FUNDACIÓN

ANDREU NIN


Sobre las contribuciones filosóficas de Manuel Sacristán en Horitzons y Nous Horitzons*

Salvador López Arnal


1. Un lógico y filósofo marxista que escribía en revistas del Partido.

2. Panfletos, reseñas y  materiales.
3. Cinco materiales: clásicos del marxismo hispánico.
4. Una reseña olvidada, otra criticada y una tercera censurada.
5. Comprender realidad.

Notas


Anexo 1: Una carta de Sacristán al Ministerio de Educación traducida al catalán por Salvador Espriu.
Anexo 2: Editorial de Quaderns de cultura catalana, nº 3 (revista del PSUC, noviembre 1959, firmado como “Q.C.C”).
Anexo 3:  Entrevista con UnomásUno.
Anexo 4: La edición de la tesis doctoral de Sacristán.
Anexo 5: Sobre el número 9 de Nous Horitzons.
Anexo 6: Esquema de un conferencia sobre Gramsci.
Anexo 7: Anotaciones sobre ensayos políticos de Lenin.
Anexo 8: Solapa para el volumen 8 de las “Obras Competas” de Lukács
Anexo 9: Prólogo a la primera edición catalana de El Capital.
Anexo 10: Reseña de Sacristán sobre el Lenin de Garaudy: Nous Horitzons, nº 17, segon trimestre de 1969, pp. 53-54.
Anexo 11: Mayo de 1968.
Anexo 12: Notas sobre El futuro (y textos afines).
Anexo 13. Sobre la cuestión nacional, Catalunya y España.
Anexo 14. Correspondencia en torno a la publicación de la entrevista sobre la invasión soviética en Cuadernos para el diálogo.


        Para Toni Doménech y como a él le gusta: sin (pedir) permiso.

      "NH de 1960 se proponía llegar, sobre todo, a las organizaciones del partido, para promover su crecimiento intelectual, y a los intelectuales antifascistas, para darles constancia de la existencia de una intención cultural en el movimiento obrero marxista y para invitarles a una tarea que podía ser en parte común. No me atrevo a decir si se logró algo con ello".

                  Manuel Sacristán (1977)


1. Un lógico y filósofo marxista que escribía en revistas del Partido.

    En octubre de 1977, con motivo de la aparición legal de Nous Horitzons (NH), Manuel Sacristán, que había sido uno de los responsables de la publicación en los años sesenta, fue entrevistado por la redacción de la revista en aquel entonces para que hiciera un balance del papel desempeñado por NH en sus casi veinte años de existencia. Las respuestas de Sacristán no llegaron a publicarse en su momento pero fueron posteriormente recogidas en una edición facsímil de los números de 1, 2, 3, 4 de Horitzons (H) (1)  de 1960-1961, junto con textos introductorios de Francesc Vicens, Francesc Vallverdú y  Joaquim Sempere (Como es sabido, Vicens fue responsable de la revista hasta, prácticamente, el número 4 de NH (2); Vallverdú (3) fue secretario de redacción desde el primer trimestre de 1967 hasta el tercer-cuarto trimestre de 1971; Sempere fue también secretario de redacción durante parte de la etapa en la que Pere Ardiaca fue responsable de la publicación: de enero de 1972 hasta setiembre de 1976).

    Señalaba Sacristán en su comentario que la importancia de Nous Horitzons en el debate ideológico de la Cataluña de principios de los años sesenta “no fue grande en sí misma, pero que respecto de la situación de la época y del reducido ambiente que se podía tomar en cuenta sí que valió la pena”. La mera solidez física, la existencia de Horitzons, daba ánimo a los militantes del partido y a los resistentes marxistas en general. La gran mayoría de las páginas del número 2, cuando aún se llamaba Horitzons (4), remarcaba Sacristán, estaban escritas en el interior, principalmente en Barcelona.

    La calidad científica de lo publicado en H y NH no le parecía a Sacristán que tuvieran un gran valor teórico (5). Su marxismo, el marxismo defendido en aquellos años por el PSUC, estaba todavía empapado de euforia por la victoria de la URSS sobre el nazismo en la II Guerra Mundial, por el triunfo de la revolución china a finales de los cuarenta y, más concretamente en aquellos años sesenta, por el éxito de la revolución cubana y por el derrumbamiento del viejo sistema colonialista imperial. Esa euforia había alimentado, en opinión del traductor de El Capital  y de Historia y consciencia de clase, “un marxismo muy alegre (lo cual estaba muy bien) y asombrosamente confiado (lo cual estuvo muy mal, y visto desde hoy pone los pelos de punta)”. El principal valor ideológico de Nous Horitzons, y de su antecesora, concluía, fue su mera presencia, “su qué fue mejor que su cómo”.

    Pues bien, el objetivo de esta comunicación es aquilatar, parcialmente si se quiere, esta valoración a partir de los aportaciones filosóficas del propio Sacristán (6), dar sucinta cuenta de ellas e intentar un balance provisional de estas contribuciones, balance que, en la práctica, como ya señaló Joaquim Sempere (7), es equivalente a intentar una valoración general de la aportación teórica de la publicación dado que fueron muy pocas las restantes aportaciones directamente filosóficas -Adolfo Sánchez Vázquez, Josep Fontana, Jordi Solé Tura, Juan-Ramón Capella, el mismo Sempere- en el período en que Sacristán formó parte de su consejo de redacción o colaboró en la revista teórica del partido.

    Nuestra hipótesis es similar y netamente deudora de la defendida por Sempere en el texto referenciado: “[…] aportaciones [las de Sacristán] que hacen de esta publicación durante su época clandestina a Catalunya una plataforma insólita (insólita si nos atenemos a la atonía cultural del país durante aquellos años) de elaboración intelectual en el terreno de la filosofía”, insólita, añadiríamos, no sólo si nos limitamos a la atonía cultural del país, a lo que ha sido llamado con acierto “el erial del franquismo” (8), sino incluso si pensamos en un ámbito geográfico más amplio, especialmente si el análisis comparativo se centra en las aportaciones más básicas y no olvidamos las circunstancias políticas que rodearon la existencia y edición de Nous Horitzons.

    No deja de ser remarcable, por otra parte, que el que ha sido considerado el marxista más interesante de la historia del movimiento obrero hispánico y tal vez el más grande filósofo español de la segunda mitad del siglo XX (9), publicara alguno de sus trabajos más esenciales, no papeles secundarios o marginales (10), en la revista teórica de un partido en la clandestinidad, combatiente y resistente no silencioso, y por ello duramente perseguido, castigado y martirizado por el franquismo. No está a mi alcance en estos momentos cuantificar la frecuencia de casos similares que conjeturo (con riesgo) que han sido excepcionales incluso en la historia del marxismo militante europeo.

2. Panfletos, reseñas y  materiales (11).

    Tras su regreso de la Universidad de Münster (Westfalia, Alemania), donde había seguido cursos de postgrado de lógica, filosofía de la lógica y epistemología desde 1954 a 1956 en el “Instituto de Lógica Matemática y Fundamentos de la Ciencia” creado y dirigido por H. Scholz (12), y donde había conocido al filósofo y militante comunista italiano Ettore Casari, y después de haber ingresado en las filas del partido (13), Sacristán publicó sus primeros trabajos de inspiración marxista en una revista del PCE editada en el exilio, Nuestras ideas. Fueron tres los textos que allí publicó: “Humanismo marxista en la Oda marítima de Rafael Alberti” (14), “Tópica sobre el marxismo y los intelectuales y “Jesuitas y dialéctica” (15).

    A pesar de tratarse de sus primeros escritos, algunas de las características centrales del marxismo de Sacristán quedan ya explícitas en estos trabajos iniciales: un materialismo alejado de todo dogmatismo y sabedor de su carácter filosófico no demostrativo; una dialéctica jamás vista como lógica infalible y alternativa sino como una aspiración al conocimiento de “las singularidades”, de las totalidades concretas; un marxismo, amigo del saber científico social y natural, concebido siempre como tradición política de transformación, no como Teoría de la Historia, Ciencia infalible o supuesto gran Saber, en definitiva, una tradición viva, informada, con finalidad política revolucionaria, que acaso nunca fue central en tronco y ramas de los numerosos árboles de raíz marxista-engelsiana.

    Baste citar, a título de ejemplo, el paso final de “Jesuitas y dialéctica”, claramente en sintonía con el marxismo político sacristaniano sobre el que ha hablado reiterada y argumentadamente Toni Domènech (16):

    “[…] para Marx el mismo pensamiento filosófico, la misma consciencia de la dialéctica se inserta en el proceso dialéctico y que el filosofar de Marx -como él mismo dice en las Tesis sobre Feuerbach- no se ha sentido exclusivamente llamado a reproducir un mundo históricamente dado, sino a insertarse además y sobre todo, en el movimiento histórico que es la auténtica mundanalidad. Marxismo y dialéctica real -incluyendo para el filósofo ese último y decisivo punto de su reinserción revolucionaria (es decir: dialéctico-cualitativa) en el mundo- son inseparables. Lo que quiere decir -permítasenos dar pie a posible polémica al final de esta nota- que un filósofo marxista sólo puede ser un militante comunista, porque no hay marxismo de mera erudición”.

    A estos tres artículos habría que sumar un documento, aún de interés, que sirvió como material de trabajo para grupos de estudio del partido a finales de los cincuenta (17) y que llevaba por título “Para leer el Manifiesto del Partido Comunista";  las cuidadas páginas que dedicó a la filosofía marxista en su largo artículo sobre la filosofía de la posguerra europea para la Enciclopedia Espasa (18), o el prólogo que escribió en 1959 para el primer volumen de Marx y Engels publicado legalmente en España durante el franquismo y que él mismo tradujo y anotó, sin olvidar, claro está, sus colaboraciones en  Quaderns de cultura catalana, aquella mítica revista del PSUC (19) sobre la que él mismo señaló en la citada entrevista con Nous Horitzons:

    “Me gustaría recordar que Horitzons tenía un precedente inmediato. Entre 1957 y 1959 o 1960 el comité de intelectuales del PSUC sacó la que sí creo que fue primera revista marxista de crítica y política cultural editada en la Cataluña del franquismo: Quaderns de cultura catalana. Salieron muy pocos números; creo que sólo dos o tres, o quizá cuatro. Pero estaba totalmente escrita e impresa en el interior. Como trabajo conspirativo, Quaderns tenía su mérito. Constaba de más de veinte páginas por número. La impresión y el primer escalón de distribución de los Quaderns estuvieron a cargo de un equipo muy reducido, pero eficaz, que dirigió el historiador Josep Fontana.

    Es muy posible que la aparición de los Quaderns acelerara la de Horitzons. A los órganos supremos de dirección, compuestos en su mayoría de permanentes o de aspirantes a esa condición, no les hace nunca demasiada gracia la productividad espontánea de las organizaciones de base. El nacimiento de Horitzons fue el final de Quaderns por eutanasia. Pero creo que la operación fue un compromiso decente, una de las soluciones más equilibradas posibles de la tensión entre el aparato y el partido en la producción. Varios textos de los Quaderns aparecieron en los primeros números de Horitzons.”

    Desde entonces, a lo largo de los años sesenta y primeros setenta, aparte de presentaciones de escritos clásicos como el Anti-Dühring de Engels, Socialismo y filosofía de Labriola o La vía checoeslovaca al socialismo de Dubcek, o algunas voces complementarias del Diccionario de Filosofía editado por Dagobert D. Runes -como las dedicadas a Gramsci, a Lukács o a la alienación-, Sacristán publicó gran parte de sus materiales filosóficos de inspiración marxista en Horitzons, Nous Horitzons y Realidad, sin olvidar, obviamente, los numerosos papeles de intervención y análisis político dirigidos a los comités central y ejecutivo del PCE y del PSUC, así a como a las organizaciones de base del Partido (20). De hecho, en la nota que el mismo Sacristán escribió para el tercer volumen de “Panfletos y materiales” señalaba:

    “Este tercer volumen es el más meramente documental de todos. Y encima tiene lagunas, para mí lamentables, que no he podido rellenar: las intervenciones dirigidas al Comité Central del Partido Comunista de España y al del Partit Socialista Unificat de Catalunya, a sus respectivos Comités Ejecutivos y a numerosas organizaciones de base durante los años 1956-1970. Yo me tomaba muy en serio lo de las “medidas conspirativas” y no guardaba papeles comprometedores o que pudieran dar pistas. Esa rigidez, que me permitió superar sin desperfectos graves cinco registros concienzudos de la Brigada Político-Social, me deja ahora sin documentación que quisiera tener. Váyase lo uno por lo otro” (21).

    Fueron cinco artículos y dos reseñas, más una censurada, las principales aportaciones filosóficas de Sacristán (22): “Tres notas sobre la alianza impía”, H 2; “Studium generale para todos los días de la semana”, NH 10; “La formación del marxismo de Gramsci”, NH 11; “Lenin y la filosofía”, NH 21, y “Sobre el “marxismo ortodoxo” de György Lukács”, NH 23, y las reseñas: “La edición catalana de las cartas de Marx y Engels sobre El Capital”, NH 14, y “Sobre el Lenin de Garaudy”, NH 17. Posteriormente, en 1977, se publicó en un número extra sobre enseñanza de NH (suplemento 1, verano 1977) la tercera parte de “La Universidad y la división del trabajo”, texto que ya había sido publicado en versión íntegra en Realidad, Argumentos, Aïnes y Critica marxista por lo que aquí no lo consideramos (23). Recuérdese, por otra parte, que en la etapa que aquí se comenta Sacristán era miembro del comité central y que desde 1965 hasta 1969 fue miembro del comité ejecutivo hasta su dimisión de la dirección del partido sin abandono de la militancia.

3. Cinco materiales: clásicos del marxismo hispánico.

    Valoración similar podría sostenerse respecto a la sensata noción de dialéctica aquí defendida por Sacristán: los vientos del marxismo dominante en aquella época (24)  tampoco soplaban en esta razonable dirección

    “El materialismo dialéctico es consciencia del principio histórico-filosófico que posibilita la ciencia positiva, y consciencia de la limitación del análisis científico-positivo “desde abajo”; culmina en la complementación de éste mediante la recepción dialéctica de la especificidad de las formaciones complejas sintetizadas en la génesis que el análisis descompone metódicamente. Pero Tresmontant yerra también parcialmente con esta afirmación: ya que, como fundamentación de la ciencia según su concepto, el materialismo dialéctico es al mismo tiempo resultado inductivo de la ciencia, según su actividad o historicidad. Es la historia misma de la ciencia, la acumulación de sus resultados, la que ha dado nacimiento al materialismo dialéctico” (25)

    “Studium generale para todos los días de la semana” fue, inicialmente, una conferencia que Sacristán impartió el 8 de marzo de 1963 en la Facultad de Derecho (26)  de la Universidad de Barcelona. Según Juan-Ramón Capella (27), circularon copias mecanografiadas y ciclostiladas de la trascripción de la intervención en la década de los sesenta. El texto está dedicado a la “memoria de José-Ramón Figuerol, estudiante de Derecho” (28) y acaso fue, junto con el prólogo que escribió para su traducción del Anti-Dühring o su conferencia de 1978 sobre “El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia”, uno de sus escritos más influyentes (29).

    “Studium generale”, que estaba firmado sin seudónimo como M. Sacristán, apareció en el nº 10 de Nous Horitzons, durante el segundo semestre de 1967, en traducción catalana de Francesc Vallverdú con el título “Studium generale per a tots el dies de la setmana” (29). Se presentaba en portada como “L’especializació vista pel Professor Sacristán”.

    La temática de la conferencia tuvo su origen en la siguiente anécdota: mientras Sacristán estaba preparando su tesis doctoral sobre Heidegger (30), dos estudiantes de Derecho –acaso uno de ellos el mismo Figuerol- fueron a verle y le plantearon la siguiente duda: uno de ellos tenía pasión por la pintura y por la poesía; el otro, por el cine, por el alpinismo y también por la poesía  Superado el primer curso de Derecho, la “desagradable aparición del Código Civil y de los textos constitucionales en segundo curso ponía en dificultades la aspiración de los dos estudiantes a seguir viviendo también como amantes de la poesía, la pintura, el cine y la montaña”.(32). Sacristán recordaba años después que,  aunque conocía muy bien el problema de aquellos estudiantes -en definitiva, la dificultad, y necesidad a un tiempo, de armonizar tendencias espirituales heterogéneas en la práctica-, “les di el sólido consejo de hacer algo a fondo, de revender inmediatamente el Código Civil y no matricularse más en Derecho, o encerrar los libros de poesía, los pinceles, las revistas de cine y las botas de montaña, por lo menos hasta junio” (33).   

    De ahí la noción de “profundizar”, de cultivar realmente a fondo una especialidad, que presenta y defiende Sacristán en este escrito y que concreta del modo siguiente:

    1) “Profundizar” es el intento de recorrer hacia arriba y hacia abajo el camino que revela la justificación de la especialidad propia, “su motivada presencia en la situación de los hombres”.
    2) De esta manera, el estudioso antes reacio a vivir en su compartimento se encontrará a gusto en él, dado que sabrá entonces que su disciplina “por abajo arranca del macizo social básico de la vida humana y por arriba desemboca en la consciencia del hombre social”.
    3) Por ello, concluye, la profundización en la propia materia de estudio es “seguramente una vía de enriquecimiento personal más eficaz que el clásico recurso académico aún hoy llamado Studium generale, la práctica de hacer seguir al estudiante cursos de otras especialidades.

    Sacristán discute a continuación las tradicionales pretensiones de la filosofía en este conjunto de problemas. Su reflexión se aproxima a la que más tarde plasmará en aquel opúsculo de 1968 de influencia tan relevante y duradera: “Sobre el lugar de la filosofía en los estudios superiores” (34) (Dicho sea entre paréntesis, la acusación de positivismo que a veces se le formuló –y en ocasiones se sigue formulando- está fuera de lugar. Recordemos este paso netamente clarificador (35):
    
    “(…) Es justo añadir que pocos especialistas podrán serlo entonces tan tristemente como el jurista. Porque si es triste que la consciencia de una persona no contenga más que estadísticas genéticas sobre la mosca drosófila, todavía es más siniestro que esa consciencia esté llena, por ejemplo, por la posición del continguante en lo contencioso.administrativo” (36) ).

    Pero Sacristán observa inmediatamente que la limitación humana a la que quieren oponerse estos estudiantes de Derecho tiene otras limitaciones que no son eliminables por modelos universitarios que incorporen en mayor o menor medida los fundamentos teóricos de la disciplina. De hecho, señala, esa mutilación se presenta de forma mucho más aguda a los ciudadanos obreros: en este caso no sólo no es cosa suya el cine, la poesía o el alpinismo, sino que también les es ajeno el mismo producto de su trabajo obligado, forzado, no deseado. Es –y la metáfora es magnífica- como si esos estudiantes de Derecho no sólo tuvieran que renunciar a sus aficiones sino que se vieran “arrebatar cada noche el fruto de su esfuerzo personal obligado, es decir, lo que hubieran estudiado durante el día, de modo que su vida no fuera más que desgaste en el vacío, constante anticipación de la muerte”(37) .

    ¿Cómo superar entonces la amputación del trabajo, la amputación del individuo en nuestras sociedades? Sacristán argumenta que la técnica no puede cumplir por sí sola la racionalización importante, la seria, “la socialización de la división del trabajo, que es el primer paso para su superación”. Cumplir esa tarea es suprimir la base de la irracionalidad actual, es decir, la mercantilización de la vida humana y la división social del trabajo, que en la realidad concreta de nuestro hoy no son cosas distintas: “la división clasista del trabajo se presenta hoy, como es natural, mediada por el mercado”.

    Sería utopía, en el sentido negativo de esta noción, es decir, deseo interesado, consciente de su carácter onírico (38), ponerse a soñar en un desarrollo meramente personal armonioso y/o realizarlo de forma individual. Es, además, apunta Sacristán, una actitud que dejará mal sabor de boca a todo intelectual decente, a todo intelectual comprometido que no desee ni esté dispuesto a echar un velo sobre el mundo “para no verlo y poder jugar a la búsqueda de su propia armonía”. De ahí la propuesta de estudio y de vivir general  cotidiano con la que Sacristán concluye su escrito (39):

    “Por todo eso, la única manera de ser de verdad un intelectual y un hombre de lo que Goethe llamó la armonía, de la existencia humana sin amputaciones sociales, es una manera militante; consiste en luchar siempre, prácticamente, realmente, contra la actual irracionalidad de la división del trabajo, y luego, el que aún esté vivo, contra el nuevo punto débil que presenta entonces esa vieja mutilación de los hombres. Y así sucesivamente, a lo largo de una de las muchas asíntotas que parecen ser la descripción más adecuada de la vida humana.” (40)  Es curioso, a mí me suena esto a Kant puro. El lenguaje de las asíntotas es la negación del historicismo hegeliano…
    
    En el número 11 de NH, tercer trimestre de 1967, se publicó “La formación del marxismo de Gramsci” (41) en traducción catalana de Francesc Vallverdú con el título “La interpretació de Marx per Gramsci”. Se trata del texto corregido de una conferencia dictada en el Ateneo de Pontevedra en 1967 que se iniciaba con las siguientes palabras: “Hace 30 años daba Radio Barcelona la noticia de la muerte de Antonio Gramsci…” (42).
    
    Sacristán había presentado en 1958 la obra del pensador y revolucionario italiano –“un clásico marxista de los mejor leídos, de los menos embalsamados”- en la entrada “Filosofía”, publicada en el suplemento de 1957-58 de la Enciclopedia Espasa aparecido en 1961 (Papeles de filosofía, op. cit., pp. 90-219) (43) . A este trabajo habría que sumar, aparte del que estamos considerando, la voz del Diccionario de Filosofía, editado por Dagobert Runes, “Gramsci, Antonio“ (1969) -ahora en Papeles de filosofía, op. cit., pp. 414-416-, su Antología (México: Siglo XXI, 1970), la entrevista de 1977 para Diario de Barcelona y las páginas iniciales de la entrevista con Jordi Guiu y Antoni. Munné para El Viejo Topo (44), y, claro está, el que fuera uno de sus últimos escritos largos: “El undécimo cuaderno de Gramsci en la cárcel“, de mayo de 1985, presentación de la traducción castellana de Miguel Candel de Antonio Gramsci. Introducción al estudio de la filosofía. Barcelona: Crítica, 1985 (45). (Después de su fallecimiento, Albert Domingo Curto ha trascrito, editado y presentado la presentación interrumpida de su Antología con el título El Orden y el Tiempo. Madrid: Trotta, 1998).
    
    En el último de sus trabajos largos -”El undécimo cuaderno de Gramsci en la cárcel”-, Sacristán daba el siguiente apunte sobre los Quaderni:
   
     “El proceso de Gramsci, que terminó con una condena a 20 años, 4 meses y 5 días de presidio, estaba destinado a destruir al hombre, como redondamente lo dijo el fiscal, Michele Isgrò "Hemos de impedir funcionar a este cerebro durante veinte años". Por eso los Cuadernos de la cárcel no valen sólo por su contenido (con ser éste muy valioso), ni tampoco sólo por su contenido y por su hermosa lengua, serena y precisa: valen también como símbolos de la resistencia de un "cerebro" excepcional a la opresión, el aislamiento y la muerte que procuraban día tras día sus torturadores. El mismo médico de la cárcel de Turi llegó a decir a Gramsci, con franqueza fácilmente valerosa, que su misión como médico fascista no era mantenerle en vida. El que en condiciones que causaron pronto un estado patológico agudo Gramsci escribiera una obra no sólo llamada a influir en generaciones de socialistas, sino también, y ante todo, rica en bondades intrínsecas, es una hazaña inverosímil, y los Cuadernos son un monumento a esa gesta.”
    
    El trabajo publicado en este NH de 1967 estudia el proceso de formación del marxismo en la obra de Gramsci. Considera Sacristán que el origen idealista y, en general, la hegemonía de un idealismo culturalista y anticientificista en la Italia de la primera mitad del siglo XX, daban a Gramsci muy pocas armas para sublevarse con éxito contra la fatalidad o inevitabilidad de la ideología en el pensamiento revolucionario. El Marx científico no será ya para Gramsci un positivista sino un investigador que ha descubierto los hechos básicos de los que arranca el “acto histórico” revolucionario. Pero, entonces, ¿cómo se produce éste, qué factor desencadena este acto histórico? La ideología, sin embargo, prosigue Sacristán, es una solución que incomoda desde el primer momento a Gramsci sabedor de que el marxismo es también crítica de las ideologías, pensamiento antiideológico.
    
    Concluye Sacristán su análisis señalando que sería injusto, por parcial, concluir el examen de la formación del marxismo en Gramsci anotando que su marxismo ha sido siempre problemático al no poder decidir sino en el marco de la antítesis positivismo-ideología, sin poder resolver la crisis entre el positivismo meramente evolucionista de la socialdemocracia y la inconsistente, por no fundamentada, escapatoria ideológica. Y lo sería porque Gramsci ha conseguido arrancar al movimiento de su pensamiento conceptos tan valiosos para el marxismo como bloque histórico o como centro de anudamiento (46); porque supondría ignorar el desarrollo que el concepto de práctica (47) ha tenido en la tradición por la obra de Gramsci, y, finalmente, lo sería por desconocer la importancia de la búsqueda veraz y honda de un problema real.
   
    Importa también destacar aquí, aunque sea marginalmente, una faceta importante del Sacristán escritor, su enorme y reconocida capacidad para construir aforismos o máximas en reflexiones centrales o secundarias que trasciende el tema puntualmente desarrollado. Doy, a continuación, algunos ejemplos de ello:

    1. “[…] problema identificado y abierto en la obra de Gramsci, y no resuelto probablemente porque todo auténtico pensador descubre problemas más allá de sus soluciones” (48).
    2. “Con esa intervención de Lenin empieza una difícil actuación de Gramsci que pasa por la formación del PCI y culmina con una operación característica de ese dramático período de la III Internacional: la eliminación autoritaria del grupo extremista de Bordiga -inicialmente mayoritario en el PCI- por la acción del instructor Gramsci desde Viena (1923). Las personas viven en su época: por eso resultan cursis las presentaciones de Gramsci con halo de novela rosa política, como un iluminado que, en cuestiones de organización política, hubiera anticipado en 30 años y superado incluso el XX Congreso del PCUS.” (49)
    3. “Pero la veracidad y la franqueza con que Gramsci vive su problema van teniendo, como suele ocurrir, su premio. En materia de ideas lo estéril no suele ser la aceptación veraz de los problemas, por espectaculares que sean los cortocircuitos mentales que produzca ante una cuestión irresuelta la debilidad de los instrumentos intelectuales aplicados (en el caso de Gramsci, el difuso idealismo culturalista en que ha crecido)”. (50)

    Por su parte, “Lenin y la filosofía” (51) fue publicado en el número 21 de NH (52), cuarto trimestre de 1970, pp. 8-14 (en portada: “Manuel Sacristán comenta Lenin i la filosofia”). Sacristán había impartido una conferencia en la Universidad Autónoma de Barcelona (53) el 23 de abril de 1970 con el título “El filosofar de Lenin”, posteriormente publicada como prólogo a la traducción castellana de V. I.  Lenin, Materialismo y empiriocriticismo, Grijalbo, Barcelona, 1975 (54). A pesar del tono enérgico de la insistencia y del empeño de los redactores barceloneses, este escrito largo no fue publicado en la revista y, en su lugar, en este número 21 de la publicación, se  incluyó “Lenin y la filosofía”. Su extensión (55), o acaso algunas de sus formulaciones fueran motivos para esta muy discutible decisión (56) . Giaime Pala aventura una hipótesis  más arriesgada pero de mayor interés:

    “Cabe suponer que la dirección rechazara el ensayo original sobre Lenin para evitar problemas con aquellos sectores prosoviéticos que ya habían acusado a Sacristán –en un documento interno que circuló en muchas células- de ser uno de los responsables del supuesto “giro revisionista” del PSUC después del agosto praguense” (57).

    “Lenin y la filosofía”, el escrito finalmente publicado, fue un artículo escrito por encargo de El Correo de la UNESCO para un número especial de la revista dedicado al centenario del nacimiento de Lenin. El Correo -¡también!- renunció finalmente a su publicación (58) y, en su lugar, publicó un escrito de un autor soviético. El encargo del trabajo a Sacristán, al que se añade otro tema de traducción, se produjo del modo siguiente:

    El 27 de enero de 1970, Francisco Fernández Santos (59), con mucho tacto y notable principio de la realidad, había escrito a Sacristán desde París pidiendo su colaboración en los siguientes términos:

    “Querido amigo:
    El Correo de la UNESCO, de cuya edición en español estoy encargado desde hace un mes, piensa dedicar un número entero a la vida y la obra de Lenin, con motivo del centenario de su nacimiento. Reunido el consejo de redacción de la revista para examinar los posibles colaboradores, he propuesto tu nombre porque creo que eres, en el mundo de habla española, una de las personas más calificadas para escribir sobre Lenin (60). Si te interesa la proposición que te hago en nombre del consejo de redacción, te ruego que me contestes lo antes posible proponiendo a su vez sobre qué temas leninianos podrías escribir.
    Evidentemente, dado el carácter “neutral” que la UNESCO intenta dar a sus actividades –y que es causa de buena parte de su inoperancia frente a los grandes problemas-, se pretende que el número sobre Lenin de El Correo no resulte demasiado agresivo y que, de algún modo, “ménage la chèvre et le choux” (cosa sumamente arriesgada cuando se trata de un revolucionario tan candentemente actual como Lenin). Quizá ciertos aspectos de  la obra de Lenin irriten menos la sensibilidad de los norteamericanos que otros.
    La ventaja de publicar un artículo en El Correo es que sale en 12 ediciones distintas, desde el ruso hasta el hindi, y es leído por cientos de miles de lectores. En cuanto a los honorarios, no son excesivos, pero tampoco despreciables; de cinco a siete mil pesetas.
    Espero tu respuesta con lo que decides. Por mi parte, me alegraría mucho que colaboraras en ese número”.

    A mano y en nota añadía: “Me ha gustado mucho tu entrevista de hace unos meses en Cuadernos para el Diálogo”. Fernández Santos se refería al texto publicado en agosto-setiembre de 1969 en la citada revista, sobre la invasión de Praga por las tropas del pacto de Varsovia (61).

    Sacristán respondía a vuelta de correo a Fernández Santos el 5 de febrero de 1970:

    “Apreciado amigo:
    Te agradezco tu carta del día 27, la propuesta que me haces en ella y tu previa iniciativa en la redacción de El Correo de la UNESCO. Por una inadvertencia, he perdido el sobre de tu carta. Miraré una dirección en la revista y mandaré esta respuesta a la dirección que allí encuentre. Espero que te llegue.
    Sí que me resultaría agradable escribir algo sobre Lenin. Y creo que lo único de lo que podría escribir con cierta tranquilidad tiene también la ventaja de ser lo menos irritante para cualquiera. Yo te propondría el tema “Lenin como filósofo”. Antes  de plantear nada me interesa ver si recibes esta carta. Al acusarme recibo, cosa que te agradecería, indícame también extensión del trabajo y fecha de entrega.”

    Fernández Santos respondía a Sacristán el 23 de marzo señalando que Vicente Herrero le había pasado la traducción de las citas de Lenin –un encargo de traducción solicitado por El Correo de la Unesco-   junto con la carta del 5 de febrero. En nota señalaba: “Después de escribir esta carta, recibo la tuya con mucho retraso (“Conflictos laborales” en el correo francés)”. Y añadía:

    “(…) Yo me marcho por diez días fuera de París, a Madrid y Alicante. Me hubiera alegrado poder pasear por Barcelona y charlar un rato contigo y otros amigos. Será para otra ocasión.
    Te agradezco la rapidez con que has hecho la traducción. Yo no he podido leerla aún. Pero Herrero me ha encargado que te diga que la encuentra excelente. En cuanto a la presentación, más que perfecta.
    Ahora espero tu artículo sobre Lenin. Cuanto antes lo tengas, mejor. Pero sigues teniendo como plazo hasta el 8 o 10 de abril”.

    El 16 de marzo de 1970, Sacristán, con destacable ironía, respondía a esta última carta de Fernández Santos, señalando, por una parte, la recepción de un texto de Lenin -acaso en alemán-, cuya traducción iba a  terminar en pocos días y, por otra, comentando algunas características de su propio artículo:

    “Querido amigo:
    Yo pensé por un momento, en una de mis anteriores cartas, en decirte algo acerca de la recomendación de Javier Pradera (62)  para Ignacio Bolívar. Pero como había pasado cierto tiempo desde mi solicitud, decidí que no debía hacerlo, para no dar a Bolívar una sensación de acoso.
    He recibido el texto de Lenin, y lo tendré terminado el viernes 20 o incluso antes, con mucha anticipación por lo tanto. Es un texto breve y familiar. La selección tiene cierta gracia: parece bastante exenta de urgencias à la mode y de intención táctica- instrumental excesiva, salvo en la cargante insistencia en el aprovechamiento de los intelectuales burgueses y en la anacrónica importancia dada a la pugna con los futuristas. Pero, de todos modos, también eso es histórico e instructivo.
    Me alegra mucho la noticia de la victoria de nuestro subdesarrollo. Pongo inmediatamente manos a la obra y espero adelantarme un poco -aunque no podrá ser mucho, dado el poco tiempo que queda- a la fecha tope que me indicas. Tomo nota de las características populares que ha de tener el artículo. No me molestan en absoluto: conforme me voy haciendo viejo voy sintiéndome capaz de prescindir sin complejos de gran parte de los usos académicos.
Con un abrazo, y de nuevo agradecido de tu eficacia nada subdesarrollada…” [Las dos cursivas son mías].

