Antología de textos
de Manuel Sacristán en torno a Catalunya, España, el internacionalismo,
los derechos nacionales y cuestiones afines
Salvador López Arnal
Le dije a López Rodó “Cataluña tiene el complejo de
haber perdido la guerra civil”. Replicó él sin ninguna vacilación.
“Pues yo soy catalán y tengo la impresión clarísima
de haberla ganado.”
Salvador
Pániker, Segunda Memoria
(Anti-España, 2). ¡Ay, Dios mío!.
Tengo miedo de haberme vuelto tan histérico para ciertas cosas que
ya es que no me van a aguantar ni las paredes. Me basta con que se me junte,
por un lado, en el rabillo del ojo el tremolar de la más inocente
rojigualda, limitándose acaso a celebrar la cobertura de aguas de
una obra, por otro, ya de frente a la pupila, un cartel de toros de una corrida
en Castellón de la Plana todavía chorreando pegajosos y hasta
obscenos goterones de engrudo blanquisucio y, en fin, para rematar, en el
oído cuatro o cinco compases de El gato montés o de Marcial,
tú eres el más grande, allá en la lejanía para
que, literalmente, me prendan fuego cuerpo y alma a la vez en medio de la
calle y clame a toda voz, no sé si al cielo, a la tierra o al infierno,
como si fuese mi último suspiro “¡¡¡Odio España
!!!” (Os juro, amigos, que no puedo más).
Rafael Sánchez Ferlosio, Vendrán
más años malos y nos harán más ciegos, pp.
42-43.
-¡Oh, en España! ¿Qué
tal es España?
-Mira...se viaja mal. Las gentes son medio negras. Castilla
es muy seca y dura. El Kremlin es más bello que ese castillo o convento
allá abajo al pie de la montaña...
-¿El Escorial?
-Sí, el castillo de Felipe. Un castillo.
Me ha gustado mucho más el baile popular de Cataluña, la sardana,
acompañada de la tenora. Yo también bailé. Todos se
dan la mano y se baila en círculo, en la plaza llena de gente. Es
encantador, es humano. Me compré un pequeño bonete azul, como
todos los hombres y muchachos del pueblo lo llevan; casi es un fez. Llevo
la boina en mi cura de reposo y en otras ocasiones. El señor juzgará
si me está bien.
Thomas Mann, La
montaña mágica, p. 776.
(...) nuestro President [honorable Jordi Pujol] ha
dicho que al inmarcesible Gaudí, que ya va camino de los cielos, le
define haber sido “un gran catalanista y un cristiano muy profundo”. No voy
a dudar ahora de que fuera ambas cosas, pero eso no lo define y citaré
un ejemplo que rebate su tesis. Su hijo Josep, directivo de Europraxis, y
su otro hijo, Oriol, secretario general del Departament d’Indústria,
ambos implicados en el caso Lear como asesores e informadores, son sin duda
grandes catalanistas y cristianos profundos y, sin embargo, no es eso lo
fundamental para definirlos.
Gregorio Morán, “La autoridad
no tiene principios”, La Vanguardia, 23.3.2002
Manuel Sacristán (1925-1985) no escribió específicamente
ningún ensayo sobre España, Catalunya o sobre temas identitarios
o de nacionalismo, pero sí se refirió a estos temas y a cuestiones
afines en escritos y en muchas de sus intervenciones políticas, de
las cuales, en algunos casos, no ha quedado lamentablemente ninguna grabación
(Por ejemplo, de sus excelentes reflexiones, según testimonios entre
otros de Xavier Folch o Pere Portabella, en las asambleas celebradas durante
el encierro de Montserrat de diciembre de 1970). Además, Sacristán
llegó a escribir una conferencia o un breve ensayo que dejó
incompleto sobre estas cuestiones, sin olvidar, por otra parte, sus intervenciones
en las reuniones de los comités ejecutivo y central del PSUC y del
PCE que han podido recuperarse gracias al admirable trabajo de Miguel Manzanera.
La siguiente selección es, pues, una antología de sus comentarios
y opiniones sobre la ideología nacionalista, sobre la cultura y la
denominada cuestión nacional catalana, sobre España y sus
atributos históricos y políticos, sobre las concepciones y
la práctica política del PSUC-PCE en estos ámbitos,
sobre el internacionalismo como valor político-ético y sobre
el derecho a la autodeterminación de los pueblos, y sobre su forma
de entender las relaciones entre las comunidades ibéricas que, desde
luego, nunca concibió en clave nacionalista, ni de gran nación
ni de nación oprimida.
Ni que decir tiene, aunque sin duda es muy necesario recordarlo en este
caso, que los textos están fechados y presentan tonos y motivaciones
diversas, y que el contexto político (lucha contra la dictadura franquista
uniformadora de la “España una, grande y libre”, tiempo de la transición
política, debates internos partidistas) son determinantes para entender
sus acentos, sus puntos de vista, sus insistencias e incluso sus enfados.
Quizás no sea inútil recordar que Sacristán dirigió
durante algunos años la revista teórica del PSUC Nous Horitzons
[Nuevos Horizontes], que seguramente fue una de las primeras revistas editadas
totalmente en catalán “en el interior” durante el franquismo, publicación
en la que Joaquim Sempere, Francesc Vicens y Francesc Vallverdú tradujeron
algunos de sus papeles más conocidas y leídos (algunos de los
cuales, curiosamente, como en el caso de “Tres notas sobre la alianza impía”,
no han sido editados en castellano hasta la fecha). Como es sabido, tampoco
era imposible encontrar a Sacristán en las manifestaciones antifranquistas
del 11 de septiembre, donde se reivindicaban libertades políticas,
nacionales y autogobierno, al lado de compañeras o compañeros
que se llamaban, o hacían llamar, María, Montse, Paco, Joan,
Neus, Joaquín o Jordi, y se apellidaban Codolà, Tafalla, Fernández,
Valls, Miras o Gil.
Por lo demás, y como datos biográficos básicos, Sacristán
nació en Madrid en 1925. Pasó sus primeros doce años
de vida en la ciudad resistente; durante la contienda, vivió con su
familia unos dos años en Italia y Francia, y regresó a España,
instalándose en Barcelona, en 1939. Salvo algunos (pocos) viajes, sus
dos años de estudio en Alemania y su año académico en
la UNAM en 1982-1983, Barcelona (o proximidades) fue su lugar en el mundo,
aunque al final de sus días, por cuestiones familiares y acaso por
alguna incomodidad con el nacionalismo catalán triunfante, Sacristán
pensara en volver a su ciudad natal. Así, en este paso de una carta
de 3 de febrero de 1985 dirigida a su cuñada Anna Adinolfi, parece
hacer explícitas esas dudas en admirable tono de humor (la traducción
es de Vera Sacristán).
“Querida Anna:
Hace tanto tiempo que no te escribo, que he pensando
que te mereces no sólo una carta, sino una novela. Ahí va:
Capítulo I
Era un día claro y lleno de sol. El señor
Manolo recibió una llamada telefónica de un amigo suyo de Madrid,
Javier Muguerza, profesor de filosofía de la Universidad Nacional de
Educación a Distancia, una especie de Open University para subdesarrollados
de lengua española (Esta última precisión es quizá
redundante y el conjunto de predicados es seguramente tautológico).
Le dijo el señor Javier al señor Manolo: "Si nos prometes que
te presentas, sacamos a concurso la cátedra de tu materia, en la UNED".
Contestó el señor Manolo: “lo pensaré”.
En realidad, el señor Manolo estaba muy interesado
en este ofrecimiento, porque en la UNED no se dan clases (sino sólo
consultorio telefónico una vez a la semana, y exámenes): y
es que el lector (o más bien la lectora) debe saber que el señor
Manolo había empezado a dar clases en 1952, razón por la cual
ya no tenía tantas ganas como antes de hacer el payaso en clase.
Además, en Madrid hay una facultad de Sociología (que no existe
en Barcelona), y esto haría quizás más fácil
para Ángeles el encontrar un poco de trabajo interesante y pagado.
Por otra parte, ciertamente en Barcelona el señor
Manolo tenía hija y amigos. También una revista, aunque la
revista podría tener muy bien media redacción en Madrid, y
aunque la distancia Barcelona-Madrid sea sólo de 660 km.
Por otra parte, el señor Manolo confesaba en
voz baja (y cuando no había catalanes presentes) que le gustaba bastante
la idea de volver al área de su lengua infantil. Recientemente, le
había recorrido un escalofrío cuando, después de 50
años, había vuelto a oír cantar el estribillo de un
juego de niñas que recordaba de sus compañeras de parvulario:
El patio de mi casa / es particular: / cuando llueve se moja / como los demás.
Pero ocurre que lo oyó en México, a niñas
mexicanas. En Barcelona no se oían nunca estas cosas.
Así que el señor Manolo fue a ver a su
cardiólogo y le preguntó "¿Usted cree que puedo irme
a Madrid?”. El cardiólogo, enérgico nacionalista catalán,
contestó: "Si está usted suficientemente loco como para preferir
esa inmundicia de Madrid, yo le daré una carta de presentación
para el cardiólogo Fulano de aquella horrenda ciudad”. Después
de lo cual, el señor Manolo se fue a su nefrólogo con la misma
pregunta: "Lo siento”, dijo su nefrólogo, que era un viejo amigo, "pero
claro que en Madrid hay tanta nefrología como aquí”.
Entonces el señor Manolo explicó a su
hija y a sus amigos que se iba a ir a Madrid. Algunos votaron en contra,
otros a favor. Pero, en conjunto, el asunto tenía buen aspecto…”.
Mis anotaciones vienen indicadas como “Notas SLA”.
1. Textos de juventud.
A. Confucio es un consecuente cosmopolita que no concede
valor substancial a la pertenencia del hombre a grupos étnicos o
nacionales:
“He sabido que el príncipe de Ts´u ha perdido
su arco; sus seguidores le pidieron que enviara a por él. El príncipe
respondió: - El rey de Ts´u ha perdido su arco; un hombre de
Ts´u lo encontrará, ¿Por qué buscarlo?”
Confucio lo supo y añadió:
-”Vale más decir: un hombre ha perdido su arco
y un hombre lo encontrará. ¿Por qué añadir Ts´u?”.
B. Las personas propensas a creer que la Hispanidad
no pasa de ser un pretexto de la retórica gruesa deben considerar
la riqueza literaria que nos llega de la América española.
Entonces descubrirán -por ejemplo- que Hispanidad es, cuanto menos,
eso que nos permite leer La Colmena.
Los Breviarios del FCE son tal vez los más sorprendentes
de todos esos libros que nos remite la Hispanidad. Son, en principio, manualitos
divulgadores. Pero con frecuencia sus satinadas páginas producen
sorpresas de cierta magnitud. De mucha es la que proporciona el manual de
Wahl.
C. Mientras se imprime Laye prepara el Orfeó Català
la ejecución de la misa en si menor de J. S. Bach. Pese a no quedar
incluido en la crónica presente ese importante acontecimiento, quiere
el cronista con esta mención felicitar al Orfeó que celebra
así su LX aniversario -y el L de su primera interpretación de
la obra.
Como también quiere reprochar al mismo Orfeó
-nada debe quedar en el tintero- que interfiera indelicadamente con sus
ensayos el bien programado y honradísimo, ya que no brillante, concierto
de la Masa Coral Tomás Luis de Victoria. No fueron bien acogidos,
realmente: hasta el vestíbulo del Palacio estaba cerrado. Se reservaba,
sin duda, para el selecto público del domingo por la tarde. ¡Y
pensar que los simpáticos MURCIANOS aun tuvieron la galantería
de ofrecer, fuera de programa, un par de canciones catalanas!
D. Hasta aquí hemos podido sonreír. Pero
hay un aspecto de las actuaciones del Charlatán que acaba con toda
disposición benévola: García-Sanchiz supedita a sus
minúsculas pasiones y a sus consignas del momento el sentimiento nacional
mismo, dicta sobre él decreto de monopolio y ahonda así hasta
muy dentro del mapa humano español divisiones tan estúpidas
como desgraciadamente operantes. Sus rabietas son siempre partos de los montes,
y en eso estriba su peligrosidad: porque el ratón aparece -ridículamente,
es claro- en alguna cueva básica de la historia española; para
cerrar a Ortega la frontera, García-Sanchiz creyó necesario
exhibir de nuevo (en él es cosa frecuente) la llaga nacional por
excelencia, la guerra del 36-39. Y al negar a Picasso su ciudadanía
española ha creído conveniente -por razones, sin duda, del
más subido arcano- relacionar la pintura del malagueño con
el Peñón de Gibraltar. Si bien nos imaginamos que, cuando
la nostalgia popular por Gibraltar tomó espontáneamente un
carácter auténticamente pasional (es decir, a la vuelta de
la primera División Azul) el eximio conservador debió formar
diligentemente entre las filas de los “sensatos”. Tal vez eso contribuya
también a que los jóvenes que protagonizaron el único
movimiento popular español por Gibraltar que se ha producido en todo
el siglo XX sepan que tienen mucho más que ver con Ortega o con Picasso
que con el Charlatán cuyas inquietudes nacionales funcionan bajo
consigna de oportunismo.
