Sobre las contribuciones filosóficas
de Manuel Sacristán en Horitzons y Nous Horitzons*
Salvador López Arnal
1. Un lógico y filósofo marxista que escribía en revistas
del Partido.
2. Panfletos, reseñas y materiales.
3. Cinco materiales: clásicos del marxismo hispánico.
4. Una reseña olvidada, otra criticada y una
tercera censurada.
5. Comprender realidad.
Notas
Anexo 1: Una carta de Sacristán al Ministerio de
Educación traducida al catalán por Salvador Espriu.
Anexo 2: Editorial de Quaderns de cultura catalana,
nº 3 (revista del PSUC, noviembre 1959, firmado como “Q.C.C”).
Anexo 3: Entrevista con UnomásUno.
Anexo 4: La edición de la tesis doctoral de Sacristán.
Anexo 5: Sobre el número 9 de Nous Horitzons.
Anexo 6: Esquema de un conferencia sobre Gramsci.
Anexo 7: Anotaciones sobre ensayos políticos de
Lenin.
Anexo 8: Solapa para el volumen 8 de las “Obras Competas”
de Lukács
Anexo 9: Prólogo a la primera edición catalana
de El Capital.
Anexo 10: Reseña de Sacristán sobre el Lenin
de Garaudy: Nous Horitzons, nº 17, segon trimestre de 1969, pp.
53-54.
Anexo 11: Mayo de 1968.
Anexo 12: Notas sobre El futuro (y textos afines).
Anexo 13. Sobre la cuestión nacional, Catalunya
y España.
Anexo 14. Correspondencia en torno a la publicación
de la entrevista sobre la invasión soviética en Cuadernos
para el diálogo.
Para Toni Doménech y como a
él le gusta: sin (pedir) permiso.
"NH de 1960 se proponía llegar, sobre
todo, a las organizaciones del partido, para promover su crecimiento intelectual,
y a los intelectuales antifascistas, para darles constancia de la existencia
de una intención cultural en el movimiento obrero marxista y para
invitarles a una tarea que podía ser en parte común. No me
atrevo a decir si se logró algo con ello".
Manuel Sacristán (1977)
1. Un lógico y filósofo marxista que escribía
en revistas del Partido.
En octubre de 1977, con motivo de la aparición
legal de
Nous Horitzons (NH), Manuel Sacristán, que había
sido uno de los responsables de la publicación en los años
sesenta, fue entrevistado por la redacción de la revista en aquel
entonces para que hiciera un balance del papel desempeñado por NH
en sus casi veinte años de existencia. Las respuestas de Sacristán
no llegaron a publicarse en su momento pero fueron posteriormente recogidas
en una edición facsímil de los números de 1, 2, 3,
4 de
Horitzons (H) (1) de 1960-1961, junto con textos introductorios
de Francesc Vicens, Francesc Vallverdú y Joaquim Sempere (Como
es sabido, Vicens fue responsable de la revista hasta, prácticamente,
el número 4 de NH (2); Vallverdú (3) fue secretario de redacción
desde el primer trimestre de 1967 hasta el tercer-cuarto trimestre de 1971;
Sempere fue también secretario de redacción durante parte
de la etapa en la que Pere Ardiaca fue responsable de la publicación:
de enero de 1972 hasta setiembre de 1976).
Señalaba Sacristán en su comentario
que la importancia de
Nous Horitzons en el debate ideológico
de la Cataluña de principios de los años sesenta “no fue grande
en sí misma, pero que respecto de la situación de la época
y del reducido ambiente que se podía tomar en cuenta sí que
valió la pena”. La mera solidez física, la existencia de
Horitzons, daba ánimo a los militantes del partido y a los
resistentes marxistas en general. La gran mayoría de las páginas
del número 2, cuando aún se llamaba
Horitzons (4),
remarcaba Sacristán, estaban escritas en el interior, principalmente
en Barcelona.
La calidad científica de lo publicado en H
y NH no le parecía a Sacristán que tuvieran un gran valor
teórico (5). Su marxismo, el marxismo defendido en aquellos años
por el PSUC, estaba todavía empapado de euforia por la victoria de
la URSS sobre el nazismo en la II Guerra Mundial, por el triunfo de la
revolución china a finales de los cuarenta y, más concretamente
en aquellos años sesenta, por el éxito de la revolución
cubana y por el derrumbamiento del viejo sistema colonialista imperial. Esa
euforia había alimentado, en opinión del traductor de
El
Capital y de
Historia y consciencia de clase, “un marxismo
muy alegre (lo cual estaba muy bien) y asombrosamente confiado (lo cual
estuvo muy mal, y visto desde hoy pone los pelos de punta)”. El principal
valor ideológico de
Nous Horitzons, y de su antecesora, concluía,
fue su mera presencia, “su qué fue mejor que su cómo”.
Pues bien, el objetivo de esta comunicación
es aquilatar, parcialmente si se quiere, esta valoración a partir
de los aportaciones filosóficas del propio Sacristán (6),
dar sucinta cuenta de ellas e intentar un balance provisional de estas contribuciones,
balance que, en la práctica, como ya señaló Joaquim
Sempere (7), es equivalente a intentar una valoración general de la
aportación teórica de la publicación dado que fueron
muy pocas las restantes aportaciones directamente filosóficas -Adolfo
Sánchez Vázquez, Josep Fontana, Jordi Solé Tura, Juan-Ramón
Capella, el mismo Sempere- en el período en que Sacristán formó
parte de su consejo de redacción o colaboró en la revista
teórica del partido.
Nuestra hipótesis es similar y netamente deudora
de la defendida por Sempere en el texto referenciado: “[…] aportaciones [las
de Sacristán] que hacen de esta publicación durante su época
clandestina a Catalunya una plataforma insólita (insólita si
nos atenemos a la atonía cultural del país durante aquellos
años) de elaboración intelectual en el terreno de la filosofía”,
insólita, añadiríamos, no sólo si nos limitamos
a la atonía cultural del país, a lo que ha sido llamado con
acierto “el erial del franquismo” (8), sino incluso si pensamos en un ámbito
geográfico más amplio, especialmente si el análisis
comparativo se centra en las aportaciones más básicas y no olvidamos
las circunstancias políticas que rodearon la existencia y edición
de
Nous Horitzons.
No deja de ser remarcable, por otra parte, que el que
ha sido considerado el marxista más interesante de la historia del
movimiento obrero hispánico y tal vez el más grande filósofo
español de la segunda mitad del siglo XX (9), publicara alguno de
sus trabajos más esenciales, no papeles secundarios o marginales
(10), en la revista teórica de un partido en la clandestinidad, combatiente
y resistente no silencioso, y por ello duramente perseguido, castigado y
martirizado por el franquismo. No está a mi alcance en estos momentos
cuantificar la frecuencia de casos similares que conjeturo (con riesgo) que
han sido excepcionales incluso en la historia del marxismo militante europeo.
2. Panfletos, reseñas y materiales (11).
Tras su regreso de la Universidad de Münster (Westfalia,
Alemania), donde había seguido cursos de postgrado de lógica,
filosofía de la lógica y epistemología desde 1954 a
1956 en el “Instituto de Lógica Matemática y Fundamentos de
la Ciencia” creado y dirigido por H. Scholz (12), y donde había conocido
al filósofo y militante comunista italiano Ettore Casari, y después
de haber ingresado en las filas del partido (13), Sacristán publicó
sus primeros trabajos de inspiración marxista en una revista del
PCE editada en el exilio, Nuestras ideas. Fueron tres los textos que allí
publicó: “Humanismo marxista en la
Oda marítima de
Rafael Alberti” (14), “Tópica sobre el marxismo y los intelectuales
y “Jesuitas y dialéctica” (15).
A pesar de tratarse de sus primeros escritos, algunas
de las características centrales del marxismo de Sacristán
quedan ya explícitas en estos trabajos iniciales: un materialismo
alejado de todo dogmatismo y sabedor de su carácter filosófico
no demostrativo; una dialéctica jamás vista como lógica
infalible y alternativa sino como una aspiración al conocimiento
de “las singularidades”, de las totalidades concretas; un marxismo, amigo
del saber científico social y natural, concebido siempre como tradición
política de transformación, no como Teoría de la Historia,
Ciencia infalible o supuesto gran Saber, en definitiva, una tradición
viva, informada, con finalidad política revolucionaria, que acaso
nunca fue central en tronco y ramas de los numerosos árboles de raíz
marxista-engelsiana.
Baste citar, a título de ejemplo, el paso final
de “Jesuitas y dialéctica”, claramente en sintonía con el
marxismo político sacristaniano sobre el que ha hablado reiterada
y argumentadamente Toni Domènech (16):
“[…] para Marx el mismo pensamiento filosófico,
la misma consciencia de la dialéctica se inserta en el proceso dialéctico
y que el filosofar de Marx -como él mismo dice en las
Tesis sobre
Feuerbach- no se ha sentido exclusivamente llamado a reproducir un mundo
históricamente dado, sino a insertarse además y sobre todo,
en el movimiento histórico que es la auténtica mundanalidad.
Marxismo y dialéctica real -incluyendo para el filósofo ese
último y decisivo punto de su reinserción revolucionaria (es
decir: dialéctico-cualitativa) en el mundo- son inseparables. Lo
que quiere decir -permítasenos dar pie a posible polémica al
final de esta nota- que un filósofo marxista sólo puede ser
un militante comunista, porque no hay marxismo de mera erudición”.
A estos tres artículos habría que sumar
un documento, aún de interés, que sirvió como material
de trabajo para grupos de estudio del partido a finales de los cincuenta
(17) y que llevaba por título “Para leer el
Manifiesto del Partido
Comunista"; las cuidadas páginas que dedicó a la
filosofía marxista en su largo artículo sobre la filosofía
de la posguerra europea para la Enciclopedia Espasa (18), o el prólogo
que escribió en 1959 para el primer volumen de Marx y Engels publicado
legalmente en España durante el franquismo y que él mismo tradujo
y anotó, sin olvidar, claro está, sus colaboraciones en
Quaderns de cultura catalana, aquella mítica revista del PSUC
(19) sobre la que él mismo señaló en la citada entrevista
con
Nous Horitzons:
“Me gustaría recordar que
Horitzons tenía
un precedente inmediato. Entre 1957 y 1959 o 1960 el comité de intelectuales
del PSUC sacó la que sí creo que fue primera revista marxista
de crítica y política cultural editada en la Cataluña
del franquismo:
Quaderns de cultura catalana. Salieron muy pocos números;
creo que sólo dos o tres, o quizá cuatro. Pero estaba totalmente
escrita e impresa en el interior. Como trabajo conspirativo, Quaderns tenía
su mérito. Constaba de más de veinte páginas por número.
La impresión y el primer escalón de distribución de
los
Quaderns estuvieron a cargo de un equipo muy reducido, pero eficaz,
que dirigió el historiador Josep Fontana.
Es muy posible que la aparición de los
Quaderns
acelerara la de
Horitzons. A los órganos supremos de dirección,
compuestos en su mayoría de permanentes o de aspirantes a esa condición,
no les hace nunca demasiada gracia la productividad espontánea de
las organizaciones de base. El nacimiento de
Horitzons fue el final
de
Quaderns por eutanasia. Pero creo que la operación fue un
compromiso decente, una de las soluciones más equilibradas posibles
de la tensión entre el aparato y el partido en la producción.
Varios textos de los
Quaderns aparecieron en los primeros números
de
Horitzons.”
Desde entonces, a lo largo de los años sesenta
y primeros setenta, aparte de presentaciones de escritos clásicos
como el
Anti-Dühring de Engels,
Socialismo y filosofía
de Labriola o
La vía checoeslovaca al socialismo de Dubcek,
o algunas voces complementarias del
Diccionario de Filosofía
editado por Dagobert D. Runes -como las dedicadas a Gramsci, a Lukács
o a la alienación-, Sacristán publicó gran parte de
sus materiales filosóficos de inspiración marxista en
Horitzons,
Nous Horitzons y
Realidad, sin olvidar, obviamente, los numerosos
papeles de intervención y análisis político dirigidos
a los comités central y ejecutivo del PCE y del PSUC, así a
como a las organizaciones de base del Partido (20). De hecho, en la nota
que el mismo Sacristán escribió para el tercer volumen de “Panfletos
y materiales” señalaba:
“Este tercer volumen es el más meramente documental
de todos. Y encima tiene lagunas, para mí lamentables, que no he
podido rellenar: las intervenciones dirigidas al Comité Central del
Partido Comunista de España y al del Partit Socialista Unificat de
Catalunya, a sus respectivos Comités Ejecutivos y a numerosas organizaciones
de base durante los años 1956-1970. Yo me tomaba muy en serio lo
de las “medidas conspirativas” y no guardaba papeles comprometedores o que
pudieran dar pistas. Esa rigidez, que me permitió superar sin desperfectos
graves cinco registros concienzudos de la Brigada Político-Social,
me deja ahora sin documentación que quisiera tener. Váyase
lo uno por lo otro” (21).
