Sobre las contribuciones filosóficas
de Manuel Sacristán en Horitzons y Nous Horitzons*
Salvador López Arnal
1. Un lógico y filósofo marxista que escribía en revistas
del Partido.
2. Panfletos, reseñas y materiales.
3. Cinco materiales: clásicos del marxismo hispánico.
4. Una reseña olvidada, otra criticada y una
tercera censurada.
5. Comprender realidad.
Notas
Anexo 1: Una carta de Sacristán al Ministerio de
Educación traducida al catalán por Salvador Espriu.
Anexo 2: Editorial de Quaderns de cultura catalana,
nº 3 (revista del PSUC, noviembre 1959, firmado como “Q.C.C”).
Anexo 3: Entrevista con UnomásUno.
Anexo 4: La edición de la tesis doctoral de Sacristán.
Anexo 5: Sobre el número 9 de Nous Horitzons.
Anexo 6: Esquema de un conferencia sobre Gramsci.
Anexo 7: Anotaciones sobre ensayos políticos de
Lenin.
Anexo 8: Solapa para el volumen 8 de las “Obras Competas”
de Lukács
Anexo 9: Prólogo a la primera edición catalana
de El Capital.
Anexo 10: Reseña de Sacristán sobre el Lenin
de Garaudy: Nous Horitzons, nº 17, segon trimestre de 1969, pp.
53-54.
Anexo 11: Mayo de 1968.
Anexo 12: Notas sobre El futuro (y textos afines).
Anexo 13. Sobre la cuestión nacional, Catalunya
y España.
Anexo 14. Correspondencia en torno a la publicación
de la entrevista sobre la invasión soviética en Cuadernos
para el diálogo.
Para Toni Doménech y como a
él le gusta: sin (pedir) permiso.
"NH de 1960 se proponía llegar, sobre
todo, a las organizaciones del partido, para promover su crecimiento intelectual,
y a los intelectuales antifascistas, para darles constancia de la existencia
de una intención cultural en el movimiento obrero marxista y para
invitarles a una tarea que podía ser en parte común. No me
atrevo a decir si se logró algo con ello".
Manuel Sacristán (1977)
1. Un lógico y filósofo marxista que escribía
en revistas del Partido.
En octubre de 1977, con motivo de la aparición
legal de
Nous Horitzons (NH), Manuel Sacristán, que había
sido uno de los responsables de la publicación en los años
sesenta, fue entrevistado por la redacción de la revista en aquel
entonces para que hiciera un balance del papel desempeñado por NH
en sus casi veinte años de existencia. Las respuestas de Sacristán
no llegaron a publicarse en su momento pero fueron posteriormente recogidas
en una edición facsímil de los números de 1, 2, 3,
4 de
Horitzons (H) (1) de 1960-1961, junto con textos introductorios
de Francesc Vicens, Francesc Vallverdú y Joaquim Sempere (Como
es sabido, Vicens fue responsable de la revista hasta, prácticamente,
el número 4 de NH (2); Vallverdú (3) fue secretario de redacción
desde el primer trimestre de 1967 hasta el tercer-cuarto trimestre de 1971;
Sempere fue también secretario de redacción durante parte
de la etapa en la que Pere Ardiaca fue responsable de la publicación:
de enero de 1972 hasta setiembre de 1976).
Señalaba Sacristán en su comentario
que la importancia de
Nous Horitzons en el debate ideológico
de la Cataluña de principios de los años sesenta “no fue grande
en sí misma, pero que respecto de la situación de la época
y del reducido ambiente que se podía tomar en cuenta sí que
valió la pena”. La mera solidez física, la existencia de
Horitzons, daba ánimo a los militantes del partido y a los
resistentes marxistas en general. La gran mayoría de las páginas
del número 2, cuando aún se llamaba
Horitzons (4),
remarcaba Sacristán, estaban escritas en el interior, principalmente
en Barcelona.
La calidad científica de lo publicado en H
y NH no le parecía a Sacristán que tuvieran un gran valor
teórico (5). Su marxismo, el marxismo defendido en aquellos años
por el PSUC, estaba todavía empapado de euforia por la victoria de
la URSS sobre el nazismo en la II Guerra Mundial, por el triunfo de la
revolución china a finales de los cuarenta y, más concretamente
en aquellos años sesenta, por el éxito de la revolución
cubana y por el derrumbamiento del viejo sistema colonialista imperial. Esa
euforia había alimentado, en opinión del traductor de
El
Capital y de
Historia y consciencia de clase, “un marxismo
muy alegre (lo cual estaba muy bien) y asombrosamente confiado (lo cual
estuvo muy mal, y visto desde hoy pone los pelos de punta)”. El principal
valor ideológico de
Nous Horitzons, y de su antecesora, concluía,
fue su mera presencia, “su qué fue mejor que su cómo”.
Pues bien, el objetivo de esta comunicación
es aquilatar, parcialmente si se quiere, esta valoración a partir
de los aportaciones filosóficas del propio Sacristán (6),
dar sucinta cuenta de ellas e intentar un balance provisional de estas contribuciones,
balance que, en la práctica, como ya señaló Joaquim
Sempere (7), es equivalente a intentar una valoración general de la
aportación teórica de la publicación dado que fueron
muy pocas las restantes aportaciones directamente filosóficas -Adolfo
Sánchez Vázquez, Josep Fontana, Jordi Solé Tura, Juan-Ramón
Capella, el mismo Sempere- en el período en que Sacristán formó
parte de su consejo de redacción o colaboró en la revista
teórica del partido.
Nuestra hipótesis es similar y netamente deudora
de la defendida por Sempere en el texto referenciado: “[…] aportaciones [las
de Sacristán] que hacen de esta publicación durante su época
clandestina a Catalunya una plataforma insólita (insólita si
nos atenemos a la atonía cultural del país durante aquellos
años) de elaboración intelectual en el terreno de la filosofía”,
insólita, añadiríamos, no sólo si nos limitamos
a la atonía cultural del país, a lo que ha sido llamado con
acierto “el erial del franquismo” (8), sino incluso si pensamos en un ámbito
geográfico más amplio, especialmente si el análisis
comparativo se centra en las aportaciones más básicas y no olvidamos
las circunstancias políticas que rodearon la existencia y edición
de
Nous Horitzons.
No deja de ser remarcable, por otra parte, que el que
ha sido considerado el marxista más interesante de la historia del
movimiento obrero hispánico y tal vez el más grande filósofo
español de la segunda mitad del siglo XX (9), publicara alguno de
sus trabajos más esenciales, no papeles secundarios o marginales
(10), en la revista teórica de un partido en la clandestinidad, combatiente
y resistente no silencioso, y por ello duramente perseguido, castigado y
martirizado por el franquismo. No está a mi alcance en estos momentos
cuantificar la frecuencia de casos similares que conjeturo (con riesgo) que
han sido excepcionales incluso en la historia del marxismo militante europeo.
2. Panfletos, reseñas y materiales (11).
Tras su regreso de la Universidad de Münster (Westfalia,
Alemania), donde había seguido cursos de postgrado de lógica,
filosofía de la lógica y epistemología desde 1954 a
1956 en el “Instituto de Lógica Matemática y Fundamentos de
la Ciencia” creado y dirigido por H. Scholz (12), y donde había conocido
al filósofo y militante comunista italiano Ettore Casari, y después
de haber ingresado en las filas del partido (13), Sacristán publicó
sus primeros trabajos de inspiración marxista en una revista del
PCE editada en el exilio, Nuestras ideas. Fueron tres los textos que allí
publicó: “Humanismo marxista en la
Oda marítima de
Rafael Alberti” (14), “Tópica sobre el marxismo y los intelectuales
y “Jesuitas y dialéctica” (15).
A pesar de tratarse de sus primeros escritos, algunas
de las características centrales del marxismo de Sacristán
quedan ya explícitas en estos trabajos iniciales: un materialismo
alejado de todo dogmatismo y sabedor de su carácter filosófico
no demostrativo; una dialéctica jamás vista como lógica
infalible y alternativa sino como una aspiración al conocimiento
de “las singularidades”, de las totalidades concretas; un marxismo, amigo
del saber científico social y natural, concebido siempre como tradición
política de transformación, no como Teoría de la Historia,
Ciencia infalible o supuesto gran Saber, en definitiva, una tradición
viva, informada, con finalidad política revolucionaria, que acaso
nunca fue central en tronco y ramas de los numerosos árboles de raíz
marxista-engelsiana.
Baste citar, a título de ejemplo, el paso final
de “Jesuitas y dialéctica”, claramente en sintonía con el
marxismo político sacristaniano sobre el que ha hablado reiterada
y argumentadamente Toni Domènech (16):
“[…] para Marx el mismo pensamiento filosófico,
la misma consciencia de la dialéctica se inserta en el proceso dialéctico
y que el filosofar de Marx -como él mismo dice en las
Tesis sobre
Feuerbach- no se ha sentido exclusivamente llamado a reproducir un mundo
históricamente dado, sino a insertarse además y sobre todo,
en el movimiento histórico que es la auténtica mundanalidad.
Marxismo y dialéctica real -incluyendo para el filósofo ese
último y decisivo punto de su reinserción revolucionaria (es
decir: dialéctico-cualitativa) en el mundo- son inseparables. Lo
que quiere decir -permítasenos dar pie a posible polémica al
final de esta nota- que un filósofo marxista sólo puede ser
un militante comunista, porque no hay marxismo de mera erudición”.
A estos tres artículos habría que sumar
un documento, aún de interés, que sirvió como material
de trabajo para grupos de estudio del partido a finales de los cincuenta
(17) y que llevaba por título “Para leer el
Manifiesto del Partido
Comunista"; las cuidadas páginas que dedicó a la
filosofía marxista en su largo artículo sobre la filosofía
de la posguerra europea para la Enciclopedia Espasa (18), o el prólogo
que escribió en 1959 para el primer volumen de Marx y Engels publicado
legalmente en España durante el franquismo y que él mismo tradujo
y anotó, sin olvidar, claro está, sus colaboraciones en
Quaderns de cultura catalana, aquella mítica revista del PSUC
(19) sobre la que él mismo señaló en la citada entrevista
con
Nous Horitzons:
“Me gustaría recordar que
Horitzons tenía
un precedente inmediato. Entre 1957 y 1959 o 1960 el comité de intelectuales
del PSUC sacó la que sí creo que fue primera revista marxista
de crítica y política cultural editada en la Cataluña
del franquismo:
Quaderns de cultura catalana. Salieron muy pocos números;
creo que sólo dos o tres, o quizá cuatro. Pero estaba totalmente
escrita e impresa en el interior. Como trabajo conspirativo, Quaderns tenía
su mérito. Constaba de más de veinte páginas por número.
La impresión y el primer escalón de distribución de
los
Quaderns estuvieron a cargo de un equipo muy reducido, pero eficaz,
que dirigió el historiador Josep Fontana.
Es muy posible que la aparición de los
Quaderns
acelerara la de
Horitzons. A los órganos supremos de dirección,
compuestos en su mayoría de permanentes o de aspirantes a esa condición,
no les hace nunca demasiada gracia la productividad espontánea de
las organizaciones de base. El nacimiento de
Horitzons fue el final
de
Quaderns por eutanasia. Pero creo que la operación fue un
compromiso decente, una de las soluciones más equilibradas posibles
de la tensión entre el aparato y el partido en la producción.
Varios textos de los
Quaderns aparecieron en los primeros números
de
Horitzons.”
Desde entonces, a lo largo de los años sesenta
y primeros setenta, aparte de presentaciones de escritos clásicos
como el
Anti-Dühring de Engels,
Socialismo y filosofía
de Labriola o
La vía checoeslovaca al socialismo de Dubcek,
o algunas voces complementarias del
Diccionario de Filosofía
editado por Dagobert D. Runes -como las dedicadas a Gramsci, a Lukács
o a la alienación-, Sacristán publicó gran parte de
sus materiales filosóficos de inspiración marxista en
Horitzons,
Nous Horitzons y
Realidad, sin olvidar, obviamente, los numerosos
papeles de intervención y análisis político dirigidos
a los comités central y ejecutivo del PCE y del PSUC, así a
como a las organizaciones de base del Partido (20). De hecho, en la nota
que el mismo Sacristán escribió para el tercer volumen de “Panfletos
y materiales” señalaba:
“Este tercer volumen es el más meramente documental
de todos. Y encima tiene lagunas, para mí lamentables, que no he
podido rellenar: las intervenciones dirigidas al Comité Central del
Partido Comunista de España y al del Partit Socialista Unificat de
Catalunya, a sus respectivos Comités Ejecutivos y a numerosas organizaciones
de base durante los años 1956-1970. Yo me tomaba muy en serio lo
de las “medidas conspirativas” y no guardaba papeles comprometedores o que
pudieran dar pistas. Esa rigidez, que me permitió superar sin desperfectos
graves cinco registros concienzudos de la Brigada Político-Social,
me deja ahora sin documentación que quisiera tener. Váyase
lo uno por lo otro” (21).
Fueron cinco artículos y dos reseñas,
más una censurada, las principales aportaciones filosóficas
de Sacristán (22): “Tres notas sobre la alianza impía”, H
2; “
Studium generale para todos los días de la semana”, NH
10; “La formación del marxismo de Gramsci”, NH 11; “Lenin y la filosofía”,
NH 21, y “Sobre el “marxismo ortodoxo” de György Lukács”, NH
23, y las reseñas: “La edición catalana de las cartas de Marx
y Engels sobre
El Capital”, NH 14, y “Sobre el Lenin de Garaudy”,
NH 17. Posteriormente, en 1977, se publicó en un número extra
sobre enseñanza de NH (suplemento 1, verano 1977) la tercera parte
de “La Universidad y la división del trabajo”, texto que ya había
sido publicado en versión íntegra en
Realidad,
Argumentos,
Aïnes y
Critica marxista por lo que aquí no lo
consideramos (23). Recuérdese, por otra parte, que en la etapa que
aquí se comenta Sacristán era miembro del comité central
y que desde 1965 hasta 1969 fue miembro del comité ejecutivo hasta
su dimisión de la dirección del partido sin abandono de la militancia.
3. Cinco materiales: clásicos del marxismo
hispánico.
Valoración similar podría sostenerse
respecto a la sensata noción de dialéctica aquí defendida
por Sacristán: los vientos del marxismo dominante en aquella época
(24) tampoco soplaban en esta razonable dirección
“El materialismo dialéctico es consciencia del
principio histórico-filosófico que posibilita la ciencia positiva,
y consciencia de la limitación del análisis científico-positivo
“desde abajo”; culmina en la complementación de éste mediante
la recepción dialéctica de la especificidad de las formaciones
complejas sintetizadas en la génesis que el análisis descompone
metódicamente. Pero Tresmontant yerra también parcialmente
con esta afirmación: ya que, como fundamentación de la ciencia
según su concepto, el materialismo dialéctico es al mismo tiempo
resultado inductivo de la ciencia, según su actividad o historicidad.
Es la historia misma de la ciencia, la acumulación de sus resultados,
la que ha dado nacimiento al materialismo dialéctico” (25)
“Studium generale para todos los días de la
semana” fue, inicialmente, una conferencia que Sacristán impartió
el 8 de marzo de 1963 en la Facultad de Derecho (26) de la Universidad
de Barcelona. Según Juan-Ramón Capella (27), circularon copias
mecanografiadas y ciclostiladas de la trascripción de la intervención
en la década de los sesenta. El texto está dedicado a la “memoria
de José-Ramón Figuerol, estudiante de Derecho” (28) y acaso
fue, junto con el prólogo que escribió para su traducción
del Anti-Dühring o su conferencia de 1978 sobre “El trabajo científico
de Marx y su noción de ciencia”, uno de sus escritos más influyentes
(29).
“Studium generale”, que estaba firmado sin seudónimo
como M. Sacristán, apareció en el nº 10 de
Nous Horitzons,
durante el segundo semestre de 1967, en traducción catalana de Francesc
Vallverdú con el título “Studium generale per a tots el dies
de la setmana” (29). Se presentaba en portada como “L’especializació
vista pel Professor Sacristán”.
La temática de la conferencia tuvo su origen
en la siguiente anécdota: mientras Sacristán estaba preparando
su tesis doctoral sobre Heidegger (30), dos estudiantes de Derecho –acaso
uno de ellos el mismo Figuerol- fueron a verle y le plantearon la siguiente
duda: uno de ellos tenía pasión por la pintura y por la poesía;
el otro, por el cine, por el alpinismo y también por la poesía
Superado el primer curso de Derecho, la “desagradable aparición del
Código Civil y de los textos constitucionales en segundo curso ponía
en dificultades la aspiración de los dos estudiantes a seguir viviendo
también como amantes de la poesía, la pintura, el cine y
la montaña”.(32). Sacristán recordaba años después
que, aunque conocía muy bien el problema de aquellos estudiantes
-en definitiva, la dificultad, y necesidad a un tiempo, de armonizar tendencias
espirituales heterogéneas en la práctica-, “les di el sólido
consejo de hacer algo a fondo, de revender inmediatamente el Código
Civil y no matricularse más en Derecho, o encerrar los libros de
poesía, los pinceles, las revistas de cine y las botas de montaña,
por lo menos hasta junio” (33).
De ahí la noción de “profundizar”, de
cultivar realmente a fondo una especialidad, que presenta y defiende Sacristán
en este escrito y que concreta del modo siguiente:
1) “Profundizar” es el intento de recorrer hacia arriba
y hacia abajo el camino que revela la justificación de la especialidad
propia, “su motivada presencia en la situación de los hombres”.
2) De esta manera, el estudioso antes reacio a vivir
en su compartimento se encontrará a gusto en él, dado que
sabrá entonces que su disciplina “por abajo arranca del macizo social
básico de la vida humana y por arriba desemboca en la consciencia
del hombre social”.
3) Por ello, concluye, la profundización en
la propia materia de estudio es “seguramente una vía de enriquecimiento
personal más eficaz que el clásico recurso académico
aún hoy llamado Studium generale, la práctica de hacer seguir
al estudiante cursos de otras especialidades.
Sacristán discute a continuación las
tradicionales pretensiones de la filosofía en este conjunto de problemas.
Su reflexión se aproxima a la que más tarde plasmará
en aquel opúsculo de 1968 de influencia tan relevante y duradera:
“Sobre el lugar de la filosofía en los estudios superiores” (34)
(Dicho sea entre paréntesis, la acusación de positivismo que
a veces se le formuló –y en ocasiones se sigue formulando- está
fuera de lugar. Recordemos este paso netamente clarificador (35):
“(…) Es justo añadir que pocos especialistas
podrán serlo entonces tan tristemente como el jurista. Porque si
es triste que la consciencia de una persona no contenga más que estadísticas
genéticas sobre la mosca drosófila, todavía es más
siniestro que esa consciencia esté llena, por ejemplo, por la posición
del continguante en lo contencioso.administrativo” (36) ).
Pero Sacristán observa inmediatamente que la
limitación humana a la que quieren oponerse estos estudiantes de
Derecho tiene otras limitaciones que no son eliminables por modelos universitarios
que incorporen en mayor o menor medida los fundamentos teóricos de
la disciplina. De hecho, señala, esa mutilación se presenta
de forma mucho más aguda a los ciudadanos obreros: en este caso no
sólo no es cosa suya el cine, la poesía o el alpinismo, sino
que también les es ajeno el mismo producto de su trabajo obligado,
forzado, no deseado. Es –y la metáfora es magnífica- como si
esos estudiantes de Derecho no sólo tuvieran que renunciar a sus aficiones
sino que se vieran “arrebatar cada noche el fruto de su esfuerzo personal
obligado, es decir, lo que hubieran estudiado durante el día, de
modo que su vida no fuera más que desgaste en el vacío, constante
anticipación de la muerte”(37) .
¿Cómo superar entonces la amputación
del trabajo, la amputación del individuo en nuestras sociedades?
Sacristán argumenta que la técnica no puede cumplir por sí
sola la racionalización importante, la seria, “la socialización
de la división del trabajo, que es el primer paso para su superación”.
Cumplir esa tarea es suprimir la base de la irracionalidad actual, es decir,
la mercantilización de la vida humana y la división social
del trabajo, que en la realidad concreta de nuestro hoy no son cosas distintas:
“la división clasista del trabajo se presenta hoy, como es natural,
mediada por el mercado”.
Sería utopía, en el sentido negativo
de esta noción, es decir, deseo interesado, consciente de su carácter
onírico (38), ponerse a soñar en un desarrollo meramente personal
armonioso y/o realizarlo de forma individual. Es, además, apunta Sacristán,
una actitud que dejará mal sabor de boca a todo intelectual decente,
a todo intelectual comprometido que no desee ni esté dispuesto a
echar un velo sobre el mundo “para no verlo y poder jugar a la búsqueda
de su propia armonía”. De ahí la propuesta de estudio y de
vivir general cotidiano con la que Sacristán concluye su escrito
(39):
“Por todo eso, la única manera de ser de verdad
un intelectual y un hombre de lo que Goethe llamó la armonía,
de la existencia humana sin amputaciones sociales, es una manera militante;
consiste en luchar siempre, prácticamente, realmente, contra la actual
irracionalidad de la división del trabajo, y luego, el que aún
esté vivo, contra el nuevo punto débil que presenta entonces
esa vieja mutilación de los hombres. Y así sucesivamente, a
lo largo de una de las muchas asíntotas que parecen ser la descripción
más adecuada de la vida humana.” (40) Es curioso, a mí
me suena esto a Kant puro. El lenguaje de las asíntotas es la negación
del historicismo hegeliano…
En el número 11 de NH, tercer trimestre de 1967,
se publicó “La formación del marxismo de Gramsci” (41) en
traducción catalana de Francesc Vallverdú con el título
“La interpretació de Marx per Gramsci”. Se trata del texto corregido
de una conferencia dictada en el Ateneo de Pontevedra en 1967 que se iniciaba
con las siguientes palabras: “Hace 30 años daba Radio Barcelona la
noticia de la muerte de Antonio Gramsci…” (42).
Sacristán había presentado en 1958 la
obra del pensador y revolucionario italiano –“un clásico marxista
de los mejor leídos, de los menos embalsamados”- en la entrada “Filosofía”,
publicada en el suplemento de 1957-58 de la Enciclopedia Espasa aparecido
en 1961 (
Papeles de filosofía, op. cit., pp. 90-219) (43)
. A este trabajo habría que sumar, aparte del que estamos considerando,
la voz del Diccionario de Filosofía, editado por Dagobert Runes,
“Gramsci, Antonio“ (1969) -ahora en
Papeles de filosofía,
op. cit., pp. 414-416-, su
Antología (México: Siglo
XXI, 1970), la entrevista de 1977 para Diario de Barcelona y las páginas
iniciales de la entrevista con Jordi Guiu y Antoni. Munné para
El
Viejo Topo (44), y, claro está, el que fuera uno de sus últimos
escritos largos: “El undécimo cuaderno de Gramsci en la cárcel“,
de mayo de 1985, presentación de la traducción castellana
de Miguel Candel de Antonio Gramsci.
Introducción al estudio
de la filosofía. Barcelona: Crítica, 1985 (45). (Después
de su fallecimiento, Albert Domingo Curto ha trascrito, editado y presentado
la presentación interrumpida de su
Antología con el
título
El Orden y el Tiempo. Madrid: Trotta, 1998).
En el último de sus trabajos largos -”El undécimo
cuaderno de Gramsci en la cárcel”-, Sacristán daba el siguiente
apunte sobre los
Quaderni:
“El proceso de Gramsci, que terminó con
una condena a 20 años, 4 meses y 5 días de presidio, estaba
destinado a destruir al hombre, como redondamente lo dijo el fiscal, Michele
Isgrò "Hemos de impedir funcionar a este cerebro durante veinte años".
Por eso los Cuadernos de la cárcel no valen sólo por su contenido
(con ser éste muy valioso), ni tampoco sólo por su contenido
y por su hermosa lengua, serena y precisa: valen también como símbolos
de la resistencia de un "cerebro" excepcional a la opresión, el aislamiento
y la muerte que procuraban día tras día sus torturadores.
El mismo médico de la cárcel de Turi llegó a decir a
Gramsci, con franqueza fácilmente valerosa, que su misión como
médico fascista no era mantenerle en vida. El que en condiciones que
causaron pronto un estado patológico agudo Gramsci escribiera una
obra no sólo llamada a influir en generaciones de socialistas, sino
también, y ante todo, rica en bondades intrínsecas, es una
hazaña inverosímil, y los Cuadernos son un monumento a esa
gesta.”
El trabajo publicado en este NH de 1967 estudia el
proceso de formación del marxismo en la obra de Gramsci. Considera
Sacristán que el origen idealista y, en general, la hegemonía
de un idealismo culturalista y anticientificista en la Italia de la primera
mitad del siglo XX, daban a Gramsci muy pocas armas para sublevarse con
éxito contra la fatalidad o inevitabilidad de la ideología
en el pensamiento revolucionario. El Marx científico no será
ya para Gramsci un positivista sino un investigador que ha descubierto los
hechos básicos de los que arranca el “acto histórico” revolucionario.
Pero, entonces, ¿cómo se produce éste, qué factor
desencadena este acto histórico? La ideología, sin embargo,
prosigue Sacristán, es una solución que incomoda desde el
primer momento a Gramsci sabedor de que el marxismo es también crítica
de las ideologías, pensamiento antiideológico.
Concluye Sacristán su análisis señalando
que sería injusto, por parcial, concluir el examen de la formación
del marxismo en Gramsci anotando que su marxismo ha sido siempre problemático
al no poder decidir sino en el marco de la antítesis positivismo-ideología,
sin poder resolver la crisis entre el positivismo meramente evolucionista
de la socialdemocracia y la inconsistente, por no fundamentada, escapatoria
ideológica. Y lo sería porque Gramsci ha conseguido arrancar
al movimiento de su pensamiento conceptos tan valiosos para el marxismo
como bloque histórico o como centro de anudamiento (46); porque supondría
ignorar el desarrollo que el concepto de práctica (47) ha tenido
en la tradición por la obra de Gramsci, y, finalmente, lo sería
por desconocer la importancia de la búsqueda veraz y honda de un
problema real.
Importa también destacar aquí, aunque
sea marginalmente, una faceta importante del Sacristán escritor,
su enorme y reconocida capacidad para construir aforismos o máximas
en reflexiones centrales o secundarias que trasciende el tema puntualmente
desarrollado. Doy, a continuación, algunos ejemplos de ello:
1. “[…] problema identificado y abierto en la obra
de Gramsci, y no resuelto probablemente porque todo auténtico pensador
descubre problemas más allá de sus soluciones” (48).
2. “Con esa intervención de Lenin empieza
una difícil actuación de Gramsci que pasa por la formación
del PCI y culmina con una operación característica de ese
dramático período de la III Internacional: la eliminación
autoritaria del grupo extremista de Bordiga -inicialmente mayoritario en
el PCI- por la acción del instructor Gramsci desde Viena (1923). Las
personas viven en su época: por eso resultan cursis las presentaciones
de Gramsci con halo de novela rosa política, como un iluminado que,
en cuestiones de organización política, hubiera anticipado
en 30 años y superado incluso el XX Congreso del PCUS.” (49)
3. “Pero la veracidad y la franqueza con que Gramsci
vive su problema van teniendo, como suele ocurrir, su premio. En materia
de ideas lo estéril no suele ser la aceptación veraz de los
problemas, por espectaculares que sean los cortocircuitos mentales que produzca
ante una cuestión irresuelta la debilidad de los instrumentos intelectuales
aplicados (en el caso de Gramsci, el difuso idealismo culturalista en que
ha crecido)”. (50)
Por su parte, “Lenin y la filosofía” (51)
fue publicado en el número 21 de NH (52), cuarto trimestre de 1970,
pp. 8-14 (en portada: “Manuel Sacristán comenta Lenin i la filosofia”).
Sacristán había impartido una conferencia en la Universidad
Autónoma de Barcelona (53) el 23 de abril de 1970 con el título
“El filosofar de Lenin”, posteriormente publicada como prólogo a la
traducción castellana de V. I. Lenin,
Materialismo y empiriocriticismo,
Grijalbo, Barcelona, 1975 (54). A pesar del tono enérgico de la insistencia
y del empeño de los redactores barceloneses, este escrito largo no
fue publicado en la revista y, en su lugar, en este número 21 de
la publicación, se incluyó “Lenin y la filosofía”.
Su extensión (55), o acaso algunas de sus formulaciones fueran motivos
para esta muy discutible decisión (56) . Giaime Pala aventura una
hipótesis más arriesgada pero de mayor interés:
“Cabe suponer que la dirección rechazara el
ensayo original sobre Lenin para evitar problemas con aquellos sectores
prosoviéticos que ya habían acusado a Sacristán –en
un documento interno que circuló en muchas células- de ser
uno de los responsables del supuesto “giro revisionista” del PSUC después
del agosto praguense” (57).
“Lenin y la filosofía”, el escrito finalmente
publicado, fue un artículo escrito por encargo de
El Correo de
la UNESCO para un número especial de la revista dedicado al centenario
del nacimiento de Lenin.
El Correo -¡también!- renunció
finalmente a su publicación (58) y, en su lugar, publicó
un escrito de un autor soviético. El encargo del trabajo a Sacristán,
al que se añade otro tema de traducción, se produjo del modo
siguiente:
El 27 de enero de 1970, Francisco Fernández
Santos (59), con mucho tacto y notable principio de la realidad, había
escrito a Sacristán desde París pidiendo su colaboración
en los siguientes términos:
“Querido amigo:
El Correo de la UNESCO, de cuya edición
en español estoy encargado desde hace un mes, piensa dedicar un
número entero a la vida y la obra de Lenin, con motivo del centenario
de su nacimiento. Reunido el consejo de redacción de la revista
para examinar los posibles colaboradores, he propuesto tu nombre porque
creo que eres, en el mundo de habla española, una de las personas
más calificadas para escribir sobre Lenin (60). Si te interesa la
proposición que te hago en nombre del consejo de redacción,
te ruego que me contestes lo antes posible proponiendo a su vez sobre qué
temas leninianos podrías escribir.
Evidentemente, dado el carácter “neutral”
que la UNESCO intenta dar a sus actividades –y que es causa de buena parte
de su inoperancia frente a los grandes problemas-, se pretende que el número
sobre Lenin de
El Correo no resulte demasiado agresivo y que, de
algún modo, “ménage la chèvre et le choux” (cosa sumamente
arriesgada cuando se trata de un revolucionario tan candentemente actual
como Lenin). Quizá ciertos aspectos de la obra de Lenin irriten
menos la sensibilidad de los norteamericanos que otros.
La ventaja de publicar un artículo en El Correo
es que sale en 12 ediciones distintas, desde el ruso hasta el hindi, y es
leído por cientos de miles de lectores. En cuanto a los honorarios,
no son excesivos, pero tampoco despreciables; de cinco a siete mil pesetas.
Espero tu respuesta con lo que decides. Por mi parte,
me alegraría mucho que colaboraras en ese número”.
A mano y en nota añadía: “Me ha gustado
mucho tu entrevista de hace unos meses en Cuadernos para el Diálogo”.
Fernández Santos se refería al texto publicado en agosto-setiembre
de 1969 en la citada revista, sobre la invasión de Praga por las
tropas del pacto de Varsovia (61).
Sacristán respondía a vuelta de correo
a Fernández Santos el 5 de febrero de 1970:
“Apreciado amigo:
Te agradezco tu carta del día 27, la propuesta
que me haces en ella y tu previa iniciativa en la redacción de
El
Correo de la UNESCO. Por una inadvertencia, he perdido el sobre de tu
carta. Miraré una dirección en la revista y mandaré
esta respuesta a la dirección que allí encuentre. Espero que
te llegue.
Sí que me resultaría agradable escribir
algo sobre Lenin. Y creo que lo único de lo que podría escribir
con cierta tranquilidad tiene también la ventaja de ser lo menos
irritante para cualquiera. Yo te propondría el tema “Lenin como filósofo”.
Antes de plantear nada me interesa ver si recibes esta carta. Al acusarme
recibo, cosa que te agradecería, indícame también extensión
del trabajo y fecha de entrega.”
Fernández Santos respondía a Sacristán
el 23 de marzo señalando que Vicente Herrero le había pasado
la traducción de las citas de Lenin –un encargo de traducción
solicitado por
El Correo de la Unesco- junto con la carta
del 5 de febrero. En nota señalaba: “Después de escribir esta
carta, recibo la tuya con mucho retraso (“Conflictos laborales” en el correo
francés)”. Y añadía:
“(…) Yo me marcho por diez días fuera de París,
a Madrid y Alicante. Me hubiera alegrado poder pasear por Barcelona y charlar
un rato contigo y otros amigos. Será para otra ocasión.
Te agradezco la rapidez con que has hecho la traducción.
Yo no he podido leerla aún. Pero Herrero me ha encargado que te diga
que la encuentra excelente. En cuanto a la presentación, más
que perfecta.
Ahora espero tu artículo sobre Lenin. Cuanto
antes lo tengas, mejor. Pero sigues teniendo como plazo hasta el 8 o 10
de abril”.
El 16 de marzo de 1970, Sacristán, con destacable
ironía, respondía a esta última carta de Fernández
Santos, señalando, por una parte, la recepción de un texto
de Lenin -acaso en alemán-, cuya traducción iba a terminar
en pocos días y, por otra, comentando algunas características
de su propio artículo:
“Querido amigo:
Yo pensé por un momento, en una de mis anteriores
cartas, en decirte algo acerca de la recomendación de Javier Pradera
(62) para Ignacio Bolívar. Pero como había pasado cierto
tiempo desde mi solicitud, decidí que no debía hacerlo, para
no dar a Bolívar una sensación de acoso.
He recibido el texto de Lenin, y lo tendré
terminado el viernes 20 o incluso antes, con mucha anticipación por
lo tanto. Es un texto breve y familiar. La selección tiene cierta
gracia: parece bastante exenta de urgencias
à la mode y de
intención táctica- instrumental excesiva, salvo en la cargante
insistencia en el aprovechamiento de los intelectuales burgueses y en la
anacrónica importancia dada a la pugna con los futuristas. Pero,
de todos modos, también eso es histórico e instructivo.
Me alegra mucho la noticia de la victoria de nuestro
subdesarrollo. Pongo inmediatamente manos a la obra y espero adelantarme
un poco -aunque no podrá ser mucho, dado el poco tiempo que queda-
a la fecha tope que me indicas. Tomo nota de las características
populares que ha de tener el artículo. No me molestan en absoluto:
conforme me voy haciendo viejo voy sintiéndome capaz de prescindir
sin complejos de gran parte de los usos académicos.
Con un abrazo, y de nuevo agradecido de tu eficacia nada subdesarrollada…”
[Las dos cursivas son mías].
El 18 de marzo de 1970, dos días antes de
la fecha indicada, Sacristán escribía a Vicente Herrero,
el delegado de la UNESCO en París, adjuntándole la traducción
requerida y con curiosos comentarios de alguien que, precisamente, solía
conversar con los trabajadores de los talleres de imprenta (63):
“Estimado señor Herrero:
aquí le adjunto la traducción que me
encargaron ustedes el día 12 de marzo.
