Progreso destructivo: Marx,
Engels y la ecología
Michael Lowy
Publicado en J. M. Harribey &
Michael Löwy ed., Capital contre nature, PUF, 2003. Traducción: Andrés Lund Medina
¿En qué medida el pensamiento de Marx y Engels es compatible
con la ecología moderna? ¿Puede concebirse una lectura ecológica
de Marx? ¿Cuáles son las adquisiciones del marxismo indispensables
para la constitución de un ecosocialismo a la altura de los desafíos
del siglo de XXI? ¿Y qué concepciones de Marx requieren una
"revisión" según estos requisitos? Las notas breves que siguen
no tienen la ambición de contestar estas preguntas, sino sólamente
de poner algunas orientaciones para el debate.
Mi punto de arranque es la observación de que: tiene) los temas ecológicos
no tienen un lugar central en el aparato teórico marxista; b) los
escritos de Marx y Engels sobre las relaciones entre las sociedades humanas
y la naturaleza están lejanas ser unívocas, y puede ser, por
consiguiente, el objeto de interpretaciones diferentes. De estas premisas,
intentaré poner en evidencia las tensiones o contradicciones en los
textos de los fundadores del materialismo histórico, mientras subrayo,
sin embargo, las pistas que dan para una ecología de inspiración
marxista.
¿Cuáles son las principales críticas de los ambientalistas
al pensamiento de Marx y Engels? En primer lugar, se le describe como partidario
de un humanismo conquistador, prometeico, que opone al hombre con la naturaleza,
y hace de él «el amo y Señor del mundo natural».
Es verdad que se encuentran en su pensamiento muchas referencias al "control",
a la "subordinación" o al mismo "dominio" de la naturaleza. Por ejemplo,
según Engels, en el socialismo, los seres humanos "por primera vez
serán los amos reales y conscientes de la naturaleza, como amos de
su propia vida en sociedad". (1) Sin embargo, como veremos bajo los términos
de "subordinación" o "dominio" de la naturaleza a menudo Marx y Engels
simplemente se refieren al conocimiento de las leyes de la naturaleza.
Por otro lado, lo que pega desde los primeros escritos de Marx es su anunciado
naturalismo,su visión del ser humano como ser natural, inseparable
de su ambiente natural. La naturaleza, escribe Marx en los
Manuscritos
de 1844, es "el cuerpo no-orgánico del hombre". O de nuevo: "Decir
que la vida física e intelectual del hombre está indisolublemente
ligada a la naturaleza no significa otra cosa que la naturaleza está
ligada indisolublemente a ella misma, porque el hombre es parte de
la naturaleza". Ciertamente, Marx se reclama humanista, pero él define
al comunismo como un humanismo que es, al mismo tiempo, un "naturalismo activo";
y sobre todo, él lo concibe como la verdadera solución "del
antagonismo entre el hombre y la naturaleza". Gracias a la abolición
positiva de la propiedad privada, la sociedad humana se volverá "la
realización de la unidad esencial del hombre con la naturaleza, la
verdadera resurrección de la naturaleza, el naturalismo realizado
y el humanismo realizado de la naturaleza". (2)
Estos pasajes no se ocupan directamente del problema ecológico -y
de las amenazas esobre el ambiente- pero la la lógica de este naturalismo
permite un acercamiento de la relación hombres/naturaleza que no sea
unilateral. En un texto célebre de Engels sobre
El papel del trabajo
en la transformación del mono en hombre (1876), este mismo tipo
de naturalismo sirve como fundamento a una crítica de la actividad
depredadora humana sobre el ambiente:
"No debemos presumir demasiado nuestras victorias humanas sobre la naturaleza.
Por cada uno de estas victorias, la naturaleza toma venganza sobre nosotros.
