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FUNDACIÓNANDREU NIN |
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Era la época dura y gloriosa del sindicalismo barcelonés, en la que se formaron tantos militantes. Como otros muchos jóvenes de su generación se formo él solo en la Barcelona proletaria de entonces. Los que le conocieron allí afirman que era un joven inquieto, inteligente, dominado por una curiosidad insaciable. Como todos los autodidactas de aquel tiempo comenzó a leer desordenadamente: novelas, folletos de divulgación social, libros de geografía e historia, literatura política. Esa curiosidad, que no perdió nunca, le llevó al periodismo, profesión por la que tenía una auténtica pasión, y le permitió adquirir una cultura gracias a la cual no tardó en destacar en el movimiento obrero y en la vida política de Cataluña.
Poco antes de la proclamación de la República entró como redactor en La Nau, diario catalán dirigido por Antoni Rovira i Virgili, prestigioso historiador, que más tarde desempeñó un papel político importante, sobre todo cuando se estableció la Generalitat de Cataluña. Molins participó activamente en las luchas contra la dictadura de Primo de Rivera, por lo que fue encarcelado varias veces, principalmente después del movimiento de diciembre de 1930. Convivió en la Cárcel Modelo de Barcelona con Angel Pestaña, Joaquín Maurín y Andreu Nin. Al salir de la cárcel fue nombrado redactor de L´Opinió, semanario dirigido por Josep Tarradellas y, poco después, de La Humanitat, diario catalanista republicano fundado por Lluís Companys, futuro presidente de la Generalitat, donde termino siendo jefe de la sección de extranjero.
Pero Molins fue también periodista militante. Colaboró en seguida en La Batalla, semanario comunista independiente dirigido por Maurín, y se incorporó a la redacción de L´Hora, periódico revolucionario en lengua catalana. Y entonces comenzó a militar en el Bloque Obrero y Campesino, organización comunista al margen de la III Internacional. A finales de 1931 se separó del BOC y entró en la Izquierda Comunista, la organización trotskista animada por Andreu Nin y Juan Andrade. Unido por fuertes lazos de amistad con Andreu Nin, colaboró intensamente en las redacciones de El Soviet y de la revista Comunismo.
Molins i Fábrega, hombre siempre amable con sus amigos y camaradas, era muy intransigente en cuestiones de principios. Su trabajo en La Humanitat, órgano de la Esquerra Republicana de Catalunya y portavoz de la Generalitat, no fue siempre fácil. En más de una ocasión, Molins, que escribía crónicas internacionales que se ajustaban mucho más a sus posiciones marxistas que a la línea del periódico, contestó secamente a Lluís Companys y a Josep María Massip, directores del periódico, y llegó a imponer sus puntos de vista. Después del fracaso del movimiento de octubre de 1934 y la consiguiente encarcelación de Companys y del gobierno de la Generalitat, Molins se encontró casi solo en la redacción. En tales condiciones, él, militante de la Izquierda Comunista y de la Alianza Obrera, sacó casi solo el primer número de La Humanitat después del 6 de octubre. Josep María Massip (futuro franquista) quiso echarle del periódico, pero Companys apoyó a Molins desde la cárcel y hasta aprobó el editorial escrito por Molins, donde se decía que se había perdido una batalla, pero que la lucha continuaría.
Cuando en septiembre de 1935 se fundó el POUM, Molins fue elegido miembro del comité ejecutivo de la organización, en completa compenetración con Nin y Maurín. En la noche del 19 de julio de 1936, Molins asumió la dirección del periódico Avant, instalado en los locales del diario carlista El Correo Catalán. En agosto de 1936, Avant fue sustituido por La Batalla y Molins fue nombrado redactor-jefe del nuevo diario, cargo que ocupó hasta el golpe estalinista contra el POUM del 16 de junio de 1937.
Molins, Gironella y yo, únicos miembros de la dirección del POUM que escapamos a la represión del 16 de junio de 1937, día de la detención de Nin, Gorkin, Andrade y Bonet (y de muchos otros militantes), formamos el segundo comité ejecutivo del POUM con Joan Farré Gasso, Josep Rodes y Josep Martí, y emprendimos la ardua tarea de reorganizar el partido en la clandestinidad y en los frentes, de oponernos a la represión y defender su honor revolucionario ante una campaña de difamación sin precedentes organizada por el Moscú de Stalin, como han revelado los archivos del KGB. En la nueva dirección, Molins fue un animador extraordinario. Conocidísimo en Barcelona, sorteó todos los obstáculos y la policía no logró dar con él. Pero a finales de 1937, el CE del POUM decidió enviarle a París al objeto de coordinar la formidable campaña internacional en defensa del POUM, de sus presos y de sus perseguidos que estaba en marcha desde hacía unos meses, campaña en la que participaban las organizaciones comunistas y socialistas independientes, las izquierdas socialistas de varios países e intelectuales de izquierda como André Gidé, Paul Rivet y Roger Martin du Gard. Molins, con la preciosa ayuda de Víctor Serge, dio un fuerte impulso a dicha campaña, que fue decisiva para el fracaso del proceso contra el POUM que montaron los agentes de Stalin en Barcelona.
En 1940, Molins y Serge lograron salir de Francia y refugiarse en México. Y, desde allí, en los años de la Guerra Mundial, organizaron la solidaridad con los militantes del POUM perseguidos en España y en Francia. Molins siguió militando en el POUM y colaborando en las publicaciones que éste editó (POUM, la revista Mundo, etc.). No quiso ejercer de periodista. Pero desarrolló numerosas actividades, redactó el periódico gremial de los taxistas, corrigió pruebas de imprenta y escribió dos libros: Campo de concentración (1944) y El Códice Mendocino y la economía de Tenochtitlán (1956). El primero de ellos es un espléndido libro de dibujos de José Bartolí (otro poumista) sobre la vida de los refugiados españoles en los campos de concentración de Francia. Molins redactó los textos. El segundo es un libro muy documentado sobre el sistema de impuestos establecido por los aztecas como reflejo de su imperialismo. En esta obra se destruyen algunos de los tópicos nacionalistas mejicanos. Molins lo escribió como tesis, que nunca llegó a presentar, para coronar los estudios que realizó en los años cinquenta en la Escuela de Antropología de México.
Años antes, Molins, tras un viaje a Asturias después de los acontecimientos de octubre de 1934 había escrito un libro notable UHP. La insurrección proletaria de Asturias, publicado en catalán en 1935.
Molins cayó gravemente enfermo en 1960 y murió en 1964
en la clínica de Cuautla. Tenía 54 años.
Edición digital de la Fundación Andreu Nin, 2000