Oportunismo que en otro sentido (en sentido serio) es
todo menos oportuno. Si hay algo inoportuno en España es ahondar
zanjas, profundizar divisiones. Los españoles que abisman zanjas
divisorias abren fosas para una nueva guerra civil. Bastante diversos somos;
demasiado para que nuestra unidad siempre frágil pueda resistir la
inoportuna mina de tal o cual estúpido zapador.
Ése es, brevemente dicho, el punto charlatanesco
que resulta peligroso. Es probable que, más que por malicia, el pobre
hombre llegue a revestir ese aire amenazador para España sólo
gracias a una gigantesca concreción de ceguera más o menos
inocente. Pero si la ceguera puede ser a menudo inocente, no es nunca
inocua. Tal vez los tontos no sean malos; mas, en todo caso, no hay
tonto bueno.
Viendo al Eximio Charlatán convertido en peligro
para la unidad española, suspiramos: ¡Ah! ¡Buena razón
asistía a Heráclito cuando nos enseñó que no
hay hilo perdido en la madeja del mundo!
E. Nueva revista. Cuando a juzgar por lo que con evidente
impudor exhiben al paso del varón transeúnte ciertos escaparates,
creíamos desaparecido el corsé que antaño moderaba climatéricas
opulencias, he aquí que con el título de Ateneo nos llega
el número inicial de una publicación. Tal vez parezca disparatada
la asociación mental de revista a corsé, pero no lo será
tanto si se tiene en cuenta que la frivolidad y la fuerza opresiva les son
comunes.
Los creadores de la nueva revista vienen a decir, ya
campanudos, ya amenazadores, pero siempre en términos confusos, que
en el cuerpo pensante hispánico amagan formas capaces de alterar el
canon esquelético de sus particulares referencias. Por ello y como
remedio propio de mentalidades ajenas al más primario concepto de lo
vital e invocando una unidad nacional que ha sido y será siempre tarea
conjunta de todos los españoles -opus hispanorum- y no menester exclusivo
de un grupo, presentan bajo el mote helénico de “Ateneo” un corsé
destinado a contener por presión, que es tanto como decir aparentemente,
lo que ellos juzgan herético y que no son sino tejidos vivos de un
cuerpo que crece en su historia y que posee el vigor suficiente para que
resulte superflua la dirección que pretende ejercer ese núcleo
de “Ateneo” cuya sequedad espiritual yace en el primer número que
publica.
Pero como los viejos corsés, no faltan a este
cintas, lazos y faramallas: aquí, artistas de cine fotografiadas desde
la vertical, faquires barbudos ingiriendo clavos y vidrios rociados de ácido
nítrico, y otras cosas demostrativas de que las grandes preocupaciones
pueden ir también al circo y al cine no apto para menores.
Señalemos el índice de monstruos y réprobos
que parece iniciarse en el número aludido y que se encabeza -¿cómo
no?- con Unamuno. Ha de advertirse, no obstante, que la exclusión
de Unamuno aparece contrapesada por la inclusión de la señorita
Silvana Pampini y sus tremendas protuberancias torácicas.
F. Todavía mejores observatorios que la corrida
goyesca fueron los festivales regionales del Pueblo Español.
Todos resultaron brillantes. Alguno incluso -la prensa lo subrayó-
de calidad. Pero no es ocasión de analizarlos. Resultará mucho
más interesante echar sobre ellos la sonambúlica mirada con
que se suele sorprender a las esencias, grandes amigas de los despistados
y de los miopes. Así, desde lejos, y luego de comprobar que -por
más calidad que tuvieran- su público no estaba hecho de cultos
diletantes, resulta que los festivales de Montjuic se confunden, en la cansada
retina, con los demás datos que ella almacenaba sobre el sentimiento
folklórico español.
Folklore es, francamente, incluso sin ponerla la correcta
V, una palabrota bastante más rara que metacarpiano o indigencia.
Pero, si usted amenaza a alguien con aplicarle violentamente los metacarpianos
o si dice que la terraza de tal bar está llena de indigentes, la gente
pensará que es usted un pedante; en cambio, si pide usted folklore
todas las noches, quienes le oigan se limitarán a sonreír,
convencidos de que es usted un borrachín simpático, todo naturalidad
y campechanería. Pues bien, simbólicamente -sólo simbólicamente-
la suerte de la palabra “folklore” encierra la historia, reciente del sentimiento
patriótico español. Es muy desagradable dogmatizar en exabrupto.
Pero como no es posible transformar una crónica en un ensayo, ni
lícito dejar sin comentario esos festivales, necesario será
escribir la siguiente tesis: "El mapa sociológico del sentimiento
patriótico español se ha invertido hoy con respecto al siglo
pasado." EI pueblo vivía en el siglo XIX sobre claras bases patrióticas
que, por el contrario, faltaban a las clases cultas. El pueblo no tuvo dificultad
moral alguna para decidir su conducta ante !a invasión napoleónica,
por ejemplo, mientras que los hombres "educados" sufrieron lo indecible,
sometidos a desgarradoras antinomias. Pero pasan los años y los hombres
cultos descubren una nueva fuente para sentir sentimientos semejantes al
que en ellos había hecho crisis. La cosa se llamaba "sentimiento
nacional" -no ya de Patria- y fue servido en grandes dosis por todo el país
y principalmente, como era lógico, en la periferia. El pueblo tardó
en hacer acopio del nuevo producto, pese a la eficacísima propaganda.
Sí, al pueblo siempre le había gustado bailar. Pero ¿qué
quería decir Volklore? Porque antes, bailaba uno una jota y se quedaba
tan tranquilo. Pero ahora, según enseñaban los pequeños
mancinis peninsulares, bailaba usted una sardana y se llenaba de Volkgeist
que daba gusto, hasta rebosar el corazón, las entrañas y la
vesícula biliar, que es lo que más se llena de Volkgeist
cuando se sufre ominosamente bajo brutal opresión.
Se llena uno tanto de eso que, al final y si se tiene
un paladar discreto, se sienten náuseas y se vomita. Hoy, lo
más limpio de las clases cultivadas españolas empieza a vomitar
Volkgeist. Y el pueblo -tengo conciencia de que la imagen no es muy
bella- se lo está tragando.
He aquí pues, que la vanguardia culta española
ha descubierto los límites de la cosa y puede volver a entenderse.
Pero ahora, hijos de los pequeños mancinis, hay que pagar por los
padres: ahora que vosotros sois capaces de elaborar un nuevo y depurado
sentido de lo español, el pueblo -que, abandonado a sí mismo,
ha cambiado el Volklore metafísico en el molesto y sucio “folore”
sentimental- no entiende una palabra que no sea “folórica”. De un
pueblo que hace cien años era patriota -con un patriotismo de mayor
o menor calidad, eso no vamos a discutirlo- habéis hecho un pueblo
nacionalista. Ahora que, salvo los fanáticos y paranoicos, os aburrís
del nacionalismo, ¿qué vais a hacer con el pueblo español?
Mucho me temo que haya que preguntarlo al revés: ¿qué
va a hacer de vosotros el pueblo? ¿Qué va a hacer de España?
Porque hay que tener en cuenta que sólo he hablado aquí del
pueblo que, en líneas generales, sigue siendo nacionalista, del pueblo
que está más o menos "vertebrado". Pero ¿y el
contingente que, más inteligente, se burló pronto de las ñoñeces
nacionalistas? El sector totalmente desvertebrado -claro: el enorme sector
marxista- ¿cómo va a poder ser alcanzado por un nuevo sentimiento
español?
O estamos ante el nacimiento del más depurado
patriotismo hispánico que haya existido nunca o ante la definitiva
muerte del sentimiento español.
(Valga en descargo del cronista el que no dicte "anathema”
contra ninguna refutación posible de sus desnudas tesis. Y válgales
a éstas su forzada desnudez cierta consideración.)
Notas
(1). A. “Confucio” (1954). En: Esteban Pinillas de las
Heras, En manos de la libertad. Dimensiones políticas del grupo
Laye en Barcelona y en España. Anthropos, Barcelona 1989, p. 207.
1. B. Manuel Sacristán, Papeles de filosofía. Icaria,
Barcelona, 1984, pp. 483 y 486. 1. C. “Las vacaciones de Barcelona”, Laye
núm. 15, p. 50. 1. D. ”Entre sol y sol, I”, Intervenciones
políticas, Icaria, Barcelona, 1985, pp. 19-20. 1. E
Nota de Laye nº 17, 1952, p. 70 (firmada como ‘L’).
1.F. ”Las vacaciones de Barcelona”, Laye núm 15, pp.
47-48.
Nota SLA:
También en Laye (nº 15, p. 49), Sacristán
había escrito de forma contundente: “Pocas cosas son tan repugnantes
como el nacionalismo artístico. No existe la música española,
ni la música francesa, ni la alemana. Existe la música en
España, en Francia, en Alemania”.
2. ¿Qué es España?
A. Estaba yo pensando profundamente en todo eso cuando
me llegó un sobre voluminoso con el membrete de El País.
¡Cáspita! me dije, como si estuviera traduciendo el Cuore,
esta carta debe ser muy importante, a juzgar por su remitente y por lo gorda
que es. Abrí el sobre y vi que era una carta con título. Y qué
titulo. A saber. “¿Qué es España?”.
Me precipité a consultar el Ferrater, para ver
si don Miguel de Unamuno, o don José Ortega y Gasset, don Ramiro
de Maeztu, o incluso don Ángel Ganivet (todos esos autores son inevitablemente
“don”) estaba todavía vivo. Comprobé que no.
Por otra parte, la carta no da muchas pistas para responder
a la pregunta; es verdad que dice que España no es una unidad de
destino en lo universal, pero eso no me lo resuelve todo, porque también
podría ser un dolor, o un enigma histórico, o un problema,
o un sin-problema, o incluso un invertebrado.
Ni tampoco contribuye mucho a resolver la cuestión
el encomiable ejemplo de las democracias occidentales ante las que se postra
la carta al exhortarnos a adoptar “la perspectiva moderna con que, con la
ayuda de la razón crítica, los países más civilizados
afrontan sus problemas”. Es obvio que la Gran Bretaña es un país
de los más civilizados, por lo menos desde que Astérix y sus
amigos enseñaron a los anglos a tomar el té. Entonces, la
razón crítica que según El País, nos
permitirá descubrir qué es España ¿tendrá
que ver con la muerte por inanición de algún preso del IRA?
O tal vez con algún bombazo corso, ya que también Francia es
un país muy civilizado.
Consulté el diccionario de María Moliner,
cosa siempre recomendable. Y en la página 1199 de su primer volumen
descubrí que la autora no se atreve a definir “España”. Pero,
sin decirlo, explica, en realidad, por qué no define, enjaretándonos
la retahíla de términos que transcribo sólo parcialmente:
“alanos, arévacos, ártabros, astures, autrigones, bastetanos,
benimerines, béticos, cántabros, caporos, cartagineses, celtas,
celtíberos, cerretanos, cibarcos, contestanos, cosetanos, deitanos,
edetanos, fenicios, godos, iberos, ilercavones, ilergetes, iliberritanos,
ilicitanos, ilipulenses, iliturgitanos, indigetes, italicenses, lacetanos,
layetanos, masienos, moriscos, mozárabes, numantinos, oretanos, pésicos,
saldubenses, santones, suevos, tartesios, tugienses, turdetanos, túrdulos,
vacceos, vándalos, vardulos, vascones”
Entonces me puse a pensar profundamente sobre todo eso.
B. (...) porque España no es propiedad de los
reaccionarios, yo me siento y soy español aunque fuera de una España
pequeña que limitara con los Picos de Europa, Andalucía, Galicia
y el área catalana, porque España no es una ficción,
es la nación de mis padres y abuelos, de Garcilaso, de Cervantes...
C. En la edición de Gerónimo se ha notado
que el editor español, yo, soy un español que sigue siendo español
y no tiene vergüenza de ser español, en un momento en que se
puso ferozmente de moda no ser español, moda que sigue existiendo.
A lo sumo, se admite que uno puede ser, tirando a mucho, castellano, pero
español, ¡qué horror!. En cambio, allí se habla
de Felipe II, de ministros de Felipe II, y de conquistadores, sin odio y como
de antepasados de uno en vez de como unos cabrones que están en la
acera de enfrente y con los que uno no quiere saber nada. Es decir, volviendo
a repetir el esquema tradicional de buenos y malos, completamente adialéctico
y farisaico que hemos heredado de la tradición católico-integrista,
repitiéndola al revés.
