Barcelona, C.I.B.(Centro de Información
Bibliográfica), 1932
1.LOS ORIGENES DEL MOVIMIENTO COMUNISTA EN CATALUÑA
Cataluña, y Barcelona de un molo particular, parecía un terreno
impermeable para el socialismo científico. En España se ofrecía
la paradoja de que la ciudad más proletaria, el centro obrero más
importante. estaba totalmente al margen de la social democracia. El
proletariado de Barcelona, y corno consecuencia el de toda Cataluña
v aún el de una gran parte de España, era un apéndice
de la pequeña burguesía.
La historia de España se ha ido elaborando sin el concurso directo,
sin la presión firme de la clase trabajadora como clase independiente.
El anarquismo con su abstencionismo político ha permitido que la burguesía
tuviera una libertad completa de movimientos.
Pablo Iglesias dejó Barcelona abandonada a las experiencias anarquistas
y pequeño burguesas. A través de Pablo Iglesias actuaba la
burguesía que comprendía que la entrada de las masas trabajadoras
de Barcelona en la socialdemocracia hubiese dado a ésta un carácter
revolucionario que hubiera puesto en peligro la estabilidad del régimen.
Pablo Iglesias fue uno de los puntales más firmes de la monarquía,
como sus sucesores lo son de la república conservadora.
Convergiendo con el abandono de Barcelona realizado por la Socialdemocracia,
ha habido otro fenómeno que ha contribuido grandemente al arraigo
de las doctrinas anarquistas.
Barcelona, hasta la reciente crisis económica, ha estado constantemente
desbordada por la inmigración campesina. Los campesinos de Andalucía,
Levante y Aragón que acudían a Barcelona eran un verdadero
torrente. El proletariado, falto de una educación socialista, no ha
podido asimilar esa gran masa que llegaba a la ciudad. Esto ha creado una
gran perturbación interna, una falta de solidez doctrinal y de cristalización
orgánica del movimiento obrero.
El resultado de todo esto fue el anarquismo caótico de fines del siglo
XIX, el lerrouxismo durante los doce primeros años del siglo actual,
y el anarcosindicalismo posterior.
La Revolución rusa ejerció una gran influencia en nuestro movimiento.
Mientras que la socialdemocracia española tomaba ante el hecho ruso
posiciones completamente mencheviques, el anarcosindicalismo catalán,
inmediatamente después de la conquista del Poder por los bolcheviques,
se puso al lado de ellos. La simpatía sindicalista por la Revolución
rusa culminó en el II Congreso de la Confederación Nacional
del Trabajo celebrado en Madrid, en diciembre de 1919, adhiriendo a la Internacional
Comunista.
Pero la III Internacional, mal orientada, cometió una grave falta
cuyas consecuencias se han pagado más tarde. Envió, en 1920,
como delegado a España a Borodin quien en vez de ir directamente a
los sindicalistas de Barcelona, que eran la única fuerza revolucionaria
sólida y los únicos que habían testimoniado firmemente
su compenetración con la Revolución rusa, se dirigió
a Madrid para crear allí dentro de la socialdemocracia un grupo de
comunizantes.
El error de Borodin, se explica, sin que pueda justificarse, como es natural.
Partiendo de las ideas generales de que el movimiento comunista se formaba
en todos los países con el ala izquierda de la socialdemocracia y
de que el anarco-sindicalismo carecía de importancia, trasladó
a España el mismo punto de vista. Y se daba la particularidad de que
aquí, precisamente, todo ocurría de otro modo. La 'socialdemocracia
era profundamente reformista porque tenía poca base proletaria, y
el sindicalismo, en cambio, era una gran fuerza, la única, en realidad
que podía constituir el núcleo vital de un fuerte movimiento
comunista. Borodín dejó de lado a los sindicalistas de Barcelona,
y en Madrid se puso en contacto con el grupo de “Nuestra Palabra”, que dirigía
García Cortés y con el núcleo de jóvenes socialistas
que acaudillaba Merino Gracia.
El acierto del primer delegado de la III Internacional puede medirse por
el resultado, final de su actuación. García Cortés pasó
más tarde al romanonismo y Merino Gracia a los sindicatos libres de
Martínez Anido.
El fracaso de Borodin no fue una simple casualidad. Demuestra que siempre
que se trata de transponer a un país con particularidades propias
posiciones elaboradas sobre otras bases, se corre el riesgo de incurrir en
un error.
Lenin con su inmensa autoridad, sabía lo difícil que es llegar
al fondo del movimiento obrero de cada país. En la carta de adiós
que dirigió a los obreros suizos, el 26 de marzo de 1917, decía:
«Hemos sido siempre muy circunspectos cuándo ha sido necesario
dar nuestra apreciación sobre las cuestiones del movimiento obrero
suizo que no es posible conocer más que después de un largo
trabajo en el movimiento local. »
Borodin no sólo no conocía el movimiento obrero español
sino que incluso ignoraba la lengua castellana. En esas condiciones, su labor
inicial fue desastrosa.
La escasa vitalidad que ha tenido el movimiento comunista en nuestro
país se debe, pues, entre otras razones, a esa falta de la III Internacional.
Una. ,equivocación cometida en los comienzos de un movimiento
puede ser la causa de su crecimiento deficiente y de su fracaso final.
Históricamente, Borodin debió haber dirigido su atención
mas que hacia la socialdemocracia, hacia el sindicalismo. Las cosas hubieran
seguido otro rumbo.
Pero no fue así. El grupo comunista oficia que se formó
en Madrid, Merino Gracia, Pumarega, Andrade, se dedicó, desde
el semanario “El Comunista” 1920, a una campaña encarnizada
contra los sindicalistas. Esto creaba una ruptura fatal. El sindicalismo
al ver que los representantes oficiales de la III Internacional atacaban
con furia, fue, como es lógico, tomando una posición de desconfianza.
Pcstaña asistió, en1920, al II Congreso de la Internacional
Comunista. En Moscú, aun cuando no manifestaba una adhesión
sin reservas a la obra de los bolcheviques, adhería, sin embargo,
a la Revolución.