[…] También me importaría mucho que,
de serles posible, me hicieran ustedes alguna indicación acerca
de la traducción y del mecanografiado. Es la primera vez que trabajo
para ustedes, y me convendría saber lo suficiente acerca de sus
criterios y de sus costumbres de trabajo.
He reproducido las características de interés
tipográfico que presentaba el texto original (pero he completado
la indicación de cursiva -
italique- que era evidentemente irregular
en el original) y he cuidado de que cada una de mis páginas contuviera
casi exactamente la traducción de la página francesa del mismo
número, suponiendo que eso puede facilitar el trabajo de control
y acaso también el de cálculos de compaginación. Por
el principio de respetar las características tipográficas he
puesto en mayúsculas el nombre ZETKIN, cuando posiblemente sería
más adecuado dar la indicación de versalita.
Dudas como esta última serán sin duda
fáciles de eliminar para trabajos posteriores si ustedes me pueden
dar indicaciones explícitas.
Discúlpeme la molestia y acepte mis cordiales saludos.”
El 4 de mayo de 1970. S. M. Koffler, Director-Jefe
de la redacción de
El Correo de la UNESCO, escribía
a Sacristán en torno a su contribución:
“La redacción de
El Correo de la UNESCO ha leído
con mucho interés su interesantísima contribución
“Lenin y la filosofía” que ha tenido Ud, la amabilidad de preparar
especialmente para el número de
El Correo de la UNESCO dedicado
a Lenin, a la educación, la ciencia y la cultura.
Tengo el agrado de mandarle adjunto tres copias del contrato oficial
rogándole nos devuelva dos copias firmadas a fin de que la Secretaría
de la UNESCO pueda hacer los trámites necesarios para el pago.
Atentamente le saluda…”
Sacristán respondió poco después
al Sr. Koffler y a V. Herrero agradeciendo los honorarios por su artículo
sobre Lenin y por la traducción. En carta a este último, añadía:
“(…) Y también le agradezco la gestión que supongo por detrás
de una carta que he recibido con ofertas de traducción del Banco
de la UNESCO”.
En cuanto al contenido de “Lenin y la filosofía”, en coincidencia
con la expuesto en “El filosofar de Lenin” (64), Sacristán señalaba:
1. Los escritos de Lenin dedicados
a temas filosóficos o histórico-filosóficos conculcan
frecuentemente criterios de exactitud o de precisión en el uso de
los conceptos que suelen ser observados en el mundo universitario de la filosofía.
2. Lenin considera tan importante
la lucha contra el “idealismo” en el frente de la lucha de clases que no
duda en “pasar por alto las diferencias entre pensadores a menudo polémicos
entre sí”. La actitud de Lenin tiene un riesgo: despreciar las innovaciones
de léxico en filosofía puede mover a pensar como natural “un
léxico que es en realidad el de los profesores de generaciones anteriores”.
3. Eso no es obstáculo para
que Lenin haya percibido, acaso de forma no muy elaborada, que el trabajo
del empiriocriticista pueda acabar cerrando en ocasiones el paso de la investigación
real.
4. Más incluso: en su autocrítica,
Lenin se ha anticipado a sus críticos cuando, al volver sobre Hegel,
toma consciencia de haber criticado a los empiriocriticistas más
desde el punto de vista del materialismo filosófico del XVIII que desde
la perspectiva del materialismo marxista.
5. En la concepción de la
dialéctica en Lenin, juega un papel decisivo, junto a los principios
de abstracción y concreción, el principio de la práctica.
Con él, el pensamiento de Lenin vuelve a una de sus primeras convicciones:
filosofar es intervenir con una peculiar intención intelectual en
la lucha de clases. Finalizaba Sacristán su trabajo con la siguiente
reflexión:
“La peculiaridad de esa intención estriba en
que, por un lado, articula la acción según concepciones generales
y, por otra, consuma estas concepciones en la práctica misma. El
filosofar marxista se consuma conscientemente en la lucha de clases” (65)
En síntesis, una visión del leninismo
muy alejada de toda la cantinela salmódica marxista-leninista (o marxista-leninista-pensamiento
Mao Tsé-tung) tan presente en aquella época y con resultados
tan perversos para el bienestar psíquico-existencial de tantos militantes,
y no sólo en el plano teórico o en el de la comprensión
de textos, autores o situaciones, sino en aspectos más íntimos,
más vitales, más esenciales.
“Sobre el ‘marxismo ortodoxo’ de Gyorgy Lukács”
apareció en el número 23 de NH, tercer y cuarto trimestre
de 1971, páginas 6-14, en traducción de Joaquim Sempere. Fue
publicado posteriormente en
Realidad, nº 24, diciembre de 1972
(66).
Sacristán había escrito un magnífico
comentario sobre
El asalto a la razón en 1967 -y publicado
en la revista
Materiales en enero-febrero de 1977, diez años
más tarde de su elaboración- con el título: “Sobre
el uso de las nociones de razón e irracionalismo por G. Lukács”
(67). Tradujo, además, obras tan esenciales del filósofo húngaro
como
El joven Hegel,
Estética I,
Prolegómenos
a una estética marxista,
Goethe y su época,
Historia
y consciencia de clase,
El alma y las formas,
Materiales sobre
el realismo y
La novela histórica (68).
En la solapa de su traducción de la
Estética,
Sacristán había trazado la siguiente semblanza de Lukács:
“Georg Lukács nació en 1885 en el seno
de una familia hebrea ennoblecida en los últimos tiempos del imperio
austro-húngaro. Su primera orientación filosófica le
sitúa a grandes rasgos dentro de las “ciencias del espíritu”
de tradición neokantiana (Simmel, Dilthey, Max Weber). Ese horizonte
filosófico tiene su primera obra de importancia, Die Seele und die
Formen (El alma y las formas), celebrada por Max Weber.
Su adopción del marxismo -a través
del tema hegeliano, marxista y sociológico-cultural de la alienación-
está en lo esencial consumada en 1919. Ese año Lukács
es Comisario del pueblo para la educación en el régimen socialista
dirigido por Bela Kun en Hungría. Tras la sangrienta represión
del movimiento obrero centroeuropeo por el pre-fascismo alemán y
húngaro y por las tropas aliadas, Lukács vive en Austria, Alemania
y la Unión Soviética. En el detalle doctrinal su evolución
es más compleja:
Geschichte und Klassenbewusstein (
Historia
y consciencia de clase), su primera gran obra explícitamente marxista,
no le resulta luego plenamente satisfactoria.
Durante toda su estancia en la Unión Soviética
(hasta 1945), así como en las recientes vicisitudes húngaras,
Lukács -criticado por Zinoviev y en el V Congreso de la Internacional
Comunista- es una complicada figura de pensador, muy independiente y creador
y, a la vez, sumamente tradicional en su hegelianismo y en su teorización
del llamado “realismo socialista”.
Por la dimensión de su obra, especialmente
en estética y teoría del arte, Lukács es sin ninguna
duda, junto con Antonio Gramsci, uno de los dos pensadores marxistas más
considerables de entre las dos guerras mundiales.”
El texto sobre el marxismo ortodoxo de Lukács
-autor del que Sacristán propuso, y realizó parcialmente,
la edición de sus “Obras completas” (69)-, se publicó poco
después del fallecimiento del filósofo húngaro en junio
de 1971 y se elaboró en circunstancias nada fáciles para Sacristán:
dimisión de sus responsabilidades en la dirección del Partido,
aunque no de la militancia política; estudio, balance y reelaboración
de una nueva estrategia para el movimiento comunista; situación
económica nada cómoda tras haber sido expulsado de la Universidad
en 1965; laboriosos trabajos de traducción (70) y, además
y por si fuera poco, en momentos nada fáciles desde un punto de vista
de su salud personal (71): Sacristán sufrió una profunda depresión
que arrancó en 1970 y que le dificultó en gran medida trabajar
y escribir con continuidad a un ritmo fuerte, pero que no fue obstáculo
para que escribiera textos como el que aquí se comenta.
Interesa remarcar tres aspectos de este trabajo: sus
consideraciones sobre la ortodoxia marxista de Lukács, sus críticas
al estalinismo y su aproximación a algunas tesis de las
Conversaciones de Lukács, en 1966, con Holz, Kofler y Abendroth
(72).
La ortodoxia marxista del joven Lukács, señala
Sacristán, es tan enérgica como poco amiga de dogmas (73).
La ortodoxia se refiere únicamente al método y éste
es, para Lukács, la dialéctica, la comprensión del mundo
como cambio, como ámbito de la revolución. De esta consideración
del marxismo estuvo satisfecho Lukács hasta su vejez, señalando
en su prólogo de 1967 a
Historia y consciencia de clase que
esa determinación no era sólo objetivamente verdadera sino
que, además, en aquellos años en los que Lukács consideraba
probable un renacimiento del marxismo, podía tener una influencia
considerable. Efectivamente, señalaba Sacristán, lo
ocurrido en el marxismo desde el doble aldabonazo de 1968 –mayo parisino
y primavera praguense- tiene que ver, más allá de las apariencias,
más con el marxismo del “método” y de la subjetividad de Lukács
que con el “marxismo del teorema y de la objetividad de Althusser” (74)
o de los dellavolpianos. Sin embargo, comenta Sacristán críticamente,
no sería perdonable incurrir en el desprecio del conocimiento positivo,
empírico, que caracteriza el idealismo de la ortodoxia marxista del
Lukács de 1923, dado que este integraba su tesis sobre la ortodoxia,
sobre el marxismo como dialéctica revolucionaria, en la filosofía
idealista de la tradición hegeliana. Lukács partirá
de las nociones del joven Marx para recuperar su Marx revolucionario frente
al Marx
mero teorizador de los autores de la III Internacional.
Sacristán destaca el punto decisivo de la aproximación
lukacsiana: es mérito científico del joven Lukács su
insistencia en diferenciar el marxismo de la ciencia común –el marxismo
no es sólo ciencia- y, además, el autor húngaro ha
valorado más que el mismo Lenin la fuente y parte integrante del marxismo
que menos suele citarse: el movimiento obrero. Para Sacristán, el
joven Lukács es el más preparado filosóficamente “para
explicitar el carácter esencialmente práctico y de clase del
pensamiento de Marx”.
Lukács, por otra parte, criticado por su izquierdismo
por el mismo Lenin y sabedor de su fracaso como dirigente político
(75), y dada la consolidación del poder estalinista, creyó
siempre en la razón histórica de Stalin -estatalización
en un solo país, política de alianzas internacional,
conformismo científico-cultural- “pese a su enérgico antistalinismo
en materia de organización del poder socialista”. Por ello, la crisis
del estalinismo fue también su propia crisis: la energía de
su pugna contra la política cultural estalinista y zdanoviana provenían
de su convicción del acierto estalinista en los grandes temas históricos
(76). La crisis del estalinismo de Lukács, señalaba Sacristán,
“culmina en la catástrofe húngara de 1956”. Lukács,
como es sabido, fue ministro del primer gobierno Nagy y fue uno de los
pocos supervivientes conocidos de aquella trágica situación.
El artículo finaliza con unas reflexiones
sobre las
Conversaciones de 1966, texto sobre el que, como se dijo,
volverá en 1985 en su conferencia sobre el último Lukács
y que incluso le impulsó a un breve pero significativo añadido
-de agosto de 1971- a su texto sobre las nociones de racionalidad e irracionalidad
en Lukács (77).
Por otra parte, algunos de los comentarios de Sacristán
son netamente significativos de su visión de los países del
este europeo de aquellos años. Criticando el olvido por Lukács
del tema de la revolución china y discutiendo su afirmación
sobre el poco eco que el socialismo despertaba en los países capitalistas
de aquellos años, señalaba:
“[…] Donde despierta poco eco es en los países
burocráticos de la Europa oriental. En el oscuro y excesivo pesimismo
del último Lukács actúa mucho más el desprestigio
del socialismo por culpa de su deformación burocrática derechista
en el poder que la realidad del capitalismo monopolista de la segunda mitad
del siglo XX” (78).
4. Una reseña olvidada, otra criticada y una
tercera censurada.
Sacristán publicó dos reseñas
en
Nous Horitzons (79). La primera estaba dedicada a una edición
catalana de las cartas sobre El Capital de Marx y Engels realizada por la
editorial “Materials” en 1967 (80).
Sacristán iniciaba su comentario señalando
que había que “celebrar que la empresa de editar los clásicos
del marxismo continúe abriéndose tenazmente un resquicio,
por estrecho que sea, en la muralla, dos veces ya bautizada, de la censura
franquista”. Pero, en cambio, apuntaba, eran menos saludables algunos rasgos
de la manera como a menudo se hacían estas ediciones: errores de calibre
sobre la vida de Gramsci; Marx traducido del francés, sin ser el
Marx de la
Miseria de la filosofía ni de otros textos franceses,
o del inglés, sin ser los artículos de la
New York Daily
Tribune ni declaraciones ni llamamientos ingleses. Además, en
algunos de estos casos, “el mensajero entre Marx y el traductor catalán
era, para acabarlo de arreglar, además, un antimarxista más
o menos solvente y, sin ninguna duda, anticomunista más o menos frenético”.
En el caso del volumen comentado (K. Marx y F. Engels,
Cartes sobre “El Capital”, Barcelona, Edició de Materials,
1967, 335 páginas), se añadía este agravante: los editores
de la correspondencia de Marx y Engels (81) sobre El Capital se habían
beneficiado del “notable trabajo de selección y anotación del
comunista francés Gilbert Badia (82), basado a su vez en
el no menos considerable trabajo de desciframiento, selección y
edición, realizado por los
comunistas alemanes de la editorial
Dietz, una de las más antiguas editoriales
comunistas del
mundo”.
¿Por qué subrayó Sacristán
tres veces el término “comunista”? Por lo siguiente: los editores
del volumen que utilizaban por partida triple el trabajo editorial de partidos
comunistas se permitían anteponer al texto de Marx y Engels, y a
las valiosas notas de Badia, una páginas en las que se decía
que en Francia “las editoriales de filiación comunista han evitado
curiosamente la publicación de ciertas obras del joven Marx (prácticamente
todas)” y que “la edición de las obras completas de Marx-Engels en
la URSS está todavía a medio hacer”.
En tono, ciertamente enérgico, Sacristán
recordaba:
1. Las Éditions Sociales de París tenían
ya entonces excelentes ediciones de casi todos los escritos juveniles de
Marx; en especial, la edición de su principal obra juvenil los
Manuscritos
económico-filosóficos de 1844, a cargo de Bottigelli.
2. El concepto de “Obras completas” de Marx y Engels
era difícil de fijar, hasta el punto que ninguna edición hecha
por editoriales comunistas hasta la fecha se había decidido aún
a usar esta denominación (83). Sacristán recomendaba la edición
del Partido Socialista Unificado de Alemania, basada en la edición
del Comité Central del PCUS, dando incluso su ficha técnica:
Karl Marx-Friedrich Engels,
Werke [Obras], 26 tomos en 29 volúmenes
más tres volúmenes complementarios. Berlín, Editorial
Dietz. 1956 y siguientes.
3. Por lo demás, la situación de la
edición de las obras de Marx y Engels era mucho mejor que la de muchos
otros clásicos de la filosofía y de la ciencia, lo cual no
quería decir, desde luego, que fuera “necesario descansar tranquilamente
en la casa ya acabada”. Las dos principales tareas pendientes eran en su
opinión: resolver el desciframiento y el problema de la edición
de numerosos pliegos y cuadernos, sobre los que filológicamente todavía
no se había llegado a una clarificación, y proceder a una
edición diplomática de las obras, “dando como irresolubles
los problemas de interpretación que hoy todavía hay pendientes
y añadiendo los papeles en cuestión meramente en fotocopia”
(84).
La reseña sobre
Lenin, un breve ensayo
de Roger Garaudy, apareció en NH, número 17, segundo trimestre
de 1969 (85). Sacristán destacaba dos rasgos del escrito: Garaudy
no mostraba en este trabajo “el excesivo respeto académico por las
definiciones tradicionales que es frecuente en la literatura francesa, incluso
en la marxista”; y, por otra parte, la manera de construir los aspectos del
pensamiento de Lenin que Garaudy ofrecía al lector, era “muy adecuada
para las necesidades presentes”. Garaudy acentuaba la insistencia de Lenin
en la importancia del factor subjetivo en la historia y las enérgicas
tomas de posición antidogmáticas y antisectarias de diversos
textos.
En las 66 páginas del ensayo quedaba claro
que Garaudy lo había escrito con el fin de librar una batalla en
dos frentes: subrayar la importancia del factor subjetivo en el pensamiento
de Lenin le era útil contra el derechismo de tipo tradicional y mostrar
que Lenin pensaba de manera antidogmática y antisectaria le servía
contra el izquierdismo. Ambas cosas le servían, además,
contra el burocratismo y el estatalismo de la degeneración socialista,
“la cual presenta al mismo tiempo el mecanicismo y la razón de Estado
y un sectarismo hipócritamente dogmático que disfraza de teoría,
desde los tiempos de Zdanov, lo que es mera implicación del poder
o de la lucha por éste en tal o cual intriga momentánea”, subrayando
finalmente:
“No parece que la mejor manera de oponerse al derechismo
y al nuevo izquierdismo, al igual que a la degeneración del poder
socialista, sea continuar utilizando los clásicos del movimiento
socialista convirtiéndolos en instrumentos de la disputa. Parece claro
que Garaudy tiene razón en su triple polémica, pero parece
dudoso que esta razón vaya a triunfar
substancialmente con
los mismos procedimientos que ha llevado al derechismo “filológico”
de la vieja social-democracia (hecha de citas a pie de página de algunos
elementos de
El Capital), al infantilismo (hecho de citas a pie de
página del
¿Qué hacer?, etc.) y a la degeneración
burocrática revestida con todas las citas, sean de donde sean, que
vayan bien para expulsar a alguien, justificar tal ley o proclamar tal sentencia).
Es necesario de una vez dejar vivir a los clásicos. Y no se ha
de enseñar a citarlos, sino a leerlos”·.
Curiosa y sorprendentemente, este texto -como ha
mostrado convincentemente G. Pala (86) no fue bien recibido por algunos
sectores del Partido. Acaso porque llovía sobre mojado: además
de la entrevista sobre Checoslovaquia publicada en
Cuadernos para el Diálogo,
Sacristán se apuntaba a otra heterodoxia más: el marxismo interesante
no podía ser una simple copia, más o menos creativa, de ningún
libro -rojo o rosado- de citas de los clásicos. Había que
leerlos creativamente y pensar con cabeza propia a partir de ellos y con
ellos.
La tercera reseña que Sacristán escribió
para NH iba a ser publicada en el número 20 de la revista pero, finalmente,
no fue incluida (87). Llevaba por título “A propósito
de
El futuro del Partido Comunista francés” (88) y seguramente
fue escrita en la primavera de 1970. Se trata de un detallado comentario
del ensayo
L´avenir du Parti Communiste Français (89),
cuyo autor Waldeck Rochet era entonces secretario general del P.C.F. La
redacción barcelonesa de NH recibió indignada las razones “escritas
y verbales” esgrimidas por la dirección parisina para poner “en reserva”
el trabajo de Sacristán (90).
¿Cuáles fueron esas razones? Podemos
conjeturar alguna hipótesis: algunas de las críticas vertidas
al texto de Rochet, secretario del PCF, que era a su vez un decisivo apoyo
del PCE en su lucha contra el franquismo, podían dañar esta
relación. Por precaución, la dirección del PSUC pensaría
que era más sensato dejar en el archivo de “textos pendientes-siempre-pendientes”
el escrito de Sacristán, que, como se verá, hace un balance
muy ajustado, laudatorio en ocasiones, del ensayo de Rochet, señalando,
eso sí, puntos débiles o asuntos solamente apuntados en el
análisis del dirigente francés. No hay que olvidar, por otra
parte, que algunos puntos críticos al “socialismo realmente existente”
pudieron ser mal recibidos por algunos dirigentes del PSUC –también
temerosos de las reacciones de algunas bases del partido- que acaso temieron
reacción parecida en la dirección del PCF.
La respuesta parecía imponerse: o nunca o bien
cuando les fuerce la proximidad de las masas pero, en este segundo caso,
claro está, “este asunto habría perdido toda significación”.
Sacristán comenta entonces que fundar estrategias y análisis
políticos “en verdades incompletas, por auténticas que sean,
sin analizar sus consecuencias” puede tener efectos muy negativos. En efecto.
No hay duda que el excelente trabajo de organización y preparación
de la clase obrera había sido desarrollado con éxito, pero
era precisamente este trabajo, ya considerablemente adelantado, el que iba
acercando el problema del salto cualitativo: “la aparición en primer
plano de la cuestión del poder político”. De ahí la
reflexión con la que Sacristán finalizaba este primer apartado.
En el segundo apartado de este trabajo, Sacristán
analiza los capítulos dedicados al tema de la “democracia avanzada”,
categoría política muy presente en algunos partidos comunistas
de la época. Sacristán expone, en primer lugar, el programa
del P.C.F. contenido bajo el concepto de “democracia avanzada”: rotura del
poder de los monopolios; socialización de estos sectores productivos;
planificación democrática. Se trata de un programa de construcción
del socialismo por parte de una clase obrera fuerte, “que se sabe ya representante
de toda la sociedad”, que puede y debe recoger el contenido material de lo
que había sido mera ideología, tácticas publicitarias
en el capitalismo.
Señala Sacristán, en primer lugar, que
la solidez de lo dicho, de todo lo dicho, y es mucho, no evita “que queden
cosas decisivas por decir”. Una de las consecuencias silenciadas o acaso
no vistas sería la siguiente:
“(...) precisamente porque la gran burguesía
monopolista e imperialista no puede ya tolerar la realización de
los ideales político-sociales que sus antepasados formularon, precisamente
porque los reprime ya hoy -vaciando los parlamentos, eliminando el carácter
público de la toma de decisiones políticas, etc.- precisamente
por eso el renacimiento de la democracia política en el nuevo marco
de una democracia económica presupone la destrucción del poder
monopolista. La “democracia avanzada” que propone el PCF es una fecunda vía
hacia el socialismo, una versión del mejor análisis de la
experiencia staliniana hecho por los partidos comunistas. Pero no resuelve
la cuestión del cambio cualitativo del poder. Para después
de ese punto crítico del cambio será una vía de construcción
del socialismo muy superior a las conocidas (para países ya industrializados),
pues será recorrida por las masas a título propio, no constreñidas
por un poder paternal responsable de ellas. La “democracia avanzada” del
PCF es la vía de instauración del socialismo por una clase
obrera responsable de sí misma. Pero entonces es, simplemente, la
forma de la dictadura del proletariado apta para países técnicamente
adelantados”.
Resalta además Sacristán ambigüedades
en algunas afirmaciones del secretario general. Por ejemplo, cuando Rochet
sostiene que la democracia verdadera es una etapa en el camino del socialismo;
en su opinión, la democracia avanzada es una fase de la construcción
del socialismo porque “u
na edificación burocrática del
socialismo produce graves contradicciones desde el primer momento en las
sociedades adelantadas (República Socialista de Checoslovaquia, RDA,
por ejemplo) y amenaza con producirlas a la larga en sociedades que
partieron de estados históricos más atrasados (URSS)”(91)
. Rochet, pese a su clara percepción de la violencia de la reacción
de la alta burguesía frente a cambios reales de poder, no parece notar,
en opinión de Sacristán, que entre “el vaciamiento actual de
la que fue democracia burguesa y la democracia avanzada” está, inequívocamente,
la cuestión central del poder, “en el terreno de la cual no
hay “espantajos”, sino la lucha sin medida de lo que muere con lo que
nace”.
Hay, además, un cierto tacticismo en las formulaciones
de Rochet que, señala Sacristán, es “completamente inútil”
y que acaso explique el lamentable léxico que en ocasiones usa el
autor. Por ejemplo, ¿por qué llama “nacionalizaciones” el secretario
del P.C.F. a lo que debería llamar “socializaciones”? ¿”A
qué burgués le va a consolar” ese cambio terminológico?
¿Qué sentido tiene decir que el P.C.F. es el gran partido revolucionario
de Francia en el buen sentido de la palabra? ¿Cuál es entonces,
pregunta Sacristán, el mal sentido del término “revolucionario”?
Concluye Sacristán su análisis con las
siguientes palabras:
“El PCF y otros importantes partidos comunistas de
países capitalistas adelantados han dado de ellos, además
de una eficaz lucha que ha permitido convertir el socialismo militante en
un movimiento de masas, una fecunda definición, cuyo sentido no parecen
a veces apreciar del todo, del contenido de la dictadura de un proletariado
moderno, culturalmente dueño de la producción industrial contemporánea.
Por esa misma riqueza de su aportación han de esforzarse por superar
las ambigüedades que aún presenta su análisis y los asideros
que ella ofrece a un tacticismo inútil”.
5. Comprender realidad.
En la segunda de sus respuestas para el cuestionario
de la edición facsímil de
Nous Horitzons (92), Sacristán
recordaba que la redacción de la revista no pretendió nunca
elaborar teorías. Ni en lo político, como ya había
expuesto Althusser en el prólogo inolvidable al
Pour Marx
–“la literatura política se nos aparecía en aquella época
a los comunistas sólo como exposición de los clásicos
para formación de militantes o como fundamentación, comentario
y propaganda de la política del partido”- ni tampoco teoría
especulativa “porque ésta, afortunadamente, no gozaba de la simpatía
ni de los
assenyats catalanes de la redacción ni de los
no-catalanes de ella, los cuales, aunque mucho menos assenyats, éramos
gente de formación demasiado crítica, y hasta hipercrítica,
para especular” (93).
En cambio, admite Sacristán, sí que
aspiraban a elaborar y comprender, con la teoría disponible y con
sus capacidades críticas, realidad, “mucha realidad, toda la posible,
igual la básica que la más sofisticada”:
Quizá parezca ridículo a la vista de
los resultados, pero el hecho es que al menos la redacción de
Horitzons
en el interior quiso practicar desde el principio un
programa gramsciano,
un programa de
crónica crítica de la vida cotidiana
entendida como totalidad dialéctica concreta, como la cultura real.
Esto no es interpretación a posteriori: ese programa era explícito
y querido por los redactores. Y su realización, por modesta que fuera,
permitió a
Nous Horitzons algunos aciertos que no da rubor
recordar, por ejemplo, haber tratado en serio los problemas de la mujer cuando
no eran muchas las mujeres (y menos los hombres) conscientes de esa problemática”
(94) .
Aunque ése fuera el objetivo central, aunque
la revista y el partido aspiraran a ser, ante todo, instrumentos eficaces
para un programa marxista revolucionario con los pies en la tierra y la
racionalidad en el deseo, no habría que menospreciar la importancia
teórica, cultural, de las aportaciones filosóficas de Sacristán,
su aspecto formativo, aunque su alcance pudiera ser, en principio, muy minoritario
dadas las circunstancias y las posibilidades realmente existentes en aquellos
años para la difusión de una revista de un partido clandestino
fuertemente perseguido por el franquismo.
Sea como fuere, cabe señalar finalmente:
1. Sacristán no tuvo ningún reparo en
publicar trabajos de importancia filosófica no discutida en revistas
del partido, que no eran precisamente en aquellos momentos, ni acaso nunca,
publicaciones de aceptación o reconocimiento académicos.
2. Algunas de estas aportaciones teóricas
se publicaron, traducidas por Francesc Vicens o Josep Vallverdú,
por primera vez en catalán.
3. No sólo el tiempo no las ha tocado o arrinconado
sino que algunas han ganado matices enriquecedores desde su elaboración.
Por ejemplo, su “Studium generale…”
4. Nunca Sacristán escribió de forma
descuidada, reiterativa o salmódica en la revista del partido, actitud
que no era infrecuente por parte de otros colaboradores.
5. Tampoco cedió Sacristán ante el empuje
de fuerzas ortodoxas, que con buena o mala intención, deseban un
marxismo anquilosado, lleno de citas mal traídas y peor traducidas
de los clásicos de la tradición.
6. No hay nada en ninguno de estos trabajos que justifique
la acusación, reiteradamente repetida en algún período,
de un Sacristán políticamente inflexible, dogmático,
cerrado, nada abierto a los nuevos aires y a las nuevas necesidades. Sacristán
fue un enorme filósofo marxista –acaso el más grande filósofo
que ha dado el movimiento obrero hispánico- y todos los trabajos comentados
son prueba de la calidad, rigor y sensibilidad de su hacer intelectual.
También aquí, como diría un Heráclito muy del
gusto de Sacristán, hay saber riguroso, trabajado, informativo
y bien argumentado.
No era fácil. Y no sólo por razones externas.
Baste pensar en las reacciones de algunos sectores obreros del partido,
por incomprensión, ante sus críticas a la invasión de
Praga o ante su formulación de la necesidad de leer creativamente
a los clásicos.
Había que tocar realidad y había que pensar con la propia
cabeza, aun sabiendo que pensar no es siempre tarea festiva pero sí
un buen plan de trabajo para todos los días de la semana, del mes
y del año de un partido que aspiraba –y aspira- a un mundo no constreñido
por la dictadura impía del capital y de sus aliados políticos.
Notas
(*) Óscar Carpintero y José Luis Moreno Pestaña
han leído con admirable atención este escrito que acaso no
merece ni su dedicación ni su precioso tiempo. He incorporado todos
sus comentarios sin excepción; todos ellos ayudan a que este escrito
tengo menos errores. Agradecer su paciencia y su interés es mucho
menos de lo que debería hacer.
(1) Dificultades del registro en México, donde se editaba
una revista llamada “Horizontes” y donde estaba la edición y Administración
de la revista, obligaron a un cambio de cabecera.
(2) Francesc Vicens fue expulsado del partido durante la crisis
Claudín-Semprún de mediados de los sesenta, siendo separado
por ello de la dirección de la revista. Sobre este punto, puede
verse una entrevista con el propio Vicens en Salvador López Arnal
y Pere de la Fuente (eds),
Acerca de Manuel Sacristán, Destino,
Barcelona, 1996, pp. 339-363, y una larga conversación filmada con
él mismo para los documentales que, dirigidos por Xavier Juncosa,
forman “Integral Sacristán” (El Viejo Topo, Barcelona, en prensa)
y que será depositada en las bibliotecas de la UB y de la Pompeu
Fabra, fondo Sacristán.
(3) Para Francesc Vallverdú, la etapa de oro de la revista
en la clandestinidad abarcaría el período que va entre el
primer trimestre de 1967 y finales de 1971: 15 números, del 9 al
23. El director fue entonces Manuel Sacristán y del consejo de redacción
formaban parte Giulia Adinolfi, Josep Fontana, Xavier Folch, Josep Ferrer,
Josep Termes. Colaboradores habituales del exilio fueron Rafel Vidiella
y Teresa Pàmies. Véase, Juan Ramón Capella,
La práctica
de Manuel Sacristán. Una biografía política, Trotta,
Madrid, 2005, pp. 97-99.
(4) Si no ando errado, la revista, en tiempos del erial, se presentó
siempre con un director gerente “F. Detrell”, con una redacción en
la calle Patrimonio de México DF y una administración en
la calle Correggio de la misma ciudad. Pero Nous Horitzons se imprimió
en México hasta el número 3. Desde 1967 se reproduce en Catalunya,
aunque los clichés se hacían en París; a partir del
número 24 la revista se confecciona totalmente en “el interior”. Véase,
Francesc Vallverdú, “Sobre la història de NH (1960-1976)”,
Edició fascímil 1960-1961, pp. 8-9.
(5) Empero, hay sorpresas notables. Por ejemplo, en el número
3 de NH hay un artículo de “Ramón Serra” -pseudónimo
del físico investigador Oriol Bohigas, que en aquellos años
trabajaba en el CNRS-, excelente en mi opinión: “Els científics
i la guerra atòmica: un problema de responsabilitat moral” (NH 3,
1963, pp. 20-22). Debo a Francesc Vicens, y al propio Oriol Bohigas, la
información sobre la autoría de este trabajo.
(6) Dejamos, pues, de lado otras aportaciones más directamente
políticas en las que sin duda también hay estilo, perspectiva
y contenido filosóficos. Por ejemplo, en su breve pero sustantivo
escrito sobre el asesinato del Ché Guevara.
(7) Joaquim Sempere, “Les aportaciones filosòfiques de Nous
Horitzons”.
Nous Horitzons edició Facsímil 1960-1961,
editor Jesús Díez, “Arxiu del PSUC”, 1979, pp. 22-28.
(8) Recuérdese: Gregorio Morán,
El maestro en el
erial. Ortega y Gasset y la cultura del franquismo, Tusquets,
Barcelona 1998 (sobre Sacristán y Laye, véanse principalmente
las páginas 317-320). Para un análisis comparativo de las
publicaciones “madrileñas” y “catalanas” del Partido, véase:
Gregorio Morán,
Miseria y grandeza del Partido Comunista de España
1939-1985, Planeta, Barcelona, 1986, especialmente las páginas
365-366.
(9) Opiniones vertidas, en ocasiones, desde posiciones muy alejadas
de la tradición marxista; por ejemplo, por Jesús Mosterín
o Javier Muguerza, pero también por discípulos y amigos como
Antoni Doménech, Félix Ovejero y Francisco Fernández
Buey.
(10) Sacristán incluyó cuatro de estas aportaciones
en su selección de artículos para los “Panfletos y materiales”
publicados por Icaria. Dejó fuera dos reseñas e, incomprensiblemente
para mí, “Tres notas sobre la alianza impía”. Acaso la posible
pérdida del original castellano sea una explicación de su
decisión.
(11) Como se apuntó en nota 14, Sacristán publicó
en Icaria, a partir de 1983, una amplia selección de sus trabajos
políticos, filosóficos y de crítica literaria con el
título general, por él mismo seleccionado, de “Panfletos y
materiales”. En la “Nota previa” del primer volumen (
Sobre Marx y marxismo,
Icaria, Barcelona, 1983, pp. 7-8) puede verse una definición de ambas
categorías.
(12) Sobre Scholz, véase la necrológica que Sacristán
escribió poco después del fallecimiento del maestro alemán:
“Lógica formal y filosofía en la obra de H. Scholz”,
Papeles
de filosofía, Icaria, Barcelona, 1984, pp. 56-89. Sobre este
gran lógico-filósofo-teólogo alemán comentó
Sacristán en una conferencia de 1979: ”(…) entre los que cuento a
uno de los pocos que considero que han sido maestros míos, que me han
enseñado algo, Scholz…” (Manuel Sacristán,
Seis conferencias,
El Viejo Topo, Barcelona, 2005, p. 56).
(13) Sobre este período véase el testimonio de Vicente
Romano en S. López Arnal y Pere de la Fuente (eds), Acerca de Manuel
Sacristán, op. cit, pp. 324-338. Igualmente, las declaraciones de
S. Carrillo, Casari y el propio Romano para los documentales “Integral Sacristán”,
dirigidos por Xavier Juncosa, con guión del propio Juncosa y de
Joan Benach y S. López Arnal.