Fueron cinco artículos y dos reseñas,
más una censurada, las principales aportaciones filosóficas
de Sacristán (22): “Tres notas sobre la alianza impía”, H
2; “
Studium generale para todos los días de la semana”, NH
10; “La formación del marxismo de Gramsci”, NH 11; “Lenin y la filosofía”,
NH 21, y “Sobre el “marxismo ortodoxo” de György Lukács”, NH
23, y las reseñas: “La edición catalana de las cartas de Marx
y Engels sobre
El Capital”, NH 14, y “Sobre el Lenin de Garaudy”,
NH 17. Posteriormente, en 1977, se publicó en un número extra
sobre enseñanza de NH (suplemento 1, verano 1977) la tercera parte
de “La Universidad y la división del trabajo”, texto que ya había
sido publicado en versión íntegra en
Realidad,
Argumentos,
Aïnes y
Critica marxista por lo que aquí no lo
consideramos (23). Recuérdese, por otra parte, que en la etapa que
aquí se comenta Sacristán era miembro del comité central
y que desde 1965 hasta 1969 fue miembro del comité ejecutivo hasta
su dimisión de la dirección del partido sin abandono de la militancia.
3. Cinco materiales: clásicos del marxismo
hispánico.
Valoración similar podría sostenerse
respecto a la sensata noción de dialéctica aquí defendida
por Sacristán: los vientos del marxismo dominante en aquella época
(24) tampoco soplaban en esta razonable dirección
“El materialismo dialéctico es consciencia del
principio histórico-filosófico que posibilita la ciencia positiva,
y consciencia de la limitación del análisis científico-positivo
“desde abajo”; culmina en la complementación de éste mediante
la recepción dialéctica de la especificidad de las formaciones
complejas sintetizadas en la génesis que el análisis descompone
metódicamente. Pero Tresmontant yerra también parcialmente
con esta afirmación: ya que, como fundamentación de la ciencia
según su concepto, el materialismo dialéctico es al mismo tiempo
resultado inductivo de la ciencia, según su actividad o historicidad.
Es la historia misma de la ciencia, la acumulación de sus resultados,
la que ha dado nacimiento al materialismo dialéctico” (25)
“Studium generale para todos los días de la
semana” fue, inicialmente, una conferencia que Sacristán impartió
el 8 de marzo de 1963 en la Facultad de Derecho (26) de la Universidad
de Barcelona. Según Juan-Ramón Capella (27), circularon copias
mecanografiadas y ciclostiladas de la trascripción de la intervención
en la década de los sesenta. El texto está dedicado a la “memoria
de José-Ramón Figuerol, estudiante de Derecho” (28) y acaso
fue, junto con el prólogo que escribió para su traducción
del Anti-Dühring o su conferencia de 1978 sobre “El trabajo científico
de Marx y su noción de ciencia”, uno de sus escritos más influyentes
(29).
“Studium generale”, que estaba firmado sin seudónimo
como M. Sacristán, apareció en el nº 10 de
Nous Horitzons,
durante el segundo semestre de 1967, en traducción catalana de Francesc
Vallverdú con el título “Studium generale per a tots el dies
de la setmana” (29). Se presentaba en portada como “L’especializació
vista pel Professor Sacristán”.
La temática de la conferencia tuvo su origen
en la siguiente anécdota: mientras Sacristán estaba preparando
su tesis doctoral sobre Heidegger (30), dos estudiantes de Derecho –acaso
uno de ellos el mismo Figuerol- fueron a verle y le plantearon la siguiente
duda: uno de ellos tenía pasión por la pintura y por la poesía;
el otro, por el cine, por el alpinismo y también por la poesía
Superado el primer curso de Derecho, la “desagradable aparición del
Código Civil y de los textos constitucionales en segundo curso ponía
en dificultades la aspiración de los dos estudiantes a seguir viviendo
también como amantes de la poesía, la pintura, el cine y
la montaña”.(32). Sacristán recordaba años después
que, aunque conocía muy bien el problema de aquellos estudiantes
-en definitiva, la dificultad, y necesidad a un tiempo, de armonizar tendencias
espirituales heterogéneas en la práctica-, “les di el sólido
consejo de hacer algo a fondo, de revender inmediatamente el Código
Civil y no matricularse más en Derecho, o encerrar los libros de
poesía, los pinceles, las revistas de cine y las botas de montaña,
por lo menos hasta junio” (33).
De ahí la noción de “profundizar”, de
cultivar realmente a fondo una especialidad, que presenta y defiende Sacristán
en este escrito y que concreta del modo siguiente:
1) “Profundizar” es el intento de recorrer hacia arriba
y hacia abajo el camino que revela la justificación de la especialidad
propia, “su motivada presencia en la situación de los hombres”.
2) De esta manera, el estudioso antes reacio a vivir
en su compartimento se encontrará a gusto en él, dado que
sabrá entonces que su disciplina “por abajo arranca del macizo social
básico de la vida humana y por arriba desemboca en la consciencia
del hombre social”.
3) Por ello, concluye, la profundización en
la propia materia de estudio es “seguramente una vía de enriquecimiento
personal más eficaz que el clásico recurso académico
aún hoy llamado Studium generale, la práctica de hacer seguir
al estudiante cursos de otras especialidades.
Sacristán discute a continuación las
tradicionales pretensiones de la filosofía en este conjunto de problemas.
Su reflexión se aproxima a la que más tarde plasmará
en aquel opúsculo de 1968 de influencia tan relevante y duradera:
“Sobre el lugar de la filosofía en los estudios superiores” (34)
(Dicho sea entre paréntesis, la acusación de positivismo que
a veces se le formuló –y en ocasiones se sigue formulando- está
fuera de lugar. Recordemos este paso netamente clarificador (35):
“(…) Es justo añadir que pocos especialistas
podrán serlo entonces tan tristemente como el jurista. Porque si
es triste que la consciencia de una persona no contenga más que estadísticas
genéticas sobre la mosca drosófila, todavía es más
siniestro que esa consciencia esté llena, por ejemplo, por la posición
del continguante en lo contencioso.administrativo” (36) ).
Pero Sacristán observa inmediatamente que la
limitación humana a la que quieren oponerse estos estudiantes de
Derecho tiene otras limitaciones que no son eliminables por modelos universitarios
que incorporen en mayor o menor medida los fundamentos teóricos de
la disciplina. De hecho, señala, esa mutilación se presenta
de forma mucho más aguda a los ciudadanos obreros: en este caso no
sólo no es cosa suya el cine, la poesía o el alpinismo, sino
que también les es ajeno el mismo producto de su trabajo obligado,
forzado, no deseado. Es –y la metáfora es magnífica- como si
esos estudiantes de Derecho no sólo tuvieran que renunciar a sus aficiones
sino que se vieran “arrebatar cada noche el fruto de su esfuerzo personal
obligado, es decir, lo que hubieran estudiado durante el día, de
modo que su vida no fuera más que desgaste en el vacío, constante
anticipación de la muerte”(37) .
¿Cómo superar entonces la amputación
del trabajo, la amputación del individuo en nuestras sociedades?
Sacristán argumenta que la técnica no puede cumplir por sí
sola la racionalización importante, la seria, “la socialización
de la división del trabajo, que es el primer paso para su superación”.
Cumplir esa tarea es suprimir la base de la irracionalidad actual, es decir,
la mercantilización de la vida humana y la división social
del trabajo, que en la realidad concreta de nuestro hoy no son cosas distintas:
“la división clasista del trabajo se presenta hoy, como es natural,
mediada por el mercado”.
Sería utopía, en el sentido negativo
de esta noción, es decir, deseo interesado, consciente de su carácter
onírico (38), ponerse a soñar en un desarrollo meramente personal
armonioso y/o realizarlo de forma individual. Es, además, apunta Sacristán,
una actitud que dejará mal sabor de boca a todo intelectual decente,
a todo intelectual comprometido que no desee ni esté dispuesto a
echar un velo sobre el mundo “para no verlo y poder jugar a la búsqueda
de su propia armonía”. De ahí la propuesta de estudio y de
vivir general cotidiano con la que Sacristán concluye su escrito
(39):
“Por todo eso, la única manera de ser de verdad
un intelectual y un hombre de lo que Goethe llamó la armonía,
de la existencia humana sin amputaciones sociales, es una manera militante;
consiste en luchar siempre, prácticamente, realmente, contra la actual
irracionalidad de la división del trabajo, y luego, el que aún
esté vivo, contra el nuevo punto débil que presenta entonces
esa vieja mutilación de los hombres. Y así sucesivamente, a
lo largo de una de las muchas asíntotas que parecen ser la descripción
más adecuada de la vida humana.” (40) Es curioso, a mí
me suena esto a Kant puro. El lenguaje de las asíntotas es la negación
del historicismo hegeliano…
En el número 11 de NH, tercer trimestre de 1967,
se publicó “La formación del marxismo de Gramsci” (41) en
traducción catalana de Francesc Vallverdú con el título
“La interpretació de Marx per Gramsci”. Se trata del texto corregido
de una conferencia dictada en el Ateneo de Pontevedra en 1967 que se iniciaba
con las siguientes palabras: “Hace 30 años daba Radio Barcelona la
noticia de la muerte de Antonio Gramsci…” (42).
Sacristán había presentado en 1958 la
obra del pensador y revolucionario italiano –“un clásico marxista
de los mejor leídos, de los menos embalsamados”- en la entrada “Filosofía”,
publicada en el suplemento de 1957-58 de la Enciclopedia Espasa aparecido
en 1961 (
Papeles de filosofía, op. cit., pp. 90-219) (43)
. A este trabajo habría que sumar, aparte del que estamos considerando,
la voz del Diccionario de Filosofía, editado por Dagobert Runes,
“Gramsci, Antonio“ (1969) -ahora en
Papeles de filosofía,
op. cit., pp. 414-416-, su
Antología (México: Siglo
XXI, 1970), la entrevista de 1977 para Diario de Barcelona y las páginas
iniciales de la entrevista con Jordi Guiu y Antoni. Munné para
El
Viejo Topo (44), y, claro está, el que fuera uno de sus últimos
escritos largos: “El undécimo cuaderno de Gramsci en la cárcel“,
de mayo de 1985, presentación de la traducción castellana
de Miguel Candel de Antonio Gramsci.
Introducción al estudio
de la filosofía. Barcelona: Crítica, 1985 (45). (Después
de su fallecimiento, Albert Domingo Curto ha trascrito, editado y presentado
la presentación interrumpida de su
Antología con el
título
El Orden y el Tiempo. Madrid: Trotta, 1998).
En el último de sus trabajos largos -”El undécimo
cuaderno de Gramsci en la cárcel”-, Sacristán daba el siguiente
apunte sobre los
Quaderni:
“El proceso de Gramsci, que terminó con
una condena a 20 años, 4 meses y 5 días de presidio, estaba
destinado a destruir al hombre, como redondamente lo dijo el fiscal, Michele
Isgrò "Hemos de impedir funcionar a este cerebro durante veinte años".
Por eso los Cuadernos de la cárcel no valen sólo por su contenido
(con ser éste muy valioso), ni tampoco sólo por su contenido
y por su hermosa lengua, serena y precisa: valen también como símbolos
de la resistencia de un "cerebro" excepcional a la opresión, el aislamiento
y la muerte que procuraban día tras día sus torturadores.
El mismo médico de la cárcel de Turi llegó a decir a
Gramsci, con franqueza fácilmente valerosa, que su misión como
médico fascista no era mantenerle en vida. El que en condiciones que
causaron pronto un estado patológico agudo Gramsci escribiera una
obra no sólo llamada a influir en generaciones de socialistas, sino
también, y ante todo, rica en bondades intrínsecas, es una
hazaña inverosímil, y los Cuadernos son un monumento a esa
gesta.”
El trabajo publicado en este NH de 1967 estudia el
proceso de formación del marxismo en la obra de Gramsci. Considera
Sacristán que el origen idealista y, en general, la hegemonía
de un idealismo culturalista y anticientificista en la Italia de la primera
mitad del siglo XX, daban a Gramsci muy pocas armas para sublevarse con
éxito contra la fatalidad o inevitabilidad de la ideología
en el pensamiento revolucionario. El Marx científico no será
ya para Gramsci un positivista sino un investigador que ha descubierto los
hechos básicos de los que arranca el “acto histórico” revolucionario.
