Aproximaciones de Manuel Sacristán a la obra de Antonio
Gramsci
Antología mínima
Salvador López Arnal
[...] puede tal vez señalarse algún importante problema
pendiente en el pensamiento socialista contemporáneo, problema identificado
y abierto en la obra de Gramsci, y no resuelto en ella, probablemente porque
todo auténtico pensador descubre problemas más allá
de sus soluciones.
Manuel Sacristán Luzón (1967)
Gramsci ha sido, con interesante paradoja, un característico "filósofo
de la práctica" y, al mismo tiempo, el clásico marxista más
capaz de contemplación. Contemplación del mundo exterior y
del interior.
Manuel Sacristán Luzón (1977)
Junto con José Mª Laso, Jordi Solé
Tura y Francisco Fernández Buey, Manuel Sacristán (1925-1985)
ha sido uno de los primeros y principales introductores del pensamiento del
revolucionario sardo no sólo en nuestro país sino también
en el ámbito hispanoamericano (recordemos la publicación de
su Antología de Gramsci por Siglo XXI, en México, en 1970).
Junto con Lukács y los dos grandes clásicos de la tradición,
Gramsci ha sido uno de los pensadores marxistas que más ha influido
en Sacristán: en su concepción de la propia tradición
marxista, en su noción del intelectual comunista, en su compromiso
militante, en la importancia que para su acción y su pensamiento político
han tenido categorías como hegemonía, guerra de posiciones
o bloque histórico, e incluso en su misma noción de la filosofía
y del filosofar, sin olvidar, claro está, la profunda identificación
de Sacristán con el hacer, con la vida, con la dignidad y resistencia
militante, de alguien al que consideró un clásico y un revolucionario
sin sombras.
La primera aproximación de Sacristán a Gramsci
puede verse en la entrada “Filosofía”, publicada en el suplemento
de 1957-58 de la Enciclopedia Espasa (actualmente recogida en el segundo
volumen de Panfletos y Materiales: Papeles de filosofía, Icaria, Barcelona,
1984, pp. 90-219). En el apartado “Algunas personalidades destacadas”, Sacristán
incluyó a J. D. Bernal, Mao Tse-tung y Antonio Gramsci. A este último
dedicó las páginas 182-192. A este trabajo inicial, hay que
sumar “La formación del marxismo de Gramsci” (1967) (Sobre Marx y
marxismo, Icaria, Barcelona 1983, pp. 62-84), inicialmente publicado en Realidad
y Nous Horitzons; la voz del Diccionario de Filosofía editado por
Dagobert Runes, y cuya traducción Sacristán coordinó:
“Gramsci, Antonio“ (1969) (recogida ahora en Papeles de filosofía,
op. cit., pp. 414-416), su Antología (México: Siglo XXI, 1970),
en la que destaca no sólo la magnífica selección realizada,
sino su sustantiva advertencia inicial, sus tablas cronológicas y
sus imprescindibles notas de traductor, y el que fuera uno de sus últimos
escritos de mayo de 1985: “El undécimo cuaderno de Gramsci en
la cárcel“, presentación de la traducción castellana
de Miguel Candel de Antonio Gramsci, Introducción al estudio de la
filosofía. Barcelona: Crítica, 1985 (reimpresa en Pacifismo,
ecología y política alternativa. Barcelona: Icaria 1987, ed.
de Juan-Ramón Capella, pp. 184-206).
Después del fallecimiento de Sacristán,
Albert Domingo Curto ha transcrito, editado y presentado la introducción
interrumpida de su Antología para Siglo XXI con el título El
Orden y el Tiempo, Madrid: Trotta, 1998. Es obligado reconocer el magnífico
trabajo realizado por Domingo Curto, así como el documentado texto
que abre su edición: “A modo de presentación” (pp. 9-44).
Hay además, en tres entrevistas a Sacristán,
interesantes aproximaciones a la obra de Gramsci: en la de 1977, para Diario
de Barcelona: “Gramsci es un clásico, no es una moda”; en la de 1979
para El Viejo Topo, editada póstumamente, realizada por Jordi Guiu
y Antoni Munné (ambas han sido recogidas en: De la primavera de Praga
al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristán Luzón,
Los Libros de la Catarata, Madrid 2004, pp. 81-90 y 91-114, respectivamente,
edición de Francisco Fernández Buey y de Salvador López
Arnal) y en la de 1979 para Nous Horitzons (ahora recogida en Intervenciones
políticas, Icaria, Barcelona 1985, pp. 280-283) donde Sacristán
da cuenta de la importancia del programa gramsciano en el consejo de redacción
de la revista.
En el fondo de Reserva de la Universidad de Barcelona,
puede consultarse además un cuaderno “Gramsci” que contiene interesantes
anotaciones de lectura sobre la mayoría de los escritos del autor
italiano, al igual que el esquema detallado de una conferencia de mayo de
1977, impartida en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad
de Barcelona con ocasión de la conmemoración del XL aniversario
de la muerte de Gramsci.
En uno de estos cuadernos allí depositados,
puede verse una nota autobiográfica de finales de los sesenta en la
que se lee: “[...] Durante un cierto tiempo, la vida de mis rentas científicas
fue soportable porque, gracias a la ausencia de perplejidad histórica,
o sea, gracias a la convicción de estar reflejando realidad, me era
al menos posible conseguir formulaciones generales que implicaban un programa
o un objetivo político-cultural y de política filosófica.
Una pieza típica de esa situación es el prólogo al Anti-Dühring.
Años antes lo había sido el prólogo a Revolución
en España. El mismo prólogo al Heine tiene ese elemento (M.S.,
profesión traductor, prologuista). El estudio de Gramsci empezó
todavía dentro de esa constelación. Pero es posible que durante
ese estudio empezara a desarrollárseme la perplejidad deprimente sobre
el destino del movimiento socialista”.
La breve antología que aquí se presenta
no puede sino dejar insatisfecho al lector y al propio antólogo, y
pide (incluso exige con cortesía) la lectura atenta y completa de
los diversos textos de Sacristán. Los fragmentos aquí seleccionados
se presentan divididos en los apartados siguientes: I. Su Gramsci, las consideraciones
centrales de su aproximación. II. Vida: obra y acción, especialmente
los años de encarcelamiento. III. Escritos: básicamente, sus
escritos juveniles y los Cuadernos de la cárcel. IV. Conceptos
gramscianos: bloque histórico, centro de anudamiento, filosofía
de la práctica, consejos obreros. V. Matices, es decir, algunas reflexiones
críticas, y, finalmente, VI. Empatía, donde se muestra la profunda
identificación, no sólo intelectual, de Sacristán con
el filósofo y dirigente italiano.
Al final de cada apartado, se dan las referencias correspondientes.
I. Su Gramsci.
1. [...] Gramsci es un clásico, o sea, un autor que tiene derecho
a no estar de moda nunca, y a ser leído siempre. Y por todos. Nadie
tiene derecho a meterse un clásico en el depósito del coche...
2. La mejor manera de evitar las parcialidades monográficas o polémicas
en la consideración de la vida y la obra de Gramsci consiste en satisfacer
respecto de ellas el criterio que él declaró obligado para
la comprensión de un hombre y de su obra: “la búsqueda del
leit-motiv, del ritmo del pensamiento en desarrollo, tiene que ser más
importante que las afirmaciones casuales y los aforismos sueltos”. Las varias
dificultades que se oponen a esa tarea no impiden ver como motivo rector
del pensamiento y la práctica del fundador de L´Ordine Nuovo
el problema del orden de la vida de los hombres, el tema de la caducidad
del orden viejo, y el de los tiempos con y en que puede aparecer el orden
nuevo. Lo que ocurre es que no se podrá esperar de un hombre cuyo
método de pensar y de hacer ha sido la autocrítica perenne
-y expresa, además, en un escribir entrecortado y disperso por la
brutalidad de las cosas, por el desorden del “orden” capitalista en su dilatada
crisis- ninguna exposición inmutada y sistemática de los logros
intelectuales y prácticos que haya arrancado al leitmotiv de su vida,
sino más bien los sucesivos frutos, a veces orgánicamente contradictorios,
de su forcejeo con aquella problemática.