    El 18 de marzo de 1970, dos días antes de la fecha indicada, Sacristán escribía a Vicente Herrero, el delegado de la UNESCO en París, adjuntándole la traducción requerida y con curiosos comentarios de alguien que, precisamente, solía conversar con los trabajadores de los talleres de imprenta (63):

      “Estimado señor Herrero:
    aquí le adjunto la traducción que me encargaron ustedes el día 12 de marzo.
    […] También me importaría mucho que, de serles posible, me hicieran ustedes alguna indicación acerca de la traducción y del mecanografiado. Es la primera vez que trabajo para ustedes, y me convendría saber lo suficiente acerca de sus criterios y de sus costumbres de trabajo.
    He reproducido las características de interés tipográfico que presentaba el texto original (pero he completado la indicación de cursiva -italique- que era evidentemente irregular en el original) y he cuidado de que cada una de mis páginas contuviera casi exactamente la traducción de la página francesa del mismo número, suponiendo que eso puede facilitar el trabajo de control y acaso también el de cálculos de compaginación. Por el principio de respetar las características tipográficas he puesto en mayúsculas el nombre ZETKIN, cuando posiblemente sería más adecuado dar la indicación de versalita.
    Dudas como esta última serán sin duda fáciles de eliminar para trabajos posteriores si ustedes me pueden dar indicaciones explícitas.
Discúlpeme la molestia y acepte mis cordiales saludos.”

    El 4 de mayo de 1970. S. M. Koffler, Director-Jefe de la redacción de El Correo de la UNESCO, escribía a Sacristán en torno a su contribución:
“La redacción de El Correo de la UNESCO ha leído con mucho interés su interesantísima contribución “Lenin y la filosofía” que ha tenido Ud, la amabilidad de preparar especialmente para el número de El Correo de la UNESCO dedicado a Lenin, a la educación, la ciencia y la cultura.
Tengo el agrado de mandarle adjunto tres copias del contrato oficial rogándole nos devuelva dos copias firmadas a fin de que la Secretaría de la UNESCO pueda hacer los trámites necesarios para el pago.
Atentamente le saluda…”

    Sacristán respondió poco después al Sr. Koffler y a V. Herrero agradeciendo los honorarios por su artículo sobre Lenin y por la traducción. En carta a este último, añadía: “(…) Y también le agradezco la gestión que supongo por detrás de una carta que he recibido con ofertas de traducción del Banco de la UNESCO”.
En cuanto al contenido de “Lenin y la filosofía”, en coincidencia con la expuesto en “El filosofar de Lenin” (64), Sacristán señalaba:

    1.    Los escritos de Lenin dedicados a temas filosóficos o histórico-filosóficos conculcan frecuentemente criterios de exactitud o de precisión en el uso de los conceptos que suelen ser observados en el mundo universitario de la filosofía.    
    2.    Lenin considera tan importante la lucha contra el “idealismo” en el frente de la lucha de clases que no duda en “pasar por alto las diferencias entre pensadores a menudo polémicos entre sí”. La actitud de Lenin tiene un riesgo: despreciar las innovaciones de léxico en filosofía puede mover a pensar como natural “un léxico que es en realidad el de los profesores de generaciones anteriores”.
    3.    Eso no es obstáculo para que Lenin haya percibido, acaso de forma no muy elaborada, que el trabajo del empiriocriticista pueda acabar cerrando en ocasiones el paso de la investigación real.
    4.    Más incluso: en su autocrítica, Lenin se ha anticipado a sus críticos cuando, al volver sobre Hegel, toma consciencia de haber criticado a los empiriocriticistas más desde el punto de vista del materialismo filosófico del XVIII que desde la perspectiva del materialismo marxista.
    5.    En la concepción de la dialéctica en Lenin, juega un papel decisivo, junto a los principios de abstracción y concreción, el principio de la práctica. Con él, el pensamiento de Lenin vuelve a una de sus primeras convicciones: filosofar es intervenir con una peculiar intención intelectual en la lucha de clases. Finalizaba Sacristán su trabajo con la siguiente reflexión:
    “La peculiaridad de esa intención estriba en que, por un lado, articula la acción según concepciones generales y, por otra, consuma estas concepciones en la práctica misma. El filosofar marxista se consuma conscientemente en la lucha de clases” (65)

    En síntesis, una visión del leninismo muy alejada de toda la cantinela salmódica marxista-leninista (o marxista-leninista-pensamiento Mao Tsé-tung) tan presente en aquella época y con resultados tan perversos para el bienestar psíquico-existencial de tantos militantes, y no sólo en el plano teórico o en el de la comprensión de textos, autores o situaciones, sino en aspectos más íntimos, más vitales, más esenciales.

    “Sobre el ‘marxismo ortodoxo’ de Gyorgy Lukács”  apareció en el número 23 de NH, tercer y cuarto trimestre de 1971, páginas 6-14, en traducción de Joaquim Sempere. Fue publicado posteriormente en Realidad, nº 24, diciembre de 1972 (66).

    Sacristán había escrito un magnífico comentario sobre El asalto a la razón en 1967 -y publicado en la revista Materiales en enero-febrero de 1977, diez años más tarde de su elaboración- con el título: “Sobre el uso de las nociones de razón e irracionalismo por G. Lukács” (67). Tradujo, además, obras tan esenciales del filósofo húngaro como El joven Hegel, Estética I, Prolegómenos a una estética marxista, Goethe y su época, Historia y consciencia de clase, El alma y las formas, Materiales sobre el realismo y La novela histórica (68).

    En la solapa de su traducción de la Estética, Sacristán había trazado la siguiente semblanza de Lukács:

    “Georg Lukács nació en 1885 en el seno de una familia hebrea ennoblecida en los últimos tiempos del imperio austro-húngaro. Su primera orientación filosófica le sitúa a grandes rasgos dentro de las “ciencias del espíritu” de tradición neokantiana (Simmel, Dilthey, Max Weber). Ese horizonte filosófico tiene su primera obra de importancia, Die Seele und die Formen (El alma y las formas), celebrada por Max Weber.

    Su adopción del marxismo -a través del tema hegeliano, marxista y sociológico-cultural de la alienación- está en lo esencial consumada en 1919. Ese año Lukács es Comisario del pueblo para la educación en el régimen socialista dirigido por Bela Kun en Hungría. Tras la sangrienta represión del movimiento obrero centroeuropeo por el pre-fascismo alemán y húngaro y por las tropas aliadas, Lukács vive en Austria, Alemania y la Unión Soviética. En el detalle doctrinal su evolución es más compleja: Geschichte und Klassenbewusstein (Historia y consciencia de clase), su primera gran obra explícitamente marxista, no le resulta luego plenamente satisfactoria.

    Durante toda su estancia en la Unión Soviética (hasta 1945), así como en las recientes vicisitudes húngaras, Lukács -criticado por Zinoviev y en el V Congreso de la Internacional Comunista- es una complicada figura de pensador, muy independiente y creador y, a la vez, sumamente tradicional en su hegelianismo y en su teorización del llamado “realismo socialista”.

    Por la dimensión de su obra, especialmente en estética y teoría del arte, Lukács es sin ninguna duda, junto con Antonio Gramsci, uno de los dos pensadores marxistas más considerables de entre las dos guerras mundiales.”
    
    El texto sobre el marxismo ortodoxo de Lukács -autor del que Sacristán propuso, y realizó parcialmente, la edición de sus “Obras completas” (69)-, se publicó poco después del fallecimiento del filósofo húngaro en junio de 1971 y se elaboró en circunstancias nada fáciles para Sacristán: dimisión de sus responsabilidades en la dirección del Partido, aunque no de la militancia política; estudio, balance y reelaboración de una nueva estrategia para el movimiento comunista; situación económica nada cómoda tras haber sido expulsado de la Universidad en 1965; laboriosos trabajos de traducción (70) y, además y por si fuera poco, en momentos nada fáciles desde un punto de vista de su salud personal (71): Sacristán sufrió una profunda depresión que arrancó en 1970 y que le dificultó en gran medida trabajar y escribir con continuidad a un ritmo fuerte, pero que no fue obstáculo para que escribiera textos como el que aquí se comenta.

    Interesa remarcar tres aspectos de este trabajo: sus consideraciones sobre la ortodoxia marxista de Lukács, sus críticas al estalinismo  y su aproximación a algunas tesis de las Conversaciones de Lukács, en 1966, con Holz, Kofler y Abendroth (72).

    La ortodoxia marxista del joven Lukács, señala Sacristán, es tan enérgica como poco amiga de dogmas (73).  La ortodoxia se refiere únicamente al método y éste es, para Lukács, la dialéctica, la comprensión del mundo como cambio, como ámbito de la revolución. De esta consideración del marxismo estuvo satisfecho Lukács hasta su vejez, señalando en su prólogo de 1967 a Historia y consciencia de clase que esa determinación no era sólo objetivamente verdadera sino que, además, en aquellos años en los que Lukács consideraba probable un renacimiento del marxismo, podía tener una influencia considerable.  Efectivamente, señalaba Sacristán, lo ocurrido en el marxismo desde el doble aldabonazo de 1968 –mayo parisino y primavera praguense- tiene que ver, más allá de las apariencias, más con el marxismo del “método” y de la subjetividad de Lukács  que con el “marxismo del teorema y de la objetividad de Althusser” (74) o de los dellavolpianos. Sin embargo, comenta Sacristán críticamente, no sería perdonable incurrir en el desprecio del conocimiento positivo, empírico, que caracteriza el idealismo de la ortodoxia marxista del Lukács de 1923, dado que este integraba su tesis sobre la ortodoxia, sobre el marxismo como dialéctica revolucionaria, en la filosofía idealista de la tradición hegeliana. Lukács partirá de las nociones del joven Marx para recuperar su Marx revolucionario frente al Marx mero teorizador de los autores de la III Internacional.

    Sacristán destaca el punto decisivo de la aproximación lukacsiana: es mérito científico del joven Lukács su insistencia en diferenciar el marxismo de la ciencia común –el marxismo no es sólo ciencia- y, además, el autor húngaro ha valorado más que el mismo Lenin la fuente y parte integrante del marxismo que menos suele citarse: el movimiento obrero. Para Sacristán, el joven Lukács es el más preparado filosóficamente “para explicitar el carácter esencialmente práctico y de clase del pensamiento de Marx”.

    Lukács, por otra parte, criticado por su izquierdismo por el mismo Lenin y sabedor de su fracaso como dirigente político (75), y dada la consolidación del poder estalinista, creyó siempre en la razón histórica de Stalin -estatalización en un solo país,  política de alianzas internacional, conformismo científico-cultural- “pese a su enérgico antistalinismo en materia de organización del poder socialista”. Por ello, la crisis del estalinismo fue también su propia crisis: la energía de su pugna contra la política cultural estalinista y zdanoviana provenían de su convicción del acierto estalinista en los grandes temas históricos  (76). La crisis del estalinismo de Lukács, señalaba Sacristán, “culmina en la catástrofe húngara de 1956”.  Lukács, como es sabido, fue ministro del primer gobierno Nagy y fue uno de los pocos supervivientes conocidos de aquella trágica situación.

    El artículo finaliza con unas reflexiones sobre las Conversaciones de 1966, texto sobre el que, como se dijo, volverá en 1985 en su conferencia sobre el último Lukács y que incluso le impulsó a un breve pero significativo añadido -de agosto de 1971- a su texto sobre las nociones de racionalidad e irracionalidad en Lukács (77).
 
    Por otra parte, algunos de los comentarios de Sacristán son netamente significativos de su visión de los países del este europeo de aquellos años. Criticando el olvido por Lukács del tema de la revolución china y discutiendo su afirmación sobre el poco eco que el socialismo despertaba en los países capitalistas de aquellos años, señalaba:

    “[…] Donde despierta poco eco es en los países burocráticos de la Europa oriental. En el oscuro y excesivo pesimismo del último Lukács actúa mucho más el desprestigio del socialismo por culpa de su deformación burocrática derechista en el poder que la realidad del capitalismo monopolista de la segunda mitad del siglo XX” (78).


4. Una reseña olvidada, otra criticada y una tercera censurada.

    Sacristán publicó dos reseñas en Nous Horitzons (79). La primera estaba dedicada a una edición catalana de las cartas sobre El Capital de Marx y Engels realizada por la editorial “Materials” en 1967 (80).

    Sacristán iniciaba su comentario señalando que había que “celebrar que la empresa de editar los clásicos del marxismo continúe abriéndose tenazmente un resquicio, por estrecho que sea, en la muralla, dos veces ya bautizada, de la censura franquista”. Pero, en cambio, apuntaba, eran menos saludables algunos rasgos de la manera como a menudo se hacían estas ediciones: errores de calibre sobre la vida de Gramsci; Marx traducido del francés, sin ser el Marx de la Miseria de la filosofía ni de otros textos franceses, o del inglés, sin ser los artículos de la New York Daily Tribune ni declaraciones ni llamamientos ingleses. Además, en algunos de estos casos, “el mensajero entre Marx y el traductor catalán era, para acabarlo de arreglar, además, un antimarxista más o menos solvente y, sin ninguna duda, anticomunista más o menos frenético”.

    En el caso del volumen comentado (K. Marx y F. Engels, Cartes sobre “El  Capital”, Barcelona, Edició de Materials, 1967, 335 páginas), se añadía este agravante: los editores de la correspondencia de Marx y Engels (81) sobre El Capital se habían beneficiado del “notable trabajo de selección y anotación del comunista francés Gilbert Badia (82), basado a su vez en el no menos considerable trabajo de desciframiento, selección y edición, realizado por los comunistas alemanes de la editorial Dietz, una de las más antiguas editoriales comunistas del mundo”.

    ¿Por qué subrayó Sacristán tres veces el término “comunista”? Por lo siguiente: los editores del volumen que utilizaban por partida triple el trabajo editorial de partidos comunistas se permitían anteponer al texto de Marx y Engels, y a las valiosas notas de Badia, una páginas en las que se decía que en Francia “las editoriales de filiación comunista han evitado curiosamente la publicación de ciertas obras del joven Marx (prácticamente todas)” y que “la edición de las obras completas de Marx-Engels en la URSS está todavía a medio hacer”.

    En tono, ciertamente enérgico, Sacristán recordaba:

    1. Las Éditions Sociales de París tenían ya entonces excelentes ediciones de casi todos los escritos juveniles de Marx; en especial, la edición de su principal obra juvenil los Manuscritos económico-filosóficos  de 1844, a cargo de Bottigelli.
    2. El concepto de “Obras completas” de Marx y Engels era difícil de fijar, hasta el punto que ninguna edición hecha por editoriales comunistas hasta la fecha se había decidido aún a usar esta denominación (83). Sacristán recomendaba la edición del Partido Socialista Unificado de Alemania, basada en la edición del Comité Central del PCUS, dando incluso su ficha técnica: Karl Marx-Friedrich Engels, Werke [Obras], 26 tomos en 29 volúmenes más tres volúmenes complementarios. Berlín, Editorial Dietz. 1956 y siguientes.
    3. Por lo demás, la situación de la edición de las obras de Marx y Engels era mucho mejor que la de muchos otros clásicos de la filosofía y de la ciencia, lo cual no quería decir, desde luego, que fuera “necesario descansar tranquilamente en la casa ya acabada”. Las dos principales tareas pendientes eran en su opinión: resolver el desciframiento y el problema de la edición de numerosos pliegos y cuadernos, sobre los que filológicamente todavía no se había llegado a una clarificación, y proceder a una edición diplomática de las obras, “dando como irresolubles los problemas de interpretación que hoy todavía hay pendientes y añadiendo los papeles en cuestión meramente en fotocopia” (84).

    La reseña sobre Lenin, un breve ensayo de Roger Garaudy, apareció en NH, número 17, segundo trimestre de 1969 (85). Sacristán destacaba dos rasgos del escrito: Garaudy no mostraba en este trabajo “el excesivo respeto académico por las definiciones tradicionales que es frecuente en la literatura francesa, incluso en la marxista”; y, por otra parte, la manera de construir los aspectos del pensamiento de Lenin que Garaudy ofrecía al lector, era “muy adecuada para las necesidades presentes”. Garaudy acentuaba la insistencia de Lenin en la importancia del factor subjetivo en la historia y las enérgicas tomas de posición antidogmáticas y antisectarias de diversos textos.

    En las 66 páginas del ensayo quedaba claro que Garaudy lo había escrito con el fin de librar una batalla en dos frentes: subrayar la importancia del factor subjetivo en el pensamiento de Lenin le era útil contra el derechismo de tipo tradicional y mostrar que Lenin pensaba de manera antidogmática y antisectaria le servía contra el izquierdismo. Ambas cosas le servían, además,  contra el burocratismo y el estatalismo de la degeneración socialista, “la cual presenta al mismo tiempo el mecanicismo y la razón de Estado y un sectarismo hipócritamente dogmático que disfraza de teoría, desde los tiempos de Zdanov, lo que es mera implicación del poder o de la lucha por éste en tal o cual intriga momentánea”, subrayando finalmente:

    “No parece que la mejor manera de oponerse al derechismo y al nuevo izquierdismo, al igual que a la degeneración del poder socialista, sea continuar utilizando los clásicos del movimiento socialista convirtiéndolos en instrumentos de la disputa. Parece claro que Garaudy tiene razón en su triple polémica, pero parece dudoso que esta razón vaya a triunfar substancialmente con los mismos procedimientos que ha llevado al derechismo “filológico” de la vieja social-democracia (hecha de citas a pie de página de algunos elementos de El Capital), al infantilismo (hecho de citas a pie de página del ¿Qué hacer?, etc.) y a la degeneración burocrática revestida con todas las citas, sean de donde sean, que vayan bien para expulsar a alguien, justificar tal ley o proclamar tal sentencia). Es necesario de una vez dejar vivir a los clásicos. Y no se ha de enseñar a citarlos, sino a leerlos”·.

    Curiosa y sorprendentemente, este texto -como ha mostrado convincentemente G. Pala (86) no fue bien recibido por algunos sectores del Partido. Acaso porque llovía sobre mojado: además de la entrevista sobre Checoslovaquia publicada en Cuadernos para el Diálogo, Sacristán se apuntaba a otra heterodoxia más: el marxismo interesante no podía ser una simple copia, más o menos creativa, de ningún libro -rojo o rosado- de citas de los clásicos. Había que leerlos creativamente y pensar con cabeza propia a partir de ellos y con ellos.    

    La tercera reseña que Sacristán escribió para NH iba a ser publicada en el número 20 de la revista pero, finalmente, no  fue incluida (87). Llevaba por título “A propósito de El futuro del Partido Comunista francés” (88)  y seguramente fue escrita en la primavera de 1970. Se trata de un detallado comentario del ensayo L´avenir du Parti Communiste Français (89), cuyo autor Waldeck Rochet era entonces secretario general del P.C.F. La redacción barcelonesa de NH recibió indignada las razones “escritas y verbales” esgrimidas por la dirección parisina para poner “en reserva” el trabajo de Sacristán (90).

    ¿Cuáles fueron esas razones? Podemos conjeturar alguna hipótesis: algunas de las críticas vertidas al texto de Rochet, secretario del PCF, que era a su vez un decisivo apoyo del PCE en su lucha contra el franquismo, podían dañar esta relación. Por precaución, la dirección del PSUC pensaría que era más sensato dejar en el archivo de “textos pendientes-siempre-pendientes” el escrito de Sacristán, que, como se verá, hace un balance muy ajustado, laudatorio en ocasiones, del ensayo de Rochet, señalando, eso sí, puntos débiles o asuntos solamente apuntados en el análisis del dirigente francés. No hay que olvidar, por otra parte, que algunos puntos críticos al “socialismo realmente existente” pudieron ser mal recibidos por algunos dirigentes del PSUC –también temerosos de las reacciones de algunas bases del partido- que acaso temieron reacción parecida en la dirección del PCF.
    
    La respuesta parecía imponerse: o nunca o bien cuando les fuerce la proximidad de las masas pero, en este segundo caso, claro está, “este asunto habría perdido toda significación”. Sacristán comenta entonces que fundar estrategias y análisis políticos “en verdades incompletas, por auténticas que sean, sin analizar sus consecuencias” puede tener efectos muy negativos. En efecto. No hay duda que el excelente trabajo de organización y preparación de la clase obrera había sido desarrollado con éxito, pero era precisamente este trabajo, ya considerablemente adelantado, el que iba acercando el problema del salto cualitativo: “la aparición en primer plano de la cuestión del poder político”. De ahí la reflexión con la que Sacristán finalizaba este primer apartado.

    En el segundo apartado de este trabajo, Sacristán analiza los capítulos dedicados al tema de la “democracia avanzada”, categoría política muy presente en algunos partidos comunistas de la época. Sacristán expone, en primer lugar, el programa del P.C.F. contenido bajo el concepto de “democracia avanzada”: rotura del poder de los monopolios; socialización de estos sectores productivos; planificación democrática. Se trata de un programa de construcción del socialismo por parte de una clase obrera fuerte, “que se sabe ya representante de toda la sociedad”, que puede y debe recoger el contenido material de lo que había sido mera ideología, tácticas publicitarias en el capitalismo.
    
    Señala Sacristán, en primer lugar, que la solidez de lo dicho, de todo lo dicho, y es mucho, no evita “que queden cosas decisivas por decir”. Una de las consecuencias silenciadas o acaso no vistas sería la siguiente:

    “(...) precisamente porque la gran burguesía monopolista e imperialista no puede ya tolerar la realización de los ideales político-sociales que sus antepasados formularon, precisamente porque los reprime ya hoy -vaciando los parlamentos, eliminando el carácter público de la toma de decisiones políticas, etc.- precisamente por eso el renacimiento de la democracia política en el nuevo marco de una democracia económica presupone la destrucción del poder monopolista. La “democracia avanzada” que propone el PCF es una fecunda vía hacia el socialismo, una versión del mejor análisis de la experiencia staliniana hecho por los partidos comunistas. Pero no resuelve la cuestión del cambio cualitativo del poder. Para después de ese punto crítico del cambio será una vía de construcción del socialismo muy superior a las conocidas (para países ya industrializados), pues será recorrida por las masas a título propio, no constreñidas por un poder paternal responsable de ellas. La “democracia avanzada” del PCF es la vía de instauración del socialismo por una clase obrera responsable de sí misma. Pero entonces es, simplemente, la forma de la dictadura del proletariado apta para países técnicamente adelantados”.

    Resalta además Sacristán ambigüedades en algunas afirmaciones del secretario general. Por ejemplo, cuando Rochet sostiene que la democracia verdadera es una etapa en el camino del socialismo; en su opinión, la democracia avanzada es una fase de la construcción del socialismo porque “una edificación burocrática del socialismo produce graves contradicciones desde el primer momento en las sociedades adelantadas (República Socialista de Checoslovaquia, RDA, por ejemplo) y amenaza con producirlas  a la larga en sociedades que partieron de estados históricos más atrasados (URSS)”(91) . Rochet, pese a su clara percepción de la violencia de la reacción de la alta burguesía frente a cambios reales de poder, no parece notar, en opinión de Sacristán, que entre “el vaciamiento actual de la que fue democracia burguesa y la democracia avanzada” está, inequívocamente, la cuestión central del poder, “en el terreno de la cual  no hay “espantajos”, sino la lucha sin medida de lo que  muere con lo que nace”.

    Hay, además, un cierto tacticismo en las formulaciones de Rochet que, señala Sacristán, es “completamente inútil” y que acaso explique el lamentable léxico que en ocasiones usa el autor. Por ejemplo, ¿por qué llama “nacionalizaciones” el secretario del P.C.F. a lo que debería llamar “socializaciones”? ¿”A qué burgués le va a consolar” ese cambio terminológico?  ¿Qué sentido tiene decir que el P.C.F. es el gran partido revolucionario de Francia en el buen sentido de la palabra? ¿Cuál es entonces, pregunta Sacristán, el mal sentido del término “revolucionario”?

    Concluye Sacristán su análisis con las siguientes palabras:

    “El PCF y otros importantes partidos comunistas de países capitalistas adelantados han dado de ellos, además de una eficaz lucha que ha permitido convertir el socialismo militante en un movimiento de masas, una fecunda definición, cuyo sentido no parecen a veces apreciar del todo, del contenido de la dictadura de un proletariado moderno, culturalmente dueño de la producción industrial contemporánea. Por esa misma riqueza de su aportación han de esforzarse por superar las ambigüedades que aún presenta su análisis y los asideros que ella ofrece a un tacticismo inútil”.

5. Comprender realidad.
    
    En la segunda de sus respuestas para el cuestionario de la edición facsímil de Nous Horitzons (92), Sacristán recordaba que la redacción de la revista no pretendió nunca elaborar teorías. Ni en lo político, como ya había expuesto Althusser en el prólogo inolvidable al Pour Marx –“la literatura política se nos aparecía en aquella época a los comunistas sólo como exposición de los clásicos para formación de militantes o como fundamentación, comentario y propaganda de la política del partido”- ni tampoco teoría especulativa “porque ésta, afortunadamente, no gozaba de la simpatía ni de los assenyats  catalanes de la redacción ni de los no-catalanes de ella, los cuales, aunque mucho menos assenyats, éramos gente de formación demasiado crítica, y hasta hipercrítica, para especular” (93).

    En cambio, admite Sacristán, sí que aspiraban a elaborar y comprender, con la teoría disponible y con sus capacidades críticas, realidad, “mucha realidad, toda la posible, igual la básica que la más sofisticada”:

    Quizá parezca ridículo a la vista de los resultados, pero el hecho es que al menos la redacción de Horitzons en el interior quiso practicar desde el principio un programa gramsciano, un programa de crónica crítica de la vida cotidiana entendida como totalidad dialéctica concreta, como la cultura real. Esto no es interpretación a posteriori: ese programa era explícito y querido por los redactores. Y su realización, por modesta que fuera, permitió a Nous Horitzons algunos aciertos que no da rubor recordar, por ejemplo, haber tratado en serio los problemas de la mujer cuando no eran muchas las mujeres (y menos los hombres) conscientes de esa problemática” (94) .

    Aunque ése fuera el objetivo central, aunque la revista y el partido aspiraran a ser, ante todo, instrumentos eficaces para un programa marxista revolucionario con los pies en la tierra y la racionalidad en el deseo, no habría que menospreciar la importancia teórica, cultural, de las aportaciones filosóficas de Sacristán, su aspecto formativo, aunque su alcance pudiera ser, en principio, muy minoritario dadas las circunstancias y las posibilidades realmente existentes en aquellos años para la difusión de una revista de un partido clandestino fuertemente perseguido por el franquismo.

    Sea como fuere, cabe señalar finalmente:

    1. Sacristán no tuvo ningún reparo en publicar trabajos de importancia filosófica no discutida en revistas del partido, que no eran precisamente en aquellos momentos, ni acaso nunca, publicaciones de aceptación o reconocimiento académicos.

    2. Algunas de estas aportaciones teóricas se publicaron, traducidas por Francesc Vicens o Josep Vallverdú, por primera vez en catalán.

    3. No sólo el tiempo no las ha tocado o arrinconado sino que algunas han ganado matices enriquecedores desde su elaboración. Por ejemplo, su “Studium generale…”

    4. Nunca Sacristán escribió de forma descuidada, reiterativa o salmódica en la revista del partido, actitud que no era infrecuente por parte de otros colaboradores.

    5. Tampoco cedió Sacristán ante el empuje de fuerzas ortodoxas, que con buena o mala intención, deseban un marxismo anquilosado, lleno de citas mal traídas y peor traducidas de los clásicos de la tradición.

    6. No hay nada en ninguno de estos trabajos que justifique la acusación, reiteradamente repetida en algún período, de un Sacristán políticamente inflexible, dogmático, cerrado, nada abierto a los nuevos aires y a las nuevas necesidades. Sacristán fue un enorme filósofo marxista –acaso el más grande filósofo que ha dado el movimiento obrero hispánico- y todos los trabajos comentados son prueba de la calidad, rigor y sensibilidad de su hacer intelectual. También aquí, como diría un Heráclito muy del gusto de Sacristán,  hay saber riguroso, trabajado, informativo y bien argumentado.

    No era fácil. Y no sólo por razones externas. Baste pensar en las reacciones de algunos sectores obreros del partido, por incomprensión, ante sus críticas a la invasión de Praga o ante su formulación de la necesidad de leer creativamente a los clásicos.
Había que tocar realidad y había que pensar con la propia cabeza, aun sabiendo que pensar no es siempre tarea festiva pero sí un buen plan de trabajo para todos los días de la semana, del mes y del año de un partido que aspiraba –y aspira- a un mundo no constreñido por la dictadura impía del capital y de sus aliados políticos.


Notas
         
(*) Óscar Carpintero y José Luis Moreno Pestaña han leído con admirable atención este escrito que acaso no merece ni su dedicación ni su precioso tiempo. He incorporado todos sus comentarios sin excepción; todos ellos ayudan a que este escrito tengo menos errores. Agradecer su paciencia y su interés es mucho menos de lo que debería hacer.

