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Artículo publicado en Regards,
revista política y literaria de los “Refundadores” del Partido Comunista
francés - N° 86, Enero, 2003. Es una reseña del
libro de Wilebaldo Solano Le POUM: Révolution dans la guerre
d´Espagne. Traducción de Luis Alonso
La guerra de España revisada por Wilebaldo Solano, autor de una obra que explica todas las dificultades de su corriente política para difundir sus ideas, combatir el fascismo en el frente de Cataluña y Aragón y defenderse contra la propaganda estalinista.
En la memoria de las antiguas generaciones de militantes comunistas, la guerra de España, con Stalingrado, pertenece al panteón del antifascismo. En primera fila de este combate, evidentemente, la URSS de Stalin. Lejos de nosotros toda idea de participar en esas empresas de denigración con fondo de proceso penal. Sin embargo, tampoco nos asociaremos a esa leyenda dorada del antifascismo estalinista. Porque la historia no es leyenda y aspira a acercarse lo más posible a la verdad, produce dolor y amargura y obliga a recurrir a revisiones dolorosas, aunque en definitiva saludables. La historia puede exigir también una labor de defensa o de rehabilitación de hechos, de acontecimientos o de periodos. La historia partidista es legítima y ofrece materia para la historia científica.
El libro de Wilebaldo Solano, ”El POUM: Revolución en la guerra de España”, hay que incluirlo en la historia partidista. Al revés de numerosos testimonios del siglo, este libro no es un “mea culpa”, sino la defensa de un combate. El de un hombre que ha vivido los acontecimientos que desde julio de 1936 al 1 de abril de 1939 constituyen lo que se ha dado en llamar la guerra de España: la insurrección del 18 de Julio de 1936 de los militares contra el gobierno republicano. El autor tenía entonces sólo 20 años, era secretario general de la Juventud Comunista Ibérica y militaba en el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), partido comunista de oposición a Stalin. Solano nos coloca en esta España en plena revolución. Una España en la que los potentes organizaciones anarquistas y libertarias de la CNT y de la FAI dominan ampliamente el movimiento obrero, sin hablar de la central sindical socialista (UGT) dirigida por el prestigioso Largo Caballero, el “Lenin español” inventado por el Partido Comunista español en pleno ascenso en este año de 1936.
El POUM nació de la fusión en 1935 del Bloque Obrero y Campesino (BOC) y de la Izquierda Comunista de España (ICE). El nuevo partido reúne movimientos procedentes del sindicalismo revolucionario, del catalanismo radical y del movimiento libertario, todos ellos influidos por la herencia de la Revolución rusa de 1917. El POUM encarna rápidamente una posible renovación del movimiento revolucionario. Este partido, contrariamente a las insinuaciones estalinistas, no pertenece al movimiento trotskista. Las relaciones entre Andreu Nin, uno de sus principales dirigentes, y León Trotsky fueron muy difíciles. En 1934, la ICE rompe con este ultimo. A la estrategia propuesta por el antiguo dirigente bolchevique de entrar en los partidos socialistas, los comunistas disidentes españoles oponen la fusión de sus corrientes y la creación de un nuevo partido revolucionario. La exclusión de los trotskistas franceses de la SFIO poco tiempo después de su adhesión, dará la razón a los comunistas oposicionistas españoles. Solano hace bien al recordarnos esta realidad política que algunos pueden considerar como indigesta. Citaremos ahora a George Orwell, que combatió en las milicias del POUM: “Al principio yo no había tenido en cuenta ese aspecto político de la guerra y fue ante todo una guerra política. Ninguno de sus episodios, al menos durante el primer año, es inteligible sin tener algún conocimiento de la lucha intestina de los partidos que se proseguía en la retaguardia del frente gubernamental”. Una lucha intestina que se proseguirá hasta el enfrentamiento armado durante las Jornadas de Mayo de 1937 en Barcelona, enfrentamiento que aborda en parte “Tierra y Libertad”, el soberbio film de Ken Loach.