3. Las personas viven en su época: por eso resultan cursis las presentaciones
de Gramsci con halo de novela rosa política, como un iluminado que,
en cuestiones de organización política, hubiera anticipado
en 30 años y superado incluso el XX Congreso del PCUS.
4. Pero la veracidad y la franqueza con que Gramsci vive su problema van
teniendo, como suele ocurrir, su premio. En materia de ideas lo estéril
no suele ser la aceptación veraz de los problemas, por espectaculares
que sean los cortocircuitos mentales que produzca ante una cuestión
irresuelta la debilidad de los instrumentos intelectuales aplicados (en el
caso de Gramsci, el difuso idealismo culturalista en que ha crecido).
5. Del mismo modo que Marx no ha sido ni economista, ni historiador, ni filósofo,
ni organizador, aunque aspectos de su “obra” se puedan catalogar académicamente
como economía, historia, filosofía, organización político-social,
así tampoco es Gramsci un crítico literario, un crítico
de la cultura, un filósofo o un teórico político. Y
del mismo modo que para la obra de Marx es posible indicar un principio unitario
-aquella “unión del movimiento obrero con la ciencia”- que reduce
las divisiones especiales a la función de meras perspectivas de análisis
provisional, así también ofrece explícitamente la obra
de Gramsci el criterio con el cual acercarse a la “obra” íntegra para
entenderla: es la noción de práctica, integradora de todos
los planos del pensamiento y de todos los planos de la conducta.
En el caso de Gramsci la conveniencia de acentuar la unidad
práctica de la “obra” parece obvia, porque las publicaciones antológicas
en lengua castellana no se han beneficiado casi hasta ahora [1969] de la
disponibilidad, desde hace años, de numerosos escritos políticos
juveniles en los que se manifiesta inequívocamente la raíz
de todo el hacer de Gramsci.
6. Yo no veo que en 1924 Gramsci tuviera ya en claro que el enemigo principal
e inmediato fuera el fascismo. Creo que por esa fecha, aunque ya había
comprendido que la revolución no estaba al alcance de la mano, seguía
pensando en el fascismo como en cosa pasajera y no muy diferente de otras
formas de dominación capitalista. No me parece que Gramsci haya podido
rectificar ese eufórico error de la III Internacional antes de su
prisión. En cambio, sí que lo tenía corregido en 1928,
cuando el VI Congreso de la Internacional exacerbó ese error hasta
lo catastrófico. Ése es el momento en que cuaja, en mi opinión,
su mayor aportación: la explicación de la dificultad de la
revolución en Occidente. El hecho mismo ya lo habían visto
otros, principalmente Trotski y Lenin. Pero Gramsci coloca ese hecho en el
centro de su reflexión, y descubre en él la vital complejidad
del estado por así decirlo occidental, o sea, del estado capitalista
que vive ya sobre base propiamente capitalista, arraigado en una sociedad
que no tiene ya con él más contradicciones que las orgánicas
a ese modo de producción. Dejémoslo en eso: me parece mejor
mejor subrayar ese punto central que recitar una lista de méritos
de Gramsci sin que nos podamos detener ante ninguno de ellos.
7. [...] No pretendíamos elaborar teorías. No en lo político,
por las mismas razones que expuso para sí mismo Althusser, de manera
inolvidable, en el prólogo al Pour Marx: la literatura política
se nos aparecía en aquella época a los comunistas sólo
como exposición de los clásicos para formación de militantes
o como fundamentación, comentario y propaganda de la política
del partido. Y tampoco teoría especulativa, porque ésta, afortunadamente,
no gozaba de la simpatía ni de los assenyats catalanes de la
redacción ni de los no-catalanes de ella, los cuales, aunque mucho
menos assenyats, éramos gente de formación demasiado crítica,
y hasta hipercrítica, para especular.
En cambio, sí que se aspiraba a elaborar y comprender
realidad con la teoría disponible y con la crítica. Mucha realidad,
toda la posible, igual la básica que la más sofisticada. Quizá
parezca ridículo a la vista de los resultados, pero el hecho es que
al menos la redacción de “Horitzons” en el interior quiso practicar
desde el principio un programa gramsciano, un programa de crónica
crítica de la vida cotidiana entendida como totalidad dialéctica
concreta, como la cultura real. Este no es interpretación a posteriori:
ese programa era explícito y querido por los redactores. Y su realización,
por modesta que fuera, permitió a “Nous Horitzons” algunos aciertos
que no da rubor recordar, por ejemplo, haber tratado en serio los problemas
de la mujer cuando no eran muchas las mujeres (y menos los hombres) conscientes
de esa problemática.
Referencias: 1. “Entrevista con Diario de Barcelona”, De la primavera de
Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristán Luzón,
op. cit, p. 87 .2. El orden y el tiempo, op. cit, pp. 86-87. 3. “La formación
del marxismo en Gramsci”, Sobre Marx y marxismo, op. cit, p. 70 (nota 7).
4. Ibídem, p. 73. 5. “Advertencia”, Antonio Gramsci, Antología,
p. XIII 6. “Entrevista con Diario de Barcelona”, De la primavera de
Praga al marxismo ecologista, op. cit, pp. 84-85. 7. “Entrevista con Nous
Horitzons”, Intervenciones políticas, op. cit, p. 282.
II. Vida: obra y acción.
1. Esas y otras contradicciones de la obra y el hacer de Gramsci se resuelven
orgánicamente en la totalización de la una y el otro en su
vida. No en el sentido de que la biografía sea el método adecuado
para su comprensión. Aparte de que probablemente no lo sea para el
pleno entendimiento de ninguna obra, parece, además, que la biografía
en sentido tradicional tiene escaso interés para la comprensión
de la obra y la acción de Gramsci, y hasta, paradójicamente,
para la comprensión de su vida. Pues se trata de la vida de un pensador
y práctico de la lucha política, de un hombre que fundó
el sentido de su vida y las motivaciones de su consciencia en realidades
extraindividuales, con lo cual, por cierto, no hacía más que
aplicarse a sí mismo su propia concepción histórico-social
y política de la persona. La clave de la comprensión de los
escritos y el hacer de Gramsci, en su variedad y en sus contradicciones,
no es, pues la biografía individual, pero sí la totalización
quasi-biográfica de numerosos momentos objetivos y subjetivos en el
fragmento de historia de Italia, historia de Europa e historia del movimiento
obrero cuyo “anudamiento” bajo una consciencia esforzada pudrió el
“centro” que fue Antonio Gramsci. En la organicidad de esa vida así
entendida -no como oscura intimidad aislada, sino como línea recorrida
por el “centro de anudamiento” de innumerables referencias objetivas- el
preso, derrotado y moribundo Gramsci consideró no sólo resueltas,
sino incluso salvadas las contradicciones, los sufrimientos, las catástrofes
de su existencia. Lo ha hecho así implícitamente en sus múltiples
negativas a capitular pidiendo gracia a Mussolini, a pesar de su grave estado;
y lo había dicho antes explícitamente, añadiendo incluso
una explicación, a su autoafirmación moral: la salvación
por el “instinto de la rebelión”.
2. Si, pues -entre la primavera de 1922 y alguna fecha imposible de precisar,
pero situada sin duda ente el otoño y el invierno de 1923-, Gramsci
ha depuesto definitivamente su “inercia” política, ello ha de explicarse
por la resolución de una nueva inflexión de su vida, en la
cual han cambiado el orden proyectado y el tiempo de ésta, el ritmo
de su acción. La causa que desencadena el proceso es una decisión
del II Congreso del PCdI, que nombra a Gramsci representante del partido
cerca de la Internacional Comunista (El Congreso ratificaba el Comité
Ejecutivo anterior, todo él del grupo Bordiga, menos Terracini.) El
26 de mayo salía Gramsci para Moscú, acompañado por
la delegación italiana a la II Conferencia del Ejecutivo ampliado
de la IC: Bordiga, Gennari, Graziadei y Ambrogi. En Moscú iba a tener
Gramsci las dos experiencias de las que arranca su acmé: el conocimiento
directo de la Internacional y la relación con Julia Schucht.
