, y anexos posteriores
a dicho informe. Tercer informe de la Comisaría de Orden público
de Barcelona acerca de la actuación del POUM en los sucesos de mayo
de 1937, relación de los mismos, su origen y causas y número
de víctimas que hubo.
Más aquellos que esta representación pueda solicitar ínterin
se señale fecha para el juicio oral y los que en el acto del mismo
pueda aportar.
d) Pericial caligráfica. Los extremos a que se contraerá esta
prueba se indicarán en el acto del juicio, y para su práctica
deberán ser citados de oficio los peritos calígrafos que normalmente
han venido compareciendo en calidad de tales y en distintos procesos, ante
este Tribunal.
e) La que se ponga de contrario.
SEGUNDO OTROSÍ DICE:
Con el fin de que lo mismo las defensas que esta representación puedan
tener preparada la prueba que hayan de utilizar en el acto del juicio oral,
y especialmente la testifical, que necesita de citación oficial, solicita
que se
modifique el comienzo de la vista con quince días de anticipación,
por lo menos, a aquel que se fije por el Tribunal a tal efecto, y todo ello
en méritos de la gran elasticidad que merece este proceso desde el
punto de vista del procedimiento, a fin de desvirtuar infundios, con relación
a las garantías
de las defensas, propalados en el extranjero.
Barcelona, 11 de junio de 1938»
ANEXO 2. SENTENCIA Nº 54 CONTRA EL POUM
«Tribunal:
Presidente, don Eduardo Iglesias Portal. Magistrados, don Manuel Hernando
Solana, don Ernesto Beltrán Díaz, don Julián Calvo Blanco
y don Juan Manuel Mediano Flores.
En la Ciudad de Barcelona, a veintinueve de octubre de mil novecientos treinta
y ocho.
VISTA en juicio oral y público la causa procedente del Juzgado Especial
designado por el Tribunal Supremo para esclarecer hechos y exigir responsabilidades
a elementos del POUM, sumario número uno, rollo número veintitrés
de mil novecientos treinta y siete, instruida por delito de espionaje contra
los procesados JUAN ANDRADE RODRÍGUEZ, de treinta y cuatro años
de edad, casado, periodista, hijo de Adolfo y de Vicenta, natural de Madrid
y vecino de Barcelona; JOSÉ ESCUDER POVES, de treinta y cuatro años
de edad, casado, periodista, hijo de José y de Pilar, natural y vecino
de Barcelona; JULIÁN GÓMEZ GARCÍA, de treinta y seis
años de edad, casado, hijo de Pascual y de Consuelo, natural de Benifairó
de les Valls y vecino de Barcelona; ENRIQUE ADROHER PASCUAL, de veintinueve
años de edad, casado, maestro nacional, natural de Gerona y vecino
de Barcelona, hijo de Enrique y de Narcisa; PEDRO BONET CUITO, de treinta
y seis años de edad, casado, tipógrafo, hijo de Pablo y de Teresa,
natural de Lérida y vecino de Barcelona; DANIEL REBULL CABRÉ,
de cuarenta y ocho años de edad, casado, mecánico, hijo de Fidel
y de Dolores, natural de Tibisa (Tarragona) y vecino de Barcelona, y JORGE
ARQUER SALTÓ, de treinta y un años de edad, casado, dependiente
de comercio, hijo de Jaime y de Josefa, natural y vecino de Barcelona: todos
ellos en prisión por esta causa y defendidos por el Letrado Don Vicente
Rodríguez Revilla; siendo parte acusadora el Ministerio Fiscal, representado
por el Abogado Fiscal del Tribunal Supremo, Excmo. Sr. Don José Gomis
Soler, y Ponente el Magistrado Iltmo. Sr. Don Ernesto Beltrán Díaz.