(14) Este es, como es sabido, el artículo que provocó
la detención provisional de Gabriel Ferrater y los malentendidos
posteriores, Está por hacer todavía una aproximación
rigurosa a lo sucedido: tanto al, en mi opinión, admirable e infrecuente
comportamiento de Sacristán, ya entonces responsable político
del PSUC, como a los comentarios y valoraciones posteriores, especialmente
las opiniones vertidas por Joan Ferraté, hermano del poeta, después
de la muerte de Sacristán. Declaraciones del propio Sacristán
sobre este tema están recogidas en Josep-Miquel Servià, Gabriel
Ferrater, reportatge en el record, Pòrtic, Barcelona, 1978, pp. 45-50.
En “Integral Sacristán”, pueden verse las interesantes declaraciones
de varias personas entrevistadas; entre ellas, las de Miguel Núñez,
contacto con la dirección y responsable político de Sacristán
en aquellos años cincuenta.
(15) Esta anunciada la próxima edición de este trabajo,
y de “Tres notas sobre la alianza impía”, en Manuel Sacristán,
Sobre dialéctica, Montesinos, Barcelona 2006 (prólogo
de Miguel Candel, epílogo de Félix Ovejero, nota final de
Manuel Monleón Pradas; edición de Salvador López Arnal).
(16) Antoni Doménech: “El marxismo político de Manuel
Sacristán”, en “Del pensar, del hacer, del vivir”, libo anexo a
“Integral Sacristán”, op. cit.
(17) Si no ando muy equivocado el texto en cuestión fue reeditado
clandestinamente, sin apenas modificaciones, por el comité ejecutivo
del PSUC en 1972, y no ha sido publicado hasta la fecha de forma menos arriesgada.
En mi opinión, sin olvidar la existencia de algunas referencias
a temas y discusiones de la época, sigue siendo una magnífica
aproximación a puntos esenciales del
Manifiesto Comunista.
Sacristán contó con las aportaciones de Pilar Fibla y Giulia
Adinolfi. Pere de la Fuente ha elaborado una versión catalana de este
texto.
(18) Reimpreso en M. Sacristán,
Papeles de filosofía,
Icaria, Barcelona, 1984, pp. 90-219. Sacristán dedicó al marxismo
las páginas 172-194 de esta edición, y se centró, fundamentalmente,
en la exposición de las aportaciones de Bernal, Gramsci y Mao.
(19) Está por hacer un estudio detallado de las aportaciones
y colaboraciones de Sacristán en esta publicación. Josep Fontana
ha hecho referencia a escritos de Sacristán que él recuerda
que fueron editados en esta revista. En el anexo 2, se presenta la editorial
que Sacristán escribió para el número 3 de esta publicación
–de noviembre de 1959- y que apareció firmada con las siglas “Q.C.C.”
(20) Miguel Manzanera incluyó en su tesis doctoral sobre
Sacristán un amplio anexo con una parte importante de estos documentos
e intervenciones orales transcritas. Véase: Miguel Manzanera, “Relación
de los textos de Manuel Sacristán en los archivos documentales”,
mientras tanto, nº 63, 1996, pp. 77-87. El historiador
Giaime Pala ha proseguido la búsqueda con resultados muy exitosos.
(21) Uno de estos papeles fue una carta que Sacristán escribió,
a petición de unos estudiantes al Ministerio de Educación
de la época, y que fue traducida al catalán por Salvador Espriu.
Véase anexo 1.
(22) Véase J-R Capella, “Aproximación a la bibliografía
de Manuel Sacristán Luzón”,
mientras tanto, nº
30-31, 1987, pp. 193-223.
(23)
Crítica, la revista clandestina de los estudiantes
del PSUC, insertó en su número de agosto de 1968 un artículo
firmado por “R. Serra”, acaso seudónimo de Sacristán (Oriol
Bohigas me ha confirmado su no autoría, más allá de
la coincidencia nominal con su “antiguo nombre de guerra”), con el título
“La significación de los movimientos estudiantiles en los países
capitalistas occidentales”. Escrito antes de las elecciones francesas del
23 de junio y 1 de julio, el trabajo sólo tiene en cuenta la
primera fase de las grandes luchas de la primavera parisina. Fue reproducido
en el número de otoño de 1968 de NH, pp. 45-48. Por tratarse
de un texto esencialmente político y haberse publicado previamente
en
Crítica no lo considero aquí. Se dan noticias de
él en el anexo 11.
(24) Del marxismo de aquellos años… y de años posteriores.
Véase, a título de no muy buen ejemplo, Alan Woods y Ted Grant,
Razón y Revolución. Filosofía marxista y ciencia
moderna. Fundación Federico Engels, Madrid 1995, especialmente las
secciones 3 ª y 4ª de la primera parte.
(25) Años más tarde, durante su estancia en México,
Sacristán impartió un seminario de posgrado sobre “Inducción
y dialéctica”, donde pueden verse detallados comentarios críticos
sobre la acepción de esta polisémica categoría en diversas
escuelas y autores marxistas. Se presenta aquí, como anexo 3, una
entrevista de 1983 con el periódico mexicano
UnomásUno
donde Sacristán da cuenta de este seminario y de otros asuntos de
aquella época.
(26) Sacristán estudió Derecho y Filosofía
en la Universidad de Barcelona. Escribió en 1963 un excelente artículo
en homenaje a Aranguren, parcialmente perdido, con el título: “De
la idealidad en el Derecho”,
Papeles de filosofía, Icaria,
Barcelona, 1984, pp. 302-317 (J-R. Capella recuerda haber leído la
parte perdida) y tradujo las obras
Fundamentos de filosofía del
derecho, de Helmut Coing;
El problema de la creación del derecho,
de Ph. Heck y
El problema del derecho natural, de Eric Wolf. Las tres
traducciones, para Ariel, fueron realizadas en 1961.
(27) Juan-Ramón Capella, “Aproximación a la bibliografía
de Manuel Sacristán Luzón”,
mientras tanto, 30-31,
1987, p. 203.
(28) Me ha sido imposible averiguar exactamente la relación
de Sacristán con este estudiante de Derecho. Acaso fuera el Juan Ramón
Figuerol al que se refiere Salvador Giner en “Su relación con los
infieles”,
El Ciervo nº 659 , febrero 2006: “(…) Fue así
cómo se realizó en el pueblo de La Garriga (Barcelona) un seminario
clandestino de dos días, en el que en el comedor de una fonda los
de una y otra facción rebelde, leímos ponencias de dos en dos,
para ser luego discutidas colectivamente. La idea era analizar la naturaleza
de tres grandes ideologías: la liberal, la socialista y la comunista.
En un espíritu de amable diálogo desgranamos uno a uno los
argumentos de cada doctrina. No guardo notas, pero puedo decir que en el
bando agnóstico estaban Luis Goytisolo, Octavio Pellissa, Nissa Torrents,
Joaquín Jordá y un servidor (entonces amigos íntimos
todos). En el otro, Alfonso Carlos Comín, Juan Ramón Figuerol,
José Antonio González Casanova, Jaume Lorés, Josep Maria
Cadena. Seguramente me dejo a alguno, pero no éramos muchos. Resultado
de aquel encuentro, muy preparado por Lorenzo [Gomis] y José María,
que nos obligaron a hacer los deberes, fue la fuerte radicalización
inmediatamente posterior de la mayoría, ansiosa de pasar a alguna
actividad contra la dictadura…”
(29) En nota se indicaba: “Resum d’una conferència introductòria
a un col.loqui celebrat a l’Aula Magna de la Facultat de Dret de Barcelona
.el dia 8 de març de 1963”, pero, de hecho, es el mismo texto que
apareció reimpreso en
Intervenciones políticas, op.
cit, pp. 30-49 . Acaso se trate de una trascripción parcial de la intervención
de Sacristán.
(30) Manuel Sacristán,
Las ideas gnoseológicas
de Heidegger, Critica, Barcelona 1996 (edición y prólogo
de Francisco Fernández Buey). La tesis de Sacristán fue inicialmente
editada por el CSIC en 1959-1960. Algunas curiosas cartas en torno a su edición
se presentan en el anexo 4. El prólogo que Fernández Buey
escribió para esta nueva edición es de lectura imprescindible.
(31) Cito por la edición más asequible: M. Sacristán,
Intervenciones políticas, op. cit, p. 30
(32) Ibídem, p. 31.
(33) Reimpreso en: M. Sacristán,
Papeles de filosofía,
op. cit, pp. 356-380. El conjunto de los textos de Sacristán sobre
temas metafilosóficos está recogido en:
Contra la filosofia
llicenciada, Casal del Mestre, Santa Coloma de Gramenet, 1991 (edición
de Pere del a Fuente). Véase igualmente, S. López Arnal y otros
(eds),
30 años después. EUB, Barcelona 1999.
(34) Manuel Sacristán,
Intervenciones políticas,
op. cit, p. 37.
(35) Una aproximación crítica a las posiciones de
Sacristán puede verse en: Pablo Huerga Melcón, “Notas para
un análisis materialista de la noción de filosofía
de Manuel Sacristán”. Creo, acaso con error, que este trabajo de
Huerga Melcón de noviembre de 2005 sigue inédito.
(36) Ibídem, p. 41. El paso es deslumbrante en mi opinión.
Despachar esta consideración por “obrerismo” es uno de los más
perversos usos de los “ismos” que conozco. No parece que haya muchos aforismos
o reflexiones que reflejen mejor la esencia de la situación de la
clase obrera en la sociedad capitalista. El fragmento recuerda, por otra
parte, un paso de
El Capital de Marx muy admirado por Sacristán:
“Todo ser humano muere 24 horas al día. Pero a ninguno se le ve cuántos
días exactamente ha muerto ya” (OME 40, 221), Un escrito de juventud
de 1950, publicado en
Laye, número 3, corrobora esta sensibilidad
de Sacristán: (37)“Comentario a un gesto intrascendente”,
Intervenciones
políticas, op. cit, pp. 11-16. Moreno Pestaña me ha recordado
la modulación heideggeriana de este texto.
(38) Sobre la noción de utopía en Sacristán,
“Heine, la consciencia vencida”,
Lecturas, Icaria, Barcelona, 1987,
pp. 177-181 y “A propósito del “eurocomunismo”,
Intervenciones
políticas, op. cit, p. 199. Empero, en una conferencia de abril
de 1985 “Sobre Lukács” (M. Sacristán,
Seis conferencias,
El Viejo Topo, Barcelona, 2005, pp. 157-194), señalaba: “Es verdad
que el sentido clásico de utopía, hasta el siglo XIX o principios
del XX, es el que dice Lukács: construir la sociedad perfecta,
perfecta en el sentido de que, como en la
Utopía de Thomas
Moro, a nadie se le vaya nunca una bofetada a su hijo, ni a su primo, ni
a su amigo, en ningún momento, ni siquiera un pequeño insulto,
ni siquiera una grosería, ni siquiera una indelicadeza, pero cuando
los jóvenes del 68 decían utopía, estaban diciendo otra
cosa seguramente y valdría la pena ser, creo yo, desde un punto
de vista de política comunista un poco más respetuoso con ese
uso del término. No es que yo lo use con gusto, yo no lo uso, yo también
soy demasiado viejo como marxista para usarlo”.
(39) Ibídem, p. 49.
(40) Curiosamente, en este número de NH se publicó
la primera parte de un artículo firmado por M. Carrasco: “Las guerres
camperoles a Catalunya (1462-1472, 1484-.1486)”. En una carta de 18 de octubre
de 1967 dirigida a López Raimundo (véase anexos de la tesis
doctoral de Miguel Manzanera), Sacristán se manifestaba en los siguientes
términos: “Una breve nota (la ocasión me coge de sorpresa
y en este momento no tengo tiempo para nada más) acerca de lo malo
del número 10 (sólo de lo malo que me parece verdaderamente
grave y digno de evitarse). Se trata de dos cosas; ante todo, el increíble
artículo de María Carrasco “Les guerres camperoles a Catalunya”.
Ni una revista de escuela elemental puede permitirse publicar una tal muestra
de incompetencia. Este artículo nos cubriría de ridículo
o de algo más, porque la cita que hace de la obra más extensa
dirigida por Vicens Vives como si fuera de autor desconocido es una metedura
de pata como para esconderse en una alcantarilla cuando uno vive en Barcelona.
Ante este artículo me parece necesario insistir en que cada cual
tiene su oficio. Se puede ser inteligentísimo y genial como poeta
y como ingeniero sin saber una palabra de historia. El otro punto que me
parece necesitado de corrección es el hecho de escribir sobre la
revolución de Octubre (en una revista trimestral y de cultura) de
un modo meramente global y sentimental y sin más finalidad que dar
un resumen brevísimo de línea política. El tema merecía
más respeto. Me disculpo de mandar sólo estos gritos y agradezco
de paso las valiosas páginas de Vidiella, que son en mi opinión
lo que da valor al número especialmente las primeras tres páginas
y media, propiamente de memorias). Junto con los gritos, afectuosos abrazos”.
Sacristán seguía explicando su posición en un informe
de 4 de diciembre de 1967: “Empiezo por lamentar el que esas líneas
fueran tan contraproducentes. Parece como si tuviera ese vicio para siempre.
Lo siento por lo que tiene de inveterada incapacidad de ser realmente útil.
Parece claro que yo presupongo una posibilidad de entenderse a medias palabras,
y que esa posibilidad no existe. Y lo siento también por la ineficacia
que he tenido para el asunto mismo. Pues, desgraciadamente, sobre el fondo
del asunto yo llevo razón, como intentaré mostrarte ahora”.
En el anexo 5 se reproduce otra critica, el comentario colectivo de la
redacción de Barcelona al número 9 de NH fechada en junio
de 1967.
(41) Se publicó simultáneamente en castellano en
Realidad,
nº 14, 1967. Ha sido reimpresa en
Sobre Marx y marxismo, op.
cit, pp. 62-84.
(42) Curiosamente, diez años más tarde Sacristán
dictó otra conferencia en la UB con ocasión del cuadragésimo
aniversario del fallecimiento de Gramsci. Se presenta el esquema de esta
intervención en anexo 6.
(43) A Gramsci dedicó Sacristán las páginas 186-192
de este trabajo. José Mª Laso ha recordado que esta entrada
de enciclopedia fue muy estudiada por los presos políticos de la cárcel
de Burgos de aquellos años.
(44) Ahora en
De la primavera de Praga al marxismo ecologista,
op. cit, pp. 81-90 y 92-95 respectivamente.
(45) Reimpresa en
Pacifismo, ecología y política alternativa.
Barcelona: Icaria 1987, pp. 184-206.
(46) Así presentaba esta noción Sacristán en la
voz “Gramsci, Antonio” que escribió para el diccionario filosófico
editado por Runes: “En la concepción marxista de Gramsci la cuestión
“¿qué es el hombre?” entendida como cuestión filosófica
no pregunta por la naturaleza biológica de la especie sino por otra
cosa que él formula del modo siguiente: “¿Qué puede
llegar a ser el hombre? Esto es, si el hombre puede dominar su propio destino,
si puede “hacerse”, si puede crearse la vida”. Piensa Gramsci que todas las
filosofías han fracasado hasta ahora en el tratamiento de esa pregunta
porque han considerado al hombre reducido a su individualidad biológica.
Pero la humanidad del individuo comporta elementos de tres tipos: primero,
el individuo mismo, su singularidad biológica; segundo, “los otros”;
tercero, “la naturaleza”. El segundo y el tercer elementos son de especial
complejidad: el individuo no entra en relación con los otros y con
la naturaleza mecánicamente, sino ”orgánicamente” (con los
otros) y “no simplemente (con la naturaleza) por ser él mismo naturaleza,
sino activamente, por medio del trabajo y de la técnica” (incluyendo
en este último concepto también los “instrumentos mentales”,
esto es, la ciencia y la filosofía)” (...) Esas relaciones..., son
activas, conscientes, es decir, corresponden a un grado mayor, o menor de
inteligencia de ellas que tiene el hombre. Por eso puede decirse que uno
se cambia a sí mismo, se modifica, en la medida misma en que cambia
y modifica todo el complejo de relaciones del cual él es el centro
de anudamiento. Con eso ultima Gramsci su reelaboración del concepto
de “naturaleza humana” de Karl Marx: “que la “naturaleza humana” es el “complejo
de las relaciones sociales” (como ha escrito Marx) es la respuesta más
satisfactoria, ya que incluye la idea de devenir... Puede también
decirse que la naturaleza del hombre es la ‘historia’.” (“Gramsci, Antonio”,
Papeles de filosofía, op. cit, p. 416).
(47) Para el concepto de práctica en la obra de Sacristán:
Introducción a la lógica y al análisis formal,.op.
cit, p. 16; “El filosofar de Lenin”,
Sobre Marx y marxismo, op. cit,
pp. 169-170, y “Entrevista con M. Sacristán”,
Pacifismo, ecologismo
y política alternativa, op. cit, pp. 120-121.
(48) M. Sacristán,
Sobre Marx y marxismo, op. cit,
p. 63.
(49) Ibídem, p. 70, nota 7.
(50) Ibídem, p. 73.
(51) Reimpreso ahora en Ibídem, pp. 176-190. Se publicó
también en castellano en
Realidad, nº 19, diciembre
de 1970. En honor del buen hacer de NH hay que señalar que la edición
de este trabajo en la revista salva algunas erratas que se produjeron años
más tarde, y en muy otras condiciones, en la edición de Icaria.
(52) Antes, en el número 17 del segundo semestre de 1969, se había
producido una fuerte discusión entre la redacción barcelonesa,
coordinada por Sacristán, y el comité francés por la
publicación de una reseña elogiosa de un libro de entrevistas
de Sergio Vilar,
Protagonistas de la España democrática.
La oposición a la dictadura, París, Ed. Sociales 1969.
Sacristán fue una de las personas entrevistadas: páginas
262-273 (Sus respuestas a un cuestionario sobre reforma de enseñanza
en páginas 682-702). Sobre este punto, véase el excelente
trabajo de Giaime Pala, “’Sobre el camarada Ricardo’. El PSUC y la dimisión
de Manuel Sacristán (1969-1970)”,
mientras tanto, nº
96, otoño 2005, pp. 47-75.
(53) Curiosamente, tres años más tarde, Sacristán
volverá a dictar otra conferencia esencial en la Autónoma
de Barcelona. Esta vez con título: “De la dialéctica”. Ahora
en: Manuel Sacristán,
Sobre dialéctica, op. cit. (en
prensa).
(54) Reimpresa en M. Sacristán,
Sobre Marx y marxismo, op.
cit, pp. 133-175. Previamente a su edición castellana se había
publicado en
Critica marxista, nº IX/1, enero-febrero de 1971.
(55) Conscientes de ello, los redactores argumentaban que la extensión
no debía ser obstáculo para su publicación sin cortes
en el nº 21 de NH dado que era, de lejos, la contribución
más importante en el centenario de Lenin.
(56) Así, las líneas iniciales del artículo: “La
insuficiencia técnica o profesional de los escritos filosóficos
de Lenin salta a la vista del lector. Para ignorarla hace falta la
premeditación del demagogo o la oscuridad del devoto”. O, líneas
más adelante, “El desprecio de la diferencia o el matiz filosóficos
es el defecto más característico del filosofar de Lenin”.
(57) G. Pala, art. cit, p. 72.
(58) No he podido averiguar los motivos de esta decisión. Sin
duda, el carácter “conflictivo” del tema es una causa en “última
instancia”; otras posibilidades: presiones políticas soviéticas,
equilibrios “nacionales” de la redacción, prudencia de los editores.
(59) Las cartas de Sacristán y Fernández Santos pueden consultarse
en Reserva de la Universidad de Barcelona, fondo Sacristán, carpeta
“Correspondencia”. Óscar Carpintero me ha llamado la atención
sobre varios pasos oscuros de mi anterior exposición en este punto.
La mejoría está en su haber, en su generoso haber.
(60) No iba desencaminado Fernández Santos. En el fondo Sacristán,
pueden consultarse diversos y detallados resúmenes comentados sobre
textos de Lenin (y no sólo sobre escritos filosóficos. Se
presentan algunos de ellos en el anexo 7.
(61) Ahora en:
De la primavera de Praga al marxismo ecologista.
Entrevistas con Manuel Sacristán Luzón, op. cit, pp.
35-61. Repárese en la interesante correspondencia cruzada entre José
María Mohedano el entonces colaborador de
Cuadernos- y Sacristán.
Véase muestras de ello en anexo 14.
(62) Parte de la correspondencia entre Javier Pradera y Sacristán
-cuando el primero era consejero editorial de Alianza- puede consultarse
en Reserva de la UB, fondo Sacristán. Es muy recomendable la entrevista
que Xavier Juncosa realizó en 2004 a Javier Pradera para su “Integral
Sacristán”.
(63) Sobre este interés artesanal, véase el escrito de Francisco
Fernández Buey para
Del pensar, del hacer, del vivir, libro
que acompaña a “Integral Sacristán” de Xavier Juncosa (op
cit).
(64) Más allá del tono de algunos pasos y, obviamente,
de la extensión, no encuentro diferencias filosóficas de relieve
entre ambos trabajos. Por ello, tal vez la redacción de NH obró
con una prudencia excesiva, no fundamentada en textos y tesis defendidas.
(65) M. Sacristán,
Sobre Marx y marxismo, op. cit,
p. 190.
(66) Reimpreso en Ibídem, pp. 232-249.
(67) Ahora en Ibídem, pp. 85-114. En la breve nota que
escribió para su edición en “Panfletos y materiales”, Sacristán
señalaba: “Esta nota fue escrita en noviembre de 1967, aunque no
se comunicó hasta enero de 1968”. Jacobo Muñoz ha indicado
que acaso este escrito fuese solicitado a Sacristán para algún
volumen colectivo sobre Lukács que no llegó finalmente a editarse.
(68) Sacristán escribió también la entrada
“Lukács, G” para el diccionario de filosofía de D. Runes,
una nota necrológica (
Sobre Marx y marxismo, op. cit, pp.
29-231), “¿Para qué sirvió el realismo de Lukács”
(
Pacifismo, ecologismo y política alternativa, op. cit, pp.
176-178) e impartió en abril de 1985 su penúltima conferencia
sobre el Lukács de las
Conversaciones (Manuel Sacristán,
Seis conferencias, op. cit, pp, 157-194).
(69) Véase, por ejemplo, la solapa que Sacristán escribió
para el volumen 8 en anexo 6, así como diversas cartas sobre la edición
de estas obras completas.
(70) Sin poder precisar fechas de inicio y de finalización
de los trabajos, en 1971 se publicaron dos de las traducciones más
laboriosas que Sacristán realizó: la
Historia del análisis
económico de Schumpeter (1.377 páginas) y la
Historia
general de las ciencias de R. Taton, cinco apretados volúmenes,
de los que Sacristán tradujo los tres primeros.
(71) Es de lectura obligada la reflexión autobiográfica
que Sacristán escribió en este difícil período:
M. Sacristán,
M. A. R. X, El Viejo Topo, Barcelona 2004 (prólogo
de Jorge Riechmann, epílogo de Enric Tello y edición
de Salvador López Arnal), pp. 57-61.
(72) Sobre este punto, veáse igualmente: M. Sacristán,
“Sobre Lukács”,
Seis conferencias, op. cit, pp. 157-194.
(73) Manuel Sacristán,
Sobre Marx y marxismo, op. cit,
p. 234.
(74) Para una opinión matizada de Sacristán sobre este
supuesto fracaso: “Sobre Lukács”,
Seis conferencias, op. cit,
pp. 160-162.
(75) Aquí apuntaba Sacristán: “Las tomas de posición
de Lukács contra Trotski (con respeto) y contra Bujárin (con
injusto desprecio incluso en lo personal) son elocuentes” [la cursiva es
mía],
Sobre Marx y marxismo, op. cit, p. 243.
(76) Ibídem, p. 114.
(77)Aquí escribía Sacristán: “(…) Lukács insiste
en la racionalidad condicional o interna a cada estructura (el sentido
de “racionalidad” en la expresión, por ejemplo “racionalidad capitalista”)
y apunta a fundamentar la idea general .no ya condicional de “racionalidad”
en la de “implicación del ejercicio del trabajo productivo” en sentido
marxista. Esta segunda indicación tiene sin duda mucha importancia”.
(78) M. Sacristán,
Sobre Marx y marxismo, op. cit,
p. 247.
(79) Tengo la duda, que no he podido resolver, si la reseña
sobre
La civilización en la encrucijada que apareció
sin firma en el número 17 de NH, pp. 54-55, junto al comentario
del Lenin de Garaudy, fue también escrita por Sacristán.
(80) No se ha podido localizar el texto original de Sacristán.
Para una versión castellana de la traducción catalana de
Francesc Vallverdú: Manuel Sacristán,
Escritos sobre El
Capital y textos afines, El Viejo Topo, Barcelona, 2004, pp. 42-46
(prólogo de Alfons Barceló y epílogo de Oscar Carpintero).
(81) Sacristán, como es sabido, coordinó el proyecto
de publicación de las obras completas de Marx y Engels (OME) en
Crítica. Había proyectado unos 20 volúmenes para la
correspondencia de Marx y Engels. Están traducidos, sin haber sido
publicados, aproximadamente, la mitad de estos volúmenes.
(82) G. Badia era hijo de inmigrantes españoles. Nació
en 1916 y murió recientemente, en noviembre de 2004.
(83) Sacristán recordaba aquí que “no otro que Gramsci
sostuvo -y la opinión es respetable- que editar borradores de Marx,
como han hecho las editoriales soviéticas, era empresa discutible
y tal vez injusta con la memoria del maestro”. Un comentario elogioso similar
lo dirigió Sacristán a consideraciones de Althusser
sobre este tema. Sobre la aproximación de Sacristán a la obra
de Althusser, puede consultarse: S. López Arnal, “Sacristán
sobre Althusser”.
Er, Revista de Filosofía, nº 34-35, 2005,
pp. 277-301.
(84) En 1983, Jordi Moners tradujo por vez primera al catalán
el gran clásico de Marx. Sacristán escribió, durante
su estancia en México, un prólogo para esta edición
de El Capital, que fue traducido al catalán por el propio Moners y
que fue nuevamente traducido, a partir de esta versión, por mí
mismo en Manuel Sacristán,
Escritos sobre El Capital (y textos
afines), op. cit, pp. 360-364. En anexo 9 se presenta el texto original
de Sacristán que puede consultarse ahora en Reserva de la UB, fondo
Sacristán, tras la donación de Juan-Ramón Capella.
(85) Puede verse en anexo 10 la versión castellana del texto
editado.
(86) Giaime Pala, “Sobre el camarada Ricardo. El PSUC y la dimisión
de Manuel Sacristán (1969-1970)”,
mientras tanto, 96, otoño
2005, pp. 72-73.
(87) Véase J-R Capella,
La práctica de Manuel Sacristán.
Una biografía política, op. cit, pp. 113-115, y Giaime
Pala, “Sobre el camarada Ricardo. El PSUC y la dimisión de Manuel
Sacristán (1969-1970)”, ed. cit, pp. 71-72.
(88) Puede consultarse en Reserva de la UB, fondo Manuel Sacristán.
(89) El ensayo fue editado por la editorial Grasset en 1969. Es posible
que fuera uno de los materiales facilitados por Joaquim Sempere, a la vuelta
de sus estudios de sociología en París.
(90) En el artículo citado, Giaime Pala da cuenta de dos
cartas decisivas sobre este asunto: Arxiu Nacional de Catalunya, fondo
PSUC, nº 609, “NH. Carta de Joan Camí a la redacción
de NH”, con fecha 15 de mayo de 1970, y “NH. Carta de la redacción
de NH a París”, fechada el 27 de julio de 1970.
(91) La cursiva es mía. Visto lo visto, el paso –escrito en
1970- es iluminador.
(92) M. Sacristán,
Intervenciones políticas,
op. cit, pp. 281-282.
(93) Ibídem, p. 282.
(94) Es clara la referencia a Giulia Adinolfi. Años después,
en una conferencia de 1983 sobre “Tradición marxista y nuevos problemas”,
señalaba: “En cualquier caso, los movimientos herederos de los clásicos,
los marxismos posteriores, son bastante mejores que los clásicos
mismos por lo que hace al problema de la mujer. Por limitarme a nuestro caso,
a este país, en España se puede decir que después de
la guerra civil la recuperación del tema de la emancipación
de la mujer fue una iniciativa no ya sólo de ambientes culturales marxistas,
sino precisamente de partidos marxistas. Creo no equivocarme, si siguiendo
a las editoras de la revista de Sociología de la Autónoma, Papers,
indico que el número 12 de
Nous Horitzons, que era la revista
teórico-cultural del P.S.U. entonces, el año 67, publicó
la primera aportación -de después de la guerra civil se entiende;
antes de la guerra civil había habido, como es natural, mucho desarrollo-
a este problema, un artículo de Giulia Adinolfi que luego reprodujeron
en Papers al hacer la historia del movimiento feminista en España
en el número 9, el año 1978” (M. Sacristán,
Seis conferencias, op. cit, p. 127). Sacristán se refiere aquí
al artículo de Adinolfi: “Por un planteamento democrático
de la lucha de las mujeres”, ahora reimpreso en
mientras tanto, nº
94, 2004, pp. 53-60.
Anexos
Anexo 1: Una carta de Sacristán al Ministerio
de Educación traducida al catalán por Salvador Espriu.
Xavier Folch, compañero de militancia en el PSUC
en los años sesenta, ha conservado un papel, traducido al catalán
por Salvador Espriu, que fue escrito por Sacristán a instancias de
unos estudiantes -entre ellos el mismo Folch- del incipiente movimiento universitario
barcelonés de finales de los cincuenta. Pretendían dar respuesta
con él a un artículo del entonces ministro franquista de Educación,
Jesús Rubio.
No he podido encontrar el original castellano del texto
que lleva por título “La enfermedad nacional”. Presento a continuación
una traducción castellana de la exquisita traducción de Salvador
Espriu del original de Sacristán que ha contado con la generosa y competente
ayuda de Carles Gil:
“Bajo el título “La buena salud universitaria”,
el ministro de Educación Nacional, don Jesús Rubio, publicó
en
La Hora un artículo en el que aseguraba que el estado de
salud de la Universidad española era malo: lo explica de la manera
siguiente: “Nuestros jóvenes universitarios, en contraste con lo que
pasa en otros países, no son suficientemente aplicados”. Después
de este diagnóstico y de su comentario (“Se precisa, por el propio
equilibrio y por el equilibrio de la colectividad a la que pertenecen, que
nuestro esfuerzo tenga una aplicación exacta...”), el núcleo
del artículo queda redondeado con una promesa (“El resto le será
otorgado por añadidura”), mezclada con una amenaza elegante: “...y
no hay error más grave que el de intentar alcanzar directamente aquello
que tan sólo por añadidura se puede conseguir”.
Nosotros, los universitarios de Barcelona, muy especialmente
afectados por la política y por las frases del señor Ministro,
creemos que esa acusación no está fundamentada. Por el contrario,
los funcionarios del Ministerio de Educación Nacional han repetido
muchas veces que jamás se había estudiado en España con
tanta aplicación como ahora. Es cierto que el testimonio de unos funcionarios
no puede convencer de nada al ciudadano español actual, pero en este
caso coincide con nuestra experiencia: muchos de nosotros hemos visitado
en estos últimos años universidades extranjeras y hemos podido
comprobar que nuestra inferioridad intelectual, respecto al estudiante europeo
de nuestra edad y de nuestra misma especialidad, no consiste en una mayor
aplicación por su parte. Por el contrario, es normal que el estudiante
español sea, por decirlo así, más “erudito” que su colega
extranjero: sabemos más cosas -datos, por ejemplo, o, títulos
de obras, o nombres de cónsules romanos-, adquiridos con una paciente
aplicación. Nuestra inferioridad proviene de otra fuente: del hecho
de no conocer casi nunca el planteamiento actual de los grandes problemas
ideológicos y científicos. Si no tenemos la suerte de encontrarnos
con un profesor ajeno a los elaboradores de cuestionarios oficiales, o si
alguna casualidad no nos ayuda a dirigir con buenas lecturas nuestro forzado
autodidactismo, somos inevitablemente, con todas nuestras montañas
de cosas con tanta aplicación aprendidas, unos rústicos provincianos
en la cultura del siglo XX, unos provincianos a los que nadie ha mostrado
donde radica la fuente, signo de estudio y de discusión, de la vida
espiritual del mundo en que vivimos.
Y cuanta más aplicación, peor. Porque -excepto
en las disciplinas técnicas (cuya esterilidad en España proviene
de otra causa: del desorden económico)- es imposible enseñar
y aprender nada auténtico en un régimen universitario desprovisto
de toda libertad científica y de todo contacto con la situación
real de la humanidad. No hay ninguna cultura que pueda florecer en el suelo
uniforme -puro carbón de piedra- de una tiranía ideológica
como la que soporta la Universidad española.
El señor Ministro tendría razón
si se limitara a decir, por una parte, que la Universidad española
está mal, y seguiría teniendo razón si, por otra parte,
ampliara su diagnóstico y dijera. “Toda la cultura española
está herida de muerte, esterilizada”. En efecto: el prestigio cultural
del país se alimenta todavía de la cultura que en él
floreció hasta la agonía de la libertad.
No es sólo la Universidad la que está enferma.
La deficiencia universitaria no es más que un síntoma de la
enfermedad que sufre toda nuestra cultura, fusilada por el “¡Muera la
inteligencia!” que el general Millán Astray disparó a Unamuno
el año 1936 en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca; un síntoma
de la enfermedad nacional que se llama “tiranía”.
Y, sin embargo, es cierto que el estudiar con aplicación
los cuestionarios ideológicamente decretados por el Régimen
puede dar algo por añadidura: puede dar unas cuantas sinecuras. Pero
lo que necesita el país en el terreno universitario no es la solución
poco digna de los problemas personales de cien estudiantes astutos, sino el
restablecimiento de la libertad científica y de cátedra. Y
esto no se consigue por añadidura, sino, empero, de una manera inversa:
con nuestra lucha política conseguiremos, con la libertad de la nación,
la libertad universitaria -por “añadidura”-. Por eso, pues, combatimos.
El razonamiento es tan obvio que no podemos creer que
el señor Ministro haya expuesto sinceramente sus razones. Y lo creemos
aún menos cuando recordamos, por ejemplo, aquel “NO-DO” destinado a
calmarnos y en el que el locutor nos aconsejaba con insistencia. “Lo esencial
es divertirse”. Decían lo mismo las octavillas puestas en circulación
por la Autoridad, en la Universidad de Barcelona, durante las acciones de
enero y febrero. El señor Ministro no es sincero cuando pide aplicación:
él sabe bien que los estudiantes del divertirse, los estudiantes de
la estudiantina y de la “Casa de Troya” son los únicos que están
a su lado.