3. Cronología: últimos años.
1927. El Tribunal Militar dicta mandato de detención contra AG. Ingreso
de AG en la cárcel de San Vittore, de Milán. AG sufre insomnio;
no duerme más de tres horas diarias. AG recibe visitas de su hermano
Mario y de Piero Sraffa. AG pide libros de temas sardo y el Breviario di
neolingüística de Bertoni y Bartoli.
1928. Las autoridades rechazan una solicitud de autorización para
escribir, presentada por AG. Auto de procesamiento contra AG. AG ingresa
en la cárcel de Regina Coeli, de Roma, en la misma celda que los coimputados
Terracini y Scoccimarro. Vista de la causa contra la dirección comunista
ante el tribunal especial. Veintidós acusados. Terracini: veintidós
años, nueve meses, cinco días. Gramsci y Scoccimarro: veinte
años, cuatro meses, cinco días. Informe médico oficial
sobre AG al Ministerio de Justicia: “Periodontitis expulsiva debida a trastornos
urémicos y a un ligero agotamiento nervioso”. Salida de AG para la
cárcel de Turi (Bari). Llegada Turi en estado grave. Registro con
el número 7.047. Trato amenazador del médico de la cárcel,
Cisternino. AG, en celda individual. AG sufre un ataque de uremia que le
impedirá andar durante tres meses. Tatiana Schucht acude a Turi.
1929. AG consigue autorización para escribir en la celda. Segundo
plan de estudios de Gramsci. AG sistematiza y resume el plan de estudios
del 9-II. La salud de AG empeora. Incapacidad de ingerir, dolores de cabeza
y de riñón. Visita de su hermano Carlo Gramsci.
1930. Visita comprobada de Gennaro Gramsci a Antonio. Nueva visita de Tatiana
Schucht. AG se beneficia de un indulto de un año, cuatro meses y cinco
días. AG tiene noticia de que Julia Schucht está internada
en un sanatorio. Primer vómito de sangre de A.G. AG empeora y es ya
incapaz de masticar. Intensa crisis física y nerviosa de AG. Los presos
comunistas de Turi proyectan un curso a la hora del paseo. Se suspende por
roces entre Gramsci y otros.
1931. Visita de Carlo Gramsci. IV Congreso del P.C. d´I, celebrado
entre Colonia y Düsseldorf. Se mandan noticias a AG escritas en tinta
simpática, en una revista inglesa. Según testimonios de un
posterior expulsado del P.C. d´I., Gramsci no se muestra de acuerdo.
La información es probablemente verdadera, porque por otros indicios
se ve a Gramsci elaborando ya una política de amplias alianzas con
el objetivo primero democrático de la “Asamblea Constituyente”. AG
recibe obras de Marx en la ed. Costes y artículos del Economist sobre
el Primer Plan quinquenal soviético. En carta a Tatiana Schucht: “Como
dicen en Cerdeña, doy vueltas por la celda como una mosca que no sabe
dónde caerse muerta”. A la una hora (3.VIII), vómito de sangre.
Carlo Gramsci y Piero Sraffa acuden a Turi, pero el último no consigue
autorización para ver a AG. Dirige una carta a Mussolini reclamando
se fijen las lecturas autorizadas. Carta a Tatiana Schucht pidiendo cuadernos
pequeños. AG acusa recibo de los cuadernos pequeños.
1932. AG dice a Tatiana Schucht que está escribiendo unas notas sobre
los intelectuales italianos. Visita de Carlo Gramsci. Perspectivas de un
intercambio de A.G. por clérigos que se encuentran en la U.R.S.S.
AG sufre dolores en el pecho. En carta a Tatiana Schucht: “El conjunto de
la existencia se hace insoportable”. Tatiana presenta una instancia de revisión
médica en favor de AG. La celebración de los diez años
de fascismo reduce la pena de AG a doce años, cuatro meses. Eso permite
a Piero Sraffa pedir la libertad condicional para Gramsci. Pero el régimen
exige una petición de gracia. Gramsci se niega y el régimen
le impone incomunicación (que los demás presos consiguen burlar,
manteniendo el contacto con él). Muerte de la madre de AG (éste
la ignoró hasta su muerte).
1933. AG sin dientes, padece insomnios, trastornos digestivos, tuberculosis
pulmonar, arteriosclerosis, mal de Pott y abscesos. La dirección de
la cárcel revoca la autorización para escribir. El camarada
de Gramsci, Gustavo Trombetti, se instala en su celda para velarle. Visita
del doctor Umberto Arcangeli, enviado por Tatiana Schucht una vez conseguida
la autorización. Arcangeli establece el diagnóstico verdadero.
Tatiana solicita el traslado de AG a una clínica. El gobierno admite
la instancia de traslado a la clínica. Al mismo tiempo el Tribunal
especial rechaza el recurso sobre libertad condicional. Traslado de
AG a la clínica del doctor Cusumano, en Formia.
1934. El profesor Puccinelli, de Roma, visita AG. En el extranjero arrecia
la campaña por la libertad de AG. Romain Rolland publica su folleto.
Pacto de unidad de acción entre el PCI y el PSI. AG consigue
la libertad provisional sin cambio en su situación material (Decreto
del 25-X).
1935. Nueva crisis de la salud de Gramsci. Traslado de Gramsci a la clínica
Quisisana de Roma. El 24/25 llega Tatiana Schucht, Carlo Gramsci y Piero
Sraffa. Presunta, pero hoy discutida, interrupción definitiva de los
Cuadernos de Gramsci.
El PCI presenta el programa de la Asamblea Constituyente.
1937: 21.IV: Gramsci cumple condena. 25.IV: Gramsci sufre una hemorragia
cerebral. 27.IV: Dieciséis horas: muerte de Antonio Gramsci.
Referencias: 1. El orden y el tiempo, op. cit, pp. 87-88. 2. Ibídem,
pp. 162-163. 3. Tablas y datos de Antología, op. cit.
III. Escritos
1. El joven Gramsci.
[...] Acaso por la urgencia periodística con que
escribe, y también sin duda por la influencia de aquellos “burgueses
auténticos como Garofalo y Croce” que han “impreso huellas imborrables”
en el “desarrollo doctrinal del marxismo” (A 20-VII-1916, SM [Sotto la Mole]
203), Gramsci no puede aún seguir por aquella vía y resuelve
por lo general su problema con Marx en esa época mediante mezclas
sin sintetizar del principio revolucionario-idealista y el ”saber” histórico-económico
de Marx. Un texto de 1915 (IGP 13-XI, SG 7) -escrito, por cierto, para comentar
el Congreso de aquel año del Partido Socialista Obrero Español-,
es característico de la situación general del pensamiento de
Gramsci en la época: ”Para nosotros la Internacional es un acto del
espíritu, es el conocimiento que tienen (cuando lo tienen) los proletarios
de todo el mundo de que constituyen una unidad, un haz de fuerzas concordemente
orientado, dentro de la variedad de las entidades nacionales, hacia una finalidad
común, la sustitución del factor capital por el factor producción
en el dinamismo de la historia, la irrupción violenta de la clase
proletaria, hasta ahora sin historia o con historia sólo potencial,
en el enorme movimiento que produce la vida del mundo”. La copresencia de
conceptos económicos con una concepción de la historia tan
idealista que estima fuera de ésta a las masas anónimas es
realmente difícil y chirriante.
Cuando, al final de este período juvenil, Gramsci
vuelve a tomar la fórmula interpretativa crociana para intentar definirse
ante sí mismo su lectura de Marx, llega también a una combinación
mecánica; Marx habría enseñado un determinismo histórico
respecto del pasado, pero el hecho de que creara un movimiento revolucionario
indicaría que no lo estimaba así para el futuro. En 1916 (A
22-V, SM 148) Gramsci se atiene a esa débil, adialéctica paradoja
de “la historia, de la cual somos criaturas por lo que hace al pasado y creadores
por lo que hace al porvenir”.