(1)  Dificultades del registro en México, donde se editaba una revista llamada “Horizontes” y donde estaba la edición y Administración de la revista, obligaron a un cambio de cabecera.
(2)  Francesc Vicens fue expulsado del partido durante la crisis Claudín-Semprún de mediados de los sesenta, siendo separado por ello de la dirección de la revista. Sobre este punto, puede verse una entrevista con el propio Vicens en Salvador López Arnal y Pere de la Fuente (eds), Acerca de Manuel Sacristán, Destino, Barcelona, 1996, pp. 339-363, y una larga conversación filmada con él mismo para los documentales que, dirigidos por Xavier Juncosa, forman “Integral Sacristán” (El Viejo Topo, Barcelona, en prensa) y que será depositada en las bibliotecas de la UB y de la Pompeu Fabra, fondo Sacristán.
(3)  Para Francesc Vallverdú, la etapa de oro de la revista en la clandestinidad abarcaría el período que va entre el primer trimestre de 1967 y finales de 1971: 15 números, del 9 al 23. El director fue entonces Manuel Sacristán y del consejo de redacción formaban parte Giulia Adinolfi, Josep Fontana, Xavier Folch, Josep Ferrer, Josep Termes. Colaboradores habituales del exilio fueron Rafel Vidiella y Teresa Pàmies. Véase, Juan Ramón Capella, La práctica de Manuel Sacristán. Una biografía política, Trotta, Madrid, 2005, pp. 97-99.
(4)  Si no ando errado, la revista, en tiempos del erial, se presentó siempre con un director gerente “F. Detrell”, con una redacción en la calle Patrimonio de México DF y una administración en la calle Correggio de la misma ciudad. Pero Nous Horitzons se imprimió en México hasta el número 3. Desde 1967 se reproduce en Catalunya, aunque los clichés se hacían en París; a partir del número 24 la revista se confecciona totalmente en “el interior”. Véase, Francesc Vallverdú, “Sobre la història de NH (1960-1976)”, Edició fascímil 1960-1961, pp. 8-9.
(5)  Empero, hay sorpresas notables. Por ejemplo, en el número 3 de NH hay un artículo de “Ramón Serra” -pseudónimo del físico investigador Oriol Bohigas, que en aquellos años trabajaba en el CNRS-, excelente en mi opinión: “Els científics i la guerra atòmica: un problema de responsabilitat moral” (NH 3, 1963, pp. 20-22). Debo a Francesc Vicens, y al propio Oriol Bohigas, la información sobre la autoría de este trabajo.
(6)  Dejamos, pues, de lado otras aportaciones más directamente políticas en las que sin duda también hay estilo, perspectiva y contenido filosóficos. Por ejemplo, en su breve pero sustantivo escrito sobre el asesinato del Ché Guevara.
(7)  Joaquim Sempere, “Les aportaciones filosòfiques de Nous Horitzons”. Nous Horitzons edició Facsímil 1960-1961, editor Jesús Díez,  “Arxiu del PSUC”, 1979, pp. 22-28.
(8)  Recuérdese: Gregorio Morán, El maestro en el erial. Ortega y Gasset y la cultura del franquismo, Tusquets,  Barcelona 1998 (sobre Sacristán y Laye, véanse principalmente las páginas 317-320). Para un análisis comparativo de las publicaciones “madrileñas” y “catalanas” del Partido, véase: Gregorio Morán, Miseria y grandeza del Partido Comunista de España 1939-1985, Planeta, Barcelona, 1986, especialmente las páginas 365-366. 
(9)  Opiniones vertidas, en ocasiones, desde posiciones muy alejadas de la tradición marxista; por ejemplo, por Jesús Mosterín o Javier Muguerza, pero también por discípulos y amigos como Antoni Doménech, Félix Ovejero y Francisco Fernández Buey.
(10)  Sacristán incluyó cuatro de estas aportaciones en su selección de artículos para los “Panfletos y materiales” publicados por Icaria. Dejó fuera dos reseñas e, incomprensiblemente para mí, “Tres notas sobre la alianza impía”. Acaso la posible pérdida del original castellano sea una explicación de su decisión.
(11)  Como se apuntó en nota 14, Sacristán publicó en Icaria, a partir de 1983, una amplia selección  de sus trabajos políticos, filosóficos y de crítica literaria con el título general, por él mismo seleccionado, de “Panfletos y materiales”. En la “Nota previa” del primer volumen (Sobre Marx y marxismo, Icaria, Barcelona, 1983, pp. 7-8) puede verse una definición de ambas categorías.
(12)  Sobre Scholz, véase la necrológica que Sacristán escribió poco después del fallecimiento del maestro alemán: “Lógica formal y filosofía en la obra de H. Scholz”, Papeles de filosofía, Icaria, Barcelona, 1984, pp. 56-89. Sobre este gran lógico-filósofo-teólogo alemán comentó Sacristán en una conferencia de 1979: ”(…) entre los que cuento a uno de los pocos que considero que han sido maestros míos, que me han enseñado algo, Scholz…” (Manuel Sacristán, Seis conferencias, El Viejo Topo, Barcelona, 2005, p.  56).
(13)  Sobre este período véase el testimonio de Vicente Romano en S. López Arnal y Pere de la Fuente (eds), Acerca de Manuel Sacristán, op. cit, pp. 324-338. Igualmente, las declaraciones de S. Carrillo, Casari y el propio Romano para los documentales “Integral Sacristán”, dirigidos por Xavier Juncosa, con guión del propio Juncosa y de Joan Benach y S. López Arnal.
(14)  Este es, como es sabido, el artículo que provocó la detención provisional de Gabriel Ferrater y los malentendidos posteriores, Está por hacer todavía una aproximación rigurosa a lo sucedido: tanto al, en mi opinión, admirable e infrecuente comportamiento de Sacristán, ya entonces responsable político del PSUC, como a los comentarios y valoraciones posteriores, especialmente las opiniones vertidas por Joan Ferraté, hermano del poeta, después de la muerte de Sacristán. Declaraciones del propio Sacristán sobre este tema están recogidas en Josep-Miquel Servià, Gabriel Ferrater, reportatge en el record, Pòrtic, Barcelona, 1978, pp. 45-50. En “Integral Sacristán”, pueden verse las interesantes declaraciones de varias personas entrevistadas; entre ellas,  las de Miguel Núñez, contacto con la dirección y responsable político de Sacristán en aquellos años cincuenta.
(15)  Esta anunciada la próxima edición de este trabajo, y de “Tres notas sobre la alianza impía”, en Manuel Sacristán, Sobre dialéctica, Montesinos, Barcelona 2006 (prólogo de Miguel Candel, epílogo de Félix Ovejero, nota final de Manuel Monleón Pradas; edición de Salvador López Arnal).
(16)  Antoni Doménech: “El marxismo político de Manuel Sacristán”, en “Del pensar, del hacer, del vivir”, libo anexo a  “Integral Sacristán”, op. cit.
(17)  Si no ando muy equivocado el texto en cuestión fue reeditado clandestinamente, sin apenas modificaciones, por el comité ejecutivo del PSUC en 1972, y no ha sido publicado hasta la fecha de forma menos arriesgada. En mi opinión, sin olvidar la existencia de algunas referencias a temas y discusiones de la época, sigue siendo una magnífica aproximación a puntos esenciales del Manifiesto Comunista. Sacristán contó con las aportaciones de Pilar Fibla y Giulia Adinolfi. Pere de la Fuente ha elaborado una versión catalana de este texto.
(18)  Reimpreso en M. Sacristán, Papeles de filosofía, Icaria, Barcelona, 1984, pp. 90-219. Sacristán dedicó al marxismo las páginas 172-194 de esta edición, y se centró, fundamentalmente, en la exposición de las aportaciones de Bernal, Gramsci y Mao.
(19)  Está por hacer un estudio detallado de las aportaciones y colaboraciones de Sacristán en esta publicación. Josep Fontana ha hecho referencia a escritos de Sacristán que él recuerda que fueron editados en esta revista. En el anexo 2, se presenta la editorial que Sacristán escribió para el número 3 de esta publicación –de noviembre de 1959- y que apareció firmada con las siglas “Q.C.C.”
(20)  Miguel Manzanera incluyó en su tesis doctoral sobre Sacristán un amplio anexo con una parte importante de estos documentos e intervenciones orales transcritas. Véase: Miguel Manzanera, “Relación de los textos de Manuel Sacristán en los archivos documentales”, mientras tanto, nº  63, 1996, pp. 77-87. El historiador Giaime Pala ha proseguido la búsqueda con resultados muy exitosos.
(21)  Uno de estos papeles fue una carta que Sacristán escribió, a petición de unos estudiantes al Ministerio de Educación de la época, y que fue traducida al catalán por Salvador Espriu. Véase anexo 1.
(22)  Véase J-R Capella,  “Aproximación a la bibliografía de Manuel Sacristán Luzón”, mientras tanto, nº  30-31, 1987, pp. 193-223.
(23)  Crítica, la revista clandestina de los estudiantes del PSUC, insertó en su número de agosto de 1968 un artículo firmado por “R. Serra”, acaso seudónimo de Sacristán (Oriol Bohigas me ha confirmado su no autoría, más allá de la coincidencia nominal con su “antiguo nombre de guerra”), con el título “La significación de los movimientos estudiantiles en los países capitalistas occidentales”. Escrito antes de las elecciones francesas del 23 de junio y 1 de julio, el trabajo sólo tiene en  cuenta la primera fase de las grandes luchas de la primavera parisina. Fue reproducido en el número de otoño de 1968 de NH, pp. 45-48. Por tratarse de un texto esencialmente político y haberse publicado previamente en Crítica no lo considero aquí. Se dan noticias de él en el anexo 11.
(24)  Del marxismo de aquellos años… y de años posteriores. Véase, a título de no muy buen ejemplo, Alan Woods y Ted Grant, Razón y Revolución. Filosofía marxista y ciencia moderna. Fundación Federico Engels, Madrid 1995, especialmente las secciones 3 ª y  4ª de la primera parte.
(25)  Años más tarde, durante su estancia en México, Sacristán impartió un seminario de posgrado sobre “Inducción y dialéctica”, donde pueden verse detallados comentarios críticos sobre la acepción de esta polisémica categoría en diversas escuelas y autores marxistas. Se presenta aquí, como anexo 3, una entrevista de 1983 con el periódico mexicano UnomásUno donde Sacristán da cuenta de este seminario y de otros asuntos de aquella época.
(26)  Sacristán estudió Derecho y Filosofía en la Universidad de Barcelona. Escribió en 1963 un excelente artículo en homenaje a Aranguren, parcialmente perdido, con el título: “De la idealidad en el Derecho”, Papeles de filosofía, Icaria, Barcelona, 1984, pp. 302-317 (J-R. Capella recuerda haber leído la parte perdida) y tradujo las obras Fundamentos de filosofía del derecho, de Helmut Coing; El problema de la creación del derecho, de Ph. Heck y El problema del derecho natural, de Eric Wolf. Las tres traducciones, para Ariel, fueron realizadas en 1961.
(27)  Juan-Ramón Capella, “Aproximación a la bibliografía de Manuel Sacristán Luzón”, mientras tanto, 30-31, 1987, p. 203.
(28)  Me ha sido imposible averiguar exactamente la relación de Sacristán con este estudiante de Derecho. Acaso fuera el Juan Ramón Figuerol al que se refiere Salvador Giner en “Su relación con los infieles”, El Ciervo nº  659 , febrero 2006: “(…) Fue así cómo se realizó en el pueblo de La Garriga (Barcelona) un seminario clandestino de dos días, en el que en el comedor de una fonda los de una y otra facción rebelde, leímos ponencias de dos en dos, para ser luego discutidas colectivamente. La idea era analizar la naturaleza de tres grandes ideologías: la liberal, la socialista y la comunista. En un espíritu de amable diálogo desgranamos uno a uno los argumentos de cada doctrina. No guardo notas, pero puedo decir que en el bando agnóstico estaban Luis Goytisolo, Octavio Pellissa, Nissa Torrents, Joaquín Jordá y un servidor (entonces amigos íntimos todos). En el otro, Alfonso Carlos Comín, Juan Ramón Figuerol, José Antonio González Casanova, Jaume Lorés, Josep Maria Cadena. Seguramente me dejo a alguno, pero no éramos muchos. Resultado de aquel encuentro, muy preparado por Lorenzo [Gomis] y José María, que nos obligaron a hacer los deberes, fue la fuerte radicalización inmediatamente posterior de la mayoría, ansiosa de pasar a alguna actividad contra la dictadura…”
(29)  En nota se indicaba: “Resum d’una conferència introductòria a un col.loqui celebrat a l’Aula Magna de la Facultat de Dret de Barcelona .el dia 8 de març de 1963”, pero, de hecho, es el mismo texto que apareció reimpreso en Intervenciones políticas, op. cit, pp. 30-49 . Acaso se trate de una trascripción parcial de la intervención de Sacristán.
(30)  Manuel Sacristán, Las ideas gnoseológicas de Heidegger, Critica, Barcelona 1996 (edición y prólogo de Francisco Fernández Buey). La tesis de Sacristán fue inicialmente editada por el CSIC en 1959-1960. Algunas curiosas cartas en torno a su edición se presentan en el anexo 4. El prólogo que Fernández Buey escribió para esta nueva edición es de lectura imprescindible.
(31)  Cito por la edición más asequible: M. Sacristán, Intervenciones políticas, op. cit, p. 30
(32)  Ibídem, p. 31.
(33)  Reimpreso en: M. Sacristán, Papeles de filosofía, op. cit, pp. 356-380. El conjunto de los textos de Sacristán sobre temas metafilosóficos está recogido en: Contra la filosofia llicenciada, Casal del Mestre, Santa Coloma de Gramenet, 1991 (edición de Pere del a Fuente). Véase igualmente, S. López Arnal y otros (eds),30 años después. EUB, Barcelona 1999.
(34) Manuel Sacristán, Intervenciones políticas, op. cit, p. 37.
(35)  Una aproximación crítica a las posiciones de Sacristán puede verse en: Pablo Huerga Melcón, “Notas para un análisis materialista de la noción de filosofía de Manuel Sacristán”. Creo, acaso con error, que este trabajo de Huerga Melcón de noviembre de 2005 sigue inédito.
(36)  Ibídem, p. 41. El paso es deslumbrante en mi opinión. Despachar esta consideración por “obrerismo” es uno de los más perversos usos de los “ismos” que conozco. No parece que haya muchos aforismos o reflexiones que reflejen mejor la esencia de la situación de la clase obrera en la sociedad capitalista. El fragmento recuerda, por otra parte, un paso de El Capital de Marx muy admirado por Sacristán:  “Todo ser humano muere 24 horas al día. Pero a ninguno se le ve cuántos días exactamente ha muerto ya” (OME 40, 221), Un escrito de juventud de 1950, publicado en Laye, número 3, corrobora esta sensibilidad de Sacristán: (37)“Comentario a un gesto intrascendente”, Intervenciones políticas, op. cit, pp. 11-16. Moreno Pestaña me ha recordado la modulación heideggeriana  de este texto.
(38)  Sobre la noción de utopía en Sacristán, “Heine, la consciencia vencida”, Lecturas, Icaria, Barcelona, 1987, pp. 177-181 y “A propósito del “eurocomunismo”, Intervenciones políticas, op. cit, p. 199. Empero, en una conferencia de abril de 1985 “Sobre Lukács” (M. Sacristán, Seis conferencias, El Viejo Topo, Barcelona, 2005, pp. 157-194), señalaba: “Es verdad que el sentido clásico de utopía, hasta el siglo XIX o principios del XX, es el que dice Lukács: construir la sociedad  perfecta, perfecta en el sentido de que, como en la Utopía de Thomas Moro, a nadie se le vaya nunca una bofetada a su hijo, ni a su primo, ni a su amigo, en ningún momento, ni siquiera un pequeño insulto, ni siquiera una grosería, ni siquiera una indelicadeza, pero cuando los jóvenes del 68 decían utopía, estaban diciendo otra cosa seguramente y valdría la pena ser, creo yo,  desde un punto de vista de política comunista un poco más respetuoso con ese uso del término. No es que yo lo use con gusto, yo no lo uso, yo también soy demasiado viejo como marxista para usarlo”.
(39)  Ibídem, p. 49.
(40)  Curiosamente, en este número de NH se publicó la primera parte de un artículo firmado por M. Carrasco: “Las guerres camperoles a Catalunya (1462-1472, 1484-.1486)”. En una carta de 18 de octubre de 1967 dirigida a López Raimundo (véase anexos de la tesis doctoral de Miguel Manzanera), Sacristán se manifestaba en los siguientes términos: “Una breve nota (la ocasión me coge de sorpresa y en este momento no tengo tiempo para nada más) acerca de lo malo del número 10 (sólo de lo malo que me parece verdaderamente grave y digno de evitarse). Se trata de dos cosas; ante todo, el increíble artículo de María Carrasco “Les guerres camperoles a Catalunya”. Ni una revista de escuela elemental puede permitirse publicar una tal muestra de incompetencia. Este artículo nos cubriría de ridículo o de algo más, porque la cita que hace de la obra más extensa dirigida por Vicens Vives como si fuera de autor desconocido es una metedura de pata como para esconderse en una alcantarilla cuando uno vive en Barcelona. Ante este artículo me parece necesario insistir en que cada cual tiene su oficio. Se puede ser inteligentísimo y genial como poeta y como ingeniero sin saber una palabra de historia. El otro punto que me parece necesitado de corrección es el hecho de escribir sobre la revolución de Octubre (en una revista trimestral y de cultura) de un modo meramente global y sentimental y sin más finalidad que dar un resumen brevísimo de línea política. El tema merecía más respeto. Me disculpo de mandar sólo estos gritos y agradezco de paso las valiosas páginas de Vidiella, que son en mi opinión lo que da valor al número especialmente las primeras tres páginas y media, propiamente de memorias). Junto con los gritos, afectuosos abrazos”. Sacristán seguía explicando su posición en un informe de 4 de diciembre de 1967: “Empiezo por lamentar el que esas líneas fueran tan contraproducentes. Parece como si tuviera ese vicio para siempre. Lo siento por lo que tiene de inveterada incapacidad de ser realmente útil. Parece claro que yo presupongo una posibilidad de entenderse a medias palabras, y que esa posibilidad no existe. Y lo siento también por la ineficacia que he tenido para el asunto mismo. Pues, desgraciadamente, sobre el fondo del asunto yo llevo razón, como intentaré mostrarte ahora”.  En el anexo 5 se reproduce otra critica, el comentario colectivo de la redacción de Barcelona al número 9 de NH fechada en junio de 1967.
(41)  Se publicó simultáneamente en castellano en Realidad, nº 14, 1967. Ha sido reimpresa en Sobre Marx y marxismo, op. cit, pp. 62-84.
(42) Curiosamente, diez años más tarde Sacristán dictó otra conferencia en la UB con ocasión del cuadragésimo aniversario del fallecimiento de Gramsci. Se presenta el esquema de esta intervención en anexo 6.
(43) A Gramsci dedicó Sacristán las páginas 186-192 de este trabajo. José Mª Laso ha recordado que esta entrada de enciclopedia fue muy estudiada por los presos políticos de la cárcel de Burgos de aquellos años.
(44) Ahora en De la primavera de Praga al marxismo ecologista, op. cit, pp. 81-90 y 92-95 respectivamente.
(45) Reimpresa en Pacifismo, ecología y política alternativa. Barcelona: Icaria 1987, pp. 184-206.
(46) Así presentaba esta noción Sacristán en la voz “Gramsci, Antonio” que escribió para el diccionario filosófico editado por Runes: “En la concepción marxista de Gramsci la cuestión “¿qué es el hombre?” entendida como cuestión filosófica no pregunta por la naturaleza biológica de la especie sino por otra cosa que él formula del modo siguiente: “¿Qué puede llegar a ser el hombre? Esto es, si el hombre puede dominar su propio destino, si puede “hacerse”, si puede crearse la vida”. Piensa Gramsci que todas las filosofías han fracasado hasta ahora en el tratamiento de esa pregunta porque han considerado al hombre reducido a su individualidad biológica. Pero la humanidad del individuo comporta elementos de tres tipos: primero, el individuo mismo, su singularidad biológica; segundo, “los otros”; tercero, “la naturaleza”. El segundo y el tercer elementos son de especial complejidad: el individuo no entra en relación con los otros y con la naturaleza mecánicamente, sino ”orgánicamente” (con los otros) y “no simplemente (con la naturaleza) por ser él mismo naturaleza, sino activamente, por medio del trabajo y de la técnica” (incluyendo en este último concepto también los “instrumentos mentales”, esto es, la ciencia y la filosofía)” (...) Esas relaciones..., son activas, conscientes, es decir, corresponden a un grado mayor, o menor de inteligencia de ellas que tiene el hombre. Por eso puede decirse que uno se cambia a sí mismo, se modifica, en la medida misma en que cambia y modifica todo el complejo de relaciones del cual él es el centro de anudamiento. Con eso ultima Gramsci su reelaboración del concepto de “naturaleza humana” de Karl Marx: “que la “naturaleza humana” es el “complejo de las relaciones sociales” (como ha escrito Marx) es la respuesta más satisfactoria, ya que incluye la idea de devenir... Puede también decirse que la naturaleza del hombre es la ‘historia’.” (“Gramsci, Antonio”, Papeles de filosofía, op. cit, p. 416).
(47) Para el concepto de práctica en la obra de Sacristán: Introducción a la lógica y al análisis formal,.op. cit, p. 16; “El filosofar de Lenin”, Sobre Marx y marxismo, op. cit, pp. 169-170, y “Entrevista con M. Sacristán”, Pacifismo, ecologismo y política alternativa, op. cit, pp. 120-121.
(48)  M. Sacristán, Sobre Marx y marxismo, op. cit, p. 63.
(49)  Ibídem, p. 70, nota 7.
(50)  Ibídem, p. 73.
(51)  Reimpreso ahora en Ibídem, pp. 176-190. Se publicó también en castellano en Realidad, nº  19, diciembre de 1970. En honor del buen hacer de NH hay que señalar que la edición de este trabajo en la revista salva algunas erratas que se produjeron años más tarde, y en muy otras condiciones, en la edición de Icaria.
(52) Antes, en el número 17 del segundo semestre de 1969, se había producido una fuerte discusión entre la redacción barcelonesa, coordinada por Sacristán, y el comité francés por la publicación de una reseña elogiosa de un libro de entrevistas de Sergio Vilar, Protagonistas de la España democrática. La oposición a la dictadura, París, Ed. Sociales 1969. Sacristán  fue una de las personas entrevistadas: páginas 262-273 (Sus respuestas a un cuestionario sobre reforma de enseñanza en páginas 682-702). Sobre este punto, véase el excelente trabajo de Giaime Pala, “’Sobre el camarada Ricardo’. El PSUC y la dimisión de Manuel Sacristán (1969-1970)”, mientras tanto, nº 96, otoño 2005, pp. 47-75.
(53) Curiosamente, tres años más tarde, Sacristán volverá a dictar otra conferencia esencial en la Autónoma de Barcelona. Esta vez con título: “De la dialéctica”. Ahora en: Manuel Sacristán, Sobre dialéctica, op. cit. (en prensa).
(54) Reimpresa en M. Sacristán, Sobre Marx y marxismo, op. cit, pp. 133-175. Previamente a su edición castellana se había publicado en Critica marxista, nº IX/1, enero-febrero de 1971.
(55) Conscientes de ello, los redactores argumentaban que la extensión no debía ser obstáculo para su publicación sin cortes en el nº  21 de NH dado que era, de lejos, la contribución más importante en el centenario de Lenin.
(56) Así, las líneas iniciales del artículo: “La insuficiencia técnica o profesional de los escritos filosóficos de Lenin salta a la  vista del lector. Para ignorarla hace falta la premeditación del demagogo o la oscuridad del devoto”. O, líneas más adelante, “El desprecio de la diferencia o el matiz filosóficos es el defecto más característico del filosofar de Lenin”.
(57) G. Pala, art. cit, p. 72.
(58) No he podido averiguar los motivos de esta decisión. Sin duda, el carácter “conflictivo” del tema es una causa en “última instancia”; otras posibilidades: presiones políticas soviéticas, equilibrios “nacionales” de la redacción, prudencia de los editores.
(59) Las cartas de Sacristán y Fernández Santos pueden consultarse en Reserva de la Universidad de Barcelona, fondo Sacristán, carpeta “Correspondencia”. Óscar Carpintero me ha llamado la atención sobre varios pasos oscuros de mi anterior exposición en este punto. La mejoría está en su haber, en su generoso haber.
(60) No iba desencaminado Fernández Santos. En el fondo Sacristán, pueden consultarse diversos y detallados resúmenes comentados sobre textos de Lenin (y no sólo sobre escritos filosóficos. Se presentan algunos de ellos en el anexo 7.
(61) Ahora en: De la primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristán Luzón, op. cit, pp.  35-61. Repárese en la interesante correspondencia cruzada entre José María Mohedano el entonces colaborador de Cuadernos- y Sacristán. Véase muestras de ello en anexo 14.
(62) Parte de la correspondencia entre Javier Pradera y Sacristán -cuando el primero era consejero editorial de Alianza- puede consultarse en Reserva de la UB, fondo Sacristán. Es muy recomendable la entrevista que Xavier Juncosa realizó en 2004 a Javier Pradera para su “Integral Sacristán”.
(63) Sobre este interés artesanal, véase el escrito de Francisco Fernández Buey para Del pensar, del hacer, del vivir, libro que acompaña a “Integral Sacristán” de Xavier Juncosa (op  cit).
(64)  Más allá del tono de algunos pasos y, obviamente, de la extensión, no encuentro diferencias filosóficas de relieve entre ambos trabajos. Por ello, tal vez la redacción de NH obró con una prudencia excesiva, no fundamentada en textos y tesis defendidas.
(65)  M. Sacristán, Sobre Marx y marxismo, op. cit, p. 190.
(66)  Reimpreso en Ibídem, pp. 232-249.
(67)  Ahora en Ibídem, pp. 85-114. En la breve nota que escribió para su edición en “Panfletos y materiales”, Sacristán señalaba: “Esta nota fue escrita en noviembre de 1967, aunque no se comunicó hasta enero de 1968”. Jacobo Muñoz ha indicado que acaso este escrito fuese solicitado a Sacristán para algún volumen colectivo sobre Lukács que no llegó finalmente a editarse.
(68)  Sacristán escribió también la entrada “Lukács, G” para el diccionario de filosofía de D. Runes, una nota necrológica (Sobre Marx y marxismo, op. cit, pp. 29-231), “¿Para qué sirvió el realismo de Lukács” (Pacifismo, ecologismo y política alternativa, op. cit, pp. 176-178)  e impartió en abril de 1985 su penúltima conferencia sobre el Lukács de las Conversaciones (Manuel Sacristán, Seis conferencias, op. cit, pp, 157-194).
(69)  Véase, por ejemplo, la solapa que Sacristán escribió para el volumen 8 en anexo 6, así como diversas cartas sobre la edición de estas obras completas.
(70)  Sin poder precisar fechas de inicio y de finalización de los trabajos, en 1971 se publicaron dos de las traducciones más laboriosas que Sacristán realizó: la Historia del análisis económico de Schumpeter (1.377 páginas) y la Historia general de las ciencias de R. Taton, cinco apretados volúmenes, de los que Sacristán tradujo los tres primeros.
(71) Es de lectura obligada  la reflexión autobiográfica que Sacristán escribió en este difícil período: M. Sacristán, M. A. R. X, El Viejo Topo, Barcelona 2004 (prólogo de Jorge Riechmann,  epílogo de Enric  Tello y edición de Salvador López Arnal), pp. 57-61.
(72)  Sobre este punto, veáse igualmente: M. Sacristán, “Sobre Lukács”, Seis conferencias, op. cit, pp. 157-194.
(73)  Manuel Sacristán, Sobre Marx y marxismo, op. cit, p. 234.
(74)  Para una opinión matizada de Sacristán sobre este supuesto fracaso: “Sobre Lukács”, Seis conferencias, op. cit, pp. 160-162.
(75)  Aquí apuntaba Sacristán: “Las tomas de posición de Lukács contra Trotski (con respeto) y contra Bujárin (con injusto desprecio incluso en lo personal) son elocuentes” [la cursiva es mía], Sobre Marx y marxismo, op. cit, p. 243.
(76)  Ibídem, p. 114. 
(77)Aquí escribía Sacristán: “(…) Lukács insiste en la racionalidad condicional o interna a cada estructura (el sentido de “racionalidad” en la expresión, por ejemplo “racionalidad capitalista”) y apunta a fundamentar la idea general .no ya condicional de “racionalidad” en la de “implicación del ejercicio del trabajo productivo” en sentido marxista. Esta segunda indicación tiene sin duda mucha importancia”.
(78)  M. Sacristán, Sobre Marx y marxismo, op. cit, p. 247.
(79)  Tengo la duda, que no he podido resolver, si la reseña sobre La civilización en la encrucijada que apareció sin firma en el número 17 de NH, pp. 54-55, junto al comentario del Lenin de Garaudy, fue también escrita por Sacristán.
(80)  No se ha podido localizar el texto original de Sacristán. Para una versión castellana de la traducción catalana de Francesc Vallverdú: Manuel Sacristán, Escritos sobre El Capital y textos afines, El Viejo Topo, Barcelona, 2004, pp. 42-46 (prólogo de Alfons Barceló y epílogo de Oscar Carpintero).
(81)  Sacristán, como es sabido, coordinó el proyecto de publicación de las obras completas de Marx y Engels (OME) en Crítica. Había proyectado unos 20 volúmenes para la correspondencia de Marx y Engels. Están traducidos, sin haber sido publicados, aproximadamente, la mitad de estos volúmenes.
(82)  G. Badia era hijo de inmigrantes españoles. Nació en 1916 y murió recientemente, en noviembre de 2004.
(83)  Sacristán recordaba aquí que “no otro que Gramsci sostuvo -y la opinión es respetable- que editar borradores de Marx, como han hecho las editoriales soviéticas, era empresa discutible y tal vez injusta con la memoria del maestro”. Un comentario elogioso similar lo dirigió Sacristán a consideraciones de Althusser  sobre este tema. Sobre la aproximación de Sacristán a la obra de Althusser, puede consultarse: S. López Arnal, “Sacristán sobre Althusser”. Er, Revista de Filosofía, nº 34-35, 2005, pp. 277-301.
(84)  En 1983, Jordi Moners tradujo por vez primera al catalán el gran clásico de Marx. Sacristán escribió, durante su estancia en México, un prólogo para esta edición de El Capital, que fue traducido al catalán por el propio Moners y que fue nuevamente traducido, a partir de esta versión, por mí mismo en Manuel Sacristán, Escritos sobre El Capital (y textos afines), op. cit, pp. 360-364. En anexo 9 se presenta el texto original de Sacristán que puede consultarse ahora en Reserva de la UB, fondo Sacristán, tras la donación de Juan-Ramón Capella.
(85)  Puede verse en anexo 10 la versión castellana del texto editado.
(86)  Giaime Pala, “Sobre el camarada Ricardo. El PSUC y la dimisión de Manuel Sacristán (1969-1970)”, mientras tanto, 96, otoño 2005, pp. 72-73.
(87)  Véase J-R Capella, La práctica de Manuel Sacristán. Una biografía política, op. cit, pp. 113-115, y Giaime Pala, “Sobre el camarada Ricardo. El PSUC y la dimisión de Manuel Sacristán (1969-1970)”, ed. cit, pp. 71-72.
(88)  Puede consultarse en Reserva de la UB, fondo Manuel Sacristán.
(89)  El ensayo fue editado por la editorial Grasset en 1969. Es posible que fuera uno de los materiales facilitados por Joaquim Sempere, a la vuelta de sus estudios de sociología en París.
(90)  En el artículo citado, Giaime Pala da cuenta de dos cartas decisivas sobre este asunto: Arxiu Nacional de Catalunya, fondo PSUC, nº  609, “NH. Carta de Joan Camí a la redacción de NH”, con fecha 15 de mayo de 1970, y “NH. Carta de la redacción de NH a París”, fechada el 27 de julio de 1970.
(91)  La cursiva es mía. Visto lo visto, el paso –escrito en 1970- es iluminador.
(92)  M. Sacristán, Intervenciones políticas, op. cit, pp. 281-282.
(93)  Ibídem, p. 282.
(94)  Es clara la referencia a Giulia Adinolfi. Años después, en una conferencia de 1983 sobre “Tradición marxista y nuevos problemas”, señalaba: “En cualquier caso, los movimientos herederos de los clásicos, los marxismos posteriores, son bastante mejores que los clásicos mismos por lo que hace al problema de la mujer. Por limitarme a nuestro caso, a este país, en España se puede decir que después de la guerra civil la recuperación del tema de la emancipación de la mujer fue una iniciativa no ya sólo de ambientes culturales marxistas, sino precisamente de partidos marxistas. Creo no equivocarme, si siguiendo a las editoras de la revista de Sociología de la Autónoma, Papers, indico que el número 12 de Nous Horitzons, que era la revista teórico-cultural del P.S.U. entonces, el año 67, publicó la primera aportación -de después de la guerra civil se entiende; antes de la guerra civil había habido, como es natural, mucho desarrollo- a este problema, un artículo de Giulia Adinolfi que luego reprodujeron en Papers al hacer la historia del movimiento feminista en España en el número 9,   el año 1978”  (M. Sacristán, Seis conferencias, op. cit, p. 127).  Sacristán se refiere aquí al artículo de Adinolfi: “Por un planteamento democrático de la lucha de las mujeres”, ahora reimpreso en mientras tanto, nº 94, 2004, pp. 53-60.

Anexos

Anexo 1: Una carta de Sacristán al Ministerio de Educación traducida al catalán por Salvador Espriu.

    Xavier Folch, compañero de militancia en el PSUC en los años sesenta, ha conservado un papel, traducido al catalán por Salvador Espriu, que fue escrito por Sacristán a instancias de unos estudiantes -entre ellos el mismo Folch- del incipiente movimiento universitario barcelonés de finales de los cincuenta. Pretendían dar respuesta con él a un artículo del entonces ministro franquista de Educación, Jesús Rubio.
   
    No he podido encontrar el original castellano del texto que lleva por título “La enfermedad nacional”. Presento a continuación una traducción castellana de la exquisita traducción de Salvador Espriu del original de Sacristán que ha contado con la generosa y competente ayuda de Carles Gil:

    “Bajo el título “La buena salud universitaria”, el ministro de Educación Nacional, don Jesús Rubio, publicó en La Hora un artículo en el que aseguraba que el estado de salud de la Universidad española era malo: lo explica de la manera siguiente: “Nuestros jóvenes universitarios, en contraste con lo que pasa en otros países, no son suficientemente aplicados”. Después de este diagnóstico y de su comentario (“Se precisa, por el propio equilibrio y por el equilibrio de la colectividad a la que pertenecen, que nuestro esfuerzo tenga una aplicación exacta...”), el núcleo del artículo queda redondeado con una promesa (“El resto le será otorgado por añadidura”), mezclada con una amenaza elegante: “...y no hay error más grave que el de intentar alcanzar directamente aquello que tan sólo por añadidura se puede conseguir”.
   
    Nosotros, los universitarios de Barcelona, muy especialmente afectados por la política y por las frases del señor Ministro, creemos que esa acusación no está fundamentada. Por el contrario, los funcionarios del Ministerio de Educación Nacional han repetido muchas veces que jamás se había estudiado en España con tanta aplicación como ahora. Es cierto que el testimonio de unos funcionarios no puede convencer de nada al ciudadano español actual, pero en este caso coincide con nuestra experiencia: muchos de nosotros hemos visitado en estos últimos años universidades extranjeras y hemos podido comprobar que nuestra inferioridad intelectual, respecto al estudiante europeo de nuestra edad y de nuestra misma especialidad, no consiste en una mayor aplicación por su parte. Por el contrario, es normal que el estudiante español sea, por decirlo así, más “erudito” que su colega extranjero: sabemos más cosas -datos, por ejemplo, o, títulos de obras, o nombres de cónsules romanos-, adquiridos con una paciente aplicación. Nuestra inferioridad proviene de otra fuente: del hecho de no conocer casi nunca el planteamiento actual de los grandes problemas ideológicos y científicos. Si no tenemos la suerte de encontrarnos con un profesor ajeno a los elaboradores de cuestionarios oficiales, o si alguna casualidad no nos ayuda a dirigir con buenas lecturas nuestro forzado autodidactismo, somos inevitablemente, con todas nuestras montañas de cosas con tanta aplicación aprendidas, unos rústicos provincianos en la cultura del siglo XX, unos provincianos a los que nadie ha mostrado donde radica la fuente, signo de estudio y de discusión, de la vida espiritual del mundo en que vivimos.
   
    Y cuanta más aplicación, peor. Porque -excepto en las disciplinas técnicas (cuya esterilidad en España proviene de otra causa: del desorden económico)- es imposible enseñar y aprender nada auténtico en un régimen universitario desprovisto de toda libertad científica y de todo contacto con la situación real de la humanidad. No hay ninguna cultura que pueda florecer en el suelo uniforme -puro carbón de piedra- de una tiranía ideológica como la que soporta la Universidad española.
   
    El señor Ministro tendría razón si se limitara a decir, por una parte, que la Universidad española está mal, y seguiría teniendo razón si, por otra parte, ampliara su diagnóstico y dijera. “Toda la cultura española está herida de muerte, esterilizada”. En efecto: el prestigio cultural del país se alimenta todavía de la cultura que en él floreció hasta la agonía de la libertad.
   
    No es sólo la Universidad la que está enferma. La deficiencia universitaria no es más que un síntoma de la enfermedad que sufre toda nuestra cultura, fusilada por el “¡Muera la inteligencia!” que el general Millán Astray disparó a Unamuno el año 1936 en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca; un síntoma de la enfermedad nacional que se llama “tiranía”.

    Y, sin embargo, es cierto que el estudiar con aplicación los cuestionarios ideológicamente decretados por el Régimen puede dar algo por añadidura: puede dar unas cuantas sinecuras. Pero lo que necesita el país en el terreno universitario no es la solución poco digna de los problemas personales de cien estudiantes astutos, sino el restablecimiento de la libertad científica y de cátedra. Y esto no se consigue por añadidura, sino, empero, de una manera inversa: con nuestra lucha política conseguiremos, con la libertad de la nación, la libertad universitaria -por “añadidura”-. Por eso, pues, combatimos.

    El razonamiento es tan obvio que no podemos creer que el señor Ministro haya expuesto sinceramente sus razones. Y lo creemos aún menos cuando recordamos, por ejemplo, aquel “NO-DO” destinado a calmarnos y en el que el locutor nos aconsejaba con insistencia. “Lo esencial es divertirse”. Decían lo mismo las octavillas puestas en circulación por la Autoridad, en la Universidad de Barcelona, durante las acciones de enero y febrero. El señor Ministro no es sincero cuando pide aplicación: él sabe bien que los estudiantes del divertirse, los estudiantes de la estudiantina y de la “Casa de Troya” son los únicos que están a su lado.

    Más allá del tema central, el artículo del señor Ministro comenta dos cuestiones a las que nos interesa aludir brevemente. Una es el reproche de “juvenilismo” (valga la palabra) que nos hace. Este reproche es también injusto. Nosotros no creemos que la juventud sea un valor moral; sólo han podido creer una cosa así las personas de contextura cerebral más peregrina que jamás haya existido: los fascistas, es decir, el señor Ministro y sus compañeros de partido. Nosotros no luchamos en nombre de la juventud contra la vejez, sino en nombre de la verdad, de la libertad, de la justicia y de la honradez -valores tan viejos como el ser humano-, contra la mentira de la prensa dirigida, contra la esclavitud bajo una tiranía que impone a los exámenes universitarios la “solución” unívoca de cada tema, contra la injusticia de la ilegalidad oficial en la que vivimos y contra la corrupción administrativa que aumenta todavía más los sufrimientos que causan estas tres plagas que acabamos de citar: la mentira, la esclavitud, la injusticia.