PRIMERO RESULTANDO: En el mes de julio de mil novecientos treinta y seis
surgió en España una sublevación militar que tenía
por objeto anular el régimen democrático del Estado para instaurar
otro de carácter autoritario, disolver los partidos y organizaciones
de ideario progresivo y hacer desaparecer las mejoras económicas conseguidas
por la clase obrera a través de la política social desarrollada
por los gobiernos republicanos. Inmediatamente de tener conocimiento de tal
suceso, los partidos políticos republicanos, las organizaciones obreras
y las masas populares, que sin estar implicadas en idearios definidos llevaban
en sus sentimientos la tradición liberal del pueblo español,
se unieron de modo espontáneo para oponerse al acto de fuerza de los
organismos armados y defender las instituciones de la República, defensa
que se
hizo en un principio a través de la concepción que cada agrupación
ciudadana tenía sobre la organización social y la constitución
del Estado. Esta actuación
inconexa de los diversos grupos que constituían la unión defensiva
del contenido democrático en la lucha contra los sublevados y de impregnación
en la vida nacional de los principios propios de cada uno de ellos, creara
dificultades al gobierno, que era regulador de las más diversas aspiraciones,
y entorpeciera la defensa y la ordenación de la vida pública,
en términos que podían poner en peligro el triunfo del poder
legitimo sobre el faccioso instaurado por los sublevados. Dándose cuenta
de este peligro, los partidos políticos y las agrupaciones obreras
buscaron sus puntos de coincidencia y separaron cuanto pudiera dividirles
en la lucha emprendida y resolvieron prescindir de la efectividad de sus propias
aspiraciones ideológicas para fortalecer al gobierno legítimo,
bien mediante su colaboración en el seno del mismo, bien por el apoyo
que desde fuera de él pudieran prestarle; de tal forma, casi desde
los primeros momentos de iniciarse la sublevación militar, se llegó
a definir en la conciencia de cuantos contra ella luchaban que el deber de
todos los españoles liberales era el mantenimiento de las instituciones
legítimas, la solución de los problemas públicos dentro
del marco constitucional y la defensa de la República democrática
como denominador común de todas las tendencias progresivas, símbolo
de convivencia de los españoles y estado político que permite
un desarrollo pacífico de todos los idearios. El Partido Obrero de
Unificación Marxista, agrupación política legalmente
constituida, que aspira a la instauración de un régimen de economía
socialista y de dictadura proletaria en sus comienzos, mediante el desarrollo
de las teorías revolucionarias que le son propias y que le mantienen
alejado de las diversas uniones internacionales, fue uno de los que, desde
los primeros instantes de la sublevación, luchó contra los
rebeldes al lado de los demás elementos antifascistas. Mas dicho partido,
que estaba dirigido y orientado por su Comité ejecutivo, del que formaban
parte los procesados en esta causa Julián Gómez García,
Jorge Arquer Saltó, Juan Andrade Rodríguez, Enrique Adroher
Pascual y Pedro Bonet Cuito, mostróse en todo momento poco dispuesto
al renunciamiento inmediato de sus aspiraciones específicas en beneficio
de la defensa de la República tal como está constituida. Lejos
de ello, como vieran que la política de los gobiernos republicanos,
apoyados tanto por los demás partidos políticos como por las
agrupaciones obreras, seguían fielmente el cumplimiento de los preceptos
constitucionales en que tuvieron su origen y procuraban encajar toda la vida
nacional dentro de las leyes republicanas, sin perjuicio del respeto a la
organización política, social y económica que la Nación
pudiese darse de modo democrático cuando, una vez terminada la sublevación,
fuera consultada su voluntad, dichos acusados, como miembros directivos del
Partido Obrero de Unificación Marxista, persistieron en su línea
revolucionaria, encaminada a la implantación más inmediata posible
de la ideología que le es propia, sin considerar los perjuicios que
en aquellos momentos podía ocasionar su actuación a los supremos
intereses de defensa del Régimen como representante de las aspiraciones
inmediatas de los demás sectores de la vida nacional. A tales fines,
los procesados referidos, determinaron sustancialmente las siguientes actividades
del Partido Obrero de Unificación Marxista, por lo que al interés
de este proceso respecta:
a) Lucha en los frentes de batalla, principalmente en el de Aragón,
contra las fuerzas armadas de los sublevados y contra los ejércitos
de invasión, para lo cual organizaron en un principio unidades de milicias
armadas, adquirieron en España y fuera de ella, o trataron de adquirir,
material bélico y admitieron la colaboración de elementos extranjeros
cuya lealtad y sinceridad antifascista no siempre fue debidamente comprobada.
