FUNDACIÓN

ANDREU NIN


Sobre las "escuelas del exilio"

Rafael Miranda


Intervención de Rafael Miranda: sobre las “escuelas del exilio” y en particular las que se inspiraron del pedagogo y resistente francés Celestin Freinet, presentado el 17 de abril 2005 en Annecy, Francia,con motivo de la conmemoración del aniversario de la II Republica española y de los españoles resistentes muertos en el Plateau de Glières. (versión original en francés)



Es para mi un gusto dirigirme a ustedes, en  ocasión del aniversario numero 74 de la creación de la 2a república española y del aniversario numero 61 de los combates en el Plateau de Glieres.

He sido invitado por la Amical de la Resistencia Española y es para mi un gran honor compartir con ustedes mi testimonio, como hijo de una refugiada española en México.

Ustedes han conmemorado durante años la lucha heroica de los resistentes españoles y franceses, contra la ocupación nazi. Ustedes personalmente han tenido el coraje ejemplar de participar en esos combates. Con perseverancia, ustedes han enseñado a las nuevas generaciones lo que ha sido el paso de la frontera, los campos de refugiados las compañías de trabajo y el maquis.

Este día permítanme evocarles entonces, una lucha que es también para ustedes preciosa. La lucha por la libertad en tiempos de paz, emprendida por los educadores españoles republicanos. 

Durante mis estudios, en tanto que becario del gobierno francés, el filosofo Castoriadis me ha enseñado  que «No podemos cambiar lo que aconteció, pero si podemos cambiar la manera de interpretarlo. »

En la España de Franco, generaciones enteras aprendieron que la historia reciente de su país se parecía al reino de los « vencedores », sobre el destino de los « vencidos ». La experiencia del exilio español en México es la mejor prueba de que esa versión era una manipulación inspirada por la intolerancia y el odio. Esto por las razones siguientes.

El exilio español de 1939 desterró de su país a una gran mayoría de intelectuales, artistas, escritores, científicos y docentes. Toda una generación se perdió para España, pero ella supo fructificar en otras latitudes: en Francia participando en la Resistencia y en la Liberación, en México y en otros lugares de América Latina integrándose a la vida social y cultural.

La llegada de al menos 40 000 refugiados españoles a México, portadores de un proyecto de sociedad y gracias a la solidaridad y al compromiso del pueblo mexicano y del gobierno de Cárdenas, nos recuerda el mundo de la gran política. Ese mundo de la gran política, hoy eclipsado por lo políticamente correcto.  
Trascendiendo el pasado colonial y las dificultades que supone la reconciliación de los ánimos – la República Mexicana había logrado su independencia de España en 1810-, miles de hombres y de mujeres vieron en el agresor de los republicanos españoles, los rasgos del totalitarismo y abrieron su corazón a ese pueblo ibérico perseguido.

Ese gesto fue plenamente recompensado. Los docentes republicanos encontraron un terreno fértil, no obstante su trabajo se desarrolló a menudo en la discreción. Es cierto que su integración, misma que se realizó a pesar de las diferencias que existían entre los recién llegados, no fue sin tropiezos.

En el pasado uno de los primeros republicanos de la joven nación, Benito Juárez, correspondiente de Víctor Hugo, había separado la iglesia del Estado, en 1858. En el momento en que Europa se sumía en la segunda guerra mundial, los valores de la educación republicana habían reunido, una vez más, los ideales del pueblo mexicano con aquellos de la Francia en guerra y aquellos de la España republicana en exilio.  

Permítanme decirles que tuve el privilegio de haber sido formado por esos maestros de acento peculiar, en las aulas del Colegio Madrid y de la Escuela Manuel Bartolomé Cossio. Esta ultima fuertemente inspirada en la enseñanza del pedagogo francés e igualmente resistente Celestin Freinet. 

A esos nombres habría que agregar, para ser justos, aquellos de las  «escuelas del exilio », fundadas con el apoyo de la Secretaria de Educación Publica, ellas son: la Academia Hispano-Mexicana, el Instituto Luis Vives, el Instituto Hispano-Mexicano Juan Ruiz de Alarcón, así como los colegios de la Fundación Cervantes, en las ciudades de provincia de Tampico, Jalapa, Torreón, Córdoba, Veracruz  y Texcoco. Otras escuelas se sumarian, inspiradas también en la «pedagogía activa» y la «libertad de expresión del niño», como la Escuela Experimental Freinet y la Escuela Emilio Abreu Gómez.

A esta lista general debemos incorporar la Casa de España convertida en El Colegio de México, una de las instituciones de enseñanza superior de las más prestigiosas. Otras instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México, se beneficiaron igualmente de la presencia de miles de esos docentes españoles provenientes del exilio.

Una experiencia ejemplar de educación republicana se desarrolló dirigida a los niños españoles huérfanos. Esos 460 menores no acompañados, mejor conocidos como «los niños de Morelia», llegaron a México en edad escolar y se beneficiaron de la acogida de una comunidad educativa, en el estado federal de Michoacán.
Hoy en día la comunidad internacional trata de hacer valer los derechos de los refugiados, descritos en los textos de las convenciones internacionales de 1951 y otras. Como en el pasado, se sigue luchando en la escuela y fuera de ella, por un mundo en el cual los hombres y las mujeres sean dueños de su destino. Se sigue luchando por un mundo en el cual se quiere la libertad, porque se quiere la libertad de los otros. He ahí la definición por excelencia de la educación laica, por la que dieron también sus vidas muchos docentes en el mundo entero.

Es por todo lo anterior, señoras y señores, que he querido rendir homenaje a esos apasionados de la libertad, compartiendo con ustedes este modesto testimonio. A esos apasionados de la libertad entonces que han sido y que siguen siendo los docentes españoles republicanos, refugiados en México.

Gracias por su atención.


  Edición digital de la Fundación Andreu Nin, marzo 2006

 
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