Gramsci ha nacido al socialismo sobre la base de la realidad
por él conocida -la miseria rural y minera sarda- y de la inspiración
culta de unos intelectuales -Croce, Salvemini, Gentile, Bergson, etc.- que
no son ni dirigentes obreros ni intelectuales marxistas, sino “senadores”,
“burgueses auténticos”, como dice él mismo. El positivismo
mecanicista, economicista y antirrevolucionario de la interpretación
socialdemócrata de Max le refuerza la tendencia idealista. Más
tarde, el trato con dirigentes obreros e intelectuales marxistas en Turín
le hace sentir la necesidad de entender a Marx de otro modo. El primer resultado
del esfuerzo por conseguirlo es un compromiso tan mecánico como el
pensamiento de los autores a los que se opone; Marx sería el científico
socialista que suministra “cánones” para la interpretación
del pasado. Pero no es el pensador del presente ni del futuro, porque, tal
como lo ve la socialdemocracia, su pensamiento no es revolucionario, sino
evolucionista, de expectativa: un dejar que actúen mecánicamente
los factores interpretados por aquellos “cánones”. Tal es la situación
del marxismo en el pensamiento de Gramsci -la de un mero magister vitae ex
post- cuando la revolución rusa de febrero y luego la de Octubre someten
ese esquema una crisis.
2. Anotaciones sobre “Nuestro Marx”.
“Il nostro Marx”, IGP 4-V-1918. E; SG 217-221
[A, pp. 37-41]
Profundización del primer intento de solución
de su problema con Marx.
El papel de la organización: criterio de marxismo.
La cuestión “¿Somos marxistas?” es necia oscuridad porque Marx
no es un mesías. Revelador como entiende “-ista".
. “Único imperativo categórico, única
norma: 'Proletarios de todo el mundo, uníos’ ” (E 217). Aun
más revelador: para Gramsci Marx es el fundador del movimiento obrero
organizado.
. Marx es la madurez [¿del movimiento obrero?]
[¿O de la tradición revolucionaria idealísticamente
interpretada? Más esto]
. Recuerda que la época de Marx coincide con la
polémica Spencer-Carlyle. Marx no es ni el místico Carlyle
ni el positivista Spencer, “es un historiador, es un intérprete de
los documentos del pasado, de todos los documentos, no sólo de una
parte de ellos" (E 218; A, p.38).
. Esa “totalidad de los documentos” va a ser la clave
de la interpretación: 1) Defecto de las historias es la falta de esa
totalidad. 2) Por lo que el hombre se concebía como "espíritu,
como consciencia pura” (E 218; A, p.38). Con el error de coger además
ideas ficticias y hechos anecdóticos.
Texto central básico en cuanto a interpretación
de Marx. Con una debilidad: no hay cuestión genética, no hay
crítica marxiana de la ideología de primer grado. Luego Gramsci
acaso no sea capaz de criticar más que la de segundo grado. Además,
posible dualismo. Y con una fuerza: no hay mecanicismo ni economicismo: “Con
Marx la historia sigue siendo dominio de las ideas, del espíritu,
de la actividad consciente de los individuos sueltos y asociados. Pero las
ideas, el espíritu, se sustancian, pierden su arbitrariedad, dejan
de ser ficticias abstracciones religiosas o sociológicas; su substancia
está en la economía, en la actividad práctica, en los
sistemas o relaciones de producción de intercambio. La historia como
acaecimiento es pura actividad práctica (económica y moral).
Una idea se realiza no en cuanto lógicamente coherente con la verdad
pura, con la humanidad pura (que no existe sino como programa, como fin general
de los hombres), sino en cuanto encuentra en la realidad económica
su justificación, el instrumento para afirmarse” (E 219; A, p.39).
. Eso produce la consciencia de la necesidad de la división
en clases.
. Y voluntad de clase, que es organización.
. Inutilidad del adverbio "marxísticamente”, que
puede ser hasta equívoco (por los socialdemócratas, concluyentemente).
3. La revolución y El Capital.
[...] En el artículo más importante y más
célebre de este período Gramsci ha escrito la siguiente lapidaria
afirmación. “La revolución de los bolcheviques está
más hecha de ideología que de hechos (Por eso, en el fondo,
importa poco saber más de lo que sabemos ahora.) Es la revolución
contra El Capital de Carlos Marx (...) Lo cierto es que lo esencial de su
doctrina depende del idealismo filosófico y que en el desarrollo interior
de esta doctrina se encuentra la corriente ideal en la cual confluye con
adecuación histórica el movimiento proletario y socialista”.
La última frase de este texto da la clave de su
totalidad, pero permite también adivinar la nueva problemática
que la doctrina de un socialismo revolucionario por idealista va a significar
para Gramsci. Da la clave de toda esa doctrina porque muestra su motivación:
constituir la fundamentación ideal de la voluntad revolucionaria,
contrapuesta a la pasiva espera del cumplimiento, por algún mecánico
deus ex machina, de las “previsiones” del materialismo histórico.
Y permite ver el nuevo aspecto de la problemática doctrinal de Gramsci
porque la voluntad que positivamente ha realizado la revolución “contra
El Capital” no se ha movido en absoluto por consideraciones filosóficamente
idealistas, sino por una comprensión de los hechos que ella misma
atribuye al análisis marxiano (...) La prisa del hacer periodístico
le obliga casi a simultanear, o alternar al menos, formulaciones en los dos
sentidos, en el de la reafirmación idealista y voluntarista, y en
el de la reconsideración de su lectura de Marx. Así, por ejemplo,
entre los dos artículos recordados, precisamente siete días
después de la segunda edición de “La revolución contra
El Capital”, Gramsci publica una nota interpretativa de la Revolución
de Octubre que le muestra sumido en una reflexión acerca del pensamiento
de Marx bastante menos simple que su “renegarle” de la semana anterior: “La
nueva generación parece querer un regreso a la genuina doctrina de
Marx, para la cual el hombre y la realidad, el instrumento de trabajo y la
voluntad no están separados, sino que se identifican en el acto histórico”.
A eso siguen una versión mejorada de la idea del
materialismo histórico como conjunto de “cánones” interpretativos
y una conclusión digna de nota: los miembros de la “nueva generación”
creen no que “la guerra ha destruido el materialismo histórico” al
provocar una revolución contra El Capital, “sino que la guerra ha
modificado las condiciones del ambiente histórico normal, por lo cual
la voluntad social, colectiva de los hombres ha conseguido una importancia
que no tenía normalmente” (Gramsci considera la “concentración”
de los trabajadores de la ciudad y el campo “en las trincheras” que ha suplido
la concentración “normal” en la gran industria). “Estas nuevas condiciones
son, también ellas, hechos económicos, han dado a los sistemas
de producción un carácter que no tenían antes”, por
ejemplo, con la estatificación transitoria de la industria bélica
y pesada en general. “La educación del proletariado se ha adecuado
a ello necesariamente y ha llevado en Rusia a la dictadura”. Esa oscilación
entre puntos de vista no aparece sólo en la alternancia de unos artículos
que se suceden a escasa distancia de tiempo: ocurre incluso en un mismo artículo,
y así documenta, con una claridad que sin duda el lector de hoy debe
a la urgencia periodística de Gramsci, la situación de crisis
del pensamiento socialista de éste. En el mismo artículo “La
revolución contra El Capital” por ejemplo, a renglón seguido
del cuadro de aquellos bolcheviques que renegaban de Carlos Marx, se lee:
“Y, sin embargo, también en estos acontecimientos hay una fatalidad,
y si los bolcheviques reniegan de algunas afirmaciones del Capital, no reniegan,
en cambio, de su pensamiento inmanente, vivificador”.
4. Cuadernos de la cárcel.
A. Antonio Gramsci, el filósofo marxista más importante de
la Europa Occidental, es sobre todo conocido por su obra póstuma (...).
Se trata de los treinta y dos Cuadernos de la cárcel, unas tres mil
páginas manuscritas (unas cuatro mil en la trascripción mecanográfica),
escritas en la prisión desde 1929 hasta 1935, poco antes de su muerte.
Al quedar excluido de la vida política por su detención, Gramsci
se traza planes de estudio teórico que intenta desarrollar a pesar
de las naturales dificultades del régimen carcelario, contra las cuales
lucha tenazmente para conseguir material de estudio. Los editores del legado
de Gramsci han recogido ejemplos de esa permanente tensión: en setiembre
de 1930 el filósofo escribe al entonces jefe del gobierno italiano.