Pretendieron conservar siempre el mando de tales unidades militarizadas y
extender su influencia de partido sobre cuantas otras les fuera posible,
con el propósito de tener un apoyo sólido para la conquista
del poder político, en caso de que se presentaran las condiciones
objetivas necesarias, que ellos mismos procuraban crear, para sustituir al
gobierno legítimo por otro netamente obrero y campesino dispuesto
a instaurar revolucionariamente las doctrinas que le son propias y por ello
se opusieron teóricamente en el periódico de su partido La
Batalla a la constitución del Ejército Regular tal como el
gobierno lo entendía y a la disolución de las Milicias.
b) Oposición violenta al gobierno legítimo y crítica
acerba de las disposiciones adoptadas por el mismo, así como de las
instituciones de la República y de los partidos y organizaciones que
le apoyan, como medio de debilitar el régimen actual y crear las condiciones
externas precisas para tomar el Poder, lo que harían primeramente en
Cataluña y a ser posible en el resto de la España leal, e instaurar
de tal forma un régimen comunista organizado con arreglo a sus postulados
de partido. En tal sentido, comenta y destaca en términos desproporcionados
por medio de La Batalla y de otras formas de difusión, los reveses
militares que ha sufrido el Ejército leal, achacándolo no a
las contingencias de la lucha y a la situación de armamento, sino
a traiciones hacia el interés popular por parte del gobierno, al que
llegó a llamar «gobierno de la derrota», sin tener en
cuenta la desmoralización que ello podía producir en la retaguardia.
Afirman falsamente en el mismo periódico La Batalla que el gobierno
de la República está a las órdenes del de Moscú
y que persigue a los que no quieren someterse a las órdenes de este
último; sigue una tenaz campaña contra el Frente Popular, que
está constituido por partidos políticos que apoyan al gobierno,
y contra el gobierno de la Generalidad; acusa al gobierno central de sabotear
los frentes del Este y pretende desprestigiar a sus miembros ante la clase
trabajadora; combate el funcionamiento del Parlamento y tiene frases despectivas
para el de Cataluña, al que llama “caricatura ridícula de la
degeneración parlamentaría”. La campaña es de inusitada
violencia y se manifiesta de manera continuada a través de la prensa
que edita el Partido Obrero de Unificación Marxista y su organización
filial la Juventud Comunista Ibérica, y también por medio de
manifiestos y de hojas sueltas, para lo que aprovecha la circunstancia de
que en Cataluña solo existía censura respecto de las informaciones
militares. Con esta labor, los procesados antes mencionados contribuyeron
a sostener un estado de agitación y rebeldía en parte de la
clase trabajadora, quebrantando la disciplina colectiva que tan necesaria
era en los graves momentos por que atravesaba la República, pusieron
en peligro el prestigio de ésta ante la opinión internacional,
de cuyas reacciones favorables a la causa del pueblo precisaba el gobierno,
y favorecieron en este sentido, indirectamente y aun cuando ello no fuese
su propósito, los designios de los rebeldes.
c) Paralelamente a esta labor de debilitamiento del gobierno, el Partido
Obrero de Unificación Marxista trató de organizarse militarmente
en la retaguardia, según acuerdos adoptados por el Comité ejecutivo
militar de dicho partido, los que eran conocidos por el Comité ejecutivo
del mismo, y para ello, bajo la consigna de “luchamos por un orden revolucionario”,
iniciaron su labor preparatoria del golpe de Estado; acordaron la adquisición,
fabricación y requisa de armamento y municiones para su defensa y ataque
en la retaguardia y la intervención militar en el Valle de Arán
y en otros sitios del Pirineo, así como relacionarse por medio de
claves y estudiar la necesidad de un plan para desarrollar plenamente sus
actividades militares desde el momento en que el Partido de Unificación
Marxista tomara el poder.
Toda esta labor era realizada por el partido expresado bajo la inspiración
e intervención de los acusados Julián Gómez García,
Jorge Arquer Saltó, Juan Andrade Rodríguez, Enrique Adroher
Pascual y Pedro Bonet Cuito, y estaban directamente encaminados a prepararse
para la conquista del poder político y la implantación de las
doctrinas propias de aquel, lo que pensaron llevar a cabo pacíficamente,
cosa que no consideraban muy posible por la fortaleza de que daba pruebas
el gobierno democrático, bien por medios violentos, tan pronto surgieran
las condiciones externas que lo posibilitaran.
