FUNDACIÓN

ANDREU NIN

UNAS DECLARACIONES DE MANUEL MONEREO


La desagradable sombra del estalinismo (Fundación Andreu Nin)
Entrevista a Manuel Monereo
Notas al vuelo sobre una entrevista a Manuel Monereo (Pepe Gutiérrez)
 
 

La desagradable sombra del estalinismo

Fundación Andreu Nin

La Fundación Andreu Nin ha tenido conocimiento de unas declaraciones de Manuel Monereo, dirigente del PCE. Queremos rechazar públicamente la referencia inaceptable que contienen sobre el asesinato de Andreu Nin.

La desagradable sombra del estalinismo se manifiesta en un comentario completamente insolvente. Negar la participación y la responsabilidad del PCE en dichos hechos no sólo es una falsedad y un insulto a la verdad histórica, también es un agravio intolerable a todos quienes han luchado, en las circunstancias más difíciles, frente a la red de ocultaciones y mentiras del estalinismo, por defender la verdad.

Lo diremos una vez más: los dirigentes del PCE fueron cómplices, partícipes e instigadores de la muerte de Nin y del ataque represivo contra el POUM y en la prensa comunista (empezando por Mundo Obrero) se publicaron las peores calumnias y vilezas sobre todos ellos. El PCE nunca ha rectificado formal y definitivamente tales comportamientos (a diferencia del PSUC, que lo hizo en 1989).

Monereo es muy libre de llamar camarada a Stalin, como hace en la entrevista. Nosotros prefeririamos que no lo hubiera dicho. Stalin fue un gran criminal y uno de los peores enemigos de la libertad y la igualdad.
 

Entrevista a Manuel Monereo

Entrevista a Manuel Monereo por Albina Fernández (La Nueva España - Kaos. Izquierda a debate), 1 de junio de 2005

Manuel Monereo, de 55 años, miembro de la permanente del comité político del PCE, militante comunista «estricto» desde hace 35 años, natural de Jaén, vecino de la «solidaria ciudad de Madrid» desde hace 16 años y abogado laboralista, visitó Gijón, donde participó en la fiesta anual del Partido Comunista de Asturias e, invitado por la Sociedad Cultural Gijonesa, ofreció una charla sobre las izquierdas y el socialismo en el siglo XXI. Seguidor de Julio Anguita, antiglobalista ejerciente y
crítico feroz contra el «europensamiento» único, defiende una refundación de IU y un giro de la sociedad a la izquierda como única forma de evitar la desaparición de la vida de la tierra que, dice, será inevitable con el capitalismo.

-¿Qué es ser de izquierdas, y ser socialista en el siglo XXI?

-Ser de izquierdas es una actitud personal, ética y política que consiste, como siempre, en una apuesta radical por la libertad, la
igualdad y la fraternidad. El socialismo requiere una segunda operación que es demostrar que mientras haya capitalismo la igualdad, la libertad, la justicia y la fraternidad no son posibles, y significa que luchar por el socialismo es la manera más coherente de ser de izquierdas.

-¿De qué socialismo está hablando?

-De la lucha sistemática por abolir la explotación, el dominio y la desigualdad. Esto es, la lucha del ser humano por autogobernarse y decidir su futuro. La pregunta que debemos hacernos es ¿quién dirige la vida? ¿El mercado capitalista o la sociedad democrática? Para nosotros la clave es que la sociedad debe de autodirigirse, liberarse, y para eso tiene que domar al mercado y superar las relaciones de explotación actuales. Pero si no lo hacemos en breve no habrá sociedad, porque el
capitalismo está poniendo en peligro la vida humana en el planeta. Para luchar contra eso y hoy más que nunca, hay que ser de izquierdas.

-Pero ése es un discurso más de los verdes...

-No. Es un discurso ecológico-social desde una perspectiva comunista. Esto de los verdes y de los que verdean es una vieja historia. Es como los socialdemócratas que no lo son, los socialista que no lo son porque aceptan el capitalismo como marco, y algunos comunistas que dicen que no lo son y que sin embargo dirigen partidos comunistas...

-¿Y es una alternativa la dictadura del proletariado?

-La dictadura del proletariado nunca fue una alternativa. En la Unión Soviética los trabajadores luchaban por el pan, trabajo, tierra y paz.Lo que hoy defendemos la izquierda comunista que lucha por el socialismo, es una democracia participativa, que llegue a la vida cotidiana de la gente y que haga que los ciudadanos sean dueños de sus ciudades, que sean capaces de determinar los presupuestos públicos y de controlar a los gobernantes. Es decir, el socialismo como desarrollo de la autoorganización de los ciudadanos que haga transparente la vida pública. Es la conexión entre Robespierre y Marx. La democracia que someta el mercado a las necesidades de las personas y no al revés.

-¿Está hablando de acabar con eterna lucha por el poder?