D. En una carta, de 9 de setiembre de 1978, dirigida
a Rafael García, director de la editorial Villalar de Madrid, Sacristán
admitía:
Apreciado amigo:
le agradezco (avergonzado) las expresiones de aprecio
con que me honra, pero no tengo más remedio que renunciar a la posibilidad
que usted me ofrece de prologar el libro sobre la autogestión en
Yugoslavia. Yo no tengo suficiente conocimiento de la realidad yugoslava.
Lo que sí seré es atento lector del libro, y desde ahora me
propongo publicar una reseña del mismo en Materiales.
Me Interesa mucho su programa de publicaciones, y hasta
el nombre de su editorial (en esta época de nacionalismo frenético
los castellanos de la diáspora estamos un poco incómodos).
Le ruego que, si tiene tiempo para ello, me mande información de lo
que editan. Cordialmente, Manuel Sacristán Luzón
Notas
(2). A. “Otra página del diario filosófico
de Filóghelo”, mientras tanto, nº 18, 1984, pp. 151-152
. 2. B. “Manuel Sacristán o el potencial revolucionario de la ecología”,
Tele/Expres, 2-6-1979 (ahora en: De la primera de Praga al marxismo
ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristán Luzón, Los
Libros de la Catarata, Madrid, 2004, pp 115-125; ed. de Francisco Fernández
Buey y Salvador López Arnal). 2. C. ‘ ‘Una conversación con
Manuel Sacristán’, por J. Guiu y A. Munné’ (1979), Ibidem,
pp. 102-103. 2.D. Reserva Universidad de Barcelona, fondo Sacristán
(Carp. correspondencia).
3. Notas sobre España.
A. La tesis del atraso español.
Hay algunos defectos nada imposibles de corregir, aunque
no lo son sólo del folleto [“Por Universidad democrática”, PSUC
1975]. Se trata de lugares comunes de mala teoría que hemos recibido
del pasado. Por ejemplo, la vieja tesis sobre el “atraso” español:
“debido al desarrollo tardío e inconsecuente de la revolución
burguesa en España y al compromiso de la burguesía capitalista
con la aristocracia feudal, la oligarquía dominante española
no ha tenido nunca, en los dos últimos siglos, concepciones modernas
burguesas sobre la enseñanza” (pág. 6).
Eso no puede ser nunca la explicación del atraso
de la educación en España. Podía perfectamente haber
ocurrido aquí lo que el “atraso alemán” -ahora en serio- provocó,
según Marx, en Alemania, a saber, que éste fuera el país
de punta en la educación y en la ciencia.
Por lo demás, esto vale para todo el campo social:
también la burguesía alemana se desarrolló tardía
e inconsecuentemente, y también pactó con los terratenientes,
y ahí está ella, más moderna que Dios, y creando la
universidad moderna cuando ni siquiera tenía vigor el primer gran
movimiento burgués, la constitución en nación. No hay
por qué insistir en este punto: se trata de un tópico antidialéctico
que hay que extirpar de una vez, en este tema de la enseñanza igual
que en cualquier otro. Se explica que cayera en el error el joven Engels,
al pensar que Alemania no tendría gran industria sino a través
de la revolución democrática burguesa. Pero hoy se debería
ya saber que las cosas pueden funcionar de otro modo, y no como en Francia
(único país en que se basa el lugar común aquí
criticado).
B. Lamentable historia (1962)
No te hará falta declaración explícita
mía para creer que si, a pesar de lo agotado de estos últimos
meses, hoy supero mi crónica pereza epistolar, es porque tengo que
comunicar contigo algo que me parece importante.
Ese algo es esa lamentable historia Castro-Albornoz,
y su importancia es naturalmente moral y personal, de unas cuantas personas:
de Castro, Albornoz, tú y yo y algún otro amigo tuyo que,
aunque perezoso en escribir, sea amigo desde antiguo con razones.
Repito que la relevancia que doy al asunto es moral. Crítica, histórica
y filosóficamente creo evidente que llevas toda la razón y
que los dos viejos se han hartado de chochear como les corresponde. Pero
la vertiente moral del asunto es más complicada. A uno -y ese uno
puede ser tú- se le ocurre acaso que hay que respetar al desterrado
por su condición de tal y por reconocer así la injusticia del
destierro. También yo soy contrario a toda precipitada condena del
emigrado político por su supuesto `desconocimiento del país
real´. Pero me parece que en este caso hay tal desconocimiento, envenenado
aun por el resentimiento, y no por sanos sentimientos de odio a tal o cual
cosa odiada. Eso es en sustancia lo que quería decirte. Cuando me
he dado cuenta de que para mí el asunto había tenido esa cara
moral, he pensado que podía tenerla también para ti y he vencido
la pereza. Una cosa más, no esencial, quiero añadir: me parece
mal que hayas tenido tanta consideración con el Castro en tu último
artículo. Las cosas estaban así: [él] (...) no había
leído tú Séneca y los estoicos. Pues basta. Hasta la
deshonestidad no. Por desterrado, etcétera, le podemos perdonar los
demás vicios intelectuales de su vocación tardía. Pero
lo otro, creo que no.
C. Anotaciones sobre: Manuel Diez Alegría, Ejército
y sociedad, Madrid, Alianza editorial 1972 (sin fecha)
“1. Defensa y sociedad (5.III.1968). Un enfoque actual
del problema externo de los ejércitos. “(...) un profundo antimilitarismo
que contrapone las sociedades industrial y militar como dos distintos tipos“
(p. 9).
No ha oído hablar del “complejo militar industrial”,
a pesar de que a lo mejor conoció a Eisenhower en USA.
2. “Distinción con la policía, porque el
fin potencial y propio del ejército es emplear las armas contra fuerzas
comparables y de origen perceptiblemente exógeno (pp. 14-15).
El armamento de la policía puede ser mucho más débil
que el del ejército, porque el adversario es normal y sensiblemente
inerme. Ello coloca a la policía más en la marco de la Administración
(p. 15).
3. Explica el fracaso del desarme general controlado
por la falta de “desarme moral” de los grandes potencias, que ambicionan la
hegemonía y por los poderosos intereses vinculados a la industria del
armamento, que se oponen a la distensión y a una paz con garantías
(p. 36).
4. “El ejército debe mantener el orden en países
en que los provincialismos y la oposición pueden adquirir carácter
agudo que arrastre a las fuerzas de la policía (p. 47).
Aunque incoherente con otras tendencias del texto, esto es inequívoco
y concluyente.
5. “Pero sin descuidar esta misión primordial,
y en muchos casos como continuación de la misma, le corresponderá
también un deber histórico de guardián de las tradiciones,
y valores nacionales, que deben permanecer en el momento de crisis que nos
es dado vivir” (p. 49).
O sea, tras la intervención en la lucha de clases, determinación
del contenido de clase (valores) del poder triunfante.
6. “Pero esta apoliticidad del elemento armado, dogma
indiscutible para la ideología militar, no puede considerarse como
absoluta en todas las circunstancias. Precisamente en nuestros tiempos y
como consecuencia de los procesos de Nuremberg, ese principio, aunque farisaicamente
se pretenda ignorarlo, ha entrado en cierto modo en revisión” (p.
52).
Así que en la guerra civil española, en
la revolución francesa, o en la revolución rusa, el ejército
fue apolítico...
7. pp.52-53 [Desde “Es decir, y ello no es nuevo, que
pueden existir casos, enormemente restringidos...” hasta “(...) pueden venir
a ejercer en la gobernación del Estado”]. El “por una parte/por otra”
de la filosofía militar. Pero uno de los tipos de intervencionismo,
subespecie del tipo que compara con los grupos de presión, es sumamente
ambiguo para el régimen: “Se fijarían implícitamente
una serie de principios que se consideran intangibles y las fuerzas armadas
intervendrían, en forma más o menos discreta, cuando creyeran
que la acción del gobierno alcanzara a alguno de ellos” (p. 54).
Pero no habla del pueblo. Este es subversivo. Si es él el que lesiona
los principios -las esencias, ¿qué otra cosa son?- garantazo
“singularísimo”, ¿no?.
8. Apoyándose en el sentir general, cabe que
el Ejército derribe violentamente a un régimen que estime
indigno (p. 54) hipótesis que no es lamentable (p. 55).
9. “El ejército se verá llamado a colaborar
con ellas en los casos de graves perturbaciones de orden público
que caben dentro de la denominación general de lucha subversiva”
(p. 65).
Ellas son las fuerzas armadas de la policía.
10. “El problema de la seguridad europea a los 25 años
de la II Guerra Mundial” (22. VI.1971). Es de política internacional,
y se le ve ideológica y políticamente muy distinto que cuando
habla de España (Ésta es una conferencia en Wilton Park).
Cinismo más... progresista.
11. “Introducción para un estudio de la guerra
de guerrillas” (Escuela Superior del Ejército, 9.I.1966). La guerrilla
son los comunistas (105, passim).
D. Proyecto de bandera española.
A muchos las banderas no nos habían dicho gran
cosa hasta ahora. Lo que menos podíamos suponer era que eso de las
banderas fuera un asunto estimulador de la imaginación. Hoy se tiene
que reconocer que lo es. En materia de banderas están pasando cosas
muy originales. Eso anima la productividad de todo el mundo, y así
nosotros mismos, que hasta hace poco nos contábamos entre los insensibles,
hemos dibujado el siguiente modelo que proponemos como modesta contribución
al certamen:
[SLA: La propuesta era una bandera republicana con una franja
roja ampliamente destacada].
Notas
(3). A. “Observaciones para un posible reedición del folleto:
‘Por una Universidad democrática” (1975), Homenaje a Manuel Sacristán.
Escritos sindicales y de política educativa, EUB., Barcelona,
1997, p. 172. 3. B. Carta (8/IV/1962) de Sacristán a Juan-Carlos García
Borrón. mientras tanto 30-31, 1987, pp. 52-53. 3. C.
Reserva UB, fondo Sacristán. 3. D. Materiales nº
3, 1977 (contraportada).
4. Un informe editorial.
En agosto de 1973, Sacristán escribió para la editorial Grijalbo
un informe sobre Give me battle, de Julio Álvarez del Vayo
(1891-1975), uno de los legendarios líderes republicanos con activísimo
papel en la lucha antifranquista. Acaso fuera este comentario uno de los
motivos de la publicación del libro de Álvarez del Vayo en
1975, al poco de la muerte del dictador, con el título En la lucha.
Memorias
Álvarez del Vayo, Julio. Give me battle, texto
mecanografiado y manuscrito.
Estas fragmentarias memorias de Álvarez del Vayo
son, como podía suponerse ya antes de la lectura, un texto del mayor
interés. Como podía suponerse ya antes de la lectura y, sin
embargo, con sorpresa el leer. Pues podía adelantarse el interés
de la experiencia vivida desde observatorios históricos tan panorámicos
como los ocupados por el autor en épocas decisivas; pero no la espléndida
y simpática vitalidad con que Álvarez del Vayo reproduce el
sentido aún duradero de lo que vivió e introduce en la narración
histórica una constante remisión al presente. Es inútil
-me parece- detallar cualidades de un texto que habría que editar
lo antes posible. Por eso paso a exponer el problema principal que plantea
su edición (el otro, el de censura, no me parece resoluble, de modo
que no aludiré a él).
Julio Álvarez del Vayo ha perdido el uso del
castellano escrito. Es ese un efecto natural -en un hombre que no es fundamentalmente
escritor- del uso cotidiano del inglés en su vida pública
y en su vida privada (Álvarez del Vayo está o estaba casado
con una suiza, y hablaba con ella inglés y alemán). Su texto
es, lingüísticamente, una extraña jerga inglesa con palabras
-no siempre- castellanas. Hay que realizar un trabajo de redacción
integral, frase por frase. El trabajo es, además de pesado, un poco
-no mucho- delicado: por ejemplo, hay que estar sobreaviso respecto de los
siglas y los nombres de instituciones internacionales, que el autor menciona
en su tenor inglés; lo mismo ocurre -con más gravedad- a propósito
de instituciones españolas, ya de antes del actual régimen,
ya de éste. El trabajo de redacción ha de ser, en suma, cuidadoso.
El texto no se puede publicar tal como está
Por otra parte, el redactor deberá introducir
-en la medido de lo posible- en el texto principal las aclaraciones del autor
a un editor probablemente inglés; son textos manuscritos que tienen
en varios casos muchísimo interés y amplían el texto
principal.
Quizá valdría la pena pensar en dos ediciones
de este texto: una primera en formato respetable, pasta dura y con ilustraciones;
tres meses después, el paperback. No menos conveniente sería
ponerse en relación con Álvarez del Vayo para intentar adquirir
todos sus escritos cuyas derechos en castellano estén disponibles.