Se encontraban los procesados de que queda hecha mención ocupados
en el desarrollo de tales actividades cuando el día tres de mayo de
mil novecientos treinta y siete tuvo lugar en Barcelona una colisión
entre grupos de obreros y la fuerza pública. Los servicios que la Compañía
Telefónica Nacional de España tiene instalados en dicha ciudad
estaban intervenidos por organizaciones sindicales de sus obreros; y el gobierno
de la Generalidad de Cataluña, por motivos que no constan, resolvió
incautarse de aquellos servicios e intervenirlos directamente, para lo cual
dio orden a las fuerzas armadas que tenía a su servicio de ocupar
el edificio de la Telefónica. Un grupo de obreros que se encontraba
en el interior del edificio se opuso violentamente a la ocupación
ordenada por el gobierno autónomo y esto fue la causa de la colisión
que queda expresada. Algunas agrupaciones obreras de Barcelona, que no aparecen
concretadas en este procedimiento, secundaron la actitud de sus compañeros
de la Telefónica para impedir se llevara a efecto lo acordado por la
Generalidad de Cataluña y por consecuencia se extendió por toda
la ciudad la lucha entre grupos de obreros y la fuerza pública y se
produjeron víctimas por una y otra parte en número que no ha
sido precisado. El Comité ejecutivo del POUM, en el que seguían
figurando los procesados Julián Gómez García, Juan Andrade
Rodríguez, Enrique Adroher Pascual y Pedro Bonet Cuito, así
como Jorge Arquer Saltó, si bien éste se hallaba fuera de Barcelona
y por consiguiente no tomó parte en los hechos que luego se dirán,
acordó que el Partido se sumara al movimiento rebelde, mas habiéndose
encontrado con que los elementos dirigentes de los demás partidos y
organizaciones desaprobaban la actitud hostil de los grupos obreros dichos,
por considerarla peligrosa para la República y capaz de favorecer los
propósitos de los militares que se alzaron en armas contra el régimen
legítimo, creyeron la ocasión oportuna para dar un contenido
y finalidad concretos a los actos violentos y espontáneos de las masas
obreras y trataron de aprovecharlo para poner en ejecución sus propósitos
de adueñarse del poder, primeramente en Cataluña, la que quedaría
sustraída a la autoridad del gobierno de la República, y de
ser posible luego en toda la España leal, y para instaurar el régimen
social, económico y político que propugnan. A este fin procuraron
constituir la dualidad de poderes mediante la formación de “Comités
de Defensa de la Revolución” y ordenaron a las agrupaciones de otras
localidades, en la medida que les fue posible por la dificultad de comunicación,
el desarme de la fuerza pública y de los partidos republicanos y obreros
que apoyan al gobierno, control del orden público y de las carreteras,
socialización de la economía y otras determinaciones tendentes
a los fines que se proponían. Como no obstante vieran que los elementos
de mayor responsabilidad de las organizaciones obreras ordenaban a los afiliados
que depusieran su actitud, que el gobierno central enviaba fuerzas para reprimir
el movimiento y que éste no podía ya tener el alcance que ellos
querían imprimirle, cambiaron de proceder y comenzaron a aconsejar
el día seis de aquel mes la retirada de la lucha y la retención
de las armas por quienes las estaban utilizando contra la fuerza pública,
sin que aquella terminase por intimidaciones que al efecto hubiese hecho
la autoridad.
Si bien el procesado Jorge Arquer Saltó no tomó parte en la
realización de los sucesos ocurridos en los primeros días del
mes de mayo en Barcelona, siguió idéntica conducta que sus compañeros
del Comité ejecutivo del POUM, para preparar y aprovechar todo movimiento
que pudiera servir para desarrollar el programa revolucionario del Partido.
El procesado Daniel Rebull Cabré no pertenecía al Comité
ejecutivo, sino al Comité central del partido expresado y no consta
si tomó parte o no en los hechos que quedan relatados.