Más allá del tema central, el artículo
del señor Ministro comenta dos cuestiones a las que nos interesa aludir
brevemente. Una es el reproche de “juvenilismo” (valga la palabra) que nos
hace. Este reproche es también injusto. Nosotros no creemos que la
juventud sea un valor moral; sólo han podido creer una cosa así
las personas de contextura cerebral más peregrina que jamás
haya existido: los fascistas, es decir, el señor Ministro y sus compañeros
de partido. Nosotros no luchamos en nombre de la juventud contra la vejez,
sino en nombre de la verdad, de la libertad, de la justicia y de la honradez
-valores tan viejos como el ser humano-, contra la mentira de la prensa dirigida,
contra la esclavitud bajo una tiranía que impone a los exámenes
universitarios la “solución” unívoca de cada tema, contra la
injusticia de la ilegalidad oficial en la que vivimos y contra la corrupción
administrativa que aumenta todavía más los sufrimientos que
causan estas tres plagas que acabamos de citar: la mentira, la esclavitud,
la injusticia.
La otra cuestión es la de la justificación
que de su violencia contra los estudiantes de Barcelona da el señor
Ministro, quien dice. “La más envilecida de todas las formas de adulación
es aquélla que se rinde a la colectividad”. Nosotros propondríamos
al señor Ministro que sustituyera la “moral” de pura emoción
“viril” que le dicta esa frase, por la moral de seres racionales atentos a
los postulados de la justicia pública. Entonces obtendría, en
lugar de la sentencia viril-glandular acabada de citar, la siguiente afirmación
ético-jurídica: “La más monstruosa de todas las formas
de dictadura es aquélla que tiraniza una colectividad mayoritaria,
constituida prácticamente por todo un pueblo”.
Recordaba Xavier Folch que Sacristán comentó
al conocer la versión catalana de su escrito que no importaba demasiado
que su papel se perdiera, que lo decisivo era conservar el texto de Espriu.
Así ha sido. No sería admisible negar la posibilidad de verificar
una vez más la excelencia literaria del autor de
La pell de brau:
“Sota el titol “La buena salud universitaria”, el ministre
d´Educació Nacional, don Jesús Rubio, publicà en
La Hora un article en el qual assegura que l´estat de salut de la Universitat
espanyola és dolent: ho explica de la següent manera: “Els nostres
joves universitaris, en contrast amb el que passa en altres països,
no tenen prou aplicació”. Després d´aquest diagnòstic
i del seu comentari (“Es precís, per al propi equilibri i per a l´equilibri
de la col.lectivitat a la qual pertanyem, que el nostre esforç tingui
una aplicació exacte...”), el nucli de l´article queda arrodonit
amb una promesa (“la resta li serà donada per afegiment”), mesclada
amb una amenaça elegant: “...i no hi ha error més greu que
el d´intentar abastar directament allò que només per
afegiment es pot aconseguir.”
Nosaltres, els universitaris de Barcelona, molt especialment
afectats per la política i per les frases del senyor Ministre, creiem
que aqueixa acusació no és fonamentada. Altrament, els funcionaris
del Ministeri d´Educació Nacional han repetit moltes vegades
que no s´havia mai estudiat a Espanya amb tanta aplicació com
ara. El testimoni d´uns funcionaris no pot convèncer de res,
és cert, el ciutadà espanyol actual, però en aquest cas
coincideix amb la nostra experiència: molts de nosaltres hem visitat
en aquests darrers anys Universitats estrangeres i hem pogut comprovar que
la nostra inferioritat intel.lectual, respecte a l´estudiant europeu
de la nostra edat i de la nostra mateixa especialitat, no consisteix en un
major aplicació per part seva. És normal, al contrari, que l´estudiant
espanyol sigui, per dir-ho així, més “erudit” que el seu col.lega
estranger: sabem més coses -dates, per exemple, o, títols d´obres,
o noms de cònsols romans-, adquirides per una pacient aplicació.
La nostra inferioritat prové d´una altra font: del fet de no
conèixer quasi mai el plantejament actual dels grans problemes ideològics
i científics. Si no tenim la sort de topar amb un professor aliè
als confeccionadors dels qüestionaris oficials, o si alguna casualitat
no ens ajuda a encarrilar amb bones lectures el nostre forçat autodidactisme,
som inevitablement, amb totes les nostres muntanyes de coses amb tanta aplicació
apreses, uns rústics provincians en la cultura del segle XX, uns provincians
als quals ningú no ha mostrat on radica el fons, signe d´estudi
i de discussió, de la vida espiritual del món en el qual vivim.
I com més aplicació, pitjor. Perquè
-excepte en les disciplines tècniques (l´ esterilitat de les
quals, a Espanya, prové d´una altra causa: del desordre econòmic)-
és impossible d´ensenyar i d´aprendre res d´autèntic
en un règim universitari desproveït de tota llibertat científica
i de tot contacte amb la situació real de la humanitat. No hi ha cap
cultura que pugui florir en el sòl uniforme -pur carbó de pedra-
d´una tirania ideològica com la que suporta la Universitat espanyola.
El senyor MInistre tindria raó si es limités
a dir, d´una banda, que la Universitat espanyola està malament.
I seguiria tenint raó si, d´altra banda, ampliés el seu
diagnòstic i digués: “Tota la cultura espanyola està
ferida de mort, esterilitzada”. En efecte: el prestigi cultural del país
s´alimenta encara de la cultura que en ell florí fins a l´agonia
de la llibertat.
No és sols la Universitat allò que està
malament de salut. La deficiència universitàrìa és
només un símptoma de la malaltia que sofreix tota la nostra
cultura, afusellada pel “¡Muera la inteligencia!” que el general Millán
Astray disparà a l´Unamuno l´any 1936 en el Paraninf de
la Universitat de Salamanca; un símptoma de la malaltia nacional que
s´anomena “tirania”.
I, tanmateix, és ben cert que l´estudiar
amb aplicació els qüestionaris ideològicament decretats
pel Règim pot donar quelcom per afegiment: pot donar unes quantes sinecures.
Però el que necessita el país en el terreny universitari no
és la solució poc digne dels problemes personals de cent estudiants
astuciosos, sinó el restabliment de la llibertat científica
i de càtedra. I això no s´aconsegueix per afegiment, sinó,
tanmateix, d´una manera inversa: amb la nostra lluita política
aconseguirem, amb la llibertat de la nació, la llibertat universitària
-”per afegiment”-. Per això, doncs, lluitem.
El roanament és tan obvi que no podem creure que
el senyor Ministre hagi exposat sincerament les seves raons. I ho creiem encara
menys quan recordem, per exemple, aquell “No-Do” destinat a calmar-nos i
en el qual el locutor ens aconsellava amb insistència: “El que és
essencial és divertir-se”. Deien el mateix les octavilles posades en
circulació per l´Autoritat, a la Universitat de Barcelona, durant
les accions de gener i de febrer. El senyor Ministre no és sincer
quan demana aplicació: ell sap prou bé que els estudiants del
divertir-se, els estudiants d´estudiantina i “Casa de la Troya”, són
els únics que estan al seu costat.
Fora ja del tema central, l´article del senyor
Ministre esmenta dues qüestions a les quals ens interessa al.ludir breument.
L´una és el retret de “jovenivolisme” (valgui la paraula) que
ens fa. Aquest reprotxe és també injust. Nosaltres no creiem
que la joventut sigui un valor moral; només han pogut creure tal cosa
les persones de contextura cerebral més peregrina que mai hagin existit:
els feixistes, és a dir, el senyor Ministre i els seus companys de
partit. Nosaltres no lluitem en nom de la joventut contra la vellesa, sinó
en nom de la veritat, de la llibertat, de la justícia i de la honradesa
-valors tan vells como l´home-, contra la mentida de la premsa dirigida,
contra l´esclavitud sota una tirania que imposa als qüestionaris
universitaris la “solució” unívoca de cada tema, contra la injusticia
de la il.legalitat oficial en la qual vivim i contra la corrupció administrativa
que augmenta encara més els sofriments que causen aqueixes altres
tres plagues que acabem d´esmentar: la mentida, l´esclavitud,
la injusticia.
L´altra qüestió és la de la
justificació que de la seva violència contra els estudiants
de Barcelona dona el senyor Ministre, el qual diu així: “La més
envilida de totes les formes de l´adulació és aquella
que hom rendeix a la col.lectivitat”. Nosaltres proposaríem al senyor
Ministre que substituís la “moral” de pura emoció “viril” que
li dicta aqueixa frase, per la moral d´éssers racionals atents
als postulats de la justícia púbica. Aleshores obtindria, enlloc
de la sentència viril-glandular acabada de citar, la següent
afirmació ètico-jurídica: “La més monstruosa
de totes les formes de dictadura és aquella que tiranitza una col.lectivitat
majoritària, constituïda pràcticamet pet tot un poble.”
Anexo 2: Editorial de Quaderns de cultura catalana,
nº 3 (revista del PSUC, noviembre 1959, firmado como “Q.C.C”).
El siguiente texto es la editorial del número
3 de
Quaderns de cultura catalana. Josep Fontana ha confirmado la
autoría de Sacristán (por lo demás, muy evidente). Obsérvese
la coincidencia de posición con escritos de la época como “Tres
notas sobre la alianza impía” y con textos posteriores enmarcables
en el ámbito de la política y la sociología de la ciencia:
“En los ambientes intelectuales conservadores y tradicionalistas,
los últimos acontecimientos de la técnica astronáutica
(Lunik II y Lunik III) han provocado las habituales jeremiadas de menosprecio
acerca de la “mecánica civilización técnica”, llantos
de raíz romántica y germánica difundidos en nuestra casa
por las traducciones de Revista de Occidente. La alegría satisfecha
de los comunistas por el éxito de la astronáutica soviética
es, para estos nostálgicos de la “naturalidad”, de la “escala humana”
del mundo medieval, rudo y bárbaro entusiasmo respecto de la “mera
acumulación” de conocimiento y conquistas técnicas materiales,
irrelevantes según ellos para el destino del hombre y para su autoconocimiento.
La intelectualidad burguesa de países que, al menos, han abandonado
culturalmente la Edad Media -sobre todo los anglosajones- consideran que este
entusiasmo natural de los comunistas es tan sólo partidismo, sentimiento
espurio de la pura actividad científica, del ethos teorético.
Los comunistas -según ellos- habrían estado menos felices si
el Lunik III se hubiera llamado “Explorer” y hubiese despegado de alguna base
yanqui.
Es verdad. Nos ha satisfecho positivamente que el Lunik
III llevara una hoz y un martillo -esto que la prensa franquista llama tímidamente
“el escudo de la Unión Soviética” y que en realidad es el símbolo
internacional de la humanidad que trabaja y avanza. Nos ha satisfecho, naturalmente,
como comunistas, pero nos ha satisfecho también como personas de profesión
científica o intelectual en general, porque el hecho que el Lunik III
llevase una hoz y un martillo -símbolo muy diferente del viejo nacionalismo
hambriento de conquistas imperiales que se esconde en acto o en potencia,
debajo de los pliegues de las otras banderas del mundo- garantiza que la
ciencia continúe siendo en el siglo XX, gracias al triunfo del marxismo
en parte del mundo, fiel a su función cultural revolucionaria y progresista.
La ciencia -nuestra ciencia europea, usando palabras agradables a todos los
oídos- nació con la voluntad y misión revolucionarias:
nació con el objetivo de liberar al hombre de la más sutil de
todas sus alienaciones, que es la alienación en sus propios productos
culturales y especialmente en la visión teológica tradicional
del mundo. No importa que Kepler o Newton tuvieran una religiosidad personal
y propia; ésta era, con sus vaguedades heterodoxas, un compromiso con
la religiosidad medieval, y constituía, por otra parte -esto es decisivo
culturalmente- una ruptura con el teologismo de la Edad Media: la religiosidad
de Newton se inserta ya a posteriori, como mítica, en la nueva visión
científica del mundo, en lugar de ser, como era la teología
medieval, estructura fundamental y apriorística de toda la cultura.
Aún dejando al lado la actitud reaccionaria de
un mundo sin ciencia, actitud con cuya consideración hemos iniciado
esta nota; aún teniendo en cuenta solamente la forma más moderna
de la cultura burguesa -la mentalidad científica presuntamente libre
de ideología y de ideales, tal como se presenta en el neopositivismo
anglosajón-, se puede afirmar que la ciencia, en el mundo burgués,
ha perdido su razón de ser humana y humanista: ser un arma en la lucha
del hombre contra la alienación de su espíritu en lo que es
desconocido, ser verdadera creadora de cultura, de mundo espiritual humano,
y no solamente de instrumental técnico. Que la ciencia vaya adelante
por obra de marxistas, por obra de humanistas, es garantía que la lamentación
romántica tradicionalista sobre la escisión entre ciencia y
hombre no tiene razón de ser. El científico marxista no hace
ciencia simplemente porque le divierte o porque tenga su modus vivendi, para
olvidarla en su vida privada y moral, como olvida la bata del laboratorio
después de sacársela. El científico marxista hace ciencia
como los clásicos: en función de un ideal revolucionario de
progreso, al servicio de un nuevo mundo humano. Por eso nos alegra que el
Lunik III haya despegado de la URSS más de lo que nos alegraría
-y nos alegraría mucho también- si hubiera despegado de los
Estados Unidos de América.”
Anexo 3: Entrevista con UnomásUno.
Esta entrevista fue realizada por Javier Molina y se
editó los días 25 y 26 de enero de 1983. Unomásuno era
un diario vinculado a la izquierda mexicana, crítica del hacer político
del P.R.I. (Partido Revolucionario Institucional).
La primera parte de la conversación apareció
con el siguiente titular: "Opina el catedrático Manuel Sacristán.
"Marx un autor "irrenunciable" como clásico de las ciencias sociales
pero "no actual" en sus detalles". Lo han desbordado las fuerzas productivas
y destructivas de hoy". La segunda parte recibió otro titular no menos
jugoso: "Critica el filósofo marxista la política nuclear de
Mitterrand. El socialismo radical no debe considerar como bien absoluto ninguna
forma de Estado: Manuel Sacristán".
Recuérdese que fue durante el curso académico
198283, cuando Sacristán impartió clases en la UNAM (Universidad
Nacional Autónoma de México). Independientemente de la existencia
de otras razones, la posibilidad de dar clases en esta universidad mexicana
probablemente estuviera relacionada con su primera visita a la UNAM y con
su intervención en el Congreso de Filosofía celebrado en Guanajuato
en 1981. Allí Sacristán presentó una comunicación
con el título "La relación entre la sociedad y la naturaleza
en la filosofía de las ciencias sociales (Un esquema de discusión)",
editada en Dialéctica y en mientras tanto, nº 10, diciembre 1981,
pp. 2334 (ha sido reimpresa en Papeles de filosofía, op. cit, pp.
453467).
“I. La vigencia del pensamiento de Carlos Marx. Es una
cuestión que se ha planteado con motivo del centenario del fallecimiento
del autor de El Capital. Manuel Sacristán, catedrático de metodología
de las ciencias sociales, de la Universidad de Barcelona, responde lo siguiente:
"A mi me parece que cuando nos ponemos frente a la obra
de Marx hoy, hay unas cuantas cosas claras. La primera es que en el plano
científico Marx es un clásico de las ciencias sociales, lo que
quiere decir un autor por un lado irrenunciable y, por otro, no actual en
todos sus detalles. Y otra cosa clara es que Marx es mucho más que
eso: es un clásico también de la secular o milenaria aspiración
de la humanidad a emanciparse de las servidumbres que ella misma se ha impuesto.
Esto que dicho así suena demasiado hegeliano, en la versión
de Marx se concreta suficientemente por medio de los análisis sociales
de clase. En los dos campos: como científico y como filósofo
de la sociedad Marx es un gran clásico que, en mi opinión, no
caducará nunca.
"Pero cuando se plantea la cuestión de continuar
hoy elaborando la clave de la inspiración marxiana (que consiste en
asentar el movimiento emancipatorio en una base científica) se plantean
problemas realmente serios. El principal de ellos, en mi opinión, se
refiere a la importancia del desarrollo de las fuerzas productivas para la
acción revolucionaria".
Manuel Sacristán sostiene que "las fuerzas productivas
y destructivas desencadenadas en la segunda mitad del siglo XX han desbordado
con amplitud lo que Marx podía imaginar. Eso pone en tela de juicio
el objetivismo del modelo de origen hegeliano en el que el desarrollo de
las fuerzas productivas juega un papel enérgicamente revolucionario,
por aquello de que todo lo real es racional. A mi me parece que éste
es hoy el punto problemático fundamental del marxismo".
Manuel Sacristán se encuentra en México
impartiendo dos seminarios en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
de la UNAM, uno para docentes y otro para la división de postgrado.
Se trata de un curso de método cuyos temas son la inducción
y la dialéctica.
"Escogí esos dos temas porque son dos capítulos
más bien despreciados o discutidos de la filosofía de la ciencia.
Discutidos hasta el punto de que hay autores que creen que son palabras vacías.
Respecto de inducción, por ejemplo, Popper sostiene no hay inducción,
que eso no existe, que es una palabra vacía, y respecto de dialéctica
lo creen también muchos autores. Como por otra parte son dos conceptos
que se usan mucho en la filosofía de las ciencias sociales, me pareció
interesante estudiar los dos, un semestre cada uno. Primero desde el punto
de vista lógico, formal, y luego desde el punto de vista de la metodología
de las ciencias sociales".
-Desde este último punto de vista, ¿qué
me diría usted de la inducción y de la dialéctica?
-Como los dos conceptos son muy discutidos es claro que
cada uno tiene su opinión.
La mía es que tanto inducción como dialéctica,
en planos muy distintos, describen operaciones cuyas reglas son muy triviales,
como partos de los montes: decepciona mucho cuando se ponen en forma de reglas;
pero, en cambio, son operaciones que se practican constantemente, igual en
el conocimiento científico que en el cotidiano, en el común,
ordinario. Por ejemplo son inductivas las generalizaciones de bajo nivel,
generalizaciones empíricas como a menudo se dice, pero probablemente
también muchas comparaciones analógicas que se encuentran en
la producción de hipótesis y, por otra parte, se puede llamar
dialécticas a muchas operaciones poco formalizables de globalización
de conocimientos, de integración de conocimientos. En este sentido
algunas técnicas exactas, matemáticas, y en especial las basadas
en la teoría general de sistemas se podrían llamar dialécticas.
Estos son asuntos de interés en ciencias sociales.
La Editorial Grijalbo ha publicado doce de 68 volúmenes
que integran las Obras completas, de Marx y Engels (OME). Manuel Sacristán
dirige la edición y traduce, para la misma, El Capital. Traduce ahora
el libro tercero (han aparecido el primero y el segundo). Nos informa que
obras completas de Marx y Engels "no hay en español todavía.
El Fondo de Cultura Económica, de México, está haciendo
una amplia edición, pero también está en curso".
En cuanto a la traducción de El Capital "intento,
dice, una traducción que sea muy fiel literariamente. Creo que Marx
fue un gran escritor, con una prosa muy enérgica que hay que intentar
respetar. De todos modos me atengo, al traducir, a dos cosas: el vocabulario
y el texto que traduzco.
Quiero decir que a mí me parece que El Capital
que hay que traducir es el editado por Engels, porque es el único que
ha sido en verdad un libro existente en el movimiento obrero y en la tradición
socialista, mientras que los intentos de recomponer El Capital con los borradores
de Marx, como hizo Rubel, desembocan en la fabricación de un libro
fantasma que nunca existió. Lo que hay que hacer es editar El Capital
que preparó Engels y, aparte, los borradores de Marx. Esa es mi opinión,
por lo menos".
II. Manuel Sacristán es autor de Las ideas gnoseológicas
de Heidegger y de Introducción a la lógica y al análisis
formal. En España está en curso la edición de cuatro
volúmenes de Escritos varios, el primero Sobre Marx y marxismo, el
segundo de Escritos filosóficos, el tercero se titula Intervenciones
políticas y el cuarto, Lecturas.
Sus terrenos, entonces, son lógica y filosofía
de la ciencia y marxismo. En México es ampliamente conocido por la
antología de Gramsci (selección, traducción y notas),
cuya sexta edición fue publicada en octubre de 1981. Ha traducido,
entre otros autores, a Lúcaks, Korsch, Adorno y Della Volpe (traduce
del alemán, francés, inglés e italiano). "He tenido que
traducir mucho (para comer), afirma, porque bajo el franquismo me expulsaron
de la Universidad y viví de eso, de traducir".
- ¿Recuerda el primer libro que tradujo?
- Sí, pues fue un libro de psicología.
Hasta que uno traduce mucho puede escoger lo que traduce, pero el segundo
ya fue más divertido, fue
El banquete, de Platón.
"Seguramente traducir es importante, pero es, por otro
lado, un trabajo muy ingrato, al menos en España; en España
el traductor es un trabajador a destajo, le pagan a tanto la hoja y si está
enfermo no gana nada, y en cuanto hay un poco de crisis las editoriales restringen
las traducciones. Es un trabajo nada bien pagado. Ahora, es evidente que la
traducción en si misma es muy importante".
- Hay algunos temas actuales que se abordan desde el
marxismo: la ecología, la crítica a una ciencia económica
y a una práctica política alejadas de la solución de
la crisis general del capitalismo...
- Soy director, en Barcelona de una revista que se llama
mientras tanto, de la que han salido doce números. La redacción
de la revista es un grupo de personas de pensamiento marxista radical, en
su mayoría procedentes del Partido Comunista y que principalmente se
proponen trabajar la integración de los nuevos problemas de la civilización
industrial en el pensamiento de tradición socialista revolucionaria.
En la práctica abordamos esa tarea en colaboración con los
pequeños partidos marxistas revolucionarios, con grupos anarquizantes,
con grupos ecologistas y antinucleares y con movimientos alternativos, como
feministas, etcétera.
- En la advertencia de la antología de Gramsci
usted se refiere a "la necesidad de pasar por encima de las clasificaciones
académicas tradicionales cuando se quiere entender el pensamiento revolucionario.
Para que haya pensamiento revolucionario, afirma, tiene que hacer ruptura
con la estructuración del pensamiento culturalmente consagrado".
- Cuando sostengo que el pensamiento revolucionario tiene
que superar la estructuración académica del conocimiento, no
es que esté por principio despreciando la estructuración académica
del pensamiento, la cual puede ser un punto de partida imprescindible (aunque
no siempre). Lo que pienso es que para ser virtualmente revolucionaria, una
cultura filosófica y política ha de rebasar, en un cierto sentido,
la estructuración del conocimiento en la academia. Y el sentido en
que hay que rebasarla consiste en una integración intelectual, en una
tendencia a hacer una síntesis, que es lo que yo considero el momento
dialéctico de todo pensamiento revolucionario, y por otra parte, la
tendencia a una integración todavía superior, que es la integración
con la práctica.
"En este punto creo que es necesario hacer una puntualización.
En realidad, todo conocimiento tiende a desembocar en una práctica,
como decían los escolásticos, el entendimiento especulativo
se hace práctica por extensión. Pero lo que ocurre es que esa
práctica puede ser puramente tecnológica o ampliamente políticosocial,
sin que las dos se excluya, naturalmente. Una característica importante,
en mi opinión, de la tradición marxista es la aspiración
a un conocimiento científico, pero también integrado dialécticamente
en una práctica social. Eso hace que todo marxismo cientificista o
teoricista me parezca bastante lejano de la inspiración más
central de Marx y de la tradición marxista".
Le preguntamos por el tema socialismo y democracia. "Yo
me siento incómodo ante el tema, tengo que reconocerlo. Por un lado
es muy claro... quiero decir, por otro es oscuro. Es muy claro que todo socialista
normal tiene que ser partidario de la democracia, mientras sea necesaria la
organización política de la vida cotidiana pero, por otra parte,
un auténtico socialista tampoco puede ser un adorador de la democracia.
La democracia es una forma de organización política, es decir
una forma de Estado, en sentido estricto, y a mí me parece que el
socialismo radical, el socialismo en serio, tiene que conservar suficiente
parentesco con el anarquismo, como para no considerar bien absoluto ninguna
forma de Estado político, de Estado en sentido estricto.
"En estos momentos de reflujo ideológico, de eclipse
de la subjetividad revolucionaria en todos los países de capitalismo
avanzado, esto que digo puede parecer una locura o una tontería, pero
a mi me parece que precisamente esa crisis ideológica está pidiendo
para su superación que nos remontemos a la fuente común de
voluntad emancipatoria de la que nacieron todos los socialismos, incluido
el anarquismo.
"Las cosas se complican todavía más si
se considera la práctica socialdemócrata en Europa. Los socialdemócratas
europeos, que a menudo se llaman abusivamente socialistas, fundan su legitimación
en una exaltación de la democracia, y hasta el momento están
contribuyendo al dictado del gobierno estadounidense al armamento nuclear
de Europa. Las posiciones del gobierno socialdemócrata francés
respecto del armamento nuclear en Europa son peores que las del difunto Franco,
dicho sea sin pelos en la lengua. No pasaré por eso a hablar de nuevo
de socialfascismo y otros conceptos aberrantes, pero se me permitirá
que no me entusiasme con el democratismo de los socialdemócratas europeos,
incluidos los de España".
Anexo 4: La edición de la tesis doctoral de Sacristán.
La tesis doctoral de Sacristán fue publicada inicialmente por el
Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto “Luis Vives”
de Filosofía, delegación de Barcelona, “en 1959” -realmente,
1960-, al precio de 115 pesetas. La publicación llevaba la siguiente
información sobre el autor: “Nació en Madrid en 1925. Cursó
los estudios de la licenciatura en Filosofía y Letras, sección
de Filosofía, en la Universidad de Barcelona. Terminados éstos,
estudió de 1954 a 1956 en el “Institut für mathematische Logik
und Grundlagenforschung” de la Universidad de Münster-Westfalia. Desde
1956 actúa en la Universidad de Barcelona como ayudante de clases
prácticas en la sección de Filosofía y como Profesor
adjunto, encargado de la enseñanza de Fundamentos de Filosofía
en la facultad de Ciencias Políticas y Empresariales. Consiguió
el grado de doctor en filosofía en 1958, con la máxima calificación.
Ha publicado sobre temas lógicos y gnoseológicos en revistas
de la especialidad”. “Actúa” no es ninguna errata que se me
pueda atribuir.
Fue para la redacción de esta tesis cuando Sacristán
suspendió provisionalmente su militancia en el Partido (la segunda
vez fue cuando redactó Introducción a la lógica y al
análisis formal), presentando las motivaciones centrales de su estudio
en los siguientes términos (Las ideas gnoseológicas de Heidegger.,
op. cit, p. 24)
“Los grandes filósofos antirracionalistas del siglo XX, tanto Bergson
como Jaspers o Heidegger, enseñan además una doctrina más
o menos coherente sobre el conocimiento, sobre la verdad, el pensamiento verdadero,
la razón, la abstracción, la lógica, etc. Cuando no
plenas teorías, sí es dable encontrar en ellos abundantes ideas
gnoseológicas. El presente estudio tiene su principal motivo en la
creencia de que la ocupación con las ideas gnoseológicas del
pensamiento antirracionalista es el primer deber de la razón en su
consideración de esa filosofía; y tiene como objeto el estudio
de las ideas gnoseológicas del filósofo más importante
desde un punto de vista cultural, y acaso también más “profundo”
del antirracionalismo contemporáneo: Martin Heidegger. Su motivo y
su objeto permitirían acaso cifrar la tarea de este estudio en la contestación
a la siguiente pregunta:¿qué puede aprender el pensamiento
racional de las ideas gnoseológicas de Heidegger?”
En una carta de 1959 dirigida al “Excmo. Sr. Jefe de
la Oficina de Publicaciones”, Laureano López Rodó, entonces
miembro del patronato de Letras del CSIC, se manifiesta en los siguientes
y curiosos términos sobre la publicación de la tesis:
“Excmo Señor:
En la reunión de esta Comisión Permanente
del 9 del actual, se acordó adjudicar los trabajos de edición
de la obra
Las ideas gnológicas de Heidegger, por Don Manuel
Sacristán Luzón, a la imprenta Gráficas Marina, S.A.
de Barcelona, por un importe de 28.425 ptas que se abonarán con cargo
a los fondos de la delegación de Barcelona del Instituto “Luis Vives”,
y elevar este acuerdo a la superioridad.
Lo que comunico a V. E. para su conocimiento y demás
efectos.
Dios guarde a V. E. muchos años. Madrid, 27 de
julio de 1959.
El secretario de la comisión permanente.
Firmado: Laureano López Rodó”.
El adjetivo “gnológicas” hizo fortuna porque en
dos cartas o comunicados más sobre la edición de Ideas se vuelve
a hacer referencia a las ideas gno-lógicas de Heidegger. Probablemente
todo ello fuera fruto de una lectura en profundidad de la tesis y de la aceptación
no-lógica de algunas posiciones heideggerianas.
Años más tarde, el 21 de julio de 1967,
el profesor Orlando Pugliese escribió una carta a Sacristán
expresándose en los siguientes y elogiosos términos:
“Señor profesor Dr Manuel Sacristán
Distinguido colega:
De entre sus trabajos había conocido casi accidentalmente
en Alemania el excelente libro sobre Heidegger y la interesantísima
introducción a Heine, cuando en cierta ocasión, estando en Hamburgo,
al hablar de aquel libro como tal vez la mejor obra en español sobre
Heidegger, Carmen Díaz (hoy señora Fenner), me contó
que usted había sido su profesor en Barcelona.
Desgraciadamente son los contactos entre Alemania y nuestros
países (yo soy argentino, pero vivo desde hace muchos años en
Europa y regresaré a Buenos Aires probablemente en marzo) no siempre
desprovistos de prejuicios y, en lo que se refiere a Alemania, de ciertos
aires de autosuficiencia no siempre justificables. De lo contrario, hubiese
debido aparecer su obra ya tempranamente en las bibliografías de uso
corriente aquí desde hace años.
Me permito enviarle, por correo separado, un ejemplar
de mi propio “opus” sobre Heidegger, aunque se trate de un trabajo en parte
un tanto convencional que debería reconsiderar hoy al hilo de otros
intereses y sobre todo de otros planteamientos. Pero aún así,
acaso pueda ser de su interés. (Le ruego, sí, dispense las pequeñas
manchas de tinta en el borde). Sus señas me fueron comunicadas por
una carta de la señora Carmen que recibí hoy.
Deseándole mucho éxito en su trabajo, le
ruego acepte los saludos cordiales...”.
Todos estos materiales pueden consultarse en Reserva
de la Universidad de Barcelona, fondo Sacristán.
Anexo 5: Sobre el número 9 de Nous Horitzons.
La redacción de Barcelona formuló una crítica colectiva
al número 9 de NH, fechada en junio de 1967, que puede consultarse
en Reserva de la UB. Dirigida a la dirección del PSUC, llevaba la siguiente
advertencia: “Los comentarios están hechos rápidamente y sería
necesario argumentar más: perdonad que no lo hayamos hecho esta vez,
pero nos ha parecido que os sería útil recibiéndolos
ahora. Insisto en el punto de que estas notas han sido elaboradas por acuerdo
unánime de los seis miembros de la redacción barcelonesa”.
Conjeturo que el autor de la redacción final de la crítica
fue Sacristán. He traducido del catalán:
“Nota: El número del margen izquierdo indica la
página del trabajo.
3 [“Inutilidad de un referéndum”]. Nos ha parecido
pobre de argumentación. Tenía que ser más profundo
4 [“Nuevos elementos en la lucha de la clase obrera”]
Correcto
7 [“La enseñanza del catalán”] Hecho muy
rápidamente. Poco riguroso. Título desafortunado. Era necesario
decir “la enseñanza en catalán” (no solamente del catalán).
9 [“La Universidad en primera línea”] Acierto
en poner este trabajo aquí. Lástima que no se haya vigilado
la ordenación: el texto del Dr. Rubió [“Carta al Doctor Rubió”,
p. 10] tenía que abrir la sección y de manera más destacada
29 [ “Lenin y la cuestión nacional”] Más
que la reproducción de un fragmento de la biografía de Lenin
nos hubiera interesado una reseña larga del libro.
33 [“El verdadero problema no son los inmigrantes”, R.
Vidiella] Es una nota más apropiada para un lingüista que para
un combatiente. Renovamos la petición hecha en otras ocasiones: es
necesario convencer al compañero Vidiella para que escriba sus memorias.
¡Todos sus escritos sobre hechos vividos por él son enormemente
bien acogidos! Repetidle el encargo, por favor.
37 [“La emocionante ayuda de los pueblos soviéticos
al Vietnam”, Emili Vilaseca] Propagandísticamente es muy flojo, ineficaz.
Cuando sea necesario criticar la desviación de Mao y de su grupo, no
recurráis más a la prensa occidental.
46 [“El PSU y la guerra nacional revolucionaria, 1936-1939”;
Josep Moix] Demasiado general y sabido. En cambio, es necesario que el camarada
Moix (como hemos pedido al camarada Vidiella) diese cuenta de hechos de su
experiencia sindical (Sabadell, etc). Esto es muy importante.
53 [“El ciclo de Teatro Latino”, Hernani] Es decente,
periodísticamente muy atractivo.
59 [“En el centenario del Maestro Millet”, T. P. Beltran]
Interesante como experiencia vivida.
62 [“Homenaje de Barcelona a Picasso”, Un estudiante]
Un ejemplo de lo que sería necesario NO repetir. En primer lugar: una
autocrítica nuestra por no haber hecho la nota. Ahora todos estos sucesos
vendrán reseñados por nosotros. Una recomendación: cuando
recibáis una nota de un francotirador llena de anomalías como
esta haced el favor de no incluirla. Nosotros con tiempo ya os anunciaremos
los temas y hechos que trataremos en cada número.
63 [“Paris, por los 85 años de Picasso”, R. Güell]
No es un artículo para NH; el tono es muy flojo.
65 [“Un buen ejemplo”] Es una versión de política
cultural populista, no marxista. De todas maneras, aporta elementos interesantes.
Creemos que la presentación tendría que
haber sido crítica (no paternalista), situando correctamente al lector
enfrente del documento.
70 [“Algunas buenas cosas del Sant Jordi”] Nos parece
una nota desafortunada: una reseña de los premios de Santa Llúcia
tiene que ser más ajustada.
79. Felicidades por la iniciativa.
¡Que se repita!”.
Acaso este último apartado se refiere a la p.
76 –“Declaración de seis partidos de izquierda” o p. 77 –“Declaración
de un grupo de sacerdotes y religiosos”.
Anexo 6: Esquema de un conferencia sobre Gramsci.
El 4 de mayo de 1977, en un ciclo de conferencias organizado
por un comité de estudiantes con motivo del 40º aniversario de
la muerte de Antonio Gramsci, Sacristán impartió una conferencia
en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Barcelona.
El siguiente esquema, con fichas anexas, es el guión de su intervención
(Con ocasión de estas jornadas, fue entrevistado por Félix Manito
y Miquel Subirana para Diario de Barcelona (10 de mayo de 1977). La conversación
se publicó con el título “Gramsci es un clásico, no
es una moda”. Puede verse ahora en: De la primavera de Praga al marxismo
ecologista, op. cit, pp. 81-90).