Notas
(4). Reserva de la Universidad de Barcelona, fondo Sacristán.
5. El sentido politico de la palabra “justicia”.
Frederick W. Turner, cuya edición de la historia
de Gerónimo he seguido en esta traducción, empieza su ensayo
sobre el jefe apache con las palabras siguientes: “Para los apologistas de
los indios, los aficionados a las cosas indias en general y los anticuarios
de tendencia sentimental, el estudio de los chiricahuas y de su historia y
la carrera de Gerónimo representan una verdadera piedra de toque. Muchas
de esas personas preferirían concentrarse en torno a la historia y
las costumbres de otras tribus, como los cheyennes, los navajos o los sioux,
ninguna de las cuales fue jamás tan agresiva como la de los chiricahuas.
Pero precisamente por eso es tan interesante esta tribu”. El mismo motivo
de interés hemos tenido en la redacción de la colección
Hipótesis para escoger la narración autobiográfica de
Gerónimo como primer ofrecimiento en memoria de Las Casas en el quinto
centenario de su nacimiento.
Salvo que uno esté muy bien predispuesto, es
difícil idealizar a los apaches al modo como lo pudieron ser los
sénecas, o los mohicanos, o los hurones. Las costumbres de los apaches,
y especialmente las de los chiricahuas, no podían ser muy suaves;
eran las costumbres de un pueblo de cazadores-recolectores que, por su situación
geográfica, se vio obligado a considerar la acción guerrera
en busca de botín tan importante para su supervivencia como la caza
misma. En contacto y roce con varias otras naciones, todas más numerosas
que la apache, en una tierra predominantemente árida, estos hombres
que aceptaron para sí mismos el nombre de “apaches” (la palabra quiere
decir “enemigos”) desarrollaron una de la culturas más agresivas
que se conocen. Entre las causas comúnmente aceptadas de que el norte
de la república mexicana no tenga casi población india primitiva
destacan las mortíferas expediciones de los apaches, matando personas
y llevándose ganado o alimentos, desde los tiempos del imperio azteca
hasta finales del siglo XVIII y, ya más huyendo que atacando, buena
parte del siglo XIX. Las mismas tradiciones del nómada -que, por ejemplo,
no puede entorpecer su marcha con débiles, enfermos y ancianos por
lo que suele desarrollar al respecto un juego de valores más bien
sobrecogedor- no son como para hacer grata la estampa de estos cuatreros soberbios,
cargados, además, hasta hace poco con los papeles más siniestros
en las películas del Oeste de antes del mal de fin de siècle.
Si a eso se añade la hosca moral del éxito guerrero que desarrollaron
los chiricahuas, se hace difícil excitar en su favor movimientos de
ánimo acríticos.
Pero es que no se trata de eso. Los apaches, al no facilitarnos
las cosas, al impedirnos descansar en una mala conciencia nostálgica,
nos dejan solos y fríos, a los europeos, ante la pregunta de Las
Casas, la pregunta por la justicia, la cual no cambia porque el indio sea
el trágico Cuauhtémoc en su melancólica elegancia o
un apache de manos sucias y rebosando licor tisuin por las orejas. Por otra
parte, además de ser de Las Casas, este planteamiento tiene la virtud
de contraponerse al amoralismo cientificista, forma hoy frecuente del progresismo.
Los apaches, tan cerrados ellos, obligan al progresista a reconocerse genocida,
o a reconocer que a lo mejor tiene sentido político la palabra “justicia”.
Notas
(5). Presentación de su traducción de Gerónimo.
Historia de una vida, Grijalbo, Barcelona, 1975.
6. Sobre traducciones catalanas
En 1962, prologando dos ensayos del filósofo,
Enric Jardí aludía, satisfecho -”por fortuna”, decía,
“existen precedentes”- a la vinculación del filósofo a la cultura
catalana. Russell, en efecto, había estado en Barcelona. Pero no creo
que la vinculación de un filósofo a una cultura quede establecida
suficientemente ni fecundamente por una agencia de viajes: la mediación
adecuada es, sin duda, la de los editores. Si comparamos, pues, el incipiente
Russell catalán con los títulos russellianos ya en castellano
-más de veinticinco- será probablemente justo describir la situación
diciendo: “por desgracia, casi no existen precedentes”.
No es probable que hayan sido determinantes de eso causas
externas al negocio editorial mismo. Pues no vemos por qué Russell
habría debido tener peor fortuna -ante esas instancias decisorias
que no son el editor mismo- que la literatura (para-) filosófica emocional,
testimonial, existencialista o entusiástica que ya encontramos en
catalán. Es evidente, por lo menos, que cualquier interpretación
de ese contraste tiene que ser muy modestamente hipotética, pues todavía
es muy breve el tiempo que ha tenido la renaciente edición catalana
para equilibrar su producción fuera de los terrenos favorecidos de
la lírica y la literatura edificante (En un sentido preciso, se puede
incluso afirmar -y así lo repito a mis amigos catalanes- que la edición
catalana no habrá renacido verdaderamente hasta que cuente con unos
cuantos textos básicos de matemáticas, física, etc).
Sin ánimo, pues, de rebasar la simple composición de hipótesis,
preguntémonos si la tardanza con que llega Russell a la edición
catalana indica que el éxito de los numerosos exorcismos de que ha
sido objeto el filósofo -desde las distinciones concedidas por la
Majestad británica hasta el Premio Nobel- es, a pesar de todo, escaso.
Notas
(6). “Prólogo a la edición catalana de An outilne of Philosophy
de Bertrand Russell” (1965), Papeles de filosofía, Icaria,
Barcelona, 1984, pp. 318-319.
Nota SLA:
Algunos años más tarde, al prologar la
edición catalana de El Capital en 1983, Sacristán
señalaba también:
“La aparición de esta traducción catalana
de El Capital puede parecer intempestiva. En efecto, este libro se
edita poco más o menos un siglo después que empezase a estar
presente en la vida social y cultural de Catalunya; y, además, en un
momento que no se puede considerar de excesivo predicamento de la obra del
autor, sobre todo si se compara con lo que pasaba hace quince o veinte años.
Es obvio que la primera circunstancia está muy ligada a los obstáculos
con que ha chocado la cultura superior catalana durante estos cien
años, desde los de más lejana raíz histórica
hasta los particularmente difíciles que provocó el franquismo.
Desde el punto de vista de esta consideración, la publicación
de El Capital en catalán, como la de cualquier otro libro clásico,
es una buena noticia para todos los que se alegren porque los pueblos y sus
lenguas vivan y florezcan”.
En cuanto a la noción de cultura, Sacristán
señalaba en un breve artículo “La cultura popular”- publicado
en Jove Guàrdia, año V, núm3, mayo 1975,
p. 8:
“Una cultura es el conjunto de normas y valores de una manera de vivir,
o sea, un conjunto de reglas de la conducta económica (de los modos
de trabajar, consumir y poseer), social (comportamiento familiar, de grupo,
estatal, cuando hay estado), en las ideas, en el conocimiento, en el arte,
en el tiempo ocioso, etc., y un conjunto de valores correspondiente. Así
que una tribu de cazadores del Amazonas, por ejemplo, sin lengua escrita,
sin objetos de metal, etc., pero con sus costumbres observadas por todos
los miembros, no sólo no es un grupo de incultos, sino que es un grupo
de seres humanos con una cultura probablemente mucho más sólida,
más organizada e integrada que la nuestra en una gran ciudad industrial
capitalista.
Cuando a la palabra “cultura”, en vez de usarla en ese
sentido básico y principal (que es el sentido que le dan los científicos
que estudian el tema, los antropólogos y los etnólogos), se
le tienen que añadir adjetivos y hay que hablar de “cultura popular”
y “cultura superior”, por ejemplo, entonces es que la sociedad de que se
trate está dividida en clases sociales. Por eso está justificado
y no es ningún vicio de sectarismo afirmar que hoy, en nuestra sociedad,
existe una cultura burguesa, la del bloque de clases dominantes, con matices
varios que son lo que se llaman subculturas, culturas parciales: por ejemplo,
la subcultura de la pequeña burguesía comercial... Entonces,
¿qué es cultura popular? Probablemente no es nada, del mismo
modo que nunca se sabe muy bien qué quiere decir “el pueblo”, aparte
de ser una palabra muy cómoda para los reformistas y los nacionalistas.
A lo sumo, “cultura popular” puede querer decir una combinación de
elementos de subculturas proletarias, campesinas, pequeño-burguesas
urbanas y marginales (o sea, minoritarias) de la ciudad y del campo.”
Desconozco por lo demás si alguna vez Sacristán se consideró
“un catalán de adopción”, pero de lo que no parece que puedan
existir dudas razonables es que fue un ciudadano “muy barcelonés”,
aunque no sólo, o, si se prefiere, un ciudadano ampliamente informado
sobre Barcelona y su entorno. En un carta enviada a su hija Vera desde México,
fechada el 14 de julio de 1983 (“194 aniversario de la toma de la Bastilla,
que total, ¿para qué?”), comentaba con detallismo costumbrista
y sociológico la estructura de un microbarrio del Eixample barcelonés
en los siguientes términos:
“Me parece muy bien que hayáis encontrado piso,
y que lo pintéis, y que esté en un sitio tan agradablemente
barcelonés como esa manzana, en la que estuvo la escuela de Comercio,
y en la que una vez estuve a punto de matar a un señor (a un cerdo,
para ser más exacto) o de que me matara él a mí, y
que es la manzana de al lado de la de la Pensión Cisneros, donde
yo he vivido dos veces cuando, antes de llegar a no tener nada, me encontraba
en la más absoluta miseria. Muy divertido todo.
Por lo que dices, las aberturas están orientadas
a Poniente, es decir, a Enrique Granados, o hacia la Plaza Letamendi. En
la Plaza Letamendi hay un estanquito donde una vez me metí para despistar
a gentuza y, para no despertar sospechas del estanquero, salí, casi
media hora después sin una peseta, pero con mucho tabaco y con una
pitillera de piel de testículo de toro que le regalé a Anna,
la cual quizá se acuerde todavía. Pero la plaza, que era muy
agradable en los años 40, quedó hecha una birria al cubrirse
la zanja del tren de la calle Aragón y al instalarse un garaje monstruoso
de SEAT en el chaflán NO. En el chaflán SE hay, o había,
una ferretería, de la que proceden nuestros cubiertos de acero inoxidable.
Giulia, que era tan europea, sólo quería acero inoxidable
cuando en España no se fabricaba apenas. Y una tarde, esperando por
allí una rebuznión, ví descargar una caja que llevaba
una gran etiqueta: ”Cubertería de acero inoxidable”. De modo que
al día siguiente fuimos a comprar los cubiertos. Item más:
en la acera de Enrique Granados entre Cjo. de Ciento y Aragón hay
o había una parroquia en una especie de garaje, regentada durante
años por uno de los curas más fascistas de Barcelona. En el
chaflán SO de Balmes y Aragón hay una pastelera, más
patriota catalanista que buena. Y un poquito más lejos, en el tramo
de Consejo de Ciento, entre Enrique Granados y Aribau, hay tiendas y talleres
muy atractivos: carpinterías, papelerías, una granja a la
antigua con cosas muy buenas. Un poco más lejos, en el tramo de Aribau,
acera de los pares, entre Consejo de Ciento y Aragón, hay un restaurante
muy camp que, salvo que esté en temporada de moscas, resulta muy
agradable. Además, en el cine que está en Aragón, acera
montaña, entre Aribau y Muntaner, se consumen tantas pipas como el
La Bordeta o en el Besós. En suma, es un microbarrio muy divertido”.
7. Joan Brossa (1919-1998)
I. Hermetismo.
El hermetismo de Brossa no se debe nunca a metáforas
raras ni a violencias verbales. La dificultad de lectura, cuando se llega
del buen sentido coloquial-funcional, dificultad que es seguramente lo exorcizado
como hermetismo, se debe más bien a la imposibilidad de urdir una
coherencia confortadora entre lo muy común que muy naturalmente dicen
unas palabras del poeta y lo muy común, que muy naturalmente dicen
otras luego de punto, punto y coma, coma o conjunción. Pero la evocación
de un surrealismo, a lo Dalí, hecho de fragmentos naturalistas, que
esa estructura puede sugerir es engañosa: si se hiciera una transposición
al campo visual, la imagen del poema de Brossa sería cotidiana, común.