Lenin, con su intuición genial comprendía que en España
el movimiento comunista había de salir de la Confederación
Nacional del Trabajo. Por eso
Lenin tuvo grandes deferencias con Pestaña que contrastaban con la
sonrisa-irónica-, despectiva en el fondo, con que recibía
al “filisteo” Ferrando de los Ríos.
Desgraciadamente, la burocracia, los delegados y los subdelegados de
la I.C. no supieron asimilarse ese don de Lenin, sino que siguieron,
precisamente, un camino completamente inverso.
En 1921, la Confederación Nacional del Trabajo, aun sintiéndose
rechazada, y ante el hecho de un constante fuego graneado por parte de los
representantes oficiales del comunismo en España, quiso hacer
un último esfuerzo. Mandó a Moscú una nueva delegación,
que integraban: Ibáñez, Nin, Arlandis y el autor de estas páginas.
Pestaña había regresado y guardaba un prudente silencio. Era,
en verdad, enormemente difícil para un hombre ecléctico como
Pestaña salir en defensa de la III Internacional, cuando desde “El
Comunista” los ataques de los comunistas oficiales contra el sindicalismo,
y la posición mecánica, burocrática que éstos
tomaban ante los diferentes problemas, creaba en las masas sindicalistas,
un movimiento inevitable .de reacción.
Durante 1920, se había producido un cambio muy sensible en los medios
de la C.N.T., como resultado directo de la actuación equivocada de
Borodin.
La segunda delegación de la C.N.T. iba, pues, a Moscú al III
Congreso de la Internacional Comunista en circunstancias extremadamente difíciles.
Los delegados de la C.N.T., al llegar a Moscú tuvimos
que constatar que la C.N.T. había pasado a ser un invitado de segunda
fila. La primera plaza la ocupaba un hipotético Partido
Comunista Español cuyo líder era Merino Gracia.
Nuestra delegación hizo todos los posibles para evitar una ruptura
con el madrugador Partido Comunista Español, más conocido en
Moscú que en España. Trató asimismo de hacer
comprender a los dirigentes rusos que el porvenir del comunismo en
España iba íntimamente unido con la C. N. T, Hay que reconocer
que Lenin y Trotsky con los que cambiamos impresiones, comprendieron perfectamente
qua, en efecto, era así. Pero ni Lenin ni Trotsky se ocupaban de España,
que quedaba abandonada como una provincia lejana destinada a que hicieran
el ensayo sobre ella revolucionarios e internacionalistas más o menos
inéditos e inteligentes.
La delegación que la C.N.T. había enviado a Moscú
no volvió en totalidad a España, Sólo regresamos dos
camaradas: Ibáñez y yo. Nin y Arlandis juzgaron mas prudente
quedarse en el extranjero.
A nuestra vuelta, se celebró en Lérida, a mediados de octubre
de 1921, un pleno nacional de la C.N.T.. para tratar, después del
III Congreso de la I.C. y del Primero de la Internacional Sindical Roja,
de las relaciones con la Internacional.
La tendencia partidaria de la adhesión a Moscú triunfó
por mayoría. Sin embargo, la corriente qua propugnaba la separación
era ya muy intensa. La táctica equivocada de los dirigentes del Partido
Comunista Español daba fuerzas a los que deseaban la ruptura con la
I.C.
La I.C. había tornado ya una posición firme continuando
la labor de Borodin. El partido comunista se constituía con los fragmentos
separados del viejo partido socialista. Los sindicalistas eran combatidas
implacablemente. El equívoco no podía, pues, durar mucho tiempo.
En efecto, en junio de 1922, tuvo lugar la Conferencia de la C. N.
'1'. en Zaragoza, en la que se decidió que la Confederación
rompía toda la relación con Moscú. La tendencia anti-comunista,
el anarcosindicalismo, ganaba terreno.
Los sindicalistas que navegábamos contra la corriente éramos
una ínfima minoría. Con Colomé y Bonet, publicábamos,
en Lérida, el semanario “Lucha Social”, cuyo radio de acción
era limitadísimo.
A pesar de que la Confederación volvía la espalda al movimiento
comunista, el puñado de militantes que se había concentrado
alrededor de “Lucha Social” .no nos dejamos dominar por el pesimismo.
2.APARICION DE "LA BA'I'ALLA"
A fines de 1922 hicimos aparecer, en Barcelona, “La Batalla”, para trabajar
más en contacto con la base sindicalista. Queríamos hacer arraigar
el comunismo en Cataluña.
Los amigos anarquistas y sindicalistas, con buenas razones, procuraban convencernos
de que se trataba de una empresa condenada a no triunfar. “El carácter
del obrero catalán es individualistas” - nos decían.
“Fracasaréis por las mismas razones que fracasaron los socialistas”
- continuaban.
“La Batalla” empezó tirando tres mil ejemplares. Eramos en total
tres camaradas para llevar a cabo esta labor. Yo la escribía, Bonet
la componía y el camarada Foix la administraba.
En Barcelona, se vendían muy pocos ejemplares. A la provincia de Lérida
iban unos trescientos, un centenar a Tarragona. El resto de la edición
salía toda fuera de Cataluña. Las perspectivas no eran muy
halagüeñas.Dábamos la sensación de ser completamente
extranjeros al movimiento obrero. De momento no se veían los efectos
de nuestra propaganda.
El terrorismo blanco dirigió sus tiros contra “La Batalla”. El
camarada Foix fue asesinado por los pistoleros del Sindicato
libre en abril de 1923, mientras paseaba por la calle de 'I'allers.
No teníamos ni local de Redacción ni de Administración.
La correspondencia se recibía en un Apartado de Correos.
El periódico se imprima en un simulacro de imprenta instalado en la
calle del Tigre.
La labor de “La Batalla” no era infecunda, sin embargo. Iba produciendo efecto.
El camarada anarquista que el primero vino a nuestro lado era David
Rey que entonces estaba en la cárcel. El compañero
Rodríguez nos trajo la adhesión de un núcleo importante
de Tarragona, que mas tarde ha sido el alma del B.O.C. Los camaradas Tusó
y Sala fueron valiosos simpatizantes desde el primer momento.