Pero, entonces, ¿cómo se produce éste, qué factor
desencadena este acto histórico? La ideología, sin embargo,
prosigue Sacristán, es una solución que incomoda desde el
primer momento a Gramsci sabedor de que el marxismo es también crítica
de las ideologías, pensamiento antiideológico.
Concluye Sacristán su análisis señalando
que sería injusto, por parcial, concluir el examen de la formación
del marxismo en Gramsci anotando que su marxismo ha sido siempre problemático
al no poder decidir sino en el marco de la antítesis positivismo-ideología,
sin poder resolver la crisis entre el positivismo meramente evolucionista
de la socialdemocracia y la inconsistente, por no fundamentada, escapatoria
ideológica. Y lo sería porque Gramsci ha conseguido arrancar
al movimiento de su pensamiento conceptos tan valiosos para el marxismo
como bloque histórico o como centro de anudamiento (46); porque supondría
ignorar el desarrollo que el concepto de práctica (47) ha tenido
en la tradición por la obra de Gramsci, y, finalmente, lo sería
por desconocer la importancia de la búsqueda veraz y honda de un
problema real.
Importa también destacar aquí, aunque
sea marginalmente, una faceta importante del Sacristán escritor,
su enorme y reconocida capacidad para construir aforismos o máximas
en reflexiones centrales o secundarias que trasciende el tema puntualmente
desarrollado. Doy, a continuación, algunos ejemplos de ello:
1. “[…] problema identificado y abierto en la obra
de Gramsci, y no resuelto probablemente porque todo auténtico pensador
descubre problemas más allá de sus soluciones” (48).
2. “Con esa intervención de Lenin empieza
una difícil actuación de Gramsci que pasa por la formación
del PCI y culmina con una operación característica de ese
dramático período de la III Internacional: la eliminación
autoritaria del grupo extremista de Bordiga -inicialmente mayoritario en
el PCI- por la acción del instructor Gramsci desde Viena (1923). Las
personas viven en su época: por eso resultan cursis las presentaciones
de Gramsci con halo de novela rosa política, como un iluminado que,
en cuestiones de organización política, hubiera anticipado
en 30 años y superado incluso el XX Congreso del PCUS.” (49)
3. “Pero la veracidad y la franqueza con que Gramsci
vive su problema van teniendo, como suele ocurrir, su premio. En materia
de ideas lo estéril no suele ser la aceptación veraz de los
problemas, por espectaculares que sean los cortocircuitos mentales que produzca
ante una cuestión irresuelta la debilidad de los instrumentos intelectuales
aplicados (en el caso de Gramsci, el difuso idealismo culturalista en que
ha crecido)”. (50)
Por su parte, “Lenin y la filosofía” (51)
fue publicado en el número 21 de NH (52), cuarto trimestre de 1970,
pp. 8-14 (en portada: “Manuel Sacristán comenta Lenin i la filosofia”).
Sacristán había impartido una conferencia en la Universidad
Autónoma de Barcelona (53) el 23 de abril de 1970 con el título
“El filosofar de Lenin”, posteriormente publicada como prólogo a la
traducción castellana de V. I. Lenin,
Materialismo y empiriocriticismo,
Grijalbo, Barcelona, 1975 (54). A pesar del tono enérgico de la insistencia
y del empeño de los redactores barceloneses, este escrito largo no
fue publicado en la revista y, en su lugar, en este número 21 de
la publicación, se incluyó “Lenin y la filosofía”.
Su extensión (55), o acaso algunas de sus formulaciones fueran motivos
para esta muy discutible decisión (56) . Giaime Pala aventura una
hipótesis más arriesgada pero de mayor interés:
“Cabe suponer que la dirección rechazara el
ensayo original sobre Lenin para evitar problemas con aquellos sectores
prosoviéticos que ya habían acusado a Sacristán –en
un documento interno que circuló en muchas células- de ser
uno de los responsables del supuesto “giro revisionista” del PSUC después
del agosto praguense” (57).
“Lenin y la filosofía”, el escrito finalmente
publicado, fue un artículo escrito por encargo de
El Correo de
la UNESCO para un número especial de la revista dedicado al centenario
del nacimiento de Lenin.
El Correo -¡también!- renunció
finalmente a su publicación (58) y, en su lugar, publicó
un escrito de un autor soviético. El encargo del trabajo a Sacristán,
al que se añade otro tema de traducción, se produjo del modo
siguiente:
El 27 de enero de 1970, Francisco Fernández
Santos (59), con mucho tacto y notable principio de la realidad, había
escrito a Sacristán desde París pidiendo su colaboración
en los siguientes términos:
“Querido amigo:
El Correo de la UNESCO, de cuya edición
en español estoy encargado desde hace un mes, piensa dedicar un
número entero a la vida y la obra de Lenin, con motivo del centenario
de su nacimiento. Reunido el consejo de redacción de la revista
para examinar los posibles colaboradores, he propuesto tu nombre porque
creo que eres, en el mundo de habla española, una de las personas
más calificadas para escribir sobre Lenin (60). Si te interesa la
proposición que te hago en nombre del consejo de redacción,
te ruego que me contestes lo antes posible proponiendo a su vez sobre qué
temas leninianos podrías escribir.
Evidentemente, dado el carácter “neutral”
que la UNESCO intenta dar a sus actividades –y que es causa de buena parte
de su inoperancia frente a los grandes problemas-, se pretende que el número
sobre Lenin de
El Correo no resulte demasiado agresivo y que, de
algún modo, “ménage la chèvre et le choux” (cosa sumamente
arriesgada cuando se trata de un revolucionario tan candentemente actual
como Lenin). Quizá ciertos aspectos de la obra de Lenin irriten
menos la sensibilidad de los norteamericanos que otros.
La ventaja de publicar un artículo en El Correo
es que sale en 12 ediciones distintas, desde el ruso hasta el hindi, y es
leído por cientos de miles de lectores. En cuanto a los honorarios,
no son excesivos, pero tampoco despreciables; de cinco a siete mil pesetas.
Espero tu respuesta con lo que decides. Por mi parte,
me alegraría mucho que colaboraras en ese número”.
A mano y en nota añadía: “Me ha gustado
mucho tu entrevista de hace unos meses en Cuadernos para el Diálogo”.
Fernández Santos se refería al texto publicado en agosto-setiembre
de 1969 en la citada revista, sobre la invasión de Praga por las
tropas del pacto de Varsovia (61).
Sacristán respondía a vuelta de correo
a Fernández Santos el 5 de febrero de 1970:
“Apreciado amigo:
Te agradezco tu carta del día 27, la propuesta
que me haces en ella y tu previa iniciativa en la redacción de
El
Correo de la UNESCO. Por una inadvertencia, he perdido el sobre de tu
carta. Miraré una dirección en la revista y mandaré
esta respuesta a la dirección que allí encuentre. Espero que
te llegue.
Sí que me resultaría agradable escribir
algo sobre Lenin. Y creo que lo único de lo que podría escribir
con cierta tranquilidad tiene también la ventaja de ser lo menos
irritante para cualquiera. Yo te propondría el tema “Lenin como filósofo”.
Antes de plantear nada me interesa ver si recibes esta carta. Al acusarme
recibo, cosa que te agradecería, indícame también extensión
del trabajo y fecha de entrega.”
Fernández Santos respondía a Sacristán
el 23 de marzo señalando que Vicente Herrero le había pasado
la traducción de las citas de Lenin –un encargo de traducción
solicitado por
El Correo de la Unesco- junto con la carta
del 5 de febrero. En nota señalaba: “Después de escribir esta
carta, recibo la tuya con mucho retraso (“Conflictos laborales” en el correo
francés)”. Y añadía:
“(…) Yo me marcho por diez días fuera de París,
a Madrid y Alicante. Me hubiera alegrado poder pasear por Barcelona y charlar
un rato contigo y otros amigos. Será para otra ocasión.
Te agradezco la rapidez con que has hecho la traducción.
Yo no he podido leerla aún. Pero Herrero me ha encargado que te diga
que la encuentra excelente. En cuanto a la presentación, más
que perfecta.
Ahora espero tu artículo sobre Lenin. Cuanto
antes lo tengas, mejor. Pero sigues teniendo como plazo hasta el 8 o 10
de abril”.
El 16 de marzo de 1970, Sacristán, con destacable
ironía, respondía a esta última carta de Fernández
Santos, señalando, por una parte, la recepción de un texto
de Lenin -acaso en alemán-, cuya traducción iba a terminar
en pocos días y, por otra, comentando algunas características
de su propio artículo:
“Querido amigo:
Yo pensé por un momento, en una de mis anteriores
cartas, en decirte algo acerca de la recomendación de Javier Pradera
(62) para Ignacio Bolívar. Pero como había pasado cierto
tiempo desde mi solicitud, decidí que no debía hacerlo, para
no dar a Bolívar una sensación de acoso.
He recibido el texto de Lenin, y lo tendré
terminado el viernes 20 o incluso antes, con mucha anticipación por
lo tanto. Es un texto breve y familiar. La selección tiene cierta
gracia: parece bastante exenta de urgencias
à la mode y de
intención táctica- instrumental excesiva, salvo en la cargante
insistencia en el aprovechamiento de los intelectuales burgueses y en la
anacrónica importancia dada a la pugna con los futuristas. Pero,
de todos modos, también eso es histórico e instructivo.
Me alegra mucho la noticia de la victoria de nuestro
subdesarrollo. Pongo inmediatamente manos a la obra y espero adelantarme
un poco -aunque no podrá ser mucho, dado el poco tiempo que queda-
a la fecha tope que me indicas. Tomo nota de las características
populares que ha de tener el artículo. No me molestan en absoluto:
conforme me voy haciendo viejo voy sintiéndome capaz de prescindir
sin complejos de gran parte de los usos académicos.
Con un abrazo, y de nuevo agradecido de tu eficacia nada subdesarrollada…”
[Las dos cursivas son mías].
El 18 de marzo de 1970, dos días antes de
la fecha indicada, Sacristán escribía a Vicente Herrero,
el delegado de la UNESCO en París, adjuntándole la traducción
requerida y con curiosos comentarios de alguien que, precisamente, solía
conversar con los trabajadores de los talleres de imprenta (63):
“Estimado señor Herrero:
aquí le adjunto la traducción que me
encargaron ustedes el día 12 de marzo.
[…] También me importaría mucho que,
de serles posible, me hicieran ustedes alguna indicación acerca
de la traducción y del mecanografiado. Es la primera vez que trabajo
para ustedes, y me convendría saber lo suficiente acerca de sus
criterios y de sus costumbres de trabajo.
He reproducido las características de interés
tipográfico que presentaba el texto original (pero he completado
la indicación de cursiva -
italique- que era evidentemente irregular
en el original) y he cuidado de que cada una de mis páginas contuviera
casi exactamente la traducción de la página francesa del mismo
número, suponiendo que eso puede facilitar el trabajo de control
y acaso también el de cálculos de compaginación. Por
el principio de respetar las características tipográficas he
puesto en mayúsculas el nombre ZETKIN, cuando posiblemente sería
más adecuado dar la indicación de versalita.
Dudas como esta última serán sin duda
fáciles de eliminar para trabajos posteriores si ustedes me pueden
dar indicaciones explícitas.
Discúlpeme la molestia y acepte mis cordiales saludos.”
El 4 de mayo de 1970. S. M. Koffler, Director-Jefe
de la redacción de
El Correo de la UNESCO, escribía
a Sacristán en torno a su contribución:
“La redacción de
El Correo de la UNESCO ha leído
con mucho interés su interesantísima contribución
“Lenin y la filosofía” que ha tenido Ud, la amabilidad de preparar
especialmente para el número de
El Correo de la UNESCO dedicado
a Lenin, a la educación, la ciencia y la cultura.
Tengo el agrado de mandarle adjunto tres copias del contrato oficial
rogándole nos devuelva dos copias firmadas a fin de que la Secretaría
de la UNESCO pueda hacer los trámites necesarios para el pago.
Atentamente le saluda…”
Sacristán respondió poco después
al Sr. Koffler y a V. Herrero agradeciendo los honorarios por su artículo
sobre Lenin y por la traducción. En carta a este último, añadía:
“(…) Y también le agradezco la gestión que supongo por detrás
de una carta que he recibido con ofertas de traducción del Banco
de la UNESCO”.