    La otra cuestión es la de la justificación que de su violencia contra los estudiantes de Barcelona da el señor Ministro, quien dice. “La más envilecida de todas las formas de adulación es aquélla que se rinde a la colectividad”. Nosotros propondríamos al señor Ministro que sustituyera la “moral” de pura emoción “viril” que le dicta esa frase, por la moral de seres racionales atentos a los postulados de la justicia pública. Entonces obtendría, en lugar de la sentencia viril-glandular acabada de citar, la siguiente afirmación ético-jurídica: “La más monstruosa de todas las formas de dictadura es aquélla que tiraniza una colectividad mayoritaria, constituida prácticamente por todo un pueblo”.

    Recordaba Xavier Folch que Sacristán comentó al conocer la versión catalana de su escrito que no importaba demasiado que su papel se perdiera, que lo decisivo era conservar el texto de Espriu. Así ha sido. No sería admisible negar la posibilidad de verificar una vez más la excelencia literaria del autor de La pell de brau:

    “Sota el titol “La buena salud universitaria”, el ministre d´Educació Nacional, don Jesús Rubio, publicà en La Hora un article en el qual assegura que l´estat de salut de la Universitat espanyola és dolent: ho explica de la següent manera: “Els nostres joves universitaris, en contrast amb el que passa en altres països, no tenen prou aplicació”. Després d´aquest diagnòstic i del seu comentari (“Es precís, per al propi equilibri i per a l´equilibri de la col.lectivitat a la qual pertanyem, que el nostre esforç tingui una aplicació exacte...”), el nucli de l´article queda arrodonit amb una promesa (“la resta li serà donada per afegiment”), mesclada amb una amenaça elegant: “...i no hi ha error més greu que el d´intentar abastar directament allò que només per afegiment es pot aconseguir.”

    Nosaltres, els universitaris de Barcelona, molt especialment afectats per la política i per les frases del senyor Ministre, creiem que aqueixa acusació no és fonamentada. Altrament, els funcionaris del Ministeri d´Educació Nacional han repetit moltes vegades que no s´havia mai estudiat a Espanya amb tanta aplicació com ara. El testimoni d´uns funcionaris no pot convèncer de res, és cert, el ciutadà espanyol actual, però en aquest cas coincideix amb la nostra experiència: molts de nosaltres hem visitat en aquests darrers anys Universitats estrangeres i hem pogut comprovar que la nostra inferioritat intel.lectual, respecte a l´estudiant europeu de la nostra edat i de la nostra mateixa especialitat, no consisteix en un major aplicació per part seva. És normal, al contrari, que l´estudiant espanyol sigui, per dir-ho així, més “erudit” que el seu col.lega estranger: sabem més coses -dates, per exemple, o, títols d´obres, o noms de cònsols romans-, adquirides per una pacient aplicació. La nostra inferioritat prové d´una altra font: del fet de no conèixer quasi mai el plantejament actual dels grans problemes ideològics i científics. Si no tenim la sort de topar amb un professor aliè als confeccionadors dels qüestionaris oficials, o si alguna casualitat no ens ajuda a encarrilar amb bones lectures el nostre forçat autodidactisme, som inevitablement, amb totes les nostres muntanyes de coses amb tanta aplicació apreses, uns rústics provincians en la cultura del segle XX, uns provincians als quals ningú no ha mostrat on radica el fons, signe d´estudi i de discussió, de la vida espiritual del món en el qual vivim.

    I com més aplicació, pitjor. Perquè -excepte en les disciplines tècniques (l´ esterilitat de les quals, a Espanya, prové d´una altra causa: del desordre econòmic)-  és impossible d´ensenyar i d´aprendre res d´autèntic en un règim universitari desproveït de tota llibertat científica i de tot contacte amb la situació real de la humanitat. No hi ha cap cultura que pugui florir en el sòl uniforme -pur carbó de pedra- d´una tirania ideològica com la que suporta la Universitat espanyola.

    El senyor MInistre tindria raó si es limités a dir, d´una banda, que la Universitat espanyola està malament. I seguiria tenint raó si, d´altra banda, ampliés el seu diagnòstic i digués:  “Tota la cultura espanyola està ferida de mort, esterilitzada”. En efecte: el prestigi cultural del país s´alimenta encara de la cultura que en ell florí fins a l´agonia de la llibertat.

    No és sols la Universitat allò que està malament de salut. La deficiència universitàrìa és només un símptoma de la malaltia que sofreix tota la nostra cultura, afusellada pel “¡Muera la inteligencia!” que el general Millán Astray disparà a l´Unamuno l´any 1936 en el Paraninf de la Universitat de Salamanca; un símptoma de la malaltia nacional que s´anomena “tirania”.

    I, tanmateix, és ben cert que l´estudiar amb aplicació els qüestionaris ideològicament decretats pel Règim pot donar quelcom per afegiment: pot donar unes quantes sinecures. Però el que necessita el país en el terreny universitari no és la solució poc digne dels problemes personals de cent estudiants astuciosos, sinó el restabliment de la llibertat científica i de càtedra. I això no s´aconsegueix per afegiment, sinó, tanmateix, d´una manera inversa: amb la nostra lluita política aconseguirem, amb la llibertat de la nació, la llibertat universitària -”per afegiment”-. Per això, doncs, lluitem.

    El roanament és tan obvi que no podem creure que el senyor Ministre hagi exposat sincerament les seves raons. I ho creiem encara menys quan recordem, per exemple, aquell “No-Do” destinat a calmar-nos i en el qual el locutor ens aconsellava amb insistència: “El que és essencial és divertir-se”. Deien el mateix les octavilles posades en circulació per l´Autoritat, a la Universitat de Barcelona, durant les accions de gener i de febrer. El senyor Ministre no és sincer quan demana aplicació: ell sap prou bé que els estudiants del divertir-se, els estudiants d´estudiantina i “Casa de la Troya”, són els únics que estan al seu costat.

    Fora ja del tema central, l´article del senyor Ministre esmenta dues qüestions a les quals ens interessa al.ludir breument. L´una és el retret de “jovenivolisme” (valgui la paraula) que ens fa. Aquest reprotxe és també injust. Nosaltres no creiem que la joventut sigui un valor moral; només han pogut creure tal cosa les persones de contextura cerebral més peregrina que mai hagin existit: els feixistes, és a dir, el senyor Ministre i els seus companys de partit. Nosaltres no lluitem en nom de la joventut contra la vellesa, sinó en nom de la veritat, de la llibertat, de la justícia i de la honradesa -valors tan vells como l´home-, contra la mentida de la premsa dirigida, contra l´esclavitud sota una tirania que imposa als qüestionaris universitaris la “solució” unívoca de cada tema, contra la injusticia de la il.legalitat oficial en la qual vivim i contra la corrupció administrativa que augmenta encara més els sofriments que causen aqueixes altres tres plagues que acabem d´esmentar: la mentida, l´esclavitud, la injusticia.

    L´altra qüestió és la de la justificació que de la seva violència contra els estudiants de Barcelona dona el senyor Ministre, el qual diu així: “La més envilida de totes les formes de l´adulació és aquella que hom rendeix a la col.lectivitat”. Nosaltres proposaríem al senyor Ministre que substituís la “moral” de pura emoció “viril” que li dicta aqueixa frase, per la moral d´éssers racionals atents als postulats de la justícia púbica. Aleshores obtindria, enlloc de la sentència viril-glandular acabada de citar, la següent afirmació ètico-jurídica: “La més monstruosa de totes les formes de dictadura és aquella que tiranitza una col.lectivitat majoritària, constituïda pràcticamet pet tot un poble.”   

Anexo 2: Editorial de Quaderns de cultura catalana, nº 3 (revista del PSUC, noviembre 1959, firmado como “Q.C.C”).

    El siguiente texto es la editorial del número 3 de Quaderns de cultura catalana. Josep Fontana ha confirmado la autoría de Sacristán (por lo demás, muy evidente). Obsérvese la coincidencia de posición con escritos de la época como “Tres notas sobre la alianza impía” y con textos posteriores enmarcables en el ámbito de la política y la sociología de la ciencia:

    “En los ambientes intelectuales conservadores y tradicionalistas, los últimos acontecimientos de la técnica astronáutica (Lunik II y Lunik III) han provocado las habituales jeremiadas de menosprecio acerca de la “mecánica civilización técnica”, llantos de raíz romántica y germánica difundidos en nuestra casa por las traducciones de Revista de Occidente. La alegría satisfecha de los comunistas por el éxito de la astronáutica soviética es, para estos nostálgicos de la “naturalidad”, de la “escala humana” del mundo medieval, rudo y bárbaro entusiasmo respecto de la “mera acumulación” de conocimiento y conquistas técnicas materiales, irrelevantes según ellos para el destino del hombre y para su autoconocimiento. La intelectualidad burguesa de países que, al menos, han abandonado culturalmente la Edad Media -sobre todo los anglosajones- consideran que este entusiasmo natural de los comunistas es tan sólo partidismo, sentimiento espurio de la pura actividad científica, del ethos teorético. Los comunistas -según ellos- habrían estado menos felices si el Lunik III se hubiera llamado “Explorer” y hubiese despegado de alguna base yanqui.

    Es verdad. Nos ha satisfecho positivamente que el Lunik III llevara una hoz y un martillo -esto que la prensa franquista llama tímidamente “el escudo de la Unión Soviética” y que en realidad es el símbolo internacional de la humanidad que trabaja y avanza. Nos ha satisfecho, naturalmente, como comunistas, pero nos ha satisfecho también como personas de profesión científica o intelectual en general, porque el hecho que el Lunik III llevase una hoz y un martillo -símbolo muy diferente del viejo nacionalismo hambriento de conquistas imperiales que se esconde en acto o en potencia, debajo de los pliegues de las otras banderas del mundo- garantiza que la ciencia continúe siendo en el siglo XX, gracias al triunfo del marxismo en parte del mundo, fiel a su función cultural revolucionaria y progresista. La ciencia -nuestra ciencia europea, usando palabras agradables a todos los oídos- nació con la voluntad y misión revolucionarias: nació con el objetivo de liberar al hombre de la más sutil de todas sus alienaciones, que es la alienación en sus propios productos culturales y especialmente en la visión teológica tradicional del mundo. No importa que Kepler o Newton tuvieran una religiosidad personal y propia; ésta era, con sus vaguedades heterodoxas, un compromiso con la religiosidad medieval, y constituía, por otra parte -esto es decisivo culturalmente- una ruptura con el teologismo de la Edad Media: la religiosidad de Newton se inserta ya a posteriori, como mítica, en la nueva visión científica del mundo, en lugar de ser, como era la teología medieval, estructura fundamental y apriorística de toda la cultura.

    Aún dejando al lado la actitud reaccionaria de un mundo sin ciencia, actitud con cuya consideración hemos iniciado esta nota; aún teniendo en cuenta solamente la forma más moderna de la cultura burguesa -la mentalidad científica presuntamente libre de ideología y de ideales, tal como se presenta en el neopositivismo anglosajón-, se puede afirmar que la ciencia, en el mundo burgués, ha perdido su razón de ser humana y humanista: ser un arma en la lucha del hombre contra la alienación de su espíritu en lo que es desconocido, ser verdadera creadora de cultura, de mundo espiritual humano, y no solamente de instrumental técnico. Que la ciencia vaya adelante por obra de marxistas, por obra de humanistas, es garantía que la lamentación romántica tradicionalista sobre la escisión entre ciencia y hombre no tiene razón de ser. El científico marxista no hace ciencia simplemente porque le divierte o porque tenga su modus vivendi, para olvidarla en su vida privada y moral, como olvida  la bata del laboratorio después de sacársela. El científico marxista hace ciencia como los clásicos: en función de un ideal revolucionario de progreso, al servicio de un nuevo mundo humano. Por eso nos alegra que el Lunik III haya despegado de la URSS más de lo que nos alegraría -y nos alegraría mucho también- si hubiera despegado de los Estados Unidos de América.”

Anexo 3:  Entrevista con UnomásUno.

    Esta entrevista fue realizada por Javier Molina y se editó los días 25 y 26 de enero de 1983. Unomásuno era un diario vinculado a la izquierda mexicana, crítica del hacer político del P.R.I. (Partido Revolucionario Institucional).

    La primera parte de la conversación apareció con el siguiente titular: "Opina el catedrático Manuel Sacristán. "Marx un autor "irrenunciable" como clásico de las ciencias sociales pero "no actual" en sus detalles". Lo han desbordado las fuerzas productivas y destructivas de hoy". La segunda parte recibió otro titular no menos jugoso: "Critica el filósofo marxista la política nuclear de Mitterrand. El socialismo radical no debe considerar como bien absoluto ninguna forma de Estado: Manuel Sacristán".

    Recuérdese que fue durante el curso académico 1982﷓83, cuando Sacristán impartió clases en la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México). Independientemente de la existencia de otras razones, la posibilidad de dar clases en esta universidad mexicana probablemente estuviera relacionada con su primera visita a la UNAM y con su intervención en el Congreso de Filosofía celebrado en Guanajuato en 1981. Allí Sacristán presentó una comunicación con el título "La relación entre la sociedad y la naturaleza en la filosofía de las ciencias sociales (Un esquema de discusión)", editada en Dialéctica y en mientras tanto, nº 10, diciembre 1981, pp. 23﷓34 (ha sido reimpresa en Papeles de filosofía, op. cit, pp. 453﷓467).

    “I. La vigencia del pensamiento de Carlos Marx. Es una cuestión que se ha planteado con motivo del centenario del fallecimiento del autor de El Capital. Manuel Sacristán, catedrático de metodología de las ciencias sociales, de la Universidad de Barcelona, responde lo siguiente:

    "A mi me parece que cuando nos ponemos frente a la obra de Marx hoy, hay unas cuantas cosas claras. La primera es que en el plano científico Marx es un clásico de las ciencias sociales, lo que quiere decir un autor por un lado irrenunciable y, por otro, no actual en todos sus detalles. Y otra cosa clara es que Marx es mucho más que eso: es un clásico también de la secular o milenaria aspiración de la humanidad a emanciparse de las servidumbres que ella misma se ha impuesto. Esto que dicho así suena demasiado hegeliano, en la versión de Marx se concreta suficientemente por medio de los análisis sociales de clase. En los dos campos: como científico y como filósofo de la sociedad Marx es un gran clásico que, en mi opinión, no caducará nunca.

    "Pero cuando se plantea la cuestión de continuar hoy elaborando la clave de la inspiración marxiana (que consiste en asentar el movimiento emancipatorio en una base científica) se plantean problemas realmente serios. El principal de ellos, en mi opinión, se refiere a la importancia del desarrollo de las fuerzas productivas para la acción revolucionaria".

    Manuel Sacristán sostiene que "las fuerzas productivas y destructivas desencadenadas en la segunda mitad del siglo XX han desbordado con amplitud lo que Marx podía imaginar. Eso pone en tela de juicio el objetivismo del modelo ﷓de origen hegeliano﷓ en el que el desarrollo de las fuerzas productivas juega un papel enérgicamente revolucionario, por aquello de que todo lo real es racional. A mi me parece que éste es hoy el punto problemático fundamental del marxismo".

    Manuel Sacristán se encuentra en México impartiendo dos seminarios en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, uno para docentes y otro para la división de postgrado. Se trata de un curso de método cuyos temas son la inducción y la dialéctica.

    "Escogí esos dos temas porque son dos capítulos más bien despreciados o discutidos de la filosofía de la ciencia. Discutidos hasta el punto de que hay autores que creen que son palabras vacías. Respecto de inducción, por ejemplo, Popper sostiene no hay inducción, que eso no existe, que es una palabra vacía, y respecto de dialéctica lo creen también muchos autores. Como por otra parte son dos conceptos que se usan mucho en la filosofía de las ciencias sociales, me pareció interesante estudiar los dos, un semestre cada uno. Primero desde el punto de vista lógico, formal, y luego desde el punto de vista de la metodología de las ciencias sociales".
   
    -Desde este último punto de vista, ¿qué me diría usted de la inducción y de la dialéctica?
   
    -Como los dos conceptos son muy discutidos es claro que cada uno tiene su opinión.

    La mía es que tanto inducción como dialéctica, en planos muy distintos, describen operaciones cuyas reglas son muy triviales, como partos de los montes: decepciona mucho cuando se ponen en forma de reglas; pero, en cambio, son operaciones que se practican constantemente, igual en el conocimiento científico que en el cotidiano, en el común, ordinario. Por ejemplo son inductivas las generalizaciones de bajo nivel, generalizaciones empíricas como a menudo se dice, pero probablemente también muchas comparaciones analógicas que se encuentran en la producción de hipótesis y, por otra parte, se puede llamar dialécticas a muchas operaciones poco formalizables de globalización de conocimientos, de integración de conocimientos. En este sentido algunas técnicas exactas, matemáticas, y en especial las basadas en la teoría general de sistemas se podrían llamar dialécticas. Estos son asuntos de interés en ciencias sociales.
   
    La Editorial Grijalbo ha publicado doce de 68 volúmenes que integran las Obras completas, de Marx y Engels (OME). Manuel Sacristán dirige la edición y traduce, para la misma, El Capital. Traduce ahora el libro tercero (han aparecido el primero y el segundo). Nos informa que obras completas de Marx y Engels "no hay en español todavía. El Fondo de Cultura Económica, de México, está haciendo una amplia edición, pero también está en curso".
   
    En cuanto a la traducción de El Capital "intento, dice, una traducción que sea muy fiel literariamente. Creo que Marx fue un gran escritor, con una prosa muy enérgica que hay que intentar respetar. De todos modos me atengo, al traducir, a dos cosas: el vocabulario y el texto que traduzco.
   
    Quiero decir que a mí me parece que El Capital que hay que traducir es el editado por Engels, porque es el único que ha sido en verdad un libro existente en el movimiento obrero y en la tradición socialista, mientras que los intentos de recomponer El Capital con los borradores de Marx, como hizo Rubel, desembocan en la fabricación de un libro fantasma que nunca existió. Lo que hay que hacer es editar El Capital que preparó Engels y, aparte, los borradores de Marx. Esa es mi opinión, por lo menos".
   
    II. Manuel Sacristán es autor de Las ideas gnoseológicas de Heidegger y de Introducción a la lógica y al análisis formal. En España está en curso la edición de cuatro volúmenes de Escritos varios, el primero Sobre Marx y marxismo, el segundo de Escritos filosóficos, el tercero se titula Intervenciones políticas y el cuarto, Lecturas.
   
    Sus terrenos, entonces, son lógica y filosofía de la ciencia y marxismo. En México es ampliamente conocido por la antología de Gramsci (selección, traducción y notas), cuya sexta edición fue publicada en octubre de 1981. Ha traducido, entre otros autores, a Lúcaks, Korsch, Adorno y Della Volpe (traduce del alemán, francés, inglés e italiano). "He tenido que traducir mucho (para comer), afirma, porque bajo el franquismo me expulsaron de la Universidad y viví de eso, de traducir".
   
    - ¿Recuerda el primer libro que tradujo?
   
    -  Sí, pues fue un libro de psicología. Hasta que uno traduce mucho puede escoger lo que traduce, pero el segundo ya fue más divertido, fue El banquete, de Platón.
   
    "Seguramente traducir es importante, pero es, por otro lado, un trabajo muy ingrato, al menos en España; en España el traductor es un trabajador a destajo, le pagan a tanto la hoja y si está enfermo no gana nada, y en cuanto hay un poco de crisis las editoriales restringen las traducciones. Es un trabajo nada bien pagado. Ahora, es evidente que la traducción en si misma es muy importante".

    - Hay algunos temas actuales que se abordan desde el marxismo: la ecología, la crítica a una ciencia económica y a una práctica política alejadas de la solución de la crisis general del capitalismo...
   
    - Soy director, en Barcelona de una revista que se llama mientras tanto, de la que han salido doce números. La redacción de la revista es un grupo de personas de pensamiento marxista radical, en su mayoría procedentes del Partido Comunista y que principalmente se proponen trabajar la integración de los nuevos problemas de la civilización industrial en el pensamiento de tradición socialista revolucionaria. En la práctica abordamos esa tarea en colaboración con los pequeños partidos marxistas revolucionarios, con grupos anarquizantes, con grupos ecologistas y antinucleares y con movimientos alternativos, como feministas, etcétera.
   
    -  En la advertencia de la antología de Gramsci usted se refiere a "la necesidad de pasar por encima de las clasificaciones académicas tradicionales cuando se quiere entender el pensamiento revolucionario. Para que haya pensamiento revolucionario, afirma, tiene que hacer ruptura con la estructuración del pensamiento culturalmente consagrado".
   
    - Cuando sostengo que el pensamiento revolucionario tiene que superar la estructuración académica del conocimiento, no es que esté por principio despreciando la estructuración académica del pensamiento, la cual puede ser un punto de partida imprescindible (aunque no siempre). Lo que pienso es que para ser virtualmente revolucionaria, una cultura filosófica y política ha de rebasar, en un cierto sentido, la estructuración del conocimiento en la academia. Y el sentido en que hay que rebasarla consiste en una integración intelectual, en una tendencia a hacer una síntesis, que es lo que yo considero el momento dialéctico de todo pensamiento revolucionario, y por otra parte, la tendencia a una integración todavía superior, que es la integración con la práctica.
   
    "En este punto creo que es necesario hacer una puntualización. En realidad, todo conocimiento tiende a desembocar en una práctica, como decían los escolásticos, el entendimiento especulativo se hace práctica por extensión. Pero lo que ocurre es que esa práctica puede ser puramente tecnológica o ampliamente político﷓social, sin que las dos se excluya, naturalmente. Una característica importante, en mi opinión, de la tradición marxista es la aspiración a un conocimiento científico, pero también integrado dialécticamente en una práctica social. Eso hace que todo marxismo cientificista o teoricista me parezca bastante lejano de la inspiración más central de Marx y de la tradición marxista".
   
    Le preguntamos por el tema socialismo y democracia. "Yo me siento incómodo ante el tema, tengo que reconocerlo. Por un lado es muy claro... quiero decir, por otro es oscuro. Es muy claro que todo socialista normal tiene que ser partidario de la democracia, mientras sea necesaria la organización política de la vida cotidiana pero, por otra parte, un auténtico socialista tampoco puede ser un adorador de la democracia. La democracia es una forma de organización política, es decir una forma de Estado, en sentido estricto, y a mí me parece que el socialismo radical, el socialismo en serio, tiene que conservar suficiente parentesco con el anarquismo, como para no considerar bien absoluto ninguna forma de Estado político, de Estado en sentido estricto.
   
    "En estos momentos de reflujo ideológico, de eclipse de la subjetividad revolucionaria en todos los países de capitalismo avanzado, esto que digo puede parecer una locura o una tontería, pero a mi me parece que precisamente esa crisis ideológica está pidiendo ﷓para su superación﷓ que nos remontemos a la fuente común de voluntad emancipatoria de la que nacieron todos los socialismos, incluido el anarquismo.
   
    "Las cosas se complican todavía más si se considera la práctica socialdemócrata en Europa. Los socialdemócratas europeos, que a menudo se llaman abusivamente socialistas, fundan su legitimación en una exaltación de la democracia, y hasta el momento están contribuyendo al dictado del gobierno estadounidense al armamento nuclear de Europa. Las posiciones del gobierno socialdemócrata francés respecto del armamento nuclear en Europa son peores que las del difunto Franco, dicho sea sin pelos en la lengua. No pasaré por eso a hablar de nuevo de socialfascismo y otros conceptos aberrantes, pero se me permitirá que no me entusiasme con el democratismo de los socialdemócratas europeos, incluidos los de España".
      

Anexo 4: La edición de la tesis doctoral de Sacristán.

La tesis doctoral de Sacristán fue publicada inicialmente por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto “Luis Vives” de Filosofía, delegación de Barcelona, “en 1959” -realmente, 1960-, al precio de 115 pesetas. La publicación llevaba la siguiente información sobre el autor: “Nació en Madrid en 1925. Cursó los estudios de la licenciatura en Filosofía y Letras, sección de Filosofía, en la Universidad de Barcelona. Terminados éstos, estudió de 1954 a 1956 en el “Institut für mathematische Logik und Grundlagenforschung” de la Universidad de Münster-Westfalia. Desde 1956 actúa en la Universidad de Barcelona como ayudante de clases prácticas en la sección de Filosofía y como Profesor adjunto, encargado de la enseñanza de Fundamentos de Filosofía en la facultad de Ciencias Políticas y Empresariales. Consiguió el grado de doctor en filosofía en 1958, con la máxima calificación. Ha publicado sobre temas lógicos y gnoseológicos en revistas de la especialidad”.  “Actúa” no es ninguna errata que se me pueda atribuir.

    Fue para la redacción de esta tesis cuando Sacristán suspendió provisionalmente su militancia en el Partido (la segunda vez fue cuando redactó Introducción a la lógica y al análisis formal), presentando las motivaciones centrales de su estudio en los siguientes términos (Las ideas gnoseológicas de Heidegger., op. cit, p. 24)
“Los grandes filósofos antirracionalistas del siglo XX, tanto Bergson como Jaspers o Heidegger, enseñan además una doctrina más o menos coherente sobre el conocimiento, sobre la verdad, el pensamiento verdadero, la razón, la abstracción, la lógica, etc. Cuando no plenas teorías, sí es dable encontrar en ellos abundantes ideas gnoseológicas. El presente estudio tiene su principal motivo en la creencia de que la ocupación con las ideas gnoseológicas del pensamiento antirracionalista es el primer deber de la razón en su consideración de esa filosofía; y tiene como objeto el estudio de las ideas gnoseológicas del filósofo más importante desde un punto de vista cultural, y acaso también más “profundo” del antirracionalismo contemporáneo: Martin Heidegger. Su motivo y su objeto permitirían acaso cifrar la tarea de este estudio en la contestación a la siguiente pregunta:¿qué puede aprender el pensamiento racional de las ideas gnoseológicas de Heidegger?”
   
    En una carta de 1959 dirigida al “Excmo. Sr. Jefe de la Oficina de Publicaciones”, Laureano López Rodó, entonces miembro del patronato de Letras del CSIC, se manifiesta en los siguientes y curiosos términos sobre la publicación de la tesis:
   
    “Excmo Señor:  
    En la reunión de esta Comisión Permanente del 9 del actual, se acordó adjudicar los trabajos de edición de la obra Las ideas gnológicas de Heidegger, por Don Manuel Sacristán Luzón, a la imprenta Gráficas Marina, S.A. de Barcelona, por un importe de 28.425 ptas que se abonarán con cargo a los fondos de la delegación de Barcelona del Instituto “Luis Vives”, y elevar este acuerdo a la superioridad.
    Lo que comunico a V. E. para su conocimiento y demás efectos.
    Dios guarde a V. E. muchos años. Madrid, 27 de julio de 1959.
    El secretario de la comisión permanente.
    Firmado: Laureano López Rodó”.

    El adjetivo “gnológicas” hizo fortuna porque en dos cartas o comunicados más sobre la edición de Ideas se vuelve a hacer referencia a las ideas gno-lógicas de Heidegger. Probablemente todo ello fuera fruto de una lectura en profundidad de la tesis y de la aceptación no-lógica de algunas posiciones heideggerianas.

    Años más tarde, el 21 de julio de 1967, el profesor Orlando Pugliese escribió una carta a Sacristán expresándose en los siguientes y elogiosos términos:

    “Señor profesor Dr Manuel Sacristán
    Distinguido colega:
    De entre sus trabajos había conocido casi accidentalmente en Alemania el excelente libro sobre Heidegger y la interesantísima introducción a Heine, cuando en cierta ocasión, estando en Hamburgo, al hablar de aquel libro como tal vez la mejor obra en español sobre Heidegger, Carmen Díaz (hoy señora Fenner), me contó que usted había sido su profesor en Barcelona.
    Desgraciadamente son los contactos entre Alemania y nuestros países (yo soy argentino, pero vivo desde hace muchos años en Europa y regresaré a Buenos Aires probablemente en marzo) no siempre desprovistos de prejuicios y, en lo que se refiere a Alemania, de ciertos aires de autosuficiencia no siempre justificables. De lo contrario, hubiese debido aparecer su obra ya tempranamente en las bibliografías de uso corriente aquí desde hace años.
    Me permito enviarle, por correo separado, un ejemplar de mi propio “opus” sobre Heidegger, aunque se trate de un trabajo en parte un tanto convencional que debería reconsiderar hoy al hilo de otros intereses y sobre todo de otros planteamientos. Pero aún así, acaso pueda ser de su interés. (Le ruego, sí, dispense las pequeñas manchas de tinta en el borde). Sus señas me fueron comunicadas por una carta de la señora Carmen que recibí  hoy.
    Deseándole mucho éxito en su trabajo, le ruego acepte los saludos cordiales...”.
   
    Todos estos materiales pueden consultarse en Reserva de la Universidad de Barcelona, fondo Sacristán.
   

Anexo 5: Sobre el número 9 de Nous Horitzons.

La redacción de Barcelona formuló una crítica colectiva al número 9 de NH, fechada en junio de 1967, que puede consultarse en Reserva de la UB. Dirigida a la dirección del PSUC, llevaba la siguiente advertencia: “Los comentarios están hechos rápidamente y sería necesario argumentar más: perdonad que no lo hayamos hecho esta vez, pero nos ha parecido que os sería útil recibiéndolos ahora. Insisto en el punto de que estas notas han sido elaboradas por acuerdo unánime de los seis miembros de la redacción barcelonesa”.

Conjeturo que el autor de la redacción final de la crítica fue Sacristán. He traducido del catalán:

    “Nota: El número del margen izquierdo indica la página del trabajo.
    3 [“Inutilidad de un referéndum”]. Nos ha parecido pobre de argumentación. Tenía que ser más profundo
    4 [“Nuevos elementos en la lucha de la clase obrera”]  Correcto
    7 [“La enseñanza del catalán”] Hecho muy rápidamente. Poco riguroso. Título desafortunado. Era necesario decir “la enseñanza en catalán” (no solamente del catalán).
    9 [“La Universidad en primera línea”] Acierto en poner este trabajo aquí. Lástima que no se haya vigilado la ordenación: el texto del Dr. Rubió [“Carta al Doctor Rubió”, p. 10] tenía que abrir la sección y de manera más destacada
    29 [ “Lenin y la cuestión nacional”]  Más que la reproducción de un fragmento de la biografía de Lenin nos hubiera interesado una reseña larga del libro.
    33 [“El verdadero problema no son los inmigrantes”, R. Vidiella] Es una nota más apropiada para un lingüista que para un combatiente. Renovamos la petición hecha en otras ocasiones: es necesario convencer al compañero Vidiella para que escriba sus memorias. ¡Todos sus escritos sobre hechos vividos por él son enormemente bien acogidos!  Repetidle el encargo, por favor.
    37 [“La emocionante ayuda de los pueblos soviéticos al Vietnam”, Emili Vilaseca] Propagandísticamente es muy flojo, ineficaz. Cuando sea necesario criticar la desviación de Mao y de su grupo, no recurráis más a la prensa occidental.
    46 [“El PSU y la guerra nacional revolucionaria, 1936-1939”; Josep Moix] Demasiado general y sabido. En cambio, es necesario que el camarada Moix (como hemos pedido al camarada Vidiella) diese cuenta de hechos de su experiencia sindical (Sabadell, etc). Esto es muy importante.
    53 [“El ciclo de Teatro Latino”, Hernani] Es decente, periodísticamente muy atractivo.
    59 [“En el centenario del Maestro Millet”, T. P. Beltran] Interesante como experiencia vivida.
    62 [“Homenaje de Barcelona  a Picasso”, Un estudiante] Un ejemplo de lo que sería necesario NO repetir. En primer lugar: una autocrítica nuestra por no haber hecho la nota. Ahora todos estos sucesos vendrán reseñados por nosotros. Una recomendación: cuando recibáis una nota de un francotirador llena de anomalías como esta haced el favor de no incluirla. Nosotros con tiempo ya os anunciaremos los temas y hechos que trataremos en cada número.
    63 [“Paris, por los 85 años de Picasso”, R. Güell]  No es un artículo para NH; el tono es muy flojo.
    65 [“Un buen ejemplo”] Es una versión de política cultural populista, no marxista. De todas maneras, aporta elementos interesantes.
    Creemos que la presentación tendría que haber sido crítica (no paternalista), situando correctamente al lector enfrente del documento.
    70 [“Algunas buenas cosas del Sant Jordi”] Nos parece una nota desafortunada: una reseña de los premios de Santa Llúcia tiene que ser más ajustada.
    79.    Felicidades por la iniciativa. ¡Que se repita!”.

    Acaso este último apartado se refiere a la p. 76 –“Declaración de seis partidos de izquierda” o p. 77 –“Declaración de un grupo de sacerdotes y religiosos”.


Anexo 6: Esquema de un conferencia sobre Gramsci.

    El 4 de mayo de 1977, en un ciclo de conferencias organizado por un comité de estudiantes con motivo del 40º aniversario de la muerte de Antonio Gramsci, Sacristán impartió una conferencia en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Barcelona. El siguiente esquema, con fichas anexas, es el guión de su intervención (Con ocasión de estas jornadas, fue entrevistado por Félix Manito y Miquel Subirana para Diario de Barcelona (10 de mayo de 1977). La conversación se publicó con el título “Gramsci es un clásico, no es una moda”. Puede verse ahora en: De la primavera de Praga al marxismo ecologista, op. cit, pp.  81-90).
Sobre su vivencia de Gramsci, cabe recordar este paso de una entrevista de 1979, realizada por Jordi Guiu y A. Munné para El viejo Topo, que no llegó a editarse en su momento:    

    “[…] Supongo que no me equivoco en los factores que saltan a la vista. Por ejemplo: igual tanto la inhibición general de escribir como el cambio de temas tiene que ver con alguna pérdida de convicción sobre los esquemas clásicos del pensamiento político-cultural del movimiento obrero mayoritario (por lo menos en Europa Occidental). También sin necesidad de introspección, porque salta a la vista, recuerdo otro motivo de inhibición: el estudio de Gramsci en otras épocas, no ahora [1979]. Desgraciadamente tengo siempre la mala pata de estar siempre contra las modas. Cuando se pone de moda yo ya no estoy con el estudio de Gramsci. Pero en las años finales de los cincuenta y, sobre todo, en lo sesenta, he estudiado mucho a Gramsci, y estoy seguro de que uno de los factores de mi inhibición de escribir, de intervención política  y cultural o político-cultural, ha sido la evidencia final para mí que Gramsci supo que todo era una derrota, que el proceso histórico-político en el que el había intervenido como protagonista se saldaba con una derrota total. Creo que su muerte, su larga enfermedad, su evidente neurosis y sus infinitas manías, sus auténticas manías persecutorias, por ejemplo, de las que hay pruebas fehacientes, son fruto de una enorme depresión. Creo que Gramsci ha muerto de depresión, de muerte psíquica, de catástrofe.
   