A mediados de 1923. empezó a notarse una variante muy importante en
algunos sindicatos de Barcelona en sentido favorable a las tesis defendidas
por nosotros. Las directivas del sindicato de la Metalurgía,
del 'I'ransporte y Textil, se acercaban a nosotros. Eran los tres sindicatos
mas importantes de la C.N.T.. El edificio anarco-sindicalista se cuarteaba.
La experiencia demostraba que las masas obreras no eran anarco-sindicalistas.
Habían aceptado la dirección anarquista porque nadie había
hecho nada para que fuera de otro modo. En el momento que surgía una
oposición en el seno de la misma C. N. 'I'., el predominio anarco-sindicalista
se esfumaba.
Hay que confesar que los dirigentes sindicalistas que se nos aproximaron
entonces eran muy inseguros. La mayor parte de ellos se han evaporado durante
el periodo de la Dictadura. Sólo se han salvado del naufragio los
camaradas Casajuana y Doménech.
El golpe de Estado haciendo imposible la vida sindical y política
interrumpió el proceso iniciado. Hubo aún una última
llamarada : la publicación del diario “Lucha Obrera”. Durante el mes
de diciembre de 1923 apareció el diario sindicalista-comunista “Lucha
Obrera” editado por nosotros con la colaboración abierta de los redactores
de “Solidaridad Obrera”, interrumpida en su publicación por una imposición
de los grupos anarquistas.
La C.N.T., perseguida por el Gobierno dictatorial, iba siendo reducida a
la impotencia. A medida que los sindicatos desaparecían, era
más fácil el triunfo de los anarquistas. Nuestro movimiento
ascendente fue desbaratado.
La Batalla seguía publicándose, sometida a la previa censura.
La persecución contra nuestro grupo se intensificó durante
la segunda mitad del año 1924, La cárcel Modelo se llenaba
de camaradas, que iban cayendo los unos después de los otros,
Nuestro movimiento había crecido. grandemente. Lo demostraba la policía
con la persecución implacable desatada contra nosotros.
“La Batalla” se publicó por última vez a comienzos de 1924.
Había vivido dos años, con algunas intermitencias. Moría
suspendida por orden directo de Martínez Anido. El balance de su actuación
no podía ser más satisfactorio. Había conseguido crear
en el movimiento obrero de Cataluña una reacción .favorable
al comunísmo
En el otoño de 1924 surgió una crisis en el partido comunista.
La tendencia representada por e1 grupo de “La Batalla”, que había
ingresado oficialmente hacía poco en el partido, estaba en desacuerdo
con la política seguida por la dirección del P. C. a la que
considerábamos poco activa. Entendíamos nosotros que
era necesario combatir contra la Dictadura con energía apelando incluso
a todos los procedimientos ilegales.
La dirección del P. C. E. opinaba que el partido era imponente y que
no había otra solución que amoldarse a la realidad esperando
que las cosas variaran
En el pleno del partido celebrado a mediados de noviembre de 1924, el Comité
Ejecutivo del P. C. E. presentó la dimisión, pasando de este
hecho la responsabilidad de la dirección a la Federación Catalana,
es decir, a nosotros.
Esto no duró más que breves días. Hicimos aparecer un
periódica ilegal, “Vanguardia”. La represión se acentuó.
Y en enero de 1925, nuestro núcleo fue diezmado. En la cárcel
estábamos cuarenta o cincuenta camaradas presos.
En sustitución de “La Batalla” se hizo aparecer “Lucha Social”, pero
su vida fue efímera.
Llegábamos al final de una etapa de trabajo que había empezado
en 1920. Nuestro movimiento quedaba completamente destrozado por la
represión policíaca. Durante cinco años, de una manera
anónima. sin desfallecer. los camaradas que creíamos que la
gran base para un amplio movimiento comunista había que buscarla
mas bien en las zonas obreras influenciadas por el sindicalismo que en la
socialdemocracia, realizamos nuestra difícil tarea. Los resultados,
a juzgar por el aspecto exterior, no habían sido satisfactorios. Pero,
en la cárcel nosotros, David Rey, Colomé, Bonet, Sala,
durante los tres años de encierro, estábamos firmemente, persuadidos
de que el trabajo hecho no seria estéril. El tiempo se encargaría
de probar si teníamos o no razón.
3.LA DEGENERACIÓN BUROCRÁTICA DEL PARTIDO COMUNISTA
Mientras estábamos encarcelados surgió entre nosotros y el
grupo de funcionarios que, aprovechándose de nuestro encarcelamiento,
había asaltado la dirección del partido comunista, una seria
divergencia.
Nosotros opinábamos que era necesario continuar la política
que habíamos iniciado, es decir, proseguir la acción contra
la Dictadura y al mismo tiempo, concentrar en Cataluña la actuación
principal del partido.
Los funcionarios erigidos en dirigentes, durante dos años, impulsaron
la marcha del movimiento comunista en España desde las mesas de la
Rotonde de París. La separación entre nuestro núcleo
y el que había asaltado la dirección del partido se agudizó
grandemente entonces. Además de una discrepancia completa en los puntos
de vista políticos, existía el hecho, inaceptable para nosotros,
de que la dirección se mantuviera lejos, a un millar de kilómetros
de la base obrera.
Bullejos, Trilla, trotskistas primero, luego furibundos antitrotskistas cuando
Trotsky fue derrotado, trasladaron al partido comunista de Espada todos.
los vicios de la degeneración burocrática. faltos de la más
elemental inteligencia política para dirigir un partido, al sentirse
apoyados por la I.C., se hicieron fuertes en sus posiciones y se lanzaron
a la magnífica tarea de “estructurar” el partirlo. Se expulsó
a camaradas excelentes que aun admitiendo que. sostuvieran tesis equivocadas
no dejaban, sin embargo, de ser elementos valiosísimos. Las Federaciones
fueron trituradas implacablemente. Se destituían los Comités
a capricho del grupo ele dictadorzuelos infatuados. En una palabra, el partido
era “bolchevizado”. En tres años de actuación de la fracción
tolerada por la Internacional, el partido quedó reducido a un montón
de escombros. Desapareció del todo.