Es verdad que cada victoria dada, tenemos en primera instancia, los resultados
esperados, pero en segunda o tercera instancia son efectos diferentes, inesperados,
que anulan demasiado a menudo los primerso. La gente que, en Mesopotamia,
Grecia, Asia Menor y en otrsa partse, destruyeron los bosques para conseguir
tierras cultivablas, nunca imaginó que mientras los eliminaban, acababan
con los centros de colección y depósitos de humedad, poniendo
las bases para el estado desolado actual de esos países. Cuando los
italianos de los Alpes cortaron los bosques de pinos de la parte sur, tan
queridos por la parte del norte, no tenían la menor idea de que mientras
actuaban así cortaron las raíces de la industria lechera de
su región; y menos aún preveían que se privaron de ese
modo de las fuentes de agua para la mayor parte del año (...). Los
hechos nos recuerdan a cada paso que no reinamos sobre la naturaleza como
un conquistador reina sobre un pueblo extranjero, como alguien que está
fuera de la naturaleza, sino que nosotros pertenecemos a ella con nuestra
carne, nuestra sangre, nuestro cerebro, que nosotros estamos en su seno y
que todo nuestro dominio en ella reside en la ventaja que tenemos sobre el
conjunto de las otras criaturas es la de conocer sus leyes y poder servirnos
de ellas juiciosamente." (3)
Ciertamente, este ejemplo tiene un carácter muy general -no pone en
cuestión el modo de producción capitalista sinro las civilizaciones
antiguas- sin embargo no constituye menos un argumento ecológico de
una modernidad sorprendente, ya que tanto pone en guardia contra las destrucciones
generadas por la producción como critica a la deforestación.
Según los activistas ecológicos, Marx, siguiendo a Ricardo,
asigna el origen de todo valor y toda riqueza al trabajo humano y desatiende
la contribución de la naturaleza.
Esta crítica resulta, en mi opinión, un malentendido: Marx
utiliza la teoría del valor-trabajo para explicar el origen del
valor
de cambio, en el cuadro del sistema capitalista. La naturaleza, por otro
lado, participa en la formación de verdadera riqueza que no son los
valores de cambio sino los
valores de uso. Esta tesis está
muy explícitamente adelantada por Marx en la Crítica del Programa
de Gotha contra las ideas de Lassalle y sus discípulos: "El trabajo
no es la
fuente de toda la riqueza. La
naturaleza
es toda la fuente, tanto de valores del uso (¡que son,
igualmente todos, la riqueza real!) como del trabajo, que no es más
que la expresión de una fuerza natural, la fuerza de trabajo del hombre".
(4)
Los ecologista acusan a Marx y Engels de productivismo. ¿Se justifica
esta imputación?
No, en la medida que nadie denunció tanto como Marx la lógica
capitalista de producción para la producción, la acumulación
del capital, de fortunas y de mercancías como un bien en sí
mismo. La misma idea de socialismo -al contrario de su miserable caricatura
burocrática- es el de una producción de valores del uso, de
bienes ecesarios para la satisfacción de necesidades humanas. El objetivo
supremo del progreso técnico para Marx no es el crecimiento infinito
de bienes ("el tener"l) sino la reducción de la josrnada de trabajo,
y el crecimiento del tiempo libre ("el ser"). (5)
Sin embargo, es verdad que se descubre a menudo en Marx o Engels (y todavía
más en el marxismo ulterior) una postura poco crítica hacia
el sistema de producción industrial creado por el capital y una tendencia
a hacer del "desarrollo de las fuerzas productivas" el vector principal del
progreso. El "texto" canónico de este punto de vista es el famoso
Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía
Política (1859), uno de los escritos de Marx más marcado
por un cierto evolucionismo, por la filosofía del progreso, por el
cientificismo (el modelo de las ciencias de la naturaleza) y por una visión
nada el problematizada de las fuerzas productivas:
"A un cierto estadio de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales
de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción
existentes (...). De las formas de desarrollo de las fuerzas productivas,
esas relaciones se vuelven estorbos. Se abra así un tiempo de la revolución
social. (...) Una formación social nunca desaparece antes de desarrollar
todas las fuerzas productivas que encierra dentro de sí (...)." (6)
En este famoso pasaje, las fuerzas productivas aparecen como "neutras", y
la revolución no tiene por tarea abolir las relaciones de producción
que se han vuelto un "estorbo" a un desarrollo ilimitado de éstas.