En cuanto al contenido de “Lenin y la filosofía”, en coincidencia
con la expuesto en “El filosofar de Lenin” (64), Sacristán señalaba:
1. Los escritos de Lenin dedicados
a temas filosóficos o histórico-filosóficos conculcan
frecuentemente criterios de exactitud o de precisión en el uso de
los conceptos que suelen ser observados en el mundo universitario de la filosofía.
2. Lenin considera tan importante
la lucha contra el “idealismo” en el frente de la lucha de clases que no
duda en “pasar por alto las diferencias entre pensadores a menudo polémicos
entre sí”. La actitud de Lenin tiene un riesgo: despreciar las innovaciones
de léxico en filosofía puede mover a pensar como natural “un
léxico que es en realidad el de los profesores de generaciones anteriores”.
3. Eso no es obstáculo para
que Lenin haya percibido, acaso de forma no muy elaborada, que el trabajo
del empiriocriticista pueda acabar cerrando en ocasiones el paso de la investigación
real.
4. Más incluso: en su autocrítica,
Lenin se ha anticipado a sus críticos cuando, al volver sobre Hegel,
toma consciencia de haber criticado a los empiriocriticistas más
desde el punto de vista del materialismo filosófico del XVIII que desde
la perspectiva del materialismo marxista.
5. En la concepción de la
dialéctica en Lenin, juega un papel decisivo, junto a los principios
de abstracción y concreción, el principio de la práctica.
Con él, el pensamiento de Lenin vuelve a una de sus primeras convicciones:
filosofar es intervenir con una peculiar intención intelectual en
la lucha de clases. Finalizaba Sacristán su trabajo con la siguiente
reflexión:
“La peculiaridad de esa intención estriba en
que, por un lado, articula la acción según concepciones generales
y, por otra, consuma estas concepciones en la práctica misma. El
filosofar marxista se consuma conscientemente en la lucha de clases” (65)
En síntesis, una visión del leninismo
muy alejada de toda la cantinela salmódica marxista-leninista (o marxista-leninista-pensamiento
Mao Tsé-tung) tan presente en aquella época y con resultados
tan perversos para el bienestar psíquico-existencial de tantos militantes,
y no sólo en el plano teórico o en el de la comprensión
de textos, autores o situaciones, sino en aspectos más íntimos,
más vitales, más esenciales.
“Sobre el ‘marxismo ortodoxo’ de Gyorgy Lukács”
apareció en el número 23 de NH, tercer y cuarto trimestre
de 1971, páginas 6-14, en traducción de Joaquim Sempere. Fue
publicado posteriormente en
Realidad, nº 24, diciembre de 1972
(66).
Sacristán había escrito un magnífico
comentario sobre
El asalto a la razón en 1967 -y publicado
en la revista
Materiales en enero-febrero de 1977, diez años
más tarde de su elaboración- con el título: “Sobre
el uso de las nociones de razón e irracionalismo por G. Lukács”
(67). Tradujo, además, obras tan esenciales del filósofo húngaro
como
El joven Hegel,
Estética I,
Prolegómenos
a una estética marxista,
Goethe y su época,
Historia
y consciencia de clase,
El alma y las formas,
Materiales sobre
el realismo y
La novela histórica (68).
En la solapa de su traducción de la
Estética,
Sacristán había trazado la siguiente semblanza de Lukács:
“Georg Lukács nació en 1885 en el seno
de una familia hebrea ennoblecida en los últimos tiempos del imperio
austro-húngaro. Su primera orientación filosófica le
sitúa a grandes rasgos dentro de las “ciencias del espíritu”
de tradición neokantiana (Simmel, Dilthey, Max Weber). Ese horizonte
filosófico tiene su primera obra de importancia, Die Seele und die
Formen (El alma y las formas), celebrada por Max Weber.
Su adopción del marxismo -a través
del tema hegeliano, marxista y sociológico-cultural de la alienación-
está en lo esencial consumada en 1919. Ese año Lukács
es Comisario del pueblo para la educación en el régimen socialista
dirigido por Bela Kun en Hungría. Tras la sangrienta represión
del movimiento obrero centroeuropeo por el pre-fascismo alemán y
húngaro y por las tropas aliadas, Lukács vive en Austria, Alemania
y la Unión Soviética. En el detalle doctrinal su evolución
es más compleja:
Geschichte und Klassenbewusstein (
Historia
y consciencia de clase), su primera gran obra explícitamente marxista,
no le resulta luego plenamente satisfactoria.
Durante toda su estancia en la Unión Soviética
(hasta 1945), así como en las recientes vicisitudes húngaras,
Lukács -criticado por Zinoviev y en el V Congreso de la Internacional
Comunista- es una complicada figura de pensador, muy independiente y creador
y, a la vez, sumamente tradicional en su hegelianismo y en su teorización
del llamado “realismo socialista”.
Por la dimensión de su obra, especialmente
en estética y teoría del arte, Lukács es sin ninguna
duda, junto con Antonio Gramsci, uno de los dos pensadores marxistas más
considerables de entre las dos guerras mundiales.”
El texto sobre el marxismo ortodoxo de Lukács
-autor del que Sacristán propuso, y realizó parcialmente,
la edición de sus “Obras completas” (69)-, se publicó poco
después del fallecimiento del filósofo húngaro en junio
de 1971 y se elaboró en circunstancias nada fáciles para Sacristán:
dimisión de sus responsabilidades en la dirección del Partido,
aunque no de la militancia política; estudio, balance y reelaboración
de una nueva estrategia para el movimiento comunista; situación
económica nada cómoda tras haber sido expulsado de la Universidad
en 1965; laboriosos trabajos de traducción (70) y, además
y por si fuera poco, en momentos nada fáciles desde un punto de vista
de su salud personal (71): Sacristán sufrió una profunda depresión
que arrancó en 1970 y que le dificultó en gran medida trabajar
y escribir con continuidad a un ritmo fuerte, pero que no fue obstáculo
para que escribiera textos como el que aquí se comenta.
Interesa remarcar tres aspectos de este trabajo: sus
consideraciones sobre la ortodoxia marxista de Lukács, sus críticas
al estalinismo y su aproximación a algunas tesis de las
Conversaciones de Lukács, en 1966, con Holz, Kofler y Abendroth
(72).
La ortodoxia marxista del joven Lukács, señala
Sacristán, es tan enérgica como poco amiga de dogmas (73).
La ortodoxia se refiere únicamente al método y éste
es, para Lukács, la dialéctica, la comprensión del mundo
como cambio, como ámbito de la revolución. De esta consideración
del marxismo estuvo satisfecho Lukács hasta su vejez, señalando
en su prólogo de 1967 a
Historia y consciencia de clase que
esa determinación no era sólo objetivamente verdadera sino
que, además, en aquellos años en los que Lukács consideraba
probable un renacimiento del marxismo, podía tener una influencia
considerable. Efectivamente, señalaba Sacristán, lo
ocurrido en el marxismo desde el doble aldabonazo de 1968 –mayo parisino
y primavera praguense- tiene que ver, más allá de las apariencias,
más con el marxismo del “método” y de la subjetividad de Lukács
que con el “marxismo del teorema y de la objetividad de Althusser” (74)
o de los dellavolpianos. Sin embargo, comenta Sacristán críticamente,
no sería perdonable incurrir en el desprecio del conocimiento positivo,
empírico, que caracteriza el idealismo de la ortodoxia marxista del
Lukács de 1923, dado que este integraba su tesis sobre la ortodoxia,
sobre el marxismo como dialéctica revolucionaria, en la filosofía
idealista de la tradición hegeliana. Lukács partirá
de las nociones del joven Marx para recuperar su Marx revolucionario frente
al Marx
mero teorizador de los autores de la III Internacional.
Sacristán destaca el punto decisivo de la aproximación
lukacsiana: es mérito científico del joven Lukács su
insistencia en diferenciar el marxismo de la ciencia común –el marxismo
no es sólo ciencia- y, además, el autor húngaro ha
valorado más que el mismo Lenin la fuente y parte integrante del marxismo
que menos suele citarse: el movimiento obrero. Para Sacristán, el
joven Lukács es el más preparado filosóficamente “para
explicitar el carácter esencialmente práctico y de clase del
pensamiento de Marx”.
Lukács, por otra parte, criticado por su izquierdismo
por el mismo Lenin y sabedor de su fracaso como dirigente político
(75), y dada la consolidación del poder estalinista, creyó
siempre en la razón histórica de Stalin -estatalización
en un solo país, política de alianzas internacional,
conformismo científico-cultural- “pese a su enérgico antistalinismo
en materia de organización del poder socialista”. Por ello, la crisis
del estalinismo fue también su propia crisis: la energía de
su pugna contra la política cultural estalinista y zdanoviana provenían
de su convicción del acierto estalinista en los grandes temas históricos
(76). La crisis del estalinismo de Lukács, señalaba Sacristán,
“culmina en la catástrofe húngara de 1956”. Lukács,
como es sabido, fue ministro del primer gobierno Nagy y fue uno de los
pocos supervivientes conocidos de aquella trágica situación.
El artículo finaliza con unas reflexiones
sobre las
Conversaciones de 1966, texto sobre el que, como se dijo,
volverá en 1985 en su conferencia sobre el último Lukács
y que incluso le impulsó a un breve pero significativo añadido
-de agosto de 1971- a su texto sobre las nociones de racionalidad e irracionalidad
en Lukács (77).
Por otra parte, algunos de los comentarios de Sacristán
son netamente significativos de su visión de los países del
este europeo de aquellos años. Criticando el olvido por Lukács
del tema de la revolución china y discutiendo su afirmación
sobre el poco eco que el socialismo despertaba en los países capitalistas
de aquellos años, señalaba:
“[…] Donde despierta poco eco es en los países
burocráticos de la Europa oriental. En el oscuro y excesivo pesimismo
del último Lukács actúa mucho más el desprestigio
del socialismo por culpa de su deformación burocrática derechista
en el poder que la realidad del capitalismo monopolista de la segunda mitad
del siglo XX” (78).
4. Una reseña olvidada, otra criticada y una
tercera censurada.
Sacristán publicó dos reseñas
en
Nous Horitzons (79). La primera estaba dedicada a una edición
catalana de las cartas sobre El Capital de Marx y Engels realizada por la
editorial “Materials” en 1967 (80).
Sacristán iniciaba su comentario señalando
que había que “celebrar que la empresa de editar los clásicos
del marxismo continúe abriéndose tenazmente un resquicio,
por estrecho que sea, en la muralla, dos veces ya bautizada, de la censura
franquista”. Pero, en cambio, apuntaba, eran menos saludables algunos rasgos
de la manera como a menudo se hacían estas ediciones: errores de calibre
sobre la vida de Gramsci; Marx traducido del francés, sin ser el
Marx de la
Miseria de la filosofía ni de otros textos franceses,
o del inglés, sin ser los artículos de la
New York Daily
Tribune ni declaraciones ni llamamientos ingleses. Además, en
algunos de estos casos, “el mensajero entre Marx y el traductor catalán
era, para acabarlo de arreglar, además, un antimarxista más
o menos solvente y, sin ninguna duda, anticomunista más o menos frenético”.
En el caso del volumen comentado (K. Marx y F. Engels,
Cartes sobre “El Capital”, Barcelona, Edició de Materials,
1967, 335 páginas), se añadía este agravante: los editores
de la correspondencia de Marx y Engels (81) sobre El Capital se habían
beneficiado del “notable trabajo de selección y anotación del
comunista francés Gilbert Badia (82), basado a su vez en
el no menos considerable trabajo de desciframiento, selección y
edición, realizado por los
comunistas alemanes de la editorial
Dietz, una de las más antiguas editoriales
comunistas del
mundo”.
¿Por qué subrayó Sacristán
tres veces el término “comunista”? Por lo siguiente: los editores
del volumen que utilizaban por partida triple el trabajo editorial de partidos
comunistas se permitían anteponer al texto de Marx y Engels, y a
las valiosas notas de Badia, una páginas en las que se decía
que en Francia “las editoriales de filiación comunista han evitado
curiosamente la publicación de ciertas obras del joven Marx (prácticamente
todas)” y que “la edición de las obras completas de Marx-Engels en
la URSS está todavía a medio hacer”.
En tono, ciertamente enérgico, Sacristán
recordaba:
1. Las Éditions Sociales de París tenían
ya entonces excelentes ediciones de casi todos los escritos juveniles de
Marx; en especial, la edición de su principal obra juvenil los
Manuscritos
económico-filosóficos de 1844, a cargo de Bottigelli.