De lo actuado no se desprende como probado que los acusados facilitaran
a los elementos facciosos noticias de ninguna clase referentes a la situación
de los frentes de batalla u organización de la retaguardia, que hayan
mantenido relaciones directas o indirectas con ellos ni con organismos policiacos
ni militares de los países invasores, que estuvieran en contacto y
ayudaran a grupos u organizaciones falangistas del país, o de otra
clase que prestan apoyo a los combatientes rebeldes, ni que hayan recibido
para la propaganda política de su partido ayuda económica de
los enemigos del Estado. En cambio se desprende de lo actuado que todos ellos
tienen una marcada significación antifascista, que han contribuido
con sus esfuerzos a la lucha contra la sublevación militar y que la
actuación que queda expresada respondía únicamente al
propósito de superar la República democrática e instaurar
sus propias concepciones sociales.
HECHOS QUE DECLARAMOS PROBADOS.
SEGUNDO RESULTANDO: El Ministerio Fiscal en sus conclusiones definitivas
estimó que los hechos procesales eran constitutivos de un delito de
alta traición definido en el número sexto, último inciso,
del artículo doscientos veintitrés del Código castrense,
y penado en el párrafo primero del mismo artículo, relacionado
con los números dos, tres y cuatro del Decreto de trece de febrero
de mil novecientos treinta y siete y conexo con los delitos contra la seguridad
de la Patria que tipifican y sancionan el número cinco del artículo
doscientos
veintiocho y párrafo primero del artículo doscientos treinta
del citado Código,
modificados por la ley de veintiséis de julio de mil novecientos
treinta y cinco, y un estado de asociación ilícita del artículo
ciento ochenta y cinco del Código Penal ordinario, en relación
con el artículo quince de la ley de treinta de julio de mil novecientos
treinta y siete, en cuyo estado se hallan incursos el Partido Obrero de Unificación
Marxista y la Juventud Comunista Ibérica; que son responsables de dichos
delitos en concepto de autores los procesados Enrique Adroher Pascual, Juan
Andrade Rodríguez, Pedro Bonet Cuito, Julián Gómez García
y Jorge Arquer Saltó, y como cómplice Daniel Rebull Cabré;
y solicitó para los cinco primeros procesados la pena de treinta años
de internamiento en campo de trabajo y para el Rebull la de quince años
de la misma pena, costas, y que se decrete la disolución del Partido
Obrero de Unificación Marxista, así como la de su filial la
Juventud Comunista Ibérica, dando a los bienes de ambas asociaciones
el destino legal. Retiró la acusación para el José Escuder
Poves, interesando su inmediata libertad, para lo que el Tribunal libró
el mismo día el mandamiento de libertad de este procesado.
TERCERO RESULTANDO: La defensa, al formular asimismo sus conclusiones definitivas,
estimó que los hechos realizados por sus patrocinados no constituían
el delito de que les acusaba el Fiscal ni ningún otro, por lo que interesó
la libre absolución de los mismos.
PRIMERO CONSIDERANDO: Que con arreglo al Decreto de veintidós de
junio de mil novecientos treinta y siete, es competente este Tribunal para
conocer de aquellos actos u omisiones que tiendan a perjudicar gravemente
la defensa de la República, el normal funcionamiento de sus servicios
de guerra o civiles, quebrantar la disciplina social en grado susceptible
de debilitar la autoridad
del gobierno o la eficacia de sus resoluciones o que puedan comprometer
los intereses o el prestigio de la República en sus relaciones internacionales,
bien se encuentren aquellos específicamente comprendidos en la propia
disposición, bien se trate de delitos definidos primeramente en cualesquiera
otras leyes penales vigentes; y en este aspecto de fijar la jurisdicción
del Tribunal, comprende en sus preceptos el conocimiento de las causas incoadas
por
delitos que anteriormente fueran de la competencia de otra jurisdicción,
siempre que las infracciones perseguidas sean susceptibles de producir los
efectos antes expresados y sea cualquiera la fecha en que hayan ocurrido,
ya que la legislación orgánica tiene en todo caso carácter
retroactivo.