II. Perfección formal
A. El llanto de Chaplin (1969)
La imperiosidad de la palabra explica la paradoja de
la perfección formal de la poesía de Brossa, milagrosa y casi
gratuita algunas veces, sobre todo en la inverosímil perfección
de tantos sonetos suyos. Ya el mero ejercicio de metro, ritmo y acento de
algunos de esos sonetos pueden poner en vilo, y uno se siente a veces ante
ellos como Chaplin, según él cuenta, ante la Pavlova: con
ganas de llorar por la impresión que produce “la tragedia de la perfección”.
Pero desde muy pronto es también la perfección
en la poesía de Brossa un cauce terrible del sarcasmo y de la sardónica
destrucción de “valores”, poéticos o no. Bastantes Sonets
de Caruixa (1949) [Sonetos de Caruixa] eran ya espeluznantes como perfectos.
Tampoco este elemento se ha perdido en el crecer del poeta.
B. La miseria alemana (1970)
Yo relacionaría la perfección formal de
la poesía de Brossa con este segundo talante, sin olvidar que Brossa
utiliza en ocasiones la perfección formal de manera sarcástica.
Ahora bien: si se prescinde de este último uso, la perfección
de la poesía de Brossa, si entiendo bien su función, es uno
de esos fenómenos culturales cuyo prototipo analizó Marx bajo
el rótulo de “la miseria alemana” (no ignoro que al análisis
de Marx pueden añadirse otros de orden psicológico): fenómenos
en los cuales una excelencia cultural -la filosofía clásica
alemana, los sonetos de Brossa- se explica por una deficiencia básica
-el atraso alemán, la postguerra española. Ante fenómenos
así son frecuentes dos reacciones que hay que evitar: la que podríamos
llamar esclavista -que haya arte y sufra el pueblo-, y la que podríamos
llamar populista: que el pueblo no sufra y no haya arte (...). Pero si se
busca la abolición de tal o cual objetivación sin conseguir
a la vez (en sentido físico de “tiempo”) y previamente (en sentido
lógico) la abolición y superación de sus fundamentos
básicos no se logra sino retrasar esta última, al replantear
tareas culturales o, en general, sobreestructurales claramente irresolubles
por la misma base inalterada. Por ello la reacción populista es también
reaccionaria, como todo lo que consiste en “abolir por arriba”, que, en
el fondo, comparte con la actitud francamente reaccionaria, o “esclavista”,
aunque inconscientemente, la convicción de que no se puede abolir/superar
la contradicción en un estadio social distinto. Por eso lo revolucionario
es siempre el todo a la vez, no, por supuesto, tácticamente, pero
sí en la fijación de los objetivos.
III. Esencialidad (1969)
También desde muy pronto se suman en la poesía
de Brossa esos dos vetas de esencialidad: la conmovida (pero también
alegre) poesía sobre la poesía (o sobre el poetizar ) y la
sencillez. Documento típico de esta buenísima combinación
podrían ser los Romancets del Dragolí (1948) [Romancillos
del dragoncito]; la graciosa exacerbación del verso duro del auca
y una como petrificación del léxico por la distanciación
que implica el juego con él permiten una visión de la realidad
terrible que el poeta barrunta en el romance popular. Simplicidad y poesía
sobre el poetizar se vehiculan aquí recíprocamente. La cosa
no es nada común, y se puede registrar como una característica
bastante peculiar de la poesía de Brossa.
De todos modos, la esencialidad de ese discurso no es
siempre de complejidad visible y analizable tan a primera vista. Aquí
habrá que hacer una concesión al reproche de hermetismo. Porque
la mayoría de los lectores tienen derecho a no aceptar la afirmación
de El cigne i l´oca (1964) [El cisne y la oca]
EM RENTO LA CARA I EM QUEDA REPRESENTADA A LA TOVALLOLA
[Me lavo la cara y me queda representada en la toalla].
pero los lectores que conocieran a cierto armero paranoico que a finales
de los años 40 contaba en Sant Boi cómo determinaron su destino
las formas humanas que él vio impresas en su toalla, esos lectores
querrán enhebrar aquí de nuevo un discurso que ya les pareció
de interés cuando lo inició aquel viejo maestro armero en
el Auschwitz samboyano.
IV. El peso de la catástrofe (1969)
Brossa ha sido uno de tantos jovencísimos soldados
del Ejército Popular cuyo servicio militar de vencidos se prolongó
en el tedio de los años más negros. El peso de la catástrofe
gravita también culturalmente y arranca al poeta las pocas intemperancias
contra las concepciones y las expectativas de la generación anterior:
El pas del mar rebat aquest farcell
De peix podrit. Tens cara d´ou, herència!
(1)
Pero no ahoga el pensamiento ni aplasta la voluntad. En la reiteración
de la derrota se va incluso aclarando para el poeta la sustancia de lo enemigo:
No resta en peu sinó amistat deserta;
fent versos em revenjo del meu fat,
i al fort de la demanda i de l´oferta
paro tenda, llibert, fora poblat (2)
El pensamiento en derrotada libertad cuaja bien cuando
la voluntad se siente feliz en la utopía, en Jauja:
Escopir a les monedes,
Aquesta sola llei hi ha (3)
(1) “El paso del mar devuelve este fardel / De pescado podrido. ¡Tienes
cara de huevo, herencia!”. (2) “No queda en pie sino amistad
desierta; / haciendo versos me vengo de mi hado, / y en lo más fuerte
de la demanda y de la oferta / levanto tienda, liberto, fuera de poblado.”
(3) “Escupir a las monedas / Esta sola ley hay”
V. Dos breves notas (1970)
A. Brossa y Foix
Soy demasiado poco competente para atreverme a situar
la poesía de Brossa en el marco de la poesía catalana. Sé,
como todo el mundo, que para la lengua poética de Brossa han tenido
importancia la lectura de ciertos poetas y el trato inicial con Foix...
B. Incorruptibilidad
Yo diría que la constante principal del trabajo
de Brossa es la incorruptibilidad. Una incorruptibilidad popular, sin gestos
grandilocuentes. La constante principal de la poesía de Brossa es
la destrucción de falsedades. Pero es también característico
de su poesía que la destrucción permita brotes de utopía,
de felicidad.
Notas
(7). I. “La práctica de poesía”, Lecturas, Icaria,
Barcelona, 1985, pp. 222-223. 7. II. A. Ibidem, p. 225.
7.II.B. “Entrevista sobre el poeta Joan Brossa”, Ibidem, pp. 249-250. 7.III
“La práctica de la poesía”, Ibid., pp. 227-228. 7. IV.
Ibidem, pp. 238-239. 7.V. A.“Entrevista sobre el poeta
Joan Brossa”, Ibidem, p. 243. 7.V. B. Ibidem, p. 244.
Nota SLA:
Esta breve observación de Sacristán, de
uno de los cuadernos de resúmenes depositados en Reserva de la UB,
sobre los Cuadernos de la cárcel de Gramsci:
“Para Brossa, LUN, Q II, p.79 [Desde “Porque ninguna
obra de arte...” hasta “(...) de una vieja o diversa cultura”].
¿ Y cuándo no hay mundo poético?
La obra se liga a la vertiente cultural (lenguaje) de un mundo sin poesía.
Por otra parte, contenido no es el “tema”
Igualmente, de Reserva de la UB, estas anotaciones no
fechadas sobre el teatro de Brossa probablemente escritas durante la elaboración
de su prólogo para Poesia rasa:
A. El comte Arnau [Fecha final, 11.XI.1955]
1. Una especie de auto sacramental social y clasista,
en el cual (acto II) se desarrolla bastante el tema de al alienación
del intelectual.
2. Pero los actos siguientes, sobre todo el 3º,
no son nada auto sacramental, y tienen como tema real la mujer.
B. El cavall blanc (6-VI-1957)
1. Difícil el tercer cuadro. El segundo es el
prestidigitador. El tercero, los aristócratas. Puede ser una especie
de cosmología social de Brossa (Prestidigitador = artista, intelectual).
C. Tríptic. Agosto 1957.
1. La acción, el 1957.
2. La técnica general es realmente el habla estereotipada,
ya por lugares comunes, ya por refranes.
3. Los personajes no son coherentes siempre.
4. “L´ovella d´or [La oveja de oro]”: un
acto de denuncia político-social que enlaza con el anterior (la
muerte del campesino novio) por una noticia del periódico.
5. “A ca l´antiquari [En el anticuario]”: verosímilmente,
el primer acto es anterior a la guerra civil, un idilio que acaba en muerte.
El segundo es la victoria, el 3º la explotación de la victoria.
Pero entonces los personajes que hablan con frases hechas
no están en modo alguno condenados -aunque tampoco salvados: no son
el bien populista.
D. També. III-1959.
1. Un primer acto de guerreros arcaicos. Por dos seres
del último cuadro, se entiende que es un museo.
2. Un segundo acto de modernidad y lugares comunes.
Evidente reducción de lo primero (pesadísimo) a lo segundo.
E. La llenya viva [La leña viva]. IX-1962.
1. Es completamente realista de cuestiones, con graciosas
frases académico-irónicas, etc.
2. Se le mezcla aquí el dato a la Brecht.
3. Pese a las ingenuidades propiamente políticas,
el realismo es profundísimo. El paso social es impresionante, y en
el acto 2º se (?) la burguesía catalana de estos años.
F. El saltamartí [El tentetieso], XII-1962.
1. Lo crudo que le sale, hasta ingenuo, lo político
directo es prueba de que lo “enigmático” no es disfraz. Las normas
cuestionan y juzgan literalmente la guerra civil española.
2. El teatro de Brossa, que, por lo demás, no
pretende ser espectacular ni romper ninguna unidad, no tiene más que
una unidad: la de problema, no la de acción, ni tiempo ni espacio.
Lo mismo su poesía no tiene acción de discurso, sino sólo
de asunto.
3. Esta reveladora pieza revela también ingenuidad
de sensibilidad político-moral.
4. Esta es completamente realista. La unidad de problema
o de situación o de problemática incluso se realiza plenamente:
cuadros de conversación de burgueses, de las normas, de curas, de
gente pobre...
G. El temps escénic [El tiempo escénico],
mayo 1963.
1. Un ejemplo muy bonito y gracioso de su técnica
de frases hechas y refranes.
H. Or i sal [Oro y sal]. 1963. Pròleg
d´Arnau Puig.
1. El prólogo de Puig, tontamente condescendiente,
tiene algunas informaciones de interés y una tesis que vale la pena
tomar como error básico.
(pp. 8-9) Esto es una tontería si se refiere
-como pretende- al estilo. La cosa sólo es verdadera de triquiñuelas.
Sí es posible, en cambio, que Brossa haya ido perdiendo la fe liberadora
que alimentó el surrealismo. Pero eso no implica necesidad de cambiar
estilo.
2. Los tres actos no tienen ningún personaje
común. En el primero, tres hombres (primero sólo dos) desarrollan
una conversación hecha (sobre todo al principio) de lugares comunes
fingidos o reales, incoherentes, que “conduce” a una ”disputa “ religiosa
en la que el hombre 1 resulta agnóstico y curioso de otras religiones
(es el que separa las manzanas buenas de las malas), mientras que el 2,
negociante, quiere creer en su dios. De ahí se pasa a conversación
de negocios. H2 engaña a H1. Llega H3, el político, y deshace
el engaño y anuncia el aumento del “Casal”. Nada.
En el segundo acto, un primer acto de juego de niños.
Luego el monólogo de la novia ante el espejo, luego el cuadro del
prestidigitador procesado por el Santo Oficio.
El tercer acto, el de la mujer graciosa y el marido
cazador de dragones.
I. Diumenge [Domingo], 1964.
1. Teatro en el teatro.
2. Integralmente realista, salvo prólogo y epílogo,
a base de tramoyistas.
3. Es un relato de la sirvienta burguesa, burguesía
culta.
J. El dia del profeta.
1. El friso hace que muchas cosas estén sólo
por la totalización no aristotélica, no intrínseca.
2. Graciosísima transposición política
de Wittgenstein, frase final del acto 1º (Del que no podem parlar,
hem de callar [De lo que no podemos hablar, hemos de callar]). El acto I
es patente lucha de clases con presentación de las conquistas como
vencedores futuros.
3. La lucha de clases se suma a la lucha contra la Iglesia
(que es la base: J. B. es un ilustrado al que han hablado de las clases).
K. Concert irregular, verano 67.
1. En la casi liquidación de la palabra hay:
fregolismo, pesimismo artístico-cultural, valoración de la
palabra final.
2. Impresión (interpretación) primaria,
al hilo, de los elementos: alegría fregoliana. Insubstancia de la
realidad. Imposibilidad de las formas artísticas. Falta de respeto
a formas culturales típicas (concierto).
L. Joan Brossa, Teatro. Versión castellana
de Pere Gimferrer, 1968.
1. El Gancho: Experimento -así se presenta- que
es acaso reducción a nada del teatro.
2. Novela (1967). Muy bonita, muy pragmáticamente
teatral, para un frégoli.