2. El concepto de “Obras completas” de Marx y Engels
era difícil de fijar, hasta el punto que ninguna edición hecha
por editoriales comunistas hasta la fecha se había decidido aún
a usar esta denominación (83). Sacristán recomendaba la edición
del Partido Socialista Unificado de Alemania, basada en la edición
del Comité Central del PCUS, dando incluso su ficha técnica:
Karl Marx-Friedrich Engels,
Werke [Obras], 26 tomos en 29 volúmenes
más tres volúmenes complementarios. Berlín, Editorial
Dietz. 1956 y siguientes.
3. Por lo demás, la situación de la
edición de las obras de Marx y Engels era mucho mejor que la de muchos
otros clásicos de la filosofía y de la ciencia, lo cual no
quería decir, desde luego, que fuera “necesario descansar tranquilamente
en la casa ya acabada”. Las dos principales tareas pendientes eran en su
opinión: resolver el desciframiento y el problema de la edición
de numerosos pliegos y cuadernos, sobre los que filológicamente todavía
no se había llegado a una clarificación, y proceder a una
edición diplomática de las obras, “dando como irresolubles
los problemas de interpretación que hoy todavía hay pendientes
y añadiendo los papeles en cuestión meramente en fotocopia”
(84).
La reseña sobre
Lenin, un breve ensayo
de Roger Garaudy, apareció en NH, número 17, segundo trimestre
de 1969 (85). Sacristán destacaba dos rasgos del escrito: Garaudy
no mostraba en este trabajo “el excesivo respeto académico por las
definiciones tradicionales que es frecuente en la literatura francesa, incluso
en la marxista”; y, por otra parte, la manera de construir los aspectos del
pensamiento de Lenin que Garaudy ofrecía al lector, era “muy adecuada
para las necesidades presentes”. Garaudy acentuaba la insistencia de Lenin
en la importancia del factor subjetivo en la historia y las enérgicas
tomas de posición antidogmáticas y antisectarias de diversos
textos.
En las 66 páginas del ensayo quedaba claro
que Garaudy lo había escrito con el fin de librar una batalla en
dos frentes: subrayar la importancia del factor subjetivo en el pensamiento
de Lenin le era útil contra el derechismo de tipo tradicional y mostrar
que Lenin pensaba de manera antidogmática y antisectaria le servía
contra el izquierdismo. Ambas cosas le servían, además,
contra el burocratismo y el estatalismo de la degeneración socialista,
“la cual presenta al mismo tiempo el mecanicismo y la razón de Estado
y un sectarismo hipócritamente dogmático que disfraza de teoría,
desde los tiempos de Zdanov, lo que es mera implicación del poder
o de la lucha por éste en tal o cual intriga momentánea”, subrayando
finalmente:
“No parece que la mejor manera de oponerse al derechismo
y al nuevo izquierdismo, al igual que a la degeneración del poder
socialista, sea continuar utilizando los clásicos del movimiento
socialista convirtiéndolos en instrumentos de la disputa. Parece claro
que Garaudy tiene razón en su triple polémica, pero parece
dudoso que esta razón vaya a triunfar
substancialmente con
los mismos procedimientos que ha llevado al derechismo “filológico”
de la vieja social-democracia (hecha de citas a pie de página de algunos
elementos de
El Capital), al infantilismo (hecho de citas a pie de
página del
¿Qué hacer?, etc.) y a la degeneración
burocrática revestida con todas las citas, sean de donde sean, que
vayan bien para expulsar a alguien, justificar tal ley o proclamar tal sentencia).
Es necesario de una vez dejar vivir a los clásicos. Y no se ha
de enseñar a citarlos, sino a leerlos”·.
Curiosa y sorprendentemente, este texto -como ha
mostrado convincentemente G. Pala (86) no fue bien recibido por algunos
sectores del Partido. Acaso porque llovía sobre mojado: además
de la entrevista sobre Checoslovaquia publicada en
Cuadernos para el Diálogo,
Sacristán se apuntaba a otra heterodoxia más: el marxismo interesante
no podía ser una simple copia, más o menos creativa, de ningún
libro -rojo o rosado- de citas de los clásicos. Había que
leerlos creativamente y pensar con cabeza propia a partir de ellos y con
ellos.
La tercera reseña que Sacristán escribió
para NH iba a ser publicada en el número 20 de la revista pero, finalmente,
no fue incluida (87). Llevaba por título “A propósito
de
El futuro del Partido Comunista francés” (88) y seguramente
fue escrita en la primavera de 1970. Se trata de un detallado comentario
del ensayo
L´avenir du Parti Communiste Français (89),
cuyo autor Waldeck Rochet era entonces secretario general del P.C.F. La
redacción barcelonesa de NH recibió indignada las razones “escritas
y verbales” esgrimidas por la dirección parisina para poner “en reserva”
el trabajo de Sacristán (90).
¿Cuáles fueron esas razones? Podemos
conjeturar alguna hipótesis: algunas de las críticas vertidas
al texto de Rochet, secretario del PCF, que era a su vez un decisivo apoyo
del PCE en su lucha contra el franquismo, podían dañar esta
relación. Por precaución, la dirección del PSUC pensaría
que era más sensato dejar en el archivo de “textos pendientes-siempre-pendientes”
el escrito de Sacristán, que, como se verá, hace un balance
muy ajustado, laudatorio en ocasiones, del ensayo de Rochet, señalando,
eso sí, puntos débiles o asuntos solamente apuntados en el
análisis del dirigente francés. No hay que olvidar, por otra
parte, que algunos puntos críticos al “socialismo realmente existente”
pudieron ser mal recibidos por algunos dirigentes del PSUC –también
temerosos de las reacciones de algunas bases del partido- que acaso temieron
reacción parecida en la dirección del PCF.
La respuesta parecía imponerse: o nunca o bien
cuando les fuerce la proximidad de las masas pero, en este segundo caso,
claro está, “este asunto habría perdido toda significación”.
Sacristán comenta entonces que fundar estrategias y análisis
políticos “en verdades incompletas, por auténticas que sean,
sin analizar sus consecuencias” puede tener efectos muy negativos. En efecto.
No hay duda que el excelente trabajo de organización y preparación
de la clase obrera había sido desarrollado con éxito, pero
era precisamente este trabajo, ya considerablemente adelantado, el que iba
acercando el problema del salto cualitativo: “la aparición en primer
plano de la cuestión del poder político”. De ahí la
reflexión con la que Sacristán finalizaba este primer apartado.
En el segundo apartado de este trabajo, Sacristán
analiza los capítulos dedicados al tema de la “democracia avanzada”,
categoría política muy presente en algunos partidos comunistas
de la época. Sacristán expone, en primer lugar, el programa
del P.C.F. contenido bajo el concepto de “democracia avanzada”: rotura del
poder de los monopolios; socialización de estos sectores productivos;
planificación democrática. Se trata de un programa de construcción
del socialismo por parte de una clase obrera fuerte, “que se sabe ya representante
de toda la sociedad”, que puede y debe recoger el contenido material de lo
que había sido mera ideología, tácticas publicitarias
en el capitalismo.
Señala Sacristán, en primer lugar, que
la solidez de lo dicho, de todo lo dicho, y es mucho, no evita “que queden
cosas decisivas por decir”. Una de las consecuencias silenciadas o acaso
no vistas sería la siguiente:
“(...) precisamente porque la gran burguesía
monopolista e imperialista no puede ya tolerar la realización de
los ideales político-sociales que sus antepasados formularon, precisamente
porque los reprime ya hoy -vaciando los parlamentos, eliminando el carácter
público de la toma de decisiones políticas, etc.- precisamente
por eso el renacimiento de la democracia política en el nuevo marco
de una democracia económica presupone la destrucción del poder
monopolista. La “democracia avanzada” que propone el PCF es una fecunda vía
hacia el socialismo, una versión del mejor análisis de la
experiencia staliniana hecho por los partidos comunistas. Pero no resuelve
la cuestión del cambio cualitativo del poder. Para después
de ese punto crítico del cambio será una vía de construcción
del socialismo muy superior a las conocidas (para países ya industrializados),
pues será recorrida por las masas a título propio, no constreñidas
por un poder paternal responsable de ellas. La “democracia avanzada” del
PCF es la vía de instauración del socialismo por una clase
obrera responsable de sí misma. Pero entonces es, simplemente, la
forma de la dictadura del proletariado apta para países técnicamente
adelantados”.
Resalta además Sacristán ambigüedades
en algunas afirmaciones del secretario general. Por ejemplo, cuando Rochet
sostiene que la democracia verdadera es una etapa en el camino del socialismo;
en su opinión, la democracia avanzada es una fase de la construcción
del socialismo porque “u
na edificación burocrática del
socialismo produce graves contradicciones desde el primer momento en las
sociedades adelantadas (República Socialista de Checoslovaquia, RDA,
por ejemplo) y amenaza con producirlas a la larga en sociedades que
partieron de estados históricos más atrasados (URSS)”(91)
. Rochet, pese a su clara percepción de la violencia de la reacción
de la alta burguesía frente a cambios reales de poder, no parece notar,
en opinión de Sacristán, que entre “el vaciamiento actual de
la que fue democracia burguesa y la democracia avanzada” está, inequívocamente,
la cuestión central del poder, “en el terreno de la cual no
hay “espantajos”, sino la lucha sin medida de lo que muere con lo que
nace”.
Hay, además, un cierto tacticismo en las formulaciones
de Rochet que, señala Sacristán, es “completamente inútil”
y que acaso explique el lamentable léxico que en ocasiones usa el
autor. Por ejemplo, ¿por qué llama “nacionalizaciones” el secretario
del P.C.F. a lo que debería llamar “socializaciones”? ¿”A
qué burgués le va a consolar” ese cambio terminológico?
¿Qué sentido tiene decir que el P.C.F. es el gran partido revolucionario
de Francia en el buen sentido de la palabra? ¿Cuál es entonces,
pregunta Sacristán, el mal sentido del término “revolucionario”?
Concluye Sacristán su análisis con las
siguientes palabras:
“El PCF y otros importantes partidos comunistas de
países capitalistas adelantados han dado de ellos, además
de una eficaz lucha que ha permitido convertir el socialismo militante en
un movimiento de masas, una fecunda definición, cuyo sentido no parecen
a veces apreciar del todo, del contenido de la dictadura de un proletariado
moderno, culturalmente dueño de la producción industrial contemporánea.
Por esa misma riqueza de su aportación han de esforzarse por superar
las ambigüedades que aún presenta su análisis y los asideros
que ella ofrece a un tacticismo inútil”.
5. Comprender realidad.
En la segunda de sus respuestas para el cuestionario
de la edición facsímil de
Nous Horitzons (92), Sacristán
recordaba que la redacción de la revista no pretendió nunca
elaborar teorías. Ni en lo político, como ya había
expuesto Althusser en el prólogo inolvidable al
Pour Marx
–“la literatura política se nos aparecía en aquella época
a los comunistas sólo como exposición de los clásicos
para formación de militantes o como fundamentación, comentario
y propaganda de la política del partido”- ni tampoco teoría
especulativa “porque ésta, afortunadamente, no gozaba de la simpatía
ni de los
assenyats catalanes de la redacción ni de los
no-catalanes de ella, los cuales, aunque mucho menos assenyats, éramos
gente de formación demasiado crítica, y hasta hipercrítica,
para especular” (93).
En cambio, admite Sacristán, sí que
aspiraban a elaborar y comprender, con la teoría disponible y con
sus capacidades críticas, realidad, “mucha realidad, toda la posible,
igual la básica que la más sofisticada”:
Quizá parezca ridículo a la vista de
los resultados, pero el hecho es que al menos la redacción de
Horitzons
en el interior quiso practicar desde el principio un
programa gramsciano,
un programa de
crónica crítica de la vida cotidiana
entendida como totalidad dialéctica concreta, como la cultura real.
Esto no es interpretación a posteriori: ese programa era explícito
y querido por los redactores. Y su realización, por modesta que fuera,
permitió a
Nous Horitzons algunos aciertos que no da rubor
recordar, por ejemplo, haber tratado en serio los problemas de la mujer cuando
no eran muchas las mujeres (y menos los hombres) conscientes de esa problemática”
(94) .
Aunque ése fuera el objetivo central, aunque
la revista y el partido aspiraran a ser, ante todo, instrumentos eficaces
para un programa marxista revolucionario con los pies en la tierra y la
racionalidad en el deseo, no habría que menospreciar la importancia
teórica, cultural, de las aportaciones filosóficas de Sacristán,
su aspecto formativo, aunque su alcance pudiera ser, en principio, muy minoritario
dadas las circunstancias y las posibilidades realmente existentes en aquellos
años para la difusión de una revista de un partido clandestino
fuertemente perseguido por el franquismo.