SEGUNDO CONSIDERANDO: Que por el contrario, los preceptos de carácter
penal sustantivo contenidos en el mencionado decreto de veintidós de
junio de mil novecientos treinta y siete, solo surten efectos retroactivos
en caso de que favorezcan al reo y como en el presente caso no se da esa circunstancia
y los hechos enjuiciados tuvieron lugar en fechas anteriores al veintidós
de junio de mil novecientos treinta y siete, ha de acudirse para su calificación
y sanción a las disposiciones penales vigentes en la fecha en que
han acaecido.
TERCERO CONSIDERANDO: Que el Decreto-Ley de trece de febrero de mil novecientos
treinta y siete no es de aplicación al caso de autos por cuanto define
y sanciona de modo exclusivo actos de espionaje y de los hechos que se declaran
probados no se desprende que los mismos puedan hallarse comprendidos en los
números dos, tres y cuatro del articulo primero de la indicada disposición,
por los que acusa el Ministerio Fiscal, ya que ni se trata de actividades
realizadas con carácter secreto o reservado, ni existe auxilio de ninguna
clase a organizaciones o grupos sociales sometidos a la influencia de Estados
extranjeros que favorecen la guerra contra el gobierno legítimo, ni
con el propósito de secundar designios de nacionales o extranjeros
en armas contra la República se realizaron los actos objeto de sanción.
CUARTO CONSIDERANDO: Que los hechos relatados en el primer resultando son
constitutivos de un delito de rebelión comprendido en el articulo doscientos
treinta y ocho, número cuarto, del Código penal común,
y sancionados en el articulo doscientos treinta y nueve de la propia disposición,
en relación con el artículo noventa y uno del Decreto de siete
de mayo de mil novecientos treinta y siete, ya que en su conjunto tendían
a instaurar en Cataluña, y a ser posible en el resto de la España
leal, un régimen político y económico distinto del actual,
tratando de sustraer parte de la nación o toda ella de la obediencia
al gobierno, y si bien los hechos violentos ocurridos en Barcelona fueron
en su principio un movimiento espontáneo de núcleos para impedir
que la autoridad legítima llevase a efecto sus determinaciones sobre
incautación de la Telefónica, tal situación fue aprovechada
y utilizada por alguno de los acusados para dar realidad a sus propósitos
y cima a la labor preparatoria que venían realizando de sustituir
el régimen constituido por el que propugna su partido, a cuyo efecto
tomaron las disposiciones que creyeron pertinentes, y el alzamiento público
fue ya de abierta hostilidad contra el gobierno constitucional hasta que,
convencidos de la imposibilidad de conseguir sus deseos, depusieron su actitud
y aconsejaron el cese de la lucha que sostenían en las calles de Barcelona
y otras localidades los grupos obreros y la fuerza pública.
QUINTO CONSIDERANDO: Que este delito es de naturaleza formal y se caracteriza
por el mero alzamiento hostil contra el gobierno constitucional para conseguir
cualquiera de los objetos que determina la expresada disposición, bastando
el alzamiento para la realización de la objetividad jurídica,
aunque no se consume la objetividad ideológica, por lo que el tipo
de delito existe aun cuando los medios de ejecución al alcance del
agente promotor o director no sean potencialmente eficaces para el logro del
fin perseguido o que de momento se utilicen tácticas que no parezcan
encaminadas directamente al logro perseguido en espera de otros apoyos materiales
o morales, siempre que el propósito y la intención de dirigir
el levantamiento sea congruente con alguno de los objetivos expresados en
el artículo doscientos treinta y ocho del Código penal.
SEXTO CONSIDERANDO: Que de dicho delito de rebelión son responsables
criminalmente en concepto de autores los procesados Julián Gómez
García, Juan Andrade Rodríguez, Enrique Adroher Pascual y Pedro
Bonet Cuito, a los que debe estimárseles comprendidos en las sanciones
determinadas en el artículo doscientos treinta y nueve del Código
penal, en relación con el artículo noventa y uno del Decreto
de siete de mayo de mil novecientos treinta y siete, porque si bien no iniciaron
los actos violentos de que se trata, fueron promotores de su segunda fase
y sostenedores de la misma y, por consiguiente, no solo los secundaron sino
que los sostuvieron, tratando de encauzarlos hacia nuevos objetivos, dirigiéndolos
en relación con los grupos que les eran afines políticamente
y seguían sus órdenes, y con otros que igualmente acataban y
respondían a éstas, tomando el alzamiento público en
carácter de abierta hostilidad contra el gobierno con las miras de
sus dirigentes, los referidos inculpados, se proponían, no ya de protesta
contra la orden dada por el gobierno de la Generalidad, sino de restar a
la autoridad del poder público la región catalana, apoderándose
del gobierno de la misma.