Sobre su vivencia de Gramsci, cabe recordar este paso de una entrevista
de 1979, realizada por Jordi Guiu y A. Munné para El viejo Topo, que
no llegó a editarse en su momento:
“[…] Supongo que no me equivoco en los factores que saltan
a la vista. Por ejemplo: igual tanto la inhibición general de escribir
como el cambio de temas tiene que ver con alguna pérdida de convicción
sobre los esquemas clásicos del pensamiento político-cultural
del movimiento obrero mayoritario (por lo menos en Europa Occidental). También
sin necesidad de introspección, porque salta a la vista, recuerdo otro
motivo de inhibición: el estudio de Gramsci en otras épocas,
no ahora [1979]. Desgraciadamente tengo siempre la mala pata de estar siempre
contra las modas. Cuando se pone de moda yo ya no estoy con el estudio de
Gramsci. Pero en las años finales de los cincuenta y, sobre todo, en
lo sesenta, he estudiado mucho a Gramsci, y estoy seguro de que uno de los
factores de mi inhibición de escribir, de intervención política
y cultural o político-cultural, ha sido la evidencia final para mí
que Gramsci supo que todo era una derrota, que el proceso histórico-político
en el que el había intervenido como protagonista se saldaba con una
derrota total. Creo que su muerte, su larga enfermedad, su evidente neurosis
y sus infinitas manías, sus auténticas manías persecutorias,
por ejemplo, de las que hay pruebas fehacientes, son fruto de una enorme
depresión. Creo que Gramsci ha muerto de depresión, de muerte
psíquica, de catástrofe.
Eso tiene que contar mucho entre los factores de mi inhibición.
A mí me parece que la historia de Gramsci es la historia de una catástrofe.
Por eso, entre otras cosas, no me puedo poner ahora a cultivar la moda Gramsci.
¿Cómo va a haber esperanza de nada en la historia de una catástrofe?
Uno puede tenerle mucho amor a Gramsci -yo se lo tengo, desde luego-, es un
figura muy digna de amor, pero no porque sea una perspectiva de éxito
del movimiento obrero, sino que, como cualquier mártir, es digno de
amor.
Y, por último, hay un tercer factor de inhibición
clarísimo. Así como llegué a la convicción de
que la historia de Gramsci, por tanto, la historia de la III Internacional
y, por lo tanto también y por anticipación, la posible historia
del comunismo gramsciano, son historias catastróficas, tragedias,
así también llegué a la convicción inhibitoria
que la figura del intelectual y su papel es algo deleznable [...]
Otro factor fue la pérdida de fe en el esquema
político del momento en el movimiento obrero, particularmente en el
movimiento comunista de los años 64, 65, 66, 67 y también 68
(el 68 fue la traca final claro). Luego, la generalización de eso:
ver que tenía que perder la fe no sólo en la coyuntura política
del partido comunista, sino en toda la tradición de la III Internacional
e, incluso, en la variante gramsciana”.
El esquema de la conferencia de 1977 es el siguiente:
1.1 Lo que me apetece hacer es una conmemoración
de Gramsci, que Gramsci no sea pantalla en este aniversario de su muerte.
Lo merece
1.1.1. Barcelona es sitio adecuado para la conmemoración.
1.1.1.1. Radio Barcelona
1.1.1.2. Cesare Colombo
1.2. Muchos recuerdos funerarios, ciertamente. No desconectados
del tema. La inclinación a la elegía no es extraña en
el caso de Gramsci.
1.2.1. Infancia
1.2.2. Sufrimiento en la cárcel: visto por el
mismo Gramsci
2.1. Selección de un hilo continuo para reflexionar
“conmemorativamente”, esto es, de un modo breve, pero globalizador
2.1.1. Y por consejo de Gramsci mismo
2.2. Varios hilos continuos importantes:
2.2.1. La práctica y la teoría
2.2.2. Los intelectuales
2.2.3. La organización de la clase obrera
2.2.3.1. Consejos
2.2.3.2. Partido político
2.2.4. El análisis de la cultura.
2.3. Mostrar el enlace entre ellos.
2.4. Y como otro hilo los resume todos: el orden y el
tiempo. O el orden, el tiempo y la revolución en occidente.
2.4.1. Lo tomo también porque permite considerar
el pensamiento político de Gramsci (y parte de su práctica)
muy vinculado hacia su filosofía básica, por un lado, y hacia
su vida, por otro.
2.4.1.1. Lástima grande que Gramsci no haya escrito
su “Poesía y verdad”
2.4.2.2. Paggi (1967) y Gerratana (1975) sobre este punto:
filosofía o teoría y política.
2.4.2.3. El mismo Gramsci lo ha dicho
2.4.2.3.1. El filósofo y el político
2.4.2.3.2. Insinuación.
3.1. El concepto gramsciano de revolución es instauración
de un orden nuevo.
3.1.1. Recurrencia de la expresión, nombre de
periódico y de revista.
3.1.2. “Tre principi, tre ordini"1
3.1.2.1 Situación del artículo:11/2/1917.
LCF.
3.1.2.2. Planteamiento (págs.17/18) [No
leer]
3.1.2.3. Dos órdenes capitalistas (págs.
19/20) [No leer]
3.1.2.4. Situación en Italia (pág. 22)
[No leer]
3.1.2.5. El orden y el tiempo (pág. 22 ) [leer:
los reformistas]
3.2. Teniendo presente la formación filosófica
de Gramsci, se puede pensar que ella sea la causa de esa importancia de la
idea de orden.
3.2.1. Porque se ha formado en un
3.2.1.1. Idealismo historicista (Croce)
3.2.1.2. Con punta luego biologista-organicista (Bergson)2
3.3. De todos modos, más explicativa es la fase
político-social durante la cual la cual ha cristalizado el pensamiento
revolucionario de Gramsci.
3.3.1. Con implicación personal: los sufrimientos
de infancia y juventud.
3.4. El mundo capitalista es así vivido
como un imperio del mal describible como caos, desorden.
3.4.1. La guerra del 1914 para acabarlo de arreglar
3.4.1.1 El 13 o el 14 ingresó en el PSI.
3.5. El socialismo es el orden en sí: págs.
22/23 [leer]
4.1. Está claro que detrás de las concepciones
del joven Gramsci no hay en primer plano filosofía de la tradición
marxista de la II Internacional.
4.1.1. Sino incluso idealismo, que es como interpreta
a Marx.
4.1.2. Lo que le va a ahorrar siempre estropearse con
el Diamat futuro (Lubomir Sochor)
4.1.3. El Gramsci pantalla ha protagonizado discusiones
sobre esto de su formación. Paggi despojó la redacción
cultural del GP.
4.2. En ese mismo artículo Paggi ha visto en la
contradicción inicial de Gramsci una razón de la importancia
de la resolución política de su pensamiento.
4.2.1. Por lo demás, el mismo Gramsci lo había
visto: las “incrustaciones positivistas” en Marx.
5.1. Entre la evidencia del caos, la revolución
de Octubre (contra el canon histórico del Capital) y, tal vez, la juventud,
el concepto organicista de orden, con su expansiva totalidad, y el bergsoniano
o idealista de tiempo se imponen en su concepto de revolución.
5.1.1. Los consejos: son la concreción del orden
nuevo en el seno del viejo orden relativo o absoluto desorden capitalista,
y la simultaneidad de dos tiempos.
5.2. En aquel momento el marxismo, el Histamat, es conservador:
Serrati
5.3. Consiguientemente, Gramsci se reafirma en su idealismo;
5.3.1. La revolución contra el Capital3
5.3.2. La historia.
5.3.3. En ese cuadro, nada de “número del movimiento”,
sino duración instantánea distinguida de otra por su cualidad.
6.1. Contraste con unos años más adelante,
ya en la cárcel.
6.1.1. El factor tiempo
6.1.2. Previsión de tiempos largos, constituyente,
etc.
6.1.2.1. Aunque no es nunca “vía parlamentaria'
6.2. El sentido autocrítico es indudable. Autocrítica,
sin embargo, la había habido antes de la cárcel y de la victoria
del fascismo, ya desde su época de Viena (1924).
6.2.1. Sobre el partido (la coacción) y los consejos
(el orden),
6.3. Pero ahora el juicio autocrítico es algo
más general, un tono, además de un pensamiento teórico,
y engloba a la vez la vida personal
6.3.1. Final, incluso, del optimismo de la voluntad:
pág.339. Leer “Poesía y verdad”.
6.3.1.1. Aunque no el político.
6.3.2. Mientras que en la autocrítica de Viena
había escrito “Contra el pesimismo'”
6.3.2.1. Artículo que, por cierto, impide tomar
a Gramsci como pantalla para la renuncia a la III Internacional.
6.4. La declaración más categórica
sobre el tiempo es autobiográfica y es filosófica a la vez:
Págs. 341/342 [leer]
6.5. Ese es el fondo biográfico sobre el que entender
al Gramsci maduro.
7.1. Este último Gramsci es ante todo, como generalmente
se admite, un analista de la derrota de la revolución proletaria en
Occidente, y teorizador de su recuperación.
7.1.1. Autocrítica y crítica retrospectiva
sobre Occidente. Aunque quizá:
7.1.2. Desesperación con el VI Congreso (1928)
7.2. Base que encuentra en el análisis: la complejidad
del orden social de Occidente, con su consolidación de estratos históricos
(-> Tiempo).
7.2.1. Éste es el punto de arranque de la reordenación
de su pensamiento.
7.3. Guerra de movimiento y guerra de posiciones4.
7.3.1. Cómo vivieron sus camaradas la idea de
Gramsci. Testimonio de GarugIieri
7.3.2. Estudio de un paso clásico
7.3.3. No ignorar precedentes [¿saltar?]
7.3.3.1. Trotski
7.3.2. Lenin
7.3.3.2.1. En general
7.3.3.2.2. Incluso la comparación militar
7.4. La hegemonía, campo clave de la guerra de
posiciones:
7.4.1. Comparar con los precedentes, Lukács-Korsch:
[¿saltar?]
7.5. Peculiar de Gramsci es el hacer de eso una estrategia
completa
7.5.1. Con aspecto también ofensivo (y justificador
de Stalin): pág. 292 [No leer]
7.5.2. Muy general: los órdenes y los tiempos.
7.5.2.1. Es curioso que se puede entender como una complementación
por inversión de una idea de Marx, la de la base propia.
8.1. Muy a menudo, de todos modos, el aspecto ofensivo
de sus tesis finales parece sumergido por la desesperación.
8.1.1. Ya hemos mencionado su reacción al
VI IC
8.1.2. Alguna alusión a R.
8.1.3. Lo mismo en el plano más personal.
8.1.3.1. Sicco Polenton
8.1.3.2. E incluso generalización
8.1.3.3. Su indecisión finalísima.
8.1.3.4. La última impresión de Sraffa5
a Spriano.
8.2 Pero pese a reconocimiento autocrítico de
la derrota histórica de la III Internacional, del error de las previsiones
y de la deficiencia o incumplimiento del esquema explicativo de la revolución,
8.3. No hay, frente a la evolución socialdemócrata,
abandono de fines ni desnaturalización del movimiento.
8.4. Tal vez, incluso, ni siquiera pesimismo social:
págs. 502-503.
Anexo 7: Anotaciones sobre ensayos políticos
de Lenin.
En la carpeta “Marxismo”, que pueda consultarse en Reserva
de la UB, fondo Manuel Sacristán, pueden verse anotaciones como las
siguientes sobre diversos ensayos de Lenin.
Federico Engels, escrito en otoño de 1895,
vol I, 53 ss.
1. p.55 [Desde “El desarrollo de las fuerzas productivas
crean las relaciones sociales en que se basan...” hasta “...y tiende al mismo
fin que se han planteado los socialistas”]. Es muy notable para la cuestión
del estatuto lógico del marxismo. “Primero” está el fin propuesto.
2. En la misma página 55 la “tesis fundamental”
de Hegel es la del cambio. Cuestión de lectura de época.
Marxismo y revisionismo, 1908, no más tarde 3
de abril, vol I, 66 ss.
1. Empieza historiando las pugnas doctrinales en el movimiento
socialista, hasta el triunfo del marxismo en él (pp. 66-67). En este
contexto, una expresión fatalista o determinista.
2. Luego de su victoria, el marxismo ve cómo las
luchas doctrinales se trasladan a su interior. Continuidad de este fenómeno
con el socialismo pre-marxista (Proudhon, p. e., parece claramente comentado)
(p. 67)
3. Berstein, revisionismo típico.
4. Contenido ideológico del revisionismo:
En filosofía, mimetismo (p. 68). En el contexto, defensa de (el materialismo)
Plejánov y ataque a Bogdánov, Lunacharski, que en su crítica
se sitúan a la izquierda (p. 68) [Desde “[...] Plejánov fue
el único marxista de la socialdemocracia internacional que hizo...”
hasta “...de la crítica al oportunismo táctico de Plejánov”].
El punto principal para valorar la actitud de Lenin ante Bogdánov,
luego ante Mach, no es, temáticamente, la pugna política con
Bogdánov que se le pone a su izquierda, sino la plausibilidad o inaceptabilidad
de la tesis según la cual la actitud epistemológica de estos
hombres es “el viejo fárrago filosófico”. No lo era literalmente.
¿Pero lo era en cuanto a la función fundamentadora de la filosofía
académica? b) En economía, negación de las crisis y de
la doctrina del valor (pp. 68-70). c) En política, deformación
del tema de la lucha de clases. Sobre la base de 1871 y 1905 (p. 71) [Desde
“Quien no comprenda la irresistible dialéctica interna del parlamentarismo...”
hasta “...con los elementos más vacilantes y traidores”].
5. Situación del problema del revisionismo: hay
un potente “revisionismo de derecha” -así lo llama- y otro débil
“revisionismo de izquierda” que se perfila hoy en los países latinos,
con el nombre de “sindicalismo revolucionario” “ (p. 72)
6. La raíz básica del revisionismo oportunista
o de derechas es la constante producción del capitalismo en la pequeña
industria, con proletarización. En este contexto, muy aguda afirmación,
al estilo del vol. III de El Capital (p. 73) [Desde “El capitalismo
crea de nuevo infaliblemente, toda una serie de “capas medias” (apéndice
de las fábricas, trabajo a domicilio, pequeños talleres...)”].
Carlos Marx (Breve esbozo biográfico en una exposición del
marxismo). Escrito en julio-noviembre de 1914. Publicado en 1918, tomo 28
del Diccionario enciclopédico, 3ª edic, Vo I, 21 ss.
1. Prologuillo: “(...) Partidos obreros socialistas de
masas”. A propósito de la época de la II Internacional (p.27).
2. La doctrina de Marx. El materialismo filosófico
(2 páginas largas). a) Con alusión antipositivista (p. 29).
b) p. 30. No sólo interesa la curiosa interpretación de mecanicismo,
sino también, y sobre todo, la precisión sobre el concepto de
metafísica.
3. La dialéctica. Una página y media. Aunque
alude a dialéctica de la naturaleza, su tema didáctico es claramente
la sociedad.
4. La concepción materialista de la historia.
a) Dos páginas largas. b) pp. 33-34. La idea de conjunto, de totalidad.
[“La consecuente aplicación y extensión
del materialismo al campo de los fenómenos sociales1“]. (1) La peligrosa
“aplicación” del materialismo a los fenómenos sociales (Pannekoek)
es más peligrosa que realmente, puesto que antes ha distinguido entre
materialismo antiguo y moderno. Antes (p. 29) se ha adherido al concepto de
materialismo del Ludwig Feuerbach..., sin dar concepto de materia. Tiene importancia
la cita del LF por su inmediato sentido antirreligioso.
5. La lucha de clases. Dos páginas escasas. Poco
menos de ocho páginas de doctrina general, pues.
“Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo”,
marzo 1913. VoI, 61 ss.
1. Tras declarar la naturaleza de clase de la ciencia
burguesa, afirma el carácter no sectario del marxismo. Acentuando la
continuidad (p. 61).
2. La sección dedicada a la primera parte integrante
se abre categóricamente, de un modo irritante para Pannekoek o Korsch:
“la filosofía del marxismo es el materialismo” (p. 62). Sigue una elogiosa
recepción de la herencia burguesa ilustrada contra “las diversas formas
del idealismo filosófico, que se reducen siempre, de un modo o de
otro, a la defensa o al apoyo de la religión” (p. 62)
3. Pese a la herencia aún remacha el clavo: “Marx y Engels defendieron
del modo más explícito el materialismo filosófico (...)”
(p. 62). Es notable que dé como loci classici el L.F [Ludwig
Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana] y el A.D.
[Anti-Dühring]
4. Marx enriquece ese fondo con disquisiciones de la
filosofía clásica alemana (p. 62). De ahí pasa al materialismo
histórico como extensión del materialismo filosófico
(p. 62). El final de la sección es una formulación recapitulativa
contundente: “La filosofía de Marx es el materialismo filosófico
acabado [...]” (p. 63).
Resumen de las “Lecciones sobre la esencia de la religión”
de Feuerbach de Cuadernos filosóficos, págs 39 ss (1914).
1. Esta extractando Feuerbach, págs. 192-193 (lección
5ª). Y anota: N. B. (cf. Dietzgen). Por lo tanto, al menos en 1914, Lenin
conocía a Dietzgen, contra lo que luego presupuso Pannekoek.
2. Importantísimo para el realismo de Lenin. Cita
a Feuerbach, misma lección, p. 324. Y anota algo incompatible con las
versiones románticas de los Manuscritos de 1844 (p.51).
Plan de la pequeña Lógica (Enc), 1914.
Cuadernos filosóficos. págs 209 ss.
1. En estas pocas páginas Lenin está absorbido
por el problema Lógica/Historia que será el tema de Lukács.
Está muy hegelianizado en la afirmación (p. 200). ¿Ha
pensado en las implicaciones de eso? ¿En qué habría leyes
del pensamiento de aparición (no ya descubrimiento) posterior a la
de otras? Más probable es que haya pensado con mistificación
hegeliana. Un texto posterior permite aclarar. Pero antes está el célebre
paso sobre El Capital (p. 201).
2. Luego hay un semi-cuadro bastante instructivo y a
renglón seguido el paso antes citado, que es quizás el más
aclaratorio de lo anterior, e importante vaguedad hegeliana (p. 201). Y a
renglón seguido el paso, antes discutido, que es quizás el
más aclarativo de lo anterior, e importante, vaguedad hegeliana (p.
201).
3. p. 201. El riesgo de que esto, sin más, determine
pensamiento sofístico es evidente. Para evitarlo, hay que empezar por
pensar que no se trata de hablar primero de génesis de la validez,
sino de génesis de estructuras. Una vez engendrada una estructura,
está necesariamente dada su racionalidad interna, o sea, sus criterios
de validez. Esto vale sin problemas para cualquier formación histórica.
El problema se presenta en otros dos campos, para las estructuras teóricas
-señaladamente las formales- y para la estructura incoada en referencia
a la axial negamos racionalidad a una estructura dada. Para este segundo caso,
el problema es más resoluble: las estructuras ya impulsadas no tienen
racionalidad interna perfecta […]: por eso sugieren ideas de otra estructura.
Para el primer caso, la dificultad es más seria -e inversa. Se trata
de estructuras de racionalidad interna perfecta. Por eso no pueden sino ampliarse
o abandonarse, no transformarse (sólo sus materiales se pueden conservar,
los hechos recogidos). Para la lógica y la matemática básica,
habrá que pensar en que la génesis ha sido cosmológica
(tal modo como, en alguna fase, Russell la creyó biológica).
No se trata, naturalmente, de los sistemas particulares, sino de la teoría
de sistemas.
Resumen de las “Lecciones de la Historia de la Filosofía
de Hegel”, 1915, en Cuadernos Filosóficos, págs 203 ss.
1. Aplaude lo de que el movimiento es estin y no estin
al mismo tiempo, etc. ¿Cómo es que los hegelianos no se dan
cuenta de su problema de lenguaje, de que para pensar claramente su idea han
de empezar por relativizar -o abandonar, en contexto técnico- el verbo
“estin”? (p. 215)
2. Mach es “mal idealismo” (p. 222). Tenía ya
otra justificación para Materialismo y Empiriocriticismo, a saber,
el subjetivismo de lo que Hegel llama “mal idealismo”.
3. Recuadrado triple a propósito de los
sofistas antiguos (p. 229).
4. Identificación de filosofía y
dialéctica (entre paréntesis) (p. 230).
5. Otra serie de notas sobre el conocimiento de lo concreto,
a propósito de Platón. Son tres recuadros, bajo el rótulo
(también en recuadro) N. B. “Dialéctica del conocimiento” N.
B.
6. Habrá que tomarse en serio la insistente acusación
de cobardía a Hegel -y a otros filósofos- por sustraerse a conclusiones
materialistas que son, en el caso de Lenin, la aceptación de la alteridad
radical del mundo externo. Ejemplo (p. 240). Tiene que haber aquí
una cuestión de sensibilidad y moral. Relacionar con su afición
montañesca.
7. Es curiosísima la furia bélica materialista
que le sacude cuando lee el (mal) tratamiento de Epicuro por Hegel. Por ejemplo
(p. 244). La entusiasta defensa de Epicuro llega al ridículo de ver
en el movimiento de los electrones -que Lenin ve circularmente como en el
modelo de Rutherford- una documentación del clinamen, entendido como
movimiento curvilíneo (p. 244). De todos modos, en un recuadro es más
cauto (p. 245). Esto expresa quizás del modo más fiel el resultado
final de su primer materialismo más el estudio de Hegel (Por cierto,
habría que fechar la relación entre hegelismo de Lenin y principio
subjetivo de la práctica. Creo que éste es anterior).
Resumen de la “Ciencia de la lógica” de Hegel,
1914.Cuadernos filosóficos, pp. 65 y ss.
1. [Prólogo a la segunda edición]. a) Interpretaciones
de textos de Hegel desmetafisicándolos y despojándolos de pseudoproblemas
especulativos y conceptos absolutos (p. 75). b) Extracta, acotando doblemente,
el paso ( p. 77). Añade dos veces N. B. y comenta, en recuadro (p.
77). Tiene interés para su concepto de consideración materialista,
evidentemente anti-contemplativa y anti-especulativa.
2. [Interpretación: concepto general de la lógica].
a. Los extractos muestran que para Lenin son muy importantes
en Hegel la concreción y el (derivado de ello) peliagudo concepto hegeliano
de método. Así, por ejemplo, acota comentando (p. 79). Como
en todos los escritores serios, también en Hegel aparece, como en
Aristóteles el anima est quodammodo omnia [el alma es, en cierto modo,
todas las cosas]. Pues sólo así puede el conocimiento proceder
según la dialéctica inherente a, impulsora del proceso estudiado.
Pero hay que observar que se trata de dos procesos: el de lo conocido y el
del conocedor. Y aunque su raíz será la misma en último
término quodammodo, eso no resuelve el problema marxista (no kantiano),
o sea, el que consiste en justificar el valor de reproducción del trabajo
cognoscitivo.
b. Al final de sus notas sobre la introducción
se manifiesta muy interesantemente su adhesión al principio de lo concreto,
también su fuente de inspiración al respecto. En mi opinión,
los siguientes textos dejan fuera de duda que Lenin ha aprendido esto en
comentarios del Anti-Dühring sobre El Capital.
Lenin cita a Hegel cuando éste dice que la lógica “no es el
universal abstracto, sino el universal que se encarna en la riqueza del particular”,
y anota breve, pero significativamente: “Cf. Le Capital”. A renglón
seguido escribe, recuadrando, “Formula magnífica” (p.81). Interpreta
a Kant como salvador de la fe (p. 82).
3. [La teoría del ser]. a. p.85. Uno de los textos
que más fácilmente permiten ver la deformación marxista
del conceptos básicos de Hegel. El marxista (ya el mismo Marx) se aferra
a esos conceptos para evitar la postulación de lo Absoluto, que es,
en cambio, el concepto inspirador de Hegel. Por eso el marxista está
presuponiendo entes múltiples en número. Hegel no.
4. [Primera sección: La determinación (cualidad)].
A) Acota insistentemente sobre el mismo tema: sobre la concreción,
sobre la dialéctica (p. 88, p. 89). Se van acumulando esas notas y
acotaciones, que pronto presenta repentinamente con rótulo: “Pensamientos
sobre la dialéctica...” (p. 91, por primera vez). Ese rótulo
me hace pensar -junto con la nota sobre dialéctica- que Lenin pensaba
escribir un ensayo sobre el tema. La primera vez que aparece el rótulo,
acota un comentario suyo, con los dos temas: a) dialéctica / sofística;
b) el concreto universal (p. 91). B) En esta sección aparecen las primeras
(que yo conozca) manifestaciones de consciencia de lo que sería la
principal peculiaridad de su aportación. El apunte siguiente está
recuadrado (p. 94). El último N.B es un paso grande.
5. [Tercera sección]. Lenin acota con exclamación
cada vez que Hegel habla de salto, y acota con nada menos que 10 trazos la
expresión “ruptura de la progresividad” (p.103).
6. [Libro segundo. Primera sección: La esencia].
a. Lenin da siempre mucha importancia al proceso histórico
del conocimiento. Ejemplo aquí p. 107.
b. Superficial tendencia a reducir Mach a Kant (p. 109).
c. También la insistencia con que acota la tesis
hegeliana de la realidad del Schein tiene que ver con el principio de concreción
(p. 110).
d. Al final de sus apuntes sobre esta sección
hay una nota recuadrada, acotada por otra más breve, también
recuadrada. La expresión de ambas es más bien floja y vulgar,
pero para él la cosa era de mucha más importancia, a juzgar
por el modo de anotación. Por lo tanto, vale la pena buscar por debajo
de la trivialidad aparente, la nota grande recuadrada (pp. 121-122). Tal
vez llega a esa conclusión [“La continuación de la obra de
Hegel y de Marx debe consistir en la elaboración dialéctica
de la historia del pensamiento humano, de la ciencia y de la técnica”]
porque piensa que esa elaboración sea necesaria para que los conceptos
sean flexibles, etc. La nota breve, también recuadrada, que acota
la anterior dice (p. 121). Esta breve observación ha tenido mucha
importancia, para él y para otros. Es la primera formulación
de la idea de método lógico-genético. Es una idea con
problemas, por supuesto (por ejemplo, cuando se presenta con la ingenuidad
de Lukács). Ante todo, su caso ha de ser muy especial en ciencias
de la validez formal (lógica formal, matemáticas). Pero Lenin
la formula muy bien como idea reguladora del pensar marxista.
7. [Sección segunda: El fenómeno]. p. 126.
La medida en que este tema esencial de la dialéctica leninista se separe
de Hegel (a pesar de su inspiración en él) está determinada
por la medida en la cual lo concreto (incluso el todo concreto) no sea lo
Absoluto. Destrucción de la categoría de absoluto. Concreción
nunca definitivamente total, sino para intervenir. De eso se desprende el
elemento procesual real, con tiempo real, no hegeliano, y el consiguiente
posible criticismo (negado a Hegel) (p. 127).
8. [Tercera sección: La realidad]. A) A propósito
de dialéctica, Lenin da a veces un sesgo epistemológico o gnoseológico
a textos de Hegel que son metafísicos. Ejemplo. Lenin cita. Y, dentro
de ese mismo recuadro con ese texto (tan espléndidamente no absolutista,
por cierto), comenta (p. 130). En el mismo contexto, Lenin trae la siguiente
frase de la Enciclopedia y comenta en un recuadro (p. 131). Dicho sea de paso,
el enderezamiento de Hegel pasa para Lenin por idea = conocimiento humano.
B) p.133. Recuadrado. “Estructuralismo” del dialéctico.
9. [Libro tercero. Ciencia de la lógica subjetiva].
A) Alguna manifestación de evolucionismo ingenuo en el “enderezamiento“
de Hegel (p. 139). B) p. 142. Recuadrado. Este importantísimo texto
empieza con una primera afirmación que parece contradecir del principio
del conocimiento de lo concreto. Pero luego, en vez de afirmar la mera, esencial,
sustantividad de la idea, se pasa a la práctica, en busca de una concreción
no hegeliana. Ese paso presupone y consume el conocimiento de la realidad
concreta.
10. [Primera sección: La subjetividad]. A) Un
texto recuadrado y comentado en su primer punto, prueba que Lenin se hacía
ya en 1914 la crítica que luego le dirigirá Pannekoek (p. 148).
La alusión a sí mismo es inconfundible. B) Al final de una larga
nota recuadrada, el eslabón mediador de la contradicción entre
las dos motivaciones gnoseológicas-epistemológicas de Lenin.
O quizá no mediador: mediador es quizás la práctica.
Esta ¿qué sería? El determinante de la contradicción.
Se pone (A) el principio de lo concreto, por anti-idealismo, anti-hipóstasis,
etc. Se comprueba imposibilidad directa. En el choque con la realidad se produce
(B), la abstracción, no-A, real mediación. La vuelta del conocimiento
abstracto a la realidad es la práctica, “negación de la negación”,
consumación de la mediación (C). El texto dice (p. 151). En
realidad, el mismo Lenin enseña que puede más que eso: puede,
mediante la práctica, tocar la realidad, más o menos lúcidamente,
en cada momento.
11. [Segunda sección: la objetividad]. Descripción
de sentido común de la “dialéctica materialista”, en paralelismo
de contraposición con Hegel (pp. 155-156).
12. [Tercera sección: la idea].
a. A veces la reducción es tal que se puede poner
en duda que quede algo auténticamente hegeliano. En el caso siguiente
reduce Hegel a mero buen sentido aristotélico-escolástico (p.
161).
b. p. 162. Es comentario a un paso de Hegel en el que
éste introduce la “actividad” porque la Idea lo es del verum y del
bonum. Da la impresión de que para Lenin la formulación general
de la que se despende todo a este respecto se encuentra en Enciclopedia, párr.
213, que acota doblemente del siguiente modo […]
c. Es curioso que en estas páginas de apariencia
tan segura se repita la pregunta “¿En qué consiste la dialéctica?”
(p. 163).
d. p. 164. Está recuadrado. Es una reducción
mucho más drástica que la interpretación lukácsiana.
Resume un texto de la Pequeña Lógica, párr. 213.
e. p. 166. Resumen y comentario están recuadrados,
y luego acotados por el siguiente comentario más breve (p. 166). Pese
a su sencillez el texto es intrincado. El primer comentario, reacción
primera al texto de Hegel, es predominantemente materialista, hasta trivialmente.
El segundo es principalmente dialéctico, praxeológico. Puede
valer la pena comparar el texto de Hegel que le motiva el resumen y el comentario.
f. También Lenin ve ridiculez en Hegel (p. 168).
g. p. 171. Está recuadrado doblemente y tiene
obvia importancia política.
h. Cuatros recuadros, con dos acotaciones, muestran una
reflexión de importancia central para el pensamiento de Lenin. Primer
recuadro (p. 174). Este primer recuadro lleva la acotación siguiente
(p. 174). El segundo recuadro es trivial y traduce la ignorancia de Lenin
(p. 174). Tercer recuadro (p. 174). Este texto es importante por dos razones:
para la comprensión del pensamiento de Lenin y para establecer su interpretación
de Marx. Cuarto recuadro, de gran importancia política (p. 174). Lleva
la acotación (p. 174).
i. El desarrollo culmina unas páginas más
adelante. Lenin está leyendo lo que Hegel dice sobre la idea de Bien.
Lo resume así (p. 175). Con la misma intención filosófica
hay algunas observaciones más. La siguiente (recuadrada) es particularmente
acertada (p. 180). Que la negación es determinada (p. 185).
13. En los Cuadernos Filosóficos sale la cosa
esa de que en la frase “Juan es un hombre” está ya la contradicción
de los singular y lo universal. Se liquida por análisis de la cópula.
También en los Cuadernos la mala herencia de Hegel en la frase “¿Hace
falta cronología? ¡No!”.
Igualmente, de una carpeta dedicada a la revolución
bolchevique que puede consultarse en Reserva de la UB, fondo Sacristán,
probable material de trabajo para una conferencia o un seminario sobre el
tema, estas anotaciones sobre diversas obras e intervenciones políticas
de Lenin:
¿Qué hacer?
1. “La historia plantea hoy ante nosotros una tarea inmediata
que es la más revolucionaria de todas las tareas inmediatas del proletariado
de cualquier otro país. La realización de esta tarea, la demolición
del más poderoso baluarte no ya de la reacción europea...” (I,
140).
Presencia de la preocupación internacional desde
el primer momento.
El “eslabón” más débil” era el “más
poderoso baluarte”.
2. “¡Hay que soñar!” (I, p. 61).
“Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución
democrática”.
1. pp. 477-478. El contenido de clase de la revolución
se resuelve en su curso y es fruto de la acción política. Fundamento:
el principio general de que ha sonado ya la hora de la revolución socialista.
“Madurez”.
. “Ahora bien, para el partido político en lucha
la cuestión consiste en ver si sabremos enseñar algo a la revolución...”
Principio de subjetividad.
2. “El desenlace de la revolución depende del
papel que desempeñe en ella la clase obrera; de que se limite a ser
un auxiliar de la burguesía aunque sea un auxiliar poderoso por la
intensidad de su empuje contra la autocracia, pero políticamente importante,
o asuma el papel de dirigente de la revolución popular1” (pp. 478-479).
Se da por supuesto que hay base objetiva material.
(1) Quizás. Pero la decisión en ese pensamiento
es el plano político. Con el peligro -claro- de identificar el partido
político con la clase. En suma, es también marxismo de la subjetividad.
3. Habla del “papel activo, dirigente y orientador que
pueden y deben desempeñar en la historia los partidos que tengan consciencia
de las condiciones materiales de la revolución y que se pongan al frente
de las clases avanzadas” (p. 500). Principio de subjetividad. Con el peligro
clase = partido.
4. pp. 504-505. Sigue convencido por lo tanto,
como dice explícitamente, del carácter burgués de la
revolución inminente y de que desarrollará el capitalismo.
5. p. 507. La época está aquí determinada
por la “revolución democrática” evidentemente para Rusia. Esto
es coincidir con los futuros Pannekoeks, pero con su grano salis. Y discrepar
de la futura tesis “leninista-stalinista”. Quizás la posición
más acertada. Transición al final.
6. “En esto consiste ahora (...) el fondo de la cuestión
(...): en que nuestra revolución se vea coronada por una verdadera
y grandiosa victoria o tan sólo por una transacción mezquina:
en que llegue hasta la dictadura revolucionario-democrática del proletariado
y de los campesinos o que ‘pierda sus fuerzas’ en una constitución
liberal (...)” (I, p. 508). En el mismo contexto en que se reafirma que se
trata de la “época de la revolución democrática”. La
noción de esa dictadura es muy complicada y oscura, puesto que su concepción
sigue en el marco de la tesis de que la revolución prevista es burguesa.
Entonces, ésa sería la tesis Pannekoek.