Con la dictadura del aparato burocrático corrí parejas
la táctica equivocada de la Internacional Comunista que no comprendió
jamás la escuela de la política española. En 1927 como
demostración palpable de su incomprensión absoluta, quiso imponer
al partido comunista de España la intervención en la Asamblea
consultiva de Primo de Rivera. Esto significaba, literalmente, la muerte
del comunismo en España para una larga época. La I.C. hizo
una resolución famosa, en enero de 1927, obligando al partido a que
tomara parte en la Asamblea de Primo de Rivera. “La táctica del boicot
a la Asamblea - - decía la Resolución -- estaría
únicamente justificada en el caso de que la situación política
de España fuese inmediatamente revolucionaria, en el caso de que hubiere
una situación en la que las masas fueran arrastradas a movilizarse
espontáneamente contra el Directorio de una manera activa. Pero en
la situación presente, la convocatoria de la Asamblea y sus trabajos
eventuales deben ser considerados como un punto de partida para un trabajo
de agitación y organización de masas del mismo modo que
la composición y los trabajos de una asamblea representativa cualquiera
(Parlamento, municipalidad, etc.). Esta línea, que corresponde a la
tradición bolchevique y a la práctica del partido comunista
ruso, es la única que se adapta a la situación actual de España
y del Partido Comunista Español...”
De modo que la I.C. que no había sabido prever, el golpe de Estado
de 1923 y, en consecuencia, no había hecho nada para impedirlo,
impulsaba a su partido comunista a una capitulación vergonzosa ante
Primo de Rivera.
Cuatro años más tarde habíamos de ver repetirse el mismo
fenómeno en Alemania, al obligar la I.C. al partido comunista alemán
a votar al lado de los fascistas de Hitler.
Si el partido comunista no intervino finalmente en la Asamblea de Primo de
Rivera, no fue por falta de voluntad de la I.C., sino porque Primo de Rivera
hizo desde arriba la elección de los asambleístas y, con gran
asombro de los minúsculos burócratas del partido, no se acordó
de ellos.
La I.C. no había sabido meditar aquella constatación hecha
por Engels al decir que en España la oposición ha ganado siemprc
la batalla recurriendo a la abstención. La I.C. quería aplicar
mecánicamente las experiencias rusas de hace veinte o treinta años,
sin pararse a reflexionar un momento en las condiciones subjetivas.
La tesis de la I.C. produjo un gran desconcierto dentro del Partido: Lo
poco que quedaba aún en pie, a pesar de los desaciertos y. de la guillotina
permanente de la burocracia, fue deshaciéndose en presencia de una
política tan desacertada. El partido entró en la fase
de una plena liquidación.
En Cataluña. el antiguo grupo de “La Batalla” que había resistido
una dura, represión, no viendo posibilidad alguna, con una táctica
tan errónea, de poner en pie un movimiento comunista que se había
iniciado con tantas dificultades, se disgregó, en parte.
Muchos camaradas reflexionaban así: “Nuestra posición ha sido
fuerte y hemos hecho grandes progresos mientras que hemos estado al margen
de la I.C., trazándonos nosotros mismos el camino. Pero en el momento
en que hemos aceptado la disciplina y la política de la I.C., nos
hemos convertido en extranjeros a nuestro movimiento obrero, nos hemos divorciado
inmediatamente de la realidad”. Su razonamiento era justo: Era cierto. En
tanto que nosotros hicimos comunismo espontáneamente, sin recibir
mandatos superiores, adaptando nuestra acción al ritmo del movimiento
obrero, habíamos adelantado enormemente. Las cosas cambiaron completamente
cuando nos incorporamos al grupo oficial.
Nuestro núcleo se escindió entonces. El camarada Colomé
creyó que no era posible hacer nada dentro del partido oficial y que
era mejor trabajar desde fuera y junto con Arquer, Miravitlles, Farré
Gasó, Rodes, Garseball, Coll, Montserrat, Pamies, Vila y otros camaradas,
se consagró a organizar el Partit Comunista Català.
Otros creíamos que era preciso llegar hasta el último extremo
para evitar la escisión del movimiento comunista. Decidimos permanecer
dentro del partido y de la Internacional abrigando una esperanza, aunque
muy débil, es cierto, sobre la rectificación de la I.C.
Pero la I.C., muerto Lenin, se había burocratizado enormemente bajo
el mando de Zinoviev. Bujarin, que le sustituyó, no hizo nada más
que cambiar de
Equuipo. El régimen era el mismo. El afán de ahogar la personalidad
de los partidos y la mecanización absurda que se imponía a
todos ellos había llegado al límite máximo.
La I.C. había conocido el fracaso en Alemania en 1923, en Estonia
en 1924, en Bulgaria en 1925, en China en 1927. En 1922 no había
sido capaz de impedir la toma del poder por los fascistas de Musolini. Su
política había hecho posible el triunfo de Hindenburg,
como presidente del Reich, en 1926. Al sistema “putchista” de Zinoviev sustituyó
la política de derecha de Bujarin-Stalin que culminó en la
alianza con 'I'chang-Kai-Shek, cuando Tchang-Kai-Shek preparaba el exterminio
brutal de los heroicos comunistas chinos.
¿Cómo podía salvarse nuestro pequeño movimiento
comunista en medio de ese desconcierto?
4.LA INCAPACIDAD POLITICA DEL PARTIDO COMUNISTA
Tenia que celebrarse en 1929 el III Congreso del partido comunista. La Internacional
Comunista pretendía que había que dejar que el Congreso decidiera
y resolviera, en la plenitud de su soberanía.
El Congreso fue convocado para mayo, en Paris. Sin embargo, se dió
la “casualidad” de que los tres delegados que de un modo más firme
habían de llevar la batalla contra la dirección, fueron detenidos
en la frontera...
El Congreso se retrasó. Acudieron otros delegados. La reunión
se hizo en agosto. Bonet y yo que habíamos sido mandatados por la
Federación Comunista
Catalana no fuimos admitidos como delegados, El enviado de la Internacional
hizo coro con la dirección del partido español para barrarnos
el paso.. El pretexto invocado era que según un artículo de
los Estatutos, Bonet y yo debíamos ser miembros del partido
comunista francés y no del español.
La Federación Catalana, no obstante, envió al Congreso su proyecto
de Tesis políticas.