    Eso tiene que contar mucho entre los factores de mi inhibición. A mí me parece que la historia de Gramsci es la historia de una catástrofe. Por eso, entre otras cosas, no me puedo poner ahora a cultivar la moda Gramsci. ¿Cómo va a haber esperanza de nada en la historia de una catástrofe? Uno puede tenerle mucho amor a Gramsci -yo se lo tengo, desde luego-, es un figura muy digna de amor, pero no porque sea una perspectiva de éxito del movimiento obrero, sino que, como cualquier mártir, es digno de amor. 
   
    Y, por último, hay un tercer factor de inhibición clarísimo. Así como llegué a la convicción de que la historia de Gramsci, por tanto, la historia de la III Internacional y, por lo tanto también y por anticipación, la posible historia del comunismo gramsciano,  son historias catastróficas, tragedias, así también llegué a la convicción inhibitoria que la figura del intelectual y su papel es algo deleznable [...]
   
    Otro factor fue la pérdida de fe en el esquema político del momento en el movimiento obrero, particularmente en el movimiento comunista de los años 64, 65, 66, 67 y también 68 (el 68 fue la traca final claro). Luego, la generalización de eso: ver que tenía que perder la fe no sólo en la coyuntura política del partido comunista, sino en toda la tradición de la III Internacional e, incluso, en la variante gramsciana”.
   
    El esquema de la conferencia de 1977 es el siguiente:
    1.1 Lo que me apetece hacer es una conmemoración de Gramsci, que Gramsci no sea pantalla en este aniversario de su muerte. Lo merece
    1.1.1. Barcelona es sitio adecuado para la conmemoración.
    1.1.1.1. Radio Barcelona
    1.1.1.2. Cesare Colombo
    1.2. Muchos recuerdos funerarios, ciertamente. No desconectados del tema. La inclinación a la elegía no es extraña en el caso de Gramsci.
    1.2.1.  Infancia
    1.2.2. Sufrimiento en la cárcel: visto por el mismo Gramsci
    2.1. Selección de un hilo continuo para reflexionar “conmemorativamente”, esto es, de un modo breve, pero globalizador
    2.1.1. Y por consejo de Gramsci mismo
    2.2.  Varios hilos continuos importantes:
    2.2.1. La práctica y la teoría
    2.2.2. Los intelectuales
    2.2.3. La organización de la clase obrera
    2.2.3.1. Consejos
    2.2.3.2. Partido político
    2.2.4. El análisis de la cultura.
    2.3.  Mostrar el enlace entre ellos.
    2.4. Y como otro hilo los resume todos: el orden y el tiempo. O el orden, el tiempo y la revolución en occidente.
    2.4.1. Lo tomo también porque permite considerar el pensamiento político de Gramsci (y parte de su práctica) muy vinculado hacia su filosofía básica, por un lado, y hacia su vida, por otro.
    2.4.1.1. Lástima grande que Gramsci no haya escrito su “Poesía y verdad”
    2.4.2.2. Paggi (1967) y Gerratana (1975) sobre este punto: filosofía o teoría y política.
    2.4.2.3. El mismo Gramsci lo ha dicho
    2.4.2.3.1. El filósofo y el político
    2.4.2.3.2. Insinuación.
    3.1. El concepto gramsciano de revolución es instauración de un orden nuevo.
    3.1.1. Recurrencia de la expresión, nombre de periódico y de revista.
    3.1.2. “Tre principi,  tre ordini"1
    3.1.2.1 Situación del  artículo:11/2/1917.  LCF.
    3.1.2.2. Planteamiento (págs.17/18)  [No leer]
    3.1.2.3. Dos órdenes capitalistas (págs. 19/20) [No leer]
    3.1.2.4. Situación en Italia (pág. 22) [No leer]
    3.1.2.5. El orden y el tiempo (pág. 22 ) [leer: los reformistas]
    3.2. Teniendo presente la formación filosófica de Gramsci, se puede pensar que ella sea la causa de esa importancia de la idea de orden.
    3.2.1. Porque se ha formado en un
    3.2.1.1. Idealismo historicista (Croce)
    3.2.1.2. Con punta luego biologista-organicista (Bergson)2
    3.3. De todos modos, más explicativa es la fase político-social durante la cual la cual ha cristalizado el pensamiento revolucionario de Gramsci.
    3.3.1. Con implicación personal: los sufrimientos de infancia y juventud.
    3.4.  El mundo capitalista es así vivido como un imperio del mal describible como caos, desorden.
    3.4.1. La guerra del 1914 para acabarlo de arreglar
    3.4.1.1 El 13 o el 14 ingresó en el PSI.
    3.5. El socialismo es el orden en sí: págs. 22/23 [leer]
    4.1. Está claro que detrás de las concepciones del joven Gramsci no hay en primer plano filosofía de la tradición marxista de la II Internacional.
    4.1.1. Sino incluso idealismo, que es como interpreta a Marx.
    4.1.2. Lo que le va a ahorrar siempre estropearse con el Diamat futuro (Lubomir Sochor)
    4.1.3. El Gramsci pantalla ha protagonizado discusiones sobre esto de su formación. Paggi despojó la redacción cultural del GP.
    4.2. En ese mismo artículo Paggi ha visto en la contradicción inicial de Gramsci una razón de la importancia de la resolución política de su pensamiento.
    4.2.1. Por lo demás, el mismo Gramsci lo había visto: las “incrustaciones positivistas” en Marx.
    5.1. Entre la evidencia del caos, la revolución de Octubre (contra el canon histórico del Capital) y, tal vez, la juventud, el concepto organicista de orden, con su expansiva totalidad, y el bergsoniano o idealista de tiempo se imponen en su concepto de revolución.
    5.1.1. Los consejos: son la concreción del orden nuevo en el seno del viejo orden relativo o absoluto desorden capitalista, y la simultaneidad de dos tiempos.
    5.2. En aquel momento el marxismo, el Histamat, es conservador: Serrati
    5.3. Consiguientemente, Gramsci se reafirma en su idealismo;
    5.3.1. La revolución contra el Capital3
    5.3.2. La historia.
    5.3.3. En ese cuadro, nada de “número del movimiento”, sino duración instantánea distinguida de otra por su cualidad.
    6.1. Contraste con unos años más adelante, ya en la cárcel.
    6.1.1. El factor tiempo
    6.1.2. Previsión de tiempos largos, constituyente, etc.
    6.1.2.1. Aunque no es nunca “vía parlamentaria'
    6.2. El sentido autocrítico es indudable. Autocrítica, sin embargo, la había habido antes de la cárcel y de la victoria del fascismo, ya desde su época de Viena (1924).
    6.2.1. Sobre el partido (la coacción) y los consejos (el orden),
    6.3. Pero ahora el juicio autocrítico es algo más general, un tono, además de un pensamiento teórico, y engloba a la vez la vida personal
    6.3.1. Final, incluso, del optimismo de la voluntad: pág.339. Leer “Poesía y verdad”.
    6.3.1.1. Aunque no el político.
    6.3.2. Mientras que en la autocrítica de Viena había escrito “Contra el pesimismo'”
    6.3.2.1. Artículo que, por cierto, impide tomar a Gramsci como pantalla para la renuncia a la III Internacional.
    6.4. La declaración más categórica sobre el tiempo es autobiográfica y es filosófica a la vez: Págs. 341/342 [leer]
    6.5. Ese es el fondo biográfico sobre el que entender al Gramsci maduro.
    7.1. Este último Gramsci es ante todo, como generalmente se admite, un analista de la derrota de la revolución proletaria en Occidente, y teorizador de su recuperación.
    7.1.1. Autocrítica y crítica retrospectiva sobre Occidente. Aunque quizá:
    7.1.2. Desesperación con el VI Congreso (1928)
    7.2. Base que encuentra en el análisis: la complejidad del orden social de Occidente, con su consolidación de estratos históricos (-> Tiempo).
    7.2.1. Éste es el punto de arranque de la reordenación de su pensamiento.
    7.3. Guerra de movimiento y guerra de posiciones4.
    7.3.1. Cómo vivieron sus camaradas la idea de Gramsci. Testimonio de GarugIieri 
    7.3.2. Estudio de un paso clásico
    7.3.3. No ignorar precedentes  [¿saltar?]
    7.3.3.1. Trotski
    7.3.2. Lenin
    7.3.3.2.1. En general
    7.3.3.2.2.  Incluso la comparación militar
    7.4. La hegemonía, campo clave de la guerra de posiciones:
    7.4.1. Comparar con los precedentes, Lukács-Korsch:   [¿saltar?]
    7.5. Peculiar de Gramsci es el hacer de eso una estrategia completa
    7.5.1. Con aspecto también ofensivo (y justificador de Stalin): pág. 292 [No leer]
    7.5.2.  Muy general: los órdenes y los tiempos.                      
    7.5.2.1. Es curioso que se puede entender como una complementación por inversión de una idea de Marx, la de la base propia.
    8.1. Muy a menudo, de todos modos, el aspecto ofensivo de sus tesis finales parece sumergido por la desesperación.
    8.1.1.  Ya hemos mencionado su reacción al VI  IC
    8.1.2.  Alguna alusión a R.
    8.1.3.  Lo mismo en el plano más personal.
    8.1.3.1. Sicco Polenton
    8.1.3.2. E incluso generalización
    8.1.3.3. Su indecisión finalísima.
    8.1.3.4. La última impresión de Sraffa5 a Spriano.
    8.2 Pero pese a reconocimiento autocrítico de la derrota histórica de la III Internacional, del error de las previsiones y de la deficiencia o incumplimiento del esquema explicativo de la revolución,
    8.3. No hay, frente a la evolución socialdemócrata, abandono de fines ni desnaturalización del movimiento.
    8.4. Tal vez, incluso, ni siquiera pesimismo social: págs. 502-503.
                  

Anexo 7: Anotaciones sobre ensayos políticos de Lenin.

    En la carpeta “Marxismo”, que pueda consultarse en Reserva de la UB, fondo Manuel Sacristán, pueden verse anotaciones como las siguientes sobre diversos ensayos de Lenin.

     Federico Engels, escrito en otoño de 1895, vol I, 53 ss.

    1. p.55 [Desde “El desarrollo de las fuerzas productivas crean las relaciones sociales en que se basan...” hasta “...y tiende al mismo fin que se han planteado los socialistas”]. Es muy notable para la cuestión del estatuto lógico del marxismo. “Primero” está el fin propuesto.
    2. En la misma página 55 la “tesis fundamental” de Hegel es la del cambio. Cuestión de lectura de época.
    Marxismo y revisionismo, 1908, no más tarde 3 de abril, vol I, 66 ss.
    1. Empieza historiando las pugnas doctrinales en el movimiento socialista, hasta el triunfo del marxismo en él (pp. 66-67). En este contexto, una expresión fatalista o determinista.
    2. Luego de su victoria, el marxismo ve cómo las luchas doctrinales se trasladan a su interior. Continuidad de este fenómeno con el socialismo pre-marxista (Proudhon, p. e., parece claramente comentado) (p. 67)
    3. Berstein, revisionismo típico.
    4. Contenido ideológico del revisionismo:
En filosofía, mimetismo (p. 68). En el contexto, defensa de (el materialismo) Plejánov y ataque a Bogdánov, Lunacharski, que en su crítica se sitúan a la izquierda (p. 68) [Desde “[...] Plejánov fue el único marxista de la socialdemocracia internacional que hizo...” hasta “...de la crítica al oportunismo táctico de Plejánov”]. El punto principal para valorar la actitud de Lenin ante Bogdánov, luego ante Mach, no es, temáticamente, la pugna política con Bogdánov que se le pone a su izquierda, sino la plausibilidad o inaceptabilidad de la tesis según la cual la actitud epistemológica de estos hombres es “el viejo fárrago filosófico”. No lo era literalmente. ¿Pero lo era en cuanto a la función fundamentadora de la filosofía académica? b) En economía, negación de las crisis y de la doctrina del valor (pp. 68-70). c) En política, deformación del tema de la lucha de clases. Sobre la base de 1871 y 1905 (p. 71) [Desde “Quien no comprenda la irresistible dialéctica interna del parlamentarismo...” hasta “...con los elementos más vacilantes y traidores”].
    5. Situación del problema del revisionismo: hay un potente “revisionismo de derecha” -así lo llama- y otro débil “revisionismo de izquierda” que se perfila hoy en los países latinos, con el nombre de “sindicalismo revolucionario” “ (p. 72)
    6. La raíz básica del revisionismo oportunista o de derechas es la constante producción del capitalismo en la pequeña industria, con proletarización. En este contexto, muy aguda afirmación, al estilo del vol. III de El Capital  (p. 73) [Desde “El capitalismo crea de nuevo infaliblemente, toda una serie de “capas medias” (apéndice de las fábricas, trabajo a domicilio, pequeños talleres...)”].

Carlos Marx (Breve esbozo biográfico en una exposición del marxismo). Escrito en julio-noviembre de 1914. Publicado en 1918, tomo 28 del Diccionario enciclopédico, 3ª edic, Vo I, 21 ss.

    1. Prologuillo: “(...) Partidos obreros socialistas de masas”. A propósito de la época de la II Internacional (p.27).
    2. La doctrina de Marx. El materialismo filosófico (2 páginas largas). a) Con alusión antipositivista (p. 29). b) p. 30. No sólo interesa la curiosa interpretación de mecanicismo, sino también, y sobre todo, la precisión sobre el concepto de metafísica.
    3. La dialéctica. Una página y media. Aunque alude a dialéctica de la naturaleza, su tema didáctico es claramente la sociedad.
    4. La concepción materialista de la historia. a) Dos páginas largas. b) pp. 33-34. La idea de conjunto, de totalidad.
    [“La consecuente aplicación y extensión del materialismo al campo de los fenómenos sociales1“]. (1) La peligrosa “aplicación” del materialismo a los fenómenos sociales (Pannekoek) es más peligrosa que realmente, puesto que antes ha distinguido entre materialismo antiguo y moderno. Antes (p. 29) se ha adherido al concepto de materialismo del Ludwig Feuerbach..., sin dar concepto de materia. Tiene importancia la cita del LF por su inmediato sentido antirreligioso.
    5. La lucha de clases. Dos páginas escasas. Poco menos de ocho páginas de doctrina general, pues.
   
    “Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo”, marzo 1913. VoI, 61 ss.
   
    1. Tras declarar la naturaleza de clase de la ciencia burguesa, afirma el carácter no sectario del marxismo. Acentuando la continuidad (p. 61).
    2. La sección dedicada a la primera parte integrante se abre categóricamente, de un modo irritante para Pannekoek o Korsch: “la filosofía del marxismo es el materialismo” (p. 62). Sigue una elogiosa recepción de la herencia burguesa ilustrada contra “las diversas formas del idealismo filosófico, que se reducen siempre, de un modo o de otro, a la defensa o al apoyo de la religión” (p. 62)
3. Pese a la herencia aún remacha el clavo: “Marx y Engels defendieron del modo más explícito el materialismo filosófico (...)” (p. 62). Es notable que dé como loci classici el L.F  [Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana] y el A.D. [Anti-Dühring]
    4. Marx enriquece ese fondo con disquisiciones de la filosofía clásica alemana (p. 62). De ahí pasa al materialismo histórico como extensión del materialismo filosófico (p. 62). El final de la sección es una formulación recapitulativa contundente: “La filosofía de Marx es el materialismo filosófico acabado [...]” (p. 63).
   
    Resumen de las “Lecciones sobre la esencia de la religión” de Feuerbach de Cuadernos filosóficos, págs 39 ss (1914).

    1. Esta extractando Feuerbach, págs. 192-193 (lección 5ª). Y anota: N. B. (cf. Dietzgen). Por lo tanto, al menos en 1914, Lenin conocía a Dietzgen, contra lo que luego presupuso Pannekoek.
    2. Importantísimo para el realismo de Lenin. Cita a Feuerbach, misma lección, p. 324. Y anota algo incompatible con las versiones románticas de los Manuscritos de 1844 (p.51).

    Plan de la pequeña Lógica (Enc), 1914. Cuadernos filosóficos. págs 209 ss.

    1. En estas pocas páginas Lenin está absorbido por el problema Lógica/Historia que será el tema de Lukács. Está muy hegelianizado en la afirmación (p. 200). ¿Ha pensado en las implicaciones de eso? ¿En qué habría leyes del pensamiento de aparición (no ya descubrimiento) posterior a la de otras? Más probable es que haya pensado con mistificación hegeliana. Un texto posterior permite aclarar. Pero antes está el célebre paso sobre El Capital (p. 201).
    2. Luego hay un semi-cuadro bastante instructivo y a renglón seguido el paso antes citado, que es quizás el más aclaratorio de lo anterior, e importante vaguedad hegeliana (p. 201). Y a renglón seguido el paso, antes discutido, que es quizás el más aclarativo de lo anterior, e importante, vaguedad hegeliana (p. 201).
    3. p. 201. El riesgo de que esto, sin más, determine pensamiento sofístico es evidente. Para evitarlo, hay que empezar por pensar que no se trata de hablar primero de génesis de la validez, sino de génesis de estructuras. Una vez engendrada una estructura, está necesariamente dada su racionalidad interna, o sea, sus criterios de validez. Esto vale sin problemas para cualquier formación histórica. El problema se presenta en otros dos campos, para las estructuras teóricas -señaladamente las formales- y para la estructura incoada en referencia a la axial negamos racionalidad a una estructura dada. Para este segundo caso, el problema es más resoluble: las estructuras ya impulsadas no tienen racionalidad interna perfecta […]: por eso sugieren ideas de otra estructura. Para el primer caso, la dificultad es más seria -e inversa. Se trata de estructuras de racionalidad interna perfecta. Por eso no pueden sino ampliarse o abandonarse, no transformarse (sólo sus materiales se pueden conservar, los hechos recogidos). Para la lógica y la matemática básica, habrá que pensar en que la génesis ha sido cosmológica (tal modo como, en alguna fase, Russell la creyó biológica). No se trata, naturalmente, de los sistemas particulares, sino de la teoría de sistemas.

    Resumen de las “Lecciones de la Historia de la Filosofía de Hegel”, 1915, en Cuadernos Filosóficos, págs 203 ss.
   
    1. Aplaude lo de que el movimiento es estin y no estin al mismo tiempo, etc. ¿Cómo es que los hegelianos no se dan cuenta de su problema de lenguaje, de que para pensar claramente su idea han de empezar por relativizar -o abandonar, en contexto técnico- el verbo “estin”? (p. 215)
    2. Mach es “mal idealismo” (p. 222). Tenía ya otra justificación para Materialismo y Empiriocriticismo, a saber, el subjetivismo de lo que Hegel llama “mal idealismo”.
    3. Recuadrado triple  a propósito de los sofistas antiguos (p. 229).
    4.  Identificación de filosofía y dialéctica (entre paréntesis) (p. 230).
    5. Otra serie de notas sobre el conocimiento de lo concreto, a propósito de Platón. Son tres recuadros, bajo el rótulo (también en recuadro) N. B. “Dialéctica del conocimiento” N. B.
    6. Habrá que tomarse en serio la insistente acusación de cobardía a Hegel -y a otros filósofos- por sustraerse a conclusiones materialistas que son, en el caso de Lenin, la aceptación de la alteridad radical del mundo externo. Ejemplo (p. 240). Tiene que haber aquí una cuestión de sensibilidad y moral. Relacionar con su afición montañesca.
    7. Es curiosísima la furia bélica materialista que le sacude cuando lee el (mal) tratamiento de Epicuro por Hegel. Por ejemplo (p. 244). La entusiasta defensa de Epicuro llega al ridículo de ver en el movimiento de los electrones -que Lenin ve circularmente como en el modelo de Rutherford- una documentación del clinamen, entendido como movimiento curvilíneo (p. 244). De todos modos, en un recuadro es más cauto (p. 245). Esto expresa quizás del modo más fiel el resultado final de su primer materialismo más el estudio de Hegel (Por cierto, habría que fechar la relación entre hegelismo de Lenin y principio subjetivo de la práctica. Creo que éste es anterior).

    Resumen de la “Ciencia de la lógica” de Hegel, 1914.Cuadernos filosóficos, pp. 65 y ss.
   
    1. [Prólogo a la segunda edición]. a) Interpretaciones de textos de Hegel desmetafisicándolos y despojándolos de pseudoproblemas especulativos y conceptos absolutos (p. 75). b) Extracta, acotando doblemente, el paso ( p. 77). Añade dos veces N. B. y comenta, en recuadro (p. 77). Tiene interés para su concepto de consideración materialista, evidentemente anti-contemplativa y anti-especulativa.
    2. [Interpretación: concepto general de la lógica].
    a. Los extractos muestran que para Lenin son muy importantes en Hegel la concreción y el (derivado de ello) peliagudo concepto hegeliano de método. Así, por ejemplo, acota comentando (p. 79). Como en todos los escritores serios, también en Hegel aparece, como en Aristóteles el anima est quodammodo omnia [el alma es, en cierto modo, todas las cosas]. Pues sólo así puede el conocimiento proceder según la dialéctica inherente a, impulsora del proceso estudiado. Pero hay que observar que se trata de dos procesos: el de lo conocido y el del conocedor. Y aunque su raíz será la misma en último término quodammodo, eso no resuelve el problema marxista (no kantiano), o sea, el que consiste en justificar el valor de reproducción del trabajo cognoscitivo.
    b. Al final de sus notas sobre la introducción se manifiesta muy interesantemente su adhesión al principio de lo concreto,  también su fuente de inspiración al respecto. En mi opinión, los siguientes textos dejan fuera de duda que Lenin ha aprendido esto en comentarios del Anti-Dühring sobre El Capital.
Lenin cita a Hegel cuando éste dice que la lógica “no es el universal abstracto, sino el universal que se encarna en la riqueza del particular”, y anota breve, pero significativamente: “Cf. Le Capital”. A renglón seguido escribe, recuadrando, “Formula magnífica” (p.81). Interpreta a Kant como salvador de la fe (p. 82).
    3. [La teoría del ser]. a. p.85. Uno de los textos que más fácilmente permiten ver la deformación marxista del conceptos básicos de Hegel. El marxista (ya el mismo Marx) se aferra a esos conceptos para evitar la postulación de lo Absoluto, que es, en cambio, el concepto inspirador de Hegel. Por eso el marxista está presuponiendo entes múltiples en número. Hegel no.
    4. [Primera sección: La determinación (cualidad)]. A) Acota insistentemente sobre el mismo tema: sobre la concreción, sobre la dialéctica (p. 88, p. 89). Se van acumulando esas notas y acotaciones, que pronto presenta repentinamente con rótulo: “Pensamientos sobre la dialéctica...” (p. 91, por primera vez). Ese rótulo me hace pensar -junto con la nota sobre dialéctica- que Lenin pensaba escribir un ensayo sobre el tema. La primera vez que aparece el rótulo, acota un comentario suyo, con los dos temas: a) dialéctica / sofística; b) el concreto universal (p. 91). B) En esta sección aparecen las primeras (que yo conozca) manifestaciones de consciencia de lo que sería la principal peculiaridad de su aportación. El apunte siguiente está recuadrado (p. 94). El último N.B es un paso grande.
    5. [Tercera sección]. Lenin acota con exclamación cada vez que Hegel habla de salto, y acota con nada menos que 10 trazos la expresión “ruptura de la progresividad” (p.103).
    6. [Libro segundo. Primera sección: La esencia].
    a. Lenin da siempre mucha importancia al proceso histórico del conocimiento. Ejemplo aquí p. 107.
    b. Superficial tendencia a reducir Mach a Kant (p. 109).
    c. También la insistencia con que acota la tesis hegeliana de la realidad del Schein tiene que ver con el principio de concreción (p. 110).
    d. Al final de sus apuntes sobre esta sección hay una nota recuadrada, acotada por otra más breve, también recuadrada. La expresión de ambas es más bien floja y vulgar, pero para él la cosa era de mucha más importancia, a juzgar por el modo de anotación. Por lo tanto, vale la pena buscar por debajo de la trivialidad aparente, la nota grande recuadrada (pp. 121-122). Tal vez llega a esa conclusión [“La continuación de la obra de Hegel y de Marx debe consistir en la elaboración dialéctica de la historia del pensamiento humano, de la ciencia y de la técnica”] porque piensa que esa elaboración sea necesaria para que los conceptos sean flexibles, etc. La nota breve, también recuadrada, que acota la anterior dice (p. 121). Esta breve observación ha tenido mucha importancia, para él y para otros. Es la primera formulación de la idea de método lógico-genético. Es una idea con problemas, por supuesto (por ejemplo, cuando se presenta con la ingenuidad de Lukács). Ante todo, su caso ha de ser muy especial en ciencias de la validez formal (lógica formal, matemáticas). Pero Lenin la formula muy bien como idea reguladora del pensar marxista.
    7. [Sección segunda: El fenómeno]. p. 126. La medida en que este tema esencial de la dialéctica leninista se separe de Hegel (a pesar de su inspiración en él) está determinada por la medida en la cual lo concreto (incluso el todo concreto) no sea lo Absoluto. Destrucción de la categoría de absoluto. Concreción nunca definitivamente total, sino para intervenir. De eso se desprende el elemento procesual real, con tiempo real, no hegeliano, y el consiguiente posible criticismo (negado a Hegel) (p. 127).
    8. [Tercera sección: La realidad]. A) A propósito de dialéctica, Lenin da a veces un sesgo epistemológico o gnoseológico a textos de Hegel que son metafísicos. Ejemplo. Lenin cita. Y, dentro de ese mismo recuadro con ese texto (tan espléndidamente no absolutista, por cierto), comenta (p. 130). En el mismo contexto, Lenin trae la siguiente frase de la Enciclopedia y comenta en un recuadro (p. 131). Dicho sea de paso, el enderezamiento de Hegel pasa para Lenin por idea = conocimiento humano. B) p.133. Recuadrado. “Estructuralismo” del dialéctico.
    9. [Libro tercero. Ciencia de la lógica subjetiva]. A) Alguna manifestación de evolucionismo ingenuo en el “enderezamiento“ de Hegel (p. 139). B) p. 142. Recuadrado. Este importantísimo texto empieza con una primera afirmación que parece contradecir del principio del conocimiento de lo concreto. Pero luego, en vez de afirmar la mera, esencial, sustantividad de la idea, se pasa a la práctica, en busca de una concreción no hegeliana. Ese paso presupone y consume el conocimiento de la realidad concreta.
    10. [Primera sección: La subjetividad]. A) Un texto recuadrado y comentado en su primer punto, prueba que Lenin se hacía ya en 1914 la crítica que luego le dirigirá Pannekoek (p. 148). La alusión a sí mismo es inconfundible. B) Al final de una larga nota recuadrada, el eslabón mediador de la contradicción entre las dos motivaciones gnoseológicas-epistemológicas de Lenin. O quizá no mediador: mediador es quizás la práctica. Esta ¿qué sería? El determinante de la contradicción. Se pone (A) el principio de lo concreto, por anti-idealismo, anti-hipóstasis, etc. Se comprueba imposibilidad directa. En el choque con la realidad se produce (B), la abstracción, no-A, real mediación. La vuelta del conocimiento abstracto a la realidad es la práctica, “negación de la negación”, consumación de la mediación (C). El texto dice (p. 151). En realidad, el mismo Lenin enseña que puede más que eso: puede, mediante la práctica, tocar la realidad, más o menos lúcidamente, en cada momento.
    11. [Segunda sección: la objetividad]. Descripción de sentido común de la “dialéctica materialista”, en paralelismo de contraposición con Hegel (pp. 155-156).
    12. [Tercera sección: la idea].
    a. A veces la reducción es tal que se puede poner en duda que quede algo auténticamente hegeliano. En el caso siguiente reduce Hegel a mero buen sentido aristotélico-escolástico (p. 161).
    b. p. 162. Es comentario a un paso de Hegel en el que éste introduce la “actividad” porque la Idea lo es del verum y del bonum. Da la impresión de que para Lenin la formulación general de la que se despende todo a este respecto se encuentra en Enciclopedia, párr. 213, que acota doblemente del siguiente modo […]
    c. Es curioso que en estas páginas de apariencia tan segura se repita la pregunta “¿En qué consiste la dialéctica?” (p. 163).
    d. p. 164. Está recuadrado. Es una reducción mucho más drástica que la interpretación lukácsiana.  Resume un texto de la Pequeña Lógica, párr. 213.
    e. p. 166. Resumen y comentario están recuadrados, y luego acotados por el siguiente comentario más breve (p. 166). Pese a su sencillez el texto es intrincado. El primer comentario, reacción primera al texto de Hegel, es predominantemente materialista, hasta trivialmente. El segundo es principalmente dialéctico, praxeológico. Puede valer la pena comparar el texto de Hegel que le motiva el resumen y el comentario. 
    f. También Lenin ve ridiculez en Hegel (p. 168).
    g. p. 171. Está recuadrado doblemente y tiene obvia importancia política.
    h. Cuatros recuadros, con dos acotaciones, muestran una reflexión de importancia central para el pensamiento de Lenin. Primer recuadro (p. 174). Este primer recuadro lleva la acotación siguiente (p. 174). El segundo recuadro es trivial y traduce la ignorancia de Lenin (p. 174). Tercer recuadro (p. 174). Este texto es importante por dos razones:  para la comprensión del pensamiento de Lenin y para establecer su interpretación de Marx. Cuarto recuadro, de gran importancia política (p. 174). Lleva la acotación  (p. 174).
    i. El desarrollo culmina unas páginas más adelante. Lenin está leyendo lo que Hegel dice sobre la idea de Bien. Lo resume así (p. 175). Con la misma intención filosófica hay algunas observaciones más. La siguiente (recuadrada) es particularmente acertada (p. 180).  Que la negación es determinada (p. 185).
    13. En los Cuadernos Filosóficos sale la cosa esa de que en la frase “Juan es un hombre” está ya la contradicción de los singular y lo universal. Se liquida por análisis de la cópula. También en los Cuadernos la mala herencia de Hegel en la frase “¿Hace falta cronología? ¡No!”.

    Igualmente, de una carpeta dedicada a la revolución bolchevique que puede consultarse en Reserva de la UB, fondo Sacristán, probable material de trabajo para una conferencia o un seminario sobre el tema, estas anotaciones sobre diversas obras e intervenciones políticas de Lenin:

    ¿Qué hacer?