“Para mí, que aun tengo que cumplir quince años de reclusión,
se trata de una importante cuestión de principio: saber qué
libros puedo leer”. Ya esa circunstancia basta para explicar la abundancia
de notas sueltas, citas de memoria, etc., en los Cuadernos de la cárcel
aunque éstos contienen también estudios largos. pero toda la
obra del filósofo queda estructurada por su finalidad: “determinar
un renacimiento adecuado” del marxismo, “levantar esta concepción
que, por las necesidades de la vida práctica, se ha venido “vulgarizando,
a la altura que debe alcanzar para la solución de las tareas más
complejas que propone el actual desarrollo de la lucha; es decir, levantarla
a la creación de una nueva cultura integral”.
B. Los Cuadernos que escribió Antonio Gramsci en la cárcel
de Turi (cerca de Bari, en la Apulia) entre 1929 y 1933 y luego en clínicas
de Formia y Roma desde aquella fecha hasta 1935, o quizá algo más
tarde, fueron primeramente editados por Felice Platone, bajo la inspiración
y con la colaboración de Palmiro Togliatti, a partir de 1948. Esa
edición, que fue traducida al castellano en la Argentina, no reproducía
los Cuadernos tal como son, sino que reagrupaba temáticamente los
trozos para conseguir volúmenes relativamente monográficos.
Eso hacía, sin duda, más fácil y agradable la lectura
de los textos, pero alejaba de la real composición de los Cuadernos.
En 1975 apareció la edición crítica de éstos
tal como fueron escritos. Dirigió la edición crítica
Valentino Gerratana, persona particularmente capacitada para la tarea, no
siempre fácil. De esta edición existe traducción castellana
publicada por la editorial mexicana ERA.
El proceso de Gramsci, que terminó con una condena
a 20 años, 4 meses y 5 días de presidio, estaba destinado a
destruir al hombre, como redondamente lo dijo el fiscal, Michele Isgrò
"Hemos de impedir funcionar a este cerebro durante veinte años". Por
eso los Cuadernos de la cárcel no valen sólo por su contenido
(con ser éste muy valioso), ni tampoco sólo por su contenido
y por su hermosa lengua, serena y precisa: valen también como símbolos
de la resistencia de un "cerebro" excepcional a la opresión, el aislamiento
y la muerte que procuraban día tras día sus torturadores. El
mismo médico de la cárcel de Turi llegó a decir a Gramsci,
con franqueza fácilmente valerosa, que su misión como médico
fascista no era mantenerle en vida. El que en condiciones que causaron pronto
un estado patológico agudo Gramsci escribiera una obra no sólo
llamada a influir en generaciones de socialistas, sino también, y
ante todo, rica en bondades intrínsecas, es una hazaña inverosímil,
y los Cuadernos son un monumento a esa gesta.
Si no existieran en castellano varias antologías
de textos de Gramsci, más la edición completa mencionada, la
edición de un cuaderno aislado tendría sus inconvenientes.
Pero como Gramsci tiene ya cierta presencia en nuestra lengua, este volumen
va a ofrecer la gran ventaja de permitir la lectura seguida de un texto coordinado
de Gramsci con la continuidad y la unidad con las que él lo concibió.
Desde este punto de vista la elección del cuaderno 11º es muy
acertada, por su contenido y por el hecho de que es uno de los cuadernos
menos retocados y corregidos por Gramsci. (La crítica gramsciana distingue
tres estadios de redacción en el conjunto de los Cuadernos y en cada
uno de ellos. Pero la distinción no tiene prácticamente importancia
para el cuaderno.)
C. El cuaderno 11º contiene escritos de madurez, en un sentido convencional
y en el sentido, más preciso, de que Gramsci lo emprende inmediatamente
después de su segunda hemoptisis, la que le llevó al borde
de la capitulación. El asunto principal del cuaderno es el desarrollo
de una visión filosófica marxista, o de “filosofía de
la práctica” al hilo de una crítica del libro de Nikolai Bujárin
sobre el materialismo histórico. Gramsci ha dedicado mucho tiempo
a combatir el tendencial mecanicismo de Bujárin y su cientificismo
un tanto ingenuo, porque veía en ese estilo de pensamiento la señal
de la subalternidad y un grave riesgo de empobrecimiento y esquematización
de las ideas socialistas originadas en Marx. A la vista de la rudeza filosófica
de Bujárin y, sobre todo, pensando en la esclerosis del pseudomarxismo
oficial posterior, parece evidente que Gramsci llevaba razón en su
desproporcionado guerra contra el Manual de Bujárin. Pero la línea
de pensamiento de Gramsci en la cárcel sobre estas cuestiones es la
misma que siguió desde su juventud, a saber, un modo de pensar que,
bajo la influencia del idealismo en que primeramente se formó tiende
a comprender el marxismo como ideología. En su juventud había
intentado armonizar su marxismo ideológico con la crítica de
las ideologías por Marx. En los Cuadernos, también en el 11º,
Gramsci da, con sólo alguna prevención, una noción positiva
de ideología, proponiendo para el término “el significado más
alto de una concepción del mundo que se manifiesta implícitamente
en el arte, en el derecho, en la actividad económica, en todas las
manifestaciones de vida individuales y colectivas”. La convicción
de que esa comprensión de las concepciones del mundo ha de ser compatible
con el materialismo histórico permite situar a Gramsci (por lo que
hace a la tensión materialismo-idealismo) entre el mecanicismo de
Bujárin y el idealismo o mentalismo del joven Lukács de Historia
y conciencia de clase. Gramsci mismo parece sugerir su posición al
respecto en un paso del cuaderno 11º:
Hay que estudiar la posición del profesor Lukács frente a la
filosofía de la praxis. Parece que Lukács afirma que sólo
se puede hablar de dialéctica para la historia de los hombres, pero
no para la naturaleza pero si la historia humana se tiene que concebir también
como historia de la naturaleza (incluso a través de la historia de
la ciencia) ¿cómo se puede separar la dialéctica de
la naturaleza? Tal vez Lukács, por reacción a las barrocas
teorías del Ensayo popular [de Bujárin], ha caído en
el error opuesto, en una forma de idealismo.
El ideologismo de Gramsci le lleva a concepciones culturales
no menos objetables que las del mecanicismo más elementalmente dogmático.
Convencido del carácter “orgánico” de cada cultura, según
el símil biológico tan querido de vitalistas e historicistas,
Gramsci no está dispuesto a admitir ninguna complementariedad entre
el socialismo y otras tradiciones o productos culturales. En esto piensa
exactamente igual que el joven Lukács idealista. La actitud se manifiesta
muy claramente en el cuaderno 11º, por ser éste un cuaderno filosófico.
Así se lee bajo el rótulo “concepto de 'ortodoxia":
precisamente es “evolucionaria” una teoría en la
medida en que es elemento de separación y distinción consciente
en dos campos, en cuanto es un vértice inaccesible para el campo adversario.
Creer que la filosofía de la praxis no es una estructura de pensamiento
completamente autónoma e independiente, en antagonismo con todas las
filosofías y las religiones tradicionales, significa en realidad no
haber cortado los vínculos con el mundo viejo, cuando no incluso haber
capitulado [...] En el pequeño volumen de Otto Bauer sobre la religión
se pueden hallar algunos indicios de las combinaciones a que ha dado lugar
este erróneo concepto de que la filosofía de la praxis no es
autónoma e independiente, sino que necesita sostenerse en otra filosofía,
materialista o idealista según los casos. Bauer sostiene como tesis
política el agnosticismo de los partidos y el permiso dado a sus miembros
para que se agrupen en idealistas, materialistas, ateos, católicos,
etc., esto es, para el oportunismo más vil y abyecto.
Aparte de que la evolución posterior ha discurrido
en sentido opuesto, hay que observar ante todo que esa formulación
de Gramsci es de un idealismo extremo que ni siquiera menciona la base material
o social del movimiento y el pensamiento socialistas, las clases sociales,
sus tensiones y sus luchas, sino que lo reduce todo al plano ideal, con el
notable y lamentable resultado de un totalitarismo y un reduccionismo culturales.
Vale la pena notar que, contra el difundido lugar común que imputa
siempre el reduccionismo y el dogmatismo al materialismo, semejantes consecuencias
han sido frecuentemente afirmadas por marxistas idealistas, como el joven
Lukács y el Gramsci más ideólogo...