Las Tesis de la Federación Comunista Catalana quedarán en la
historia de nuestro movimiento como una intuición magnifica de cómo
había de desarrollarse el movimiento revolucionario en España,
Se decía en ellas que la revolución sería democrática.
v se acababa propugnando como consigna, en ese momento de Dictadura: la República
Federal Democrática.
Las Tesis de la Federación Comunista Catalana fueron rechazadas por
la I.C. como derechistas. Y, en cambio, se tradujeron al español
las tesis de exportación de la “dictadura democrática de los
obraros y campesinos”.
La I.C. volvía a equivocarse en España. No comprendía
que estábamos en vísperas de la revolución democrática,
y que la fórmala dada provocaría
como resultado un divorcio completo entre las aspiraciones políticas
de las grandes masas obreras y el partido comunista. Pedir como
sustitución de un régimen de dictadura otra dictadura era el
suicidio. Además, ni en 1929, ni en 1932. Ni en1950, los obreros españoles
llegaran a asimilarse el galimatías de “dictadura-democrática”.
La oposición de la burocracia dirigente y de la I.C. a que la delegación
comunista catalana tomara parte en el Congreso significaba el propósito
deliberado de acentuar la separación con el núcleo comunista
de Barcelona.
La I.C. desde Borodin, en 1920, a Manuilsky, en 1932, no ha querido
nunca que las posibilidades del movimiento comunista español fueran
ligadas al proletariado catalán. La concepción pabloiglesista
ha anclado profundamente en la burocracia de la I.C.
El III Congreso del partido comunista de España constató que
el partido no existía. No había en España ni quinientos
afiliados.
La evidencia del fracaso era tan palpable que el Congreso no tuvo más
remedio que deponer a la dirección que había hecho posible
un tal estado de cosas. El delegado de la 1. C. aceptó que recayeran
sobre la dirección del P. C. E. las culpas de un desastre demasiado
grande para que pudiera ser negado
El partido, dotado de una tesis política completamente falsa, continuó
marchando sin variación sensible alguna. Cayó Primo de Rivera
sin que el partido comunista lo previera. Al contrario, la dirección
creía, unos meses antes, que nunca la dictadura había estado
tan fuerte. El secretario general del partido comentó la caída
de Primo de Rivera en la “Correspondencia Internacional”, diciendo que “no
había pasado nada”.
La revolución se había iniciado y la dirección del P.
C. E. no se había dado todavía cuenta. Claro está que
esta ceguera era debida a que la burocracia miraba el panorama político
a través de los lentes ahumados de la I. C.
E1 pontífice máximo de la I.C. en esta nueva etapa, Manuilsky,
comentó olímpicamente los acontecimientos que tenían
lugar en España, diciendo que carecían de importancia.
Un par de meses después de la caída de Primo de Rivera, cuando
el movimiento revolucionario, contra el parecer de Manuilsky, empezó
a tomar amplias proporciones, la L C. decidió celebrar la llamada
Conferencia de Pamplona.
Esta Conferencia, bajo la presión del delegado de la I.C., acordó
volver a entregar la dirección del partido al mismo grupo que había
destituido el Congreso celebrado en agosto de 1929. La I.C. lo creía
así, y el P. C. E. tenía que aceptar. La I. C. necesitaba
una dirección completamente identificada con su política, y
esta dirección no podía ser otra que “su” dirección
Bullejos-Trilla.
La Conferencia de Pamplona ratificó - ¡cómo no! - la
tesis oficial de la I.C.-falsa, como los acontecimientos han demostrado -
que la dictadura no podía ser derrocada nada mas que con el triunfo
de la clase trabajadora. La fórmula “institución de una dictadura
democrática de los obreros y campesinos que tendrá como base
los soviets de obreros y campesinos y por expresión un gobierno
obrero y campesina”, fue nuevamente puesta en el candelero.
Durante el año 1930, de gran agitación revolucionaria, de fermentación
intensa de las masas obreras, el partido comunista, con la “luminosa” idea
de la dictadura-democrática fue distanciándose completamente
del movimiento revolucionario. Los funcionarios del partido y los numerosos
delegados de la I.C. tenían mas interés en impedir que el movimiento
comunista pasara a ser dirigido por la Federación Catalana que, en
hacer que el partido creciera y se trocara en un factor revolucionario importante.
La dirección del partido quiso inaugurar en Cataluña una doble
política que hubiese hecho imposible todo ascenso comunista: laborar
por el escisionismo sindical en la C.N.T. y combatir al Partit Comunista
Català constituido por camaradas como Colomé, Arquer,
Ramón Fuster, Farré Gassó, Coll, Miravitlles, Pamies,
Montserrat, etc.
La Federación Catalana se opuso. Entendía ella que había
que conquistar la C.N.T. desde dentro y no dando vida a una esquelética
tercera central sindical. El Partit Comunista Català, que había
surgido como consecuencia lógica de la in comprensión política
de la burocracia del P.C.E., no debía ser combatido, sino que lo que
precisaba hacer era una política de atracción para unificar
todo el movimiento comunista de Cataluña.
En julio-agosto de 1930, todos los militantes de la Federación Catalana
fuimos excluidos del partido.
5.LA FEDERACIÓN COMUNISTA CATALANA Y EL BLOQUE OBRERO Y CAMPESINO
Se inauguraba una nueva etapa.
Después del ensayo, que había durado seis años de trabajar
en comunista haciendo esfuerzos por seguir la línea trazada por la
I.C., nos encontrábamos rechazados como heterodoxos. ¿Qué
hacer? ¿Abandonar la lucha? Hubiéramos dejado de ser comunistas.
Persuadidos firmemente de que el movimiento comunista progresaría
en Cataluña solamente si, nosotros, es decir, el grupo que se había
ido formando en torno de “La Batalla” se mantenía fuerte, nos trazamos
la ruta, señalamos el objetivo y nos pusimos en marcha.
Precisaba, inmediatamente, ahora que éramos ya dueños de nuestros
movimientos, hacer la fusión con el Partit Comunista Català.
