La revolucion y nuestros aturdidos corazones lloran por
tí,
Andrés Nin.
Aquí en tu Barcelona
todos los árboles de las Ramblas
han dejado caer sus hojas
al saber de tu muerte.
Y cuando las inmundas pisadas estalinistas,
coagularon la sangre proletaria,
hollaron tu suelo,
las hojas caídas en tu nombre
iniciaron su eterno susurro:
"Nin... Nin... Nin"
por siempre jamás.
El sol y el futuro cuidarán de tí,
Andrés Nin.
Aquí en tu Barcelona
la luna crecerá aún más,
y lo hará por tí,
en recuerdo de esas noches que no se ha llevado el viento,
cuando aparecias de madrugada por las Ramblas
cargado de luchas y sueños.
Por entonces solía decirte: "Ten cuidado,
Andrés Nin,
hay una oscuridad llena de murmullos
y una nube de cuchillos largos
aguardándote con emboscada impaciencia."
Y tú, deteniéndote sin miedo en las Ramblas vacías,
con tu bella cabeza coronada ya de ananke
(1)
,
me contestabas:
"Es cierto que hay cuchillos malvados y sombras,
pero uno debe seguir su camino,
avanzar siempre".
¡Sigue adelante con tu memoria invicta,
Andrés Nin,
más allá de tu Barcelona
y de los confines del adiós!
¡Avanza en el recuerdo,
en la revolución,
en nuestros corazones!
¡Avanza con nosotros, ahora y siempre!
(1) Virtud de aquel cuyo recuerdo será honrado.