Sea como fuere, cabe señalar finalmente:
1. Sacristán no tuvo ningún reparo en
publicar trabajos de importancia filosófica no discutida en revistas
del partido, que no eran precisamente en aquellos momentos, ni acaso nunca,
publicaciones de aceptación o reconocimiento académicos.
2. Algunas de estas aportaciones teóricas
se publicaron, traducidas por Francesc Vicens o Josep Vallverdú,
por primera vez en catalán.
3. No sólo el tiempo no las ha tocado o arrinconado
sino que algunas han ganado matices enriquecedores desde su elaboración.
Por ejemplo, su “Studium generale…”
4. Nunca Sacristán escribió de forma
descuidada, reiterativa o salmódica en la revista del partido, actitud
que no era infrecuente por parte de otros colaboradores.
5. Tampoco cedió Sacristán ante el empuje
de fuerzas ortodoxas, que con buena o mala intención, deseban un
marxismo anquilosado, lleno de citas mal traídas y peor traducidas
de los clásicos de la tradición.
6. No hay nada en ninguno de estos trabajos que justifique
la acusación, reiteradamente repetida en algún período,
de un Sacristán políticamente inflexible, dogmático,
cerrado, nada abierto a los nuevos aires y a las nuevas necesidades. Sacristán
fue un enorme filósofo marxista –acaso el más grande filósofo
que ha dado el movimiento obrero hispánico- y todos los trabajos comentados
son prueba de la calidad, rigor y sensibilidad de su hacer intelectual.
También aquí, como diría un Heráclito muy del
gusto de Sacristán, hay saber riguroso, trabajado, informativo
y bien argumentado.
No era fácil. Y no sólo por razones externas.
Baste pensar en las reacciones de algunos sectores obreros del partido,
por incomprensión, ante sus críticas a la invasión de
Praga o ante su formulación de la necesidad de leer creativamente
a los clásicos.
Había que tocar realidad y había que pensar con la propia
cabeza, aun sabiendo que pensar no es siempre tarea festiva pero sí
un buen plan de trabajo para todos los días de la semana, del mes
y del año de un partido que aspiraba –y aspira- a un mundo no constreñido
por la dictadura impía del capital y de sus aliados políticos.
Notas
(*) Óscar Carpintero y José Luis Moreno Pestaña
han leído con admirable atención este escrito que acaso no
merece ni su dedicación ni su precioso tiempo. He incorporado todos
sus comentarios sin excepción; todos ellos ayudan a que este escrito
tengo menos errores. Agradecer su paciencia y su interés es mucho
menos de lo que debería hacer.
(1) Dificultades del registro en México, donde se editaba
una revista llamada “Horizontes” y donde estaba la edición y Administración
de la revista, obligaron a un cambio de cabecera.
(2) Francesc Vicens fue expulsado del partido durante la crisis
Claudín-Semprún de mediados de los sesenta, siendo separado
por ello de la dirección de la revista. Sobre este punto, puede
verse una entrevista con el propio Vicens en Salvador López Arnal
y Pere de la Fuente (eds),
Acerca de Manuel Sacristán, Destino,
Barcelona, 1996, pp. 339-363, y una larga conversación filmada con
él mismo para los documentales que, dirigidos por Xavier Juncosa,
forman “Integral Sacristán” (El Viejo Topo, Barcelona, en prensa)
y que será depositada en las bibliotecas de la UB y de la Pompeu
Fabra, fondo Sacristán.
(3) Para Francesc Vallverdú, la etapa de oro de la revista
en la clandestinidad abarcaría el período que va entre el
primer trimestre de 1967 y finales de 1971: 15 números, del 9 al
23. El director fue entonces Manuel Sacristán y del consejo de redacción
formaban parte Giulia Adinolfi, Josep Fontana, Xavier Folch, Josep Ferrer,
Josep Termes. Colaboradores habituales del exilio fueron Rafel Vidiella
y Teresa Pàmies. Véase, Juan Ramón Capella,
La práctica
de Manuel Sacristán. Una biografía política, Trotta,
Madrid, 2005, pp. 97-99.
(4) Si no ando errado, la revista, en tiempos del erial, se presentó
siempre con un director gerente “F. Detrell”, con una redacción en
la calle Patrimonio de México DF y una administración en
la calle Correggio de la misma ciudad. Pero Nous Horitzons se imprimió
en México hasta el número 3. Desde 1967 se reproduce en Catalunya,
aunque los clichés se hacían en París; a partir del
número 24 la revista se confecciona totalmente en “el interior”. Véase,
Francesc Vallverdú, “Sobre la història de NH (1960-1976)”,
Edició fascímil 1960-1961, pp. 8-9.
(5) Empero, hay sorpresas notables. Por ejemplo, en el número
3 de NH hay un artículo de “Ramón Serra” -pseudónimo
del físico investigador Oriol Bohigas, que en aquellos años
trabajaba en el CNRS-, excelente en mi opinión: “Els científics
i la guerra atòmica: un problema de responsabilitat moral” (NH 3,
1963, pp. 20-22). Debo a Francesc Vicens, y al propio Oriol Bohigas, la
información sobre la autoría de este trabajo.
(6) Dejamos, pues, de lado otras aportaciones más directamente
políticas en las que sin duda también hay estilo, perspectiva
y contenido filosóficos. Por ejemplo, en su breve pero sustantivo
escrito sobre el asesinato del Ché Guevara.
(7) Joaquim Sempere, “Les aportaciones filosòfiques de Nous
Horitzons”.
Nous Horitzons edició Facsímil 1960-1961,
editor Jesús Díez, “Arxiu del PSUC”, 1979, pp. 22-28.
(8) Recuérdese: Gregorio Morán,
El maestro en el
erial. Ortega y Gasset y la cultura del franquismo, Tusquets,
Barcelona 1998 (sobre Sacristán y Laye, véanse principalmente
las páginas 317-320). Para un análisis comparativo de las
publicaciones “madrileñas” y “catalanas” del Partido, véase:
Gregorio Morán,
Miseria y grandeza del Partido Comunista de España
1939-1985, Planeta, Barcelona, 1986, especialmente las páginas
365-366.
(9) Opiniones vertidas, en ocasiones, desde posiciones muy alejadas
de la tradición marxista; por ejemplo, por Jesús Mosterín
o Javier Muguerza, pero también por discípulos y amigos como
Antoni Doménech, Félix Ovejero y Francisco Fernández
Buey.
(10) Sacristán incluyó cuatro de estas aportaciones
en su selección de artículos para los “Panfletos y materiales”
publicados por Icaria. Dejó fuera dos reseñas e, incomprensiblemente
para mí, “Tres notas sobre la alianza impía”. Acaso la posible
pérdida del original castellano sea una explicación de su
decisión.
(11) Como se apuntó en nota 14, Sacristán publicó
en Icaria, a partir de 1983, una amplia selección de sus trabajos
políticos, filosóficos y de crítica literaria con el
título general, por él mismo seleccionado, de “Panfletos y
materiales”. En la “Nota previa” del primer volumen (
Sobre Marx y marxismo,
Icaria, Barcelona, 1983, pp. 7-8) puede verse una definición de ambas
categorías.
(12) Sobre Scholz, véase la necrológica que Sacristán
escribió poco después del fallecimiento del maestro alemán:
“Lógica formal y filosofía en la obra de H. Scholz”,
Papeles
de filosofía, Icaria, Barcelona, 1984, pp. 56-89. Sobre este
gran lógico-filósofo-teólogo alemán comentó
Sacristán en una conferencia de 1979: ”(…) entre los que cuento a
uno de los pocos que considero que han sido maestros míos, que me han
enseñado algo, Scholz…” (Manuel Sacristán,
Seis conferencias,
El Viejo Topo, Barcelona, 2005, p. 56).
(13) Sobre este período véase el testimonio de Vicente
Romano en S. López Arnal y Pere de la Fuente (eds), Acerca de Manuel
Sacristán, op. cit, pp. 324-338. Igualmente, las declaraciones de
S. Carrillo, Casari y el propio Romano para los documentales “Integral Sacristán”,
dirigidos por Xavier Juncosa, con guión del propio Juncosa y de
Joan Benach y S. López Arnal.
(14) Este es, como es sabido, el artículo que provocó
la detención provisional de Gabriel Ferrater y los malentendidos
posteriores, Está por hacer todavía una aproximación
rigurosa a lo sucedido: tanto al, en mi opinión, admirable e infrecuente
comportamiento de Sacristán, ya entonces responsable político
del PSUC, como a los comentarios y valoraciones posteriores, especialmente
las opiniones vertidas por Joan Ferraté, hermano del poeta, después
de la muerte de Sacristán. Declaraciones del propio Sacristán
sobre este tema están recogidas en Josep-Miquel Servià, Gabriel
Ferrater, reportatge en el record, Pòrtic, Barcelona, 1978, pp. 45-50.
En “Integral Sacristán”, pueden verse las interesantes declaraciones
de varias personas entrevistadas; entre ellas, las de Miguel Núñez,
contacto con la dirección y responsable político de Sacristán
en aquellos años cincuenta.
(15) Esta anunciada la próxima edición de este trabajo,
y de “Tres notas sobre la alianza impía”, en Manuel Sacristán,
Sobre dialéctica, Montesinos, Barcelona 2006 (prólogo
de Miguel Candel, epílogo de Félix Ovejero, nota final de
Manuel Monleón Pradas; edición de Salvador López Arnal).
(16) Antoni Doménech: “El marxismo político de Manuel
Sacristán”, en “Del pensar, del hacer, del vivir”, libo anexo a
“Integral Sacristán”, op. cit.
(17) Si no ando muy equivocado el texto en cuestión fue reeditado
clandestinamente, sin apenas modificaciones, por el comité ejecutivo
del PSUC en 1972, y no ha sido publicado hasta la fecha de forma menos arriesgada.
En mi opinión, sin olvidar la existencia de algunas referencias
a temas y discusiones de la época, sigue siendo una magnífica
aproximación a puntos esenciales del
Manifiesto Comunista.
Sacristán contó con las aportaciones de Pilar Fibla y Giulia
Adinolfi. Pere de la Fuente ha elaborado una versión catalana de este
texto.
(18) Reimpreso en M. Sacristán,
Papeles de filosofía,
Icaria, Barcelona, 1984, pp. 90-219. Sacristán dedicó al marxismo
las páginas 172-194 de esta edición, y se centró, fundamentalmente,
en la exposición de las aportaciones de Bernal, Gramsci y Mao.
(19) Está por hacer un estudio detallado de las aportaciones
y colaboraciones de Sacristán en esta publicación. Josep Fontana
ha hecho referencia a escritos de Sacristán que él recuerda
que fueron editados en esta revista. En el anexo 2, se presenta la editorial
que Sacristán escribió para el número 3 de esta publicación
–de noviembre de 1959- y que apareció firmada con las siglas “Q.C.C.”
(20) Miguel Manzanera incluyó en su tesis doctoral sobre
Sacristán un amplio anexo con una parte importante de estos documentos
e intervenciones orales transcritas. Véase: Miguel Manzanera, “Relación
de los textos de Manuel Sacristán en los archivos documentales”,
mientras tanto, nº 63, 1996, pp. 77-87. El historiador
Giaime Pala ha proseguido la búsqueda con resultados muy exitosos.
(21) Uno de estos papeles fue una carta que Sacristán escribió,
a petición de unos estudiantes al Ministerio de Educación
de la época, y que fue traducida al catalán por Salvador Espriu.
Véase anexo 1.
(22) Véase J-R Capella, “Aproximación a la bibliografía
de Manuel Sacristán Luzón”,
mientras tanto, nº
30-31, 1987, pp. 193-223.
(23)
Crítica, la revista clandestina de los estudiantes
del PSUC, insertó en su número de agosto de 1968 un artículo
firmado por “R. Serra”, acaso seudónimo de Sacristán (Oriol
Bohigas me ha confirmado su no autoría, más allá de
la coincidencia nominal con su “antiguo nombre de guerra”), con el título
“La significación de los movimientos estudiantiles en los países
capitalistas occidentales”. Escrito antes de las elecciones francesas del
23 de junio y 1 de julio, el trabajo sólo tiene en cuenta la
primera fase de las grandes luchas de la primavera parisina. Fue reproducido
en el número de otoño de 1968 de NH, pp. 45-48. Por tratarse
de un texto esencialmente político y haberse publicado previamente
en
Crítica no lo considero aquí. Se dan noticias de
él en el anexo 11.
(24) Del marxismo de aquellos años… y de años posteriores.