Construcciones radicalmente nuevas respecto de Marx.
7. I, p. 511 [Desde “La victoria decisiva de la revolución
sobre el zarismo es la dictadura...” hasta “(...) gigantesca para el desarrollo
futuro de Rusia y del mundo entero”]. Es la posición intermedia.
8. “(...) todos nosotros contraponemos la revolución
burguesa y la socialista, todos nosotros insistimos incondicionalmente en
la necesidad de establecer una distinción rigurosa entre las mismas,
pero ¿se puede negar acaso que se entrelacen en la historia elementos
aislados, particulares de una y otra revolución? ¿Acaso la época
de las revoluciones democráticas en Europa no registra una serie de
movimientos socialistas y de tentativas socialistas? ¿Y acaso la futura
revolución socialista en Europa no tendrá todavía mucho
que hacer para culminar lo que ha quedado sin terminar en el terreno de la
democracia?” (I, p. 536).
Este principio de concreción (histórica)
es también un fundamento del principio de subjetividad.
En la página siguiente (p. 537) dice: ”No existe
la verdad abstracta. La verdad es siempre concreta”.
La más rica intrincación del pensamiento
político de Lenin. Dicho sea de paso: la presencia de versiones mucho
menos complicadas en el mismo escrito hace pensar que escribía el texto
definitivo como borrador.
9. “Llegará un tiempo -cuando haya terminado la
lucha contra la autocracia rusa, cuando haya pasado para Rusia la época
de la revolución democrática-, en la que será ridículo
incluso hablar de la “unidad de voluntad” del proletariado y de los campesinos,
de la dictadura democrática, etc. Entonces pensaremos de un modo inmediato
en la dictadura socialista del proletariado” (I, p. 537).
Il s´engage en voyant, en prévoyant beaucoup.
En este momento -y página- había para él
dos dictaduras proletarias: una democrática-revolucionaria, en unión
con los campesinos; y otra socialista, sin campesinos (¿o/y sin campesinado?).
10. p. 538 [Desde “Nuestra consigna reconoce incondicionalmente
el carácter burgués de...” hasta “(...) el proletariado por
el socialismo tenga el mayor éxito”]. Misma tesis en p. 534. La tesis
intermedia.
11. “El proletariado debe llevar a término la
revolución democrática1 atrayéndose a las masas campesinas,
para aplastar por la fuerza la resistencia de la autocracia y paralizar la
inestabilidad de la burguesía. El proletariado debe llevar a cabo
la revolución socialista...” (O, p. 549).
(1) Esta afirmación completamente nueva respecto
de Marx (que en varias épocas había registrado la colaboración
del proletariado en la revolución, no su protagonismo en ella), junto
con la que se refiere a la revolución socialista, hoy muy convincentes,
chocaban en su caso con la escasa realidad del proletariado ruso. En todo
caso, es una de las visiones más articuladas de su primera posición,
y facilita el paso a la segunda.
12. “La época revolucionaria (...)” sin más
calificativo. “El momento revolucionario (...)” sin más calificativo
(I, p.554; I, p. 560). Estas serían las formulaciones más pobres.
Pero también las más anarquistas y las más cargadas de
subjetividad (que puede ser buena).
13. pp. 557-558. Formulación general del contenido
de la revolución rusa y de la relación del proletariado con
ella.
14. p. 558. El enlace entre las dos revoluciones es la
naturaleza de “vanguardia del pueblo” que tiene el proletariado. Misma idea
en pp. 566-567.
“Cartas desde lejos”.
1. “La guerra imperialista debía -ello era objetivamente
inevitable- acelerar extraordinariamente y recrudecer de manera inusitada
la lucha de clases del proletariado contra la burguesía, decía
transformarse en una guerra civil entre las clases enemigas” (1ª; II;
p. 25).
La función de la guerra imperialista alterando
el esquema de la lucha de clases.
La primera alteración de la concepción
incluye curiosamente la idea de Gramsci: “aceleración”.
En cambio, de todos modos, aún no dice o
implica un cambio del contenido de la revolución.
2. “Estos aliados son dos: en primer lugar, la amplia
masa de los semiproletarios y, en parte, de los pequeños campesinos
de Rusia (...). En segundo lugar, aliado del proletariado ruso es el proletariado
de todos los países beligerantes y de todos los países en general”
(II, p. 32)
Es notable que la alianza había sido ya definida
como antiburguesa, pero en marzo todavía habla de revolución
burguesa únicamente. Otra vez el punto de vista internacional.
3. “Con estos dos aliados el proletariado puede marchar
y marchará, aprovechando las particularidades del actual momento de
transición, primero a la conquista de la república democrática
y de la victoria completa de los campesinos sobre los terratenientes (...)
y después al socialismo, pues sólo éste dará la
paz, el pan y la libertad a los pueblos extenuados por la guerra” (II, p.
32).
Eso son ya las dos revoluciones en una. Reforzado por
la alianza de que se trata (v. otra ficha). Sin la idea explícita de
fases.
“Las tareas del proletariado en nuestra revolución”.
1. “(..) un nuevo período objetivamente necesario
desde que estalló la primera guerra imperialista mundial, que abrió
la era de la revolución social” (II, p. 62).
Esto es novedad importante, que anula, o engloba al menos,
la cuestión de los goznes. La guerra imperialista no habría
sido un gozne sólo, sino un cambio del medio, que pasa de una fase
a otra. Gozne lo sigue siendo para países atrasados como Rusia. Enlaza
con la motivación internacionalista, o mundial.
2. “(...) sin derrocar el capital es imposible poner
fin a la guerra, con una paz verdaderamente democrática y no impuesta
por la violencia” (II, p. 36).
Este hecho es enlace entre las dos fases de la revolución
y tiene que ver con la doctrina del “eslabón más débil”:
era el eslabón que más necesitaba la paz.
Tesis enormemente confusa o imprecisa: derrocar el capitalismo,
¿sólo en Rusia? Si su gobierno hizo luego la paz, ¿es
que estaba ya derrocado el capitalismo? No olvidar que el decir del político
puede ser muy precipitado. Si eso se ha dicho de Marx...
3. “La peculiaridad del momento actual en Rusia consiste
en el paso de la primera etapa de la revolución, que ha dado el poder
a la burguesía por carecer el proletariado del grado necesario de conciencia
y de organización2, a su segunda etapa, que debe poner el poder en
manos del proletariado y de las capas pobres del campesinado1” (II, p. 36).
(1) Las dos etapas o fases.
(2) Extremo subjetivismo: supone que
al proletariado no le falta cantidad.
4. “Es imposible salir de la guerra imperialista, es
imposible conseguir una paz democrática, una paz no impuesta por la
violencia, sin derribar el poder del capital y sin que el poder del estado
pase a manos de otra clase, del proletariado” (II, pp. 53-54). La necesidad
de paz, bisagra, gozne de las fases de la revolución.
p. 65. Es igual.
5. “No ‘implantación’ del socialismo como nuestra
tarea inmediata, sino pasar únicamente a la instauración inmediata
del control de la producción social y de la distribución de
los productos por los soviets de diputados obreros” (II, p. 37).
El control resultará luego imposible y acarreará
nacionalización.
6. “Tareas del partido [...] modificación del
programa del partido, principalmente 1) sobre el imperialismo y la guerra
imperialista, 2) sobre la posición ante el Estado y nuestra reivindicación
de un ‘Estado-Comuna’1, 3) reforma del programa mínimo, ya anticuado...”
(III, p. 37).
(1) Idea confusa, pero realista, fruto de 1870.
7. “El poder del estado ha pasado en Rusia a manos de
una nueva clase: la clase de la burguesía y los terratenientes aburguesados.
En esta medida, la revolución democrático-burguesa en Rusia
está terminada” (II, p.45). “Esa medida” le importaba precisamente.
Fabuloso el completo desprecio de lo básico.
8. “El origen y la significación de clase de esta
dualidad de poderes residen en que la revolución rusa de marzo de 1917,
además de barrer toda la monarquía zarista y entregar todo
el Poder a la burguesía, se acercó de lleno a la dictadura democrática
revolucionaria del proletariado y de los campesinos1” (II, pp. 47-48).
(1) Él observa un hecho político. Y observa
bien. Pero sobre la base de una creencia socialdemócrata ortodoxa,
como era la suya acerca de la base, habría tenido que plantearse ya
el interesante problema, la contradicción entre la esfera política
y psico-social, por un lado, y la económica, por otro. Si no hubiera
profesado aquella ortodoxia, habría podido buscar en otra vía:
con más soviets y menos electricidad.
9. “La dualidad de poderes no expresa más que
un momento transitorio en el curso de la revolución, el momento en
que ésta ha rebasado ya los cauces de la revolución democrático-burguesa
corriente, pero no ha llegado todavía al tipo “puro” de dictadura del
proletariado y de los campesinos” (II, p. 48). El léxico es curioso.
Él inventaba1, sabía no estar repitiendo categorías.
(1) Y lo que se inventa es a veces falso o si no, incoherente:
el tipo corriente de revolución democrático-burguesa cuenta
con capitalismo algo desarrollado (Aunque ahora se me ocurre que acaso él
pensara sólo en el cachito del Imperio que ya reunía esas condiciones).
10. La propuesta del estado-comuna y la nacionalización
de las tierras prueban que ahora es muy optimista, desde abril (pp. 54-58).
Antes había despreciado la comuna.
“Discurso resumen ante VII conferencia de toda
Rusia”.
1. (...) la marcha de los acontecimientos ha venido a
confirmar, sin lugar a dudas, la previsión de los socialistas del mundo
entero, quienes en el Manifiesto de Basilea de 1912 señalaron unánimemente
la inevitabilidad de la revolución proletaria, en relación
precisamente con la guerra imperialista que entonces se avecinaba y hoy hace
estragos” (II, p. 137). Esto es la versión amplia de los goznes.
La guerra y lo internacional (en día a día)
fue lo decisivo.
2. Afirma contra Rykov la existencia de “fase de transición
entre el capitalismo y el socialismo” (II, p. 100).
3. “La nacionalización de la tierra, que es una medida burguesa1,
significa liberar la lucha de clases...” (II, p. 125). Modelo de operación
del proletariado en la transición. (1) Esto es Marx literal.
“La dualidad de poderes”.
1. “El problema del poder del Estado es el fundamental
en toda revolución” (II, p. 40). Aquí el marxismo de la subjetividad,
político, toma concreción política. Con esta comprobación
-y su aplicación- empezó todo el problema, el triunfo y la tragedia.
“Las enseñanzas de la revolución”.
1. Que la primera fase de la revolución no ha
sido realmente democrática (II p. 215). Comprobaciones así
chocarían con los esquemas optimistas acerca de la segunda fase. No
es esquemático ya al exponerlo.
“La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla”.
1. p. 277 [Desde “Los malharados marxistas al servicio
de la burguesía no comprenden...” hasta “(...) puesto al servicio de
todo el pueblo y que, por ello, ha dejado de ser monopolio capitalista”].
El imperialismo, fundamento teórico del gozne. Relacionar con la misma
función de la guerra imperialista. Diría que el imperialismo
es la base estructural y la guerra es el hecho desencadenador del funcionamiento
de esa estructura. Que también en Rusia el capitalismo se ha transformado
en capitalismo monopolista”. Afirmación decisiva.
2. “No cabe término medio. El curso objetivo del
desarrollo es tal que no hay posibilidad de dar un paso de avance, partiendo
de los monopolios (cuyo número, papel e importancia ha venido a decuplicar
la guerra) sin cambiar hacia el socialismo (...) Y en esto estriba la contradicción
fundamental de nuestra revolución” (II, p.277). La guerra repercute
además sobre la estructura imperialista. La produce ulteriormente,
no es sólo un hecho en ella. El imperialismo, fundamento teórico
del cambio.
3. p. 278 [Desde “la guerra, al acelerar extraordinariamente
la transformación del capitalismo monopolista en capitalismo monopolista
de Estado..” hasta “(...) y el peldaño llamado socialismo no hay ningún
peldaño intermedio”]. Es la exposición más completa de
la dialéctica imperialismo-guerra imperialista-socialismo (ergo cambio
de la concepción de la revolución rusa, o más bien,
teorización del gozne de sus fases).
. “(...) pues no hay insurrección capaz de instaurar
el socialismo si no han madurado las condiciones económicas para él”.
Luego creyó ya en esa fecha que también en la base estaba
rebasado el dominio burgués.
“Segundo Congreso de los Soviets de toda Rusia”.
1. El gobierno se llama “obrero y campesino”.
“El movimiento obrero saldrá triunfante y abrirá
el camino hacia la paz y el socialismo” (II, p. 499). Curiosamente, ahora
casi se diría que se refrena un poco.
“¡La patria socialista está en peligro!”.
1. La expresión “patria socialista”.
La falsedad de la propaganda de Estado empieza a imponerse
o manifestar el: die List der Macht...[la artimaña del Poder].
“El infantilismo izquierdista y el espíritu pequeño
burgués”.
1. “Si dentro de unos seis meses se estableciera en nuestro
país el capitalismo de Estado, eso sería un inmenso éxito
y la más firme garantía de que, al cabo de un año, el
socialismo se afianzaría definitivamente y se haría invencible”
(II, p. 735). Había anticipado la concepción general, como es
obvio. Pero realismo: no creo ni que haya capitalismo de Estado.
Continúa:
“Me imagino la noble indignación con que rechazará
estas palabras el comunista de izquierda y la crítica demoledora que
desencadenaría ante los obreros contra ‘la desviación bolchevique
de derecha” (II, p. 735).
“El capitalismo de estado es incomparablemente, desde
el punto de vista económico, a nuestra economía actual1. Eso
en primer lugar. Y en segundo lugar, no tiene nada de temible para el poder
soviético, pues el Estado soviético es un Estado en el que está
asegurado el Poder de los obreros y de los campesinos pobres” 2(II, p. 739).
La importancia del Poder es la clave de todo, de toda
su actitud. 1) Ahora se da cuenta.¡Y es el “comunismo de guerra”! 2)
Pero entonces, el principio de subjetividad rellena el hueco.
2. “(...) nosotros, el proletariado de Rusia, vamos adelante
de cualquier Inglaterra y de cualquier Alemania por nuestro régimen
político, en virtud del Poder político de los obreros, y, al
mismo tiempo, vamos detrás del estado más atrasado de Europa
Occidental en lo que se refiere a la organización de un buen capitalismo
de Estado, al nivel cultural y al grado de preparación de la producción
material para “implantar” el socialismo” (II, p. 744).
Importantísimo: un principio de desarrollo desigual
económico-político, que cabe dentro del esquema marxista general
(dialéctica) y fundamenta definitivamente toda la cuestión del
principio de subjetividad, al mismo tiempo que prevélos futuros problemas*.
Paradoja dialéctica del posterior retraso político
(aunque sin volver atrás: retraso no respecto de los regímenes
capitalistas, sino respecto de “sí mismos”).
(*) Sobre la base de inevitabilidad de esquema dinámico
europeo-occidental.
“Tesis e informe sobre la democracia burguesa y la dictadura
del proletariado. I Congreso de la IC, 4 de marzo de 1919”.
1. “En nuestra revolución, nosotros no avanzamos
por el camino de la teoría, sino por el camino de la práctica.
Por ejemplo, la cuestión de la Asamblea Constituyente no la planteábamos
antes teóricamente, y no decíamos que no reconocíamos
la Asamblea Constituyente. Sólo más tarde, cuando las organizaciones
soviéticas se extendieron por todo el país y conquistaron el
poder político, nos resolvimos a disolver la asamblea Constituyente”
(III, p. 160).
Yo creo que esta es la actitud final, ya tras las borrachera
y tras las resacas. O sea, ya inicialmente por encima de las dos fases -o
varias fases- ideológicas anteriores: la determinista con sus matices
y grados; la politeísta con los suyos.
2. III, p. 161 [Desde “A nosotros nos fue más
fácil conseguir la victoria porque en octubre de 1917...” hasta “(...)
de semiproletarios, y a luchar sistemáticamente contra la burguesía
rural”]. En suma, que sus teorizaciones no valían nada. Final resaca.
“Nuestra revolución”
1. “Recuerdo que Napoleón escribió: ‘On
s´engage et puis on voit’, lo cual, traducido libremente, quiere decir:
“Primero hay que entablar el combate serio y después ya veremos lo
que pasa”. Pues, bien, nosotros, en octubre de 1917 entablamos primero el
combate serio y después ya hemos visto los detalles del desarrollo”
(III, p. 795). Final de la resaca. Las teorizaciones eran filfa. Y la autoridad
es... Napoleón. Aunque con el espíritu de Marx. Pero, repito,
reconociendo el carácter ‘acientífico’ de lo que él mismo
teorizó entre 1917 y ahora.
También principio de subjetividad si hay alguna
superación de la ideología.
“Una clase en la que, cuando se levanta, se concentran
los intereses revolucionarios de la sociedad, encuentra inmediatamente en
su misma situación el contenido y el material de su actividad revolucionaria:
derrotar enemigos, tomar medidas impuestas por las necesidades de lucha; las
consecuencias de su propia acción la empujan adelante. No emprende
investigaciones teóricas acerca de su propia tarea” (K. Marx, Las luchas
de clases en Francia, p.135, Berlín 1964).
Relacionar con la cita de Napoleón por Lenin.
Pero la diferencia es que Marx habla de clases y piensa
en la “astucia de la Razón”.
“Acerca del papel y de las tareas de los sindicatos en
las condiciones de la nueva política económica” Resolución
del CC del PC(b) de Rusia del 13 de enero de 1922.
“Hay una diferencia esencial entre la lucha de clase
del proletariado en un estado que reconoce la propiedad privada sobre la
tierra, las fábricas, etc. y cuyo poder político se encuentra
en manos de la clase capitalista, y la lucha económica del proletariado
en un estado que no reconoce la propiedad privada sobre la tierra y sobre
la mayoría de las grandes empresas, en un estado cuyo poder político
se encuentra en manos del proletariado” (II, p. 678).
Sigue pareciéndole decisivo el problema del poder
y todavía no ve peligro en la identificación dialéctica
partido-(Estado)-clase.
Esquema.
1. Cómo se plantea el problema. 1.1. Entonces,
la escasez de clase obrera. 1.2. Luego, el desarrollo del sistema.
2. La crítica izquierdista Mattick-Pannekoek.
3. Lenin antes.
4. Lukács, Gramsci: Lenin después.
5. Economicismo en el izquierdismo.
6. Marxismo de la subjetividad.
7. Marxismo del siglo XX.
. Porque ya está todo maduro
8. El democratismo, camino único hacia el socialismo
(I, p.488)
9. La cuestión del poder y el partido lo sintetiza
todo, incluso el papel (¿) de la ofensiva anticapitalista (II, p. 694)
y NEP.
Anexo 8: Solapa para el volumen 8 de las “Obras Competas”
de Lukács
Este texto, fechado el 18 de octubre de 1976, fue escrito
por Sacristán como solapa para la edición del volumen 8 de las
obras completas de Lukács en Grijalbo:
“El presente volumen de las Obras Completas de Georg
Lukács contiene escritos de características varias pero que
tienen en común, como dice el autor mismo, la condición de
“preludios teoréticos” a sus estudios más extensos y conocidos
sobre el realismo literario y artístico. Se podría añadir
que también “preludian" las investigaciones de Lukács en el
terreno de la estética general.
Se añade a ese interés el que estos textos
tienen para la historia de las ideas estéticas y literarias, e incluso
(indirectamente) para la historia política. Los artículos más
antiguos de los aquí publicados aparecieron en el marco de la polémica
interna sobre todo alemana, pero también sostenida por numerosos escritores
no alemanes de la III Internacional, acerca de la actitud del escritor comunista
respecto de la vanguardia burguesa y la tradición burguesa y preburguesa.
Estuvieron implicados en esa polémica -y sus nombres aparecen en los
escritos de Lukács aquí reunidos- Ernst Bloch, Brecht, Eisler,
Anna Seghers y muchos otros menos conocidos en los países latinos.
Los órganos principales en que se desarrolló la discusión
fueron los del exilio comunista alemán -Das Wort- y también
los de la Internacional Comunista, por ejemplo y señaladamente Internationale
Literatur. Todo lector interesado por la historia de las ideas literarias
en el siglo XX comprobará que con la publicación de la discusión
epistolar entro Lukács y Anna Seghers del año 1938 (por dar
un ejemplo) el editor de las “Obras Completas” de Lukács le presenta
una pieza verdaderamente notable para su biblioteca.
El arco de tiempo por el que se distribuyen los escritos
recogidos en éste volumen -1938-1967, más la nota epilogal de
1970- invita a pensar que el sentido en el que Lukács considera “preludios”
esos textos no es un sentido corriente. En efecto: estos escritos tienen
esa colocación preludial en la obra de Lukács porque su autor
los ve como dilucidaciones metodológicas obligadas ante otros tantos
nuevos problemas estético-literarios que se le plantean en su programa
de edificación de una estética marxista. La vinculación
de los problemas estéticos con los generales del marxismo (de la concepción
del marxismo por el autor) da razón de la mayor parte de la producción
de Lukács. En el epílogo a este volumen esa amplia cuestión
está expresada por Lukács mismo: “en cuanto filosofía
universal el marxismo no podía contentarse con tomar simplemente de
anteriores concepciones sus ideas teoréticas sobre el arte, completándolas
en el mejor de los casos con concreciones “sociológicas”, como es el
caso de teóricos incluso como Plejánov y Mehring. Por
el contrario, habría que partir de que Marx, arrancando de su concepción
general histórico-filosófica, podía y tenía que
elaborar también en este campo material metodológicamente independiente.”
No es fácil predecir si los lectores de este volumen
8 de las Obras Completas de Lukács lo van a leer como querrían
esas líneas del autor, o más bien como documento imprescindible
de la historia de las ideas literarias del siglo, de la historia de la cultura
comunista marxista, o incluso como documento de la historia de la III Internacional.
En cambio, casi es jugar con ventaja predecir que el libro será realmente
leído, desde cualquiera de esos puntos de vista.”
Anteriormente, en una carta de 15 de julio de 1971 enviada al editor Grijalbo,
en torno a la entonces proyectada traducción de las Obras Completas
del aristotélico filósofo húngaro, Sacristán comentaba:
“Amigo Grijalbo,
recibí anteayer a última hora su carta
con el prospecto de las próximas publicaciones de Luchterhand. Aquí
no tengo papel adecuado. Le mando estas líneas para decirle lo que
pienso. Resuelva usted y escriban a Luchterhand desde Barcelona.
Creo que todo lo que nos interesa está en la “Sammlung
Luchterhand” (Colección Luchterhand), que es su serie de bolsillo.
Se trata de dos volúmenes de Lukács:
- el primero,Taktik und Ethik (Táctica y ética),
nº 39 de la Sammlung Luchterhand, está anunciado para noviembre
de 1971, y nos interesa muy especialmente porque el prospecto dice que contiene
escritos que no aparecerán en la edición de las obras (probablemente
porque a Lukács le parecían poca cosa; pero eso no cuenta para
nosotros).
- El segundo es el nº 49 de la Sammlung Luchterhand.
Se trata de un capítulo de la Ontologie des gesellschaftlichen Seins
(Ontología del ser social, la obra póstuma e inacabada a lo
que parece). En rigor no tendríamos por qué comprarlo, puesto
que compraremos el conjunto de la obra (que aún no ha salido, para
su inclusión en las OC [Obras Completas]. Pero valdría la pena
asegurarse de que Luchterhand no va a vender ese capítulo suelto con
el pretexto de que se trata de una edición de bolsillo.
El resto del prospecto no tiene, en mi opinión,
interés editorial para esta casa, aunque hay títulos valiosos.
El otro vol. de Lukács anunciado está ya contratado y traducido
por nosotros.
¿Hay alguna novedad? ¿Llegó de México
el texto de nuestro antiguo vol. 2 de las obras de Lukács, el que tengo
que trasformar? ¿Ha conseguido usted el texto de Stalin de que hablamos?
Amistosamente, Sacristán”.
También en una carta de 23 de septiembre de 1970,
igualmente dirigida al fallecido editor, hay referencias a la edición
de la obra lukácsiana:
“Amigo Grijalbo,
como ya se me ha hecho bastante tarde, renuncio a verle
personalmente. Por eso la dejo este sobre; con su memorándum, la variante
adjunta y un pequeño comentario.
Trabajando esta tarde en el asunto he sentido de verdad
lo desagradable de mi situación como colaborador: lo bueno habría
sido tener un pasaporte y salir con usted para discutir cómodamente
en conversación con ellos. Mala pata,
Mi memorándum es una pura exposición de
la situación. Dice menos cosas que el de usted. La razón es
que me parece que se debe negociar con cautela, sin decir mucho al principio.
Usted expone lo que ya es suyo y luego se suscita la cuestión acerca
de lo que todavía no lo es y la cuestión acerca de si pasa a
ser una relación con Luchterhand lo que hasta el momento lo era con
Lukács-Artisjus.
Observará usted que al hablar de obras contratadas
con Luchterhand hablo de “Obras Completas” (de la edición alemana).
En cambio, cuando hablo de textos contratados con Lukács-Artisjus hablo
de “Obras” simplemente. Mi intención al proceder así es
la siguiente: ellos pueden sostener que nosotros no les hemos contratado más
que dos volúmenes de las Obras Completas (la Estética l). Pero
usted podrá contestar que, en efecto, sólo dos volúmenes
de las Obras Completas, pero, además, con Lukács, hemos contratado
ocho obras que forman parte de los volúmenes Luchterhand. Lo que quiere
decir que en la contratación de los volúmenes que contienen
esas obras no deberíamos pagar más que una modesta cantidad
(por los textos sobrantes, aún no contratados por nosotros). En segunda
edición se pasaría al pago igual de todos los volúmenes.
Le dejo el texto alemán en dos ejemplares por
si puede ver a Lukács y darle uno.
Tengo alguna duda sobre la lista de obras contratadas
con Lukács-Artisjus: ni me acuerdo, por ejemplo, de que hayamos firmado
nunca contrato por Los realistas alemanes del siglo XIX. ¿Está
usted seguro de que sí?
En el caso de que la frase entre paréntesis le
parezca arriesgada, tache usted también el texto alemán: también
en él la frase está entre paréntesis.
Que tenga éxito en el viaje.”
De hecho, la editorial Grijalbo, a propuesta de Sacristán,
se propuso editar las Obras Completas del filósofo húngaro.
En esta carta de Sacristán de 6 de junio de 1972 se comentan estas
cuestiones con un rigor y precisión infrecuentes en esos asuntos:
“Amigo Grijalbo:
La tarea de clarificar, sin dejar ningún cabo
suelto, la situación de las Obras Completas de Lukács y de
ajustar una línea de conducta que intente sacar el mejor partido posible
de esa situación ha resultado bastante más laboriosa de lo
que parecía. Y si lo ha sido para mí que casi no me he ocupado
más que de eso dentro del conjunto de actividades de la editorial,
tengo que suponer que Ud. también necesitará un par de sesiones
para dominar la situación -que ahora le presento condensada- y para
meditarla un poco antes de llegar a conclusiones. Por eso, en vez de llamarlo
para concertar una reunión, le dejo antes unos cuantos materiales.
Le ruego que le avise cuando tenga opinión hecha, y entonces convendremos
una reunión para acabar de puntualizar.
Le dejo los siguientes materiales:
a) Una lista, rotulada A en tinta roja, que da, finalmente
con toda exactitud y todo detalle, la situación global, o sea, los
puntos alcanzados en la contratación y en el trabajo.
b) Otra lista, marcada con B en tinta roja, que da en
sustancia, lo mismo. A mí la composición de B me ha sido útil
para confirmar los resultados de la exploración A, y viceversa, A confirma
a B. La doble visión permite (al menos a mí) adentraras mejor
en el panorama.
c) Otra lista, marcada C en tinta roja, que representa
probablemente el capítulo más difícil de nuestra situación:
se trata de los derechos que poseen otras editoriales de lengua castellana
sobre determinados textos de Lukács. Y así como nuestro punto
fuerte -además del principal: el volumen y la calidad de nuestra edición-
es el hecho de que tanto Lukács como Luchterhand hayan expresado repetidamente
su acuerdo con nuestra edición de Obras Completas del filósofo
húngaro, nuestro punto débil es que ambos nos han dicho, también
repetidamente que nos las apañemos nosotros con esas editoriales.
Esa lista C lleva un apéndice con una Información
que no me ha llegado hasta después de redactarla. Es una buena noticia
d) Una minuta de carta a la Sra. Holl´o Janossy,
mujer del heredero de Lukács.
e) Una minuta de carta al Sr. Otto F. Walter, uno de
los tres directores de Luchterhand.
Por d) y e) verá usted la línea de conducta
por la que me inclino: hablo bastante claro a los herederos y les propongo
contratar directamente título por titulo. Hablo a Luchterhand impulsándole
a firmar algún documento contractual que nos reconozca únicos
editores en castellano de la Obra Completa de Lukács. Pero no le pongo
las cartas boca arriba, sino que prefiero quedarme a la expectativa.
Veremos a qué conclusión llega usted.
f) Unas cuantas fotocopias. Cuando nos veamos nos pondremos
de acuerdo sobre cuales mando y a quién, y cuáles me reservo.
g) Un memorándum en que le recuerdo los volúmenes
que hemos de mandar a Artísjus , para ellos, los herederos y el Archivo
Lukács de Budapest.
Espero noticias suyas. Con amistad.”
Tiempo atrás – 3 de diciembre de 1965-, Sacristán
había escrito una “Nota sobre la situación actual de las obras
de Lukács” para la editorial Grijalbo, a la que denominaba “la casa”,
en la que se expresaba en los términos siguientes:
“1. El hecho de tener ya publicadas dos obras importantes
del autor, en prensa una tercera y contratada la extensa Estética aconseja
que la política editorial de la casa se proponga una edición
completa posible de Lukács.
. 2. La experiencia reciente con Luchterhand no se agradable.
El impaciente comportamiento de este editor puede significar que se incline
a conceder derechos a otros editores de lengua castellana. Pero aunque eso
no sea así, de todos modos no es un trato fácil.
3. La posición de Luchterhand se fuerte
a causa, sobre todo, de la avanzada edad de Lukács. Pero Lukács
no está muerto, y en su carta de 6/8/65 nos insiste en que negociemos
siempre directamente con él. En cambio, nunca ha contestado Lukács
a nuestras propuestas de opción global.
4. De todo eso me parecen desprenderse las siguientes
conclusiones:
A. Conviene hacerse cuanto antes con los derechos del
mayor número posible de obras de Lukács, en trato con el autor
y una tras otra puesto que no parece que a Lukács le apetezca negociar
sobre mucho a la vez.
B. Como retener mucho tiempo una inversión
es mala cosa, conviene contar con un grupo de traductores dedicados intensa
-y, a poder ser exclusivamente- a Lukács para editar rápidamente
todos los textos posibles. Es claro que yo solo no puedo ir a la velocidad
necesaria.
C. Yo podría tener la responsabilidad, reconocida
y dicha explícitamente a todos los demás traductores, de revisar
las traducciones que no hiciera personalmente.
5. Para empezar, creo que hay que enviar enseguida a
Lukács contrato para Historia y consciencia de clase, y pagarle pronto
y directamente (¿no es más cómodo desde México?).
6. Si la casa está de acuerdo con el criterio
de esta nota, prepararé rápidamente un plan de edición
de las obras de Lukács”.
También la nota siguiente -“prospecto Lukács”-
es un texto que Sacristán escribió para la edición de
las obras completas del filósofo húngaro. No está fechada.
“La obra del filósofo marxista húngaro Georg
Lukács tiene dimensiones enciclopédicas y, al mismo tiempo,
la penetración aguda, profunda y audaz del ensayo y del experimento
teórico. La vida intelectual de Lukács ha sido -y sigue siéndolo,
en una vejez tan lúcida que conforta a quien la conoce- una constante
captación de las fuentes del pensamiento marxista. El sólido
conocimiento de los clásicos y la intensa actividad revolucionaria
del filósofo explican en general su extraordinaria intimidad con el
tronco vivo del marxismo. Pero, de todos modos, su arraigo en el pensamiento
social ha tenido a veces manifestaciones incluso asombrosas. El caso de Historia
y consciencia de clase -que presentó ideas de los Manuscritos económico-filosóficos
de Marx unos diez años entes de que estos fueran descubiertos- puede
ejemplificar el excepcional carácter de la relación de Lukács
con la matriz del marxismo.
Ya eso bastaría para hacer de la obra de Lukács
un fondo de conocimiento y método de estudio obligado para todo el
que se interese por la historia del pensamiento socialista productivo, no
simplemente imitativo o didáctico. Pero aún hay otro motivo
más: la Obra de Lukács es el reflejo teórico más
dilatado de las vicisitudes del movimiento socialista europeo en el siglo
XX. Desde Historia y consciencia de clase (1923) hasta las páginas,
todavía inéditas, de la Ontología del ser social se extiende
medio siglo de crítica, teoría y práctica socialistas,
de observación y testimonio, de entusiasmo en las victorias revolucionarias
y dramatismo en las grandes crisis del movimiento obrero. La obra de Lukács
es un elemento ineliminable de la autoconsciencia del movimiento socialista
europeo.
Obras publicadas en la edición Grijalbo:...”
Las observaciones siguientes fueron escritas por Sacristán
también para la editorial Grijalbo y versan sobre asuntos relativos
a la publicación de las “Obras Completas” de Lukács. No están
fechadas.
“1. Contratación sobre Lukács.
-Si hay tiranteces con Luchterhand, recordar que firmó
S. las cartas delicadas a la señora Holló-Jánossy y al
Dr. Boytha (Artisjus), lo que permite a los demás protestar de su
inocencia.
-La solución de tomar como volúmenes objeto
de contratos los volúmenes españoles es la solución cómoda
para Ediciones Grijalbo e incómoda para Luchterhand. Pero se les puede
convencer con el siguiente argumento: puesto que la edición Grijalbo
no agrupa ni ordena las obras de Lukács como la edición Luchterhand,
no siempre existen en español los volúmenes de Luchterhand,
por lo que no se puede contratar sobre ellos. En cambio, existe siempre en
español su contenido, agrupado y ordenado en los volúmenes españoles.
Estos son, pues, los únicos objetos de contratación posibles:
sólo sobre ellos tiene sentido hablar de impresión, tirada
y 5%.
-El contrato-marco es creación nuestra, porque
no había precedentes. Pero los contratos-vol siguen el esquema que
utiliza normalmente para contratar el mismo Luchterhand (ejemplos: contratos,
redactados por Luchterhand, sobre Der Positivismmusstreit in der deutschen
Soziologie [La disputa del positivismo en la sociología alemana] y
sobre Lukács, Ästhetik [Estética] I).
-Si la gestión adelanta tanto que se lleva incluso
a la contratación de los volúmenes sueltos, hay que tener cuidado
con las fechas de firma de esos contratos, a causa de la cláusula,
tradicional para Luchterhand, que nos obliga a editar dentro de los 24 meses
siguientes a esas fechas.