Referencias: 1. “La formación del marxismo de Gramsci”, Sobre
Marx y marxismo, op.cit, pp. 66-68. 2. Cuaderno “Gramsci”, Reserva
de la UB, fondo Sacristán. 3. El orden y el tiempo, op. cit, pp. 120-124..4.A.
“Filosofía”, Papeles de filosofía, op. cit, pp. 186-187. 4.B.
“El undécimo cuaderno de Gramsci en la cárcel “, PEYPA, op.
cit, pp. 184-185. 4.C. “El undécimo cuaderno de Gramsci en la
cárcel”. Presentación A. Gramsci, Introducción al estudio
de la filosofía, pp. 23-25.
IV. Nociones gramscianas
1. Centro de anudamiento.
En la concepción marxista de Gramsci la cuestión
“¿qué es el hombre?” entendida como cuestión filosófica
no pregunta por la naturaleza biológica de la especie sino por otra
cosa que él formula del modo siguiente: “¿Qué puede
llegar a ser el hombre? Esto es, si el hombre puede dominar su propio destino,
si puede “hacerse”, si puede crearse la vida”. Piensa Gramsci que todas las
filosofías han fracasado hasta ahora en el tratamiento de esa pregunta
porque han considerado al hombre reducido a su individualidad biológica.
Pero la humanidad del individuo comporta elementos de tres tipos: primero,
el individuo mismo, su singularidad biológica; segundo, “los otros”;
tercero, “la naturaleza”. El segundo y el tercer elementos son de especial
complejidad: el individuo no entra en relación con los otros y con
la naturaleza mecánicamente, sino ”orgánicamente” (con los
otros) y “no simplemente (con la naturaleza) por ser él mismo naturaleza,
sino activamente, por medio del trabajo y de la técnica” (incluyendo
en este último concepto también los “instrumentos mentales”,
esto es, la ciencia y la filosofía)” (...) Esas relaciones..., son
activas, conscientes, es decir, corresponden a un grado mayor, o menor de
inteligencia de ellas que tiene el hombre. Por eso puede decirse que uno
se cambia a sí mismo, se modifica, en la medida misma en que cambia
y modifica todo el complejo de relaciones del cual él es el centro
de anudamiento. Con eso ultima Gramsci su reelaboración del concepto
de “naturaleza humana” de Karl Marx: “que la “naturaleza humana” es el “complejo
de las relaciones sociales” (como ha escrito Marx) es la respuesta más
satisfactoria, ya que incluye la idea de devenir... Puede también
decirse que la naturaleza del hombre es la 'historia´.”
2. Guerra de posiciones.
Soluciones “también para hoy” y para “los problemas
generales italianos”: precisiones suficientes para mostrar que, a raíz
de la experiencia internacional, Gramsci, por más que no lo teorice,
tiene ya en su pensamiento político los elementos analíticos
que lo diferencian de la escatología izquierdista y del maximalismo
socialdemócrata. La lucha de clases ha entrado ya en la fase de guerra
de posiciones, y hay que pensar en el gris aguante cotidiano en la trinchera
y en el también gris esfuerzo por desgastar al enemigo día
tras día, sin esperar de nadie la consumación de los tiempos.
Y para posibilitar esa lucha corrosiva de ambos bandos hay que introducirse
en todos los resquicios de las líneas enemigas, separar de ellas todos
los sectores sociales cuyos problemas no sean resueltos por el poder capitalista,
dar soluciones propias no ya sólo para los problemas de la clase obrera,
sino para “los problemas generales italianos”. En este punto se funden la
limitación y la perspectiva dilatada de la “guerra de posiciones”
que Gramsci teorizará en la cárcel: la necesidad de expansión
política para recoger todos los “problemas generales italianos”-necesidad
vista como rebasamiento de la real limitación de la política
seguida hasta entonces- es, por una parte, reconocimiento de que el partido
no es en sí mismo la universalidad de la clase obrera, “el partido
de la clase obrera” como dice el exaltado sectarismo, sino, según
escribe Gramsci inmediatamente antes del texto últimamente citado,
“una fracción orgánica del proletariado”; precisamente por
eso ha de buscar en su política la universalidad que no tiene en su
composición. Pero, por otra parte, esa expansión política
es también indicio de que tras la gris o hasta negra cotidianidad
de la guerra de trincheras se esconde la preparación de una futura
fase de guerra de movimiento, definitiva a causa del desgaste sufrido por
las líneas enemigas y a causa de la universalización política
de los motivos propios.
Gramsci no dará sistemáticamente la doctrina
de la hegemonía y de la alternancia de g.<uerra> de p.<osiciones>
y guerra de mov.<imiento> sino en los cuadernos de la cárcel.
Pero las ideas básicas de la misma están presentes en su práctica
desde 1923. Lo están también en manifestaciones teóricas
acerca de puntos parciales, señaladamente acerca del problema que
es central en toda esta cuestión, el problema del partido revolucionario...
3. Bloque histórico
La idea de “bloque histórico” es otra de las afortunadas
acuñaciones de conceptos a las que ya se ha hecho referencia y que
son acaso el fruto más permanente de la obra teórica de Gramsci:
como si en el forcejeo teórico Gramsci hubiera conseguido una agudización
de la capacidad de percibir y nombrar el objeto esencial de sus esfuerzos.
En este caso -”bloque histórico”- se trata de la totalidad y unidad
concreta de la fuerza social, la clase, con el elemento cultural-espiritual
que es consciencia de su acción y forma del resultado de ésta.
El concepto -con ese nombre o con otro- es sin duda imprescindible para un
marxismo verdaderamente dialéctico, que no entienda positivísticamente
la historia como evolución fatal y lineal de los fenómenos
económicos. Pero en la misma presentación del concepto se aprecia
la causa por la cual Gramsci no pudo decidir nunca sino dentro del dilema
“ideologismo-o-reformismo”. Las frases de Marx de cuyo vago recuerdo
parte la reflexión de Gramsci son sin duda del tipo de la célebre
“la teoría se hace fuerza cuando aferra las masas” (Die Theorie wird
zur Macht, wenn sie die Massen ergreift).La formación idealista-culturalista
de Gramsci le hace identificar “teoría”, la palabra usada por Marx,
con “ideología”. Gramsci no ve pues la posibilidad de que la mediación
entre la fuerza social (la energía de la clase obrera) y la intervención
revolucionaria sea de naturaleza científica, de la naturaleza del
programa crítico; para él, la única mediación
posible es una nueva ideología, la adopción por el marxismo
de la forma cultural de las religiones y de los grandes sistemas de
creencias, sintéticos y especulativos, de la tradición. En
la época anterior a su detención, Gramsci ha expresado eso
sin reparos. He aquí un ejemplo. “Los socialistas marxistas no son
religiosos: creen que la religión es una forma transitoria de la cultura
humana que será superada por una forma superior de la cultura, la
filosófica: creen que la religión es una concepción
mitológica de la vida y del mundo, concepción que será
superada y sustituida por la fundada en el materialismo histórico
[...]” (A 26-VII-1920; SM 415). Ese categórico texto contiene -junto
con la tesis marxiana de la caducidad de la religión- dos tesis incompatibles
con la crítica de Marx (y de Engels) a la ideología: primera,
la admisión de la validez futura de la filosofía como visión
sintética o constructiva del mundo; segunda, la comprensión
del materialismo histórico como un producto cultural funcionalmente
idéntico a la religión, o sea, como un producto cultural ideológico.
4. La filosofía de la práctica
La “filosofía de la practica” de A. Gramsci no
es un pragmatismo, sino un modo de pensar que historiza los problemas teóricos
al concebirlos siempre como problemas de cultura, de hegemonía de
las clases en la sociedad y de la consiguiente vida global de la humanidad
a través del tiempo. “Lo que interesa a la ciencia” escribe Gramsci,
“no es tanto [...] la objetividad de lo real cuanto el hombre que elabora
sus métodos [...], que rectifica constantemente sus instrumentos materiales
[...] y lógicos (incluidos los matemáticos); lo que interesa
es la cultura [...], la relación del hombre con la realidad por la
mediación de la tecnología. Incluso en la ciencia, buscar la
realidad aparte de los hombres [...] [no es sino] una paradoja. “Para la
filosofía de la práctica el ser no puede separarse del pensamiento,
el hombre de la naturaleza, la actividad de la materia, el sujeto del objeto:
si se practica esa separación, se cae en la abstracción sin
sentido”.