Véase, a título de no muy buen ejemplo, Alan Woods y Ted Grant,
Razón y Revolución. Filosofía marxista y ciencia
moderna. Fundación Federico Engels, Madrid 1995, especialmente las
secciones 3 ª y 4ª de la primera parte.
(25) Años más tarde, durante su estancia en México,
Sacristán impartió un seminario de posgrado sobre “Inducción
y dialéctica”, donde pueden verse detallados comentarios críticos
sobre la acepción de esta polisémica categoría en diversas
escuelas y autores marxistas. Se presenta aquí, como anexo 3, una
entrevista de 1983 con el periódico mexicano
UnomásUno
donde Sacristán da cuenta de este seminario y de otros asuntos de
aquella época.
(26) Sacristán estudió Derecho y Filosofía
en la Universidad de Barcelona. Escribió en 1963 un excelente artículo
en homenaje a Aranguren, parcialmente perdido, con el título: “De
la idealidad en el Derecho”,
Papeles de filosofía, Icaria,
Barcelona, 1984, pp. 302-317 (J-R. Capella recuerda haber leído la
parte perdida) y tradujo las obras
Fundamentos de filosofía del
derecho, de Helmut Coing;
El problema de la creación del derecho,
de Ph. Heck y
El problema del derecho natural, de Eric Wolf. Las tres
traducciones, para Ariel, fueron realizadas en 1961.
(27) Juan-Ramón Capella, “Aproximación a la bibliografía
de Manuel Sacristán Luzón”,
mientras tanto, 30-31,
1987, p. 203.
(28) Me ha sido imposible averiguar exactamente la relación
de Sacristán con este estudiante de Derecho. Acaso fuera el Juan Ramón
Figuerol al que se refiere Salvador Giner en “Su relación con los
infieles”,
El Ciervo nº 659 , febrero 2006: “(…) Fue así
cómo se realizó en el pueblo de La Garriga (Barcelona) un seminario
clandestino de dos días, en el que en el comedor de una fonda los
de una y otra facción rebelde, leímos ponencias de dos en dos,
para ser luego discutidas colectivamente. La idea era analizar la naturaleza
de tres grandes ideologías: la liberal, la socialista y la comunista.
En un espíritu de amable diálogo desgranamos uno a uno los
argumentos de cada doctrina. No guardo notas, pero puedo decir que en el
bando agnóstico estaban Luis Goytisolo, Octavio Pellissa, Nissa Torrents,
Joaquín Jordá y un servidor (entonces amigos íntimos
todos). En el otro, Alfonso Carlos Comín, Juan Ramón Figuerol,
José Antonio González Casanova, Jaume Lorés, Josep Maria
Cadena. Seguramente me dejo a alguno, pero no éramos muchos. Resultado
de aquel encuentro, muy preparado por Lorenzo [Gomis] y José María,
que nos obligaron a hacer los deberes, fue la fuerte radicalización
inmediatamente posterior de la mayoría, ansiosa de pasar a alguna
actividad contra la dictadura…”
(29) En nota se indicaba: “Resum d’una conferència introductòria
a un col.loqui celebrat a l’Aula Magna de la Facultat de Dret de Barcelona
.el dia 8 de març de 1963”, pero, de hecho, es el mismo texto que
apareció reimpreso en
Intervenciones políticas, op.
cit, pp. 30-49 . Acaso se trate de una trascripción parcial de la intervención
de Sacristán.
(30) Manuel Sacristán,
Las ideas gnoseológicas
de Heidegger, Critica, Barcelona 1996 (edición y prólogo
de Francisco Fernández Buey). La tesis de Sacristán fue inicialmente
editada por el CSIC en 1959-1960. Algunas curiosas cartas en torno a su edición
se presentan en el anexo 4. El prólogo que Fernández Buey
escribió para esta nueva edición es de lectura imprescindible.
(31) Cito por la edición más asequible: M. Sacristán,
Intervenciones políticas, op. cit, p. 30
(32) Ibídem, p. 31.
(33) Reimpreso en: M. Sacristán,
Papeles de filosofía,
op. cit, pp. 356-380. El conjunto de los textos de Sacristán sobre
temas metafilosóficos está recogido en:
Contra la filosofia
llicenciada, Casal del Mestre, Santa Coloma de Gramenet, 1991 (edición
de Pere del a Fuente). Véase igualmente, S. López Arnal y otros
(eds),
30 años después. EUB, Barcelona 1999.
(34) Manuel Sacristán,
Intervenciones políticas,
op. cit, p. 37.
(35) Una aproximación crítica a las posiciones de
Sacristán puede verse en: Pablo Huerga Melcón, “Notas para
un análisis materialista de la noción de filosofía
de Manuel Sacristán”. Creo, acaso con error, que este trabajo de
Huerga Melcón de noviembre de 2005 sigue inédito.
(36) Ibídem, p. 41. El paso es deslumbrante en mi opinión.
Despachar esta consideración por “obrerismo” es uno de los más
perversos usos de los “ismos” que conozco. No parece que haya muchos aforismos
o reflexiones que reflejen mejor la esencia de la situación de la
clase obrera en la sociedad capitalista. El fragmento recuerda, por otra
parte, un paso de
El Capital de Marx muy admirado por Sacristán:
“Todo ser humano muere 24 horas al día. Pero a ninguno se le ve cuántos
días exactamente ha muerto ya” (OME 40, 221), Un escrito de juventud
de 1950, publicado en
Laye, número 3, corrobora esta sensibilidad
de Sacristán: (37)“Comentario a un gesto intrascendente”,
Intervenciones
políticas, op. cit, pp. 11-16. Moreno Pestaña me ha recordado
la modulación heideggeriana de este texto.
(38) Sobre la noción de utopía en Sacristán,
“Heine, la consciencia vencida”,
Lecturas, Icaria, Barcelona, 1987,
pp. 177-181 y “A propósito del “eurocomunismo”,
Intervenciones
políticas, op. cit, p. 199. Empero, en una conferencia de abril
de 1985 “Sobre Lukács” (M. Sacristán,
Seis conferencias,
El Viejo Topo, Barcelona, 2005, pp. 157-194), señalaba: “Es verdad
que el sentido clásico de utopía, hasta el siglo XIX o principios
del XX, es el que dice Lukács: construir la sociedad perfecta,
perfecta en el sentido de que, como en la
Utopía de Thomas
Moro, a nadie se le vaya nunca una bofetada a su hijo, ni a su primo, ni
a su amigo, en ningún momento, ni siquiera un pequeño insulto,
ni siquiera una grosería, ni siquiera una indelicadeza, pero cuando
los jóvenes del 68 decían utopía, estaban diciendo otra
cosa seguramente y valdría la pena ser, creo yo, desde un punto
de vista de política comunista un poco más respetuoso con ese
uso del término. No es que yo lo use con gusto, yo no lo uso, yo también
soy demasiado viejo como marxista para usarlo”.
(39) Ibídem, p. 49.
(40) Curiosamente, en este número de NH se publicó
la primera parte de un artículo firmado por M. Carrasco: “Las guerres
camperoles a Catalunya (1462-1472, 1484-.1486)”. En una carta de 18 de octubre
de 1967 dirigida a López Raimundo (véase anexos de la tesis
doctoral de Miguel Manzanera), Sacristán se manifestaba en los siguientes
términos: “Una breve nota (la ocasión me coge de sorpresa
y en este momento no tengo tiempo para nada más) acerca de lo malo
del número 10 (sólo de lo malo que me parece verdaderamente
grave y digno de evitarse). Se trata de dos cosas; ante todo, el increíble
artículo de María Carrasco “Les guerres camperoles a Catalunya”.
Ni una revista de escuela elemental puede permitirse publicar una tal muestra
de incompetencia. Este artículo nos cubriría de ridículo
o de algo más, porque la cita que hace de la obra más extensa
dirigida por Vicens Vives como si fuera de autor desconocido es una metedura
de pata como para esconderse en una alcantarilla cuando uno vive en Barcelona.
Ante este artículo me parece necesario insistir en que cada cual
tiene su oficio. Se puede ser inteligentísimo y genial como poeta
y como ingeniero sin saber una palabra de historia. El otro punto que me
parece necesitado de corrección es el hecho de escribir sobre la
revolución de Octubre (en una revista trimestral y de cultura) de
un modo meramente global y sentimental y sin más finalidad que dar
un resumen brevísimo de línea política. El tema merecía
más respeto. Me disculpo de mandar sólo estos gritos y agradezco
de paso las valiosas páginas de Vidiella, que son en mi opinión
lo que da valor al número especialmente las primeras tres páginas
y media, propiamente de memorias). Junto con los gritos, afectuosos abrazos”.
Sacristán seguía explicando su posición en un informe
de 4 de diciembre de 1967: “Empiezo por lamentar el que esas líneas
fueran tan contraproducentes. Parece como si tuviera ese vicio para siempre.
Lo siento por lo que tiene de inveterada incapacidad de ser realmente útil.
Parece claro que yo presupongo una posibilidad de entenderse a medias palabras,
y que esa posibilidad no existe. Y lo siento también por la ineficacia
que he tenido para el asunto mismo. Pues, desgraciadamente, sobre el fondo
del asunto yo llevo razón, como intentaré mostrarte ahora”.
En el anexo 5 se reproduce otra critica, el comentario colectivo de la
redacción de Barcelona al número 9 de NH fechada en junio
de 1967.
(41) Se publicó simultáneamente en castellano en
Realidad,
nº 14, 1967. Ha sido reimpresa en
Sobre Marx y marxismo, op.
cit, pp. 62-84.
(42) Curiosamente, diez años más tarde Sacristán
dictó otra conferencia en la UB con ocasión del cuadragésimo
aniversario del fallecimiento de Gramsci. Se presenta el esquema de esta
intervención en anexo 6.
(43) A Gramsci dedicó Sacristán las páginas 186-192
de este trabajo. José Mª Laso ha recordado que esta entrada
de enciclopedia fue muy estudiada por los presos políticos de la cárcel
de Burgos de aquellos años.
(44) Ahora en
De la primavera de Praga al marxismo ecologista,
op. cit, pp. 81-90 y 92-95 respectivamente.
(45) Reimpresa en
Pacifismo, ecología y política alternativa.
Barcelona: Icaria 1987, pp. 184-206.
(46) Así presentaba esta noción Sacristán en la
voz “Gramsci, Antonio” que escribió para el diccionario filosófico
editado por Runes: “En la concepción marxista de Gramsci la cuestión
“¿qué es el hombre?” entendida como cuestión filosófica
no pregunta por la naturaleza biológica de la especie sino por otra
cosa que él formula del modo siguiente: “¿Qué puede
llegar a ser el hombre? Esto es, si el hombre puede dominar su propio destino,
si puede “hacerse”, si puede crearse la vida”. Piensa Gramsci que todas las
filosofías han fracasado hasta ahora en el tratamiento de esa pregunta
porque han considerado al hombre reducido a su individualidad biológica.
Pero la humanidad del individuo comporta elementos de tres tipos: primero,
el individuo mismo, su singularidad biológica; segundo, “los otros”;
tercero, “la naturaleza”. El segundo y el tercer elementos son de especial
complejidad: el individuo no entra en relación con los otros y con
la naturaleza mecánicamente, sino ”orgánicamente” (con los
otros) y “no simplemente (con la naturaleza) por ser él mismo naturaleza,
sino activamente, por medio del trabajo y de la técnica” (incluyendo
en este último concepto también los “instrumentos mentales”,
esto es, la ciencia y la filosofía)” (...) Esas relaciones..., son
activas, conscientes, es decir, corresponden a un grado mayor, o menor de
inteligencia de ellas que tiene el hombre. Por eso puede decirse que uno
se cambia a sí mismo, se modifica, en la medida misma en que cambia
y modifica todo el complejo de relaciones del cual él es el centro
de anudamiento. Con eso ultima Gramsci su reelaboración del concepto
de “naturaleza humana” de Karl Marx: “que la “naturaleza humana” es el “complejo
de las relaciones sociales” (como ha escrito Marx) es la respuesta más
satisfactoria, ya que incluye la idea de devenir... Puede también
decirse que la naturaleza del hombre es la ‘historia’.” (“Gramsci, Antonio”,
Papeles de filosofía, op. cit, p. 416).
(47) Para el concepto de práctica en la obra de Sacristán:
Introducción a la lógica y al análisis formal,.op.
cit, p. 16; “El filosofar de Lenin”,
Sobre Marx y marxismo, op. cit,
pp. 169-170, y “Entrevista con M. Sacristán”,
Pacifismo, ecologismo
y política alternativa, op. cit, pp. 120-121.