-Esa lucha es un elemento central de esta sociedad, pero no tiene por qué ser así. El problema es que si un país cualquiera, llámese la Venezuela de Chávez, decide abrir una vía no capitalista pero democrática viene el boicot de la empresa y de los  organismos internacionales y la subversión organizada por Estados Unidos... Es decir, que cuando uno lucha contra el sistema de opresión, que es el capitalismo, con argumentos democráticos, al final lo que puede ocurrir es que te den un golpe de Estado como al compañero Chávez.

-¿Qué es la globalización?

-La desigualdad económica y de poder que lleva al predominio de una oligarquía en torno a las 300 grandes empresas del mundo que va estrechando la democracia y que nos coloca, cada vez más, como un instrumento en manos de los poderosos. Lo que nosotros queremos es que los hombres y mujeres tengan el poder.

-Suena utópico...

-Suena, pero no lo es. Siempre hubo en la historia alguien que se reveló, y lo que hoy tenemos en este país es producto de la rebelión de mucha gente, del esfuerzo y el sacrifico de muchos. ¡Cuánto ha costado! ¡Cuántos muertos hemos puesto encima de la mesa! Y digo hemos puesto porque gran parte los puso este partido.

-El papel de su partido durante la II República está ahora en entredicho con las sacas, las checas y la persecución política impulsada desde la Unión Soviética de Stalin.

-Yo aquello no lo viví. Lo que sabemos es la incontable cantidad de los nuestros que fueron asesinados, y no voy a decir que nosotros lo hicimos todo bien. Está claro que hubo cosas lamentables y lo sentimos, pero sí es evidente que fuimos los primeros en luchar por la República.

-¿Luchaban por la República o por una dictadura dirigida desde Moscú?

-Por la República democrática, porque el camarada Stalin en una célebre carta que envió a Largo Caballero dejó claro que la Unión Soviética lo que quería para España era una república democrática. El PCE luchó por la democracia dando la cara por las instituciones republicanas. Tenemos nuestras responsabilidades, pero el PC fue un defensor intransigente de la República, y nos enseñó a luchar por las libertades. Y lo hicimos cuando todo el mundo estaba de vacaciones, incluido el PSOE.

-¿Quién mató a Andreu Nin?

-A Nin lo mató el Gobierno soviético. De eso nosotros no tenemos ninguna duda, y fue una barbaridad. El PC no intervino. Pero lo importante no es la historia de Nin, al que tanto se quiere ahora sobre todo para echar lodos al PC, sino la de miles de hombres y mujeres que dieron su vida por la libertad en España. El PC fue importante en el frente, no en las ciudades ni en las checas de Madrid. Se le acusó de mil cosas, pero sólo luchó por la libertad.

-¿Hacia dónde va ahora España?

-Hacia una república federal y solidaria. En esto somos discípulos de Pi y Margall. En todo caso los nacionalistas, tanto los españoles como los periféricos, están hablando de un mundo que ya no existe porque se está redefiniendo el poder político en Europa y los viejos estados están en crisis. La España del euro no tiene una política propia. Las grandes decisiones las está tomando Europa. A los estados y a las autonomías les queda un poder residual.

-IU perdió progresivamente apoyo social. ¿Va a tener Llamazares el triste honor de enterrar a la coalición?

-IU fue un invento social del PC que nació en el año 1982 porque emergía una nueva sociedad y el PC era insuficiente para articularla. Ahora IU necesita ser refundada para hacerla más amplia y con mayor capacidad de llegar al movimiento social, y lo haremos. Por eso creo que Llamazares no va a ser quien entierre a IU. Ahora la prioridad es luchar por la República y dejar que el Príncipe de Asturias y su linda mujer se dediquen a ser felices para que nosotros podamos gobernarnos.

 

Notas al vuelo sobre una entrevista a Manuel Monereo

       Pepe Gutiérrez


   Acabo de leer una entrevista al amigo Manuel Monereo  por parte  de Albina Fernández para La Nueva España- Kaos,  en la que se trata de varios temas sobre Izquierda a debate ([01.06.2005 20:26]

   No tengo gran cosas que añadir en sus apreciaciones sobre el qué hacer, aunque por mi parte enfatizaría más el papel de la clase trabajadoras con todas las matizaciones que este concepto requiere, pero si me gustaría polemizar sobre la parte de la “memoria histórica” comenzando por su referencia (supongo que irónica) sobre el “camarada Stalin”, y sobre su exculpación del PCE sobre lo que podemos llamar el “caso Nin”.

  Manolo subraya que Stalin dejó patente “su” opción por una República democrática como el objetivo primordial del momento en una célebre carta que envió a Largo Caballero, y a la que éste tuvo que hacer algunas observaciones no solo porque representaba una sensibilidad más radical dentro del PSOE, sino también porque de alguna manera era consciente que al militar-fascismo lo habían parado los trabajadores organizados, y no las instituciones republicanas. Allí donde los trabajadores “creyeron” en la palabra de estas, el Alzamiento triunfó.