El pasaje siguiente de los
Grundrisses es un ejemplo bueno de la admiración
poco crítico de Marx para el trabajo "civilizador " de la producción
sistema, y para su instrumentalización brutal de la naturaleza:
"Así, por consiguiente, la producción fundada enela capital
cre apor un lado la industria universal, es decir, el sobretrabajo al mismo
tiempo que el trabajo creador de valores; por otro lado, un sistema de explotación
general de la apropiacipón de la naturaleza y del hombre (...) El
capital empieza por consiguiente a crear la sociedad burguesa y la apropiación
universal de la naturaleza y establece una red que engloba a todos los miembros
de la sociedad:
tal es la gran acción civilizadora del capital.
"Se eleva a un nivel social tal que todas las sociedades anteriores aparecen
como desarrollos meramente locales de la humanidad y como una idolatría
de la naturaleza. De hecho la naturaleza se vuelve un puro objeto para el
hombre, una cosa útil. No se le reconoce ya como una fuerza. La inteligencia
teórica de la ley natural tiene todos los aspectos de la artimaña
que intenta someter la naturaleza a las necesidades humanas, sea como objeto
de consumo, sea como medio de producción". (7)
Parece extraño a Marx y Engels una noción general de los
límites
naturales del desarrollo de las fuerzas productivas. (8) Se encuentra
aquí o allá, como por ejemplo en este pasaje de
La ideología
alemana la intuición el intutition del potencial destructivo de
ellas:
"En el desarrollo de las fuerzas productivas, se llega a un estadio donde
nacen las fuerzas productivas y los medios de circulación que ya no
puede ser más que nefastos en el cuadro de relaciones existentes que
no son más fuerzas productivas, sino fuerzas destructivas (la mecanización
y el dinero)." (9)
Desgraciadamente, esta idea no es desarrollada por los dos autores, y no
es seguro que la destrucción dpuesta en cuestión aquí
sean también de la naturaleza. Por otro lado, en ciertos pasajes que
conciernen a la agricultura, se esboza una verdadera problemática
ecológica, y una crítica radical a los desastres que resultan
del productivismo capitalista.
Lo que se descubre es estos textos es una suerte de
teoría de la
ruptura del metabolismo entre las sociedades humanas y la naturaleza,
como resultado del productivismo capitalista. (10) El punto de partida de
Marx son los trabajos del químico y agrónomo alemán
German Liebig el cual "tiene uno de los méritos inmortales... por
haber hecho notar ampliamente el lado negativo de la agricultura moderna
desde el punto de vista científico." (11) La expresión de
Riss
del Stofwechselses, ruptura o rasgadura del metabolismo -o de los intercambios
materiales- aparece principalmente en un pasaje del capítulo 47, "Génesis
del sistema capitalista", en el libro III de
El Capital:
"De una parte, los grandes propietarios financieros reducen la población
agrícola a un mínimo en declive constante, de otra, ello se
opone una población industrial en crecimiento, apilada en las grandes
ciudades: crea en consecuencia las condiciones que provocan una ruptura irreparable
(unheilbaren de Riss) en la conexión del metabolismo (Stoffwechsel)
social, un metabolismo prescrito por las leyes natural de la vida; de ello
resklta el agotamiento de la tierra (verschleudert), gracias al comercio
que va más allá de los límites de cada país.
(Liebig). (...)
"La gran industria y la gran agricultura industrializada actúan
en común. Mientras en su origen se distinguieron en eso, que la primera
agotana (verwüstet) y arruinaba la fuerza de trabajo y, por consiguiente,
la fuerza natural de los seres humanos, mientras la segunda hacen los
mismo directamente con la fuerza natural de la tierra en su desarrollo posterioruniendo
sus esfuerzos, en la medida que el sistema industrial en el campo debilita
al obrero mientras la industria y el comercio mantienen a los medios de la
agricultura que agota a la tierra." (12)
Como en la mayor parte de los ejemplos que veremos después, la atención
de Marx se concentra en la agricultura y el problema de la devastación
de la tierra, pero conecta esta pregunta con un principio más general:
la ruptura en el sistema de intercambio material (Stoffwechsel) entre las
sociedades humanas y el ambiente, en contradicción con "las leyes
natural de vida". Es interesante también notar dos sugerencias importantes,
aunque poco desarrolladas por Marx: la cooperación entre la industria
y la agricultura en este proceso de ruptura, y la extensión del daño,
gracias al comercio internacional, a una escala global.
