FUNDACIÓN

ANDREU NIN


Cómo se ha escrito la Guerra Civil española

Entrevista a Carlos José Márquez

Editorial Lengua de Trapo




¿Cómo consideras tú que las diferentes interpretaciones de la Guerra Civil española influyen o determinan las tomas de posición políticas actuales?

Esta pregunta debería enunciarse al revés. Ya que no son las interpretaciones de la Guerra Civil las que determinan las tomas de posición políticas o ideológicas, sino que son las tomas de posición políticas o ideológicas las que determinan las interpretaciones de la Guerra Civil.
En el caso de la Guerra Civil, es muy evidente que la derecha española está haciendo buen uso de la historiografía neofranquista o parafranquista como parte de la construcción de su identidad colectiva. Y una identidad muy fuerte, frente a la que la izquierda partidista sólo es capaz de ir a la contra también cuando interpreta la guerra desde la historiografía. Creo que Paul Preston acertaba cuando dijo que del siglo XX español se había estudiado a la izquierda y los proyectos de reforma y de revolución, pero que era la derecha la que lo había dominado política e ideológicamente.

¿Crees tú que ese duro pasado que significó la Guerra Civil española es una fuente de ideologías en la vida del español común en el presente?

Sí, sin duda, como acabo de señalar.

De las diversas interpretaciones que circulan hoy en día acerca de la Guerra Civil española, ¿cuál crees que sea la(s) perspectiva(s) más saludable(s)?
Desde mi propia y personal opinión, creo que la interpretación que se está construyendo gracias al "Movimiento por la Recuperación de la Memoria Histórica" (MRMH) es la más saludable. Y "saludable" porque está permitiendo reconstruir la violencia estatal y paraestatal de la derecha española durante casi 40 años. Una violencia que no acabó con la Guerra Civil.
La derecha española tiene Paracuellos como uno de los lugares comunes de su discurso historiográfico e incluso político, pero, ¿cuántos progresistas españoles conocen los muchos Paracuellos que hubo en la zona franquista? Y los que lo conocen es en gran parte gracias a la labor del MRMH. En este sentido, su labor ha sido de verdadera salud política. Y no considero que las acusaciones que se le han hecho de "revanchismo" (no sólo por parte de los autores neofranquistas o parafranquistas, sino incluso por académicos vinculados a la izquierda partidista) se sostengan. Porque, como digo, tal "revanchismo" no puede serlo, ni por la Historia (nunca hubo un perdón de los perseguidos durante cuatro décadas a sus perseguidores: estos dieron una amnistía según sus condiciones tras la muerte de Franco), ni por la historiografía (insisto en que se trata de recuperar una historia silenciada y desconocida; lo que tiene desde luego sentido político, pero identitario, no "revanchista"). Si el MRMH es "revanchista", también lo son los procesos de beatificación de clérigos asesinados durante la Guerra Civil; pero en ambos casos se trata de reafirmar identidades políticas.
Además de esta interpretación, me gustaría destacar ciertos autores que han publicado obras que yo considero revisionistas en un sentido historiográfico estricto. Por un lado, Michael Seidman, que, en su libro A ras de suelo, daba una interpretación historiográfica desde el individualismo y el materialismo no sólo original, sino que puede empezar a derribar muchos lugares comunes. Y tengo pendiente de lectura el trabajo de Chris Ealham titulado La lucha por Barcelona sobre la conflictividad social en Barcelona desde 1895 hasta la Guerra Civil: sólo lo he "calado", pero creo que no me va a decepcionar.

¿Crees tú que las generaciones más jóvenes de españoles aún sufren las secuelas de la Guerra Civil española, o estas están presentes aunque sea indirectamente?