La mayor parte de los camaradas del P.C.C, comprendieron que no había
motivo alguno para estar separados, sobre todo después de la ruptura
con la fracción oficial del P.C.E.
El Partit Comunista Català acordó por mayoría, en el
Congreso celebrado en noviembre de 1930, fusionarse con a Federación
Comunista
.
El Congreso de fusión de ambos grupos tuvo lugar el día 1º
de marzo de 1931.
Sumados, éramos setecientos afiliados. Esta agrupación de casi
un millar de comunistas, en Cataluña, no hubiera sido
posible sin una libertad de acción. Sujetos como hasta agosto de 1930
a la tiranía de la “línea”, no hubiéramos pasado de
lo que habíamos sido hasta entonces: un grupo minúsculo sin
valor específico alguno.
Setecientos militantes comunistas, en Cataluña, eran una
garantía de que el movimiento obrero seria finalmente conquistado
para las ideas comunistas. La Federación Comunista Catalana
unificada representaba ya más adherentes que el partido comunista
en toda España.
En el Congreso de unificación se acordó organizar el Bloque
Obrero y Campesino. Habíamos llegado a la conclusión de que
la adopción rígida de los
métodos de organización de los partidos comunistas, en un país
como España, en donde hay una tan escasa tradición organizativa
política, nos condenaría al fracaso. Los partidos socialdemócratas,
con sus formas de organización, respondieron a una realidad. No era
posible proceder de otro modo. El sistema bolchevique, copiado al pie de
la letra, había dado resultados desastrosos en la mayor parte de los
países. En Francia, por ejemplo, la “bolchevización” había
hecho perder al partido comunista las tres cuartas partes de sus afiliados.
Había que encontrar, pues, una fórmala de organización
de organización que se adaptara a las particularidades de nuestro
movimiento obrero. Esa fórmula fue el Bloque Obrero y Campesino.
El B.O.C. desempeñaba, además, otro papel importante. Sería
el lugar de concentración de las masas obreras que se aproximaban
al comunismo. El B.O.C. se trocaría en la antesala de la Federación
Comunista.
Nosotros previmos que llegaría fatalmente el momento en que la clase
trabajadora acudiría en avalancha, digámoslo así, a
nuestro partido. Era necesario crear un pasillo de selección.
Más todavía. Nuestro partido - Federación Comunista,
- necesitaba, para llevar a cabo su cometido, establecer una alianza con
los campesinos explotados, que, naturalmente, no podían ir al partido.
El B.O.C. aportaba asimismo la solución.
La Federación Comunista, convertida en directora del Bloque Obrero
y Campesino, se lanzaba, pues. a este ensayo audaz. La fracción comunista
oficial empezó, inmediatamente, una fuerte campaña contra el
B.O.C. Decía que el B.O.C. seria acaparado por la burguesía,
que conducía a la contra-revolución, etc. Ponía en juego,
mal traducidos al castellano, los argumentos en serie de la oficina de Agit-Prop.
El B.O.C. empieza a actuar. Estamos en vísperas de las elecciones
del 12 de abril que han de decidir la caída de la monarquía.
El B.O.C. es invitado oficialmente por la “Esquerra de Catalunya” a
formar un bloque electoral con ella.
La dirección del B.O.C. sabe que yendo solo a la lucha electoral obtendrá
resultados muy reducidos. Pero quiere dar la impresión de su carácter
intransigente de clase.
En las elecciones del 12 de abril, el B.O.C. obtiene, en Barcelona, 2.176
votos. Esta cifra parece insignificante. ¿Qué son 2.176 votos
en Barcelona?
Son la avanzada, Hay, en Barcelona, 2.176 obreros que en un momento
de entusiasmo republicano general, se colocan, resueltamente, al lado del
partido obrero revolucionario.
El 14 de abril es proclamada la República.
Delante de la revolución, la Federación Comunista y el B.O.C.
adoptan una posición justa: “Estamos en presencia de una revolución
democrática. Hay que impulsar la revolución adelante espoleando
a la burguesía. Las masas obreras, ilusionadas con el espejismo de
la democracia burguesa, necesitan hacer la experiencia del gobierno republicano
de la burguesía. Después vendrán a nosotros...”
Contrasta esta interpretación nuestra de la revolución con
la “putchista” del partido oficial que el día 15 de abril grita "¡Abajo
la república burguesa! ¡Viva la república de los soviets!
El partido, una vez más, se divorcia de las masas trabajadoras, no
comprendiendo, ni remotamente, el carácter de nuestra revolución.
Esta diferencia de interpretación se matiza de una manera inequívoca
el día 1º de mayo, quince días después de proclamarse
la República.
Se celebra en Barcelona en locales contiguos un mitin del B.O.C. y otro del
partido comunista oficial. A nuestro mitin acuden más de doce
mil trabajadores y al del partido oficial, unos centenares de curiosos
El B.O.C. empieza a desarrollarse de una manera vertiginosa. De todas partes
de Cataluña llegan invitaciones para que vayan compañeros nuestros
a hacer actos de propaganda y a organizar.
Vienen las elecciones de junio. El B.O.C. obtiene en Cataluña. 12.000
votos. En Gerona, en Tarragona, en Lérida, en Barcelona, capital y
provincia, el B.O.C. hace acto de presencia solo, pobre, desafiando la borrachera
republicana general.
12.000 simpatizantes en Cataluña, son una base magnífica para
arraigar y extender la influencia política. El B.O.C. ha impuesto
su marca de fábrica. Unos meses más, y el tiempo nos dará
razón.
Durante los meses de junio, julio, agosto y septiembre, los militantes del
B.O.C. se dedican a una intensa labor de propaganda. Recorren Cataluña
de un extremo al otro, haciendo la exposición de las doctrinas y tácticas
del B.O.C. En todas partes encuentran una cálida simpatía.
El B.O.C. tiene. la sensación de que es la vanguardia exploradora
de una próxima grandiosa transformación de nuestro movimiento
obrero.
En octubre el B.O.C. pulsa el sentir de las masas trabajadoras. En las elecciones
complementarias que tienen lugar, en Barcelona, el día 4 de octubre,
el B.O.C. presenta candidato frente a todos los partidos. El B.O.C. obtiene
8.000 votos pasando delante de los socialistas y del partido federal.
