![]() |
FUNDACIÓNANDREU NIN |
||
«No creo más que en las historias cuyos testigos se dejarían cortar el cuello», afirmaba Blaise Pascal. Considerando la actual República de Vietnam, denominada socialista, y su historia oficial, aceptada prácticamente en todas partes sin levantar objeciones, no puedo leer esta máxima sin sentir en lo más profundo hasta qué punto soy un superviviente.
Viét-nam 1920-1945, révolution et contre-révolution sous la domination coloniale, fue para mí el intento de restituir este período marcado no solamente por la lucha contra el imperialismo colonial, sino también por los movimientos que tendían de forma radical hacia una revolución social, visceralmente internacionalista e insumisa a la estrategia de la Rusia estalinista. Lo que pretendo ahora es hablar desde la perspectiva de un testigo directo. La mayoría de los que participaron en este combate cayeron bajo los golpes mortales del partido fundado por Ho Chi Minh, que llevaba la etiqueta de comunista, cuando no fueron asesinados, encarcelados, internados en penales por el poder colonial francés o bien forzados al exilio.
Once años apenas habían pasado desde la revolución de octubre en Rusia, cuando me encontré confrontado, con absoluta conciencia, a la realidad opresiva de la sociedad indochina y en rebelión contra ella. Como para tantos otros, la revolución rusa significó para mí una señal esperanzadora de una posible liberación. Sin embargo, durante mis años de aprendizaje de la vida y de la lucha, ya por entonces ya través de escasas informaciones, nos llegaban de allí signos de lo más inquietantes. Se daba caza a ciertos oponentes revolucionarios, Trotsky y acababa de exiliarse.
Por medio de la III Internacional, Stalin imponía
una estrategia totalitaria que nos parecía traicionar un internacionalismo
consubstancial a todo compromiso revolucionario. De forma espontánea,
nuestra crítica del poder estalinista, cuyo horror se exacerbó
de forma espectacular con los juicios de Moscú, fue articulándose
en torno a las ideas y a los partidarios de Trotsky. Desde que dejé
Indochina en 1948, nunca me ha abandonado la esperanza y la convicción
de una necesaria subversión del abyecto orden del mundo, pero ha
ido creciendo con nuevas reflexiones sobre el bolchevismo y la revolución.
En Francia, en las fábricas y en otros lugares, he encontrado aliados,
tanto franceses como ex colonizados o españoles -otros supervivientes-
que, con el POUM o los anarquistas, vivieron una experiencia parecida a
la nuestra: la de estar comprometidos contra dos frentes, uno contra el
poder reaccionario y otro contra el partido estalinista ávido de
poder.
Estos encuentros, además de la relectura de Marx a la luz de la obra de Maximilien Rubel, la existencia de los Consejos obreros en la Baviera de 1919 o la rebelión de Kronstadt en la Rusia de 1921 y, más tarde, el resurgir de los Consejos obreros en Hungría, en 1956, me condujeron a la búsqueda de nuevas perspectivas revolucionarias alejándome del bolchevismo-leninismo-trotskismo y generando en mí una desconfianza absoluta hacia todo lo susceptible de convertirse en «aparato». Los partidos llamados obreros (particularmente el leninista) son embriones de Estado. Una vez en el poder, estos partidos constituyen el núcleo de la nueva clase dominante y no pueden más que originar un nuevo sistema de explotación del hombre por el hombre La existencia del Estado es indisociable de la existencia de la esclavitud» (Karl Marx).
«¿Por qué los que son dueños
del presente no podrían adueñarse también del pasado?»,
escribía con lucidez George Orwell. Cuando la historia adopta el
discurso del vencedor, ocultando y ahogando todas las luchas pasadas con
un maniqueísmo que falsea la envergadura real de los hechos, el
presente se impone como una fatalidad ineluctable. Así, el futuro
de las sociedades humanas depende de su capacidad para recuperar este pasado
de las frías manos de sus actuales dueños. Muchas voces se
perdieron: hay que intentar devolverles la vida, encontrar la huella viva
de este brote de rebelión que atraviesa el tiempo, y arriesgarse
a reconstruirla, igual que se reconstruye la declaración de un testigo.
Edición digital de la Fundación Andreu Nin, agosto 2005