El tema de la ruptura del metabolismo se descubre también en un pasaje
conocido del libro I de
El Capital: la conclusión del capítulo
sobre la gran industria y la agricultura. Es uno de los raros textos de Marx
donde él explicita la cuestión de las devastaciones provocadas
por el capital en el ambiente natural -así como una visión
dialéctica de las contradicciones del "progreso" inducido por las
fuerzas productivas:
"La producción capitalista... destruye no sólo la salud física
del obrero urbano y la vida espiritul del trabajador rural, sino que vuelve
un problema la intercambio material (Stoffwechsel) entre el hombre y la tierra,
así como la eterna condición natural de la fertilidad duradera
(dauernder) de la tierra, haciendo más difícil la restitución
de la tierra porque los ingredientes que requiere le son quitados y usados
bajo la forma de alimentos, de ropa, etc. Al transtornar las condiciones
en que este intercambio se ajusta espontáneamente, esta circulación
se ve obligada a restablecer de una manera sistemática, bajo una forma
adecuada al desarrollo humano integral y como ley reguladora de la producción
social. (...) Por otro lado, cada progreso de la agricultura capitalista
no sólo es un progreso en el arte de exlotar al trabajador, sino también
en el arte de despojar a la tierra; cada progreso en el arte para aumentar
fertilidad de ella por un tiempo, es un progreso en la ruina de sus fuentes
duraderas de fertilidad. Más un país, los Estados Unidos de
Norteamérica, por ejemplo, se desarrolla sobre la base de la gran
industria, más este proceso de destrucción se hace realidad
rápidamente. La producción capitalista desarrolla la técnica
y la combinación de los proceso de producción social mientras
va minando (
untergräbt), al mismo tiempo, las dos fuentes de
donde sale toda riqueza: la tierra y el trabajador". (13)
Varios aspectos son notables en este texto: en primer lugar, la idea de que
el progreso puede ser destructivo, un "progreso" en la degradación
y el deterioro del ambiente natural. El ejemplo escogido no es el mejor,
y parece demasiado limitado -la pérdida de fertilidad de la tierra-
pero no pone menos la cuestión más general del atentado al
medio natural, a las "condiciones naturales eternas", por la producción
sistema capitalista.
La explotación y la degradación de trabajadores y de la naturaleza
son puesto aquí en paralelo, como resultado de la misma lógico
depredadora, el de la gran industria y la agricultura capitalista. Es un
tema que a menudo regresa en
El Capital, por ejemplo en esos pasajes
del capítulo sobre la jornada de trabajo: «la limitación
del trabajao manufacturero ha sido dictada por la necesidad, por la misma
necesidad que derramó guano sobre los campos de Inglaterra. La misma
avaricia ciega que agota tierra, atacó hasta sus raíces la
fuerza vital de la nación. (...) En su pasión ciega y excesiva,
en su glotonería de trabajo extraordinario, el capital no sólo
pasa los límites morales, sino también el límite fisiológico
extremo de la jornada de trabajo. (...) Y se atiene a su meta abreviando
la vida del trabajador, lo mismo que del agricultur, ávido de obtener
de su tierra un mayor rendimiento mientras su fertilidad se agota.»
(14) Esta asociación directa entre explotación del proletariado
y la de la tierra, a pesar de sus límites, abre el campo de una reflexión
sobre la articulación entre la lucha de clases y la lucha en defensa
del ambiente, en una lucha común contra la dominación del capital.