8. Sobre derecho de autodeterminación, internacionalismo y cuestiones
afines.
A. Mundo Obrero: ¿Qué particularidades
se ven hoy [diciembre 1984] dentro del comportamiento político y social
en la sociedad catalana respecto de la española? ¿Puede echar
una mirada a lo que es el nacionalismo catalán respecto a España?
A mí me parece que los nacionalismos ibéricos
están más vivos que nunca, los tres. Paradójicamente
el menos vivo es el español -por eso no he dicho los cuatro- en el
sentido siguiente: en el caso de la nacionalidad española, los nacionalistas
son de derechas, incluida mucha gente del PSOE, pero de derechas de verdad;
en cambio, en los otros tres nacionalismos, por razones obvias, por siglos
de opresión política y opresión física, el nacionalismo
no es estrictamente de derechas sino que hay también nacionalistas
de izquierda, como dice el mismo nombre de una formación política
catalana [Nacionalistes d’Esquerra], y a mí me parece que la vitalidad
de los tres nacionalismos no españoles de la Península es tanta,
que aunque parecer utópico, yo no creo que se clarifique nunca la situación
mientras no haya un auténtico ejercicio de derecho a la autodeterminación.
Mientras eso no ocurra, no habrá claridad ni aquí ni en Euskadi
ni en Galicia. Sólo el paso por ese requisito aparentemente utópico
de la autodeterminación plena, radical, con derecho a la separación
y a la formación de Estado, y viendo lo que las poblaciones dicen
enfrentadas con una elección tan inequívoca, tan clara, sólo
eso nos podría permitir un día reconstruir una situación
limpia, buena, ya fuera la de un Estado federal, ya fuera la de cuatro Estados.
Pero en todo caso con claridad.
A mí me parece que por más vueltas que
se le dé, por más técnicas políticas y jurídicas
con las que se intente organizar algo que no sea eso, no saldrá nunca
un resultado satisfactorio. Eso siempre será una justificación
del mayor mal que sufre España, que es tener un Ejército político
como el que tenemos. Este es el problema fundamenta de este país.
B. Presentación: Poemas y canciones
1. Poco más que las palabras de la presente traducción
de las “letras” de Raimon son de exclusiva responsabilidad mía. Los
detalles de la edición reflejan el compromiso al que hemos llegado
cuatro personas: Raimon, Xavier Folch (director literario de Ariel), Alfred
Picó (director de talleres de Ariel) y yo. Criterio común
de los cuatro, ya antes de empezar la discusión, era que no se debía
dar una versión cantable de los poemas, sino una traducción
literal que permitiera a la persona de lengua castellana cantar el texto
catalán entendiéndolo en todos sus detalles, o que le sirviera
de cañamazo o material para hacerse su propia versión poética
y cantable en castellano, al modo como el mismo Raimon se ha hecho la suya
catalana de una canción de Víctor Jara, por ejemplo.
En cambio, discrepábamos en cuanto a la manera
de poner en práctica ese criterio. Yo quería suministrar una
versión literal, palabra por palabra e interlineada. Ésa me
sigue pareciendo la forma radical de aplicar el criterio común dicho.
Pero mis tres compañeros coincidieron en rechazar la presentación
interlineada.
El compromiso al que llegué desde mi minoría
de uno consiste en presentar traducciones literales, pero no interlineadas,
sino enfrentadas. Se trata de traducciones palabra por palabra, salvo en
los poquísimos casos de frases hechas, como, por ejemplo, deixar ploure
(literalmente 'dejar llover', traducida por "oír llover") o, en otro
plano, hora foscant (literalmente 'hora oscureciente', traducida por
"entre dos luces").
Doy brevemente cuenta de una pequeña peculiaridad
de la traducción: traduzco algunos valencianismos -los que más
se prestan a ello- por andalucismos. Por ejemplo: traduzco poc por
"poco" y miqueta por "poquito", porque son términos corrientes
en Cataluña; pero traduzco poquet, que es catalán del País
Valenciano, por “poquiyo”, no por “poquito”, ni por “poquillo”. Quiero así
incitar a mis paisanos a ver de qué modo el valenciano es, sencillamente,
un catalán, igual que el andaluz es un castellano. Y quizá
por causas parecidas a las que hacen que para mi oído el castellano
más hermoso sea el sevillano, creo que el valenciano de Raimon es
un catalán particularmente agraciado.
2. Me siento algo incómodo al ver reproducida
en esta edición para lectores de lengua castellana la nota que escribí
en 1973 por cordial encargo de Raimon. Alguna gente de izquierda en sentido
amplio (yo diría que en sentido amplísimo), creyéndose
inminentemente ministrable o alcaldable, considera hoy oportuno abjurar
sonoramente de Lenin. No pretendo ignorar los puntos del leninismo necesitados
de (auto-)crítica. Pero por lo que hace a la cuestión de las
nacionalidades, la verdad es que la actitud de Lenin me parece no ya la
mejor, sino, lisamente, la buena. Ahora bien: una regla práctica importante
de la actitud leninista respecto del problema de las nacionalidades aconseja
subrayar unas cosas cuando se habla a las nacionalidades minoritarias en
un estado y las cosas complementarias cuando se habla a la nacionalidad más
titular del estado. A tenor de esa regla de conducta, tal vez sea un error
la publicación en castellano de mi nota de 1973, dirigida primordialmente
a catalanes.
Espero que no sea un error importante. Y me anima a
esperarlo así la acogida de mis paisanos madrileños a Raimon
en este suave y confuso invierno de 1976.
C. Argumentos: El marxismo se ha convertido en un fenómeno
universal, pero creo que más como método de solución
a todos los problemas. Sin embargo, en este momento, la tendencia es hacia
una interiorización, hacia una nacionalización de la política.
No soy universal porque soy de este mundo, soy universal a partir de un punto
concreto, un barrio, una ciudad, de un país o una autonomía,
y a partir de ese momento, puedo trascender para llegar a la universalidad.
No obstante, el marxismo no ha entendido ni las autonomías, ni los
nacionalismos y mucho menos los elementos subjetivos, psicológicos
de las sociedades. ¿Cree usted que esta crisis del marxismo es definitiva?
La nacionalización de la política es uno
de los procesos que más deprisa pueden llevarnos a la hecatombe nuclear.
El internacionalismo es uno de los valores más dignos y buenos para
la especie humana con que cuenta la tradición marxista. Lo que pasa
es que el internacionalismo no se puede practicar de verdad más que
sobre la base de otro viejo principio socialista, que es el de la autodeterminación
de los pueblos. Lo que hay que hacer es criticar a muchos partidos de izquierda,
marxistas o no, que han abandonado un principio fundamental como es el de
la autodeterminación de los pueblos. Todo lo demás que dice
usted en esta pregunta es pura moda neorromántica irracionalista,
efecto de la pérdida de esperanzas revolucionarias.
D. En el coloquio de una de sus últimas conferencias,
la impartida en 1983 sobre “Tradición marxista y nuevos problemas”,
se le preguntó a Sacristán sobre el marxismo y los nacionalismos.
El interlocutor inició su intervención comentando si lo había
esquivado en su exposición por prudencia política o bien es
que no pertenecía, en su opinión, al capítulo “de nuevos
problemas, de nuevos horizontes”. Esta fue su respuesta:
He pensado que estaba dentro de la economía de
una exposición limitarme a los tres, a tres que fueran muy universales
[ecologismo, pacifismo, feminismo], que realmente no tuvieran ningún
contexto nacional en particular, sino en un plano muy general. Por eso también
he prescindido de algunos otros que son importantes. Por ejemplo, la consideración
cultural de la homosexualidad, que sin duda tiene importancia en sí.
Pero me pareció que para administrar una hora, o una hora y cuarto,
podía tocar los tres.
Por otra parte, a lo mejor es una ilusión o una
petulancia, pero a mí me parece que en el problema nacional la herencia
marxista no es mala. Lo que pasa es que el punto esencial se menciona poco.
El punto esencial es el principio de autodeterminación, y ahora resulta
que se le menciona poquísimo porque suena a muy subversivo, pero,
desde un punto de vista inspirado en la tradición marxista es obvio
que ningún problema nacional tiene solución si no parte de
una situación de autodeterminación. Entonces, si no, no hay
nada que hacer. Todo lo demás es dar palos de ciego, matarse, golpearse,
sin despejar nunca la situación, ni siquiera intelectualmente.
Me puedes decir que es una concepción muy breve
y demasiado abrupta, pero sinceramente creo en ella, creo que, por más
que se especule sobre problemas de nacionalidades, si no es sobre la base
de una articulación seria, de una práctica sincera del principio
de autodeterminación, no hay nunca solución clara como saben
los presentes.
Yo creo que en eso no ha cambiado nada. Pueden olvidarse
estos problemas durante ciertas épocas históricas. A lo mejor
dentro de mil años ya no nos acordamos de las nacionalidades hoy
existentes, es posible. Pero por lo que hace al planteamiento propiamente
político de los problemas, es decir, el planteamiento que permita
una intervención, yo sigo creyendo que esa vulgata marxista clásica
es correcta.
Pero la tradición marxista en este punto...
Es poco sensible, seguro que estás pensando que
es que poco sensible
Ambigua
No ambigua teóricamente, porque teóricamente
está el principio claro.
Peor en la práctica de la tradición de
Marx.
En la práctica, sí. Pero no sólo
en ese concepto, sino en tantos otros.”
E. Pequeño fragmento de una intervención
de Sacristán en una reunión de suscriptores de la revista
mientras tanto celebrada en 1985 en el CTD de Major de Gràcia. Sacristán
se “defendía” de ciertas críticas a la falta de sensibilidad
“nacionalitaria” del colectivo editor de la revista.
La otra cuestión que quería puntualizar
es la cuestión del nacionalismo. Es muy curioso que año tras
año se diga que no tenemos posición cuando es de las pocas
cuestiones que, desde hace años, se repite en estas reuniones y en
otros lugares y que permanece bastante clara y en pie. Es una viejísima
tradición de nuestro movimiento que el problema nacional se resuelve
con el ejercicio del derecho de autodeterminación, incluida la separación.
Punto y basta. Es una de las pocas cosas que hay claras. ¿Dónde
esta la falta de sensibilidad para el problema y decidme si hay alguna otra
manera de tratarlo que no sea la represión de los movimientos nacionales?
Notas
(8). A. “Entrevista con Mundo Obrero” (1985). De la primavera de Praga
al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristán Luzón.
Los libros de la Catarata, Madrid, 2004 (edición de Francisco Fernández
Buey y Salvador López Arnal), pp. 219-220. 8. B. Prólogo
de la traducción castellana de Raimon, Poemas y canciones,
Ariel, Barcelona, 1976, pp. 22-23. 8. C. “Entrevista con Argumentos”.
En: De la primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel
Sacristán Luzón, op. cit , 202-203. 6. D. Manuel Sacristán,
Seis conferencias, El Viejo Topo, Barcelona, 2005, pp. 142-143.
6. E. Reserva de la UB, fondo Sacristán.
Nota SLA:
Sobre la cuestión nacional, y más concretamente,
sobre la política del PSUC-PCE en referencia a las nacionalidades
ibéricas, Sacristán se manifestó breve pero contundentemente
en su intervención ante el pleno del comité central del PCE
en el verano de 1970 (La trascripción de su intervención figura
como anexo de la tesis doctoral de Miguel Manzanera sobre Sacristán).
Señaló inicialmente Sacristán que
la doctrina del PSUC-PCE en lo que respectaba a este tema le parecía
clara y sin problemas de conceptos. “Ser radical, decía Marx, es
coger las cosas por la raíz, y la raíz de las cosas es el
hombre. La raíz de nuestra concepción del problema de las
nacionalidades no son conceptos más o menos mitológicos, de
patriotismo antiguo, de fidelidades feudales, ni de mitos burgueses, sino
la presencia real de los individuos con sus características nacionales
en las diversas localizaciones geográficas”.
Después de argumentar contra el lysenkismo cultural
y político que descalificaba una cuestión o problema simplemente
por su posible origen social (en este caso, por el origen burgués
de la cuestión tratada), Sacristán matizó que sin negar,
desde un punto de vista histórico, la fecundidad de la burguesía,
ya reconocida en el propio Manifiesto, “lo que no es ni mucho menos verdad,
es que el fenómeno de la constitución de las nacionalidades
haya sido un fruto tan recto de la evolución burguesa como parece
en las historias. Por ejemplo, no se ve por qué, no hay ninguna ley
interna a los rasgos nacionales, para que lo que se llama la nación
francesa tuviera que ser más nación que lo que habría
podido ser una nación occitana con trozos de lo que hoy es Francia
y trozos de lo que hoy es España. O en el caso de Euzkadi exactamente
igual”.
