FUNDACIÓN

ANDREU NIN


La guerra civil

                De la Cerdaña al Ebro                

Francisco Mill

L aventura del militant, Laertes.      


Yo soy de Alp, en la Cerdaña. Allí conocí en 1934 a Moruny y Gironella, que habían venido al pueblo a hacer una cura. Por ellos conocí al BOC y luego al POUM. Cuando fui a trabajar a Barcelona, conocí a Trescents, que estaba enfermo del pecho y le aconsejé que fuese a curarse a Alp. Le busqué pensión. Allí se encontraba al empezar la guerra. En Alp y en Puigcerdá había el PC y en Puigcerdá era fuerte la CNT-FAI. Regresé a mi pueblo y con Trescents formamos una sección del POUM, a la que ingresaron los del PC, y constituimos el comité revolucionario del pueblo. Requisamos un local y luego un chalé en forma de castillo, propiedad de no sé que conde, y lo transformamos en sanatorio. Formamos milicias para controlar la frontera.

Después de mayo llegó una compañía de guardias de asalto que ocupó nuestro local. Nos detuvieron y amenazaron para que les dijéramos donde ocultábamos unas armas que no teníamos. Finalmente se marcharon. Pero poco después nos detuvieron a cuatro del pueblo y a Biscarri, de Barcelona, que se había quedado con nosotros. Nos llevaron a la prisión de Gerona y nos dijeron que estábamos a disposición del Tribunal Especial de Espionaje y Alta Traición. En la cárcel había muchos de la CNT y cuando la ofensiva fascista en Aragón, pedimos que nos mandaran al frente, pues nuestro lugar estaba en la guerra y no en la prisión. Al día siguiente nos pusieron en libertad. Cuando llamaron a mi quinta, la del 41, en el cuartel de Gerona me encontré con Pallac. Me mandaron al ejército del Ebro, con jefes todos comunistas. A mi me tocaron Tagüeña y Fusimaña de comisario. El jefe de la compañía de ametralladoras, a la que yo pertenecía, me encargó que enseñara a leer a los reclutas analfabetos y me tomó de secretario.

Pero cuando tuvo lugar el proceso contra el CE del POUM en Barcelona, circularon por el frente unas octavillas en las que, citando una resolución del Tribunal, aparecía mi nombre. El comisario no se dio cuenta y me encargó que fuera por las secciones a leerles a los soldaos la octavilla. Yo lo hacía, saltándome muchas cosas (entre ellas mi nombre). Pero alguien se chivó y me llamaron a la oficina del comisario. Tagüeña me conocía porque tenía unos tíos en Alp y muchos veranos venía de Madrid a pasar las vacaciones. El comisario me dijo que no comprendía cómo podía estar a la vez en el Tribunal y en el frente y que debía haber un error. Yo insistí en lo del error y le dije que si fuera fascista, había tenido muchas ocasiones de pasarme al otro bando y no lo hice. Me dio su palabra de que nada me pasaría si le explicaba la verdad y entonces le conté lo sucedido.

Así, todo terminó bien. Pero fue suerte. Otros compañeros no la tuvieron, o se encontraron con comisarios más fanáticos que el mío.
                                                                           

  Edición digital de la Fundación Andreu Nin, marzo 2007

 
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