La filosofía ha de entenderse en la práctica
de la humanidad, o, como escribe Gramsci, “concretamente, es decir, históricamente”.
Gramsci alude alguna vez a los precedentes de la filosofía de la práctica
que cuajará en la obra de Marx: Tomás de Aquino, aún
en línea con los griegos, pero con mayor énfasis, ha enseñado
que “el entendimiento especulativo se hace práctico por extensión”.
Leibniz y Vico se han visto, en el otro extremo, arrebatados por un activismo
del pensamiento: “Las cosas más especulativas son las más prácticas”
(Leibniz); ”Lo verdadero es el hecho mismo” (Vico). Hegel, por último,
ha enseñado que “todo lo real es racional”. La filosofía de
la práctica ha de poner esos atisbos en un terreno nuevo: no es que
la especulación se haga práctica por extensión, o que
sea paralela de ésta, o la disuelva en sí, sino que la realidad
humana es práctica, hecha por el hombre, y conocerla es hacerla. Por
eso el tema de] hombre es “el problema primero y principal de la filosofía
de la práctica”.
5. Tercer organismo
Acaso mejor que el incidente en el
IV Congreso sirva para documentar la creciente rotura de Gramsci con el sectarismo
de la izquierda la experiencia de los “Arditi del Popolo”. Era ésta
una formación para-militar de defensa del pueblo contra la creciente
violencia fascista, apoyada por la policía. Los “Arditi del Popolo”
eran, pues, una organización popular unitaria, un “tercer organismo”
de nuevo, de los que Gramsci ha dicho siempre, junto al partido y el sindicato,
para sostener y dirigir la lucha de la clase obrera. El 12 de julio de 1921
había publicado en L'Ordine Nuovo -y en primera página-
una entrevista con el jefe de los “Arditi” Arrigo Secondari. El día
14 Bordiga replicaba en el mejor estilo sectario: un comunicado del Comité
Ejecutivo del PCI, dominado por los izquierdistas, se oponía a la
adhesión de los comunistas a los “Arditi del Popolo” porque “el encuadramiento
militar del proletariado debe ser sobre la base del partido”, de un partido
que conseguiría poco más del 3% de los votos en las inminentes
elecciones. Al día siguiente aparecía en L'Ordine Nuovo un
artículo de Gramsci en favor del movimiento. Y el 7 de agosto el CE
zanjaba el problema, convirtiéndolo en cuestión de disciplina.
6. Consejos obreros.
Está claro que ‘consejo’ es traducción de soviet. Y está
fuera de duda que Gramsci ha visto pronto en los soviets lo verdaderamente
no particular de la Revolución rusa. “El hecho esencial de la revolución
rusa es la instauración de un nuevo tipo de Estado, el estado de los
Consejos (...). Todo lo demás es contingente (...)”. Y a finales del
verano de 1920, cuando ya son manifiestas las dificultades de la lucha de
los consejos obreros de Turín, su aislamiento respecto del país,
y cuando Tasca desde la derecha y Bordiga desde la izquierda pueden avalar
su oposición al teórico de los consejos turineses con la presumible
tragedia final de éstos, Gramsci reafirma aún el origen soviético
de su política de aquellos años. “¿Hay en Italia, como
institución de la clase obrera, algo que pueda compararse con el Soviet,
que tenga algo de su naturaleza? (...) Sí (...); es la comisión
interna” (de fábrica). Pero si la concreta influencia rusa y leninista
en la doctrina gramsciana de los consejos obreros está fuera duda,
la tenacidad de Gramsci en este punto y la continuidad del motivo en todo
su pensamiento -incluso, con formas diversas, en la cárcel- se debe
a lo que antes se ha indicado como raíz de su leninismo: la coincidencia
de problemática con Lenin, la cual da un fundamento muy sólido
a la coincidencia (más o menos estrecha) en las soluciones. Los consejos
son la concreción del orden nuevo ya en el seno del viejo orden relativo,
o absoluto desorden capitalista. Por lo tanto, son algo distinto del sindicato
-característica arma de lucha “corporativa” o “estamental” en el desorden
de la sociedad burguesa- y también diferentes del Partido político,
en cuyo origen el orden socialista no es más que aspiración.
Vale la pena notar que la idea de un “tercer organismo” revolucionario -además
del partido y del sindicato- aparece en la actividad de Gramsci muy pronto:
por ejemplo, y como “club de vida moral”, en 1917. Pero cuando cristaliza
en la tesis de los consejos de fábrica, la búsqueda, tan gramsciana,
de los gérmenes del orden nuevo en el tiempo viejo, antes de tiempo,
por así decirlo, y con consciencia de ello, va a suscitar el entusiasmo
de los metalúrgicos de Turín y el desconcierto y la oposición
de las que un día serán la derecha y la izquierda comunistas
italianas.
Referencias: 1. “Gramsci, A.”, Papeles de filosofía, op. cit, pp.
414-416. 2. El orden y el tiempo, op. cit, p. 166. 3. “La formación
del marxismo en Gramsci”, Panfletos y materiales I, op cit, p. 80. 4. “Corrientes
principales del pensamiento filosófico contemporáneo”, Enciclopedia
Labor, vol X, p. 798. 5. El orden y el tiempo, op. cit, p. 156.
6. Ibídem, pp. 126-127.
V. Matices. Matiz es concepto.
1. Desgraciadamente, el romanticismo hegeliano y la influencia del positivismo
se juntan para contagiar a algunos marxistas esta concepción insuficiente
(y alienada) de la ciencia como mera técnica. Síntomas del
contagio pueden ser encontrados incluso en un pensador tan grande como Gramsci.
2. Los temas que en los filósofos marxistas de corte tradicional componen
partes principales del “materialismo dialéctico” (o sea, los temas
procedentes de la “filosofía de la naturaleza” prerromántica
y romántica), no se presentan prácticamente en la obra de Gramsci.
El pensamiento de éste presenta, por otra parte, un punto que lo distingue
característicamente de la filosofía marxista de orientación
crítica, aún por examinar: se trata de su doctrina de las ideologías.
Gramsci ha percibido que el hacer filosófico de Marx es sustancialmente
crítica de las ideologías. Pero, por otra parte, Gramsci piensa
que todo pensamiento relacionado con la práctica, como es el marxismo,
ha de concluir construcciones más o menos ideológicas, mitos,
como decía él mismo en sus escritos juveniles. En su edad madura
no se decide ya a emplear esa palabra, pero tampoco a desideologizar completamente
su concepción de] marxismo. Esto le obliga a distinguir entre
“ideologías históricamente orgánicas. que son necesarias
para una determinada estructura, e ideologías arbitrarias, racionalistas,
queridas. En cuanto históricamente necesarias, tienen una validez
que es validez psicológica, porque organizan las masas humanas, forman
el terreno en el cual se mueven los hombres y adquieren conciencia de su
posición, luchan, etc.” Con esa distinción Gramsci recoge su
manera de leer a Marx desde su juventud. En 1918 había escrito: “Marx
se burla de las ideologías, pero es ideólogo en cuanto hombre
político actual, en cuanto revolucionario. La verdad es que las ideologías
son ridículas cuando son pura charla, cuando se destinan a crear confusión,
a ilusionar y a someter energías sociales, potencialmente antagónicas,
a una finalidad que les es ajena”.
3. Sin duda este ambiente -sobre todo la completa doctrina intelectual de
Croce- acarreó, en Gramsci como en toda la cultura italiana hasta
hace poco, un desconocimiento casi total de otras corrientes de pensamiento
representadas en la misma Italia, en Turín mismo y en aquellos años-
por figuras como Valati o Peano. Y también es cierto que la educación
preuniversitaria de Gramsci le predisponía a una formación
humanista y culturalista ajena a algunos básicos problemas sociales
y culturales del mundo moderno, entre cuyos datos dominan los científicos
y tecnológicos (...) Todo eso ha contribuido a formar la imagen de
un escritor irremisiblemente preso en una fase cultural cerrada, conclusa
y en cierto modo provinciana: la fase que hegemonizó el idealismo
culturalista y neo-hegeliano de Croce. Esa imagen se esgrime frecuentemente
sin más finalidad que la polémica indirecta y con efectos bastante
grotescos. “Hasta para el católico Orfei está condicionado
Gramsci por su formación idealista y crociana”, ha respondido Giorgio
Amendola, con justificado sarcasmo, a una de esas consideraciones puramente
instrumentales del problema de la formación juvenil de Gramsci...