-Personalmente, no me parece grave que hubiera que aumentar
algo el pago de 1000 DM previsto en el contrato-marco.
2. Colección Aktuelle Wissen (El saber actual) de Bertelsmann.
Aunque ya se ha entablado contacto por carta a este respecto,
si hay tiempo en Frankfurt, puede valer la pena una conversación con
su delegación allí, particularmente para precisar si, caso de
decidirse Ediciones Grijalbo a comprar los derechos de traducción,
podría contar con el suministro de todo el material gráfico
en forma funcional tipográficamente y económicamente interesante.
3. Colección Library of Exact Philosophy (Biblioteca de filosofía
exacta) de Springer.
Lo mismo que para el punto 2, aunque con la diferencia
de que en este caso la cuestión del material gráfico no tiene
prácticamente ningunas importancia.
Nota: el dossier presente contiene
a) Proyectos de contrato-marco y de contratos-vol. para
OC Lukács;
b) Relación de textos de OC de Lukács por
contratar, según la ordenación alemana de las Obras;
c) Relación de los textos de OC de Lukács
por contratar, según la ordenación de las Obras en la edición
española;
d) Relación de otras editoriales con derechos
castellanos sobre obras de Lukács;
e) Titulación y ordenación de la edición
castellana de las OC de Lukács.
b), c), d) y e) se tienen que devolver a S., que se queda
sin esos documentos”.
f) El dossier destinado a J. M. contiene, además,
las versiones alemanas de a).”
También el siguiente texto es un escrito de Sacristán,
no fechado, que lleva por título “Apunte para la defensa del cartel
sobe las obras de Lukács”, de la editorial Luchterhand.
“El texto del cartel publicitario sobre las obras de Lukács
se compone de los siguientes elementos:
1. Una breve biografía de Lukács.
2. Una selección de textos críticos sobre la obra de Lukács.
3. Un texto antiguo de Lukács (1921). 4. Un texto relativamente reciente
de Lukács (1962).
La biografía es, además de sucinta. estrictamente
factual: no hay en ella elemento valorativo alguno, ni se le puede imputar
ninguna carga emocional.
La selección crítica es ecuánime,
aduce elogio y condena en una proporción sin duda análoga a
la que ambas actitudes, ante la obra de Lukács, tienen entre sí
en el mundo publicístico. La selección presenta, además,
la elegante sutileza de presentar un autor jesuita (Kurz) entre los críticos
favorables a Lukács, y un importante marxólogo (Adorno) como
detractor suyo. Con ese expediente subraya el cartel el valor universal -no
sólo en un sentido geográfico- de la obra de Lukács.
Los dos textos de Lukács están elegidos
con una intención de información auténtica que no suele
predominar tan intensamente en las producciones publicitarias: el uno documenta
las ideas juveniles de Lukács, y el otro está tomado de su posterior
rectificación de aquellas ideas.
El conjunto constituye, en nuestra opinión, una
pieza de publicidad editorial de una gran dignidad, inspirada por un espíritu
cultivado y científico que honra un tipo de publicación mercantil
-a menudo tan exclusiva y vulgarmente mercantil- como es éste de los
carteles, los folletos, los prospectos. Por eso nos duele particularmente
tener que renunciar a su edición, tanto más cuanto que, dadas
sus características, lo elevado de su concepción, la completa
ausencia en él de elementos no-objetivos, emocionales, no alcanzamos
a ver qué puede haber movido a un juicio negativo a su respecto.
Rogamos encarecidamente se considere de.nuevo el texto
de este cartel, con objeto de descubrir si existe alguna posibilidad de facilitar
su edición”.
El cartel de la Luchterhand defendido por Sacristán
incluía una selección de textos, bajo el epígrafe “Lukács
en la polémica”, de Jules Dévérité, T. Aczel,
Jürgen Rühle, Bloch,...
El texto de P.K. Kurz, S J, al que Sacristán hace
referencia, era el siguiente:
“Lukács nos parece excepcional porque en la cuestión
de la jerarquía, la significación y la función de la
obra de arte une la consciencia de las formas con la humana consciencia individual.
Su esfuerzo por la posibilidad de una síntesis de forma clásica
y doctrina marxista es digna de meditación”. El de Adorno decía
así: “De modo sumamente adialéctico, el dialéctico patentado
atribuyó paladinamente en el libro El asalto a la razón todas
las corrientes irracionalistas de la filosofía moderna a la reacción
y al fascismo, sin preocuparse gran cosa de que en esas corrientes y frente
al idealismo académico, el pensamiento se levantaba también
contra la cosificación de la existencia y del pensar cuya crítica
había sido cosa propia de Lukács. Nietzsche y Freud se le convirtieron
llanamente en nazis, y llegó a a hablar, en la jerga suficiente de
un provinciano profesor de instituto guillermino, de “los talentos poco comunes”
de Nietzsche. Bajo capa de una crítica sedicentemente radical, pasó
así de contrabando los más tristes clichés del conformismo
contra el cual se dirigió en otro tiempo la crítica social”
.
Los textos de Lukács señalados por Sacristán
pertenecían a Historia y consciencia de clase y a una declaración
de Lukács del 6 de noviembre de 1962 sobre esta misma obra, incorporada
en el prólogo a la edición castellana de este texto lukácsiano.
Por otra parte, el 20 de mayo de 1972 Sacristán
se había manifestado del modo siguiente sobre las “maquetas para la
colección ‘Teoría y realidad’ ”:
“No me convence ninguna de las cuatro. Si hay que elegir
por fuerza entre ellas, prefiero la de formato grande y color ocre, sin trazo
horizontal. Pero en ella habría que corregir, aparte de la falta de
ortografía que será un simple descuido, la información
que comunica. Pues el libro no es, como parece decir la portada, un libro
de Lukács, sino sobre Lukács. Por lo tanto, creo que en alto
debería situarse el nombre del editor (en sentido inglés) de
la obra, o el nombre del autor del primer artículo y la mención
“y otros”, y luego:
GEORG LUKÁCS. EL HOMBRE SU OBRA
SUS IDEAS
Pero la verdad es que preferiría otras propuestas
de maqueta”.
Anexo 9: Prólogo a la primera edición
catalana de El Capital.
Edicions 62, en colaboración con la Diputació
de Barcelona, publicó en 1983 la primera edición completa de
El Capital, con traducción de Jordi Moners. Sacristán escribió
en México el siguiente prólogo, fechado el primero de mayo
de 1983, y que fue publicado en traducción de la versión catalana
en M. Sacristán, Escritos sobre El Capital (y textos afines), op. cit,
pp. 360-364. Se da aquí el original castellano:
“La aparición de esta traducción catalana
de
El Capital puede parecer intempestiva. El libro sale, en efecto,
alrededor de un siglo después de que empezara a estar presente en
la vida social y cultural de Catalunya; y, además, en un momento que
no se puede considerar de mucho predicamento de la obra de su autor, sobre
todo en comparación con lo que ocurría hace quince o veinte
años.
Es obvio que la primera circunstancia tiene mucho que ver
con los obstáculos con que ha tropezado la cultura superior catalana
durante estos cien años, desde los de lejanía raíz
histórica hasta los particularmente difíciles que levantó
el franquismo. Desde el punto de vista de esta consideración, la publicación
de El Capital en catalán, como la de cualquier otro libro clásico,
es una buena noticia para todos los que se alegran de que los pueblos y sus
lenguas vivan y florezcan.
La segunda circunstancia -el hecho de que este libro aparezca
en catalán en un momento que no es de los más favorables para
él- puede facilitar una buena lectura. Esto no tiene mucho de paradójico:
cualquier libro y cualquier autor pagan el hecho de estar muy de moda con
una simplificación más o menos burda de su contenido o con versiones
apologéticas demasiado estilizadas. Es posible que sólo a este
precio la obra influya extensamente: por eso nadie es dueño de sus
propias influencias. En el caso del Capital todo esto adquiere proporciones
grandes y reales. Y, puesto que “gris es toda teoría / y verde el árbol
de la vida”, seguramente es más jugoso el caos de la influencia práctica
de las lecturas dudosas propias de las épocas de éxito de una
obra que el fruto de una lectura tranquila, relativamente fácil en
una situación de escasa acción social de la ideas leídas.
En cualquier caso, el lector del Capital puede beneficiarse
hoy de la conclusión de las polémicas de los años 1960
y 1970 acerca de la posición y la importancia de este libro en la obra
de su autor. Hoy debería estar salomónicamente claro, por una
parte, que
El Capital es la obra máxima de la madurez de Marx
(como, tal vez innecesariamente, lo proclamó con gran énfasis
Louis Althusser) y, por otra parte, que
El Capital no es toda la “Economía”
planeada por su autor, ni lo habría sido aunque Marx lo hubiera terminado
(como no menos insistentemente lo enseñó Maximilien Rubel en
las polémicas aludidas).
Pero quizá no haya que hacerse ilusiones acerca
de la superación definitiva de polémicas causadas por lecturas
unilaterales de Marx impregnadas de intereses ideológicos o políticos.
Tal vez ni siquiera se haya acallado para siempre la disputa acerca de la
relación entre el “Marx joven” y el “Marx maduro”, que presidió
la literatura marxológica de los últimos decenios y en cuyo
marco se inscribieron las tomas de posición de Althusser y Rubel. La
verdad es que toda persona hecha a criterios académicos de discusión
tiene motivos para considerar resuelta esta vexatam quaestionem. Pero
no se puede decir lo mismo de los que leen a Marx con el deseo de encontrar
en él argumentos, o, por lo menos, palabras en que apoyar tesis políticas
propias. Así, por ejemplo, bajo el betselleriano título de
Adiós al proletariado, André Gorz ha publicado recientemente
unos escritos que, en lo que tienen de exégesis de Marx, utilizan líneas
de pensamiento del autor procedentes de épocas diferentes de su desarrollo
y aparentemente discordes, sin trabajar el problema histórico y textual
que plantea esta situación. Parecería que esto no fuera posible
en Francia después del
Pour Marx [La revolución
teórica de Marx] y el
Lire le Capital [Para leer El Capital]
de Althusser, pero lo es.
Sin embargo, a pesar de la aparente inmortalidad de este
asunto de los dos Marx -el joven y el maduro, el filosófico y el científico-,
es razonable pensar que se trata de un asunto mucho menos importante para
el futuro de lo que ha sido en el pasado reciente. Pues las reconstrucciones
del pensamiento marxiano unilateralmente basadas en uno u otro de los
“dos” Marx están en peligro de no oír siquiera los interrogantes
nuevos que una nueva época del “desarrollo de las fuerzas productivas”
va a dirigir a la lectura de Marx.
En efecto, prescindiendo de la caducidad de tesis particulares
de Marx, la historia reciente y las anticipaciones hipotéticas del
futuro próximo coinciden en quitar verosimilitud a la hipótesis
marxiana acerca de la función del desarrollo de las fuerzas productivas
materiales e intelectuales en su modelo de revolución socialista.
La acentuación unilateral de la importancia del
Marx maduro -el Marx del Capital y de sus borradores, de la fase de su vida
que empieza en 1857 y dura hasta sus años últimos-, con desprecio
de la obra anterior a esa fase, se apoya decisivamente en la objetividad de
las leyes históricas, centradas en última instancia en torno
a la creciente “contradicción” entre las fuerzas productivas y las
relaciones de producción de una época de crisis. Ahora bien,
ciertas consideraciones bastante obvias tienden a desbaratar este modelo por
lo que hace a la crisis de nuestros días, o, por lo menos, a la predicción
que a este respecto enuncia la vulgata marxista. Los textos de Marx sugieren
desde 1848 que su autor creía que las fuerzas productivas entonces
operantes estaban entrando en “contradicción” con las relaciones de
producción capitalistas y que la resolución de esa “contradicción”
sólo podía ser el socialismo. Una lectura lo más literal
posible de esos textos permite salvar el modelo teórico general marxiano
(pues sin duda se puede entender el florecimiento de las sociedades anónimas
industriales y financieras como la revolución de las relaciones de
producción resolutoria de la “contradicción” con el desarrollo
de las fuerzas productivas señalada por Marx en aquellos años),
pero no su predicción socialista. Esto mismo ocurre hoy, pero todavía
más demoledoramente para la predicción marxiana, porque las
fuerzas productivas cuyo desarrollo caracteriza nuestra presente civilización
no han sido ni soñadas por Marx, pero, a pesar de ello,
la predicción del inminente “paso al socialismo” no es más verosímil
que en 1848. Esta consideración quita mucho atractivo al marxismo
teoricista, objetivista y cientificista, basado en el “Marx maduro”, que
predominó en el marxismo de los países capitalistas durante
los años 1960 y 1970. Aquella lectura de Marx tenía graves defectos
internos -principalmente la incoherencia entre su cientificismo y la inspiración
hegeliana, presumiblemente ignorada por sus protagonistas, de su infalibilismo
y objetivismo histórico-, pero sin duda es la evolución política
y económica ocurrida desde entonces lo que más la desacredita.
Por lo demás, ese teoricismo marxista se veía obligado a despreciar
no solo la obra del “Marx joven”, del que tanto se discutía, sino
también la del menos leído “Marx viejo”, el cual había
escrito categóricamente, en una carta hoy célebre a la revolucionaria
rusa Vera Sassulich, que sus tesis del Capital se referían exclusivamente
a las sociedades europeas occidentales.
Pero no es probable que la reconocida implausibilidad de
la imagen de un Marx teórico puro, o autor de ciencia pura, tal como
tendió a verlo el estructuralismo, haga hoy mas convincente la vuelta
a una interpretación de la obra marxiana desde el “Marx joven”, desde
los manuscritos de 1844 principalmente, como la cultivada por varias escuelas
marxistas o marxológicas en los años 1950, con desprecio más
o menos acentuado del “positivismo” del Capital. También en este punto
lo decisivo ha de ser “la práctica”, esto es, un criterio de
coherencia con las necesidades sociales. No parece que los conceptos fundamentales
del Marx filósofo (que así es como habría que llamarle,
más que “Marx joven”) -humanidad genérica, alienación,
retrocaptación de la alienación, etc.-, por interesantes que
sean y por adecuadamente que expresen las motivaciones y las valoraciones
comunistas marxianas, sean por sí solos suficientemente operativos
para permitir un manejo eficaz del intrincado complejo de problemas tecnológicos,
sociales y culturales con que se ha de enfrentar hoy un proyecto socialista.
Para eso hace falta ciencia, “positivista” conocimiento de lo que hay, de
lo “dado”, cuyo estudio es tan antipático para el revolucionario romántico
cuanto imprescindible para toda práctica no fantasmagórica.
Esto hará siempre del Capital una pieza imprescindible de cualquier
lectura sensata de Marx, pues esas dos mil páginas y pico contienen
el esfuerzo más continuado y sistemático de su autor para conseguir
una comprensión científica de lo que hay y de sus potencias
y tendencias de cambio.
Pero una visión científica adecuada, ni cientificista
ni apologética, tiene que partir de la revisabilidad de todo producto
científico empírico. Lukács hizo una vez el experimento
mental de preguntarse si quedaría algo del marxismo una vez que todas
sus tesis particulares hubieran sido falsadas o vaciadas por la evolución
social. Pensó que sí, que quedaría algo, a saber, el
estilo de pensamiento muy abarcante y dinámico, histórico,
que él llamó “método dialéctico”. Admitiendo
que esta idea de Lukács es muy convincente, habría que añadirle
o precisarle algo: el programa dialéctico de Marx -que engloba economía,
sociología y política, para totalizarse en la historia- incluye
un núcleo de teoría en sentido estricto que, sin ser todo El
Capital, se encuentra en esta obra. El programa mismo era ya entonces inabarcable
para un hombre solo; seguramente esto explica muchos de los padecimientos
psíquicos y físicos de Karl Marx; y también da su estilo
de época a una empresa intelectual que hoy consideraríamos
propia de un colectivo, y no de un investigador solo. Por eso El Capital
quedó en muñón, y por esto es inconsistente todo intento
de convertir su letra en texto sagrado. Pero lo que sí parece imperecedero
es su mensaje de realismo de la inteligencia: un programa revolucionario
tiene que incluir conocimiento, poseer ciencia. Por su propia naturaleza,
la ciencia real es caduca. Pero sin ella no puede llegar a ser aquello que
no es ciencia. Por esta convicción ha dedicado Marx su vida y ha sacrificado
mucho de su felicidad -con el turbio resultado que eso suele arrojar- en
la redacción de estas miles de páginas que al final le producían
tan escaso entusiasmo que se limitó a sugerir que Engels “hiciera
algo” con ellas.”
Anexo 10: Reseña de Sacristán sobre el
Lenin de Garaudy: Nous Horitzons, nº 17, segon trimestre de 1969,
pp. 53-54.
Se presenta aquí la traducción castellana
de la reseña de Sacristán que se publicó en Nous Horitzons
en traducción catalana de Francesc Vallverdú. Creo que se ha
perdido el original de Sacristán:
“La publicación de este pequeño volumen
en la serie de “filósofos” de PUF es como un anticipo de la inmediata
conmemoración de Lenin. La colección en la que aparece está
destinada al uso didáctico en el bachillerato y en la iniciación
universitaria; sería entonces injusto esperar del libro detalle monográfico
o interpretación arriesgada que no tendría mucho espacio para
ser argumentada (Si restamos la breve antología de textos de Lenin,
que ocupa el final del volumen, el autor dispone de nada más que 66
páginas para su ensayo).
A pesar de la brevedad, el texto merece atención
por proceder de un escritor marxista tan sincero y tan leído como Garaudy.
La gravedad de los problemas con los que se enfrenta hoy el movimiento comunista
revela ya con tanta claridad la inutilidad de la literatura marxista inauténtica,
de tantos tratados y manuales con todos los problemas del mundo resueltos,
que la lectura de los escritores marxistas que verdaderamente piensan -guste
o no guste lo que piensen- es hoy recomendable incluso como ejercicio político.
Garaudy puede haber sucumbido en otros momentos, como Althusser lo confiesa
de sí mismo, a la “línea imperativa” según la cual la
filosofía marxista no puede elegir sino entre el comentario y el silencio,
una convicción iluminada o bien obligada y al mutismo del malestar.
Pero hay mudos y mudos, y Garaudy, como su contrincante Althusser, pertenecía
ya entonces a la clase de mudos que podían hablar porque saben pensar.
Por esto vale la pena atender su reciente ensayo sobre Lenin.
El escrito tiene dos buenos rasgos que conviene destacar.
El primero puede decirse brevemente: Garaudy no muestra en este ensayo el
excesivo respeto académico por las definiciones tradicionales que es
frecuente en la literatura francesa, incluso en la marxista; y así
caracteriza el pensamiento de Lenin al margen de cualquier definición
universitaria de la filosofía: “El problema principal de su (de Lenin)
filosofía es el del militante: elaborar una metodología de la
iniciativa histórica”.
El segundo se presenta en su manera de construir los aspectos
del pensamiento de Lenin, que Garaudy ofrece al estudio del lector. La elección
es muy adecuada para las necesidades presentes. Garaudy acentúa sobre
todo la insistencia de Lenin en la importancia del factor subjetivo en la
historia y las enérgicas tomas de posición antidogmáticas
y antisectarias de diversos textos de Lenin. No hay duda que una y otra cosa
son elementos esenciales del pensamiento leninista, pero la redacción
de esta nota no obedece solamente al deseo de dar noticia del ensayo de Garaudy
y de registrar elogiosamente estas características de su composición,
sino de añadir una observación más.
En las 66 páginas del ensayo queda muy claro que
Garaudy lo ha escrito con el fin de librar la clásica batalla en dos
frentes: subrayar la importancia del factor subjetivo en el pensamiento de
Lenin (igual que en el de Marx, por otra parte) le es útil contra el
derechismo de tipo tradicional. Mostrar que Lenin quiere pensar siempre de
manera antidogmática y antisectaria le sirve contra el infantilismo
o izquierdismo. Y ambas cosas le sirven, además, y muy eficazmente,
contra el burocratismo y el estatalismo de la degeneración socialista,
la cual presenta al mismo tiempo el mecanicismo y la razón de Estado
y un sectarismo hipócritamente dogmático que disfraza de teoría,
desde los tiempos de Zdanov, lo que es mera implicación del poder o
de la lucha por éste en tal o cual intriga momentánea.
Los textos de Lenin que recoge Garaudy son muy eficaces
para ilustrar todos aquellos puntos. La selección es un éxito.
En particular, el izquierdista reflexivo podrá aprender mucho de la
sólida demostración por parte de Garaudy de que Lenin ha tomado
prestado los rasgos más autoritarios del ¿Qué hacer?
(uno de los textos más cultivados por el extremismo) directamente del
patriarca de la socialdemocracia, de Kautsky.
Aquí se plantea, sin embargo, justamente la cuestión.
No parece que la mejor manera de oponerse al derechismo y el nuevo izquierdismo,
al igual a que a la degeneración del poder socialista, sea continuar
utilizando los clásicos del movimiento socialista convirtiéndolos
en instrumentos de la disputa. Parece claro que Garaudy tiene razón
en su triple polémica, pero parece dudoso que esta razón vaya
a triunfar substancialmente con los mismos procedimientos que ha llevado al
derechismo “filológico” de la vieja social-democracia (hecha de citas
a pie de página de algunos elementos de El Capital), al infantilismo
(hecho de citas a pie de página del ¿Qué hacer?, etc.)
y a la degeneración burocrática revestida con todas las citas,
sean de donde sean, que vayan bien para expulsar a alguien, justificar tal
ley o proclamar tal sentencia).
Es necesario de una vez dejar vivir a los clásicos.
Y no se ha de enseñar a citarlos, sino a leerlos”.
Anexo 11: Mayo de 1968.
Sacristán, quien no dejó de simpatizar sin
ceguera con lo que significaron los movimientos estudiantiles de mayo del
68, tanto aquí, en Europa Occidental, como en Usamérica, criticó,
empero, algunos de los planteamientos de sectores del movimiento universitario
de esos años respecto a la relación entre ciencia y política.
Constató una fuerte corriente anticientificista entre algunos sectores
revolucionarios de estos movimientos. Por ejemplo, en una conferencia impartida
en Valencia en 1969, Sacristán ilustraba su tesis con el caso
de una familiar bioquímica que trabajaba en Italia. Los estudiantes,
que simpatizaban con ella y con sus planteamientos políticos, le habían
preguntado los motivos por los que ella seguía en la investigación
pura y no se dedicaba, en cambio, a buscar algo para el “asma de las lavanderas
del Ticino”. El incidente, señalaba Sacristán, no tuvo ninguna
trascendencia práctica pero revelaba un estado de ánimo: el
de un ”movimiento estudiantil rebelde que empieza a creer que no tiene sentido
hacer investigación básica en bioquímica, por ejemplo”.
Siguió Sacristán ilustrando su posición
citando un artículo de un dirigente estudiantil italiano en el que
sostenía que la investigación pura, la fundamental, era un sistema
mediante el que los países desarrollados podían asignar muchos
recursos y así mantener lo que se solía llamar el “calor de
la coyuntura”, evitando de este modo recalentamientos, tensiones económicas
por exceso de riqueza, alejando las crisis de sobreproducción, por
usar términos económicos tradicionales, concluyendo, y ahí
entraba la crítica de MSL, que una cultura revolucionaria lo que debía
hacer es suprimir la investigación básica y quedarse sólo
con la aplicada. No hacer física teórica y en las ciencias químicas
quedarse con los plásticos y la farmacopea.
Citó igualmente Sacristán un artículo
de un combatiente universitario norteamericano , Michael Rossman, “que lleva
un montón de años saliendo y entrando a la cátedra en
Estados Unidos (que es como para respetarlo en serio)”-, que llevaba por título
“Notas de la cárcel local”, en el que establecía una comparación
entre la cárcel de ese condado y la Universidad de Berkeley, y en
el que, escribiendo “maravillosamente”, decía irónicamente a
los estudiantes usamericanos: “Establécete una personalidad distinta,
pero no amenazadora; elige un símbolo referente a tu persona, y acentúalo;
sé apasionadamente dedicado a la búsqueda de la verdad; atrévete
a una hipótesis audazmente heterodoxa, cuya sutil fragancia pueda captar
tu profesor; admite graciosamente tu error evidente, muéstrate abierto
a la enseñanza y capaz de aprovecharla. – Sacristán: “Entonces
termina y aquí traduzco literalmente, rebajando un poco”-. Podría
seguir pero que se vayan a hacer puñetas”.
Sacristán señala que Rossman está
haciendo un retrato del estudiante cobista, un retrato justo, por lo demás,
pero que entre los títulos del estudiante conformista incluye el de
“sé apasionadamente dedicado a la búsqueda de la verdad”. Hay
ironía, sin duda, pero, en su opinión, el apasionamiento por
la verdad está “puesta al mismo nivel que los demás detalles
del estudiante cobista”.
Finalmente, otro ejemplo “terrible” extraído de
una revista de los estudiantes de la misma universidad de Berkeley (“La barba
de Berkeley”): “No es posible reformar las universidades, hemos de entrar
a saco en los campus de los Colleges, quemando libros, deshaciendo aulas y
liberando a nuestros hermanos de la prisión de la Universidad”. Es
decir, señala MSL, no se sostiene que haya que conquistar la Universidad
para un pensamiento y una cultura revolucionarios, sino que se trata de destruir
la institución por “considerarla pura y escuetamente como cristalización
del espíritu reaccionario”.
Por otra parte, sobre las repercusiones de los movimientos
sesentayochistas en algunos sectores del movimiento universitario catalán,
Sacristán se expresaba del modo siguiente en una “Nota sobre la Universidad”
de 5 de marzo de 1970 dirigida a la dirección del PSUC-PCE (Véase
anexo de la tesis doctoral de Miguel Manzanera sobre Sacristán, UNED):
“Lo primero que a uno se le ocurre en presencia de un
contingente numeroso de personas bastante conscientes de su oposición
al sistema en que viven, pero que no se deciden a formar un movimiento organizado,
es que esas personas no creen en la conveniencia o en la necesidad de hacerlo.
Pues consciencia del problema no les falta. Me parece que esa falta de convicción
se debe a varias causas, cuya importancia relativa no conozco. Son, entre
otras, acaso: el saber que hubo un movimiento organizado que acabó
por descomponerse; la consiguiente falta de esperanza en una vía continuada
con una perspectiva atractiva para todos y que parezca alcanzable; el espectáculo
de la lucha, ya muy crispada, entre partidos, obstáculo muy serio
a cualquier movimiento, fuera de la minoría más activa; el
deseo de no meterse en “líos”, visto que todo ha salido mal. Esas
causas explicarían también algo de otro modo incomprensible:
el éxito de actitudes políticas sin fundamento, como las de
los Che, que son mimetismo incoherente de los hechos de Francia o Italia,
pero muy mal conocidos. Más de mil estudiantes pueden aplaudir hoy
una intervención en la que se dice que en las condiciones actuales
de España la consigna de libertad es reaccionaria. Sólo la
sublimación de una completa desesperanza me parece explicar el éxito
de un absurdo semejante”.
Igualmente,
Crítica, la revista clandestina
de los estudiantes del PSUC, había insertado en su número de
agosto de 1968 un artículo firmado por R. Serra, que creo que es un
seudónimo de Sacristán, con el título “La significación
de los movimientos estudiantiles en los países capitalistas occidentales”.
Fue escrito antes de las elecciones francesas del 23 de junio y 1 de
julio, y su trabajo sólo tiene en cuenta la primera fase de las
grandes luchas de la primavera parisina. Fue reproducido en el número
de otoño de 1968 de NH, pp. 45-48.
Inicia su artículo Sacristán constatando
que “los movimientos estudiantiles son intensos en algunos países capitalistas
avanzados o no particularmente atrasados, como Alemania occidental, Francia,
Italia, España, Gran Bretaña, Estados Unidos. Este hecho
está poniendo fin a la literatura propagandística que durante
años ha defendido, con fingida nostalgia y real intención paralizadora,
la tesis de la despolitización de la juventud universitaria y obrera.
A la luz de los recientes movimientos universitarios en diversos países
occidentales se puede comprender mejor incluso la significación político-social
de movimientos como los de los “mods”, y los “rockers” anglosajones,
por una parte, y de los “hippies” y “freepies” americanos y europeos de otra”
Para Sacristán el significado de estos movimientos
juveniles es la de “una crisis profunda de los valores burgueses tradicionales
y de los nuevos valores rápidamente montados en estos últimos
decenios, con todos los medios de la publicidad de masas, por el capitalismo
monopolista de la postguerra, denominado neocapitalismo”. En su opinión,
grandes sectores de los jóvenes estudiantes y trabajadores estaban
tomando consciencia de “la injusticia de la supraestructura capitalista, de
la hipocresía de sus valores tradicionales -la “libre” empresa, la
“abundancia” por la ley de maximización del beneficio, la “democracia”
puramente formal- y la reciente percepción de la necesaria lucha contra
la escasez, que degenera en promoción de consumos superfluos y alienadores,
mientras que la oferta de los bienes esenciales, desde la vivienda hasta la
educación y la investigación, se ve limitada por su incapacidad
para producir beneficios máximos privados, o bien -como en el caso
de la investigación- se desnaturaliza para producir estos beneficios
máximos privados, en la industria de guerra. La explotación
de los países subdesarrollados, acompañada de brutales agresiones,
como en particular la de Vietnam, ha contribuido decisivamente a desenmascarar
la naturaleza opresiva del sistema”.
Sostiene Sacristán que el llamado problema de los
jóvenes, o la crisis de autoridad de los adultos, se ha planteado ya
otras veces durante el siglo XX: “hacia los años 20 y 30, dio lugar
a la demagogia fascista, que tuvo éxito en la universidad (en España,
el SEU proporcionó una parte decisiva de los cuadros fascistas de la
guerra civil)”. Esta demagogia que hacía de la juventud una categoría
social universal era un intento burdo de disimular la lucha de clases “y
por esta razón tuvo mucho menos eficacia entre la juventud obrera”.
Tuvo, en cambio, algo más fuerza entre los estudiantes
universitarios. Algunas manifestaciones de este movimiento “parecían
ofrecer una cierta similitud con la mística interclasista de la juventud”.
Así lo indicaban, a primera vista, algunas consignas de la Liga alemana
de estudiantes socialistas, de la que eran miembros destacados los hermanos
Wolff, Lefevre y R. Dutschke. A título de ejemplo Sacristán
citaba la que afirmaba que debajo del vestido de los profesores universitarios
había moho de mil años o la que presentaba a los científicos
adultos como “idiotas especializados”. No todo es confusión, apuntaba,
pero “no hay duda de que la actitud puede hacer recordar la confusa
demagogia en torno a la juventud de más de hace treinta años”.
Todos estos elementos de confusión, prosigue Sacristán,
han despertado esperanza entre algunos fascistas y temores profundos en el
interior de algunos partidos obreros. “Pero las esperanzas fascistas y los
temores poco inteligentes no tienen fundamento”. Para abandonarlos, señala,
basta con observar que todos los movimientos estudiantiles importantes de
Europa Occidental quieren ser marxistas, no sólo el SDS alemán
sino incluso los anarquistas del Movimiento 2 de marzo que se autodefinen
como “anarco-marxistas”, según la forma de decir de Daniel Cohn-Bendit.
Por lo que, a la razón apuntada de crisis de la supraestructura ideológica
del sistema de valores capitalistas, hay que añadir una segunda: “la
difusión masiva de ideas marxistas y socialistas incluso en sectores
externos al proletariado”, y en grupos sociales que 40 años atrás
habían sido foco de fascismos.
En opinión de Sacristán, la raíz social
de la motivación socialista de los modernos movimientos de estudiantes
en Occidente capitalista es el rápido cambio de la función de
los intelectuales en la producción y en los servicios. Esta raíz
de base del socialismo de los grandes movimientos de estudiantes europeos
“garantiza que se trate de socialismo auténtico por muy confuso que
sea ideológicamente. Esta raíz hace ilusorias las esperanzas
fascistas y lamentables los temores cortos de vista que algunas organizaciones
parecen sentir delante la superficial confusión teórica y política
de los movimientos de estudiantes en algunos países europeos. Para
nosotros, particularmente, en la Universidad de Barcelona, esta cuestión
no puede ofrecer ninguna duda. En la memoria de algunos porque lo vivieron
y en la de otros porque lo han oído contar, está presente el
hecho de que la actual fase del movimiento universitario catalán estaba,
a finales de 1956 e inicios de 1957, en un estado de superficial “confusión”
tan grande que a su lado los actuales estudiantes alemanes, franceses o italianos
parecían un “Instituto de Marxismo-Leninismo. Entre los portavoces
más visibles del movimiento se contaban señoritos elegantes
de diversos tipos y pintorescos carlistas. Pero los estudiantes comunistas
de entonces no los declaraban hijos de papá y menos aún
provocadores, sino que se incorporaban de lleno a la lucha y contribuyeron
decisivamente a fundar y desarrollar el movimiento de estudiantes de la Universidad
de Barcelona”.
La principal enseñanza que, en su opinión,
aportaba sobre esta cuestión el movimiento parisino era la siguiente:
era necesario estar preparados y saber que la alianza de la clase obrera y
de sectores estudiantiles e intelectuales, al tratarse de un fenómeno
histórico nuevo, “podía presentar formas superficialmente confusas,
de las que no hay que tener miedo porque son inevitables y porque se salvan
en la autenticidad de su raíz histórica básica: la proletarización
objetiva del trabajo intelectual”.
En un plano particular, apunta finalmente MSL, el movimiento
parisino permitía ver más concretamente el alcance de una advertencia
reiterada en los congresos del PSUC y del PCE: la posibilidad de un desarrollo
nuevo, “sin guerra civil, de las revoluciones democrática y socialista
es nada más que una posibilidad, aunque esté sin duda cargada
de realidad y tal que si se llegase a realizar supondría, junto con
el ahorro de sufrimientos, un gran ahorro de fuerzas productivas para la inicial
acumulación socialista. Y también se trata de una posibilidad
que no puede tener formas de realización fijadas apriorísticamente”.
En el caso de que las elecciones francesas, apunta Sacristán,
abriesen o facilitasen el paso a una auténtica vía en Francia
para el socialismo, no habría duda de que esta ruptura electoral habría
estado motivada por los movimientos sociales, por las movilizaciones en la
calle, por las manifestaciones, por las barricadas, etc. Pero, en todo caso,
“la posibilidad de instaurar una democracia política y económica
que garantice, por la composición de clase del poder, la construcción
del socialismo sin necesidad de una guerra revolucionaria propiamente dicha
no excluye una gran variedad de choques más, posibles todavía,
sino que
los implica. Ni tan sólo excluye su agotamiento como posibilidad”.
Finalmente, en una conferencia sobre Sartre de 1980, Sacristán
se refería brevemente a los movimientos estudiantiles próximos
al Mayo del 68 parisinos, a raíz del análisis de la etapa marxista
sartriana, en los términos siguientes.