Para los comunistas estalinistas, los “propagandistas” de la Revolución no son más que los soldados de la “V Columna”, los aliados del fascismo internacional. El imperativo es ganar la guerra. Para ello hay que reforzar el campo antifranquista y, por consiguiente, aliarse con las clases medias y una parte de la burguesía hostil a los fascistas. Por su parte, los comunistas oposicionistas tratan de demostrar con los hechos que la victoria militar era la preocupación mayor de los defensores de la revolución socialista y que, por esta razón, no separarían la guerra de la revolución, de igual modo que no separaban la revolución de la guerra.
Pero entre militantes del POUM y comunistas que no juran más que por la URSS de Stalin el debate resulta imposible a causa de la constante determinación de los soviéticos de eliminar a todos los oposicionistas .¿Es necesario recordar que la política de la URSS se produce en el mismo momento de los procesos de Moscú de 1936 a 1938? ¿O que Stalin no quiere sostener una Revolución en la que no puede reivindicar la paternidad? ¿Hay que recordar que todas las secciones de la Internacional Comunista tienen que denunciar a la fuerza a los “seudorrevolucionarios hitlero-trotskistas”? Basta con leer los “Cahiers du bolchevismo” del Partido Comunista francés, o la “Correspondencia Internacional” de los años 30, para darse cuenta de la intensidad de esta campaña de odio con respecto a los que denunciaban el cinismo de Stalin y la eliminación de la generación de Octubre. El libro de Solano muestra, página tras página, todas las dificultades de su corriente política para defender sus ideas y combatir el fascismo en los frentes de Aragón y de Cataluña y para defenderse contra la propaganda estalinista.
Los dirigentes del Partido Comunista español presionan al gobierno para que abra el proceso del POUM y encarcele a sus dirigentes. La sombra de los procesos de Moscú se abate sobre Barcelona. El 16 de junio de 1937, Andreu Nin es secuestrado, torturado y asesinado por los agentes soviéticos. Los hechos son conocidos desde 1970. Solano consagra las otras dos partes de su libro a explicar la historia de este militante revolucionario procedente de la CNT, de la que fue secretario general en 1921. De esa CNT a la que convenció de adherirse a la Internacional Comunista. En Moscú, los dirigentes bolcheviques se dieron cuenta de sus cualidades y le confiaron la dirección de la Internacional Sindical Roja. Nin permaneció en Moscú durante 9 años y fue expulsado porque sostenía a la Oposición rusa de izquierda. Andreu Nin permaneció íntegro, incluso frente a sus verdugos. Solano le rinde homenaje hoy por medio de la escritura. Para no olvidar.
Seguramente, se reprochará a Solano su "parti pris” o quizás su redacción demasiado "militante". Es muy difícil esperar otra cosa en este tipo de obras. Pero hay que decir que es también la obra de un hombre sincero, que no ha renegado nada de su compromiso militante. En un período en que es de buen tono establecer un trazo de igualdad entre Lenin, Trotsky y Stalin, Solano demuestra, por si fuera todavía necesario, que Stalin es bien el Caín de la Revolución. Hubo que esperar 1956 y la desestalinización jruscheviana y luego la perestroika de Gorbachov para que los crímenes fueran en parte oficialmente reconocidos.
En anexo del libro de Solano, se puede leer la declaración de “Treball”, semanario catalán del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC), aparecida en diciembre de 1989: ”Hace muchos años que el Partido Socialista Unificado hizo su crítica de los graves errores cometidos durante el período stalinista.(…) En lo que se refiere a la muerte de Andreu Nin, consideramos necesario buscar los hechos reales. La hipótesis de la intervención de agentes stalinistas parece bastante probable. (…) Andreu Nin forma parte del cuadro de honor de los dirigentes de la izquierda de este siglo.(…) Por lo tanto, el PSUC y “Treball” rectifican una vez más, formal y definitivamente, toda calumnia contra Andreu Nin…”
En España, el libro de Solano está en la tercera edición.
Hay que agradecer a la editorial Syllepse que nos haya permitido
leerlo en francés.
Edición digital de la Fundación Andreu Nin, febrero 2003