4. Gramsci y Lenin son dos pensadores de la sobreestructura. Ambos son excelentes
-más Lenin- en la teoría del partido y la revolución.
Ambos son excelentes -más Gramsci- en la teoría de la cultura.
Ambos son deficientes en teoría de la ciencia, acaso porque ya en
ellos obra la convicción de que la ciencia no es sobreestructura.
Referencias: 1. “Tres notes sobre l´aliança impia”, Horitzons
2, p. 22, n. 10 (próxima edición en: Manuel Sacristán
Sobre dialéctica, El Viejo Topo, Barcelona (en prensa); ed. de Salvador
López Anal). 2. “Corrientes principales del pensamiento filosófico
contemporáneo”, Enciclopedia Labor, vol X, p.798 3. El orden
y el tiempo, op. cit, p. 106. 4. Cuaderno “Gramsci”, Reserva
de la UB, fondo Sacristán.
VI. Empatía
1. Gramsci y Kuhn.
La misma orientación histórica y sociológica
de la mirada, que a veces hace caer a Gramsci en ilogicismos historicistas
y sociologistas, le permite también formular criterios que luego han
aparecido en la filosofía de la ciencia académica de la cultura
capitalista (sobre todo desde el libro de Th. S. Kuhn La estructura de las
revoluciones científicas). Por cierto que Gramsci no es el único
ni el primer marxista que ha destacado la importancia de la evolución
histórica de las ideas y de los grupos de intelectuales en la ciencia
(su denostado Bujárin lo había dicho en Londres en 1931, por
ejemplo) pero lo ha hecho con la concreta eficacia de su estilo y con más
planos de pensamiento que el internalista “kuhnismo vulgar” gracias a la
práctica “dialéctica” de relacionar unos con otros los varios
campos de la cultura, en este caso la ciencia y la evolución de las
ideologías sociales.
La forma racional, lógicamente coherente, la redondez
de razonamiento que no descuida ningún argumento positivo o negativo
que tenga algún peso, posee su importancia, pero está muy lejos
de ser decisiva: puede serlo de manera subordinada, cuando la persona en
cuestión se halla ya en condiciones de crisis intelectual, oscila
entre lo viejo y lo nuevo, ha perdido la fe en lo viejo y todavía
no se ha decidido por lo nuevo, etc. Otro tanto se puede decir de la autoridad
de los pensadores y científicos
Kuhn no dijo mucho más (filosóficamente)
en su best-seller académico, pero la Academia que fue sacudida como
por un terremoto por el escrito de uno de sus respetables miembros, ignora
a un pensador como Gramsci. Eso tiene, sin duda, explicaciones inocentes,
por así decirlo: la costumbre de la lectura especializada... Pero
con ideas de Gramsci es posible descubrir también explicaciones un
poco más penetrantes.
2. Digno de amor.
Supongo que no me equivoco en los factores que saltan
a la vista. Por ejemplo: igual tanto la inhibición general de escribir
como el cambio de temas tiene que ver con alguna pérdida de convicción
sobre los esquemas clásicos del pensamiento político-cultural
del movimiento obrero mayoritario, por lo menos, en Europa Occidental.
También sin necesidad de introspección,
porque salta a la vista, recuerdo otro motivo de inhibición: el estudio
de Gramsci en otras épocas, no ahora [1979]. Desgraciadamente tengo
siempre la mala pata de estar siempre contra las modas. Cuando se pone de
moda yo ya no estoy con el estudio de Gramsci. Pero en las años finales
de los cincuenta y, sobre todo, en lo sesenta, he estudiado mucho a Gramsci,
y estoy seguro de que uno de los factores de mi inhibición de escribir,
de intervención política y cultural o político-cultural,
ha sido la evidencia final para mí que Gramsci supo que todo era una
derrota, que el proceso histórico-político en el que el había
intervenido como protagonista se saldaba con una derrota total. Creo que
su muerte, su larga enfermedad, su evidente neurosis y sus infinitas manías,
sus auténticas manías persecutorias, por ejemplo, de las que
hay pruebas fehacientes, son fruto de una enorme depresión. Creo que
Gramsci ha muerto de depresión, de muerte psíquica, de catástrofe.
Eso tiene que contar mucho entre los factores de mi inhibición.
A mí me parece que la historia de Gramsci es la historia de una catástrofe.
Por eso, entre otras cosas, no me puedo poner ahora a cultivar la moda Gramsci.
¿Cómo va a haber esperanza de nada en la historia de una catástrofe?
Uno puede tenerle mucho amor a Gramsci -yo se lo tengo, desde luego-, es
un figura muy digna de amor, pero no porque sea una perspectiva de éxito
del movimiento obrero, sino que, como cualquier mártir, es digno de
amor.
Y, por último, hay un tercer factor de inhibición
clarísimo. Así como llegué a la convicción de
que la historia de Gramsci, por tanto, la historia de la III Internacional
y, por lo tanto también y por anticipación, la posible historia
del comunismo gramsciano, son historias catastróficas, tragedias,
así también llegué a la convicción inhibitoria
que la figura del intelectual y su papel es algo deleznable [...]
Otro factor fue la pérdida de fe en el esquema
político del momento en el movimiento obrero, particularmente en el
movimiento comunista de los años 64, 65, 66, 67 y también 68
(el 68 fue la traca final claro). Luego la generalización de eso.
Ver que tenía que perder la fe no sólo en la coyuntura política
del partido comunista, sino en toda la tradición de la III Internacional
e, incluso, en la variante gramsciana.
3. Veracidad.
No sería erróneo, pero sí demasiado
parcial, concluir un examen de la formación del marxismo de Gramsci
anotando simplemente que ese marxismo ha sido siempre problemático
en el sentido de que no ha conseguido nunca decidir sino dentro de la antítesis
positivismo-ideología, de la irresuelta crisis entre el positivismo
evolucionista de la social-democracia y una inconsciente escapatoria por
vía ideológica. Eso sería injusto porque así
se olvidarían, para empezar, los muchos conceptos valiosos que Gramsci
ha conseguido arrancar al fecundo movimiento de su pensamiento entre los
polos del viejo dilema; sería injusto también porque supondría
ignorar el desarrollo que el principio de la práctica ha experimentado
por obra de Gramsci -desarrollo que la limitación del tema excluía
de estas líneas-; y sería injusto, sobre todo, porque equivaldría
también a desconocer el valor que tiene la presentación veraz
y honda de un problema real. Para el marxismo contemporáneo la insistencia
en la inspiración crítica de Marx y, por tanto, la reanudación
de su crítica de lo ideológico y la eliminación de especulación
ideológica en el pensamiento socialista, es el programa más
fecundo que puede proponerse. Es un programa de difícil realización,
porque se encuentra amenazado por dos riesgos complementarios: ignorar el
peligro de la moderna ideología “neocapitalista” del tecnicismo y
del “final de las ideologías” -que es ella misma la ideología
del fatalismo monopolista-; y ser confundido con esa ideología por
parte de filósofos socialistas nostálgicos de los emocionantes
megalitos hegelianos. Pero ése es el programa de la hora. Y el problema
a que responde ese programa se encuentra expresado del modo más veraz
y radical en la obra del hombre el trigésimo aniversario de cuya muerte
de conmemora este año.
Referencias: 1. “El undécimo cuaderno de Gramsci en la cárcel”,Pacifismo,
ecologismo y política alternativa, op. cit, pp. 205-206. 2. ‘”Una
conversación con Manuel Sacristán”, por J. Guiu y A. Munné´,
De la primavera de Praga al marxismo ecologista, op. cit, p. 93-95.
3. “La formación del marxismo en Gramsci”, Sobre Marx y marxismo,
op. cit., pp. 83-84.