Los procesos de Moscú en Teherán
Ainhoa Lagardère
Tras la rebelión democrática iraní contra el régimen
islamista, éste ha desencadenado una feroz represión. Cientos
de personas están siendo juzgadas en macroprocesos que son una simple
farsa. Se han dictado varias penas de muerte. Torturas, violaciones y desapariciones
son el transfondo de la escenificación judicial. Las mujeres son aún
más perguidas.
¿Qué tiene que ver esto con los procesos estalinistas de 1936,
1937 y 1938? A las personas acusadas se las muestra como agentes de gobiernos
extranjeros. Los procesos son una farsa que se ejecuta ante la indiferencia
de todos los gobiernos del mundo, a algunos de los cuáles les puede
preocupar la nuclearización de Irán pero no la suerte de sus
demócratas, y de gran parte de la propia izquierda, que es lo más
grave y procupante.
Ante los juicios de Moscú, los partidos comunistas estalinistas se
sumaron a la matanza, y la mayor parte de los partidos socialistas mantuvieron
discreto silencio por razones de "realpolitik"; sólo una minoría
de socialistas de izquierda, libertarios, trotskystas, poumistas y algunas
otras tendencias del movimiento obrero osaron denunciar los crímenes,
junto a un puñado de intelectuales honestos. Hoy también ha
surgido una izquierda, desde grupúsculos hasta gobiernos como el de
Chávez, solidaria con el régimen islamista, a la que se suman
intelectuales que repiten el rufián papel de un Bergamín, un
Alberti o un Malraux respecto a los crímenes estalinistas. Y la excusa
ha sido el "anti-imperialismo", y de nuevo la calumnia. Chávez designó
literalmente a la CIA como instigadora de las protestas. En cuanto a la izquierda
socialdemócrata que gobierna en algunos países del mundo, la
tónica general ha vuelto a ser la indiferencia y las medias palabras.
Algunos tal vez se sumasen a bombardear Irán, o a dejar que lo haga
Israel, por malas razones si Bush siguiese al frente de EEUU, como hizo Blair
en Irak, pero hacer una política de apoyo activo y decidido a la oposición
democrática ya es otra cosa y no les interesa.
A decir verdad, en Francia casi toda la izquierda a expresado su apoyo a
la rebelión democrática. EL NPA "denuncia la represión
ejercida contra las personas manifestantes, exige la libertad de los detenidos
y apoya a todos aquellos y a todas aquellas que desean poner fin a la República
Islámica". El PCF "condena con la mayor energía la brutal represión
(...). Lo que está siendo cuestionado es el propio régimen
de los ayatolas". El PdG, "reafirma su rechazo a la teocracia como forma
de gobierno y su compromiso con las libertades públicas y la laicidad".
Daniel Cohn-Bendit, de Europa Ecología, denunció junto a Marjane
Satrapi el fraude electoral en una conferencia de prensa en el Parlamento
europeo. El PS "condena la represión de la oposición democrática
y pacífica en Irán". En cierta forma, ante la situación
iraní la izquierda francesa ha mantenido una posición de apoyo,
al menos verbal, al movimiento opositor, lo que no ha ocurrido en otros países.
Sin embargo, hay un reto estratégico no resuelto. No toda la izquierda
que ha dado un justo apoyo a la sublevación iraní ha sacado
las consecuencias precisas respecto a unos supuestos aliados revolucionarios
que están dando todo su apoyo al régimen islamista iraní.
Ni con los que apoyaron los procesos de Moscú ni con los que apoyan
los procesos de Teherán se podía entonces y se puede ahora
construir una alternativa socialista. De los gobernantes que apoyan al régimen
iraní debemos pensar lo mismo que pensamos de los que apoyan al golpe
en Honduras. Si en las supuestas izquierdas alternativas se imponen los que
apoyan a Ahmadineyad y a regímenes como la República islámica,
podría no quedar nada de los largos esfuerzos por la libertad y la
igualdad para todos los hombres y, ante todo, para todas las mujeres del
mundo.