E1 día 11 se repite la elección a causa del “ballotage”. El
candidato del B.O.C. logra 13.863 votos, constatándose que en las
secciones en donde el e B.O.C. había tenido control, la votación
a su favor superaba a la del candidato burgués.
Las elecciones de octubre sirven de barómetro para medir la presión
de las masas trabajadoras. El movimiento obrero, no cabe duda, va reaccionando
en sentido favorable al B.O.C.
Precisa seguir un ritmo acelerado y aprovechar bien todos los instantes,
La clase obrera de una manera cada vez más acentuada pone sus confianzas
en el B.O,C.
Los militantes del B.O.C., tienen que excederse en su trabajo.
Es creada la Escuela Marxista que funciona hasta fines de año, con
regularidad, y a la cual asiste un grupo considerable de alumnos. El B.O.C.,
sin olvidar que estas son horas de batalla encarnizada, quiere iniciar la
educación doctrinal de sus adherentes. La Escuela Marxista en su primer
curso, es un proyecto, un esbozo de lo que será mañana.
La actividad de propaganda y organización es febril durante los últimos
meses de 1931. Los “raids” permiten a veces celebrar once mítines
en veinticuatro horas. La red de organización del B.O.C. se extiende
por toda Cataluña. Quedan pocas poblaciones importantes en las que
no haya un centro del B.O.C.. En 1932 la organización quedará
completamente terminada. Al comenzar este año, el número de
afiliados al B.O.C. es de seis mil. Todo hace prever que esta cifra
crecerá considerablemente durante el año 1932. El día
que e1 B.O.C. cuente solamente en Cataluña con quince mil afiliados,
el B.O.C. será la fuerza política considerable en Cataluña.
6. EL TRIUNFO DEL BLOQUE OBRERO Y CAMPESINO
¿A qué ha sido debido este triunfo formidable del B.O.C. y
por qué todo hace prever que el porvenir le pertenece?
Indudablemente el acierto de su creación y a su política inteligente
delante de los problemas planteados. La separación del partido comunista
oficial promulgada desde arriba por los burócratas del P.C.E.
ha sido, de retruque, enormemente beneficiosa para el movimiento comunista.
Si la Federación Comunista hubiese continuado esclavizada por la “línea”,
el movimiento comunista en Cataluña no existiría casi. La experiencia
del partido oficial es bien concluyente. A pesar de disponer mil veces
de más medios materiales que el B.O.C., a pesar de sus equipos permanentes
de propaganda y funcionarios pagados, a pesar de los consejos más
o menos acertados de los delegados de la I.C., el partido oficial no ha logrado
arraigar en Cataluña. Es una planta parásita, sin vida propia.
Es decir, no existe.
Pudiera creerse que era debido al carácter españolista del
partido oficial lo que había hecho que éste encontrase un ambiente
poco propicio. Pero el grupo trotskista, que sabe traducir al catalán
las doctrinas de Trotsky, predica también en el desierto.
El B.O.C., ha sabido realizar el milagro de interpretar el sentir de las
masas trabajadoras fundiéndose completamente con ellas. El comunismo
no ha sido de ese modo algo extraño, traducido, sino cosa propia.
El B.O.C., en un año de actuación, ha llevado a cabo una verdadera
revolución en la conciencia de la clase trabajadora de Cataluña.
La ha aproximado al comunismo. Le ha hecho comprender que precisa que los
obreros hagan su partido de clase, que hay que separarse orgánica
e ideológicamente de la burguesía.
El B.O.C. ha salvado a la clase trabajadora de una catástrofe de graves
consecuencias. Después de haber hecho la prueba de, la “Esquerra”,
demagógica, el movimiento obrero, desengañado, al constatar
el fracaso, hubiera reculado víctima del escepticismo suicida. Ese
momento de depresión hubiese
sido aprovechado por la reacción para dar un rudo golpe e imponerse.
El B.O.C. ha evitado eso. Las masas trabajadoras intentan, en efecto, una
acción
de retroceso, pero frente a ellas se alza otra bandera, la del B.O.C., y
los obreros la siguen, marchando confiados ahora, sabiendo que por fin pisan
terreno firme.
La historia de España durante los últimos sesenta años
ha sido en gran parte determinada por la ausencia política del proletariado
de Cataluña. Este largo paréntesis se ha terminado ya. Lo ha
cerrado el B.O.C. El proletariado de Cataluña entra en la arena política
definitivamente. Las consecuencias de esta mutación serán grandiosas.
El B.O.C. es combatido por la secta impotente de los trotskistas como un
movimiento puramente catalanista. El B.O.C. ha sabido dar a la cuestión
nacional una interpretación leninista que los pedantes trotskistas
son incapaces de asimilarse. Ha visto la gran fuerza revolucionaria democrática
que posee el movimiento de liberación nacional y ha buscado su concurso,
como se ha procurado asimismo el de los campesinos. El B.O.C. cree que hay
que ser separatistas del Estado semifederal español que deja intacto
la República, pero no de las diferentes repúblicas ibéricas
que un día, juntas, formarán la Unión Ibérica
de Repúblicas Socialistas.
El B.O.C. no quedará reducido a Cataluña. Por el momento quiere
hacerse fuerte aquí. Lo que el viejo Liebknecht decía cuando
él y Bebel comenzaban a organizar la socialdemocracia alemana: “Conquistemos
Prusia y. luego tendremos toda Alemania”, podemos decir nosotros: “Cuando
hayamos logrado la dirección del movimiento obrero en Cataluña,
obtendremos la confianza de los trabajadores del resto de España”.
El proceso evolutivo del B.O.C. es el mismo que el de la C.N.T.. La Confederación
empezó. por ser la organización de los trabajadores de Cataluña.
Cuando Cataluña estuvo completamente conquistada, los obreros de España
pasaron en masa a la C.N.T.
La irradiación peninsular del B.O.C. va íntimamente ligada
a la solidez inexpugnable de sus posiciones en Cataluña. Todo hace
prever que muy pronto comenzará de una manera intensa la expansión
bloquista.