    1. “La historia plantea hoy ante nosotros una tarea inmediata que es la más revolucionaria de todas las tareas inmediatas del proletariado de cualquier otro país. La realización de esta tarea, la demolición del más poderoso baluarte no ya de la reacción europea...” (I, 140).
    Presencia de la preocupación internacional desde el primer momento.
    El “eslabón” más débil” era el “más poderoso baluarte”.
    2. “¡Hay que soñar!” (I,  p. 61).
    “Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática”.
    1.  pp. 477-478. El contenido de clase de la revolución se resuelve en su curso y es fruto de la acción política. Fundamento: el principio general de que ha sonado ya la hora de la revolución socialista. “Madurez”.
    . “Ahora bien, para el partido político en lucha la cuestión consiste en ver si sabremos enseñar algo a la revolución...” Principio de subjetividad.
    2. “El desenlace de la revolución depende del papel que desempeñe en ella la clase obrera; de que se limite a ser un auxiliar de la burguesía aunque sea un auxiliar poderoso por la intensidad de su empuje contra la autocracia, pero políticamente importante, o asuma el papel de dirigente de la revolución popular1” (pp. 478-479). Se da por supuesto que hay base objetiva material.
    (1) Quizás. Pero la decisión en ese pensamiento es el plano político. Con el peligro -claro- de identificar el partido político con la clase. En suma, es también marxismo de la subjetividad.
    3. Habla del “papel activo, dirigente y orientador que pueden y deben desempeñar en la historia los partidos que tengan consciencia de las condiciones materiales de la revolución y que se pongan al frente de las clases avanzadas” (p. 500). Principio de subjetividad. Con el peligro clase = partido.
    4.  pp. 504-505. Sigue convencido por lo tanto, como dice explícitamente, del carácter burgués de la revolución inminente y de que desarrollará el capitalismo.
    5. p. 507. La época está aquí determinada por la “revolución democrática” evidentemente para Rusia. Esto es coincidir con los futuros Pannekoeks, pero con su grano salis. Y discrepar de la futura tesis “leninista-stalinista”. Quizás la posición más acertada. Transición al final.
    6. “En esto consiste ahora (...) el fondo de la cuestión (...): en que nuestra revolución se vea coronada por una verdadera y grandiosa victoria o tan sólo por una transacción mezquina: en que llegue hasta la dictadura revolucionario-democrática del proletariado y de los campesinos o que ‘pierda sus fuerzas’ en una constitución liberal (...)” (I, p. 508). En el mismo contexto en que se reafirma que se trata de la “época de la revolución democrática”. La noción de esa dictadura es muy complicada y oscura, puesto que su concepción sigue en el marco de la tesis de que la revolución prevista es burguesa. Entonces, ésa sería la tesis Pannekoek.
    Construcciones radicalmente nuevas respecto de Marx.
    7. I, p. 511 [Desde “La victoria decisiva de la revolución sobre el zarismo es la dictadura...” hasta “(...) gigantesca para el desarrollo futuro de Rusia y del mundo entero”]. Es la posición intermedia.
    8. “(...) todos nosotros contraponemos la revolución burguesa y la socialista, todos nosotros insistimos incondicionalmente en la necesidad de establecer una distinción rigurosa entre las mismas, pero ¿se puede negar acaso que se entrelacen en la historia elementos aislados, particulares de una y otra revolución? ¿Acaso la época de las revoluciones democráticas en Europa no registra una serie de movimientos socialistas y de tentativas socialistas? ¿Y acaso la futura revolución socialista en Europa no tendrá todavía mucho que hacer para culminar lo que ha quedado sin terminar en el terreno de la democracia?” (I, p. 536).
    Este principio de concreción (histórica) es también un fundamento del principio de subjetividad.
    En la página siguiente (p. 537) dice: ”No existe la verdad abstracta. La verdad es siempre concreta”.
    La más rica intrincación del pensamiento político de Lenin. Dicho sea de paso: la presencia de versiones mucho menos complicadas en el mismo escrito hace pensar que escribía el texto definitivo como borrador.
    9. “Llegará un tiempo -cuando haya terminado la lucha contra la autocracia rusa, cuando haya pasado para Rusia la época de la revolución democrática-, en la que será ridículo incluso hablar de la “unidad de voluntad” del proletariado y de los campesinos, de la dictadura democrática, etc. Entonces pensaremos de un modo inmediato en la dictadura socialista del proletariado” (I, p. 537).
    Il s´engage en voyant, en prévoyant beaucoup.
    En este momento -y página- había para él dos dictaduras proletarias: una democrática-revolucionaria, en unión con los campesinos; y otra socialista, sin campesinos (¿o/y sin campesinado?).
    10. p. 538 [Desde “Nuestra consigna reconoce incondicionalmente el carácter burgués de...” hasta “(...) el proletariado por el socialismo tenga el mayor éxito”]. Misma tesis en p. 534. La tesis intermedia.
    11. “El proletariado debe llevar a término la revolución democrática1 atrayéndose a las masas campesinas, para aplastar por la fuerza la resistencia de la autocracia y paralizar la inestabilidad de la burguesía. El proletariado debe llevar a cabo la revolución socialista...” (O, p. 549).
    (1) Esta afirmación completamente nueva respecto de Marx (que en varias épocas había registrado la colaboración del proletariado en la revolución, no su protagonismo en ella), junto con la que se refiere a la revolución socialista, hoy muy convincentes, chocaban en su caso con la escasa realidad del proletariado ruso. En todo caso, es una de las visiones más articuladas de su primera posición, y facilita el paso a la segunda.
    12. “La época revolucionaria (...)” sin más calificativo. “El momento revolucionario (...)” sin más calificativo (I, p.554; I, p. 560). Estas serían las formulaciones más pobres. Pero también las más anarquistas y las más cargadas de subjetividad (que puede ser buena).
    13. pp. 557-558. Formulación general del contenido de la revolución rusa y de la relación del proletariado con ella.
    14. p. 558. El enlace entre las dos revoluciones es la naturaleza de “vanguardia del pueblo” que tiene el proletariado. Misma idea en pp. 566-567.
  
     “Cartas desde lejos”.
   
    1. “La guerra imperialista debía -ello era objetivamente inevitable- acelerar extraordinariamente y recrudecer de manera inusitada la lucha de clases del proletariado contra la burguesía, decía transformarse en una guerra civil entre las clases enemigas” (1ª; II; p. 25).
    La función de la guerra imperialista alterando el esquema de la lucha de clases.
    La primera alteración de la concepción incluye curiosamente la idea de Gramsci: “aceleración”.
    En cambio, de todos modos, aún no dice  o implica un cambio del contenido de la revolución.
    2. “Estos aliados son dos: en primer lugar, la amplia masa de los semiproletarios y, en parte, de los pequeños campesinos de Rusia (...). En segundo lugar, aliado del proletariado ruso es el proletariado de todos los países beligerantes y de todos los países en general” (II, p. 32)
    Es notable que la alianza había sido ya definida como antiburguesa, pero en marzo todavía habla de revolución burguesa únicamente. Otra vez el punto de vista internacional.
    3. “Con estos dos aliados el proletariado puede marchar y marchará, aprovechando las particularidades del actual momento de transición, primero a la conquista de la república democrática y de la victoria completa de los campesinos sobre los terratenientes (...) y después al socialismo, pues sólo éste dará la paz, el pan y la libertad a los pueblos extenuados por la guerra” (II, p. 32).
    Eso son ya las dos revoluciones en una. Reforzado por la alianza de que se trata (v. otra ficha). Sin la idea explícita de fases.

    “Las tareas del proletariado en nuestra revolución”.
   
    1. “(..) un nuevo período objetivamente necesario desde que estalló la primera guerra imperialista mundial, que abrió la era de la revolución social” (II, p. 62).
    Esto es novedad importante, que anula, o engloba al menos, la cuestión de los goznes. La guerra imperialista no habría sido un gozne sólo, sino un cambio del medio, que pasa de una fase a otra. Gozne lo sigue siendo para países atrasados como Rusia. Enlaza con la motivación internacionalista, o mundial.
    2. “(...) sin derrocar el capital es imposible poner fin a la guerra, con una paz verdaderamente democrática y no impuesta por la violencia” (II, p. 36).
    Este hecho es enlace entre las dos fases de la revolución y tiene que ver con la doctrina del “eslabón más débil”: era el eslabón que más necesitaba la paz.
    Tesis enormemente confusa o imprecisa: derrocar el capitalismo, ¿sólo en Rusia? Si su gobierno hizo luego la paz, ¿es que estaba ya derrocado el capitalismo? No olvidar que el decir del político puede ser muy precipitado. Si eso se ha dicho de Marx...
    3. “La peculiaridad del momento actual en Rusia consiste en el paso de la primera etapa de la revolución, que ha dado el poder a la burguesía por carecer el proletariado del grado necesario de conciencia y de organización2, a su segunda etapa, que debe poner el poder en manos del proletariado y de las capas pobres del campesinado1” (II, p. 36).
    (1)    Las dos etapas o fases.
    (2)    Extremo subjetivismo: supone que al proletariado no le falta cantidad.
    4. “Es imposible salir de la guerra imperialista, es imposible conseguir una paz democrática, una paz no impuesta por la violencia, sin derribar el poder del capital y sin que el poder del estado pase a manos de otra clase, del proletariado” (II, pp. 53-54). La necesidad de paz, bisagra, gozne de las fases de la revolución.
    p. 65. Es igual.
    5. “No ‘implantación’ del socialismo como nuestra tarea inmediata, sino pasar únicamente a la instauración inmediata del control de la producción social y de la distribución de los productos por los soviets de diputados obreros” (II, p. 37).
    El control resultará luego imposible y acarreará nacionalización.
    6. “Tareas del partido [...] modificación del programa del partido, principalmente 1) sobre el imperialismo y la guerra imperialista, 2) sobre la posición ante el Estado y nuestra reivindicación de un ‘Estado-Comuna’1, 3) reforma del programa mínimo, ya anticuado...” (III, p. 37).
    (1) Idea confusa, pero realista, fruto de 1870.
    7. “El poder del estado ha pasado en Rusia a manos de una nueva clase: la clase de la burguesía y los terratenientes aburguesados. En esta medida, la revolución democrático-burguesa en Rusia está terminada” (II, p.45). “Esa medida” le importaba precisamente. Fabuloso el completo desprecio de lo básico.
    8. “El origen y la significación de clase de esta dualidad de poderes residen en que la revolución rusa de marzo de 1917, además de barrer toda la monarquía zarista y entregar todo el Poder a la burguesía, se acercó de lleno a la dictadura democrática revolucionaria del proletariado y de los campesinos1” (II, pp. 47-48).
    (1) Él observa un hecho político. Y observa bien. Pero sobre la base de una creencia socialdemócrata ortodoxa, como era la suya acerca de la base, habría tenido que plantearse ya el interesante problema, la contradicción entre la esfera política y psico-social, por un lado, y la económica, por otro. Si no hubiera profesado aquella ortodoxia, habría podido buscar en otra vía: con más soviets y menos electricidad.
    9. “La dualidad de poderes no expresa más que un momento transitorio en el curso de la revolución, el momento en que ésta ha rebasado ya los cauces de la revolución democrático-burguesa corriente, pero no ha llegado todavía al tipo “puro” de dictadura del proletariado y de los campesinos” (II, p. 48). El léxico es curioso. Él inventaba1, sabía no estar repitiendo categorías.
    (1) Y lo que se inventa es a veces falso o si no, incoherente: el tipo corriente de revolución democrático-burguesa cuenta con capitalismo algo desarrollado (Aunque ahora se me ocurre que acaso él pensara sólo en el cachito del Imperio que ya reunía esas condiciones).
    10. La propuesta del estado-comuna y la nacionalización de las tierras prueban que ahora es muy optimista, desde abril (pp. 54-58). Antes había despreciado la comuna.

    “Discurso resumen ante VII conferencia  de toda Rusia”.
   
    1. (...) la marcha de los acontecimientos ha venido a confirmar, sin lugar a dudas, la previsión de los socialistas del mundo entero, quienes en el Manifiesto de Basilea de 1912 señalaron unánimemente la inevitabilidad de la revolución proletaria, en relación precisamente con la guerra imperialista que entonces se avecinaba y hoy hace estragos” (II, p. 137). Esto es la versión amplia de los goznes.
    La guerra y lo internacional (en día a día) fue lo decisivo.
    2. Afirma contra Rykov la existencia de “fase de transición entre el capitalismo y el socialismo” (II, p. 100).
3. “La nacionalización de la tierra, que es una medida burguesa1, significa liberar la lucha de clases...” (II, p. 125). Modelo de operación del proletariado en la transición. (1) Esto es Marx literal.
   
    “La dualidad de poderes”.

    1. “El problema del poder del Estado es el fundamental en toda revolución” (II, p. 40). Aquí el marxismo de la subjetividad, político, toma concreción política. Con esta comprobación -y su aplicación- empezó todo el problema, el triunfo y la tragedia.
   
    “Las enseñanzas de la revolución”.
    1. Que la primera fase de la revolución no ha sido realmente democrática (II p. 215). Comprobaciones así chocarían con los esquemas optimistas acerca de la segunda fase. No es esquemático ya al exponerlo.
   
    “La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla”.

    1. p. 277 [Desde “Los malharados marxistas al servicio de la burguesía no comprenden...” hasta “(...) puesto al servicio de todo el pueblo y que, por ello, ha dejado de ser monopolio capitalista”]. El imperialismo, fundamento teórico del gozne. Relacionar con la misma función de la guerra imperialista. Diría que el imperialismo es la base estructural y la guerra es el hecho desencadenador del funcionamiento de esa estructura. Que también en Rusia el capitalismo se ha transformado en capitalismo monopolista”. Afirmación decisiva.
    2. “No cabe término medio. El curso objetivo del desarrollo es tal que no hay posibilidad de dar un paso de avance, partiendo de los monopolios (cuyo número, papel e importancia ha venido a decuplicar la guerra) sin cambiar hacia el socialismo (...) Y en esto estriba la contradicción fundamental de nuestra revolución” (II, p.277). La guerra repercute además sobre la estructura imperialista. La produce ulteriormente, no es sólo un hecho en ella. El imperialismo, fundamento teórico del cambio.
    3. p. 278 [Desde “la guerra, al acelerar extraordinariamente la transformación del capitalismo monopolista en capitalismo monopolista de Estado..” hasta “(...) y el peldaño llamado socialismo no hay ningún peldaño intermedio”]. Es la exposición más completa de la dialéctica imperialismo-guerra imperialista-socialismo (ergo cambio de la concepción de la revolución rusa, o más bien, teorización del gozne de sus fases).
    . “(...) pues no hay insurrección capaz de instaurar el socialismo si no han madurado las condiciones económicas para él”.
Luego creyó ya en esa fecha que también en la base estaba rebasado el dominio burgués.
   
    “Segundo Congreso de los Soviets de toda Rusia”.
   
    1. El gobierno se llama “obrero y campesino”.
    “El movimiento obrero saldrá triunfante y abrirá el camino hacia la paz y el socialismo” (II, p. 499). Curiosamente, ahora casi se diría que se refrena un poco.
   
    “¡La patria socialista está en peligro!”.
   
    1. La expresión “patria socialista”.
    La falsedad de la propaganda de Estado empieza a imponerse o manifestar el: die List der Macht...[la artimaña del Poder].
   
    “El infantilismo izquierdista y el espíritu pequeño burgués”.
   
    1. “Si dentro de unos seis meses se estableciera en nuestro país el capitalismo de Estado, eso sería un inmenso éxito y la más firme garantía de que, al cabo de un año, el socialismo se afianzaría definitivamente y se haría invencible” (II, p. 735). Había anticipado la concepción general, como es obvio. Pero realismo: no creo ni que haya capitalismo de Estado.
    Continúa:
    “Me imagino la noble indignación con que rechazará estas palabras el comunista de izquierda y la crítica demoledora que desencadenaría ante los obreros contra ‘la desviación bolchevique de derecha” (II, p. 735).
    “El capitalismo de estado es incomparablemente, desde el punto de vista económico, a nuestra economía actual1. Eso en primer lugar. Y en segundo lugar, no tiene nada de temible para el poder soviético, pues el Estado soviético es un Estado en el que está asegurado el Poder de los obreros y de los campesinos pobres” 2(II, p. 739).
    La importancia del Poder es la clave de todo, de toda su actitud. 1) Ahora se da cuenta.¡Y es el “comunismo de guerra”! 2) Pero entonces, el principio de subjetividad rellena el hueco.
    2. “(...) nosotros, el proletariado de Rusia, vamos adelante de cualquier Inglaterra y de cualquier Alemania por nuestro régimen político, en virtud del Poder político de los obreros, y, al mismo tiempo, vamos detrás del estado más atrasado de Europa Occidental en lo que se refiere a la organización de un buen capitalismo de Estado, al nivel cultural y al grado de preparación de la producción material para “implantar” el socialismo” (II, p. 744).
    Importantísimo: un principio de desarrollo desigual económico-político, que cabe dentro del esquema marxista general (dialéctica) y fundamenta definitivamente toda la cuestión del principio de subjetividad, al mismo tiempo que prevélos futuros problemas*.
    Paradoja dialéctica del posterior retraso político (aunque sin volver atrás: retraso no respecto de los regímenes capitalistas, sino respecto de “sí mismos”).
    (*) Sobre la base de inevitabilidad de esquema dinámico europeo-occidental.
   
    “Tesis e informe sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado. I Congreso de la IC, 4 de marzo de 1919”.
   
    1. “En nuestra revolución, nosotros no avanzamos por el camino de la teoría, sino por el camino de la práctica. Por ejemplo, la cuestión de la Asamblea Constituyente no la planteábamos antes teóricamente, y no decíamos que no reconocíamos la Asamblea Constituyente. Sólo más tarde, cuando las organizaciones soviéticas se extendieron por todo el país y conquistaron el poder político, nos resolvimos a disolver la asamblea Constituyente” (III, p. 160).
    Yo creo que esta es la actitud final, ya tras las borrachera y tras las resacas. O sea, ya inicialmente por encima de las dos fases -o varias fases- ideológicas anteriores: la determinista con sus matices y grados; la politeísta con los suyos.
    2. III, p. 161 [Desde “A nosotros nos fue más fácil conseguir la victoria porque en octubre de 1917...” hasta “(...) de semiproletarios, y a luchar sistemáticamente contra la burguesía rural”]. En suma, que sus teorizaciones no valían nada. Final resaca.
   
    “Nuestra revolución”
   
    1. “Recuerdo que Napoleón escribió: ‘On s´engage et puis on voit’, lo cual, traducido libremente, quiere decir: “Primero hay que entablar el combate serio y después ya veremos lo que pasa”. Pues, bien, nosotros, en octubre de 1917 entablamos primero el combate serio y después ya hemos visto los detalles del desarrollo” (III, p. 795). Final de la resaca. Las teorizaciones eran filfa. Y la autoridad es... Napoleón. Aunque con el espíritu de Marx. Pero, repito, reconociendo el carácter ‘acientífico’ de lo que él mismo teorizó entre 1917 y ahora.
    También principio de subjetividad si hay alguna superación de la ideología.
    “Una clase en la que, cuando se levanta, se concentran los intereses revolucionarios de la sociedad, encuentra inmediatamente en su misma situación el contenido y el material de su actividad revolucionaria: derrotar enemigos, tomar medidas impuestas por las necesidades de lucha; las consecuencias de su propia acción la empujan adelante. No emprende investigaciones teóricas acerca de su propia tarea” (K. Marx, Las luchas de clases en Francia, p.135, Berlín 1964).
    Relacionar con la cita de Napoleón por Lenin.
    Pero la diferencia es que Marx habla de clases y piensa en la “astucia de la Razón”.

    “Acerca del papel y de las tareas de los sindicatos en las condiciones de la nueva política económica” Resolución del CC del PC(b) de Rusia del 13 de enero de 1922.
   
    “Hay una diferencia esencial entre la lucha de clase del proletariado en un estado que reconoce la propiedad privada sobre la tierra, las fábricas, etc. y cuyo poder político se encuentra en manos de la clase capitalista, y la lucha económica del proletariado en un estado que no reconoce la propiedad privada sobre la tierra y sobre la mayoría de las grandes empresas, en un estado cuyo poder político se encuentra en manos del proletariado” (II, p. 678).
    Sigue pareciéndole decisivo el problema del poder y todavía no ve peligro en la identificación dialéctica partido-(Estado)-clase.
    Esquema.
    1. Cómo se plantea el problema. 1.1. Entonces, la escasez de clase obrera. 1.2. Luego, el desarrollo del sistema.
    2. La crítica izquierdista Mattick-Pannekoek.
    3. Lenin antes.
    4. Lukács, Gramsci: Lenin después.
    5. Economicismo en el izquierdismo.
    6. Marxismo de la subjetividad.
    7. Marxismo del siglo XX.
    . Porque ya está todo maduro
    8. El democratismo, camino único hacia el socialismo (I, p.488)
    9. La cuestión del poder y el partido lo sintetiza todo, incluso el papel (¿) de la ofensiva anticapitalista (II, p. 694) y NEP.
              

Anexo 8: Solapa para el volumen 8 de las “Obras Competas” de Lukács

    Este texto, fechado el 18 de octubre de 1976, fue escrito por Sacristán como solapa para la edición del volumen 8 de las obras completas de Lukács en Grijalbo:

    “El presente volumen de las Obras Completas de Georg Lukács contiene escritos de características varias pero que tienen en común, como dice el autor mismo, la condición de “preludios teoréticos” a sus estudios más extensos y conocidos sobre el realismo literario y artístico. Se podría añadir que también “preludian" las investigaciones de Lukács en el terreno de la estética general.

    Se añade a ese interés el que estos textos tienen para la historia de las ideas estéticas y literarias, e incluso (indirectamente) para la historia política. Los artículos más antiguos de los aquí publicados aparecieron en el marco de la polémica interna sobre todo alemana, pero también sostenida por numerosos escritores no alemanes de la III Internacional, acerca de la actitud del escritor comunista respecto de la vanguardia burguesa y la tradición burguesa y preburguesa. Estuvieron implicados en esa polémica -y sus nombres aparecen en los escritos de Lukács aquí reunidos- Ernst Bloch, Brecht, Eisler, Anna Seghers y muchos otros menos conocidos en los países latinos. Los órganos principales en que se desarrolló la discusión fueron los del exilio comunista alemán -Das Wort- y también los de la Internacional Comunista, por ejemplo y señaladamente Internationale Literatur. Todo lector interesado por la historia de las ideas literarias en el siglo XX comprobará que con la publicación de la discusión epistolar entro Lukács y Anna Seghers del año 1938 (por dar un ejemplo) el editor de las “Obras Completas” de Lukács le presenta una pieza verdaderamente notable para su biblioteca.

    El arco de tiempo por el que se distribuyen los escritos recogidos en éste volumen -1938-1967, más la nota epilogal de 1970- invita a pensar que el sentido en el que Lukács considera “preludios” esos textos no es un sentido corriente. En efecto: estos escritos tienen esa colocación preludial en la obra de Lukács porque su autor los ve como dilucidaciones metodológicas obligadas ante otros tantos nuevos problemas estético-literarios que se le plantean en su programa de edificación de una estética marxista. La vinculación de los problemas estéticos con los generales del marxismo (de la concepción del marxismo por el autor) da razón de la mayor parte de la producción de Lukács. En el epílogo a este volumen esa amplia cuestión está expresada por Lukács mismo: “en cuanto filosofía universal el marxismo no podía contentarse con tomar simplemente de anteriores concepciones sus ideas teoréticas sobre el arte, completándolas en el mejor de los casos con concreciones “sociológicas”, como es el caso de teóricos incluso como Plejánov  y Mehring. Por el contrario, habría que partir de que Marx, arrancando de su concepción general histórico-filosófica, podía y tenía que elaborar también en este campo material metodológicamente independiente.”

    No es fácil predecir si los lectores de este volumen 8 de las Obras Completas de Lukács lo van a leer como querrían esas líneas del autor, o más bien como documento imprescindible de la historia de las ideas literarias del siglo, de la historia de la cultura comunista marxista, o incluso como documento de la historia de la III Internacional. En cambio, casi es jugar con ventaja predecir que el libro será realmente leído, desde cualquiera de esos puntos de vista.”   

Anteriormente, en una carta de 15 de julio de 1971 enviada al editor Grijalbo, en torno a la entonces proyectada traducción de las Obras Completas del aristotélico filósofo húngaro, Sacristán comentaba:

“Amigo Grijalbo,
    recibí anteayer a última hora su carta con el prospecto de las próximas publicaciones de Luchterhand. Aquí no tengo papel adecuado. Le mando estas líneas para decirle lo que pienso. Resuelva usted y escriban a Luchterhand desde Barcelona.
    Creo que todo lo que nos interesa está en la “Sammlung Luchterhand” (Colección Luchterhand), que es su serie de bolsillo. Se trata de dos volúmenes de Lukács:
    - el primero,Taktik und Ethik (Táctica y ética), nº 39 de la Sammlung Luchterhand, está anunciado para noviembre de 1971, y nos interesa muy especialmente porque el prospecto dice que contiene escritos que no aparecerán en la edición de las obras (probablemente porque a Lukács le parecían poca cosa; pero eso no cuenta para nosotros).
    -  El segundo es el nº 49 de la Sammlung Luchterhand. Se trata de un capítulo de la Ontologie des gesellschaftlichen Seins (Ontología del ser social, la obra póstuma e inacabada a lo que parece). En rigor no tendríamos por qué comprarlo, puesto que compraremos el conjunto de la obra (que aún no ha salido, para su inclusión en las OC [Obras Completas]. Pero valdría la pena asegurarse de que Luchterhand no va a vender ese capítulo suelto con el pretexto de que se trata de una edición de bolsillo.
    El resto del prospecto no tiene, en mi opinión, interés editorial para esta casa, aunque hay títulos valiosos. El otro vol. de Lukács anunciado está ya contratado y traducido por nosotros.
    ¿Hay alguna novedad? ¿Llegó de México el texto de nuestro antiguo vol. 2 de las obras de Lukács, el que tengo que trasformar? ¿Ha conseguido usted el texto de Stalin de que hablamos?
    Amistosamente, Sacristán”.

    También en una carta de 23 de septiembre de 1970, igualmente dirigida al fallecido editor, hay referencias a la edición de la obra lukácsiana:

“Amigo Grijalbo,
    como ya se me ha hecho bastante tarde, renuncio a verle personalmente. Por eso la dejo este sobre; con su memorándum, la variante adjunta y un pequeño comentario.
    Trabajando esta tarde en el asunto he sentido de verdad lo desagradable de mi situación como colaborador: lo bueno habría sido tener un pasaporte y salir con usted para discutir cómodamente en conversación con ellos.  Mala pata,
    Mi memorándum es una pura exposición de la situación. Dice menos cosas que el de usted. La razón es que me parece que se debe negociar con cautela, sin decir mucho al principio. Usted expone lo que ya es suyo y luego se suscita la cuestión acerca de lo que todavía no lo es y la cuestión acerca de si pasa a ser una relación con Luchterhand lo que hasta el momento lo era con Lukács-Artisjus.
    Observará usted que al hablar de obras contratadas con Luchterhand hablo de “Obras Completas” (de la edición alemana). En cambio, cuando hablo de textos contratados con Lukács-Artisjus hablo de “Obras” simplemente. Mi  intención al proceder así es la siguiente: ellos pueden sostener que nosotros no les hemos contratado más que dos volúmenes de las Obras Completas (la Estética l). Pero usted podrá contestar que, en efecto, sólo dos volúmenes de las Obras Completas, pero, además, con Lukács, hemos contratado ocho obras que forman parte de los volúmenes Luchterhand. Lo que quiere decir que en la contratación de los volúmenes que contienen esas obras no deberíamos pagar más que una modesta cantidad (por los textos sobrantes, aún no contratados por nosotros). En segunda edición se pasaría al pago igual de todos los volúmenes.
    Le dejo el texto alemán en dos ejemplares por si puede ver a Lukács y darle uno.
    Tengo alguna duda sobre la lista de obras contratadas con Lukács-Artisjus: ni me acuerdo, por ejemplo, de que hayamos firmado nunca contrato por Los realistas alemanes del siglo XIX. ¿Está usted seguro de que sí?
    En el caso de que la frase entre paréntesis le parezca arriesgada, tache usted también el texto alemán: también en él la frase está entre paréntesis.
    Que tenga éxito en el viaje.”
   
    De hecho, la editorial Grijalbo, a propuesta de Sacristán, se propuso editar las Obras Completas del filósofo húngaro. En esta carta de Sacristán de 6 de junio de 1972 se comentan estas cuestiones con un rigor y precisión infrecuentes en esos asuntos:
   
    “Amigo Grijalbo:
    La tarea de clarificar, sin dejar ningún cabo suelto, la situación de las Obras Completas de Lukács y de ajustar una línea de conducta que intente sacar el mejor partido posible de esa situación ha resultado bastante más laboriosa de lo que parecía. Y si lo ha sido para mí que casi no me he ocupado más que de eso dentro del conjunto de actividades de la editorial, tengo que suponer que Ud. también necesitará un par de sesiones para dominar la situación -que ahora le presento condensada- y para meditarla un poco antes de llegar a conclusiones. Por eso, en vez de llamarlo para concertar una reunión, le dejo antes unos cuantos materiales. Le ruego que le avise cuando tenga opinión hecha, y entonces convendremos una reunión para acabar de puntualizar.
    Le dejo los siguientes materiales:
    a) Una lista, rotulada A en tinta roja, que da, finalmente con toda exactitud y todo detalle, la situación global, o sea, los puntos alcanzados en la contratación y en el trabajo.
    b) Otra lista, marcada con B en tinta roja, que da en sustancia, lo mismo. A mí la composición de B me ha sido útil para confirmar los resultados de la exploración A, y viceversa, A confirma a B. La doble visión permite (al menos a mí) adentraras mejor en el panorama.
    c) Otra lista, marcada C en tinta roja, que representa probablemente el capítulo más difícil de nuestra situación: se trata de los derechos que poseen otras editoriales de lengua castellana sobre determinados textos de Lukács. Y así como nuestro punto fuerte -además del principal: el volumen y la calidad de nuestra edición- es el hecho de que tanto Lukács como Luchterhand hayan expresado repetidamente su acuerdo con nuestra edición de Obras Completas del filósofo húngaro, nuestro punto débil es que ambos nos han dicho, también repetidamente que nos las apañemos nosotros con esas editoriales.
    Esa lista C lleva un apéndice con una Información que no me ha llegado hasta después de redactarla. Es una buena noticia
    d) Una minuta de carta a la Sra. Holl´o Janossy, mujer del heredero de Lukács.
    e) Una minuta de carta al Sr. Otto F. Walter, uno de los tres directores de Luchterhand.
    Por d) y e) verá usted la línea de conducta por la que me inclino: hablo bastante claro a los herederos y les propongo contratar directamente título por titulo. Hablo a Luchterhand impulsándole a firmar algún documento contractual que nos reconozca únicos editores en castellano de la Obra Completa de Lukács. Pero no le pongo las cartas boca arriba, sino que prefiero quedarme a la expectativa.
    Veremos a qué conclusión llega usted.
    f) Unas cuantas fotocopias. Cuando nos veamos nos pondremos de acuerdo sobre cuales mando y a quién, y cuáles me reservo.
    g) Un memorándum en que le recuerdo los volúmenes que hemos de mandar a Artísjus , para ellos, los herederos y el Archivo Lukács de Budapest.
    Espero noticias suyas. Con amistad.”
   
    Tiempo atrás – 3 de diciembre de 1965-, Sacristán había escrito una “Nota sobre la situación actual de las obras de Lukács” para la editorial Grijalbo, a la que denominaba “la casa”, en la que se expresaba en los términos siguientes:
    “1. El hecho de tener ya publicadas dos obras importantes del autor, en prensa una tercera y contratada la extensa Estética aconseja que la política editorial de la casa se proponga una edición completa posible de Lukács.
.    2. La experiencia reciente con Luchterhand no se agradable. El impaciente comportamiento de este editor puede significar que se incline a conceder derechos a otros editores de lengua castellana. Pero aunque eso no sea así, de todos modos no es un trato fácil.
    3.  La posición de Luchterhand se fuerte a causa, sobre todo, de la avanzada edad de Lukács. Pero Lukács no está muerto, y en su carta de 6/8/65 nos insiste en que negociemos siempre directamente con él.  En cambio, nunca ha contestado Lukács a nuestras propuestas de opción global.
    4. De todo eso me parecen desprenderse las siguientes conclusiones:
    A. Conviene hacerse cuanto antes con los derechos del mayor número posible de obras de Lukács, en trato con el autor y una tras otra puesto que no parece que a Lukács le apetezca negociar sobre mucho a la vez.
    B.  Como retener mucho tiempo una inversión es mala cosa, conviene contar con un grupo de traductores dedicados intensa -y, a poder ser exclusivamente- a Lukács para editar rápidamente todos los textos posibles. Es claro que yo solo no puedo ir a la velocidad necesaria.
    C. Yo podría tener la responsabilidad, reconocida  y dicha explícitamente a todos los demás traductores, de revisar las traducciones que no hiciera personalmente.
    5. Para empezar, creo que hay que enviar enseguida a Lukács contrato para Historia y consciencia de clase, y pagarle pronto y directamente (¿no es más cómodo desde México?).
    6. Si la casa está de acuerdo con el criterio de esta nota, prepararé rápidamente un plan de edición de las obras de Lukács”.
   
    También la nota siguiente -“prospecto Lukács”- es un texto que Sacristán escribió para la edición de las obras completas del filósofo húngaro. No está fechada.
   
    “La obra del filósofo marxista húngaro Georg Lukács tiene dimensiones enciclopédicas y, al mismo tiempo, la penetración aguda, profunda y audaz del ensayo y del experimento teórico. La vida intelectual de Lukács ha sido -y sigue siéndolo, en una vejez tan lúcida que conforta a quien la conoce- una constante captación de las fuentes del pensamiento marxista. El sólido conocimiento de los clásicos y la intensa actividad revolucionaria del filósofo explican en general su extraordinaria intimidad con el tronco vivo del marxismo. Pero, de todos modos, su arraigo en el pensamiento social ha tenido a veces manifestaciones incluso asombrosas. El caso de Historia y consciencia de clase -que presentó ideas de los Manuscritos económico-filosóficos de Marx unos diez años entes de que estos fueran descubiertos- puede ejemplificar el excepcional carácter de la relación de Lukács con la matriz del marxismo.
    Ya eso bastaría para hacer de la obra de Lukács un fondo de conocimiento y método de estudio obligado para todo el que se interese por la historia del pensamiento socialista productivo, no simplemente imitativo o didáctico. Pero aún hay otro motivo más: la Obra de Lukács es el reflejo teórico más dilatado de las vicisitudes del movimiento socialista europeo en el siglo XX.  Desde Historia y consciencia de clase (1923) hasta las páginas, todavía inéditas, de la Ontología del ser social se extiende medio siglo de crítica, teoría y práctica socialistas, de observación y testimonio, de entusiasmo en las victorias revolucionarias y dramatismo en las grandes crisis del movimiento obrero. La obra de Lukács es un elemento ineliminable de la autoconsciencia del movimiento socialista europeo.
    Obras publicadas en la edición Grijalbo:...”

    Las observaciones siguientes fueron escritas por Sacristán también para la editorial Grijalbo y versan sobre asuntos relativos a la publicación de las “Obras Completas” de Lukács. No están fechadas.
   
    “1. Contratación sobre Lukács.
    -Si hay tiranteces con Luchterhand, recordar que firmó S. las cartas delicadas a la señora Holló-Jánossy y al Dr. Boytha (Artisjus), lo que permite a los demás protestar de su inocencia.
    -La solución de tomar como volúmenes objeto de contratos los volúmenes españoles es la solución cómoda para Ediciones Grijalbo e incómoda para Luchterhand. Pero se les puede convencer con el siguiente argumento: puesto que la edición Grijalbo no agrupa ni ordena las obras de Lukács como la edición Luchterhand, no siempre existen en español los volúmenes de Luchterhand, por lo que no se puede contratar sobre ellos. En cambio, existe siempre en español su contenido, agrupado y ordenado en los volúmenes españoles. Estos son, pues, los únicos objetos de contratación posibles: sólo sobre ellos tiene sentido hablar de impresión, tirada y 5%.
    -El contrato-marco es creación nuestra, porque no había precedentes. Pero los contratos-vol siguen el esquema que utiliza normalmente para contratar el mismo Luchterhand (ejemplos: contratos, redactados por Luchterhand, sobre Der Positivismmusstreit in der deutschen Soziologie [La disputa del positivismo en la sociología alemana] y sobre Lukács, Ästhetik [Estética] I).
    -Si la gestión adelanta tanto que se lleva incluso a la contratación de los volúmenes sueltos, hay que tener cuidado con las fechas de firma de esos contratos, a causa de la cláusula, tradicional para Luchterhand, que nos obliga a editar dentro de los 24 meses siguientes a esas fechas.
    -Personalmente, no me parece grave que hubiera que aumentar algo el pago de 1000 DM previsto en el contrato-marco.
2. Colección Aktuelle Wissen (El saber actual) de Bertelsmann.
    Aunque ya se ha entablado contacto por carta a este respecto, si hay tiempo en Frankfurt, puede valer la pena una conversación con su delegación allí, particularmente para precisar si, caso de decidirse Ediciones Grijalbo a comprar los derechos de traducción, podría contar con el suministro de todo el material gráfico en forma funcional tipográficamente y económicamente interesante.
3. Colección Library of Exact Philosophy (Biblioteca de filosofía exacta) de Springer.
    Lo mismo que para el punto 2, aunque con la diferencia de que en este caso la cuestión del material gráfico no tiene prácticamente ningunas importancia.
    Nota: el dossier presente contiene
    a) Proyectos de contrato-marco y de contratos-vol. para OC Lukács;
    b) Relación de textos de OC de Lukács por contratar, según la ordenación alemana de las Obras;
    c) Relación de los textos de OC de Lukács por contratar, según la ordenación de las Obras en la edición española;
    d) Relación de otras editoriales con derechos castellanos sobre obras de Lukács;
    e) Titulación y ordenación de la edición castellana de las OC de Lukács.
    b), c), d) y e) se tienen que devolver a S., que se queda sin esos documentos”.
    f) El dossier destinado a J. M. contiene, además, las versiones alemanas de a).”
   