SÉPTIMO CONSIDERANDO: Que es cómplice del mismo delito el
otro procesado Jorge Arquer Saltó, porque si bien no tomó parte
en los actos de violencia, cooperó a los mismos por actos anteriores,
mediante su participación en campañas de prensa y demás
actividades desarrolladas por el Comité ejecutivo de su partido, que
tendían a preparar o a aprovechar para sus fines actos de rebelión
contra el poder público.
OCTAVO CONSIDERANDO: Que no son de apreciar circunstancias modificativas
de responsabilidad, si bien para graduar el arbitrio que concede al Tribunal
el artículo noventa y ocho del Decreto-Ley de siete de mayo de mil
novecientos treinta y siete es de tener en cuenta la ocasión en que
los hechos tuvieron lugar, cuando el gobierno se hallaba en uno de los momentos
más difíciles de la guerra y cabía temer se produjera
como consecuencia de lo ocurrido perjuicio a la República, por naturales
e importantes repercusiones en el orden internacional.
NOVENO CONSIDERANDO: Que no habiendo tenido participación en
los hechos el procesado Daniel Rebull Cabré, procede absolverlo libremente
con toda clase de pronunciamientos favorables.
DÉCIMO CONSIDERANDO: Que retirada la acusación por el Ministerio
Fiscal contra el procesado José Escuder Poves, debe ser absuelto libremente
con toda clase de pronunciamientos favorables.
UNDÉCIMO CONSIDERANDO: Que por imperativo del párrafo segundo
del artículo quinto de la Ley de treinta de junio de mil novecientos
treinta y siete, la autoridad judicial deberá acordar la disolución
de las asociaciones legalmente constituidas cuando dicte una sentencia sobre
delitos cometidos en cumplimiento de los acuerdos de la misma, y como quiera
en el caso de autos, las infracciones que se sancionan se realizaron por el
Partido Obrero de Unificación Marxista y su filial la Juventud Comunista
Ibérica, por determinación del organismo directivo, que era
el Comité ejecutivo, es forzoso decretar la disolución de ambas
agrupaciones.
VISTAS las disposiciones legales citadas y las de general aplicación.
FALLAMOS:
Que debemos condenar y condenamos a los procesados Julián Gómez
García, Juan Andrade Rodríguez, Enrique Adroher Pascual y Pedro
Bonet Cuito a la pena de quince años de separación de la convivencia
social para cada uno de ellos, como reos del delito de rebelión antes
definido, y a Jorge Arquer Saltó a la de once años de separación
de la convivencia social como cómplice del mismo delito, y los que
deberán cumplir en campo de trabajo, accesorias de suspensión
de oficio o cargo y de derecho de sufragio durante el tiempo de la condena,
siéndoles de abono el tiempo de prisión sufrida; y asimismo
debemos absolver y absolvemos a José Escuder Poves y Daniel Rebull
Cabré del delito de que fueron acusados; póngase a éste
inmediatamente en libertad, por estarlo ya el otro, si no estuviere privado
de ella por otra causa o motivo, cursando al efecto el oportuno mandamiento
al Sr. Director de la Prisión del Estado.
Se decreta la disolución de las asociaciones Partido Obrero de Unificación
Marxista y Juventud Comunista Ibérica. Remítase testimonio por
duplicado de esta sentencia al Tribunal Popular de Responsabilidades Civiles,
para que determine las procedentes, y póngase en conocimiento del
ministro de la Gobernación la disolución de las sociedades referidas
a los efectos oportunos.
Así por esta nuestra sentencia, definitivamente juzgado, lo pronunciamos,
mandamos y firmamos: Eduardo Iglesias Portal; Manuel Hernando; Ernesto Beltrán;
Julián Calvo; J. M. Mediano Flores. Rubricados».