Estos textos diferentes ponen en evidencia la contradicción entre
la lógica inmediata del capital y la posibilidad de una agricultura
«racional» fundada en un temporalidad más largo y en una
perspectiva duradera e intergeneracional que respete el ambiente: «Incluso
de los químicos agrícolas bastante conservador como Johnston
por ejemplo, reconocen que la propiedad privada es un límite intransitable
para una agricultura verdaderamente racional. (...) Toda el espíritu
de la producción capitalista, orientada hacia la ganancia monetaria
inmediata, está en contradicción con la agricultura que debe
tomar en cuenta el conjunto permanentemente (ständigen) de las condiciones
de vida de la cadena de generaciones humanas. Un ejemplo llamativo son los
bosques, que se manejan hasta cierto punto de acuerdo con el interés
general allí donde no están sometidos a la propiedad privada
por la gestión estatal. » (15)
Después del agotamiento de la tierra, el otro ejemplo de desastre
ecológica sugerido por los textos de Marx y Engels citados aquí
es el de la destrucción de los bosques. Aparece a menudo en
El
Capital: "el desarrollo de la civilización y de la industria en
general (...) siempre se muestra tan activa en la devastación de los
bosques que todo lo que pueda emprenderse para su conservación y producción
es completamente pequeña en comparación". (16) Los dos fenómenos
señalados -el deterioro de los bosques y de la tierra- además
se liga estrechamente en sus análisis. En un pasaje de la
Dialéctica
de la Naturaleza, Engels menciona la destrucción de bosques cubanos
por los grandes productores de café españoles y la resultante
desertización de tierras como ejemplos de la actitud inmediata y depredadora
la naturaleza del «actual modo de producción» y de su
indiferencia por «los efectos naturales» dañinos de sus
acciones a largo plazo. (17)
El problema de la contaminación del ambiente no está ausente
de sus preocupaciones, pero se aborda casi exclusivamente bajo el ángulo
de la insalubridad de los distritos obreros de las grandes ciudades inglesas.
El ejemplo más llamativo son las páginas de L
a condición
de la clase obrera inglesa en donde Engels describe con horror e indignación
la acumulación de deshechos y residuos industriales en calles y arroyos,
el dióxido de carbono que reemplaza al oxígeno y envenena la
atmósfera, las exhalaciones de ríos contaminados, etc. (18)
Implícitamente, estos pasajes, y otros análogos ponen en cuestión
la polución del ambiente por la actividad industrial capitalista,
pero el cuestionamiento nunca se plantea directamente.
¿Cómo definen Marx y Engels al programa socialista en relación
al ambiente natural? ¿Qué transformaciones del sistema productivo
deben conocerse para hacerlo compatible con el resguardo de la naturaleza?
Ellos parecen concebir a menudo la producción socialista simplemente
como la apropiación colectiva de las fuerzas y medios de producción
desarrollados por el capitalismo: una vez abolida la "traba" que representan
las relaciones de producción, y en particular las relaciones de propiedad,
estas fuerzas podrán desarrollarse sin estorbos. Habría, entonces,
una suerte de continuidad sustancial entre el aparato productivo capitalista
y el socialista, ya que la posición socialista es sobre todo la gestión
planeada y racional de esta civilización material creada por el capital.
Por ejemplo, en la célebre conclusión del capítulo sobre
la acumulación primitiva del cpital, Marx escribe: "El monopolio del
capital se vuelve un estorbo para el modo de producción que creció
y prosperó con él y bajo sus auspicios. La socialización
del trabajo y la centralización de sus recursos materiales llegan
a un punto donde no pueden contener su desarrollo capitalista ya. Este desarrollo
estalla en pedazos. La hora de la propiedad capitalista ha sonado. (...)
La producción capitalista engendra ella misma su propia negación
con la fatalidad que preside sus metamorfosis la naturaleza". (19) Además
del determinismo fatalista y positivista, este pasaje parece dejar intacta,
en la perspectiva socialista, el conjunto del modo de producción creado
"bajo los auspicios" del capital, poniendo en cuestión aquello que
"envuelve" a la propiedad privada, que se vuelve un "estorbo" para el desarrollo
de los reeursos materiales de la producción.
La misma lógica "continuista" preside en ciertos pasajes del
Anti-Dühring,
donde la cuestión es la del socialismo como sinónimo de desarrollo
ilimitado de fuerzas productivas: "Las fuerzas de expansión de los
medios de producción tiene que hacer saltar sus cadenas con las que
el modo de producción capitalista las había aprisionados. La
liberación de sus cadenas es la única condición requerido
para un desarrollo de fuerzas productivas ininterrumpido y siempre progresando
a un ritmos cada vez más rápidos, y por tanto, para un crecimiento
sin límites de la producción." (20)
Por eso se dice que el problema del ambiente está ausente de esta
concepción del pasaje al socialismo.