    También el siguiente texto es un escrito de Sacristán, no fechado, que lleva por título “Apunte para la defensa del cartel sobe las obras de Lukács”, de la editorial Luchterhand.
   
    “El texto del cartel publicitario sobre las obras de Lukács se compone de los siguientes elementos:
    1. Una breve biografía de Lukács.  2. Una selección de textos críticos sobre la obra de Lukács. 3. Un texto antiguo de Lukács (1921). 4. Un texto relativamente reciente de Lukács (1962).
    La biografía es, además de sucinta. estrictamente factual: no hay en ella elemento valorativo alguno, ni se le puede imputar ninguna carga emocional.
    La selección crítica es ecuánime, aduce elogio y condena en una proporción sin duda análoga a la que ambas actitudes, ante la obra de Lukács, tienen entre sí en el mundo publicístico. La selección presenta, además, la elegante sutileza de presentar un autor jesuita (Kurz) entre los críticos favorables a Lukács, y un importante marxólogo (Adorno) como detractor suyo. Con ese expediente subraya el cartel el valor universal -no sólo en un sentido geográfico- de la obra de Lukács.
    Los dos textos de Lukács están elegidos con una intención de información auténtica que no suele predominar tan intensamente en las producciones publicitarias: el uno documenta las ideas juveniles de Lukács, y el otro está tomado de su posterior rectificación de aquellas ideas.
    El conjunto constituye, en nuestra opinión, una pieza de publicidad editorial de una gran dignidad, inspirada por un espíritu cultivado y científico que honra un tipo de publicación mercantil -a menudo tan exclusiva y vulgarmente mercantil- como es éste de los carteles, los folletos, los prospectos. Por eso nos duele particularmente tener que renunciar a su edición, tanto más cuanto que, dadas sus características, lo elevado de su concepción, la completa ausencia en él de elementos no-objetivos, emocionales, no alcanzamos a ver qué puede haber movido a un juicio negativo a su respecto.
    Rogamos encarecidamente se considere de.nuevo el texto de este cartel, con objeto de descubrir si existe alguna posibilidad de facilitar su edición”.
    El cartel de la Luchterhand defendido por Sacristán incluía una selección de textos, bajo el epígrafe “Lukács en la polémica”, de Jules Dévérité, T. Aczel, Jürgen Rühle, Bloch,...

    El texto de P.K. Kurz, S J, al que Sacristán hace referencia, era el siguiente:

    “Lukács nos parece excepcional porque en la cuestión de la jerarquía, la significación y la función de la obra de arte une la consciencia de las formas con la humana consciencia individual. Su esfuerzo por la posibilidad de una síntesis de forma clásica y doctrina marxista es digna de meditación”. El de Adorno decía así: “De modo sumamente adialéctico, el dialéctico patentado atribuyó paladinamente en el libro El asalto a la razón todas las corrientes irracionalistas de la filosofía moderna a la reacción y al fascismo, sin preocuparse gran cosa de que en esas corrientes y frente al idealismo académico, el pensamiento se levantaba también contra la cosificación de la existencia y del pensar cuya crítica había sido cosa propia de Lukács. Nietzsche y Freud se le convirtieron llanamente en nazis, y llegó a a hablar, en la jerga suficiente de un provinciano profesor de instituto guillermino, de “los talentos poco comunes” de Nietzsche. Bajo capa de una crítica sedicentemente radical, pasó así de contrabando los más tristes clichés del conformismo contra el cual se dirigió en otro tiempo la crítica social” .
   
    Los textos de Lukács señalados por Sacristán pertenecían a Historia y consciencia de clase y a una declaración de Lukács del 6 de noviembre de 1962 sobre esta misma obra, incorporada en el prólogo a la edición castellana de este texto lukácsiano.
   
    Por otra parte, el 20 de mayo de 1972 Sacristán se había manifestado del modo siguiente sobre las “maquetas para la colección ‘Teoría y realidad’ ”:
   
    “No me convence ninguna de las cuatro. Si hay que elegir por fuerza entre ellas, prefiero la de formato grande y color ocre, sin trazo horizontal. Pero en ella habría que corregir, aparte de la falta de ortografía que será un simple descuido, la información que comunica. Pues el libro no es, como parece decir la portada, un libro de Lukács, sino sobre Lukács. Por lo tanto, creo que en alto debería situarse el nombre del editor (en sentido inglés) de la obra, o el nombre del autor del primer artículo y la mención “y otros”, y luego:
   
    GEORG LUKÁCS.  EL HOMBRE   SU OBRA   SUS IDEAS
    Pero la verdad es que preferiría otras propuestas de maqueta”.
                       
Anexo 9: Prólogo a la primera edición catalana de El Capital.
 

    Edicions 62, en colaboración con la Diputació de Barcelona, publicó en 1983 la primera edición completa de El Capital, con traducción de Jordi Moners. Sacristán escribió en México el siguiente prólogo, fechado el primero de mayo de 1983, y que fue publicado en traducción de la versión catalana en M. Sacristán, Escritos sobre El Capital (y textos afines), op. cit, pp. 360-364. Se da aquí el original castellano:

    “La aparición de esta traducción catalana de El Capital puede parecer intempestiva. El libro sale, en efecto, alrededor de un siglo después de que empezara a estar presente en la vida social y cultural de Catalunya; y, además, en un momento que no se puede considerar de mucho predicamento de la obra de su autor, sobre todo en comparación con lo que ocurría hace quince o veinte años.
   
    Es obvio que la primera circunstancia tiene mucho que ver con los obstáculos con  que ha tropezado la cultura superior catalana durante estos cien años, desde los de  lejanía raíz histórica hasta los particularmente difíciles que levantó el franquismo. Desde el punto de vista de esta consideración, la publicación de El Capital en catalán, como la de cualquier otro libro clásico, es una buena noticia para todos los que se alegran de que los pueblos y sus lenguas vivan y florezcan.
   
    La segunda circunstancia -el hecho de que este libro aparezca en catalán en un momento que no es de los más favorables para él- puede facilitar una buena lectura. Esto no tiene mucho de paradójico: cualquier libro y cualquier autor pagan el hecho de estar muy de moda con una simplificación más o menos burda de su contenido o con versiones apologéticas demasiado estilizadas. Es posible que sólo a este precio la obra influya extensamente: por eso nadie es dueño de sus propias influencias. En el caso del Capital todo esto adquiere proporciones grandes y reales. Y, puesto que “gris es toda teoría / y verde el árbol de la vida”, seguramente es más jugoso el caos de la influencia práctica de las lecturas dudosas propias de las épocas de éxito de una obra que el fruto de una lectura tranquila, relativamente fácil en una situación de escasa acción social de la ideas leídas.
   
    En cualquier caso, el lector del Capital puede beneficiarse hoy de la conclusión de las polémicas de los años 1960 y 1970 acerca de la posición y la importancia de este libro en la obra de su autor. Hoy debería estar salomónicamente claro, por una parte, que El Capital es la obra máxima de la madurez de Marx (como, tal vez innecesariamente, lo proclamó con gran énfasis Louis Althusser) y, por otra parte, que El Capital no es toda la “Economía” planeada por su autor, ni lo habría sido aunque Marx lo hubiera terminado (como no menos insistentemente lo enseñó Maximilien Rubel en las polémicas aludidas).
   
    Pero quizá no haya que hacerse ilusiones acerca de la superación definitiva de polémicas causadas por lecturas unilaterales de Marx impregnadas de intereses ideológicos o políticos. Tal vez ni siquiera se haya acallado para siempre la disputa acerca de la relación entre el “Marx joven” y el “Marx maduro”, que presidió la literatura marxológica de los últimos decenios y en cuyo marco se inscribieron las tomas de posición de Althusser y Rubel. La verdad es que toda persona hecha a criterios académicos de discusión tiene motivos para considerar resuelta esta vexatam  quaestionem. Pero no se puede decir lo mismo de los que leen a Marx con el deseo de encontrar en él argumentos, o, por lo menos, palabras en que apoyar tesis políticas propias. Así, por ejemplo, bajo el betselleriano título de  Adiós al proletariado, André Gorz ha publicado recientemente unos escritos que, en lo que tienen de exégesis de Marx, utilizan líneas de pensamiento del autor procedentes de épocas diferentes de su desarrollo y aparentemente discordes, sin trabajar el problema histórico y textual que plantea esta situación. Parecería que esto no fuera posible en Francia después del Pour Marx  [La revolución teórica de Marx] y el Lire le Capital [Para leer El Capital] de Althusser, pero lo es.
   
    Sin embargo, a pesar de la aparente inmortalidad de este asunto de los dos Marx -el joven y el maduro, el filosófico y el científico-, es razonable pensar que se trata de un asunto mucho menos importante para el futuro de lo que ha sido en el pasado reciente. Pues las reconstrucciones del pensamiento marxiano unilateralmente basadas en  uno u otro de los “dos” Marx están en peligro de no oír siquiera los interrogantes nuevos que una nueva época del “desarrollo de las fuerzas productivas” va a dirigir a la lectura de Marx.

    En efecto, prescindiendo de la caducidad de tesis particulares de Marx, la historia reciente y las anticipaciones hipotéticas del futuro próximo coinciden en quitar verosimilitud a la hipótesis marxiana acerca de la función del desarrollo de las fuerzas productivas materiales e intelectuales en su modelo de revolución socialista.

    La acentuación unilateral de la importancia del Marx maduro -el Marx del Capital y de sus borradores, de la fase de su vida que empieza en 1857 y dura hasta sus años últimos-, con desprecio de la obra anterior a esa fase, se apoya decisivamente en la objetividad de las leyes históricas, centradas en última instancia en torno a la creciente “contradicción” entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción de una época de crisis. Ahora bien, ciertas consideraciones bastante obvias tienden a desbaratar este modelo por lo que hace a la crisis de nuestros días, o, por lo menos, a la predicción que a este respecto enuncia la vulgata marxista. Los textos de Marx sugieren desde 1848 que su autor creía que las fuerzas productivas entonces operantes estaban entrando en “contradicción” con las relaciones de producción capitalistas y que la resolución de esa “contradicción” sólo podía ser el socialismo. Una lectura lo más literal posible de esos textos permite salvar el modelo teórico general marxiano (pues sin duda se puede entender el florecimiento de las sociedades anónimas industriales y financieras como la revolución de las relaciones de producción resolutoria de la “contradicción” con el desarrollo de las fuerzas productivas señalada por Marx en aquellos años), pero no su predicción socialista. Esto mismo ocurre hoy, pero todavía más demoledoramente para la predicción marxiana, porque las fuerzas productivas cuyo desarrollo caracteriza nuestra presente civilización no han sido ni   soñadas por Marx, pero, a pesar de ello, la predicción del inminente “paso al socialismo” no es más verosímil que en 1848. Esta consideración quita mucho atractivo al marxismo teoricista, objetivista y cientificista, basado en el “Marx maduro”, que predominó en el marxismo de los países capitalistas durante los años 1960 y 1970. Aquella lectura de Marx tenía graves defectos internos -principalmente la incoherencia entre su cientificismo y la inspiración hegeliana, presumiblemente ignorada por sus protagonistas, de su infalibilismo y objetivismo histórico-, pero sin duda es la evolución política y económica ocurrida desde entonces lo que más la desacredita. Por lo demás, ese teoricismo marxista se veía obligado a despreciar no solo la obra del “Marx joven”, del que tanto se discutía, sino también la del menos leído “Marx viejo”, el cual había escrito categóricamente, en una carta hoy célebre a la revolucionaria rusa Vera Sassulich, que sus tesis del Capital se referían exclusivamente a las sociedades europeas occidentales.

    Pero no es probable que la reconocida implausibilidad de la imagen de un Marx teórico puro, o autor de ciencia pura, tal como tendió a verlo el estructuralismo, haga hoy mas convincente la vuelta a una interpretación de la obra marxiana desde el “Marx joven”, desde los manuscritos de 1844 principalmente, como la cultivada por varias escuelas marxistas o marxológicas en los años 1950, con desprecio más o menos acentuado del “positivismo” del Capital. También en este punto lo decisivo ha de ser  “la práctica”, esto es, un criterio de coherencia con las necesidades sociales. No parece que los conceptos fundamentales del Marx filósofo (que así es como habría que llamarle, más que “Marx joven”) -humanidad genérica, alienación, retrocaptación de la alienación, etc.-, por interesantes que sean y por adecuadamente que expresen las motivaciones y las valoraciones comunistas marxianas, sean por sí solos suficientemente operativos para permitir un manejo eficaz del intrincado complejo de problemas tecnológicos, sociales y culturales con que se ha de enfrentar hoy un proyecto socialista. Para eso hace falta ciencia, “positivista” conocimiento de lo que hay, de lo “dado”, cuyo estudio es tan antipático para el revolucionario romántico cuanto  imprescindible para toda práctica no fantasmagórica. Esto hará siempre del Capital una pieza imprescindible de cualquier lectura sensata de Marx, pues esas dos mil  páginas y pico contienen el esfuerzo más continuado y sistemático de su autor para conseguir una comprensión científica de lo que hay y de sus potencias y tendencias de cambio.

    Pero una visión científica adecuada, ni cientificista ni apologética, tiene que partir de la revisabilidad de todo producto científico empírico. Lukács hizo una vez el experimento mental de preguntarse si quedaría algo del marxismo una vez que todas sus tesis particulares hubieran sido falsadas o vaciadas por la evolución social. Pensó que sí, que quedaría algo, a saber, el estilo de pensamiento muy abarcante y dinámico, histórico, que él llamó “método dialéctico”. Admitiendo que esta idea de Lukács es muy convincente, habría que añadirle o precisarle algo: el programa dialéctico de Marx -que engloba economía, sociología y política, para totalizarse en la historia- incluye un núcleo de teoría en sentido estricto que, sin ser todo El Capital, se encuentra en esta obra. El programa mismo era ya entonces inabarcable para un hombre solo; seguramente esto explica muchos de los padecimientos psíquicos y físicos de Karl Marx; y también da su estilo de época a una empresa intelectual que hoy consideraríamos propia de un colectivo, y no de un investigador solo. Por eso El Capital quedó en muñón, y por esto es inconsistente todo intento de convertir su letra en texto sagrado. Pero lo que sí parece imperecedero es su mensaje de realismo de la inteligencia: un programa revolucionario tiene que incluir conocimiento, poseer ciencia. Por su propia naturaleza, la ciencia real es caduca. Pero sin ella no puede llegar a ser aquello que no es ciencia. Por esta convicción ha dedicado Marx su vida y ha sacrificado mucho de su felicidad -con el turbio resultado que eso suele arrojar- en la redacción de estas miles de páginas que al final le producían tan escaso entusiasmo  que se limitó a sugerir que Engels “hiciera algo” con ellas.”

Anexo 10: Reseña de Sacristán sobre el Lenin de Garaudy: Nous Horitzons, nº 17, segon trimestre de 1969, pp. 53-54.

    Se presenta aquí la traducción castellana de la reseña de Sacristán que se publicó en Nous Horitzons en traducción catalana de Francesc Vallverdú. Creo que se ha perdido el original de Sacristán:

    “La publicación de este pequeño volumen en la serie de “filósofos” de PUF es como un anticipo de la inmediata conmemoración de Lenin. La colección en la que aparece está destinada al uso didáctico en el bachillerato y en la iniciación universitaria; sería entonces injusto esperar del libro detalle monográfico o interpretación arriesgada que no tendría mucho espacio para ser argumentada (Si restamos la breve antología de textos de Lenin, que ocupa el final del volumen, el autor dispone de nada más que 66 páginas para su ensayo).
   
    A pesar de la brevedad, el texto merece atención por proceder de un escritor marxista tan sincero y tan leído como Garaudy. La gravedad de los problemas con los que se enfrenta hoy el movimiento comunista revela ya con tanta claridad la inutilidad de la literatura marxista inauténtica, de tantos tratados y manuales con todos los problemas del mundo resueltos, que la lectura de los escritores marxistas que verdaderamente piensan -guste o no guste lo que piensen- es hoy recomendable incluso como ejercicio político. Garaudy puede haber sucumbido en otros momentos, como Althusser lo confiesa de sí mismo, a la “línea imperativa” según la cual la filosofía marxista no puede elegir sino entre el comentario y el silencio, una convicción iluminada o bien obligada y al mutismo del malestar. Pero hay mudos y mudos, y Garaudy, como su contrincante Althusser, pertenecía ya entonces a la clase de mudos que podían hablar porque saben pensar. Por esto vale la pena atender su reciente ensayo sobre Lenin.
   
    El escrito tiene dos buenos rasgos que conviene destacar. El primero puede decirse brevemente: Garaudy no muestra en este ensayo el excesivo respeto académico por las definiciones tradicionales que es frecuente en la literatura francesa, incluso en la marxista; y así caracteriza el pensamiento de Lenin al margen de cualquier definición universitaria de la filosofía: “El problema principal de su (de Lenin) filosofía es el del militante: elaborar una metodología de la iniciativa histórica”.
   
    El segundo se presenta en su manera de construir los aspectos del pensamiento de Lenin, que Garaudy ofrece al estudio del lector. La elección es muy adecuada para las necesidades presentes. Garaudy acentúa sobre todo la insistencia de Lenin en la importancia del factor subjetivo en la historia y las enérgicas tomas de posición antidogmáticas y antisectarias de diversos textos de Lenin. No hay duda que una y otra cosa son elementos esenciales del pensamiento leninista, pero la redacción de esta nota no obedece solamente al deseo de dar noticia del ensayo de Garaudy y de registrar elogiosamente estas características de su composición, sino de añadir una observación más.
   
    En las 66 páginas del ensayo queda muy claro que Garaudy lo ha escrito con el fin de librar la clásica batalla en dos frentes: subrayar la importancia del factor subjetivo en el pensamiento de Lenin (igual que en el de Marx, por otra parte) le es útil contra el derechismo de tipo tradicional. Mostrar que Lenin quiere pensar siempre de manera antidogmática y antisectaria le sirve contra el infantilismo o izquierdismo. Y ambas cosas le sirven, además, y muy eficazmente, contra el burocratismo y el estatalismo de la degeneración socialista, la cual presenta al mismo tiempo el mecanicismo y la razón de Estado y un sectarismo hipócritamente dogmático que disfraza de teoría, desde los tiempos de Zdanov, lo que es mera implicación del poder o de la lucha por éste en tal o cual intriga momentánea.
   
    Los textos de Lenin que recoge Garaudy son muy eficaces para ilustrar todos aquellos puntos. La selección es un éxito. En particular, el izquierdista reflexivo podrá aprender mucho de la sólida demostración por parte de Garaudy de que Lenin ha tomado prestado los rasgos más autoritarios del ¿Qué hacer? (uno de los textos más cultivados por el extremismo) directamente del patriarca de la socialdemocracia, de Kautsky.
   
    Aquí se plantea, sin embargo, justamente la cuestión. No parece que la mejor manera de oponerse al derechismo y el nuevo izquierdismo, al igual a que a la degeneración del poder socialista, sea continuar utilizando los clásicos del movimiento socialista convirtiéndolos en instrumentos de la disputa. Parece claro que Garaudy tiene razón en su triple polémica, pero parece dudoso que esta razón vaya a triunfar substancialmente con los mismos procedimientos que ha llevado al derechismo “filológico” de la vieja social-democracia (hecha de citas a pie de página de algunos elementos de El Capital), al infantilismo (hecho de citas a pie de página del ¿Qué hacer?, etc.) y a la degeneración burocrática revestida con todas las citas, sean de donde sean, que vayan bien para expulsar a alguien, justificar tal ley o proclamar tal sentencia).
   
    Es necesario de una vez dejar vivir a los clásicos. Y no se ha de enseñar a citarlos, sino a leerlos”.

Anexo 11: Mayo de 1968.

    Sacristán, quien no dejó de simpatizar sin ceguera con lo que significaron los movimientos estudiantiles de mayo del 68, tanto aquí, en Europa Occidental, como en Usamérica, criticó, empero, algunos de los planteamientos de sectores del movimiento universitario de esos años respecto a la relación entre ciencia y política. Constató una fuerte corriente anticientificista entre algunos sectores revolucionarios de estos movimientos. Por ejemplo, en una conferencia impartida en Valencia en 1969, Sacristán  ilustraba su tesis con el caso de una familiar bioquímica que trabajaba en Italia. Los estudiantes, que simpatizaban con ella y con sus planteamientos políticos, le habían preguntado los motivos por los que ella seguía en la investigación pura y no se dedicaba, en cambio, a buscar algo para el “asma de las lavanderas del Ticino”. El incidente, señalaba Sacristán, no tuvo ninguna trascendencia práctica pero revelaba un estado de ánimo: el de un ”movimiento estudiantil rebelde que empieza a creer que no tiene sentido hacer investigación básica en bioquímica, por ejemplo”.
   
    Siguió Sacristán ilustrando su posición citando un artículo de un dirigente estudiantil italiano en el que  sostenía que la investigación pura, la fundamental, era un sistema mediante el que los países desarrollados podían asignar muchos recursos y así mantener lo que se solía llamar el “calor de la coyuntura”, evitando de este modo recalentamientos, tensiones económicas por exceso de riqueza, alejando las crisis de sobreproducción, por usar términos económicos tradicionales, concluyendo, y ahí entraba la crítica de MSL, que una cultura revolucionaria lo que debía hacer es suprimir la investigación básica y quedarse sólo con la aplicada. No hacer física teórica y en las ciencias químicas quedarse con los plásticos y la farmacopea.
   
    Citó igualmente Sacristán un artículo de un combatiente universitario norteamericano , Michael Rossman, “que lleva un montón de años saliendo y entrando a la cátedra en Estados Unidos (que es como para respetarlo en serio)”-, que llevaba por título “Notas de la cárcel local”, en el que establecía una comparación entre la cárcel de ese condado y la Universidad de Berkeley, y en el que, escribiendo “maravillosamente”, decía irónicamente a los estudiantes usamericanos: “Establécete una personalidad distinta, pero no amenazadora; elige un símbolo referente a tu persona, y acentúalo; sé apasionadamente dedicado a la búsqueda de la verdad; atrévete a una hipótesis audazmente heterodoxa, cuya sutil fragancia pueda captar tu profesor; admite graciosamente tu error evidente, muéstrate abierto a la enseñanza y capaz de aprovecharla. – Sacristán:  “Entonces termina y aquí traduzco literalmente, rebajando un poco”-. Podría seguir pero que se vayan a hacer puñetas”.
   
     Sacristán señala que Rossman está haciendo un retrato del estudiante cobista, un retrato justo, por lo demás, pero que entre los títulos del estudiante conformista incluye el de “sé apasionadamente dedicado a la búsqueda de la verdad”. Hay ironía, sin duda, pero, en su opinión, el apasionamiento por la verdad está “puesta al mismo nivel que los demás detalles del estudiante cobista”.
   
    Finalmente, otro ejemplo “terrible” extraído de una revista de los estudiantes de la misma universidad de Berkeley (“La barba de Berkeley”): “No es posible reformar las universidades, hemos de entrar a saco en los campus de los Colleges, quemando libros, deshaciendo aulas y liberando a nuestros hermanos de la prisión de la Universidad”. Es decir, señala MSL, no se sostiene que haya que conquistar la Universidad para un pensamiento y una cultura revolucionarios, sino que se trata de destruir la institución por “considerarla pura y escuetamente como cristalización del espíritu reaccionario”.
   
    Por otra parte, sobre las repercusiones de los movimientos sesentayochistas en algunos sectores del movimiento universitario catalán, Sacristán se expresaba del modo siguiente en una “Nota sobre la Universidad” de 5 de marzo de 1970 dirigida a la dirección del PSUC-PCE (Véase anexo de la tesis doctoral de Miguel Manzanera sobre Sacristán, UNED):

    “Lo primero que a uno se le ocurre en presencia de un contingente numeroso de personas bastante conscientes de su oposición al sistema en que viven, pero que no se deciden a formar un movimiento organizado, es que esas personas no creen en la conveniencia o en la necesidad de hacerlo. Pues consciencia del problema no les falta. Me parece que esa falta de convicción se debe a varias causas, cuya importancia relativa no conozco. Son, entre otras, acaso: el saber que hubo un movimiento organizado que acabó por descomponerse; la consiguiente falta de esperanza en una vía continuada con una perspectiva atractiva para todos y que parezca alcanzable; el espectáculo de la lucha, ya muy crispada, entre partidos, obstáculo muy serio a cualquier movimiento, fuera de la minoría más activa; el deseo de no meterse en “líos”, visto que todo ha salido mal. Esas causas explicarían también algo de otro modo incomprensible: el éxito de actitudes políticas sin fundamento, como las de los Che, que son mimetismo incoherente de los hechos de Francia o Italia, pero muy mal conocidos. Más de mil estudiantes pueden aplaudir hoy una intervención en la que se dice que en las condiciones actuales de España la consigna de libertad es reaccionaria. Sólo la sublimación de una completa desesperanza me parece explicar el éxito de un absurdo semejante”.
   
    Igualmente, Crítica, la revista clandestina de los estudiantes del PSUC, había insertado en su número de agosto de 1968 un artículo firmado por R. Serra, que creo que es un seudónimo de Sacristán, con el título “La significación de los movimientos estudiantiles en los países capitalistas occidentales”. Fue escrito antes de las elecciones francesas  del 23 de junio y 1 de julio, y su trabajo sólo tiene en  cuenta la primera fase de las grandes luchas de la primavera parisina. Fue reproducido en el número de otoño de 1968 de NH, pp. 45-48.
   
    Inicia su artículo Sacristán constatando que “los movimientos estudiantiles son intensos en algunos países capitalistas avanzados o no particularmente atrasados, como Alemania occidental, Francia, Italia, España, Gran Bretaña, Estados Unidos.  Este hecho está poniendo fin a la literatura propagandística que durante años ha defendido, con fingida nostalgia y real intención paralizadora, la tesis de la despolitización de la juventud universitaria y obrera. A la luz de los recientes movimientos universitarios en diversos países occidentales se puede comprender mejor incluso la significación político-social de movimientos  como los de los “mods”, y los “rockers” anglosajones, por una parte, y de los “hippies” y “freepies” americanos y europeos de otra”
   
    Para Sacristán el significado de estos movimientos juveniles es la de “una crisis profunda de los valores burgueses tradicionales y de los nuevos valores rápidamente montados en estos últimos decenios, con todos los medios de la publicidad de masas, por el capitalismo monopolista de la postguerra, denominado neocapitalismo”. En su opinión, grandes sectores de los jóvenes estudiantes y trabajadores estaban tomando consciencia de “la injusticia de la supraestructura capitalista, de la hipocresía de sus valores tradicionales -la “libre” empresa, la “abundancia” por la ley de maximización del beneficio, la “democracia” puramente formal- y la reciente percepción de la necesaria lucha contra la escasez, que degenera en promoción de consumos superfluos y alienadores, mientras que la oferta de los bienes esenciales, desde la vivienda hasta la educación y la investigación, se ve limitada por su incapacidad para producir beneficios máximos privados, o bien -como en el caso de la investigación- se desnaturaliza para producir estos beneficios máximos privados, en la industria de guerra. La explotación de los países subdesarrollados, acompañada de brutales agresiones, como en particular la de Vietnam, ha contribuido decisivamente a desenmascarar la naturaleza opresiva del sistema”.
   
    Sostiene Sacristán que el llamado problema de los jóvenes, o la crisis de autoridad de los adultos, se ha planteado ya otras veces durante el siglo XX: “hacia los años 20 y 30, dio lugar a la demagogia fascista, que tuvo éxito en la universidad (en España, el SEU proporcionó una parte decisiva de los cuadros fascistas de la guerra civil)”.  Esta demagogia que hacía de la juventud una categoría social universal era un intento burdo de disimular la lucha de clases “y por esta razón tuvo mucho menos eficacia entre la juventud obrera”.
   
    Tuvo, en cambio, algo más fuerza entre los estudiantes universitarios. Algunas manifestaciones de este movimiento “parecían ofrecer una cierta similitud con la mística interclasista de la juventud”. Así lo indicaban, a primera vista, algunas consignas de la Liga alemana de estudiantes socialistas, de la que eran miembros destacados los hermanos Wolff, Lefevre y R. Dutschke. A título de ejemplo Sacristán citaba la que afirmaba que debajo del vestido de los profesores universitarios había  moho de mil años o la que presentaba a los científicos adultos como “idiotas especializados”. No todo es confusión, apuntaba, pero “no hay duda de que la  actitud puede hacer recordar la confusa demagogia en torno a la juventud de más de hace treinta años”.
   
    Todos estos elementos de confusión, prosigue Sacristán, han despertado esperanza entre algunos fascistas y temores profundos en el interior de algunos partidos obreros. “Pero las esperanzas fascistas y los temores poco inteligentes no tienen fundamento”. Para abandonarlos, señala, basta con observar que todos los movimientos estudiantiles importantes de Europa Occidental quieren ser marxistas, no sólo el SDS alemán sino incluso los anarquistas del Movimiento 2 de marzo que se autodefinen como “anarco-marxistas”, según la forma de decir de Daniel Cohn-Bendit. Por lo que, a la razón apuntada de crisis de la supraestructura ideológica del sistema de valores capitalistas, hay que añadir una segunda: “la difusión masiva de ideas marxistas y socialistas incluso en sectores externos al proletariado”, y en grupos sociales que 40 años atrás habían sido foco de fascismos.
   
    En opinión de Sacristán, la raíz social de la motivación socialista de los modernos movimientos de estudiantes en Occidente capitalista es el rápido cambio de la función de los intelectuales  en la producción y en los servicios. Esta raíz de base del socialismo de los grandes movimientos de estudiantes europeos “garantiza que se trate de socialismo auténtico por muy confuso que sea  ideológicamente. Esta raíz hace ilusorias las esperanzas fascistas y lamentables los temores cortos de vista que algunas organizaciones parecen sentir delante la superficial confusión teórica y política de los movimientos de estudiantes en algunos países europeos. Para nosotros, particularmente, en la Universidad de Barcelona, esta cuestión no puede ofrecer ninguna duda.  En la memoria de algunos porque lo vivieron y en la de otros porque lo han oído contar, está presente el hecho de que la actual fase del movimiento universitario catalán estaba, a finales de 1956 e inicios de 1957, en un estado de superficial “confusión” tan grande que a su lado los actuales estudiantes alemanes, franceses o italianos parecían un “Instituto de Marxismo-Leninismo. Entre los portavoces más visibles del movimiento se contaban señoritos elegantes de diversos tipos y pintorescos carlistas. Pero los estudiantes comunistas de entonces no  los declaraban hijos de papá y menos aún provocadores, sino que se incorporaban de lleno a la lucha y contribuyeron decisivamente a fundar y desarrollar el movimiento de estudiantes de la Universidad de Barcelona”.
   
    La principal enseñanza que, en su opinión, aportaba sobre esta cuestión el movimiento parisino era la siguiente: era necesario estar preparados y saber que la alianza de la clase obrera y de sectores estudiantiles e intelectuales, al tratarse de un fenómeno histórico nuevo, “podía presentar formas superficialmente confusas, de las que no hay que tener miedo porque son inevitables y porque se salvan en la autenticidad de su raíz histórica básica: la proletarización objetiva del trabajo intelectual”.
   
    En un plano particular, apunta finalmente MSL, el movimiento parisino permitía ver más concretamente el alcance de una advertencia reiterada en los congresos del PSUC y del PCE: la posibilidad de un desarrollo nuevo, “sin guerra civil, de las revoluciones democrática y socialista es nada más que una posibilidad, aunque esté sin duda cargada de realidad y tal que si se llegase a realizar supondría, junto con el ahorro de sufrimientos, un gran ahorro de fuerzas productivas para la inicial acumulación socialista. Y también se trata de una posibilidad que no puede tener formas de realización fijadas apriorísticamente”.
   
    En el caso de que las elecciones francesas, apunta Sacristán, abriesen o facilitasen el paso a una auténtica vía en Francia para el socialismo, no habría duda de que esta ruptura electoral habría estado motivada por los movimientos sociales, por las movilizaciones en la calle, por las manifestaciones, por las barricadas, etc. Pero, en todo caso, “la posibilidad de instaurar una democracia política y económica que garantice, por la composición de clase del poder, la construcción del socialismo sin necesidad de una guerra revolucionaria propiamente dicha no excluye una gran variedad de choques más, posibles todavía, sino que
los implica. Ni tan sólo excluye su agotamiento como posibilidad”.   
   
    Finalmente, en una conferencia sobre Sartre de 1980, Sacristán se refería brevemente a los movimientos estudiantiles próximos al Mayo del 68 parisinos, a raíz del análisis de la etapa marxista sartriana, en los términos siguientes.
   