  La carta dejaba también claro quién mandaba en la Internacional Comunista, y por lo mismo, en el PCE, de ahí que José Díaz se viera obligado a remachar estos criterios en un discurso justamente titulado “Que quede lo más claro posible”. Esta línea general no tanto a favor de la República como de su ala derecha republicano-socialista, no estuvo motivada por ninguna razón anterior. No era la línea que llevó el PCE hasta 1934. Su rectificación no fue producto de ningún debate ni nada parecido. Ni tan siquiera fue una adaptación de los acuerdos del VII Congreso del Komintern, sino que fue producto de las exigencias de la política exterior soviética. El ascenso de Hitler –producto ante todo de la división provocada por la guerra entre socialdemócratas y comunistas oficiales-, llevó a Stalin a plantearse un nuevo giro en su política cuyo objetivo era priorizar un pacto con las potencias “democráticas”, incluyendo el capítulo colonial.

   Fue en aras de esta exigencia que Stalin justificó en última instancia el exterminio de la vieja guardia bolchevique, y acuñó el conceptos como el hitlero-trotskista, la famosa “quinta columna”. Al tiempo que acababa con toda oposición, mostraba a Occidente que la revolución socialista había pasado a la historia, y que los comunistas eran los últimos en querer una revolución...La revolución ya existía, era la URSS, el camarada Stalin, etc.  No hay la menor duda que la gente del PCE luchó por ”la democracia”  dando la cara (y la vida, la mayoría de veces con una entrega extraordinaria, sino hay está el caso del hijo de José Robles, “Coco”, que lo siguió haciendo a pesar de que sabía que los agentes soviéticos habían asesinado a su padre, motivo como es sabido del libro Enterrar los muertos, de Ignacio Martínez de Pisón)  por las instituciones republicanas, pero no es menos cierto que pensaba que al final se haría la revolución. Pero también es cierto que esta entrega fue instrumentalizada por los servicios soviéticos para introducir sus propias normas y finalidades en el campo republicano con los resultados de todos conocidos.

   Nadie puede negar la lucha llevada a cabo por esa misma gente por  las libertades durante la larga noche del franquismo. Lo que ya no es justo es atribuirle una exclusiva. El movimiento libertario lo siguió haciendo en condiciones tan duras como las sufridas por el PCE, también el POUM más modestamente, y otras fuerzas, sobre todo desde la aparición del FLP, principio de la nueva izquierda en España. En cuanto al PSOE, tampoco se puede generalizar, existió una resistencia socialista durante mucho tiempo, eso sí abandonada por Indalecio Prieto y compañía que buscó alianzas con los Estados Unidos, la potencia “amiga” que, como le respondió Foster Dulles en una conversación célebre, “no tenía amigos sino aliados”. Y u aliado era en aquel momento Franco.

   Mucho más grave me parece su tentativa de limitar la responsabilidad del asesinato de Nin al Gobierno soviético. Por más que quiera y duela, el PCE no fue ajeno a ello. Su asesinato fue precedido de una campaña de linchamiento en la que intervino mucha militancia, y así lo han reconocido algunos testimonios. Responsables como Togliatti llegaron a amonestar severamente al PSUC por su tibieza, en el que se llegó a sospechar la existencia de un grupo “trotskista” (los antiguos bloquistas como Estivill). No fueron agentes soviéticos los que a la pregunta ¿Dónde está Nin?, replicaron en las paredes: En Salamanca o en Berlín. No hay más que leer los textos de la época para comprobar como se “arropó” la labor del “gobierno soviético”.  El furor antitrotskista llegó a extremo impresionante, baste citar un caso poco conocido: Francisco García Lavid, conocido en los inicios del movimiento trotskista español como “Henri Lacroix”, y que era minero en Bélgica, se había pasado al PCE...Sin embargo fue linchado cuando cruzó la frontera por militantes del partido.

  Cierto, no toda la responsabilidad la tuvo el PCE, salvo honradas excepciones, la derecha socialista calló, como lo hicieron nacionalistas y republicanos, tampoco la CNT estuvo a la altura de las circunstancias. Tampoco se puede medir todo este capítulo por las “checas”, pero lo cierto es que existieron con la complicidad activa del partido. Se le acusó de mil cosas, muchas de ellas falsas, pero estas fueron ciertas. Otra cuestión es que el asesinato de Nin, de Robles, Landau, y todo lo demás se utilice como arma arrojadiza, pero no creo que la mejor manera de contrarrestar semejante maniobra sea ocultándose como una criatura  detrás de una silla cuando la verdad histórica resulta fundamentada en una documentación apabullante.

  A Manolo le sobran capacidad y entereza para no tener que caer en declaraciones tan banales y sorprendentes que no ayudan en nada a una superación crítica de todo aquello, algo que únicamente será posible a través de la verdad.
 
 

Edición digital de la Fundación Andreu Nin,  junio 2005


 
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