Sin embargo, se encuentra también otros escritos que toman en cuenta
la dimensión ecológica para el programa socialista y abren
algunas pistas interesantes. Vimos ya que en los
Manuscritos de 1844
se refiere al comunismo como "la verdadera solución del antagonismo
entre el ser humano y la naturaleza". Y en el pasaje citado ya del
volumen I de
El Capital, Marx deja entender que las sociedades pre-capitalistas
aseguran "espontáneamente" (naturwüchsig) el metabolismo (Stoffwechsel)
entre los grupos humanos y la naturaleza; en el socialismo (la palabra no
aparece directamente, pero se puede inferir por el contexto) debe restablecerl
de forma sistemática y racional, "como ley reguladora de la producción
social." Es una pena que ni Marx ni Engelses desarrollaran esta intuición,
fundada sobre la idea de que las comunidades pre-capitalistas vivieron espontáneamente
en armonía con su habitat natural, y que la tarea del socialismo es
establecer esta armonía con nuevas bases. (21)
Algunos pasajes de Marx parecen considerar la conservación del ambiente
natural como una tarea fundamental del socialismo. Por ejemplo, el volumen
III de
El Capital opone a la lógica capitalista de la gran
producción agrícola, fundada en la explotación y el
agotamiento de las fuerzas de la tierra, otra lógica, de naturaleza
socialista: "el tratamiento conscientemente racional de la tierra como propiedad
comunal eterna, y como condición inalienable (unveräusserlichen)
de la existencia y de la reproducción de la cadena de generaciones
humanas sucesivas". Un razonamiento análogo se descubre algunas páginas
más adelante: "Incluso una sociedad entera, una nación, en
fin, todas las sociedades contemporáneas juntas, no son dueñas
de la tierra. Ellos sólo la ocupan, los usufructuarios (
Nutzniesser),
y ellos deben, como
bonis patres familias (el buen padre de
familia), de dejar en buen estado a las generaciones futuras". (22) En de
otros términos: Marx parece aceptar "el Principio de Responsabilidad"
estimado por Hans Jonas, la obligación de cada generación de
respetar el ambiente -la condición de existencia para las generaciones
humanas futuras.
En algunos textos, el socialismo está asociado con la abolición
de la separación entre la ciudad y el campo, y por consiguiente con
la supresión de la polución industrial urbana: "Sólo
por la fusión de la ciudad y el campo es que se puede eliminar la
intoxicación actual del aire, el agua y la tierra; solo eso puede
permitir a las masas, que hoy languidecen en las ciudades, que donde haya
estiércol eso servirá para producir plantas, en lugar de producir
enfermedades". (23) La formulación es malograda - ¡la cuestión
se reduce a un problema del metabolismo del estiércol humano!- pero
vuelve a plantear una cuestión esencial: ¿cómo poner
fin al envenenamiento industrial del ambiente? La novela utópica del
gran escritor marxista libertario William Morris,
Noticias de Cualquier
Parte (1890), es una tentativa fascinante de imaginar un nuevo mundo
socialista, donde las grandes ciudades industriales habían cedido
su lugar a un habitat urbano/rural respetuoso del ambiente natural.
Finalmente, todavía en este mismo volumen III de
El Capital,
Marx ya no define al socialismo como el "dominio" o el control humano sobre
la naturaleza, sino como el control de los intercambios materiales con la
naturaleza: en la esfera de la producción material, "la única
libertad posible es la regulación racional, por el ser humano socializado,
por los productores asociados, de su metabolismo (
Stoffwechsel) con
la naturaleza, que ellos controlarán juntos en lugar de ser dominado
por él (
ihm) como por una fuerza ciega." (24) Esta idea volverá
a ser tomada en cuenta, casi palabra por palabra, por Walter Benjamín,
uno de los primeros marxistas del siglo veinte que volvió a plantear
este tipo de preguntas: desde 1928, en su libro
Sentido Único
denunció la idea de la dominación de la naturaleza como "una
bandera imperialista" y propuso una nueva concepción de la técnica
como "el dominio de las relaciones entre la naturaleza y la humanidad". (25)
No sería difícil encontrar otros ejemplos de una real sensibilidad
a la cuestión del ambiente natural de la actividad humana. Aunque
falta en Marx y Engels una perspectiva ecológica de conjunto. Por
otro lado, es imposible pensar una ecología crítica a la altura
de los desafíos contemporáneos, sin tomar en cuenta la crítica
marxista de la economía política, que pone en cuestión
la lógica destructiva inducida por la acumulación ilimitada
del capital.