Lo que es fruto de la burguesía, proseguía
Sacristán, es, en cambio, el Estado nacional. “Un Estado que no coincide
necesariamente -como manifiestamente lo prueba el caso español, pero
también cualquier otro como el francés- con una nacionalidad.
Es nacional en el sentido que representa el dominio y también la
hegemonía de la función dirigente de una determinada burguesía
nacional. En el caso de Francia la del centro, la del núcleo parisiense,
y en el caso español no me atrevo a decirlo porque es demasiado complicado
históricamente; en el caso italiano, la Toscana, etc.”
La predominancia del aspecto cultural en algunos acontecimientos
nacionalitarios era explicada por él en los siguientes términos.
“Precisamente esto, la no coincidencia estricta entre cosas a las que se
pueden llamar nación, por ejemplo Euzkadi, por ejemplo Occitania y
aquello a lo que se llama “nación” en las historias burguesas y que
es el Estado nacional, a saber, que en el fenómeno nacional tal como
lo conocemos ahora, sin resolver por la burguesía, hay un visible
predominio del elemento sobreestructural. ¿Por qué? Porque
los elementos básicos, es decir, los económicos, fueron más
o menos cristalizados con la constitución del mercado que en cada
caso dio pie al Estado nacional. Pero como el Estado nacional no es exactamente
una nación, han quedado elementos no fundamentados ni en la delimitación
del mercado, ni por tanto recogidos por el poder, que quedan no sólo
como sobreestructuras, sino como sobreestructuras sin política, casi
sólo como cultura. De aquí el aspecto muy cultural que tienen
algunos fenómenos nacionales”.
Proseguía Sacristán recordando que no
había que olvidar que algunos de estos rasgos nacionales tienen un
carácter radical, “son rasgos que están en el hombre: su lengua,
su constitución psicológica, muchísimos otros elementos
que no se trata de enumerar y que precisamente porque no se quedaron calcados
en la realidad económica la burguesía no resolvió, pues
ella ha sido un agente muy fecundo, pero dentro del reino de la necesidad”.
Finalizaba su intervención señalando que el asunto de las nacionalidades,
en lo que tiene de problema irresuelto, apuntaba, como otros tantos problemas
de génesis burguesa (libertades, democracia, por ejemplo) “precisamente
más allá del reino de la burguesía, hacia más
allá del reino de la necesidad”.
9. Sobre el PSUC-PCE
I. Reconocimientos.
A. Este “movimientismo” es característico
de los partidos “eurocomunistas” con un acento, y, con otro acento, y con
mayor o menor retraso en las posiciones adoptadas, lo es también
de los partidos comunistas menores. Se puede recordar a este propósito,
como ejemplos ilustrativos, que hace unos ocho años los partidos
minoritarios de extrema izquierda (y su inconsistente corte de intelectuales
deslumbrados) vituperaban la defensa de la lengua catalana (“la lengua de
la burguesía” como decían en castellano con mucho acento catalán)
por el PSUC, antes de convertirse en destacados catalanistas; y que todavía
hace cuatro años combatían con graves acusaciones la consigna
de amnistía propugnada entonces exclusivamente (entre los comunistas)
por el PCE-PSUC. Aquí en Barcelona, hay otro ejemplo espectacular
de lo mismo, que es la Asamblea de Cataluña.
B. Creo que no es ninguna exageración decir que
esa circunstancia, impuesta por la correlación de fuerzas en la Universidad
franquista, y hasta en la sociedad entera, pudo cuajar tan intensamente
gracias a la inflexión política del PCE en su quinto congreso
y del PSUC en su primer congreso. La nueva política comunista española
del año 1956 (por fecharlo con acontecimientos “oficiales” como son
los congresos) determinó la formación de una pequeña
vanguardia universitaria estudiantil comunista convencida de que su tarea
era fabricar una oposición democrática, por así decirlo
un poco a lo bruto. La nueva política comunista consiguió tener
desde ese movimiento la continuidad que había faltado a otros valiosos
esfuerzos de resistencia, en especial catalanistas y socialdemócratas.
Mientras que éstos (y los comunistas hasta 1956) habían tendido
a desarrollarse cíclicamente, perdiéndose, o casi, cada año
las bases conseguidas en el curso anterior, lo que empezó en 1956
por la inspiración del PCE y del PSUC fue una espiral que no se cortó
ya hasta el hundimiento del SEU y la crisis del SDEUB. El nuevo movimiento
lo hacía todo: desde las protestas por deficiencias particulares de
la enseñanza, la difusión de consignas simplemente liberales
o democráticas que estaban a la orden del día, hasta la propaganda
marxista, pasando también por la presencia de la lengua catalana en
la Universidad: la única prensa universitaria catalana y en catalán
que ha durado ininterrumpidamente desde el curso 1956-57 hasta hoy en la
Universidad de Barcelona ha sido la prensa del comité estudiantil
del PSUC.
C. Sobre la importancia de Nous Horitzons (que,
por cierto, al principio no se llamó “Nous Horitzons” sino “Horitzons”:
hubo que poner el “Nous” por un problema de derechos registrados) en el
debate y la lucha ideológica de la Cataluña de principios
de los años 60, creo que no fue grande en sí misma, pero que
respecto de la situación de la época y del reducido ambiente
que se podía tomar en cuenta sí que valió la pena. Discúlpeseme
la siguiente trivialidad porque para aquellos años no lo era: ya la
mera solidez física, por así decirlo, de Horitzons daba aliento,
en forma nada despreciable, a los militantes en particular y a los marxistas
en general. El número 2 (no cito el 1 porque alguien se me lo ha
“prestado” irreparablemente y no puedo precisar sobre él) tiene 88
páginas y lleva cubierta de cartulina a dos colores; es del primer
trimestre de 1961. No menos interesante es el hecho que la gran mayoría
de sus páginas está escrita en el interior, principalmente
en Barcelona: ocho de los once artículos que presenta. Cosas así
eran en aquellos años todavía duros, una realidad muy prometedora.
Seguramente contribuyeron a dar seguridad a los militantes, identidad al
partido y confianza a otros marxistas.
(...) En cuanto a la calidad científica, no me
parece que Horitzons y Nous Horitzons valieran gran cosa en
aquellos años. Nuestro marxismo estaba todavía empapado de
euforia por la victoria de la URSS sobre el nazismo, por la victoria de
la revolución china y, en aquellos mismos meses, de la cubana; y
también por el derrumbamiento del viejo sistema colonialista. Esa
euforia alimentó un marxismo muy alegre (lo cual estaba muy bien)
y asombrosamente confiado (lo cual estuvo muy mal, y visto desde hoy pone
los pelos de punta). El principal valor ideológico de Nous Horitzons
en aquella época fue, repito, su mera presencia. Su qué fue
mejor que su cómo.
D. Teniendo el PCE una organización importantísima
en la clandestinidad, ¿cómo se pudo perder después
en la democracia?
Sobre esto se puede empezar a trazar círculos
concéntricos. La primera onda es constatar que durante la clandestinidad
sobrestimamos la educación de clase de los trabajadores. Teníamos
motivos para engañarnos. Por ejemplo, en 1964-1965 estuvieron aquí
los dirigentes del PCI, los que luego formaron “Il Manifiesto”. Rossana
Rossanda, entre otros. A esta gente les mostramos muy poca cosa de
la organización. Y lo poco que vieron dijeron que era más
de lo que tenían ellos en Italia bajo Mussolini. Teníamos
motivos para creer que íbamos a ser una fuerza muy importante y eso
era una creencia equivocada. Se ha visto que la población española
estaba bastante más dominada ideológicamente por los cuarenta
años de dictadura de lo que creíamos. No lo vimos. Si a eso
se une que la relación de la dirección del Partido con los
intelectuales fue un desastre... No se puede inventar un procedimiento mejor
para quedarse sin intelectuales que lo que hizo la dirección. Hay
que tener en cuenta que aún en 1966-1968 el núcleo de intelectuales
del PSUC -por limitarme a Catalunya, que es lo que más conozco- era
el más fuerte de Catalunya. Había casi una hegemonía.
Se había deslizado un comunista intelectual en cualquier publicación,
digo uno por lo menos, porque en muchos sitios había más. De
eso se pasó a una carencia completa.
(...) Desde el punto de vista sociológico -que
no es mi campo específico- es visible una completa supeditación
de vida económica española a la norteamericana y esto va a
tener seguramente consecuencias de bastante gravedad.
E. Sobre la opinión de Sacristán en lo
que respecta a la política del PSUC-PCE de los años sesenta
en torno a la denominada “cuestión nacional”, este paso de
su intervención en el pleno de comité central del PCE (Tesis
doctoral de Miguel Manzanera, p. 831):
“(...) Eso lo puedo ilustrar y con eso termino, con
una experiencia que el camarada Estévez y yo, y otro camarada, que
no esta aquí, vivimos no hace mucho tiempo a principios del 68 o final
del 67, en Barcelona, y que es lo siguiente.
Teníamos que ir ante un grupo de intelectuales
catalanes un poco como acusados, un poco como sospechosos de inautenticidad
ante el problema nacional, para argumentar que no, que el PSUC es un partido
catalán y que el PCE tiene una política de nacionalidades
correcta. Nos recibían como jueces, teníamos que argumentar
largamente, de repente ocurren los hechos de mayo y se produce una cierta
contaminación de extremismo en la intelectualidad barcelonesa y en
los estudiantes. Entonces un tercer camarada, ni Estévez ni yo, pero
que hacía relaciones de este tipo, se vio obligado en la semana siguiente
a defenderse de la acusación de catalanismo procedente de los mismos
medios y de dos de las tres personas ante las cuales, semanas antes, Estévez
y yo habíamos tenido que justificar la naturaleza catalana del partido.
No quiero generalizar eso. Muy probablemente los reproches
con que os encontráis son sensatos. Pero en cualquier caso, yo no
veo que ninguna otra fuerza política hoy existente tenga la claridad,
que ya limita con simplicidad de la doctrina nacional nuestra. Yo creo por
tanto que, por inmaduro que esté el tema entre vosotros, no lo sé
-y me sorprende un poco, porque entre nosotros en el PSUC no lo está-
no hay motivo para tener inhibiciones al respecto”.
Notas
(9.I).A. Intervenciones políticas, Icaria, Barcelona, 1985,
p. 200. 9.I.B. Ibídem, pp. 268-269. 9.I.C. Ibidem, pp. 280-281. 9.I.D.
“Entrevista con Mundo Obrero” (1985). De la primavera de Praga al marxismo
ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristán Luzón, op.
cit, pp. 216-217. 9.I.E. Tesis doctoral Miguel Manzanera, p. 831.
II. Observaciones críticas.
A. Sacristán escribió unos comentarios a
un proyecto de introducción del programa del PSUC de los años
setenta. El escrito está fechado en mayo de 1972, lleva una nota manuscrita
en su primera página -“Redactado por gusto y para no comunicar ni
difundir. Motivo principal de este escribir gratuito: la ira”- e inicia sus
observaciones señalando: “La introducción está planteada
históricamente. Dada la complicación, la confusión incluso,
con que se presenta hoy las cuestiones fundamentales del socialismo, sería
preferible una introducción de principio sobre la naturaleza del Partido
Comunista y sobre sus objetivos últimos: un planteamiento de futuro,
no de pasado. Una introducción así debería contener
tesis sobre dos series de problemas o cuestiones”. Estas cuestiones eran:
a) “La naturaleza del partido comunista como tal y en general”, y b) “Los
problemas nuevos, post-leninianos, planteados por la supervivencia y el crecimiento
del imperialismo”.
Después del desarrollo de estos dos conjuntos de problemas, añadía
Sacristán: “El presente proyecto de Introducción, fundamentalmente
orientado a justificar históricamente una política, una táctica
cuya vigencia puede no prolongarse por mucho tiempo, no responde a la necesidad
fundamental descrita. Resulta, por lo tanto, rechazable en su conjunto.
Pero para el probable caso de que la comisión redactora sea de otra
opinión y de que el órgano competente apruebe el texto en
su día, conviene colaborar en su posible mejoramiento de detalle.
Esta es la finalidad de las siguientes observaciones 2-15”.
A este conjunto de observaciones pertenecen los siguientes textos.
Observación 2 (pág. 1). El párrafo
“Sobre una base objetiva diferencial históricamente formada -un territorio,
un particular desarrollo económico, una lengua y una cultura comunes,
una psicología de pueblo-, la burguesía, como clase dirigente
de la sociedad catalana, promovió el movimiento nacional y fue así
configurando Catalunya como una nación moderna”, aunque es correcto,
y pese al adjetivo “moderna”, puede dar a lectores susceptibles la impresión
de que se afirma que no ha habido nación catalana hasta el siglo
XIX.