Algo que ha contribuido mucho a la fortaleza del B.O.C., aunque en ciertos
momentos constituya un motivo de grandes dificultades, es su pobreza. No
tiene otros recursos que los que consigue con las cotizaciones. No obstante,
ningún otro organismo político, en Cataluña, ha demostrado
una actividad tan amplia e intensa.
El B.O.C. ha establecido la costumbre de que los mítines sean pagados
por los concurrentes. La simpatía de los trabajadores se testimonia
así de una manera evidente. En los mítines centrales que el
B.O.C. celebra en Barcelona obtiene regularmente una recaudación voluntaria
que oscila entre trescientas y cuatrocientas pesetas, que es lo que, aproximadamente
importan los gastos del mitin (local, carteles, etc.)
Los afiliados al B.O.C., además de los trabajos políticos a
que están obligados, tienen que aportar también su ayuda material,
pagando de tanto en tanto cotizaciones extraordinarias para subvenir a los
gastos generales de propaganda y organización.
La ayuda económica que los partidos comunistas oficiales reciben de
la I.C. es extremadamente perniciosa. Se crea una burocracia permanente
que acaba por estar de acuerdo de una manera sistemática con quien
manda. La burocracia oficial está más cerca de Piatnitstky
que de Manuilsky... Así las cosas, la actividad de los partidos depende
del tanto por ciento de protección que reciben, La personalidad de
los partidos desaparece, quedando convertidos en piezas de una gran máquina
burocrática.
La consistencia del B.O.C. es en gran parte hija de su honrada pobreza. Sus
militantes trabajan desinteresadamente. Forman todos juntos una especie
de cooperativa. El Bloque asciende merced al esfuerzo anónimo de sus
militantes.
La experiencia ha demostrado de un modo asaz concluyente que el régimen
de dictadura burocrática que impera en los partidos comunistas oficiales
es
tremendamente funesto para la vitalidad del movimiento comunista.
Los comunistas no somos antidemócratas, Hacemos la distinción
entre democracia burguesa y democracia obrera, pero no negamos el valor de
la democracia. Lenin habló siempre de la democracia en el seno del
movimiento obrero. La dictadura interna del partido aniquila la fuerza y
la iniciativa de la base obrera, que es trocada en autómata.
El B.O.C. reivindica la democracia obrera y cree que en ella hay una
gran fuerza creadora. Rechaza la teoría de que sólo una pequeña
minoría es la que ha de pensar y la gran masa obedecer, y actúa
de manera que sea por la acción y el pensamiento de todos sus adherentes
que el B.O.C. triunfe y trace su línea de conducta,
Sindicalmente, el B.O.C.` posee una fuerza considerable dentro de la Confederación
Nacional del Trabajo. La mayor parte de los sindicatos de. Lérida,
Gerona y Tarragona están ya bajo el control de camaradas del Bloque.
Nuestros avances son importantes. En la Conferencia de la Confederación
Nacional del Trabajo, celebrada en diciembre de 1931, hubo veintisiete delegados
del B.O.C. Era la primera vez que las Asambleas de la C.N.T. veían
una minoría de oposición tan considerable.
Los dirigentes de la C.N.T. previendo la conquista de la Confederación
por nosotros, hacen todos los posibles para impedir nuestro ascenso. Varios
sindicatos, en Gerona, Lérida y Manresa, han sido expulsados de la
C.N.T. por estar dirigidos por camaradas nuestros.
El B.O.C. cree, sin embargo, seguir fielmente las orientaciones dadas
por, Lenin a propósito del trabajo en los sindicatos y se niega de
una manera rotunda a todo intento de escisión sindical en la
C.N.T. como ha sostenido la Internacional Sindical Roja.
Los sindicatos expulsados se mantienen autónomos hasta que las puertas
de la C. N. 'I'. les sean reabiertas de nuevo.
La C.N.T. es una conquista valiosísima de la clase trabajadora española,
y nosotros rechazamos toda maniobra que quiera debilitarla --Comité
de Reconstrucción de Sevilla, Conferencia de Unidad de San Sebastián,
etc.
La táctica sindical que el B.O.C. ha empleado ha sido acertada, como
lo demuestran los progresos que ha conseguido. Nada indica que
haya que variarla.
La clase trabajadora española se encuentra colocada ante una
grave constatación: la revolución democrática es ahogada
por la burguesía, ayudada por la socialdemocracia.
Existen condiciones objetivas favorables para que la revolución triunfe
completamente: incapacidad y caos, arriba; malestar, abajo, provocado por
la tremenda crisis económica que padece el país. Falta, sin
embargo, que el proletariado comprenda, realmente, que sólo si él
toma el Poder, la
revolución democrática podrá triunfar plenamente, que
exista un fuerte partido comunista - Federación Comunista - y que
se cree una alianza entre proletarios y campesinos - Bloque Obrero y Campesino.
El B.O.C. y la Federación Comunista tratan de dar a la clase trabajadora
española los instrumentos revolucionarios que históricamente
les son necesarios.
La Federación Comunista y el Bloque Obrero y Campesino, iniciados
en Cataluña, comprenden que es indispensable extender su organización
por toda España para que el triunfo final de la clase trabajadora
sea posible.
En Cataluña, el B.O.C. y la F. C. tienen, además, una misión
especial.
Estamos en presencia del fracaso tremendo de los hombres de la «Ezquerra”.
La “Esquerra”, después de haber tenido en sus manos los destinos de
Cataluña, ha permitido, de concesión en concesión, que
la burguesía pan-española se impusiera triunfante.
El Estatuto que aprobará el Parlamento no soluciona, ni remotamente,
la cuestión nacional. El Estatuto aun siendo una simple caricatura
de autonomía debe ser aprovechado por las masas trabajadoras y campesinas.
Hay que hacerse fuertes en las posiciones obtenidas.
La “Esquerra”, habiendo fracasado rotundamente, no puede aspirar a dirigir
la vida política de Cataluña. La clase obrera, por medio del
B.O.C., ha de asaltar la Generalidad y desde allí con el apoyo (le
las masas trabajadoras transformar Cataluña en una República
Socialista.
La República Socialista de Cataluña será la avanzada
de la Unión Ibérica de Repúblicas Socialistas.
7 de febrero de 1932