(48) M. Sacristán,
Sobre Marx y marxismo, op. cit,
p. 63.
(49) Ibídem, p. 70, nota 7.
(50) Ibídem, p. 73.
(51) Reimpreso ahora en Ibídem, pp. 176-190. Se publicó
también en castellano en
Realidad, nº 19, diciembre
de 1970. En honor del buen hacer de NH hay que señalar que la edición
de este trabajo en la revista salva algunas erratas que se produjeron años
más tarde, y en muy otras condiciones, en la edición de Icaria.
(52) Antes, en el número 17 del segundo semestre de 1969, se había
producido una fuerte discusión entre la redacción barcelonesa,
coordinada por Sacristán, y el comité francés por la
publicación de una reseña elogiosa de un libro de entrevistas
de Sergio Vilar,
Protagonistas de la España democrática.
La oposición a la dictadura, París, Ed. Sociales 1969.
Sacristán fue una de las personas entrevistadas: páginas
262-273 (Sus respuestas a un cuestionario sobre reforma de enseñanza
en páginas 682-702). Sobre este punto, véase el excelente
trabajo de Giaime Pala, “’Sobre el camarada Ricardo’. El PSUC y la dimisión
de Manuel Sacristán (1969-1970)”,
mientras tanto, nº
96, otoño 2005, pp. 47-75.
(53) Curiosamente, tres años más tarde, Sacristán
volverá a dictar otra conferencia esencial en la Autónoma
de Barcelona. Esta vez con título: “De la dialéctica”. Ahora
en: Manuel Sacristán,
Sobre dialéctica, op. cit. (en
prensa).
(54) Reimpresa en M. Sacristán,
Sobre Marx y marxismo, op.
cit, pp. 133-175. Previamente a su edición castellana se había
publicado en
Critica marxista, nº IX/1, enero-febrero de 1971.
(55) Conscientes de ello, los redactores argumentaban que la extensión
no debía ser obstáculo para su publicación sin cortes
en el nº 21 de NH dado que era, de lejos, la contribución
más importante en el centenario de Lenin.
(56) Así, las líneas iniciales del artículo: “La
insuficiencia técnica o profesional de los escritos filosóficos
de Lenin salta a la vista del lector. Para ignorarla hace falta la
premeditación del demagogo o la oscuridad del devoto”. O, líneas
más adelante, “El desprecio de la diferencia o el matiz filosóficos
es el defecto más característico del filosofar de Lenin”.
(57) G. Pala, art. cit, p. 72.
(58) No he podido averiguar los motivos de esta decisión. Sin
duda, el carácter “conflictivo” del tema es una causa en “última
instancia”; otras posibilidades: presiones políticas soviéticas,
equilibrios “nacionales” de la redacción, prudencia de los editores.
(59) Las cartas de Sacristán y Fernández Santos pueden consultarse
en Reserva de la Universidad de Barcelona, fondo Sacristán, carpeta
“Correspondencia”. Óscar Carpintero me ha llamado la atención
sobre varios pasos oscuros de mi anterior exposición en este punto.
La mejoría está en su haber, en su generoso haber.
(60) No iba desencaminado Fernández Santos. En el fondo Sacristán,
pueden consultarse diversos y detallados resúmenes comentados sobre
textos de Lenin (y no sólo sobre escritos filosóficos. Se
presentan algunos de ellos en el anexo 7.
(61) Ahora en:
De la primavera de Praga al marxismo ecologista.
Entrevistas con Manuel Sacristán Luzón, op. cit, pp.
35-61. Repárese en la interesante correspondencia cruzada entre José
María Mohedano el entonces colaborador de
Cuadernos- y Sacristán.
Véase muestras de ello en anexo 14.
(62) Parte de la correspondencia entre Javier Pradera y Sacristán
-cuando el primero era consejero editorial de Alianza- puede consultarse
en Reserva de la UB, fondo Sacristán. Es muy recomendable la entrevista
que Xavier Juncosa realizó en 2004 a Javier Pradera para su “Integral
Sacristán”.
(63) Sobre este interés artesanal, véase el escrito de Francisco
Fernández Buey para
Del pensar, del hacer, del vivir, libro
que acompaña a “Integral Sacristán” de Xavier Juncosa (op
cit).
(64) Más allá del tono de algunos pasos y, obviamente,
de la extensión, no encuentro diferencias filosóficas de relieve
entre ambos trabajos. Por ello, tal vez la redacción de NH obró
con una prudencia excesiva, no fundamentada en textos y tesis defendidas.
(65) M. Sacristán,
Sobre Marx y marxismo, op. cit,
p. 190.
(66) Reimpreso en Ibídem, pp. 232-249.
(67) Ahora en Ibídem, pp. 85-114. En la breve nota que
escribió para su edición en “Panfletos y materiales”, Sacristán
señalaba: “Esta nota fue escrita en noviembre de 1967, aunque no
se comunicó hasta enero de 1968”. Jacobo Muñoz ha indicado
que acaso este escrito fuese solicitado a Sacristán para algún
volumen colectivo sobre Lukács que no llegó finalmente a editarse.
(68) Sacristán escribió también la entrada
“Lukács, G” para el diccionario de filosofía de D. Runes,
una nota necrológica (
Sobre Marx y marxismo, op. cit, pp.
29-231), “¿Para qué sirvió el realismo de Lukács”
(
Pacifismo, ecologismo y política alternativa, op. cit, pp.
176-178) e impartió en abril de 1985 su penúltima conferencia
sobre el Lukács de las
Conversaciones (Manuel Sacristán,
Seis conferencias, op. cit, pp, 157-194).
(69) Véase, por ejemplo, la solapa que Sacristán escribió
para el volumen 8 en anexo 6, así como diversas cartas sobre la edición
de estas obras completas.
(70) Sin poder precisar fechas de inicio y de finalización
de los trabajos, en 1971 se publicaron dos de las traducciones más
laboriosas que Sacristán realizó: la
Historia del análisis
económico de Schumpeter (1.377 páginas) y la
Historia
general de las ciencias de R. Taton, cinco apretados volúmenes,
de los que Sacristán tradujo los tres primeros.
(71) Es de lectura obligada la reflexión autobiográfica
que Sacristán escribió en este difícil período:
M. Sacristán,
M. A. R. X, El Viejo Topo, Barcelona 2004 (prólogo
de Jorge Riechmann, epílogo de Enric Tello y edición
de Salvador López Arnal), pp. 57-61.
(72) Sobre este punto, veáse igualmente: M. Sacristán,
“Sobre Lukács”,
Seis conferencias, op. cit, pp. 157-194.
(73) Manuel Sacristán,
Sobre Marx y marxismo, op. cit,
p. 234.
(74) Para una opinión matizada de Sacristán sobre este
supuesto fracaso: “Sobre Lukács”,
Seis conferencias, op. cit,
pp. 160-162.
(75) Aquí apuntaba Sacristán: “Las tomas de posición
de Lukács contra Trotski (con respeto) y contra Bujárin (con
injusto desprecio incluso en lo personal) son elocuentes” [la cursiva es
mía],
Sobre Marx y marxismo, op. cit, p. 243.
(76) Ibídem, p. 114.
(77)Aquí escribía Sacristán: “(…) Lukács insiste
en la racionalidad condicional o interna a cada estructura (el sentido
de “racionalidad” en la expresión, por ejemplo “racionalidad capitalista”)
y apunta a fundamentar la idea general .no ya condicional de “racionalidad”
en la de “implicación del ejercicio del trabajo productivo” en sentido
marxista. Esta segunda indicación tiene sin duda mucha importancia”.
(78) M. Sacristán,
Sobre Marx y marxismo, op. cit,
p. 247.
(79) Tengo la duda, que no he podido resolver, si la reseña
sobre
La civilización en la encrucijada que apareció
sin firma en el número 17 de NH, pp. 54-55, junto al comentario
del Lenin de Garaudy, fue también escrita por Sacristán.
(80) No se ha podido localizar el texto original de Sacristán.
Para una versión castellana de la traducción catalana de
Francesc Vallverdú: Manuel Sacristán,
Escritos sobre El
Capital y textos afines, El Viejo Topo, Barcelona, 2004, pp. 42-46
(prólogo de Alfons Barceló y epílogo de Oscar Carpintero).
(81) Sacristán, como es sabido, coordinó el proyecto
de publicación de las obras completas de Marx y Engels (OME) en
Crítica. Había proyectado unos 20 volúmenes para la
correspondencia de Marx y Engels. Están traducidos, sin haber sido
publicados, aproximadamente, la mitad de estos volúmenes.
(82) G. Badia era hijo de inmigrantes españoles. Nació
en 1916 y murió recientemente, en noviembre de 2004.
(83) Sacristán recordaba aquí que “no otro que Gramsci
sostuvo -y la opinión es respetable- que editar borradores de Marx,
como han hecho las editoriales soviéticas, era empresa discutible
y tal vez injusta con la memoria del maestro”. Un comentario elogioso similar
lo dirigió Sacristán a consideraciones de Althusser
sobre este tema. Sobre la aproximación de Sacristán a la obra
de Althusser, puede consultarse: S. López Arnal, “Sacristán
sobre Althusser”.
Er, Revista de Filosofía, nº 34-35, 2005,
pp. 277-301.
(84) En 1983, Jordi Moners tradujo por vez primera al catalán
el gran clásico de Marx. Sacristán escribió, durante
su estancia en México, un prólogo para esta edición
de El Capital, que fue traducido al catalán por el propio Moners y
que fue nuevamente traducido, a partir de esta versión, por mí
mismo en Manuel Sacristán,
Escritos sobre El Capital (y textos
afines), op. cit, pp. 360-364. En anexo 9 se presenta el texto original
de Sacristán que puede consultarse ahora en Reserva de la UB, fondo
Sacristán, tras la donación de Juan-Ramón Capella.
(85) Puede verse en anexo 10 la versión castellana del texto
editado.
(86) Giaime Pala, “Sobre el camarada Ricardo. El PSUC y la dimisión
de Manuel Sacristán (1969-1970)”,
mientras tanto, 96, otoño
2005, pp. 72-73.
(87) Véase J-R Capella,
La práctica de Manuel Sacristán.
Una biografía política, op. cit, pp. 113-115, y Giaime
Pala, “Sobre el camarada Ricardo. El PSUC y la dimisión de Manuel
Sacristán (1969-1970)”, ed. cit, pp. 71-72.
(88) Puede consultarse en Reserva de la UB, fondo Manuel Sacristán.
(89) El ensayo fue editado por la editorial Grasset en 1969. Es posible
que fuera uno de los materiales facilitados por Joaquim Sempere, a la vuelta
de sus estudios de sociología en París.
(90) En el artículo citado, Giaime Pala da cuenta de dos
cartas decisivas sobre este asunto: Arxiu Nacional de Catalunya, fondo
PSUC, nº 609, “NH. Carta de Joan Camí a la redacción
de NH”, con fecha 15 de mayo de 1970, y “NH. Carta de la redacción
de NH a París”, fechada el 27 de julio de 1970.
(91) La cursiva es mía. Visto lo visto, el paso –escrito en
1970- es iluminador.
(92) M. Sacristán,
Intervenciones políticas,
op. cit, pp. 281-282.
(93) Ibídem, p. 282.
(94) Es clara la referencia a Giulia Adinolfi. Años después,
en una conferencia de 1983 sobre “Tradición marxista y nuevos problemas”,
señalaba: “En cualquier caso, los movimientos herederos de los clásicos,
los marxismos posteriores, son bastante mejores que los clásicos
mismos por lo que hace al problema de la mujer. Por limitarme a nuestro caso,
a este país, en España se puede decir que después de
la guerra civil la recuperación del tema de la emancipación
de la mujer fue una iniciativa no ya sólo de ambientes culturales marxistas,
sino precisamente de partidos marxistas. Creo no equivocarme, si siguiendo
a las editoras de la revista de Sociología de la Autónoma, Papers,
indico que el número 12 de
Nous Horitzons, que era la revista
teórico-cultural del P.S.U. entonces, el año 67, publicó
la primera aportación -de después de la guerra civil se entiende;
antes de la guerra civil había habido, como es natural, mucho desarrollo-
a este problema, un artículo de Giulia Adinolfi que luego reprodujeron
en Papers al hacer la historia del movimiento feminista en España
en el número 9, el año 1978” (M. Sacristán,
Seis conferencias, op. cit, p. 127). Sacristán se refiere aquí
al artículo de Adinolfi: “Por un planteamento democrático
de la lucha de las mujeres”, ahora reimpreso en
mientras tanto, nº
9