“(...) Esta fase marxista de Sartre que tiene también
mucho que ver la historia política, económica y social de Francia
y de Europa, culmina el año 68. El año 68 se produce, con un
largo prólogo que venía aproximadamente desde el 67, en las
Universidades norteamericanas, desde el 66 incluso, una oleada de movimientos
de rebeldía, resistencia, incluso de intentos revolucionarios, en el
mundo estudiantil y el juvenil, en general, empezando por Norteamérica,
siguiendo luego por Francia, Alemania e Italia y, con menos fuerza, en Inglaterra
también.
Ese movimiento juvenil, y principalmente estudiantil, se
expresa a sí mismo en forma marxista, construyendo así el momento
de mayor influencia al menos visible o superficial del marxismo en la Europa
del siglo XX, en la Europa occidental del siglo XX. Pero además coincide
con unos movimientos obreros de mucha importancia. Se pasa a menudo
por alto, al hablar de lo que ocurrió el año 68, que ese año
se produjo en Francia la huelga obrera más importante del siglo XX:
diez millones de obreros en huelga y durante bastantes semanas, durante más
de dos semanas.
Todo eso determina una situación en la que parecían
cuajar muchas esperanzas, por usar el lenguaje de Sartre, presentes desde
antiguo en la tradición marxista. Sartre traza entonces una evolución
dentro de su marxismo hacia lo que podríamos llamar la extrema izquierda
marxista.
La mucha esperanza, el mucho potencial de esperanza
acumulado en esas semanas de los meses de mayo y junio de 1968, explica el
que la desilusión al fracasar aquel movimiento, en todo o en parte
-esto es una cosa que tendrán decir los historiadores-, fue una desilusión
causante de mucho pesimismo. Se puede decir que ya entonces, en el otoño
o en el invierno del 68, Sartre ha empezado a entrar en la última fase
de su pensamiento que no es una fase marxista. No es tampoco resueltamente
o explícitamente antimarxista...”
Anexo 12: Notas sobre El futuro (y textos afines).
En sus resúmenes de trabajo, Sacristán había
realizado las siguientes anotaciones sobre algunos pasajes del libro de Waldeck
Rochet:
“1. Lenguaje asqueroso:."(...) la jeunesse ardente et
généreuse(...)” [“la juventud ardiente y generosa”]
2. “La causa de la huelga, sin precedentes por su amplitud,
que se desarrolló en mayo-junio de 1968 no es nada misteriosa: es la
política del poder desde hace diez años. Es la indiferencia
cínica de los medios dirigentes a las necesidades más urgentes
de los trabajadores y la confiscación de todos los frutos del progreso
científico y técnico por la oligarquía. Y la clase obrera
no había esperado los acontecimientos del Quartier Latin para mostrar
su descontento. ¿Es necesario recordar la huelga de treinta y cinco
días de los mineros en 1963? ¿Habrá que evocar las grandes
jornadas de 1967, las del 1 de febrero, 17 de mayo, 13 de diciembre, o la
significativa fuerza de la manifestación de la CGT el 1 de mayo de
1958?”
Utilización indecente de una verdad. Es verdad
que la fuerza es la clase obrera, y que la tenía, por ejemplo más
destacado, el 1º de mayo de 1968. Pero no es verdad que sea lo
mismo: porque en los días siguientes, gracias al Quartier Latin, la
cualidad era otra: no unos cientos de miles de mineros, sino más de
ocho millones de trabajadores de todas las categorías.
3. “Una vez recordadas brevemente las causas del descontento
acumulado entre los trabajadores, se advierte que se distinguen del movimiento
estudiantil como tal. Lo que sí es verdad, de todos modos, es que la
potente huelga de solidaridad con los que estudiantes víctimas de
la represión, desencadenada por iniciativa de la CGT el 13 de mayo
de 1968, y las grandes manifestaciones populares que la acompañaron,
dieron a los trabajadores una consciencia aguda de su fuerza y de sus posibilidades
de lucha" (p. 12)
Ante este veraz reconocimiento, muy exacto, además,
en su formulación, toma otras dimensiones la anterior formulación
repugnante: se trata sólo del paternalismo propagandístico:
cargar las tintas de la media verdad tácticamente en primer plano.
Con eso no se puede ya hacer política.
4. p. 17. Hay que admitir que crean eso, pues es su política.
Pero, ¿objetivamente?. Más bien ocurre que una política
tiene sus implicaciones. Un anterior análisis puede haberles probado
que era así, que tal era la situación de las masas. Eso ha hecho
desarrollar otra política. Esta política impide reaccionar en
seguida a un cambio brusco de la situación. Si hubiera habido un buen
equipo militar del PCF (no la necedad de los adoquines de los estudiantes),
¿no habría habido masas suficientes?
5. pp. 20-21 [Desde “En el corazón mismo de la
crisis social y política de mayo-junio...” hasta “(...) Eso quiere
decir que si las propuestas de acción común del Partido comunista
francés hubieran sido tomadas en consideración, habríamos
podido tener en el plano político una salida diferente de la que hemos
conocido”]. Todo eso es seguramente verdad. Pero se olvida de una consecuencia:
no parece posible conseguir la alianza del pueblo negociando con sectores
que no quieren más que hundirte.
6. ”Ser revolucionario no es conducir la clase obrera
a la derrota lanzándola con ligereza a acciones aventureras sin tener
en cuenta la verdadera correlación de fuerzas” Este es el tema
decisivo. Él cita a Massu.
7. p. 23 [“El poder había fijado el plan de provocar
a los trabajadores en huelga, de empujarlos a reaccionar violentamente a sus
provocaciones y, por último, arrastrar el movimiento obrero, y dentro
de él a nuestro partido comunista, a un enfrentamiento violento, sangriento,
con su policía y con su ejército...”]. Esto es muy importante.
No repetir marzo. Pero tiene sus implicaciones problemáticas. Pues
supone oleada fascista, por dificultades del capitalismo. Entonces no hay
que seguir siendo triunfalistas.
8. “No hemos querido que la clase obrera francesa sufriera
de nuevo la suerte trágica que corrió durante las jornadas de
julio de 1848, ni que su canto de lucha se transformara en el “fúnebre
sólo” con el que terminó la Comuna de París” (p. 24).
Muy valiente.
9. p. 26 [Desde “Esta concepción de la lucha de
masas se basa para nosotros en razones de principio que nuestro partido ha
desarrollado a menudo y que Engels evocaba con unas palabras de admirable
actualidad...” hasta “(...) que utiliza sin pudor el épouvantail
[espantajo] del caos y de la guerra civil”]. 1) Aquí, al final de su
argumentación más seria, se aprecia su mayor debilidad: que
eso no es un “épouvantail”, y que no se ve garantía contra esa
operación del enemigo siguiendo la actual política. Tema de
la putrefacción. 2) El equívoco es la confusión entre
la democracia económica política y la posibilidad del
paso pacífico a ella.
10. Ausencia de análisis marxista en la cuestión
de los monopolios y la pequeña empresa burguesa (p. 41). Pura política.
11. Tratamiento del problema de los intelectuales como
si no los hubiera revolucionarios, sólo progresistas (pp. 51-55)
12. Los sectores que el PCF propone nacionalizar son
“la siderurgia, la química, la electrónica,...” (p. 69). Planificación
democrática, crecimiento sin inflación (p. 70).
13. “Una asamblea nacional elegida por sufragio universal
tendría la tarea de hacer las leyes y controlar el gobierno (...)”
(p. 72). En este contexto habla de lo malo que es el sistema electoral francés
actual. ¡Ya lo podía haber dicho en mayo!
14. Y al final de esta exposición dice que hay
que esperarse violencias de la gran burguesía (p. 77). Pues entonces,
hombre.
15. pp. 78-79 [Desde “Para un observador como Maurice
Duverger el comunismo francés está “desgarrado por una contradicción
esencial”...” hasta “...si no está defendida por un poderoso movimiento
popular [MSL: ilusiones, a pesar de todo] constantemente en guardia, y si
ese movimiento no tiende a limitar y a destruir luego, todos los privilegios
de la gran burguesía”]. Rehacer esta cuestión es rehacer el
núcleo de todo.
Análogamente decisivo es el paso siguiente, también
lleno de verdades con una sola falsedad: el olvido de que el choque, presupuesta
esa concepción, se producirá al principio, y no al final (p.
83) [Desde “El PSU, cuyas concepciones reformistas se disimulan bajo un léxico
izquierdista...” hasta “(...) En cambio, luchando por una democracia avanzada,
el partido comunista lucha del modo más eficaz por la instauración
de una Francia socialista”].
16. “Acabamos de comprobar que la democracia verdadera
es una etapa en el camino del socialismo” (p. 85)
De acuerdo, pero hay que precisar cómo. Lo es
porque: a) donde no se ha hecho así el socialismo, se ha acabado en
burocratismo tras el final de las ilusiones heroicas. b) No porque eso sea
un vía al poder. c) Lo es también histórico-económicamente
(pero respecto del pasado). Y en Europa. Y ello tanto por el desarrollo del
capital cuando por el de las masas (concentraciones respectivas).
17. “Pero ¿ha de actuarse obligatoriamente en
esa revolución en la forma de un enfrentamiento militar, de una guerra
civil entre las fuerzas opuestas? Esta imagen catastrófica de la revolución
socialista sirve perfectamente los intereses y los cálculos de los
adversarios del progreso, pero no expresa las opiniones de los comunistas”
(p. 96). Cura.
18. “Queda al hecho de que la vía pacífica
es una posibilidad, no una certeza y que, por lo tanto, habrá que tener
en cuenta las condiciones de cada momento” (p. 98). Si vis pacem, para bellum.
Y estos preparan una paz insegura.
19. “Ese doble aspecto del nuevo poder político
de los trabajadores -desarrollo continuo de la democracia para todos los trabajadores
y el pueblo, y defensa de las conquistas sociales contra las antiguas clases
explotadoras. Caracteriza lo que los fundadores del marxismo han llamado
la ‘dictadura del proletariado’ “(p.124).
Luego ella es la democracia política y económica.
Esta es una nueva comprensión de la dictadura proletaria.
20. Interviene en Althusser-Garaudy, p. 163.
Anexo 13. Sobre la cuestión nacional, Catalunya
y España.
Manuel Sacristán no escribió específicamente
ningún ensayo sobre España, Catalunya o cuestiones nacionales
o de nacionalismo, pero sí se refirió a este tema y a cuestiones
afines en algunos de sus escritos y en muchas de sus intervenciones políticas,
de las cuales, en algunos casos, no ha quedado testimonio escrito o grabado
alguno (Por ejemplo, de su intervención sobre este tema en el encierro
de Montserrat).
Quizás no sea inútil recordar que Sacristán
dirigió durante algunos años la revista teórica del PSUC
Nous Horitzons [Nuevos Horizontes] –que tal vez fue de las primeras revistas
editadas totalmente en catalán “en el interior” durante el franquismo-,
publicación en la que Joaquim Sempere, Francesc Vicens y Francesc
Vallverdú tradujeron algunos de sus papeles más conocidas y
leídos. Por lo demás, no era imposible encontrar a Sacristán
en las manifestaciones del 11 de septiembre, donde se vindicaban libertades
políticas y autogobierno. Pero, desde luego, no le resultó
nada cómodo el auge de los nacionalismo periféricos y el triunfo
de la derecha nacionalista en Catalunya en las primeras y siguientes elecciones
autonómicas.
Una de las preguntas del coloquio de su conferencia sobre
“Tradición marxista y nuevos problemas” de 1983 versó sobre
este tema:
“He pensado que estaba dentro de la economía de
una exposición limitarme a los tres, a tres que fueran muy universales,
que realmente no tuvieran ningún contexto nacional en particular, sino
en un plano muy general. Por eso también he prescindido de algunos
otros que son importantes Por ejemplo, la consideración cultural de
la homosexualidad, que sin duda tiene importancia en sí. Pero me pareció
que para administrar una hora, o una hora y cuarto, podía tocar los
tres.
Por otra parte, a lo mejor es una ilusión o una
petulancia, pero a mí me parece que en el problema nacional la herencia
marxista no es mala. Lo que pasa es que el punto esencial se menciona poco.
El punto esencial es el principio de autodeterminación, y ahora resulta
que se le menciona poco aquí porque suena a muy subversivo, pero, desde
un punto de vista inspirado en la tradición marxista es obvio que
ningún problema nacional tiene solución si no parte de una
situación de autodeterminación. Si no, no hay nada que hacer.
Todo lo demás es dar palos de ciego, matarse, golpearse, sin despejar
nunca la situación, ni siquiera intelectualmente. Me puedes
decir que es una concepción muy breve y demasiado abrupta, pero sinceramente
creo en ella, creo que, por más que se especule sobre problemas de
nacionalidades, si no es sobre la base de una articulación seria,
de una práctica sincera del principio de autodeterminación,
no hay nunca solución clara como saben los presentes. Yo creo que en
eso no ha cambiado nada. Pueden olvidarse estos problemas durante ciertas
épocas históricas. A lo mejor dentro de mil años ya no
nos acordamos de las nacionalidades hoy existentes. Es posible. Pero por lo
que hace al planteamiento propiamente político de los problemas, es
decir, el planteamiento que permita una intervención, yo sigo creyendo
que esa vulgata marxista clásica es correcta.
Pregunta: Pero la tradición marxista en este punto...
Es poco sensible, seguro que estás pensando que
es que poco sensible
Ambigua
No ambigua teóricamente, porque teóricamente
está el principio claro.
En la práctica de la tradición de Marx.
En la práctica, sí. Pero no sólo
en ese concepto, sino en tantos otros.”
Una breve antología de sus textos podría ser la siguiente:
1. Textos de juventud.
A. Confucio es un consecuente cosmopolita que no concede
valor substancial a la pertenencia del hombre a grupos étnicos o nacionales:
“He sabido que el príncipe de Ts´u ha perdido
su arco; sus seguidores le pidieron que enviara a por él. El príncipe
respondió: - El rey de Ts´u ha perdido su arco; un hombre de
Ts´u lo encontrará, ¿Por qué buscarlo?”
Confucio lo supo y añadió:
-”Vale más decir: un hombre ha perdido su arco
y un hombre lo encontrará. ¿Por qué añadir Ts´u?”.
B. (...) Las personas propensas a creer que la Hispanidad
no pasa de ser un pretexto de la retórica gruesa deben considerar la
riqueza literaria que nos llega de la América española. Entonces
descubrirán -por ejemplo- que Hispanidad es, cuanto menos, eso que
nos permite leer La Colmena.
Los Breviarios del FCE son tal vez los más sorprendentes
de todos esos libros que nos remite la Hispanidad. Son, en principio, manualitos
divulgadores. Pero con frecuencia sus satinadas páginas producen sorpresas
de cierta magnitud. De mucha es la que proporciona el manual de Wahl.
1. A. “Entrada Confucio” (1954). Esteban Pinillas de las
Heras, En menos de la libertad. Dimensones políticas del grupo Laye
en Barcelona y en España. Anthropos, Barcelona 1989, p. 207.
1. B. Manuel Sacristán, Papeles de filosofía. Icaria, Barcelona,
1984, p. 483 y 486.
2. ¿Qué es España?
A. Estaba yo pensando profundamente en todo eso cuando
me llegó un sobre voluminoso con el membrete de El País. ¡Cáspita!
me dije, como si estuviera traduciendo el Cuore, esta carta debe ser muy importante,
a juzgar por su remitente y por lo gorda que es. Abrí el sobre y vi
que era una carta con título. Y qué titulo. A saber. “¿Qué
es España?”.
Me precipité a consultar el Ferrater, para ver
si don Miguel de Unamuno, o don José Ortega y Gasset, don Ramiro de
Maeztu, o incluso don Ángel Ganivet (todos esos autores son inevitablemente
“don”) estaba todavía vivo. Comprobé que no.
Por otra parte, la carta no da muchas pistas para responder
a la pregunta; es verdad que dice que España no es una unidad de destino
en lo universal, pero eso no me lo resuelve todo, porque también podría
ser un dolor, o un enigma histórico, o un problema, o un sin-problema,
o incluso un invertebrado.
Ni tampoco contribuye mucho a resolver la cuestión
el encomiable ejemplo de las democracias occidentales ante las que se postra
la carta al exhortarnos a adoptar “la perspectiva moderna con que, con la
ayuda de la razón crítica, los países más civilizados
afrontan sus problemas”. Es obvio que la Gran Bretaña es un país
de los más civilizados, por lo menos desde que Astérix y sus
amigos enseñaron a los anglos a tomar el té. Entonces, la razón
crítica que según El País, nos permitirá descubrir
qué es España ¿tendrá que ver con la muerte por
inanición de algún preso del IRA? O tal vez con algún
bombazo corso, ya que también Francia es un país muy civilizado.
Consulté el diccionario de María Moliner,
cosa siempre recomendable. Y en la página 1199 de su primer volumen
descubrí que la autora no se atreve a definir “España”. Pero,
sin decirlo, explica, en realidad, por qué no define, enjaretándonos
la retahíla de términos que transcribo sólo parcialmente:
“alanos, arévacos, ártabros, astures, autrigones, bastetanos,
benimerines, béticos, cántabros, caporos, cartagineses, celtas,
celtíberos, cerretanos, cibarcos, contestanos, cosetanos, deitanos,
edetanos, fenicios, godos, iberos, ilercavones, ilergetes, iliberritanos,
ilicitanos, ilipulenses, iliturgitanos, indigetes, italicenses, lacetanos,
layetanos, masienos, moriscos, mozárabes, numantinos, oretanos, pésicos,
saldubenses, santones, suevos, tartesios, tugienses, turdetanos, túrdulos,
vacceos, vándalos, vardulos, vascones”
Entonces me puse a pensar profundamente sobre todo eso.
B. (...) porque España no es propiedad de los
reaccionarios, yo me siento y soy español aunque fuera de una España
pequeña que limitara con los Picos de Europa, Andalucía, Galicia
y el área catalana, porque España no es una ficción,
es la nación de mis padres y abuelos, de Garcilaso, de Cervantes...
C. En la edición de Gerónimo se ha
notado que el editor español, yo, soy un español que sigue siendo
español y no tiene vergüenza de ser español, en un momento
en que se puso ferozmente de moda no ser español, moda que sigue existiendo.
A lo sumo, se admite que uno puede ser, tirando a mucho, castellano, pero
español, ¡qué horror!. En cambio, allí se habla
de Felipe II, de ministros de Felipe II, y de conquistadores, sin odio y
como de antepasados de uno en vez de como unos cabrones que están en
la acera de enfrente y con los que uno no quiere saber nada. Es decir, volviendo
a repetir el esquema tradicional de buenos y malos, completamente adialéctico
y farisaico que hemos heredado de la tradición católico-integrista,
repitiéndola al revés.
2. A. “Otra página del diario filosófico
de Filóghelo” , mientras tanto, nº 18, 1984, pp. 151-152
. 2. B. “Manuel Sacristán o el potencial revolucionario de la ecología”,
Tele/Expres, 2-6-1979 (Ahora en: De la primera de Praga al marxismo ecologista.
Entrevistas con Manuel Sacristán Luzón, Los Libros de la Catarata,
Madrid, 2004, pp 115-125; edición de Francisco Fernández Buey
y Salvador López Arnal). 2. C. ‘ ‘Una conversación con
Manuel Sacristán’, por J. Guiu y A. Munné’, Ibidem,
pp. 102-103.
3. Sobre el derecho de autodeterminación
¿Qué particularidades se ven hoy [diciembre
1984] dentro del comportamiento político y social en la sociedad catalana
respecto de la española? ¿Puede echar una mirada a lo que es
el nacionalismo catalán respecto a España?
A mí me parece que los nacionalismos
ibéricos están más vivos que nunca, los tres. Paradójicamente
el menos vivo es el español -por eso no he dicho los cuatro- en el
sentido siguiente: en el caso de la nacionalidad española, los nacionalistas
son de derechas, incluida mucha gente del PSOE, pero de derechas de verdad;
en cambio, en los otros tres nacionalismos, por razones obvias, por siglos
de opresión política y opresión física, el nacionalismo
no es estrictamente de derechas sino que hay también nacionalistas
de izquierda, como dice el mismo nombre de una formación política
catalana [Nacionalistes d’Esquerra], y a mí me parece que la vitalidad
de los tres nacionalismos no españoles de la Península es tanta,
que aunque parecer utópico, yo no creo que se clarifique nunca la
situación mientras no haya un auténtico ejercicio de derecho
a la autodeterminación. Mientras eso no ocurra, no habrá claridad
ni aquí ni en Euskadi ni en Galicia. Sólo el paso por ese requisito
aparentemente utópico de la autodeterminación plena, radical,
con derecho a la separación y a la formación de Estado, y viendo
lo que las poblaciones dicen enfrentadas con una elección tan inequívoca,
tan clara, sólo eso nos podría permitir un día reconstruir
una situación limpia, buena, ya fuera la de un Estado federal, ya
fuera la de cuatro Estados. Pero en todo caso con claridad.
A mí me parece que por más
vueltas que se le dé, por más técnicas políticas
y jurídicas con las que se intente organizar algo que no sea eso,
no saldrá nunca un resultado satisfactorio. Eso siempre será
una justificación del mayor mal que sufre España, que es tener
un Ejército político como el que tenemos. Este es el problema
fundamenta de este país.
B. (...) Doy brevemente cuenta de
una pequeña peculiaridad de la traducción: traduzco algunos
valencianismos -los que más se prestan a ello- por andalucismos.
Por ejemplo: traduzco poc por "poco" y miqueta por "poquito", porque
son términos corrientes en Cataluña; pero traduzco poquet,
que en catalán del País Valenciano, por “poquiyo”, no por “poquito”,
ni por “poquillo”. Quiero así incitar a mis paisanos a ver de qué
modo el valenciano es, sencillamente, un catalán, igual que el andaluz
es un castellano. Y quizá por causas parecidas a las que hacen que
para mi oído el castellano más hermoso sea el sevillano, creo
que el valenciano de Raimon es un catalán particularmente agraciado.
Me siento algo incómodo al ver reproducida
en esta edición para lectores de lengua castellana la nota que escribí
en 1973 por cordial encargo de Raimon. Alguna gente de izquierda en sentido
amplio (yo diría que en sentido amplísimo), creyéndose
inminentemente ministrable o alcaldable, considera hoy oportuno abjurar sonoramente
de Lenin. No pretendo ignorar los puntos del leninismo necesitados de (auto-)crítica.
Pero por lo que hace a la cuestión de las nacionalidades, la verdad
es que la actitud de Lenin me parece no ya la mejor, sino, lisamente, la buena.
Ahora bien: una regla práctica importante de la actitud leninista respecto
del problema de las nacionalidades aconseja subrayar unas cosas cuando se
habla a las nacionalidades minoritarias en un estado y las cosas complementarias
cuando se habla a la nacionalidad más titular del estado. A tenor
de esa regla de conducta, tal vez sea un error la publicación en castellano
de mi nota de 1973, dirigida primordialmente a catalanes.
Espero que no sea un error importante. Y me anima a esperarlo
así la acogida de mis paisanos madrileños a Raimon en este suave
y confuso invierno de 1976.
C. Argumentos: El marxismo se ha convertido en un fenómeno
universal, pero creo que más como método de solución
a todos los problemas. Sin embargo, en este momento, la tendencia es hacia
una interiorización, hacia una nacionalización de la política.
No soy universal porque soy de este mundo, soy universal a partir de un punto
concreto, un barrio, una ciudad, de un país o una autonomía,
y a partir de ese momento, puedo trascender para llegar a la universalidad.
No obstante, el marxismo no ha entendido ni las autonomías, ni los
nacionalismos y mucho menos los elementos subjetivos, psicológicos
de las sociedades. ¿Cree usted que esta crisis del marxismo es definitiva?
La nacionalización de la política es uno
de los procesos que más deprisa pueden llevarnos a la hecatombe nuclear.
El internacionalismo es uno de los valores más dignos y buenos para
la especie humana con que cuenta la tradición marxista. Lo que pasa
es que el internacionalismo no se puede practicar de verdad más que
sobre la base de otro viejo principio socialista, que es el de la autodeterminación
de los pueblos. Lo que hay que hacer es criticar a muchos partidos de izquierda,
marxistas o no, que han abandonado un principio fundamental como es el de
la autodeterminación de los pueblos. Todo lo demás que dice
usted en esta pregunta es pura moda neorromántica irracionalista,
efecto de la pérdida de esperanzas revolucionarias.
5. “Entrevista con Mundo Obrero” (1985). De la primavera de Praga al marxismo
ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristán Luzón. Los libros
de la Catarata, Madrid, 2004 (edición de Francisco Fernández
Buey y Salvador López Arnal), pp. 219-220.
Anexo 14. Correspondencia en torno a la publicación
de la entrevista sobre la invasión soviética en Cuadernos
para el diálogo.
El 21 de agosto de 1968 las tropas del antiguo Pacto de
Varsovia invadieron la entonces República Socialista de Checoslovaquia
(RSCh), liquidando manu militari la experiencia del llamado “socialismo con
rostro humano” que encabezaba Alexander Dubcek (1921-1992), secretario general
del P.C.Ch. La dirección del P.C.U.S. y del Estado soviético
trató de justificar el atropello apelando a la supuesta vía
revisionista o liquidacionista seguida por los dirigentes del P.C.Ch., sendero
que, sostenían, conducía inexorablemente a la restauración
del sistema capitalista y de sus relaciones de producción y aniquilación
en el país del Moldava.
En noviembre de ese mismo 1968, Sacristán publicó
unos escritos de Dubcek con el título La vía checoslovaca al
socialismo. Significativamente, su presentación del volumen -“Cuatro
notas a los documentos de abril del Partido Comunista de Checoslovaquia”-
iba encabezada con un breve pero sustantivo paso del programa de acción
del P.C.Ch.: “La victoria de la verdad, que es la causa del socialismo”.
José Mª Mohedano, colaborador en aquellos años
de la revista antifranquista Cuadernos para el diálogo, elaboró
un cuestionario para Sacristán poco tiempo después de la invasión.
La entrevista fue publicada con el título “Checoeslovaquia y la construcción
del socialismo” en el número 71-72 de la revista, (agosto-septiembre
1969, pp.11-19), y ha sido reimpresa en Manuel Sacristán. Intervenciones
políticas. Barcelona : Icaria,1985, pp.239-261.
Mohedano presentó la entrevista con la siguiente
nota:
“El 1 de agosto se ha cumplido un año desde que
las fuerzas del Pacto de Varsovia penetraron en la República Checoslovaca.
La prensa burguesa de los países occidentales, la única que
llega a nuestras manos, resarciéndose de los temblores que habían
sufrido los cimientos de uno de los países puntales del mundo capitalista
durante el mes de mayo, nos dio una visión superficial y externa de
los hechos, apenas una apariencia. Y todo ello en medio de un gran gozo por
su parte. Lo más triste es que algunas fuerzas socialistas actuaron
en los mismos términos, con la preocupación máxima de
quitarse de encima la pesada carga de la invasión, pero sin erosionar
demasiado los métodos burocráticos existentes en los países
del Este. En realidad, hemos conocido muy pocas críticas en profundidad,
auténticamente socialistas. La elección del profesor Sacristán
para esta entrevista se debe a que además de ser una de las personas
más preparadas en el tema, en España, está en estos momentos
dentro de la órbita señalada. No se trata ya de hacer lamentaciones
lacrimógenas sobre la invasión, sino de hacer una crítica
y un análisis materialista, de recorrer el camino que separa la esencia
de la apariencia. Y es indudable que Sacristán puede contribuir a
darnos una visión no formalista del problema”.
En carta dirigida a Xavier Folch, escrita pocos días
después de la invasión y en tono directo, Sacristán apuntaba:
“Tal vez porque yo, a diferencia de lo que dices de ti,
no esperaba los acontecimientos, la palabra “indignación” me dice poco.
El asunto me parece lo más grave ocurrido en muchos años, tanto
por su significación hacia el futuro cuanto por la que tiene respecto
de cosas pasadas. Por lo que hace al futuro, me parece síntoma de
incapacidad de aprender. Por lo que hace al pasado, me parece confirmación
de las peores hipótesis acerca de esa gentuza, confirmación
de las hipótesis que siempre me resistí a considerar.
La cosa, en suma, me parece final de acto, si no ya final
de tragedia.“
La elaboración de la entrevista originó
correspondencia de interés entre José Mª Mohedano y Sacristán.
En una carta fechada el 29/6/1969, Sacristán pedía una ampliación
del tiempo de espera:
“(...) Desgraciadamente, hasta entrado julio no me podré
sentar tranquilamente ante sus preguntas.Estos días tengo por fuerza
que terminar trabajos editoriales nada interesantes, pero de los cuales vivo.
Yo creo que hacia el 14-16 de julio podría enviarle las respuestas.
Así lo haré si no me da usted indicación contraria. Espero
que esto no le revuelva demasiado sus proyectos.”
En una segunda carta, de 17 de julio de ese mismo año,
Sacristán solicitaba cortésmente la máxima exactitud
en la reproducción de preguntas y respuestas:
“Otra vez tengo que pedir perdón, ésta
vez por dos cosas: primera, por los dos días de retraso sobre lo que
preveía. Segunda, porque no me ha sido posible embutir las respuestas
en diez hojas.
Esto plantea una cuestión que me preocupa seriamente
y en la cual le ruego con encarecimiento su colaboración. No he podido
limitarme a las diez hojas por el carácter muy delicado y super-rico
de las preguntas. Cada una de ellas implica problemas teóricos y prácticos
varios, pero todos importantes. Mas esa misma característica -en un
país cuya publicística se encuentra en las condiciones que todos
conocemos- me obliga a poner una condición sine qua non a la publicación
de este texto: que ni las preguntas ni las respuestas sean alteradas absolutamente
en nada. Una alteración por ligera que fuera, en una discusión
llevada entre el Scylla de la censura y la Carybdis de una opinión
pública poco informada me resultaría catastrófica. Ruego
a usted que considere vital para mí esta exigencia y que complete
el honor que amablemente me ha hecho solicitándome estas respuestas
con una rigurosa atención a que el texto no sea mudado ni en una coma.
Si ello no es posible, le ruego que renuncie a la publicación. Repito
que esta condición se refiere también al texto de las preguntas.
Le agradezco por anticipado el trabajo y, acaso, los malos
ratos que esta necesidad mía le va a ocasionar.”
En la última de las cartas, de 30 de julio de
1969, puede verse una referencia en torno a la posición tomada por
el P.C.de Cuba , además de reflexiones de interés sobre la
intervención política ciudadana en varios países del
entonces llamado “bloque socialista”:
“(...) recibí su carta del 24 en la que me anuncia
que la entrevista no podrá salir ahora. He pasado cuatro días
con fiebres muy altas y hasta hoy no me he levantado. Siento que a pesar de
trabajar bastante tiempo y con bastante urgencia no haya podido satisfacer
las necesidades periodísticas de usted ni desde el punto de vista del
calendario ni desde el de la extensión.
Lo de la convicción ya es cosa aparte. No me propongo
convencer a nadie casi nunca. En este caso menos todavía puesto que
era imposible un tratamiento global, realmente dialéctico de los problemas
suscitados. Me propongo sólo -y porque creo que es útil le he
dedicado muchas horas- mostrar que el tipo de pensamiento de moda que se
reflejaba en las preguntas excluye él mismo el tratamiento dialéctico,
a causa de su manera mecanicista y mítica de proceder, presuponiéndolo
ya todo.
Por eso queda fuera de nuestra entrevista lo esencial,
algo que usted recoge muy acertadamente en su carta: el tema de la despolitización.
Aquí está de verdad el meollo de la cuestión, porque
toda dialéctica real acaba en la consciencia y en ésta es donde
se puede sacar balance. (Acaba, ¿eh? no empieza).
Por cierto que si usted lo examina con valor, sin asustarse
por tener que reconocer muchas cosas tristes del desarrollo del socialismo,
tendrá que reconocer (si es que -cosa que ignoro- conoce usted
Centroeuropa) que lo característico del intento del PCCH fue que consiguió
por vez primera desde 1950, aproximadamente, repolitizar en sentido comunista
a un alto porcentaje de comunistas y en sentido filosocialista a un alto porcentaje
de la población procedente de la antigua burguesía culta urbana,
al mismo tiempo que repolitizaba y hasta movilizaba a una aplastante mayoría
de la clase obrera. Si usted tiene noticias de la monstruosa despolitización
de los proletariados húngaro, alemán, etc. y de la persistencia
de ideología reaccionaria en el polaco, por ejemplo, valorará
lo que tenía de promesa (de mera promesa, ¿eh?) el intento
checo. El gran error de Fidel Castro consistió, en mi opinión,
en no darse cuenta de que para decir verdades de a puño cogía,
precisamente, la ocasión en la cual acaso se iba a abrir un portillo
para que empezara de nuevo una dialéctica política interna
al socialismo. Y ello le obligó a cometer el pecado de diplomacia
consistente en callar que la RSCH era el país socialista menos degenerado
políticamente de toda Centroeuropa.
En fin, dejémoslo, la cosa está de todos
modos perdida por ahora. Precisamente porque lo está se agravará.
Y precisamente por eso le hago un último ruego: que si realmente va
a publicar alguna vez la entrevista la feche en 15 de julio de 1969, o 16
o 17, que ya no me acuerdo el día en que yo mismo se la envié.
Pues se puede temer que con el paso del tiempo la situación en Checoslovaquia
sea una tal victoria de la reacción que nuestra entrevista carezca
ya de sentido si no se da la fecha. Fechada, siempre servirá para recordar
por qué mecanismo el neostalinismo consiguió convertir a una
población entera -empezando por el proletariado- que era la única
socialista de Centroeuropa en una población reaccionaria.”
Diez años más tarde, al ser preguntado
sobre la invasión, en el coloquio de una mesa redonda sobre estalinismo
celebrada en Barcelona, Sacristán se manifestaba en los siguientes
términos:
“(...)Pienso que el experimento de Dubcek, cualquiera que
hubiera sido su resultado, era lo que había que apoyar y, modestísimamente,
lo apoyé. De las pocas cosas agradables de esos dramas es que papeles
míos sobre Dubcek han circulado por Checoslovaquia entonces.
He dicho ‘cualquiera que fuera el resultado’,porque garantía
no había ninguna. Lo que pasa es que si, como yo pienso, el rasgo característico
malo de la tradición estalinista es precisamente la falsificación
ideológica, entonces, por desgraciado que hubiera sido el resultado
final de la experiencia de los comunistas checos mayoritarios, por lo menos
iba a poner de manifiesto una verdad sociológica: se iba a saber de
una vez qué era aquella sociedad; es decir, se iban a ver manifestaciones
de voluntad no reprimidas de la clase obrera y de otras clases sociales.
De modo que, aun en el supuesto de que hubiera salido mal,
yo estaba a favor y creo que había que estar a favor”.
Para completar sus puntos de vista sobre la experiencia
checa, puede verse igualmente una entrevista de 1978 con las juventudes comunistas
de Catalunya (
Intervenciones políticas. Barcelona: Icaria,1985,
pp.275-279).