Una ecología que ignora o desprecia al marxismo y su crítica
al fetichismo de la mercancía se condena a no ser más que un
correctivo de los «excesos» del productivismo capitalista. Se
podría concluir provisionalmente esta discusión con una sugerencia,
que me parece pertinente, adelantada por Daniel Bensaïd en su reciente
-y notable- trabajo sobre Marx: reconociendo que sería abusivo exonerar
a Marx de las ilusiones "progresistas" o "prometeicas" de su tiempo, también
lo es el presentarlo como un fanático de la industrialización,
por eso nos propone un camino más fecundo: establecerse en las contradicciones
de Marx y tomarlos en serio. La primera de estas contradicciones es, por
supuesto, ese credo productivista de ciertos textos y la intuición
de que el progreso puede ser la fuente de la destrucción irreversible
del ambiente natural. (26)
La cuestión ecológica es, en mi opinión, el
gran
desafío para la renovación del pensamiento marxista en
el umbral del siglo XXI. Ella exige de los marxistas una ruptura radical
con la ideología del progreso lineal y con el paradigma tecnológico
y económico de la civilización industrial moderna. Ciertamente,
no se trata –y eso va de suyo- de poner en cuestión la necesidad del
progreso científico y técnico, así como de la elevación
de la productividad del trabajo: esas son condiciones fuera de controversia
para dos objetivos esencial del socialismo: la satisfacción de las
necesidades sociales y la reducción de la jornada de trabajo. El desafío
es reorientar el progreso para volverlo compatible con la preservación
del equilibrio ecológico del planeta. El talón de Aquiles del
razonamiento de Marx y Engels era, en ciertos "textos" canónicos,
una concepción acrítica de las fuerzas productivas capitalistas
-es decir: del aparato técnico/productivo capitalista/industrial moderno-
como si ellos fueran "neutras" y como si fuera suficiente para los revolucionarios
socializarlas, reemplazar su apropiación privada por una apropiación
colectiva, para beneficiar así a los trabajadores obreros y desarrollarlas
de manera ilimitada.
Pienso que sería necesario aplicar al aparato productivo formado por
el capital el mismo razonamiento que Marx propuso, en
La guerra civil
en Francia de 1871, para el aparato del Estado: "La clase obrera no puede
estar satisfecha con tomar tal cual la máquina del Estado y hacerla
funcionar por su propia cuenta". (27)
Mutatis mutando, los trabajadores
no pueden estar satisfechos con tomar tal cual la «máquina»
capitalista productiva y hacerla funciionar por su propia cuenta: ellos deben
transformarla radicalmente -el equivalente de eso que Marx llama en
una carta a Kugelmann sobre la Comuna de París, «romper el aparato
de Estado» burgués- en función de criterios socialistas
y criterios ecológicos. Lo que no sólo implica el reemplazo
de formas de energía destructivas por fuentes de energía renovables
y no contaminantes, como la energía solar, sino también una
transformación profunda del sistema productivo heredado del capitalismo,
así como del sistema de transportes y del sistema del habitat urbano.
Para terminar, el ecosocialismo implica un
radicalización de la
ruptura con la civilización material capitalista. En esta perspectiva,
el proyecto socialista apunta no sólo una nueva sociedad y a un nuevo
modo de producción, sino también a un
nuevo paradigma de
civilización.
2003
Notas
(1) F.Engels,
Anti-Dühring, Paris, Ed. Sociales, 1950, p. 322
(2) K.Marx,
Manuscrits de 1844. Economie politique et philosophie,
Paris, Ed. Sociales, 1962 , pp. 62, 87, 89.
(3) F.Engels,
La dialectique de la nature, Paris, Editions Sociales,
1968, pp. 180-181.
(4) K.Marx,
Critique des Programme de Gotha et d’Erfurt, Paris, Ed.
Sociales, 1950, p.18. Ver también
Le Capital, Paris, Garnier/Flammarion,
1969, I, p. 47:“El trabajo no es entonces la única fuerza de valores
de uso que él produce, de la riqueza material. Ël es padre y
la tierra la madre, como dice William Petty”.