En mi opinión, sí, las consecuencias de la Guerra Civil aún están presentes en la sociedad y en la política españolas. Sobre todo, para la definición de identidades colectivas: si se compara el mapa electoral español desde 1977, habría más de una coincidencia entre las zonas que apoyaron a cada bando después del 18 de julio de 1936 y el apoyo actual a la izquierda o la derecha partidistas. Para las generaciones más jóvenes, la guerra ha dejado de ser una presencia inmediata en sus vidas, a veces por el simple hecho generacional o biológico (no tienen ese abuelo en casa que les cuenta historias de la guerra o la posguerra, o que calla sobre ellas y se le quieren arrancar, por el simple hecho de que el abuelo murió o nació ya pasada incluso la posguerra), pero sigue siendo parte de su identidad política.
Sin embargo, esa identidad, entre lo que de común se denominan "izquierdas", se ve "contaminada" (por decirlo de algún modo) por el sentimentalismo (del que son buen exponente ciertos novelistas), del que resulta la simplificación política. Ahora mismo ha resurgido entre buena parte de la juventud izquierdista la reivindicación de la república. Pero, ¿qué república? Se ha reivindicado la fecha del 14 de abril, pero olvidándose el proyecto reformista de parte de los republicanos de 1931 (parece de nuevo, como opinaban muchos en 1931, que basta con poder elegir al jefe del estado para solucionar todos los problemas sociopolíticos que hay en el estado español), olvidándose también otros proyectos republicanos progresistas e incluso revolucionarios (y con los que yo me identifico), como el de los republicanos federales, o el de la "república social" de parte de la CNT, o el de la república socialista del POUM. Esto quiero decir cuando digo que los diversos proyectos republicanos se han difuminado en un vago sentimentalismo, movilizándose el neo-republicanismo bajo consignas difusas como la de la "profundización democrática" o la de la "ruptura democrática" o la de la "unidad antifascista" (cuando la democracia y el antifascismo son polisémicos, no se define ni la forma concreta de la democracia ni la del antifascismo). O la del "ciudadanismo" interclasista. Y esto lo considero como peligroso. No sólo porque puede debilitarse la propia identidad política frente al adversario, sino porque este neo-republicanismo puede ser instrumentalizado con facilidad. Quizá, por grupos que poco o nada tienen que ver con ninguno de los proyectos republicanos de 1931-1937. Y, quizá, para luchas oportunistas que poco o nada tienen que ver con el establecimiento de un régimen republicano en España. No en balde, los militantes de algunos de esos grupos rompían las banderas republicanas en las manifestaciones de la "Transición democrática", apaleando de paso a los que las portaban por "provocadores de extrema derecha".
Me gustaría señalar, y creo que es muy importante hacerlo, que no creo que esto sea una inevitable excepción casticista, o que haya una necesidad de "cerrar" o de "dejar para la Historia" la Guerra Civil (unos discursos que sirven a su vez para legitimar tomas de postura en el debate historiográfico sobre la guerra). Las guerras civiles suelen dejar consecuencias de larga duración en toda sociedad; no hay más que ver los Estados Unidos, donde aún se ven las consecuencias sociopolíticas de la Guerra de Secesión, sobre todo, en la definición de identidades colectivas. Pero lo mismo ocurre en el Reino Unido: las guerras civiles del siglo XVII aún alimentan identidades colectivas, no sólo en Irlanda del Norte, con tres décadas de otra guerra civil a fines del siglo XX, sino en Escocia, con el resurgir del nacionalismo escocés y el establecimiento de un régimen de autogobierno. Lo mismo ocurre en Grecia o en Italia, donde sus guerras civiles (la italiana de 1943-45, la griega de 1945-49) han definido el régimen político y las identidades políticas hasta la década de 1990 e incluso hasta hoy día. Y en todos esos países el debate sobre su guerra civil ni se ha "cerrado" ni se ha "dejado para la Historia" (o sólo para los historiadores), sino que es un debate tanto del gran público como de los especialistas, aunque sí se tiende a considerarlo siempre como un momento excepcional en la Historia.

¿Cuáles fueron las dificultades, si es que las hubo, de tipo documental o en el ámbito de los prejuicios con que te has encontrado a lo largo de tu riguroso trabajo de documentación acerca de la Guerra Civil española?

Al ser este ensayo de carácter bibliográfico, no tuve problemas con el acceso a los fondos documentales. Tampoco me encontré con prejuicios en las personas que me han ayudado a escribirlo, incluso tuve con algunas de ellas un debate franco y leal desde posiciones historiográficas y políticas distintas de la mía, que me han ayudado a perfilar ciertas ideas.
Pero, con la misma franqueza, algunas de estas mismas personas me han advertido de que el ensayo puede ser muy mal recibido por determinados personajes del mundo académico y mediático, no sólo de la derecha, sino de la izquierda partidista. Era algo que yo ya sabía, porque conozco a algunos de ellos, después de años de vida académica. Para unos y otros, en última instancia, su interpretación de la Guerra Civil se justifica desde un punto de vista moral. Y el moralismo historiográfico (y nombro el pecado, no el pecador) no puede aceptar otras interpretaciones de la Historia distintas a la suya; la suya es la única buena, la sanciona la moral, las demás son malas, las condena la moral. Y el moralismo historiográfico, sea del signo político que sea, no acepta que se muestren las determinaciones políticas e históricas de las interpretaciones que establece, ni que pretendan afirmarse otras interpretaciones asociadas a otros valores.
Ante este panorama, debo mostrar de nuevo mi reconocimiento a quienes han aceptado que su nombre aparezca en los agradecimientos del libro. Pero también mi reconocimiento a la Editorial Lengua de Trapo y a todas las personas que en ella trabajan. No todas las editoriales hubieran aceptado publicar este trabajo, ya no por prejuicios, sino por miedo a los prejuicios. A pesar de que he intentado hacer una obra lo más rigurosa y honesta posible.


  Edición digital de la Fundación Andreu Nin, agosto 2006

 
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