    “(...) Esta fase marxista de Sartre que tiene también mucho que ver la historia política, económica y social de Francia y de Europa, culmina el año 68. El año 68 se produce, con un largo prólogo que venía aproximadamente desde el 67, en las Universidades norteamericanas, desde el 66 incluso, una oleada de movimientos de rebeldía, resistencia, incluso de intentos revolucionarios, en el mundo estudiantil y el juvenil, en general, empezando por Norteamérica, siguiendo luego por Francia, Alemania e Italia y, con menos fuerza, en Inglaterra también.
   
    Ese movimiento juvenil, y principalmente estudiantil, se expresa a sí mismo en forma marxista, construyendo así el momento de mayor influencia al menos visible o superficial del marxismo en la Europa del siglo XX, en la Europa occidental del siglo XX. Pero además coincide con  unos movimientos obreros de mucha importancia. Se pasa a menudo por alto, al hablar de lo que ocurrió el año 68, que ese año se produjo en Francia la huelga obrera más importante del siglo XX: diez millones de obreros en huelga y durante bastantes semanas, durante más de dos semanas.
   
    Todo eso determina una situación en la que parecían cuajar muchas esperanzas, por usar el lenguaje de Sartre, presentes desde antiguo en la tradición marxista. Sartre traza entonces una evolución dentro de su marxismo hacia lo que podríamos llamar la extrema izquierda marxista.
   
     La mucha esperanza, el mucho potencial de esperanza acumulado en esas semanas de los meses de mayo y junio de 1968, explica el que la desilusión al fracasar aquel movimiento, en todo o en parte -esto es una cosa que tendrán decir los historiadores-, fue una desilusión causante de mucho pesimismo. Se puede decir que ya entonces, en el otoño o en el invierno del 68, Sartre ha empezado a entrar en la última fase de su pensamiento que no es una fase marxista. No es tampoco resueltamente o explícitamente antimarxista...”
   
Anexo 12: Notas sobre El futuro (y textos afines).

    En sus resúmenes de trabajo, Sacristán había realizado las siguientes anotaciones sobre algunos pasajes del libro de Waldeck Rochet:

    “1. Lenguaje asqueroso:."(...) la jeunesse ardente et généreuse(...)” [“la juventud ardiente y generosa”]
    2. “La causa de la huelga, sin precedentes por su amplitud, que se desarrolló en mayo-junio de 1968 no es nada misteriosa: es la política del poder desde hace diez años. Es la indiferencia cínica de los medios dirigentes a las necesidades más urgentes de los trabajadores y la confiscación de todos los frutos del progreso científico y técnico por la oligarquía. Y la clase obrera no había esperado los acontecimientos del Quartier Latin para mostrar su descontento. ¿Es necesario recordar la huelga de treinta y cinco días de los mineros en 1963? ¿Habrá que evocar las grandes jornadas de 1967, las del 1 de febrero, 17 de mayo, 13 de diciembre, o la significativa fuerza de la manifestación de la CGT el 1 de mayo de 1958?”
    Utilización indecente de una verdad. Es verdad que la fuerza es la clase obrera, y que la tenía, por ejemplo más destacado, el 1º de mayo de 1968. Pero no es verdad que  sea lo mismo: porque en los días siguientes, gracias al Quartier Latin, la cualidad era otra: no unos cientos de miles de mineros, sino más de ocho millones de trabajadores de todas las categorías.
    3. “Una vez recordadas brevemente las causas del descontento acumulado entre los trabajadores, se advierte que se distinguen del movimiento estudiantil como tal. Lo que sí es verdad, de todos modos, es que la potente huelga de solidaridad con los que estudiantes víctimas de la represión, desencadenada por iniciativa de la CGT el 13 de mayo de 1968, y las grandes manifestaciones populares que la acompañaron, dieron a los trabajadores una consciencia aguda de su fuerza y de sus posibilidades de lucha" (p. 12)
    Ante este veraz reconocimiento, muy exacto, además, en su formulación, toma otras dimensiones la anterior formulación repugnante: se trata sólo del paternalismo propagandístico: cargar las tintas de la media verdad tácticamente en primer plano. Con eso no se puede ya hacer política.
    4. p. 17. Hay que admitir que crean eso, pues es su política. Pero, ¿objetivamente?. Más bien ocurre que una política tiene sus implicaciones. Un anterior análisis puede haberles probado que era así, que tal era la situación de las masas. Eso ha hecho desarrollar otra política. Esta política impide reaccionar en seguida a un cambio brusco de la situación. Si hubiera habido un buen equipo militar del PCF (no la necedad de los adoquines de los estudiantes), ¿no habría habido masas suficientes?
    5. pp. 20-21 [Desde “En el corazón mismo de la crisis social y política de mayo-junio...” hasta “(...) Eso quiere decir que si las propuestas de acción común del Partido comunista francés hubieran sido tomadas en consideración, habríamos podido tener en el plano político una salida diferente de la que hemos conocido”]. Todo eso es seguramente verdad. Pero se olvida de una consecuencia: no parece posible conseguir la alianza del pueblo negociando con sectores que no quieren más que hundirte.
    6. ”Ser revolucionario no es conducir la clase obrera a la derrota lanzándola con ligereza a acciones aventureras sin tener en cuenta la verdadera correlación de fuerzas”  Este es el tema decisivo. Él cita a Massu.
    7. p. 23 [“El poder había fijado el plan de provocar a los trabajadores en huelga, de empujarlos a reaccionar violentamente a sus provocaciones y, por último, arrastrar el movimiento obrero, y dentro de él a nuestro partido comunista, a un enfrentamiento violento, sangriento, con su policía y con su ejército...”]. Esto es muy importante. No repetir marzo. Pero tiene sus implicaciones problemáticas. Pues supone oleada fascista, por dificultades del capitalismo. Entonces no hay que seguir siendo triunfalistas.
    8. “No hemos querido que la clase obrera francesa sufriera de nuevo la suerte trágica que corrió durante las jornadas de julio de 1848, ni que su canto de lucha se transformara en el “fúnebre sólo” con el que terminó la Comuna de París” (p. 24). Muy valiente.
    9. p. 26 [Desde “Esta concepción de la lucha de masas se basa para nosotros en razones de principio que nuestro partido ha desarrollado a menudo y que Engels evocaba con unas palabras de admirable actualidad...”  hasta “(...) que utiliza sin pudor el épouvantail [espantajo] del caos y de la guerra civil”]. 1) Aquí, al final de su argumentación más seria, se aprecia su mayor debilidad: que eso no es un “épouvantail”, y que no se ve garantía contra esa operación del enemigo siguiendo la actual política. Tema de la putrefacción. 2) El equívoco es la confusión entre la democracia económica  política y la posibilidad del paso pacífico a ella.
    10. Ausencia de análisis marxista en la cuestión de los monopolios y la pequeña empresa burguesa (p. 41). Pura política. 
    11. Tratamiento del problema de los intelectuales como si no los hubiera  revolucionarios, sólo progresistas (pp. 51-55)
    12. Los sectores que el PCF propone nacionalizar son “la siderurgia, la química, la electrónica,...” (p. 69). Planificación democrática, crecimiento sin inflación (p. 70).
    13. “Una asamblea nacional elegida por sufragio universal tendría la tarea de hacer las leyes y controlar el gobierno (...)” (p. 72). En este contexto habla de lo malo que es el sistema electoral francés actual. ¡Ya lo podía haber dicho en mayo!
    14. Y al final de esta exposición dice que hay que esperarse violencias de la gran burguesía (p. 77). Pues entonces, hombre.
    15. pp. 78-79 [Desde “Para un observador como Maurice Duverger el comunismo francés está “desgarrado por una contradicción esencial”...” hasta “...si no está defendida por un poderoso movimiento popular [MSL: ilusiones, a pesar de todo] constantemente en guardia, y si ese movimiento no tiende a limitar y a destruir luego, todos los privilegios de la gran burguesía”]. Rehacer esta cuestión es rehacer el núcleo de todo.
    Análogamente decisivo es el paso siguiente, también lleno de verdades con una sola falsedad: el olvido de que el choque, presupuesta esa concepción, se producirá al principio, y no al final (p. 83) [Desde “El PSU, cuyas concepciones reformistas se disimulan bajo un léxico izquierdista...” hasta “(...) En cambio, luchando por una democracia avanzada, el partido comunista lucha del modo más eficaz por la instauración de una Francia socialista”].
    16. “Acabamos de comprobar que la democracia verdadera es una etapa en el camino del socialismo” (p. 85)
    De acuerdo, pero hay que precisar cómo. Lo es porque: a) donde no se ha hecho así el socialismo, se ha acabado en burocratismo tras el final de las ilusiones heroicas. b) No porque eso sea un vía al poder. c) Lo es también histórico-económicamente (pero respecto del pasado). Y en Europa. Y ello tanto por el desarrollo del capital cuando por el de las masas (concentraciones respectivas).
    17. “Pero ¿ha de actuarse obligatoriamente en esa revolución en la forma de un enfrentamiento militar, de una guerra civil entre las fuerzas opuestas? Esta imagen catastrófica de la revolución socialista sirve perfectamente los intereses y los cálculos de los adversarios del progreso, pero no expresa las opiniones de los comunistas” (p. 96). Cura.
    18. “Queda al hecho de que la vía pacífica es una posibilidad, no una certeza y que, por lo tanto, habrá que tener en cuenta las condiciones de cada momento” (p. 98). Si vis pacem, para bellum. Y estos preparan una paz insegura.   
    19. “Ese doble aspecto del nuevo poder político de los trabajadores -desarrollo continuo de la democracia para todos los trabajadores y el pueblo, y defensa de las conquistas sociales contra las antiguas clases explotadoras. Caracteriza lo que los fundadores del marxismo han llamado la ‘dictadura del proletariado’ “(p.124).
    Luego ella es la democracia política y económica. Esta es una nueva comprensión de la dictadura proletaria.
    20. Interviene en Althusser-Garaudy, p. 163.

   
Anexo 13. Sobre la cuestión nacional, Catalunya y España.

    Manuel Sacristán no escribió específicamente ningún ensayo sobre España, Catalunya o cuestiones nacionales o de nacionalismo, pero sí se refirió a este tema y a cuestiones afines en algunos de sus escritos y en muchas de sus intervenciones políticas, de las cuales, en algunos casos, no ha quedado testimonio escrito o grabado alguno (Por ejemplo, de su intervención sobre este tema en el encierro de Montserrat). 

    Quizás no sea inútil recordar que Sacristán dirigió durante algunos años la revista teórica del PSUC Nous Horitzons [Nuevos Horizontes] –que tal vez fue de las primeras revistas editadas totalmente en catalán “en el interior” durante el franquismo-, publicación en la que Joaquim Sempere, Francesc Vicens y Francesc Vallverdú tradujeron algunos de sus papeles más conocidas y leídos. Por lo demás, no era imposible encontrar a Sacristán en las manifestaciones del 11 de septiembre, donde se vindicaban libertades políticas y autogobierno. Pero, desde luego, no le resultó nada cómodo el auge de los nacionalismo periféricos y el triunfo de la derecha nacionalista en Catalunya en las primeras y siguientes elecciones autonómicas.

    Una de las preguntas del coloquio de su conferencia sobre “Tradición marxista y nuevos problemas” de 1983 versó sobre este tema:

    “He pensado que estaba dentro de la economía de una exposición limitarme a los tres, a tres que fueran muy universales, que realmente no tuvieran ningún contexto nacional en particular, sino en un plano muy general. Por eso también he prescindido de algunos otros que son importantes Por ejemplo, la consideración cultural de la homosexualidad, que sin duda tiene importancia en sí. Pero me pareció que para administrar una hora, o una hora y cuarto, podía tocar los tres.

    Por otra parte, a lo mejor es una ilusión o una petulancia, pero a mí me parece que en el problema nacional la herencia marxista no es mala. Lo que pasa es que el punto esencial se menciona poco. El punto esencial es el principio de autodeterminación, y ahora resulta que se le menciona poco aquí porque suena a muy subversivo, pero, desde un punto de vista inspirado en la tradición marxista es obvio que ningún problema nacional tiene solución si no parte de una situación de autodeterminación. Si no, no hay nada que hacer. Todo lo demás es dar palos de ciego, matarse, golpearse, sin despejar nunca la situación, ni siquiera intelectualmente.  Me puedes decir que es una concepción muy breve y demasiado abrupta, pero sinceramente creo en ella, creo que, por más que se especule sobre problemas de nacionalidades, si no es sobre la base de una articulación seria, de una práctica sincera del principio de autodeterminación, no hay nunca solución clara como saben los presentes. Yo creo que en eso no ha cambiado nada. Pueden olvidarse estos problemas durante ciertas épocas históricas. A lo mejor dentro de mil años ya no nos acordamos de las nacionalidades hoy existentes. Es posible. Pero por lo que hace al planteamiento propiamente político de los problemas, es decir, el planteamiento que permita una intervención, yo sigo creyendo que esa vulgata marxista clásica es correcta.

    Pregunta: Pero la tradición marxista en este punto...
    Es poco sensible, seguro que estás pensando que es que poco sensible
    Ambigua        
    No ambigua teóricamente, porque teóricamente está el principio claro.
    En la práctica de la tradición de Marx.
    En la práctica, sí. Pero no sólo en ese concepto, sino en tantos otros.”

Una breve antología de sus textos podría ser la siguiente:

    1. Textos de juventud.
    A. Confucio es un consecuente cosmopolita que no concede valor substancial a la pertenencia del hombre a grupos étnicos o nacionales:
    “He sabido que el príncipe de Ts´u ha perdido su arco; sus seguidores le pidieron que enviara a por él. El príncipe respondió: - El rey de Ts´u ha perdido su arco; un hombre de Ts´u lo encontrará, ¿Por qué buscarlo?”
    Confucio lo supo y añadió:
    -”Vale más decir: un hombre ha perdido su arco y un hombre lo encontrará. ¿Por qué añadir Ts´u?”.
    B. (...) Las personas propensas a creer que la Hispanidad no pasa de ser un pretexto de la retórica gruesa deben considerar la riqueza literaria que nos llega de la América española. Entonces descubrirán -por ejemplo- que Hispanidad es, cuanto menos, eso que nos permite leer La Colmena.
    Los Breviarios del FCE son tal vez los más sorprendentes de todos esos libros que nos remite la Hispanidad. Son, en principio, manualitos divulgadores. Pero con frecuencia sus satinadas páginas producen sorpresas de cierta magnitud. De mucha es la que proporciona el manual de Wahl.
    1. A. “Entrada Confucio” (1954). Esteban Pinillas de las Heras, En menos de la libertad. Dimensones políticas del grupo Laye en Barcelona y en España. Anthropos, Barcelona 1989, p. 207.  1. B. Manuel Sacristán, Papeles de filosofía. Icaria, Barcelona, 1984, p. 483 y 486.

2. ¿Qué es España?
    A. Estaba yo pensando profundamente en todo eso cuando me llegó un sobre voluminoso con el membrete de El País. ¡Cáspita! me dije, como si estuviera traduciendo el Cuore, esta carta debe ser muy importante, a juzgar por su remitente y por lo gorda que es. Abrí el sobre y vi que era una carta con título. Y qué titulo. A saber. “¿Qué es España?”.
    Me precipité a consultar el Ferrater, para ver si don Miguel de Unamuno, o don José Ortega y Gasset, don Ramiro de Maeztu, o incluso don Ángel Ganivet (todos esos autores son inevitablemente “don”) estaba todavía vivo. Comprobé que no.
    Por otra parte, la carta no da muchas pistas para responder a la pregunta; es verdad que dice que España no es una unidad de destino en lo universal, pero eso no me lo resuelve todo, porque también podría ser un dolor, o un enigma histórico, o un problema, o un sin-problema, o incluso un invertebrado.
    Ni tampoco contribuye mucho a  resolver la cuestión el encomiable ejemplo de las democracias occidentales ante las que se postra la carta al exhortarnos a adoptar “la perspectiva moderna con que, con la ayuda de la razón crítica, los países más civilizados afrontan sus problemas”. Es obvio que la Gran Bretaña es un país de los más civilizados, por lo menos desde que Astérix y sus amigos enseñaron a los anglos a tomar el té. Entonces, la razón crítica que según El País, nos permitirá descubrir qué es España ¿tendrá que ver con la muerte por inanición de algún preso del IRA? O tal vez con algún bombazo corso, ya que también Francia es un país muy civilizado.
    Consulté el diccionario de María Moliner, cosa siempre recomendable. Y en la página 1199 de su primer volumen descubrí que la autora no se atreve a definir “España”. Pero, sin decirlo, explica, en realidad, por qué no define, enjaretándonos la retahíla de términos que transcribo sólo parcialmente: “alanos, arévacos, ártabros, astures, autrigones, bastetanos, benimerines, béticos, cántabros, caporos, cartagineses, celtas, celtíberos, cerretanos, cibarcos, contestanos, cosetanos, deitanos, edetanos, fenicios, godos, iberos, ilercavones, ilergetes, iliberritanos, ilicitanos, ilipulenses, iliturgitanos, indigetes, italicenses, lacetanos, layetanos, masienos, moriscos, mozárabes, numantinos, oretanos, pésicos, saldubenses, santones, suevos, tartesios, tugienses, turdetanos, túrdulos, vacceos, vándalos, vardulos, vascones”
    Entonces me puse a pensar profundamente sobre todo eso.
    B. (...) porque España no es propiedad de los reaccionarios, yo me siento y soy español aunque fuera de una España pequeña que limitara con los Picos de Europa, Andalucía, Galicia y el área catalana, porque España no es una ficción, es la nación de mis padres y abuelos, de Garcilaso, de Cervantes...
    C.  En la edición de Gerónimo se ha notado que el editor español, yo, soy un español que sigue siendo español y no tiene vergüenza de ser español, en un momento en que se puso ferozmente de moda no ser español, moda que sigue existiendo. A lo sumo, se admite que uno puede ser, tirando a mucho, castellano, pero español, ¡qué horror!. En cambio, allí se habla de Felipe II, de ministros de Felipe II, y de conquistadores, sin odio y como de antepasados de uno en vez de como unos cabrones que están en la acera de enfrente y con los que uno no quiere saber nada. Es decir, volviendo a repetir el esquema tradicional de buenos y malos, completamente adialéctico y farisaico que hemos heredado de la tradición católico-integrista, repitiéndola al revés.
    2. A.   “Otra página del diario filosófico de Filóghelo” , mientras tanto, nº 18,  1984, pp. 151-152 . 2. B. “Manuel Sacristán o el potencial revolucionario de la ecología”, Tele/Expres, 2-6-1979 (Ahora en: De la primera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristán Luzón, Los Libros de la Catarata, Madrid, 2004, pp 115-125; edición de Francisco Fernández Buey y Salvador López Arnal).  2. C. ‘ ‘Una conversación con Manuel  Sacristán’, por J. Guiu y A. Munné’,  Ibidem, pp. 102-103.
                       
    3. Sobre el derecho de autodeterminación
   
    ¿Qué particularidades se ven hoy [diciembre 1984] dentro del comportamiento político y social en la sociedad catalana respecto de la española? ¿Puede echar una mirada a lo que es el nacionalismo catalán respecto a España?
        A mí me parece que los nacionalismos ibéricos están más vivos que nunca, los tres. Paradójicamente el menos vivo es el español -por eso no he dicho los cuatro- en el sentido siguiente: en el caso de la nacionalidad española, los nacionalistas son de derechas, incluida mucha gente del PSOE, pero de derechas de verdad; en cambio, en los otros tres nacionalismos, por razones obvias, por siglos de opresión política y opresión física, el nacionalismo no es estrictamente de derechas sino que hay también nacionalistas de izquierda, como dice el mismo nombre de una formación política catalana [Nacionalistes d’Esquerra], y a mí me parece que la vitalidad de los tres nacionalismos no españoles de la Península es tanta, que aunque parecer utópico, yo no creo que se clarifique nunca la situación mientras no haya un auténtico ejercicio de derecho a la autodeterminación. Mientras eso no ocurra, no habrá claridad ni aquí ni en Euskadi ni en Galicia. Sólo el paso por ese requisito aparentemente utópico de la autodeterminación plena, radical, con derecho a la separación y a la formación de Estado, y viendo lo que las poblaciones dicen enfrentadas con una elección tan inequívoca, tan clara, sólo eso nos podría permitir un día reconstruir una situación limpia, buena, ya fuera la de un Estado federal, ya fuera la de cuatro Estados. Pero en todo caso con claridad.
       A mí me parece que por más vueltas que se le dé, por más técnicas políticas y jurídicas con las que se intente organizar algo que no sea eso, no saldrá nunca un resultado satisfactorio. Eso siempre será una justificación del mayor mal que sufre España, que es tener un Ejército político como el que tenemos. Este es el problema fundamenta de este país.
        B. (...) Doy brevemente cuenta de una pequeña peculiaridad de la traducción: traduzco algunos valencianismos -los que más se prestan a ello- por andalucismos.  Por ejemplo: traduzco poc por "poco" y miqueta  por "poquito", porque son términos corrientes en Cataluña; pero traduzco poquet, que en catalán del País Valenciano, por “poquiyo”, no por “poquito”, ni por “poquillo”. Quiero así incitar a mis paisanos a ver de qué modo el valenciano es, sencillamente, un catalán, igual que el andaluz es un castellano. Y quizá por causas parecidas a las que hacen que para mi oído el castellano más hermoso sea el sevillano, creo que el valenciano de Raimon es un catalán particularmente agraciado.
       Me siento algo incómodo al ver reproducida en esta edición para lectores de lengua castellana la nota que escribí en 1973 por cordial encargo de Raimon. Alguna gente de izquierda en sentido amplio (yo diría que en sentido amplísimo), creyéndose inminentemente ministrable o alcaldable, considera hoy oportuno abjurar sonoramente de Lenin. No pretendo ignorar los puntos del leninismo necesitados de (auto-)crítica. Pero por lo que hace a la cuestión de las nacionalidades, la verdad es que la actitud de Lenin me parece no ya la mejor, sino, lisamente, la buena. Ahora bien: una regla práctica importante de la actitud leninista respecto del problema de las nacionalidades aconseja subrayar unas cosas cuando se habla a las nacionalidades minoritarias en un estado y las cosas complementarias cuando se habla a la nacionalidad más titular del estado. A tenor de esa regla de conducta, tal vez sea un error la publicación en castellano de mi nota de 1973, dirigida primordialmente a catalanes.
    Espero que no sea un error importante. Y me anima a esperarlo así la acogida de mis paisanos madrileños a Raimon en este suave y confuso invierno de 1976.
    C. Argumentos: El marxismo se ha convertido en un fenómeno universal, pero creo que más como método de solución a todos los problemas. Sin embargo, en este momento, la tendencia es hacia una interiorización, hacia una nacionalización de la política. No soy universal porque soy de este mundo, soy universal a partir de un punto concreto, un barrio, una ciudad, de un país o una autonomía, y a partir de ese momento, puedo trascender para llegar a la universalidad. No obstante, el marxismo no ha entendido ni las autonomías, ni los nacionalismos y mucho menos los elementos subjetivos, psicológicos de las sociedades. ¿Cree usted que esta crisis del marxismo es definitiva?
    La nacionalización de la política es uno de los procesos que más deprisa pueden llevarnos a la hecatombe nuclear. El internacionalismo es uno de los valores más dignos y buenos para la especie humana con que cuenta la tradición marxista. Lo que pasa es que el internacionalismo no se puede practicar de verdad más que sobre la base de otro viejo principio socialista, que es el de la autodeterminación de los pueblos. Lo que hay que hacer es criticar a muchos partidos de izquierda, marxistas o no, que han abandonado un principio fundamental como es el de la autodeterminación de los pueblos. Todo lo demás que dice usted en esta pregunta es pura moda neorromántica irracionalista, efecto de la pérdida de esperanzas revolucionarias.

5. “Entrevista con Mundo Obrero” (1985). De la primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristán Luzón. Los libros de la Catarata, Madrid, 2004 (edición de Francisco Fernández Buey y Salvador López Arnal), pp. 219-220.


Anexo 14. Correspondencia en torno a la publicación de la entrevista sobre la invasión soviética en Cuadernos para el diálogo.

    El 21 de agosto de 1968 las tropas del antiguo Pacto de Varsovia invadieron la entonces República Socialista de Checoslovaquia (RSCh), liquidando manu militari la experiencia del llamado “socialismo con rostro humano” que encabezaba Alexander Dubcek (1921-1992), secretario general del P.C.Ch. La dirección del P.C.U.S. y del Estado soviético trató de justificar el atropello apelando a la supuesta vía revisionista o liquidacionista seguida por los dirigentes del P.C.Ch., sendero que, sostenían, conducía inexorablemente a la restauración del sistema capitalista y de sus relaciones de producción y aniquilación en el  país del Moldava.
   
    En noviembre de ese mismo 1968, Sacristán publicó unos escritos de Dubcek con el título La vía checoslovaca al socialismo. Significativamente, su presentación del volumen -“Cuatro notas a los documentos de abril del Partido Comunista de Checoslovaquia”- iba encabezada con un breve pero sustantivo paso del programa de acción del P.C.Ch.: “La victoria de la verdad, que es la causa del socialismo”.
   
    José Mª Mohedano, colaborador en aquellos años de la revista antifranquista Cuadernos para el diálogo, elaboró un cuestionario para Sacristán poco tiempo después de la invasión. La entrevista fue publicada con el título “Checoeslovaquia y la construcción del socialismo” en el número 71-72 de la revista, (agosto-septiembre 1969, pp.11-19), y ha sido reimpresa en Manuel Sacristán. Intervenciones políticas.  Barcelona : Icaria,1985, pp.239-261.
   
    Mohedano presentó la entrevista con la siguiente nota:
   
    “El 1 de agosto se ha cumplido un año desde que las fuerzas del Pacto de Varsovia penetraron en la República Checoslovaca. La prensa burguesa de los países occidentales, la única que llega a nuestras manos, resarciéndose de los temblores que habían sufrido los cimientos de uno de los países puntales del mundo capitalista durante el mes de mayo, nos dio una visión superficial y externa de los hechos, apenas una apariencia. Y todo ello en medio de un gran gozo por su parte. Lo más triste es que algunas fuerzas socialistas actuaron en los mismos términos, con la preocupación máxima de quitarse de encima la pesada carga de la invasión, pero sin erosionar demasiado los métodos burocráticos existentes en los países del Este. En realidad, hemos conocido muy pocas críticas en profundidad, auténticamente socialistas. La elección del profesor Sacristán para esta entrevista se debe a que además de ser una de las personas más preparadas en el tema, en España, está en estos momentos dentro de la órbita señalada. No se trata ya de hacer lamentaciones lacrimógenas sobre la invasión, sino de hacer una crítica y un análisis materialista, de recorrer el camino que separa la esencia de la apariencia. Y es indudable que Sacristán puede contribuir a darnos una visión no formalista del problema”.
   
    En carta dirigida a Xavier Folch, escrita pocos días después de la invasión y en tono directo, Sacristán apuntaba:
   
    “Tal vez porque yo, a diferencia de lo que dices de ti, no esperaba los acontecimientos, la palabra “indignación” me dice poco. El asunto me parece lo más grave ocurrido en muchos años, tanto por su significación hacia el futuro cuanto por la que tiene respecto de cosas pasadas. Por lo que hace al futuro, me parece síntoma de incapacidad de aprender. Por lo que hace al pasado, me parece confirmación de las peores hipótesis acerca de esa gentuza, confirmación de las hipótesis que siempre me resistí a considerar.
   
    La cosa, en suma, me parece final de acto, si no ya final de tragedia.“

    La elaboración de la entrevista originó correspondencia de interés entre José Mª Mohedano y Sacristán. En una carta fechada el 29/6/1969, Sacristán pedía una ampliación del tiempo de espera:
   
    “(...) Desgraciadamente, hasta entrado julio no me podré sentar tranquilamente ante sus preguntas.Estos días tengo por fuerza que terminar trabajos editoriales nada interesantes, pero de los cuales vivo. Yo creo que hacia el 14-16 de julio podría enviarle las respuestas. Así lo haré si no me da usted indicación contraria. Espero que esto no le revuelva demasiado sus proyectos.”

    En una segunda carta, de 17 de julio de ese mismo año, Sacristán solicitaba cortésmente la máxima exactitud en la reproducción de preguntas y respuestas:
    “Otra vez tengo que pedir perdón, ésta vez por dos cosas: primera, por los dos días de retraso sobre lo que preveía. Segunda, porque no me ha sido posible embutir las respuestas en diez hojas.
   
    Esto plantea una cuestión que me preocupa seriamente y en la cual le ruego con encarecimiento su colaboración. No he podido limitarme a las diez hojas por el carácter muy delicado y super-rico de las preguntas. Cada una de ellas implica problemas teóricos y prácticos varios, pero todos importantes. Mas esa misma característica -en un país cuya publicística se encuentra en las condiciones que todos conocemos- me obliga a poner una condición sine qua non a la publicación de este texto: que ni las preguntas ni las respuestas sean alteradas absolutamente en nada. Una alteración por ligera que fuera, en una discusión llevada entre el Scylla de la censura y la Carybdis de una opinión pública poco informada me resultaría catastrófica. Ruego a usted que considere vital para mí esta exigencia y que complete el honor que amablemente me ha hecho solicitándome estas respuestas con una rigurosa atención a que el texto no sea mudado ni en una coma. Si ello no es posible, le ruego que renuncie a la publicación. Repito que esta condición se refiere también al texto de las preguntas.
   
    Le agradezco por anticipado el trabajo y, acaso, los malos ratos que esta necesidad mía le va a ocasionar.”

    En la última de las cartas, de 30 de julio de 1969, puede verse una referencia en torno a la posición tomada por el P.C.de Cuba , además de reflexiones de interés sobre la intervención política ciudadana en varios países del entonces llamado “bloque socialista”:
   
    “(...) recibí su carta del 24 en la que me anuncia que la entrevista no podrá salir ahora. He pasado cuatro días con fiebres muy altas y hasta hoy no me he levantado. Siento que a pesar de trabajar bastante tiempo y con bastante urgencia no haya podido satisfacer las necesidades periodísticas de usted ni desde el punto de vista del calendario ni desde el de la extensión.
   
    Lo de la convicción ya es cosa aparte. No me propongo convencer a nadie casi nunca. En este caso menos todavía puesto que era imposible un tratamiento global, realmente dialéctico de los problemas suscitados. Me propongo sólo -y porque creo que es útil le he dedicado muchas horas- mostrar que el tipo de pensamiento de moda que se reflejaba en las preguntas excluye él mismo el tratamiento dialéctico, a causa de su manera mecanicista y mítica de proceder, presuponiéndolo ya todo.
   
    Por eso queda fuera de nuestra entrevista lo esencial, algo que usted recoge muy acertadamente en su carta: el tema de la despolitización. Aquí está de verdad el meollo de la cuestión, porque toda dialéctica real acaba en la consciencia y en ésta es donde se puede sacar balance. (Acaba, ¿eh? no empieza).
   
    Por cierto que si usted lo examina con valor, sin asustarse por tener que reconocer muchas cosas tristes del desarrollo del socialismo, tendrá que reconocer (si es que  -cosa que ignoro- conoce usted Centroeuropa) que lo característico del intento del PCCH fue que consiguió por vez primera desde 1950, aproximadamente, repolitizar en sentido comunista a un alto porcentaje de comunistas y en sentido filosocialista a un alto porcentaje de la población procedente de la antigua burguesía culta urbana, al mismo tiempo que repolitizaba y hasta movilizaba a una aplastante mayoría de la clase obrera. Si usted tiene noticias de la monstruosa despolitización de los proletariados húngaro, alemán, etc. y de la persistencia de ideología reaccionaria en el polaco, por ejemplo, valorará lo que tenía de promesa (de mera promesa, ¿eh?) el intento checo. El gran error de Fidel Castro consistió, en mi opinión, en no darse cuenta de que para decir verdades de a puño cogía, precisamente, la ocasión en la cual acaso se iba a abrir un portillo para que empezara de nuevo una dialéctica política interna al socialismo. Y ello le obligó a cometer el pecado de diplomacia consistente en callar que la RSCH era el país socialista menos degenerado políticamente de toda Centroeuropa.
   
    En fin, dejémoslo, la cosa está de todos modos perdida por ahora. Precisamente porque lo está se agravará. Y precisamente por eso le hago un último ruego: que si realmente va a publicar alguna vez la entrevista la feche en 15 de julio de 1969, o 16 o 17, que ya no me acuerdo el día en que yo mismo se la envié. Pues se puede temer que con el paso del tiempo la situación en Checoslovaquia sea una tal victoria de la reacción que nuestra entrevista carezca ya de sentido si no se da la fecha. Fechada, siempre servirá para recordar por qué mecanismo el neostalinismo consiguió convertir a una población entera -empezando por el proletariado- que era la única socialista de Centroeuropa en una población reaccionaria.”

     Diez años más tarde, al ser preguntado sobre la invasión, en el coloquio de una mesa redonda sobre estalinismo celebrada en Barcelona,  Sacristán se manifestaba en los siguientes términos:
   
    “(...)Pienso que el experimento de Dubcek, cualquiera que hubiera sido su resultado, era lo que había que apoyar y, modestísimamente, lo apoyé. De las pocas cosas agradables de esos dramas es que papeles míos sobre Dubcek han circulado por Checoslovaquia entonces.
   
    He dicho ‘cualquiera que fuera el resultado’,porque garantía no había ninguna. Lo que pasa es que si, como yo pienso, el rasgo característico malo de la tradición estalinista es precisamente la falsificación ideológica, entonces, por desgraciado que hubiera sido el resultado final de la experiencia de los comunistas checos mayoritarios, por lo menos iba a poner de manifiesto una verdad sociológica: se iba a saber de una vez qué era aquella sociedad; es decir, se iban a ver manifestaciones de voluntad no reprimidas de la clase obrera y de otras clases sociales.
   
    De modo que, aun en el supuesto de que hubiera salido mal, yo estaba a favor y creo que había que estar a favor”.
   
    Para completar sus puntos de vista sobre la experiencia checa, puede verse igualmente una entrevista de 1978 con las juventudes comunistas de Catalunya (Intervenciones políticas. Barcelona: Icaria,1985,  pp.275-279).


  Edición digital de la Fundación Andreu Nin, diciembre 2006

 
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