(5) Sobre la oposición entre “tener” y “ser”, ver
Manuscrits de
1844 p. 103 : “Menos eres, menos manifistas tu vida, más posees,
más tu vida alienada se acrecieta, más acumulas de tu ser alienado”.
Sobre el tiempo libre como principal base del socialismo, ver
Das Kapital,
III, p. 828.
(6) K.Marx,
Préface à la Contribution à la critique
de l’économie politique, Paris, Ed. Sociales, 1977, p.3
(7) K.Marx,
Fondements de la Critique de l’Economie Politique, Paris,
Anthropos, 1967, pp. 366-367.
(8) Para una discusión detallada de esta cuestión, véase
el texto de Ted Benton del libro en francés, del que se tomó
este texto: J. M. Harribey & Michael Löwy ed.,
Capital contre
nature, PUF, 2003
(9) K.Marx,
L’Idéologie allemande, Paris, Ed. Sociales, p.
67-68.
(10) Retomo ese término, y el análisis que sigue, de la importante
obra de John Foster Bellamy,
Marx’s Ecology. Materialism and Nature,
N.York, Monthly Review Press, 2001, pp. 155-167.
(11) K.Marx,
Le Capital, trad. Joseph Roy, Paris, Editions Sociales,
1969, tome I, p.660.
(12) K.Marx,
Das Kapital, III, Berlin, Dietz Verlag, 1960, Werke,
Band 25, p. 821.
(13) K.Marx,
Le Capital I, p. 363, revisada y corregida después
del original alemán, Das Kapital I, pp. 528-530..
(14) Marx,
Le Capital, I, pp. 183-200.
(15) Marx,
Das Kapital III, pp. 630-631.
(16)
Das Kapital, II, p. 247.
(17) F.Engels,
Dialectics of Nature, Moscou, Progress Publishers,
1964, p. 185.
(18) F.Engels,
The Condition of the Working-Class in England (1844),
en Marx, Engels, On Britain, Moscow, Forein Language Publishing House, 1953,
pp. 129-130.
(19) Marx,
Le Capital, I, pp. 566-567.
(20) F.Engels,
Anti-Dühring, p. 321.
(21) Este aspecto del texto se perdió en la traducción de
El
Capital por J.P. Lefebvre, citado en la traducción del artículo
de Ted Benton, en la medida donde
naturwüchsig -« spontané
»- es traduicido por "origen simplemente natural".
(22) K.Marx,
Das Kapital, III, p. 784, 820. La palabra "socialismo"
no aparece en esos pasajes, pero está implícito.
(23) F.Engels,
Anti-Dühring, p. 335. Ver tambien el pasaje siguiente
de La question du logement (Paris, Editions Sociales, 1957, p. 102) de Engels:
«La supresión de la oposición entre la ciudad y el campo
no es más una utopía que la supresión del antagonismo
entre capitalistas y asalariados. (...) Nadie reclama con más fuerza
que Liebig en sus obra sobre la química agrícola en demandar
primero y constantemente que el hombre devuelva a la tierra lo que él
tomó de ella y demuestra que la sola existencia de las ciudades, principalmente
de las grandes ciudades, ponen obstáculos paraello.» Lo que
sigue del argumento vuelve, una vez más, a «los estiércoles
naturales» producidos por las grandes ciudades.
(24) Marx,
Kapital III, p. 828. Ted Benton, qui semble avoir lu ce
texte en traduction, se demande si , en parlant de "contrôler ensemble",
Marx se refère à la nature ou à l’échange avec
elle. Le texte allemand ne laisse pas de place au doute, puisqu’il s’agit
du masculin (ihm) du métabolisme et non du féminin de la nature...
(25) W.Benjamin,
Sens Unique, Paris, Lettres Nouvelles - Maurice Nadeau,
1978, p. 243 .
(26) D.Bensaïd,
Marx l’intempestif, Paris, Fayard, 1995, p.347.
(27) Marx,
La guerre des classes en France 1971 en, Marx, Engels,
Lénine,
Sur la Commune, Moscou, Editions du Progrès,
1971, p. 56.