Observación 13 (pág. 8). Texto: “Los comunistas
consideramos que la nación catalana está constituida por todos
los que viven y trabajan en Catalunya”.
Esta definición de la nación catalana,
compartida con otros partidos y que declara implícitamente de nacionalidad
bajo-sajona a los obreros de Toledo o de Ripoll que trabajan en Volkswagen
[en Alemania], es arbitrariamente falsa. La definición es farisaicamente
imperialista en cualquier caso. Cuando la usan el FNC [Front Nacional de Catalunya]
o el PSAN [Partit Socialista d´Alliberament (Liberación) Nacional],
sirve para preparar la opresión de las minorías nacionales
de habla castellana y/o francesa en un futuro estado catalán en el
que, evidentemente, los andaluces, además, de echar la plusvalía,
echarían los hígados para decir “setze jutges menjen fetges
d´un penjat”. Por su parte, el PC confía en que la declaración
de la nacionalidad catalana de las importantísimas minorías
proletarias inmigrantes de habla castellana implica un voto plebiscitario
catalán independentista. Los comunistas no podemos aceptar la cerrada
alternativa imperialista (de imperialismo tradicional español o de
nuevo imperialismo catalán), implicada por esa definición
de untuosa apariencia generosa y humanista. Esas son argucias entre representantes
de “patrias” y “patriotismos”, y los proletarios y los que nos adherimos
al proletariado no tenemos patria. Tenemos nacionalidad como elemento de
la formación de la personalidad individual, de un modo más
acentuado en unos que en otros, los cuales pueden cambiar (relativamente)
de nacionalidad, o bien conseguir una consciencia casi a-nacional además
de apátrida.
Observación 14 (pág. 9). La “unitat dels
pobles d’ Espanya en una república federal” es una tesis que se debería
restringir al período histórico durante el cual subsisten
aún un estado español y un estado francés. España
y Francia no son naciones en sentido primario, como es evidente. Pero tampoco
son exclusivamente formaciones para-nacionales, menos intensamente unificadas
que el conglomerado de nacionalidades que ha dado lugar a la super-nación
germánica, por ejemplo, pero que, de todos modos, han originado,
con el paso de los siglos, ciertos rasgos "nacionales de segundo orden”,
por así decirlo, en millones de individuos de nacionalidades básicas
diferentes. Desde un punto de vista marxista, se debe dar la opción
primaria de organización política -mientras las sociedades
sigan siendo políticas- a las nacionalidades básicas o primarias.
Sobre todo en casos como el español o el francés. Sajones,
bajo-sajones, renanos, hessenianos, bávaros, pomeranios, silesios,
prusianos, etc. están muy unificados. Gallegos, andaluces y catalanes,
no.
B. “Apuntes de crítica al avant-projecte” es un
escrito fechado el 27 de febrero de 1974. Sacristán señala
al inicio de este papel que “estos apuntes parten de un desacuerdo básico
sobre la política hoy seguida por el partido. Estando de acuerdo
con algunas de sus características –principalmente, con la necesidad
de una alianza, discrepo de los razonamientos con que se presentan esas
características, porque discrepo acerca de la naturaleza de las necesidades
mismas. En este primer punto preciso los desacuerdos básicos”.
Antes de ello, Sacristán justificaba que, a pesar
de lo anterior, interviniese en el debate ya que la “redacción de
un programa me parece un momento adecuado para exponer todas las discrepancias
incluso las más profundas. Siempre puede tener alguna influencia,
por ligera que sea, en el resultado final. En segundo lugar, al Partido sigue
siendo por su composición el principal partido de la clase obrera
en Catalunya y, por lo tanto, la lucha socialista que tiene más sentido
es la que se produce en su interior [cursiva SLA]. Esas dos razones justifican
el que intervenga en esta discusión aunque sea sobre la base o desde
el punto de vista de una discrepancia profunda”.
Entre los errores teóricos que, en su opinión,
equivalían a un abandono del marxismo, Sacristán destacaba:
1. La concepción del Estado. 2. La naturaleza de la fase intermedia
y la estrategia consiguiente. 3. “Otros errores idealistas y populistas,
o, en general, de abandono del marxismo” (relación entre derechos
o libertades y poder popular). Entre los errores históricos que determinaban
una estrategia equivocada, Sacristán señalaba:
1. Eurocentrismo mecanicista.
Pocas palabras sobre este punto: todos los análisis
históricos del Partido están basados, como los de los
mencheviques, en la clásica generalización de un modelo francés
(aún mas: parisiense) idealizado. Por ejemplo: no es verdadera la
correlación general estricta nación-burguesía. Eso no
vale más que para el caso de París en los siglos XVII-XIX.
No hay nación inglesa, por ejemplo, sino supranacionalidad británica
(Inglaterra, Gales, Escocia, Irlanda). A la clase capitalista inglesa le
ha bastado con un mercado estatal, no nacional. Otras veces, en cambio, la
pequeña nobleza es la que ha construido nación y estado nacional
(Hungría, Polonia). Otras veces lo ha hecho la sola autocracia, a
pulso (Rusia). Los españoles y los centroeuropeos tenemos la suerte
(relativa a esta cuestión) de haber vivido siglos bajo la dinastía
más “imperial”, esto es, menos destructora de nacionalidades, de todo
Occidente, o sea, los Habsburgo. Esta es una [subrayado MSL] de las causas
de que estén vivas las naciones húngaras, checa, eslovaca,
croata, serbia, albanesa, catalana, euskera, gallega, etc, mientras están
muertas tantas otras de la Europa borbónica, etc. Pero tampoco vale
la pena insistir en esto. Lo que sí vale la pena es no hacer mala
historia, historia de la ciudad de París o del trono de Luis XIV como
si fuera historia del mundo.
En el segundo apartado de su escrito –“Apuntes de corrección
del avant–projecte”-, Sacristán reconocía que numerosos elementos
del texto mejoraban “en relación con estadios anteriores. Globalmente
no hay más que dos partes que preferiría ver suprimidas o
muy alteradas”. Una era la titulada “Cambios en la naturaleza del poder
del Estado” (abandono de la teoría marxista en su opinión);
la otra parte era la dedicada a la “Formación de la nación
catalana moderna” ya que le “parece pesada e inútil. Yo creo que
para el que no sabe de antemano la historia, no sirve para nada, por lo
inevitablemente resumida que es. Y, para el que la sabe, resulta muy pobre.
Me parecería mejor limitarse a hablar de la burguesía catalana
desde el franquismo”. Sin embargo, Sacristán reconocía: “En
lo demás, hay mucho que corregir en mi opinión, pero también
mucho que elogiar. Por ejemplo, la sección sobre “alianza de las
fuerzas del trabajo y de la cultura” [SLA: creo que su autor fue Joaquim
Sempere], salvo el título, está escrita con una claridad y
facilidad de lenguaje ejemplares”. Y otras cosas más, añadía
Sacristán, señalando algunas propuestas de corrección:
Fol. 21. Si de verdad se es hispánicos, no hay
que olvidar a Portugal.
Fol. 33. No existe nacionalismo castellano. Existe chovinismo
español. A menos de suponer Castilla = España.
Fol. 34. Cuando se dice que el internacionalismo proletario
no niega la existencia de las naciones, habría tal vez que añadir
que todo lo contrario, porque si las negara u oprimiera no sería
internacionalismo, sino cosmopolitismo capitalista.
Sacristán finalizaba su escrito señalando
que sus apuntes estaban escritos de forma muy precipitada por las “condiciones
de lucha” de aquellos días (febrero de 1974: muerte de Carrero Blanco,
gobierno Arias Navarro, movilizaciones universitarias, luchas obreras).
Al mismo tiempo que pedía disculpas por ello, criticaba también
“el no haber recibido el texto más que hace cinco días, en
un momento de luchas muy intensas y difíciles en el sector en que
me encuentro”. Y finalizaba en tono pesimista: “Otro defecto importante de
estos apuntes es que no presentan ninguna formulación general alternativa.
Esto se debe a que tal alternativa no tendría, por el momento, ninguna
utilidad interna para el partido. Hace falta que los órganos dirigentes
de éste se hayan desengañado bastante más de la utopía
antimarxista que cultivan para que pueda empezar a ser útil proponer
alternativas”.
Notas
(9. II). A. Reserva de la UB, fondo Sacristán. 9.
II. B. Ibídem.
10. El doctor Rubió.
Los escritores, artistas y científicos más representativos
de la cultura catalana se ha movilizado ya prácticamente todos en
una ocasión u otra en actividades antifranquistas. Puede decirse que
en este terreno se ha alcanzado ya casi un techo. Pero, sin embargo, las
formas de movilización preferidas por estas personalidades destacadas,
con la admirable excepción del decano de la cultura superior catalana,
el doctor Rubió, no suelen ser muy enérgicas. En cambio, el
viejo Rubió, que hay para quitarse el sombrero, no retrocede ante
nada. Por ejemplo, de todas esas grandes figuras fue el único que
se atrevió a firmar una carta bastante dura dirigida al Gobernador
militar de Barcelona cuando la detención del camarada Ardiaca, Gutiérrez
Díaz y algunos otros. Fue un momento crítico de firmas porque
no se consiguió arrancar más de cincuenta. A la gente le dio
bastante miedo aquella carta. Sin embargo, Rubió, al que se recurrió
cuando no se habían conseguido promesas de que quizás firmara,
él mismo tuvo la iniciativa de firmar el primero y de que el camarada
nuestro que la llevaba -bastante conocido como comunista- firmara al lado,
mezclándose juntos a pesar de los 80 años que el hombre tenía.
Notas
(10). Intervención de Manuel Sacristán en el II Congreso del
PSUC de 1965 (anexo tesis doctoral de Miguel Manzanera).
Nota SLA:
La carta a la que alude Sacristán fue enviada
al capitán general de Catalunya, la IV Región Militar de la
época. Apoyaba la petición de inhibición de la jurisdicción
militar solicitada por el Colegio de Médicos de Barcelona y estaba
firmada por intelectuales y profesores de la Universidad de Barcelona. Encabezaba
las firmas, como señaló Sacristán en su intervención,
el Dr. Jordi Rubió i Balaguer. Además de él, firmaban,
entre otros, Oriol Bohigas, Jordi Carbonell, Joan Triadú, J. M. Castellet,
Antoni Moragas, Agustí de Semir, J. L. Sureda, J. M. Valverde, J.
V. Foix, Salvador Espriu, J. A. Goytisolo, J. Petit, Jaime Salinas, Carlos
Barral, Jaime Gil de Biedma, Luis Goytisolo, J. M. Casalmiglia, M. Jiménez
de Parga y el propio Sacristán. Creo que es él también
el autor del texto; la carta está fechada en Barcelona, el 1 de febrero
de 1963.
“Excmo. Sr.:
Los abajo firmantes -escritores, universitarios y personas
de profesiones liberales- tenemos noticia del escrito dirigido a V. E. por
médicos del Colegio de Barcelona en el que solicitan la inhibición
de la jurisdicción militar en favor de la ordinaria en el procedimiento
sumarísimo seguido contra el Dr. D. Antoni Gutiérrez Díaz
y diversas otras personas, ninguna de ellas acusada de haber alterado el
orden público ni de haber realizado ningún acto de violencia.
Consideramos que las razones expuestas en el referido escrito son jurídicamente
plausibles y moralmente fundamentadas por cuya razón rogamos a V.
E. que tenga en cuenta dichas razones y nos considere solidarios con los
médicos firmantes del escrito en cuestión.
También hemos tenido noticia de otro caso respecto
del que deseamos manifestar a V. E. nuestros sentimientos: se trata de la
detención de D. Domènec Ribas, cuya avanzada edad y estado
de salud suscitan serias preocupaciones. Como en el caso del Dr. Gutiérrez
Díaz y las personas con él encarceladas, rogamos a V. E. que
considere la conveniencia de mantener la jurisdicción militar al
margen de hechos de esta naturaleza y que, de momento, tome las medidas
oportunas para asegurar la adecuada asistencia sanitaria a D. Domènec
Ribas.
11. Un manuscrito inédito sobre la cuestión nacional.
El siguiente texto es el esquema
desarrollado, e interrumpido, de lo que seguramente fue una intervención
de Sacristán –muy probablemente a finales del erial franquista- en
alguna reunión abierta de militantes del PSUC sobre el principio
de autodeterminación y las características “nacionales” del
Estado español.
El manuscrito resulta especialmente difícil. Mis múltiples
dudas las he señalado con un interrogante, si dudo de la palabra,
o con un paréntesis vacío, si no he logrado ni siquiera conjeturar
el término.
En esta reunión el problema de las nacionalidades
me interesa sobre todo desde el punto de vista de la teoría de la
clase obrera como sujeto de la transformación socialista y comunista
de la sociedad. O sea, desde el punto de